Issuu on Google+

Uno no vende la tierra por la cual camina su pueblo Tashunka Witko - 1840 – 1877 Área temática:¿ Quién necesita acceso a los alimentos? Documento de trabajo de discusión – Documento borrador Este grupo de trabajo deberá formular propuestas sobre los siguientes temas: • • • •

vínculos entre el mundo urbano y el mundo rural que puedan garantizar el acceso y la disponibilidad de alimentos y la nutrición a todo el mundo apoyo a las poblaciones en zonas asoladas por la guerra y en conflicto; organización de la ayuda alimentaria de acuerdo con los principios de la soberanía alimentaria respuesta a la cuestión de la soberanía alimentaria en territorios ocupados cómo salir al encuentro de las necesidades nutricionales y alimentarias de países con bajos ingresos y en déficit alimentario, que disponen de recursos naturales limitados para la producción local de alimentos y por lo tanto dependen de importaciones para colmar sus necesidades alimentarias

Soberanía alimentaria y el Derecho a la Ciudad Fuimos testigos de revueltas y agitación, especialmente en las áreas urbanas, cuando el acceso y la disponibilidad de alimentos se vieron comprometidos por las sucesivas subidas de precios globales de alimentos, petróleo y por la crisis financiera global. Además de los mil millones de personas que pasan hambre, dos mil millones sufren malnutrición en el mundo, y esto incluye cerca de mil millones de personas obesas. Hoy en día, más de la mitad de los aprox. seis mil millones de habitantes del planeta vive en áreas urbanas, ciudades grandes y pequeñas. Se prevé que la población urbana aumente a dos tercios de una cifra aún mayor en la próxima generación. Además, la urbanización se incrementará drásticamente cuando la población mundial alcance los nueve millones de personas en las próximas cuatro décadas. Tanto las poblaciones urbanas como las rurales, especialmente los más pobres, son víctimas de las mismas fuerzas marginadoras a nivel global o local que les privan de forma masiva de su derecho a la alimentación. Estas fuerzas globales-locales, que fuerzan a las poblaciones rurales, campesinos, pueblos indígenas y otros, a abandonar sus tierras, y que someten a las poblaciones urbanas a una vida sedentaria y malsana, debida en parte a dietas pobres, son también responsables por el “hambre escondida”. Las necesidades alimentarias y nutricionales de las poblaciones rurales y urbanas están relacionadas entre sí en muchos aspectos, pero existe una tendencia a considerarlas independientes e incluso en competencia la una con la otra. Esto no es así; por el contrario, en muchos países del Sur, las remesas rurales de comida ayudan a complementar la dieta de los habitantes de la ciudad. Las diferencias y los vínculos entre el mundo urbano y rural son complejor y deben ser tratados de forma sistémica y no de forma sectorial. La soberanía alimentaria se asocia a menudo con los movimientos sociales rurales, pero no por ello deja de ser menos relevante o crítica para los movimientos urbanos, que hacen frente a sus propios desafíos en el ámbito de la alimentación y la agricultura, tales como las desigualdades en el acceso a la alimentación y la calidad de los alimentos. En muchas comunidades urbanas pobres, la falta de acceso a alimentos sanos, combinada con la profusión de alimentos industriales, distribuidos por las grandes multinacionales alimentarias, está


disparando las epidemias de obesidad, diabetes y otras enfermedades relacionadas con la dieta. Es necesario solucionar los problemas de hambre urbana, malnutrición y de enfermedades relacionadas con la dieta para que los habitantes de las ciudades se sientan estimulados a participar activamente en la configuración de los sistemas alimentarios, cooperando con los productores de alimentos de los aledaños y apoyando la noción de soberanía alimentaria. Los habitantes de las ciudades producen alimentos Las personas que llegan a las ciudades y aquellos que ya viven en ellas continuan produciendo alimentos en la tierra disponible. El enorme mercado urbano ayuda a estos pequeños agricultores y a aquellos que cultivan en sus jardines a ganarse la vida vendiendo los productos que cultivan o los animales que crían, pese a que en un principio ésta sea una actividad de subsistencia. Este tipo de producción alimentaria, practicada por un tercio de los habitantes urbanos y una proporción aún mayor de habitantes periurbanos en una típica ciudad africana, según se registró recientemente, asegura la seguridad alimentaria doméstica de estos pequeños agricultores, así como la de las ciudades en que habitan. Los sectores clave en esta actividad son la producción de productos lácteos y de verduras frescas. Los hijos e hijas de los pequeños ganaderos locales gozan de una mejor salud gracias a las actividades agropecuarias de sus familias (datos de nutrición de Kampala). Estos pequeños agricultores acceden fácilmente al mercado y a abonos orgánicos provenientes de los residuos de la urbe y las aguas residuales, y en consecuencia, su producción por área de unidad tiende a ser mayor que la de los agricultores rurales, pese a que no disfruten del apoyo de programas oficiales ni políticas agrícolas. A menudo se da un desajuste entre las administraciones rurales y urbanas que lleva a que los pequeños agricultores urbanos se vean discriminados, en lugar de recibir apoyo. Datos recientes muestran que en el área urbana, los pobres tienen una menor capacidad que los ricos para cultivar, principalmente por falta de acceso a la tierra, ya que los ricos suelen tener jardines traseros mientras que los pobres viven en áreas densamente pobladas y no cuentan con estos recursos. Los movimientos sociales urbanos han luchado por el llamado “Derecho a la Ciudad”, que comporta una tenencia segura, acceso a la tierra y a los recursos naturales, así como espacio dentro de la urbe para desarrollar actividades que les permitan ganarse la vida y acceso a la vivienda y a los servicios. El derecho a la ciudad se concibe como el derecho a un uso justo de las ciudades de acuerdo con principios de sostenibilidad, democracia y justicia social. Todos los seres humanos están relacionados y dependen unos de otros, y por esta razón el derecho a la ciudad engloba los derechos a la tierra, recursos naturales, medios de subsistencia, empleo, salud, educación, cultura, vivienda, protección social, entorno saludable, servicios sanitarios, transporte público, ocio e información. Asímismo, incluye también el derecho de reunión y organización en plena libertad, el respeto de las minorías y los inmigrantes y de la pluralidad étnica, sexual y cultural, así como la preservación del patrimonio cultural e histórico. El movimiento por el “Derecho a la Ciudad” nos proporciona una importante oportunidad para promover la soberanía alimentaria en las ciudades, teniendo en cuenta la situación cada vez peor de la seguridad alimentaria en las áreas urbanas menos favorecidas. Propuestas de políticas y acciones para conseguir el Derecho a la Alimentación y la soberanía alimentaria: •

• •

Políticas de territorio y de reforma agraria que favorezcan una continuidad entre los centros urbanos y el campo en la producción de alimentos, incluyendo las explotaciones urbanas y periurbanas y los jardines. Esto es válido especialmente para las mujeres especialmente las que son cabezas de familia, que tienen menos posibilidades de acceso a la tierra que los hombres. Debería fomentarse la agricultura y ganadería urbanas para una mayor seguridad alimentaria y una mejor salud. La agricultura urbana y periurbana debe gozar de reconocimiento y apoyo como sub-sector en las políticas agrícolas nacionales. Planificación urbana y regional que dé prioridad a la tierra para la producción


alimentaria, el espacio para los mercados públicos y otros establecimientos de venta al por menor en manos locales, así como infraestructura adicional para favorecer sistemas alimentarios locales y regionales que incluya transporte, almacenamiento y procesamiento. Favorecer los mercados comunitarios y fomentar oportunidades de venta directa para vincular a agricultores, pescadores y consumidores urbanos, como por ejemplo, agricultura y pesca con el apoyo de la comunidad, los cajones de frutas y verduras, los mercados itinerantes y las cooperativas de venta de alimentos, que funcionan sin la intervención de las grandes cadenas de distribución. Es necesario garantizar un reparto justo de los alimentos a través de sistemas públicos de distribución y programas de comidas en las escuelas. Es especialmente importante salir al encuentro de las necesidades de las poblaciones vulnerables, incluyendo mujeres, niños, ancianos, enfermos crónicos o personas portadoras de deficiencia. Por ejemplo, todos los establecimientos escolares deberían proporcionar comidas gratuitas elaboradas con productos producidos localmente, seguros y nutritivos. Inversión de fondos públicos en infraestructura para constituir sistemas regionales de alimentación que conecten las ciudades con el campo.

Soberanía Alimentaria y ayuda de emergencia La implementación de la soberanía alimentaria y otras políticas y acciones descritas en este documento reducirán drásticamente la necesidad de ayuda de emergencia y humanitaria. Las comunidades locales y los países serán capaces de cumplir con el derecho a una alimentación adecuada y regular, y también de hacer frente a la mayor parte de las situaciones de emergencia relacionadas con las malas cosechas, los desastres naturales y los conflictos. El hambre y las hambrunas tienen causas múltiples y complejas. Cada situación debe abordarse de forma sistémica y holística, según sus circunstancias específicas. El simple abastecimiento de alimentos resultará insuficiente con frecuencia a la hora de salvar a las poblaciones en el caso de una crisis alimentaria. En estos casos, y aunque la ayuda al desarrollo puede y debe porporcionarse por motivos humanitarios y de solidaridad, las instituciones internacionales y los países ricos deben asegurarse de que la ayuda necesaria para atajar el hambre, las hambrunas y otras crisis no socava la soberanía alimentaria. La ayuda de emergencia se utiliza a menudo como pretexto para deshacerse de los excedentes de los países ricos y para presionar a los países receptores de la misma para que acepten OGM, lo cual va en detrimento de la producción local y la biodiversidad. Es necesario acabar con este tipo de “ayuda”. Toda la ayuda de emergencia debería estar basada en las necesidades de las poblaciones y en el suministro de alimentos seguros y nutritivos, así como en el apoyo a la producción local y la conservación de la biodiversidad local. Propuestas de políticas y acciones: • Los países ricos deben garantizar fondos adecuados y estables para cubrir situaciones de emergencia y cumplir con el derecho a la alimentación adecuada, el derecho a refugio, instalaciones sanitarias y servicios de salud básicos • La ayuda de emergencia debe construir y fortalecer estrategias a largo plazo para la seguridad y soberanía alimentaria y no socavarlas. • Si el suministro de alimentos se vuelve necesario en una determinada situación de emergencia, éste debería ser local en la medida de lo posible, recurriéndose en primera instancia a los pequeños productores locales, después a las comunidades cercanas, productores de otras áreas del país y, si esto no fuera posible, de otros países de la región. • El suministro de alimentos en casos de emergencias debe llevarse a cabo en estrecha cooperación con los pueblos afectados por el hambre, con sus organizaciones, autoridades locales y gobiernos. Esto es importante para llegar a las personas que más necesitan la ayuda, fortalecer las capacidades locales y evitar la distorsión de los mercados locales. • Se debe prestar especial atención a que las mujeres tengan acceso a los alimentos, agua y asistencia médica en estas situaciones de emergencia. Mecanismos para apoyar a las poblaciones en zonas en conflicto:


Los conflictos y las guerras interrumpen el suministro habitual de alimentos, el aceso y el control de los recursos necesarios para la producción y distribución de alimentos, así como las fuentes de ingresos (ingresos ésstos que sirven para adquirir los alimentos). En estas situaciones es particularmente importante el acceso de las poblaciones afectadas al agua, las instalaciones médicas, la tierra etc. El conflicto puede adoptar diferentes formas: conflicto entre dos o más estados, civil (dentro de un mismo estado) tribal, sectario, étnico etc. La presencia de recursos naturales preciosos, como los diamantes, el petróleo y los minerales puede generar y agravar las dinámicas del conflicto, especialmente cuando éstos se ven azuzados por la intervención de terceros. Las poblaciones en zonas de conflicto/guerra son víctimas de expulsiones, desplazamientos, bloqueos, minas antipersonas, zonas de exclusión de alta seguridad, contaminación de los recursos hídricos por armas desechadas, pérdida de recursos naturales y destrucción de los medios de subsistencia. La amenaza del hambre se ve magnificada por los obstáculos a una producción de alimentos, en ausencia de condiciones de vida normales, por el acceso limitado a los mercados y las restricciones de la libertad de movimiento, de expresión y de ejercicio de los derechos democráticos, así comoo el uso de los alimentos y el agua como armas. En este tipo de situaciones las mujeres son especialmente vulnerables. Propuestas de políticas y acciones: Enfrentarse a la amenaza del hambre en las zonas de conflicto requiere esfuerzos combinados que deberían pasar por la creación de políticas, resolución de conflictos, integración de poblaciones y sociedades afectadas, formación y concienciación. Algunos ejemplos: • establecer y mantener la paz sobre la base de la justicia: la dignidad humana y los derechos civiles y políticos son requisitos imprescindibles para una paz duradera. • garantizar que la guerra y el conflicto no se convierten en oportunidades para la acaparamiento de bienes naturales y otros recursos valiosos desde el punto de vista comercial, estratégico y cultural, ni por las propias partes del conflicto ni por actores externos que intervengan, por ejemplo, bajo la bandera del humanitarismo. • responsabilizar a los órganos de las Naciones Unidas que tienen por cometido controlar las violaciones de los derechos de los civiles, y asegurarse de que las partes del conflicto observan la ley internacional y las convenciones internacionales de derechos humanos. Los transgresores de las mismas deberían ser juzgados por sus acciones y, si fuera necesario, enfrentarse a sanciones. • Hacer valer el regreso al retorno y los mecanismos de reasentamiento para los pueblos desplazados, incluyendo el reagrupamiento, la asistencia psicológica postraumática y la prevención de daños mayores. • Cubrir las necesidades básicas como el agua, los alimentos, medicamentos, servicios sanitarios y seguridad para mujeres y niños. Prohibir el uso de alimentos y agua como arma o instrumentos de control y opresión. • Introducir créditos locales “sin intereses” y programas de financiación, transformar la ayuda de emergencia y “caritativa” en ayuda al desarrollo que permita la autosuficiencia. • Llegar a todos los que viven en zonas de conflicto y ayudarles a mantener su producción facilitando su acceso a la tierra, al agua y a la riqueza nacional. • Apoyar la resistencia entre las poblaciones afectadas manteniendo o desarrollando la artesanía tradicional, ofreciendo a las mujeres un fortalecimiento de capacidades para alcanzar la autosuficiencia a través de empleo desde el hogar, desarrollo de alternativas alimentarias, fomento de la agricultura urbana, de la “Economía Familiar” y de los programas de trueque. • Apoyar a los pueblos en resistencia a la ocupación


DOC FORO ALTERNATIVO ROMA 2009 Quien_necesita_acceso_a_los_alimentos