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El Grupo de Teatro Catalinas nació en una choriceada organizada por la mutual de padres de la escuela del barrio. A esta mutual pertenecían casi todos los primeros integrantes del grupo. La dictadura recortó todas las posibilidades de participación, organización y manifestación popular y la mutual continuó fuera de la escuela, manteniendo actividades comunitarias como forma de resistencia y fortalecimiento del sentido solidario hasta que, en la apertura democrática funcionó por primera vez el grupo de teatro, pero no representando una obra, sino animando una fiesta barrial. Este bautismo fue determinante para la formación de su estética. En general, más allá de presentarse, cuando hablan de ellos mismos, prefieren contar como son y porqué piensan que después de veinte años han logrado mantener su utopía y han crecido cumpliendo algunos de sus sueños comunitarios. Creen firmemente que esto ha sido posible por algunas premisas fundacionales. Siguen siendo un grupo de vecinos y aunque muchos de ellos no viven ya en el barrio, son un grupo de La Boca del Riachuelo. Porque trabajan ahí y se reconocen seguidores de las tradicionales manifestaciones artísticas de ese lugar que ha sido cuna del arte popular: Titiriteros, músicos, actores, artistas plásticos que vinieron del viejo continente o de nuestra América Latina y que recrearon como un crisol su arte con el barrio. La opereta, la zarzuela (traída por tanos y gallegos), el sainete (esa mixtura de criollos inmigrantes en el patio del conventillo), el circo (donde nació nuestro teatro nacional), la murga (de larga tradición en La Boca), el candombe (ceremonia fundamental para el desarrollo de la música y el baile popular) y también el arte de los titiriteros, todas manifestaciones que nacieron en ese barrio, se retoman, se mezclan y ambientan las producciones del grupo y a través de ellas les rinden tributo. En este segundo milenio que comienza globalizado y deshumanizado, en estos tiempos tan duros para la Argentina, donde este plan de destrucción iniciado con el proceso militar y continuado por sucesivos gobiernos viene dando sus resultados cada vez más nefastos para los que poblamos este suelo, ellos están seguros de poder resistir, resistir juntos, creando, uniéndonos en la memoria, compartiendo. A través del teatro intentan recordar el valor de nuestras historias individuales y colectivas y recuperar la memoria que creyó y que cree en un mundo mejor. El desafío es seguir creyendo que las utopías son posibles y trabajando día a día para lograrlo, apoyándonos en las ricas tradiciones y en la historia vital de lo popular.


Cuando al final del espectáculo estalla el aplauso, ellos aplauden con el público: piensan y sienten que su historia ganó, y que el teatro es una forma de comunicarse y también de resistir. Y como dice su canción: Porque hoy nos quieren convencer de la derrota, porque hoy nos quieren inculcar la soledad, nuestra utopía está presente sumando gente de aquí y de allá. Mientras la vida nos dé latidos habrá un motivo que celebrar y Catalinas aquí estará Entienden al teatro que hacen como un teatro de la comunidad, para la comunidad, ya que son vecinos que trabajan para sus vecinos de todos los barrios. Usan un lenguaje directo y comprensible para todos, sin caer en rebuscamientos propios de quienes se sienten elegidos por musas «culturosas» que los hacen diferentes del resto de sus vecinos, sin caer en recetas chabacanas y desideologizantes que nos quieren vender como «lo popular». El teatro popular es, para ellos, el teatro griego, isabelino, el del Siglo de Oro Español, la Comedia del Arte italiana, pero también las corrientes artísticas que nombrábamos antes, y que intentaban comunicarse con sus vecinos, sin exhibicionismos narcisistas, ni de cuerpo, ni de falsa inteligencia. Los fundadores del grupo pertenecen a una generación que creyó en un mundo más justo y solidario, y pese a que en estos veinte años se ha puesto de moda creer que la historia terminó, que se acabaron las ideologías y que el hombre sólo debe cuidarse a sí mismo, este grupo ha mantenido la idea de que la sociedad sí cambia, y puede cambiar con el trabajo conjunto y comunitario. Con esa convicción muchos compañeros y compañeras jóvenes se han unido al grupo (entre ellos sus propios hijos), y actualmente mantienen en alto todas estas banderas. Barriendo con las falsas dicotomías generacionales, Catalinas crece y camina nutriéndose y alimentando un pedazo del arte popular.

“El Fulgor Argentino”, se estrenó en noviembre de 1998 en El Galpón de Catalinas y ha tenido un impresionante éxito. Durante todos estos años se presentó a sala llena en todas las funciones.


Se trata de un Club Social y Deportivo que abre sus puertas para los bailes de 1930. El golpe militar, que derroca a Yrigoyen, interrumpe los festejos. De ahí en más en el salón de baile se reflejan los avatares de nuestra historia. Los asistentes se mueven al compás de los distintos ritmos bailables que "según pasan los años" va interpretando la orquesta. Los ritmos cambian, la moda cambia. El baile se interrumpe y se vuelve a iniciar según la historia lo permita. Los enfrentamientos y golpes militares truncan la fiesta que permanentemente lucha por reiniciarse. La historia sigue su curso y llega hasta el 2030. Cien actores, orquesta, grandes muñecos, tanques y cañones, dan vida a este espectáculo. Es una visión de esos 100 años de "Fulgor Argentino", un intento de memoria que no implica un análisis científico ni académico sobre los hechos, sino el rescate de algunos hitos que han quedado en la memoria colectiva y que como grupo de teatro popular han querido recrear. La obra comienza con un presentador que ubica al público en el año 1930 cuando el club de baile “Fulgor Argentino” abre sus puertas. A continuación ingresan a escena las autoridades: “las fuerzas vivas del barrio de la boca” y entonan juntos la canción “Palco Oficial”. Uno a uno se van presentando los distintos personajes, primero el presidente del club; luego el director de la escuela junto a su esposa, encargada de la cooperadora; a continuación un comerciante que heredó el negocio de su papá; el dueño del banco; el cura; el jefe de bomberos y el profesor de música. Inmediatamente se incorpora, desde el valcón de enfrente, la Comisión de damas, un grupo de señoras luciendo vestidos refinados, collares de perlas, guantes y pomposos sombreros que juntas cantan:

“La comisión de damas, no podía estar ausente, mal que le pese a algunos de los que están hoy presentes. Somos la flor y nata de esta gran entidad Nuestra misión es preservar la moral organizar los bailes de carnaval lograr que el club tenga un ambiente familiar Digan que si, o digan que no,


siempre tenemos la razón. Sin discusión, la prohibición, es el estandarte de esta comisión (…)”


Fulgor Argentino