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La idea principal de la cual se partió fue la de ocultar. En trabajos del año anterior traté tanto fotografía exterior como fotografía de estudio. Traté diferentes temas, ya sean retratos, animales, paisajes..., pero todos tenían un factor común, algo que los conectaba entre sí. Y ese factor común era el de ocultar. Siempre me ha atraído el hecho de ocultar partes en una imagen, detalles que considero que no hace falta mostrar, confiriéndoles un aspecto de misterio. Considero que, en ocasiones, una fotografía tiene más atractivo e interés cuando deja cosas por mostrar. Y yo prefiero, más que mostrar, ocultar; más que mostrar, insinuar. Siento la necesidad de “limpiar” lugares transitados, abarrotados de gente, coches, ruido...que me llegan a agobiar, para imaginármelos cómo serían sin nada. Me gusta jugar con lo real y lo irreal, conferirle vida a algo inanimado, o darle la sensación de inanimado a algo que tiene vida. Ocultar la verdadera realidad. Por tanto, mi intención era seguir trabajando con esta idea que empecé a tocar el año pasado. Ocultar, y el medio por el cual la iba a llevar a cabo seguiría siendo la fotografía, ya que es el medio por el cual me siento más a gusto y mejor puedo transmitir todo lo que he dicho anteriormente. Dicho lo cual, había, pues, varios caminos por donde tirar, pero todos tenían ese factor común. Uno de los caminos era el de vaciar espacios públicos, lugares que siempre están transitados. Limpiarlos de todo ser viviente, ya sean personas o animales, para visualizarlos cómo serían de esa manera. Otro de los caminos era el de jugar con lo real y lo irreal. Es decir, conferirle vida a algo inanimado, o darle un aspecto inanimado a algo que tiene vida. Y el tercer camino era el ocultar partes de una imagen, detalles que considero que no hace falta mostrar, confiriéndoles un aspecto de misterio. En este caso se trata de insinuar, más que de mostrar. Los escenarios a tratar serían retratos de estudio, ya que se puede jugar con las luces y las sombras de una manera más directa y controlada.


ANTECEDESNTES

Vaciar espacios pĂşblicos

Jugar con lo real y lo irreal


Ocultar zonas


Los dos referentes fundamentales que me han ayudado mucho para llevar a cabo esta investigación han sido Antonio López y José Manuel Ballester. Con Ballester no sólo comparto su idea, sino también su modo de trabajar, como bien se puede ver en el fragmento de un reportaje realizado, en el que expone claramente cuál es su idea, de dónde viene y cómo es su forma de trabajar. Está entregado a un proyecto fascinante: despoblar de vida humana o animal algunos de los cuadros estrella del Museo del Prado: la Anunciación, de Fra Angelico; El Jardín de las Delicias, de El Bosco, y tres de los cuatro episodios pintados por Botticelli bajo el título de Nastagio degli Onesti. Son impresiones digitales obre lienzo, en tamaño de las obras originales de las que, en versión Ballester, sólo quedan los restos de la batalla o el escenario en el que todo ocurrió. Es, de alguna manera, una vuelta a la etapa en la que su obra estaba protagonizada por la arquitectura. ¿Cómo se lo ocurrió? “Una noche. Fue un sueño en el que yo corría por el Prado y los protagonistas habían desaparecido de sus cuadros”. Habló con Miguel Zugaza, el director del museo, y tomó las fotografías. Es su estudio, con el ordenador, inició su peculiar limpieza. Los objetos ornamentales de los personajes (cascos, fustas) sobreviven en su versión. Pero están por los rincones o agrupados a los pies de los árboles. “me falta el visto bueno de Zugaza”, cuenta. “Si no me lo da, no lo expongo. Vendrá al estudio un día de estos. Ya veremos”. En esta dirección de Internet también se puede ver un video sobre esta propuesta artística de Ballester: ttp://www.rtve.es/mediateca/videos/20080917/interesante-propuesta-artistica-josemanuel-ballester/290723.shtml En cuanto Antonio López, hay un cuadro fundamental, en el que no sólo destaca su hiperrealismo, sino que también destaca el misterio que infunde en él. Se trata del cuadro llamado La Gran Vía, de 1981. En esta pintura, López a prescindido totalmente de toda persona, animal u objeto existente en ese momento. Es un espacio vacío y fantasmagórico, que resulta muy inquieto tratándose de un lugar reconocido por todos como uno de los más transitados de Madrid.


ANTONIO LOPEZ

La Gran Vía, 1981


JOSÉ MANUEL BALLESTER

Alegoría de la pintura, de Vermeer


Comencé entonces a investigar por el camino de los espacios públicos. Vaciarlos de personas o animales. El trabajo final seria algo parecido al cuadro de Antonio López. Un espacio misterioso, con aires de melancolía y que inquieta. El resultado de las pruebas no fue el esperado. No transmitía esa inquietud que se supone buscaba, como sí se transmiten en las obras de José Manuel Ballester. Investigué por otro terreno. Ocultar, ya no personas o animales, si no objetos básicos que hacen que la imagen funcione. Casi diríamos que consistiría en quitarle los pilares que sostienen la imagen, para así desequilibrar la armonía y crear esa sensación de inquietud, misterio y extrañeza. Se probaron distintos campos (animales, paisajes, personas...) y volví de nuevo al tema arquitectónico. Los edificios. La intención reside en ocultar todos los accesos existentes en todo tipo de edificios (casas, palacios, catedrales, etc..). Eliminar ventanas, puertas, orificios, para crear un espacio “hermético”, casi claustrofóbico. Ya no se trata de edificios, si no de un conjunto de cajas.

Un artista en el que me he inspirado en esta nueva etapa ha sido el escultor Miguel Navarro. Navarro realizó varios montajes escultóricos en los que representa una ciudad con edificios que son cajas, despobladas totalmente de ventanas, puertas o cualquier otro acceso. En su instalación La ciudad, de 1975, tiene una voluntad y una visión pluralista de la escultura. Esta instalación estaba construida con piezas de material refractario, consistentes en volúmenes geométricos simples como el cubo, la esfera y el rectángulo.


MIGUEL NAVARRO


He de decir, que en la vida real existen edificios herméticos, sí provistos de puertas, pero completamente vacíos de ventanas, que le dan igualmente esa sensación de hermetismo y claustrofobia. Un ejemplo se encuentra en Manhatan. Este edificio ubicado en el número 33 de Thomas Street fue construído en 1974 y si aprecian bien las imágenes se podra ver que no tiene ventanas. Diseñado por el arquitecto John Carl Warnecke, tiene un total de 29 pisos. No es el único edificio de este tipo en la gran manzana, existen otros similares, aunque mas discretos. Este se encuentra en el número 375 de Pearl Street.


Edificio ubicado en el nĂşmero33 de Thomas Street


Edificio ubicado en nĂşmero 375 de Pearl Street


Mis edificios deben crear la misma sensación que los citados anteriormente. Dar un aspecto a veces de sobrio y marcial, incluso duro. Una manera de hacer pensar qué pueden albergar esos edificios tan enigmáticos. Qué puede haber dentro de ellos. Si son sólidos o estarán huecos. Si estará vació o habrá cosas, personas... En algunos casos pierden su identidad como casas, o palacios....para convertirse en “cajas” herméticas, como en las esculturas de Miguel Navarro. A continuación se muestran edificios que ya he estado tratado durante este cuatrimestre hasta ahora. Presento el edificio original y abajo del mismo, el edificio transformado y “hermetizado”. Algunos tal vez más acertados y otros menos, pero esta línea es la que pretendo seguir durante el transcurso del siguiente cuatrimestre. Seguir haciendo fotos a edificios, calles...para continuar con el proceso de ocultar ventanas y puertas y seguir haciendo “cajas” y escenarios “hermeticos”.


PROYECTOS II  

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