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La ruta

sevilla TRAS LOS PASOS DE LA BÉTICA ROMANA

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Sevilla, esa provincia con color especial Y pasión por las tradiciones, tiene también alma romana. Dos emperadores, Trajano y Adriano, y varios yacimientos arqueológicos de suma importancia forman parte de ese legado que puso EL TERRITORIO DE LA ACTUAL PROVINCIA DE Sevilla en el mapa deL MAYOR imperio DE LA ANTIGÜEDAD. Maribel Herruzo / David Revelles

Periodistas.

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La ruta / Tras los pasos de la Bética romana

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mperadores como Trajano y Adriano, ambos originarios de Itálica, situaron las tierras de la actual provincia de Sevilla en un lugar de privilegio en el Imperio Romano. Hoy, en las ciudades herederas de esos antiguos asentamientos como Santiponce, Osuna y Carmona, aún laten los rescoldos de su alma romana, una herencia que descubrir siguiendo la llamada "ruta por la Bética romana". Por supuesto, esta sugerente propuesta de turismo cultural (la ruta discurre por catorce ciudades de las provincias de Sevilla, Cádiz y Córdoba) regala algunas de sus joyas más fascinantes a su paso por la provincia hispalense, como su fabuloso legado patrimonial, su artesanía y su gas-

tronomía, herederas en gran parte del formidable influjo de la Roma imperial. Y es que este itinerario por la Bética romana es un increíble viaje en el tiempo que empezó hace casi dos milenios. Para ser exactos, alrededor del año 206 a. de C., cuando el general Escipión montó un hospital de campaña en un lugar que años más tarde se convertiría en Itálica (a solo siete kilómetros de la actual Sevilla) para acoger a los heridos de la batalla de Ilipa, donde se asestó una dura derrota a los cartagineses. Fue ahí, en la actual localidad de Santiponce, donde los romanos fundaron la primera colonia fuera de las fronteras de la península italiana, a la que dieron el nombre de la famosa bota del Mediterráneo: Itálica.

Itálica: Cuna de Trajano La recuperación e investigación de las ruinas de Itálica se inició en la época del Renacimiento. Pero como en aquel momento lo único que estaba a la vista de la antigua ciudad romana era el anfiteatro y alguna que otra estructura arqueológica, lo que resultaba más atractivo a los ojos de los curiosos eran los vestigios artísticos, como mosaicos, pinturas y estatuas. Aunque las excavaciones oficiales comenzaron en el siglo XVIII, no fue hasta el XIX cuando se empezaron a realizar de manera sistemática. No obstante, la mayoría de ellas eran llevadas a cabo por particulares que aprovechaban la ocasión para engrosar sus colecciones personales. Este expolio furtivo, y no del todo disimulado bajo el manto de la investigación, no se detuvo inicialmente hasta que en 1911 se aprobó la Ley de Excavaciones. Aunque el gran cambio, de hecho, vino a partir de los años ochenta, cuando realmente se excavó el yacimiento, ya con métodos científicos. La actual población de Santiponce está situada sobre el cerro de San Antonio, donde ya existía un poblado turdetano desde el siglo IV a. de C. Fue en esta colina donde el general Escipión dejó el destacamento de soldados y heridos que se mezclaron con la población turdetana que dio origen a Itálica. Este primer poblado se desarrolló hasta finales de siglo I d. de C., y la población y sus elites empezaron a tener una importante presencia en Roma (más de 30 senadores romanos llegaron a proceder de Itálica) gracias, sobre todo, al valor del aceite de oliva, producto estrella de la zona. La colonia no solo situó senadores en Roma, sino que logró una conquista

La Itálica romana fue una ciudad residencial. Su anfiteatro o coliseo tenía una capacidad para 25.000 espectadores, el doble de su población.

única: que Trajano, hijo de Itálica, se convirtiera en el primer emperador nacido fuera de la península italiana, y uno de los más recordados y admirados. Su sucesor fue su sobrino y pupilo Adriano, también procedente de una familia de Itálica. La ciudad tuvo en un principio un claro perfil militar, según indican el trazado de sus calles. Pero con el tiempo, precisamente bajo el reinado del emperador Adriano, fue cuando pasó a adquirir un esplendor fuera de lo común para una colonia. Se levantó una zona de Itálica, llamada la residencial, que disfrutaba de bellos mosaicos y espléndidas construcciones, que es la que escogieron las elites para instalarse, y es la que hoy puede visitarse, incluido su monumental anfiteatro, con capacidad para 25.000 espectadores. La ampliación de esta nueva Itálica estuvo muy pensada y planificada. Por ejemplo, cada manzana tenía un sistema de evacuación propio de aguas. En total,

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LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA ha desarrollado diversos programas de arqueología virtual para conocer con más detalle cómo era Itálica. 56

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la población sumaba de ocho a diez mil personas. La gran capacidad del anfiteatro indica que probablemente venían espectadores de todo el valle del Guadalquivir. Hay otros edificios representativos de Itálica, como las termas mayores (que ocupan nada menos que cinco manzanas completas), el Traianeum o Templo de Culto Imperial, el Teatro y las Termas Menores. No obstante, a partir del siglo III Itálica empezó a decaer, lentamente. Por un lado, la clase senatorial perdió poder en Roma; por otro, la situación general del Imperio también dio signos de decadencia. Por último, el terreno sobre el que se edificó la colonia era de arcilla expansiva, lo que propició que los edificios empezaran a hundirse, agrietarse y deteriorarse. Todas estas razones influyeron en que la ampliación de la ciudad nunca acabara de realizarse y que las edificaciones del ángulo noroeste nunca llegaran a ser ocupadas. Itálica no se

abandonó ipso facto, sino que siguió habitada hasta el siglo XII, en época ya musulmana. Son numerosos los autores árabes que la mencionan, aunque con el nombre de Talikah o Taliqa.

Camino a Carmona La siguiente parada en la ruta no es otra que Carmona, a 33 kilómetros exactos de Sevilla. Ya desde su entrada se adivina el esplendor de un lugar que fue romanizado a partir del 206 a. de C., y que se convirtió en uno de los principales enclaves del Bajo Guadalquivir. Con el nombre de Carmo estuvo comunicada con Hispalis (Sevilla) por una vía que aún pervive bajo el asfalto de la Nacional IV. Este intenso pasado queda patente también en su poderoso recinto amurallado, en partes de su trazado urbano (la plaza de San Fernado, por ejemplo, está situada en la intersección del cardo y el decumano, donde se encontraba el foro romano), y, sobre todo, en la importante necrópolis del siglo I, cuyas tumbas del Elefante y, sobre todo, la de Servilia, son auténticamente espectaculares. De hecho, la ciudad entera merecería una detallada visita, y no solo en la zonas con pasado romano. Empezando por la Puerta de Sevilla, que da entrada a la vieja ciudad y cuyo arco almohade da la bienvenida a un mundo que parece que se detuvo en algún momento, sus entrañas encierran un muy bien conservado alcázar del periodo andalusí (que en la actualidad aloja la oficina de turismo). Nada más traspasar las murallas salen al encuentro las casas encaladas tras cuyos muros se esconden hermosos patios tapizados de azulejos; casas mudéjares; iglesias del último Gótico y sobre todo barrocas; abundantes palacetes y otro alcázar, el de Arriba, que conserva en su interior un palacio del siglo X. En Carmona abundan también, herencia de su época islámica, las calles estrechas por las que perderse hasta llegar al Mercado de Abastos. Otras acercan a plazas y a extraordinarias bodegas donde se sirve el anís semidulce "Los Hermanos", de producción local. La ciudad de Carmona es uno de los pueblos más bellos de Andalucía, y CLÍO

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La necrópolis de Carmona fue el primer yacimiento funerario que abrió sus puertas al gran público, hace ya 125 años. ha sabido conservar sus encantos con naturalidad, incluida una arteria más que milenaria, la calle Prim, que en época romana ya era el cardo máximo que comunicaba Sevilla y Córdoba.

Una necrópolis fabulosa Volviendo al mundo clásico, Carmo fue un asentamiento muy importante en la época republicana y en los primeros tiempos de la era imperial como lugar de acantonamiento de tropas. El auge de Carmona, de hecho, acabó con la Pax Augusta. Probablemente, la herencia más importante que se conserva de la época romana sea la necrópolis y un fabuloso museo arqueológico. Cicerone de lujo para su visita es su director, Ignacio Rodríguez Temiño, quien relata: “La mayoría de las tumbas son de incineración, la forma de enterramiento más habitual en

el s. I d. de C., muchas de las cuales estuvieron, en su día, policromadas”. El de Carmona fue el primer yacimiento funerario que abrió sus puertas al público, hace ya más de 125 años, “lo que ha supuesto que sufriera mucho desgaste, pues las rocas en las que están encajadas las tumbas son muy débiles y las visitas, junto al agua y la humedad, lo han deteriorado”, apunta Rodríguez Temiño. Una de las tumbas más interesantes -y también más polémicas- es la llamada del Elefante. Cuando se excavó se pensó que era una tumba más, pero el profesor (hoy catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid) Manuel Bendala Galán elaboró una hipótesis según la cual aquel lugar era un lugar de culto de una religión del siglo I. a. de C. Teorías más modernas matizan que El Elefante fue una especie de tumba colectiva. Algunos romanos pagaban cuotas a una

suerte de mutualidad llamada colegium, por la cual se aseguraban poder ser enterrados en un lugar colectivo del que esta tumba sería un ejemplo. Otra de las tumbas más interesantes de la necrópolis de Carmona es la de la familia Servilia. Situada en medio de una gran cantera de piedra, aún conserva un gran patio, donde se producía el convivio o velatorio. La parte externa, un pasillo subterráneo, era el lugar por donde se conducía el féretro seguido de la familia, mientras el resto de invitados permanecía en el patio donde se disponía la comida y se organizaba la recepción de quienes acudían al duelo. En la Tumba de Servilia, además, hay un gran escenario donde se llevaban a cabo representaciones públicas. Es una tumba excepcional por sus dimensiones, por su disposición y porque sus arquitectos procedían, seguramente, del mundo helenístico.

Écija era similar a Sevilla y Cádiz, solo por debajo de las tres grandes capitales romanas de la Península: Córdoba, Mérida y Tarragona. La familia Servilia tenía buenas relaciones con Augusto, es decir, con la elite del Imperio, lo que explica que esta tumba no tenga relación con el resto de la necrópolis, donde se encuentra una de las pocas pinturas funerarias de la época que han llegado a la actualidad, tal vez la única figurativa de España de época romana: una mujer que está pesando el alma del muerto.

El esplendor de Astigi La ruta continúa por Luisiana, una pequeña población que cuenta en su haber con vestigios romanos, especialmente unos baños que eran frecuentados exclusivamente por la aristocracia romana y que han llegado hasta nuestros días con reformas del siglo XVIII. Muy cerca de Luisiana se encuentra otra de las grandes poblaciones béticas, la antigua Astigi, hoy Écija, la llamada “ciudad de las torres”. La Astigi romana era una colonia que llegó a ser capital de una extensa división jurídica, al igual que Hispalis (Sevilla) y Gades (Cádiz), solo por debajo de los tres principales centros urbanos romanos en la Península: Tarragona, Mérida y Córdoba. La riqueza que emanaba de su principal producto, la exportación de aceite a luga-

res lejanos, hizo que la ciudad alcanzara un gran esplendor que mantuvo incluso tras la caída del Imperio. Écija está ubicada en el valle del Genil, afluente del Guadalquivir, y por él exportaba el aceite y otros productos agrícolas hasta la misma Roma. El convento jurídico de Écija era muy extenso, con medio centenar de ciudades romanas como Antequera, Osuna, Granada (Elibarris), Martos (Tucci), Luisiana… El esplendor económico de la ciudad explica que en muchas de las casas urbanas de Écija se encontraran bellos y valiosos mosaicos que contaban con la exclusiva (entonces) pasta de vidrio, la mayoría hallados en viviendas particulares de exportadores de aceite. Fue durante este periodo cuando se comenzó a hacer ostentación de la riqueza, costumbre que pervivió hasta la época barroca, como puede observarse en sus calles a través de sus edificios, iglesias y monumentos. Antes de abandonar Écija es imprescindible visitar su Museo Histórico situado en el Palacio Benamejí, uno de los mejores ejemplos de casas barrocas andaluzas, donde recorrer los pasos de esa historia, para subir después a su atalaya y contemplar la panorámica de la ciudad desde lo alto. Desde aquí pueden verse

todas las diversas torres que atesora la ciudad, que por algo a Écija la denominan “la ciudad de las torres”. Tampoco hay que perderse el Patio de la Iglesia de Santa María, con una importante colección arqueológica. Por cierto, entre las iglesias de Écija hay una de singular interés, la de Santa Cruz, muy posiblemente erigida sobre los restos de un templo visigodo (¿templo romano anteriormente?), e instalada en la actual calle de Santa Cruz, que coincide en parte con el cardo máximo de la ciudad romana. En este templo sorprende, y causa admiración, su planta inacabada, sus restos de arco mudéjar, su patio renacentista y un singular altar mayor que, en realidad, es un sarcófago paleocristiano con inscripciones griegas que apareció tras unas obras en la iglesia, hace más de un siglo. Tras la capilla de la Virgen del Valle se encuentra el interesante Museo de Arte Sacro. Pero hay que buscar al párroco, y artífice del museo, Antonio Pérez, para que abra sus puertas al visitante y éste pueda deleitarse con piezas tan exquisitas como el atril de arte Nambom hecho en Japón en 1532, el Cristo de marfil de Filipinas o la Gran Custodia de Asiento de Francisco de Alfaro, de plata dorada.

spal, Hispalis, isbiliya, sevilla... "ciudad baja"

© Óscar Elías

Sevilla, la actual capital de Andalucía, también fue en origen una ciudad romana. Se llamó Hispalis y fue un establecimiento situado a orillas del Guadalquivir (llamado Betis por los latinos) sobre un lugar al que los indígenas (tal vez tartesios) denominaban Spal o “Ciudad Baja”, y que los árabes transformaron en Isbiliya, de donde procede la voz “Sevilla” (al sustituir la “P” por “B”, porque ese fonema no existe en lengua árabe y se modificó el sonido de las vocales). Se sabe que la fundación de Hispalis fue coetánea a la de Itálica, a finales del siglo II a. de C., pero quedó arrasada durante los diversos conflictos que Roma tuvo con las poblaciones turdetanas que habitaban el sur de la Península. Se sabe que hacia el año 45 a. de C. Julio César, en el marco de la guerra civil en que se hallaba la república romana, concedió al asentamiento de Hispalis un nuevo estatuto, el de “Colonia Iulia Romula Hispalis”, otorgando también a los hispalenses

la condición de ciudadanos romanos de pleno derecho. La arqueología ha conseguido esbozar cómo fue esa ciudad romana que tuvo un importante desarrollo en época imperial, aunque es cierto también que han llegado a nuestros días pocos rastros de ella. Sobre sus muros crecieron tanto la ciudad musulmana de Al-Ándalus, que llegó a ser el centro de una importante taifa en los siglos XII y XIII, como la ciudad cristiana que devino el puerto para América en el XVI. Al parecer, las dos vías principales corresponderían a las actuales calle Águilas y Alhóndiga, con el foro en la plaza de la Alfalfa. Bajo el palacio Arzobispal se hallaban unas termas, y recientes hallazgos han descubierto los cimientos de una construcción que bien podía ser el teatro. También se han localizado los restos de un mosaico que representa al dios Neptuno con tridente rodeado de un cortejo de animales marinos y terrestres.

vista de los campos de cultivo desde uno de los miradores de Carmona. El enclave fue en época romana un importante campamento militar. 58

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Otra ciudad importante de origen romano es Osuna. Se conservan restos de un teatro, una necrópolis y un bronce con un ordenamiento jurídico.

La última parada de esta ruta bética por la provincia de Sevilla es Osuna, la antigua Urso ibérica. De la ciudad romana se conservan las ruinas del teatro, los depósitos de agua y, sobre todo, una enorme necrópolis excavada en la roca que aún está a la espera de poder sacar a la luz todos sus secretos. La mayoría de excavaciones se sitúan en propiedades privadas, zonas muy extensas a las afueras de Osuna. Por ejemplo, para acceder al teatro romano (monumento del que solo deben existir unos 25 en toda España) hay que avisar

previamente al propietario de la parcela. Igual sucede con la necrópolis, cuya parte visible es solo una pequeña zona colindante con el camino (apenas un 2% del total). El camposanto acoge enterramientos fenicios que van desde el siglo VI a. de C. a los visigodos del siglo VI d. de C, más de 1.000 años de historia funeraria. Osuna se fortificó con los árabes, y de esa época nos quedaron restos de la Alcazaba y la Torre del Agua (del siglo XII), hoy sede del Museo Arqueológico, donde es posible admirar las tablas “Los bronces de Osuna”, con la legislación y ordenamiento jurídico de

mosaico romano encontrado en écija junto a escultura funeraria hallada en Osuna. 60

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la Osuna romana. Esta bella población sevillana cuenta en su trazado con una amplia calle de suave pendiente, la de San Pedro, nombrada por la UNESCO como una de las más bellas de Europa, repleta de palacios señoriales renacentistas y barrocos. La calle Sevilla, paralela a San Pedro, es otro ejemplo de museo al aire libre y en ella no puede dejar de visitarse la Colegiata y su colección de pintura barroca.

El monumental Coliseo de Itálica Es el monumento más antiguo de los conservados en Itálica, de la época del emperador Augusto, y el que mejor se ha investigado. Y también fue de los mayores anfiteratros del Imperio, con capacidad para veinticinco mil espectadores. El graderío (cavea) estaba formado por tres niveles de gradas de las que solo se conservan, parcialmente, las dos inferiores. Fue el Padre Zevallos, del cercano monasterio de San Isidoro, en el último tercio del siglo XVIII, quien describió por primera vez las ruinas, aunque no fue hasta después de la última Guerra Civil que Francisco Collantes -el padre de la arqueología sevillana- limpiara un corral de casas de Santiponce y salieran a la luz nuevas gradas que dieron pie a que, muchos años después, a partir de 1970, se iniciaran las excavaciones. Una década más tarde las administraciones públicas realizaron una fuerte inversión en el yacimiento y se empezó a restaurar parte de la construcción con el fin de que fuese usada

Para más información:

www.turismosevilla.org www.beticaromana.com

en la Expo de Sevilla de 1992. La obra no estuvo acabada a tiempo, y el coliseo romano solo llegó a utilizarse para el festival anual de Teatro Grecolatino y en un festival de danza. Desgraciadamente, a fines del siglo XX volvió a caer en desuso. Desde hace una década la Universidad de Sevilla en la colaboración con la Sociedad Española de Arqueología Virtual se ha dedicado a estudiar y modelar cómo fue su construcción, a partir de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Hace un par de años, el yacimiento fue una de las sedes del congreso mundial Arqueológica 2.0. La ciudad de Itálica fue uno de los primeros asentamientos romanos de la península Ibérica y cuna de emperadores. Pero también un referente del Romanticismo y de la primera arqueología española, por su colección de mosaicos conservados in situ y porque actualmente es uno de los conjuntos más visitados de Andalucía, con 170.000 visitas al año.

©Universidad de Sevilla

Osuna, última parada

Actualmente, el yacimiento arqueológico de Itálica, con 170.000 visitas al año, es uno de los conjuntos monumentales más conocidos de Andalucía.

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Sevill bética, en revista Clio, sep 2012