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El espíritu El paso de los años y su larga tristeza han quitado la vida a Tarquino. Roma liberada de algunos peligros, como las invasiones y la extrema pobreza se lanza a la conquista del mundo mediterráneo en busca de nuevos recursos. Ya no hay más pequeños campesinos, sólo grandes latifundios. la confusión de intereses es extrema y solamente algunos se enriquecen a costa de la pobreza de otros. Y aparecen otras dinastías, y con ellas nuevas ideas. Todas con ansias de poder, deseo de mucho poder. El nombre de Cneo Pompeyo no es poco, su familia senatorial; su padre, Cneo Pompeyo Estrabón fue cónsul a los diecisiete años; Pompeyo luchó junto a su padre, del lado de Lucio Cornelio Sila, contra la facción de Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna enalteció tres legiones y derrotó a los partidarios de Mario, destruyendo más tarde al resto de la facción en África y Sicilia. A su regreso a Roma, fue honrado con el título de Magno (el Grande). . Se convirtió en el ídolo de la plebe y fue elegido cónsul. Por reiteradas traiciones Pompeyo se volvió entonces contra el partido aristocrático y formó una alianza con Julio César. La hija de César, Julia una bella joven, se enamoró perdidamente de Pompeyo y contrajeron matrimonio. El gran Julio César, general y político, creó los cimientos del futuro sistema imperial al final de la República. Él fue quien le dio a Roma la estabilidad y la confianza. No hubo en toda la historia de Roma un hombre más apuesto que él, irresistible ante los ojos de cualquier mujer. Y Lucrecia espíritu ya, deambulaba en la cúpula del poder, reflejando en los poderosos la disolución de una sociedad que buscaba hallar en exquisitos males, la evasión a la vida cotidiana con la muerte de julio cesar. Nadie podía solucionar la sangrienta e insoportable realidad ni el mismísimo Julio César.

El alma de Lucrecia (Final)  
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