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Su casa, el palacio. Ultima arcada a la derecha, segunda planta. Ese es el lugar elegido. El alma de Lucrecia desde allí vigila. Su espíritu no encuentra la calma, se pasea entre las personas, es una brisa para los niños y los ancianos. Su esposo sólo quería el bien. El fue educado, formado para gobernar. Sus raíces etruscas eran buenas, la familia era perseguidora del bien. Él no dejaba de preguntarse antes de partir-¿Por qué a mí? ¿Por qué las miserias humanas habían llegado a esto?. ¡Un espíritu sin paz!, y que tampoco quería paz. Día a día se observaba cómo las guerras no cesaban, la crueldad era incontable e inexplicable. Sin lugar a dudas ese espíritu enfermo, sin piedad, fue uno de los instigadores en la conjura para matar a julio cesar. El asesinato del máximo dirigente de la República de Roma, Cayo Julio César, tuvo lugar en el interior del edificio del Senado romano, el 15 de marzo del 44 a.C., a manos de un grupo encabezado por Cayo Casio Longino y Marco Junio Bruto. El asesinato de Julio Cesar fue tan impactante que más de un escritor, años después, la tomaron para realizar obras literarias: Plutarco, en Vidas paralelas, obra en la que con una serie de cuatro biografías individuales y otros veintitrés pares. Muchas de estas últimas, como las de los legisladores Licurgo de Esparta y Numa Pompilio, los generales Alejandro Magno y Julio César, y los oradores Demóstenes y Marco Tulio Cicerón, van seguidas de una breve comparación. Todas ellas fueron escritas con un gran conocimiento resultando ser frutos de una esmerada investigación, las Vidas Paralelas no son sólo obras históricas de gran valor, sino también estudios psicológicos que recurren a la anécdota y la cita para develar la moralidad de las personas.

El alma de Lucrecia (Final)