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Desierto Mariano Lopata

“La muerte verdadera no es la del cuerpo, es la del olvido de un pueblo�

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La matriz Seres estampados en la matriz de la forma humana, que reconvierte la esencia de lo propio en este quantum sustancial. Nos pensamos en tanto cuerpo. Cuerpo determinando los límites que nos separan de lo Otro. Lo otro ajeno al cuerpo. Nos pensamos en tanto conciencia. Conciencia en tanto esta reiterada formulación del verbo que cobra ritmo propio en el ciclo continuo de un decir mudo, dictando aquello que escuchamos. ¿Dónde escuchamos los pensamientos? Y se escuchan... ¿No es el sonido de una voz ajena? La creemos propia, cuál un monólogo interior. ¿Mas dónde exactamente la escuchamos? ¿Dónde exactamente vemos el relámpago en el horizonte? ¿Cuál es el lugar que alberga la conciencia del rayo cuando cae? Y nos movemos con peculiar holgura ¿Rescatarían al cerebro en un intento desesperado?, ¿Para sostener la conciencia del ser? supuesto continente de la “memoria” e información de lo que “somos”. Todo aquello destinado a contener realiza su potencia al albergar un contenido. Pero en el cerebro, ¿ Dónde está el rayo cayendo sobre el monte, el relámpago que atraviesa la noche, el tronar del cielo vibrando bajo los pies con la fuerza de la tierra? ¿Dónde está el viento que llega anunciando la próxima tempestad y el olor a pasto mojado, el recuerdo ancestral de la danza de las nubes rompiendo en los cuerpos con las gotas frías de su pasión? ¿Dónde están? Dónde la sustancia última de la realidad y la vida, siempre extraviada, Y corren como al horizonte queriendo llegar, y aceleran la velocidad del artificio al no poderlo alcanzar...

El día arquetípico El día que es todos los días. El día solar que resume en uno a todos los demás. El ciclo continuo de cada día, interrumpido en la exacta parálisis del tiempo, para abrir paso a la inactividad de lo propio más activo, para ser árbol o roca en la montaña, agua en el arroyo o el pájaro al planear. El día siempre es uno sólo y todos el mismo, he aquí la paradoja y todo el misterio. ¿Que más hay que lo que es en tiempo presente?, Siempre presente en el tiempo, ¿Que más hay que la presencia?, Que desborda el vacío y nos entrega este episodio, completo en su parcialidad, de lo que se presenta y entiende a la luz de la visión, que recoge la cosecha fresca del mundo. Cual fruto maduro que se desprende de la rama, se desprende la percepción de lo percibido, y el Ser, cual canasto repleto del néctar del monte, rebalsa de visiones y sentido.

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Desborda sus límites en el espacio que se le presenta en forma de mundo. Presentimos el ocaso más allá del cenit, ¿Cómo sabremos consagrarnos al sentido de nuestro destino?, el crepúsculo, su marcado rojo en un horizonte sin fin, sospechado que todos y uno es el mismo día, Sabiendo ya, que no hay más que este día, este sol que me ilumina, este viento enamorado de la furia del monte, que me enciende y estremece, y en mi corazón siente, el sentido de lo humano recuperar, reconocerme en lo Otro, ausentarme por un rato, Y deleitarme en el final.

La tarde que es todas las tardes Ya detiene el canto Mi cuerpo se extravía en la sensación de ser, la tierra hunde sus raíces y se tornan mis brazos ramas, extendidas en alabanza al cielo, Y aquí es cuando mejor veo, que como entidad ausente de estos tiempos, me sumerjo en otras aguas a bucear en sus presencias: ¿Qué es lo que pensamos que mejor vemos, con los ojos de la vigilia que no con los del sueño? ¿Seremos reflejo del espejo al mirar?

Calma La serena calma hunde filosas uñas, el trinar lejano resquebraja mi espera... En tierra la suave brisa, en las grietas de mi sentir y el pesar... Y las formas grávidas del tiempo, traslucen sus engranajes, que dejan ver lo sucesivo suceder...

Sueño Repliega la visión, el foco en la imagen de lo cercano, en esta figura indescifrable, en este laberinto inexpugnable. ¿Habremos soñado este sueño? ¿Soñaremos estar despiertos?

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¿Habremos de despertar a la vigilia de un Otro diáfano y puro? Cuál imagen sin conciencia de este sueño, en la vigilia del próximo soñar.

Reloj Y presiento su dulce encanto Asomar en mi cuerpo... Mar sereno, calma azul del día mar. En estos espacios de dimensiones profundas; En un tiempo de minutos de viento; Reloj de arena: ¿son tus granos cayendo o mi vida al pasar?

Fuego Espejo del círculo en la tierra, Tu fuego arde a nuestro lado, Y la sangre hierve incandescente en nuestra hoguera... En tu encendida oscuridad Somos olfato del aroma de tus hojas, y el vivo brillo en tu calor sagrado. Hueco de barro, hombres de piedra, que funden en el río de tu plasma la figura humana que se pierde y templa el metal de nuevos cuerpos.

Aeroglifos Acuden como inspiración divina, Como dibujos en el aire. Y el desierto ampara la visión que se pierde, Te dejaste ver en la tarde eterna de los tiempos. Sol del oeste, padre ardiente: Somos tu imagen tras el rojo velo que te oculta, Somos el velo de la quebrada rubí, Hijos de la luna, brillo plateado, luz en espectral figura. Noche eterna de los tiempos. Corazón ardiente de la tierra cayendo sobre el horizonte, Guijarros fundidos en tu mar de arcilla, junto al barro de tus hombres, rastros mudos, mundos antiguos. Claman en tu ausencia la visión: Tú has sido antes de aparecer. Y aparecerás una y otra vez, En tu monte sagrado, en tu lecho de piedra, en la presencia fugaz de este ser, que resplandece en la noche:

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somos cayendo de tu cielo, somos cayendo, en nuestra noche de estrella fugaz.

Ser En tanto somos la vida misma, sin pertenencia, el aquí presente de los sentidos tomados por una visión: el mundo mismo que nos contiene. En tanto las formas que en el “mundo” adquieren las cosas y el sentido de lo múltiple parecen tener un patrón en el que los lados de una caja de paredes: sustancia, tiempo, espacio, identidad, contigüidad y continuidad, encierran al ser cuyo centro de gravedad es la idea de un yo propio. (Sentido de identidad con lo uno por sobre lo múltiple y el caos).

Reducción Voluntad manifiesta de mundo en devenir. Acuerdo tácito en tierra extraña: Línea difusa, tendida entre humano y divino.

Ser Absoluto, irreducible, totalidad completa en la secuencia sin comenzar. El sentido de no-transcurrir. Ser transparente y diáfano ser-presente en el tránsito del mundo, que ahora detiene aquel frenesí en la voluntad única del ser-aquí–presente-ahora. Instantaneidad– simultaneidad–identidad. Lo idéntico ensamblándose a un mecanismo celoso de engranajes aceitados y movimientos simultáneos. Lo instantáneo intentando detener el instante: ¿Cómo pensar el movimiento de lo inmóvil? Me reduzco a ser la pura contemplación del instante. Y si pudiera la imagen toda desplegarse fuera del mirar ¿Qué extrañeza nos habitaría desde ella?

Suave encantamiento placer–dolor de instante de vida a desrumbo.

Ahora Jamás titubeó en su decir, sostuvo siempre lo insostenible, sólo como rasgo íntimo, como decisión vital. Ya no había alternativa. ¿Qué extraña secuencia surgió hacia la fría superficie del blanco manto de la realidad? Como si la parte visible, la que emerge, fuera el instante de los instantes que se hunden bajo el mar,

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para mostrar sólo lo agudo, para enseñarnos lo parcial de su instantánea totalidad. Provenientes de tierras extrañas, devenidos a su propia extrañeza, una realidad insospechada, lo que nunca se sospecha debiera sernos lo más sospechoso: la realidad. Y ahora, precisamente ahora, y todavía aún que la tinta esta fresca sobre el papel: -Palabra, Llena tu decir en el pensamiento impropio que me atraviesa. Debo quizá rasgar tu mirada tras el vidrioso reflejo de las cosas. Bebed del néctar , De la irresponsable seriedad, De mi responsable destinación; Embriagaos del encuentro: Sed la fibra misma de la vida. No hay posición segura, No hay sobrevivientes, Os ofrezco el misterio y todo el dolor de ser–mortales, de ser–totales, y sosteneros entre las posibilidades de ser, sin lugar y sin final.

Huachuma Mirada suspendida sobre el polvo En el altar de la tierra ofrecidos al sol Blanca estrella de catorce puntas Corazón blanco y néctar jugoso Vida líquida de ritmo lunar. Que los cuerpos dancen sobre tus ruinas Que la carne se estremezca en el temblor Que la tinta pinte vida entre las hojas. Y si algún sueño de tu piel Se mezcla tal vez entre mis ramas. Y si te confunde el dolor de padecerme Será entonces que ya nos hemos encontrado. Nos fundiremos en tu savia , corriendo por mis venas.

Atardecer Me reduzco al espacio inexistente del ser–ahí. Si la tibieza de este amado atardecer no abrazara el deseo de mis días ¿Qué tarde sería para mí sin tiempo? ¿Cuán tarde la esperanza en el retraso de la espera? Y si mi corazón no vibrara en la emoción sin prisa... Y si de pronto llegara el minuto sin segundos,

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Nada más que otro ese instante, el primero, Único sin postrero... Me reduzco al tiempo inexistente del ser–ahí: En su afilada medida de las cosas. Me deslizo inmensurable, En el contenido estrecho del mundo, Me declaro inabarcable, Insosegable, Me sostengo indeslizable, Intransferible. Y resisto al encuentro De cualquier artificio como doble Y simplifico irreductible La fracción que se hace hombre En el rojo de mi sangre De tus tallos en mis venas.

Instante Se reunieron. Quedó fija la mirada en el brillo de aquel agujero que dejaba traslucir su pálida vida. ¿Sería parte de lo mismo? Y fue en el instante del metal cuando el silencio poseyó sus cuerpos brillantes de feroz plateado. Aguardaron el momento del acero.. El eco sordo de la garganta destellando el grito de batalla, atravesando la quietud y la espera. El pasado nos trasciende como el sueño. Y se sumerge en las aguas de la conciencia, para entregarse a la visión nublada de un momento incierto ¿Cómo pudiera el recuerdo compartir la contundencia de lo que en el instante se presenta? ¿ Será luego la materia de los sueños y memoria? Pareciera ser, el lugar donde las visiones han cesado y permanecen extrañamente gravadas, ¿Dónde? ¿Y quién se arrogará la pretensión del saber? Si de todos modos aquello no-presente se presenta, y en su vuelta nos muestra algo tan distinto de lo actual, el pasado, como este presente ya ausente, con el que acordamos haber sido pensados como ausencias de lo que ya no está, el pasado.

Viaje ¿Cuál es el límite de las visiones para el ojo? El ver de los ojos de la vigilia en el mundo de los sueños.

Límite Fuego ritual. Ver antiguo

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Noche de los tiempos Tiembla la carne ante el encuentro Se estremece el espíritu ante la presencia de lo propio como viviente. Quita el rótulo de lo humano sobre lo viviente, a entomólogos, diseccionadores, y fisiólogos del espíritu, y su catálogo del ser. ¿Qué es esta presencia más que asombro? ¿Qué vive más allá del ser? ¿Nuestros riñones destilando sangre?, ¿Nuestro intestino digiriendo vida? , ¿Nuestro corazón agitando loco, líquido elemento ? Perdura el ser más allá de toda idea. Perdura el ser rechazando todo rótulo, todo límite, Perdura el ser como rechazo divino a toda muerte del cuerpo, mas allá de cualquier artificio temporal. Mucho han visto los ojos, ahora reposan en la vastedad del ser. Huyan: Sueños de mundos ajenos, vigilia onírica. Si trascender es un estado, El estado mismo es trascendencia; Indefinido, inconmensurable; Resta más que palabra el acto. único, completo y total.

Ungirse Todo acto humano; Toda desviación del pensamiento Hacia cualquier asunto, retorna inevitable, Y como lo sólido a la tierra, cae hacia la muerte. Es ello lo grave, si no se piensa a la muerte propia, se obvia lo obvio, se intenta evitar lo inevitable. ¿Puede alguien huir de su sombra, mientras mira al sol que lo alumbra? El mediodía del espíritu vuelve brillantes a los hombres, el sol del cenit, luz fuerte sobre los cuerpos que borra toda sombra, Instante mágico que borra el ocaso; ¿O acaso no dura un instante la certeza de todo lo perdurable?, Y dura tanto como duren abiertos estos ojos al mundo, y como duren abiertos los sentidos a las presunciones de la razón. Este ser parcial que nos toca representar. Derrumbe del tiempo Desmoronamiento del ser, Disolución de lo múltiple, Reunificación de lo único Habitar lo inhabitado,

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Lo inhóspito. Habitante habitado. Deshabitarlo, Deshabituarse, Romper el hábito Ungirse en la forma de un nuevo ser.

Sin Sentido Sin sentido Moverse, perderse sin rumbo, adrede... Sin razón. Saber que jamás hay un sentido Las cosas no lo tienen, Ni sospechan poseerlo. Ser parte del sin-sentido; Saberlo y continuar; sin razón, sin dolor; sin esperanza, con pleno sentido de este saber, con pleno sentido del sin sentido, sin pleno sentido de la razón.

Cristal Igual que el cristal, Así de frágiles y preciosos, Su íntima belleza es la de todo lo perecedero, Piezas únicas de una colección vacía. Definir. Dibujar los rasgos que formen la letra justa, la palabra adecuada, la oración precisa. Cadena de palabras que diga. Que al decir lleve la música del espíritu, la poesía del alma. Que el decir, sea vía certera, En el tránsito, en un corazón a punto de abrirse, Y que florezca en la magia del entendimiento y del amor.

La manifestación del espíritu. Todo lo que se estima útil del mundo, no es más que una obsesión. Esta forma insana que han tomado las cosas, no es más que el impulso de un frenesí mortal hacia el vacío.

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En la inercia de este movimiento, se ve arrastrada la individualidad del ser. Se cruzan formas agudas. No hay más sentido en este mundo que el que podemos tomar.

Programa Aprender y abandonarse. Responde a los arquetipos; Reacciona el cuerpo según halla sido programado. ¿Y el Espíritu?, El hombre no responde. Antiguos programas de supervivencia se han instalado bajo las formas humanas, les dictan movimientos y reacciones, la alerta del momento,... y ni siquiera se percatan Suben y bajan en círculos, vuelta tras vuelta. Siempre es igual. Así la vida huele a hastío, Hedor de lo estancado; Agua que se pudre si no corre. Llevamos una llama, un fuego que enciende los cuerpos y la vida, lo mismo en todos, fuera del programa. El espíritu se alimenta del fuego, porque mientras arde, el fuego también es vida: Demos al espíritu, simplemente, la libertad del pensamiento, fuera del mundo opresivo de la cotidianeidad; Fuera de la gris monotonía urbana. No hay juicio de valor sobre el ser. Suspender el programa-cadena, para desplegar alas al fuego del ser, Libre cuerpo viviendo, el conocimiento del espíritu inmortal.

Planta Amanezco en tibia luz, me ha bautizado la tierra, al cielo, en brazos levantada, de extraña forma vegetal... Comulgan nuestros cuerpos, enraizadas en la vida, se han fundido nuestros seres, pura armonía. Ya no les pertenezco Y al ver entiendo que soy mirada escondida en la savia de viejas venas, y en la sangre de verdes retoños.

Revolución Somos el viento: No se siente más que su fuerza; Somos el fuego que porta el viento; Nuestra palabra arde...

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Somos el agua; Fluida y misteriosa; Somos la tierra; donde al final hemos de volver. Revolución es de la conciencia. Revolución es una vuelta; Un viraje en el rumbo. Un faro en la noche de los espíritus Que claman por ver Que se niegan a ceder Lo único que les queda Su voluntad y el misterio Su cuerpo humano que pugna por saber; Esa voz muda y profunda Que no se extingue Y grita poderosa: ¡Libertad!.

Atardecer Garabateo sin prisa, Y el tractor surca un campo vecino... El sol yace por detrás del monte, hace calor. Cuelgo en mi hamaca. No hago ninguna cosa. Solo dejo caer la pluma sobre el papel y escribo. Escucho pájaros por doquier. Batallas aéreas en Volta. Los aguiluchos y chimangos salieron a cazar. Más allá un prado verde, y sobre el horizonte pampeano un árbol, un solitario árbol bonaerense. El monte se perfuma con el humo de un eucalipto quemándose. Gracias, Hoy despediré al sol.

Abandono

Abandonarme. Mil veces ser desconocido y una entregarme al azar. Oh La furia púrpura de la tarde, el hambre azul, ¿Quién despierta en el sueño del que vuelve, habiendo sellado el círculo sin retorno? Desplegar el ovillo que la paciente parca ha de cortar, si en su temido rostro veremos el nuestro, conduciendo al que despertará del sueño del mundo, del tiempo y su permanencia, de la indolencia, del cautiverio profano y ciego de vida; Del sueño soñado, soñaremos tal vez despertar. Y el mar abrió profundo su garganta, y devoró su imagen en el reflejo del sol que amparaba la luz. Los ojos de la tierra lo habían visto de aquel modo, en picada vertical, en descenso final,

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y alzándose en la luz, huyendo terrible, habiendo sospechado la vida en el instante cuando despertó. Encuentro ¿Eran hombres aquellos? ¿Esconderían sus formas al ser diverso que se ve sólo en una? Y vi una mañana al Huésped; Al que habita bajo su atuendo carnal, la vida que envuelve a los mortales. Sus ojos no brillaban. Lo vi acercarse hasta tenerlo enfrente. ¿Qué esconde tras la pupila el ojo? ¿Desde donde ve la vida? ¿ Seremos algo más que el lugar?, Tal vez la mirada, la sutil forma de lo inasible. Nos miramos a los ojos, una vez más, hasta perder en el abandono extático, el sitio que aseguraba el plano del espectador. Voló a través de mi carne, interceptó la Otredad más íntima. Recordó un pasado, y el presente devino en su historia, y sumó, al tan mal avenido cuerpo del vagabundo, un espíritu nuevo; Recordó historias de batallas, de amores, otros ritos, antiguas ceremonias, al mismísimo acero brillando en los cascos de los jinetes, la madera crujiente del navío atrapado en el hielo, las enormes piedras torciendo la voluntad de los cuerpos, erigiéndose en altar para los amantes del sol. Se vio hijo de la luna, se recordó bravío moro, se dió a la mar. Y a los cielos, fuego en bocanadas en la roca virgen, montañas vestidas en la seda de las nubes. Y se recuerda entre los recuerdos, y vio enfrente al que sólo recordaba una historia, la que había sido la suya antes del encuentro; Y dijo: -“Somos lo mismo”-. Y su imagen aterrada, huyó como alma que se lleva el viento, y se vio partir en quien había guardado el recuerdo del que fue. Y miró el agua del charco sobre la tierra, vio sus ojos brillar y siguió caminando hasta aquel refugio donde pasaría la noche, Algo que comer, con suerte. Algún encuentro fortuito; Aguardando, en la espera infinita que lo libere de su memoria. Y se alejó, como se alejan los que van sin rumbo; con pasos leves, andar sereno, se perdió en diminuto perfil humano entre las sombras de la gran estación terminal. Uno más... pensó.

Alhambra Tal es la magnificencia del Altísimo; Dijo, y se marchó por el polvoriento camino del sur. Vio la luna en cuarto creciente, y se rindió a la benevolencia del que no muere. Envolvió su oscura cabellera en fina tela blanca, y sopesó las palabras que escuchó de sus labios: - “Lloras como niño lo que no has sabido defender como hombre...

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Fue el último de los de su estirpe, prefirió entregarla a verla destruida: Había vivido por ella, y en ella descansaba su noble sangre del Ibero páramo a fuerza de hierro, setecientos años, y un día. Mil y una noches.

Río Y tendió en la bruma de la tarde El humo gris del encuentro Y fundió en noche memorable La vida, espacio de lo incierto Tomó seda en sus manos Y dispuso en ceremonia el altar Ofició de presa salvaje Temerario destino Rayo, forma del viento Amargo sabor, cayendo Abierto sobre luz espectral. Ser sombra en dibujo de luz Sin entender Formas de luz al rodar Certeza de la inminencia errante, azarosa, mezclándose con lo que llaman: El destino. Cristalización del momento, Parálisis del tiempo que detiene su pesar en la gravedad de las cosas. y alza su voluntad en la forma del hombre; Somos cayendo en tiempo divino, gotas de instante cristalizadas, golpeando en las tormentas del ser. Somos: Inexactitud errática Vacantes innombrados. Profanos diseños del ser.

Tolosa y el Indio Eligió la forma del personaje: Prófugo, huyendo, expandiéndose. ¿En que podría presentir el destino, de su suerte? Si no en el modo de su existir.

Era probable que su suerte se precipitara en tragedia .

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Vio a quienes fueran sus captores y descargó la furia del arco en la flecha que alcanzó errada la corteza del árbol. Fallido su intento por darles muerte se aprestó a la fuga. El indio reo huía, volvía descalzo a los montes; Buscaba el refugio en su casa, en el bosque. Tolosa era soldado fiero, de sangre mestiza. La tierra le reclamaba su herencia, (el uniforme jamás le había convencido ) Cumpliendo con su destino, saldría a buscar al indio Así lo exigía la ley . Ensilló su caballo, y partió tras su presa...

El sueño de Tolosa Tras días de búsqueda desesperada, el sueño y la vigilia levantaron sus barreras, Para no distinguirse, tal vez... Tolosa se adentró en la espesura de los montes, Y la fiebre lo poseyó, abandonó su caballo, Se abandonó tras su presa.

Y así le habló una voz : “Le dijo el puma al soldado: - Tú que me andas buscando... que buscas en el espíritu del hombre al cuerpo de la bestia, - también a mí me persigues-.” El hombre, atemorizado replicó: “-No es a ti a quien busco, es otra mi presa, pero si insistes en seguirme no tendré más remedio que arrojarte a tu muerte”. Y la oscura bestia del monte entendió el desafío, y desapareció en la penumbra del lugar. No tardaron en cruzarse nuevamente. Y ni bien Tolosa la vio acechante sobre la roca, sin dudar empuñó su fusil. Ubicó entre el alza y la mira del cañón a la mágica sombra, sin sospechar el final, y jaló del disparador. El mango del arma se hundió en su hombro con estrépito de humo y terror. La munición de metálico relámpago, rauda buscó el torso de la bestia, abrió un hueco en su piel, y se hundió hasta lo profundo de su vida. Y en el sollozo de la muerte, el puma dijo: - “Tú, hombre, que apenas entiendes el hacer del mundo y de las cosas, actor iluso, - en tus manos estaba sellado mi destino y aún no conoces las claves del final. - Yo, tu presa, era de los que cazan a un cazador, y no me conocíste”-. El sargento bajó el arma, y vio al felino caer desde lo alto hasta la roca cercana, ya casi sin vida. Se acercó sigiloso hasta el cuerpo moribundo, y allí lo vio tendido, aún jadeante. Y cuando estuvo cerca miró a sus ojos, y él se levantó de repente, y saltó en ataque final asestando un golpe fatídico sobre el cuello del perseguidor. Y cayeron ambos por un pequeño barranco. El hombre se reprochó su exceso de confianza; y en ese instante de agonía entendió el encuentro, la cita que aquel otro cazador, de quien no huyen las presas, había preparado para ambos en esa tarde apacible.

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Seguían cantando los pájaros. Las fieras y los animales en el monte disfrutaron del banquete, de carne sin vida en la tierra salvaje de las pampas. Redimió el suspiro palpitante Del hueco mismo de la tierra. La fiereza desatada Dicen que aún anda persiguiendo El cazador errante, su sombra perdida Al indio reo atrapado en la bestia.

Abismo Despertad. Despertad a vuestras cadenas; Ved la gloría encadenada, Sed el ansia misma de la fe, del alma que los sostiene.

Pregunta Meditando sobre el destino, y las múltiples formas en que la vida nos entrega a él, ingenuos marchamos entre las circunstancias que ora parecen encerrar claves y acertijos, y otrora parecieran desbandarse, errantes y azarosas, arrojándonos a un río turbulento de corrientes inciertas. Y la pregunta siempre es: ¿Qué?... o al menos, en su formulación más compleja: ¿De qué se trata esto? Irreductibles ante la cuestión, menguamos en el trabajo del pensar, y nos dispensamos a la entrega ociosa de actividades sin fin, o a la ridícula secuencia de las acciones en el mundo: “Acelerando el devenir de haceres” y la difusa forma que varía entre lo posible y lo por hacer. Y vueltos reflexivamente a la visión vana de la existencia, de la propia, precisamente, nos preguntamos: ¿Qué es éste sin fin de sucesos, esta intrincada maraña vital de múltiples formas, que nos cerca y nos asedia? Nuestras ciudades sitiadas por ejércitos de obligaciones incesantes, que marchan en actitud de guerra. Y sostenemos las defensas, las paredes amuralladas de nuestros escondrijos y madrigueras. Y si por épica la historia, más que sostener la fortificación, elegimos la marcha heroica al frente de nuestras huestes, en incesante lid y aventura: ¿Habríamos elegido algo muy distinto?...Dudoso. Debe haber algún punto por donde se produzca la fuga, y ciertamente ha de suceder algo mucho mas allá de nuestro palpable entendimiento y la razón, que, ciega a los propósitos de los Dioses, nos entrega desnudos al mundo del cálculo, tal vez la visión impregnada de imagen, nos cubre con su velo sutil, ocultándolos los extraños signos de las cosas... Descenso vertical desde oquedades salvajes Turbio manantial de fluir errante Hazme llover en trueno infinito Vuélveme rayo en tormenta bravía. Conjuga el éxtasis que se hace palabra Pronuncia el sustantivo que entrega las cosas En el verbo sin tiempo, El modo imperfecto y la existencia atroz Redime al hombre, palabra

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Absuelve el conjuro pretérito; Abdica el trono en tu imperio Abre los grillos y los cepos. Y marca fugaz mi paso tenue Barre las huellas que hube dejado Olvida el ayer que se escapa Silencioso y lejano, al cuerpo que duerma, el hoy que se aleja...

Acuerdos

Los acuerdos silenciosos celebrados al resguardo de la vergüenza moral que produce el propio saber (incierto de verdades a medias, de mentiras convenientes.) La ignorancia es dicha. Lo inconfesable nos condena a la miseria del espíritu cautivo de las comodidades. Nos pretendemos condenados: Son las circunstancias, no la condena. Arrojados al mundo, presos de la forma en que toman alas los sueños, en sombría piel de gusano nos sumergimos en las oquedades de nuestra propia carroña. No hay miseria más grande que la inconfesable debilidad de un espíritu magro, atrapado en el tedio, sumido en su pobreza. ¿Qué les duele más? La dicha ajena o la desgracia propia. Quizá lo dichoso en lo impropio venga a acentuar el dolor en tu sufrimiento. Acometen aires nuevos en la vasta extensión del devenir. Marchamos ciegos ante la presunción de los sucesos que llegarán. Planificamos un destino, cuando es él quien nos sorprende en la visión fragmentaria de lo “actual”. ¿ Entender la vida?, ¿Como un plan ajeno quizá?, Un plan sin estratega, ¿Una táctica del desatino? Retengo en la memoria las palabras sólo mientras resuenen en mis entrañas. Y en este desquicio; ¿Quién surca el inmenso mar en los azarosos caminos que propone el sendero, al errante en su Desasosiego?

Lava mis penas ¡ OH dulce brisa! Jadeante júbilo de niño agitado Irreprochable olvido del mundo certero ¡OH! ¿Cómo hemos Olvidado el Juego? ¿Quién ha de despertarnos esta vez? Al sueño de la mentira que truena, A la miseria del silencio ausente. ¿Cuándo fue que me abandoné al destierro de mi patria lúdica? Y ahora en tu ausencia Me pierdo entre abismos De vida a desrrumbo, de instante desierto.

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El viaje

Veo nuevamente, tras el vértigo de los días, el destino que recorrimos. Existió uno al principio. Después, fuimos en misterioso número de cuatro. Sobre la senda de plata, en rayo azul, distancia insondable, nos sumergimos en su oscuro de luna. Y tras largo andar, ahí estaba, el desierto. Fue al pie de los cerros, frente al río. Dispusimos el lugar, entramos en sus templos implorando el permiso divino, en el juego sagrado. Y fuimos niños entre los hombres: Inocentes. Y fuimos hombres ante la patética imagen de mortales que simulan virtud y se inflaman con soberbia mirada, sin la fuerza para sostener, al ser que las pretende. Bajamos. Uno levantó la divina ambrosía, tomó su poncho, el sombrero y el agua, el otro volcó en su morral algunas cosas, tomó la guitarra. Yo busqué mis mantas, el agua, mi sombrero, el tabaco y las piedras que me acompañaban. Caminamos por el desierto hasta encontrar el lugar y descubrir la forma del circulo entre los chaparrales, la disposición perfecta en la idea del tres. Tres árboles bajos entre unos cañadones secos a igual distancia, en armonía perfecta. Sentimos la presencia del desierto calcinante. No importó más que llegar al límite de la precaución, que asegurara a nuestros cuerpos con vida. Regresamos al centro, después de preparar nuestros espacios en el silencio cerrado. Y entonces bailamos, Y bebimos de la copa, el néctar sagrado, y supimos que ya no había atrás. Y caminamos solos, en la letanía del momento, aguardando el viaje, amainado el ansia. Y me entregué al día que es todos los días, Y abrió raudo Crujió en el temblar de la tierra, sintió la presencia, presenció en la ausencia La aún insensible forma de su ser. Su propio aquello aún de nadie Y al filo de lo por ver en atestiguable figura liberó la carne, alcanzó su ritmo sutil Sólo así el hueco, quebraría en la raja, Flanquearía el paso; Y como caballo mañero, el cuerpo se le resistió al jinete que intentaba el cruce, se entendió en el signo del equino, escuchó la trémula carne en el temblor profundo del miedo y ya no quiso seguir viendo; dio la vuelta y se marchó intentando indiferencia. (La forma humana teme al encuentro que inevitable busca el espíritu.) Insosegable intento,

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Persistiré en la búsqueda. Desierto: Ya presiento el encuentro. Noche: Me espera tu oscura luz. Si ya todo ha sucedido lo que debe suceder y somos únicamente el instante, me sucedo en el linaje, la herencia de mi pasado, e irrumpo veloz en la forma de lo no conocido, de lo por venir, Sobrevengo en la nueva figura de ya no-pertenecer. Y sólo aguardo el encuentro, la grieta abierta en el hueco tras su aparición. El otro más fugaz La sombra que proyecta El día que se apaga Somos en él, Y en él toda la historia Dibujada en la ilusión permanente del tiempo, y el instante que pasó Anuncio Acometen a mí los dulces recuerdos de un espíritu en vigilia anhelando la aventura, la épica destinación de los antiguos. Y ahora: ¿Dónde empezará el viaje? ¿Dónde soplarán nuevos vientos en mi rostro? ¡Que emoción al ver que me rodea, infalible, la sensación de vivir!.

Laberinto En tanto los Dioses nos han signado a este laberinto sin fin. Vagar entre sus paredes de formas inciertas. Buscar el hueco que abra el paso. Franquear la salida. ¿Y qué mas? Bien reconoce el prisionero su celda, los barrotes que lo contienen, las paredes que lo asedian, el sitio sobre la ciudad de la que no podrá escapar. Los carceleros que lo vigilan en mirada cómplice con sus cadenas. Bien sabe, preso de semejante estructura, cual es el mundo que desea tras la liberación. Está claro que quiere huir, están claros el propósito, la meta. Y aunque es ardua y compleja la tarea, siempre se juega en cada movimiento y apuesta a la posibilidad que lo liberará de su yugo. Nuestro caso es otro, nuestras posiciones no son tan claras, ni vemos nuestros cerrojos, no reconocemos la celda que habitamos, ni sospechamos la condena. Y el ansia devora implacable cada hora de nuestra tibia existencia. Sumidos en la apariencia del mundo, sosegamos nuestro espíritu en el vidrioso reflejo de las cosas. Nos devuelve el rayo opaco, la borrosa mirada del miedo y el horror. Anhelamos la fuga: ¿Más donde huir? ¿Dónde los muros de la prisión que nos sofoca? ¿Quiénes los carceleros? Despropósito de la vida semejante al cálculo que recluye al ser. ¿Cómo sabremos si tras la fuga de la imagen, el reflejo ineludible de la trampa nos encierre?. Visión tramposa.

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Me volviste objeto. Soy quien te mira tras el reflejo de las cosas y lo sospecho. Soy las cosas, Soy el reflejo. ¡OH! Libérame al fin... En el olvido tal vez; En el más profundo, el que me haga perder el mí mismo que me recuerda, en el otro que no es. Y aún persiste en mí esta sensación de íntima añoranza. No he de asistir al homenaje, a la fiesta que se celebra en honor a la mentira hipócrita, que festejan los ilusos, a la obra falaz de quienes vacían sus cuerpos en el exceso. La profusión del artificio sin medida, nos rodea por doquier. ¿Cuántas cosas nuevas hay? Y esta maquinaria despiadada que irrumpe con el vértigo mortal del hierro, triturando la carne y los huesos de nuestros cuerpos quebrados. Somos leña del caldero. Somos alimento del fuego. El combustible que arde moviendo los oxidados engranajes. Y en la desmesura, habitamos espacios infinitos de lo mismo. Se replica el ansia en cada cuerpo que asume vida, y defendemos la corpórea sensación a ultranza. Nos multiplicamos; inmensurable escala. Y volverá a suceder. Y embriago el espíritu en el néctar del mundo. ¡OH! Ciudades de cruel textura ¡Devoradme al fin! Si en vuestras venas corre el metal Si en vuestra piel se afila el cemento; Sí en vuestro sentir de eléctrico impulso, Arde el mortal. ¿Y vuestras serpientes de hierro? ¿Y la insana aventura de cada día? ¿Y la coraza plateada, y tus grebas doradas que protejan del sol? ¿Y tus templos del orden danzante de arlequines siniestros, profiriendo insultos que resuenan salvajes a la piel abierta del cadáver que seré? ¿Me ocultará tu fuego? ¿Me cubrirá el frío mármol? ¿Me tapará tu barro en la plaza húmeda de cosas lánguidas, lamentando entre sollozos la ausencia que seré? Volveré en ellos también como anuncio de lo inminente: que serán en la tierra. Y escapo al banquete de tu carroña: mi carne no te alimentará.

Su Ley Hombres ungidos en herrumbre, escupen el plomo que protege su ley, jueces lamiendo la hiel de sus miserias, la moral pretendida en sus textos gastados, sin luz ni lectura. Señores que dan el bien: sus perros de dientes de hielo

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cuidan el hueso que esconden, a la jauría desesperada y hambrienta de su locura. No concuerdo en el tácito acuerdo de vuestro mundo, En la ilusión contundente me sumerjo y desaparezco. Me extraviaré de tu hospicio sumado en miles, y en dígito incontable volveré... Empuñaré cada noche en mi cuarto vacío la pluma en legítima disposición, he de sostener el puño de la espada. Ya no me aquejan sus súplicas: He de resignar los honores que me ofrecen sus hordas. He de abdicar al reino de sus vilezas, que sostienen el mundo de sus prosperas tareas, huyendo del miedo que prodiga lo efímero. Miradas oblicuas, rechazan la vista frontal..., rostros gastados del aburrimiento urbano, espejo que refleja el efecto, la profusión de lo absurdo. Y sin temor os digo: ¡Hombres que teméis la mañana! ¡Hombres que teméis despertar!,. ¡Hombres que teméis la noche!, Que os refugiáis en la tenue candela del foco seguro, que ilumina el pequeño mundo cercano, sin atreveros a pensar más allá, ¡Despertad!, Despertad a vuestros rostros antiguos, a vuestras nuevas formas: Liberaos del miedo, sentid el dolor, sentid la sed y el hambre, sentid la pasión y el amor, sed hombres y Dios,... sed, finalmente, humanos.

313 Número signado. Abría dispuesto un cielo de aires cómplices, todo según las leyes del tiempo termina, según la de las cosas no conocen final. Y las nubes, ocultaban al sol la vista de Icaro caer. Y la tierra, lo reclamó en violento abrazo, con fuerza de madre, en el despegue de la carne. Aterrizar sobre un horizonte púrpura de fuego, teñido del rojo de tu cuerpo, alma preciosa del misterio, conciencia de la vida en fuga, testigo mudo. Desplegaste alas emplumadas en dorado brillo de crepúsculo, abriste por sobre el velo pardo de la tierra los colores de un mundo que se desintegraba y comenzó en otros para vos. ¿Habrán acudido Valkirias a tu encuentro? ¿Serán las musas que susurran?, Que me cuentan de tu sortilegio. Oficiaste de cordero en la liturgia de la sangre. ¿Quién hubiera predicho, en el último sorbo del café de la mañana?... el designio definitivo. Tus manos firmes en el comando, en picada vertical, en picada descendente, ascendente universal. Sólo me queda el silencio. Aún resta callar, queda en mis retinas impresa la visión, He visto lo mismo: aún me resta lo Otro. Dejar fluir eternidades continuas que se devanan en el sentido del ser.

Epílogo Aquel instante en que la tinta manchó el papel con sangre Reconoció su destino, de repente y sin dudas; ... fue aquella la hora Supo que así sería.

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Y dijo: -hágase según la voluntad que disponga el altísimo-. Y así lo dispuso. Y finalmente marchó, Y dijo: -así lo dispuso y estaba escrito-: y cayó, y rodó su cuerpo en la caída. Y no se supo más nada de él. Estaba escrito.

Capítulo II

Grecia “El carácter es el destino” Heráclito

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¿Qué mejor momento puedo hallar para escribir que este? Ante la presunción de un destino, que tarde o temprano volverá verdadero lo incierto y propio lo inminente. Miedo. ¡Dadnos el permiso de recibirlo, y en él sentiremos la efímera presencia que nos sucede!. Abrid en mi carne la fibra sensible del miedo; y en esta mano que tiembla empuñad la pluma que corte y abra el decir de los hombres y sepamos que en tierra somos hijos de lo eterno, más no inmortales, dibujos que sólo se borrarán en las figuras del tiempo. Mi decir es un desafío al posible desencuentro. A la extinción de la grafía que devenga en otros días. Y ahora, con corazón sereno, ante el mundo que parece nuevamente sustancial, ¡Os digo! Ha de llegar el instante, el que no podremos retrasar, el que como todo, llega, Así como veloz pasa el tiempo y escandalizados nos asombramos de su pasar. Ha de llegar, sin cita, ni protocolo, al encuentro, ha de llegar, irreductible, el instante. ¿Estáis preparados? Trémula la carne se resiste a la tierra. Agitado, el corazón busca el aire que llene los pulmones, que colme el vacío, para olvidar que el aire solo llena el vacío, para no recordar que el aire invisible es la sustancia que alimenta al fuego en que arde la vida: así arde el mortal en el vacío que es, y en el que pronto se redimirá para volver a aparecer.

Zeus Si la palabra no nace libre, no es sagrada.

Ante las marmóreas presencias de los siglos pasados. Quince colosos se erigen desafiando el instante; y nos dicen: Tiempo no hay, sólo la tenue y fugáz visión del momento al pasar. -E iluminad ¡OH Atenea! en vuestra visión la mía, Y hazme ver vuestra clara desnudez y en pétrea piel volved mi carne, La forma de los mortales.

¡OH Altísimo Zeus!, Renace vuestro espíritu, Imagen que pronto se fundirá en el olvido de quién las ve. ¿Y que será de ellas? Vuestros Colosos y Kouros, su eternidad de piedra. Le canto a la intima belleza de los hombres: ¡su fugacidad!

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Tras el ruido de nuevos personajes, parecéis inmutable, no os escandalizan sus vanas pretensiones. ¿Cómo habrían de hacerlo, si así de vanas son sus presencias?, Y así como el día renacerán tras el olvido, Más allá de vuestro reino vasto de formas aún incompletas. ¿Será vuestra forma la que en nuestra tenue presencia destinas a los hombres? Igual que tus columnas: ¿Qué sostienen en su afán de sostener? No hay ya Capitel ni frisos gloriosos Ni épicos destinos. No hay Dios sentado, ni pica broncínea, ni casco áureo. ¿Serán vuestras columnas solitarias igual que nuestras vidas, ya sin más que sostener? Y vosotros los antiguos: Desde duras tierras curtidas por el fuerte sol, Apolo: ¡Bello Apolo! Brille la luz de tu padre, y en él renazcan los que al tiempo desafiaron. Tiempo eterno de lo mismo, Zeus: ¿Seremos el fútil juego de los Dioses? ¿Jugarán ellos a ser hombres? ¿Y de ellos sus pasiones en carne? Para renacer de entre la piedra y dibujarnos sus rostros inmortales. ¿Jugarán los dioses a ser hombres? Cargamos el pesado mármol. Erigimos columnas que sostienen, Capiteles gloriosos de templos vacíos. Si vivir es siempre desatinado, Entonces: ¡OH Columna solitaria de los siglos!, Ahora siento que nos parecemos. ¿Seremos hombres que juegan a ser dioses ? No hubo ofensa más altiva que desafiar al poder divino. No hay nada que realmente se deba hacer Si vuestros ritos son ciudadanos de lúdica patria al nacer; Si vuestro aire es el viento cálido que en el cuerpo llamais “respirar”.

Si no hay mecánica más compleja que la del entendimiento, ni belleza más simple que la de la pasión. Entonces: Amo vuestros cuerpos apasionados, amo la luz de vuestra razón, beberé el vino de vuestra tierra. Volaré en alas de vuestra palabra, y en el verbo que la grafía de vuestros hombres supo acuñar extasiaré mi espíritu anhelante, Al cuerpo que se libere a la tierra, Al espíritu que se libere a la luz. Al miedo que se libere de la muerte. A la vida, que se libere de sus vanidades. Y dadme aire de nuevo. ¡OH dulce sueño de la vigilia!,

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Y extiende en mi mano vuestra luz Si ellos acuñaron símbolos en piedra, Para que el decir se arraigue en los tiempos, Para que otra garganta gima en su cuerpo doliente, Los cantos que antaño dolieron en el vuestro. Hacedme el dolor de la palabra, y que duela al pronunciarla, Así no habrá ya tanto escrito, así solo escribiré con sangre, O con cincel en la piedra del entendimiento. Despertad del sueño persistente y reconoced; Vuestro destino. Vuestra gloria encadenada, la ceguera de los Dioses que juegan a ser humanos, Y ved en la temida presencia a vuestra amiga. Y mientras os hayan esculpido en el barro de los siglos, En imperfectas formas, Tallad en la piedra de la vida el misterio de ser. Redimid vosotros al espíritu dormido de un Dios, Que humano juega ser. Que sea vuestra palabra pues, ¿Qué hay en las palabras que son vistas que no hay en las que se escuchan? ¿Qué hay en aquellas palabras huecas, grabadas en la piedra? ¿Qué pretendieron los antiguos legar como designio en los tiempos? Conjuro engañoso de la certísima noción de lo cierto. Si tras vuestro mundo escrito se oculta la fiera que custodia los grilletes de vuestra reluciente cadena. Como trofeo divino os hacen marchar en la plaza de las victorias, Vuestros dorados eslabones están fundidos en la aleación más noble: La palabra y la razón. ¿Cómo pudieron atrapar la pasión y el ansia ? ¡Liberadnos! Si la palabra no nace libre, no es sagrada, Solo rendios ante vuestra dignísima palabra libre de cadenas. Cuidaos del engañoso sentimiento de la libertad. Vuestra esclavitud es pretenderla, no hay libertad pretendida, No hay libertad que se obtenga solo de la fiera pasión desatada Será pues, El que puede serlo sin pretenderlo. El que puede verlo sin saberlo, El que puede decirlo sin hablarlo, Ese será.

Ágora Y aquí sentado, Donde hubiera el divino Sócrates hablado a sus hijos, sus discípulos. Las mismas rocas, el mismo suelo el mismo sol. ¿Y que nos une ahora? ¿Tu tierra?, ¿Tu suelo?, ¿Tu sol? Quizá nos una el ver y el decir, que se funden en tu paisaje para contemplar un instante de lo eterno.

Visión

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Tierra de fuerte sol: Veo la furia de los hombres atravesando los cielos, cruzan en trueno sin tormenta el sonido de su ira, su revancha de fuego busca el piso. El suelo de los hombres, donde se abra paso a través de la carne, el metal profano que corte la vida. Si tu letra pinta curvas decoradas y finas siluetas, ¿Cómo puede hablar la muerte en manos ausentes de la vida? Veo en tus ojos arder la llama que calcina lo frágil. Veo las lágrimas que apagan el fuego, y vuelven a encender otra mecha. ¿Eran los antiguos aquellos que separamos en historia y tiempo?, Como si algo de lo real pudiera habitar el pasado, algo más que efímero tiempo. Y la historia: Pertenece ya al olvido, solo presente en cuanto la invocamos. Entonces más que nunca presente, Como Alejandro, y Homero y sus huestes Peleando por la mujer que diera el nombre a un pueblo. Si el minuto pasado es tan incierto como el paso de los milenios, y lo más cierto se presenta ahora. Si ya tus hombres no marchan resueltos tras la bella Helena. Si no se miden dignos y valientes, ante la forma aguda del bronce diestro. ¿Qué son tus imágenes planas de pantallas agitadas por tu demencia? ¿Qué es el vuelo rasante del abejorro de plata y su escolta sangrienta? ¿Acaso tu ambición? ¿Qué son tus torres cayendo en columnas de hombres? ¿El símbolo oracular de tu devastación? Si de todos modos canto al destino, que han sellado los Dioses a los ojos ciegos, del misterio de la vida.

Abandono

Hemos sido exiliados del lúdico terruño, Del juego de ese mundo mágico e inocente. Hemos sido arrojados al ostracismo, En esta patria cruel de obligaciones y cosas ciertas. Como si hubiera un camino por recorrer; Al olvidar el juego que se parecía a los sueños, difusos, del todo inasibles, y habitar el tedio de un mundo concreto. El niño reclama el juego, rechaza destino, Solo el dulce olvido que borra la memoria, nos puede curar de tanto mundo hecho. Clama tu cuerpo lacerado hombre doliente,

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la medicina , la panacea sagrada y en el amoroso brazo del olvido, ¡OH Asclepios! Mitiga el recuerdo del dolor. Si lo que duele es recordar, El flagelo pasado y unirlo al instante que deviene, ¡Pues corta la cadena! Huye ¡OH Espíritu Libre! Descubre el velo que esconde la cadena: el manto del dolor.

Creta Gracias sol dorado del poniente: ¡Gracias Creta! Tu tierra soberana de un pasado glorioso, En tus piedras sigue aullando el grito del toro agónico, Y tu héroe escapando de las galerías del tiempo. Ariadna: ¿Dónde tu cuerda? ¿Dónde el Minotauro y tu dulce Teseo? Con la sustancia del tiempo tejen el entramado, Nuestro sólido laberinto; Tiempo incoloro, Cristalina textura que nos encierra en sus galerías A las dimensiones de la pasión.

¿Has bebido del cáliz de mi sangre? He bebido de tu sangre también, Tras el tiempo que deviene, Y la ausencia que sostiene El nombre vacante que seré. Como anhela el oscuro mar la noche y las estrellas. Como anhela el negro cielo el metálico resplandor de luna. Y aquellos otros hacen lo debido. ¿Por qué será que ante la evidente presencia de tu poder divino, ¡Radiante Febo!, no tengo duda? Veo la loca pasión por marcar el linde de las cosas, por saber en que lado colocar cada término. Veo que buscan nombres firmes, que resuenen fónicos al sonido que su entendimiento pretenda adecuado. No puedo decir ni asegurar nada sobre aquello que de las cosas pretendan al ver . ¿Qué sonido parece mejor entonado con la melodía de decires que profieres creyéndote atinado? Si tan solo pretendiera ser distinto a ti por no parecerlo, Eso ya me haría igual, Pero soy igual a ti, aunque tu no lo sepas. Por eso hermano te canto, Oh Yo, Desatinado poeta.

Egeo Aquí, frente al inmenso mar, que sintiera antaño a los maderos unidos en casco robusto, las intrépidas naves Aqueas, los navíos Minoicos, Espartanos, Persas, Egipcios, Romanos, y tantos otros que en mí la memoria ha olvidado su nombre. Pienso: En tus aguas como en profundo misterio que esconde la vida. Quiero sumergirme en el azul abismo, Volver de Él, pequeño hijo de la tierra, Pequeña porción de líquido elemento,

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Pequeño espacio en tu cielo, Pregunta de innombrada respuesta, Espíritu de libre sonido, Eco suelto hecho de tu forma sonora, Tu propio agua y el viento.

Pregunta Hasta lo más prodigioso nos sacia, repleta y cansa. ¿Seremos ánforas entonces? Cargadas de dulce néctar o ponzoña, ¿Sólo el espacio vacío que al llenarse desborda? ¿Somos sin tiempo? Que todo tiempo nos sobra, ¿Profanaremos el sacro espacio? Que todo él nos vasta. Si en lo único está lo doble, si de todo hay un opuesto, Si nacimos dos: Hombre y mujer, paz y guerra, día y noche, luz y sombra, sueño y vigilia, vida y muerte, Y de todo lo doble lo múltiple se desprende. Y será que en pares infinitos se articula la vida, Que nada es tan verdadero y nada tan falso. ¿Será que ante el temor de perdernos en tierras extrañas reclamamos una conocida?. Proclamamos una bandera, adherimos a instituciones, creemos, Creamos vanas esperanzas que nos salven, y también nos rediman. Será que al fin debamos ser uno, Unirnos a la fuerza de la vida. Si la muerte es sólo olvido, No se pierde la vida, Ella esta a salvo de nosotros, Que creemos poseerla, Vanos perseguidores del deseo, Temerosos ladrones del instante, Fugitivos del destino.

Cnosos De firme bronce tus modelos, Que vieran las formas antiguas: Toro, Mujer de pechos de flor, Una serpiente en cada mano. El hacha ruda de filo doble, Tú herramienta, que al espíritu mensajero sirviera, para anunciar, el destello que al dorado bronce, rubí volviera, Ofrenda sagrada a tu divina apariencia. A ti canto: Dios -Toro. Ha confundido tus cuernos, una moral resentida de culpa, Con lo fuerte de tu noble vida. Si tus puntas agudas de bravío sentido, Con las llamas de sus miserias, en humano infierno han igualado,

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Si sus demonios están allí vivos y no en profundos Avernos, Habitan ciudades crueles, Visten sedas de profana lujuria, tímida de vida. Sus demonios pretenciosos de eternidad, Envidian tu tiempo eterno, y reclaman inmortalidad. Pretenden la no- muerte. El oscuro secreto que han perdido: La bendición del olvido. ¡OH A ti canto bella Creta!, al complejo laberinto, A nosotros, Los dudosos Teseos, y a los otros, Que de ofrenda al Dios-Toro han partido. A tu dorado sol, al palacio tan temido, A tu dulce Ariadna Tejiendo los hilos de nuestro camino, Al navío en puerto, Al viaje pronto, A tu vino dulce, A Dionisios Y al Olvido.

Thira Suena música en el aire, El sonido del mar, guardaremos este momento, para no olvidarlo cuando sea pasado, y a él hemos de volver hechos de la forma de los sueños. Nuestra morada terrena, La maravilla de ser este momento. Quiero volver en tu roca, ¡Volcán! Amigo, te llevo como regalo en mis ojos, junto al sol cayendo sobre un mar de plata, Que miles de años no supieron borrar . Amigo eterno, Llevo tu luz en los ojos para que te veas reflejado en el cielo de aquellos que se perdieron, La vuelta de Odiseo, para que veas tus islas sagradas, tus volcanes humeantes, tus templos huérfanos, la espada brillante del oro-sol el bronce rojo, La dicha de saberse un momento.

No quiero olvidar nada de esto, y permíteme esperado Hades, que prófugo de la vida, De tu reino recupere una gema; En tu complicidad quiero hacer un acuerdo: Permíteme la maravilla de este momento, ser ese sol cayendo, El vuelo del ave rasante: Permíteme la visión fuera del límite del cuerpo, una vez más en instante sin tiempo, Ser tu mar azul Egeo, los siglos de tu gloria, permíteme una vez última ser en ti

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y te ofrendaré dulce mi carne, y como precioso tesoro cada recuerdo...

Secreto Guarda Espíritu la esencia y el secreto de saberte humano. Bebe hombre el néctar divino de cada momento. Sábete tierra, de ella hecho en su forma, Sábete barro, también del fuego y el viento, Y confieso, El de los Dioses un secreto: Eres semejante a las cosas que vieras, Eres las cosas y ellas no lo sospechan. Eres el tibio mar, el rojo velo, Eres la roca dura, el firme metal, Eres la visión y el sentido de la tierra, Que no se limita a la carne y el cuerpo. Pues hace falta que caiga el velo del tiempo, Para que reconozcas los signos que en él te esculpieron. Ya lo dicen tus sagrados textos: No eres más que del barro salido, No eres más que el soplo en el principio. ¡El verbo! Luz partiendo la noche de tu temido encierro, Eres aliento sagrado, Y todo ello en ti uno, Como el altísimo dijera: Imagen y semejanza tu cuerpo al de lo divino. No temas volver en Dios, Pues si el hombre es su hijo, Lo eres tú de tierna carne y sentimiento. Pues sí los Dioses muchos partieron, Y te abandonaron a la soledad de las cosas duras, La imagen vacía de saberte firme textura. No olvides: ¿Cuál es la sustancia del recuerdo? ¿Cuál la del tiempo y la del sueño? ¿Cuál es la sustancia de lo que vive más halla de tu ser anclado en único cuerpo? Y recuerda: La muerte acude a limpiar, tras su paso la memoria, la de tu pretensión. Ella renueva los sentidos, renuévate en la vida y no temas. Corres efímero la ventura del ser, somos lo mismo, destino brillante, hermano mío: Hijo-Dios-Padre, Huérfano y pretérito tu nombre, vacante de tu cuerpo: Somos no más que toda la historia, todo el acuerdo y todo lo dicho. Somos el mágico instante en que se derrumba el mito, Y renace en el presente que atestigua El misterio de lo hoy incierto.

Naxos

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Te veo desde el navío en tu diáfano cielo Egeo, Mar azul de islas imperfectas, La que diera el nombre al llanto de tu dulce Ariadna. Naxos, como un día te viera Teseo, Y algo del duro abandono, desde ti se muestra y siento; No sé si es que te dejo, o tal vez, quede arrojado por fin a tu suerte. Algo del viejo Héroe y la paciente tejedora, también llevo. Ser yo mismo y el propio laberinto, La soledad íntima en este vasto mar de fantasmas, La ausencia de destino, Más que el propio y el instante. Ariadna: De tu profundo lamento siento, El pecho palpitante de la soledad de los siglos, La del tiempo no resuelto, Que no pudo confortarte.

Guerra Guerra, conflicto, acción, violencia, destrucción, muerte, victoria, derrota, traición, valor, nobleza, cobardía, honor, gloria, horror, sacrificio, dolor... Si la vida surge espontánea y la muerte también, ¿En qué forma se manifiesta el destino en el signo de lo mortal en la guerra? En la muerte de las masas, ¿De qué nos habla la guerra?, ¿Que no nos dice en su de todos modos suceder? .

Carta al mi-mismo de otro momento ( a quién leyere) Es ahora en el decir de las palabras, el manifestarse de la tinta. Como en la fotografía, algo del instante logra a través de ella alcanzar a quienes la ven, tan ajenos a la imagen que reflejan los colores en el papel Como ahora el decir que suena dentro, las palabras nuestras. De seguro algo llegará desde ellas, así como tan particular sea el momento, en los ojos del que sea, Presencia que desborda en cada espejo que representa lo humano. Tú me rescatas, quien lee, en un momento que ya no es, y aún más legítimo tu entendimiento que el mío, Porque ahora precisamente nace en ti, nuevo, el ver. El puerto minoico y sus navíos, como hace cuatro mil años quizá alguien los viera, La noche que abre misteriosa en sus estrellas, el único signo distante que al cielo del mar lo diferencia. Y si obviara las luces de faros incandescentes, el rugir de los fieros motores, sus diques de cemento, la sustancia de la que ellos están hechos, siempre la misma, Sustancia de sueños y vigilia, la concreta sensación de la existencia, del haber algo más que vacío. ¿Y por qué tanto sus novísimas formas nos fascinan? Si siempre todo es nuevo, aquello que llena la nada, siempre es imagen, más allá de lo estático que pueda parecerle a la razón, la mecánica de las cosas y el movimiento. No he visto hecho más fantástico que una puesta de sol sobre el océano, Que el volcán humeante de tierra encendida, Que el mar bravío o la tormenta repentina. Pues es entonces, querido hermano mío, lector de otro momento,

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A ti hablo y entrego la maravilla de este momento. El arcaico signo del navegante, el barco que zarpa, la ansiedad por el mar, el viento y los puertos, el viaje más puro, él que no culmina en ningún lado; Después de haber partido, següir en tránsito, y puro movimiento. Por eso a ti te digo, reflejo mío en este momento, renazco a través tuyo, a través del decir que resuena desde las letras y en tus ojos vuelve sonora palabra, vuelvo a la vida, en mil formas, He aquí mi secreto. Mi cuerpo ya no es carne, ni carne tuya la forma de mi renacimiento, somos en lo mismo: La visión de este momento, la imagen persistente que te rodea, el sonido constante de tu donde sea, Los límites que determinan el cuerpo, La porción que ocupas y siente frío o calor, tibio ser, aroma y color, En este único momento: En ello forjo nuestra liturgia, en ello la comunión de lo que vive, Vivimos también nosotros firme instante, Firme tiempo hecho lugar, profundo cuerpo material, Sustancia inacabada del tiempo.

Corinthos

Leve aire somos, Sostenidos únicos y en todo, Como el viento, latiente fuego reflejado en otros. Espléndido, visual radiante, Del sonido azul, Y tu luz, golpeando piedras en mi pecho. Ciudad antigua mil veces destruida por la ira del hombre y de la tierra, los Dioses aquí lucharon, y predicó el santo con su vida.

Pablo: ¿Habrá buscado del destino de Cristo la grandeza? O será que de la historia los hombres, La suya volvieron en hazaña Si aquel no ha escrito, Y después de tanto dicho, De tanta gloria pretendida, Excusando tanto horror en su nombre, Fue su sangre y su martirio, Y su humano padecer sobre el madero, Iluminó el verbo en tu corazón . Brillante entre tantos, En uno solo él devenido, Su forma en la del hijo, Que igual que el padre, Es Dios y también hombre. Se ha filtrado una intención: Igualarnos con los Dioses, si en tu palabra sonaba el arameo, y luego habló el griego, la habla el hebreo, y ahora suena en lenguas nuevas, quizá sea solo entendimiento,

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Y tu sola historia basta ya que en tantas otras has aparecido entre nosotros, con tantos nombres, como conformaran a quienes te lo dieran. Cercano ahora te siento, y sé que dos mil años no nos separan, no separa el tiempo. Nada debería asombrarnos mas que la presencia, el mundo; todo lo mismo. Contemplo desde profundos espacios o desde la textura firme de las cosas; hechos íntimos de la conciencia, que aparecen en sus formas, devenidas de aparente sustancia, donde nada es mas cierto que su apariencia, y nada mas firme que su aparecer. Sustancia también la de la forma de los sueños, la de los recuerdos, y la de cualquier presencia. Habría algo mas firme que la roca o que el hierro; el ser ante el que se presenta la tenaz noción en que devenimos, este relámpago y en él, la liturgia de lo eterno.

Imagen Me desgarra profundo saberme mortal, Me profetiza venturas saberme del viento, Y miro cada forma que se representa, Y en la del humano cuerpo devora, Aquello que misterioso, Efigie en las arenas del anhelo, Mis pasos tras el agua del tiempo, Como en este mar de sentidos, Mi propia imagen y la del resto. ¿Dónde han visto pasar al minuto? ¿Dónde la presencia del tiempo? ¿Dónde la distancia fuera de lo que mide? Este vasto océano de ausencias, En que a ninguna pertenezco.

Destino Frente al puerto Corintio, sin nada que hacer mas que contemplar este azul abismal, supe algo ahora evidente: No me tocó ningún destino seguro, con deberes tan prestigiosos, con oficios tan rentables, con pareceres tan ciertos, con propiedades tan adueñables, con el tedio molesto de quienes ya mucho poseen, con el anhelo afligido de quienes algo codician, con el aplauso de las hordas, ó el consenso siniestro de las ciencias, o el asentimiento de nobles morales pretendidas, o el orgullo inflamado por los elogios del rebaño o el pueblo. Habito un espacio lleno de cosas sin otras, lleno de sin, y sin embargo tan sentido. Sin tanto, ¿solo soy esto?: Mas de tres decenas de los años contables, un cuerpo que ocupa un nombre, una sucesión de números en cifras complejas y muchísimos atributos, condiciones y estados... Pura ausencia todo aquello es. Solo me afirmo en lo más íntimo: Este momento, mi corazón enamorado; y la mujer que amo,

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A quienes amo, y en ti quién lees, Sea el yo de otro momento, Quién tú ahora eres, No mas que ser sea quién fueres, En ello me afirmo, Y en ello todo el tiempo.

Pablo En el ágora de la antigua Corinthos leo en la piedra, el mensaje que dos mil años atrás hablara aquél: "Por este leve momento de aflicción está preparada para vosotros la eterna gloria sin comparación." Y os digo: Hombres de la tierra, ¡Despertad desde vuestro sueño profano a la luz de la vida! Despertad a la gloria viviente en el instante, Vivid fuertes también este momento, que de él todo lo eterno también está hecho. Si los Dioses muchos, invisibles a nosotros, huyeron, Despertad en la carne del Dios Hijo, al hermano vuestro. La deidad única de lo viviente, En la forma de los cuerpos.

El Silencio El sonido lo corta, en la forma imperfecta de la voz. Ved a Dios mismo en cada cosa que se representa. Sentid la vida en vosotros, que tiempo no hay, Solo el instante eterno del que antaño hablara el hombre al ágora sediento. No hay pequeño conflicto que día a día se presente, que no sea todo él, el mundo entero. Soportáis el tedio y el dolor, en vez de ver la gloria en humana carne hecha divino cuerpo, y al mundo que a diario os aqueja transformado en la grandeza del azar, la verdadera gloria de vuestra marcha. Sentid íntimo ese misterio, y poderosa la fuerza de la vida. No son mas que esas las eternas condenas Sus llamas hechas de vuestras vanidades, de la misma sustancia que la del tiempo. Redimios desde el rutinario y mundano infierno, desde lo pequeño en la grandeza, Guarda el secreto aquel nombre: Pablo vuestro misterio.

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Crónicas “Daría toda mi sangre si así te redimiera, quizá también yo despertara del letargo fatal”

Sueño de pájaro Luz lanzada en descargas eléctricas, Moviendo ¿Quién sabe qué?, Estableciendo las redes de la visión, ¿Quién sabe donde?. Agitaba un mar furioso de deseos, de pronto despejado e inmóvil, Los pensamientos abdicaron ante la evidencia de los sentidos, ante el anticipado desenlace que anunciaba la razón. Sabía exactamente lo que iba a suceder, conocía con detalle certero, la secuencia natural de movimientos que se desencadenarían sobre el final. Esto debía terminar. Siempre nos sorprende, y ante lo inexorable, la espera se torna en desesperada lucha, el cuerpo no cede y reclama como propio lo que ya no le pertenece, en el mejor de los casos eyecta la conciencia de modo extraño, eyacula intenso su último fogonazo de vida y devuelve a la gran matriz, el don que le ha sido prestado, lo presentimos, y únicamente ante la gran evidencia surge la certeza de este conocimiento. Miraba a cada quién...¿Cómo podían estos personajes tomar en serio su papel?.... ¿Cómo podían llevarlo a cabo hasta el final?...quizá de esto se trate la obra, de que se la cumpla. Cada paso de aquel títere, perfectamente ataviado para la ocasión, se sincronizaba con el repique del redoblante, con los rostros adustos del pelotón. ¿Cuál sería el último acto?, ¿Qué se dice al final?, ¿En que se piensa?...¿Qué se hace?... Un pájaro se posó al borde de la fuente, sobre la estrecha callejuela al fondo de la plazoleta avanzaba el oficial, y dos universos se abrieron delante..¿Quién podía querer seguir con esta pantomima?... Ví a los títeres actuar, listos para el gran final. El metálico destello del sable por caer anunciaba la ejecución, y desperté de mi sueño de pájaro, desperté del que soñaba ser humano y abrí los ojos a mi sueño de hombre, siempre había sido aquel pájaro, y lo supe al final.

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Luna Sobre Monte No iba a durar demasiado esta vez. Sólo un instante nos separaba, abría una delgada línea, del lado oscuro al que volvemos sin recuerdos. Nos internamos en la parte más profunda, luz plateada sobre el monte. Ungidos en ella vimos con los ojos de la vigilia en el sueño de la noche. Era el designio, perdernos según el capricho verde de esa naturaleza salvaje. Tras larga marcha se abrió un claro ante nosotros, era de esperar que eso ocurriese. Siempre sucedía de igual modo; la selva, en algún momento, preparaba un hueco, el lugar donde luego danzarían los bailarines de la noche, donde ella mostraría su rostro mas velado, y sería esa, ...Luna llena sobre el monte. Nos ocultamos tras los matorrales. Apenas podía oírse la húmeda respiración de mi cuerpo agitado por la travesía..Silencio humano, canto de selva. Fulgor plateado en el cenit de un cielo del trópico, caía perpendicular sobre nosotros ...Era el momento. Y le dije: -ya es tiempo Y desaté las cuerdas que sostenían a su cuerpo inmóvil. Y lo miré , tras su mirada vidriosa : el horror de la muerte, y pedí , y pedí sin respuesta, lo que no se pide. Pronuncié las palabras, y canté su canción. Y allí quedó tendido el cuerpo, librado a la tierra, en su círculo de plata, y me marché en silencio, tal cual había llegado. No era la primera vez que arrastraba un cuerpo dentro del monte. Lo hacía cada vez que debía despertar. No había durado demasiado, y me perdí entre brazos foliados hasta el delirio, me dejé perder una vez mas, de eso exactamente se trataba. Hasta aquí sabía cuáles eran las reglas y los pasos. En adelante, todo me sorprendería. Debería resolver cada situación, como absolutamente original, mi vida iría en ello, la conciencia de ser se jugaría en este acto íntegra. Recordé aquel juego primordial, con lúdica disposición acepté el desafío, debía esconderme del personaje, y encontrar su lugar, de eso trataba, y se jugaba hasta el final. No debía dejarme ver por quién me había arrastrado hasta el círculo, ya no le reconocería, ni él a mí, y si lo encontraba, su cuerpo se desmembraría instantáneo, el terror lo inflamaría hasta hacer arder el espacio mismo a su alrededor, sería lo terrible más aún que la simple muerte, el verdadero horror de lo propio atestiguando la mismidad del ser: mortalmente insoportable . Y corrí, me levanté desnudo, y corrí, no había dirección, solo importaba correr, enlodé mi cuerpo a la orilla del bañado, unté mi piel en su tierra, para no-verme, para no reconocerme llegado el caso. Y corrimos los dos, y corrimos como nunca. Y despertó el animal, y corrí fiero tras la presa, y ahí lo vi, justo donde debía estar, en su exacto lugar. Y rugió la furia de la bestia, temblaba el monte ante mi paso, y me estremecí ante su vista. Justo ahí, detrás de los cañaverales, la observaba escondido y la vi avanzar sobre aquel que yacía enlodado en el centro del claro, y la vi devorar su carne firme, sosteniendo entre sus garras el divino alimento; la vi fundirse en su cuerpo desviscerado, la vi cubrirse de piel humana, la vi erguirse en sus patas y rugir-aullar al monte la ventura de su sangre animal fundida en la conciencia humana, finalmente éramos uno-el-mismo y desperté, desperté a mi sueño animal, la fiereza de la tierra...

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Septiembre Presentí la muerte al despegue, La lucha: la inevitable agonía. Si aquellas muertes que se mueren como espectador; algún día se morirán como protagonista. En una tormenta salvaje de rayos y relámpagos furiosos. El avión aguardaba la orden de la torre. Sobre la pista la nave se agitaba, y aún no veía cielo. Y Decidió moverse, tembló violento enfermo de tierra por sentir el cielo, subió tanto como pudo para escapar de las nubes en su violento ascenso. Y fue entonces que sentí con el cuerpo el dictamen que profería la razón; y me pregunté: ¿Por qué no ahora? Bien podría ser ese el momento en que todo acabara. Podría ser ese el instante justo en que todo terminara. ¿Habrá pensado algún pasajero de algún vuelo caído semejante destino? Cantará como antaño el “otro”, en el exilio de su patria Dionisíaca , Se refugiará salvadora la visión extraña a este ser que ahora teme, la disolución de las memorias, perder la tímida visión instantánea, la de mis compañeros en los ojos abiertos, la de todos los cielos e infiernos si a ellos me entrego; ¿Quién sabe si algo en la visión-otra reconozca a quien ahora cree reconocerlas? Y entonces decidí escribir aunque se perdiera la grafía en los cielos. Y esa tarde compartí la playa serena y su dorado tesoro de arena, su mar tibio, y la ofrenda de la amistad . La suave caricia del sol, la lluvia fresca sobre la piel y flotar en ese extraño bautismo de agua en el muelle de la bahía. Whitman fue mi extraño anfitrión, y ella él etéreo dibujo símbolo del vuelo, mi compañera en su nueva imagen: el rol que le había impuesto su trabajo, la laboriosa mujer del aire. ¿Sospecharía lo que ocurriría aquella mañana? Y colmado de historias perdidas, como tesoros rendidos a los dioses del mar, me he quedado con una perla, un recuerdo, su sonrisa la tarde que nos despedimos. Yo subiría al avión en el que tiemblo, ella trabajaría en su próximo vuelo la mañana siguiente. Tras el temor y la noche, soñé claro, llegando a tierras lejanas. Amanecido al viejo mundo en una calle de Londres vi en los escaparates de una tienda la escena trágica: el mismo vuelo que ella volara; tomado por otros engañosos sueños, convertido en chispa humana, de quien sabe cuanto más fuego de llamas devastadoras. El hecho: su avión cayó preso de alguna ferviente forma de la ira, hacia el incierto destino del martirio llevándose al resto, y a los monumentos del imperio. Por algún extraño motivo horas después de despedirnos, ella decidió posponer el vuelo: había encontrado quién la reemplazara en la tarea de morir; así es que no se como ni cuando sucedió que ella no abordó el avión: si fue en esa mañana Newyorkina; o bien su destino cambió con el mío, cuando llamé desde Londres mientras ella dormía. Y bien soy dado a pensar que el laberíntico camino de las cosas y la vida truncó aquel cruento devenir por otro en algún inefable cruce cósmico, y en ese choque extraño fui yo tanto mi otro y mi mismo que nos hallamos ante ella y aquella mañana.

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Profecía Del Shinkal

Resucitará en el corazón de vuestra gente el espíritu que dormirá, De quienes ahora les toca desaparecer; La muerte verdadera no es la del cuerpo, es la del olvido de un pueblo, Y quedarán guardadas en el destino de este suelo, que un día verá nacer a los nuevos hijos del sol, para la gloria de esta tierra toda, A las semillas que aguardarán cuerpos nuevos, para florecer los misterios ya listos y en devenir, así como el sol y el día renacerán tras la noche del espíritu, y el sueño de la pasión. Tras los ciclos grandes del tiempo, sus hombres despertarán en carne virgen, el espíritu dormido de éstos a quienes ahora les toca desaparecer... Y será en aquellos tiempos de espíritus indigentes, Que los cuerpos hambrientos de la luz del ver, Padezcan la ceguera que sus males elijan, Bajo la forma de las apariencias, Tenderán suyo el engaño, y la maldición de saberse hombres, Y no reconocerse hermanos. Asediados por la sinrazón y el descreimiento, Refugiarán sus miedos en templos sagrados, Y volverán al mar oscuro de piedra gris, Que cubrirá su tierra, Con los dolores de sus vicios, Con los clamores de sus anhelos Apagarán lo libre que haya en ellos, Desconociéndose los prisioneros, Se verán ellos mismos los guardianes, Sin ver los muros gruesos de las celdas De los pueblos que los rodeen, Sin ver la soga tensa, Del propio espíritu que asimismo los retenga En mano propia la fuerza engañosa, Que sus dibujos malditos persistan obstinadamente ante sus trampas, Con colores embrujados pintados en suave tela, Compren la sangre de los pueblos y la fe de sus aliados,

Pinten ilusión en formas del cielo y de la tierra, Altares del sol y el ojo grande en las alturas, El águila guardiana vestida de guerrera, Las palabras pintadas anunciando como ingenuas La venida de un Dios oculto, en el que su pueblo confiará, Más que en el sol o en la tierra... Y al sur de aquel pueblo aguerrido Deseoso del combate todo Revivirá la palabra del hombre, Anunciando en las semillas su simiente, Y la nueva luz esperará, La unión de rojo río y nueva sangre Para brillar el color naciente Dorado sol en plata luna, Sobre el azul de limpio cielo. Y en aquel tiempo donde lo dicho, Sea asunto de verlo pintado en telas, Y cuando el decir dure lo que un día, Y en él ya nada valga la palabra Ni persona alguna ello sostenga Será tiempo en que los fantasmas, se sienten en los tronos Y gobiernen desde oscuras cavernas El imperio de cruel olvido y tinieblas. Será tiempo aquel en que todo sobrando todo falte, y aún mas de lo necesario ellos teniendo, mucho más desesperen por tener, la medida del hombre estará fuera, en las cosas que pretendan y no en las del espíritu las virtudes, sus casas serán sus prisiones, Atrapando el querer sin amor en sus corazones. En tiempos aquellos en que abran los espíritus las puertas de mil vidas dormidas, abran también la memoria de quienes vuelvan por esta senda, mientras canten corazones el trueno de la afrenta, nacida desde antaño . Y nunca olvide, quién conozca el destino por la tierra heredado, el camino en el cielo, en el reflejo de estrellas, sus antiguos hermanos brillando, que después del cuerpo, en luz de noche fueron quedando, mil ojos del cielo, que vuestros sueños irán velando...

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INVERSIÓN Compramos en cuotas los barrotes de nuestra celda. Invertimos nuestro tiempo Inversión: Dar vuelta algo, poner del revés; Trocar; Cambiar la versión por otra opuesta. Nuestro: Pronombre posesivo que denota propiedad. Tiempo: Artificio usado por la antigua ciencia para medir el movimiento de un cuerpo en un espacio determinado. Suponemos que hay un tiempo para todo, Que un día tiene veinticuatro horas. ¿ Alguien ha visto una hora?.... Sólo vemos agujas dar vueltas alrededor del cuadrante digital. Los métodos de producción modernos dividen al día en horas para aprovechar el rendimiento, ¿Acaso el día no fue siempre el espacio de luz entre dos noches, el día solar?. Continúa un indefinido día de neón en las noches de la prisión, para que no haya diferencia, para que no se extinga esta creencia cronológica de estar dominados por el tiempo. Cronos devoraba a sus hijos. Somos las gallinas del criadero alimentadas día y noche con luz de tiendas para que pongan huevos. En jaulas del tamaño de nuestro cuerpo, jaulas de traje y corbata; jaulas de cemento, jaulas del espíritu y el pensamiento. ¿No estaremos invirtiendo el sentido de la vida en vez del tiempo? ¿No estaremos invirtiendo en este juego mortal el sentido de la vida? Invertir. ¿No estaremos hundiéndonos en este fango? No es nuestro, es un artificio , sólo un estado de las cosas la llamado actualidad. ¿ A donde van tan duros? ¿Qué es esa sensación de premura que los invade? ¿Qué asunto tan importante van a resolver? ¿Cuántos teclas van a apretar hoy? Asusta saberlo: En tu vida anestésica del mundo clamas por sedantes que te hagan dormir, analgésicos del espíritu, corticoides de la mente que detengan la inflamación que hay en tu cuerpo hinchado, en tu trasero al rojo por tanto sillón. Si finalmente todo acto se resume en un instante, si todo depende de un momento, (o acaso te sorprenderá tu muerte de rodillas suplicando su perdón). Mide cada paso, mira a tu alrededor... la cara de cada uno de los otros..., En cada prisionero se esconde un guardiacárcel. Que el vigía de tus actos no te juegue en contra. Y pronto, antes que nunca, decide tu próximo paso. Despierta.

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¿Quién serás? ¿Cuál será el extraño rostro del encuentro, sí ni siquiera nos conocemos? ¿Puede alguien conocer algo?.. O nos entregamos al misterio de las apariciones que se suceden, al fenómeno que se representa ante el ser en modos diversos, separando lo uno de lo múltiple. Asistimos ilusos al "mundo de las presencias y las formas" que se dividen entre "dentro" y "fuera", y eso creemos ser, los adentros en el afuera, y eso tememos: Que ya no halla dentro, cuando lo que nos habita es el "afuera", El silencioso y áspero afuera. Y en secreto nos dice: -Estáis vacíos y vacío es lo único que sois-. La memoria que nos aúna en la grafía del texto ha recorrido caminos milenarios (arquetipos del tiempo que somos). Amigo: ¿ Quién más respeta el profundo misterio de lo ajeno, que un amigo? No podemos reconocernos, salvo en esto: somos lo mismo: Misterio, ¿Qué más que el misterio signa nuestras vidas? Ahora te digo: Hermano, profunda presencia, no eres tú más que el personaje que representas ser, y así somos todos. No eres tú mas que en los otros, y eso es lo que ellos ven, así es como nos vemos nosotros mismos en el reflejo del mundo, que nos devuelve nuestra propia imagen (como el murciélago escucha del mundo el sonido que le devuelven las formas en que golpea el eco de su grito ) No muere la memoria, y eso es lo que tememos, porque lo vivo que hay en nosotros no ocupa lugar, no tiene la vida las categorías del cuerpo , (diseño del arquetipo de lo viviente) Si el mundo está hecho de palabras, y eso nos atrapa, la gramática, la lógica y la razón, nos atrapan en invisibles cadenas al imperio de lo real igual a lo sustancial, cuando es que todo es sólo presencia. Y les digo: -Les temen, a ustedes que proclaman la palabra prohibida Les temen, por que los escuchan los sirvientes del amo furioso. La desidia del vano imperio del hombre y su locura no tienen fin. -Tú hermano, has gritado salvaje, la palabra prohibida, Gritas a sus oídos: ¡Despertad!-.

Palabra Mas vale el silencio, la prudencia del que sabe y calla. En esta forma intrincada en la que hemos perdido el control, las palabras se adueñaron del silencio; rehenes, cautivas de la desesperación, se refugiaron en los cuerpos, y los cuerpos creen que son el verbo. Recurrimos a ellas para hablar. Quizá en este mundo agónico no haya otro fuego para iluminar los cuerpos más que su decir. El lugar desde donde se desplegó poder, hirviendo elixires en sus calderos matemáticos, creadores de formas, hacedores de palabra amarrando lugares vacíos, queriendo atrapar al viento, en sus jaulas de oro. . Y la potencia se refugió en los huecos, en los lugares ocultos de los cuerpos huyendo temerosos del fuego, enemigos de la luz, el silencio. 39


Por que leer ¿Por qué buscar en la extraña forma de símbolos que se suceden la secuencia exacta, la cadena que conjugue las palabras justas, el verbo que nos libere? No leas tan deprisa. ¿No es extraño que la sonoridad de la voz lleve entendimiento?. El conjunto de fonemas articulados al que llamamos “palabra”, esa musicalidad laríngea que escapa de los sonidos ancestrales, se representa en “concepto”, ¿Que extraña abstracción la de lo conceptual? Irrealidades fundamentadas en la lógica de las palabras, esos viejos sonidos guturales, y la matemática del concepto. Estoy buscando la grafía divina; ahora los rasgos sagrados que desde la piedra se eleven a la matriz del entendimiento y adquieran forma sustancial en estas letras que pasaron, en el sonido que se expanda al mundo al que te arrojan. Si hay una matemática del entendimiento, de la realidad, esta hace abdicar el caos de los sentidos en el marco de la razón.

Las Irrealidades Fundamentales Algo así como “tiempo no existe”, nadie ha visto el suceder de una hora ni a un minuto atrapado en la probeta de algún científico trasnochado. Un mero acuerdo semántico en el uso del lenguaje: el tiempo. Una obstinada pretensión de ver una cosa transcurrir tras otras, querer atribuir causas a los efectos, cuando no hay mas que fenómeno y nada nos asegura un mañana: no hemos de entender más allá de los signos que se presenten en este breve “mientras tanto”. La realidad es un concepto tan endeble como nosotros, amigo mío. No te conozco, y siento que tengo mas en común contigo que con quienes me son cercanos, ya que somos puro misterio, ¿Cómo no ser más semejante al que no se conoce que al conocido?...si nos rodea lo incierto y el caos, si nos rodea el insondable abismo; el destino que avizoras es tu ventaja, dulce mortal, los insensatos viven las pesadillas de sus mundos fantasmagóricos, de sus mentiras comedidas, de la réplica cotidiana de sus farsas. Viven a la medida de sus miedos. Estamos perdidos, y nunca debimos creer habernos encontrado. Arrojaré la secuencia más audaz: ¿Crees conocerlo todo?...Ya sabes a qué te enfrentas, y te he dicho también que es tu ventaja...¡me pone ante el dilema y a ti también!. Querido amigo: Te encomiendo al abrigo y reparo de nuestra hermana y al dulce rostro del que no muere Hermano, somos lo mismo, instante en fuga, nuestra eternidad dibujada en el infinito de nuestro efímero hoy. De todos modos resta un gesto, en este laberinto cibernético de palabras, en este desierto de información digital, en este océano de insensatez, si puedes ver más allá, adelante. La vida misma es un laberinto hecho de la sustancia del tiempo. Ya lo afirmaba un viejo maestro, y marchamos ciegos entre sus paredes; cada paso, cada decisión, nos lleva a una nueva galería, ¿Dónde terminará el laberinto de Hoy?...Y tal vez, afirmaba este Homero porteño, en la visión de Dios se halle la respuesta, la visión superior del laberinto de la vida, y entendamos quizás su geometría, la arquitectura del caos, veamos todo el tiempo en un instante y todo el espacio en un lugar, si nos hicieron a imagen y semejanza de este Dios escondido. Despreocúpate por la memoria hermano; es tan solo como un sueño, (como soñar sin conciencia de la vigilia del ayer, el tránsito es un instante), y de todos modos es inexorable. 40


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Desierto  

Crónicas inciertas

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