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Mes 10 – Año 02 Editado por: Aquarellen Cuktura, Coquimbo – Chile Directora de redaccion: María José Mattus Director de contenidos: Jesús De Castro Portada. “Proceso creativo”

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EDITORIAL

En el número diez de la revista aquarellen, nuevamente publicamos a escritores de la escena literaria actual, poesía, relatos breves y poesía visual que manifiesta, una vez más el compromiso de nuestro medio con los talentos literarios que lucen en la escena de las letras. Sus aportes son con un marcado corte existencial, que manifesta la desesperanza, esperanza, el arraigo y el desarraigo vital provocado por las circunstancias vitales , y que en algunos casos se conviertne en

críticas

sociales. Los poetas se alejan del cultismo agotado y muestran

manifestaciones independientes, ajenas a escuelas o modas que forman tendencias muy variadas. El hecho de que la revista sea sólo en formato digital es una respuesta que marca las tendencias y las nuevas formas de comunicación que exige la cultura del siglo XXI, en donde no sólo la literatura es una muestra de manifestaciones independientes si no que el formato y las presentaciones responden a la libertad de elegir un formato que nos de la facilidad de llegar a todo el mundo y en todos los dispositivos electrónicos que forman parte de nuestro día a día. Asi es como llegamos a ustedes, asi es como queremos mantenernos, porque somos románticos decimononicos,rebeldes que rompen con lo establecido, pero comprendemos que el mundo avanza y aunque nos negemos la vorágine de las pantallas tactiles se ha apoderado de nosotros.

María José Mattus

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INDICE

Alfredo García Francés “La jodida bohemia del 68’ ……………………………..…………..Página 6 Paco Gómez Escribano …………………………………………………………………..…….Página 8 Alfonso Brezmes …………………………………………………….……………..……….…..Página 12 Marcus Fabiano ………………………………………………………………………….…..… Página 18 Ángeles Fernangómez ………………………………………………………………..…....… Página 26 Ester Bueno ……………………………………………………………………………….….. Página 32 Jesús De Castro …………………………………………………………….……………..…. Página 34 La música barroca en España ………………………………………………………..……. Página 35

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LA JODIDA BOHEMIA DEL 68’ – TERCERA ENTREGA Alfredo García Francés

Paris. Île Saint-Louis. Foto sobre el Sena.

Mi hermano y yo estuvimos más que unidos hasta que su muerte me hundió en una terrible depresión que, durante tres años, me hizo caminar por el filo del cuchillo que separa la vida del infierno. Como pueden ver, si ustedes esperaban una lectura clásica sobre las virtudes de la literatura en general y de la novela en particular, lo siento, pero han caído en las manos de un periodista escritor y, de paso, en un descarnado relato personal rayando en lo impúdico. Porque tengo esa predisposición, me agrada escribir y hablar relacionándolo conmigo. Es lo que mejor conozco.

En París pasé más hambre que Carracuca, que diría mi difunto padre. Dormí en un coche abandonado, comí restos de los desayunos que me regalaba en una bolsa de basura la camarera de un hotel amante de mi amigo mexicano, y tres veces, tres, me desmayé en la calle y otras tantas me llevaron en ambulancia al hospital donde me reconocieron, me dieron un caldito y, con él, el alta médica. No había camas para enfermos de hambre, así que, a la puta calle, a seguir pasando gazuza hasta el próximo desmayo. Pronto perdí el pudor y, con Jorge, el mexicano novio de la camarera y en idénticas circunstancias de pobreza, hacíamos estragos entre las chicas hispanas en las colas del comedor de la Alianza Francesa. Eso, sí, en dura competencia con los negros senegaleses y cameruneses que explotaban también aquel filón. A nuestro favor el dominio del idioma, la educación latina y la simpatía, aunque también había muchachas en busca de emociones fuertes que los elegían, quizás por el exotismo o por la leyenda urbana sobre el tamaño de sus miembros viriles.

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Caíamos sobre españolas y suramericanas con el ímpetu de las hordas de Atila, les ofrecíamos ayuda para ir de compras o nos brindábamos como guías para visitas turísticas, hasta lograr con mil pretextos que nos invitaran a comer.

Generalmente, tras acompañarlas por Paris, con desayuno, comida, merienda y cena a su costa, al finalizar la estancia recibíamos un regalo de despedida. Por supuesto, intentábamos acostarnos con ellas. Por el placer y esperando así que el obsequio, preferido en divisas, fuera más tiernamente generoso. Algunas enloquecidas quisieron abandonar su vida pequeño burguesa, como decían, y quedarse a pasar hambre con nosotros. ¡Qué divertida la vida bohemia!, exclamaban palmoteando. Obviamente las disuadimos. En el coche abandonado sólo cabíamos el mexicano y yo.

En Paris, pronto me convertí en el benjamín de una cuadrilla formada por mi hermano José Luis, más tarde jefe en INTERPOL, pero que, en aquellos años de emigrantes ilegales, servía copas en Don Quijote, un restaurante español de un primo nuestro que acabó en la cárcel trás atropellar borracho a un peatón. Mi hermano, además, estudiaba literatura en la Sorbona y su profesor preferido, el hoy conocidísimo escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, era el tercero de los miembros de la cuadrilla de amigos y el único de nosotros que tenía un sueldo fijo y digno, aunque, escaso para sus muchos méritos, según él mismo señalaba

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PACO GÓMEZ ESCRIBANO

Lamentos de nube en espacios de tiempo de espuma de mar. Silencios tácitos que apremian versos de lluvia, en la oquedad de niebla oscura, mientras las gaviotas anuncian tormenta. Abismos inabarcables inaccesibles a las voluntades quebradas, a las ilusiones rotas. Y sin embargo se vislumbra una senda, una espita frágil que señala de hito en hito un camino a la esperanza.

Me duele el alma de utilizarla como parapeto de los desplantes de la vida. Las heridas solo cicatrizan con versos y las almas no pueden ser trasplantadas. Las sonrisas fingidas son peores que un rictus ofensivo, pero sincero. Mi cita con la muerte será a destiempo, siempre ocurre así. Pero tendré preparado en mi bolsillo un poema de renacimiento que me acompañe en el viaje definitivo.

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Naufragué tras los pasos de mi propia identidad un día sombrío y oscuro en el que no me quedaba ni un verso. Los restos de mi fracaso acabaron en la barra de un bar de una ciudad desconocida. Afuera llovía como si nunca hubiese llovido. En mis adentros el calor era tal que mi piel exudaba todos mis pecados, pero yo no me redimía excepto trago a trago, trasegando un whisky de Malta -según el camarero- que yo más bien supuse que se hacía en la trastienda. No sé por qué, pero a la segunda copa recordé que había muerto, y que en la mañana de mi entierro también llovía. El camarero me sonrió y su sonrisa me recordó el día en que llegué al bar. Ese día le pregunté que por qué el infierno era un bar. El me respondió que un bar no tenía por qué ser el infierno salvo cuando el cliente lleva el infierno dentro.

Penetrar por los serpenteantes caminos de tu alma oscura para no encontrar nada, excepto heridas cicatrizadas de hace tiempo rodeadas de sangre reseca y baldía. Salir horrorizado de tu interior para encontrarte con el panorama desolador de tu existencia cotidiana. Caminar por una calle sin nombre hasta dar con una solución en forma de garito infecto que despacha garrafón sin ningún escrúpulo. Lo ideal para que el flujo de pensamientos funestos pare. Salir a la misma calle tras una hora de penosa introspección auto flagelante para comprobar que ahora sí, que ahora ya tiene nombre. Lo olvidas pronto. Al fin y al cabo te traen sin cuidado el nombre de la calle y el rumbo de tu jodida existencia. Te apoyas en una farola y vomitas los últimos versos malditos que tu cerebro podrido aporta en una noche desapacible, en una vida, la tuya, mucho más desapacible que la noche.

Un faro en la niebla, un farero extinguiendo su oficio, pasado entre temporales, de los del mar y de los vitales, de esos que dejan heridas que nunca cicatrizan, una huida hacia adelante, con el lastre de toneladas de soledad cuya densidad es una ofensa, escamas y costra de tristeza, de días oscuros, de noches eternas, de amores que escaparon por los acantilados del miedo, de esperanzas que se escurrían por los abismos de un alma que no encuentra sosiego, soledad no buscada, esquirlas de tiempo que se perdieron en la nada.

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Amargo crepitar de ausencias, soledad que agarra las entrañas, cicatrices curtidas de retiradas, allí donde las sonrisas se impostan, donde las razón se nubla y los sentimientos fenecen en una orgía de resentimiento, mientras escuchas silencios y te circundan retazos de nadas, cuando flota una espesa niebla que congela tu esencia, ante miradas que son puñaladas, odio envuelto en lazos azules, vacíos que emulan el vuelo de besos, besos que acusan e incriminan, y en tus oídos aquella maldita canción, que habla de naufragios personales, de situaciones no elegidas, de carroña en forma fatalismo, mientras el cuervo revolotea sabiendo que su nido es tu alma muerta.

Un faro en la niebla, un farero extinguiendo su oficio, pasado entre temporales, de los del mar y de los vitales, de esos que dejan heridas que nunca cicatrizan, una huida hacia adelante, con el lastre de toneladas de soledad cuya densidad es una ofensa, escamas y costra de tristeza, de días oscuros, de noches eternas, de amores que escaparon por los acantilados del miedo, de esperanzas que se escurrían por los abismos de un alma que no encuentra sosiego, soledad no buscada, esquirlas de tiempo que se perdieron en la nada.

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ALFONSO BREZMES

Alfonso Brezmes (Madrid, 1966) nunca se había atrevido a sacar a la luz un solo poema, cuando en 2013, a sus 46 años, y ya con los deberes hechos por el tiempo en su cuerpo y en su alma, apareció publicada La noche tatuada en la Editorial Renacimiento. A partir de entonces, y gracias a los numerosos lectores que fueron leyendo y compartiendo los poemas de ese primer libro a través de las redes sociales, así como a las distintas revistas, webs y blogs especializados en que aparecieron, su poesía empezó a ser conocida, siendo incluidos varios de sus poemas en la antología de poesía hispanoargentina Poesía de ida y vuelta, (Ed. Prosa y Poesía, 2013). La aparición de Don de lenguas dos años después también en la editorial Renacimiento, confirmó lo que Thoreau ya advertía en el siglo XIX: era necesario haber vivido antes para tener luego algo interesante que decir.

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La luna y el lago

Procuro olvidarte como la luna olvida su reflejo en el lago, sólo porque sabe que habrá otras noches y -para qué engañartehabrá otros lagos...

( De La noche tatuada, Ed.Renacimiento, 2013)

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Los otros

Surgen de pronto, tras la telaraña del alba. Extenuados argonautas que regresan con las manos vacías del viaje más hermoso. Lentamente despiertan de sus sueños y, uno a uno, -como si ya supieran el caminovan cruzando a este lado del espejo, hasta volver de nuevo a ser nosotros.

( De La noche tatuada, Ed.Renacimiento, 2013)

ARS BOTANICA Hay algo épico en las flores. Algo hermoso y terrible ocurre entre sus pétalos en el breve intervalo en que despiertan. Un drama silencioso. Como si la vida ensayase en ellas, antes de hacerlo en nuestros cuerpos.

( de “Don de lenguas” Ed. Renacimiento, 2015)

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MUÑECAS RUSAS

Coge una sierra párteme en dos: dentro estoy yo esperando a que llegues y me partas y me abras de nuevo tantas veces como haga falta cada vez más pequeño más yo esperándote para ver la cara que pones cuando llegues al fin a mi yo más oculto y lo mires y tenga tu rostro.

( de “Don de lenguas” Ed. Renacimiento, 2015)

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COPLA A LA MUERTE DE MI VIDA

Podría describir mi vida con unos pocos trazos. Probablemente dibujaría una casa. Lo típico: la puerta, las ventanas, las simples líneas que cifran sus contornos. Nada del otro jueves. Y luego, el punctum, que dicen los que saben algo de arte: alguien, ahí adentro, viendo pasar la vida. Tan callando...

( de “Don de lenguas” Ed. Renacimiento, 2015)

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IN ABSENTIA

Hay en la ausencia una pantera y un cervatillo asustado y un cementerio con sus muertos y una noche con luna dibujada, hay gigantes de tiza con mi rostro -pájaros que anidan en sus cuencasy una lenta batalla donde luchan guerreros temibles por tu mano y paisajes nevados con figuras como en un Brueghel pequeñito y una copa de sangre derramada sobre un mantel de hilo portugués y raros cuentagotas de mercurio para la fiebre densa de los labios, suburbios, ciudades y piscinas donde duermen niños vagabundos y un museo blanco del que escapa un ladrón de guante negro que lleva bajo el brazo tu retrato.

(Poema inédito)

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MARCUS FABIANO

Marcus Fabiano Gonçalves (1973) é gaúcho e mora no Rio de Janeiro, onde é professor de Hermenêutica e Filosofia do Direito na Universidade Federal Fluminense. Os textos dessa seleção pertencem ao seu segundo livro de poemas, ARAME FALADO (Rio de Janeiro: 7Letras, 2012). O autor também publica ensaios e inéditos no endereço: marcusfabiano.wordpress.com

Marcus FabianoGonçalves (1973),vive en Río de Janeiro, donde es Profesor de Hermenéutica y Filosofía del Derecho en la Universidad Federal Fluminense. Los textos de esta selección pertenecen a su segundo libro de poemas, ALAMBRE DE HABLA (Río de Janeiro: 7Letras, 2012). También publica ensayos y ha publicado en: marcusfabiano.wordpress.com

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Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: el mar lo sabe. Pablo Neruda OS NOMES DO MAR

o mar cria seus próprios cavalos e torna-se pedra quando muito gelado. ele não conhece flor nem fogo e mesmo assim pode queimaduras e adornos. tem enguias e mães d’água, corais e algas. o seu chão constela-se de esponjas e anêmonas. o mar é pródigo em estrelas e proventos. mas não tem galhos para os pássaros nem cabelos para os afogados. o mar é um cofre de naufrágios. no seu fundo caminham os escafandristas. entre moreias e meros seus sapatos levitam. o mar é duro e delicado como a carapaça de um crustáceo. em suas angras ele brinca de aquário. é aéreo nas nuvens e seu humor sujeita-se à lua. o mar arrasta ou empurra. e seus abismos devoram muitas âncoras. são os brincos que Iemanjá reclama. na praia a onda lambe a areia mas nunca há ânsia. o plâncton escoa na garganta e o píer é um palito que por ela avança. e se um farol a ilumina, ei-la sem amídalas. o mar é inteiro boca e saliva. e nunca cospe, apenas engole. quem pensa em ressaca o enxerga de fora. ou acredita em mentiras. o mar exige sorte além de perícia. o mar salga e salva. seu imenso é um cemitério de almas. o mar não se cala quando quer, por isso é bem maior que o céu. ele dá a volta ao mundo sem andar em círculos e move as nadadeiras do pensamento perdido. o mar pode ser lindo e sinistro. solares e umbrívagos são seus caminhos. e eles recolhem muita espuma pelas bordas. o mar é imêmore e guarda todas as horas. e só chega à costa para que alguém possa vê-lo. o homem que o vê é um peixe seco. de ar e sangue, e sem guelras. o homem é igual ao mar, concebe e faz guerras. deus separou a porção seca do mar e pôs o homem a viver nela. a terra separa as águas como a vontade faz com os homens. em sua crosta há duas árvores: a do conhecimento e a da vida. a lei é que certas frutas vermelhas são interditas. para ir de um lado a outro o homem tem pés. para atravessar o mar, navios e Moisés. em terra o homem é o lobo do homem. já o lobo marinho é bem mais tranquilo. é mimoso feito um ouriço recém-nascido e quando cresce não promete espinhos. frente ao mar o homem tem arroubos divinos: caminhar sobre as águas, multiplicar os peixes. mas sua vida terrestre é de carne e leite. o homem brinca de deus quando teima. ele se consome de porquês e se fabrica problemas. o homem brinca de deus porém vive no tempo. e no mar ele nomeia seus medos: mar morto, mar negro, mar vermelho. o homem é água e enredo.

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Ah, todo o cais é uma saudade de pedra! Ode Marítma, Álvaro de Campos BÓREAS & NOTOS a enorme âncora deixa as fráguas e do cais de cantaria já logo zarpa: a grande vela o seu lençol desfralda e no mirante um aceno chora a casa no diamantino sono das judiarias uma aflição de glória dos ministros: guardados pelo dossel das oliveiras sonham partidas de pimenta e seda esses esmaltam brasões hereditários mas é outro o agouro do embarcado: na penhora de arcanos e presságios o limão no escorbuto do astrolábio.

O CÉREBRO DE MAIAKOVSI abrir um crânio a machado para roubar o seu cérebro? camaradas, eu confesso: naquela hora derradeira nem me passou pela cabeça o futuro de meu encéfalo mas se enfim eu soubesse que mesmo depois de morto algum capacho do Stálin já iria fatiar-me ou expor-me eu teria com toda a certeza optado pelo velho calibre 12 (bem ali, direto na cabeça) afinal o cérebro de um poeta não é matéria para compota: no grande vidro de formol dura mais em verso a aposta de que 1 quilo e 700 gramas de pura proteína em brasa tendo em seus dias brilhado viverá em ponto de bala.

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A vida é líquida Hilda Hilst PITONISA o que atrai a ti – mulher nesse ofício tão masculino (a filosofia) desde a barba dos séculos dos machos de seu garbo e fidalguia? tanto sabe a Hiroximas esse homem de penso & existo que há muito ele ajardina uma roseira só de espinhos agora acreditas que a verdade por mãos finas enfim despida abrir-se-á toda em suas pétalas íntima e feminina? ou crês ainda que de Simone de Hannah ou de Cristina ela desbotará da crosta rude de sua áspera misoginia? o feminino sendo terra pode a vida que cultiva pois conhece da carícia à cria o tal mistério que não se ensina

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que o ventre mesmo vazio sabe da vida o quanto é líquida e que embora a carne seja no seu cerne óssea e quebradiça o saber maior de todos é coisa de pitonisa: a diáfana fumaça da ventura vitalícia.

UM ÓBOLO PARA CARONTE

venera a empáfia dos revolucionários e milita uma afoiteza frívola nos percalços do mais amargo. compensa o balouçar dos promontórios pelo escarpado odioso dos setores securitizados. face às lufadas oblíquas, estima o lamaçal das umidades relativas. avô dos draconianos, remorde a mesma cláusula entesourada em certa mira dada a varreduras por milimétricos escrutínios. de ar extremoso e carregado, camufla-se sob a eloquência dos bons exemplos. aparente rã tranquila em águas pantanosas. espia o céu em angulação telescópica. cultivou junquilhos, grimpou Troias. monos e batráquios ajustaram suas molas reforçando o estaqueamento de palafitas miraculosas. mas evadia-se da contação de histórias, da pecha grudenta das façanhas grandiloquentes. oscilava entre sutis intermitências. era um apanhador de mínimos detalhes. e os retinha até que se assimilassem a seus contrários. ou a aparentes disparates. suas moedas no Styx vinham sob línguas sem sintaxe. desconfiava de quem só o bem lhe desejasse. barqueiro bêbado na travessia do Hades. ribeirinho das margens móveis do quase.

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FALA E A FOLHA

a fala exala, a folha fixa o som sepulta, o livro ressuscita a escuta deduz, a leitura explica a conversa à-toa, a carta suicida a eloquência alarga, a letra limita a verborreia evacua, o conto constipa o arauto proclama, o in-fólio publica o adágio sugere, o compêndio doutrina o branco olvida, o pergaminho eterniza o dialeto meteco, a tradução peregrina o depoente alega, o escrivão certifica o tribuno improvisa, o assessor requinta a voz abafa, o símbolo designa o belo timbre, a letra na linha o papo rola, o ponto pinga o que se perde, o que se pagina a lenda reza, o papiro decifra o dito adeja, o volante aterriza o repente inventa, o cordel sextilha o rumor inocula, o jornal dissemina o eco repete, a traça aniquila a pronúncia elide, a correta grafia o senhor & o escravo, a casta do escriba o Minotauro do ouvido, o Teseu da pupila a testemunha jura, o falsário assina quem se degola, o que vira cinza

o sermão prega, a bula pontifica o comentário tece, a crítica desfia a língua lambe, o texto mandíbula o lábio sibila, o acento na sílaba o chinês diz, o ideograma imagina o primata grunhe, a gruta se pinta o papagaio imita, a prensa procria o palato impele, a cunha na argila 23


o sertão gera, o Rosa ajardina o verbo tricota, a escrita escumilha [ou quando a folha e a fala: a pauta prevê, o cantor modifica a lauda calcula, o locutor recita a glosa aclara, o narrador neblina o pasquim revela, o porta-voz ludibria a gramática arruma, o povo rebuliça o que leva aspas, o que se vernaculiza o cego apalpa, o surdo fita o braile perfura, a mão pantomima a tinta mancha, o silêncio faxina a tábua manda, o pastor homilia a regra depura, a babel mestiça o suposto luxo, a dita pacotilha].

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ÁNGELES FERNANGÓMEZ

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Inspirado en el cuadro “Bajo el mar no nos ven” de B. Provéns ALMAS I Dos almas sumergidas se piensan cara a cara, tal para cual parió la vida sus contornos. Nadie las sabe ni descubre bajo el agua sueñan con algas que curen resquemores. II Donde tú luces naranja, yo me visto de esmeralda Tus añiles son mis rojos Si me prestas lo oscuro de tu pelo yo doraré el tuyo con mis rayos Somos puzzle perfecto en la fusión de ambas. Bajo el mar no nos ven, ven a fundirte, Juntemos nuestras manos y seamos. Hemos esquivado a las quimeras bajo el agua, donde las olas no tienen epidermis.

Hasta al mar llega la atrofia de los necios ¿Cómo alcanzar la ignición si no me dejan llegar hasta tus manos? III Brotó una lágrima de cada una de las almas, ¿pero qué es una lágrima llorada en un océano? Pues una gota más, contestó el agua. Ángeles Fdez. Gómez (octubre 2005)

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CÉLULAS MADRE Las anémonas son clónicas. No mueren, se dividen siendo enteras, se duplican, se espejean, se copian a sí mismas y, sin morir, vuelven a nacer eternamente. Son su mitad y la mitad de su mitad multiplicada. Doblan sobre sí sus cuerpos, se parten infinitas desde el centro de sí mismas. No mueren, sólo se marean un poco al imitarse. Pero yo..., yo soy mucho más inteligente: muero, sí, pero no me plagio nunca. Ángeles Fernangómez

EL MIEDO AZUL A veces, cada vez más veces, un miedo azul recorre las curvas de mi maternidad, perfora el olvido cóncavo al que me niego en el suspiro. Siento el vientre abultado como cuando fue, y percibo el salto del hijo abrazado a mi cintura. Fue la vida y no lo supe hasta que llegaron los agujeros negros amenazando con convertirla en un recuerdo. Esos miedos azules predicen angustiosas señales del no retorno, síntomas del nunca más, del ya se acabó el tiempo. Demasiado atareada como para disfrutar del sueño. Demasiado pequeña como para percibir lo inmenso. Demasiado inconsciente como para distinguir tesoros en las rocas. El tiempo me mira y yo le respondo con una sonrisa boba. No hay marcha atrás, me dice, y me escupe carcajadas verdes. Me miro y me limpio, mientras él sigue pasando: tic.tac… tic-tac… Un dolor intenso hace que lleve mi mano hacia el hueco de abandono de mi vientre. Ya pasó. Él. El tiempo ya pasó. Habría de regresar para abrazarlo con más fuerza. Pasó tic-tac… tic-tac… tic-tac… Una tortura lenta intent taladrar mi nuca. Sujeto mi cuello con las manos y miro al cuarto azul al que mi fruto nunca volverá para quedarse, nunca volverá para ser flor, porque el tiempo ya se ha ido. Y no repite. Pero comienza otro tiempo para aprehender una maternidad nueva que ya voy aprendiendo a ser.

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EL ALMA DE ULISES

Yo vi a Ulises regresar de Troya mar afuera y despertar sobresaltado en las playas de su Ítaca. Ella esperaba sin saber de cíclopes ni cantos de sirena. Llovía polvo de luna menguada sobre el mar, ya plata. ¡Penélope! –decía, ¡devuélveme mi alma!

Yo vi también que, regresando muchas lunas, -en una noche en que la pena le estalló en el vientre-, se hizo ella con el alma de su amado. Y la tejió a sus senos, y a su boca..., y a su cuello, y a las telarañas de su misma alma. Se quedó con ella hasta hacerle regresar a Ítaca.

Yo vi que el mar alcanzó en olas moribundas sus cuerpos abrazados, bello el de él, y ya sin alma.. Y el cuerpo de Penélope, desnudo, poseía, en diminuta porcelana, las dos almas.

Yo vi lo que pensaba esa mujer, lo vi en sus ojos: Zeus nollovió sobre el camino él, no era Ulises, no Odiseo, sólo cuerpo, el mismo cuerpo sin esencia, y ella, no podía devolverle ya su alma. ¡Amor mío! ¡Te he pensado tantas veces..!

Yo vi que, de soñarlo, se le enmarañó la magia en soledad para hacerle compañía: No estaba sola. Ella, era él. Y ella... ¡Y los dos! 29


Él no era nada. Sólo un cuerpo que llegó hasta Ítaca.

Ángeles Fernangómez (mayo 2008)

Nunca escribiré algo que me avergonzara enseñar a Bob Dylan. Benjamín Prado

LAS BANDERAS Se abrazaban. Llegaban a un acuerdo. La tela de una se amarraba al mástil de la otra. Dos banderas, de signo opuesto, se entendían por la acción del aire en movimiento. ¿No será verdad, políticos, que la respuesta está soplando en el viento?

(Poema leído en la noche del 21 al 22 de mayo 2011, tras las 12 campanadas, en el recital poético alrededor de la estatua del Oso y el Madroño)

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Ángeles Fernangómez (Febrero 2012)

El poder está dentro de ti (Louis L. Hay)

…Y es que nunca podréis robar mis barcos los que me permiten que vuele por el mar. No tenéis patente de corso sobre mis estanques infinitos. La libertad es una abeja libando entre la espuma de mis olas. El camino hacia mi Ítaca limita al centro con mis ojos, y la línea azul del horizonte compendia el resto de mis puntos cardinales. No pretendáis haceros con mis zapatos de agua, solo a mi obedecen para deslizarme en los vaivenes. Porque solo yo tengo permiso para arriar o izar las velas de mi vida.

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ESTER BUENO

(Martínez/Piedrahíta, (Ávila), 1966.

Estudió Historia en la Universidad de Salamanca, aunque su vida laboral se ha desarrollado entre la enseñanza del Español a alumnos de muy diferentes países y la dirección de gabinetes de prensa y relaciones con los medios de comunicación. Coordinó y dirigió el periódico «Ciudades », con presencia en todas las capitales de Castilla y León. Ha vivido en Holanda durante un periodo de su vida, donde escribió el primer poemario, Más que esperas y que también inspiraría el ensayo Los pequeños hitos que nos diferencian. En la actualidad colabora como articulista en diferentes medios de comunicación y está inmersa en la escritura de su novela Triple Chocolate

En Cuadernos del Laberinto ha participado en Antología de poetas contemporáneas ENÉSIMA HOJA, ATLAS POÉTICO. Viajeras del siglo XXI y en AMOR. Poesía amorosa contemporánea

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Una reflexión personal El vivir ha de ser indefectiblemente loco y apasionado, difícil y sereno, ambiguo y relativo. Andamos cuajados de verdades a medias, de soles alumbrados por detrás, con la mano de otros guiando los caminos de lo que anoche fuimos, con la certera esencia de un mañana redondo en la retina y con la confianza de los niños, que abandonan a tientas los lugares más cálidos. Nuestra biografía no es más que lo que sobresale de un mar de amaneceres, noches, tormentas, lluvias, nieves, vientos, retazos desgajados de lo más cotidiano, sonrisas, escarceos, planicies alteradas por impulsos del alma. Y, en todo, es y está la palabra, ensenadas de frases, inmensos estuarios de adjetivos y verbos, de puntos y de comas, de puntos suspensivos, de interrogantes serios y pueriles comillas, rabiosos remolinos de extensas condiciones, larguísimos futuros, perfectos enredados, imperfectos perdidos, presentes no cubiertos. La vida es la palabra, mi vida está en los versos, y no sólo en los míos.

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JESÚS DE CASTRO

Foto: Universidad Pedro de Valdivia- Chile

LABERINTO DE PÁGINAS

- Aquella niebla era como un inmenso laberinto de blanca opacidad en el que cada jirón de húmeda bruma podía esconder intenciones, cuchillos, colmillos afilados o garras esperando vestirse de sangre; quien sabe si también espacio para el olor a pólvora y el plomo candente que llevase el nombre de algún infeliz hacia la inmortalidad de un epitafio esculpido sobre el mármol. Las calles esperaban cada atardecer el regreso de aquel velo blanco y espeso, confidente de las sombras escondidas que a su vez esperaban con aquella tranquilidad del cazador que aguarda a la presa adecuada, allí acechaba con la depredadora intención del creador de perfiles cadavéricos dibujados en blanca tiza sobre un suelo teñido de sangre recién derramada.Adolfo releía una vez más el último párrafo buscando la inspiración necesaria para dar continuidad al capítulo, llevaba meses trabajando en una novela que por momentos le apasionaba y por momentos le desconcertaba, llegando incluso en ocasiones a perder todo contacto con el tiempo mismo de su existencia mientras escribía, hubo incluso momentos en los que creyó encontrarse al tiempo que escribía dentro del propio relato. Algo tan imposible de creer que casi prefería no pensar demasiado en ello; aún así notaba a la vez que repasaba el texto una sensación de humedad en su interior, como si sus vísceras y músculos acabasen de regresar de aquellas brumas llenas de peligro que justo terminaba de describir. 34


Algunas noches llegaban cargadas de una inspiración que le sobresaltaba en pleno sueño; aún recordaba con cierta inquietud aquel párrafo que le llegó en medio de un extraño duermevela del que despertó con la ansiedad de quien ha tenido una pesadilla y un rastro de sangre sobre su cuello, al lavarse para buscar y desinfectar la herida comprobó con total estupefacción que no existía el menor rasguño en su piel ¿de dónde había salido esa sangre? Sí, con toda seguridad era el mejor trabajo de toda su vida, tal vez por ese motivo intentaba olvidar que en muchas ocasiones le asustaba sentarse ante su vieja máquina de escribir con la cabeza llena de ideas terroríficas. Adolfo era un joven poeta que compaginaba versos y novelas de misterio y terror con el oficio de ayudante en una imprenta; un negocio familiar heredado desde tiempos de su tatarabuelo. Su padre solía observarlo con preocupación, en estos últimos meses se lo veía desmejorado, pálido; Adolfo lo achacaba por supuesto a la dedicación que prestaba a su novela y su padre aceptaba las explicaciones a regañadientes. El negocio se encontraba en la planta baja de una casona muy bien situada, la buhardilla de la casona había pasado a ser con el permiso de sus padres territorio de Adolfo que prácticamente pasaba como una sombra por el resto de las dependencias una vez concluidas sus tareas en la imprenta, llegando incluso a ausentarse en múltiples ocasiones a la hora de las comidas. Le encantaba escribir, pero en esta ocasión todo era distinto, esa maldita novela empezaba a ser una auténtica obsesión, un cáncer que le devoraba durante cada espera y que le devoraba cada segundo que dedicaba a escribirlo, en ocasiones llegaba a sentirse como si estuviese redactando su propio testamento la noche antes de su muerte; se había jurado dejarla mil veces, incluso acabó arrinconada durante algunas semanas esperando que una nueva veta de inspiración le llevase a empezar un nuevo poemario o algún relato; nada, fue incapaz de escribir nada con sentido durante esas semanas, y las noches eran lo peor, llenas de grandes espacios de insomnio coreados por voces que redactaban en su cerebro aquello que él se negaba a escribir sobre el papel. - ¡Por fin!, pensó con una malévola sonrisa al escuchar el ritmo de unos tacones apresurados sobre el empedrado de aquella callejuela, un brillo acerado centelleó en su mano, en ésta ocasión usaría un estilete; llevaba días observando a su presa, una prostituta que recorría ese camino de vuelta a su casa tras varias horas haciendo la calle. Le gustaba observar a sus víctimas durante días, semanas incluso; disfrutaba contemplando sus quehaceres cotidianos mientras pensaba cómo y cuándo acabaría con sus vidas, se deleitaba una y otra vez decidiendo si sería una muerte rápida o por el contrario se tomaría su tiempo. En ésta ocasión sería rápido, antes de darse cuenta aquel taconeo rítmico dio paso a una sombra que caminaba apresurada por la niebla, salió a su encuentro, sin darle tiempo a reaccionar hundió el estilete en aquel corazón joven y lleno de vida al tiempo que con la otra mano cogía su víctima por la cintura para dejarla caer suavemente hacia el suelo, ¡como disfrutaba ese momento, mirando a los ojos aterrados de aquellas desgraciadas, sentir como se apagaban aquellas vidas entre sus manos le llenaba de vitalidad!, saco el estilete del pecho y lamió con avaricia aquella hoja ensangrentada.¿Otra mala noche hijo? estas demacrado, deberías intentar dormir algo más, ¿tan importante es esa novela tuya que no te importa dejar tu vitalidad en ella? No te preocupes padre, estoy bien. ¿Qué te ha pasado, te has mordido la lengua? Sí, anoche tuve una pesadilla, seguramente me di un buen mordisco sin darme cuenta. ¿Qué otra cosa podía ser? era del todo imposible que su herida estuviese relacionada con aquella lamida sedienta que dio su personaje al estilete recién bañado con la sangre de la prostituta solitaria. En cualquier caso Adolfo estaba deseando terminar esa extraña novela que había hecho que su vida diese un extraño giro, era como vivir en un laberinto formado entre su imaginación y las páginas de su novela. 35


La verdad es que había despertado en plena madrugada con un sabor pastoso en su boca y notando unas punzadas de dolor en su lengua, gotas de sangre salpicaban el folio y las teclas de su vieja máquina de escribir. Se acercó al baño para lavarse y enjuagarse la boca e intentó descansar aunque apenas consiguió hacerlo. La cabeza le bullía con mil preguntas, una extraña desazón le recorría, casi pudo contar los minutos de la noche entre vueltas sobre unas sábanas impregnadas por el sudor de su cuerpo. - Llevaba semanas observando a su nueva presa, una joven dependienta que regresaba a casa de sus padres casi al anochecer, una hora perfecta. Le gustaba mucho, demasiado para acabar con ella rápidamente. Se había convertido en su sombra tras ver su mirada inocente, la juventud de su rostro y aquella sonrisa llena de ingenuidad. La esperaría en una arboleda cercana a su casa, escondido en aquella espesura y protegido por la oscuridad la arrastraría con él para estrangularla lentamente con sus propias manos; necesitaba desesperadamente ver como escapaba la vida de aquellos ojos, sentir el poder de aquella juventud entre sus manos mientras la marchitaba con su fuerza, necesitaba sentir plenamente la transición de la vida a la muerte; notar aquella euforia que le recorría por entero tras dejar caer el cuerpo muerto en el suelo, y en ésta ocasión disfrutaría de la emoción de matar prácticamente a la puerta de la casa de su víctima. - Miró su reloj de bolsillo, se acercaba la hora, estaba realmente impaciente, no podía evitarlo, él era tranquilo por norma, pero en ésta ocasión sentía autentica ansiedad, casi como si fuese su primera vez. Allí escondido entre la frondosidad aguardaba con impaciencia, como si de un lobo hambriento se tratase. ¡Por fin! a pocos metros, tras la curva salió la joven, justo como había calculado, justo como había hecho cada noche, unos pocos metros más y sería suya; el corazón le latía acelerado, todos sus músculos estaban en tensión, preparados para responder a cada orden de su cerebro y…¡Ahora! la chica no tuvo apenas tiempo para gritar una vez, antes de sentir aquellas manos sobre su cuello apretando, apretando, no podía respirar, empezaba a sentirse desfallecer y apenas era capaz de entender porque le estaba sucediendo eso, ella no había hecho daño a nadie en su joven existencia. De repente sonó un disparo, todo se volvió oscuridad, sus ojos se cerraron, cayó al suelo desvanecida. ¿Estás bien hija? - ¿Qué ha pasado?, me asaltaron, note como me estrangulaban y no recuerdo nada más. - No te preocupes hija tu madre estaba mirando por la ventana cuando vio salir a alguien de la espesura para cogerte, gritó, yo cogí la escopeta y corrí, corrí como nunca en toda mi vida, de repente vi su espalda y dispare sobre él, pero parece que no le di, ha desaparecido como por ensalmo. Es algo muy extraño.¿Adolfo hijo estás bien? te has quedado dormido, vamos perezoso tu padre espera hace una hora, date prisa. La madre de Adolfo llamó extrañada, su hijo no se quedaba dormido nunca, de hecho era siempre el primero en despertar, extrañada abrió la puerta, tal vez estuviese enfermo, estaba tan demacrado últimamente que cada día esperaban verlo caer enfermo. Nada, ningún sonido; aquel ático habilitado como vivienda para su hijo estaba silencioso y oscuro como un mausoleo, giro la llave que conducía luz hasta aquella bombilla,nada, debe estar fundida pensó.- A oscuras con cuidado de no tropezar se acercó a las cortinas que ocultaban la luz de un gran ventanal, las descorrió y se giró para buscar a su hijo, la cama estaba vacía y hecha. Se giró de nuevo buscando con la mirada el rincón donde escribía su hijo; allí estaba, su cabeza apoyada sobre la máquina de escribir y la espalda destrozada por un disparo de posta o perdigón.

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MÚSICA

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La música Barroca en España

El inicio del barroco musical en España coincidió con la muerte de Felipe II en 1598, fecha que suele tomarse como el principio de la decadencia política española y al mismo tiempo de uno de los periodos más fecundos de la literatura española: “El siglo de oro”, aunque es importante mencionar que en música no hubo la misma fecundidad que el literatura.Los elementos que definen el barroco español son:

No se siguen los estilos europeos (Concerto, Suite, Pasión, Oratorio).

Nacen formas típicas: la zarzuela y la tonadilla.

Siguen teniendo importancia las formas religiosas.

Sigue en vigor la escuela organística de Cabezón.

La zarzuela: El origen de su nombre, provendría del palacio del mismo nombre en el Real sitio de El Pardo lugar donde se reunían músicos y artistas para entretener a los reyes con obras que tenían texto y música. En el año 1648 se estrenó “El jardín de Falerina” con textos de Calderón de la Barca y música de autor desconocido. En esta obra se alternaron escenas habladas con otras cantadas con temas populares españoles., ingredientes característicos de la zarzuela. La primera zarzuela propiamente dicha fue “El golfo de las sirenas” y “El Laurel de Apolo”, todas con texto de Calderón de la Barca. Los temas de estas primeras zarzuelas son mitológicos. El golfo de las Sirenas, está basada en dos episodios de La Odisea de Homero. El laurel de Apolo, estrenada el 4 de marzo de 1658 para celebrar el nacimiento del príncipe heredero Felipe Próspero, está basado en fábulas de Ovidio de su obra Metamorfósis. La zarzuela tuvo su auge a finales del siglo XVII y decayó en el siglo XVIII debido a la invasión de música italiana durante la época de los primeros Borbones. Felipe V prefería la música cantada en italiano al desconocer la lengua española. La zarzuela tuvo que dejar paso a la ópera, representada por compañías italianas que Felipe V trajo a España. Entonces, la zarzuela trató de adaptarse a la manera italiana debido a la preferencia del público por la ópera, fracasando. Aunque los italianos triunfan, destaca en este tiempo el éxito de la zarzuela barroca Viento es la dicha de amor (1743) de José de Nebra y Antonio de Zamora.

La tonadilla: Es un intermedio satírico que generalmente concluye con una danza española. Su nombre de la acción de dar el tono para iniciar el canto, la tonadilla surgió a principios del siglo XVIII y desapareció antes de llegar a la mitad del mismo siglo. Sus compositores más celebres fueron: Pablo Esteve (desde 1730 a 1790), Luis Misón (Desde 1720 – 1766) y Blas de Laserna (1751-1816)

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Música religiosa: Contó con buenos maestros, como Mateo Romero, en la segunda mitad del siglo XVI, Carlos Patiño (1600-1675) , Joan Paul Pujol ( 1535-1626) y Joan Baptista Cornes ( 1568- 1643). Todos siguieron las directrices renacentistas, logrando monumentales obras para coro de hasta quince voces. Francisco Valls

(1655- 1747) dejó una interesante Misa Aretiana, llena de innovaciones

armónicas.

La música instrumental: Merece especial mención en este campo el padre Antonio Soler (17291783). Fue discípulo de Doménico Scarlatti y escribió gran número de sonatas a uno o dos tiempos, que rezuman carácter español. Como autor dramático compuso “El defensor de su agravio” y “Efectos de odio” Destacaron también el organista Cabanilles, autor de composiciones que evocan una batalla entre instrumentos; Francisco Correa de Arauxo (1575- 1663), continuador de la escuela de Cabezón se muestra como gran teórico y consumado maestro en su “Libro de tientos y discursos de música práctica y teórica de órgano” y José de Torres (1568- 1643) , que escribió un tratado de órgano.

La guitarra española tuvo en Gaspar Sanz (1640- 1710) al gran maestro. Se formó en Nápoles e introdujo en España la técnica de la guitarra italiana. Fue profesor de un hijo de Felipe IV, para quién escribió su célebre “Instrucción de Música para la guitarra española”, donde ofrece una variada colección de danzas españolas: pasacalles, zarabandas, chaconas, etc.

María José Mattus

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Aquarellen N° 10  

Revista de literatura y humanidades

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