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ENTREVISTA

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María del Carmen

Bianchi María del Carmen Bianchi Diputada de la Nación. Bloque Frente para la Victoria (FpV)

¿Qué cuestiones relevantes, considera, modelan el escenario preelectoral del 23 de octubre? Creo que el proceso preelectoral del año 2011, además de las características propias de cualquier elección, tuvo dos aspectos muy interesantes. Uno es interno y tiene que ver con el sinceramiento producido, en cuanto al lugar que ocupan realmente, los formadores de opinión pública -y por ende los medios de comunicación-, y su relación con los intereses de la ciudadanía. O dicho de otro modo: se produjo un fuerte cuestionamiento a la pretensión del complejo mediático, de continuar proponiéndose -ellos mismos- como los representantes de los intereses generales de la sociedad. A lo largo de este año, se hizo evidente -expresado en las encuestas, durante la campaña y también con los votos- que la pretendida representación no existe. Quedó claro que la agenda de los medios y de la oposición, era una agenda interesada y sectaria, poco articulada a los intereses de las mayorías. Yo creo que a partir del 2008 -luego del largo conflicto abierto por la “resolución 125”-, los medios de comunicación, sobre todo los grandes complejos multimediáticos, coincidieron en una alianza con los sectores económicos más concentrados y la oposición política, con el objetivo de limitar el proceso iniciado en el 2003 y -si era posible- liquidarlo. La constante prédica opositora de esta alianza a lo largo de los tres últimos años, planteando escenarios dantescos, pronósticos hiperinflacionarios, denuncias sobre corrupción, etc., se mostró completamente ineficaz, al no tener un correlato con la realidad, con la situación objetiva que la ciudadanía vive y percibe cotidianamente. Creo que se ha producido un cambio en lo cultural, en lo subjetivo, que tal vez no sea percibido aún en toda su dimensión, pero que tiene un subrayado distintivo. Estos sectores han perdido buena parte de la legitimidad que ostentaban. Hoy la sociedad cuestiona -como señalaba- la pretendida representación de sus intereses. Y haría una distinción entre opinión e intereses. Porque los medios y las corporaciones representan intereses que, en algunos momentos han logrado convertirse en opinión. Pero esta vez quedó demostrado que no. De aquí en adelante, veremos cómo las corporaciones que representan a sectores acostumbrados a tomar las decisiones por el conjunto, se adaptan al mandato y la voluntad popular surgidos de las urnas. El otro dato significativo es el de la situación internacional. La crisis actual -de dimensiones planetarias-, está presentando elevados costos sociales e individuales en los países desarrollados, una experiencia que tan dolorosamente vivimos los argentinos desde finales de los años ‘90, con el trágico final de diciembre de 2001, sucesos de los cuales estamos cumpliendo ya 10 años. En este sentido, la ciudadanía está procesando la crisis mundial en articulación con nuestras crisis pasadas, y realizando una lectura diferente. Pensemos que al ciudadano medio, le resulta difícil tal vez, ordenar la multiplicidad de opiniones e “informaciones” que circulan mediáticamente. Quiero decir que es complicado saber quién tiene razón, en un escenario en cual los argumentos son pre-


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sentados bajo un ropaje “técnico”, donde los efectos sociales del ajuste se colocan en el orden discursivo como la “única” alternativa posible. Pese a ello, la ciudadanía procesó estas “verdades” filtrándolas a través de su propia experiencia, sus propios valores y sus creencias. De manera que pienso que la situación internacional ayudó a sincerar el escenario y a poner las cosas en otro lugar. La ciudadanía entendió claramente que las propuestas de la oposición eran más de lo mismo, es decir ajuste, en tanto la propuesta de nuestra fuerza política y del gobierno fue la de continuar, no sólo con la defensa de lo ya realizado, sino de ir más allá todavía, precisamente en un momento en el cual los países centrales están padeciendo los resultados catastróficos del ajuste. ¿Qué “plus” diferencial tuvo el gobierno respecto a las fuerzas de la oposición en este plano? La más importante es la credibilidad. Los argumentos de la oposición, junto con los medios y las corporaciones, apuntaron permanentemente a minar la credibilidad de las propuestas del gobierno. Montaron un escenario falso, como dije, con análisis de tono apocalíptico, de un futuro terrible. Un montaje que nunca tuvo sustento en los datos objetivos de la realidad. Es decir una situación que una porción importante de la ciudadanía entendió correctamente que no existía. Nuestra propuesta fue creíble porque el electorado hizo un examen atento a lo largo de la campaña, no solo presidencial sino a lo largo de todo el 2011. Pudo comprobarse el cambio fundamental que la Argentina ha realizado desde el 2001 para acá. Pero además agregando -por parte del gobierno- el diferencial de una agenda a futuro que es la profundización de lo que hemos hecho. El nuestro es un proyecto político activo y proactivo, que propone gobernar para todos y todas, capaz de someterse al debate y la discusión, aún sabiendo que no todos van a estar de acuerdo.

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La oposición y los medios en general, realizaron una lectura del resultado electoral centrado en el aumento del consumo doméstico y el “viento de cola”. Me parece que siempre, entre las razones que se ponen en juego al momento de decidir el voto, hay una dimensión económica. Lo digo en un sentido vital, entendiendo que en el capitalismo, lo económico te “hilvana” la vida cotidiana, junto con la acción del Estado. Hay un bienestar que la sociedad percibe como no accidental, sino que es producto de un Estado presente, activo, propositivo y solidario. Un Estado que vino a resolver cuestiones económicas en el sentido amplio que -siempre es bueno recordarlo- el mercado por sí solo es incapaz de resolver. El artilugio de explicar un resultado tan contundente como el del 23 de octubre de una manera tan simplificada -casi binaria-, esconde que la economía es una dimensión más de la política y no a la inversa. Es el Estado quien debe decidir por el bien común, de poner al alcance de todas y todos, aquellos bienes y oportunidades que la lógica del mercado entiende como “no rentable” ¿Podría profundizar un poco más en ese sentido? Entiendo que lo económico tiene un aspecto profundamente moral y subjetivo. Por supuesto hay que realizar un cambio en la perspectiva en la cual entendemos la dimensión económica. Nuestra fuerza política ha avanzado en el terreno económico con otra mirada. Nuestro gobierno -desde que asumió- ha planteado como eje invertir el paradigma neoliberal. Hemos avanzado muchísimo y mejorado la distribución del ingreso, generando un mercado interno que prácticamente había desaparecido. En el marco del capitalismo una economía justa, es aquella que posibilita también un consumo lo más igualitario posible, garantizando el acceso a los bienes a las grandes mayorías, justamente incluyendo a aquellos sectores que el mer-


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cado deja de lado, o convirtiendo en público bienes del mercado. No olvidemos que el peronismo nace planteándose estas cuestiones, y por esa razón -entre tantas otras- es resistido y combatido por la oligarquía y los sectores dominantes, porque pone en el centro al hombre, a la sociedad y no a la economía. Es decir, además de trabajar y producir, al individuo le corresponden otros derechos, el de tener vacaciones, una jubilación digna, el de tener acceso a consumos materiales y culturales, en fin, un conjunto de derechos sociales y también económicos que el peronismo ha sabido entender y poner en práctica como ninguna otra fuerza política en la historia argentina. Entiendo que esa es una mirada distinta respecto de la economía. Yo creo que como sociedad, hemos hecho un aprendizaje cualitativo. Dicho de otro modo: el menemismo, y luego la Alianza también tuvieron una propuesta económica, claro que diametralmente opuesta a la nuestra. No caben dudas que las relaciones económicas modifican nuestras vidas, nuestras prácticas sociales, nuestras potencialidades. El resultado de esa etapa de la vida argentina fue trágico. No sólo impactó en los sectores de menores recursos sino también en las capas medias. La sociedad perdió mucho de sus sueños bajo el influjo del neoliberalismo. En fin, ya Adam Smith decía que la moneda representa un conjunto de valores, y por eso expresa una relación social ¿verdad? Digamos que -observando el escenario mundial- la situación es inédita para la Argentina. En esta oportunidad es como que los espejos devuelven otras imágenes. Completamente de acuerdo con la apreciación. Hoy vemos la situación de manera invertida: por primera vez la crisis y el ajuste lo padecen los países centrales, y con una intensidad enorme. Mientras en Grecia, Italia o España gobiernan los “mercados”, en la Argentina hemos vuelto a creer que es posible un proyecto a futuro, y que hay oportunidad para nuestros sueños y deseos. En medio de la campaña, durante una caminata por los barrios, una persona dijo: “yo ahora, de golpe, entendí que es bueno estar aislado del mundo en determinadas situaciones”. Me impresionó especialmente, porque fue hasta hace poco tiempo un argumento muy utilizado, el presentar a

la Argentina aislada, fuera del mundo y esa manera de relativizarlo, tan práctica, resulta sorprendente. ¿Qué evaluación realiza del desempeño de la oposición a lo largo de la campaña? A lo largo de los últimos años, se ha producido un grave debilitamiento de los partidos políticos en general. Aunque nuestra fuerza, el Frente para la Victoria, a partir del 2003 con la guía de Néstor Kirchner, encontró la oportunidad de volver a expresar y poner en práctica el programa nacional y popular, a partir de una correcta lectura de lo que expresaban los sucesos de diciembre de 2001. Y quiero remarcar esto porque el resto de los partidos políticos, no sólo no encontraron un rumbo acertado, sino que su errónea apreciación de la crisis argentina, reforzó aún más la pérdida de identidad, de sus banderas históricas, de sus prácticas, lo que llevó a distanciarlos de la ciudadanía. Claro que es un proceso que reconoce un inicio anterior al 2001. La década del ‘90 es la expresión clara del renunciamiento a la política, en aras de la economía neoliberal. Y sin política, los partidos se convierten en representantes de los intereses de poderosas minorías, en detrimento de las mayorías. El neoliberalismo, a partir del Consenso de Washington, arrasó con la política como posibilidad, como herramienta de intervención a favor de una mayor equidad. No creo exagerado afirmar que en los ‘90, las fuerzas políticas se suicidaron sacrificando la política -y la posibilidad de gobernar- en el altar del poder económico transnacional y concentrado, de una manera pocas veces vista a lo largo de nuestra historia. Volvemos a lo mismo que comentábamos antes: hoy en Europa, la política ha sido sacrificada para mantener el poder de las corporaciones y el capital financiero. Creo que lo que sucedió con el resto de los partidos, es que conservaron el grado de fragmentación que tenían las fuerzas políticas producto de los ‘90, y no lograron elaborar un programa alternativo que resultara creíble para la sociedad. Hay partidos políticos que pudieron haber tenido coincidencias programáticas muy importantes, pero que no se ensamblaron a mi entender- por ausencia de grandeza en sus dirigentes y una lógica totalmente noventista en la forma en la que pretendieron reorganizarse.


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¿Ud. cree entonces, que las fuerzas de la oposición no interpretaron el escenario general de manera adecuada? Es evidente. Las fuerzas de la oposición no articularon un discurso creíble, en el cual la sociedad pudiera sentirse representada. Cuando digo noventista, me refiero a esa concepción en la cual no importa el programa, porque el programa está hecho en otro lado, sea en los centros de poder económico, en las corporaciones, articulados todos con los medios de comunicación. Y agregaría además, que eso se combinó con algo que también es propio de los ‘90, que la política se haga por televisión. Esto mostró que la agenda política opositora, fue elaborada en buena medida en los medios de comunicación, erosionando la posibilidad de los partidos políticos de intermediar entre la ciudadanía y la política. Se vació de contenido la praxis política, territorial y de frentes, en fin, la militancia como forma de mediar y construir sentidos, programas y acciones concretas. La recuperación de la militancia es también un hecho distintivo de nuestra fuerza política que la diferencia positivamente de las otras. El Frente para la Victoria, ¿cómo atravesó ese vacío, esa carencia de sentido de la política, que Ud. reconoce como una herencia de los años ‘90? Haciendo política. A la salida de la crisis del 2001 nos topamos con alguien que fue Néstor Kirchner, que -como ya dije- es quién mejor supo interpretar la realidad. Yo creo que él portaba lo mejor de la tradición del peronismo y de su propia generación. Eso jugó un rol fundamental. En esa encrucijada del fin de la convertibilidad, Kirchner planteó algo diferente -diría que impensable en ese momento. Planteó que otro país era posible, que la Argentina podía tener un destino distinto. Y eso activó algo, abrió una puerta en la memoria colectiva, que entendió que podemos construir una democracia completa, en la cual no nos preocupemos solamente por la institucionalidad -que es importantísima-, sino una democracia llena de contenido, con una ciudadanía portadora de derechos políticos, sociales y económicos. A nosotros como fuerza política, nos tocó organizarnos, hacer el proceso a la par que gobernábamos, lo que nos permitió formar cuadros políticos y dirigentes. Todo eso genera una dinámica propia, porque uno tiene la responsabilidad -ineludible- de demostrar que la alternativa planteada es rea-

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lizable, y que podemos resolver los problemas concretos de millones de argentinos. Kirchner se ubicó en la presidencia como un verdadero cuadro político, no como un gerente. Un político que no acepta el pliego de condiciones que le presentan las corporaciones a través de uno de los diarios más tradicionales, a poco de asumir el gobierno. Que desplegó un programa de gobierno diferente, aún con la debilidad que significaba el 22% de los votos que había sacado en la elección de 2003. No se trata solamente de decir ¡qué coraje tuvo! Es algo más, es militancia, política. Fue un político, un militante que creyó -como él mismo expuso cuando asumió como presidente-, en sus convicciones y que impulsó un proyecto de poder, en unas condiciones en las cuales otros hubieran rápidamente cedido a las presiones y girado hacia el rumbo acostumbrado. Cuando le tocó gobernar, a pesar de las presiones desestabilizantes, Cristina Fernández de Kirchner, redobló la propuesta y produjo transformaciones tan importantes, como la consagración de nuevos derechos. Nosotros tenemos dos presidentes militantes, no funcionarios únicamente. Capaces de defender ideas, de soportar agravios, de generar caminos alternativos, de poner el cuerpo, de dar la cara y el debate en cualquier circunstancia. Esa forma de liderazgo es un elemento primordial en la modificación de la forma de hacer política, y de hacerla efectiva en la conciencia de la gente. Por eso nos llaman “crispados” porque no somos gerentes del mercado, somos militantes de un proyecto, cada uno en lo que le toca acompañando a quien conduce. En este marco que Ud. describe, ¿qué análisis hace de la Reforma Política, y de la Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias en particular? La Reforma Política se propone reorganizar y fortalecer a los partidos políticos. Expresa una intencionalidad clara a favor de la política, y por lo tanto , de devolver a las fuerzas políticas su lugar y sus objetivos. No nos olvidemos -como dijimos antes- el vaciamiento que ha sufrido la política, en su tarea de mediación con la sociedad, como forma de realización concreta. La política tiene hoy para discutir una nutrida agenda, y que empieza -creo- por la readecuación del pacto social que sustenta el capitalismo y la democracia como la conocemos. Tenemos que pensar cómo seguir ampliando derechos, cómo mejoramos la inclusión social, cómo profundizamos la redistribución del ingreso. A mi modo de ver, hoy el interrogante es pensar los lími-


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tes de la democracia con altos índices de desigualdad social. Y esto, lo tiene que debatir la política. De manera que las Primarias, que han sido exitosas en esta primera ocasión, van a impulsar a los partidos hacia la discusión, a abrirse a la sociedad buscando la participación. ¿Qué dimensiones, pensando desde lo social, cree que son prioritarias en esta etapa? La prioridad actual es profundizar este proceso de democratización social. Existen áreas en las que debemos profundizar aún más la intervención, como es el caso de la infancia, la salud, tierra y vivienda, o los pueblos originarios. Frente al inicio de nuestro tercer período de gobierno, tenemos por delante profundizar la institucionalidad democrática, y combatir la desigualdad social. No se puede desconocer que el Estado está colonizado todavía en muchas de sus formas y procedimientos por el Consenso de Washington. Es para discutir cuáles son las formas institucionales apropiadas que propician un proceso de mayor igualación social. Yo en algún momento trabajé con el criminólogo Alessandro Baratta, y el decía que el pacto social que da origen al capitalismo es “blanco, macho y propietario”. Y las formas institucionales que constituyen su andamiaje también. Las mujeres, luego de mucho trabajo y tiempo transcurrido, hemos conseguido que se nos considere como personas completas, pero aún quedan por resolver problemas de equidad de género. De la misma manera, el desafío respecto de los pueblos originarios, pasa por incluirlos definitivamente en la agenda política, como sujetos portadores de derechos, como actores sociales y también políticos. Es decir, cuando algunas cuestiones como el trabajo y la educación se han ordenado -luego de la crisis del 2001-, se abre el espacio para empezar a discutir una agenda más amplia, que contenga valores, qué tipo de estructura organizativa nos daremos. Un menú en donde habrá que incluir la diversidad en todas sus formas.

En estos aspectos, género e infancia ¿qué líneas de intervención cree que podrían plantearse? A mi me parecería interesante seguir avanzando en el terreno de profundizar algunas políticas públicas, sobre todo en los núcleos de cruce en los que una intervención aborda derechos diversos y presta servicios que impactan en amplios sectores. Y en este sentido, creo que es momento de poder empezar a debatir en torno a la construcción de un Sistema de Protección de la Primera Infancia, que combine los principios de la AUH, la igualdad de oportunidades laborales de género y edad, etc. En el caso de la niñez, existe una política, que tiene rango constitucional, que declara el interés superior del niño, leyes modificadas durante nuestro gobierno, que transformaron la perspectiva del abordaje, y un sistema de atención que trabaja en la articulación nacional, provincial, municipal y también privada. En el caso de las mujeres, hay que seguir trabajando en pos de la igualdad de oportunidades laborales, apoyando su participación completa. Fijando una meta y una política para brindar un cuidado integral a la primera infancia -desde el nacimiento hasta la edad en que ingresan al sistema educativo-, también se articularía con mayores oportunidades laborales para las mujeres, para las que el cuidado de los pequeños, representa una problemática de compleja resolución. Esto hace al mejoramiento de la vida cotidiana de los jóvenes en general. Este tema tiene otro aspecto referido a la vida comunitaria que fue planteada durante la campaña electoral, por grupos de mujeres con los que tomamos contacto, que señalaban que, además de la igualdad de oportunidades laborales para las mujeres y los jóvenes, además de los derechos de los niños, está por ejemplo, el derecho de las mujeres jubiladas que no pueden gozar de su tiempo libre, después de toda una vida de trabajo porque deben dedicarse al cuidado de los nietos para que sus hijos e hijas puedan trabajar. El tema del tiempo en este caso, también reviste importancia, porque decían, es un tiempo que podría invertirse en el trabajo comunitario, en


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el mejoramiento de la calidad de vida del barrio, del club, de la comunidad. En fin un tiempo socialmente útil -alejado del goce meramente individual-, que permita articular intereses personales, con necesidades comunitarias y sociales. Y una potencia asociativa y participante que podría ser utilizada como recurso de desarrollo y control del sistema de protección. En ese sentido digo, que hay políticas que en su núcleo y con los mismos recursos posibilitan distintos derechos y producen efectos plurales de transformación de la vida cotidiana individual, familiar y comunitaria a la vez. Creo firmemente que un Sistema de Protección de la Primera Infancia tiene todos esos ingredientes, y sueño con poder abordar un debate y un proceso de construcción al respecto. Entre otros temas que seguramente ingresarán a la agenda de debates estratégicos, está el tema de la vivienda. Entiendo que es posible avanzar en la generación de una política pública amplia, que contemple la construcción de viviendas sociales y créditos hipotecarios para los sectores medios. Y para ello -el caso más patente es la Ciudad de Buenos Aires-, debe discutirse la cuestión no sólo de la propiedad, sino además del suelo, del código de edificación urbano. Los temas pendientes, son temas que cruzan las jurisdicciones y las instituciones, y apuntan al mejoramiento de la vida cotidiana. Eso remite también al abordaje de reformas institucionales, que permitan ir construyendo un Estado eficaz desde la perspectiva de un proyecto de país con igualdad y desarrollo, y lejos de las megarreformas de Estado impregnadas de conceptos y objetivos neoliberales, impulsadas por los organismos internacionales en décadas pasadas. Para finalizar, ¿como vislumbra a futuro las tareas fundamentales del gobierno y su fuerza política? Estoy convencida que estamos en condiciones -como conjunto- de construir una agenda en la cual se inscriban líneas de profundización de lo que

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hemos venido haciendo, a lo largo de los últimos ocho años. Por un lado, continuar con la tarea de reindustrialización del país, luego del penoso proceso de despojo al que fuimos sometidos a lo largo de casi 30 años. Y por el otro, profundizar en una línea de mayor democratización social a partir de la implementación de amplias políticas públicas. Hemos demostrado -sobre todo a partir del inicio de la crisis mundial por un lado, y el proceso interno abierto después de las legislativas de 2009-, que hay una salida diferente al ajuste permanente. Que es posible seguir creciendo y distribuyendo la riqueza. Prueba de ello es nuestra obra de gobierno: la obra pública, la reestatización del sistema jubilatorio, la Asignación Universal por Hijo, la incorporación de millones de nuevos jubilados, la creación de millones de puestos de trabajo, la reducción de los niveles de pobreza y marginalidad, y el empleo informal. Todo esto, lo pudimos realizar porque priorizamos la política en lugar de la mirada economicista ortodoxa. Lo pudimos hacer porque tenemos convicciones, un proyecto político claro, y el liderazgo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que es la garantía más clara de la continuidad de este proceso iniciado por Néstor Kirchner en el 2003. Quiero decir, hoy estamos en condiciones de construir una agenda estructural para el futuro. Nos merecemos, después de tantos décadas de desencuentros y frustraciones, de tanto dolor, represión y crisis, esta oportunidad de tener una Argentina más justa, más libre y por sobre todas las cosas soberana.


ENTREVISTA A MARIA DEL CARMEN BIANCHI