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LA INFLUENCIA DE LA COMUNICACIÓN FAMILIAR EN EL RENDIMIENTO ESCOLAR DE LOS NIÑOS

El bajo rendimiento escolar es el problema más grave con el que se enfrentan los colegios en la actualidad. Las causas pueden ser muy diversas y no se encuentran simplemente en las capacidades que los niños puedan tener, sino que en muchas ocasiones, el ambiente que les rodea juega un papel muy importante.

El problema del bajo rendimiento escolar puede asumir diferentes formas que se pueden materializar ya sea con malos resultados en una o varias asignaturas, problemas de aprendizaje o bien dificultades a la hora de relacionarse con sus iguales.

Es necesario prestar atención al niño y observar su comportamiento para a partir de ahí, diseñar un plan de actuación, ya que no hay que olvidar que corremos el riesgo de atribuir al niño un problema de aprendizaje que en realidad no existe.

Determinar el origen del bajo rendimiento escolar y mejorar las relaciones familiares resulta fundamental para mejorar los resultados académicos. La actuación de la familia mediante una comunicación adecuada frente a estos problemas puede ser clave para eliminar dicho problema.

La comunicación constituye el fundamento de las relaciones humanas y consiste en la transmisión y el intercambio de información, ideas, sentimientos…etc. entre las personas. Este hecho puede producirse y no tiene por qué ser mediante el habla ya que también podemos comunicarnos mediante gestos, caricias, símbolos… etc.

Para comunicarse con otra persona es necesario que esta esté dispuesta a escuchar, que comprenda el mensaje, que lo interprete bien y por último que emita una respuesta. Es obvio que esto no se produce con éxito en muchas ocasiones ya que muchas veces las personas no se entienden, la conversación se interrumpe por algún motivo, o lo que es peor, se convierte en gritos. Este tipo de hechos tienen


consecuencias negativas tanto para el desarrollo personal de los niños como para su rendimiento académico.

Para conseguir un estilo de comunicación que sea beneficioso en la relación familiar debemos aprender a hablar para hacernos comprender así como comprender al otro. Para que esto suceda, debemos empezar por analizar la actitud de algunos padres con respecto a sus hijos.

A veces, los padres no suelen prestar el tiempo suficiente a escuchar o atender que es lo que sus hijos solicitan por lo que acaban interrogándoles o simplemente no se interesan y no comprenden los sentimientos, emociones o preocupaciones de sus hijos.

Escuchar a los hijos de manera activa permite a los padres empatizar con ellos y acceder a la personalidad que están formando a la vez que ellos se sienten escuchados, queridos y muestran una mayor confianza, para así poderlos educar mejor. Este es un buen comienzo para ofrecerles una educación adecuada que desemboque en un buen rendimiento en la escuela, aunque claro está que los valores que se transmitan también influyen de manera decisiva.

Una comunicación equilibrada, por lo tanto, consistiría en encontrar un punto medio entre no expresar nunca nuestras opiniones o sentimientos y no escuchar a los demás a causa de que sólo prestemos atención a nosotros mismos. Como ya sabemos, los niños son un reflejo de sus padres y de la educación que estos les han proporcionado y como la educación se realiza a través de la comunicación, los padres necesitan dar ejemplo para educar satisfactoriamente a sus hijos y que éstos vayan por el camino más adecuado, ya no sólo en los estudios sino también a nivel personal.

Hay distintos tipos de comunicación y comportamiento que influencian a los niños, estos son: comportamiento pasivo, agresivo y asertivo. Un tipo de comportamiento pasivo consiste en que cuando una persona se expresa no hace valer ni sus opiniones, ni sus deseos, ni sus pensamientos, y a veces


ni sus propios derechos. No expresa sus sentimientos y no resuelve los problemas de una manera eficaz ya que a veces trata de quitar importancia a las situaciones por el simple hecho de evitar envolverse en una discusión.

Este comportamiento se traduce como una educación permisiva en la que los padres esperan poco de sus hijos y al no poner normas hay una enorme falta de organización donde las técnicas y hábitos de estudio son inexistentes.

Unos padres que ejerzan este tipo de comunicación perderán rápidamente el control sobre sus hijos, haciendo éstos lo que quieran y trasladando este comportamiento a la escuela. Se sublevarán ante cualquier tipo de disciplina u orden, si nadie les impone que hagan los deberes, no los harán porque simplemente no les gusta hacerlos y nadie les obliga. De este tipo de comunicación aprendemos que a veces, también es necesario saber decir “no”.

En primaria, los niños no están capacitados para tomar por sí mismos ciertas decisiones y si nadie les ayuda a elegir el camino adecuado, cuando se den cuenta será demasiado tarde para enmendar sus errores. Está claro que los profesores de la escuela pueden ayudar a resolver problemas de este tipo, pero la ayuda será efectiva siempre y cuando se cuente con el apoyo y el esfuerzo de la familia, ya que sino se emitirían mensajes contradictorios y no serviría para nada el apoyo.

La comunicación agresiva hace referencia a que cuando una persona se expresa pasa por alto los derechos de los demás, volviéndose violenta en su forma de comportarse. Estas personas no respetan a las personas con las que se relaciona y para

conseguir

lo

que

quieren

pueden

llegar

a

amenazarlas,

intimidarlas,

insultarlas…etc. También alzan mucho el volumen de la voz y hablan sin escuchar a los demás, no razonan, ya que según ellos, siempre llevan la razón.

Este tipo de comunicación ejerce una influencia muy negativa en la vida de los niños. Puede haber dos extremos, o bien niños que tengan miedo a decir lo que


piensan por miedo a represalias o bien niños que imiten la actitud de sus padres e intimiden a los niños de su entorno.

En cuanto al rendimiento escolar los niños en los que su familia ejerza este tipo de comunicación estudiarán porque sí, harán los deberes porque sí… no aprenderán si es bueno o malo, les ocultarán cosas a sus padres por miedo a discusiones y castigos, no aceptarán otros puntos de vista y no aprenderán a razonar que a fin de cuentas, es lo contrario de las pretensiones de la escuela.

Por último, consideramos que un comportamiento asertivo es el más adecuado para comunicarse en una familia y obtener unos buenos resultados en el rendimiento escolar de los niños.

El comportamiento asertivo consiste en respetar tanto los derechos propios como ajenos. Supone hablar honestamente para resolver los problemas, expresar opiniones y sentimientos de una manera adecuada y siempre interesándose por la opinión de los participantes en la conversación, así como dialogar con un comportamiento no verbal adecuado y respetuoso.

Existen dos tipos de asertividad, la positiva y la negativa. La primera consiste en expresar de forma clara, con confianza y sinceridad los sentimientos positivos, mientras que la segunda consiste en saber negarse cuando no estamos de acuerdo con lo que se nos pide. Consideramos que una combinación de ambas es la manera idónea para educar a un hijo.

En la escuela, los niños que tengan una familia en la que la comunicación fluye de una manera respetuosa, con afecto pero a la vez firme, obtendrán un mejor rendimiento académico ya que sabrán respetar a sus compañeros, tendrán mayor confianza con respecto a sus estudios, se verán capaces de conseguir los retos que se les pongan por delante, normalmente acatarán los mandados de los profesores y comprenderán con mayor facilidad que si estudian podrán conseguir sus objetivos en la vida.


Dentro de este tipo de comunicación no significa que no haya peleas, simplemente se afrontan de una manera en la que todas las opiniones tienen cabida y deben ser respetadas, comprendiendo al final, la opción más razonable.

También hay que mencionar que no existe un único punto de vista que explique el bajo rendimiento escolar de los niños, por lo que es necesario evitar las generalizaciones, porque habrá tantos casos de bajo rendimiento escolar como niños que lo padezcan.

Ahora bien, partiendo de que en la familia habrá un tipo de comunicación asertiva, y una vez establecidos los lazos familiares, la confianza, la sinceridad y el respeto, se pueden determinar distintas maneras de enseñar a los niños hábitos y técnicas para mejorar su rendimiento académico.

Una buena manera para enseñar el autocontrol y la automotivación en los estudios es enseñar a los niños a descomponer en partes mas pequeñas una tarea o actividad para que les resulte más fácil hacerla a la vez que se desconcentran menos. Este método sólo se desarrolla adecuadamente con la atención y la preocupación de los padres hacia el niño.

Otra manera en la que la familia puede ayudar a los niños a la vez que se fomenta la comunicación entre todos los miembros es mostrando interés por sus trabajos, ofreciéndoles nueva información, ayudándoles a buscarla, pero eso sí, siempre dejando que cada vez sean un poquito más autónomos y adaptándonos a su capacidad de aprendizaje.

Otro aspecto importante para motivar a los niños a que estudien y terminen sus trabajos

adecuadamente

recompensándoles

mediante

elogios,

felicitándoles

y

reconociendo sus esfuerzos no sólo cuando terminen sus actividades sino durante el proceso, para animarles a terminar.


Una vez mencionado esto, hay que señalar que tampoco podemos cometer excesos a la hora de recompensarles con cada cosa que hagan porque sino sus actos dependerán de las consecuencias que el niño espera.

También, para aumentar la motivación interna de los niños podemos pedirles que califiquen y evalúen ellos mismos su trabajo y esfuerzo, haciéndoles reflexionar para que se asignen una nota justa. Así, si es baja, la familia tendrá que ayudar a que los niños se motiven haciéndoles ver que pueden hacerlo mejor y que confiamos en ellos, y si es una calificación alta, les animará a continuar esforzándose para alcanzar sus objetivos.

Como hemos podido comprobar, para educar bien a los niños, primero tienen que dar ejemplo las personas mayores ya sea en la escuela como en la familia. Por lo tanto, para que pueda darse una buena educación, es necesaria la existencia de una comunicación fluida, con respeto y comprensión.

Finalmente, así queda demostrado que el rendimiento escolar no depende exclusivamente de la capacidad intelectual de los niños, la familia tiene un papel activo dentro del desarrollo del mismo y es necesario comunicarnos con ellos y ayudarles a superar las dificultades que puedan encontrarse en el desarrollo de sus actividades. Hay que implicarse con ellos, entenderlos y todo esto en un ambiente óptimo de comunicación.

comunicación y rendimiento escolar  

contiene información sobre la influencia que ejerce la comunicación familiar en los resultados académicos de los niños

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