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EL VIAJE DE MI VIDA Éste era mi último año en el Instituto Politécnico de Castellón. Yo era un chico gracioso, simpático y mi aspecto… pues como el de la mayoría de los chicos de 17 años: delgado, moreno, ojos marrones y aunque iba al gimnasio, no se notaba: las chicas pasaban de mi completamente; sólo me hacían caso cuando gastaba bromas. Así que pensé que la mejor manera de despedirme de mi último curso era hacer una gran broma para que se acordaran todos de mi. La verdad que lo conseguí y se acordaron, pero no por lo gracioso que fue precisamente... Lo que había pensado era poner pegamento de color en la silla del profesor. Era algo típico, pero lo que no era normal es al profesor al cual se lo quería hacer: “el director”, aquel que todos temíamos cuando íbamos al instituto que con una simple llamada a casa te podía dejar sin salir durante dos meses. Nos habían informado de que había un charla para hablar del viaje de fin de curso en la cual el director iba a estar y yo sabía que era mi momento. Estuve 20 minutos antes de la hora para prepararlo y para asegurarme puse un poco en cada silla. Se escuchaban ruidos y me fui por la puerta de atrás. Vi como entraba los profesores y pensé que me habían salido mal las cosas porque ninguno iba a ver como se manchaban y no se enterarían. Cuando fue la hora, toda mi clase bajamos abajo, pero había una nota en la puerta que no nos gustó nada en la cual ponía que nos habíamos quedado sin excursión de fin de curso por algún gracioso. Inmediatamente Pablo, Aitor, Paula, Sara... mis amigos con los que salía siempre me miraron porque yo les conté que quería hacer una gran broma y ellos imaginaron que esa era la broma. E imaginaron bien. Me obligaron a ir a confesar pero lo único que conseguí fue un castigo y una excusión, pero no era nuestra excursión de siete días a Mallorca, sino una excursión de un día y a las islas Columbretes. Todos se enfadaron conmigo y con razón, pero lo que más me molestaba es que Paula no me hablaba y ella me gustaba mucho. La conocí cuando teníamos 10 años y desde ese momento me enamoré de ella. Paula era la más guapa del instituto. Todos los chicos la querían.


Pero eso era normal: ella era morena, tenía ojos azules, siempre estaba de buen humor y tenía una sonrisa indescriptible. Cuando estaba mal siempre la llamaba porque me ayudaba mucho, pero ahora estaba solo porque no quería ni verme en pintura . Aquel último mes de curso fue el peor de mi vida, mis amigos de toda la vida Pablo, Aitor... no me hacían ni caso y me sentía como un fantasma . Era el último día de curso. No me apetecía nada ir a la excursión, pero ya la había pagado; así que fui. Fuimos en autobús hasta el barco y por fin ocurrió el milagro: Paula se acercó y me habló dijo que esto no podía ser así, que era el último día que nos íbamos a ver y que no quería estar enfadada. Cómo me alegré en ese momento. Se sentó a mi lado y aquellos veinte minutos pasaron como si fueran segundos. Qué felicidad. Agarramos nuestras mochilas y subimos a aquel barco que representaba nuestro último viaje de clase juntos. Durante el barco aproveché para pedir perdón a todo el mundo y creo que sí me perdonaron, al menos en ese momento. Veíamos la isla ya. Todos nos pusimos el bañador. Era un día, pero lo disfrutaríamos como si fuera una semana. Cuando llegamos, la idea que teníamos todos era de bañarnos, pero ya estaba el guía preparado para que diéramos una vuelta por la isla. Había que reconocer que todo era precioso: menudo colorido. ¡Era lo más bonito que había visto en mi vida! ¡Qué vegetación! Miraras donde miraras, veías un montón de flores, ¡Cómo no! Yo tuve que dar la nota, me subí a un árbol para hacerme una foto y mientras posaba, se me puso una culebra en el pie. Sería una culebra, pero con el susto que me pegó, grité como una niña de cinco años y aparte me di un buen batacazo al caerme de ese árbol. Me empecé a fijar y me di cuenta que aparte de una abundante vegetación también había mucha fauna. Eso sí, casi todo eran aves sin olvidar a las culebras claro está. En la isla había un faro, pero no nos lo pudo enseñar por dentro porque se atascó hace una semana la puerta...eso decía, pero pensamos todos que tenía ganas de acabar ya. Nos explicó un poco la historia de la isla, que el nombre de islas columbretes vino porque antes


venían muchos piratas por ahí, lo dijo como si aún hubieran piratas por el mundo. Todos estábamos cansados de tanto escucharla y decidimos pasar de ella. La isla estaba bien, pero si tienes a una pesada todo el día como que pierde la gracia, así que le dijimos que ésta era nuestra excursión de fin de curso y queríamos disfrutar de ella, y sin pensarlo dos veces todo el mundo se fue corriendo: algunos a bañarse, otros a tomar el sol, otros a ver el isla al completo. Yo me fui con Paula, Pablo, Aitor y Sara a una explanada preciosa que había. Allí nos tumbamos y disfrutamos del paisaje mientras hablábamos de que íbamos a hacer el año que viene. Me dio mucha pena cuando Paula me contó que se iba a ir a estudiar a Valencia y Pablo también y eso no era todo, Sara se iba a Barcelona, nos íbamos a quedar Aitor y yo solos. Por un momento se me cayó el mundo encima, pero bueno,la gente madura, crece y todos sabemos que algún día nos tendremos que despedir y que mejor sitio que esa isla tan maravillosa. Por un instante nos tumbamos todos, cerramos los ojos y pensamos en todos los buenos momentos que estuvimos juntos. Fue un momento bastante emotivo y precioso. Se podían escuchar los pájaros como cantaban, las pequeñas olas del mar, era todo maravilloso. Yo les conté que tenía pensado quedarme en Castellón para hacer unas oposiciones y ser bombero. Todos se rieron, pero era la pura verdad. En ese mismo instante nos juramos que una vez por lo menos al año nos íbamos a a ver y recordaríamos aquel día en la isla y todo lo que vivimos juntos durante el curso. Nos cortaron aquel momento tan mágico. Javi nos vino a avisar que teníamos que irnos a comer y todos nos fuimos a unas rocas donde habían unas vistas en las que se podía ver toda la isla. Se describía con una palabra, ¡impresionante! Eso hizo un gran contraste con mi comida, podría haber estado buena, sí pero me la dejé en casa. Menos mal que allí estaban mis amigos que entre todos casi me hicieron explotar, me dieron un montón de comida, tanta que algún gracioso me tiró una manzana a la cabeza. Como se rieron todos, qué graciosos…


Terminamos de comer y nos fuimos a jugar a las cartas un rato porque siempre me llevaba una baraja para las excursiones. Qué se le iba a hacer, es mi hobby. Mi pareja era Paula, no es que hiciera trampas, pero siempre ganaba. Cuando acabamos las partidas, nos fuimos a bañarnos que yo ya me moría de ganas. En ese momento todo el mundo se quedó mirando a Paula en bikini era todavía más guapa. A mí se me notó un poco que me gustaba porque no dejaba que se le acercara nadie. Qué se le iba a hacer: estaba enamorado. Nos pusimos a jugar a peleas, pero al que se le acercaba yo era capaz de morderle, ya que era nuestro último día juntos quería aprovechar y decirle que la quiero, pero no sabía si iba a ser capaz de tal proeza porque yo era muy tímido para esas cosas. Estuve pensando cómo lo iba a hacer. También pensé que podía perder algo que había entre nosotros dos muy especial. Yo no sabía si ella quería solo amistad o quería algo más porque ella también me daba muchas señales. Me hacía entender que me quería pero yo no estaba seguro porque podía estar con cualquiera ¿Por qué querría estar conmigo? Pero bueno lo había decidido. Ese era el momento, además no iba a haber otro lugar mejor que las Islas Columbretes. Era algo tan romántico. Hablé con Aitor para contárselo: él dijo que creía que hacía lo correcto, sino iba a perder mi última oportunidad y yo le hice caso. Cuando nos secamos, yo saqué a Paula de allí con una excusa. Le dije que había encontrado un nido de pajaritos preciosos. Fue lo,único que se me ocurrió. En ese momento, me la lleve casi a la otra punta de la isla porque mientras andábamos pensaba lo que le iba a decir. Paré en seco, le agarré el brazo y le miré a los ojos. Le dije: -Paula me cuesta mucho decirte esto pero...te quiero, te amo desde el instante en que te conocí, pero nunca me he atrevido a decírtelo y ya que es el último día, no me lo perdonaría si no te lo dijera. ¡TE QUIEROOOO!

Grité con todas mis fuerzas. Entonces me quedé muy aliviado, pero era el momento en que ella me contestara .


Ella dijo que también me quería y que nunca me lo había dicho porque tenía miedo a romper nuestra amistad, le pasaba lo mismo que a mí... Cuánto tiempo habíamos perdido. En ese momento la besé y nos abrazamos. Yo no la quería soltar nunca, el mejor momento de mi vida hasta que recordé que era nuestro último día juntos. Empezamos a hablar de eso y me dijo que ella quería intentarlo, yo también. Volvimos con el grupo, pero yo estaba más feliz que nunca. Aitor se dio cuenta y me dio una palmadita en la espalda y me dio ánimos. Me preguntó que si todo había ido bien y yo le dije que sí. Quedaban dos horas para irnos y las íbamos a aprovechar. Sacamos un radiocassete que teníamos con pilas y nos pusimos a bailar ahí en medio de la isla. Era un poco extraño, pero era un momento perfecto: estábamos Paula, mis amigos y yo música de fondo y un paisaje perfecto no podía pedir nada más. Llegó el gran momento. Teníamos que marchar. Todo el mundo se despidió, yo volví a pedir perdón porque en verdad nos teníamos que ir ya gracias a la bromita que hice pero me dijeron que no pasaba nada que si no hubiera sido por eso nunca habríamos ido a les Columbretes y ni las hubiéramos visto y que gracias a eso habían aprendido a pasárselo bien sin tener que irse a ninguna discoteca como querían hacer. Yo dije que al final me tenían que dar las gracias y todo, pero me pegaron una pequeña colleja por gracioso. ¡Qué se le iba a hacer! El viaje de vuelta fue muy corto y todos lloramos en el barco porque no nos íbamos a ver más, pero seguiríamos en contacto, ese fue nuestro lema y lo cumplimos al cien por cien. Siempre que pensaba en las Islas Columbretes me acordaba de todos mis amigos. Aquellos fueron buenos tiempos. ¿Qué pensáis: qué cumplimos nuestra promesa o no?¿Qué Paula y yo decidimos seguir con una relación a distancia a pesar de que eso nunca funciona? Ahora Pablo vive en Valencia y es abogado. Sara es veterinaria y vive en Sevilla. Y Aitor, yo y Paula vivimos en Castellón: Aitor es dueño de un taller de coches, yo lo conseguí, soy


bombero y Paula es doctora, de las mejores. Todos los años cuando se acerca navidad quedamos en Castellón y hacemos una cena, pero no solo nuestra ,si no de toda la antigua clase . Paula y yo mañana nos iremos a las Islas Columbretes para celebrar que llevamos un año felizmente casados porque recordamos las Islas como las más bonitas del mundo. No sólo porque allí fue donde nos declaramos, sino porque es un lugar maravilloso que merece la pena visitar y disfrutar.


Relato