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LITERATURA EN EL SIGLO XVIII

Maria Jose Morore L贸pez 3.A


ÍNDICE: 1.- Contexto histórico

Página 1

2.- Prosa

Página 2

2.1.- Fray Benito Jerónimo Feijoo

Página 3

2.2.- José Cadalso

Página 4

2.3.- Gaspar Melchor de Jovellanos

Página 5

3.- Poesía Neoclásica

Página 6

4.- Teatro

Página 7

4.1.- Leandro Fernández de Moratín

Página 8

1.- Contexto histórico: Después del Barroco que se prolonga hasta bien entrado el siglo XVIII, se impone el Neoclasicismo. El escritor debe seguir una serie de reglas y preceptos, que están inspirados en los que habían triunfado en Francia en el siglo XVII. Se busca el equilibrio y la razón predomina por encima del sentimiento y la imaginación.


- En la prosa, Fray Benito Jerónimo Feijoo, José Cadalso y Gaspar Melchor de Jovellanos. - En la lírica, Juan Meléndez Valdés. -En el teatro, Leandro Fernández de Moratín.

2.- Prosa: Estos escritos son cartas, memorias, informes... en los que los autores expresan sus reflexiones sobre distintos temas. Son lo que llamaríamos ensayos.


El ensayo es un escrito que constituye una aproximación subjetiva a un tema, es decir, sin la sistematización exhaustiva que tendría un tratado científico. Los escritores buscaron la sencillez y la precisión en su prosa.

2.1.- Fray Benito Jerónimo Feijoo: Fue el primer ilustrado español. Cultivó un solo género literario: el ensayo.


A este género pertenecen el Teatro crítico universal y las Cartas eruditas y curiosas, títulos formados por numerosos volúmenes en los que trata temas variados: Matemáticas, medicina, agricultura, supersticiones... Su obra gira en torno al intento de divulgar el saber y de demostrar la falsedad de las supersticiones y creencias populares, a las que se enfrentó desde una postura racionalista. Consideraba que la introducción de palabras de otras lenguas en el castellano era algo positivo. Esta actitud defensiva estaba causada por la gran cantidad de préstamos del francés que entraron en el español. Nació en el seno de una familia hidalga del muy antiguo linaje de Feijoo, en el pazo de Casdemiro, parroquia de Santa María de Melias.Desde muy joven perteneció a la orden de San Benito de Nursia o benedictina y había dado clases en Galicia, en León y en Salamanca. Feijoo es co, española y uno de los más famosos miembros de la que es considerada la Primera Ilustración Española, tras una primera etapa de pre-ilustración representada por los novatores: un grupo constituido fundamentalmente por médicos y cuyas obras se reimprimieron sin pausa a lo largo de todo el siglo XVIII. Hasta 1725, Feijóo no comenzó a publicar sus obras, casi todas ellas colecciones de opúsculos polémicos que llamaron discursos verdaderos ensayos si la libertad de su pensamiento hubiera sido absoluta. Su obra en este género está integrada, por una parte, por los ocho volúmenes (118 discursos), más uno adicional de su Teatro crítico universal, publicados entre 1726 y 1739 (el título teatro ha de entenderse con la acepción, hoy olvidada, de «panorama» o visión general de conjunto), y, por otra, por los cinco de las Cartas eruditas y curiosas, publicadas entre 1742 y 1760. A estas obras hay que agregar también un tomo extra de Adiciones que fue publicado en 1783 y su copiosa correspondencia privada, que continúa inédita hasta el día de hoy. Feijoo es un hombre versado en letras, pero que parece citar muchas veces de segunda mano. Por otro lado, algunos de sus discursos, como el del «Anfibio de Liérganes», son una muestra palpable de los límites de su pensamiento y su capacidad intelectual; en él admite como verosímil la existencia de un ser mitad hombre y mitad pez. Los temas sobre los que versan estas disertaciones son muy diversos, pero todos se hallan presididos por el vigoroso afán patriótico de acabar con toda superstición y su empeño en divulgar toda suerte de novedades científicas para erradicar lo que él llamaba «errores comunes», lo que hizo con toda dureza y determinación, como Christian Thomasius en Alemania, o Thomas Browne en Inglaterra.

Fray Benito Jerónimo Feijoo:


2.2.- José Cadalso: Escribió poesía pero destaca como prosista: destaca como prosista. Por ejemplo: - Los eruditos a la violeta. - Noches lúgubres.


Su obra más importante son las Cartas Marruecas.La visión de cada uno de estos personajes permite contemplar desde distintas perspectivas los temas tratados. Estos son variados, pero giran sobre todo en torno a la historia de España y las causas de su decadencia, las costumbres de los españoles y diversas cuestiones morales. La vida de José Cadalso se conoce no ya únicamente a través de documentos y testimonios de sus contemporáneos, sino, de un modo más valioso, por la visión que él mismo nos ofrece en su Memoria de pas acontecimientos más particulares de mi vida y de las cartas conservadas (1773–1780).José Cadalso y Vázquez nació en Cádiz, el 8 de octubre de 1741. La familia, sin embargo, procedía por línea paterna del señorío de Vizcaya. La madre murió a consecuencia del parto, y el padre, ausente por negocios en América, iba a tardar casi trece años en conocer al niño. Tuvo que encargarse de su educación un tío jesuita, el padre Mateo Vázquez. Él fue quien envió al futuro escritor a estudiar a Francia. Vuelto el padre de Indias, desembar La vida de José Cadalso se conoce no ya únicamente a través de documentos y testimonios de sus contemporáneos, sino, de un modo más valioso, por la visión que él mismo nos ofrece en su Memoria de los acontecimientos más particulares de mi vida y de las cartas conservadas (1773– 1780). Tras otro año de estancia en París, pasando por Holanda, regresó por fin a España el cosmopolita muchacho, recibiendo una impresión muy negativa de un país que no había apenas conocido en contraste con su experiencia europea; ello marcará fuertemente la índole de sus posteriores Cartas marruecas. Trasladado su regimiento a Madrid, Cadalso se enamora sucesivamente de la hija del consejero Codallos, con la que estuvo a punto de casarse, y de la frívola Marquesa de Escalona y, con la venta a él de un caballo que le gustaba, tiene ocasión de introducirse con el entonces todopoderoso Conde de Aranda, presidente del Consejo de Castilla, al que le entrega un manuscrito de una novela, de carácter utópico por lo que indica el título: Observaciones de un oficial holandés en el recién descubierto reino de Feliztá. El escritor militar permaneció en Zaragoza hasta 1770. Y fue allí donde empezó a dedicarse más intensamente a la poesía. Escribió poesía pero destaca como prosista: destaca como

prosista. Por ejemplo: - Los eruditos a la violeta. - Noches lúgubres. Su obra más importante son las Cartas Marruecas. La visión de cada uno de estos personajes permite contemplar desde distintas perspectivas los temas tratados. Estos son variados, pero giran sobre todo en torno a la historia de España y las causas de su decadencia, las costumbres de los españoles y diversas cuestiones morales.


JosĂŠ Cadalso:


2.3.- Gaspar Melchor de Jovellanos: Primeros años: Nació en el seno de una familia noble de Gijón, aunque sin fortuna. Tras cursar sus primeros estudios en Gijón, en 1757 marchó a Oviedo para estudiar Filosofía en su universidad. En 1760, bajo la protección del obispo local, parte hacia Ávila para realizar estudios eclesiásticos. En 1761 se gradúa como bachiller en Cánones en la Universidad de Osma (Soria), obteniendo la licenciatura en la Universidad de Ávila en 1763. En 1764 fue becado en el Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá, para seguir sus estudios eclesiásticos, graduándose de bachiller en Cánones. Allí conoció a Cadalso y a Campomanes. Después de licenciarse ocupó en 1767 la plaza de magistrado de la Real Audiencia de Sevilla. Allí fue alcalde del crimen y oidor en 1774. En 1775 fue uno de los promotores de la Sociedad Patriótica Sevillana, de la que fue secretario de artes y oficios.

Madrid: En 1778 consiguió el traslado a la Sala de Alcaldes de Casa y Corte en Madrid, en parte gracias a la influencia del duque de Alba, a quien había tratado en Sevilla. En Madrid entró en la tertulia de Campomanes, a la sazón fiscal del Consejo de Castilla, el cual le encomienda distintos trabajos que le satisfacen especialmente, reconociendo en Jovellanos un hombre de amplia formación y reconocida solvencia en el terreno económico. En 1780 accede al Consejo de Órdenes Militares. En 1782 formó parte de la comisión que puso en marcha el Banco de San Carlos. Fue miembro de la junta de comercio de la Sociedad Económica Matritense y, desde diciembre de 1784, su director. Redacta diversos estudios sobre la economía de España, entre los que tiene singular valor el Informe sobre la Ley Agraria en la que aboga por la liberalización del suelo, recogiendo el pensamiento liberal, norma sobre la que el Consejo de Castilla había volcado sus esperanzas para reformar y modernizar el agro peninsular. Plenamente integrado en la vida cultural madrileña, fue miembro de la Real Academia de la Historia, de la Real Academia de San Fernando y de la Real Academia Española.

Asturias: Tras la caída de su amigo Francisco de Cabarrús, Jovellanos se vio obligado a marchar de la Corte, desterrado, estableciéndose en su ciudad natal en 1790, donde redactó un Informe sobre espectáculos que le había encargado la Real Academia de la Historia y viaja por Asturias, Cantabria y el País Vasco para conocer la situación de las minas de carbón y las perspectivas de su consumo. Jovellanos ya se había mostrado favorable al aumento de la producción, para lo cual era preciso liberalizar la explotación de mineral. Tras sus viajes mineros presentó nueve informes con los resultados de su comisión y consiguió que se liberalizara parcialmente la explotación de carbón en 1793.

Últimos años: Tras la alianza con la Francia revolucionaria, Manuel Godoy pretendía realizar ciertas reformas y contar con los más importantes de los ilustrados, por lo que le ofreció a Jovellanos el puesto de embajador en Rusia que este rechazó. Sin embargo, en 1797 aceptó el puesto de ministro de Gracia y Justicia desde el que intentó reformar la justicia y disminuir la influencia de la Inquisición, pero tras nueve meses en el gobierno cesó el 16 de agosto de 1798 y volvió a Gijón. Allí proyectó la creación de una Academia Asturiana que tendría como función el estudio de la historia y de la lengua asturiana, y elaboró 200 fichas de léxico del asturiano.


En 1800, tras la destitución de Mariano Luis de Urquijo como ministro de Estado, vuelve Godoy al poder y ordena la detención de Jovellanos el 13 de marzo de 1801 y su destierro a Mallorca, primero al monasterio de la Real Cartuja de Jesús de Nazaret donde fue bien tratado por los monjes —en el actual municipio de Valldemossa— y luego a la prisión del castillo de Bellver. Durante los años de prisión empeoran sus problemas físicos y aumenta su religiosidad. Poco a poco, y gracias a que conservaba el sueldo de ministro, compró muebles lujosos y muchos libros, pese a padecer cataratas. Liberado el 6 de abril de 1808, tras el motín de Aranjuez, rechazó formar parte del gobierno de José Bonaparte y representó a Asturias en la Junta Central y desde allí contribuyó a reformar las Cortes. Tras la instauración de la Regencia dejó Cádiz y llegó a Muros el 6 de marzo de 1810. Allí permaneció varios meses y escribió la justificación política de su actuación en la Junta Central, Memoria en defensa de la Junta Central, que se imprimió en La Coruña. Tras la marcha de los franceses de Gijón, el 27 de julio de 1811 dejó Galicia y volvió a Gijón, aunque un contraataque francés hizo que tuviera que marcharse una vez más. Enfermo de pulmonía muere en Puerto de Vega el 27 de noviembre de 1811.

Gaspar Melchor de Jovellanos:


Poesía neoclásica:


4.- Teatro: A lo largo del siglo XVIII el teatro fue un espectáculo muy frecuentado, tenía muy poca calidad pero un amplio repertorio para el entretenimiento (comedias). Ramón de la Cruz compuso más de 400 sainetes (La comedia de las maravillas, La casa de Tócame Roque...) en los que retrata costumbres y tipos de la época. Vicente García de la Huerta fue defensor de la renovación neoclásica (compuso la tragedia Raquel). A partir del último tercio del siglo, los escritores aristotélicos de las tres unidades de espacio, tiempo y acción.Los teóricos crearon reglas estrictas. Una obra sólo podía tener una trama, la acción debía desarrollarse en un periodo de veinticuatro horas y en un solo lugar. El fundamento de estas reglas era que el público del teatro, sabiendo que debía permanecer sentado en un lugar durante un tiempo, no creería que una obra pudiera desarrollar su acción durante varios días y en varios sitios — una obra de semejantes características habría desafiado el orden y la verosimilitud —. Se creía que el respeto por estas normas determina la calidad de la obra más que la respuesta del público. Aunque estas reglas se formularon en Italia, fueron adoptadas también en Francia y divulgadas en España por Luzán.


4.1.- Leandro Fernández de Moratín: Fue la personalidad más destacada del teatro neoclásico. Hijo del escritor Nicolás Fernández de Moratín, desempeñó varios públicos y viajó por Francia, Italia. Compuso poemas de orientación neoclásica, entre los que destaca la Elegía de las musas. En la prosa escribió La derrota de los pedantes (sátira contra la pedantería en los ambientes literarios) y Orígenes del teatro español (estudio sobre el teatro anterior a Lope de Vega).En el teatro sigue las normas aristotélicas, se inspira en la realidad social y sus problemas y ridiculiza los prejuicios y errores de la sociedad. Sólo escribió cinco comedias originales. - El viejo y la niña desarrolla el tema de la libertad de la mujer para elegir marido. - El Barón trata el tema del mestizaje social, desde una óptica ilustrada. - La mojigata Moratín continúa con su análisis personal del problema de la educación femenina en sus repercusiones sociales. Con El sí de las niñas obtuvo su mayor éxito. La obra muestra un trío amoroso en el que Doña Paquita está enamorada de Don Diego, que a su vez es sobrino de Don Carlos, el cual está prometido a Doña Paquita. Doña Paquita informa de su amor a Don Diego y su tío los descubre. Comprendiendo el amor entre los jóvenes, decide renunciar a su matrimonio con su prometida, haciendo posible la unión entre los dos enamorados. Sus principales características son: su carácter didáctico, la ridiculización de las convenciones sociales y el uso de la regla clásica de las tres unidades.


Literatura en el siglo XVIII