Issuu on Google+

1

Vereda Americana Mariano Lopata


2

Textos Iniciales.

En estas redes donde confluyen las miradas obtusas con nuestros ojos ciegos de tanto exceso de mundo, ya se torna insoportable la profusión de lo mismo. Como en un laberinto de espejos, engañados por el doble que nos devuelve la luz, No sabemos cuál es más real, si la imagen o el reflejo... El irresoluble enigma de la realidad, y nosotros mismos como afirmación del misterio. Los crímenes de la estupidez, ofrendando cada dulce instante al propósito vano de un dios muerto, al estéril producto de la modernidad que ensalza la virtud ausente, la mentira paraíso, espantando la quimera de un destino al que se niega. ¡Oh! Pobres de nosotros, y nuestras clandestinas confesiones, acaso ya estemos sordos y mudos. Pero bohemios y tenebrosos, locos de horror volcamos del ánfora el veneno, el que nos prohiben los comedidos y recomiendan los demonios. Expiaremos las culpas del mármol entre sollozos y gritos, convocaremos a las lánguidas formas de sus cuerpos extenuados de tanta cosa cierta, desesperados de tanto deber, entregados al tedio fatal del desamor, y entre convulsiones y espanto, tenderemos nuestro terciopelo y forzaremos el encuentro.


3 Desesperado Me deshago entre el delirio y la intriga, los hombres y el propio aparecer... Una mueca palpitante en el corazón del deseo. Un silencio aúlla,... Lobo de las mil noches de hielo, desgarra mi piel hecha de tu imagen quiebra el halo sutil que nos envuelve Desesperamos, todo es desesperación. Pero aprendí a callar el grito blanco del silencio, mientras se van deshaciendo como pétalos mustios mis días en el sol que hiere esta tarde otra vez. Esta factoría humana; prostíbulo donde se vende el alma al precio desierto de monedas infames, acariciando el terciopelo podrido del corazón; la sal que siembran sobre la esperma estéril . Me sumerjo hasta el delirio, Como hipocampo navegando por las ruinas del amor. El conjuro: un sueño de idolatría en la superficie del espejo, La lengua del verdugo, ¿Cuál es el enigma?.. No quiero que respondas, acaso mueran las preguntas.

Desesperación de tierra, barro, lodo, arcilla que se redime que se hace hombre; que se hace palabra,


4 que se hace sonido; voz. Alquimia de la tierra, flama de tus grietas que templan el semblante agudo de la forma,

Soy la legión que despierta de tu delirio, ¡Oh la legión que despierta de tu desesperación! Lumbre de yeso, florero de sierpes, medusa en tus pesadillas. borrasca de incertidumbre, hidra que no mueres, que me desafías a seguir viviendo, risa y fiebre, y de nuevo... Desesperación. Anhelo, hora tras hora, tras los días, tras los minutos de esta aguja ridícula, de esta pantomima. Salto, camino de cuerda en el abismo y salto, Busco el puerto, la nave, el embarcadero; Sueño que despierto; en mi mesa; sentado, reconozco esta mano que pulsa desesperada la pluma ... De nuevo soy esta tierra, este mar, estas dudas, este instante desierto, de nuevo soy esta desesperación...


5 Olvido Quisiera olvidarlo todo para que no duela la carne, (no puedo) la memoria me condena a la herrumbre de vasos y arterias, de sangre, de manos, cabeza, de músculos y tendones, de hueso, de líquido y vísceras, de nariz, uñas, y oreja Me condena en la muerte y en la oscuridad que ahora ve, Si no quedan más que esperanzas para esta soledad, el amor será la panacea.


6

Olvidarás Ya olvidarás todo. Estamos signados por el olvido, ya quedarán mis palabras vacías, y tú también, y yo, y mi cuerpo, y seré tierra, la tierra que soy, la que siempre fui, y volveré a soñar mi sueño de hierba y lombrices, mi sueño de arcilla y de barro, volveré a los pantanos, seré en tus árboles, en las raíces que se hunden alas de tus aves, seré pluma, seré piedra roca, roca dura, seré comida de alimañas y bestias, seré la leche dorada de tu amanecer, seré miel en tus labios, seré canción, seré viento, seré risa, seré sueño seré al fin. en tu imagen. Pronunciará en mí la palabra que busca a Dios.


7

Explosión Inundarse de los rayos que te entregan esta explosión de ruido, semejante al estrépito que provoca el motor . Plaga del miedo tímido, plaga del miedo cobarde, no la del miedo negro del cuerpo, plaga del miedo al Sol, plaga del gasoil, de tus tuercas y tornillos, plaga de tu urbe sedienta, de trajes sin cabeza, de transmisores y antenas, plaga de palabra maldita, que arroja el conjuro como una bendición. Mentiras. Mentiras vestidas del silencio, y de verdad ingenua y cruel. Parodia siniestra, hienas de colmillo dulce, de dentellada eclipse que arranca el corazón. El pórtico de sus fauces se abre para tragar la amargura de la carne: La de tu cuerpo, la de sus prodigios, la de todas tus invenciones y artefactos; la carne ruin del metal que se oxida, tus letras de hierro, tus días de acero, tus calles de plomo tu viento fratricida, y el veneno del aire encendido, el gris perturbador del humo y tu fragua del paraíso.


8

Versión

¿Soy yo y este momento toda la historia? ¿Soy yo mismo este instante, estas sombras, estos recuerdos; este papel, la noche y mi mujer amada? ¿Soy yo? Dudo. ¿Qué cosa es más cierta que otra? ¿Qué verdad revelar? ¿Quién pudiera revelar verdad alguna? ¿Qué dicen las palabras? En el vértigo del tránsito no podemos reconocernos, la íntima voz de cada escritor oculta su innegable rostro. Lector: De ahora en adelante no serás mas que el leve suspiro que se desliza por la superficie de una noche imperecedera.


9

Labriego Poeta Ya no me regodeo en la voluptuosidad de los nombres. Labriego de los renglones y papeles en blanco. Labriego de las brechas de tierras asoladas por las plagas del progreso. Langostas de vida eléctrica. Devoran cada espacio, el aire libre de tiempo, extinguen el linaje de los que maduramos al sol del sueño. Jauría hambrienta, raza de hombres pato más numerosos que las pulgas. Raza de medios apropiados de todo lo adueñable. De la virtud, como una pertenencia que el néctar de la perseverancia no les ha sabido entregar. Que la hiel que destilan sus hígados blasfemos baña los corazones sedientos de éstos hombres, huérfanos de todo Dios, vacíos de misterio, Razonadores de todo lo explicable, concretos, sustanciales, fríamente vivos; ¡Oh, Raza más numerosa que las pulgas, la de éstos hombres.!


10

Saludo Mar de ópalo que mueres en el atardecer de oriente, Sol que templas un alma derramando alabanzas sobre la antigua mezquita. Deambulaba perdido como las hojas de otoño, Y ahora siento cada imagen renacida; con los ojos vueltos hacia dentro veo; se suceden las palmas extensas de sus noches de arena de amianto y el mar; Se suceden las aguas claras, los aromas, los días; se suceden frente al gris de esta ciudad monstruosa, frente al pavoroso andar de baratijas, al salitre que carcome cada voluntad. ¿Y la muerte vertical? La de los árboles pensaba; La de la horca un demonio susurró a mi oído ¿Y la muerte horizontal?, La de tierra, la del barro que ya somos.


11

Ella De nuevo entre abismos, azul me transporta. Ella me rescata, y en ello confío. Y el amor; y lo que deba ser.

Ante el estrépito de esta lluvia de símbolos, me hallo irresuelto, y en el éxtasis adorable de la tinta manchando el papel. Del sueño de ébano, de sus ojos de jade de mi corazón púrpura sediento de lo invisible.

En un mar de tinieblas, abismo de fe y de la esperanza, quemo mis navíos hundo mis embarcaciones, para no regresar. Aguardo la copa fatal, y en tu mirada gris, de cielo y tormenta, se iluminan los relámpagos profundos y el leve existir, en cada momento.


12

Vastedad Siento en la vastedad de nuestra adorable naturaleza que las sombras se quiebran y danzaremos juntos, (tal vez) el sueño de no volver.

¡Eha! ¡Ohh! Si en esta certeza que fluye del instante: ¡Relámpago de carne!, Este rayo que se deshace en la tierra, arcilla moldeada de hombre, me desharé.

Besando Besando su carne, el alma derritiéndose y corriendo por el pecho como un río. Hacia el levante de la belleza que se marchita y como el viento amar lo invisible, pensé... Mientras la tempestad sacude las legiones de los milenios, mientras sus moradores visten mortajas como insectos de días que hormiguean.


13

Saludo I Siempre que con la tinta besé tu nombre, viejo Océano deshicieron contra mi pecho las ondas de tus mares y las crestas, la espuma blanca de mi alma rompiéndose sobre el papel, desatando la pasión. Y si ya el poeta te ha saludado, viejo Océano, y tantas veces ante ti hemos renacido como el Sol que se renueva en tus aguas, y despierta limpio, así despertamos al reconocernos en tu vastedad. Y si ya atisbó aquél tus profundidades que desafían a las del alma nuestra. Yo que me desgarro en la incertidumbre; mientras pinto las letras que arrancan los jirones de mi carne; me reconozco solar, con este mar adentro, con este interior de piedras y sonido, con palabra del viento, con la sal en la boca y los días que esperan, pertenezco al olvido, ya me conozco otro más de aquellos de quienes solo queda un nombre, y luego un tal vez...


14

II Amo lo invisible, la tempestad que acude innombrada al destello que me imagina en todos los momentos. La belleza que se marchita, no es la tuya, viejo océano, la tuya es la de lo extenso, la de lo inasible la tuya es la del reflejo en que me veo, y me sumerjo, cerrando ya mis sentidos, solo tus caricias y el misterio palpitante en mi pecho que espera el atardecer en los ojos. Voy sembrando perlas, rubíes y diamantes en el jardín de tu corazón recordando qué el éxtasis es un rayo fulminante, un trueno, una estampida, y ese miedo espantoso del desierto árido de la vida.


15

Líquido del aire Yacemos inertes sumergidos en el profundo líquido del aire y el mundo. Y como afirmación de todo el misterio, ella, oscura y dulce amante de la eternidad. Nos entrega inexpresados y sin memoria, a lo más incierto, de su rincón voraz: La vida.

¿Y cómo hemos de asistir? Si cada cosa desierta que habitamos se diluye como el néctar de los días, se deshace implacable hacia la negra tierra.

¿Y si grito? ¿Y el grito de tinta? No me salvará eso tampoco, ni los artificios de tus máquinas, ni tus morales pretendidas; ni la sangre en los ríos del alma que se deshace sobre el papel vertida en súplica cobarde, no me salvará. ¡Oh yo! El más hipócrita de todos que aún resiste a la vida.


16

Reflexión En este breve “mientras-tanto”, somos la dualidad anhelante, solares y lunares, en nuestros días de júbilo nos regocijamos con la vida, mientras en nuestras noches oscuras soñamos con el alba. La poesía no es para comprender, no guarda significados secretos, ella pulsa las cuerdas del alma.

Pálpito Siento el aullido taciturno, espantado de la voluptuosa red de tus ruidos, la centella se pierde y multiplica el ansia Nuestras multitudes agolpadas alrededor de la ausencia que somos. Sin nombre, somos sin nombre, sin memoria ni tiempo. Asistimos a la presencia: éste relámpago, este milagro del silencio.


17 Presencia Si de cada presencia que se derrame sobre mis ojos con el líquido de sus colores, me desharé; y de aquella a quién hoy canto, la que en su tibio cuerpo encierra junto al mío el secreto de los amantes. ¿Qué será de sus cabellos? ¿Quién ya verá en sus ojos verdes los valles que se hacen vida? ¿Quién presentirá en la carne muda el viejo latido de la pasión? ¿Quién sabrá quienes fuimos? ¿Quién sospechará algún día este que soy, mí amada Eugenia? ¿Quién sabrá de esta lágrima tan breve que hoy derramo?.


18

Carne ¡Libera la carne! Revélate sobre el cuerpo, tu bastión, y devuélvenos la magia libéranos del implacable tedio: el sentido del tiempo.

Y si en tu nombre ¡Oh Palabra! fuera absuelto volvería desnudo de la piel desangrándome en mares todo el verbo todo lo dicho todo lo que nombra y me hace esto. La vida es miel que se derrama fugaz, hacia el infinito abismo de lo Eterno.


19

Miles como Yo Intento devolverte mis ojos... como un extraño visitante he llegado al día de hoy: Emerjo desde profundidades indómitas: el lenguaje; soy sólo esto, hablo mudo el eco sordo, el estampido de la letra que golpea. Miles como yo, hechos del hambre de lo eterno, la sed infinita del vacío donde nacen todas las palabras, y mueren. Ahora, con el unísono del final, también muero, y solo resueno, agudo con tu silencio.


20

Herida Me hielo de días profanos desatados en la herida que habla y desangra; mi corazón como un tambor velado, va acompasando marchas fúnebres. Quietud de pabilos apagados en los ojos fríos que todo lo ven, y lo condenan. Y juzgan al Mundo con certeza, de pareceres tímidos, asesinos del misterio. De aquí en más, ¡oh materia viviente! no serás sino como el mármol cercado por un vago espanto, implorando a la ceñida mano que sostiene los hilos de la vida: el final. Porque la tumba siempre comprenderá al poeta.

Preludio Todo huye de mí; esta lágrima que es preludio, todo lo pierdo, al que abandono detrás. Un sueño que al despertar se esfuma como la niebla


21

Atroz Dinero Atroz dinero que Caes entre los graznidos del mercado; que compras las mortajas de otros cadáveres que aúllan. Negro dinero del patíbulo, de días prisión. ¿Cuántos restan para el espanto? Entre las llamas que liberen a las mariposas de los cráneos hundidos en el húmedo suelo. El jaspe de tu color rompe como blasfemia el relámpago santo. Tu que vistes las profanas telas en las ceremonias del desastre, entre ruinas de todo aquello que has comprado Que quiebras el bambú de los delicados cuerpos que suplican; hijos de la tierra y la quemadura Que cargas sobre las espaldas de los ciegos el plumaje de hierro que los asfixia Frenéticos que ríen decapitados, arlequines siniestros. Burla macabra Tu poder es el de la muerte que temen los incrédulos. Atroz dinero, Tu poder es sólo esto: Habernos hecho creer, (igual que el diablo) Que en verdad, no eras todo aquello.


22

Las Migraciones del Alma Alma desencarnada; ¡Oh alma! alma que huyes como el viento, y escapas leve al tedio de la carne; ¡Oh alma mía! Entre el mosaico de hielo, sus hombres blancos que corren, y el desfile presuroso de todos los cuerpos, quedaste olvidada; allí a la espera. Alma mía... Entre los que duermen, y los que mueren, ¿Hacia donde vas? ¿Cuál es tu reino? Tus camas de hospicio sangrante; que se revuelven en guerras de sábanas mojadas, el néctar más puro del dolor, la pasión que baña con sus gotas frías cada pliegue; cada surco de la existencia. Entre el día y la noche hay tantos atardeceres; que aguardan el sol

Carne que sufres, que te retuerces en espasmos bestiales, que te contraes; que gimes, que sudas, carne que lloras, tú, que finalmente intentarás reír.

Tubos, vidrios, luces que titilan y destellan. Agujas;


23 agujas de líquidos que atraviesan, conjunción de tierras y de estrellas. ¿Y los que te miran, cordero? ¿Los que te miran y asisten a tu sacrificio? Ya ve su espejo la propia carne doliente, cordero mío. Tú que aún no has sido. Escrito en un Hospital

Capitalismo Capital Cápita Cabeza Vertical: Sistema donde todo gobierna la cabeza, la mente, la razón y el pensamiento.


24

Horror de la Patria Quiero volver y no logro llegar a ninguna parte, quiero llegar, y lloro, lloro lluvia de mares, lloro flores arrancadas como pétalos, cada lágrima una flor.

¿ Qué es mi vacío ante el estupor que los espera?


25

Spirit in the machine I ¡ Máquinas, máquinas de toda clase, desaparezcan!. Hombres, hombres del progreso que traerá un mañana mejor: ¡extínganse!. ¡Finaliza Esperanza, y que ya no haya más espera!. ¡Finaliza Esperanza!, infinito anhelo del que aguarda. Tiempo: Y tú tiempo que todo lo mides y todo lo corrompes, Tiempo: muéstrate tal cual eres, ¡Maldito, muéstrate! ¡Cobarde ya no mientas!.

II Y úngeme en tu lodo. ¡Oh Tierra!. ¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Qué cosa puedo yo afirmar que más convenga? ¿De qué ideales febriles puedo asir mis ímpetus heroicos ahora? ¿A qué ídolo hay que vivar? Silencio. Silencio, y barro de nuevo, y silencio, solo quiero eso: silencio sin respuesta.


26 Hielo

Me hielo del frío de tus deseos, y me convierto en quién no soy, aparezco tal cual eres. Soy, el que eres tú, y tú mismo no lo entiendes. Si. Soy yo, ¿Quién soy?. ¿Quién?. ¿Acaso no lo sabré?, ¿Acaso no se resolverá esta intriga hasta el final.?


27

Capítulo II

Arte Pienso en los artistas, en todos aquellos que han revelado a través de su obra: El legado es un estigma del que no logramos liberarnos quienes intentamos el arte. Sabemos que la muerte es implacable, la presentimos, y buscamos tender un lazo inextinguible desde el abismo que se abrirá. Ella se nos aparece como a todos los hombres, pero extrañamente estrecha sus Vínculos en diálogo con nosotros. Asistimos mudos a su presencia, y oímos sus palabras lejanas, en alguna lengua que casi hemos olvidado y apenas balbuceamos, desconocida y misteriosa: “el oficio del poeta es el de sostener la pluma mientras todo habla.”


28

Algunas Vueltas Dedicado a la incierta Anciana, hoy hecha del recuerdo y algunas palabras, que he visto llorando en aquél descarnado Hospital “Dichosa Inocencia”

I Ve a dar algunas vueltas, ¡perra! antes de entrar en el cuarto en el que deberás morir, aún no es tu tiempo, ¡perra! y deberás esperar hasta para el final. Ve a dar algunas vueltas ¡perra! Si el miedo aún no te alcanza, ve a dar algunas vueltas; antes de entrar en el cuarto en el que deberás morir.

II En tus lágrimas vi el dolor que me inundaba; Hembra, hembra vieja ya; ya le has dado semillas de tu vientre a la tierra; ¡Más tierra erguida! Ya te has agotado en el reclamo de la carne: Parir. Perpetuo parto del dolor, ¡Ahora!; ¡Ahora vieja mía! Ahora que el dolor irrumpe no puedo más que callar esta lágrima y apagar el grito sordo.


29 Y jugar, disfrazarme de mentiras y adecuarme; pero no puedo; no puedo. No puedo callar, y escribo. No puedo olvidar ni un instante el estupor que nos espera.

III Sus momias que visten mortajas redentoras, mientras las lenguas blasfeman al compás de pasos en clave; y aguardamos que alguien mienta con la impostura del mármol, con la persistencia del engaño. Tus grillos y cepos, tus cadenas libertarias que relucen la condena. Y luego de la lágrima precisa, festejo con alacranes la demencia de tu farsa.


30

Loa a la alegría ¡Ay!...Te he perseguido por tantos lugares. Vamos a escribir algo solar, que nos de ánimo de bien y produzca alegría. Escribamos letras alegres. Hablemos de la dicha, del amor, del vino, de los amigos y del sol. Invoquemos a las noches, pero no las de tristeza y espanto, invoquemos a las noches de júbilo y fiesta, las noches de embriaguez y regocijo, esas que laten en el recuerdo de la belleza. Hablemos del amor, pero no del abandono, no de la muerte del amante, ni del estupor del desencuentro, hablemos de sábanas calientes, de piernas y manos que se estremecen, del fuego entre los vientres y los corazones. Hablemos de las delicias y del relámpago. Entonces, alegrémonos y recordemos lo que fue, pero no con el anhelo de lo que ya no es, no con el tedio del que aguarda sabiendo que todo es más de lo mismo, no; no con la impaciencia de la juventud ni con la quieta calma de la resignación adulta, recordémoslo como lo mejor de un eterno devenir de mejores días, de días punzantes de la miel del tiempo, que ya no vendrán. Desbordemos nuestras páginas de risas y cantos, hablemos de la felicidad; ¡Seamos felices!, Y no nos atrevamos siquiera a mencionar la tristeza, ni ose la pluma pintar el rasgo que dibuje el rostro del dolor. No hablemos del olvido, olvidemos la muerte, olvidemos que todo es perecedero, ni recordarlo, juguemos como hacen los niños y olvidemos todo lo demás.


31 Crepúsculo Da carne antiguas campanas: crepúsculo. Como ellas silencioso nacer, silencioso morir. Memorias que se hunden, con una lámpara de tinta eterna belleza que ilumina ese rayo. Azul suicida, de bestias, de aguas que se rompen en cenizas no saciadas, de rojo vino ostenta la locura sus labios ruego duro, de piedra y papel.

Mirlos Se sumergía como en un éxtasis, en la noche anhelante de su oscura luz, y repetía palabras ajenas, donde nace el abismo de la estrella que suplica, del ser nocturno pero infame del miedo y el horror. Los espectros recorrían océanos explosivos, más allá de las fauces del día, la luna melancólica de los alientos del perro, la lepra y la angustia de este mundo. Llegaba la peste; el buitre de los hospicios desde el reino aterrador. Y contemplamos el sarcasmo del ángel de la muerte que ríe de toda pretensión, la tiranía de los hombres y sus cuerpos sepultos de terciopelo fugaz y húmeda sustancia. Alentando el verbo de aniquilación la sangre como agua que riega la negra tierra del chacal. Y yo, tirano de mi mismo, destructor de mis días e ilusiones me despido con el vuelo de los mirlos en la penumbra eterna y el brillo de mis ojos ilumina como farol agónico el ansia del final.


32 Encontrarte ¡Ah!. Te he perseguido por tantos lugares. He viajado tanto para encontrarte. Te busqué entre aquellas figuras, los atlantes que miraban sórdidos la eternidad, perdidos en alguna ciudad que han llamado Tula. Te busqué y seguí tu camino sagrado, tus cuatro días de piedra y lluvia hasta el temblor de hielo, hasta tu ciudadela de roca, te seguí desde los días del Inca hasta el ombligo donde profanan tu nombre de aventuras necias. Luego perseguí tu sombra en Oriente; desde el Ganges sagrado y tus pueblos antiguos, tus desiertos extensos, camellos y hombres, te seguí por el norte entre tus colores de hielo, el Himalaya, el Stupa del Buda donde te iluminaste, viejo Katmandú, y seguí hasta tus templos de risco en luna menguante, tu volcán abierto de lava, que sangra lenguas de fuego, Isla de Bali, y luego seguí hasta tus ciudades de monstruosa arquitectura, China y su metrópolis aberrante de comercio.

Volví a Europa, donde Zeus te persiguiera, todos los ríos, Támesis, Sena, Pó, Danubio, Tajo, Rhin, todas tus aguas, todos tus muros, tus torres, tus catedrales, tus puentes, tus palacios, tus mezquitas, tus museos, tus mares y costas, volví, volví a la perdida isla del Adriático, la de Dionisio, la de mi sangre y desde allí me precipité hacia la Hélade, tus Oráculos, hermosa Delfos, Apolo, Atenas guerrera, Egeo azul de ojos profundos, amo tu sol, tus días intensos, tus templos, todas tus ruinas, te busqué en Andalucía donde abandonara el silencio su amada Alhambra, y he vuelto, he vuelto desde el sur más lejano de tu África, donde separan los océanos y canta el viento, he vuelto, recorrí mis tierras, rojas, mis tierras verdes, mis tierras azules, todas, todas ellas, para descubrirte, para encontrarte hoy en el misterio que llevé siempre dentro, mi corazón que encuentra el tuyo, tu nombre.

Amada, amada eterna, Eugenia: siempre te busqué (y era mi corazón el que buscaba) Ahora buscamos juntos la eternidad del Amor.


33

Vergel seco A esto nos han llevado. La mecánica atroz de una elegancia perversa, y la santa arquitectura de toda nuestra desesperación. Un vergel de relámpagos que estallan, de rayos asesinos; que fulminan los espíritus y los pueblos. Las normas del crimen Sus espectros demenciales, las cacerías lógicas de su justicia danzante de un confort siniestro. Las súplicas, en la embriaguez de lo efímero y tu ciencia de esclavos, donde arden los buitres. ¡Diamantes por tu veneno!, ¡Horror de tu paraíso! ¡Horror de tu Patria Cruel! Hacia el amparo de tus Ingenios: ¡Oh! Desde hace tanto yo te recuerdo, te recuerdo ya desde los siglos los que vendrán y los que han pasado.

estas palabras; todo este dolor; todas estas amargas delicias.


34 Fiebre La fiebre del lujo vil de los idiotas cuando la locura de los mendigos desfallece de terciopelos y prodigios. ¿Pero? Es que han invadido con sus súplicas nuestros silencios ¡Callad, monstruos! ¡Callad! Me han confiado ahora un gran tesoro, y debo descubrirlo hasta para mi mismo. Apenas sospecho del día pasado su realidad, y ya, no sé más que pronunciar el verbo que entrega el nombre de las cosas a la verdad. Hablo como plegarias, en súplica y pido; pido más palabras al viento. Me contento con esta desapercibida presencia, con esta indigencia de artificios. Sé que el destino es implacable, lo sé. Y sé que el vivir contiene una incógnita. Hay en la esencia de los días el vértigo de la duda. Todos, todos los sistemas del pensamiento, la palabra y la vida hunden sus raíces en el misterio; donde parten plenos y desnudos, donde naufragan entre alucinaciones. Todas nuestras firmes creaciones son ellas mismas la imagen del horror; el que nos produce sabernos abandonados. Le pido al Padre un Nombre, le llamo y digo Dios, le llamo y le grito; no cantamos; solo gritamos mudos en este breve Mientras-tanto Te hablo a ti ahora, apagado como el latido de la roca, a ti te hablo de nuevo con la voz del tiempo, como a carne nueva.


35

Desborda el instante de todo, donde y cuándo fuere; La clave: Ver algo con claridad meridiana, Y que todo tenga un nombre nuevo.

Revelación Linterna, de nuestro fuego ojos de la visión, laberinto: días de cristal, espejismo de fatigas, ¿Cuántos de tus prodigios son ciertos? ¿Y si en algún momento creí ser dueño de alguna revelación? ¿De qué valió? ¿Y los que no acuden a la pluma?, ¿Cómo ahogar todo este desconcierto? ¿Cómo sobreviviré a toda esta locura? ¿Creyendo en un mañana? ¿Confiando en un tal vez? ¿Asegurando un mientras tanto? ¿Sin pensar? ¿Olvidándolo todo? ¿Cómo apagar el ansia? ¿Cómo asfixiar todo lo que grita alrededor? ¿Cómo negarme al estupor?.


36

Alma en Fuga “Freedom is just an other word to say that’s nothing less to loose”. Janis Joplin I El muchacho que vuela desde el campanario, en el tercer toque del bronce que tañe al compás del latido, ahora tu badajo de cristal se quiebra contra la dura piedra de la Plaza del León. Elegiste tú mismo romper el velo; ¿Por ver todo el resto?, ¿No quisiste seguir aguardando? No demorar la espera, no demorarse.

II Y te matarás cada vez que nazcas, una y otra vez; y otra más, hasta matarte recién nacido, recordarás la condena eterna: nacer. ¿Habrás robado el fuego sagrado? ¿El de los dioses, pues tal fue tu destino? Te matarás recién nacido; ese es tu destino. Implacable. Te matarás recién nacido, y tu cuna será tu patíbulo.


37

Espantos Las ideas se mecen somnolientas y aterran; mรกs que mil espantos, no las alejo,... Fatalidad de dicha. (Todos los seres tienen una). La acciรณn no es vida. Mal destino, ese que te ha llevado, Veneno, a ser en la copa de la que bebo.

Alma: desesperando de pรกlida risa, busco, y llameante me incendio, hasta hacerme brasa del hielo. Y busco, y espero.


38

Ojos de Invierno Tus ojos de invierno arden en la médula viva de animal precioso; purísimo de salvaje libertad. Amo lo tenaz; y el fuego dormido de tu corazón, tu sustancia imperfecta: ceremonia de cenizas. Amo lo extraviado y el azar que me entrega un nombre, que lo redime del olvido Amo tu cuerpo como nube errante por mi casa; Hija de los abismos, Guerrera terrible; virgen de alma deshilachada, tus pantanos de miel, como resto de presagios... Tú eres fuente del amor donde la muerte muere, donde sus agudas formas no pasarán, concierto de la memoria donde nos despertaremos sin tiempo fuera del sueño desgarrador. En abismo de tierra la luz se hace mueca, inútil con la lluvia penetra mi sangre, raíces de sol negro abren sus fauces. Ardientes papeles; ruegos de piedra todas las fuentes: relámpago de carne y tedio noches de corazón, noches de labios. En pedazos, sus perfumes invitan.


39

Muerta Desde hace tiempo muerta; la muerta, la antigua idea que fenece con los soles y los días que despuntan se contempla tal cual es en la inmensa claridad, de suerte que su pálida sombra refleja la quimera en que agonizó su sueño; Se reconoce cuando ve el agua en que lavan las memorias, los baladíes sueños de los hombres por el inmemorial gesto vacante con que se invita; para finalmente terminar con este espanto polar, con su antagonismo. Y entregarse con la pavorosa certeza de una claridad quimérica, y el libro nuevamente cerrado al desconcierto, al caos de la sombra abortada; que juega su destino y perdido el sentido en que nombra su existir y la palabra: se hace absoluta la medianoche.


40

Reloj

Fulge en el ápice de todo instante el relámpago, el torbellino: Arrancados como sombras inútiles; Condenados a nadar entre cenizas amargas, y el inmóvil fragmento de lo terrible. Una tormenta de memorias y sueño, desgarra los harapos, que aún permanecen entre certezas y creencias. Y el reloj, ausente reverbera el zarpazo impío de sus agujas. ¡Final! ¡Grito ya demente!. ¡Final¡ ¡Final de todo!.- Ruego. Y el insensible Tic-Tac de su cálculo maldito responde: ¡Jamás, jamás!.


41

Furia Son paletas con destellos, sus palabras entre mis labios, pinto con sus gritos. ¡Oh mis hermanos!. Viejos amigos a quienes hoy canto: Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, ¡Gracias por sus furias!.

Placeres exóticos. Dolores conocidos. Desgarrándose en cada palabra, Rebelión. Revelación. Horror. El escritor ofrece un ejercicio continuo de su arte, es en él todo el tiempo y en él mismo se conjuga un oficio: el de sostener la pluma mientras todo habla. (mientras todo arde)

Poe. Veo tus nubes bañadas de los rayos que el horizonte mueve con el oro del sol. Un suspiro cristalino acaricia todas mis ramas, veo como todo pasa mientras aquél cuervo aciago me dice ausente: -¡Nunca más, nunca más!.


42

Vereda Americana Desde las calles que como serpientes enlazan texturas de piedra: cuevas sórdidas donde refugiarse del miedo y la noche, las celdas móviles que sufren quienes las persiguen; La hojalata que se cubre de caucho sobre el asfalto, y donde las bestias devoran la carne de los hombres y los sumergen en sus fauces, en tanto los cancelan en sus estómagos y digieren sus vestiduras, sus equipajes y portafolios en el estrépito del hormigón inmóvil, y los vidrios fríos que como ojos ausentes ven desde sus torres la plaza, el circo donde los mártires son entregados. Y de semejantes horrores se nutren estas veredas, y la mirada cómplice, y sus factorías y tiendas. En cubículos estériles del espejo helado, se templan los deseos infames: la fragua de todo lo vano, edifican espacios vacíos de la nada y proclaman al héroe del instante; al que deberemos vivar. Pero yo, impermeable, me deslizo en tu mar de lodo, como un ruego, me deslizo para no caer. Aéreo busco la gracia de tus soles para no hundirme, de todas tus estrellas para no perder el rumbo de mi corazón,


43 para reconocer entre la chatarra inútil que aún amo, que aún respiro. Que aún estoy vivo.

Penumbra Estoy algo cansado, levanto mi vista y observo la sombra pálida de mi figura escribiendo, ¿Es mi sombra o soy yo anochecido? En los espacios del papel se desliza audaz la pluma ausente de todo lo útil. Yo le canto a todo lo que no relumbra, le canto al oscuro hueco de nuestro encierro, le canto al acero, a todo el metal profano y al cemento. Mi canción de patíbulo temprano es un regalo brillante para corazones dormidos, como el viento dulce cuando acaricia la quemadura del tiempo extraviado, en el rostro que arde de los días colmena, en los ojos gastados, en los labios yermos, para todos como una bendición.


44

Observación Yo, iluso, era dado a pensar que el tinte de lo genial provenía de alguna cualidad asociada a la sabiduría, o a lo peculiar. Hoy, después de letargos y ensombrecido por el abrumador peso del conocimiento, descubro que hay una sola condición para el escritor: La Sinceridad. El resto es dado de suyo, y su imagen debe plasmarse en el papel solo si el poeta es fiel al compromiso con la escritura. Uno debe renunciar a su efímera identidad. ¿El nombre propio en un texto? Que más da, Borges, Nietzche, Rimbaud, Platón, Whitman, Lorca o Cortázar, eso no importa. Hay una patria, la de todos los poetas, que refugia al espíritu en las letras, la de todos los que dibujan en el arcaico telar del signo, los que sellamos una alianza en un rapto de lucidez que quiebra el tiempo y lo aúna con todo lo escrito y lo por escribir. Siento un extraño abismo en cualquier biblioteca: como si constelaciones giraran alrededor mío, galaxias, cada libro un planeta, cada autor un sistema solar, cada tiempo una estrella, cada lengua una extraña dimensión indescifrable, y yo, atónito, perplejo ante tanta vida, quiero callar, ser del silencio, mas no puedo. Y espero.


45

Frío ¡Pero no!, ¡Mejor no!, Abandonarse a la ignominia, a la ausencia en la plena superficie de las cosas, mejor no enterarse, mejor no sospechar aquel inexorable destino que aguarda, mejor disfrutar de la indolencia; sin pasión, sin amor. Mejor callar y sonreír a la imagen, ser otra imagen más.

Integrémonos al paisaje con la austeridad de la piedra, que no sabe que ella existe, y que desaparecerá, y que volverá a ser Mejor evitar el tedioso transe; de pensar, de sentir y de amar.


46

Sembrando palabras

I Sembrando palabras de aire, semillas de viento, más persistentes que el ansia de la duda, hechas de lo que no corroe el tiempo: lo eterno.

Siembro, sabiéndome simiente, pronunciando el verbo de aniquilación. Más palabras del viento.

II Manantial, fluyo como aguacero implacable, las delicias de mi amor; me desangro de espíritu, la tinta es sangre. Y como testamento, mi heredad, unas letras, te devuelvo el encanto: No mueres, no morirás.


47

Capítulo III

¿Por qué la angustia frente al destino implacable? Todo recobra su fuerza ante la muerte, ella misma es el rostro fecundo de la vida aún no vivida ¿No es el sueño, acaso, la cotidiana muerte de los días? Las noches soñadas, indescifrables, ocultan el rostro del mañana, persistir aún cuando el cuerpo dormido no tiembla, persistir, ese es el enigma. Toda partida es muerte, todo sueño es muerte, todo olvido es muerte. Muerte no es solamente la de la tumba, ni la del féretro, aquello es solo la insolencia patética de la partida, eso no es la muerte; es solo el escenario que montamos los hombres. Muerte es vida. La muerte misma es misterio igual que la vida. Por eso me hallo vivo, por voluntad de un Dios huidizo a toda forma de la razón.


48

Fantasma Llameaba su cuerpo en el oro de la tarde, y los caminos se abrían en sendas avenidas a su paso, y ella, impertérrita, desfilaba como una mueca ausente, enmascarada de púrpura y fuego; su sombrío corazón, y la noche, en el tórrido azul donde sangra de crepúsculos el día, llegaba errante y su fantasma como un icono de plata languidecía sobre el puente junto a los perfumes del río. Allí se le veía; inconscientemente quise alcanzarla; preguntarle al espectro nocturno por que extraña fantasía mi ojo líquido atrapaba su figura. Entre los espasmos y el miedo la seguí, como se sigue a un sueño que se ama en vano. Ella, ánima reina, catástrofe de toda la dulzura arrancada de la vida, magnética de infinito, fulmínea erigiéndose sobre los huesos y las tumbas. Despertaba del sueño feroz, se erguía como cariátide vacía, con su propio peso y el misterio. Y en la ciénaga mística que guarda en el final el despojo de los cuerpos, el mármol frío y la carne sepulta, florecía como estrella; todo el cielo esquelético era ella, terrible y fugaz. Y la seguí, con el ansia del secreto, un inclinarse sobre el abismo. Y de la nada; nada. Recuerdo las góticas figuras de la vieja iglesia. ¡Sus gárgolas me escoltaron hasta la nave, donde ella palidecía y de la nada, nada fue. Solo rugí con el espanto ahogado al verle una vez más desaparecer. Muda, como todo lo que desaparece, Ausente, como el abandono, Silenciosa, como la lengua muerta, y el ojo cerrado. ¡Oh! Terrible, terrible desconsuelo. Ser testigo de tu ausencia, y solo callar. Con el grito del silencio, mi sombra. (Y el amor, la mujer que solo es sueño que como un suspiro en el último hálito de la vida la sangre no supo recoger).


49

Tren al sur “Tu ignorancia es un monte de leones” Ahí ando, si; ahí ando. ¿Arquitecto? No,solo tenaz desandador.

Yo no construyo un camino, yo no edifico puentes ni elijo el rumbo. Vanos los diques que atrapan al río, como sueños que se deshacen, entre manos torpes el agua de la vida. ¿Los ves?... Veo a todos, las calles, los cielos, sus rojos, sus verdes y sus amarillos. Sus rojos tintineando mientras el tren arde de premura, de hastío, de voces que gritan y ofertan el corazón al precio de baratijas infames, que gimen horrendas. Y los grotescos pasajeros que se derriten entre sus asientos; Con todo el plástico, y con todo el hierro. Y su andar torvo de estrépito crujiente, ¿Cuántos huesos has quebrado hoy? ¿A cuántos siervos has llevado hacia sus amos?. Horror; ¡Todo el horror! De máquinas, de acero fundido, y el cemento atrapando al cielo entre sus dientes.


50

¿Y al rayo que has aprisionado? Te consume entre los cables y el metal, y todo el dolor de esas madres ausentes que llevan niños muertos en sus brazos, niños muertos, madres muertas también. ¡Oh Vida! ¿Dónde te escondes? La Pampa que se arrastra entre chapas de todo el zinc quemado, ciénaga lánguida de espasmos, donde otros niños muertos huelen sus venenos. Relojes, relojes grises cemento, hierro, callejones, fiebre de la vida pura, Vomitan las sierpes infernales, los despojos de toda la furia del cruel reloj. Ahí, ahí los vomitan, en sus estaciones bajan los transeúntes, sórdidos, perdidos, aún abrumados por el peso de sus absurdas tareas, y esperan el espanto de del caucho y el humo hacia el lugar donde podrán, tal vez cerrar sus luces para no ver.

¿Descansa el sueño de nosotros mismos? Descansa paciente, de la vida de fatigas. Descansa, descansa hasta el final.


51

Estrépito Si desde la inmensa prisa que recorre las calles, estrépitos vehementes, me refugio en el tabaco que arde del abejear constante, del susurro lastimero que repiquetea con el ansia del tambor, que excava hasta los huesos. ¿Y que más? He deseado el sosiego o el olvido. Y busco en medio de la furia Y tantas miradas oblicuas que sobresaltan a la pluma, (al corazón) que no valen la pena ser contadas. Y me hallo aquí perdido, disimulando otra vez la línea del ojo que se escapa. Hube querido querer... Hube sido tantos otros; Y hoy vuelven las rectas y las curvas, vuelven los soles amanecidos y los crepusculares, vuelve cada fuego con el ímpetu de la lágrima. Recuerdo. ¿Quién eres tú transeúnte? Recuerdo. No puedo más que callar al personaje ausente, ahogarlo entre sus gritos. ¡Ya no más! ¡No más! Las calles, los árboles, los astros, las lunas, los mares, la playa perdida, la arena que se entremezcla con la saliva, el sudor del verano que pasó, el viento. Todo el viento. Todo el océano. Todas las costas. ¿Dónde quedan los cuerpos? ¿Dónde quedan los lugares en nuestros ojos demorados?


52

Alma ¡Alma, alma mía! ¡Alma perdida! ¿Dónde quedaste alma? ¿Quién atrapó tu desconsuelo? El bien, el mal, lo mismo da, verdad que silencio, si tú perteneces a la luz si tú esperas, como espera un milagro la viuda nueva, como espera el ojo abierto, mirar hacia adentro.


53

Capítulo IV Pavor de la hoja en blanco, que aún no es. En la marea tremenda de lo irresoluble, me abismo ante el dilema de considerar cual de los caminos he de seguir. Acaso deba transitar una senda más “segura” que alguna otra. ¿De que férrea creencia podemos asirnos en la tempestad cuando el barco zozobra? ¿Deba yo quizás comprometerme con el dinero? Si es él mismo un precio que el demonio pone al engaño. La palabra “diablo” deriva de un antiguo vocablo griego que significa “el que miente”, clara alusión al quiebre que se produce entre las cosas y la palabra, a la confianza que establece la “verdad” entre el nombre y la cosa. El nombre ya no invoca la presencia que él es, sino que confunde y engaña al aprisionar al verbo, llevando los ríos de la palabra hacia estanques hediondos, apresado al servicio de la utilidad lo que nombra y haciendo de ello un esclavo de la mentira que impone. A favor del pensamiento la palabra se alza y deviene poesía, en un intento revelador que busca liberar todo el lenguaje. Somos lenguaje, somos palabra en el sentido más radical; y no podemos más que abrir los grillos y cepos del íntimo ser desde este exacto lugar.

¿Se desvanecerá la firme realidad, apenas como un sueño fantasma cuando todo se haya esfumado? ¿Quien preguntará un día?: ¿Encontró alguna respuesta? Cuando ya no hayan silencios, en las voces que retumben entre las paredes secas y la carne. Cuando ya no hallan silencios, cuando ya no duelan, la piedra, la tierra, el cielo y la lengua. Cuando las bocas se cierren sordas, ¿Enmudecerá ese día mi corazón?


54

Paisaje Seca, de la harta presencia, se extiende entre los paisajes que pinto con palabras como colores, un lugar de llanos que aparece, sólo entreabriendo los ojos, recuperándolos del fondo profundo donde la luz es enigma y mejor sin ojos se sabe entender. Y soy yo, y es mí, confundido entre espejismos de mí mismo reiterado. Y debo desaparecer. Desvestirme, de pálida desnudez de mundo.

Verme cielos de tierra; mi piel de escamas brillantes. Cada una, una flor, una espina, una mata de pastos como fuego, que aúllan al sol. Juncos que se resisten, como el cielo se resiste a los hilos de hierro que lucen abominables de líneas inciertas. ¿Y tus campos cercados del mismo linde que marca tu encierro? Horror. Horror de toda tu maquinaria de todo el óxido que deja adivinarse en tus negras formas. Horror.


55

El Abismo Luego de cruzar el paso franqueamos la garganta entre los cerros, la ansiada confianza de saberme a salvo no llegó, Y el abismo que llevamos dentro como una raja profunda de la propia existencia, siguió gritando. La voz si no se alza con el ímpetu de la luz, es estéril, ha de ser como el sol: que engendra en la tierra, o como la noche que aguarda al día. Luz, luz de la palabra creadora y Revelación Jirones de humanidad que aguarda. Me alzo aquí con la pluma, y anhelo los ojos del pájaro. Tierra que se levanta, y tierra que se contempla como espejo de su propia creación, los ojos del aire, aguardándonos entre los incandescentes matorrales y el polvo salvaje. El viento que aúlla y las presencias que nos invitan a sumergirnos en sus grietas.


56

Cañadones Vuelvo, caminaba entre el silencio de cañadones secos. Pero: ¿Qué hay que decir? Pero: ¿Qué debo pensar? Recordé que otros caminaron Por aquellos valles, y enmudecí. Todos ellos son ausentes, han desaparecido. Entonces la vida misma habla: enigma que culmina con la muerte. Hay un final. Para quienes continuamos sumergidos en el misterio: Encarnados, o completos en cuerpo que relumbra ó espíritu visitante; alma eterna; tierra levantada, ilusión; realidad contundente, sustancia tenue o leve presentimiento de lo fugaz, fragilidad en todas las cosas que tocamos. Silencio y Abismo. Lastima el silencio. Lástima...


57

Vacío Estoy vacío, absolutamente vacío de toda sensación, como si una nube repentina hubiera cegado al Sol. Indiferente. Me siento indiferente al paso del tiempo, a todo lo que pasa. Y aquello que deba ser, que sea: Pronto, ya mismo.


58

Capítulo V

Esmeralda Ya también mis ojos pintan verdesmeralda, agrisada por el tedio abrumado, soy este y quien espera. Mientras las gotas de pálida luz y armonía vibran; cantan en el latido dulce de la planta, el pincel se hunde en algún paisaje remoto, y yo, pasajero extraño de esta metáfora, siempre pasajero, transeúnte, clavo mis garras en el sonido, un sobresalto de pared que encierra todas las palabras que he creído ser. ¿En donde he edificado este cielo? Ahora que ya recuerdo el fin de los días que vendrán.

II

Hubo una maravilla de la mañana fresca y el humo en la boca de caminos que se perdían entre espejismos, todos los desiertos. (aclaración) guardo aun el recuerdo puro de quien no he sabido ser. Sabré recobrar cada palabra de los lazos de tus deseos extraviados, sabré perderme también. Hasta el cielo, y entregarme al final.


59

Disparo Cae gélido como el relámpago de plomo que no supo acariciar la vida; cae tu cuerpo. Cae dulcemente, cae como la rosa arrancada cuando ella plena soñaba despertar. Cae, que tu piel abierta sangra y el río púrpura que hoy es mar, y es océano, se quiebra contra la piedra, como el cristal opaco que busca desde lo alto el suelo. Cae en tu última caída, de pozo, de lágrima y de tierra.


60 Grito sordo Ante el destino que toma por asalto las últimas posiciones, abandonamos los refugios, partimos desnudos Canto, ahí va mi canto: Junto al viento que borra imperceptible el aroma del atardecer, que destempla el cálido noviembre de los sonidos que el aire estremece entre mis dedos; El pasto húmedo, la hierba tibia de todo el sol que aun no supo ser. Mi desconsuelo es tal que aúllo mil veces, y aúllo frenético como el lobo de las ruinas otras mil. Y el pecho, el que siente el galope del centro que late, ese gime rudo, entre dientes, para apagar el grito; como la raíz aun viva del árbol hachado, que se estremece bajo la tierra , en el fondo oscuro debajo del sol. Ahí los veo nuevamente, como aguardando el silencio; ¿Por qué no ven? Ya han arrancado sus ojos, y con sus orbitas vacías aun se espantan de la vida; ¿Por qué no ven? Allí marchan nuevamente, como la maquina espantosa que disfruta de la plena inocencia,


61 el desfile mecĂĄnico de aquellos cientos, cientos de cientos, agolpados, tumultuosos, bestiales.

II Todos los vicios, todo el mal, todo lo vil y todo lo vano: ÂĄLevanto mi copa por ti! Brindo por ustedes, horda atroz y cruel, y el mas puro olvido. Ya el manto de la noche extiende sus tinieblas por sobre toda la comarca. Ya arrecian las sucias calles con sus esqueletos, con su atuendo glorioso, con su andar torvo del bronce en la piel que prepara la gloria Prefiero ver sin mirada, oĂ­r al callar y que mis dedos digan la palabra prohibida, silenciosa, que resuena sorda ahora mientras no despegas los ojos sangrantes de este papel sin razĂłn


62 III Pálidos perfiles que deslumbran, goznes que chillan, aquella puerta lívida que se abre, ¿Comienza ya? Y pregunto. Encinta ahí baila la vampira, ahí refulge la sangre que mancha los ríos del dolor ¿Y qué más? Enigma. El ritmo solaz de las penumbras que ahora caen ingrávidas, yo pertenezco a la estirpe profana del cisne. Alma desnuda de anhelo y el silencio metálico del rayo; Arroja por fin tu espanto al corazón.

IV Como un interrogante que huye Ahí van, ahí van tus ojos gitanos, tu mirada ruda, tu forma exótica. Maga de la alucinación eterna; maga del delirio purpúreo. Debajo de esta carne ¿Qué? Debajo de toda esta vasta superficie de todas las tumbas que he sabido habitar ¿Qué?


63

Respuesta. Hay un enigma que se atrinchera en las últimas líneas del amor Hay un sobreviviente a toda la devastación. Hay una orquídea única, reina en el pantano del azur. Hay un intruso, mudo como la herida. Hay, mi lira que embriaga tu porvenir. La flor sombría del otoño, y la flor blanca del estío. Hay presencia, lo raro y el iris abierto como el abismo del suicida. Astros vacíos, y el ojo aurisolar que se despeña. Sacrificio, sacrificio de los hombres, ofrenda celeste que como el puñal último la obsidiana busca y el latido, uno tras otro nos devora implacable con precisión atroz.


64

Prometeo Sabré gritar cada grito y la distancia. Sabré callar cada amarga noche la pregunta ¿Y ahora qué? diré, y seguiré esperando otro espanto. ¿Y ahora qué más? Aullaré, mientras el buitre amargo devora el hígado que mañana sanará otra vez, y otra vez más al despertar. Y solo me salvará entonces: el fuego eterno de tu amor.


65 Mar de polvo Hoy el ánimo retumba, no hay certezas. El eco sordo, la llama cruda, todo lo nombrado, y aquella palabra que no supe ser. Un vampiro del juego en el cielo eterno. Y el azar, el mismo que nos entregara al candor de este incendio. La fragua en que se templa el espíritu. Y el destino: ¿Acero, púrpura del hielo? ¿Es la flama herida del carbón? ¿Es el filo, la mano ruda del guerrero, o el triunfo de la noche, o tu pálido insomnio del azur? II Como el arrullo palpitante del desencuentro deambulo extraviado. Tuve el candor del pan y la llama del vino, una simiente de lirio fue mi cuna. Y hoy siento una serenidad de estrella, entre imágenes de todo lo debido.

Hoy los astros llueven pálidos: recogeré el néctar áureo de una galaxia bendita, ¿Será ya todo dado lo sido? Una migas de tierra, Esto en que ahora yo descanso, sonámbulo de sueños no soñados, Hoy, vago extraviado como el arroyo palpitante del desencuentro.


66

Soebriedad ¿Cuánto pagarán ustedes por fingir la parodia del sobrio, ante tanta demencia coherente, de farsa comedida y rentable? ¿Cuánto más hablarán inoportunos? Escupiendo la palabra, como el humo negro del veneno. ¿Y hasta cuando seré testigo? Mudo testigo del espanto y el encierro; No violaré la sabiduría que me ha sido grata por callar tanto silencio.

Encierro De la vida espléndida que en el pétalo ve la tierra joven que se abre: ¡luz de polvo! Conspiración de hombres nuevos. ¿Cómo pueden los viejos sucederse tras la muerte, en el horror y lo bello de los venideros? Novedad ominosa. Late pronta Late ausente.


67

Hacia dentro Nosotros no dividimos al amor en días; no cambiamos los nombres de los seres amados, no indultamos el pretérito extinto ni abrazamos fervientes la palabra exacta. Persistimos, como persisten con vida los cabellos tibios del cuerpo que es cadáver; Mientras los ojos muertos ahora miran hacia dentro. ¿Y entre los amantes hay “la muerte”? Hay: Roto lo vivo en el mármol de la carne, el vino en la boca como sangre nueva, que se derrama. La superficie pura de cada pliegue de la piel, abolida por el sesgo fatal del desencuentro. No me preocupa partir; o que tú partas, pero... ¿Habrá encuentro luego? Ya sé que no el de labios y brazos, el de nuestros vientres y el calor íntimo de tu adentro. Se que ese no. Pero, ¿Habrá encuentro? Amor es la no muerte, Pasión que nos quiebra y nos separa, no hay respuesta cierta, ni la habrá, solo hay mi corazón, y el tuyo, que como el pan sagrado de nuestra liturgia, rescatamos de las frías aguas que cruzan el Leteo.


68 Río de la memoria, y del olvido, línea interminable de la vida en devenir: solo dime; entre los amantes ¿Hay un lugar para el encuentro?

Jardín

I En mi pequeño jardín de estrellas amanecido, giraba ingrávido sobre colores que develaban sus encantos. Misterio puro. Y esta dicha que hoy se templa, en una tarde encantada sin nombre sin lugar ni tiempo.

II Rueca Si hoy tejo en el azar y las tinieblas palabras de viento: Una rueca, ¡Dádmela pues! una rueca invisible para hilar cada susurro, cada suspiro que se escapa, cada pensamiento callado, y este último rayo que persiste tras la nube que ya no veré.


69 Cardos Cardos y lirios, una estela encantada que gime brisas entre los árboles. Pampa perdida de nubes centelleantes en el horizonte claro. Pampa lánguida de figuras extensas, de llanos tan inciertos como los caminos de polvo que se esconden entre el viento. Y un monte lejano, y mas allá el perfil del hierro en penumbras y las incansables aspas que gimen en el círculo profano. Y cortando el paisaje algunas cicatrices de alambre, las partes del madero que sostienen al hierro, que las fauces quietas del suelo no tardaran en devorar. Pampa leve, Pampa ligera, Pampa extensa desde esta brizna, que es augurio. Hacia cada rincón solaz de tu encanto y tu misterio.

Centellea el árbol entre sus hojas, los mil verdes, el rayo y la furia, todo el fuego de sus ramas, que agitan la serenidad.


70 Sal de Babilonia Sal de Babilonia, con tus demonios de yeso, con tus palabras insomnes de Marías advenedizas. Sal con tus hordas, con tus tribus, sal con la miel en los labios de todas las cosas que pronuncian el conjuro del tibio precipicio al revés: No hacia donde surca el arrojo, no, sino desde donde ya no se puede saltar.

Hombre Heme aquí, hombre, Hombre árido de coronas, dedos de pan y libro. Heme aquí: inútil de todo propósito. Indiferente a las bombas que caen como lágrimas y desgarran abismos. Cada flor de acero que me regales será mi casa y me dormiré al dolor de estrellas, cada espina será mi lecho. Me acostaré, ¡Oh si! floreceré ingrávido hacia el misterio, perderé el cuerpo, lo extraviaré en algún prostíbulo o en algún santuario, no lo sé. O quizá durmiendo; o lo arrancará una brisa en fuga que sabré esperar.


71 Noche La hermosa noche del corazón y los amantes. Ya lo sé, Oh si, ya lo sé No hay más que esto, no un poema bello, como la piedra frente a tu voz y el desconcierto. No. No la rima dulce, solo el clamor que gime desde las vísperas en que adviertes el riesgo. He aquí el riesgo: El insondable espacio que se abre, como un incendio del aire, como las trompetas, los sellos y las llaves solo mirando bajo los pies. C’est l’abime Caminamos con sombra de abismo, una fosa implacable yace abierta, como el sol que la proyecta, y sobre el oro del día hundimos nuestra tierra en las aguas del león. Yo entiendo tu angustia de estrellas mientras rasgas el cemento. Yo entiendo tu anhelo, soy tu amante tu dolor y tu encierro, tus caricias y el silencio.


72

Vértigo Vértigo de suicida. Cinco balas invitan al demonio: su fiesta de carne y sangre, el séquito de plomo que llama desde el pozo bajo los pies a ver el fondo brillante, con los labios de todas las cosas que pronuncian mi nombre. -Ahí no iré-. ¡Digo espantado! Y el príncipe del mundo susurra voces amargas -Acércate-, Y un paso más, dice en el desespero: Y pregunto: ¿Cuál será la sombra que cruzan los que parten antes de conjurar el hierro?

Aullando Ya me voy, aullando margaritas y lirios. ¿Quién es amigo del poeta? ¿El sol esplendente, la noche? ¿El canto amargo, el canto dulce? Ya me voy, aullando como la bestia herida que aún en el sollozo pálido, busca el remanso del sueño final.


73

La novia Como un incendio terrible he nacido mil veces y he muerto otras mil en frases que ya olvidé; Le he dado más palabras al viento...

Bella la muerta, se contempla como luna arrasada de bajíos y pantanos. Ya no pertenece al agua, ahora sonríe desde un cielo remoto con la sangre de los astros. Ahora ella es luz, ahora ella es todo misterio, brota sórdida pero alegre, gime llanto pero es dicha, impertérrita por toda su eternidad de tela y ojo. Atrapa la pupila precisa y desgarra la mirada tensando la cuerda que arrebata el corazón. ¡Oh!. Si pudiera tal vez besar tu espanto y amarte. La novia viste gala de luto en la boda fatal, como el mantis terrible; Así iría. ¿Qué más? Si tras el néctar, allí, en el instante divino, desde mi cuerpo arrasado me sumergiría dentro, completo, ya no habría mar que nos separe, y mi carne devorada sería ahora hecha de óleo, de sus colores y el silencio.


74

Contemplación del vuelo I Una imagen me recorre como la luz santa que baña cada día, no como la del neón de vidrieras y marquesinas, sino como la luz del sol. Veo en los rastros que deja el brillo de la luna y su jauría de estrellas la telúrica incandescencia del madero, el fuego de la lámpara de kerosene, los pabilos llameantes de las velas y los fanales, esa luz cercana al viejo sol, que despierta la visión de las formas primitivas. Pero esta otra, la fulgurante radiación de gases y filamentos, la conjunción del rayo y el cobre, que es alma del engendro moderno, esta otra nos recluye a la imagen plana de un mundo repletamente desierto. La avidez de los sentidos que se exaltan hacia la superficie de todo lo vano donde el hombre penetra ciego en la oscuridad del mundo, e impacta todo él desde el rayo del ojo que proyecta el corazón y los pensamientos fuera de sí mismo para convertirse en límite que nos separa de lo “dentro” que somos: Esta leve capa de piel que recubre la duda y todo este misterio.

II La contemplación del vuelo, una pintura que llegó hasta mí como posibilidad liberadora o como un quebranto, me hizo meditar sobre el destino del hombre. Una obra de arte irradia un conocimiento y una clave, y esta es la diferencia entre lo fecundo y la esterilidad de toda la precaria reproducción de lo mismo como mercancía, los “standards” de la estética, los engaños de todo lo rentable y la fútil idolatría de iconos e imágenes. Pregona la modernidad ideas arraigadas en la demencial caída hacia el vacío: La cifra y el número, la evolución y el progreso. No hay tal evolución : Hay una transfiguración del ser, un algo que sube desde la tierra hacia la luz, como la simiente del árbol, como la semilla que aguarda desde la oscuridad de su hueco el abrazo del sol y como aquellos hombres y mujeres que desde una caverna remota, bañados por la luz contemplan el vuelo mágico del ave como símbolo de liberación, como una clara señal desde la brillante desnudez de sus cuerpos hacia el espacio reinante de eternidad.


75

Ella I Ella que se deshace contra mi pecho, en el grito blanco de la niebla. Como un silencio de pájaro, ausente canto mudo, con la luz en las manos, con el brillo fuerte en los ojos que ven, cruzando el ocaso. II Ella anida sobre el abismo, como terror de profundidades que crecen como cielo o como polen del paraíso. Música de todo brillo que renace hundiendo los cabellos en la almohada como rayos en la tierra. Y que la simiente de este sueño sean estas luces, como trigo amanecido que se mece insomne en el oro del campo con la luz con vida como cristal: frágil y antigua, (consagrarme a la lluvia de días que romperá capa tras capa la piel de la efímera eternidad. La de los hombres que somos, los que seremos y los que hemos olvidado que volveremos a ser.)


76

III Caja sonámbula, intensa. Tapa: ábrete y contigo los días, todo, todo el tiempo: mito e historia.

¿Dónde? Suenan como el instrumento desafinado al que el desapercibido ejecutante no se ha sabido consagrar. Burdo, el atropello, el estrépito, los lugares comunes a los que asistimos rebuznantes y en los que oficiamos de lacayos y siervos de la pantalla soez, del periódico panfletario, de sus extensiones mediáticas que como tentáculos van atrapando cada hueco vacío del hacer fútil, el mismo hacer que bien podría transformarse en posibilidad liberadora de toda esta locura. Habría que huir, ya no sería sólo un éxodo, habría que huir, todo alrededor se ha vuelto plácidamente hostil, hipócritamente aberrante, innecesariamente violento, mundano y rastrero. Pero… ¿Hacia donde? Dadme un propósito, pues… Como la fiebre de los campos el pasto arde en llamas, la tierra volcánica se abre y extiende sus brazos desde las grietas profundas. Y ahora el horizonte que tiembla, que se estremece en el sopor de la tarde abrazándome convoca al viento y su misterio de polvo danzante entre túmulos de aire. Habrá que pensar, otra vez.


77

Búsqueda “No puedo darte lo que buscas, sólo soy una idea y una sombra”. I Si no tuviera estas letras, Si no tuviera esta pluma, Tal vez ya no tendría nada. El lila fluorescente de los cardos, como chispazos sobrenaturales condensa la mirada cercana. El hornero y su nido de viento, Los rayos que se filtran entre nubes de guerra, que se derrumban contra el suelo.

II Yo también por un instante sentí la devoción de los santos, el valor de los héroes, la fragilidad de los amantes. Sentí por un instante la emoción de la aventura, el sabor de lo incierto la amargura de lo aciago, el desconsuelo de las viudas, la esperanza del padre, la alegría del hijo; Fui cada uno de aquellos en quién la vida encarna el instante. Y ahora: ¿Cómo me abatiré con ánimos de tempestad sobre la tierra y el desasosiego?


78

III Mi dulce remanso de nadas; En las que me pierdo Por ser mas que silencio. La austeridad del poste que se yergue en el campo, La soledad de esa hierba, De ese yuyo que a nadie sirve y cuya gracia a nadie implora. Ya no le temo a la muerte, ese destino de luz, ese cristal brillante, ese velo sutil.

Los Hombre y sus Roles En ese tránsito por el que somos llevados en las aguas de la vida, timoneamos el navío a expensas del viento o la corriente: y no podemos escapar a sus fuerzas, pero tal vez intentar un rumbo. Esta es la posibilidad que plantea la elección, sostener un propósito. Encarnamos los roles arquetípicos del hombre, aunque no podamos comprenderlo mas que como futuro sin certeza. Un hombre, su rol y su destino se conjugan bajo la misma sustancia. Así los hombres somos íntimamente nosotros mismos, ese hálito de luz, ese soplo de espíritu que atraviesa el horizonte de la vida, pero también somos ese otro que solo pueden ver aquellos quienes nos devuelven sus miradas. Nuestro destino: inexorable, inconfundible y esencial, la huella eterna que surcamos, antes de surgir aquí y mas allá de las previsiones de la razón.

El valor de todo hombre yace íntimo en su corazón.


Vereda Americana