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Radio comunitaria en Latinoamérica: una herramienta al servicio de los pueblos en el siglo XXI Maria Reyero Fernández IEPALA-Promoción 2011-2012 1


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“Porque la historia de los pueblos latinoamericanos será contada una y otra vez. Siempre que haya un micrófono, una antena y un grupo de mujeres y hombres dispuestos a hacer de la comunicación el espacio de las preguntas que buscan una respuesta y de las acciones inteligentes que cambien las maneras en la que se vive todos los días en cada uno de los lugares de América Latina” Del artículo Experiencias diversas, objetivos comunes. Número 1 revista Cara y Señal, AMARC

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ÍNDICE

UNA APROXIMACIÓN AL DERECHO A LA COMUNICACIÓN Comunicación viene de comunidad

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Derecho a la Comunicación, Derecho a la Libertad de Expresión, Derecho a la Información

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Recorrido histórico a través de los hitos del Derecho a la Comunicación

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EMPRESAS MEDIÁTICAS: CUANDO LA COMUNICACIÓN ES NEGOCIO Las empresas mediáticas: comerciando con la información, la cultura y las identidades

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MEDIOS COMUNITARIOS, LA VOZ DE LOS PUEBLOS Comunicación popular en Latinoamérica: construyendo el camino para la radio comunitaria

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Un poco de historia: la radio o la posibilidad de transmitir sonidos sin cables

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¿Qué es una radio comunitaria?

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¿Por qué la radio? Idoneidad de la herramienta en el contexto latinoamericano.

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Micrófonos para el Pueblo: Historia de la Radio Comunitaria en América Latina

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Tejiendo redes de comunicación: ¿Por qué hablamos de “movimiento de radios comunitarias”?

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Protagonistas: el o la comunicadora popular

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La relación entre comunicador/a y audiencia en las radios populares

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Tomando los micrófonos: mujeres en la radio comunitaria

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Relación de la radio comunitaria con el movimiento social

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El poder de los micrófonos y las ondas: La radio en la construcción de ciudadanía

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ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN LEGAL DE LAS RADIOS COMUNITARIAS EN AMÉRICA LATINA Legalidad vs legitimidad.

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Cuando la Ley no es justa: Radiodifusión en México

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Desalambrando los latifundios mediáticos: La lucha del movimiento de radios comunitarias por la legalidad de sus emisoras

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Cuando la lucha da sus frutos: La nueva Ley de Medios Audiovisuales en Argentina

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MIRANDO HACIA EL FUTURO: la radio comunitaria y la comunicación popular en América Latina en el siglo XXI La radio más allá de la radio

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Vigencia de la radio como herramienta de comunicación

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Vigencia del proyecto político comunicacional de las radios comunitarias

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Retos y desafíos que viven las radios comunitarias frente al nuevo siglo

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¿Comunicación para el Desarrollo, para la Transformación Social o para el Buen Vivir?

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BIBLIOGRAFÍA

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UNA APROXIMACIÓN AL DERECHO A LA COMUNICACIÓN Comunicación viene de comunidad “Padece usted una de las dolencias más normales en el género humano: la necesidad de comunicarse con sus semejantes” Augusto Monterroso “La palabra humana tiene forma de río: siempre encuentra un cauce por donde seguir su rumbo. No hay silencio que la calle, no hay mano que tape su boca. Si hay necesidad de decir, hay lenguaje. Sin él dejaríamos de ser humanos.” Eduardo Galeano

“Desde lejanos tiempos, coexisten dos formas de entender el término comunicación: 1. Acto de informar, de transmitir, de emitir. Verbo: comunicar. 2. Diálogo, intercambio; relación de compartir, de hallarse en correspondencia, en reciprocidad. Verbo: comunicarse. En realidad, la más antigua de estas acepciones es la segunda. Comunicación deriva de la raíz latina communis: poner en común algo con otro. Es la misma raíz de comunidad, de comunión; expresa algo que se comparte: que se tiene o se vive en común.” (Kaplún: 1984)

Si tomamos como punto de partida la definición más antigua, entendemos que la comunicación es un fenómeno inherente a la relación que los seres vivos mantienen cuando se encuentran en grupo. La comunicación es fundamental para nuestra vida, como puede serlo el agua. No es de extrañar que las grandes civilizaciones hayan crecido cerca de importantes fuentes de agua. Y, de la misma manera, estas grandes e importantes civilizaciones han desarrollado formas sofisticadas de comunicación. Y no sólo la radio, la televisión, el correo electrónico, el internet o los periódicos sirven para comunicar, también en nuestro hablar y convivir diario con las demás personas, estamos comunicándonos. 7


Todas las personas tenemos esta capacidad. Por medio de la comunicación interactuamos, vivimos en familia y en sociedad, nos organizamos y nos reunimos. Al dialogar e intercambiar ideas, se abren espacios para reflexionar y preguntarnos acerca de nuestra situación, llegando también a identificar y cuestionar las relaciones de poder entre las personas y abriendo el camino para una posible transformación. Si vemos que la comunicación es central para nuestro desarrollo como personas, también podemos decir que entonces la comunicación es básica para alcanzar nuestros objetivos y metas en otras áreas como la economía, la política, lo social y cultural. La comunicación es pues un DERECHO HUMANO. Derecho a la Comunicación, Derecho a la Libertad de Expresión, Derecho a la Información. “La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados “ignorantes” son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una cultura del silencio”. Paulo Freire.

Visto lo anterior, COMUNICAR es un conjunto de derechos, que tienen que ver con el acceso a: Información Investigación Expresión Difusión La libertad de expresión es un derecho fundamental o un derecho humano, señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y las constituciones de los sistemas democráticos, también lo señalan. De ella deriva la libertad de imprenta también llamada libertad de prensa (que se extenderá semánticamente a la “libertad de expresión” en general, sea por el medio que sea).

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El derecho a la libertad de expresión es definido como un medio para la libre difusión de las ideas. Por eso la libertad de expresión es la exteriorización de un derecho fundamental recogido en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789: la libertad de pensamiento. Además, la libertad de expresión va de la mano con el Derecho a la Comunicación. No sólo tenemos derecho a tener ideas y expresarlas libremente, sino que además podemos usar los diferentes medios a nuestro alcance para darles mayor difusión y trascendencia. Este matiz tiene especial importancia en el caso de las apelaciones por la legalidad (no sólo la legimitidad) de los proyectos de comunicación comunitarios. El Derecho a la Información tiene que ver con la necesidad humana de recibir informaciones y contenidos vitales para su libre desarrollo y para la toma de decisiones de manera consciente. En este sentido, puede decirse que la libertad de información es necesaria para la libertad de expresión consciente. Si a las personas se les niega el acceso a la información, se les prohíbe expresar sus pensamientos o se les priva de la posibilidad de acceder a medios que les permitan difundirlos con mayor trascendencia, la manifestación de sus ideas (individuales y colectivas) no será libre, y se estará abonando el terreno no sólo para la vulneración de estos tres derechos intrínsecamente ligados (Expresión, Comunicación, Información), sino de todo el conjunto de Derechos Humanos. Si no sabemos que el gobierno de la Comunidad de Madrid se propone privatizar buena parte de las instalaciones sanitarias no podremos defender nuestro derecho universal y gratuito a la salud. Si no conocemos la historia del Estado Palestino, no nos manifestaremos en contra del genocidio que el ejército israelí está llevando a cabo en Gaza. Si una comunidad indígena en Guatemala no ha recibido información acerca de las actividades de una compañía llamada Goldcorp, no sabrá de los impactos de esta minera sobre el medio ambiente como la contaminación de ríos, y por tanto no podrá defenderse para proteger sus recursos naturales y su territorio.

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Recorrido histórico a través de los hitos del Derecho a la Comunicación El Derecho a la Comunicación está recogido en diversas y numerosas legislaciones internacionales y nacionales, como en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 1948, en el que se dice que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Pronto la idea de un “derecho a comunicar” se convirtió en el tema fundamental de un debate diplomático internacional que duró varios años: el debate sobre lo que se llamó el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC). En 1977 se creó e el seno de la UNESCO la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación, conocida como la Comisión McBride debido al nombre de su presidente, Seán McBride. El informe de la Comisión de MacBride se presenta a la Asamblea General del año 1980, con el título Muchas voces en un solo mundo, hizo recomendaciones concretas, entre las que se incluye: “Las necesidades de comunicación en una sociedad democrática se deben resolver mediante la extensión de derechos específicos tales como el derecho a estar informado, el derecho a informar, el derecho a la privacidad, el derecho a participar en la comunicación pública - todos ellos son elementos de un nuevo concepto, el derecho a comunicar. En el desarrollo de lo que pudiera llamarse una nueva era de los derechos sociales, sugerimos que se investiguen más a fondo todas las implicaciones del derecho a comunicar.” Recientemente se han realizado varias Cumbres Mundiales sobre la Sociedad de la Información auspiciadas por las Naciones Unidas, la primera en Ginebra en 2003 y la segunda en Túnez en 2005. En ellas se elaboró una Declaración de Principios, que, aunque no se adentraba demasiado en el tema de acceso de los pueblos a sus propios medios de comunicación, si avanzó hacia la idea de democratización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (en aquel momento se daba el boom del Internet).

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En el caso latinoamericano también existen diversos tratados a nivel nacional y regional que garantizan el ejercicio del Derecho a la Comunicación. Un ejemplo es la Convención Americana sobre Derechos Humanos o "Pacto de San José de Costa Rica" de 1969. En su artículo 13 señala: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto”. Esta convención, firmada por 25 naciones latinoamericanas, incluso llegó más allá, recogiendo un artículo que sería clave en la defensa de la legalidad de las radios comunitarias: “No se puede restringir el derecho de expresión por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas, o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios encaminados a impedir la comunicación y la circulación de ideas y opiniones.”.

El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, de 1989, protege los derechos de los pueblos indígenas. En lo relativo a la comunicación, en uno de los artículos del convenio se menciona que “se garantiza el derecho a practicar y fortalecer la cultura y las tradiciones, así como a usar, desarrollar y transmitir la historia, las tradiciones orales, el idioma, la escritura y literatura, y también crear y controlar medios de comunicación propios, en sus propios idiomas, así como tener acceso a cualquier otro medio de comunicación no indígena”. En el año 1994 tuvo lugar en Santiago de Chile un hecho insólito: la UNESCO y el PNUD convocaron a todos los sectores que estaban trabajando en comunicación a un seminario sobre Comunicación y Democracia. Lo inédito fue que, además de invitar a las grandes asociaciones empresariales de medios (Sociedad Interamericana de Prensa y Asociación Interamericana de Radiodifusión), a los principales sindicatos de periodistas (Federación Internacional de Periodisas), y a entidades del mundo académico (Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina), se reservó una silla para que la ocuparan los medios comunitarios, de la mano de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias -AMARC y otras redes alternativas. Nunca en la historia de la comunicación en Latino América había tenido lugar un encuentro entre estos sectores,

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del que resultaron una serie de conclusiones recogidas en la Declaración de Santiago y materializadas en un Plan de Acción, en el que se reconoce el aporte de los medios comunitarios a la construcción de las democracias latinoamericanas. 1 En 2006 se daría un nuevo sustento legal con la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, con su correlativo artículo entorno al Derecho a la Comunicación y a la Libertad de Expresión de los mismos: Artículo 16: “Los pueblos indígenas tienen derecho a establecer sus propios medios de información en sus propios idiomas y a acceder a todos los demás medios de información no indígenas sin discriminación. 2. Los Estados adoptarán medidas eficaces para asegurar que los medios de información públicos reflejen debidamente la diversidad cultural indígena. Los Estados, sin perjuicio de la obligación de asegurar plenamente la libertad de expresión, deberán alentar a los medios de información privados a reflejar debidamente la diversidad cultural indígena.” Hay infinidad de otros tratados, convenios y declaraciones ratificados por estados latinoamericanos que hacen referencia al Derecho a la Comunicación: Convención Interamericana de Derechos Humanos (Honduras, 1977), la Declaración de Chapultepec (adoptada por La Conferencia Hemisférica sobre Libertad de Expresión celebrada en México en 1994) o la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales (adoptada en París por la Conferencia General de la UNESCO, 2005). Más adelante veremos algunas legislaciones nacionales concretas, tanto las que promueven e incentivan la labor de medios comunitarios como aquellas que, por el contrario, criminalizan y prohíben su labor.

1 Punto número 1 del Plan de Acción de Santiago: Promoción de medios de comunicación comunitarios en áreas rurales, indígenas y urbanas marginales

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EMPRESAS MEDIÁTICAS: CUANDO LA COMUNICACIÓN ES NEGOCIO Las empresas mediáticas: no es lo mismo vender información que pasta de dientes. “La televisión abierta y por cable, la industria del cine, la prensa de tiraje masivo, las grandes editoriales de libros y de discos, y las radios de mayor alcance también avanzan, con botas de siete leguas, hacia el monopolio. Los mass media de difusión universal han puesto por las nubes el precio de la libertad de expresión: cada vez son más los opinados, los que tienen el derecho de escuchar, y cada vez son menos los opinadores, los que tienen el derecho de hacerse escuchar” Eduardo Galeano La existencia de legislación que reconoce el Derecho a la Comunicación y a la Información veraz y de calidad, no garantiza su ejercicio. Desde el momento en que la comunicación y la información pasó de ser un servicio público a un negocio, se coartó la libertad de los pueblos de poder ejercer estos derechos. El negocio de la comunicación reporta grandes beneficios a los dueños de las empresas periodísticas, a través de publicidad, pero también por la carga de transformación de las consciencias de la opinión pública que tienen los medios de comunicación. Estas empresas 2 buscan mundializarse gracias a los beneficios de los cambios tecnológicos, y tienen en su poder herramientas multimediáticas para difundir su mensaje: radios, televisoras, cable, prensa, revistas, editoriales, Internet, teatros, cines, agencias noticiosas y en general insumos provenientes de los consumos culturales de las masas. Se configuran entonces lo que Ignacio Ramonet, quien fuera director de Le Monde Diplomatique, llama “latifundios mediáticos”, ya que, por su enorme poder de manipulación de la opinión pública, “si antaño se exigía la reforma agraria porque la tierra era un elemento de poder, ahora se hace necesario una reforma a la concentración de los medios” 3. La industria de la información y la comunicación se convierte así en el centro de la economía mundial, en la llamada Sociedad de la Información (creciendo exponencialmente desde la expansión del uso del Internet). 2 A nivel internacional, las empresas que controlan más medios de comunicación son Telefónica, Disney, Telecom, Viacom, AOL y Time Warner. A nivel latinoamericano los grandes “pulpos de la comunicación” (porque con sus tentáculos acaparan medios de todo tipo) son Televisa y TVAzteca (México), el Grupo Clarín (Argentina), Organizaciones Globo (Brasil) o Grupo Cisneros (Venezuela). Estos grandes consorcios, a nivel latinoamericano, se agrupan en una asociación que frecuentemente se disfraza de adalid del Derecho a la Comunicación, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que realmente defiende sus derechos empresariales y representa a los grandes medios de comunicación de masas, entendidos como empresas comunicativas. 3 http://www.contrainjerencia.com/?p=56804

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Como se recoge en el libro editado por la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica ALER La práctica inspira, “Las mega-fusiones entre estos consorcios hacen cada vez más difícil ejercer algún tipo de control sobre su mercancía, que está compuesta por el corazón del ser humano: su identidad individual y colectiva, su cultura. Para estos grupos la libertad de expresión es sinónimo de libertad de empresa. Sin embargo, no es lo mismo hacer negocio con pasta de dientes que con la cultura la información, que dan sentido a la vida”.(Geerts, Van Oeyen y Villamayor: 2004) Entonces vemos una clara relación entre la falta de democratización en los medios y su propiedad. Porqué, mirando el contexto latinoamericano, ¿cuántos son los dueños de la palabra y de la imagen? ¿Cuántos nos están contando su historia, seleccionando la información y los mensajes que recibimos? La respuesta es: pocos. Según los datos obtenidos del estudio de los investigadores argentinos Becerra y Mastrini, de 2006, efectuado en 9 países de América Latina, existen cuatro empresas que se reparten el pastel. El primer operador acapara, en promedio, más del 30% del mercado, mientras que los cuatro primeros superan el 80%. El medio con mayor índice de concentración es la TV abierta, con 85%, seguido por la TV por cable (84%) y la prensa (62%). La radio es el medio menos concentrado, con 31% de cuota de mercado para los cuatro primeros operadores. Entre esos primeros operadores figuran empresas de los grupos: Televisa de México, Cisneros de Venezuela, Globo de Brasil y Clarín de Argentina. (Mastrini y Becerra: 2006) La concentración de los medios constituye una tendencia corporativa y, de esa manera, también cultural, política y social en todo el mundo. Pero en algunos países de América Latina esa realidad en el panorama mediático es más grave debido a que no siempre existen restricciones legales a la propiedad de muchos medios en una pequeña cantidad de manos. Los consorcios más importantes suelen estar estrechamente imbricados con el poder político. La concentración mediática, aunque se ha incrementado debido a fusiones, acaparamientos y adquisiciones particularmente desde la última década del siglo XX, ha sido parte de la vida pública en muchos de los países latinoamericanos durante largo tiempo. Y esa tendencia responde a intereses económicos (al considerar la comunicación como negocio), pero también a intereses políticos y culturales.

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A través de una campaña mediática se puede infundir miedo a la población para que acepte sin resistencia ciertas políticas represivas, se puede convencer a las masas trabajadoras de las bondades de un modelo económico injusto y que beneficia a unos pocos, se difunden estereotipos que promueven ideas opresoras sobre ciertos sectores de la población, como los pueblos indígenas (como elemento folcklórico y freno al progreso), las mujeres (como amas de casa y cuidadoras, además de objetos sexuales relegados al ámbito privado) o el movimiento social (vándalos y delincuentes, alteradores de la “paz social”). Los medios de comunicación pueden mantener a un grupo en el poder (continua campaña de los medios colombianos en favor de la política de “seguridad democrática” contra el narco de Álvaro Uribe) o derrocar a gobiernos democráticamente electos (Golpe de Estado en Honduras, intento de Golpe de Estado a Chávez en Venezuela). Los medios de comunicación fungen pues como voceros de los poderes fácticos en el continente: clase política, económica y eclesial. Empresas con objetivos perversos: comerciar, hacer negocio, no con cualquier producto, sino con la cultura, que es nuestra manera de representar el mundo y lo que nos rodea, que determina nuestra forma de autoidentificarnos y formarnos juicios sobre las identidades de los y las demás, que impacta directamente sobre nuestras ideas e ideologías. No se está vendiendo un periódico o un canal de televisión: se está haciendo negocio con nuestra cultura, nuestra identidad y nuestras ideas. Y este negocio perverso con elementos que no deberían comprarse ni venderse sino ser un bien social al servicio de los pueblos, reviste de especial gravedad. Según Martín Becerra y Guillermo Mastrini, probablemente los investigadores latinoamericanos qué más han trabajado entorno a la concentración de los medios de comunicación en el continente, “Uno de los principales puntos de apoyo de las teorías sobre comunicación y cultura es la premisa de que la circulación de información diversa y plural estimula la convivencia democrática, protege y legitima la diferencia de opiniones, permite consolidar posiciones, espacios y procesos de construcción cultural con dimensión autónoma y colabora con el contraste entre perspectivas y análisis para elaborar, colectivamente, síntesis superadoras a partir de lo real”. Además hay que tener en cuenta, para valorar correctamente el impacto que tienen los medios sobre las conciencias, el poder legitimador que ostentan. ¿Por qué hablamos de poder legitimador? Porque

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en general la gente cree en la palabra que lee en un periódico, que ve en la televisión o que escucha en la radio. Como tampoco desde las instancias educativas nos han enseñado a desarrollar un pensamiento crítico, tendemos a dar por verdaderos y fiables los contenidos que encontramos en los medios de comunicación. Es más, no consideraremos noticia, y seguramente nunca lleguemos a conocer hechos de enorme trascendencia sobre nuestras vidas, aquello que no aparezca en los medios de comunicación. En palabras de la comunicadora social peruana Rosa María Alfaro: “Cuando un medio masivo retrata la realidad, también la legitima. La radio legitima realidades, temas, personajes, actores, en el ámbito público. Es decir, quienes salen por la radio adquieren notoriedad, se les conoce públicamente, son valorados y reconocidos como importantes. Pasan de ser sujetos privados a públicos, de personas se convierten en actores sociales”. Veremos que este carácter legitimador ha sido algo muy importante en los procesos de empoderamiento de determinados colectivos históricamente silenciados (pueblos indígenas, mujeres, ancianos y ancianas, etc.) que se han llevado a cabo desde las radios comunitarias. Pero es un arma de doble filo, ya que es la misma lógica que utilizan los medios masivos de comunicación para “endiosar” a ciertas personalidades y poner en la agenda pública deteminados temas, al tiempo que invisibilizan a numerosos sectores de la población o silencian temas de interés general. Los medios legitiman entonces porque la gente cree en lo que oye y ve a través de ellos, la gente confía, tiene fe (a veces ciega y falta de capacidad crítica) en las palabras e imágenes que presentan. Por eso los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad, y en función de los intereses que ostente quién los maneja, potencialidad transformadora y emancipadora... o peligro de manipulación y control social.

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MEDIOS COMUNITARIOS, LA VOZ DE LOS PUEBLOS “El desarrollo de las radios comunitarias en América Latina permite la expresión propia de la gente. Una cosa es hablar a la realidad y otra escucharla, escuchar qué voces suenan desde la realidad cuando ésta puede expresarse, cuando la gente practica el derecho a la expresión propia” Eduardo Galeano. En este contexto, los medios alternativos luchan por ejercer plenamente su derecho a la comunicación, en algunas ocasiones bajo el paraguas de la legalidad, en las que más amparados por la legitimidad que les otorgan sus pueblos y comunidades. Mientras que para los medios comerciales no hay mayor regulación que lo técnico o económico, para los medios comunitarios, populares y alternativos, al servicio del desarrollo democrático, se les ponen restricciones a nivel legal y reglamentario. En la mayoría de los países del mundo las radios comunitarias tienen límites en la potencia, por ejemplo. Se encuentran así en el limbo legal, confinadas a la marginalidad. Más adelante profundizaremos acerca de la situación actual en el debate entorno a la legalidad de las radios, y lo confrontaremos con el concepto de legitimidad. Pese a este contexto adverso, o quizás en ocasiones gracias a él, medios alternativos de todo tipo no paran de florecer desde Río Bravo hasta la Patagonia: fanzines y boletines de organizaciones sociales, televisoras alternativas, blogs y páginas web... y claro, nuestra radio comunitaria. Comunicación popular en Latinoamérica: construyendo el camino para la radio comunitaria “Les enseñamos que hay tantas palabras como colores, y que hay tantos pensamientos porque de por sí el mundo es para que en él nazcan palabras. Que hay pensamientos diferentes y que debemos respetarlos... Y les enseñamos a hablar con la verdad, es decir, con el corazón” Subcomandante Insurgente Marcos La radio comunitaria es, a día de hoy, una de las herramientas que los pueblos en Latinoamérica están usando para comunicarse. Pero desde tiempos precolombinos estos mismos pueblos han tenido siempre la necesidad de comunicarse, creando ricas herramientas para ello. 17


Cuentan las comunidades garífunas, pueblo afrodescendiente que se extiende por la costa caribeña de Belize, Guatemala, Honduras y Nicaragua, que sus ancestros y ancestras usaban enormes caracoles de mar para mandarse mensajes de comunidad a comunidad. Así, este instrumento no sólo se utilizaba como parte de los rituales y tradiciones espirituales, sino que también era útil para mandarse mensajes de alerta, convocatorias y saludos. Aún hoy, en las remotas comunidades del “País Garífuna”, ése que todavía escapa a los impactos del mundo moderno y a dónde no llegan carreteras ni caminos, al que sólo se accede por el mar, puede escucharse el sonido de los caracoles. A lo largo de la historia de los pueblos latinoamericanos se ha ido introduciendo la tecnología, entendida como cualquier avance creado por la humanidad para facilitar determinada actividad, para mejorar la comunicación. De esta manera, se introdujeron las pinturas con pigmentos para elaborar complejos murales que daban cuenta de la historia de las civilizaciones, muchos de los cuales aún perduran. A lo largo del siglo XX se recuperó esta técnica para denunciar a los regímenes autoritarios que asolaban la región, conmemorar a quienes habían caído en la lucha o hacer llamados a la acción. Muros y pancartas sirvieron de plataforma de expresión para hacer llegar el mensaje de la lucha a toda la población, incluyo aquélla que no sabía leer. Más tarde llegaron los afiches y “mosquitos”, nuestros panfletos, los fanzines, y los “altoparlantes” (altavoces) en las plazas de los pueblos, desde dónde se daba lectura de las noticias más relevantes, se lanzaban convocatorias para actividades o movilizaciones o se dejaba el micrófono abierto para los comentarios de vecinos y vecinas. La llegada de la radio a las comunidades supuso que este método de transmisión de la palabra oral adquiriera una nueva trascendencia, al superar las fronteras de la plaza, de la comunidad y llegar más lejos.

Un poco de historia: la radio o la posibilidad de transmitir sonidos sin cables.

El precursor de la radio, o el que inventó la tecnología necesaria para que ésta fuera posible unos años después, fue el italiano Guglielmo Marconi. El boloñés, entonces joven de 21 años, logró que un timbre en el sótano de su casa sonara apretando un botón situado en la buhardilla. ¿Por qué decimos que este invento fue necesario para desarrollar la tecnología que haría posible la radio? Porque entre el timbre y el botón no había ninguna conexión, los dos puntos se unían únicamente

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por las ondas hertzianas.4 Unos años más tarde Marconi logró reproducir su hallazgo con un poco más de distancia entre los dos puntos: 1000 metros. Después vendría la separación del canal de La Mancha, y más tarde, la conexión (sin cables) entre Inglaterra y Canadá. Los mensajes podían entonces compartirse en tiempo real de un punto a otro, incluso con grandes distancias entre ambos, incluso con océanos y montañas de por medio. Todo el mundo podía recibir las señales... pero no todo el mundo podía decodificarlas, ya que todavía estos mensajes estaban cifrados en código morse. Pero en 1906 el canadiense Reginald Fessenden da un paso más hacia la democratización de la tecnología radial: realiza la primera transmisión de sonido. Los radiotelegrafistas de los barcos que navegaban frente a las costas de Nueva Inglaterra no sólo captaron impulsos codificados en clave morse, sino una emocionada voz leyendo el relago del nacimiento de Jesús y acompañada por un disco de Haendel. Aunque fue un paso enorme para lo que más tarde sería la radio, el descubrimiento de Fessenden apenas cubría una distancia de un kilómetro y medio. El norteamericano Alexander Lee Forest puso fin a este limitante tan sólo un año más tarde: descubre unas válvulas de electrodos que transforman las modulaciones del sonido en señales eléctricas, y que podían ser repetidas cubriendo grandes distancias. Este ese el nacimiento de la radio tal como la conocemos hoy: “sin distancias, ni tiempo, sin cables, ni claves, sonido puro, energía irradiada en todas direcciones desde un punto de emisión y recibida desde cualquier otro punto, según la potencia de las válvulas amplificadoras” (López Vigil: 2009). Las llamó audiones, y con su invención declaró inaugurado el “imperio invisible del aire”. En América Latina la primera transmisión de radio tuvo lugar en Buenos Aires, Argentina: un grupo de entusiastas retransmitió desde la azotea de su casa una ópera de Wagner a toda la ciudad. Ese 27 de agosto de 1920, a las 9 de la noche, fue emitido el primer programa de radio dirigido a público abierto que se pudo escuchar en el continente latinoamericano.

4 En 1887 el sabio alemán Heinrich Hertz había demostrado la existencia de las ondas electromagnéticas capaces de transmitir energía sin necesidad de cables.

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La expansión del invento dió lugar a la creación en todo el mundo de incontables emisoras radiofónicas, que supieron ver el carácter innovador en cuanto a transmisión de mensajes de manera inmediata a un público masivo. En 1922 se funda en Londres la BBC mientras Lenin habla desde la URSS de las grandezas de ese nuevo “peri��dico sin papel y sin fronteras”. En 1924 habia más de seis millones y medio de radioreceptores en el mundo. La radio se expandía imparable como ningún medio de comunicación lo había logrado hasta entonces (hasta la llegada del Internet). Y eso que todavía no se había inventado el transistor. Hasta el momento se sintonizaba la señal de radio a través de los tubos amplificadores de Lee Forest, invención muy costosa a la que sólo podían acceder las clases adineradas. Pero en 1948 se empiezan a comercializar a bajo coste los transistores inventados por John Bardeen, Walter Brattain y William Shockley, que obtendrían por su hallazgo el Premio Nobel. La radio ya era para todos y todas. ¿Qué es una radio comunitaria?

Antes de adentrarnos en la historia e ideosincracia de la radio comunitaria como herramienta de transformación al servicio de los pueblos, vamos a contextualizar el mismo concepto de “radio comunitaria” y el porqué de su dispersión a lo largo y ancho del continente latinoamericano. El término “radio comunitaria” se aplica a modelos muy diferentes y diversos de hacer radio, en función del contexto y de determinados intereses, En general, las radios comunitarias son emisoras que, no sólo se encuentran ubicadas en comunidades (rurales o urbanas), sino que son propiedad de las mismas, y son ellas las que las manejan y gestionan, al servicio de toda la población.

Para afinar un poco más el concepto, veamos lo que nos dice el comunicador y radialista apasionado José Ignacio López Vigil: “Cuando una radio promueve la participación de los ciudadanos y defiende sus intereses; cuando responde a los gustos de la mayoría y hace del buen humor y la esperanza su primera propuesta; cuando informa verazmente; cuando ayuda a resolver los mil y un problemas de la vida cotidiana; cuando en sus programas se debaten todas las ideas y se respetan todas las opiniones; cuando se 20


estimula la diversidad cultural y no la homogenización mercantil; cuando la mujer protagoniza la comunicación y no es una simple voz decorativa o un reclamo publicitario; cuando no se tolera ninguna dictadura, ni siquiera la musical impuesta por las disqueras; cuando la palabra de todos vuela sin discriminaciones ni censuras, ésa es una radio comunitaria” (López Vigil : 2009)

También conviene desenredar el concepto e intentar llegar a una aproximación de su función y valor, ya que frecuentemente ha sido tildada despectivamente de “radio pirata”. El calificar a estas radios como piratas, se entiende dentro de la lógica legalista que criminaliza a los medios de comunicación que no han obtenido los permisos gubernamentales necesarios para trabajar. Unos permisos prácticamente imposibles de conseguir dentro del marco jurídico extremadamente restrictivo en que se mueven. Más adelante hablaremos de las legislaciones acerca de radiodifusión existentes en la región. Con la proliferación ya imparable de emisoras al servicio de los pueblos surgen nuevos debates entorno a su identidad y conceptualización: radio alternativa (término deshechado por algunos sectores por considerar que no se trata de ser la “alternativa” de lo masivo y establecido, sino de ser masivos y con plenitud de derechos en sí mismos); radio libre (concepto importado de las experiencias europeas apropiado por algunas emisoras en las grandes metrópolis latinoamericanas, como México DF) e incluso radios piratas (designación usada mayoritariamente de forma despectiva por los detractores de estas iniciativas remarcando su carácter “ilegal”, pero que en ocasiones ha sido reapropiado por las mismas radios para resignificar el concepto). “Las radios se llaman de manera distinta en cada país: “Libres” en Brasil, “Truchas” en Argentina, “Participativas” en Nicaragua, “Populares” en Ecuador, “Comunales” en El Salvador, “Indigenistas” en México; cambia el traje pero no el monje. En esta línea, el objetivo de todas estas experiencias es el mismo: mejorar el mundo en que vivimos. Democratizar la palabra para democratizar la sociedad injusta a la que nos quieren acostumbrar los dueños del dinero y el poder”. (Geerts y Van Oeyen : 2001) En muchas ocasiones, el concepto “comunitaria” ha sido apropiado por instituciones y poderes con el fin de manipular a la población y obtener beneficios. Es el caso de las radios evangélicas en Guatemala, que han estado usando los últimos años el adjetivo de “comunitarias” para beneficiarse

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de la protección legal que brindan algunas organizaciones de carácter internacional como la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) y porque bajo el paraguas de “comunitarias” es más fácil calar y así imponer su mensaje “evangelizador” y proselitista en las comunidades. Pero estas radios no son propiedad de las comunidades, y en pocos casos están manejadas por ellas, lo único que las hace “comunitarias” es el hecho de encontrarse físicamente instaladas en comunidades del área rural.

En resumen, el concepto “radio comunitaria” ha sido usado de diversas maneras, y las mismas radios al servicio de los pueblos se autodenominan de diferentes maneras. Un punto de partida que puede sernos útil a la hora de identificar a estas radios puede ser, como propone el especialista peruano en derecho a la comunicación Rafael Roncagliolo, fijarnos en su lógica de funcionamiento, o sus objetivos. Este autor habla de tres lógicas de funcionamiento que marcan la diferencia entre los diferentes medios de comunicación: la lógica de la rentabilidad económica, propia de los medios comerciales, la lógica de la rentabilidad política que preside los medios estatales (o partidistas) y una tercera lógica, la de la rentabilidad sociocultural, que define a los medios comunitarios. (Roncagliolo : 1996) ¿Por qué la radio? Idoneidad de la herramienta en el contexto latinoamericano. “La radio sigue siendo el medio de comunicación más universal. Puede decirse que los ciudadanos se enteran de las noticias por la radio, las confirman por la televisión y las reflexionan, al día siguiente, con el diario” Rafael Roncagliolo Puede que nos parezca que la cita de Roncagliolo concede una importancia excesiva al papel de la radio, sobretodo teniendo en cuenta que fue hecha antes de la revolución tecnológica que ha supuesto Internet y la transformación en las formas de comunicarnos e informarnos que ha supuesto su extensión exponencial. Pero en la realidad latinoamericana, la de 130 millones de habitantes del área rural o la de 33'7% de personas que subsisten en las zonas marginadas de las grandes urbes de este continente5, en zonas donde no llega el Internet6, y en ocasiones, ni siquiera la luz; la radio 5 Datos extraídos del informe “Población, territorio y desarrollo sostenible”, CEPAL, 2012. 6 Aunque el porcentaje de usuari@s de Internet en América Latina y el Caribe ha aumentado muchísimo los últimos años, apenas un 39% de la población tiene acceso a este servicio (concentrándose la inmensa mayoría en áreas urbanas). Datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, junio 2012.

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sigue siendo la protagonista. Miguel Andrade, director de Radio Intag, radio comunitaria en la comunidad de Peñaherrera, en los Andes ecuatorianos, contaba que puedes ir “escuchando la radio sin radio en el pueblo”. ¿Cómo se hace eso?, se preguntarán. Todo el mundo en Peñaherrera escucha Radio Intag, y su programación se escapa por las ventanas y por debajo de las puertas de esta pequeña aldea, en una especie de hilo musical e informativo continuo. Ni la television ni el Internet (que sí llega a la comunidad) han logrado desplazar el pequeño transistor que habita en cada uno de los hogares. En las últimas décadas ha crecido asombrosamente el número de radios, comunitarias y comerciales, en toda América Latina. Mientras en Occidente este tipo de emisoras surgen mayoritariamente en los núcleos urbanos, en Latinoamérica hay multitud de radios que nacen en el seno de comunidades rurales, a veces muy aisladas. Veamos los motivos de esta cristalización de la radio como herramienta de comunicación tanto en núcleos urbanos como en comunidades rurales en Latinoamérica. En primer lugar, la radiodifusión se basa en la transmisión de mensajes a través de la palabra oral. La oralidad ha sido y sigue siendo la vía en que los pueblos en Latinoamérica han transmitido su conocimiento de generación en generación. Por eso, el uso de la radio para comunicarse e informarse ha sido ampliamente aceptado en las sociedades latinoamericanas, pues no rompe con su tradición oral ancestral. Como dice el radialista apasionado José Ignacio López Vigil, “Al principio eran las palabras. La sabiduría pasaba de boca a oreja, de oreja a boca, de generación en generación, en una tradición oral que duró muchos siglos, equivalente al 99% de toda la historia humana”. (López Vigil : 2009) En segundo lugar, el éxito de la radio también se debe a que, a día de hoy sigue habiendo altos índices de población analfabeta en la mayoría de países latinoamericanos, tanto en el ámbito urbano como en el rural7, por lo que la transmisión oral de los mensajes es a veces la manera más efectiva de alcanzar a un mayor número de personas. En tercer lugar, el ascenso imparable del número de emisoras en el continente se debe a la constatación de dos fenómenos intrínsecamente ligados a la radio: su potencial de alcance geográfico y la inmediatez de difusión de contenidos. El alcance geográfico de una emisora de radio depende de varios factores: tipo de onda que utilice 7 Según los datos proporcionados por los Gobiernos de la región, hay más de 25 millones de personas analfabetas en América Latina, principalmente en Brasil y México, los países más poblados.

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(la Frecuencia Modulada o FM tiene un alcance más limitado que la Amplitud Modulada o AM), la potencia del equipo (que se mide en watts), la altura de la antena, la orografía del terreno (cuanto más montañoso, más difícilmente llega la señal a comunidades alejadas) y la mayor o menor saturación de frecuencias en determinadas franjas del dial. En cuarto lugar, los costes del equipo técnico necesario para transmitir y recibir la señal de radio son relativamente bajos. Un equipo de transmisión sencillo se puede conseguir por unos 1000USD o menos si es usado, y el equipo de recepción (un transistor), sale alrededor de 6USD. Estos bajos costes hacen de la radio una herramienta de comunicación asequible incluso para comunidades de bajos recursos, pero que se organizan para reunir el capital necesario o buscan apoyos solidarios. En quinto lugar, la facilidad en el aprendizaje del manejo de los equipos. Una vez instalada la radio (lo que sí requiere algunos conocimientos técnicos más avanzados), el manejo de los equipos de transmisión del día a día es bastante sencillo. Básicamente, el equipo que utiliza un radialista es una grabadora o minidisco, la mezcladora o mixer y, en algunos casos, un ordenador. Hay emisoras de radio muy sencillas que en vez de usar el ordenador para poner la música, utilizan un discman o hasta un walkman o “radiocasetera”. Estos motivos hacen de América Latina

el continente radiofónico por excelencia, por la

importancia social que juega este medio. Un indicador es la cantidad de radio receptores mil habitantes en comparación con otros continentes “en desarrollo”: América Latina: 412; Asia Oriental: 306; Países Árabes: 269; África Sub-Sahariana: 202; Sur Asia: 118 8.

8 Fuente: UNESCO 1999. Http://uis.unesco.org/statsen/statistics/yearbook/tables/CultAndCom/Table_IV_S_3.html

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Micrófonos para el Pueblo: Historia de la Radio Comunitaria en América Latina

“Es un atrevimiento tratar de resumir la historia de todo un movimiento político comunicacional en tres o cuatro páginas. La dedicación de sus gentes, la creatividad de sus comunicadores y comunicadoras populares, el significado para los movimientos populares, la represión que sufrieron y siguen sufriendo, la belleza de sus formatos radifónicos, las discusones sobre su identidad, su compromiso institucional, los festivales de música, los avances tecnológicos, los reporteros populares, el cambio cualitativo con las coordinadoras nacionales; cada uno de esos temas merecería un largo capítulo” La Práctica Inspira (Geerts, van Oeyen y Villamayor : 2004)

Retomo estas palabras al inicio del apartado dedicado a narrar la historia de la radio comunitaria de La Práctica Inspira (probablemente, el trabajo de investigación publicado más completo entorno a la Radio Comunitaria en América Latina), ya que me parece muy acertado y por que finalmente resume en unas líneas algunos de los hitos o factores decisivos en la historia de esta herramienta de la comunicación popular. Ciertamente, la historia de la radio comunitaria en el continente es, además de apasionante, muy compleja y siempre vinculada a momentos históricos políticos, sociales y culturales que han ido configurando América Latina hasta nuestros días. Por lo que hablar de la historia de la radio comunitaria en América Latina es hablar de la misma historia del continente, con sus luchas, retos, represión, sueños, victorias y derrotas. Es hablar de sus pueblos, de sus sentires y pensares. Es hablar de un proceso a través del cual “no es que se haya dado voz a los sin voz, porque ellos siempre tuvieron voz, pero les había sido negada”, como decía el padre Ernesto Narcisi al hablar de la FM Bajo Flores, radio comunitaria en el corazón de una de las villas más marginadas de Buenos Aires. Generalmente se suele situar el inicio de este “movimiento radiofónico comprometido con las mayorías populares” (más adelante explicaremos el porqué de su consideración como “movimiento”) en el año 1947, en Sutatenza, Colombia. El padre José Joaquín Salcedo se da cuenta del potencial de la nueva invención para llevar a cabo su misión alfabetizadora. Gracias a su empeño nace entonces Radio Sutatenza, a la que el padre definirá como “Radio Educativa”. Como en aquella época se consideraba que la deficiencia de la educación era la causa fundamental de la 25


pobreza y del atraso en el continente, Radio Sutatenza se puso como objetivo la educación formal a distancia. El padre consiguió ayuda económica e instaló la radio, armó un equipo de educadores y educadoras, para producir y difundir las lecciones por radio y, paralelamente, para hacer seguimiento presencial de la campaña en las comunidades. Consiguió gran cantidad de transistores a pilas y los distribuyó a las familias que se inscribieron en la campaña de alfabetización. Lo que quizás no sabía el padre Salcedo era que su pequeña emisora en las veredas de Boyacá se convertiría en inspiradora de otras experiencias en el continente latinoamericano durante las siguientes décadas. Otra de las experiencias pioneras fueron las cerca de 30 radios mineras en Bolivia, fundadas por los trabajadores mineros a través de sus sindicatos como instrumentos para hacer conocer sus derechos laborales. La radio se empieza a vincular en esta experiencia a la participación política y a la reivindicación de derechos. La idea, de hecho, se la da el patrón. En el año 1947, la Empresa Minera Catavi, mandó instalar un sistema de amplificación con altavoces en los lugares públicos de la población. Por ese medio se pasaban diariamente informativos, mensajes del presidente de la República y programas musicales. El Sindicato de Mineros de Catavi se dió cuenta del potencial de la herramienta, y la empezaron a implementar a través de una red de altavoces instalados en los lugares más concurridos, dotando su programación de contenido político y movilizador. Una persona trabajaba a tiempo completo con el sistema de amplificación, leyendo noticias, comunicados sindicales y avisos. También se pasaba música, invitando a artistas locales a actuar. Muchos mineros se convirtieron en “corresponsales obreros” que pasaban noticias desde sus centros de trabajo. Dos años más tarde, en 1949, se instala Radio La Voz del Minero, primera radio minera de Bolivia. La radio nace en la sección Siglo XX de la Empresa Minera Catavi, la mayor empresa de producción de estaño de América del Sur.

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En poco tiempo el ejemplo de los altavoces y Radio La Voz del Minero se fue extendiendo a otras regiones mineras del país. En 1954 existían 24 radios en 15 distritos mineros. Con ellas se formó la Red de Radios Mineras, que se ponían en cadena (enlazando unas con otras su transmisión) cada vez que ocurría algo importante en el país. En sus mejores años, la cadena estaba integrada por una red de 30 radios en todo el país, incluidas, además de las radios mineras, varias emisoras estudiantiles, campesinas y de la Iglesia. Una de las “cadenas” más recordadas fue la que se realizó durante la “Masacre de Todos Santos”, del 1 al 16 de noviembre de 1979, cuando el Ejércitó intentó dar un golpe militar. Se unieron a esa histórica cadena por lo menos 50 radios educativas, religiosas, populares y hasta comerciales de otros departamentos y provincias. Juntas resistieron transmitiendo conjuntamente sin parar, durante 16 días. Se llamó a esa retransmisión “Cadena de la Democracia” y terminó con la salida del Palacio de Gobierno de los militares golpistas. A partir de los años 70, época de dictaduras y estados autoritarios en el continente, comienza a desarrollarse esta tendencia más politizada dentro de la radio educativa. Muchas radios que se identificaban, tras la pionera Sutatenza, como “educativas”, comenzaron a introducir el método de la “educación liberadora” de Paulo Freire, que luego se diseminaría por el continente como “educación popular”. Más que la adquisición de conocimientos, esta educación buscaba alcanzar en los sujetos una conciencia política, su organización y movilización para la transformación social. Se buscaba pues que las y los “educandos” (protagonistas de la acción educativa) se convertieran en sujetos de transformación de sus propias realidades. A la inspiración educativa hay que sumarle la que vino de la mano de la llamada teología de la liberación, que, desde un compromiso con los y las pobres y oprimid@s, puso la fe cristiana al servicio de la transformación de las estructuras injustas. Durante la década de los años 70 surgieron en América Central las llamadas radios insurgentes o guerrilleras, en manos de los diferentes movimientos revolucionarios de liberación nacional que combatieron contra las dictaduras y regímenes autoritarios que oprimían a sus pueblos. Estas emisoras jugaron un papel importantísimo, primero en onda corta para comunicarse entre los diferentes frentes muy separados geográficamente y después, ya en frecuencia abierta, para conectar

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con la población en general y romper el cerco informativo ejercido por los gobiernos dictatoriales. Así animaban y empoderaban a sus pueblos al narrarles sus victorias en combate. Estas radios llegaron a ser un terrible dolor de cabeza para los poderes dictatoriales, y su objetivo fue encontrar sus transmisores y acabar con su labor informativa al servicio de los pueblos, como en el caso de Radio Venceremos, emisora del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador. No lo lograron, e incluso se puede afirmar que su labor incansable, informando y animando a la población, fue uno de los factores que llevó a los movimientos insurgentes finalmente al poder. En los años 80, se empieza a hablar de “radio popular”: “la radio que nació educativa, siguió el proceso social y político de la región y fue transformándose en radio popular. Abandonó como principal objetivo la alfabetización y la educación a distancia y definió nuevas misiones vinculadas a la idea de cambio de la estructura de la sociedad y a la búsqueda de una sociedad justa, con solidaridad y equidad” (Villamayor y Lamas: 1998). Se la empieza a llamar “popular” por su creciente vinculación al movimiento popular, en una alianza natural que llega hasta nuestros días. No será hasta la década de los años 90, con el advenimiento de las democracias en algunos países latinoamericanos, cuando se empiece a usar el concepto “radio comunitaria”. La radio define así la comunicación como medio pra crear comunidad en muchos sentidos: comunidades geográficas, sociales, culturales, etc. Paralelamente a esta nueva definición de la herramienta surge el concepto “radio ciudadana”, ya que su misión se relaciona directamente con el ejercicio de otros derechos que tienen que ver con ejercicio de la ciudadanía, a nivel individual y colectivo, entendiendo este ejercicio como la capacidad de todas las personas de ser sujetos con derechos propios y con incidencia política en su entorno. Tejiendo redes de comunicación: ¿Por qué hablamos de “movimiento de radios comunitarias”? Si bien se observan, como hemos visto, importantes diferencias entre conceptos y prácticas, en esencia estas radios (se autoidentifiquen como comunitarias, populares, alternativas, educativas, ciudadanas, etc.), buscan expresar “discursos específicos que no son atendidos por los medios masivos imperantes” (Peppino : 1996).

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Además de lo aportado en el capítulo anterior entorno a los rasgos distintivos de la radio comunitaria, según La Práctica Inspira se pueden encontrar siete características fundamentales dentro de su ideario, con que transcienden el propio medio: a) Apoyan y promueven cambios sociales, necesarios para lograr una sociedad más justa. b) Representan proyectos de vida ligados a luchas y reivindicaciones de grupos y movimientos diversos. c) Piden y construyen el acceso a la palabra a todos los grupos y sectores de la población. d)Toman en cuenta las necesidades prioritarias de las comunidades a las que sirven. e) Privilegian la dimensión participativa en sus prácticas comunicacionales e institucionales. f) No se dejan guiar por el lucro como motor de sus acciones. Si nos atenemos a estas características generales vemos que existen cientos, miles, de radios en el continente que las comparten, y por tanto, podemos hablar de un movimiento en el sentido de “desarrollo y propagación de una tendencia religiosa, política, social, estética, etc. de carácter innovador”9. Este movimiento busca articularse a través de diversas redes o asociaciones, a nivel local, nacional, regional, continental e internacional, para así optimizar recursos, potenciarse mutuamente, compartir producciones

y

experiencias,

construir colectivamente

un proyecto político

comunicacional que las reconozca y favorezca y, en definitiva, lograr una mayor incidencia social. ¿Cuál es la diferencia entre red y asociación? “El término 'asociación' expresa la idea de un grupo de personas o instituciones que se juntan para perseguir un objetivo común. Como forma de organización optan por la figura legal de 'asociación'. La 'red' es un espacio de concertación y coordinaciones entre sus integrantes. Nace desde iniciativas dispersas y aisladas que buscan articularse. Puede ser impulsada por una asociación, una federación, una coordinadora o por varias instituciones, para lograr los objetivos compartidos. El concepto y la práctica de las 'redes' es relativamente nuevo y está cristalizándose poco a poco.”(Geerts y Van Oeyen: 2001). 9 Fuente: Real Academia Española.

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Cada vez son más las radios comunitarias que buscan aliarse con otras radios hermanas y formar redes, espacios de confluencia (muchas veces virtual desde la llegada masiva del Internet) en los que se comparten materiales y, ante todo, se fortalecen los lazos identitarios entre sus miembros. Esta estructura con múltiples nodos ha hecho que se pueda hablar de un “movimiento” de radios comunitarias, en el que las redes juegan un papel muy importante, como dinamizadoras e impulsoras de iniciativas y proyectos a nivel local, nacional o internacional. El presidente del Foro Argentino de Radios Comunitarias, Néstor Busso, ve fundamental el papel de las redes para vitalizar el movimiento de radios comunitarias: “Creo que para hacer contrapeso al poder de los grupos concentrados, es necesario multiplicar las voces y los medios cercanos a la gente. Las radios populares o comunitarias son una alternativa trabajando en red, se fortalecen y logran un impacto que les permite ser realmente una alternativa a los grandes grupos multimedia. Cada radio sola y aislada se convierte en marginal y dificilmente puede sustentarse”. Las dos redes con mayor incidencia y presencia en América Latina son ALER (Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica) y AMARC (Asociación Mundial de Radios Comunitarias). Entre las dos suman más de 500 asociadas en todo el continente, entre radios comunitarias, centros de producción radiofónica y Coordinadoras Nacionales de Radio. ALER es una asociación civil, constituida por instituciones de América Latina y el Caribe que hacen comunicación radiofónica popular y educativa. Trabaja, junto a otros actores sociales por la democratización de las comunicaciones, por el desarrollo humano sostenible y por la construcción de sociedades con mayor justicia, mayor equidad y mayor democracia. Nace en 1972, cuando 18 radios de la Iglesia Católica deciden asociarse. Estas emisoras venían alfabetizando a distancia, especialmente en el área rural. Al asociarse, buscaban mejorar la planificación y evaluación de los programas educativos, capacitar al personal de las emisoras, encontrar apoyo económico internacional, entre otros objetivos. La radio puramente educativa pronto cambió, como hemos visto en el apartado de Historia de la Radio Comunitaria. ALER se transformó, al ritmo que le dictaban sus asociadas, en asociación de radios populares. Este cambio de identificación (pese a que muchas de las emisoras no perdieron su

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componente eminentemente educativo) inauguró un modelo participativo en los medios, donde se privilegió la palabra del pueblo humilde, excluido. Las radios asociadas a ALER combatieron a las dictaduras que asolaron el continente, contribuyendo a romper el cerco mediático que los mismos imponían y mantenían desinformada a la población. El cambio de ALER se dió también en su constitución. De ser en sus inicios una asociación de radios “de inspiración católica-cristiana” pasó a identificarse como asociación de radios “de inspiración cristiana y/o humanista”, acogiendo así a instituciones no necesariamente ligadas a la Iglesia. ALER asumió con fuerza una función de formación y orientación en los conceptos y objetvos de la radio popular, facilitando talleres a lo largo y ancho del continente, usando metodologías participativas y vivenciales según lo enseñado por Paulo Freire. Una generación de comunicadores y comunicadoras populares se formó en estos talleres, cursos, seminarios. Además ALER aportó mucho al trabajo de sistematización de la experiencia en comunicación popular y radio comunitaria en el continente, a través de estudios e investigaciones y manuales didácticos de capacitación. Otro de los grandes aportes de ALER al movimiento de radios comunitarias ha sido su contribución a ir superando la brecha tecnológica, investigando y acercando nuevas tecnologías que pudieran servir al funcionamiento diario de las radios y a su caminar como red. Por ejemplo, desde 1997, cuentan con un servicio radiofónico de interconexión satelital, cuyos soportes principales son el satélite y el Internet. Este sistema innovador cuenta a su vez, desde 2004, con 8 estaciones terrenas, en igual número de países, con posibilidades de subir la señal al satélite e interconectarse simultáneamente en vivo y en directo. Esta tecnología ha aportado muchísimo a la consolidación de la red, al permitir descargar en tiempo real la señal radiofónica de eventos, movilizaciones, foros, etc. de suma importancia para todo el continente. Además, gracias primero al satélite y más tarde al Internet (la mayoría de asociadas cuentan con conexión), las radios han podido compartir sus producciones, informaciones, denuncias y convocatorias, consolidando también así su identidad como integrantes de la red, al visibilizar sus luchas y comprobar muchas veces cuán cercanas son a las de radios muy alejadas.

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En 2012 ALER cuenta con 83 socias, entre radios comunitarias, coordinadoras nacionales y centros de producción. AMARC, a diferencia de ALER, es una asociación de carácter mundial. Se define como “movimiento ciudadano, político y comunicacional que trabaja en red para lograr incidencia en la sociedad”. Otra de las diferencias con ALER es que integra no sólo a radios o centros de producción radiofónica, sino que también a programas radiales y periodistas individuales, investigador@s de la comunicación, redes locales, áreas de radio de universidades y de organizaciones de la sociedad civil. Su misión es la de promover los medios comunitarios para la democratización de las comunicaciones y garantizar la libertad de expresión y el derecho a la comunicación como una de las bases fundamentales de toda democracia, como así también contribuir al desarrollo equitativo y sostenible de los pueblos. Su secretaría general está en Montreal, Canadá, y tiene oficinas en los cinco continentes. AMARC América Latina y el Caribe (AMARC-ALC) tiene referentes políticos en cada país y un Consejo Regional formado por un representante por sub-región: Cono Sur, Centroamérica, Andinos, Brasil, México, más la vice presidencia regional y la representante de la red de mujeres. Cuenta con asesorías en capacitación, producción e investigación que funcionan de manera descentralizada a través de los siguientes programas: Programa de Legislaciones y Derecho a la Comunicación, Programa de Gestión, Programa de Capacitación, Programa de Género y Agencia de Noticias Púlsar. AMARC Internacional tiene alrededor de 4000 asociadas en más de 110 países y fue fundada en 1983. AMARC-ALC nació hace 22 años funcionando y cuenta con 400 socias en América Latina y el Caribe. Muchas de las emisoras y centros de comunicación son afiliadas tanto a AMARC como ALER, algunas a sólo una de las redes y otras a ninguna.

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Además existen infinidad de redes a nivel regional, como es la experiencia de la Red Mesoamericana de Radios Comunitarias; y a nivel nacional: Asociación de Radios Populares del Salvador – ARPAS Coordinadora de Radio Popular Educativa del Ecuador -CORAPE Foro Argentino de Radios Comunitarias – FARCO Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica – FGER Coordinadora Nacional de Radios del Perú – CNR Asociación Nacional de Radios Comunitarias de Chile – ANARCICH Educación Radiofónica de Bolivia – ERBOL Unión Dominicana de Emisoras Católicas – UDECA Associação Brasilera de Radiodifusão Comunitária – Abraço En Colombia hay 25 redes de radios comunitarias, como la Red Colombiana de Radios Comunitarias - RECORRA A veces se conforman redes incluso superando las fronteras geopolíticas y aliándose según afinidad política, cultural o por ejes de trabajo. Se puede diferenciar la pertenencia de las radios a asociaciones (cómo podrían ser AMARC, ALER o las coordinadoras nacionales), de la pertenencia a “redes”: “Antes las radios ya se unían a asociaciones o coordinadoras pero el trabajo en red es de otra lógica. Es menos institucionalizado, más horizontal, flexible a las necesidades del momento y con mucha atención a la participación interactiva y al trabajo descentralizado”. (Geerts, Van Oeyen y Villamayor : 2004) Un ejemplo de estas dinámicas de carácter más autónomo y que surgen de la propia iniciativa de las radios es la Red Mesoamericana de Radios Comunitarias, experiencia de red autogestionada y autoconvocada, que nace de la experiencia de 10 emisoras en Guatemala y Honduras. Estas radios encuentran como punto de confluencia su pertenencia cultural a la región que llamamos Mesoamérica (del centro de México a Panamá) y el compartir problemáticas muy similares, como son la lucha por los recursos naturales, la resistencia a la implantación de tratados de libre comercio, y la reivindicación y preservación de sus culturas ancestrales. Es esta una experiencia de “red de base” ya que responde a la necesidad de las mismas radios y no hay ningún “ente superior” que impulse o proponga el proyecto. Todas las radios son miembros en igualdad de condiciones, las 33


decisiones se toman asambleariamente y se van buscando pequeños financiamientos en función de los proyectos que la red plantee, desde encuentros regionales para compartir experiencias a procesos de capacitación facilitados por comunicador@s de las radios miembras a otras radios que ya están participando o que tienen interés en adherirse. En cuanto a la articulación en redes de carácter temático o sectorial un buen ejemplo son las diversas redes que está impulsando ALER. Aunque no surgen en principio de iniciativas autónomas sino institucionales (a propuesta de ALER), han adquirido un notable grado de descentralización y autonomía, apropiándose en algunas de ellas los colectivos que forman parte del proyecto en red. Red Joven, de Sonidistas, de Radios Mayas, de Educación y Comunicación son algunas de las redes temáticas que, unas con mayor éxito que las otras, están siendo impulsadas por ALER para que sus radios asociadas se apoderen de ellas y les den vida. Quizá el caso más exitoso, y que ya cuenta con una notable autonomía y buen funcionamiento, es el caso de la Red Kiechwa Satelital. Se trata de un proyecto que nace en ALER en el año de 1997 como parte de una estrategia institucional de intercomunicación e incidencia comunicativa. Está integrada por comunicadores quechuas, kichwas de los países de Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina, comunicadores que trabajan en radios comunitarias, educativas, populares con programación quechua y kichwa. ¿Por qué “Kiechwa”? En su página web10 nos lo explican: “Porque en Ecuador se habla el Kichwa, en Bolivia y Perú se habla el Quechua ¿entonces como identificarnos lingüísticamente?, es asi que damos el primer paso para entendernos, creamos contra toda lógica lingüística la palabra KIECHWA, que no solo correspondió a una forma práctica de resolver un problema lingüístico entre los quechuas y kichwas, sino que deja entrever el sentido de la RED que estábamos construyendo y que si es posible que los kichwas y quechuas de estos países se entiendan”. "K ´uychita Simp´arispa" quiere decir “trenzar el arco iris” y significa "el crear, unir, hacer una trenza con la diversidad de los colores de las identidades que nos hace un solo pueblo", buscando la unificación, el re-encuentro con las raíces, cultura, raza, identidad, lengua, idioma”. 10 http://rks.aler.org/

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La red Kiechwa de comunicación radiofónica intercultural de ALER, se propone fortalecer la identidad de los pueblos Kichwa y Quechua partiendo desde sus potencialidades, para contribuir, mediante acciones comunicacionales, a la recuperación de sus valores culturales y a la superación de su situación de pobreza y exclusión social y política. Todo ello en la perspectiva de construir una sociedad justa, solidaria, equitativa, democrática y con desarrollo sostenible. Redes coyunturales o estratégicas se tejen continuamente entre las radios comunitarias parte del movimiento. Como en la experiencia del programa radial “Callos y Guatita”, proyecto en el que radios ecuatorianas enlazan con emisoras españolas para crear un puente de comunicación entre los y las migrantes ecuatorianas en éste país y sus familiares y amigos en América Latina. Red estratégica binacional es la creada entre Radio Marañón, La Voz de la Selva y Cutivalú, en Perú, con sus hermanas ecuatorianas, para convertir una frontera marcada por la guerra en zona de paz e intercambio. La emisora Raudal FM crea su red de voceros y voceras indígenas como primer paso hacia una red de radios comunitarias en la selva venezolana. Así, tejiéndose como los hermosos bordados que visten a los pueblos en América Latina y el Caribe, se entrelazan los hilos de las radios comunitarias en el continente. Conformándose un tejido más fuerte y resistente que los hilos por sí solos, que aportan, cada uno desde su especificidad y diversidad, un color diferente, una textura desigual. Y cuando el tejido ya no nos sirve, lo deshacemos y nos enredamos con nuevos hilos. Esta es la lógica de la conformación de redes comunicacionales en América Latina.

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Protagonistas: el o la comunicadora popular “El tiene su verdad, su información, su denuncia; en fin, algo que él considera necesario hacer saber. Emite su mensaje: escribe su artículo, edita su libro, publica su boletín, produce su audiovisual. Y se queda en paz con su conciencia: misión cumplida” Mario Kaplún Una radio comunitaria no es un edificio, no son la mezcladora, computadora y micrófonos. Una radio comunitaria no es tal sin el trabajo que, diariamente, muchas personas hacen para darle vida. Locutor@s, reporter@s, operador@s, guionistas... se les dan muchos nombres en las diferentes radios, y ciertamente en muchas de ellas se tiende a la especialización. Pero aquí retomaremos la idea de “comunicador/a popular”, entendiendo esta figura clave para las radios comunitarias de una forma integral y holística, tal y como lo hizo Mario Kaplún en una de las obras clave de la comunicación al servicio de los pueblos: El Comunicador Popular. La figura del comunicador o comunicadora popular, sus funciones y su autoidentificación varían mucho a través de la historia de la radio comunitaria y de la manera de trabajar de la misma emisora. A veces se identifican como comunicador@s populares o sociales, otras como periodistas independientes o reporter@s y corresponsales comunitari@s. Hay radios donde el personal es voluntario, otras donde sí existe remuneración (en la mayoría de los casos muy humilde). En ocasiones el personal tiene titulación universitaria en comunicación, pero la mayoría de veces se ha autoformado en la misma radio, a través del aprendizaje cotidiano y de talleres de capacitación. A veces el comunicador o comunicadora no opera los equipos técnicos y sólo locuta, en muchos casos tiene que hacer un poco de todo. Pero hay un punto en común en todo aquél que se identifique como participante en una radio comunitaria: la vocación de servicio a su pueblo, su comunidad, su organización. No es un trabajo que se haga por plata, ni por ascender en la escala social... o al menos, no SÓLO por eso. El comunicador o comunicadora popular debe ser alguien con la convicción de que su labor va a servir para el beneficio de sus comunidades, no para el beneficio propio. En general se trata de personas insertas de una manera u otra en el movimiento social, en la sociedad civil organizada, que 36


tienen ideales transformadores de una realidad que casi siempre se intuye injusta. Asumen con responsabilidad su labor de informar, denunciar, convocar para empoderar a sus pueblos e impulsar un proceso de transformación de las conciencias, primero, y de la realidad, más tarde. También se proponen entretener y educar, claro. No son “expertos”, en el sentido académico del término, han aprendido sobre la práctica, y no pretenden tener la “verdad”, sino generar un diálogo con sus radioescuchas y construir colectivamente el conocimiento. En resumen, un buen comunicador o comunicadora popular no debería mirar la realidad como a través de una ventana, es parte del pueblo y como tal, la vive junto al pueblo. Como decía Ernesto Narcisi, cura obrero del Bajo Flores, villa bonaerense, al referirse a la labor que hacían en la radio comunitaria: “Ni adelante ni atrás, siempre junto al pueblo. Si vas atrás hacés que la cara la pongan otros, si vas adelante corrés el riesgo de decidir vos por los demás. Ahora, si vas a la par, nunca te vas a equivocar”. La relación entre comunicador/a y audiencia en las radios populares “El diálogo es una relación horizontal de A con B. Nace de una matriz crítica y genera criticidad. Cuando los dos polos del diálogo se ligan así, con amor, con esperanza, con fe el uno en el otro, se hacen críticos en la búsqueda común de algo. Sólo ahí hay comunicación. Sólo el diálogo comunica” Paulo Freire Mario Kaplún, en su libro El comunicador Popular, hace una distinción entre los distintos modelos de comunicación que puede ser esclarecedora para entender las diferentes relaciones que se establecen entre los medios de comunicación y sus audiencias. Kaplún relaciona en todo momento en su obra Educación y Comunicación, por considerar que van unidas y que determinados modelos o maneras de entender el proceso de enseñanza y aprendizaje van de la mano con determinadas maneras de comunicar y recibir mensajes. En este sentido, una de las diferencias entre una emisora comunitaria y otra comercial es la relación que establecen con sus públicos, audiencias o radioescuchas. Éstas últimas, que siguen el modelo de comunicación “bancaria” de la que nos hablaba Kaplún, las audiencias se sitúan en un plano de 37


meros receptores de la información. No interactúan con la radio, se limitan a recibir los contenidos en un flujo unidireccional emisor-receptor. En cambio en las radios comunitarias sí establecen un diálogo con sus audiencias. Los micrófonos se abren a la participación de la comunidad, sin tener en cuenta género, etnia, nivel educativo o social. La realidad social que nos rodea debe ser el sustrato de los contenidos que se pasan por la radio. Y esos contenidos deben ser contados por las voces de quienes viven determinada realidad. Entonces el comunicador o comunicadora popular es una especie de intermediario, de facilitador, que acompaña al pueblo en el proceso de transmisión de sus saberes, conocimientos y experiencias. Esa relación en un mismo nivel entre comunicador/a y radioescucha genera vínculos afectivos de ida y vuelta. El comunicador/a no ve a su audiencia como una masa sin rostro que responde a ciertos estímulos, sino que establece una relación más estrecha con sus públicos, en muchos casos los conoce o, al menos, prefigura sus identidades. Esto aporta mucha personalidad y cercanía en los contenidos y formatos de la radio comunitaria. Como aconsejaba a los comunicadores y comunicadoras populares uno de los manuales viejitos de ALER, “dilo como si le explicaras a tu abuelita”. En el caso de las audiencias, la posibilidad de interactuar con la radio, de romper el esquema unidireccional emisor-receptor, hace que se produzca, en la mayoría de los casos, una identificación muy grande con el proyecto de radio comunitaria. La radio se convierte en mi radio, su radio, nuestra radio. La radio de la comunidad, de la villa, del barrio. Y eso genera una situación de promoción, defensa y protección de la radio. Algunos episodios que ejemplifican esa protección, que nace de la apropiación de la herramienta por parte de la colectividad, los encontramos en la historia de la radio comunitaria en América Latina, como el día en que las autoridades venían a confiscar los equipos de la FM Alas, en El Bolsón, Argentina, y cientos de personas salieron de sus casas para impedirlo. O el hecho de que la última vez que la policía salió a apresar al director de Radio Favela, en Río de Janeiro, tuvo que hacerlo con una escolta de 700 agentes y dos helicópteros. Quizás una de las anécdotas que mejor ilustren la relación que las radios comunitarias han tejido con sus audiencias es la que tuvo lugar en el intento de desmantelamiento de la radio minera Pío XII

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en Bolivia. En julio de 1978 la radio fue intervenida por el Regimiento Andino de Infantería. Los soldados entraron en la emisora, emprendiéndola a culatazos con el locutor. Por suerte, éste había dejado abiertos los micrófonos y todos los disparos y golpes salieron al aire. Los mineros, las amas de casa, la gente en las calles escuchó los abusos y corrió a defender su radio. “Cuando llegué, ya el frente de la emisora estaba repleto de gente desafiando a los militares. Mujeres con sartenes de cocina, con palos, mineros con la dinamita lista, hasta niños con piedras vi. (...) Pero nadie se animaba a romper el cerco. Fue una señora muy humilde, de pollera, la que avanzó. Y frente a la ametralladora, se destapó la blusa, pechos al aire: ¡Tú mamaste de aquí, dispara aquí, carajo! El soldado no atinaba a hacer. Y la señora sigue adelante, entra en la emisora, y toda la montonera detrás de ella. ¡Pucha, los milicos salieron más rápido de lo que entraron! La gente ya les había volcado el jeep en que vinieron y la agarraron a pura piedra contra ellos. A pie escaparon los soldaditos, los corrieron feo”. (López Vigil:1984) Aunque la radio no pertenecía (en el sentido de propiedad “legal”) a la comunidad, pues estaba en manos de la Iglesia, el pueblo se la sentía suya. Y la defendieron como se defiende la casa propia, la tierra que nos da de comer. Esto fue posible a que se había establecido una relación de igual a igual entre la radio (y entiéndase aquí los y las que participan en la radio día a día, los y las comunicadoras populares) y sus audiencias. Tomando los micrófonos: mujeres en la radio comunitaria “Nunca más ningún medio a medias, siempre con nuestra voz, con nuestra palabra, con nuestra cultura, con nuestra razón, pero sobre todo con nuestro corazón” Bety Cariño En una de las cuñas radiofónicas trabajadas durante un taller con mujeres radialistas en el sur de México las compañeras participantes incluyeron esta poderosa frase. El poder que encierra es la lucha de las mujeres indígenas y afrodescendientes por el respeto y garantía a sus derechos humanos, entre los que se encuentra el derecho a la libertad de expresión, el derecho a 39


la comunicación y a la información, el derecho a la participación, y, por encima de todos éstos y cómo hilo conductor, el derecho a la palabra. Una palabra que ha sido secuestrada sistemáticamente a lo largo de la historia, por ser indígenas y afrodescendientes, por vivir en comunidades rurales, por no tener recursos económicos, por ser mujeres. Una palabra que lucha por expresar su cultura, su historia, su cosmovisión. Y ninguna de estas expresiones está completa si falta la voz de las mujeres. La palabra expresada públicamente es portadora de pensamientos, ideas, opiniones, reivindicaciones, problemáticas, sueños y retos. Por eso, el que las mujeres nos abramos paso en espacios públicos de emisión de la palabra, y por tanto de pensamientos, forma parte de nuestro proceso de empoderamiento y de toma de conciencia como sujetos políticos, y constituye un paso enorme en la consecución del resto de nuestros derechos, en el libre ejercicio de ciudadanía. Pati Galicia, comunicadora social integrante de la Red de Mujeres al Aire en Guatemala habla de cómo el derecho a la comunicación es vital para que las mujeres podamos ejercer una ciudadanía y participación plena. El contar con capacidad e infraestructura para la búsqueda y acceso a la información, así como las condiciones y la capacidad de expresarse, opinar y debatir, aumenta las posibilidades para que las mujeres participemos y seamos sujetas políticas. Y uno de los espacios donde las mujeres pueden expresarse es precisamente la radio. Es más, habiendo visto la relevancia de las radios comunitarias en la creación de opinión pública y en la sensibilización de la sociedad civil entorno algunos temas clave, es fundamental que los sentires y pensares de las mujeres estén presentes. Hilando más fino, veamos algunos de los motivos por los cuales las mujeres luchan por participar en sus radios comunitarias: En primer lugar, porque las radios son espacios de difusión del pensamiento. A través de la radio las demandas, inquietudes, reivindicaciones y proyectos de importancia para las mujeres toman una nueva relevancia, salen del ámbito privado y se sitúan en la arena de lo público. Por otra parte, la radio es, en sí misma, una herramienta de empoderamiento y crecimiento de nuestra autoestima: el trabajo comunitario con visibilidad social nos hace sentir mejor, capaces, llenas de aportes. Otra de las razones por las cuales es fundamental que las mujeres estén participando activamente en 40


las radios comunitarias gira entorno a los contenidos y la sensibilización de la audiencia en general. Nuestros mensajes y contenidos, desde nuestros sentires, llegan a mucha gente, no solo mujeres. La radio entonces sirve para concientizar también a los hombres cuando hablamos de salud sexual y reproductiva, del derecho a una vida libre violencia, de la importancia del trabajo de los cuidados, cuando hablamos de política y nos situamos como sujetas con participación plena, etc. Poco a poco, a través de nuestra palabra, ciertos temas que antes eran tabú o del espacio privado se comparten con nuestras comunidades, nos cuestionan nuestros comportamientos y roles socialmente aprendidos. Entonces, no se trata de que haya sólo un programa de mujeres en nuestras radios comunitarias, ¡sino de que haya muchos! Y que el discurso de género, la importancia de romper relaciones de desigualdad con nuestros compañeros, que los temas que nos preocupan y afectan, estén presentes en toda la programación, incluso en la música. Porque el género no es sólo una cuestión de las mujeres, es que las mujeres se empoderen y se rompa la situación de desigualdad hace mejores nuestras sociedades, nuestras comunidades y nuestras organizaciones. Cada vez más mujeres están participando en las radios comunitarias, a veces intentando sortear roles de cuidadora (limpieza de las cabinas, cocina, cuidado del material, etc.) y reivindicando o directamente tomándose puestos de locución, coordinación, dirección, etc. En algunas radios ya son mujeres las directoras, como Mariela Pugliese en la FM Bajo Flores, Argentina. Como explicaba en uno de los talleres Bety Cariño 11, mujer Nusavi (Mixteca) e integrante de la organización CACTUS, en Oaxaca, México: ‘Las mujeres necias, rebeldes estamos aquí diciendo que ya no queremos seguir así. Que queremos que nuestra palabra se escuche, que queremos que nuestras hijas tengan otro futuro donde ellas sean tomadas en cuenta, donde ellas sean autoridades, donde ellas tomen decisiones, donde a ellas no se les pisoteen sus derechos, donde ellas levanten la voz de una manera normal.’ Esa palabra escuchada, ya no sólo en el mercado, con la comadre, o entre las paredes del hogar familiar, sino por mucha gente a través de la radio, empodera y rompe roles que pretenden mantener la voz de las mujeres en el ámbito privado.

11 Bety fue asesinada por paramilitares el 27 de abril de 2010, cuando participaba en una Caravana por la Paz que se dirigía a la comunidad triqui de San Juan Copala (Oaxaca, México)

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Como Doña Tatica, mujer dominicana que vió su voz liberada ya viejita. José Ignacio López Vigil nos lo cuenta así: “A comienzos del 77, fui a vivir a Tamayo, a estrenar emisora. Radio Enriquillo, tomando el nombre de aquel indio rebelde, acababa de salir al aire para dar voz a todo el sur dominicano. Como jefe de programación ya había seleccionado locutores, ya tenía micrófonos, tenía discos y cuñas. Lo que me faltaba era audiencia. Entonces, decidí la estrategia de los viejos. Pensé: si hago hablar a los abuelos y abuelas de la zona, haré escuchar a sus hijos, nietos y bisnietos. Y así, grabadora en bandolera, cada tarde salía a entrevistar a los fundadores de aquellas comunidades apartadas, a los patriarcas del lugar. Un día me hablaron de doña Tatica, una viejita de El Jobo. Había perdido la vista, pero no la memoria. Tatica recordaba los primeros matorrales y hasta los chivos que había cuando ella y su hombre llegaron por aquellos pedazos de mundo. ¿Y cuántos años tiene unsted, abuela? Uhhhh... Yo estaba señorita cuando mataron a Lilí. Coloqué el casete y me puse a dialogar con ella. Que me contara de su vida, de su familia, de cómo se preparan las habichuelas con dulce. Doña Tatica iba hilando sus recuerdos y hasta tarareó los merengues de su juventud, los que se bailan apambichados. Regresé feliz a la emisora para editar aquella conversación con la vieja de El Jobo. Y como el caserío queda tan cerca de Tamayo, se me ocurrión volver más tarde, pero ya no como periodista, sino como vecino. Llegué poco antes de las 6 de la tarde, cuando se emitía Encuentro. Le dije a la hija que prendiera el radito, que en breve saldría la entrevista de su mamá. Me senté a tomar un café, esperando. Cuando comenzó el programa, Tatica, ciega, pensó que yo estaba haciéndole nuevamente las preguntas. Cállese, mai, que eso ya lo dijo. Ahora es por radio.

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Pero la abuela escuchaba por la emisora y me repetía las respuestas y hasta con más detalles. Le dije: Doña Tatica, oiga el radio. Ésa que está hablando es usted. Fue un instante, un chispazo de la conciencia. Tatica quedó inmóvil, escuchando el programa. Escuchándose. No dijo una palabra más. Y empezó a llorar como una niña. ¡Ahora tampoco va a oír -le reprendió la hija- con tanto jipío! No era para menos. A través del aparato mágico donde sólo hablaba el presidente Balaguer, donde cantaba Johnny Ventura y Fernandito Villalona, donde daba la bendición el obispo Rivas... ¡estaba hablando ella! Menos importante era lo que decía, sino que lo decía. Que hablaba en público. Durante muchos años -toda la vida y todos: el taita, el maestro, el marido, el cura, hasta sus hijos- la mandaron a callar. Las mujeres hablan cuando las gallinas mean, así dicen en este país. Durante muchos años la convencieron de que ella era buena para trabajar, para la cocina y el catre. Pero en silencio, obedeciendo. Ahora, su voz salía por la radio y la estarían escuchando su comadre Hipólita y sus vecinos y todos los suyos. Se sintió importante, se sintió gente.” (López Vigil:2009) Relación de la radio comunitaria con el movimiento social La Revista Cara y Señal, editada por AMARC, se preguntaba en uno de sus números: “¿Las radios deben integrarse a los movimientos sociales como sus “frentes comunicacionales”? ¿Deben relacionarse con ellos en términos periodísticos o de difusión? ¿Deben considerarse a sí mismas un movimiento social que lucha por el derecho humano a las comunicación?” Las radios comunitarias y populares del continente, así como los movimientos sociales que lo pueblan y agitan, son desde sus orígenes proyectos que se proponen intervenir en una realidad marcada por las desigualdades: de clase, de género, étnicas. También desigualdades en el derecho a expresarse y en el acceso a la información. Digamos pues que el movimiento de radios comunitarias y el movimiento social discurren en caminos paralelos, que se entrecruzan en múltiples puntos.

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Cuando hay una movilización por la defensa de los recursos naturales, ahí están las radios cubriendo. Cuando el movimiento feminista conmemora el 8 de marzo, las radios comunitarias hacen campaña desde un mes antes a través de cuñas y reportajes especiales. Si hay compañer@s detenid@s en una marcha, la radio denuncia a través de sus micrófonos. No se puede decir, entonces, que las radios comunitarias sean espectadores pasivos del caminar del movimiento social. Las radios interactúan, interpretan, representan de determinada forma estas luchas, de manera general, aliándose con el movimiento social. Claro que entran en juego las tendencias políticas y el foco de sus ejes de lucha a la hora de aliarse con determinados movimientos sociales. Por ejemplo Radio Internacional Feminista hace una cobertura muy exhaustiva con los eventos y acciones impulsados desde el movimiento organizado de mujeres en el continente. Y las radios indígenas tienen un fuerte enfoque en el tema medioambiental y se alían más estrechamente con las organizaciones que están trabajando estos temas. Pero en general, se puede decir que existe un alineamiento de las radios comunitarias con el movimiento social organizado. Sea como voceras, integrantes o aliadas del mismo. La mayor o menor identificación de las radios comunitarias con el movimiento social también depende del contexto de cada país o región. Por ejemplo, en el caso de Argentina, se da una fuerte conexión entre ambos, compartiendo agendas y ejes de lucha. En palabras del Foro Argentino de Radios Comunitarias, “necesitamos fortalecer los lazos, relaciones y vínculos entre quienes consideramos que la comunicación es un derecho, tan importante como la educación, la salud, la tierra, la vivienda, la alimentación, o el trabajo digno. Y esto es posible porque los medios comunitarios/populares son necesariamente organizaciones sociales, que tienen que responder a las demandas sociales y culturales de su comunidad y su pueblo”. 12 Seguramente la identificación radio comunitaria-movimiento social fue una de las claves del éxito para que ahora Argentina cuente con la Ley de Medios Audidiovisuales más avanzada en cuanto a democratización de la comunicación de toda Latinoamérica y, probablemente, el mundo entero.

12 FARCO, Nueva Ley de Medios Audivisuales: Desafíos para los medios comunitarios y populares.

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El poder de los micrófonos y las ondas: La radio en la construcción de ciudadanía “Queremos comunicarnos para ejercer nuestro derecho a la palabra, porque la palabra es la vía para recuperar nuestra dignidad. Es un paso para sentirnos sujetos, personas con derechos (a la salud, al trabajo, a la tierra, la educación, la libertad, la vida). Con la palabra ampliamos nuestras capacidades de comunicarnos dentro de una sociedad determinada. Por la palabra, construimos nuestra identidad, decimos quiénes somos, qué hacemos y hacia donde vamos” Patricia Galicia, Comunicadora social guatemalteca

“Sin el derecho a la palabra no puede haber educación, ni derechos humanos, ni paz, ni justicia social, ni nada” María Suárez,

Comunicadora de Radio Internacional Feminista, Costa Rica

“Inevitable, necesaria, contradictoria: así es la relación entre los medios de comunicación y la democracia” Raúl Trejo, Presidente de la Asociación Mexicana por el Derecho a la Información

Uno de los ejes centrales de la misión de las radios comunitarias es la puesta en práctica del concepto político de la democracia y la ciudadanía en el campo de la comunicación. Es decir tanto de democratizar el sistema de medios como de democratizar las relaciones comunicacionales que establecen los medios con sus audiencias y sus comunidades. Hacer radio comunitaria es construir ciudadanía. Escucharla también. Por eso, la existencia de radios comunitarias, así como cualquier medio de comunicación que no responda a intereses de mercado, partidistas o gubernamentales, es fundamental en la construcción de democracia (en el sentido de “poder del pueblo”, del antiguo griego). El libre ejercicio de la libertad de expresión y la posibilidad sin condiciones del acceso a todo tipo de información de los y las ciudadanas son síntomas de buena salud en una sociedad democrática. Y para que ésto sea posible hay que asegurar el libre funcionamiento de medios que no persigan objetivos económicos (medios comerciales), políticos (medios gubernamentales o partidistas) ni proselitistas (medios al servicio de determinadas 45


iglesias o religiones). Esto quiere decir que una sociedad no puede considerarse democrática si coharta, prohíbe o, incluso, no promociona la existencia de medios comunitarios. Y esta exigencia para el desarrollo de democracias es más urgente con el fortalecimiento de lo que Ramonet llama “latifundios mediáticos”: la conformación de mega-corporaciones de medios, fruto de la mundialización y de la lógica de mercado globalizadora. Durante mucho tiempo se habló del “cuarto poder” para referirse a los medios de comunicación. Frente a los tres poderes planteados por Montesquieu (ejecutivo, legislativo y judicial) ese “cuarto poder” se le atribuía a los medios de comunicación por su sentido cívico y al coraje de valientes periodistas, aquel del que disponían los ciudadanos para criticar, rechazar, enfrentar, democráticamente, decisiones ilegales que pudieran ser consideradas injustas. Así funcionaron medios de comunicación, con altos y bajos, pero conservando la creencia de que su labor era de carácter social. Pero, con la lógica de la mundialización/globalización los medios masivos de comunicación (emisoras de radio, prensa escrita, canales de televisión, internet) tienden cada vez más a agruparse en el seno de inmensas estructuras para conformar grupos mediáticos con vocación mundializadora y que pretenden, ante todo, hacer negocio con un bien de la humanidad: la comunicación y la información. Como dice el periodista Ignacio Ramonet: “Estos grandes grupos ya no se proponen, como objetivo cívico, ser un “cuarto poder” ni denunciar los abusos contra el derecho, ni corregir las disfunciones de la democracia para pulir y perfeccionar el sistema político. Menos aún pretenden actuar como un contrapoder”13. Entonces vemos que estos medios actúan más bien como freno al desarrollo democrático (véase caso de la ofensiva mediática contra el presidente Hugo Chávez). Después de hacer estas aseveraciones, Ramonet, nos interpela: “¿Cómo reaccionar? ¿Cómo defenderse? ¿Cómo resistir a la ofensiva de este nuevo poder que, de alguna manera, ha traicionado a los ciudadanos y se ha pasado con todos sus bártulos al enemigo?”.

13 http://monde-diplomatique.es/2003/10/ramonet.html

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Y su propuesta es la creación colectiva, desde la sociedad civil, de un “Quinto Poder”, cuya función sería denunciar el poder de los medios de comunicación dominantes conformados en oligopolios y corporaciones, ya que éstos no sólo han dejado de defender a los y las ciudadanas, sino que cada vez con más frecuencia actúan en contra de los intereses del pueblo en su conjunto. Y de esta manera, los medios masivos de comunicación atacan al corazón mismo de la democracia, “el poder del pueblo”. Para ejercer este contrapoder, el “Quinto Poder” que es la sociedad civil deberá, no sólo señalar y visibilizar los abusos del “Cuarto Poder” despojado de voluntad cívica y ciudadana. Es necesario plantear propuestas colectivas: la creación e impulso de medios de comunicación comunitarios, desde los sectores populares al servicio de sus comunidades. Porque como decía el fundador de la radio comunitaria FM Bajo Flores, en una de las villas bonaerenses, “Hay muchos medios que prestan el aire a los sectores populares y a organizaciones comunitarias y se definen como comunicación popular, pero creo que a eso le falta una pata, porque me parece que los sectores populares no sólo tienen que estar en el aire, sino en la dirección y en la producción de sus medios”. La libertad de los medios de comunicación es sólo la extensión de la libertad colectiva de expresión, fundamento de la democracia. Porque a través de la libertad de expresión sin condiciones (visto el panorama, esto sólo es posible en su ejercicio a través de medios comunitarios o con un fuerte componente cívico y ético), reivindicamos y ejercemos otros derechos humanos: el derecho a la salud, a la educación, a una vida libre de violencia, los derechos de la naturaleza, etc. Y el ejercicio de estos derechos es el sustrato de las auténticas democracias. ¿Cuál es el rol de las radios comunitarias, entonces? Las radios comunitarias se proponen, ante todo, construir democracia. Una sociedad económicamente equitativa, socialmente solidaria, políticamente plural, culturalmente diversa.

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ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN LEGAL DE LAS RADIOS COMUNITARIAS EN AMÉRICA LATINA Legalidad vs legitimidad. Entorno a estos dos conceptos se construye un debate que ya tiene años entre las radios comunitarias, sus redes y asociaciones por el derecho a la comunicación; en controversia con los grandes medios y sus corporaciones, y los estados e instituciones gubernamentales. ¿Qué es lo legal? ¿Qué es lo legítimo? ¿Es lo legal justo? ¿Es lo legítimo legal? Comencemos con una acercamiento semántico. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la legalidad es el “principio jurídico en virtud del cual los ciudadanos y todos los poderes públicos están sometidos a las leyes y al derecho”. La legitimidad es definida como lo “justo, lícito, conforme a la moral, genuino, verdadero”. Aplicando estos conceptos a la difusión de contenidos a través de los medios de comunicación, y habiendo visto la trayectoria y definición de las radios comunitarias, cabría pensar que éstas seguro se adscriben a la definición de qué es “lo legítimo”. La ambigua definición de a qué se ciñe “lo legal” deja más margen de dudas, ya que la legalidad o ilegalidad de, en este caso, un proyecto de radio comunitaria, estará ligada a lo que digan “las leyes y el derecho”. ¿Y qué dicen de los medios comunitarios, en líneas generales, las leyes de radiodifusión en América Latina? En la mayor parte de los países latinoamericanos el ejercicio de las radios comunitarias se encuentra en situación de ilegalidad o alegalidad. O se prohíbe explícitamente su funcionamiento en las legislaciones nacionales (acusando a aquéllas que transmitan careciendo de licencia de “piratas” por robarse una parte no asignada del espectro radioeléctrico), o ni siquiera se contempla su existencia, lo que en la práctica no quiere decir que se las ignore, ya que sufren persecución de todas maneras. Más adelante veremos ejemplos de legislaciones nacionales donde se hace patente el intento, desde la “Justicia”, por silenciar y criminalizar las experiencias de radio comunitaria. En algunos casos, las radios comunitarias han emprendido una difícil batalla por conseguir sus

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licencias, en el marco legal establecido por sus países. Esta lucha ha sido abanderada por las Coordinadoras Nacionales u organizaciones como ALER o AMARC, ya que requiere de mucho tiempo y esfuerzo. En algunos países esto ha dado sus frutos, consiguiéndose legislaciones favorables a la existencia de radios comunitarias en base a la presión popular, como es el caso de Argentina, en el que profundizaremos más adelante. Pero existen todavía miles de radios comunitarias en el continente que transmiten sin licencia. No lo hacen porque quieran, porque les guste jugarse los equipos y el personal si a la institución reguladora de las telecomunicaciones se le ocurre hacer una inspección. Pero, o bien no existe más alternativa (por la imposibilidad de registrarse como radios comunitarias o de cumplir con los requisitos para hacerlo, que en la mayoría de ocasiones suponen grandes desembolsos económicos), o bien transmiten amparados en la legitimidad otorgada por sus comunidades y organizaciones. A estas radios, los gobiernos e instituciones estatales de telecomunicación, las llaman “ilegales” o, más despectivamente, “piratas”. José Ignacio López Vigil cuestiona esta visión criminalizadora hacia las radios comunitarias que no transmiten con licencia legal: “Dicen que son radios ilegales. ¿De dónde sacaron eso? Ilegal es quien se pone al margen de la ley. O contra la ley. Pero resulta que en las Cartas Magnas de nuestros países se reconoce la libertad de expresión y el derecho de todo ciudadano a difundir sus ideas, sin limitación de fronteras, a través de cualquier medio de comunicación. Ésa es la primera ley. Más bien, los ilegales, los inconstitucionales, son aquellos que no conceden frecuencias a las organizaciones civiles cuando éstas las solicitan. Dicen que son radios piratas. ¿Piratas de qué? Pirata es quien se lanza al abordaje para apropiarse de un tesoro que no es suyo. El espectro radioeléctrico es un tesoro, sí. A través de sus ondas nos comunicamos a la distancia. Un tesoro valiosísimo pero colectivo, patrimonio de la humanidad. Por serlo, no puede quedar en un cofre cerrado con llave sólo para unos cuantos. Piratas y corsarios son los gobernantes que reparten frecuencias entre sus amigos políticos17 y los funcionarios que las licitan y adjudican al mejor postor”. (López Vigil:2009)

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Cuando agentes de Hondutel (Empresa Hondureña de Telecomunicaciones) acompañados por militares llegaron a incautar los equipos de transmisión de la radio comunitaria La Voz de Zacate Grande, que transmitía sin licencia, decenas de pobladores y pobladoras acudieron a proteger sus instalaciones. Los militares, asustados, no pudieron acceder a las instalaciones para decomisar el transmisor, pero rodearon la casita de la radio con una banda plástica en la que se leía “Escena del Crimen”. Apenas los jeeps del ejército con los funcionarios de Hondutel se alejaron, los niños y niñas de Zacate Grande arrancaron la cinta y la usaron para adornar sus cometas. Ningún militar ni funcionario iba a decirles que su radio, la que sintonizaban todas las comunidades para informarse, convocar y bailar, era “ilegal”. Peor aún, que el trabajo que hacían en la casita de la radio todos los días un grupo de jóvenes era un “crimen”. La defensa de La Voz de Zacate Grande, y el sentimiento de pertenencia de las comunidades de su radio, es un buen ejemplo para hablar de la legitimidad de las radios comunitarias en el continente, más allá de contar con un papel que avale su “legalidad”. Anteriormente ya vimos casos de defensa y promoción de las radios comunitarias en otros puntos del continente. Como se recogió en la Declaración de Radioapasionad@s y Televisionari@s 14: “Centenares de experiencias exitosas de radio y televisión comunitaria y popular desarrolladas desde hace 50 años en los países de América Latina y el Caribe, nos han legitimado ante nuestros públicos, conquistando así el derecho al reconocimiento legal. Ellas han sido y siguen siendo expresión de las mayorías marginadas y empobrecidas de la región. Si nos sintonizan, si se expresan a través de nuestros micrófonos y cámaras, nos están validando, nos están reconociendo. Y esa aceptación del público es la base para exigir el reconocimiento legal. El argumento de la Declaración merece ser subrayado: la legitimidad lograda es la que da derecho a la legalidad. Primero es la vida, luego la ley.” El profesor Federico Mayor Zaragoza reconocía que “lo importante en el mundo de hoy no es el “imperio de la ley” sino la “ley justa”. Y para que las leyes sean justas, se requiere como esencial condición la libertad de expresión. Todos – y no sólo unos cuantos- deben poder expresarse libremente”. Partiendo de las palabras del que fuera director general de la UNESCO, ninguna ley 14 Firmada en Quito en 1995 por organizaciones en defensa de los medios comunitarios (organizaciones y redes continentales y nacionales de comunicación, como CIESPAL, RADIALISTAS, ALER, OCLACC, AMARC, ALAI, CORAPE, etc.)

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promulgada para limitar o prohibir el ejercicio de la libertad de expresión (leitmotiv de las radios comunitarias) será nunca una “ley justa”. Veamos un caso de “ley injusta” entorno a la comunicación en América Latina y el Caribe.

Cuando la Ley no es justa: Radiodifusión en México El contexto en el que debemos enmarcar la actual legislación en telecomunicaciones de México es el de 70 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (1928 a 2000). El control informativo que desarrolló el partido de Estado fue uno de los factores que le permitió estar en el poder durante tantísimo tiempo. Ese control se materializó acallando cualquier tipo de disidencia, lo que significó en la práctica que ninguna iniciativa de radio ciudadana o comunitaria pudo prosperar en un entorno de censura que implicaba necesariamente su cierre inmediato si se transmitía alguna opinión contraria o disidente con el “régimen”. Durante las décadas de los 80 y 90 el casi único referente cercano al concepto de la radio comunitaria en México fueron las radios indigenistas que opera la Comisión Nacional de Desarrollo para los Pueblos Indígenas, antes denominado Instituto Nacional Indigenista. Por su forma de trabajar tienen un sentido comunitario al propiciar la participación de las comunidades ubicadas en zonas de población indígena, sin embargo su estructura es la de medios de Estado que responden en general a la política indigenista oficial. Estas radios siguen funcionando a duras penas, pues han visto congelados sus presupuestos y esto amenaza su sostenibilidad.

En la actualidad en México, del total de frecuencias del espectro radioléctrico, encontramos que el 88% están ocupadas por emisoras comerciales (manejadas por 13 grupos radiofónicos) y sólo el 12% por emisoras permisionarias para uso educativo y cultural. Además de observar un claro predominio de las radios comerciales en detrimento de las comunitarias o de “uso educativo y cultural”, hay un matiz que separa, en las leyes, a ambos tipos de radio. La Ley Federal de Radio y Televisión, en su artículo 13, establece que: “Las estaciones comerciales requerirán concesión. Las estaciones oficiales, culturales, de experimentación, escuelas radiofónicas o las que establezcan las entidades y organismos públicos para el cumplimento de sus fines y servicios, sólo requerirán permiso”. Es decir, a las comerciales, se les “concede” una parte 51


del espectro radiofónico, mientras que a las comunitarias (aunque no se reconozca ese término en la legislación vigente) se les “permite” transmitir. El uso del adverbio “sólo” es falaz, ya que pareciera que es fácil conseguir ese permiso, y que lo difícil es acceder a la concesión. Nada más lejos de la realidad. Pese a que la Ley Federal de Radio y Televisión ha cumplido más de medio siglo de vigencia, hasta apenas 2005 sólo existían dos emisora ciudadanas con permiso, Radio Teocelo y Radio Huayacocotla. Ésta última tuvo que esperar 27 años la respuesta a su solicitud de permiso para transmitir en señal abierta, por lo que en la práctica, en 44 años de legislación vigente el Estado sólo había permitido a un grupo ciudadano (Radio Teocelo) la autorización, pese a que son más de 100 millones de mexicanos y mexicanas. En 2005, gracias a la lucha incansable de las radios comunitarias aglutinadas en AMARC, se lograron 11 licencias más. Pero siguen funcionando sin licencia cientos de radios comunitarias en el extenso territorio mexicano, expuestas a decomiso de equipos, persecución de comunicador@s comunitari@s y cierre de instalaciones. Entonces vemos que la radio comunitaria en México ha tenido muy pocas posibilidades de permanencia a causa de la legislación vigente, y por tanto, modelos de radiodifusión publica y de servicio se han mantenido en la marginalidad por muchos años. Y también en la “alegalidad”. En la medida de que el Estado mexicano se ha negado a reconocer la existencia de medios comunitarios, éstos han carecido de derechos. Pero no reconocer derechos no significa ignorar. La respuesta del Estado frente a las experiencias de radios comunitarias ha sido la persecución y el cierre de emisoras. Aleida Calleja, directora de la Asociación Mexicana por el Derecho a la Información, se plantea lo siguiente: “Estos medios comunitarios estaban, en todo caso, ayudando al Estado a cumplir una responsabilidad que le corresponde, ¿no debiera ser éste quien cree e impulse espacios de participación ciudadana? ¿No es responsabilidad del Estado poner y mantener medios de servicio para la ciudadanía en todos aquellos lugares en que se necesitan? Pese a que no lo estaba cumpliendo y eran los grupos ciudadanos quienes lo hacían, encima de eso, se les persiguió y señaló con el pretexto de la legalidad . (Calleja y Solís : 2005) La lógica de actuación dentro de Secretaría de

Comunicaciones y Transportes, organismo

encargado de “conceder” licencias o “permitir” emitir a una radioemisora, se ejemplifica en lo

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expresado por un funcionario de la SCT en el año 2000 cuando empezaban los cierres de emisoras comunitarias: “Lo siento pero nosotros no podemos hablar ni defender a delincuentes, como autoridad tenemos la obligación de perseguir a los ilícitos, pedir una solución al tema de las radios comunitarias sería tanto como que alguien cometiera un asesinato y se le pidiera a las autoridades no hacer nada”. (Calleja y Solís : 2005) Con la misma lógica criminalizadora, los empresarios de las telecomunicaciones llamaban a las radios comunitarias “vendedores ambulantes del espectro radioeléctrico”. Se puede decir entonces que los grandes conglomerados mediáticos que controlan la mayoría de periódicos, televisoras y radios en México, son los mayoristas o los centros comerciales del espectro radioeléctrico. A estas mega-empresas, que en México se llaman Televisa y TvAzteca, se les “concede” el espectro radioeléctrico, y tienen tanta influencia sobre el poder ejecutivo, legislativo y judicial que consiguen que se promulguen leyes que claramente las benefician. Es el caso de la llamada “Ley Televisa”, nombre con el que se conoce a una serie de modificaciones a la Ley Federal de Telecomunicaciones y la Ley Federal de Radio y Televisión, aprobadas en el año 2006. Esta controvertida ley fue aprobada por unanimidad, en un lapso de 7 minutos y sin lectura previa. La Ley fue confirmada por el Senado, sin cambiarle ni una coma, durante el último año de la presidencia de Vicente Fox y poco antes de las elecciones generales de 2006. Tras más de medio siglo esperando la modificación de la legislación, la “Ley Televisa” consagró la desregulación del espectro radioeléctrico en favor del duopolio mediático formadio por el grupo Televisa y TV Azteca. Poco más tarde 47 Senadores promovieron ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación una acción de inconstitucionalidad ante la modificación, argumentado que la llamada "Ley Televisa" inhibe la competencia y fomenta el poder del duopolio televisivo mencionado anteriormente. De cualquier manera, a día de hoy, sigue sin existir una legislación en México favorable a la existencia de medios de comunicación comunitarios, y las radios que dan un servicio a sus comunitades siguen operando desde la alegalidad, con los riesgos que esto supone. La legislación mexicana entorno a la radiodifusión comunitaria es pues una de las más restrictiva e injustas, por no reconocer, prohibir y criminalizar estas iniciativas populares sustentadas en derecho humano básico a la comunicación. 53


También en sus vecinos países centroamericanos encontramos que el marco regulatorio de la radiodifusión no es compatible con los postulados de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. En todos los países de Centroamérica "se ha impuesto la lógica del mercado en el acceso a las frecuencias radioeléctricas y esta lógica es tutelada por las leyes vigentes" donde "las concesiones para la explotación del espectro radioeléctrico son otorgadas sobre la base de criterios esencialmente financieros". Las frecuencias se venden en subastas al mejor postor o a través de procedimientos que tienen los requisitos económicos como criterio fundamental para su asignación, "lo cual limita o impide significativamente el acceso al espectro y a la radiodifusión a sectores con escaso poder económico o a iniciativas ciudadanas cuya lógica de utilización de la frecuencia responde a criterios de beneficio y desarrollo social de las comunidades en las que se insertan, como las emisoras comunitarias"15. Esta situación, lejos de revertirse con el supuesto fortalecimiento de los estados democráticos, se intensifica. En el caso de Guatemala, por ejemplo, este año el presidente Otto Pérez Molina, aprobó la reforma a la Ley General de Telecomunicaciones, la cual extiende las licitaciones actuales del espectro radioeléctrico por 20 años más y debilita el acceso de los pueblos indígenas a frecuencias de radio. Y esto pese a que, tras los Acuerdos de Paz en Guatemala en 1996, se estableció la eliminación de los monopolios de radio y televisión para favorecer a las estaciones de radio comunitaria, las cuales impulsan el desarrollo de los pueblos indígenas. Frente a esto las organizaciones que trabajan por el derecho a la comunicación se han hecho oír. Reporteros Sin Fronteras (RSF) criticó la aprobación de la nueva ley, ya que “una medida como esta no deja ningún lugar a las televisoras y, sobre todo, a las radios comunitarias que esperan una regularización y enfrentan como oposición a su solicitud, una insuficiencia de frecuencias disponibles”. Por su parte, AMARC en Guatemala, que lleva años intentando promover una iniciativa de ley sobre medios de comunicación para los pueblos indígenas, también rechazó la nueva ley, y cuestionó: “¿Por qué nos dicen a los pueblos que no existen frecuencias disponibles, cuando 15Informe sobre los Marcos Regulatorios en la subregión, en relación con el acceso plural de la ciudadanía a los medios de comunicación. Este estudio fue elaborado en el marco del Programa Centroamérica en Sintonía (CAeSI), que impulsan AMARC-Centroamérica y la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER).

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realmente están pensando en la posibilidad de renovar los títulos de frecuencias de radio ya otorgados a las radios comerciales? ¿Por qué parece que las autoridades de nuestro estado prefieren que haya una gran cantidad de frecuencias para uso comercial, en lugar de distribuir equitativamente el dial para que se escuchen las voces comunitarias de nuestros pueblos?”. Las razones para esto último quedan sobradamente explicadas visto lo anterior. La comunicación ha dejado de ser, para los estados y gobiernos, un bien al servicio de los pueblos, sino una mercancía que se ofrece al mejor postor. Y las leyes, en muchos países latinoamericanos, siguen posibilitando una gran concentración mediática en pocas manos y prohibiendo o criminalizando las iniciativas de medios comunitarios. Pero poco a poco se van abriendo brechas de resistencia, se van desalambrando los “latifundios mediáticos” .

Desalambrando los latifundios mediáticos: La lucha del movimiento de radios comunitarias por la legalidad de sus emisoras Pese al difícil panorama que todavía viven las radios comunitarias en algunos países latinoamericanos para conseguir la licencia para sus transmisiones, la lucha por la legalidad de estos instrumentos de comunicación popular nunca ha cejado. Radios comunitarias, coordinadoras nacionales y, con especial ahínco, organizaciones por el derecho a la comunicación como ALER y AMARC llevan años embarcadas en una difícil batalla para conseguir cambiar la legislación que prohíbe la labor de cientos de radios comunitarias en el continente. Los últimos años, esta lucha parece haberse fortalecido, con desiguales resultados. Marita Mata, quien durante muchos años fuera encargada del Departamento de Investigación de ALER, lo explica así: “Son sociedades que, proviniendo de épocas de neoliberalismo salvaje, de pérdida de derechos ciudadanos, empiezan a experimentar procesos políticos y económicos de mayor inclusión, de mayor equidad, de reconocimiento del valor de los derechos humanos. Dentro de ese marco empiezan a actuar, con mucha más legitimidad en el espacio público, unos actores sociales que tienen los derechos a la comunicación como derechos por los cuales hay que pelear. En el momento en el que algunos de nuestros países, gobiernos de otro signo, empiezan a hacer pensar 55


en el desarrollo del proceso de ampliación de derechos, este derecho a la comunicación es uno de los que se pone en juego.” En el documento constitutorio de su proceso estratégico ALER2020 16, esta organización señala: “En el campo de la comunicación, la “ola” de formulación de marcos normativos que favorecieron la redistribución del espectro radioeléctrico analógico y digital, la producción de contenidos locales y nacionales, las políticas de acceso y conectividad universal y a bajo costo a Internet de buena calidad, presionó con fuerza una tendencia en todo el continente. Son contados los países de América Latina y Caribe que no cuentan al día de hoy con leyes democratizadoras de la comunicación y este ha sido sin duda el gran avance y el gran desafío de la década. El escenario se ha diversificado, las oportunidades para la democratización y la pluralidad de voces se han multiplicado. Las organizaciones, movimientos y diversos sectores sociales se han esforzado para aprovecharlas, pero el desafío para profundizar y aplicar estas nuevas conquistas sigue vigente”.

Quizás demasiado optimista se muestra ALER cuando mira hacia su 2020, sobretodo teniendo en cuenta el panorama antes dibujado en México y Centroamérica. Pese a que las victorias se van sumando y suponen hitos históricos en el derecho a la comunicación, queda mucho trabajo por hacer en el ámbito de la lucha por la legalidad de las radios comunitarias. Para ello serán necesarios que se sumen varias fuerzas: en primer lugar, claro está, las radios comunitarias. Y en este caso, como ya hemos dicho, hay un sector importante del movimiento que se ha manifestado incluso contrario a entrar en esta batalla, ya que consideran que lo único que necesitan para estar al aire es la legitimidad que les otorgan sus comunidades.

Las otras protagonistas de la lucha por la legalidad de las radios comunitarias, y de hecho, las más activas, son las redes y coordinadoras nacionales e internacionales de radio comunitaria. Los avances en cuanto a reconocimiento de las radios populares plasmados en nuevas legislaciones en el continente hay que agradecérselos en primer lugar a ellas. Además de su enorme vocación por luchar por la democratización del espectro radioeléctrico, también cuentan con los recursos necesarios para hacer monitoreo de la situación en los diferentes países, la vulneración de los 16 “Carta desde el Futuro ALER2020”

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derechos a la comunicación y el seguimiento legal (en instancias que van desde los Tribunales nacionales a instituciones internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos) y propuestas jurídicas que puedan convertirse en leyes. Entre sus demás ejes de trabajo, como la capacitación, investigación, producción y fomento de las redes de radios, estas organizaciones invierten mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucho tiempo en hacer incidencia política, lobbies para conseguir marcos regulatorios que beneficien a las radios comunitarias. Se pasan el día conspirando.

“En enero del 97, asistí al III Congreso de ANARAP en Santiago de Chile. Llego, saludo a los radialistas amigos. —¿Cómo están, qué andan haciendo? —Lo de siempre —me respondió John Maulén, uno de los directivos—, conspirando. Me sorprendió la respuesta. Pensé que había entendido mal. —Entendiste bien, hermano —John no perdía su sonrisa franciscana—, conspirando. Compartiendo el aire, que eso significa la palabra. Peleando, como siempre, para compartir el espectro radioeléctrico. No empujen, que todos cabemos en el dial, fue la consigna en el Perú. Una reforma agraria del aire, proclamaron los brasileros. Una conspiración, dicen ahora, con sabia picardía, los colegas chilenos.” (López Vigil : 2009)

Y por último, es necesario, para la consecución de marcos regulatorios que beneficien y faciliten la labor de las radios comunitarias, que la sociedad civil sienta la necesidad de que existan radios comunitarias y se movilice para asegurar su derecho a la comunicación. Éste es a veces el punto débil en las estrategias para hacer incidencia política en pro de nuevas legislaciones. Si la sociedad civil, las audiencias (reales o en potencia) no se involucran en las luchas por demandar a los estados el libre ejercicio del derecho a la comunicación la batalla de radios y coordinadoras no es que sea imposible, pero sí es ardua y muchísimo más difícil. Porque pierde, de alguna manera, legitimidad. Por este motivo, por ejemplo, es que lleva ya demasiado tiempo detenida la propuesta de Ley de Comunicación en el Ecuador, elaborada por varias organizaciones sociales (entre ellas ALER y AMARC). La sociedad civil no sintió suya la reivindicación y el poder político y legislativo vió en 57


ello la excusa perfecta para congelar el proceso. Si la gente no lo pide, no lo grita, no lo exige... va a ser muy difícil cambiar la situación de alegalidad o ilegalidad que viven las radios comunitarias en muchos países del continente.

Cuando la lucha da sus frutos: La nueva Ley de Medios Audiovisuales en Argentina En la Argentina la gente lo pidió, lo gritó y lo exigió. Y ahora cuentan con la Ley de Comunicación más avanzada en cuanto a reconocimiento de los medios de comunicación comunitarios y populares, en Latinoamerica y posiblemente en el mundo. Veamos cómo fue el proceso y cómo es el resultado. La organización que impulsó la movilización para modificar la ley fue el Foro Argentino de Radios Comunitarias, FARCO. Pero sabían que no querían hacerlo solos, más bien, sabían que no podían hacerlo solos. Como hemos hablado antes, para procesos de incidencia política de gran trascendencia es necesario que se involucre la sociedad civil. Así que FARCO convocó a cientos de actores sociales, sindicales, universitarios, artistas, etc. formando la Coalición por una Radiodifusión Democrática. Esta coalición crearía, en 2004, el documento “21 puntos básicos por el Derecho a la Comunicación”, base de la Ley 26522, la nueva ley que regula el ámbito de la Comunicación Audiovisual en Argentina. Como hemos visto anteriormente en el caso argentino se da, en muchos de los casos, una potente identificación entre radios comunitarias y movimiento social, lo que le dió muchisima fuerza a las movilizaciones por incidir en la nueva ley. Ya no era sólo un grupo de pequeñas radios, ni tan siquiera era sólo una coordinadora nacional como FARCO... se trataba de amplios sectores del movimiento social articulándose y aliándose para defender de manera unitaria su derecho a la comunicación. Y juntas y juntos lograron una ley de comunicación que tiene en cuenta y promueve la labor de los medios comunitarios. Se hizo mucha fuerza durante años para que cada uno de los 21 puntos porpuestos por la Coalición tuviera su espacio en la nueva ley. Y se logró. En la nueva ley está recogido por ejemplo el carácter esencialmente constructor de ciudadanía y comunidad de la radio, que no debería ser nunca un simple negocio comercial. En la ley encontraremos que

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“ La actividad realizada por los servicios de comunicación audiovisual se considera una actividad de interés público, de carácter esencial para el desarrollo sociocultural de la población por el que se exterioriza el derecho humano ainalienable de expresar, recibir, difundir e investigar informaciones, ideas y opiniones.” Otro avance es la visibilidad y reconocimiento que la nueva ley da a otras formas populares de hacer comunicación. Hasta el momento había estado vigente el Decreto Ley 22.285, que proviene de la Dictadura, y que no permitía que organizaciones sin fines de lucro fueran propietarias de medios de comunicación. La comunicación era un negocio sí o sí. Porque, ¿para qué iba a querer alguien transmitir sin afán de lucro? En fin, la nueva ley reserva ni más ni menos que el 33% del espectro radioeléctrico para las organizaciones sociales que ejercen la comunicación como un derecho, no como un negocio. Esto es lo más importante de la nueva ley: 1 de cada 3 radios puede ser comunitaria. Otro aspecto muy interesante de la nueva ley, visto el panorama de “latifundio mediático” que existe en muchos países latinoamericanos, es la limitación de la concentración de licencias. Así, no se podrán abarcar más del 35% de la audiencia del país. De esta manera la Ley pretende garantizar los principios de diversidad, pluralidad y respeto por lo local, que estaban presentes en los 21 puntos propuestos por la Coalición por una Radiodifusión Democrática. También hay novedades en cuanto a los contenidos: un 60% deberá ser de producción nacional y un 30% tiene que ser de producción propia. Además se deberá producir y transmitir una cantidad mínima de contenidos para el público infantil, y se incluyen varios artículos sobre la promoción de “la igualdad entre hombres y mujeres y el tratamiento plural igualitario y no estereotipado, evitando todadiscriminación por género u orientación sexual”. Cómo dicen desde FARCO “Sabemos que un nuevo modelo de comunicación no se construye solamente con una nueva Ley. Pero sin ella, se vuelve una tarea imposible”. La nueva ley en Argentina marca un hito en la lucha por la legalidad de las radios comunitarias, que es una victoria en la lucha por el derecho a la comunicación de los pueblos.

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MIRANDO HACIA EL FUTURO: la radio comunitaria y la comunicación popular en América Latina en el siglo XXI La radio más allá de la radio “La radio podría ser el sistema de comunicación pública más maravilloso que se pueda imaginar... si fuera capaz, no solo de transmitir, sino también de recibir, permitiendo así que el oyente, además de escuchar, hable" Bertolt Brecht Seguramente Bertold Brecht no imaginó que lo que planteaba en 1930 un día sería posible. Hoy en día existe un creciente grado de interactividad entre las radios y sus audiencias, y esto ha sido posible, en gran parte, gracias a la inclusión de nuevas tecnologías en el quehacer radiofónico. Uno de los grandes temas de discusión y análisis que se han incorporado en las radios comunitarias los últimos años son los impactos de las llamadas nuevas tecnologías, la digitalización y la multimedialidad. La pregunta clave que se hacen las radios es: ¿Qué impactos tienen estos cambios en nuestro quehacer? A lo que las radios comunitarias suman: ¿Estos cambios tienen importancia para nuestros objetivos políticos? Antes de contestar a esta pregunta, es importante situarnos históricamente, como medios de comunicación comunitarios insertos en el movimiento social, en lo que se ha venido llamando “Sociedad Red”, que ha sido definido por Manuel Castells como “una estructura social hecha de redes de información propulsadas por tecnologías de la información” (Castells : 2002). Se puede decir entonces que el “informacionalismo” viene a reemplazar al industrialismo como paradigma tecnológico, y que la revolución tecnológica en los campos de la información y el conocimiento da origen a una nueva estructura social: la sociedad red, donde todo el mundo puede estar interconectado. Esto ha impactado profundamente en nuestras relaciones humanas, pero también en los modos de hacer las cosas, de hacer política y de comunicarnos. En la radio comunitaria también, sin duda. En los últimos tiempos se produjeron cambios en todo el proceso de la radio: la producción, la emisión, la recepción y la interacción entre emisor y receptor. 60


En la producción: La mayoría de las emisoras comunitarias que participaron utilizan Internet para la producción de programas de radio y emiten en sus programaciones audios producidos por otras organizaciones que descargan de distintas páginas web. La conectividad posibilita el acceso a mayor cantidad de fuentes indirectas y también a compartir producciones con mayor inmediatez que la que permitía el envío de casetes y/o CD. En la emisión: La emisión se modificó o se complementó con otros dispositivos. Muchas radios están emitiendo su señal en línea a través de Internet y existen proyectos que solo transmiten a través de este canal. En la difusión: El carácter efímero de la radiodifusión se ha transformado por la posibilidad de difundir masivamente archivos de sonido, por ejemplo en formato podcast, con posterioridad a su salida al aire en vivo. En la recepción: La recepción sufrió modificaciones sustanciales. La aparición de teléfonos celulares que brindan muchas más funciones que la comunicación telefónica y que tienen receptores FM. los reproductores de archivos mp3 alientan la producción de contenidos para descargar y compartir. Algunos estudios señalan un avance en la escucha on-line y un descenso en la escucha de radio en general. En la relación con las audiencias: Las nuevas tecnologías permiten una mayor interacción con las audiencias, lo que ha sido un anhelo histórico de las radios comunitarias, al hacer posible la comunicación entre pares y facilitan la generación de sujetos productores críticos. En este punto es importante mencionar que, pese al creciente uso del internet en todo el mundo, sigue existiendo una brecha tecnológica (analógica y digital) en el mundo: no todo el mundo tiene todavía acceso a Internet, ni siquiera todo el mundo tiene acceso a luz. Pero desde las organizaciones que promueven el derecho a la comunicación se avanza poco a poco, cada día, por ir reduciendo esa brecha. Otro gran tema relacionado con la revolución tecnológica y que actualmente está siendo muy discutido en el entorno de las radios comunitarias es la digitalización de la radio, que no es lo mismo que la radio por internet o radio on-line.En la radio analógica -la que utilizamos actualmente- se emiten señales de audio que podríamos equiparar a las ondas del sonido. En cambio, en la radio digital el sonido se convierte en dígitos -ceros y unos- para conformar una señal. En ambos 61


casos las ondas utilizan el espectro radioeléctrico y el aparato receptor debe convertirlas en ondas sonoras captables para el oído humano. ¿Porqué la digitalización? Sus promotores sostienen que permitiría un mejor aprovechamiento del espectro radioeléctrico, mejor calidad de sonido y la incorporación de servicios adicionales -imágenes o textos- destinados a aparatos receptores como los teléfonos celulares. Pero la digitalización no conlleva en sí misma y necesariamente un escenario favorable para las radios comunitarias, ya que esta posibilidad tecnológica favorezca la democratización de las comunicaciones depende de la forma en la que se implemente y la regulación que se plantee en cada país. Como dice Bruce Girard, fundador de la Agencia Púlsar, “el pasaje a la radio digital es para las radios comunitarias una oportunidad de poner en la agenda pública qué sistema de comunicación queremos”. AMARC hizo en 2011 un estudio llamado La Radio después de la Radio, para medir el impacto de la revolución tecnológica y la digitalización entre sus radios socias. Se observó un aumento progresivo de la incorporación de Internet y sus aplicaciones al proyecto comunicacional de las emisoras en la medida en la que mejora la conectividad, se abaratan los costos del equipamiento y se multiplican saberes específicos. Tanto las emisoras como los programas de radio utilizan Internet para comunicarse con sus oyentes a través del correo electrónico, las redes sociales, los blogs y las páginas web. Entonces podemos concluir que una gran cantidad de las radios comunitarias de América Latina han incorporado las nuevas tecnologías al desarrollo de sus proyectos comunicacionales. También se puede afirmar que mayor cantidad de emisoras que a través de estas nuevas herramientas de comunicación comparten experiencias como productoras de contenidos. ¿Cuáles son las herramientas “hijas” de la revolución tecnológica más usadas por las radios comunitarias por los beneficios y soluciones que ofrecen para satisfacer sus necesidades?

Portales intercambio de audios Teléfonos celulares Sitios web para las radios/Blogs Podcast

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Wiki Software Libre Red inalámbrica de ordenadores Telecentro comunitario/Centro de Medios Independientes Streaming

Vigencia de la radio como herramienta de comunicación Todavía habrá quién se pregunte si la radio es hoy, en plena era del Internet y las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, un medio con vigencia en las sociedades latinoamericanas. En palabras del comunicador Rafael Roncagliolo, no es que otros medios de comunicación hayan suplantado a la radio, sino que cada medio se ha reacomodado en un escenario cambiante con necesidades diversas. “La radio sigue siendo el medio de comunicación más universal. Puede decirse que los ciudadanos se enteran de las noticias por la radio, las confirman por la televisión y las reflexionan, al día siguiente, con el diario... Tal especialización explica que no haya habido reemplazo de la radio por la televisión, como no lo hubo cabalmente del cine por la televisión ni del teatro por el cine, ni del libro por el periódico... La historia de los medios registra sumatorias y especializaciones, no desplazamientos mecánicos”. 17

Pero es que además la radio del siglo XXI no es ya la radio de antes, también está en el proceso de integrarse a la revolución tecnológica junto al resto de medios de comunicación. Emisión digital, difusión por satélite, emisoras on-line, radio a la carta, etc. Luego veremos algo más sobre el binomio radio e internet, que ha abierto un mundo de posibilidades a las radios comunitarias.

17 El lenguaje de la radio, ponencia presentada en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, Zacatecas, México, abril 1997.

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Vigencia del proyecto político comunicacional de las radios comunitarias En los últimos años tanto las radios comunitarias como las coordinadoras y asociaciones que trabajan por el derecho a la comunicación se han hecho esta pregunta: ¿tiene vigencia el proyecto político que impulsamos hace más de 50 años? ¿Somos algo más que un medio de comunicación, entendido como herramienta? ¿Seguimos al servicio de los pueblos, de los excluidos, de los marginados? ¿Tenemos audiencia? ¿Tenemos sentido, una razón de ser en el siglo XXI? El mundo está cambiando muy rápido, y la radio comunitaria, inserta en el movimiento social que se debate por encontrar su lugar para hacer frente a los embates del neoliberalismo y no morir en el intento, busca su nuevo espacio, su nuevo rol y la vigencia de su proyecto político comunicacional. ¿Qué entendemos por vigencia del proyecto político de las radios comunitarias? Según la comunicadora Beatriz Villagómez, este concepto hace referencia a “el grado de concordancia y correspondencia entre las definiciones conceptuales teóricas de la radio popular y las que se ejercen en la práctica, el grado de correspondencia entre las definiciones conceptuales de las radios seleccionadas en la muestra y el grado de correspondencia y ajuste de dichas radios a los procesos y desafíos de los nuevos contextos nacionales y continentales en función de su labor comunicacional” (Villagómez : 1998). ALER y AMARC han impulsado los últimos años investigaciones sobre el tema, para ver cómo se sitúan las radios comunitarias en este nuevo escenario. Fruto de estas investigaciones, que incluyen muchas visitas a las radios y entrevistas con sus comunicadores y comunicadoras, así como con académicos y “expertos” en radio comunitaria, han visto la luz libros como ¿Siguen vigentes las Radios Populares? Opinan 30 especialistas latinoamericanos y La Radio Popular frente al nuevo siglo: estudio de vigencia e incidencia, ambos editados por ALER en 2001.

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Retos y desafíos que viven las radios comunitarias frente al nuevo siglo En estos estudios se evidencian retos de diversa naturaleza que viven las radios comunitarias en este nuevo siglo: A. EL CONTEXTO Luis Dávila, ex-vicepresidente de AMARC, piensa que el cambio de época ha puesto a las radios comunitarias en una encrucijada de la que todavía no salen. “A fines de los 80 y principios de los 90 ocurrió el cambio de época: globalización, final de la guerra fría, transnacionalización de la economía, revolución de las comunicaciones, aparición de la tecnología digital (...) en esta nueva etapa la radio no sabe qué hacer. Yo creo que en estos últimos cinco años, o quizás hace un poco más, algunas radios han comenzado a encontrar el camino, muchas todavía están en el principio de la búsqueda o están ya en el proceso, otras estan perdidas en el pasado”. (Gutiérrez y Mata : 2001) A veces, esta pérdida de identidad tiene que ver con la frustración, la desmotivación frente a la difícil situación que se vive en el continente, que tuvo su punto álgido en los 90, la “década perdida de América Latina”. En los 70 y 80 parecía que las cosas iban a cambiar, se sentía el aire revolucionario en muchos países del continente. El movimiento popular organizado logró quebrar regímenes dictatoriales, y los medios de comunicación al servicio de los pueblos aportaron mucho a que ello fuera posible. Han pasado más de 30 años de aquello y la situación no ha cambiado tanto. A las dictaduras político militares les siguió la dictadura de la economía, que se llama neoliberalismo, y los pueblos latinoamericanos siguen sumidos en situaciones de pobreza y desigualdad. Esta sensación de derrota en muchos casos ha calado en los proyectos de radio comunitaria. Como comenta José Ignacio López Vigil, director de Radialistas Apasionad@s, “nos topamos con gente que antes por una mística, por una motivación se amanecía en la calle recogiendo entrevistas y estaba convencida de que su radio, junto con miles de radios y junto con miles de actrores sociales iban a transformar rápidamente la sociedad y ahora se han desengañado un poco, y se han dado cuenta de que el peso de los opresores es demasiado fuerte y eso desmotiva mucho y a veces lleva a actitudes individualistas, actitudes “quemeimportistas”, de decir yo hago mi trabajo y del resto que se ocupen otros”.

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Esta indefinición por el cambio de era supone un reto para la continuidad y la vigencia de las radios comunitarias, claro está. A veces se habla incluso de que han perdido su razón de ser, ya que no hay un enemigo definido. Muchas de estas radios nacieron en medio de regímenes dictatoriales, lo que hacía más fácil tomar posición. Ahora el enemigo es difuso, se llama neoliberalismo y sus efectos son igualmente devastadores. Pero las democracias han adormecido a muchos de los proyectos de radio comunitaria, de igual manera que han desarticulado a parte del movimiento social. Roberto Durette, director de la que fuera radio minera en Bolivia, la Pío XII, piensa que la urgencia por articular el movimiento de radios comunitarias es mucha: “Evidentemente en la democracia no te pueden cerrar la boca a la fuerza, pero si tampoco tienes en las manos medios para hacerte escuchar es casi igual como antes. Puedes caminar tranquilo, en las calles no te van a poner en la cárcel por decir lo que piensas, pero al final las reglas del juego no son iguales para los sectores populares como para los que tienen el poder económico”. B. LAS FORMAS y EL FONDO El problema es que algunas de las radios, o bien han perdido su razón de ser al servicio de sus pueblos y se acercan peligrosamente a perfiles casi de radio comercial, o bien se han quedado ancladas al pasado, usando los formatos y discursos de los duros años de dictaduras. En este último caso supone un grave problema con sus audiencias, sobretodo las más jóvenes, que además han crecido con la cultura tecnológica y audiovisual y de por sí ya son un público difícil de captar para al radio. Si además el discurso y las formas que se usan suenan a nostalgia del pasado, esas audiencias se pierden totalmente, y con ello las posibilidades de hacer incidencia en determinados sectores. Pero entonces... ¿hay que adaptarse a los modos y formatos de las radio-fórmulas, para captar a la audiencia joven? No se trata de copiar, sino de tener creatividad a la hora de pensar formatos y discursos. La radio comunitaria no puede abandonar su espíritu, como espacio de elaboración y difusión de valores alternativos y contrahegemónicos. Es decir, estos valores le son propios, su vocación de incidir en la opinión pública desde el pensamiento crítico y emancipador. Pero hay que revisar muy a fondo de qué manera se están difundiendo estos valores en el siglo XXI. Denise Brunet, de el Equipo de Comunicación Maíz, de El Salvador, lo ve así: “Todavía seguimos demasiado con el discurso de aquellos años duros, de la guerra, hablando del “enemigo” sin

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matizar, sin utilizar el humor, sin reflejar la cultura de la gente. Esto no significa que hay que ablandar el marco. El marco es duro”. Pero el lienzo debería ser más suave, a juzgar por la autocrítica que hacen muchos de los expertos y expertas en radio comunitaria. C. LA RELACIÓN CON OTROS ACTORES SOCIALES Otro grave problema que viven muchas de las radios comunitarias hoy es su desvinculación con el movimiento social y otros actores de la sociedad civil. Se usan como “fuentes noticiosas” pero en muchas ocasiones se ha perdido el nexo, lo que ha provocado, necesariamente el debilitamiento de la razón de ser de las radios comunitarias, como herramienta de comunicación al servicio de los pueblos. Roberto Durette, director de radio Pío XII en Bolivia, ve fundamental actuar contra este punto débil de las radios comunitarias en la actualidad: “Para influir creo que la radio popular no puede estar aislada; tiene que participar con otros; si no existen tiene que crear redes con quienes tienen más o menos la misma visión, los mismos objetivos, para fortalecerse”. También en este punto es importante mencionar las debilidades en la construcción y fortalecimiento de “redes”: alianzas estratégicas con otras radios o proyectos comunicacionales, sea de forma autónoma y “desde abajo” o sumándose a espacios ya existentes y con capacidad de incidencia a nivel regional, continental o internacional, como ALER o AMARC. En este sentido, pese a que el sentir mayoritario entre las radios comunitarias es que es necesario y estratégico fortalecer las redes existentes y crear nuevas, hay bastantes desafíos para hacerlo. Uno de ellos es la incapacidad para activar determinados nodos de las redes frente a problemáticas comunes. Según Luis Dávila, ex vicepresidente de AMARC, “una red no tiene que funcionar “todos a la vez” como los tres mosqueteros permanentemente: deberíamos poder decir “ahora me conecto con fulano porque tenemos un problema común”, o “ahora nos conectamos todos porque es de todos el problema” o “ahora nos comunicamos entre cinco porque es de cinco el problema”. La incapacidad de convertir a las redes en estructuras flexibles y amoldables al contexto provoca su inoperancia y, por tanto, que las asociadas o aliadas pierdan interés y no vean con claridad, en lo concreto, qué les beneficia de formar parte de una red, y qué les pide a cambio. Es un pez que se

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muerde la cola. Pero hay otros retos, quizá incluso más de fondo. Adalid Contreras, de Erbol, piensa que uno de los problemas es la no pertenencia a la red, la no existencia de un sentimiento identitario: “Siempre se piensa en la red como la vaca lechera de la que hay que mamar y no como un elemento importante de proyección, de ganancia también”. Es decir, que es importante vencer esa idea de que la red nos da, pero no nos exige, porque de esta manera el planteamiento estratégico de trabajo en red no funciona, no es sostenible. D. LAS MANERAS DE TRABAJAR En muchas de las radios el trabajo de comunicadores y comunicadoras se realiza voluntariamente, sin remuneración, o si sí hay alguna paga es en forma de pequeños estipendios las más de las veces. Esto genera una dinámica de rotación de personal, de fuga de talentos, de temporalidad en el proyecto de comunicación. Esto, que es entendible, provoca cierta inestabilidad a los proyectos de radio, ya que el personal se capacita, adquiere experiencia y responsabilidad, pero luego debe ausentarse. La figura del “voluntario” no es la misma que la del “militante”, no está igual de comprometido con el proyecto y por tanto no se le puede pedir lo mismo. Dado el contexto histórico de aparentes “democracias” en el continente predomina más el primer perfil que el segundo en muchos de los proyectos radiofónicos. Esto impacta en los resultados y en las formas de trabajo que se dan en el seno de las radios. Por otra parte muchas radios trabajan ahora 'puertas adentro'. La huida de las radios hacia adentro es una huida de su esencia. Esta esencia está afuera, con la gente, con la vida cotidiana y con la lucha por una vida más digna. Son cada vez menos las salidas al campo. Al mismo tiempo se debilitaron las redes de reporteros o corresponsales populares, que permiten esa vinculación fundamental para seguir en sintonía con lo cotidiano. E. EL ÁMBITO DE ACTUACIÓN La radio popular sigue teniendo su principal fuerza en lo local. La explosión de radios locales comunitarias en muchos países refuerza esta constatación. Su importancia está en ámbitos como la intercomunicación, lo informativo, los servicios, la solidaridad. A pesar de esta importancia, las

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radios corren el peligro de volverse marginales, si no saben combinar la cercanía con la calidad. Las radios insertas en el movimiento de radiodifusión comunitaria han sido fuertes en lo local y lo regional, pero han demostrado ser incapaces en casi todos los casos de aportar en la construcción de opinión pública nacional, a no ser que se alíen entre ellas y se aglutinen en organizaciones de carácter nacional o internacional. “La radio local es como un espejo” —decía Vinny Mohr, directora de Radio Coop, en Vancouver — “La nacional, como una ventana”.

En las emisoras locales, ciertamente, la audiencia se ve

reflejada, se habla de sus problemas, tienen abiertos los micrófonos. A través de la radio local los y las radioescuchas se conocen mejor, porque se miran a ellos y ellas mismas. En cambio las emisoras nacionales son más bien como una ventana, que se abre para mostrar a sus audiencias lo que pasa a más distancia, enseñan otros mundos y a sus pueblos. Una de las debilidades que se han mostrado en los diferentes estudios sobre la vigencia de la radio comunitaria realizados los últimos años es que éstas son demasiadas veces espejo y casi nunca ventana. Las radios comunitarias se han centrado casi exclusivamente en lo local, siendo incluso esto su señal distintiva frente a las grandes radios comerciales. En un mundo cada vez más globalizado , si bien es cierto que es importante mirar la propia cultura y el conflicto más cercano; también se hace imprescindible que la gente maneje el contexto más amplio, donde necesariamente se insiere lo local. Porque si nos miramos demasiado en el espejo corremos el peligro de ensimismarnos demasiado con nosotros mismos y perdernos la grandeza y miseria que ocurre más allá de la ventana. Quizás hace 50 años era más difícil abrir esa ventana por los limitantes tecnológicos existentes, pero hoy en día, con las posibilidades de romper los límites espacio-tiempo que nos ofrece el internet, mantenerla siempre cerrada es un error y una gran debilidad para las radios comunitarias.

F. LA INCIDENCIA, EL IMPACTO En algunas radios comunitarias se siente que su impacto es mínimo. Que no son un referente para la formación de opinión pública. Que no contribuyen a poner temas sobre la agenda pública. Las radios comerciales, que forman parte la mayoría de veces de mega-consorcios mediáticos, tienen los recursos económicos, humanos y tecnológicos para instalarse en el dial y captar audiencias. Pero hay que decir que en muchos lugares siguen siendo las radios comunitarias las más 69


escuchadas. O, al menos, las que gozan de mayor credibilidad y legitimidad por parte de sus radioescuchas. Las comunidades sienten un sentido de pertenencia hacia la radio, son instituciones importantes a la par de los consejos comunales o ayuntamientos municipales. Eso las fortalece y ha permitido que se sostengan en el tiempo. Porque no están solas, no son de un empresario o de una familia, son de toda la comunidad. Importante no obsesionarse con el “rating”, la manera de medir el impacto de una radio comunitaria no es igual a cómo miden sus audiencias las emisoras comerciales. Como dice José Ignacio López Vigil, “una emisora informativa, une emisora educativa, no compite contra una cajita de música al aire libre, no compite contra un tocadiscos sin paredes que son la mayoría de las emisoras musicales”. En todo caso, la competencia de las radios comunitarias serán las emisoras informativas, las que difunden pensamiento y crean opinión pública. En estas emisoras sí es importante fijarse, ver qué información manejan, qué discurso tienen, qué valores promueven, qué formatos usan. Pueden servir de fuente de inspiración, pero no es cuestión de copiar los formatos y maneras de hacer de las radios comerciales. Las radios comunitarias deben buscar su propia personalidad, pero sin olvidar que trabajan para generar un impacto y una incidencia. Hay mucho complejo de inferioridad en muchas de las radios del continente, se sienten chiquitas, impotentes frente a los grandes consorcios radiofónicos que copan el dial. Este sentimiento de “no puedo competir” provoca en muchas ocasiones mediocridad y falta de afán de superación en las radios, lo que finalmente genera pérdida de audiencia e impacto posible. G. LA SOSTENIBILIDAD Uno de los grandes retos que están viviendo todas las emisoras comunitarias en América Latina y el Caribe es su sostenibilidad como proyectos. Según los diferentes estudios realizados por ALER, el 70% está en una situación precaria o logra apenas una estabilidad mínima. Las radios se encuentran con una importante falta de recursos, a todos los niveles: económicos, humanos y tecnológicos. Esta situación viene dada en parte por la crisis de las agencias de cooperación, que están retirando sus fondos de financiación de muchos países. En este sentido, los proyectos de comunicación son de los primeros en caer, ya que muchas financiadoras siguen considerándolos como no prioritarios, frente a proyectos más enfocados en la salud, las infraestructuras o la educación. Pero también es cierto, a

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modo de autocrítica, que los proyectos de comunicación, en muchos casos, no tienen un plan de autogestión formulado, se depende en exceso de ayuda externa, y cuando ésta ayuda no llega, muchas radios sencillamente salen del aire. La crisis de las agencias no es una situación pasajera, parece haber llegado para quedarse, por lo que el reto ahora no es cómo volver a atraerlas, sino más bien poner creatividad para pensar fórmulas de autogestión que permitan a las radios comunitarias seguir trabajando. No se trata de abandonar el proyecto político de las radios por enfocar todas las energías en conseguir recursos, las radios comunitarias no son entidades con fines de lucro, pero sí necesitan cubrir unos mínimos que aseguren su mantenimiento. Cómo decía el director del Centro Peruano de Estudios Sociales, Mariano Valderrama, “una cosa es sin fines de lucro y otra con fines de quiebra”. (López Vigil : 2009). Además de la necesidad de elaborar estrategias que aseguren la sostenibilidad económica de los proyectos de radio comunitaria, una dimensión fundamental es su sostenibilidad social. En ella caben tanto las relaciones con sus audiencias, asegurar que existe una base social que las legitima; como la conformación de redes y alianzas con otros actores sociales en su entorno (tanto organizaciones que trabajan en el ámbito ocupacional como el movimiento social en general). Para la radios comunitarias asegurar la sostenibilidad social de sus proyectos es un reto actualmente: la competencia las aleja en ocasiones de sus audiencias, y por otra parte, no se ha puesto suficiente énfasis en invertir esfuerzos consolidando redes y alianzas. Esto resta legitimidad, y por tanto fuerza e impacto, a los proyectos de radio comunitaria. La sostenibilidad social no es tema baladí. La vigencia de un proyecto de comunicación depende en gran parte de las relaciones sociales y de colaboración mútua que se establecen con los actores sociales de su ámbito. En otras palabras, el tejido social que la radio logra crear con otros actores de su entorno es un factor fundamental para su éxito. Por lo tanto, van a ser vitales las relaciones de cooperación que se establezcan entre las radios comunitarias y otros actores del movimiento social y de la sociedad civil.

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F. CAPACITACIÓN Otro de los puntos débiles que muestran las radios comunitarias actualmente es su decreciente capacidad de impulsar procesos de capacitación interna. Se invierte menos en capacitación y autoformación interna, y se tiende a delegar en muchos casos esta responsabilidad a las grandes asociaciones como ALER o AMARC, o a las coordinadoras nacionales. Existe una falta de metodologías que beban de las riquísimas experiencias de educación popular que se han vivido en el continente, pero adaptadas a los nuevos tiempos. Aunque existen experiencias interesantes, como el proyecto de capacitación para comunicador@s “Voces Unidas” impulsado por Erbol en Bolivia, se echa de menos la creatividad y centralidad de los procesos de capacitación en el seno de las radios comunitarias.

Otro reto que se plantea en los proyectos de radiodifusión comunitaria es la inclusión de más mujeres en los mismos. Ya hemos hablado de la participación de las mujeres en las radios comunitarias, pero para ofrecer un dato que respalde la afirmación de que sigue siendo una asignatura pendiente, es importante señalar que el 63% del personal de las instituciones radiofónicas son hombres. Además, pese a casos contados, los puestos de dirección y toma de decisiones de las radios siguen estando dominados por hombres.

Y a pesar de todo... Hemos visto algunas de los principales problemas a los que deben hacer frente actualmente las radios comunitarias en el continente, los obstáculos con los que se encuentran y las críticas que se hacen desde dentro a su propio rol como agentes de cambio dentro de un mundo cambiante dominado por la revolución tecnológica. Parecería que los desafíos son demasiados como para hablar de una vigencia real de las radios comunitarias en la sociedad de la información. Pero los mismos estudios que planteaban los puntos débiles del movimiento de radios populares, también demuestran la cantidad de fortalezas que el mismo sigue teniendo, a pesar de los pesares, o quizá gracias a ellos. En general, se asocia la vigencia de las radios comunitarias a su capacidad por conectarse con las mayorías excluidas y marginadas del contintente, con los sectores populares, con las comunidades 72


rurales. Hablan su mismo idioma, en sus mismos códigos, y tratan temas que no son escuchados en otros medios comerciales. Son espacios abiertos a la expresión de sus radioescuchas, de difusión de sus problemáticas, intereses e inquietudes, de sus luchas y reivindicaciones. Generan una comunicación de ida y vuelta con sus audiencias. Esta conexión con sus públicos, a un mismo nivel, es lo que hace que no las radios comunitarias históricas se mantengan y que surjan nuevas emisoras de carácter popular en muchos rincones del continente.

También es importante para su vigencia el fuerte componente constructor de identidad colectiva que tienen estas radios. A través de la programación de estas emisoras se difunden valores culturales, de sentimiento

de

pertenencia

a

determinadas

identidades

(como

pueblos

indígenas

y

afrodescendientes, clase, parte del movimiento social). Esta labor es muy importante y añade valor y vigencia a las radios comunitarias del continente, ya que la oferta de los medios de comunicación comerciales promueve los valores de la cultura occidental, a través de la música, los contenidos y los formatos radiofónicos que copian a las radiofórmulas. Estas emisoras pretenden en muchos casos “homogeneizar” a las audiencias, sin resaltar sus rasgos culturales diferenciales, mucho menos promoverlos y preservarlos. Por eso esta línea identitaria es una gran baza para las radios comunitarias, lo que las acerca a las audiencias y multiplica su impacto.

Para José Ignacio López Vigil ha habido varias “inyecciones de vitaminas” para curar a las radios comunitarias frente a todos los males que las han acuciado los últimos años, y que hemos visto anteriorimente. La “primera inyección” ha sido la modernización tecnológica. Ya hemos visto las ventajas y avances de la revolución tecnológica en todos los niveles de la radiodifusión (producción, emisión, recepción, relación con las audiencias). Otra de las “inyecciones” de las que nos habla López Vigil son los procesos de capacitación impulsados por organizaciones como ALER o AMARC, o las redes locales y regionales. Muchas generaciones de comunicadores y comunicadoras se han formado a través de talleres, seminarios y otros espacios de educación no formal. Hará falta que, además de estas inyecciones, las radios comunitarias, a través de sus redes más locales y cercanas, se procuren pequeñas dosis de vitaminas en forma de autocapacitación, para no caer en una relación de dependencia de las grandes asociaciones. En resumen, podemos hablar de la vigencia e incidencia de las radios comunitarias en América Latina y el Caribe clasifiándolas en tres grandes grupos, según su grado de adaptación al nuevo 73


contexto: Hay radios que no han hecho una nueva lectura de los cambios profundos de las últimas décadas, siguen con el mismo proyecto, los mismos contenidos, los mismos formatos y el mismo discurso de la época en que vieron la luz (en algunos casos hablamos de 50 años atrás). Estas radios han perdido frescura y están desfasadas, tienen problemas para relacionarse con los nuevos actores sociales y no se han sumado a la revolución tecnológica y a los beneficios que ésta les puede otorgar. Estas emisoras no reconocen que están en crisis, es el mundo el que está en crisis. Las emisoras que no lograron evolucionar y ponerse a bailar al compás de los nuevos tiempos han perdido audiencia, y por tanto vigencia e incidencia. Los diferentes estudios cuantitativos y cualitativos analizados demuestran que esta tendencia es la minoritaria dentro del movimiento de radios comunitarias. Otras emisoras comunitarias sí que han renovado en cierta manera sus lecturas de la realidad, pero todavía no elaboran un nuevo proyecto político comunicacional sólido, que se erija como propuesta alternativa. Al contrario, sienten que les faltan referentes y modelos de inspiración para trazar una propuesta propia. Por lo tanto estas radios sí reconocen su crisis. Esta situación es la que viven la mayoría de las radios comunitarias latinoamericanas. Algunas de estas radios sienten la tentación de seguir los modelos de radio comercial, para no perder a su audiencia, lo que es muy peligroso porque perderían sus objetivos como proyectos políticos comunicacionales. Los diferentes estudios demuestran que esta última situación prácticamente no se ha dado, pero el riesgo es alto. Por último encontramos a las radios que sí han sabido adaptarse al nuevo contexto, no sin dificultades. Han redefinido un proyecto político comunicacional propio, conocen a su público y mantienen un buen contacto con él. Tienen mucha vinculación con el resto de actores sociales, y están muy implicadas con el movimiento social popular, del que se sienten parte, y con el que tejen alianzas estratégicas. Han logrado un nivel mínimo de sostenibilidad económica, que tiende a la autogestión. Se han sumergido en la revolución tecnológica, tomando de ella las herramientas que apoyen su trabajo cotidiano y el trabajo de conformación de redes y alianzas con otros actores y radios comunitarias, para lo cual invierten muchos esfuerzos porque lo ven estratégico. Pese a que no se puede decir que muchos de los proyectos de radio comunitaria estén transitando en estos momentos por este camino, sí que es cierto que cada vez son más las que se plantean que hay “renovarse o

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morir” y eligen la primera opción. ¿Comunicación para el Desarrollo, Comunicación para la Transformación Social o Comunicación para el Buen Vivir? Queremos acabar este trabajo de investigación y sistamatización analizando tres paradigmas comunicativos que han estado en disputa las últimas décadas, y que todavía están en construcción. La elección de uno u otro definirá la vigencia e incidencia del trabajo de las radios comunitarias y de cualquier medio de comunicación que se sueñe popular, libre, alternativo o en, definitiva, emancipador y transformador. El concepto de Comunicación para el Desarrollo empieza a usarse hacia los años 50, y partía de la base de que los medios de comunicación tenían importantes efectos que podían conducir al crecimiento económico de los países “subdesarrollados”. Para ellos se empezaron a promover desde diversos gobiernos e instituciones internacionales iniciativas que implicaran la emisión de mensajes con fines educativos sobre agricultura, sanidad, nutrición, planificación familiar y desarrollo de las áreas rurales, etc. Más tarde se extenderían estos mensajes educativos a áreas cómo la ideología, la cultura o la identidad nacional. En 2003 y 2005 tienen lugar, en Ginebra y Túnez respectivamente, las Cumbres Mundiales sobre Sociedad de la Información, auspiciadas por las Naciones Unidas. En ellas están presentes organizaciones de la sociedad civil que intentan introducir en la agenda de discusión el concepto de “Comunicación para el Desarrollo”. Fracasan: los gobiernos y las agencias multilaterales dominadas por los gobiernos poderosos se concentraron en discusiones sobre nuevas tecnologías, sin adentrarse en el tema del derecho a la comunicación, indispensable como punto de partida para hablar de Comunicación para el Desarrollo. Pero un año más tarde, en 2006, en Roma, tiene lugar el Congreso Mundial de Comunicación para el Desarrollo, convocado por el Banco Mundial, la FAO y por The Communication Initiative, organizaciones que tienen diferente naturaleza y poco en común en su enfoque sobre el desarrollo. Entre los 700 participantes había funcionarios de gobierno, de organismos internacionales, de ONGs, de redes de comunicación, de todas las regiones del mundo. En Roma se sintió una gran dificultad de poner a dialogar en las mismas salas a funcionarios del desarrollo, formados a la 75


antigua en el concepto de un desarrollo puramente económico y vertical, y a activistas y promotores de una comunicación diferente, más participativa y al servicio de sus pueblos. En el evento se propuso "elaborar de forma colectiva una serie de recomendaciones estratégicas sobre los caminos a seguir para integrar plenamente la comunicación en las políticas del desarrollo". Los y las asistentes compartían la idea de que la comunicación es esencial para el desarrollo humano, social y económico, y que el núcleo de la comunicación para el desarrollo es la participación y la apropiación de las comunidades y de los individuos más afectados por la pobreza y problemas del desarrollo. Finalmente se consensuó una definición: “La Comunicación para el Desarrollo es un proceso social basado en el diálogo usando un amplio abanico de instrumentos y de métodos. Se refiere también a la búsqueda del cambio a diferentes niveles que incluyen escuchar, construir confianza, compartir conocimiento y habilidades, desarrollar políticas, debatir y aprender para lograr cambios sostenibles y significativos. No se trata de relaciones públicas ni de comunicación corporativa”. 18 Una de las teóricas que ha aportado más a la construcción del concepto de Comunicación para el Desarrollo es Rosa María Alfaro, peruana y fundadora de la Asociación de Comunicación Social Calandria. Uno de sus aportes fundamentales, reside en trasladar el objeto o sujeto de investigación; es decir analizar los fenómenos, no desde el difusor (medio) que legitima al medio y a la comunicación mediática, sino investigar lo sentido y percibido por los destinatarios, es llegar al otro y su mundo posible. En este sentido, Alfaro afirma que para que la comunicación implique desarrollo, debe necesariamente involucrar las experiencias de los sujetos “receptores”. En Roma queda patente que la comunicación va a ser clave en los procesos de desarrollo. Pero se consolidan dos visiones de cómo va a darse este proceso y para qué va a servir la comunicación. Desde la mayoría de los gobiernos y los organismos internacionales se hace una lectura que establece una relación causa efecto entre comunicación y desarrollo. Supone que la introducción de tecnología y la emisión de determinados mensajes tendrían un efecto directo en el crecimiento económico: crearían una motivación por el cambio y la innovación, que, a la larga, daría lugar al cambio de la sociedad tradicional a la moderna. La propuesta de desarrollo, por tanto sería el 18 Incluida en el Consenso de Roma, documento resultante de las discusiones.

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cambio hacia una sociedad occidentalizada y capitalista. Desde las organizaciones de la sociedad civil, la lectura es diferente: los medios de comunicación y la tecnología aparecen como herramientas necesarias para el desarrollo pero no suficientes para provocar el cambio social. Se centran más en las necesidades concretas de las poblaciones a las que va dirigida, fomentando la participación de estas en la elaboración de los propios proyectos de desarrollo. También utiliza los recursos locales, combinando medios de comunicación tradicionales de menor alcance con los medios de comunicación con mayor alcance. Además de favorecer el desarrollo económico y político, se centra en proporcionar autonomía e identidad a las naciones fomentando su desarrollo social y cultural. En este momento, un sector dentro de esta línea de concepción de esta visión de lo que la comunicación puede aportar a los pueblos, se empieza a cuestionar el concepto mismo de Comunicación para el Desarrollo. Estos sectores provienen de la línea de pensamiento que surge en Latinoamérica que se cuestiona la misma idea de “desarrollo” y sus añadidos (post-desarrollo, desarrollo humano, desarrollo sostenible, etc.). El brasileño José de Souza Silva ha aportado mucho a este debate los últimos años, reflexionando acerca de si es posible pensar un mundo libre del “desarrollo” como meta. De Souza Silva va más alla y nos interpela: “¿Qué pasaría si la meta no fuera “ser desarrollado”, sino construir comunidades felices con modos de vida sostenible?” (De Souza Silva : 2012) Otros autores han seguido esta línea de pensamiento que cuestiona la “necesidad del desarrollo” y lo han aplicado a la comunicación. Es el caso del periodista español Alejandro Barranquero, que critica la perspectiva excesivamente instrumental de la comunicación, concebida como simple tecnología al servicio de algo, que suele ir ligada a los ideales del desarrollo único concebido desde Occidente, un desarrollo centrado en lo económico. En 1977, en una conferencia organizada por la Fundación Rockefeller en Bellagio (Italia), algunos de los profesionales y teóricos más relevantes de la tan cuestionada comunicación para el desarrollo acordaron promover una nueva definición y orientación para la disciplina: la de la comunicación para el cambio social. El objetivo era desestimar la noción poscolonial y moderna de desarrollo, al tiempo que se definía un programa común para el nuevo siglo, basado en un enfoque más participativo de la comunicación, y en la articulación de un cambio asentado en dinámicas

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comunitarias. A raíz del encuentro en Bellagio se crea el Consorcio de Comunicación para el Cambio Social, que define así esta nueva manera de entender la comunicación: “Comunicación para el cambio social es el proceso de diálogo público y privado a través del cual las personas definen quiénes son, cuáles son sus aspiraciones, qué es lo que necesitan y cómo pue- den actuar colectivamente para alcanzar sus metas y mejorar sus vidas”. Pese a que el cuestionamiento del concepto de desarrollo ligado a la comunicación dió un salto cualitativo en Bellagio y más tarde en Ciudad del Cabo (segundo seminario organizado por la Fundación Rockefeller en 1998), en sus documentos finales es fácil encontrar afirmaciones que muestran su incapacidad de separar las ideas: “Es posible encontrar formas efectivas de usar la disciplina de la comunicación para contribuir a acelerar el ritmo del desarrollo.” Entonces vemos que el concepto de “comunicación para el cambio social” no ha cuajado y sigue imperando “comunicación para el desarrollo”. Los últimos años se han propuesto, desde diversos espacios (ONGs, organizaciones de base e indígenas, el ámbito académico, etc.), otros conceptos desde la crítica al “desarrollo”, como “justicia ecosocial” o “Buen Vivir”. Estas ideas, aunque ya cuentan con algunos desarrollos en campos como la sociología, la ecología, el derecho o la economía, aún no han permeado lo suficiente a la comunicación, aunque es cierto que se avanza en su discusión y se buscan puntos de encuentro para ella, como el reciente Encuentro Latinoamericano de Comunicación Popular y Buen Vivir, organizado por ALER en septiembre de 2012. En él se dieron cita comunicadores y comunicadoras de todo el contienente para debatir entorno a visiones no hegemónicas de la comunicación aplicadas, no al desarrollo como concepto eurocéntrico y economicista, sino al Buen Vivir propuesto desde las cosmovisiones indígenas.

La llamemos como la llamemos, los paradigmas de comunicación en disputa deberían plantearse, no tanto cómo “desarrollar” a los pueblos según modelos y necesidades que no les son propias, sino cómo articular desde la comunicación procesos culturales, sociopolíticos o económicos con voluntad de cambiar el injusto orden de cosas, sin una concepción meramente lineal y acumulativa, o exclusivamente basada en medios y tecnologías, sino en la recuperación de la palabra invisibilizada. En definitiva, más que una “Comunicación para el Desarrollo” deberíamos hablar de una “Comunicación para la Vida”. 78


En este nuevo paradigma de la comunicación ante todo se cuestiona la lógica desarrollista impuesta desde Occidente y se pone al servicio de las necesidades de los pueblos, con vocación emancipadora y transformadora. En palabras de José de Souza Silva: “El ‘día después del desarrollo’ comienza el día en que América Latina sea más indignada para ser más solidaria y más solidaria para ser más soberana; el día en que lo relevante no exista siempre en ciertos idiomas, no sea creado siempre por ciertos actores y no nos llegue siempre desde ciertos lugares, que nunca coinciden con nuestros idiomas, actores y lugares; el día en que la comunicación y la educación no alienen consciencias ni domestiquen voluntades; el día en que la comunicación y la educación sepulten la pedagogía de la respuesta que forja seguidores de caminos y abracen la pedagogía de la pregunta que forma constructores de caminos; el día en que nuestras comunicación y educación dejen de cultivar el pensamiento subordinado al conocimiento autorizado por el más fuerte; el día en que la comunicación y la educación latinoamericanas ya no adopten binomios clasificatorios—desarrollado-subdesarrollado, Primer-Tercer Mundo— que dividen a la humanidad en superiores-inferiores, en fin, el día en que el “desarrollo” como meta es reemplazado por Ser Feliz—el Buen Vivir, el Vivir Bien—como fin.

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Radio comunitaria en Latinoamérica