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Editorial Hoy somos testigos de profundos cambios a nivel mundial. La realidad geopolítica del mundo actual se encuentra en pleno proceso de transformación. Abundan las señales: desaceleración del crecimiento de China, caída en los precios de la commodities, expectativas de suba de la tasa de interés de EEUU (que sirve de referencia para la economía mundial), fuertes medidas de ajuste tanto en Europa como en Brasil, intensificación de conflictos bélicos que aceleran las migraciones y agudizan la crisis de refugiados, entre tantas otras cosas. Vemos, a su vez, cómo la crisis mundial que tuvo su origen en 2008 en los principales centros financieros del mundo, alcanza en estos días una nueva fase, trasladándose a los países emergentes. Y en un mundo donde los fuertes pelean, los débiles pagan las consecuencias. Es por eso que en las notas que componen el dossier de esta revista buscamos abordar este nuevo escenario a partir de un análisis geopolítico mundial, a la vez que

buscamos entender un poco mejor la realidad de dos miembros de los BRICS, como son Brasil y China, y ver cómo su dinámica política interna y su historia juegan un rol fundamental en el devenir de sus economías.

“la crisis mundial que tuvo su origen en 2008 en los principales centros financieros del mundo, alcanza en estos días una nueva fase, trasladándose a los países emergentes” A la vez debemos ser conscientes que nuestro continente no es para nada ajeno a esta nueva coyuntura. Los nuevos cambios a nivel global parecen plantear nuevos desafíos a países que hoy se ven obligados a repensar sus modelos económicos que ya no parecen dar los resultados de hace algunos años. El fin

de ciclo económico, relacionado en buena medida a la caída de los precios de los commodities (petróleo, alimentos, minerales, etc), principal componente de exportación de estos países; parece coincidir con un fin de ciclo político para los gobiernos post-neoliberales o por lo menos ponerlos en cuestión como está sucediendo de manera visible en Brasil, el país más grande e importante de la región. En este marco debemos analizar y discutir lo que está sucediendo en nuestros país. El modelo económico de crecimiento económico con inclusión social se está agotando y resultó ser insuficiente para transformar la estructura dependiente de nuestra economía y satisfacer las demandas insatisfechas más urgentes de una parte importante de nuestra población. En este número, abordamos este tema en una nota que intenta realizar un balance de estos 12 años de gobierno kirchnerista y darnos algunas herramientas para poder comprender por qué hoy


4 se llega a una situación como la actual que se cristaliza en un ballotage presidencial, donde las dos opciones se presentan como un retroceso para las mayorías de nuestro país. No hay dudas que hay un sentimiento generalizado de cambio. Casi todos parecen querer un cambio, aunque en la mayoría de los casos nadie sabe muy bien qué, cuál o cómo debería ser ese cambio, o qué cosas cosas son las que hay que cambiar y en qué sentido. Si “continuidad con cambio” o “Cambio con alguna continuidades”. Lo que nos debe resultar llamativo y mantener alerta respecto a lo que viene sucediendo este último tiempo es como están volviendo a tener vigencia en la formación del sentido común y se proponen como alternativas a los problemas de nuestro país viejas ideas que se quieren volver a imponer como verdades obvias, las cuales no deben ser sometidas a discusión alguna, como puede ser el reconocer al mercado como el mejor asignador de recursos y regulador de precios, lo pri-

KAMCHATKA vado como garantía de eficiencia, el endeudamiento como camino al crecimiento, los acuerdos de libre comercio y una posición de subordinación de nuestro país a las grandes potencias entre tantas otras ideas de corte neoliberal que un momento se pensó que ya habían quedado en el pasado. Pero la realidad es que lo anterior está y estuvo muy lejos de ser cierto. El enfoque neoclásico u ortodoxo de la economía que en buena medida es el sustento teórico de las políticas neoliberales no perdió vigencia y nunca dejó de ser el mainstream tanto en nuestro país como en el mundo. En todos estos años, a pesar de que con la caída de los gobiernos neoliberales de nuestra región se abrió una nueva etapa y se cuestionó fuertemente a esas ideas tanto en el plano simbólico y político como en el económico, en nuestra facultad aquello no tuvo un correlato en el plan de estudios de nuestra carrera, el cual tiene se estructura a partir del enfoque neoclásico-keynesiano, ni tampoco en la forma en que se enseña economía. Muchas veces los pro-

blemas reales que deberíamos poder abordar como economistas vemos que quedan muy lejos de la teoría. Es en este sentido que planteamos la necesidad, cada vez más urgente, a la vez que entendemos que es nuestro deber, como jóvenes en general, y como estudiantes de economía en particular formarnos como economistas críticos, capaces de plantearnos los interrogantes pertinentes para la comprensión del nuevo momento del mundo y nuestro país en el que nos toca vivir y de aportar a una corriente de pensamiento y también de opinión que pueda cuestionar fuertemente estas ideas que hoy se reciclan bajo la forma de una nueva política y dar con las soluciones necesarias a esta crisis política, económica y, permítanos agregar, ecológica. La revista “Kamchatka”, en esta edición, como asi también todos los anteriores busca ser un aporte más en ese sentido.

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Crisis internacional Una mirada desde la Periferia Por Mario Rapoport1 y Julián Grancharoff2 Economista e historiador. Profesor emérito de la UBA Estudiante de Economía. Becario UBAcyt del IDEHESI

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La geopolítica mundial actual Es de amplio conocimiento que el mundo está atravesando una situación de crisis socioeconómica que está impactando fuertemente sobre las llamadas “economías periféricas”. Pero, ¿de dónde viene este flagelo? No se puede comenzar a analizar el escenario actual sin prestar atención a los acontecimientos que lo precedieron. En 2008 se desató una crisis en los Estados Unidos de una profundidad tal que se la comparaba con aquella de 1930, la cual implicó verdaderamente un Crac en la historia del mundo moderno. Así, en 2008, fruto de una especulación intrínseca a la dinámica del capitalismo financiero global, la economía norteamericana estalló. El gobierno, contrario a las recetas que predican cínicamente desde Washington, no tardó en intervenir y puso en marcha todo su aparato político, económico y militar logrando fi-

nalmente trasladar la tormenta hacia otros polos del esquema mundial. De este modo, el comercio internacional se encuentra hoy transitando su octavo año de crisis que no hace más que reactivarse constantemente y pasar de un lugar a otro sin solución de continuidad. Primero fue el turno de Europa, hoy le toca a los emergentes. Esta crisis mundial no es sólo económica sino también política. La geopolítica ha cambiado significativamente en las últimas décadas en detrimento del liderazgo norteamericano. En lo económico, hoy ya no se trata de una hegemonía indiscutida del país del norte sino que persiste un sistema multipolar, donde además de los Estados Unidos, Europa y Japón-todos ellos en dificultades- asoman como una amenaza latente China, Rusia y otros países emergentes, mientras que en lo político y militar los Estados Unidos siguen constituyendo la única superpoten-

cia global. Consciente de ello,el gobierno norteamericanotrata de resolver sus problemas a través de una política agresiva, a punto tal de que algunos autores ya hablan, incluso, de una segunda guerra fría. En el Medio Oriente y Asia, Washington fomenta una situación bélica o prebélica para terminar de resolver el tema de la conquista de

“el comercio internacional se encuentra hoy transitando su octavo año de crisis que no hace más que reactivarse constantemente y pasar de un lugar a otro sin solución de continuidad”


6 fuentes energéticas. Sin embargo, esta intervención militar no es suficiente. En la actualidad, la visión anglosajona del orden mundial, con Washington y Londres como árbitros auto-designados de una guerra comercial permanente y universal, es contrastada desde Moscú y Beijing. Como no es posible resolver esa discrepancia con el solo recurso del fuego, los primeros deben apelar a estrategias político-económicas, siempre con una perspectiva geopolítica. Ante la pérdida de su competitividad comercial y de su control sobre la elaboración de normas para el comercio internacional en la OMC, la respuesta de Estados Unidos es proponer mega-acuerdos económicos preferenciales que tengan como centro y lazo común a los Estados Unidos y que excluyan a sus rivales: el Trans-Pacific Partnership (TTP) y el Trans-Atlantic Trade and Investment Partnership (TTIP). El primero excluye a China y pretende afectar el proceso de integración regional del Mercosur, y el segundo excluye a Rusia. El objetivo geopolítico de ambos acuerdos es claro: debilitar la interdependencia económica de China con sus vecinos y debilitar la creciente interdependencia de la Unión Europea, con el Mercado Común Euro-Asiático liderado por Rusia. Así, Washington intenta resucitar su sueño frustrado del ALCA y recomponer su liderazgo económico mundial. De más está decir, a su vez, que estos acuerdos tendrán consecuencias considerables para los países firmantes, especialmente

KAMCHATKA para aquellos con estructuras productivas muy disímiles a la norteamericana.

Una mirada desde Argentina El comercio internacional en su conjunto se encuentra en desaceleración. Históricamente, gran parte de los países han respondido a estas situaciones con medidas económicas tales como el proteccionismo o las llamadas “devaluaciones competitivas”. Tal es el caso de la economía

“Como una unidad de un sistema capitalista que es mundial, nuestro país está sintiendo las consecuencias de este escenario internacional” norteamericana lo que, sumado a los factores mencionados anteriormente, se propone trasladar la crisis a otros países. Prueba de ello es la nueva ley agrícola impulsada por el gobierno de Obama en donde se aprueba una suma anual de 95 mil millones de dólares en subsidios a los productores agropecuarios estadounidense. La misma perjudica directamente a países con una estructura de exportaciones predominantemente agrarias como la Argentina, que tiene un déficit comercial anual con este país de 6500 millones de dólares. A esto se suman las acciones de Washington en la OMC

contra la Argentina que la acusa hipócritamente de proteccionismo, cuando históricamente ha aplicado medidas para-arancelarias para impedir el ingreso de los productos argentinos. Como una unidad de un sistema capitalista que es mundial, nuestro país está sintiendo las consecuencias de este escenario internacional. Así, la situación presenta algunos rasgos salientes que vale la pena mencionar. Por un lado, encontramos una desaceleración en la tasa de crecimiento de China lo que, al ser nuestro segundo cliente en materia de exportaciones, tiene fuertes repercusiones sobre nuestra economía. Lejos parece haber quedado aquel crecimiento “a tasas chinas” en torno al 12% para pasar a un crecimiento del producto más cercano al 7%. Lógicamente, esta caída en la demanda de nuestros productos de exportación agrava el delicado escenario actual de las reservas internacionales. Pero esto no es todo. Al ser China un “país grande”, la caída en la demanda del gigante asiático repercute fuertemente en los precios de los productos en cuestión, lo que agrava aún más


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una disminución notable de las exportaciones nacionales a este país.

la situación. Esto se ve reflejado en una disminución de los precios de las commodities -luego de haber encontrado un pico elevado en 2011- lo cual tiene efectos sumamente negativos para las economías de nuestra región, cuyas exportaciones dependen considerablemente de estos productos. Así, este efecto no tarda en propagarse al interior del continente, donde cada país busca sobrepasar el temblor en soledad y en ausencia de coordinaciones de políticas macroeconómicas. A su vez, es pertinente mencionar la devaluación del yuan que, si bien es leve y las autoridades chinas niegan que tenga motivos competitivos y que vaya a repetirse en el tiempo, podría llegar a afectar las exportaciones nacionales al gigante asiático si este proceso devaluatorio se profundiza. En este contexto, agravado por importantísimas tensiones internas, asume el mando de la economía brasileña el economista neoliberal Joaquim Levy. Con su asunción se pone en marcha un paquete de políticas económicas de evidente tinte ortodoxo: recorte feroz del gasto

público, aumento de las tarifas básicas y una importante devaluación del real. Estas medidas, contrario a los pronósticos teóricos, volvieron a demostrar sus implicancias prácticas: la economía del gigante sudamericano entró en una caída notable del empleo y de la actividad de la que no hay proyecciones favorables en el corto plazo. Por supuesto, esto no tardó en repercutir en la economía argentina: la importante caída en el ingreso de nuestro principal socio comercial se combina con un real devaluado –sumado a un peso sobrevaluado- lo cual implica

“Este escenario internacional sumamente desfavorable para los países de la región no cuenta con proyecciones que indiquen una reversión en el corto plazo”

Por último, debemos mencionar el factor que juega otra herramienta con la que cuenta y usa recurrentemente el gobierno norteamericano: la creación de expectativas de aumento de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal. El solo hecho de anunciar que subirá la tasa de interés, tarde o temprano provoca un repliegue de capitales especulativos de la mayoría de las plazas emergentes hacia Nueva York. Este movimiento financiero presiona sobre el tipo de cambio de aquellos países y tiene, a su vez, un impacto negativo sobre el precio de las commodities en sus respectivos mercados internacionales, cuya demanda tiene un fuerte componente especulativo. A esto se debe sumar el hecho de que, en contextos económicos mundiales poco alentadores, los capitales suelen fluir hacia las plazas de los países del Centro en busca de retornos más seguros, lo que agrava aún más el problema de la escasez de divisas.

¿Cómo llegamos hasta acá? Este escenario internacional sumamente desfavorable para los países de la región no cuenta con proyecciones que indiquen una reversión en el corto plazo. Por el contrario, todo parece indicar que tanto la desaceleración del comercio mundial como la caída en el precio de las commodities


8 han venido para quedarse. Además, las fuertes tensiones latentes hacia el interior de la Argentina, complican aún más el panorama. Pero veamos un poco más de cerca la situación de nuestro país en el mapa mundial. Ante un contexto internacional como el descripto, resulta clave lo hecho por Argentina en lo que respecta a aumentos de soberanía nacional. Si bien la legitimidad de la deuda y las diferentes posibilidades para enfrentarla merecen un análisis aparte, el proceso de desendeudamiento externo iniciado en 2003 dota al país de mayores grados de libertad a la hora de pensar políticas económicas que nos permitan superar esta situación. Principalmente, haber saldado la cuenta pendiente con el FMI permite que las políticas económicas a implementar sean diseñadas desde Latinoamérica para Latinoamérica, y no desde los organismos multilaterales de crédito que, como la historia lo demuestra de forma contundente, sus recomendaciones –o

KAMCHATKA imposiciones- han sido contrarias a los intereses de los pueblos de la región. No podemos dejar de mencionar, a la vez, la mayor autonomía con la que cuenta nuestro país para negociar en el ya ampliamente conocido conflicto con los “buitres”, fruto de los bajos niveles actuales de endeudamiento externo. Asimismo, el fortalecimiento notable del mercado interno permite disminuir la dependencia de las fluctuaciones de la demanda internacional. A su vez, aunque todavía incompletos, no hay que dejar a un lado los procesos de integración regional, hoy materializados principalmente en el Mercosur, que permiten mayor autonomía y poder de negociación en este mundo global en pleno proceso de transformación, proporcionando un mercado ampliado de resguardo ante contextos internacionales turbulentos. Esta mayor autonomía se puso a prueba allá por el 2009 cuan-

do fue posible sobrepasar la crisis internacional que comenzaba a sentirse en nuestro país sin mayores complicaciones vía políticas públicas, en su mayoría acertadas, diseñadas desde nuestro país y no desde el exterior. Sin embargo, el problema hoy parece más preocupante. No solo la situación interna implica considerables desequilibrios macroeconómicos que complican fuertemente las posibilidades de acción, sino que el contexto internacional ha empeorado considerablemente para nuestra región. Fruto de problemas que emergen como coyunturales, pero no son más que consecuencia de la falta de cambios estructurales en el modo de acumulación nacional, el margen de maniobra actual es mucho más acotado. Esta falta de cambio estructural se refleja, por ejemplo, en una matriz productiva que aún sigue sin diversificarse. Las exportaciones argentinas siguen siendo mayoritariamente agropecuarias y, a su vez, muy concentradas en unos pocos productos, por lo que la caída en sus precios internacionales, los cuales a su vez se determinan en mercados foráneos, afecta considerablemente a la economía nacional en su conjunto. A esto se suma una economía que sigue estando altamente extranjerizada y que no registró cambios apreciables en la última década. Muchas de las empresas de capitales foráneos no reinvierten sus utilidades en el país sino que las fugan al exterior, siendo un problema y no una solución para la escasez de divisas en el largo plazo. Al mismo tiempo, como ya mencionamos anteriormen-


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KAMCHATKA te, en momentos de incertidumbre a nivel mundial los capitales fluyen a los centros en busca de mayor certidumbre por lo que la escasez de divisas se ve agravada. La restricción externa aparece, así, poniendo trabas recurrentes al desarrollo nacional y profundizándose ante contextos internacionales adversos. Por otro lado, Brasil representa un ejemplo contundente para descartar la posibilidad de una salida ortodoxa de esta situación, tan pretendida por el establishment local e internacional. Una devaluación, sin modificar el esquema de impuestos al sector exportador, tendería a una redistribución de ingresos hacia los capitales exportadores en detrimento de los intereses populares, mientras que las cantidades exportadas no se verían significativamente modificadas y se aceleraría el proceso inflacionario. Más allá de la conocida rigidez de la oferta agropecuaria, hoy el comercio mundial se caracteriza por una persistente disminución en la demanda de estos productos, que encuentra su causa en la caída de los niveles de actividad y medidas proteccionistas que se desparraman a lo largo y ancho del globo. Por ende, si la oferta finalmente lograra aumentar, no encontraría contraparte en la demanda mundial. Así, en Brasil la devaluación no hizo más que acelerar el proceso inflacionario, propiciar una caída en el nivel de actividad, aumentar el desempleo y deprimir los salarios reales. Además, contrariamente a los pronósticos teóricos, no aumentaron las exportaciones.

¿Cómo salimos? Hoy, como ya mencionamos, las posibilidades de acción –en políticas fiscal y monetariason mucho más acotadas que en 2009. Será fundamental seguir fortaleciendo la presencia estatal en la economía en su conjunto -mediante diferentes mecanismos- y nuestro mercado interno –vía una redistribución progresiva del ingreso, por ejemplo-. Existe, a su vez, una necesidad urgente por reformar la ley de inversiones extranjeras vigente desde la década del 90’ que le otorga amplia libertad de acción a la inversión foránea. Esto se traduce en cuantiosas salidas de divisas por parte de filiales radicadas en el país, lo que agrava el problema de la escasez de dólares y no contribuye al desarrollo nacional. Por otro lado, será esencial encontrar la voluntad política para encaminarse en la senda de cambios estructurales en el modo de acumulación na-

cional, que disminuyan la vulnerabilidad ante contextos internacionales adversos. La integración regional aparece también como una alternativa que necesita ser repensada y luego profundizada para dotar de mayor autonomía a la región ante contextos desfavorables recurrentes, propios de la dinámica capitalista mundial. En el corto plazo, será esencial cierto grado de coordinación de las políticas macroeconómicas entre los países de la región y, principalmente, entre los países que conforman el Mercosur, de modo tal de no trasladar la crisis de un lugar a otro. De no ser así, las políticas de ajuste, siempre al acecho, no tardarán en llegar.


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Bases Históricas para pensar el Conservadurismo Brasileño Por Eduardo Crespo1 Y Javier Ghibaudi2 Doctor en Economia de la Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ)/ Profesor Adjunto (UFRJ); Licenciado en Economía (UBA)/ Profesor Adjunto e Investigador del Departamento de Economía de la Universidad Federal Fluminense, Brasil (UFF)/ Investigador Asociado del Instituto de Investigación y Planificación Urbana y Regional de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (IPPUR/UFRJ)/ Doctor en Planificación Urbana y Regional (IPPUR/UFRJ) 1

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1. Introducción Las lecturas argentinas sobre Brasil suelen recurrir a algunas idealizaciones estereotipadas. Este es el caso de la presunta burguesía nacional que habría orientado el proceso de desarrollo. Durante la década de 2000, tanto desde medios internacionales como brasileños, se propalaban descripciones exultantes sobre el despertar del gigante, rápidamente confundido, en la simplificada abreviatura de los BRICS, con verdaderas potencias como China o Rusia. Este entusiasmo se apoyaba en ciertas evidencias, como la elevación de las tasas de crecimiento económico, las apreciables mejoras de los indicadores sociales, la elección de Brasil como sede de grandes eventos deportivos y el descubrimiento de inmensas reservas de petróleo conocidas como “Presal”, en el contexto de una crisis en las economías más desarrolladas. A partir de 2013, el optimismo fue cediendo paso a una vi-

sión derrotista. Las masivas e inesperadas manifestaciones populares de junio de ese año marcaron un punto de inflexión en el humor popular. Estas protestas inicialmente apuntaban a transformaciones pendientes, especialmente a la provisión de servicios públicos e infraestructura. Pero durante la campaña electoral para la elección presidencial de 2014, estos reclamos de carácter progresista fueron drásticamente sustituidos por una agenda conservadora en materia de derechos sociales, intervención del Estado y protagonismo internacional. Esta tendencia se exacerbó desde la reelección de Dilma Rousseff. Su objetivo es desandar y deslegitimar los avances experimentados en la década anterior. Aunque esta reversión abrupta del ciclo político pueda parecer sorprendente, argumentaremos que es una característica recurrente de la dinámica de clases brasileña. A partir de la década de 1930, y con más intensidad en los años ’50, fue el Estado, di-

rigido por una singular alianza de sectores heterogéneos, que abarcaba desde facciones de las fuerzas armadas hasta las masas trabajadoras urbanas, quien impulsó el desarrollo industrial como proyecto de modernización del país. Este programa desde entonces sufrió una sistemática oposición de las elites económicas tradicionales, que incluso se mantuvo incólume durante el periodo más álgido del desarrollismo conservador que impulsaba la dictadura militar instalada en 1964.

2. Fases y Características del Desarrollismo Brasileño El desarrollismo brasileño tuvo tres etapas fundamentales: la liderada por Getúlio Vargas, desde 1930 hasta su trágico final en 1954, la presidencia de Juscelino Kubitschek (1956-1961) y la dictadura militar (19641985). El período Vargas se caracterizó por las movilización y organización de


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KAMCHATKA los trabajadores, las mejoras distributivas, el impulso a la industrialización y la creación de las principales instituciones y empresas encargadas de la modernización nacional, como Petrobras, el Banco Nacional de Desarrollo (actual BNDES), la Compañía Siderúrgica Nacional (CNS), etc. Para la mayor parte de los historiadores se trató de un período ‘populista’ de rasgos autoritarios, principalmente durante su primera etapa.1 Esta caracterización debe interpretarse en su particular contexto histórico. Cuando Vargas llegó al poder, Brasil no era una democracia, sino una República de consenso oligárquico con fuertes tintes esclavócratas. Las autoridades eran elegidas por menos del 5% de la población masculina adulta, mediante un sistema electoral consistente en el voto anunciado públicamente. Los atributos típicos de una sociedad y una economía basada en la explotación de mano de obra esclava o servil aún estaban intactos. La llamada “era Vargas” transformó este país rural y fragmentado, signado por una inserción internacional periférica, en una sociedad de fisonomía moderna, crecientemente urbana, en proceso de acelerada industrialización y reorganizada a partir de un Estado Nacional centralizado. Varios de estos rasgos modernizantes, incluido el perfil favorable a la distribución del ingreso, continuaron durante la presidencia democrática de Juscelino Kubitchek, para muchos interpretes una continuación de

la “era Vargas”. En esa etapa se inició el monumental traslado del distrito federal desde Rio de Janeiro a la Ciudad de Brasilia y se impulsó el denominado “Plan de Metas”, que aceleró el desarrollo económico con masivas inversiones en infraestructura y una apertura al capital extranjero, especialmente el vinculado a la producción de bienes durables, como la industria automotriz. Un dato particularmente relevante de esta fase fue el posicionamiento diplomático de Brasil como socio estratégico de Estados Unidos. Luego de una tensa neutralidad durante gran parte de la 2da Guerra Mundial, Vargas aceptó (bajo presión) la instalación de una base militar estadounidense en el nordeste brasileño, esencial para la logística de las operaciones militares en el norte de África. En este marco se destacaron los acuerdos económicos con el gobierno norteamericano que se sucedieron desde el comienzo de la década de 1940; entre otras iniciativas, se destacan la creación del BNDES y la CSN. La presidencia de Juscelino Kubitchek significó una continuidad también en esta materia, ya que fomentó el

desembarco de multinacionales norteamericanas y europeas. La dictadura militar instalada en 1964 revirtió la orientación popular del varguismo y la sustituyó por un desarrollismo conservador. La represión política y sindical, sumada al estancamiento del salario mínimo, provocaron un profundo y persistente deterioro en la distribución del ingreso. Por otra parte, la intervención estatal desarrollista amplió el sistema de empresas y organismos públicos en sectores estratégicos, como la infraestructura y el financiamiento de industrias de base, sustentos del llamado “milagro económico” de inicios de los años ‘70. En particular, se destacó el denominado “II PND” (segundo Plan Nacional de Desarrollo) que buscaba completar la matriz productiva brasileña, incluyendo sectores en la vanguardia tecnológica, como informática, energía nuclear e innovaciones agrícolas. Al inicio la dictadura contó con un manifiesto apoyo norteamericano, que se tradujo en mejoras en las condiciones de financiamiento internacional. Esta relación se fragilizó, de todos modos, con el II PND y


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la política internacional del General Ernesto Geisel, que buscaba ganar un mayor grado de autonomía diplomática, y que se tradujo, por ejemplo, en el reconocimiento de la independencia de las antiguas colonias portuguesas, Angola y Mozambique, luego de la Revolución de los Claveles. Por ello no debería sorprender la ausencia de cualquier apoyo financiero de Washington a Brasil durante la crisis de la deuda externa.

3. ¿Agotamiento de la ISI? Muchos analistas consideran que la política de industrialización por sustitución de importaciones había alcanzado un límite estructural a fines de la década de 1970. La crisis de la deuda externa desatada al inicio de los años 80s habría sido apenas el golpe de gracia para una estrategia inviable bajo las nuevas reglas internacionales. Si bien esta lectura es atendible, debe tenerse en cuenta que tanto los sectores capitalistas tradicionales desplazados por estas políticas, así como los surgidos a su amparo, se disponían a terminar con ellas mucho antes de que las principales señales de agotamiento empezasen a aparecer. Incluso al inicio de la era Vargas, en 1932, las elites de la ciudad de São Paulo –núcleo del capitalismo brasileño- se rebelaron contra la revolución y desataron un conflicto civil, la llamada “Revolución Constitucionalista”, sofocada luego de un enfrentamiento armado de considerables proporciones.2

La oposición de la elite tradicional a Vargas y sus políticas se mantuvo incólume hasta el intento golpista que culminó con su suicidio en 1954. Igual destino le cupo a sus seguidores, Kubitchek y Goulart, quienes debieron liderar transformaciones sociales y económicas enfrentando una resistencia abierta de empresarios y clases medias. Pero el posicionamiento empresarial más difícil de comprender ocurrió con la dictadura militar. El golpe de 1964 contó con el masivo respaldo de los empresarios, cuando recrudecía el extremismo ideológico de la guerra fría en el continente por causa del triunfo de la Revolución Cubana y la crisis de los misiles. Lo llamativo es que aún cuando se experimentaba un notable crecimiento económico coincidente con un estancamiento salarial, las elites económicas no aprobaban la creciente intromisión del Estado en la economía. El control de las empresas públicas, sumado a la influencia del Estado sobre la inversión privada a través de instrumentos como el Banco de Desarrollo, irritaban a los empresarios quienes consideraban que dichas políticas otorgaban

un poder exagerado a burócratas estatales y militares. Fue en ese contexto cuando la crisis internacional de la deuda externa generó la oportunidad política para hacer lo que muchos anhelaban desde 1930: desarmar las instituciones básicas que sustentaban las políticas desarrollistas. Días antes de asumir su primer mandato presidencial, Fernando Henrique Cardoso lo resumía sin tapujos: “Un pedazo de nuestro pasado político… aún traba el presente y retarda el avance de la sociedad. Me refiero al legado de la Era Vargas, al modelo de desarrollo autárquico y a su Estado intervencionista… Atravesamos la década del 80 a ciegas, sin percibir que los problemas coyunturales que nos atormentaban — la resaca de los shocks del petróleo y de las tasas de interés externas, la decadencia del régimen autoritario, la súper-inflación — mascaraban los síntomas del agotamiento estructural del modelo varguista de desarrollo (Fernando Henrique Cardoso, Discurso de despedida del Senado, 15/12/1994).”


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KAMCHATKA El combate a las elevadas tasas inflación, resultante de la crisis provocada por el endeudamiento externo, fue la punta de lanza del desmantelamiento estatal a través de privatizaciones, desinversión pública, desregulaciones, apertura comercial y la fijación de reglas neoliberales para la administración de la política macroeconómica. Los grupos empresariales nacionales lograron apropiarse de gran parte de los activos privatizados, incluso con el apoyo financiero originado en recursos públicos (BNDES). La única orientación común entre el desarrollismo y la presidencia de Cardoso, es que éste buscó dar continuidad a la modalidad del “desarrollo dependiente y asociado” a los Estados Unidos. Sin embargo, la política norteamericana hacia sus ‘socios’ se había modificado en forma radical a partir de la década de 1980. El objetivo ya no era el desarrollo económico y social de su área de influencia, como forma de contención frente a la “amenaza comunista”, sino la creación de condiciones institucionales y de rentabilidad apropiadas a la expansión del capital internacional. El desarrollismo cedió paso al neoliberalismo. Es decir, al subdesarrollo dependiente y asociado.

4. Los tiempos del PT El Partido de los Trabajadores (PT) llegó al poder en 2003, prometiendo preservar el esquema macroeconómico neoliberal heredado. Compromiso que se expresó en la “Carta

“La mayor presencia de recursos y agentes estatales (empresas y bancos públicos), durante el segundo mandato de Lula, alimentaron la ilusión de que Brasil se encaminaba a un nuevo ciclo desarrollista”

abierta al pueblo Brasileño”. Si bien desde el inicio buscó eludir cualquier confrontación con el poder económico, el PT terminó articulando una nueva coalición de facciones de clase: sectores populares no asalariados, sindicatos y empresarios vinculados a la extracción de materias primas y obras de infraestructura. Pese a la política macroeconómica neoliberal del primer mandato, la extraordinaria situación internacional facilitó el crecimiento económico, la ampliación de los beneficios sociales y el aumento de la Inversión. La mayor presencia de recursos y agentes estatales (empresas y bancos públicos), durante el segundo mandato de Lula, alimentaron la ilusión de que Brasil se encaminaba a un nuevo ciclo desarrollista. El gobierno, además, buscó un mayor protagonismo internacional activando relaciones diplomáticas “Sur-Sur”, con énfasis en América del Sur y países africanos de lengua portuguesa, al tiempo que se profundizaba la presencia comercial y diplomática china. Cuando Dilma Rousseff asu-

mió su primer mandato en 2011, desde los medios de comunicación la élite económica exigía una moderación (aún mayor) de la política económica y una reaproximación hacia Estados Unidos. El gobierno adhirió al diagnóstico conservador combinando un ajuste fiscal con una devaluación monetaria persistente y exenciones impositivas para empresas. Pese a las promesas electorales, esta orientación se acentuó a partir del segundo mandato de Dilma, y debido a ello gobierno se encamina a revertir la mayor parte de los avances sociales alcanzados desde 2003. Aunque a simple vista pueda parecer incomprensible, este giro en apariencia abrupto de la agenda política brasileña, constituye otro capítulo en su dinámica de clases, signada por el recurrente bloqueo político al ascenso social de los sectores populares. Se comprende, en los términos expuestos, la imposibilidad de fragmentar el análisis de la realidad brasilera, separando la dinámica política de la económica. Al mismo tiempo, resulta necesario comprender el momento que atraviesa la coyuntura geopolítica internacional, a fin de lograr una comprensión acabada de los fenómenos actuales. 1. Debe recordarse que Vargas gobernó desde la revolución de 1930 hasta su deposición en 1945 y luego retornó a través de elecciones en 1951. 2.El conflicto enfrentó al Estado de São Paulo con el gobierno federal y sus aliados. Los combates incluyeron masivos desplazamientos de tropas y bombardeos. Se estima que fallecieron más de 3000 personas.


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China:

¿hacia dónde va el capitalismo con valores asiáticos? Por Federico Dulcich Docente de Desarrollo Económico de la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la Universidad de Buenos Aires (UBA)/ Investigador del Centro de Estudios de la Estructura Economica (FCE-UBA). Mail: federicomd2001@yahoo.com.ar

Introducción Slavoj Zizek (filósofo y psicoanalista esloveno, fuertemente influenciado Lacan, Hegel y Marx) comenta que Peter Sloterdijk (otro filósofo, alemán) auguró alguna vez que si uno debe pensar en una celebridad a la que le realizarán monumentos de aquí a cien años, esa celebridad será Li Quan Yew, el líder de Singapur que inventó y realizó el denominado “capitalismo con valores asiáticos”. Este capitalismo con su especificidad asiática rompe (hasta el día de hoy) una relación contrastada en la experiencia del capitalismo occidental, y teorizada desde la filosofía del derecho y de la historia: la relación entre capitalismo y democracia. Deng Xiao-Ping, líder de la reforma económica de China desde la planificación central legada por el maoísmo hacia una “economía socialista de mercado”, había visitado Singapur antes de iniciar dichas reformas, y alabado el capitalismo con valores asiáticos como el modelo a seguir por China. El objetivo

del presente trabajo es analizar la especificidad china dentro del capitalismo asiático, estudiando tanto su estructura económica como política, y su devenir histórico, a la luz de los conceptos económicos y de la filosofía del derecho. Dada la importancia que presenta China en el sistema económico internacional en la actualidad, las tensiones sobre el sistema político y sus posibles resultados y efectos sobre su modelo económico podrían tener impactos muy significativos en la economía mundial.

La actualidad economía China

de

la

Mucho se ha dicho y se ha escrito sobre la impresionante transformación de la estructura económica y social china acaecida desde fines de la década del setenta del siglo pasado, cuando la muerte de Mao TseTung inició un veloz proceso del traspaso del mando hacia Deng Xiao-Ping. Deng Lideró el proceso de apertura y desregulación del siste-

ma de planificación central de China, que dio como resultado una intensa industrialización con orientación exportadora, aprovechando las ventajas salariales para incentivar la entrada de inversión extranjera directa (IED). El objetivo era efectivizar la transferencia tecnológica potencialmente existente en dicha IED, por lo que se implementó una regulación para forzar la realización de joint ventures entre las firmas extranjeras ingresantes y el capital local en una amplia gama de sectores estratégicos. Con una fuerte migración de trabajadores desde el sector rural al urbano-industrial, el proceso de industrialización basado en adopción de tecnología extranjera profundizó las brechas internas de ingresos entre dichos sectores. La contracara fue posicionar a China como el principal productor y exportador de bienes industriales a nivel internacional. Ya en la última década, el gobierno chino pretende dar el salto desde la adopción al desarrollo tecnológico, por lo que favorece los diseños de


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“La contracara del fuerte superávit comercial chino fue el creciente déficit en bienes industriales de Estados Unidos (EEUU) y otros países desarrollados (PD), en los denominados “desequilibrios globales”” propiedad intelectual local dentro de sus normas técnicas, ha aumentado fuertemente los gastos en investigación y desarrollo en relación al Producto Bruto Interno (PBI), así como ha enviado a estudiar al extranjero a una gran cantidad de profesionales e investigadores, que luego retornan a China para incorporarse a su sistema de ciencia y tecnología nacional. Como podemos apreciar, lejos de significar una liberalización económica, el fin de la planificación central dio paso a una férrea política de desarrollo económico, donde incluso predominan empresas estatales o mixtas en muchos sectores, como en el sistema bancario, o los sectores primarios (petróleo, metales, agricultura). En estos últimos, la estrategia de buscar dichos recursos en el exterior (ante la relativa escases en su propio territorio, especialmente en relación a la creciente demanda vinculada a la industrialización, urbanización, y cambio de patrón alimenticio de la población) se realizó mediante dos instrumentos: el comercio exterior (muchas veces incita-

do mediante la firma de acuerdos bilaterales o regionales de comercio); y/o el going global (IED de salida) de muchas de sus grandes firmas vinculadas a sectores primarios en la última década, con África como paradigma dentro de sus destinos. La contracara del fuerte superávit comercial chino fue el creciente déficit en bienes industriales de Estados Unidos (EEUU) y otros países desarrollados (PD), en los denominados “desequilibrios globales”. El fuerte déficit de cuenta corriente de EEUU generó tensiones sobre el sitial del dólar como dinero mundial (que se utiliza para medir el valor a nivel internacional, así como sus instrumentos financieros se utilizan para realizar transacciones internacionales y para atesoramiento), por lo que dicho país intentó presionar para que el ajustes del desbalance global lo realizara China. Éste país había sorteado las tensiones del denominado trilema monetario debido al carácter estatal de su sistema bancario (predominante asimismo dentro del sis-

tema financiero general), y a la existencia de dicho fuerte exceso de oferta de trabajo alojado en el sector rural. Por ende, en el marco del tipo de cambio real (TCR) devaluado, el crecimiento de la producción industrial orientada a la exportación no se vio limitada por la plena utilización de recursos, pudiendo acompañar el crecimiento de la demanda de exportación. De esta forma, el efecto inflacionario del control cambiario fue bajo, lográndose mantener devaluado el TCR, clave del éxito de la industrialización con orientación exportadora. A pesar de que en los momentos precedentes al último plan quinquenal se especulaba con una reorientación mercadointernista de la política económica, dichos cambios no sucedieron a nivel general, y dicha incógnita aún sigue vigente en la esfera internacional. En el marco de la crisis internacional iniciada en 2008 y el estancamiento de la economía mundial, China ha reducido levemente su tasa de crecimiento, que igualmente se sigue situando muy por


16 encima del promedio internacional. Esto genera mayores incentivos a una reorientación hacia el mercado interno. Sin embargo, debe ser complementado por otros factores, que exceden al análisis económico. El mantenimiento de tan elevadas tasas de ahorro-inversión y de exportaciones implica una participación excesivamente baja del consumo en la demanda agregada. La misma se basa en una relación entre productividad y salario real muy elevada a nivel internacional: la fuerza de trabajo china poseía (y posee) un aceptable nivel de escolarización cuando comenzaron las reformas (muy superior al del inicio de la etapa maoísta), por lo que la migración de los paquetes industriales se pudo dar sin muchas pérdidas de productividad, siendo que los procesos de aprendizaje fueron exitosos. Éste ha sido uno de los mayores legados de la etapa maoísta al actual proceso de acumulación, legar una mayor población y que poseía una mayor escolarización y esperanza de vida. Sin embargo, estos trabajadores industriales

KAMCHATKA poseían (y en muchos casos aún poseen) salarios reales relativamente bajos, y por ende su nivel de consumo es mucho menor que el de sus pares de occidente. La pregunta relativa a cuando se intensificará la demanda por derechos laborales, una mejor distribución del ingreso, y reclamos similares (muchos de ellos ya en marcha) sobre el modelo económico de China, y sus efectos sobre la estructura política del país, corresponde a la esfera de la teoría del derecho.

La teoría del derecho

La libertad habría nacido en dichas primigenias formas de Estado, encarnada en la libertad del soberano, que representaba la libertad y soberanía de un Estado libre hacia el exterior pero absoluto hacia el interior (como en Hobbes). La diferenciación interna del Estado, que incluye una sociedad civil en su interior, con propiedad privada, mercados, y ciudadanos que activamente hacen política para darle contenido a la ley, nace en la época clásica en Grecia, que la difunde bajo su hegemonía comercial en el Egeo, y se consolida bajo el imperio Romano.

Resulta interesante que en la Filosofía del Derecho, Hegel remarque las propiedades de los antiguos sistemas políticos orientales (centrándose principalmente en el medio oriente, pero extensibles a todo el mundo no occidental en general) como sistemas donde uno solo es libre, y los demás “individuos” presentan una sumisión inconsciente (debido a la inconsciencia de la diferencia entre la propia voluntad individual y la “universal”) a la voluntad del faraón, emperador o patriarca.

Este muy breve preludio histórico nos sirve para analizar lo específico del Estado Moderno, que viene desarrollándose desde dicha época clásica, con el interregno de unos pocos siglos que significó la vida feudal en occidente posterior a la fragmentación del imperio Romano (José Luis Romero destaca que ya en el siglo XI empiezan a hacer ebullición viejos y nuevos elementos político-culturales asociados a la cultura burguesa, el Estado moderno, y el capitalismo). Como remarca Hegel en la Filosofía del Derecho, la especificidad del Estado Moderno es poseer en su interior una sociedad civil. El desarrollo del concepto del derecho contiende el desarrollo de la voluntad, que efectivamente se realiza y es libre en la ley. La superación de la clásica tensión entre absolutismo (Hobbes) y liberalismo (Locke) en Hegel se da mediando ambos momentos, caras de la misma moneda: la ley no puede ser abstracta, requiere de un contenido particular para ser llenada, que solo puede emanar de las


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KAMCHATKA diferentes ópticas sobre la vida social e intereses particulares que emergen de la sociedad civil. De la misma forma, los derechos individuales no existen por sí mismos, ex ante la ley: hasta Locke había demostrado la imposibilidad de dicho reduccionismo liberal, al remarcar la necesidad de un Estado (mínimo) para garantizar el derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada. Las instituciones de mediación en Hegel entre dicho contenido particular y la forma universal de la ley son principalmente dos: las corporaciones dentro de la misma sociedad civil (que aglutinan intereses particulares que emergen principalmente del mercado, superando el atomismo liberal hacia un “primer escalón” de universalidad o interés común; cómo podríamos pensar hoy a los distintos sindicatos, patronales, etc.); y los estamentos, cámaras de representantes dentro de la estructura del Estado, donde deberían reflejarse los intereses de dichas corporaciones, y desarrollarse el juego político que le da contenido a la ley. Obviamente, al ser una obra de 1820, no capta la importancia de los partidos políticos, que aglutinan muchas corporaciones, y estructuran actualmente las tensiones dentro de los estamentos.

La historia de China La historia de China es la historia de un imperio de (a pesar de diversas y relativamente breves interrupciones) casi dos mil años de continuidad. Las ideas de Confucio nutren la cultura de sumisión a la autor-

idad, así como una estructuración jerárquica de la burocracia del Estado. Este “imperio del medio”, que como menciona Hobsbawm, tenía sentimientos de supremacía con respecto al resto del mundo (en este caso, sus vecinos regionales, considerados bárbaros, de quienes había podido resistir diversos ataques e intentos de invasión), y cuyo desinterés por éste bárbaro mundo exterior llegó a generar que incluso no tuviera ministro de Relaciones Exteriores; sucumbió estrepitosamente hacia mediados del siglo XIX ante diversas potencias colonialistas occidentales, especialmente ante Gran Bretaña y Francia en las denominadas “guerras del opio”. Estas invasiones generaron un cataclismo en la antigua y estable estructura político-económica de China, iniciando su proceso de desintegración. A pesar de la proclamación de la República de China en 1912, en los hechos la unificación político-territorial no se recuperó hasta saldarse la guerra civil entre el Kuomintang de Chiang Kai-Shek (nacionalistas pro capitalistas), y el Partido Comunista Chino (PCC), liderado por Mao Tse-Tung; hecho que sucedió en 1949 con la victoria de los comunistas. Ya en este período comenzó a ser decisiva la incidencia (imperialista, invasiva) de Japón; así como la experiencia (y por algunos años, apoyo a los comunistas chinos) de la URSS, y el contexto de las dos guerras mundiales. El Kuomintang había logrado barrer a los comunistas, que debieron desplazarse desde las costas urbanas hacia el interior de China, en la denominada “Larga Marcha”; donde desarrollaron

y profundizaron su concepción vinculada al campesino como sujeto revolucionario. Sin embargo, el Kuomintang se mostró débil para defender las costas chinas (donde se asentaba) ante los japoneses, que tomaron muchas de las grandes ciudades. La derrota japonesa en la II Guerra Mundial y la debilidad del Kuomintang dieron espacio para el contraataque comunista, que reintegró la unidad política China bajo el mando de Mao. Como menciona Hobsbawm, para los chinos más que una revolución social, el maoísmo representó recuperar la unidad e identidad nacional, bajo una ideología cuya forma de organización política (con un mando centralizado, y una eficaz y obediente estructura jerárquica) no difería sustancialmente de la que habían conocido decenas y decenas de generaciones de chinos bajo el Imperio. De manera interesante, la experiencia nacionalista pro capitalista del Kuomintang cruzó el estrecho de Taiwán para llevar a cabo la experiencia de desarrollo económico capitalista en dicho “tigre” del sudeste asiático. El maoísmo encaró una estatización de la estructura económica y una planificación central de dicha estructura. Una de las particularidades de la experiencia maoísta fue que, a diferencia de la URSS, no propició la urbanización, en línea con su concepción del campesino como sujeto revolucionario y con que China poseía la gran masa de su población en las regiones rurales. Desde mediados de la década del cincuenta China realizó una vertiginosa y absoluta colectivización de la agricultura campesina, incluso


18 intentando desplazar la mediación monetaria. Los problemas de la planificación central de esta agricultura absolutamente colectivizada (cuyos aspectos más extremos se abandonaron poco tiempo después) se combinaron con contingencias climáticas para producir una gran hambruna en 1960-1961, provocando más de 15 millones de muertes. Complementariamente, hacia fines de la década del cincuenta China abordó un intento de industrialización de baja escala diseminado en los poblados rurales, en el denominado “gran salto adelante”. El rotundo fracaso económico de dicha experiencia, de un fuerte sesgo voluntarista y utopista, desconociendo las limitaciones técnicas y materiales de la misma, llevó a la implementación de la “revolución cultural” para adoctrinar y combatir a los críticos al régimen maoísta; especialmente a miembros del partido y la burocracia, y a los intelectuales, al punto de llegar a paralizar la educación superior. Hobsbawm destaca que las fallidas experiencias del la colectivización agrícola y el gran salto adelante son responsabilidad en buena medida de las ideas y directrices de Mao, y solo se entiende su implementación debido al carácter sumiso de la cultura china. La carencia de una lógica y estructura de mediación política en el maoísmo se demuestra con la brutal reacción que significó la revolución cultural ante la oposición de parte de la cúpula del partido al gran salto adelante, y a sus consecuencias. Perry Anderson complementa el ar-

KAMCHATKA gumento destacando el carácter confuciano de la revolución cultural, basado más en el adoctrinamiento (con diversas humillaciones y degradaciones como instrumento, así como enviando estudiantes e intelectuales a realizar labores agrícolas) que en la coerción y el terror (mayormente utilizado en la URSS) como medio de disciplinamiento.

La estructura política posterior al maoísmo Posterior a la muerte de Mao, el PCC inició el gradual proceso de reformas económicas, para transformar la política de planificación central en una férrea política de desarrollo capitalista, y cumplir los objetivos de industrializar al país e incrementar el ingreso per cápita. Sin embargo, no existieron grandes modificaciones en su estructura política: el PCC continuó al mando del Estado en un sistema de partido único, en un Estado cuya principal diferenciación interna se da entre el propio PCC (que representa el comunismo), la burocracia estatal (de índole confuciana, heredera de las tradiciones del Imperio), y el Ejército Popular de Liberación (con una visión realista y estratégica; pero subordinado al Partido, representando su brazo armado). Por ende, la lógica y mediación política se da al interior del partido, que controla y acota los contenidos que son pasibles de ser debatidos y realizados en el marco de su estructura. Sin embargo, la imposibilidad de canalizar las demandas políticas en el marco de dicha estructura empezó a

generar tensiones entre la naciente sociedad civil y el PCC. Como menciona Hegel, es la propiedad privada devenida en mercancía la forma desarrollada de realización de la voluntad particular, todavía no mediada plenamente con la forma universal de la ley. Según este autor, esta particularización luego deviene en voluntad individual libre plenamente ética, donde la particularización del homo mercator es una particularización pobre (pero necesaria, y que queda contenida en la vida ética) en relación a la particularización del ciudadano, individuo que posee una concepción particular de organización social y realiza acciones políticas para plasmarlas en la ley, para realizarlas. Por ende, en China los nacientes homo mercators (trabajadores, empresarios) muchas veces no encontraron una estructura política para encauzar dicha actividad, lo que redundó en un aumento de la conflictividad social. El caso más famoso de conflictividad fue la crisis de la Plaza de Tiananmen en 1989, en el marco del descontento por una aceleración inflacionaria y por la carencia de reformas políticas; generando una vacilación del régimen del PCC ante el proceso de reformas. Las reformas económicas se retomaron dos años después, caída de la URSS mediante, con escasas transformaciones sobre la estructura política; a excepción del compromiso de reformar el régimen de derecho propiedad, para permitir la privatización de las empresas públicas y colectivas. Como menciona Oviedo, ya en la década de los dos mil, los


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KAMCHATKA incidentes fundamentados en el descontento social siguieron en aumento, para pasar de 40.000 en 2001 a 90.000 en 2009.

Conclusiones y perspectivas Si las tensiones latentes en la sociedad civil china logran romper el molde acotado de su sistema político, como supone la clásica relación entre capitalismo y democracia experimentada en las revoluciones burguesas occidentales, las transformaciones impactarán asimismo en la estructura económica. Pujantes reivindicaciones por una mejor distribución del ingreso (factorial y regional), derechos civiles y derechos políticos, pueden torcer el destino del modo de acumulación chino, reorientando parte de la producción hacia el mercado interno. Mayores salarios reales representan una revaluación real del Yuan que puede ser complementaria a uno de los posibles movimientos futuros en el sistema monetario internacional, comentado por diversos analistas: el desplazamiento del dólar estadounidense del sitial de dinero mundial por parte del Yuan. Diversas monedas han logrado una internacionalización parcial (Marco alemán, yen, euro), y dicho desplazamiento requiere (además de la voluntad política de llevarlo a cabo, que China aún no ha demostrado abiertamente) diversas condiciones que no se presentan completamente en China, como una cuenta capital y financiera liberalizada, y la desregulación del sistema financiero local. Sin embargo, es importante recordar que la última transición en

la hegemonía monetaria internacional (de la libra esterlina al dólar) se dio en el marco de dos guerras mundiales y una gran crisis económica internacional. Complementariamente, otro factor a considerar desde una perspectiva histórica, que puede ensombrecer el futuro, son las consideraciones que hace Zizek relativas a que se invierta la causalidad esperada, y que estos valores asiáticos se difundan en las economías de occidente. La competencia entre países por captar inversiones (manejadas por grandes grupos transnacionales) y los objetivos de recuperar el empleo perdido en parte por la misma industrialización asiática, puede incentivar la imitación (parcial, con especificidades occidentales) de dicha estructura y lógica política en occidente, que permitan la implementación de políticas de ajuste. El contexto de cierta apatía política en muchos países occidentales (en especial los desarrollados), donde los individuos se recluyen en la vida privada, podría generar el marco necesario para dichas transformaciones. De esta forma, la causali-

dad entre capitalismo y democracia está siendo puesta en juego en China, y hasta quizás, con menor probabilidad, en los propios países occidentales. Como afirmaba Hegel, el concepto reconstruye racionalmente la experiencia histórica, pero de ahí en adelante el futuro es una hoja en blanco. Depende de la voluntad del pueblo chino, y de los pueblos en general, consolidar y difundir los sistemas democráticos. Este proceso podría transformarse en un momento necesario para desarrollar estructuras políticas trasnacionales (en paralelo a la internacionalización de la producción y los mercados en la actualidad) para afrontar los problemas de desigualdad, pobreza y cambio climático (entre otros), que afectan a la humanidad como un todo. Todas estas páginas de la historia están por escribirse. Dependerá de si nuestro espíritu alza la vista en búsqueda del interés común, como ciudadanos; o si se refugia como homo mercators meramente en las realizaciones de vida privada.


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Las desventuras del

libre comercio

como camino hacia el desarrollo Por Federico Dotto Estudiante de Economia - UBA La teoría clásica de comercio sostiene que la liberalización del mismo constituye el camino para incrementar el nivel de bienestar a escala global. Los primeros argumentos llegarían a fines del siglo XVIII, cuando Adam Smith postulaba su teoría de las ventajas absolutas. Para éste, la diferencia de los costos de producción, en un mismo bien entre países, permite establecer un esquema de división internacional del trabajo, por el cual, resultaba beneficioso que un país se especialice en la producción de aquel bien sobre el que posee menores costos, para así exportar el excedente. Años más tarde, David Ricardo, señalaba que los beneficios del comercio no dependían de los menores costos de producción de una nación respecto de otra, sino de la diferencia entre los costos relativos dentro del propio país en relación al resto del mundo, dando lugar al surgimiento de la teoría de las ventajas comparativas. De esta forma, aquel país que presente desventajas absolutas en todos sus bienes, podrá especializarse en un producto y comerciarlo con el resto de los países. La te-

oría ricardiana sería desarrollada formalmente con el modelo de “Heckscher y Ohlin”, según el cual, las razones del intercambio reside en las diferencias relativas de las dotaciones factoriales. Por lo tanto, cada país se beneficiará al especializarse en aquellos bienes que requieran para su elaboración aquel factor productivo sobre el que se posee abundancia relativa. En otras palabras, se importaría del resto del mundo aquellos bienes que insuman factores sobre los que presenta escasez.

mano de obra suficiente como para emplear a la totalidad de la población. Otro escenario posible, es que la concentración de esas actividades, en muy pocos actores, llevaría a una distribución desigual del ingreso, dando como resultado, un alto poder de injerencia sobre el total de la economía. Más aún, generaría una alta dependencia, sobre todo en los países con alta dotación de recursos naturales que se verían expuestos a los vaivenes de la economía internacional.

En este sentido, la eliminación de cualquier barrera al intercambio resulta conveniente ya que se incrementa el nivel de bienestar al permitir que los países obtengan una mayor cantidad de bienes y así ahorrar el trabajo de tener que producir aquellos bienes “para los que no son buenos”

Luego de la crisis de 1929 y hasta las Segunda Guerra Mundial la mayoría de los países desarrollados parecieron olvidar lo que predicaban años antes y volvieron a las medidas proteccionistas aplicando aranceles de importación y sistemáticas devaluaciones de sus monedas para ganar competitividad respecto a sus vecinos, ya que necesitaban reconstruir sus economías. Durante aquella época el comercio mundial se redujo a su mínima expresión. Una vez terminada la guerra las naciones aliadas impulsaron una serie de negociaciones multilaterales con el fin de esta-

No obstante, hay que tener en cuenta una serie de posibles escenarios en los que dicha teoría se vuelve cuestionable En primer lugar, muchas veces sucede que las actividades a las que un país debiera dedicarse, no demanda grandes cantidades de


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KAMCHATKA blecer el nuevo régimen rector del comercio internacional. De esas negociaciones surgió la Organización de Comercio Internacional (OCI) cuyas funciones previstas excedían la regulación de las barreras comerciales, incorporando cuestiones indirectas del comercio como el empleo, la inversión y el establecimiento de normas comunes en relación a los commodities. Pero el boicot de EEUU a esta idea hizo que solo se lograra un Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (GATT en inglés), que luego de 1995 derivó en la hoy conocida OMC. Poco tiempo antes del GATT se crearon instituciones como el Banco Mundial (BM) con el objetivo de brindar asistencia financiera y técnica a los países en desarrollo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), encargado de garantizar la estabilidad del sistema monetario internacional. Estos organismos se encuentran controlados por las potencias desarrolladas con EEUU a la cabeza.

“Una vez terminada la guerra las naciones aliadas impulsaron una serie de negociaciones multilaterales con el fin de establecer el nuevo régimen rector del comercio internacional.”

En los últimos años, muchos países vienen avanzando en la firma de acuerdos de libre comercio, tanto bilaterales como multilaterales, que buscan reducir o incluso eliminar los aranceles a una gran cantidad de productos comercializados entre

La lógica detrás de los acuerdos de libre comercio es fomentar el intercambio entre países y como resultado los ciudadanos/ consumidores tendrán acceso a una mayor cantidad de bienes y a un menor precio, por lo que indudablemente mejorarían su

estos países a la vez que buscan tener aranceles comunes a los bienes provenientes de países ajenos a los bloques como es el caso del MERCOSUR. Aunque esto último es cada vez menos frecuente por la gran cantidad de acuerdos que los países firman entre sí o la pertenencia de un mismo país a más de un bloque o acuerdo.

bienestar. Si bien en muchas ocasiones esto finalmente sucede, el resultado final dista mucho de ser el pronosticado o deseado si se tienen en cuentas otros efectos. Podemos tomar el caso del NAFTA, un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México que rige desde 1994, en el cual se puede ver el impacto negativo de este sobre la economía mexicana, muy distinta a la de los otros dos países. En primer lugar arruinando a muchos agricultores que no pudieron competir contra los productos agrícolas estadounidenses que son producidos con un mayor nivel tecnología y que además son altamente subsidiados. A esos agricultores no les quedó otra opción que migrar a las ciudades o emplearse en las maquilas al norte del país, aumentando la oferta de mano de obra y reduciendo los salarios. Al poco tiempo, México se volvió en un importador neto y dependiente de productos agrícolas como el maíz, cuyo precio internacional aumentó a partir de su utilización para producir etanol, lo que tuvo grandes consecuencias para la economía mexicana. Entre 1994 y 2004 el precio de los productos de primera necesidad se multiplicó por siete mientras el salario mínimo lo hizo por cuatro, lo que se tradujo una disminución del salario real y un aumento en los niveles de pobreza. A su vez, el acuerdo favoreció la relocalización de empresas maquiladoras estadounidenses al sur del país tanto de un lado como del otro de la frontera aprovechando la mano de obra más barata y la mayor flexibilidad laboral que rige en México o directamente


22 aprovechándose de la mano de obra ilegal. Esto provocó masivos despidos en los EEUU, disminución de los salarios y de la calidad de los empleo en muchas industrias de mano de obra intensiva. Por otro lado tampoco se logró reducir la migración de mexicanos hacia los EEUU, como pronosticaron los defensores del NAFTA. La misma por el contrario aumentó, registrándose unos 11,7 millones de mexicanos viviendo de forma clandestinamente en los EEUU mientras que en 1993 esa cifra era de 4,8 millones. Otro de objetivo que buscan los acuerdos de libre comercio es favorecer el intercambio no solo de bienes, sino también de una cantidad cada vez más amplia de servicios y fundamentalmente el libre flujo de capitales e inversiones a partir de su liberalización. Esto se traduce en la reducción de restricciones y flexibilización de las leyes laborales, ambientales, comerciales y financieras de los países, que terminan cediendo soberanía y vulnerando los derechos de

KAMCHATKA sus habitantes y comunidades, en pos de atraer inversiones y lograr que empresas multinacionales se instalen su territorio. En el mediano y largo plazo esta situación beneficia a dichas empresas que con el tiempo terminan remitiendo en utilidades montos superiores a las inversiones realizadas y poco aportan al país en materia de transferencia tecnológica. Muchas veces los acuerdos económicos son utilizados por las grandes potencias para ganar o aumentar su influencia, no solo económica, sino también política sobre distintos países y regiones del mundo en su disputa geopolítica mundial con otras potencias. En el 2005 se realizó en la ciudad de Mar del Plata la IV Cumbre de las Américas, en la que EEUU, con el apoyo de algunos países como Canadá, México, Chile y Panamá intentó que se firmara un tratado para la creación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), idea que surgió en 1994

“los actuales términos en los que se desarrollan el comercio y las finanzas a nivel mundial suponen un enorme desafío para los países que pretenden alcanzar mayores niveles de industrialización” y que en su versión original contemplaba la gradual reducción de las barreras arancelarias y a la inversión en 34 países de la región, todos menos Cuba. Si bien en los primeros años el ALCA se encaminaba ser una realidad, cuando finalmente EEUU se propuso llevarlo adelante en 2005 se encontró con la oposición de los países del Mercosur (Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil) y Venezuela que en aquel entonces nos era un país miembro. Los siguientes son algunos pasajes de la intervención de George Bush, en ese entonces presidente de los EEUU: “Quizas ustedes ya los saben. Yo soy un gran defensor del comercio. Porque sé que el libre comercio va hacer que la gente deje de ser pobre. … Los acuerdos de comercio reducen los aranceles y las barreras. No hace más difícil sino que facilita el acceso a los mercados. … El motivo por el cual tenemos un ALCA es para competir con China y contra India. Son competidores difíciles. Podemos dar


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KAMCHATKA todas las excusas posibles pero son difíciles y el mundo es global nos guste o nos guste. Hay una conectividad en el mundo y las decisiones tomadas en China van a afectar nuestra capacidad y el crecimiento de nuestras economías y me parece que es importante poder combinar todas nuestras empresas y todos nuestros capitales para poder competir en el siglo XXI” “Pero yo creo que les interesa a ustedes que reduzcamos los aranceles, tanto a nivel interno y del continente como también a nivel mundial. Especialmente si les importa la pobreza al igual que a los EEUU” (https:// www.youtube.com/watch?v=zmX-vGu7oHc ver del minuto 07:27 al 10:37) Hace pocos días EEUU firmó un nuevo acuerdo de libre comercio denominado Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Partnership, TPP en inglés) junto a doce países que del océano pacífico, entre ellos Japón, Vietnam, Singapur y Australia para garantizar el acceso de sus manufacturas a dichos países pero principalmente limitar la influencia de China en esta parte del mundo. Para concluir podemos decir que los actuales términos en los que se desarrollan el comercio y las finanzas a nivel mundial suponen un enorme desafío para los países que pretenden alcanzar mayores niveles de industrialización como camino hacia el desarrollo y mayor independencia económica a la vez que dicho desarrollo se plasme en mejoras en las condiciones de vida de población a partir de una reducción (y en lo posible la eliminación) de los niveles de

pobreza y desigualdad y en empleos dignos y de calidad. Como se demostró a lo largo de historia, ningún país logró industrializar su economía sin desarrollar antes los sectores claves y estratégicos de la misma. En todos los casos existió siempre una intervención estratégica del estado a través de diversas medidas que hoy son acusadas de proteccionistas por las potencias desarrolladas que hoy, patean la escalera por la que accedieron al desarrollo, y promueven una nueva tendencia globalizadora en materia de apertura comercial y liberalización financiera apoyadas en la hipótesis del libre comercio como instrumento clave para el progreso, dichas potencias industriales han construido un

exitoso aparato represivo de los intentos desarrollistas de las economías emergentes a partir de un esquema normativo instituido principalmente por el Banco Mundial, la OMC y el Fondo Monetario Internacional, el cual regula el comercio internacional y pareciera estar mayormente diseñado para consolidar una estructura de intercambio desigualdad, de tipo Centro-Periferia. Bibliografia: División internacional del trabajo y distribución geográfica del bienestar: una nueva aproximación metodológica. (Gallo et al, 2015) Patada a la escalera: La verdadera historia del libre comercio. (Chang, 2013)


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Estados Unidos contra Cuba: el bloqueo más largo de la historia Por Leandro Morgenfeld Doctor en Historia, Profesor FCE-UBA e Investigador del IDEHESI-CONICET. Integra el Grupo de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas (Peña Lillo/ Continente, 2011), de Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos (Capital Intelectual, 2012) y del blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com @leandromorgen

La (a)normalización en curso de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, a lo largo del último año implica un giro luego de más de medio siglo de políticas agresivas contra la isla. De todas formas, este proceso enfrenta todavía un difícil obstáculo: el bloqueo económico, comercial y financiero que hace décadas oprime a la sociedad cubana. Qué implicancias tuvo y tiene esta acción imperialista? Por qué persiste, pese al creciente rechazo mundial? Cuáles son los desafíos en el futuro inmediato? Tras más de medio siglo de políticas agresivas contra Cuba –que incluyeron intervenciones militares, atentados, sanciones económicas y diplomáticas y una feroz campaña de propaganda- Estados Unidos se vio obligado a ensayar otra estrategia. El cambio anunciado por Obama en diciembre pasado responde, como debió reconocer el propio mandatario, al fracaso del imperio para derrocar a la Revolución. La impotencia de la principal potencia global para lograr ese objetivo estratégico se explica, en primer lugar, por la tenaz resistencia del pueblo cubano, que soportó durante décadas un bloqueo comercial, económico y financiero sin antecedentes en la historia moderna. En segundo lugar,

a la presión de los países de Nuestra América, que vienen reclamando en la UNASUR, la CELAC y el ALBA, y en las Cumbres de las Américas, el fin de las sanciones y la readmisión de Cuba en el sistema interamericano (durante el primer año del gobierno de Obama, se derogó la resolución de la OEA de enero de 1962, que había determinado la exclusión de la isla por adherir al marxismo-leninismo). En tercer lugar, al creciente repudio global: la ONU, año tras año, vota masivamente por el fin del bloqueo –en la Asamblea General de 2014, adhirieron al rechazo 188 países, mientras que solamente Israel respaldó a Estados Unidos–. El giro también se explica por intereses económicos –lobby de capitalistas estadouni-

denses de sectores vinculados al agro, el turismo y las telecomunicaciones, que quieren hacer negocios en Cuba– y electorales –la comunidad latina estadounidense rechaza crecientemente la agresiva y anacrónica política que Estados Unidos desarrolla contra Cuba desde 1960–. El 17 de diciembre de 2015 Raúl Castro y Barack Obama hicieron públicas las negociaciones bilaterales hasta entonces secretas e iniciaron un proceso de distensión. Tras las reuniones que se hicieron en La Habana y Washington, en abril se produjo la histórica reunión entre ambos mandatarios, en el marco de la Cumbre de las Américas realizada en Panamá. Poco después, Obama cumplió


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KAMCHATKA la promesa de retirar a Cuba de la lista de estados que supuestamente patrocinan el terrorismo. A partir de entonces, siguieron avanzando las negociaciones. El 1 de julio se anunció la normalización de las relaciones diplomáticas, que permitió tres semanas después concretar la apertura de embajadas en ambas capitales. Se cerró así una primera fase del proceso, que permitió retomar las relaciones diplomáticas, tras casi 55 años. Sin embargo, todavía falta mucho para normalizar (o anormalizar, teniendo en cuenta que en los dos últimos siglos, lo “normal” fueron las intervenciones militares, políticas y económicas de Estados Unidos, transformando a la isla en una suerte de semi-colonia) las relaciones bilaterales, proceso que es algo mucho más amplio que la mera apertura de representaciones diplomáticas. En esta línea, las autoridades cubanas señalan que persisten amplias diferencias y exigen a Estados Unidos la devolución de Guantánamo, el fin de la injerencia interna en la política cubana –financiando a grupos disidentes, transmitiendo desde Miami las señales Radio y TV Martí-, la indemnización por los perjuicios que generó el bloqueo y, fundamentalmente, el desmantelamiento del mismo. El bloqueo económico, financiero y comercial, que eufemísticamente en Estados Unidos llaman “embargo”, se inició en febrero de 1962, produciendo miles de millones de dólares de pérdida a la economía de

“El giro también se explica por intereses económicos –lobby de capitalistas estadounidenses de sectores vinculados al agro, el turismo y las telecomunicaciones, que quieren hacer negocios en Cuba” la isla. Fue formalmente establecido por la administración Kennedy a principios de febrero de 1962 –el 31 de enero Estados Unidos había logrado aprobar la exclusión de Cuba de la OEA, pese a la oposición de Argentina, Brasil, México, Chile, Bolivia y Ecuador-, pero las sanciones económicas se iniciaron durante el gobierno de su antecesor, Eisenhower, con el expreso objetivo de promover “el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno” cubano, tal como rezaba un memorando del Subsecretario de Estado Lester Mal-

lory del 6 de abril de 1960. Allí se inició la “guerra económica” contra Cuba, que persiste hasta el día de hoy. De acuerdo al informe que el gobierno cubano presentó ante la Asamblea General de la ONU en julio del 2014: “El daño económico ocasionado al pueblo cubano por la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba, considerando la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, asciende a 1 112 534 000 000 [1 billón 112 mil 534 millones] de dólares, a pesar de la reducción del precio del oro en comparación con el período anterior”. El bloqueo fue profundizándose con el correr de los años. Si al principio Estados Unidos dejó de comprarle azúcar a Cuba (allí se dirigían el 70% de las ventas exteriores de este producto hasta la Revolución), luego se prohibió la exportación de cualquier bien desde la isla hacia su ex metrópoli. Tampoco se permitió a Cuba realizar transacciones en dólares. Estas sanciones, incrementadas a través de las leyes Torricelli y Helms-Burton en la


26 década de 1990, determinaron que ninguna empresa de ningún país puede venderle a Cuba un producto si el mismo contiene más de un 10% de componentes estadounidenses. Así, se inhibe a Cuba de incorporar una infinidad de bienes y desarrollos tecnológicos – incluyendo medicamentos esenciales, por ser las patentes de origen estadounidense-. Tampoco se permite a ninguna empresa vender en Estados Unidos productos elaborados en Cuba –por ejemplo, si una compañía europea o japonesa pretende exportar un automóvil al mercado estadounidense, tiene que probar que no contiene níquel cubano –éste es actualmente el segundo producto de exportación de la isla-. De acuerdo a las leyes Torricelli y Helms-Burton, cualquier buque extranjero que atraca en un puerto cubano tiene prohibida la entrada a Estados Unidos por seis meses. Se impuso además la retroactividad a la extraterritorialidad, sancionando a cualquier empresa que se instalara en propiedades confiscadas a estadounidenses en la isla tras la revolución –de hecho empresarios estadounidenses siguen reclamando a Cuba la indemnización por las expropiaciones realizadas por la Revolución-, y condicionando la normalización de las relaciones bilaterales a que se produjera un cambio del régimen cubano. Por último, Estados Unidos ejerce presión sobre el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo para evitar

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“el 28 de septiembre pasado, el presidente estadounidense aprovechó para presionar al Congreso de su país, señalando que el “embargo” ya no tenía sentido y que su levantamiento era “inevitable”” que Cuba reciba créditos, fomentando el ahogo financiero de la economía de la isla. Esta es sólo una muestra del ahogo que el bloqueo produjo en las últimas décadas en la economía cubana, cuyos efectos se profundizaron tras la caída de la Unión Soviética. Si bien Obama tomó algunas medidas para suavizar las sanciones económicas contra Cuba –la última de las cuales fue anunciada en ocasión de la llegada del Papa Francisco a Cuba-, el mandatario sostiene que el levantamiento del

“embargo” le corresponde al Congreso, donde debe sortear la oposición de legisladores de ambos partidos –hasta ahora, los legisladores cubanoamericanos fueron los que ejercieron el “monopolio” de la política hacia la isla-. En su discurso ante la última Asamblea General de la ONU, el 28 de septiembre pasado, el presidente estadounidense aprovechó para presionar al Congreso de su país, señalando que el “embargo” ya no tenía sentido y que su levantamiento era “inevitable”. Lo hizo en el ámbito multilateral donde más rechazo generó esa política en los últimos 20 años. Raúl Castro, ese mismo día, aprovechó su primera intervención en la reunión de mandatarios de Naciones Unidas para reivindicar la resistencia del pueblo cubano contra las agresiones por parte de Estados Unidos y para aclarar que, en lo que hace a las relaciones bilaterales, recién se había abierto “un largo y complejo proceso”, que recién terminará cuando se levante el bloqueo. Exigió además la devolución de Guantánamo,


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“Para Cuba, en tanto, el desafío es que esta apertura a las inversiones, el comercio, los dólares y el turismo estadounidenses no impulsen una restauración capitalista, que algunos críticos avizoran como inevitable.” el cese de las transmisiones radiales y televisivas que pretenden generar desestabilización en la isla y la compensación por los daños humanos y económicos que produjo el bloqueo. Al día siguiente de sus respectivas alocuciones públicas, hubo un encuentro entre ambos mandatarios, el segundo luego del realizado en abril, donde se conversó sobre los próximos pasos a seguir en el proceso de “deshielo”. El mandatario cubano insistió en esa oportunidad, según su canciller, en la necesidad imperiosa de desmontar el bloqueo. Cuba cuenta con el apoyo de la mayor parte de la comunidad internacional. Si el rechazo al bloqueo cosechó “apenas” 59 apoyos la primera vez que se sometió a votación en la Asamblea General de Naciones Unidas en 1992 – hubo 71 ab-

stenciones y 3 rechazos-, dos décadas después llegó a 188 votos –sólo Israel y Estados Unidos votaron en contra en 2014-. En todos los foros regionales, además, Estados Unidos debió escuchar la exigencia del fin de las sanciones contra Cuba y el reclamo por su readmisión en el sistema interamericano. El giro de Estados Unidos hacia Cuba impulsado por Obama presenta desafíos. En Estados Unidos, el saliente presidente intentará sortear las resistencias internas, para lo cual cuenta con el apoyo internacional y de buena parte de la opinión pública estadounidense, incluyendo a la comunidad latina. La histórica visita del Papa en septiembre, además, supuso un espaldarazo a su política de distensión hacia la isla. La duda es cómo se desmontará el complejo entramado legislativo que construyó el bloqueo económico más extenso y severo de la historia moderna en Occidente. Para Cuba, en tanto, el desafío

es que esta apertura a las inversiones, el comercio, los dólares y el turismo estadounidenses no impulsen una restauración capitalista, que algunos críticos avizoran como inevitable. Para Nuestra América, por su parte, los desafíos tampoco son menores. Fue un triunfo haber doblegado las presiones de Estados Unidos contra la soberanía de Cuba, pero a la vez esta nueva política –más “amigable” en las formas- pretende debilitar los argumentos del bloque bolivariano. Estados Unidos sigue interviniendo para desestabilizar a los gobiernos menos afines en la región, a la vez que impulsa el avance de la Alianza del Pacífico y la reconstitución del prestigio de la OEA, en detrimento de la UNASUR y la CELAC, y pretende aislar los procesos radicales de Venezuela y Bolivia. El futuro levantamiento del bloqueo será, quizás, el precio a pagar para incrementar la legitimidad de Estados Unidos en la región, luego de una década se relativa pérdida de hegemonía.


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Conclusiones de la década larga (2003-2015)

Por Pablo Wahren Lic. Economía – UBA/ Docente de Historia Económica y Social Argentina – UBA/ Maestreando en Desarrollo Económico – UNSAM/ Militante de Patria Grande En Argentina al período 2003-2015 podemos denominarlo la década larga. La sucesión de gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner implicaron una serie de transformaciones en la vida económica y política argentina que reconfiguraron las formas del capitalismo argentino. Algunos de los cambios se dieron en el marco de movimientos regionales más generales, en otros casos tuvieron su sello distintivo. Asimismo, se pueden enumerar continuidades y quiebres con la noche neoliberal que se extendió durante tres largas décadas en nuestro país hasta explotar en el 2001. De esta manera abundan los debates y las posiciones encontradas: ¿Fue el kirchnerismo un proceso restauración capitalista o una transformación hacia un capitalismo con inclusión? ¿El crecimiento a tasas chinas se debe a la política de tipo de cambio real alto o a la demanda interna? ¿El crecimiento se debió al viento de cola que benefició a toda la región o fue mérito de la

política económica? ¿El estancamiento de la economía desde 2012 fue producto de la crisis financiera internacional o de límites internos? ¿Se alcanzaron las banderas de la independencia económica y justicia social o seguimos siendo un país dependiente y desigual? A lo largo de esta nota se desarrollaran las principales conclusiones extraídas durante la década para balancear lo ocurrido y tomar las enseñanzas que nos deja como herramientas para la transformación social. Dado el carácter complejo del kirchnerismo y la posibilidad de que las conclusiones aparenten ser contradictorias, se ruega al lector no extraer conclusiones generales hasta terminar la nota.

1. Los precios de las commodities no explicaron el crecimiento pero fueron esenciales para aliviar la restricción externa. Entre 1998 y 2002 la actividad económica se retra-

jo a una tasa promedio de 4,9%. Así para 2003 el desempleo subía al 20,4% y la pobreza alcanzaba el máximo histórico de 51,7% (con un nivel de indigencia en 25,2%). No obstante, a partir de ese año la economía argentina inició el proceso de crecimiento económico sostenido más importante desde el siglo XIX creciendo a una tasa promedio de 6,2% hasta 2014. Una explicación difundida es que este crecimiento estuvo explicado por el alza extraordinario de los precios de los commodities. Esta interpretación es conocida como la hipótesis del “viento de cola” y atribuye el dinamismo de la economía local a factores fundamentalmente exógenos como la suba de los precios internacionales. No obstante, los datos contradicen dicha tesis, del crecimiento acumulado del PIB entre 2003 y 2013 de 92,6 p.p., las exportaciones tan solo aportaron 10,5 p.p., de los cuales 5,4 p.p. se cor-


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KAMCHATKA respondieron con rubros agropecuarios. En otras palabra las exportaciones agropecuarias tan solo explicaron el 5,8% del crecimiento de la economía. Medidos a precios corrientes, donde se incorpora el efecto precios, la dinámica es similar: del crecimiento acumulado del PIB de 793,2 p.p., las ventas al exterior del sector tan solo aportaron 60,0 p.p., es decir, el 7,6%. Sin embargo, cuando se agrega en consideración el sector externo se observa que el extraordinario ingreso de divisas en concepto de exportaciones agropecuarias cobró una importancia central para permitir que el crecimiento económico tenga lugar. En contraste con la convertibilidad cuando el país financiaba sucesivos déficits comerciales, derivados de la apertura comercial indiscriminada y la apreciación cambiaria, a través de la cuenta capital y financiera, el modelo postconvertibilidad se caracterizó por un balance de pagos superavitario basado en la cuenta corriente, específicamente en el superávit comercial y un déficit de cuenta financiera dado por los

abultados pagos de deuda externa y la cuantiosa remisión de utilidades y formación de activos externos. Este financiamiento externo vía cuenta corriente encontró como requisito fundamental la excepcional suba de los precios de las commodities que permitió que nuestro país acumule más de una década de superávits comerciales. Las divisas resultan un componente indispensable para garantizar el crecimiento económico ya que dada la estructura productiva argentina, por cada punto que crece la economía, lo hacen en 1,8 las importaciones (Zack y Dalle, 2015). De mantener los precios del comercio exterior constantes desde 1998 la Argentina hubiese incurrido en déficit comercial (y de cuenta corriente) desde el año 2008, con la excepción de 2009 (año en que por la crisis las importaciones se desplomaron). La dinámica descripta se repetiría incluso de mantenerse los precios constantes a 2005. En ambos casos, el ingreso de divisas en el periodo 2003-2014

“los precios de las commodities no explicaron el crecimiento pero sí fueron fundamentales para que este se pueda dar al garantizar las divisas necesarias para la mayor actividad económica.” hubiese sido menor en más de U$S 100.000 millones. Por lo tanto, los precios de las commodities no explicaron el crecimiento pero sí fueron fundamentales para que este se pueda dar al garantizar las divisas necesarias para la mayor actividad económica. Gráfico 1: Cuenta Corriente-Cuenta Capital y Financiera-Variación de Reservas

2. Existió crecimiento con inclusión social aunque ese proceso tendió a su agotamiento Así como se verificó que “el viento de cola” jugó un rol fundamental para aliviar la restricción externa pero no explica el crecimiento de la economía, partir de los datos de cuentas nacionales, se observa que el crecimiento estuvo explicado por la absorción interna, principalmente por el consumo privado y por la inversión bruta fija en segundo término. De los 92,6 p.p. que se expandió la economía local en la última década, 76,2 p.p. se expli-


30 can por el consumo privado. En este sentido, se deduce que el principal motor del crecimiento económico fue el incremento del ingreso real que, basado en la recomposición del empleo y el salario real después de la crisis de 2002, impulsó el consumo privado. Incluso durante la crisis de 2009, el salario real registró un alza significativa (ya que la inflación se desaceleró mientras que las paritarias cerraron a los valores de 2008 que eran superiores) que permitió sostener el consumo y amortiguar la caída de -20,3% de las exportaciones. En cambio, el 2014 se observa que tras la devaluación de enero los salarios reales se contrajeron, tal como sucedió históricamente con esta medida de carácter regresivo. Dado el rol jugado por el salario en este esquema de crecimiento el corolario ha sido una caída de -0,5% anual en el consumo privado 2014, y una leve suba del PBI de 0,5%. Medido con indicadores alternativos la caída de la actividad en ese año supera la unidad.

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“el crecimiento estuvo explicado por la absorción interna, principalmente por el consumo privado y por la inversión bruta fija en segundo término.” La expansión de la actividad económica a lo largo del período se hizo en simultáneo a una significativa reducción en la desigualdad. El coeficiente de Gini, proxy de la desigualdad entre las familias mejoró un 20%. Más notable aún es que la brecha de ingresos entre las familias más ricas y más pobres se redujo a la mitad. Las primeras pasaron de ganar 15,4 veces más que las segundas a 7,7. La reducción de la desigualdad y el consiguiente impulso a la demanda fue resultado del crecimiento del empleo y los ingresos, en un primer periodo (2003-2008) y de la política social en un segundo periodo (2009-2014). La tasa de desempleo que en el primer trimestre de 2003 alcanzó el máximo histórico de 20,4%,

para 2014 se redujo a 7,3%, habiéndose creado 3 millones de puestos de trabajo. Sin embargo, no es menor el hecho de que a partir de 2012 las mejoras en la distribución del ingreso hayan prácticamente mermado, a la par que se frenó la actividad económica, y que 2014 haya sido el primer año del ciclo donde se contrajeron tanto los salarios reales como la distribución del ingreso. Esta tendencia da la pauta del agotamiento del “Modelo de Crecimiento con Inclusión Social” tal como analizaremos más adelante. Gráfico 2: Desigualdad y PBI

3. El tipo de cambio real alto favoreció el crecimiento pero no por los canales tradicionales Los cimientos de este proceso de crecimiento fueron “paradójicamente” las políticas de ajuste de 2002. En un primer momento la caída del salario real, derivada de la devaluación, contribuyó a contraer aún más una demanda interna deprimida por el elevado nivel de desempleo y la continuidad del corralito. De esta manera, en 2002 el PBI argentino registró la peor caída de su historia: 10,9%. Sin embargo, a mediados de ese año se comenzaron a observar vestigios de recuperación asociados al nuevo tipo de cambio alto. Por un lado, la devaluación supuso una protección de hecho para la producción local al encarecer las compras al exterior. Actividades que en el uno a uno no eran rentables, volvieron a realizarse. Asimismo, ciertas industrias locales lograron colocar sus productos en el exterior


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“Los cimientos de este proceso de crecimiento fueron “paradójicamente” las políticas de ajuste de 2002” (CENDA, 2010; Frenkel, Damill y Maurizo 2007). Sin embargo, como señalan Panigo y Chena (2011) lo más relevante fue el efecto riqueza que dio lugar a que ante la devaluación el sector privado vuelva a traer al país los dólares que había fugado durante la convertibilidad. A eso se le añade un factor adicional por el cual tuvo lugar, ya que la valorización de los activos no hubiese resultado suficiente si los pasivos se incrementaban en la misma medida. En este sentido, la pesificación asimétrica que supuso la pesificación de las deudas en dólares (US$1=$1) fue determinante para que el efecto neto sea positivo. Dada esta combinación, la

megadevaluación supuso una ganancia extraordinaria para aquellos agentes de la economía que se habían dolarizado durante la década anterior y en gran medida habían fugado sus divisas al exterior durante la crisis de la convertibilidad. En este sentido, atraídos por el tipo de cambio alto buena parte de esta riqueza reingresó al país y se canalizó hacia el consumo de bienes durables. De esta manera sectores como la construcción y la industria automotriz lideraron el crecimiento en este primer periodo. Cabe destacar que esta expansión de la producción se sostuvo en la elevada capacidad ociosa y la abundante mano de obra desocupada que había dejado la crisis y deprimía los salarios. En el período mencionado la suba del tipo de cambio jugó un rol regresivo en términos de distribución del ingreso. Mientras el consumo de bienes durables aumentó debido al efecto riqueza y la producción industrial se tornó competiti-

va a costa de la protección cambiaria los salarios reales sufrieron una fuerte contracción. De este modo se beneficiaron los grandes grupos económicos ligados a la producción industrial y agropecuaria. En este periodo el precio de los alimentos aumentó significativamente cobrando un carácter prohibitivo para los sectores populares al tiempo que implicaba enormes beneficios para el sector agropecuario. Para graficar esta situación se puede observar que entre 2001 y 2004 el Índice de Precios del Consumidor aumentó en promedio un 49,1% mientras que el referido específicamente a alimentos y bebidas aumentó un 68,4%. Los productores del agro habían trasladado también al mercado interno sus ingresos extraordinarios en concepto de exportaciones al encarecerse el valor del dólar. Asimismo deben incluirse dos factores derivados de 2002 que influyeron en los años siguientes: el elevado superávit comercial derivado del desplome de las compras al exterior por la crisis y el alto superávit fiscal producto del aumento de la recaudación por la inflación de ese año en el marco del congelamiento del gasto público. Por lo tanto, en buena medida los primeros años del modelo se solventaron en las condiciones que dejaba el ajuste duhaldista y en el marco de un esquema de crecimiento regresivo, con el tipo de cambio alto como bandera.

4. La inflación fue la expresión de la lucha de clases El

modelo

económico


32 tiene su primer quiebre con la salida de Lavagna del Ministerio de Economía, la discusión en ese entonces era si aplicar enfriar la economía tal como propiciaba el ministro saliente o seguir fogoneando el crecimiento, como finalmente prevaleció. Así, desde 2005 se reabrieron las negociaciones colectivas del trabajo, también conocidas como paritarias, que habían sido eliminadas durante la convertibilidad dando lugar a aumentos salariales una vez por año a partir del acuerdo tripartito entre el gobierno, sindicatos y empresarios. Para que efectivamente los salarios reales crezcan resultó indispensable la apropiación de la renta extraordinaria de la tierra, para contrarrestrar el efecto regresivo del tipo de cambio alto en los ingresos reduciendo el precio de los alimentos.

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“En 2009 la crisis internacional golpeó el canal comercial, vía menores exportaciones. Las mismas se contrajeron 10,8% en cantidades y 20,5% en dólares, ya que los precios se retrajeron un 10,9%.” fuera del sistema previsional producto de la exclusión en el mercado formal al que fueron sometidos por la flexibilización laboral registrada durante el neoliberalismo, incrementan-

do la cobertura previsional de 47,3% en 2005 a más del 90% en 2008 (Abeles, 2009). Al día de hoy 2005 y 2006 son recordados, incluso por los consultores privados, como los años más virtuosos en términos macroeconómicos: superávit fiscal, superávit comercial, desendeudamiento, acumulación de reservas, alto crecimiento y baja inflación. Durante los primeros años de la postconvertibilidad se dieron una serie de condiciones excepcionales (salarios reales muy deprimidos, muy baja utilización de la capacidad instalada) que permitieron que el crecimiento económico fuese acompañado por

Las políticas públicas en este marco se orientaron a consolidar el esquema macroeconómico de crecimiento con inclusión. Entre las más destacadas se ubica en el Plan Nacional de Inclusión Previsional puesto en marcha en 2005 que implicó una moratoria que incluyó a 1,5 millones de jubilados que se habían visto un aumento simultáneo de salarios reales y ganancias sin que ello desencadenara una inflación considerable. El mecanismo que permite este crecimiento paralelo es que el incremento del salario real, si bien implica una reducción de los márgenes unitarios, puede generar un aumento de la masa de ganancia producto del in-


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KAMCHATKA cremento de la demanda que genera la recomposición del consumo privado a través de la recuperación de los salarios reales. Sin embargo, a partir del 2007 se observa un estancamiento de la ganancia (a niveles muy superiores que los de los ´90) que coincide con la aceleración inflacionaria. Gráfico 3: Tasa de ganancia de las 500 grandes empresas SI bien el proceso inflacionario emerge en un contexto de alzas de las materias primas, cuyos precios se trasladan al mercado interno, a partir de ese momento la inflación va a ser la forma en que se exprese la lucha de clases. Si en los ´90 la forma en que los capitalistas disciplinaron a los trabajadores a partir del desempleo y la flexibilización laboral aquí la puja distributiva se canalizó en la inflación.

5. A partir de 2008 el camino para redistribuir pasó a ser la política social y se pierde la dinámica “wage-led” Es en este marco donde el gobierno realiza sus medidas más audaces. Una de ellas fue la frustrada resolución 125, la cual pretendía reemplazar las alícuotas fijas por un esquema de retenciones móviles en función de la dinámica de los precios internacionales que fue rechazado por el conjunto de las entidades agropecuarias vía un lock out patronal que generó desabastecimiento e incertidumbre en los mercados. Esta medida apuntaba a desacoplar los precios locales de los externos en contexto de subas como el registrado en ese año para morigerar

la inflación y aumentar la recaudación fiscal. En diciembre de 2008, en el marco de los inicios de la crisis internacional, la administración nacional dio fin al sistema de capitalización individual instaurado en 1994 y que para la fecha abarcaba al 76% de los trabajadores activos (Abeles 2009). El sistema previsional privado era administrado por las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) que invertían los aportes de los individuos en distintos activos, fundamentalmente financieros, con el objeto de aumentar su rendimiento. Por este servicio, las AFJP cobraban una comisión que en los 90 llegó a superar el 50% del aporte y para 2008 se encontraba alrededor del 30%. En caso de que los fondos individuales no alcanzaran para cubrir los haberes mínimos el Estado nacional se hacía cargo de la erogación. En 2008, los desequilibrios en los mercados de capitales amenazaban los recursos de los fondos de pensión, atentando contra los ingresos de los jubilados y las finanzas públicas. En este marco se desarrolla el proceso de nacionalización de las AFJP pasando a

un sistema de reparto administrado por el Sistema Integral Previsional Argentino (SIPA). Esta medida permitió financiar, entre otras cosas, la Asignación Universal por Hijo. En 2009 la crisis internacional golpeó el canal comercial, vía menores exportaciones. Las mismas se contrajeron 10,8% en cantidades y 20,5% en dólares, ya que los precios se retrajeron un 10,9%. En este sentido, es ilustrativo analizar el desempeño de la industria en este periodo. La actividad manufacturera que venía de promediar un crecimiento de 9,4% en el lustro anterior, sufrió una significativa desaceleración en 2009 cuando se expandió tan solo 0,1% (-3% para indicadores privados). A pesar de eso el consumo privado se sostuvo y la actividad económica se retrajo en menor medida que otros países de la región producto de una fuerte política fiscal expansiva que incluyó creciente gasto de capital, planes de empleo, el lanzamiento de la Asignación Universal por Hijo y un incremento del salario real (producto de la significativa desaceleración de la inflación).


34 A partir de 2010 los efectos de las políticas expansivas llevadas adelante durante la crisis se conjugaron con la recuperación del comercio exterior para dar un fuerte crecimiento a la actividad económica. Particularmente la recuperación de Brasil, principal socio comercial, estimuló las exportaciones industriales y la cosecha recuperó sus niveles previos a la gran sequía de 2009. En un contexto de recrudecimiento de la puja distributiva, el dilema pasaba a hacer cómo impulsar el consumo privado. Para ello el gobierno dispuso de una estrategia de apreciación real fuerte basada en el sostenimiento del tipo de cambio nominal en un contexto de inflación superior al 20%. Esta dinámica favoreció la inversión importada y permitió dar alzas salariales superiores a la inflación que estimulaban al consumo, ya que no sacrificaba ganancia empresarial al mantenerse relativamente constante los precios de los insumos importados (y las tarifas de los servicios públicos). Esta estrategia que el asesor de Scioli Miguel Bein denominó “macrocidio” por los desequilibrios macroeconómicos en los que derivó, implicó la posibilidad de incrementar salarios reales sin afectar ganancia y fue la vía elegida para conservar el empleo y sostener los niveles de consumo. En este marco, las mejoras sociales pasaron a depender de las políticas sociales como la Asignación Universal por Hijo y ya no del crecimiento del empleo y los ingresos reales.

6. La emergencia de la restricción externa se asocia

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a la estructura productiva y al tipo de actores protagonistas del modelo de la postconvertibilidad Tras la elección de 2011 comienzan a exhibirse nítidamente los límites del modelo en materia del sector externo. Al tradicional ciclo de stop&go bajo el cual la restricción externa aparecía producto del crecimiento de la economía (en forma de déficit industrial) en estos años se sumaron otros factores. Los condicionantes que llevan a la restricción se pueden aglutinar en cinco puntos:

1.Déficit Industrial: Desde

el año 2007, con la excepción de 2009, la industria acumula sostenidos déficits comerciales. Esto es producto de la persistencia de un entramado productivo sumamente dependiente de las importaciones que implica que por cada punto que crece la industria, se incrementan en 3 importaciones industriales.

2.Déficit Energético: El

sector energético se caracterizó por ser fuertemente superavitario en la convertibilidad y en los primeros años de la postconvertibilidad. No obstante, este resultado se fue achicando hasta volverse deficitario en 2011 y 2012 por más de U$S 2.000 millones.

3.Compra

de dólares: Aquí se incluye la compra de dólares por parte de las empresas nacionales e individuos aislados. Este componente fue creciendo sostenidamente durante los últimos años, con un pico máximo en 2011 (U$S 18.000 millones), año de aplicación de los controles. Entre

2003 y 2011 ésta cuenta acumuló un déficit de U$S 87.000 millones. En esta cuenta se conjugan tanto las operaciones de agentes individuales como de empresarios nacionales.

4.Giro de utilidades y dividendos: Esta cuenta ha presentado un déficit creciente ya que en el marco de una elevada extranjerización de la economía (2/3 de las empresas más grandes del país son extranjeras) han volcado sus elevadas rentabilidades a sus países de origen acumulando entre 2003 y 2011 U$S 21.000 millones. 5.Pagos por deuda exter-

na: la política de desendeudamiento consumió hasta esa fecha U$S 30.000 millones de las reservas del Banco Central.

Como se puede apreciar se conjugan problemas asociados a la estructura productiva con factores financieros. En este sentido, cabe destacar que previo a la aplicación de los controles cambiarios la remisión de utilidades y la formación de activos externos (compra de dólares sin fines predeterminados) estas operaciones estuvieron desreguladas casi por completo, amparadas en legislaciones heredades del neoliberalismo.

7. El estancamiento económico y social a partir de 2012 responde a ciertas continuidades aún vigentes con el modelo neoliberal La foto de hoy es la de una economía que no crece desde hace cuatro años, que en ese tiempo aumentó levemente el


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KAMCHATKA desempleo, que mantiene a más de un tercio de su población trabajando fuera del mercado formal y donde cayó el salario real en 2014. De aquí se desprende una conclusión fundamental, el modelo de conciliación de clases vigente en los primeros años del kirchnerismo tuvo su apogeo en términos de crecimiento mientras los salarios eran bajos y las ganancias extraordinariamente altas. Una vez alcanzada la reactivación económica este esquema del “todos ganan” se esfumó y se tradujo en una puja entre trabajadores y capitalistas que se expresa en la carrera que juegan los salarios y los precios, así las mejoras sociales pasaron a depender de la política social. Además del abandono del modelo wage-led, otros problemas se conjugaron para determinar un crecimiento menor. En primer lugar se destaca la restricción externa, dada la elevada elasticidad PBI-importaciones, producto de la estructura productiva dependiente, la economía para mantenerse en la dinámica de crecimiento previa requería de una disponibilidad de divisas que ya no existía y que comenzó a manifestarse en las diversas restricciones a las compras al exterior. En el frente externo los flujos de comercio que se habían derrumbado en 2009 se recuperaron en 2010 y se mantuvieron estables en los años subsiguientes, sin embargo se registró una desaceleración muy fuerte de la economía brasilera a partir de 2011 que impactó negativamente en la actividad económica argentina.

Cabe destacar que Brasil es el principal socio comercial argentino y aglutina el 40% de nuestras exportaciones industriales y particularmente el 85% de las automotrices. Por otro lado, la política de apreciación real que permitía aumentar salarios sin afectar las ganancias perdió fuerza, primero con devaluaciones graduales y finalmente con la devaluación de enero de 2014. Así los últimos años del kirchnerismo implicaron una suerte de política de parches que mediante controles a las importaciones y a los dólares buscaba sostener la macroeconomía sin reformas estructurales. En tanto, en 2014 se realizaron una serie de concesiones al poder económico concentrado tales como la devaluación de enero, la suba de tasas de interés y el acercamiento al mercado financiero internacional vía arreglo con el Club de París, Repsol y el Ciadi. Es decir al agotarse el financiamiento por cuenta corriente se buscó alimentar la cuenta financiera aún contradiciendo los preceptos que justificaron la política de desendeudamiento. Dicha esta estrategia de vuelta al

endeudamiento fue frustrada por el conflicto con los Fondos Buitres y derivó en una menor entrada de divisas de la esperada vía cuenta financiera durante los últimos años de la gestión. En este contexto, la tasa de desempleo que se redujo de 17,2% en 2003 a 7,8% en 2008, para 2014 apenas varió hasta ubicarse en 7,2%. Asimismo, el empleo informal que entre 2003 y 2008 descendió de 49,4% a 37,0% para 2014 alcanzó 33,5%, un valor incluso superior a los registros de 1993 cuando empezó la convertibilidad. Entre los factores que explican el surgimiento de estos límites podemos ubicar ciertas continuidades con el modelo neoliberal. Pese que las condiciones macroeconómicas garantizaron durante la postconvertibilidad importantes márgenes de rentabilidad y que la política económica sirvió para asegurar un elevado nivel de demanda, el comportamiento del empresariado no correspondió de manera virtuosa con la inversión, sino que fugaron ganancias


36 y aumentaron precios de manera abusiva. Esta tendencia se expresa, por ejemplo, en que entre 2002 y 2011 la fuga de divisas ascendió a U$S 87.000 millones. Después de los controles cambiarios aplicados a fines de 2011 las operaciones comenzaron a realizarse a través del contado con liquidación y las diversas variantes del dólar. Asimismo, se intensificaron las políticas especulativas de adelanto de importaciones y demora en las exportaciones a fines de presionar el tipo el tipo de cambio y provocar una nueva devaluación que de lugar a ganancias extraordinarias. Esta lógica fue impulsada fundamentalmente por la cúpula empresarial. En este sentido en la última década se intensificó el peso de las 500 empresas más grandes del país que ascendía a 14,3% entre 1991 y 2001 a 21,5% entre 2002 y 2012. Los datos se vuelven más preocupantes cuando hablamos de comercio exterior donde 20 empresas concentran el 46,5% de las exportaciones totales, lo cual les genera un enorme poder de mercado y presión sobre la política cambiaria actuando como límite a las mejoras sociales. Justamente Manzanelli y Shorr (2013) dan cuenta de que los incrementos de precios más significativos se dieron en sectores concentrados como siderurgia, cementeras y ciertos rubros de alimentos. Asimismo, cabe destacar que tanto en la economía en general (66% de las 500 empresas más grandes del país son extranjeras) como en las exportaciones (7 de las 10 principales empresas exportadoras son extranjeras) el nivel de extranjer-

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“cuando hablamos de transformaciones estructurales la discusión económica trasciende los límites técnicos y pasa al plano de la política.” ización se sostuvo en los niveles de la convertibilidad. La misma se rigió bajo la misma ley de Inversión Extranjera Directa heredada del neoliberalismo. Por otro lado, el crecimiento económico durante la postconvertibilidad intensificó actividades productivas heredadas de las transformaciones neoliberales de la década anterior. Esto profundizó el carácter dual de la matriz productiva, consolidando un sector sumamente productivo vinculado a las actividades primarias asociada a su transformación y exportación (complejo sojero y minería) y al los regímenes industriales vinculados a la exportación (automotriz). No casualmente en esos

lugares se localizaron los flujos de IED. Gráfico 4: Informalidad y Desempleo

8. El límite “es el capitalismo serio” y la solución es la política Durante estos años la presencia del Estado en la economía creció significativamente en relación a los ´90. No obstante, la producción estuvo guiada fundamentalmente por criterios de rentabilidad y no por las necesidades del país. Ejemplo de ello es el “boom automotriz”, este sector acumula un déficit comercial de alrededor de U$S 4.000 millones por año ya que el contenido local de los vehículos argentinos es de apenas 30% y el 50% se abastece con autos importados. El “boom sojero” también tiene sus consecuencias vinculados a los efectos negativos sobre la tierra derivados de la tendencia al monocultivo y la dependencia de un producto en particular. Los países con procesos más de avanzada en el continente tal como Venezuela


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KAMCHATKA y Bolivia avanzaron en el control de sus recursos estratégicos nacionalizando en ambos casos los hidrocarburos. En Argentina se dio un valioso avance con la estatización parcial de YPF, aunque por otro lado se realizó tras años de vaciamiento por parte de la empresa Repsol que derivaron en la pérdida de la soberanía energética durante la década larga. No obstante, nuestro principal recurso natural es el agro sobre el cual quedan muchos desafíos. El poder de los agentes del sector es inmenso, dado que aglutinan la principal fuente de divisas del país, por ello maniobras especulativas como el acopio de la cosecha dan lugar a inestabilidades cambiarias. En ese sentido la nacionalización del comercio exterior de granos que hoy es concentrado por siete empresas es un paso fundamental que debe darse. Esto implicaría valiosísimos instrumentos de política económica que permitirían: 1) Desacoplar precios internos de los internacionales 2) Permitiría incentivar producciones de mayor valor agregado o estratégicas mediante subsidios cruzados 3) Quitar presión a pequeños productores regionales que hoy se ven afectados por mono u oligopsonios 4) Evitar fraudes, triangulaciones, acopios y distintas maniobras ilegales frecuentemente detectadas en las grandes exportadoras 5) Disponer de una importante masa de renta en pesos apropiada por las exportadoras que hoy genera presión al dólar, para orientarla hacia política fiscales expansivas y de inversión en sectores claves. El Estado apuntó a estimular una burguesía nacional que

conduciría al desarrollo en el marco de un capitalismo serio. Sin embargo, las traiciones de la “burguesía” se contabilizan a montones: desde los aumentos abusivos de precios aprovechando las protecciones a las importaciones dispuestas por el gobierno al fraude de Ezquenazi cuando se buscó integrarlo al directorio de YPF para torcer el rumbo de la empresa. Recién sobre el final del mandato, y con un alcance muy limitado, se avanzó en la idea de la creación de una empresa estatal con una amplia inserción geográfica, orientada a la distribución de productos de consumo popular que ponga cota a las ganancias extraordinarias de las grandes cadenas de supermercados estableciendo precios de referencia para bienes de la canasta básica. Otro aspecto neurálgico en estos años fueron los aumentos de precios en los insumos de uso difundido: históricamente la producción de acero y aluminio estuvo en manos del Estado hasta que, estafas mediante, fue entregada a grandes grupos económicos privados. Otro punto fue la integración regional en términos económicos, ya que se sostuvo la lógica del Mercosur cuya legislación fue armada a medida de las multinacionales en lugar de dar paso a lógicas económicas como el ALBA donde las decisiones de producción y comercialización se articulan entre los gobiernos de los países miembros. A lo largo de la historia han existido periodos excepcionales donde ganancias y salarios crecían a la par, uno de ellos fue el periodo 2003-2008 en la Argentina. Sin embargo cuando

se agotaron las condiciones que dieron lugar a esta dinámica comenzaron a surgir tensiones. Algunas de ellas derivaron en confrontaciones y avances, otras en conciliaciones y retrocesos. Por eso una de las principales conclusiones de esta década es que todo proyecto transformador precisa de una fuerte voluntad política ya que requiere necesariamente afectar intereses. Si tenemos la estructura productiva que tenemos no es por designio de la naturaleza o un simple error de política, sino que tiene que ver con que hay actores que se benefician de ese estado. Por lo tanto, cuando hablamos de transformaciones estructurales la discusión económica trasciende los límites técnicos y pasa al plano de la política. Formarnos, aprender de los errores y aciertos de la etapa, analizar los límites, militar, fortalecer las organizaciones populares, disputar el sentido común y crear poder popular son las tareas de los que queremos cambiar las cosas. Este artículo se escribió en las vísperas del ballotage entre Macri y Scioli. A lo largo de la nota se han analizado críticamente los logros y limitaciones de la economía kirchnerista. Producto de esas limitaciones se concluye también que llegamos al escenario de un ineludible recambio conservador. Sin embargo, desde quien escribe no hay ningún tipo de duda de que el retroceso que supondría un eventual gobierno del PRO es mucho mayor, basta ver como se opusieron a cada una de las medidas progresivas que hemos señalado del gobierno durante estos años.


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EL ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES, EL #NIUNAMENOS Y EL AVANCE FEMINISTA EN ARGENTINA Por Eliana Bazaga Granat Estediante de Economía – UBA El fin de semana del 10, 11 y 12 de octubre se realizó el XXX Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) que tuvo lugar en la ciudad de Mar del Plata. Este encuentro mucho tuvo que ver con aquellas centenas de mujeres pioneras en la lucha de género, reunidas en el teatro San Martín de la Ciudad de Buenos Aires aquel mayo de 1986. En el primer encuentro se buscaba discutir sobre la situación de la mujer en la Argentina y las estrategias para el cambio, igual que ahora, sin embargo, desde ese entonces hasta la fecha muchas cosas cambiaron. Principalmente la lucha por la igualdad de género ha tomado mayor masividad, hoy no solo las mujeres que se autoproclaman feministas o que invisten el símbolo de un partido político se interesan por estas cuestiones sino que por el contrario muchas mujeres, y cada vez más, somos conscientes de nuestros derechos y estamos dispuestas a pelear por ellos. Si bien en la última década el ENM aumento impactantemente su convocatoria, este año marcó un punto de inflexión en la lucha de género en nuestro país.

Es verdad que todavía escuchamos noticias sobre asesinatos de mujeres en todo el país y todavía recibimos “piropos” no deseados cuando caminamos por la calle, entre otras cientos de cosas que nos indignan a las personas que creemos en la igualdad de género. Pero hay algo que tenemos que festejar: Crecimos. Nos fortalecimos. Logramos que hoy en dia a esos asesinatos se los llame “femicidios”, logramos que esos piropos sean “acoso callejero”. Logramos una convocatoria masiva bajo el grito #NiUnaMenos en donde miles de hombres y mujeres salieron a la calle y demostraron su indignación ante los femicidios y la cultura patriarcal que los engloba y atraviesa directamente. El lunes 12 de octubre terminó el XXX encuentro nacional de mujeres al cual asistieron aproximadamente 60.000 mujeres de todo el país, casi el doble que el último encuentro más convocado en 2014. Esta impactante cantidad de mujeres nos permite dimensionar la fuerza con la que se están plantando las banderas feministas en la Argentina. En junio de este año el

#NiUnaMenos marcó un piso en la lucha de las mujeres con un lema muy sencillo “Ni una muerte más por culpa de la misoginia”. ¿Que es la cultura machista?¿La sociedad argen-

“El machismo es una cultura porque busca invisibilizar a la mujer sin ningún argumento racional, sino que se basa en las costumbres de hace cientos de años atrás, que hoy ya no responden al rol que verdaderamente ocupa la mujer en la sociedad.”


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KAMCHATKA tina es misogena? ¿El ENM construye un movimiento feminista lo suficientemente fuerte como para derribar el patriarcado? Es muy difícil comprender lo abarcativo que resulta el concepto de “cultura machista”. Responder a esta pregunta nos obliga a explicar en primer lugar que es la cultura, y en segundo que es el machismo. La cultura es todo eso que se nos enseña al nacer, nuestro idioma, nuestros gestos, las cosas que nos dan risa y las que no, nuestros valores, entre muchas otras cosas más. El machismo es la creencia de que el hombre tiene algún tipo de beneficio innato por el solo hecho de ser hombre. En la antigüedad era el hombre el que tenía que salir a cazar mientras la mujer se quedaba cuidan-

do a sus hijos. Hoy en día esto cambió, pero el machismo sigue formando parte de nuestra sociedad como una cultura que engloba más de lo que pensamos. El machismo es una cultura porque busca invisibilizar a la mujer sin ningún argumento racional, sino que se basa en las costumbres de hace cientos de años atrás, que hoy ya no responden al rol que verdaderamente ocupa la mujer en la sociedad. La sociedad Argentina definitivamente no es la sociedad más misógina en América Latina y esto se debe a los fuertes avances de los movimientos feministas que se fueron formando desde 1986 en adelante, sin embargo bajo ninguna óptica cabría decir que una sociedad en donde muere una mujer cada 35 horas como víctima

de la violencia de género no es misógina. Vivimos en un país donde los medios hegemónicos de comunicación buscan constantemente justificar al victimario y culpabilizar a la víctima, en donde no hay centros de atención a víctimas de violencia de género que funcionen correctamente, en donde no hay un sistema de protección a la mujer que denuncia. Vivimos en un país machista. El Encuentro Nacional de Mujeres se trata de concientizar sobre la cultura machista o patriarcal en donde las mujeres nos vemos invisibilizadas, maltratadas, cosificadas, violadas y asesinadas solo por el hecho de ser mujer. Muchas de nosotras alguna vez pensamos que nunca habíamos vivido situaciones de violencia de género porque no fuimos violadas o porque nadie nos pegó hasta cansarse, pero la cultura patriarcal y la violencia machista llega de una forma tan inmersa en nuestra cultura que no siempre somos capaces de identificarla, llega cuando nos agreden con obscenidades en la calle y para nosotras es algo cotidiano, llega cuando nos dicen “PUTAS” por elegir sobre nuestra sexualidad. Si bien la lucha de género es extensa el ENM cumple un rol fundamental que es el de nuclear a todas las mujeres, sin importar su ideología política o su creencia religiosa, que estamos de acuerdo en que no podemos ser más invisibilizadas por esta sociedad. La magia del encuentro toca distintas puertas del país cada año, y en cada oportunidad los ciudadanos que se sienten es-


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KAMCHATKA lindo, por mas que sea obsceno, que te digan qué lindo culo que tenes!”.

candalizados ante una multitud de mujeres que eleva, entre otras, las banderas del aborto legal y gratuito. Esta magia trae la importancia de la incomodidad en la gente que la presencia, incomodidad en darse cuenta que muchas acciones que realizamos a diario corresponden a esta “cultura machista” que nos engloba. Pero esta sensación de incomodidad construye a largo plazo una sociedad más consciente de la importancia del rol en la sociedad más que como una máquina de reproducción y satisfacer deseos sexuales. El ENM nuclea en su marcha el grito de todas las #NiUnaMenos que dicen “BASTA” y

cada año ese grito crece mas y mas, y en este momento de la historia Argentina no debemos perder de vista la importancia de nuestra lucha. El panorama nos abre dos caminos, dentro de uno de ellos tenemos una agrupación conservadora pintada de amarillo que está en contra del aborto legal, que cerró los centros de atención a mujeres víctimas de violencia de género en Capital Federal, que sacó una campaña de protección contra enfermedades de transmisión sexual con una vagina cerrada con un cierre y que su principal dirigente y candidato a presidente en el ballotaje dijo abiertamente “No hay nada mas

Por el otro lado, tenemos una fuerza política nacional que gobierna el país hace ya doce años, que tuvo políticas muy interesantes sobre desarrollo e inclusión social pero que jamás tuvo en su agenda la legalización del aborto legal y gratuito mientras cientos de chicas al año mueren víctimas de abortos clandestinos, que tampoco reforzó los centros de atención a victimas de violencia de género en el interior del pais. Ambas perspectivas son negativas para la lucha por el feminismo popular, y si bien no es indiferente quien sea presidente, tenemos en claro que a partir del 23/11 gane quien gane tenemos que estar más unida que nunca. Por jóvenes, por mujeres y por estudiantes es nuestra responsabilidad comprometernos por no permitir dar ni un paso atrás en nuestra lucha.

Mujer escucha, únete a la lucha!


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EFEMÉDIRES:

10 años del No al

ALCA: un hito en una pelea que continúa

Por Fernando Vicente Prieto y y Gonzalo Armúa Articulo publicado en www.notas.org.ar El 5 de noviembre de 2005 se producía en Mar de Plata uno de los eventos más importantes para la historia del continente. Alentados por las luchas sociales que conmovían su geografía y recuperando el espíritu soberano, los países del sur del continente confluían para rechazar un enemigo común: el proyecto imperialista del ALCA. El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) fue un proyecto de integración económica subordinada a los intereses de EEUU, impulsado desde la primera Cumbre de las Américas celebrada en Miami, en diciembre de 1994, en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA). Por aquellos años, tras la caída del muro de Berlín y el desplome de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, EEUU emergía como la potencia dominante de un mundo unipolar y pretendía anexar económica y políticamente a los demás países del continente. Este proyecto retomaba un objetivo histórico de EEUU, expresado en la doctrina Monroe

de “América para los (norte) americanos”. A esta doctrina se le opondría el proyecto expresado por Bolívar, quien desde temprano vio con preocupación el afán expansionista del país del norte: “Los Estados Unidos parecen ser destinados por la providencia a plagar de hambre y miseria a toda la América en nombre de la libertad”, señaló en 1829. El ALCA contemplaba la reducción de las barreras arancelarias en 34 países de la región. El único excluido de la propuesta era Cuba. Montado en la ola neoliberal de fines del siglo pasado, la iniciativa avanzaba rápidamente hasta la asunción de Hugo Chávez como presidente de Venezuela en 1999, quien comenzó a plantear sus disidencias. En 2002, con la asunción de Luiz Inacio Lula Da Silva en Brasil, el gigante sudamericano también pasó a oponerse al ALCA y poco después fue acompañado por Argentina, todavía conmocionado por la crisis del neoliberalismo en 2001, que en 2003 elegía como presidente a

Néstor Kirchner. Ante las crecientes tensiones, expresadas fundamentalmente en la negativa del país norteamericano a eliminar los subsidios a sus productos agrícolas, en la Cumbre Extraordinaria de las Américas realizada en Monterrey, México, en 2004, se acordó implementar una versión menos ambiciosa del tratado de libre comercio, que se terminaría de definir en la Cumbre de Mar del Plata en 2005.

“ALCA, ¡al carajo!” La IV Cumbre de las Américas se llevó a cabo en la ciudad de Mar del Plata, entre el 4 y el 5 de noviembre de 2005. Se llegaba con dos propuestas de declaraciones: una incluía una mención a favor de la reapertura del ALCA, presentada por Panamá y apadrinada por EEUU, y otra del Mercosur y Venezuela, que se oponía rotundamente. En las calles de Mar del Plata, miles de personas convocadas por organizaciones populares de Argentina y todo el continente


42 se manifestaban para evitar esta nueva avanzada económica sobre los pueblos. En paralelo a la Cumbre de presidentes, la ciudad albergaba una Cumbre los Pueblos que rechazaba de plano la propuesta y proponía retomar el ideario bolivariano de unidad de los pueblos de América Latina y el Caribe. En ese contexto, en un acto multitudinario en el estadio mundialista, Hugo Chávez inmortalizaba su lema “ALCA, ALCA al carajo”, acompañado por Diego Armando Maradona y el líder indígena Evo Morales, por entonces candidato a la presidencia de Bolivia. Finalmente, Estados Unidos no pudo imponer una mención de reapertura del ALCA en el documento final, ante la cerrada negativa de los países del sur, expresada por Chávez, Lula y el presidente anfitrión, Néstor Kirchner, quien acusó al mandatario de EEUU, George W. Bush, de querer “patotear” al resto de los países, forzando la aprobación sin discutir ningún cambio. Se abría así una etapa de consolidación en la alianza entre los gobiernos opuestos al dominio pleno de EEUU en la región, que a pesar de sostener modelos diferentes al interior de sus países, coincidieron en impulsar nuevos mecanismos de integración.

2005 – 2015: Disputa por los modelos de integración Pocas semanas después de la derrota del ALCA en Mar del Plata, en diciembre de 2005, el pueblo boliviano consagraba como presidente a Evo Morales, quien vendría a fortalecer el surgimiento de la Alianza Bolivari-

KAMCHATKA ana para los pueblos de Nuestra América (ALBA) impulsada por Chávez y Fidel un año antes. Un año después, en noviembre de 2006, el bloque sumaría a Rafael Correa, electo presidente del Ecuador. Guiado estratégicamente por Chávez, el ALBA impulsaría a partir de ese momento una estrecha alianza diplomática con los gobiernos neodesarrollistas del sur, que daría como resultado la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en 2008 y más tarde, en 2012, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Este último espacio viene a oponerse de plano a la OEA, organismo creado luego del fin de la Segunda Guerra Mundial con el fin de controlar la política exterior de los países del continente, en el marco de la naciente Guerra Fría. No obstante, la derrota del ALCA no implicó la renuncia de EEUU a su proyecto estratégico. Este país reorientó su política a la firma de tratados bilaterales de libre comercio con los países conducidos por gobiernos neoliberales. Sobre esta base, luego promovió la creación de la Alianza del Pacífico, que reúne a México, Colombia, Perú y Chile y se propone en la actualidad extenderse a otras naciones, como punta de lanza que combata la influencia del ALBA. En un extremo, EEUU se propone congelar el ímpetu de Unasur y CELAC, haciendo retornar al marco de la OEA los debates entre los países del continente. Detrás de todo, como un telón de fondo, aparece en última instancia una competencia feroz con otras potencias -en particular China, India y Rusia-

por el control de un territorio con abundantes bienes naturales. Precisamente en este momento asistimos a un frágil equilibrio en esta disputa. La última Cumbre de las Américas, realizada en Panamá en abril de 2015, expresó nuevamente un nuevo espíritu de época, al recibir por primera vez a Cuba en su seno mientras ponía límites a la pretensión de EEUU por criminalizar y aislar a la Revolución Bolivariana. Sin embargo, el tablero se encuentra en permanente movimiento. La debilidad del gobierno de Dilma en Brasil, sumado al giro conservador en Argentina, podría ser aprovechada para restaurar la hegemonía norteamericana en una región que, como demostró hace apenas una década, puede ser determinante para ponerle freno a la expansión imperial de EEUU. Mientras tanto, por abajo, los movimientos populares del continente continúan resistiendo, seguros de que el sueño de Bolívar y Martí, de Chávez, Fidel y Guevara merece ser retomado y profundizado. Nada está decidido: serán las luchas del pueblo las que tengan la última palabra.


Revista KAMCHATKA N15 - 2015  

Revista de SOS de Economía politica

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