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CrĂŠditos


Ă?ndice


Sinopsis La noche que conocí a Drew Jagger, él acababa de irrumpir en mi nueva oficina de Park Avenue. Marqué el 911 antes de proceder a atacarlo con mis nuevas y elegantes habilidades de Krav Maga. Rápidamente me restringió, luego se rio, encontrando divertido mi intento de asalto. Por supuesto, mi intruso debía ser arrogante. Sólo que, resultó, que no era en absoluto un intruso. Drew era el dueño de mi nueva oficina. Había estado de vacaciones mientras el lujoso lugar era renovado. Razón por la cual un estafador consiguió arrendarme un espacio en una oficina que en realidad no estaba disponible para rentar. Me robaron diez de los grandes. Al día siguiente, después de horas en la estación de policía, Drew se apiadó de mí y me hizo una oferta que no pude rechazar. A cambio de responder sus teléfonos mientras su secretaria no estaba, me dejaría quedarme hasta que encontrara un nuevo lugar. Probablemente debería haber actuado agradecida y mantener la boca cerrada cuando escuché los consejos que les escupía a sus clientes. Pero no pude evitar darle mi opinión. Nunca esperé que mi cuerpo reaccionara cada vez que discutimos. En especial cuando eso era todo lo que parecíamos poder hacer. Los dos éramos completos opuestos. Drew era un amargado, molesto, hermoso como el infierno, destructor de relaciones. Y mi trabajo era ayudar a las personas a salvar sus matrimonios.


La única cosa que teníamos en común era el espacio que estábamos compartiendo. Y la atracción que estaba haciéndose más difícil de negar cada día.


A veces lo que estรกs buscando Viene cuando no estรกs mirando en absoluto. ~Desconocido


Capítulo 1 Odio la víspera de año nuevo. Dos horas en el tráfico para no lograr hacer ni siquiera los diez kilómetros a casa desde La Guardia. Eran pasadas las diez de la noche. ¿Por qué toda esta gente no estaba ya en una fiesta? Toda la tensión que las dos semanas en Hawái habían aliviado, estaba de nuevo apretando más y más fuerte dentro de mí mientras el auto avanzaba centímetro a centímetro hacia la parte alta de la ciudad. Intenté no pensar en todo el trabajo al que tenía que volver: las cadenas sin fin de problemas de otras personas que encajaban con los míos. “Ella fue infiel.” “Él fue infiel.” “Quiero la custodia completa de los niños.” “Ella no puede quedarse con la casa en Vail.” “Lo único que quiere es mi dinero.” “No me ha dado una mamada en tres años.” Escucha, cretino, eres un cincuentón, calvo, pomposo y con forma de huevo. Ella tiene veintitrés, está buena, y tiene unas tetas tan jóvenes que casi le llegan a la barbilla. ¿Quieres arreglar este matrimonio? Ve a casa con diez mil, billete sobre billete, y dile que se arrodille. Tendrás tu mamada. Ella tendrá su dinero para gastar. No pretendas que alguna vez fue más de lo que realmente fue. ¿No te funciona? A diferencia de tu futura ex esposa, yo tomaré un cheque. Hazlo a nombre de Drew M. Jagger, Abogado. Me froté la nuca, sintiéndome ligeramente claustrofóbico en la parte trasera del Uber, y miré por la ventana. Una anciana con andador nos adelantó.


—Voy a salir —gruñí al conductor. —¿Pero, y el equipaje? Ya estaba en la parte posterior del auto. —Abre el maletero. De todas maneras no nos estamos moviendo. El tráfico estaba completamente detenido, y solo faltaban dos cuadras para llegar a mi edificio. Dándole una propina de cien dólares al conductor, agarré mi maleta y tomé una profunda bocanada de Manhattan. Amaba esta ciudad tanto como la odiaba. El 575 de Park Avenue era un edificio restaurado de antes de la guerra en la esquina sur este de la calle 63. Era una dirección que le daba a la gente nociones preconcebidas respecto a ti. Alguien con mi apellido había ocupado el edificio desde antes de que se convirtiera en un espacio sobre valuado. Razón por la cual mi oficina pudo permanecer en la planta baja cuando los otros inquilinos comerciales fueron desalojados hace algunos años. También vivía en el piso superior. —Bienvenido de nuevo, Sr. Jagger. —El portero uniformado me saludó mientras abría la puerta del lobby. —Gracias Ed. ¿Me perdí algo mientras no estuve? —Nah. Lo mismo de siempre. Sin embargo, me asomé a su oficina el otro día. Luce bien. —¿Han usado la entrada de servicio por la sesenta y seis como se suponía que hicieran? Ed asintió. —Seguro que sí. Apenas los escuchamos los últimos días. Dejé caer mi equipaje dentro de mi apartamento, luego bajé de nuevo por el elevador a revisarlo todo. Por las últimas dos semanas, mientras estaba retozando en Honolulu, mi espaciosa oficina había estado recibiendo una reforma total. Grietas en el techo elevado serían cubiertas y pintadas, y nuevos suelos reemplazarían al viejo parqué. Todavía había plástico grueso sobre todos los pasillos internos cuando entré. El poco mobiliario que no había almacenado en un depósito también


estaba cubierto con mantas. Mierda. No lo han terminado todavía. El contratista me había asegurado que solo quedarían trabajos de acabado para cuando regresara. Estuve en lo correcto al ser escéptico. Encendí las luces, me sentí feliz al encontrar el recibidor completamente terminado. Finalmente, una víspera de navidad sin ninguna horrible sorpresa, para variar. Di un pequeño vistazo alrededor, complacido con lo que encontré, y estaba a punto de irme cuando noté una luz por debajo de la puerta de un pequeño cuarto de archivo al final del pasillo. Sin pensar sobre ello, me dirigí allí para apagarla. Ahora, soy una persona de 1,90 metros, 92 kilos, y tal vez era solo mi marco de pensamiento, el no esperar ver a nadie, pero cuando abrí la puerta del cuarto de archivo y la encontré, me asusté como la mierda. Ella gritó. Di un paso atrás por la puerta. Se levantó, se subió en la silla y comenzó a gritarme, agitando su teléfono en el aire. —¡Llamaré a la policía! —Sus dedos sonaban mientras marcaba el nueve, luego el uno y retenía el último uno—. ¡Sal ahora y no llamaré! Podría lanzarme hacia ella y el teléfono estaría fuera de sus manos antes de que se diera cuenta de que no había marcado el último dígito. Pero lucía aterrorizada, así que retrocedí otro paso y levanté las manos en señal de rendición. —No voy a lastimarte. —Usé mi mejor voz de calma—. No necesitas llamar a la policía. Esta es mi oficina. —¿Te parezco estúpida? Acabas de irrumpir en mi oficina. —¿Tu oficina? Creo que diste un giro equivocado en la esquina de Loca y Cucú. Se tambaleó encima de la silla, sosteniendo abiertos ambos brazos para recuperar el equilibrio, y luego, su falda cayó a sus pies.


—¡Sal! —Se agachó y tomó su falda, subiéndola hasta su cintura mientras me daba la espalda. —¿Toma medicamento, señora? —¿Medicamento? ¿Señora? ¿Estás bromeando? —¿Sabes qué? —Señalé al teléfono que todavía sostenía—. ¿Por qué no presionas el último uno y dejas que la policía se pase por aquí? Ellos pueden llevarte de vuelta a cuál sea el manicomio del que escapaste. Sus ojos se ampliaron. Para ser una loca, ahora que realmente estaba mirándola, era malditamente linda. Fiero cabello rojo se apilaba sobre ella combinando con su explosiva personalidad. A razón de la mirada en sus furiosos ojos azules, me alegré de aguantarme de decírselo. Presionó el uno y procedió a reportar el crimen de irrumpir en la oficina. —Me gustaría reportar un robo. —¿Robo? —Arqueé una ceja y miré alrededor. Una solitaria silla plegable y una mesa de metal eran los únicos muebles en todo el espacio—. ¿Qué es exactamente lo que estoy robando? ¿Tu personalidad ganadora? Modificó su queja con la policía. —Allanamiento de morada. Me gustaría reportar un allanamiento de morada en el 575 de Park Avenue. —Hizo una pausa y escuchó—. No, no creo que esté armado. Bueno, es grande. Realmente grande. Al menos un metro ochenta. Tal vez más. Hice una mueca. —Y fuerte. No olvides decirles que también soy fuerte. ¿Quieres que haga flexiones para ti? Y tal vez deberías decirles que tengo los ojos verdes. No sea que la policía me confunda con todos los demás ladrones realmente grandes que están aquí, en mi oficina. Después de colgar, continuó subida en la silla, mirándome. —¿También hay un ratón? —pregunté. —¿Un ratón?


—Considerando cómo saltaste a esa silla... —Me reí. —¿Lo encuentras divertido? —Ciertamente. Y no tengo idea de por qué. Debería haberme molestado como la mierda llegar a mi casa después de dos semanas de vacaciones y encontrar un intruso en mi oficina. —¿Intruso? No soy un intruso. Esta es mi oficina. Me mudé hace una semana. Se tambaleó de nuevo mientras estaba sobre la silla. —¿Por qué no te bajas? Te vas a caer de esa cosa y te lastimarás. —¿Cómo sé que no vas a hacerme daño cuando me baje? Sacudí mi cabeza aguantando la risa. —Cariño, mira mi tamaño. Mira tu tamaño. Permanecer en esa silla no hará una mierda por mantenerte a salvo. Si quisiera hacerte daño, ya estarías inconsciente y fría en el suelo. —Tomo clases de Krav Maga dos veces a la semana. —¿Dos veces a la semana? ¿En serio? Gracias por advertirme. —No tienes que ridiculizarme. Tal vez pueda hacerte daño. Para ser un intruso, realmente eres como rudo, ¿sabes? —Bájate. Después de mirarnos por un minuto completo, se bajó de la silla. —¿Ves? Estás tan a salvo en el suelo como lo estabas allí arriba. —¿Qué quieres? —No llamaste a la policía, ¿verdad? Casi me engañas por un segundo. —No. Pero puedo hacerlo. —Ahora, ¿por qué no vas y lo haces? ¿Para que puedan arrestarte por allanamiento? Señaló a su maltrecho escritorio. Por primera vez noté papeles por todo el lugar.


—Te lo dije. Esta es mi oficina. Estoy trabajando hasta tarde porque el equipo de construcción hizo tanto ruido el día de hoy que no pude terminar con lo que tenía. ¿Por qué alguien allanaría para trabajar a las diez y media de la noche en la víspera de año nuevo? ¿Equipo de construcción? ¿Mi equipo de construcción? Aquí pasa algo. —¿Estuviste hoy con el equipo de construcción? —Sí. Me rasqué la barbilla, medio creyéndole. —¿Cuál es el nombre del capataz? —Tommy. Mierda. Estaba diciendo la verdad. Bueno, al menos algo de eso tenía que ser verdad. —¿Dijiste que te mudaste hace una semana? —Correcto. —¿Y exactamente, a quién le rentaste el espacio? —John Cougar. Mis dos cejas se levantaron esta vez. —¿John Cougar? ¿Por casualidad dejó el Mellencamp1? —¿Cómo podría saberlo? Esto no sonaba bien. —¿Y le pagaste a este John Cougar? —Por supuesto. Así es como se renta una oficina. Dos meses de depósito, primer y último mes de renta. Cerré los ojos y sacudí la cabeza. —Mierda. —¿Qué? John Cougar Mellencamp (Seymour, Indiana; 7 de octubre de 1951), es un cantante, compositor y guitarrista de rock estadounidense. 1


—Te estafaron. ¿Cuánto te costó todo esto? ¿Dos meses de depósito, primer y último mes de renta? ¿Cuatro meses en total? —Diez mil dólares. —Por favor dime que no le pagaste en efectivo. Algo finalmente hizo clic, y el color se drenó de su bonito rostro. —Dijo que su banco estaba cerrado por la noche y que no podía darme las llaves hasta que cobrara mi cheque. Si le daba efectivo, me podría mudar de inmediato. —¿Le pagaste a John Cougar cuarenta mil dólares en efectivo? —¡No! —Gracias a Dios. —Le pagué diez mil en efectivo. —Pensé que le habías pagado cuatro meses. —Lo hice. Dos mil quinientos dólares al mes. Eso lo hizo. De todas las mierdas locas que había escuchado hasta ahora, pensar que podía encontrar un espacio en Park Avenue por dos mil quinientos dólares por mes fue la guinda del pastel. Solté una enorme carcajada. —¿Qué es tan divertido? —No eres de Nueva York, ¿verdad? —No. Me acabo de mudar de Oklahoma. ¿Qué tiene eso que ver? Dí un paso más cerca. —Odio darte las malas noticias, Oklahoma, pero fuiste estafada. Esta es mi oficina. He estado aquí por tres años. Mi padre estuvo treinta años antes de eso. Estuve de vacaciones las últimas dos semanas y dejé la oficina en remodelación mientras tanto. Alguien ya mencionado te engañó para que le dieras efectivo por alquilarte una oficina sobre la que no tenía ningún derecho. El portero se llama Ed. Pasa por la entrada principal del edificio y él verificará todo lo que acabo de decirte. —No puede ser.


—¿Qué haces que necesitas una oficina? —Soy psicóloga. Extendí mi mano. —Soy abogado. Déjame ver tu contrato. Su rostro cayó. —No me lo ha entregado todavía. Dijo que el arrendador estaba de vacaciones en Brasil y que podía mudarme, que volvería el primero para cobrarme la renta y me entregaría el contrato para firmar. —Has sido estafada. —¡Pero le pagué diez mil dólares! —Lo cual es otra cosa que debió alertarte. No puedes rentar ni un armario en Park Avenue por dos mil quinientos dólares al mes. ¿No encontraste extraño conseguir un lugar así por casi nada? —Pensé que era un gran trato. Sacudí mi cabeza. —Obtuviste un gran trato. Un trato sin sentido. Se cubrió la boca. —Creo que voy a vomitar.


Capítulo 2 Me sentí como una completa idiota. Un ligero toque sonó en la puerta del baño. —¿Estás bien ahí dentro? —Estoy bien. —Avergonzada. Estúpida. Ingenua. Completamente arruinada. Pero bien. Elevé mi rostro y me miré en el espejo. ¿Qué demonios iba a hacer ahora? Mi línea telefónica había sido instalada finalmente esta semana, y me habían enviado la papelería. Mi hermosa papelería. Con el pequeño logo y mi elegante dirección en Park Avenue. Ugh. Otros doscientos cincuenta dólares desperdiciados. Dejé caer mi cabeza y miré el lavabo, incapaz de seguir mirando mi cara de tonta. Finalmente, entreabrí la puerta del baño y di un paso fuera. El inquilino correcto estaba recostado de la pared, esperándome. Por supuesto, tenía que ser hermoso. Porque no me podría avergonzar a mí misma delante de un hombre feo. No, definitivamente no. —¿Segura que estás bien? Evité el contacto visual. —No lo estoy. Pero lo estaré —dudé antes de continuar—. ¿Está bien si regreso a mi oficina… quiero decir… tu oficina… y recojo mis cosas? —Por supuesto. Tómate tu tiempo. No había demasiado que empacar. Todo mi mobiliario sería entregado esta semana. Así como los expedientes de mi unidad de almacenaje. Tendría que cancelar eso también. ¿Dónde diablos iba a poner todo eso? Mi


apartamento no era mucho más grande que el cuarto de archivo en el que estaba establecida. Mientras empacaba lo último de mis cosas en una de las cajas que traje, el inquilino correcto vino y se detuvo en el marco de la puerta. Hablé antes que él. —Lo siento, por caer en la estafa, y por tratar de lanzarte a la policía. —No olvides el intimidarme con tus alocadas habilidades en Krav Maga. Levanté la vista y lo vi sonriendo. Era apuesto. Demasiado apuesto. Su atractivo rostro me puso nerviosa, pero no la clase de nerviosa como para sentirme forzada a subirme a una silla y llamar a la policía. No, la sonrisa de este hombre era confiada y me golpeaba en las rodillas, además de otros lugares. —De verdad hago Krav Maga, sabes. —Bien por ti. Me asustaste un poco cuando entré. Apuesto a que puedes patear algunos traseros de niñitas. Me congelé a la mitad de mi empaque. —¿Traseros de niñitas? Mi instructor es un hombre. Cruzó los brazos sobre su pecho. Su ancho y fuerte pecho. —¿Por cuánto tiempo has tomado lecciones? —Casi tres meses. —No reducirías a un hombre de mi tamaño con tres meses de entrenamiento en Krav Maga. Tal vez porque era tarde, o por darme cuenta de que me habían robado los ahorros de toda la vida y no tenía oficina en la que atender a mis pacientes, en ese momento, mi cordura se quebró. Me lancé al pobre y sorprendido hombre. Literalmente; salté a la silla, de allí a la mesa plegable y volé hacia él. Volé hacia él. A pesar de que lo tomé por sorpresa, me tuvo completamente sujeta en menos de un latido. No estaba segura siquiera de cuál fue el movimiento que hizo. De alguna manera se las arregló para girarme haciendo que mi espalda quedara hacia él y mis brazos sujetos tras de mí, en medio de nosotros.


Me molestó que no estuviera ni siquiera agitado cuando habló. Su aliento me hizo cosquillas en el cuello mientras me colocaba en mi lugar, y su voz fue baja y comedida. —¿Qué fue eso? —Trataba de mostrarte mis movimientos. Sentí su cuerpo sacudirse tras de mí, a pesar de que no hizo ningún sonido. —¿Te estás riendo de mí? ¿De nuevo? Se rió a través de su respuesta. —No. —Tengo movimientos. Lo juro. Solo que todos están como apagados por todo lo que pasó. Todavía no me soltó. En su lugar, se acercó, colocando su cabeza sobre mi hombro y habló. —Si vamos a mostrar movimientos, estaría encantado de mostrarte algunos de los míos. Cada vello de mi cuerpo se elevó hacia el cielo mientras piel de gallina me cubría. —Ummm, yo… yo… Aflojó su agarre, y me tomó un minuto estabilizar mi mente. En vez de enfrentarlo con el rubor que sentía en mi rostro, mantuve mi espalda hacia él mientras recogía lo último de mis cosas y tiraba del cargador de la pared. —Tengo entregas programadas y una línea telefónica que será instalada el martes. —Mis hombros se elevaron de nuevo—. También pagué el doble a la compañía de almacenaje para que entregaran los muebles esta semana. Cancelaré todo a primera hora de la mañana, pero en caso de que se presenten… Si estás aquí, y no te importa despacharlos… —Por supuesto. —Gracias. —Levanté mi caja y no tuve más remedio que enfrentarlo.


Caminó alrededor de la mesa hacia donde estaba parada y tomó la caja de mis manos antes de guiarme al área de recepción. Todo lo demás en el espacio estaba oscuro, pero la luz del que pensaba era mi cuarto de archivo iluminaba el pasillo lo suficiente como para que nos pudiéramos ver. Nos detuvimos frente a la puerta de servicio que había estado usando como entrada durante la última semana. Me percaté del hecho de que el falso agente inmobiliario probablemente me había hecho utilizar esa entrada para evitar ser atrapado demasiado pronto. Me había dicho que no usara la entrada principal en Park Avenue para que el edificio no se ensuciara con la tierra en nuestros zapatos durante la construcción. Había comprado todo lo que había dicho. —¿Tienes un nombre, Oklahoma? ¿O simplemente debo llamarte intrusa? —Emerie. Emerie Rose. —Lindo nombre. ¿Rose es tu apellido o segundo nombre? —Apellido. Cambió la caja que cargaba con ambas manos a una sola para extenderme la mano libre. —Drew. Drew Michel. Lo miré. —¿Apellido o segundo nombre? Su sonrisa iluminó la penumbra cuando puse mi mano en la suya. El hombre no tenía hoyuelos. Tenía un escote en la boca. —Segundo nombre. Jagger es mi apellido. —Encantada de conocerte, Drew Jagger. No soltó mi mano. —¿En serio? ¿Estás encantada de conocerme? Eres mucho más diplomática de lo que sería yo en estas circunstancias. —Tienes razón. En este punto, debería estar deseando que fueras un verdadero criminal después de todo.


—¿Tienes auto? Es tarde, y esta caja pesa bastante. —Está bien. Tomaré un taxi. Asintió. —Mejor que tengas cuidado al entrar y salir. Esa falda parece tener vida propia. Esta vez ni siquiera la oscuridad pudo ocultar el rubor. —¿Con todas las mortificaciones que sufrí esta noche, no podías dejar pasar esa en particular? ¿Hacer como que nunca pasó? Drew sonrió. —Es imposible hacer como que no vi ese trasero. Yo era delgada, pero mi trasero tiraba un poco para el lado grande. Siempre había sido consciente al respecto. —¿Qué se supone que significa eso? —Era un cumplido. —Oh. —De todos modos, ¿por qué se cayó tu falda? ¿Perdiste peso últimamente o algo? A este punto nada podía avergonzarme más de lo que ya estaba, así que reí y le dije la verdad. —Tuve una gran hamburguesa para cenar y mi falda estaba ajustada, así que abrí la cremallera. La puerta estaba bloqueada. No pensé que entraría nadie. —¿Una mujer que come grandes hamburguesas y luce así? No dejes que las otras mujeres de Nueva York lo sepan. Te pondrán en un autobús de regreso a Oklahoma. —Guiñó un ojo. Y, Dios, fui tan patética que sentí el latido de mi corazón acelerándose. Salimos, y Drew esperó conmigo, sosteniendo mi caja hasta que un taxi apareció por la esquina. Permaneció en la puerta después de que monté en él. —La víspera de navidad siempre apesta. Mañana será mejor. ¿Por qué no te quedas en la cama, ordenas otra hamburguesa y tratas de descansar? Te


veré pasado mañana en la décimo novena estación de policía, en la calle 67. Digamos, ¿a las ocho? El día de año nuevo será una locura en la comisaría, todavía procesando a idiotas borrachos de la noche anterior. No había pensado en la policía. Supuse que necesitaba presentar una denuncia. —No tienes que venir conmigo. Ya te he causado suficientes problemas. Drew se encogió de hombros. —Van a querer mi declaración de todas maneras. Además, conozco a algunos de los chicos. Haré que entres y salgas más rápido. —Está bien. Golpeó dos veces el techo del taxi con sus nudillos y se inclinó para hablar con el taxista. —Cuídela bien. Ha tenido una noche de mierda. Una vez que nos incorporamos al tráfico, todo lo que había pasado durante la última hora me golpeó. Mi adrenalina se había elevado y ahora comenzaba a caer en picada. Me habían estafado los ahorros de toda mi vida. Ya no tenía una oficina. Había dado a todos mis pacientes la nueva dirección. Mi cabeza giraba. ¿A dónde iré? ¿Qué voy a hacer para dar un depósito incluso si encontrara un nuevo espacio pronto? Sintiendo nauseas de nuevo, recosté mi cabeza contra el asiento de cuero y cerré los ojos, respirando profundamente. Extrañamente, la primera cosa que vino a mi mente fue el apuesto hombre de cabello oscuro con los labios llenos recostado del marco de la puerta de mi oficina. El marco de su oficina. Y con esa imagen en mente, en el medio de mi espiral descendiente y mi ataque de pánico masivo, no pude detener la sonrisa que curvó mis labios.


Capítulo 3 Revisé la hora en mi reloj. Veinte minutos tarde. Ella era sexy, y ese pequeño punto suave que aún quedaba en mi corazón realmente se sintió mal por la manera en que había sido engañada. Pero ¿veinte minutos? Yo facturaba 675 dólares por hora. Acaba de perder 225 dólares parado en frente de la maldita estación de policía. Dí una última mirada a la cuadra y estaba a punto de regresar a mi oficina cuando un flash de color giró la esquina. Verde. Siempre me había gustado el verde. ¿Cómo no gustarme? Dinero, césped, esas ranas con los ojos protuberantes que amaba cazar cuando era niño, pero hoy, “gusto” había sido promovido a “favorito” mientras miraba las tetas de Emerie saltar arriba y abajo en su jersey. Para ser una cosita pequeña, tenía lo suyo, que combinaba agradablemente con ese trasero curvilíneo. —Lamento llegar tarde. —Su abrigo estaba abierto y la pálida piel de sus mejillas estaba rosada mientras se calmaba de su pequeño apuro subiendo la cuadra. Lucía diferente a la otra noche. Su cabello, largo y ondeado estaba suelto, y la luz del sol sacaba pequeños reflejos dorados sobre su color cobrizo. Intentaba calmarse mientras hablaba—. Tomé el tren equivocado. —Estaba a punto de irme. —Miré mi reloj y capté pequeñas gotas de sudor escurriéndose por su escote. Aclarando mi garganta, calculé cuanto tiempo había estado esperando—. Treinta y cinco minutos. Eso serán 350 dólares. —¿Qué? Levanté los hombros y mantuve mi rostro estoico. —Facturo 675 dólares la hora. Me hiciste desperdiciar más de media hora de mi tiempo. Así que serán 350 dólares.


—No tengo dinero para pagarte. Estoy en quiebra, ¿recuerdas? — Levantó sus manos exasperada—. Fui estafada con el alquiler de tu lujosa oficina. No tendría que pagarte esa cantidad de dinero solo porque me quedé dormida. —Relájate. Estoy molestándote. —Hice una pausa—. Espera. Creía que habías tomado el tren equivocado. Se mordió el labio, luciendo culpable, y señaló a la puerta de la estación de policía. —Deberíamos entrar. Te he tenido suficiente tiempo esperando. Sacudí la cabeza. —Me mentiste. Emerie gruñó. —Lo lamento. Me quedé dormida. De nuevo, anoche no podía dormir. Todo esto todavía se siente como una pesadilla. Asentí, y contrario a lo característico en mí, la dejé tranquila. —Vamos. Miremos si hay una mínima oportunidad en el infierno de que atrapen a este tipo. Dentro de la estación de policía, el sargento estaba hablando por teléfono cuando entramos. Nos sonrió y levantó dos dedos. Tras decirle a quien llamó que los folletos de supermercado robados eran competencia del inspector de Servicio Postal, y no del departamento de policía de Nueva York, extendió su mano y se apoyó en el mostrador. —Drew Jagger. ¿Qué te trae por los bajos fondos? ¿Rebajándote el día de hoy? Saludé y le choqué la mano. —Algo así. ¿Cómo estás, Frank? —Nunca había estado tan feliz. Voy a casa en la noche, no tengo que quitarme los zapatos en la puerta, dejo la tapa del inodoro levantada después de orinar, y uso platos de papel por lo que no tengo que lavar la maldita vajilla. La vida de soltero es buena, amigo mío.


Me giré hacia Emerie. —Este es el sargento Frank Caruso. La manera en que pasa de una esposa a otra me mantiene en el negocio. Frank, ella es Emerie Rose. Necesita poner una denuncia. ¿Mahoney está de guardia hoy? Tal vez él pueda ayudarla. —Está fuera por algunas semanas. Se torció el tobillo persiguiendo a un sospechoso de entrada forzada. Pero voy a echar un vistazo para saber quién está en el cubículo y te conseguiré a alguien bueno. ¿Qué es? ¿Asuntos domésticos? ¿El esposo le está haciendo pasar un mal rato? —Nada como eso. Emerie no es un cliente regular. Alquiló un espacio en mi edificio hace unas semanas. Frank silbó. —Un espacio en Park Avenue. Bonita y rica. ¿Estás soltera, cariño? —¿Nunca aprendes la lección, viejo? —¿Qué? Solo lo he intentado con feas y pobres. Tal vez ese es mi problema. —Estoy bastante seguro de que ese no es tu problema. Frank me sacudió con la mano. —¿Cuál parece ser el asunto? ¿El casero te está dando un mal rato o algo así? —Rentó el espacio por 2500 dólares al mes. Pagó diez mil por adelantado. El problema es que no se lo alquiló al casero. Fue engañada por alguien haciéndose pasar por un agente inmobiliario mientras yo estaba fuera de la ciudad y remodelaban mi oficina. —2500 al mes. ¿En tu edificio? —Es de Oklahoma. Miró a Emerie. —¿No juegan Monopolio en Oklahoma? ¿No pudiste darte cuenta que el espacio del Park cuesta cinco veces el valor de Baltic? Corté al sargento sabelotodo antes de que hiciera que Emerie se sintiera peor de lo que ya estaba. Después de todo, yo había ridiculizado su juicio la


otra noche cuando me sorprendió con una bienvenida a casa que no me esperaba. Suficiente era suficiente. Frank le dio algunos papeles para que comenzara a llenarlos y nos mostró una sala privada donde esperar. En el camino, me detuve para hablar con un viejo amigo, y Emerie estaba casi lista con los formularios para cuando me uní a ella. Cerré la puerta tras de mí, levantó la vista y me preguntó: —¿Haces trabajo penal? —No. Solo matrimonial. —Parece que todos los policías te conocen. —Mi amigo solía trabajar aquí. Algunos de mis primeros clientes fueron policías. Una vez que eres amigo de uno de los hermanos de azul, y haces algo bueno por alguno de ellos, consigues hacer negocios con todo el departamento. Son un grupo leal. Al menos entre ellos. Sin embargo, tienen las tasas más altas de divorcios ocupacionales en la ciudad. Un minuto más tarde, un detective que nunca había visto entró y tomó la declaración de Emerie, luego la mía. Cuando terminamos, dijo que era todo conmigo, por si quería retirarme. No tenía idea de por qué seguía aquí cerca de una media hora después mientras Emerie revisaba el segundo libro de sospechosos. Pasó la página y suspiró. —No puedo creer cuantos criminales parecen gente común y corriente. —Sería más difícil para ti entregarle diez mil en efectivo si lucieran como criminales, ¿no es así? —Supongo. Me rasqué la barbilla. —De todas maneras, ¿Dónde llevabas esa cantidad de efectivo? ¿En una bolsa de papel marrón llena de billetes de cien? —No. —Su tono era defensivo, pero no dijo nada más. Así que me quedé mirándola, esperando. Rodó los ojos—. Bien. Pero no era una bolsa de papel marrón. Era blanca. Y decía Wendy’s.


Levanté mi ceja. —¿Wendy´s? ¿La cadena de comida rápida? Realmente tienes algo con las hamburguesas, ¿ah? —Puse la hamburguesa que acababa de comprar para el almuerzo en mi cartera y coloqué allí el dinero porque no quería tenerlo en mis manos en el subterráneo. Pensé que era más probable que alguien tratara de robar mi cartera que mi almuerzo. Tenía un buen punto. —Bien pensado para una chica de Oklahoma. Me entrecerró los ojos. —Soy de la ciudad de Oklahoma, no de la tierra agrícola. ¿Crees que soy ingenua solo porque no soy de Nueva York? ¿Que tomo malas decisiones? No pude evitarlo. —Le diste a un falso agente de bienes raíces diez mil dólares en una bolsa de Wendy´s. Parecía estar a punto de que le saliera humo de sus oídos. Afortunadamente, un golpe en la puerta impidió que fuese comido de nuevo al estilo Oklahoma. Frank asomó la cabeza. —¿Tienes un segundo, consejero? —Seguro. Frank abrió la puerta completamente, esperando a que pasara, y la cerró tras nosotros mientras hablaba. —Tenemos un pequeño problema, Drew. Tenía su máscara de sargento puesta mientras señaló la puerta cerrada tras la que se encontraba Emerie sentada. —El procedimiento estándar es ejecutar al demandante. —Si, ¿y? —Oklahoma, apareció en el sistema. Tengo una orden pendiente. —¿Me estás tomando el pelo?


—Ojalá. El nuevo sistema informático nos hace registrar las razones por las que introducimos un nombre. El detective que tomó su declaración ya había ingresado en él que se encontraba en la estación. No es como en los viejos tiempos. Ahora todo es rastreable. Va a tener que responder por la orden. Salgo en una hora. Me encargaré del arresto y la llevaré a la corte a que responda por los cargos para que no tengamos que ponerle esposas, si quieres. Es una solicitud de presentación. Estoy seguro de que puede introducir una súplica y resolverlo todo lo suficientemente fácil. —¿Cuáles son los cargos? Frank sonrió. —Exposición indecente.

—Entonces, cuéntame toda la historia, desde el principio. —Nos sentamos en una banca fuera de la corte, esperando que iniciara la sesión de la tarde. Emerie hundió su cabeza. —¿Tengo que hacerlo? Mentí. —Vas a tener que contarle tu versión de la historia al juez, así que, como tu abogado, necesito escucharla primero. Sin duda estaría molesta cuando se diera cuenta que una orden de presentación no requería un recuento de los eventos en cuestión. Entraríamos, declararíamos culpabilidad, pagaríamos una multa y estaríamos fuera en una hora. Pero había desperdiciado todo mi día, así que me merecía un poco de diversión. Además, me gustaba el lado fiero de su personalidad. Era todavía más sexy cunado estaba molesta. —Está bien. Bueno, estaba aquí en Nueva York por el verano visitando a mi abuela. Y conocí a un chico. Salimos un par de veces, nos hicimos cercanos, y esa noche de agosto en particular estaba realmente calurosa y húmeda. Me acaba de graduar de la secundaria y nunca había hecho nada ni remotamente salvaje en casa. Así que cuando me sugirió que nadáramos desnudos en la piscina pública, pensé ¿por qué no? Nadie va a saberlo.


—Continúa. —Fuimos al club deportivo de la calle ochenta y dos que tenía una piscina exterior y saltamos la verja. Estaba tan oscuro cuando nos desvestimos, que ni siquiera creí que el chico pudiera verme. —¿Entonces te desvestiste? ¿De qué color era tu ropa interior? —¿En serio? Era un maldito enfermo haciendo este tipo de preguntas. Pero en mi retorcida imaginación, la vi en una pequeña tanga blanca y un sostén de encaje a juego. Pareció momentáneamente en pánico. —¿Realmente necesitas saber todo eso? Fue hace diez años. —Debería. Mientras más detalles, mejor. Le demostraré al juez que recuerdas la noche perfectamente y él creerá que estás arrepentida. Emerie mordisqueó la uña de su dedo pulgar pensando profundamente. —¡Blanco! Eran blancos. Bien. —¿Tipo tanga o calzoncillo? Sus mejillas se tiñeron de rosa, y se cubrió el rostro con las manos. —Tanga. Dios, esto es tan embarazoso. —Te será más fácil dejarlo salir ahora. —Está bien. —¿Te desvestiste sola o este chico te desvistió? —Me desvestí sola. —Bien. ¿Qué pasó luego? Cuéntame todos los detalles. No omitas nada. Puedes pensar que no es relevante, pero puede ayudar en tu caso. Asintió. —Después de que me desvestí, dejé mi ropa en una pila cerca de la verja que saltamos. Jared, así se llamaba el chico con el que estaba, tomó su ropa, la dejó junto a la mía, subió al trampolín más alto, y se lanzó en bola de cañón. —¿Y luego qué?


—Llegó la policía. —¿Tú todavía no estabas en el agua? ¿Jugueteando en la piscina o algo? —Nop. Nunca entré a la piscina. Justo cuando Jared salió a tomar aire, las sirenas parpadearon. Sentí como si me hubiesen timado. ¿Toda esta reconstrucción y eso fue todo? ¿ni siquiera un tanteo? Antes de poder hacerle más preguntas, salió un oficial de la corte y mencionó una lista de nombres. Escuché llamar a Rose, así que guié a Emerie hacia donde él estaba, fuera de la sala de la corte con una carpeta. —Sala 132, bajando por el pasillo, a su derecha. El fiscal a cargo se encontrará allí con ustedes para discutir el caso antes de que vean al juez. Esperen afuera. Los llamará por su nombre cuando sea su turno. Sabiendo donde estaba la sala, caminé con Emerie por el pasillo, y tomamos asiento en la banca afuera. Estuvo tranquila por un minuto antes de hablar. Su voz tenía una pequeña sacudida, como si estuviera peleando para aguantar el llanto. —Lamento tanto todo esto, Drew. Probablemente te debo unos cinco mil dólares por todo tu tiempo y ni siquiera puedo alcanzar a pagarte quinientos. —No te preocupes por eso. Extendió su mano y tocó mi brazo. Había puesto mi mano en su espalda mientras caminaba y también la había ayudado a salir de la parte trasera de la patrulla policial del Sargento Caruso en la que vinimos, pero era la primera vez que me tocaba. Me gustó. Maldición. No la conocía bien, pero sabía lo suficiente como para saber que Oklahoma no era la clase de mujer que follas y tiras. Necesitaba terminar esto y salir de aquí. —Lo digo en serio. Realmente lo lamento, y no puedo agradecerte lo suficiente por venir conmigo hoy. Habría enloquecido si no estuvieras aquí. Te pagaré de alguna manera. Puedo pensar en un par de maneras. —Está bien. En serio. No te preocupes por eso. Todo va a estar suave, y estaremos fuera de aquí en veinte minutos. Y justo entonces, una voz nos llamó más allá de la puerta.


—Rose, expediente número 18493094. ¿Sesión para Rose? Asumí que era el fiscal. No hacía mucho trabajo penal, solo ocasionales multas de tráfico o cargos por violencia doméstica para un cliente de divorcio de alto valor. Pero la voz de la mujer me resultaba vagamente familiar, a pesar de que no podía ubicarla. Hasta que abrí la puerta. De pronto me fue eminentemente claro porqué el llamado me resultó familiar. Lo había escuchado antes. La última vez, había estado gritando mi nombre mientas la penetraba desde atrás en el baño de la oficina de una firma legal rival. De todos los abogados en el condado de Nueva York, Kierra Albright tenía que ser nuestro fiscal a cargo. Tal vez suave no era exactamente la palabra correcta para describir cómo iban a salir las cosas.


Capítulo 4 Joder. —No entiendo. ¿Qué sucede? —La voz de Emerie estaba llena de pánico. Y no podía culparla. Todo el mundo sabe que las cobras, los tigres y los tiburones son peligrosos. ¿Pero el delfín nariz de botella? Luciendo tan dulce y amable, ellos silban armonías cuando les palmeas la cabeza. Pero si accidentalmente lastimas a uno de ellos, atacarán. Es cierto. Mi hobby, después de follar y trabajar, es mirar el canal National Geografic. Kierra Albright es un delfín nariz de botella. Simplemente le recomendó al juez treinta días de prisión, el lugar del acuerdo que nos dijo que ofrecería hace menos de media hora. —Dame un minuto. Siéntate en la tribuna, e iré por ti en unos minutos. Necesito intercambiar unas palabras con la fiscal a solas. Emerie asintió, a pesar de que lucía como si estuviera al borde de las lágrimas, y se tomó un momento para recomponerse. Luego abrí la puerta que separaba a los espectadores de los acusados en la corte y la conduje a una fila vacía en la parte de atrás. Cuando comencé a alejarme, vi una lágrima rodar por su rostro, y eso detuvo mis pasos. Sin pensarlo, le levanté el rostro para que nuestros ojos se encontraran. —Confía en mí. Irás a casa esta noche ¿sí? Solo confía en mí.

Mi voz sorprendió a Kierra en el sanitario de damas al otro lado de la sala de la corte. —¿Qué demonios fue todo eso? —Cerré con seguro la puerta mientas se giraba para enfrentarme.


—No puedes entrar aquí. —Si alguien pregunta, hoy estoy identificado con mi lado femenino. —Eres un cretino. —¿Yo soy un cretino? ¿Qué demonios fue toda esa mierda de “qué bueno verte, Drew”? Voy a recomendar una multa de cincuenta dólares, y estarás fuera de aquí a tiempo para ir a jugar golf”. Se giró lejos de mí y caminó hacia el espejo. Sacando un labial del bolsillo de su chaqueta de traje, delineó sus labios con un rojo sangre, sin decir absolutamente nada hasta que terminó. Luego me dio la más amplia y brillante sonrisa que jamás había visto. —Me imaginé que tu nuevo juguete necesitaba acostumbrarse a que le dijeran una cosa y luego hicieran otra cuando menos lo esperara. —Ella no es mi juguete. Es una… amiga a la que estoy ayudando. —Vi la manera en que la mirabas, y la manera en que tu mano permaneció en su espalda. Si todavía no están follando, lo estarán pronto. Tal vez necesita una noche en la prisión del condado porque tú no eres capaz de manejarte en la sala de la corte. Tal vez la persuada de tu encanto. Si lo pensamos bien, estoy dándole a esa mujer un servicio. Debería agradecérmelo. —Estás loca si piensas que voy a dejar que te salgas con la tuya de esto. Emerie no tiene nada que ver con lo que pasó entre nosotros dos. Le pediré al Juez Hawkings que se inhiba si es necesario. —¿Qué se inhiba? ¿Bajo qué premisas? —Bajo la premisa de que tu padre juega golf con él todos los viernes, y que tú misma me has dicho que él te da lo que le pidas. ¿Te olvidaste de cuanto te gustaba parlotear después de follar? —No te atreverías. Había estado tomando distancia, unos metros lejos de la puerta bloqueada, pero camine lentamente a donde ella estaba de pie, siendo agradable y cercano. —Pruébame.


Mantuvo mi mirada por un largo rato. —Bien. Pero hagamos esto de la forma en que se supone que lo hacen los adversarios. Ningún trato bajo la mesa. Haremos un acuerdo. Sacudí la cabeza. —¿Qué quieres, Kierra? Su lengua humedeció su labio superior como si estuviese hambrienta y acabara de ver un jugoso bistec. —A ti. Y no en un baño o en el asiento trasero de un Uber. Te quiero a ti, en una cita real, en la que me invites a salir, y una cena y vino antes de hacer conmigo un sesenta y nueve.

—Oh Dios. No puedo agradecerte lo suficiente. —Paguemos la multa y salgamos de aquí. Mientras la apuré para salir de la corte, Emerie parecía interpretar que mi apuro se debía a cuánto de mi día me había quitado. Pero no era eso en absoluto, casi logro salir cuando Kierra me llamó. —Drew, ¿tienes un momento? —Ahora no. Necesito estar en un lugar. —Cualquier lugar excepto aquí. Mantuve mi mano en la espalda de Emerie y seguí moviéndome, pero mi cliente tenía otras ideas. Dejó de caminar. —Tenemos que irnos —dije. —Déjame agradecerle a la fiscal. —No es necesario. La ciudad de Nueva York le agradece cada viernes cuando le entregan su cheque de pago. Los ojos de Emerie me reprocharon. —No voy a ser ruda solo porque tú lo eres. —Con eso, se giró y esperó a que Kierra nos alcanzara. Extendió su mano.


—Muchísimas gracias por todo. Me volví loca esta mañana cuando creí que me dejarían bajo custodia. Kierra miró la mano de Emerie y la ignoró. Giró su cuerpo hacia mi dirección y me miró mientras contestaba: —No me lo agradezcas. Agradéceselo a tu abogado. —Si, lo haré. —Pero no le agradezcas demasiado. No quiero que quede exhausto. — Kierra dio la vuelta sobre sus talones y se despidió con la mano por encima de su hombro—. Te llamaré para nuestra cita de negocios, Drew. Emerie me miró. —Eso fue extraño. —Debe haberse quedado sin medicación. Vamos, salgamos de aquí. Para el momento en que pagamos la multa y recibimos la copia del cierre del caso de Emerie, eran casi las cuatro. En las escaleras de la corte, se giró hacia mí. —Espero que no estés en contra de las manifestaciones físicas de afecto, porque necesito darte un abrazo. En realidad, no era mucho de mostrar afecto en público, para nada, pero oye, no me estaban pagando por haber desperdiciado mi día, así que al menos podría sacar algo de esto. Esas tetas presionadas contra mi eran definitivamente mejor que nada, incluso tal vez mejor que un día completo por seiscientos setenta y cinco la hora. —Si insistes. La sonrisa que me disparó estuvo casi demasiado cerca de ser la más perfecta que jamás había visto. Luego vino el abrazo. Fue largo, esas tetas y ese pequeño cuerpo envuelto dentro del mío en algo más que un abrazo cortes. Ella incluso olía bien. Cuando se retiró, mantuvo sus manos en mis brazos. —Te voy a pagar por el día de hoy. Incluso si me toma años. —No te preocupes por eso.


—No, lo digo en serio. Pasamos unos minutos más hablando, intercambiando números telefónicos en caso de que las entregas llegaran, y nos despedimos. Ella se fue caminando hacia la parte alta de la ciudad, y yo hacia la parte baja, así que partimos en direcciones contrarias. Después de unos pasos, miré por encima de mi hombro y vi el balanceo de su trasero. Lucía tan bien yéndose como viniendo. Eso me hizo pensar… apuesto a que se ve todavía mejor cuando se está viniendo. Justo cuando estaba por girarme de nuevo, Emerie se giró en mi dirección y me atrapó mirándola irse. Sonrió en grande y me despidió una vez más con la mano antes de voltear en la esquina y perderse de vista. Quería que me pagara por el día de hoy, ciertamente. Y podía pensar en muchas maneras en las que me gustaría cobrarle.


Capítulo 5 Levanté mi teléfono zumbando a mi oído, mirando la hora mientras lo hacía. Casi las once de la noche. Tarde para que alguien llamara. —¿Hola? —¿Emerie? Esa voz. No tuve que preguntar quién era. En persona, su voz era profunda y rasposa, pero sonaba ronca y gravosa en el teléfono. —¿Drew? ¿Está todo bien? —Sí, ¿Por qué? —Porque es… como tarde. Escuché el teléfono moverse y luego: —Mierda. Lo siento. No tenía idea. Acabo de ver la hora. Pensaba que eran como las nueve. —El tiempo vuela cuando pasas casi todo el día en la corte con criminales, ¿no es así? —Supongo. Regresé a casa, comencé a poner al día algo de trabajo y luego me detuve en la oficina. Debí perder la noción del tiempo. —Yo regresé a casa, tomé un par de copas de vino, y me sentí mal por mí un poco más. Tu noche suena bastante más productiva. ¿Todavía estás en la oficina? —Sí. Por eso fue que te llamé. Estoy aquí sentado pensando en que cuando encuentres una nueva oficina, lucirá muy bien. Qué cosa tan extraña.


—Gracias. Pero, ¿Qué te hizo decir eso? —Vidrio y madera oscura. Me gusta. Aunque habría escogido para ti algo más de chica. —¿Qué estás…? Oh, no. Entregaron mi mobiliario de oficina, ¿cierto? —Sí, así fue. —¿Cómo? ¿Cómo siquiera pudieron hacerlo si estuviste conmigo todo el día? —Mi contratista estuvo aquí terminando, y no tuve la oportunidad de decirle nada. Pensó que me estaba haciéndote un favor dejándolos entrar. Apoyé mi cabeza en el mostrador de la cocina, y mantuve mi frente presionada para detenerme de golpearme a mi misma. Sin embargo no pude aguantar el gruñido que salió de mi garganta. —Lo lamento. Lidiaré con eso de inmediato. A primera hora de la mañana. —Tómate tu tiempo. Mis cosas todavía están en el depósito. Puedo tenerlas aquí por un tiempo. —Gracias. Lo lamento tanto. Los llamaré a primera hora de la mañana y los haré regresar a recogerlo. Luego me iré a tu oficina a esperarlos para que no tengas que lidiar con eso, si te parece bien. —Por supuesto. —Lo lamento. —Deja de decir que lo lamentas, Emerie. Los ex convictos son duros. No te disculpes. Te veré en la mañana. Me reí, pues es lo único que podía hacer para no llorar.

—¿Hola? —Toqué la puerta entreabierta y escuché el eco de mi voz regresar a mí. La puerta que presioné se abrió y me sorprendió encontrar que el área del recibidor todavía estaba vacía. Pensaba que el mobiliario habría sido dejado aquí.


En la distancia, escuché una voz, pero no pude entenderla. Di un paso adentro y llamé un poco más fuerte. —¿Hola? ¿Drew? Pasos rápidos sonaron contra el nuevo suelo de mármol, cada paso haciéndose más fuerte hasta que Drew apareció por el pasillo. Tenía su teléfono en la oreja y levantó un dedo mientras continuaba su llamada. —No queremos la casa en Breckenridge. Mi cliente odia el frío. Puede quedársela, pero será la única propiedad con la que salga de este matrimonio. —Una pausa, luego—: No, no estoy loco. Cuando cuelgue, voy a enviarte algunas fotos de la propiedad de Breckenridge. Eso te convencerá de que la señora Hollister realmente disfruta esa casa. Justo así, un repartidor de FedEx apareció con las manos llenas de cajas. Drew separó el teléfono de su oído para hablar con él. —Dame un minuto. Decidiendo que lo menos que podía hacer era ayudarlo, firmé el recibo de la entrega y le pedí al repartidor que colocara las cajas encima del mostrador cubierto de plástico. Drew moduló un gracias y continuó su llamada. Mientras estaba medio gritando a quien quiera que estuviese al otro extremo de la conversación, me tomé un minuto para mirarlo. Vestía lo que asumí era un traje muy costoso. La manga en el brazo que sostenía el teléfono estaba retirada hacia atrás, revelando un gran reloj de apariencia cara. Sus zapatos eran brillantes y su camisa estaba cuidadosamente planchada. Su cabello era oscuro y demasiado largo para alguien que pule sus zapatos, y su piel estaba bronceada de sus recientes vacaciones, lo que hacía que sus ojos verdes bastante claros lucieran todavía más brillantes. Pero fueron sus labios los que resultaron imposibles de no mirar, tan llenos y perfectamente formados. Él de verdad es hermoso. No estaba segura de haber pensado nunca que un hombre fuese hermoso. Atractivo, sí. Incluso caliente. Pero hermoso llenaba la descripción de Drew Jagger, ninguna otra palabra le haría justicia. Terminó su llamada.


—En serio, Max, ¿en cuántos casos has estado al otro lado de la mesa mirando mi cara bonita? ¿Todavía no sabes cuando no estoy engañando? Mira las fotos, luego déjame saber tu respuesta a la oferta. Creo que la encontrarás más que justa después de que te ponga las cosas en perspectiva. Su instructor de esquí de veinte años estaba enseñándole una nueva pirueta sobre la nieve. La oferta está sobre la mesa por cuarenta y ocho horas. Luego tendré que hacerte otra llamada, lo que significa que mi cliente recibirá otra factura y tu oferta se reducirá un jodido montón. Drew presionó un botón en su teléfono y me miró, a punto de hablar, cuando este comenzó a vibrar en su mano. —Mierda. —Resopló, sus ojos bajando a su teléfono de nuevo, y de regreso a mí—. Lo lamento. Necesito atender esta también. Un repartidor de Poland Spring cargando grandes botellas de agua tocó la puerta principal. Miré a Drew. —Lo tengo. Atiende tu llamada. Por los siguientes quince minutos Drew estuvo en el teléfono, despaché a un solicitante, contesté el teléfono de la oficina sonando bajo una manta (dos veces) y firmé unos documentos legales enviados a la Oficina Legal de Drew M. Jagger. Estaba echándole un rollo a través de la llamada de un cliente potencial cuando Drew apareció. —Bueno, tenemos que agradecerle a Mr. Aiken por recomendarlo. — Escuché por un momento y luego agregué—: Nuestra tasa es… —Capté la mirada de Drew—. Setecientos la hora. La esquina de su boca se torció. —Seguro. ¿Por qué no fijamos una cita para la consulta inicial? Déjeme ponerte en espera un segundo para revisar la agenda del Sr. Jagger. Presioné el botón y estiré mi mano, con la palma hacia arriba. —¿Tu agenda está sincronizada al teléfono? Drew sacó su teléfono del bolsillo y me lo entregó. —Lo está.


Abriendo el calendario de Outlook en su móvil, busqué la próxima cita libre. No había nada en un mes completo. —¿Podrías mover tu cena con alguien llamada Mónica de las seis a las ocho, y te anoto a Mr. Patterson a las cuatro treinta el próximo miércoles? Dijo que es urgente. Puede necesitar una orden de restricción para proteger sus activos, como hiciste con el Sr. Aiken. —Hecho. Reconecté la llamada. —¿Qué le parece el próximo miércoles a las cuatro y treinta, el día ocho? ¿Está perfecto? Genial. Y su retención estándar es… —miré a Drew, y levantó diez dedos—. Doce mil… está bien. Lo esperamos entonces, hasta luego. Drew parecía divertido cuando colgué. —¿Subí mi tarifa por hora de seiscientos setenta y cinco a setecientos? —No, esos veinticinco dólares extra son míos. Por cada hora que le cobres, puedes rebajarlos de lo que te debo. Imagino que mi cuenta por las ocho horas de ayer es cinco mil cuatrocientos dólares. Pagaré la tarifa estándar, no la tarifa abultada del Sr. Patterson, así que, si puedes facturarle al Sr. Paterson unas doscientas horas, estaría genial. Drew se carcajeó. —Allí está la fiera que me atacó con sus locas habilidades en Krav Maga hace algunas noches. Tu falta de tenacidad ayer me preocupó. —Estaba arrestada y casi en la cárcel. —Tengo el corazón roto. ¿Tenías tan poca fe de que te sacaría? —La mujer estaba completamente tras mi sangre al principio. ¿Qué le dijiste para que cambiara el tono? —Hicimos un trato. Rodé los ojos. —¿Qué le diste a cambio de que se aligerara un poco conmigo? Drew me miró a los ojos. —Nada importante


El teléfono de la oficina comenzó a sonar de nuevo detrás de mí. —¿Quieres que…? Me hizo un ademán con la mano. —El servicio de contestador atenderá. Vamos, te mostraré tu mobiliario. —Imaginé que estaría en el recibidor. —Tom pensó que estaba ayudando, así que los ubicó en mi oficina. Seguí a Drew por el pasillo, y abrió una puerta a la gran oficina al lado del cuarto de archivo en el que había estado trabajando. Cuando estuve aquí el otro día no estaba terminado, las molduras todavía necesitaban colgarse y todo lo demás estaba cubierto con mantas. El contratista debió trabajar todo el día de ayer para terminarlo. —Guau. Luce hermoso aquí. Excepto… —Pensé un poco respecto a compartir mis pensamientos y sacudí la cabeza—. Nada. Luce hermoso. —¿Excepto qué? ¿Qué ibas a decir? —La oficina es hermosa. Realmente tiene techos altos, molduras de corona ancha, excepto… que todo es blanco. ¿Por qué no pintaste nada de color? Es como aburrido que todo sea blanco. Se encogió de hombros. —Me gustan las cosas simples. Blanco y negro. Lo miré. —Entonces, qué bueno que regresaras a tiempo. Ya había escogido un amarillo brillante para tu oficina. La habitación de fotocopiado iba a ser roja. Mi hermoso escritorio de hecho lucía asombroso en su oficina gigante, a pesar de la aburrida pintura blanca. El tope era de vidrio templado, y la parte inferior tenía patas caoba oscuro con forma de pilares. Generalmente no era una persona de mobiliario moderno, pero el escritorio era tan hermoso y parecía tan sereno que tuve que tenerlo. —La compañía de muebles no me dijo hora, pero se supone que vendrán hoy a recogerlo. Querían cobrarme el cuarenta por ciento de empaque y recogida. Me tomó una hora al teléfono con el gerente explicarle que violaban


su propio contrato de entrega dejando que una persona no autorizada lo recibiera. —Eres buena al teléfono. —Trabajé como representante de servicio al cliente en una compañía de impresoras mientras estudiaba en la universidad. Recuerdo qué era lo que me hacía escuchar realmente y flexibilizar las reglas por un cliente después de un largo día de llamadas de quejas. El móvil de Drew comenzó a sonar de nuevo. Lo miró y decidió no contestar. —Atiéndela. Estaré fuera de tu camino. Dios sabe que he ocupado demasiado de tu tiempo. Y pareces realmente ocupado. —Está bien. No necesito contestar. —¿Solo estás tú en este enorme espacio? —Normalmente tengo un asistente paralegal y una secretaria. Pero mi secretaria está de licencia médica por algunos meses desde hace dos semanas, y mi asistente paralegal decidió ir a la escuela de leyes fuera del estado. —Suena como que estarás bastante ocupado. Su celular sonó de nuevo, y está vez indicó que necesitaba contestar la llamada. Me dijo que me sintiera como en casa, pero… no había realmente nada que hacer. Drew entró al cuarto de archivo y se sentó en la mesa que yo había estado usando como escritorio, y yo regresé al recibidor. Después de remover el resto del plástico del escritorio de la recepción, encontré algunos artículos de limpieza y lo limpié antes de colocar mi laptop. En medio de revisar los emails, contesté el teléfono de la oficina y tomé los mensajes. Cuando Drew salió una hora después, lucía enojado. —Mi celular murió. ¿Podrías prestarme el tuyo unos minutos? Mi inalámbrico está en el depósito con el resto de mi basura y prácticamente estábamos listos para llegar a un acuerdo. No quiero darle tiempo al abogado para reconsiderar todas las estupideces que acabamos de acordar. Levanté mi teléfono.


—Por todos los medios. Drew dio unos pasos lejos y se detuvo. —¿Cuál es la contraseña? —Ummm. Joder. —¿No quieres que sepa tu contraseña? —No. Mi contraseña es joder. Drew se rió. —Femenina ante todo. —Luego lo escribió en el aparato y se fue de nuevo. Para el momento en que llegó el medio día, mi estómago estaba gruñendo dado que me levanté tarde y no tomé desayuno. Pero no podía dejar la oficina y dar la oportunidad de perderme de nuevo a los repartidores de muebles. Cuando escuché que Drew tomaba un descanso de hablar por teléfono, me dirigí al cuarto de archivo. —¿Usualmente ordenas el almuerzo? Me da miedo salir y perderme la entrega. —A veces. ¿Qué te apetece? Me encogí de hombros. —No me importa. No soy quisquillosa. —¿Qué te parece comida india? La casa del Curri está a unas cuadras de aquí y entregan bastante rápido. Arrugué mi nariz. —¿No te gusta la comida india? —No en realidad. —¿Qué tal la china? —Demasiado glutamato monosódico —¿Sushi? —Soy alérgica al pescado.


—¿Mejicana? —Demasiado pesada para el almuerzo. —Entiendes qué significa la frase no soy quisquillosa, ¿cierto? Rodé mis ojos. —Por supuesto. Solo que estás escogiendo puras cosas raras. —¿Qué te gustaría comer, Emerie? —¿Pizza? Asintió. —Pizza entonces. ¿Ves? No soy quisquillosa.

Después que terminamos de almorzar, Drew tomó su teléfono del cargador. Luego tomó el mío. —¿Puedo ver las fotos? —¿Las fotos de mi teléfono? ¿Por qué? —La mejor manera de conocer a alguien es ver las fotos de su teléfono cuando menos se lo esperen. —Ni siquiera estoy segura de qué tengo allí. —Ese es el punto. Si tienes la oportunidad de limpiar tus fotos, no estaría viendo a la verdadera tú. Estaría viendo a quien quieres que vea. Traté de recordar si había algo embarazoso o incriminatorio en el teléfono mientras Drew lo deslizaba de mi lado de la mesa al suyo con una sonrisa en el rostro. Al último segundo, cubrí su mano con la mía, deteniéndolo. —Espera. Quiero mirar las tuyas si vas a estar viendo las mías. Y mejor que tengas algunas cosas embarazosas allí, porque estoy bastante segura de que yo las tengo.


—Por supuesto. No me avergüenzo fácilmente. —Drew me deslizó su teléfono por la mesa plegable. Lo miré mientras tecleaba la contraseña y comenzaba a pasear por mis fotos. Después de un momento se detuvo, y levantó las cejas. —Esta me dice bastante respecto a ti. Me estiré por el teléfono, pero lo alejó demasiado rápido. —¿Qué? ¿Qué foto es? Drew giró el teléfono para que la pantalla quedara frente a mí. Oh, Dios. Qué embarazoso. Era un acercamiento mío durante la última semana de trabajo. Había tenido un día lleno de sesiones de terapia telefónica y mi manos libres había decido dejar de funcionar ese lunes en la mañana. No tenía tiempo para correr y conseguir un nuevo teléfono fijo, y para primeras horas de la tarde estaba frustrada de no poder hacer varias tareas al mismo tiempo porque una mano tenía que sostener el teléfono contra mi oído. Así que me puse creativa. Tomé dos grandes bandas de goma anaranjadas y las coloqué alrededor de mi cabeza y el teléfono, aguantando de manera efectiva el auricular en su lugar, de manera que ya no tenía que agarrarlo. Una de las bandas de goma me atravesaba la frente, ligeramente por encima de mis cejas presionándolas un poco hacia abajo, dándome un extraño rostro arrugado. La otra banda de goma estaba alrededor de mi rostro, haciendo que la piel se juntara creando un muy retorcido hoyuelo en la barbilla que usualmente no tenía. —Mi dispositivo manos libres murió, y tenía un montón de llamadas ese día. Necesitaba poder usar mis manos. Se rió. —Inventiva. No ha habido ninguna buena mejora en el IPhone desde que Steve Jobs murió. Deberías considerar venderles tu nueva tecnología. Arrugué mi servilleta y se la lancé al rostro. —Cállate. Pasó un par de fotos más y se detuvo. Esta vez no pude adivinar qué estaba pensando. —¿Qué? ¿En qué te paraste?


Miró la foto por un largo rato y tragó de nuevo antes de colocarla de frente a mí. Era una foto completa que tomé la última vez que fui a una boda con Baldwin. Era, sin duda, lo mejor que había visto en una foto. Llevaba peinado y maquillaje profesional, y el vestido que lucía se ajustaba como un guante. Era simple, negro, sin mangas, con tiros, corte bajo en v que mostraba mi escote y mis curvas. El vestido era más arriesgado de lo que usaba usualmente, y me había sentido confiada y bonita. A pesar de que solo pasaron quince minutos desde que Baldwin tomó esa foto hasta que contesté el timbre de su apartamento y me di cuenta que llevaba una cita a la boda a la que ambos estábamos invitados. Y esa cita no era yo. Recordando la tristeza que sentí ese día, dije: —Boda. Drew asintió y miró de nuevo la foto antes de mirarme de nuevo a mí. —Luces maravillosa. Sexy como el infierno. Sentí el rubor alcanzar mi rostro. Odiaba tener la piel clara por esta precisa razón. —Gracias. Pasó unas cuantas fotos más y luego lo giró de nuevo hacia mí. —¿Novio? Esa la había tomado apenas unos minutos después de que Baldwin me dijera cuán hermosa lucía y tomara esa foto mía. Sus brazos estaban enrollados alrededor de mi cintura, y yo estaba sonriendo y mirándolo mientras él tomaba el selfie. Su cita tocó la puerta justo después de esa foto. El resto de la noche fue de sonrisas forzadas. —No. —¿Exnovio? —No. Miró de nuevo y regresó a mí. —¿Hay una historia allí, cierto? —¿Cómo lo sabes?


—Tu cara. La manera en que lo miras. Es bastante triste que un virtual extraño pueda ver mis sentimientos después de mirar una foto de nosotros por diez segundos y que Baldwin nunca lo hiciera. Habría mentido, pero por alguna razón no lo hice. —Nos conocimos antes de graduarnos. Era el asistente técnico en mi clase de psicología mientas trabajaba en su doctorado. Es uno de mis amigos más cercanos. En realidad, vivo en el apartamento junto al suyo. —¿No funcionó? —Nunca lo intentamos. Él no se siente de la misma manera respecto a mí. Parecía que Drew quería decir algo más, pero asintió y volvió a mirar fotografías. Para cuando terminó, de verdad había aprendido cosas respecto a mí. Había visto fotos de mis dos hermanitas pequeñas, incluyendo algunas selfies que tomamos con el perro antes de que me mudara a Nueva York. Sabía de mis sentimientos hacia Baldwin, y estaba al tanto de cuán creativa podía ser ante mi necesidad de hacer varias cosas a la vez. Cuando deslizó el teléfono de nuevo hacia mí, pregunté: —Entonces… dices que mirar las fotos de otros te cuenta mucho en relación a esa persona. ¿Qué te dijeron mis fotos respecto a mí? —Orientada a la familia, con el corazón roto y un poco loquilla. Quería sentirme ofendida con la última parte, pero era difícil hacerlo cuando tenía absoluta razón. No obstante, no iba a admitir que estaba en lo correcto. En su lugar, me estiré por su teléfono. —¿Contraseña? Sonrió. —Chúpatela2. —Sal de aquí. Acabas de cambiarla. Negó.

En el original Suck: juego de palabras. Suck se utiliza tanto para decir que algo apesta, como en relación a la acción de mamar/chupar. 2


—Nop. Es una de mis palabras favoritas por muchas razones. Chúpatela, es algo que murmuro a la gente por lo menos una vez al día. Y por supuesto, ¿a quién no le encanta una buena mamada? —Eres un pervertido. —Lo dice la mujer cuya contraseña es joder. —Hice que mi contraseña fuera joder porque nunca podía recordar cuál era, y cada vez que introducía una clave errónea, murmuraba joder. Baldwin me sugirió que la cambiara a joder la última vez que bloqueé mi propio teléfono. —¿Baldwin? Nuestros ojos se encontraron. —El chico de la foto. Asintió. Por alguna razón, hablarle de Baldwin a Drew me hizo sentir incómoda, así que cambié de tema. Tecleando Chúpatela en su teléfono, dije: —Veamos qué descubro acerca de usted, abogado. Drew cruzó sus manos detrás de su cabeza y se recostó en la silla, mirándome. —Todo tuyo. Encontré el ícono de las fotos y lo abrí. No habiendo nada, fui a la app de cámara y la abrí. Tampoco había nada allí. —¿No tienes fotos? Pensé que era un ejercicio de aprender acerca del otro. —Lo era. —¿Y exactamente, qué aprendí de ti con una cámara llena de nada? —Aprendiste que no juego limpio.


Capítulo 6 Qué idiota. Yo. No la bien formada que me acaban de atrapar mirándola. Sin embargo… qué idiota. Emerie ha estado inclinada sobre el escritorio de mi recepción para alcanzar mi teléfono de la oficina sonando mientras me encontró mirando el suculento final de su espalda. Lo políticamente correcto habría sido mirar hacia otro lado, pretendiendo que no estaba mirando su trasero. Pero. ¿Qué hice? Guiñé. De nuevo. Qué idiota. Y ahora, Emerie me mira mientras continúa hablando por teléfono. Las cosas van de una de dos maneras cuando una mujer te encuentra escrutándola. Coquetea contigo o… Emerie colgó el teléfono y caminó por el pasillo hacia mí con un propósito. Su rostro estaba sin expresión alguna, así que no estaba seguro de qué esperar. Se paró en la puerta y cruzó los brazos sobre su pecho. —¿Estabas mirando mi trasero? Así que estaba optando por la otra manera, cuando el objeto de tu escrutinio te saca tu propia mierda. Reflejé su postura, cruzando mis brazos sobre el pecho también. —¿Quieres que mienta? —No. —Es un culo maravilloso.


Sus mejillas se sonrojaron. —Tú eres un culo, ¿lo sabes? —Entonces debo ser un gran culo. Porque se necesita uno para reconocerlo. Su rostro estoico se quebró, y soltó la risa. Me gustaba que estuviera más divertida que enojada. —¿Las mujeres suelen encontrar atractiva tu conducta? Me encogí. —Soy guapo y rico. Las mujeres tienden a encontrarme atractivo. Te sorprendería cuántas veces puedo salirme con la mía. —Estás tan lleno de ti mismo. —Quizás, pero es cierto. —Salí de donde había estado parado tras mi escritorio, dejando apenas unos centímetros entre nosotros—. Dí la verdad. Si yo fuera bajito, calvo, pobre, sin dientes y con una joroba en mi espalda, me habrías reclamado al haberme encontrado mirando tu trasero. Su boca se abrió, y lució adorable tratando de encontrar una salida retórica incluso cuando su rostro ya me había dicho que estaba en lo cierto. —Eres un ego-maníaco. —Tal vez. Pero uno atractivo. Emerie rodó los ojos y resopló, pero capté una pequeña sonrisa en su rostro justo antes de que sus caderas se balancearan saliendo de mi oficina. Qué idiota. El resto de la tarde, estuve atado al teléfono. A pesar de que había liberado mi agenda de consultas de oficina hasta la próxima semana, ya se habían enterado de que estaba de vuelta, y todos mis miserables clientes querían actualizarme sobre las últimas maniobras de sus cónyuges. Trabajaba en un negocio horrible, pero era muy bueno en lo que hacía. Lo que querían era venganza, y cada vez que le daba un golpe moral a una esposa que se lo merecía, mentalmente lo conseguía con mi propia ex, Alexa, de nuevo. Probablemente necesitaba un terapeuta, pero la venganza vicaria era más barata y mucho más satisfactoria.


Acababa de colgar con un cliente que quería una orden de restricción para evitar que su esposa, ahora separada, quemara su escondite porno, cuando escuché a Emerie hablando por teléfono desde el área de recepción. El espacio vacío de la oficina traía su voz hacia mí, y no pude evitar escuchar. —¿Queens? ¿Eso es lo más cercano al centro que me puedes conseguir por menos de mil quinientos al mes? ¿Y si conseguimos algo más pequeño? Sin área de recepción, solo una oficina sencilla en algún edificio de alguna parte. —Hizo una pausa durante un minuto—. ¿Qué es tan gracioso? Sí, pensé que me estabas ofreciendo un espacio en el que cupiera más de una persona. —Otra pausa—. No, no soy de Nueva York. Pero... pero... ¿Sabes qué? Olvídalo. Llamaré a otro agente. —¿Problemas para encontrar un lugar? —dije tras ella. Emerie se giró. La expresión en su rostro era de pura exasperación. —¿Qué estoy haciendo en Nueva York? —Dímelo tú. Suspiró. —Larga historia. Yo... —Mi teléfono de oficina sonó, y ella levantó un dedo y lo atendió antes de que siquiera pudiera intentarlo. —Oficina de Drew Jagger… ¿Quién llama, si puedo preguntar? Sr. Londom… Me miró, y levanté las dos manos haciendo la señal universal de “de ninguna manera”. Ella continuó suavemente. —El Sr. Jagger se encuentra con un cliente en este momento. Y también tiene una cita inmediatamente después que ya se encuentra esperándolo. ¿Podría tomar un mensaje de su parte? Se quedó quieta por un minuto y luego sostuvo el teléfono retirado de su oído y levantó las cejas. Podía escuchar al halcón Hal London incluso a dos metros de distancia. Cuando él tomó aliento, ella lo manejó con diplomacia hasta terminar la llamada. —¿Escuchaste todo eso? —me preguntó.


—Si, lo escuché. Ese tipo es un asno. Casi prefiero representar a la perra infiel de su esposa. Me mantiene en el teléfono por más de una hora cada vez que tiene la oportunidad. Es su dinero, pero igual no quiero hablar con él. Pudiste librarte de él bastante rápido. —Intenta ser extremadamente dulce con ellos. Casi siempre apaga a la gente. —Tendré que tener eso en mente. Emerie miró su reloj. —Son casi las cuatro. No puedo creer que la empresa de muebles no esté aquí todavía. Lo siento, he estado aquí todo el día. —No hay problema. Lo sumaré a tu cuenta de alquiler. Sonrió. —Bien. Pero entonces te cobraré por mis servicios de secretaría. No soy barata. Un destello sucio de Emerie jugando a la secretaria conmigo como jefe apareció en mi cabeza, y las palabras cayeron antes de que pudiera detenerlas. —Pagaría mucho por tus servicios. Se sonrojó, pero luego presionó. —Debes ser un cretino en el trabajo, entre tu gran ego y tus comentarios pervertidos. Qué bueno que eres abogado, para cuando te demanden. —¿Acabas de llamarme cretino? Se mordió su abultado labio. —Sí. Me reí. —Lo descubriste bastante rápido. Una alarma en su teléfono comenzó a zumbar. La apagó. —Tengo una llamada a las cuatro en punto con un paciente que tengo que tomar. Voy a salir a recibirla. Así tampoco me perderé si llega la compañía de muebles.


—¿Por qué no usas mi oficina? Podrías usar un poco el escritorio antes de que se lo lleven. Soy duro con los muebles. No quisiera dañarlo o estropear tu posibilidad de devolverlo. Además, más privacidad para hablar con tu paciente. —No quiero perderme a la compañía de muebles. —Yo estaré pendiente. Dudó. —¿No te importa? Sacudí la cabeza. —Nop. Adelante. Jugaré a ser tu secretario. No tomó mucho esfuerzo convencerla. La miré caminando por el pasillo, corrijo, miré su trasero mientras caminaba por el pasillo. Cuando llegó a la oficina, se detuvo y miró por encima de su hombro, atrapándome de nuevo. Así que le guiñé el ojo. Sip, soy absolutamente consistente. Era poco más de las cuatro treinta cuando la compañía de muebles finalmente apareció. Emerie todavía estaba en mi oficina, así que toqué la puerta entrecerrada para conseguir su atención. Estaba escribiendo en un cuaderno mientras hablaba a través del dispositivo de manos libres. Había recogido su largo cabello cobrizo en un moño desordenado en la cima de su cabeza, y cuando levantó la vista, fue la primera vez que la vi usando gafas. Tenían marco oscuro, forma rectangular y gritaban fóllame bibliotecaria. Al menos eso fue lo que escuché cuando las miré. Me quedé mirándola por un minuto, siendo capturado en mi propia fantasía mientras ella terminaba la llamada. Sus cejas bajaron marcadamente mientras se despedía y apagaba su dispositivo manos libres. —¿Todo bien? ¿Sus ojos siempre fueron así de azules? La montura negra debía hacer que el color resaltara aún más que su piel clara. —Oh, sí. La compañía de muebles está aquí.


Me miró divertida, pero salió hacia el recibidor. Después de que firmara cierto papeleo, el trabajador la siguió a mi oficinal. Envolvieron el escritorio con mantas de mudanza y las ajustaron en su lugar. Emerie suspiró, mirándolo. —Es un escritorio hermoso. La miré observándolos llevárselo. —Precioso. En los últimos tres días, se había dado cuenta de que le habían robado diez mil, había sido arrestada y descubierto que su oficina soñada le pertenecía a alguien más. Esta fue la primera vez en que la vi realmente triste. La miré llegar a su límite. Vi sus ojos llenos de lágrimas, lo cual sentí en mi pecho. Me afectó más de lo que podía explicar. Y obviamente afectó más que a mi pecho, afectó… Mi cordura. Porque la mala idea que me escuché sugerir ciertamente no habría salido de mi boca si no hubiese tenido un lapso momentáneo en mi cordura. —Quédense. Tú y tu escritorio deberían quedarse. Tengo suficiente espacio aquí.


Capítulo 7 Algunos de los mejores momentos en la vida surgen de las malas ideas. ¿La rubia alta con piernas largas que se estiran como escaleras hacia el cielo? Ella definitivamente era una mala idea. He estado vigilándola toda la noche. Vino con dos amigas, las tres luciendo de apenas unos dieciocho años. Algún local que es amigo de un amigo de alguno de mis hermanos de fraternidad las trajo con él. El local tiene sus ojos puestos en la rubia, y algunas veces también sus manos, pero ella parece estar más interesada en conocer chicos Sigma Alpha que en él. Debería estar estudiando para el examen final. Debería haber dejado Atlanta e ido a casa por las vacaciones como normalmente hacía. Pero dado que era nuestro último semestre en la casa, todos los de último año de mi fraternidad decidimos quedarnos durante las vacaciones de invierno. Una fiesta llevó a otra por diez días seguidos. Y esta noche, en vista de que era la víspera de año nuevo, había una concurrida multitud. La mayoría de los estudiantes estaban de regreso en casa, lo que dejaba espacio para los locales. Y Daisy Duke y sus largas piernas gritaban durazno de Georgia. Nuestros ojos se encontraron mientras bebía un sorbo de mi cerveza. Sonrió ampliamente, y de repente sentí deseos de comer algo de fruta. Se acercó a mí, ni siquiera tuve que levantarme. —¿Este asiento está ocupado? —Momentáneamente confundido, miré a mi derecha y luego a mi izquierda. Estaba sentado en una silla reclinable en la esquina de la sala de estar, mirando la fiesta a mi alrededor. El asiento más cercano estaba en el otro lado de la habitación.


—Eres bienvenida a sentarte donde quieras. Hizo justo eso, dejó caer su bien formado trasero en mi regazo. —Noté que me estabas mirando. —Eres una persona difícil de pasar por alto. —Igual que tú. Eres el chico más guapo de esta fiesta. —¿En serio? —Tomé otro sorbo de mi cerveza, y la pequeña Señorita Piernas Largas la retiró de mi mano cuando terminé. La llevó a sus labios y bebió la mitad de la botella. Cuando terminó, hizo un audible sonido de ahhhh. —¿Cómo te llamas, piernas? —Alexa. ¿Y tú? —Drew. —Tomé de nuevo la botella y me la terminé—. ¿Quién es el chico con el que viniste? —Oh, él es simplemente Levi. —¿No es un novio o algo? Sacudió la cabeza. —Nop. Solo Levi. Vive en Douglasville, no demasiado lejos de mí. Es bueno con los autos. A veces arregla el mío. Justo entonces, Levi llamó a Alexa desde la puerta. No parecía feliz de encontrarla sentada en mi regazo. Levanté mi rostro en su dirección. —¿Estás segura de que Levi no cree que son más que solo amigos? Parece que está un poco molesto justo ahora. Había estado sentada con sus piernas cruzando mi regazo, pero se levantó para enfrentarme y balanceó una por encima hasta el otro lado de mi cadera, bloqueando efectivamente mi visión de su enfadado mecánico. —Ahora no puedes verlo. Cerré mis manos por detrás de su espalda. —Mi visión acaba de volverse mucho mejor.


Había pasado menos de una hora cuando me pidió que le mostrara mi habitación. Por supuesto, la complací. Soy todo por complacer una mujer hermosa. Había estado viviendo por cuatro años para ese momento. Algunas mujeres eran muy directas con lo que querían. Yo estaba ocupado y no buscaba una relación, por lo que apreciaba una mujer que no se andaba con juegos, sino que iba directa al punto. Los dedos de Alexa estaban en la cremallera de mis pantalones cortos antes de que cerrara la puerta de mi cuarto. La presioné contra ella para bloquear la fiesta afuera, y eso la cerró de golpe. Dos pájaros de un tiro. —¿Estás aplicando para la escuela de leyes el próximo año? —preguntó mientras yo sentía sus tetas. Debí colocar una alarma dado que no había mencionado mis planes para el futuro. Pero tenía unas tetas geniales. Y piernas matadoras. De esas que usualmente estaban enrolladas alrededor de mi cintura. También había tomado toda la tarde. —Si. Probablemente me quede en Emory. Mi padre y mi abuelo son leyenda. Después de eso, empezamos el año follando. Grandes recuerdos. Mala idea.


Capítulo 8 —¿Que tú, qué? —Roman Olivet me miró como si acabara de decirle que había asesinado a la Reina Elizabeth. Sacudió su cabeza—. Mala idea, hombre. Miré mi escocés, arremolinando el líquido ámbar en el vaso por un minuto antes de llevarlo a mis labios. —Va a ayudarme mientras Tess está de licencia por tres meses, a cambio de la renta. Le daré la oportunidad de encontrar un lugar que pueda pagar y estar de nuevo en pie. Roman bebió su cerveza. —Te pedí que me rentaras un espacio hace dos años y me dijiste que no podías compartir con nadie. —No puedo. Esto es temporal. Me miró con los ojos entrecerrados. —Ella está buena, ¿verdad? —¿Qué tiene que ver eso? —Eres un cretino. —¿Qué demonios? Emerie me dijo lo mismo. Las cejas de Roman saltaron. —¿Te llamó cretino y la dejas compartir oficina contigo? Debe tener buen culo. Traté de mantener mi rostro estoico, pero Roman y yo hemos sido amigos desde siempre. Captó el ligero tic en la esquina de mi labio. Sacudió su cabeza y se rio.


—Un buen culo es tu criptonita, amigo mío. Para ser honestos, todavía estaba tratando de entender qué demonios me había pasado hace un par de horas. No solo invité a esta mujer, sí tenía un culo espectacular, a mudarse a mi oficina, sino que la había convencido de aceptarme como oferta. Repito, hablé con ella para que se mudara a mi oficina de Park Avenue, al espacio que me rehusaba a compartir con nadie, y gratis. Me tomé de un trago el resto de mi escocés y levanté la mano solicitando me lo reemplazaran. —¿Qué tipo de ley practica? —No es abogado. Es Psicóloga. —¿Loquera? ¿vas a tener un montón de gente loca rondando tu oficina? No había pensado en eso. ¿Qué tal si sus pacientes eran psicóticos con una gran variedad de trastornos de personalidad múltiple? ¿O ex convictos que habían rebanado la garganta de ancianas pero se habían librado de prisión porque estaban mentalmente enfermos? Voy a ser asesinado a causa de un trasero grande. Ningún trasero merece esa pena. Luego, de nuevo… ¿Qué tan locos están mis propios clientes? El septuagenario Ferdinand Armonk, quien vale cien millones de dólares, fue arrestado el año pasado por asaltar a su novia de veintitrés con su bastón por encontrarla con la lengua entre las piernas de su terapeuta físico. Esa es la clase de locos con los que lidio a diario. Me encogí de hombros. —Sus locos no pueden ser mucho peor que los míos. Candice Armonk hizo que arrestaran a su esposo por golpearla con el bastón y estaba tratando de conseguir la mitad de su fortuna en el divorcio. Roman, no era solo mi mejor amigo, sino también mi investigador privado y trabajaba en el caso Armonk. Había encontrado cierta pornografía de chicacon-chica que Candice había hecho cuando tenía dieciocho y todavía vivía en Francia. Se titulaba Candy Caned3, lo había tomado de una chica dándole con una bara, pero aparentemente su esposo dándole un roce que no había dejado marca valía unos cincuenta millones. Cuando vino a mi oficina con su 3

Candy Caned: Candy golpeada con una bara. Hace referencia a una práctica común en el BDSM.


abogado para una audiencia de conciliación, se negó a sentarse en la sala de conferencias con Ferdinand hasta que dejase el bastón fuera de la oficina. El camarero me trajo mi nueva bebida y tomé un sorbo. —Locura calzará bien.

Después de una conferencia matutina cruzando la ciudad, caminé a mi despacho y encontré a Emerie balanceándose atrás y adelante en mi oficina auxiliar utilizando un dispositivo manos libres mientas hablaba por teléfono. Su espalda apuntaba hacia mí mientras giraba por el pasillo, lo que me dio la oportunidad de tomarme mi tiempo para observarla. Llevaba una falda negra ajustada que la abrazaba en los lugares correctos, y una blusa blanca de seda. Cuando escuchó mis pasos, se giró, y noté que sus pies estaban descalzos. El rojo brillante en el esmalte de sus dedos hacía juego con el de sus labios. Una extraña tensión en mi pecho me tuvo sonriéndole de vuelta mientras me preguntaba si necesitaba tomar Prilosec4 o algo. La saludé y entré a mi oficina, la cual estaba llena con mi mobiliario, a pesar de que todavía no había hecho los arreglos para que me los entregaran. Diez minutos después, Emerie tocó ligeramente mi puerta a pesar de que estaba abierta. Sus zapatos estaban puestos de nuevo, tacones rojos cubriendo sus dedos rojos. Lindo. —Buenos días. —Buenas. —Asentí. Levantó una libreta y tomó un lápiz de detrás de su oreja. —Tienes una mañana ocupada. Seis llamadas: Jasper Mason, Marlin Appleton, Michael Goodman, Kurth Whaler, Alan Green y Arnold Schwartz. Anoté mensaje por mensaje en el libro de mensajes que encontré en tu armario de suministros. Espero que no te moleste que me auto ayude. Le hice una seña con la mano.

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Prilosec: Omeprazol. Medicamento para el alivio de la acidez recurrente.


—Para todos los propósitos, ayúdate. De todos modos, no sé dónde está nada si Tess no anda alrededor. Arrancó los mensajes del libro de mensajes con copia al carbón y lo colocó en mi escritorio. —Aquí tienes. —Gracias. Por cierto, ¿tienes algo que ver con que trajeran mi mobiliario del depósito? —Oh. Sí. Espero que no te importe. La compañía de almacenamiento llamó esta mañana y quería programar la entrega para hoy, así que tomé la primera cita que tenían disponible. El contratista estaba aquí limpiando cuando llegué en la mañana, y dijo que había terminado con todo lo que podía ensuciar. Va a enviar a uno de sus chicos luego para hacer algunas cosas, como colocar los cobertores de los encendedores de luz y colocar el aviso de nuevo en el recibidor. La caja con tus cosas personales de oficina está en el suelo. Iba a revisarla y colocarla por ti, pero pensé que eso podría ser sobrepasarme. —No me habría importado. Pero gracias. Gracias por hacerte cargo de todo esta mañana. Pensé que llegaría aquí y me sentaría en la silla plegable de nuevo. Es una agradable sorpresa. —No hay problema. —Miró su reloj—. Tengo una video-conferencia en unos minutos, pero estoy disponible de doce y treinta a dos, si quieres que te ayude a acomodar tu oficina. Puedo ordenar comida y almorzamos trabajando, si quieres. —Estaría genial. Tengo una llamada que debería terminar para las doce y treinta. —¿Qué te apetece para almorzar? —Sorpréndeme. —¿Lo que yo quiera? —Lo que sea. A diferencia de ti, no soy quisquilloso. Emerie sonrió y se giró para volver a su oficina. La detuve para hacerle una pregunta que había estado en mi cabeza desde la cena con Roman la noche anterior.


—¿Qué clase de psicóloga eres? ¿Te especializaste? —Lo hice. Creí que te había dicho. Soy consejera matrimonial. —¿Consejera matrimonial? —Si. Trabajo para salvar matrimonios en problemas. —Definitivamente no discutiremos eso. Tengo que recordarlo, considerando que yo también trabajo con matrimonios en problemas, para disolverlos permanentemente. —¿Ese es un problema? Sacudí la cabeza. —No debería. Famosas últimas palabras.


Capítulo 9 —Aquí tienes unos cuantos mensajes más. Drew acababa de colgar el teléfono después de llamarme con la mano hacia su oficina. Coloqué la bolsa contenedora de nuestro almuerzo en su escritorio y le pasé las pequeñas tiras de papel. Los miró rápidamente y seleccionó uno. —Si este tipo llama de nuevo, Jonathon Gates, tienes permiso de colgarle. —¿Puedo llamarle algo antes? Drew parecía entretenido. —¿Cómo lo llamarías? —Eso depende. ¿Qué hizo mal? —Golpeó a su esposa. —Oh, Dios. Está bien. —Torcí mis labios mientras pensaba un buen nombre para el Sr. Bates—. Lo llamaría un jodido animal, y luego le colgaría. Drew se carcajeó. —No maldices como un neoyorquino. —¿Qué quieres decir? —Pronuncias la palabra completa. J-o-d-i-d-o. —¿Cómo debería pronunciarlo? —Jodío. Deja fuera la d. —Jodío —repetí. —Suena forzado. Debes practicarlo más para que suene natural.


Busqué dentro de la bolsa y saqué la comida que había ordenado. Con una sonrisa, se lo ofrecí. —Aquí está tu jodío almuerzo. —Bien. —Sonrió—. Sigue así. En nada sonarás como Tess. —¿Tess? —Mi secretaria que está fuera porque tuvo una cirugía de cadera. Tiene sesenta y luce como Mary Poppins, pero maldice como un marinero. —Practicaré un poco más. Nos ordené sándwiches de un deli que descubrí en mi primer día como falso arrendatario. Dado que Drew lucía como si se cuidara, le escogí un club de pavo en trigo entero con aguacate y me ordené para mí lo mismo, a pesar de que tendía a comer menos saludable. Drew devoró su sándwich entero antes de que yo pudiera terminar la mitad del mío, y eso que yo no comía lentamente. Mirando su envoltorio vacío, pregunté: —¿Asumo que te gustó el sándwich? —Fui al gimnasio a las 5 a.m. y no tuve tiempo de comer antes de la reunión temprana al otro lado de la ciudad. Esta fue mi primera comida hoy. —¿5 a.m.? ¿Fuiste al gimnasio a las cinco de la mañana? —Me levanto temprano. Por el tono horrorizado de tu voz, supongo que tu no. —Trato de hacerlo. —¿Cómo te está resultando? —No tan bien. —Me reí—. Tengo problemas para quedarme dormida en la noche, así que las mañanas son rudas. —¿Haces ejercicios? —Comencé a tomar las clases de Krav Maga un par de veces a la semana por la noche para agotarme, esperando que me ayudara a dormir. Realmente no funcionó. Pero me gustó de todas maneras. —¿Y qué tal con esas bebidas con melatonina?


—Las probé. Nada. —¿Pastillas para dormir? —Permanezco atontada por veinticuatro horas después de tomar cualquier cosa. Incluso el Tylenol PM me atonta. —Entonces Prolactina. —¿Prolactina? ¿Qué es eso? ¿Una vitamina o algo? —Es la hormona que segregas después de un orgasmo. Te vuelve somnoliento. ¿Has tratado de masturbarte justo antes de acostarte? Estaba a mitad de un bocado y me atraganté con un trozo de sándwich. No de la clase de atragantamiento de cuando se te va por la tubería equivocada. No. Me atraganté. Literalmente. Un pequeño trozo de pan se atoró en mi garganta, bloqueando mi entrada de aire. Presa del pánico me paralicé, golpeando el papel con el resto de mi sándwich de pavo y mi soda al suelo, y comencé a señalar furiosamente hacia mi garganta. Afortunadamente, Drew entendió la pista. Corrió a mi lado del escritorio y me golpeó en la espalda un par de veces. Cuando permanecí incapaz de respirar, envolvió sus brazos alrededor de mí desde atrás y realizó una maniobra Heimlich. En el segundo fuerte apretón, el pan que bloqueaba mi vía respiratoria salió y voló al otro lado de la oficina. A pesar de que todo el episodio probablemente duró apenas unos segundos, jadeé por aire como si hubiese estado privada por tres minutos. Mi corazón tronaba dentro de mi pecho, la adrenalina repentina golpeando con fuerza. Drew no lo dejó pasar. Mantuvo sus brazos bloqueados a mi alrededor firmemente, justo bajo mi pecho, mientras yo tomaba grandes respiraciones. Finalmente, cuando mi respiración regresó a cierta normalidad, habló en una voz suave, dudosa. —¿Estás bien? Mi voz estaba rasposa. —Eso creo. Su agarre a mi alrededor se relajó, pero no se movió. En su lugar, descansó su cabeza en la cima de la mía.


—Me asustaste como la mierda. Agarré mi garganta con una mano. —Fue una sensación aterradora. Nunca antes me había atragantado. — Por el breve momento de mi destino inminente, olvidé por completo lo que me hizo atragantar—. Casi me matas. —¿Matarte? Creí que tu cerebro estaba privado de oxígeno. Acabo de salvar tu vida, preciosa. —Me hiciste atragantar. ¿Quién menciona la masturbación delante de un casi extraño mientras almuerzan? —¿Casi extraño? Te he visto en ropa interior, te saqué de prisión, y te di un espacio donde aparcar tu trasero todo el día. Estoy bastante seguro de que a este punto soy tu mejor amigo en la ciudad. Me giré y me le quedé mirando. —Tal vez no necesito masturbarme. Tal vez tengo un novio que se ocupa de esas necesidades. Drew sonrió satisfecho. No sonrió. Sonrió satisfecho. —Si fuera el caso, y todavía tienes problemas para dormir después de que se ocupe de ti en la noche, deberías botarlo, porque apesta en la cama. —Y supongo que todas tus mujeres se duermen inmediatamente después de que te ocupes de ellas. —Malditamente cierto. Soy como un super héroe. El Prolactineitor. Este hombre tenía la extraña habilidad de hacerme reír en medio de una discusión. Me incliné para limpiar mi sándwich del suelo. —Está bien, Prolactineitor. ¿Cómo usas tus super poderes para ayudar a limpiar este desastre? Después de que la debacle del almuerzo estuvo solucionada, me ofrecí a ayudar a Drew a desempacar sus cajas. Tenía un teléfono inalámbrico en la primera caja que abrimos, y colgó algunos de sus elegantemente enmarcados diplomas mientras yo desenvolvía cosas y las limpiaba. Nuestra conversación fue ligera y fácil hasta que me hizo la pregunta que siempre temía contestar.


—Nunca me contaste el otro día ¿Qué te trajo a Nueva York? —Es una larga historia. Drew miró su reloj. —Tengo veinte minutos hasta mi próxima consulta. Dispara. Por un breve momento, consideré inventar una historia para no tener que decirle la verdad. Pero luego me di cuenta de que este hombre me había visto en mi peor momento, me ayudó a permanecer fuera de la cárcel y fue testigo de primera mano de que podrían haberme vendido el proverbial Puente de Brooklyn en la forma de bienes raíces de Park Avenue. Así que fui honesta. —En mi primer año en la universidad, no estaba segura de en qué quería especializarme. Tomé la clase introductoria de Psicología y el profesor era asombroso. Pero también era un borracho que con frecuencia perdía clases o llegaba cuando quedaban diez minutos para terminar. Tenía un asistente técnico que era de Nueva York, pero trabajaba en su doctorado en la universidad de Oklahoma, y estuvo enseñando un montón durante gran parte del curso. Ese asistente era Baldwin. Drew guardó una pila de expedientes en un archivador y lo cerró, girándose para mirarme de frente. —¿Entonces te mudaste a Nueva York para estar cerca de este tipo, Baldwin? Creí que habías dicho el otro día que no correspondía a tus sentimientos. —No lo hace. Baldwin y yo nos volvimos buenos amigos en el transcurso de los siguientes cuatro años. Él vivía con su novia, una graduada en historia del arte que además modelaba. —Rodé los ojos pensando en Meredith, ella estaba demasiado llena de sí misma—. Él se quedó en la universidad enseñando después de terminar su doctorado, y luego decidió mudarse a Nueva York para comenzar su práctica y enseñar aquí. Nos mantuvimos en contacto mientras hacía mi trabajo de grado, y me ayudó mucho a escribir mi tesis a través de Skype por un año. —¿Llegaremos a la parte del sexo o a algo bueno en esta historia pronto? Porque Baldwin está comenzando a aburrirme como la mierda.


Drew estaba a mi lado, abriendo la última caja, y empujé su brazo. —Tú fuiste quien quiso escuchar la historia. —Pensé que sería más interesante. —Como sea. Voy a resumir para que no te quedes dormido. —No te preocupes. No tengo sueño. No me masturbé esta mañana. —Gracias por compartirlo. ¿Quieres que termine o no? —Claro. No sé por qué, pero estoy ansioso por escuchar qué hay de malo con Baldwin. —¿Por qué asumes que hay algo malo con él? —Presentimiento. —Bueno, te equivocas. No hay nada malo con Baldwin. Es un gran tipo, extremadamente inteligente y culto. Drew puso sus manos en las caderas y dejó de desempacar para prestarme completa atención. —Dijiste que tenía una novia desde hace cuatro años. ¿Supongo que terminaron? —Si. Terminaron justo antes de que él viniera a Nueva York. —¿Y no hizo un movimiento hacia ti, sabiendo que estabas enamorada de él? —¿Cómo sabes que estaba enamorada de él? Me miró y la respuesta fue obvia. —¿Lo estabas? —Sí, pero… no te había dicho eso. —Eres fácil de leer. Asentí. —¿Por qué es fácil para ti notarlo, pero Baldwin parecía no tener ni idea? —Él tenía idea. Lo sabía. Pero por una razón u otra, no te dejó saber que lo sabía.


Era bastante asombroso que Drew dejara en claro algo que había sospechado por mucho tiempo. Siempre sentí que Baldwin sabía de mis sentimientos por él, a pesar de que nunca lo había vocalizado. Y una parte de mí creía que Baldwin correspondía esos sentimientos, a pesar de que nunca actuó en consecuencia. Lo cual es la razón por la que decidí dar el primer paso, literalmente, y me mudé a Nueva York. De alguna manera me había convencido de que, dado que estaba soltero ahora, el momento sería adecuado. Pero lo único que conseguí fue torturarme, mientras traía diferentes citas a casa varias noches a la semana. —Pensé que, si me mudaba a Nueva York, tal vez sería nuestra oportunidad. —¿Está soltero ahora? —No está saliendo con nadie formalmente, no. Sin embargo, parece que ha estado con la mitad de las mujeres de Nueva York durante los últimos meses. Llega a casa con una mujer diferente casi cada semana. La más nueva es Rachel. —Rodé los ojos. —¿Vives con él? —No. Subarriendo el apartamento al lado del suyo, mientras su vecino está enseñando en África por un año. —Déjame entender esto. Pasea mujeres por la puerta del apartamento en que vives y nunca te ha hecho saber que sabe cómo te sientes respecto a él. —Es mi culpa. Nunca le he dicho cómo me siento. —No es tu culpa. Este tipo es un idiota. —No, no lo es. —Abre los ojos, Emerie. —No tienes idea de lo que estás diciendo. —Espero que tengas razón. Pero apuesto a que no estoy equivocado. Pude sentir la rabia subiendo por mi garganta y consideré volver a mi oficina pataleando y no ayudarlo a desempacar el resto de las cajas, pero estaba ocupando un espacio en Park Avenue gratis. Así que, en su lugar, me


quedé quieta y terminé lo que había empezado, hasta que destapé el último artículo. Era un pequeño marco de fotos cubierto en papel de burbujas. Drew había salido de la oficina a llevar algunas cajas al compactador de basura en el cuarto de mantenimiento del edificio. Acababa de regresar cuando retiré el último trozo de cinta. La foto era de un precioso niño con uniforme de hockey. Tenía unos seis o siete años, y un labrador dorado lamía su rostro mientras reía. Sonriendo, la giré de frente a Drew. —Es adorable, ¿es tu hijo? Tomó la foto de mi mano. Su respuesta fue cortante. —No. Cuando nuestros ojos se encontraron, estaba a punto de hacer otra pregunta cuando me interrumpió. —Gracias por ayudarme a desempacar. Tengo que prepararme para otra cita.


Capítulo 10 Estoy de pie en la pequeña habitación en la parte trasera de la iglesia, mirando hacia afuera. Estaba lloviendo a cántaros y el cielo estaba de un profundo gris oscuro. Sombrío. Lo que probablemente no era la señal más alentadora de que estaba tomando la decisión correcta. Roman abrió la puerta. —Aquí estás. ¿A cuánta gente invitó tu padre? Tienen que haber unas cuatrocientas personas llenado el lugar. Ya empezaron a conducirlos hacia el balcón. —No tengo idea. No pregunté. —La verdad era, que era poco lo que había preguntado en relación a la boda. Le había achacado mi falta de interés al estar ocupado estudiando en la escuela de leyes, pero últimamente me había dado cuenta de que era más que eso. No estaba emocionado por casarme. Roman se paró junto a mí y se unió a mí mirando por la ventana. Alcanzó el bolsillo interno de su smoking y sacó una licorera de bolsillo, ofreciéndomelo a mí primero. Lo tomé porque lo necesitaba. —El auto está en la parte de atrás si quieres escapar —dijo. Lo miré de reojo mientras tomaba un trago doble de whiskey de la licorera. —No podría hacerle eso. Va a tener a mi bebé, hombre.


—Tendrá a tu bebé, te guste o no, en dos meses. —Lo sé. Pero esto es lo correcto. —Que se joda lo que es correcto. Le pasé la licorera a mi padrino con una sonrisa. —Sabes, estás en la iglesia. Tomó un sorbo de la licorera. —Ya voy camino al infierno. ¿Cuál es la diferencia? Me reí. A los veinticuatro años, a mi padrino de bodas se le había pedido diplomáticamente que dejara el Departamento de Policía de Nueva York. Pedido era una palabra educada para decir renuncia o te despedimos. No era precisamente un ángel. —Alexa me importa. Haremos que funcione. —Todavía no he oído la palabra amor. ¿Te casarías con ella si no la hubieras golpeado como un idiota después de unos pocos meses de comenzar a verse? No respondí. —Eso es lo que pensé. La gente puede tener un hijo y no casarse. Ya no estamos en 1960, Sr. Inteligente. —Haremos que funcione. Roman me golpeó en la espalda. —Es tu vida. Pero las llaves están en mi bolsillo si cambias de opinión. —Gracias, viejo.


Capítulo 11 —Solo porqué físicamente estés a miles de kilómetros de distancia no significa que sus corazones lo estén. Cada uno de ustedes debería tomarse el tiempo de dejar saber al otro que está pensando en él. Déjame preguntarte, Jeff, mencionaste que hoy pensaste en Kami cuando saliste a correr porque pasaste por una tienda de lencería femenina llamada El alma de Kami. ¿Le comentaste eso a Kami antes de nuestra terapia de hoy? ¿Tal vez cuando trajo a colación que siente que tú no piensas ni un poco en ella? La pantalla de mi monitor de 42 pulgadas estaba dividida, un cuadro de video de Jeff Scott a la izquierda y otro cuadro de video de Kami Scott a la derecha. Los dos habían estado casados por menos de un año cuando Jeff fue transferido a la costa Oeste. Considerando que era su único ingreso, con Kami en su segundo año de residencia odontológica, no tuvo otra opción que reubicarse hasta que pudiese encontrar un nuevo empleo más cerca de su casa en Connecticut. —No. No lo mencioné en ningún momento antes de hoy —dijo Jeff—. Estoy ocupado. Ella sabe que pienso en ella. —Su rostro se congeló en mi pantalla por unos segundos, a pesar de que su voz siguió adelante. Estaba hablando, pero la imagen congelada lo había atrapado en una expresión rara. Un ojo estaba completamente cerrado, y solo podía ver la parte blanca del otro ojo a medio cerrar. Su boca estaba abierta, y su lengua parecía manchada con café. Necesitaba encontrar un mejor programa de video para mis sesiones de consejería. Dios sabe cómo lucía yo en sus pantallas en ese momento. Nuestra sesión de terapia para parejas de cuarenta y cinco minutos estaba casi por terminar. —Esta semana me gustaría hacer un ejercicio. Al menos una vez al día, cuando alguno se acuerde del otro, se lo dejará saber al momento. Si sales a correr y ves algo, tal vez toma una foto y envíasela por mensaje de texto. Kami,


si un paciente llega con un resfriado y estornuda mucho, recordándote la propensión de Jeff a estornudar de seis a ocho veces seguidas, déjalo saber. Esas pequeñas cosas pueden avanzar un largo trecho en recordarles que sus corazones no están lejos nunca, a pesar de los kilómetros entre ustedes. La distancia es solo una prueba para saber qué tan lejos viaja el amor. Escuché lo que parecía una risita afuera de mi puerta parcialmente cerrada. Así que después de que mi sesión terminó, tuve curiosidad y fui a buscar a Drew. Estaba en el cuarto de copiado, que estaba al lado de la oficina que yo estaba usando, haciendo unas fotocopias. —¿Me acabas de decir algo? —pregunté, dándole el beneficio de la duda. —Nop. Mi padre siempre me dijo que, si no tenía nada agradable que decirle a una mujer, debería quedarme callado. No lo había imaginado. —Estabas escuchando mi sesión de consejería. Te reíste del consejo que les di a mis clientes ¿cierto? Los ojos de Drew se pusieron en blanco. —No estaba escuchando. Tenías la puerta abierta y hablabas en voz alta al teléfono. ¿Sabes que no necesitas gritarle a la persona al otro lado de una video conferencia para que te escuche, cierto? —No estaba gritando. Drew terminó de hacer sus copias, retirando un grupo de papeles del alimentador. —Como sea, quizás quieras cerrar tu puerta si no me quieres escuchando tus malos consejos. Mis ojos se abrieron como platos. —¿Malos consejos? ¿De qué hablas? Soy una psicóloga licenciada quién hizo su disertación respecto a superar barreras en las relaciones abriendo líneas de comunicación en la terapia de parejas. Drew soltó una risita de nuevo. —Entonces tú eres la experta. Te dejaré para que lo seas. —Caminó de regreso a su oficina.


No tenía idea de qué estaba hablando. Mi consejo era sólido, basado en años de estudiar parejas que querían que las cosas funcionaran. No podía ayudarme a mi misma. Lo seguí, deteniéndome en su puerta. —¿Y qué consejos le habrías dado tú a una pareja forzada a mantener una relación a larga distancia? —Les habría dado un consejo más realista que “la distancia es solo una prueba para ver qué tan lejos viaja el amor”. Eso es un montón de mierda. ¿Dónde lo leíste? ¿En una tarjeta Hallmark? Mis ojos se expandieron. —¿Y cuál es tu idea de un consejo realista? —Simple. Contraten a un buen abogado de divorcios. Las relaciones a larga distancia. No. Funcionan. —¿Entiendo que tuviste una que te desgastó, así que asumes que todos los demás van a resultar desgastados? —Para nada. Nunca he tenido una relación a larga distancia. ¿Sabes por qué? Porque no funcionan. Y lo sé por experiencia. ¿Qué experiencias tienes tú en relaciones de larga distancia? —He estudiado parejas durante años. Pienso que tengo más experiencia que tú en la materia. —¿Ah, sí? —Drew fue a su archivador y sacó un gran expediente, cerrado con una goma elástica expandible. Lo lanzó a su escritorio—. Morrison. Felizmente casado por catorce años. Divorciado hace dos. Tres años antes del divorcio, Dan Morrison aceptó un trabajo como vendedor viajero regional. Más dinero, su esposa no tendría que volver a trabajar. Cuatro noches seguidas viajando, y aun así Dan nunca se perdió una cita con su esposa los viernes o dejó de conducir veinte kilómetros los domingos, su día libre, para darle a su anciano suegro un baño. Pero, ¿Sabes qué se perdió? Cada martes, miércoles y jueves en los que la Sra. Morrison estaba follando a su instructor de tenis, Laire. Cuando continué mirándolo, abrió otra gaveta y sacó otro expediente, dejándolo caer sobre el de los Morrison.


—Loring. Felizmente casados por seis años cuando su oficina se reubicó de Nueva York a Nueva Jersey. Cuarenta kilómetros, no demasiado lejos. Pero Al Loring trabajaba dieciséis horas al día unos pocos días de la semana. La zorra de su esposa, Mitsy, era de sueño ligero, así que él pasaba las noches en las que trabajaba hasta demasiado tarde en el sofá de su oficina, no queriendo despertar a su princesa. Fue a casa una noche que se suponía que tenía trabajar porque extrañaba a Mitsy. La encontró en cuatro patas sobre su cama, con las bolas de su vecino profundamente enterradas en ella. El vecino tiene ahora a su esposa y su perro, y Al se volvió alcohólico y perdió su trabajo en Nueva Jersey. Buscó en la misma gaveta y sacó otro expediente. —McDune. Casado por seis años. Erin fue a vivir a Dublin temporalmente para hacerse cargo de su madre que cayó en una depresión después de la muerte de su padre. Se divorció de Liam por un tipo que parecía un duende porque encontró a su alma gemela en mamálandia. Demasiado lejos para ir a cuidar el alma de tu madre. Drew se agachó hasta la gaveta inferior y la abrió. Esta vez, lo detuve. —¿Deberías estar diciéndome algo de esto? ¿Nunca has escuchado nada del privilegio cliente-abogado? —Cambié los nombres para proteger a los no tan malditamente inocentes. Lo creas o no, a diferencia de las esposas de mis clientes, yo tengo cierta ética. —Señaló el gabinete—. ¿Quieres escuchar más? Creo que realmente te gustará la historia del teniente O´Connor. Es una verdadera tragedia. La esposa estaba follándose a su hermano mientras él estaba en Iraq y ella… Lo corté nuevamente. —Entiendo tu punto. Pero lo que estás pasando por alto es que tal vez estos divorcios no habrían pasado si las parejas hubiesen acudido a terapia. Tú ves a la gente cuando están en su peor momento, gente que se rindió en lugar de luchar por sus matrimonios. Drew me miró. —¿Realmente crees que los matrimonios pueden salvarse?


Pensé un momento en la pregunta antes de responder. —No todos. Pero creo que la mayoría pueden salvarse, sí. Abrir los canales de comunicación puede reparar un montón de cosas. Drew sacudió la cabeza. —Eso es ingenuo. También tengo una propiedad en Park Avenue que puedes rentar por dos mil al mes. —Que te jodan —siseé y regresé a mi oficina.

Mantuve mi puerta cerrada el resto de la tarde. Un toque que llegó casi a las siete me sobresaltó mientras trabajaba en trascribir los garabatos de pollo en mis notas de las sesiones de hoy. Mantenía un archivo digital de cada paciente. —Adelante. La puerta se abrió, pero solo ligeramente, solo lo suficiente para que pasara un brazo. Lo cual fue exactamente lo que apareció. El brazo de Drew, ondeando algo blanco. ¿Qué está ondeando? ¿Eso es… ropa interior? Había estado llevando una carga completa de rabia toda la tarde después de nuestra acalorada discusión, y estaba comenzando a agotarme. Su gesto me dio una muy necesitada ligereza. —Adelante —dije de nuevo. Empujó la puerta abriéndola unos centímetros más. Esta vez su cabeza acompaño a su brazo ondeando la bandera blanca. —¿No estás aun enojada y planeando usar tus habilidades locas en Krav Maga conmigo, verdad? Me reí. —Debería. Mereces una buena pateada en el trasero. Pero me aguantaré. Drew sonrió y abrió la puerta el resto del camino, quedándose en la entrada.


—¿Supongo que te debo una disculpa por algunas cosas que dije hoy? Me recosté en la silla. —Es correcto. Hundió su cabeza. La acción me recordó a un niño pequeño que le dio a su perro un baño… en pintura roja. Era tierno. Él era tierno. Pero lo haría rogar de todas maneras. Su cabeza todavía estaba un poco gacha mientras me miró desde detrás de sus largas pestañas. —Lamento lo de hoy. —¿Qué lamentas exactamente? Bajó su cabeza de nuevo. — Vas a ponérmelo difícil ¿verdad? —Sip. —Bien. Lamento haberte llamado ingenua. —¿Algo más? Miré su rostro mientras las ruedas giraban en su cabeza. —Por escuchar tu conversación con tu cliente. —¿Eso es todo? —¿Se supone que hay más? —Pareció un poco nervioso por un segundo. —Hay más. Después de otros treinta segundos de pensamiento, chasqueó sus dedos como si estuviera orgulloso de sí mismo. —Lamento mirar tu trasero. Mis cejas se hundieron. —¿Cuándo miraste mi trasero? Se encogió de hombros. —¿Cada vez que tengo oportunidad? No pude evitar reírme.


—Disculpa aceptada. Sus hombros bajaron un poco y pareció aliviado. El hombre tenía un rudo exterior. Pero algunas veces, quien la pasa peor lleva la armadura más pesada. —¿Qué tal si te compro una hamburguesa en Joey’s para hacer las paces? Te compraré la más grande para que quedes realmente llena y te quites la falda para mí otra vez.


Capítulo 12 —¿Puedo hacerte una pregunta personal? —No. —La respuesta de Drew fue rápida. —¿No? —Levanté mi rostro, confundida—. Sabes, normalmente cuando dos personas están sentadas conversando y comiendo, y una de ellas le pregunta a la otra si puede preguntarle algo personal, la otra dice que sí. Es educado. —Tengo una regla. Cuando alguien pregunta si puede preguntar, digo que no. —¿Por qué? —Porque si tienes que preguntar si puedes preguntar, probablemente se trate de algo que de todas maneras no quiero contestar. —¿Pero cómo lo sabrías si ni siquiera has escuchado la pregunta? Drew se recostó en su silla. —¿Cuál es tu pregunta, Emerie? —Bueno, ahora siento que no debería preguntarla. Se encogió de hombros y terminó el resto de su cerveza. —Está bien. Entonces, no la hagas. —¿Te pasó algo que te amargara en cuanto a relaciones de pareja? —¿Creía que sentías como que no debías preguntar? —Cambié de parecer. —Como que eres un dolor en el trasero. Lo sabes, ¿verdad?


—Y tú eres como un idiota amargado, así que tengo curiosidad de saber qué te hizo así. Drew trató de esconderlo, pero vi la esquina de sus labios levantarse en una sonrisa. —Te diré por qué soy un idiota amargado, si me dices por qué eres un dolor en el trasero. —Pero yo no creo ser un dolor en el trasero. —Tal vez deberías ver a un terapeuta, para que te ayude a darte cuenta de esa mierda. Arrugué mi servilleta y se la lancé a la cara. Le di directo en la nariz. —Muy madura —dijo. —No creo ser un dolor en el trasero en general. Creo que tú solo sacas el trasero en mí. Se rió. —Es un buen trasero para sacar. Hablando de eso, si estás llena, puedo ayudarte a bajarte la cremallera para que estés cómoda. Jesús, en serio era un sabelotodo. —¿Nunca vas a dejar pasar la noche que nos conocimos, cierto? —Ni la mínima posibilidad. Sorbí mi merlot, no queriendo desperdiciarlo, pero estaba tan llena de la gigantesca hamburguesa que Drew había ordenado para mí. Honestamente, no podía esperar a llegar a casa y desabrocharme la falda, a pesar de que nunca admitiría eso ante Drew. —Entonces, volviendo a mi pregunta original. ¿Por qué eres tan amargado respecto a las relaciones? —Lidio todo el día con divorcios. Es un poco difícil tener una mirada positiva cuando lo único que ves es infidelidad, mentiras, robos y gente que comenzó enamorada y terminó hiriéndose. —Entonces es por tu línea de trabajo. ¿No has tenido una mala relación que te afectara?


Drew me miró por un rato. Su pulgar fue a tocar la parte central de su carnoso labio inferior mientras deliberaba su respuesta, y mis ojos lo siguieron. Dios tiene labios geniales. Apuesto a que podrían devorar mi boca. Por suerte, vino la mesera e interrumpió mi mirada hipnotizada. —¿Puedo traerles algo más? —preguntó. Drew me miró. —¿Algún postre o algo? —Estoy demasiado llena. Él le contestó a la mesera. —Solo la cuenta, gracias. Ella retiró nuestros platos, y cuando se fue, hubo un minuto de incómodo silencio. Todavía no había contestado mi pregunta, y creí que tal vez intentaría cambiar de tema de nuevo. Me sorprendió cuando contestó. —Estoy divorciado. El matrimonio duró cinco años. —Guau. Lo siento. —No es tu culpa. A pesar de que podía notar que le había costado un montón de esfuerzo compartir tanto, y sabía que probablemente debía dejarlo en paz, no pude aguantarme. —¿Tuviste una relación de larga distancia? —No, en el sentido físico, no. La amargura de hoy fue completamente por mi experiencia en divorcios. La razón principal por la que la gente acude a mi oficina es porque no pasan suficiente tiempo juntos. —Lo admitiré, muchos de mis casos de consulta son similares. No siempre son relaciones a larga distancia como la que escuchaste hoy, pero en la mayoría de mis consultantes, las parejas no pasan tiempo juntos. O trabajan demasiado o no hacen tiempo para compartir con el otro, o siguen teniendo las vidas separadas que tenían antes de casarse.


—Apuesto a que nuestros casos son bastante similares. Si te pones a pensarlo, tal vez puedas tener algunas de mis tarjetas profesionales en caso de que la consejería no funcione. Mis ojos se ampliaron. —¿Estás bromeando? Una lenta sonrisa se extendió por su rostro mientras se llevaba la cerveza a los labios. —Lo estoy. La camarera regresó con la cuenta, y Drew sacó su billetera. Me moví a buscar la mía, pero él me detuvo. —Yo invito. Es mi ofrenda de disculpa por ser un cretino hoy, ¿recuerdas? —Bien, gracias. Espero que seas un cretino con frecuencia —me burlé— . Tengo que reunir 10 mil de nuevo. Drew se levantó y caminó hasta mi silla, halándola mientras yo me ponía de pie. —Oh, eso no será un problema. Soy medio cretino todos los días.

La cerradura de mi departamento era complicada. Tenía que sacudirla y mover la llave adentro y fuera antes de encontrar el punto exacto en el que me dejaba girarla. Baldwin debió escuchar mis llaves tintineando. La puerta de su departamento, junto al mío, se abrió. —Hola. Te toqué más temprano para saber si querías buscar algo de cenar, pero aún no estabas en casa. —Oh, cené con Drew. Baldwin tomó las llaves de mi mano. De alguna manera, conseguía el truco a la primera cada vez. La puerta se abrió y me siguió dentro. —¿Drew?


—Es el propietario de la oficina que creí que había rentado. ¿El que me dejó quedarme un par de meses? Baldwin asintió. —¿También estás saliendo con él? Exhalé. —No. Hoy fue un idiota y me invitó a cenar para disculparse. —¿Por qué fue un idiota? Entré a mi habitación a cambiarme y continué la conversación a través de la puerta parcialmente cerrada. —Supongo que en realidad no fue un idiota. Simplemente tenía una opinión muy distinta a la mía en cuanto a las relaciones. Me escuchó hablando por teléfono y me dejó saber lo que pensaba en relación a cómo funcionaría lo que le estaba aconsejando a mis pacientes. Luego de deslizarme en una sudadera y una camiseta, salí hacia la sala de estar. Baldwin estaba sentado donde siempre se sentaba a pasar el rato. Yo tomé el sofá y él la poltrona de cuero gigante. Algunas veces eso me hacía sentir como si fuera su paciente. —No debería estar escuchando tus sesiones de consejería. Son confidenciales. —Fue mi culpa. Tiendo a gritar cuando estoy en video conferencias, y dejé la puerta abierta. —¿Tal vez debería pasarme por la oficina? —¿Para qué? —No sé. ¿Chequear las cosas? Baldwin estaba siendo dulce. Escuchar que alguien había sido un idiota conmigo sacó a la superficie su lado protector. Aunque pensaba que Baldwin contra Drew sería algo bien cómico. Los dos eran polos opuestos. Baldwin era delgado, educado, peso promedio y cada centímetro de él lucía como el profesor que era. Incluso usaba corbatas de lazo y anteojos que lo hacían parecer mayor que sus treinta


y cinco años. Drew tenía veintinueve, era alto, construido y rudo. Incluso maldecía cuando le apetecía, independientemente de quién estuviera cerca. A pesar de que nunca lo habría descrito como tan educado como Baldwin, había algo muy galante en él a pesar de su rudo exterior. —No lo creo necesario. Estoy bien. Simplemente es un poco dentado5 en los bordes, eso es todo. Lo divertido es que no lo había pensado hasta ahora, pero su apellido es Jagger. Como que le queda. Sabiendo que Baldwin le gustaba una copa de vino tarde en la noche, fui a la cocina y abrí el refrigerador, sacando la botella que mantenía allí para él antes de que siquiera respondiera a mi pregunta. —¿Quieres una copa de vino? —Si, gracias. La serví y tomé para mí un agua. Mientras se la entregaba, dijo: —¿No me acompañas? Me dejé caer en el sofá. —Estoy demasiado llena. Me comí una hamburguesa enorme en la cena. Drew ordenó para mí una hamburguesa con queso doble de lujo. —¿Ordenó para ti? Si eres muy quisquillosa para comer. —Sabe que me gustan las hamburguesas. —Me encogí de hombros. Desenroscando la tapa de mi agua, pregunté—. ¿Qué terminaste cenando? —Ordené Sushi de Zen’s a domicilio. Arrugué la nariz. —Me alegra habérmelo perdido. —Habría ordenado otra cosa si hubiésemos cenado juntos. Baldwin siempre delegaba en mí el ordenar comida. Era una de las cosas que me encantaban de él. El sushi parecía ser su comida para citas, así que no era como que lo estuviese privando de sus comidas favoritas.

5

Dentado: en el original Jagged, de allí el juego de palabras con el apellido Jagger.


—¿Sin cita esta noche? —pregunté. Normalmente evitaba ese tópico de su vida. Era difícil para mí verlo con una mujer, y escuchar cualquier clase de detalles al respecto me mataría. Pero esta noche me sentía menos afectada por alguna razón. —Trabajos que evaluar. Apreciarías la respuesta que obtuve de una estudiante femenina. —¿Cuál fue la pregunta? —Les pedí que me dieran un argumento sólido respecto a que las técnicas psicoanalíticas de Freud eran defectuosas. Hemos pasado las últimas tres semanas estudiando a Günbaum y Colby, por lo que debía ser una pregunta fácil. —Estoy de acuerdo. ¿Qué obtuviste como respuesta? —La Srta. Balick escribió: Freud era hombre. Me reí. —Creo que sería un argumento válido. Probablemente deberías darle puntos por eso. —Lindo. Pero no lo creo. —Siempre has sido un evaluador exigente. —Siempre te di a ti buenas calificaciones. —Sin embargo, me las gané. —Lo cual era cierto, pero me puso a pensar—. ¿Alguna vez le diste a alguien un puntaje que no mereciera? ¿Tal vez porque era bonita, o porque te sintieras mal por ellos? —Nunca. —Su respuesta no me sorprendió. Baldwin sorbió su vino—. ¿A dónde quieres ir el jueves en la noche? —¿Jueves? —Tu cena de cumpleaños. —Oh. Lo olvidé. He estado tan ocupada últimamente, que se escapó totalmente de mi mente que viene mi cumpleaños. —Bueno, a mí no se me olvidó. He estado pensando en que podríamos ir a Ecru. Es un nuevo lugar francés en el Upper East Side. La lista de espera


es de tres meses, pero un colega mío es amigo de los dueños y dijo que se aseguraría de hacernos entrar. —Suena genial. Gracias. —Si era honesta, habría preferido ir a Joey´s por una enorme y grasienta hamburguesa. Pero Baldwin era un foodie6 y siempre trataba de expandir mis horizontes culinarios. En algunas ocasiones, incluso me gustaban algunas comidas elegantes. Baldwin se quedó por un rato y parloteamos. Me contó acerca de un artículo científico que esperaba fuera publicado y yo le conté cuán nerviosa estaba por conocer personalmente a dos de mis video clientes mañana. Después de que me reubiqué en Nueva York, algunos de mis clientes por video o teléfono eran locales y se convertirían en clientes presenciales. Siempre era extraño conocerlos por primera vez, pero las reuniones de mañana me ponían particularmente nerviosa porque suponía que el esposo abusaba físicamente de su esposa. Comenzaba a hacerse tarde, y en determinado punto me estiré y bostecé. Mi camiseta se levantó un poco y expuso parte de mi abdomen. Los ojos de Baldwin se desviaron a la carne, y vi cuando tragó grueso. Momentos como ese eran los que más me confundían. No me proclamaría como una experta en hombres, pero había tenido citas con una cantidad decente de ellos, incluso había tenido algunas relaciones de larga duración. Generalmente podía leer la atracción de un hombre hacia mí bastante bien, y en este momento, habría jurado que Baldwin estaba interesado en mí. No era algo nuevo. Lo había sentido en numerosas ocasiones. Lo cual podía ser la razón de por qué todavía estaba alrededor después de todos estos años. Algunas veces una chispa se convierte en un incendio. Baldwin aclaró su garganta y dijo: —Debería irme. Es tarde. —¿Estás seguro? Tal vez me sirva una copa de vino para mí si quieres otra… —Tengo una lectura temprano mañana. —Está bien. —Cubrí mi desencanto y lo acompañé hasta la puerta. 6

Foodie: término inglés informal para una clase particular de aficionados a la comida y a la bebida.


Baldwin me deseó buenas noches, y luego se detuvo y se dio la vuelta. Por un breve segundo, mi imaginación tomó lo mejor de mí, e imaginé que se daría la vuelta y cerraría la puerta, decidiendo quedarse. En su lugar, dijo: —Estoy esperando un paquete mañana. Si lo ves en el pasillo, ¿Podrías tomarlo por mí? No estaré en casa hasta tarde. —Seguro. ¿Mañana en la noche es el Simposio de psicología de Nueva York del que me hablaste? —No. Eso es la semana que viene. Rachel tiene entradas para ver una obra en Broadway mañana. —Oh. Rachel. —La conociste la semana pasada en la cafetería. —Sí. Rachel. —Me gustaría poder olvidarla. Estaba usando ese vestido tipo camiseta que llevaba la noche anterior cuando escuché su puerta y los espié por la mirilla—. Tomaré lo que se encuentre frente a tu puerta. Que se diviertan mañana en la noche. Después de que se fue, me retiré el maquillaje y cepillé los dientes. Por supuesto, a pesar de que hace menos de cinco minutos estaba bostezando, estuve alerta y despejada apenas pude ir a la cama. La historia de mi vida. Pensé en mi conversación con Drew más temprano ese día. Parecía como si hubiese pasado una semana. El Capitán Prolactineitor había sugerido que me masturbara antes de ir a la cama. Pero no estaba de humor para pensar en Baldwin después de escuchar respecto a su cita de mañana en la noche con Rachel. Sin embargo… No tenía que visualizar a Baldwin, ¿verdad? Una visión de Drew apareció en mi cabeza. Era definitivamente lo suficientemente guapo… Pero no debía.


Me giré y me obligué a cerrar los ojos. Una hora después, alcance el final de mi mesa. Estaba desesperada por dormir después de ese día tan largo y demandante. Encendí mi vibrador y cerré los ojos, intentando relajarme. Diez minutos después estaba adormecida con una sonrisa en mi rostro.


Capítulo 13 Alexa había arruinado mi trabajo por mucho tiempo. Después del divorcio, había encontrado pequeñas piezas de mi matrimonio en cada amarga batalla de mis clientes. Eso me recordaba cuánto tiempo había desperdiciado, como cuando aquella primera noche dejé que mi polla tomara las decisiones en lo que se refería a Alexa, en vez de que lo hiciera mi cabeza. Todo en los archivos de mis clientes se volvió personal para mí, y era como si todos los días me revelaran las peores noches de mi vida. Finalmente, aprendí a separar las cosas, de alguna manera. Pero perdí algo en el camino. Mi trabajo se convirtió en una fuente de dinero y no algo que yo disfrutara haciendo. Así como ya no tenía que tener miedo de bajar a mi oficina, tampoco seguí mirando hacia el futuro. Hasta hoy. Me levanté más temprano de lo habitual. Después de ir al gimnasio, estuve en la oficina para las siete de la mañana, revisando el archivo de un caso. Henry Archer era uno de los pocos clientes que realmente me agradaban. Su divorcio fue incluso amigable porque él era un tipo genuinamente agradable. Tenía su audiencia de repartición hoy a las once. La pandilla entera estaría aquí para tratar de conseguir un acuerdo final. Milagrosamente, tampoco odiaba a su futura exesposa. Estaba en el cuarto de copiado cuando escuché a Emerie entrar. Sus tacones repiqueteaban mientras caminaba por el pasillo cargando una gran caja marrón. Detuve lo que estaba haciendo y caminé hacia ella para quitársela de las manos. —Gracias. ¿Sabes que nadie me ofreció el asiento en el metro mientras cargaba esa cosa?


—La mayoría de las personas son unos imbéciles. ¿Qué demonios tienes aquí? Esta mierda pesa. —Coloqué la caja sobre su escritorio y la abrí sin preguntar. Dentro había un sujetapapeles de vidrio, pero muy bien podría estar hecho de plomo—. Esta cosa pesa cinco kilos. ¿Te preocupa que un huracán nos atraviese y vuele todos tus papeles? Lo tomó de mi mano. —Es un premio. Lo gané por un artículo que escribí y publicaron en Psicología Hoy. —Es un arma. Me alegra que no tuvieras esa cosa cuando te encontré en mi oficina la primera noche. —Sí, pude haber hecho una hendidura en esa linda cabeza tuya. Sonreí. —Lo sabía. Crees que soy lindo. Intenté mirar qué más había en la caja, pero palmeó mi mano evitándolo. —Entrometido. —Tú desempacaste mis cajas. —Es cierto. Supongo que puedes mirar. —Bueno, ahora no quiero, dado que me dijiste que podía. —Eres como un niño ¿sabes? Había dejado mi teléfono celular en la fotocopiadora y lo escuché sonar desde el otro lado del pasillo. Fui a contestarlo, pero el llamante colgó. Después de terminar de hacer mis copias, tomé el montón de papeles y me detuve de nuevo en la oficina de Emerie. Parado en la puerta, me burlé de ella. —Llegaste temprano. ¿Seguiste mi consejo para conseguir dormirte? —No. —La respuesta rápida de Emerie fue… demasiado rápida. Años de hacer declaraciones me había hecho desarrollar habilidades para captar pequeñas pistas: a veces algo incluso muy pequeño me tumbaba un argumento que no había esperado y terminaba en algo interesante. Recogí la esencia de su respuesta de dos letras y estaba por seguirle la corriente.


—¿Entonces no tuviste problemas para dormir anoche, ah? Cuando comenzó a sonrojarse e intentar ocuparse desempacando la caja, supe que estaba cerca de algo. Curioso, entré a su oficina y bordeé su escritorio para poder ver su rostro incluso mientras miraba hacia abajo y desempacaba. Agaché mi cabeza y miré hacia arriba para atrapar sus ojos. —Te masturbase anoche, ¿no es así? Su rubor se hizo más rojo. —¿Y tú? —contestó. Reflejo. Todos sabemos lo que significa. Sonreí. —Lo hice. Y también esta mañana. ¿Quieres saber en qué estaba pensando mientras lo hacía? —¡No! —¿No estás ni remotamente curiosa? A pesar de que su rostro estaba rojo, me encantaría que ella presionara y me enfrentara. —¿No tienes ningún matrimonio que terminar, pervertido? —Vamos. Admítelo. Te masturbaste y por eso tuviste una buena noche de sueño y llegaste temprano a trabajar para variar. —¿Por qué te importa? —Me gusta tener razón. —Realmente eres un ego-maniaco gigante. —Eso me han dicho. —¿Dejarías el tema si te digo la verdad? Asentí. —Sí. Me miró directo a los ojos. —Lo hice. —¿Qué?


—¿Qué quieres decir con qué? Sabes a qué me refiero. Por supuesto. —No estoy seguro. ¿Por qué no me explicas a qué te refieres? —Largo. —Di que te masturbaste y me iré. —¿Por qué? ¿Para que puedas irte con la imagen de mí masturbándome? —¿Creí que no querías escuchar en qué estaba pensando anoche mientras me acariciaba a mí mismo? Me reí. Emerie estaba tratando de ser ruda, pero su voz me dijo que estaba más avergonzada y divertida que enojada. Sintiéndome inusualmente amable, decidí dejarla en paz antes de presionar mi suerte. —Tengo una audiencia a las diez que probablemente se convierta en un almuerzo con el cliente. Hay menús en la gaveta superior del escritorio de recepción si quieres ordenar algo. —Gracias. —A tu orden. Me detuve justo fuera de su puerta. —Otra cosa. —¿Hmmm? —¿Estabas pensando en mí cuando te masturbabas? Lo dije solo para molestarla, pero su repentina “cara de ciervo atrapado en las luces” me dijo que había dado en el clavo. Bueno, mierda. Venir a trabajar acaba de volverse incluso mejor. Una parte de mí, (una muy gran parte de mí, por supuesto) quería quedarse y presionar ese interesante dato de información todavía más, pero repentinamente me convertí en un niño de doce años que podía sentir su polla irguiéndose. Gracias a esos sucios pensamientos, la pequeña Señorita Oklahoma con gran trasero, consiguió una absolución.


—Ese no es tu maldito problema. El problema es tu incapacidad de preparar una comida decente sin quemarla. Escuchar ese tipo de declaración a gritos no era nuevo para estas paredes. Solo que en esta ocasión, no venía de uno de mis clientes. Acababa de volver a la oficina después de un almuerzo tardío con Henry Archer, y el sonido de un hombre enojado hizo eco por el pasillo. La puerta de la oficina de Emerie estaba ligeramente abierta, y me pregunté si debía chequearla, asegurándome de que todo estuviera bien. Prestando atención, la escuché pedirle al tipo que se calmara y luego otra mujer comenzó a hablar. Así que regresé a mi oficina a enfocarme en mis propios asuntos. Quince minutos después, allí estaba de nuevo. Yo estaba al teléfono cuando la voz del mismo tipo recorrió el pasillo directo a mi oficina. Tenía dudas respecto a casarme contigo en primer lugar. Debí haberlo evitado después de que no pudieras ni siquiera tener a nuestro hijo. El vello en mi nuca se erizó. Lo que él dijo era horrible. Pero yo ya había escuchado a las parejas escupirse cosas horribles entre sí durante un divorcio. Ya no me sorprendía tanto. Sin embargo, este tipo… No era tanto qué había dicho, sino cómo lo había dicho. Su voz estaba cargada de rabia e intimidación, amenazando mientras insultaba. Ni siquiera había visto su rostro, pero mis vísceras me dijeron que era más que un abusador verbal. Por desgracia, también había visto abusadores físicos a lo largo de los años. Había algo en la forma en que las escorias gritaban que los ponía sobre sus cónyuges en la más pura forma de “te odio y quiero herir tu alma”. Me apresuré con el cliente con el que estaba al teléfono y fui a chequear a Emerie. Antes de que pudiera llegar a su oficina, un fuerte sonido de cosas quebrándose me envió corriendo. Cuando llegué a la puerta, el tipo estaba sentado en su silla mientras su esposa estaba sobre sus manos y rodillas limpiando algo. Emerie estaba de pie. —¿Qué ocurre aquí? ¿Todo bien? Emerie dudó y me miró a los ojos cuando habló. Estaba tratando de diluir la situación. Lo vi en sus ojos, y lo escuché en su voz.


—El señor Dawson se emocionó un poco y tocó el premio de vidrio que tenía en mi escritorio. El pesado pisapapeles que había cargado en el metro dentro de la caja estaba estrellado por todo el suelo. —Da un paseo y relájate, amigo. La cabeza del cretino giró mirando a todos lados. —¿Me hablas a mí? —Lo hago. —¿Quién diablos eres tú? —Soy el tipo que te está diciendo que salgas a dar un paseo y calmarte. Se levantó. —¿Y si no quiero? —Saldrás involuntariamente. —¿Vas a llamar a la policía por romper un trozo de vidrio? —No al menos que Emerie quiera que lo haga. Voy a sacar tu trasero a patadas yo mismo. Crucé mis brazos en mi pecho y mantuve el contacto visual. Los hombres que abusan de las mujeres son unos cobardes. Patearía su culo y disfrutaría cada maldito minuto. Después de unos segundos, el tipo miró a su esposa. —Ya terminé con esta mierda de consejería. —Luego salió en estampida. Di un paso a un costado para hacerle espacio al pasar. Tanto Emerie como su cliente permanecieron en silencio hasta que escuchamos la puerta principal azotarse. —¿Están bien? —pregunté. Emerie asintió, y por primera vez, la mujer se giró y me miro. Su mejilla estaba amoratada y amarilla con un moratón en proceso de curación. Mi mandíbula se apretó. Debí haber golpeado al maldito cuando tuve oportunidad.


—Por lo general no es así. Solo ha estado pasándolo mal en el trabajo últimamente. Seguro. Emerie y yo nos miramos a los ojos una vez más, un intercambio no hablado. Estábamos en la misma página. —Las dejaré conversar. —Cerré la puerta detrás de mí. Por la siguiente media hora, trabajé en un caso en el escritorio de recepción en el recibidor, no queriendo que el cretino del esposo regresara sin que yo lo supiera. Eventualmente, me encontré con su rostro afuera de la ventana del frente. Estaba fumando un cigarrillo y esperando a su esposa. Movimiento inteligente. Emerie caminó con la Sra. Dawson por el pasillo mientras hablaban. —¿Qué te parece si hablamos por teléfono mañana? ¿Aunque sean solo unos minutos? Realmente me gustaría escuchar de ti después de la sesión de hoy. Su cliente asintió. —Está bien. —¿Qué te parece a las diez? —Eso estaría bien. Bill se va a trabajar a las ocho. Emerie asintió. —¿Sabes qué? No te di una tarjeta de citas por la sesión de la semana que viene. Déjame traerte una. No tardo. Después de que se alejara, hablé con la Sra. Dawson. Mi voz fue baja, sin juicios, y precavida. —¿Va a estar bien? Brevemente me miró a los ojos, pero rápidamente los desvió hacia el suelo. —Voy a estar bien. En realidad no es un mal hombre. Honestamente, solo lo atrapaste en un mal momento. —Ajá.


Emerie regresó y le entregó una tarjeta. —¿Hablamos mañana? Asintió y se fue. Cuando la puerta se cerró, Emerie suspiró audiblemente. —Lamento eso. —Nada de qué lamentarse. No puedes evitar que tu cliente sea un cretino. He tenido muchos de esos. —Creo que abusa físicamente de ella. —Estoy de acuerdo contigo. —También pienso que nunca volveré a escuchar de ella. Me va a bloquear porque la confronté acerca de lo que sospechaba que estaba sucediendo. —¿No crees que te llame mañana o aparezca para la cita de la próxima semana? —Nop. Él no la va a dejar continuar. Ahora que lo conozco un poco mejor, me sorprende que accedieran a venir aquí. Mis sesiones de terapia habían sido siempre solo con ella. —Es rudo. Asintió de nuevo. —Espero que te llame. —¿A mí? —La tarjeta de recordatorio que le di fue tu tarjeta de negocios. Me imaginé que necesitaría un abogado de divorcios más que un terapista matrimonial. Mis cejas saltaron. —Agradable. Caminamos juntos por el pasillo. —Me vendría bien un trago —dijo Emerie.


—¿Tu oficina o la mía? Emerie me miró. —¿Tienes alcohol en tu oficina? —He tenido un montón de días de mierda. Sonrió. —Mi oficina.

—Esto sabe a trementina. —El rostro entero de Emerie se retorció. Sorbí. —Es un Glenmorangie de veinte años. Es una botella de aguarrás de seiscientos dólares lo que estás tomando. —Por ese precio, ¿no podría tener algo de sabor? Me reí. Estaba sentado en su silla de visitas, y Emerie estaba detrás de su escritorio. Debía haber desempacado el resto de la caja porque había algunos artículos personales a la vista. Levanté la base de vidrio que había quedado del premio que el cretino de Dawson había roto. —Vas a necesitar un arma nueva. —No creo que necesite una contigo alrededor para amenazar a mis clientes. —Lo merecía. Debí golpearle como hizo a su esposa. —Debiste. El tipo realmente es un mal nacido. Un maldito mal nacido. Era dulce trabajando en su acento neoyorkino, a pesar de que seguía sonando como Oklahoma imitando a Nueva York. Había dos nuevos marcos de fotos en el escritorio, y me estiré para tomar uno de ellos. Era una foto de una pareja mayor. —Adelante —dijo con sarcasmo y una sonrisa. La miré, luego a la pareja, luego de nuevo a ella. —¿Son tus padres?


—Sip. —¿A quién te pareces? —A mi madre, según me han dicho. Estudié el rostro de su madre. No se parecían para nada. —No logro verlo. Se estiró y retiró la foto de mis manos. —Soy adoptada. Me parezco a mi madre biológica. —Oh. Lo lamento. —Está bien. No es algo que guardo en secreto. Me recosté en la silla, mirándola ver la foto. Había cierta reverencia en su rostro cuando habló de nuevo. —Puede que no me vea como mi mamá, pero somos muy similares. —¿Ah, sí? ¿Ella también es un dolor en el trasero? Pretendió estar ofendida. —No soy un dolor en el trasero. —Te conozco desde hace apenas una semana. El primer día estabas robándote mi espacio y tratando de patearme el trasero cuando te atrapé. Unos días después comenzaste una pelea porque hice un comentario inocente sobre el mal consejo que le estabas dando a tus clientes, y hoy, casi me voy a las manos por ti. —Mi consejo no era malo —dijo—. Pero supongo que el resto es verdad. He sido un dolor en el trasero, ¿no es así? Terminé mi trago y me serví dos dedos más en mi vaso, luego llené el de Emerie. —Tienes suerte. Me gustan los dolores en el trasero. Conversamos por un rato más. Emerie me contó de la tienda de hardware de sus padres en Oklahoma y estaba en la mitad de una historia relacionada con la venta de suministros a un tipo que fue arrestado por


encerrar a su esposa en su refugio subterráneo por dos semanas cuando el teléfono de mi oficina sonó. Fui a contestarlo, pero ella lo tomó primero. —Oficina del señor Jagger. ¿Cómo puedo ayudarlo? —contestó en una voz sexy, coqueta. Los dos tragos la habían relajado, volviéndola juguetona. Me gustó. —¿Puedo preguntar quién llama? —levantó un bolígrafo e hizo una pausa para escuchar, frotando descuidadamente la parte superior del mismo a lo largo de su labio inferior. Mis ojos la siguieron. Apuesto a que saben bien. Tuve la urgencia repentina de subirme al escritorio y morderlo. Mierda. No es un buen pensamiento. Todavía estaba mirando su labio cuando me miró. Debí dejar de hacerlo, pero la manera en que se movieron mientras comenzó a hablar me mantuvo cautivo. —Está bien Srta. Logan. Déjeme ver si está disponible. Eso rompió mi mirada. Sacudí ambas manos en frente de mí, haciéndole señas de que no estaba disponible. Puso la llamada en espera por cinco segundos y luego la retomó. —Lo lamento, Srta. Logan. Parece que acaba de salir. —Una pausa—. No, lo lamento, no estoy autorizada para darle el teléfono celular del Sr. Jagger. Pero le avisaré que lo llamó. Después de que colgó, dijo. —¿Sabes de qué me acabo de dar cuenta? —¿De que tu voz suena más sexy cuando te has tomado unos tragos? Parpadeó. —¿Mi voz suena más sexi? Me tomé de un sorbo mi segundo trago. —Sí. Estabas coqueteando cuando contestaste el teléfono. —No estaba coqueteando. Me encogí de hombros.


—Como sea. Me gustó. ¿De qué decías que te diste cuenta? —Ya ni siquiera lo recuerdo. Creo que esos dos pequeños tragos se fueron directo a mi cabeza. —Y a tus labios —murmuré. —¿Qué? —Nada. —¡Oh! Ya recodé qué iba a decir. —Me señaló con el dedo—. He tomado al menos veinte llamadas en tres días y visto una tonelada de citas en tu agenda. Esa fue la primera “Señorita” que te llama. No tienes ninguna clienta llamada Jane, Jessica o Jullie. —Eso es porque solo tomo clientes hombres. —¿Qué? —Me miró como si le acabara de decir que el cielo era púrpura. —Clientes masculinos. Ya sabes. Son como las mujeres, excepto que con menos drama y más grandes… —me callé a mitad de palabra, al escuchar la puerta principal abrirse—. ¿Esperas a alguien? —No, ¿Por qué? —Acabo de escuchar la puerta principal. —Me levanté y caminé hacia el pasillo—. ¿Hola? Un tipo que nunca había visto mostró su cabeza por la esquina del recibidor. —Hola. ¿Estoy buscando a Emerie Rose? Lo miré. —¿Quién eres? —Me preocupaba que la escoria de Dawson regresara y diera problemas. Pero este tipo parecía como que el último problema en el que se había visto involucrado fue cuando los niños se metían con él en la escuela primaria. Me giré hacia Emerie, quien ya venía en mi dirección. Me alcanzó en la entrada. —¿Baldwin? Creí haber escuchado tu voz. ¿Qué estás haciendo aquí? —Pensé en sorprenderte.


El tipo tenía un ramo de flores que no había visto en su costado, el color combinaba con su corbata de lazo. Eran sosas, parecía como si las hubiese comprado en el mercado chino de la esquina por 7.99$. —Qué dulce. Emerie dio un paso fuera de la entrada en la que estábamos agradables y cercanos y caminó hacia el tipo, dándole un abrazo y un beso. Por alguna razón, me quedé allí, mirándolo todo. Después de tomar las flores, recordó que estaba tras ellos. —Baldwin, él es Drew. Drew, Baldwin es el amigo del que te hablé el otro día. Estaba confundido, y ella lo leyó en mi rostro. —El AT en mi universidad. ¿Recuerdas que te conté al respecto? ¿En serio? ¿Ese tipo? —Oh, sí. —Extendí mi mano—. Encantado en conocerte. Drew Jagger. —Igualmente, Baldwin Marcum. Luego hubo un extraño e incómodo silencio hasta que Emerie lo rompió. —¿Verdad que la oficina es hermosa? —Muy linda. —¿Vas de camino a encontrarte con Rachel? —El espectáculo comienza en una hora y media. Así que pensé en venir a saludar. Baldwin todavía estaba mirando alrededor de la oficina cuando notó la botella de Glenmorangie y los dos vasos vacíos en el escritorio de Emerie. La miró. —¿Eso es escocés? ¿A las cinco de la tarde? Emerie tampoco captó el desdén en su voz o fue muy buena ignorándolo. —Tuvimos un día difícil —dijo. —Ya veo.


—¿Te apetece un trago? —pregunté, sabiendo que declinaría la oferta por sesenta segundos que le había hecho—. Es de veinticinco y suave. —No, gracias. Había visto lo suficiente. —Tengo trabajo que terminar. Un placer conocerte, Baldwin. Asintió. Una hora más tarde, estaba empacando mi oficina cuando los escuché a los dos riendo. Los eventos de más temprano ese día todavía tenían la testosterona bombeando en mis venas. Lo cual probablemente era la razón, si no otra, por la que tenía la urgencia de golpear al hombre. Necesitaba una salida. Una follada rabiosa. Necesito echar un polvo. Toqué ligeramente la puerta de Emerie antes de empujarla. —Voy de salida. Deberías probar la técnica de sueño que te dije de nuevo esta noche para que llegues a tiempo de nuevo mañana. Los ojos de Emerie se ampliaron mientras intentaba esconder una sonrisa. —Sí. Tal vez lo haga. Baldwin miró de cerca nuestro intercambio. Los despedí con la mano y asentí. —Tengan una buena noche. Había dado un paso cuando Emerie me llamó. —Drew. Me volteé. —¿Sí? Presionó sus manos. —Gracias por lo de hoy. No lo había dicho, pero aprecio todo lo que hiciste. —Cuando quieras Oklahoma. —Golpeé mis nudillos contra el marco de la puerta—. No te quedes hasta muy tarde.


—No lo haré. Me iré en unos minutos. Baldwin tiene planes para esta noche así que caminaré con él. —¿Quieres que espere? ¿Podemos comernos una hamburguesa en Joey’s de nuevo? Emerie comenzó a responder cuando el Sr. Corbata de lacito interrumpió. —En realidad, acabo de tener un cambio de planes de última hora. ¿Por qué no vamos a cenar? —¿No vas a ir al espectáculo con Rachel? —Podemos verlo en cualquier otro momento. No estaba al tanto de que habías tenido un mal día. Puedes contármelo mientras cenamos. Emerie me miró, en conflicto. Facilité la elección para ella. ¿Quién era yo para interrumpir a la feliz pareja? —Tengan ambos una buena noche entonces. Tal vez era arrogante. Después de todo, me habían dicho más de una vez últimamente que mi ego era bastante grande, pero pude haber jurado que el cambio de planes del amiguito de Emerie tenía algo que ver conmigo.


Capítulo 14 —Feliz aniversario. Alexa se sentó en el sofá mirando la revista People. Me incliné para besar su mejilla, y luego me incliné más allá para tocar con mis labios la frente de mi hijo de casi dos años, que dormía con la cabeza en su regazo. Estaba babeando. Una gran piscina de babas empapaba el muslo de mi esposa. Lo señalé y bromeé: —Hace un par de años, mojarte en la víspera de Año Nuevo significaba algo muy diferente. Ella suspiró. —Ojalá pudiéramos salir. Este es el primer Año Nuevo que paso en casa desde que era una niña. La víspera de Año Nuevo era una gran fiesta para mi esposa. La esperaba como un niño esperando a Santa. Y ayer, alguien le había dicho a Alexa que Santa no existía. Habíamos planeado salir esta noche, ir a una fiesta en el centro de Atlanta de un amigo suyo por el cual no tenía ningún cuidado, pero la niñera nos había cancelado. Alexa estaba devastada. Yo estaba feliz en secreto. Hoy era el primer día libre que había tenido en un mes, y quedarme en casa y ver películas, quizás recibir el año dentro de mi esposa, era lo más excitante para lo que estaba de ánimo. Pero Alexa había estado refunfuñando por veinticuatro horas. Aún estaba teniendo dificultades para adaptarse al nuevo estilo de vida asociado a la maternidad. Era comprensible. Después de todo, solo tenía veintidós años, y todos sus amigos estaban de fiesta como chicos despreocupados.


Tenía la esperanza de que hiciera nuevos amigos en la clase de “Mamá y yo” a la que se unió el mes pasado, tal vez amigos casados, con hijos, que no creyeran que beber responsablemente significaba no derramar su chupito de Goldschläger. —¿Por qué no sales? Yo me quedaré en casa con Beck esta noche. Sus ojos se iluminaron. —¿De verdad? No era exactamente como pensaba que pasaríamos nuestro aniversario, pero Alexa lo necesitaba. —Seguro. Estoy exhausto. Mi amiguito y yo nos quedaremos. De todas maneras, no pasamos el suficiente tiempo juntos y a solas. Alexa levantó suavemente la cabeza de Beck de su regazo, la apoyó en una almohada y se levantó para darme un gran abrazo. —No puedo esperar a usar el vestido que compré. Lauren y Allison van a estar tan celosas de que ahora pueda permitirme comprar en Neiman Marcus. Forcé una sonrisa. —No puedo esperar a ayudarte a quitártelo cuando vuelvas a casa.

Habíamos llevado a Alexa a casa de su amiga Lauren anoche, y me ofrecí a buscarla, pero insistió en que tomaría un taxi para que no tuviera que despertar al bebé. Resultó, que no era un problema. El bebé estaba completamente despierto, considerando que eran las ocho de la mañana, y mi esposa todavía no había vuelto a casa. Beck se sentó en su silla alta, chupando Cheerios, e hizo un fuerte sonido de pato para llamar mi atención mientras me servía mi segunda taza de café. Me llené las mejillas de aire, lo obligué a salir y le respondí con un sonido de pato mientras me sentaba. Pareció momentáneamente sorprendido por el sonido, y por un segundo pensé que iba a llorar. Pero luego dejó escapar una risa, que me hizo reír de inmediato.


—Eso te gusta, amiguito, ¿ah? —Me incliné más cerca de él y llené mis mejillas de nuevo—. Cuack Cuack. Mi hijo estudió mi rostro como si yo fuera un extraterrestre, y entonces estalló en un ataque de risa. Después de la tercera o cuarta vez, se enganchó, y lo observé mientras trataba de hacer el mismo sonido. Sus pequeñas mejillas se llenaban, pero solo una ráfaga de aire con algún escupitajo salía de su boca. Ningún cuack. Eso no lo desalentó. Después de cada uno de sus intentos, yo hacía el sonido, y él lo observaba atentamente y lo intentaba de nuevo. En un momento, era su turno, y pensé que finalmente podría ser su momento brillante. Chupó una gran bocanada de aire y luego... contuvo la respiración. Sus mejillas rechonchas comenzaron a ponerse rojas, y su rostro estaba tan atento. Ese es mi chico. Si al principio no lo logras, trabaja con más ímpetu. Tuve un momento de padre orgulloso. Mi niño sería un trabajador incansable. Hizo la cosa del rostro rojo por aguantar la respiración un par de veces y luego comenzó a reírse de nuevo. Fue mi turno. Así que me incliné para hacerle el sonido, y cuando aspiré, me di cuenta de que durante la última ronda no había estado trabajando en su cuack. Estaba haciendo popó. Ambos nos reímos durante diez minutos mientras lo cambiaba. Aunque creo que se estaba riendo de mí y no conmigo. Poco después, la pequeña máquina de mierda terminó. Lo miré con asombro durante un rato. Así no era exactamente como había imaginado mi vida cuando visualizaba mis próximos años, pero no lo cambiaría por nada en el mundo. Mi hijo era todo para mí. Cuando llegaron las diez y estaba molesto porque Alexa no había llegado a casa todavía, comencé a preocuparme. ¿Y si le había pasado algo? Tomé mi teléfono del mostrador de la cocina y revisé mis textos. Aún nada. Así que marqué su número. Fue directamente al correo de voz. La ventana de la sala de estar de nuestro condominio en el tercer piso daba a Broad Street, una tranquila cuadra arbolada en las afueras de Atlanta. La mayor parte del mundo había estado de fiesta la noche anterior, así que la calle estaba particularmente tranquila esta mañana. Fue por eso que no pude dejar de ver el Dodge Charger amarillo brillante, con el número nueve pintado en un costado avanzando desde la esquina. A pesar de que las


ventanas estaban cerradas, podía oír el rugido de un silenciador y el chillido cuando el conductor giró demasiado rápido. Qué idiota. Esa esquina era un gran punto ciego. Alexa podría haber estado cruzando la calle con el cochecito, y ese idiota no los habría visto hasta que fuera demasiado tarde. Sacudí la cabeza y miré el auto desde la ventana mientras rodaba hasta detenerse unos cuantos edificios antes. Esperó en silencio durante unos minutos. Entonces vi cómo la puerta del lado del pasajero se abría, y un par de piernas asesinas se asomaban. Estaba casado, no muerto. Mirar estaba bien. Entonces la mujer salió del auto, y me di cuenta de que mirar definitivamente estaba bien. Porque la mujer saliendo de un auto unos edificios más allá de donde vivíamos, era mi esposa.


Capítulo 15 Llegué a la oficina antes que Drew. Cuando entró, casi a las diez, lo saludé con sarcasmo. —¿Levantándote tarde? Tal vez pueda recomendarte algo que te ayude a dormir. Esperaba una respuesta digna de que me sonrojara. Pero ni siquiera estaba segura de que me hubiese escuchado. —Buenas. —Desapareció en su oficina y de inmediato se puso al teléfono y se metió en lo que sonaba como una acalorada discusión. Después de oírlo colgar, le di unos minutos para que se instalara y luego le llevé los mensajes de la mañana a su oficina. Drew estaba de pie detrás de su escritorio, mirando por la ventana y bebiendo un café. Parecía estar a un millón de kilómetros de distancia. Estaba a punto de preguntarle si todo estaba bien cuando se giró y obtuve mi respuesta. No se había afeitado, su camisa normalmente crujiente parecía haber salido de una botella y tenía círculos oscuros debajo de sus ojos normalmente brillantes. —Te ves terrible. Forzó una media sonrisa. —Gracias. —¿Está todo bien? Se frotó la parte posterior del cuello durante un minuto y luego asintió. —Solo mierda personal. Estaré bien. —¿Quieres hablar al respecto? Soy buena escuchando.


—Hablar es lo último que necesito. Pasé dos horas al teléfono anoche. Ya he terminado de hablar. —Bien. Bueno... ¿qué más puedo hacer? ¿Qué necesitas? A pesar de que lucía como que estaba atravesando el infierno, un destello de Drew pareció aparecer. Arqueó una ceja en respuesta. —De alguna manera dudo que me necesites para eso. Sonrió. —Definitivamente me habría ayudado a dormir anoche. Hablamos durante unos minutos, y luego señalé mi oficina. —Tengo una videoconferencia en unos minutos, así que no podré contestar los teléfonos durante una hora. Después de eso, estoy bien hasta una cita presencial a última hora de la tarde. —No hay problema. Yo me encargo de los teléfonos. —Gracias. —Fui a darme la vuelta, luego recordé lo que quería preguntarle esta mañana antes de que él llegara—. ¿Te importaría si cuelgo una pequeña pizarra en la puerta de mi despacho? Tengo esas cosas pegajosas para adherirlo, así que no dañaré la puerta. —Adelante. Después de pasarle otra llamada a Drew, me las arreglé para colgar la pizarra en mi puerta antes de mi videollamada. Mi plan era escribir una declaración reflexiva y motivadora en ella cada día, como siempre lo había hecho en mi sitio web cuando mi asesoramiento era estrictamente a través de videoconferencias y llamadas telefónicas. Ahora que la gente me visitaba, quería continuar la práctica. Dado que mi cita aún no había sonado en mi computadora, tomé mis gafas de lectura y fui al diario en el que guardaba pensamientos y citas relacionadas con relaciones de pareja, y miré hasta que encontré una que me gustaba. Lo transcribí textualmente en la pizarra.

Soplar la vela de otra persona no hace que la tuya brille más.


Hoy haré que mi cónyuge brille por ___________________.

Retrocedí y sonreí releyendo mi cita. Dios, me encanta ayudar a la gente.

—Revisa su correo. No me importa cómo lo averigües. Necesito saber si se va a acostar con el tipo antes de mañana a las dos. No había visto a Drew desde esta mañana, aunque lo escuché alto y claro mientras enjuagaba mi taza de café en la pequeña cocina al lado de su oficina. —Roman, te daré cinco mil si consigues una foto íntima de ellos juntos. Deja una canasta de picnic en la puerta principal si es necesario... solo tienes que sacarlo a la luz pública. —La voz de Drew resonó por el pasillo, seguida por una carcajada. Y luego—: Sí, claro. Chúpamela, grandulón... Hasta más tarde. Mientras estaba secando mi taza de café, Drew entró en la cocina. —No pude evitar oír por casualidad parte de tu conversación. —¿Oh sí? ¿Qué parte? Sonreí. —La mayor parte. ¿Supongo que tú y tu investigador privado son muy cercanos? Drew cogió una botella de agua de la nevera y le quitó la tapa. —Roman ha sido mi mejor amigo desde que le robé la novia en sexto grado. —¿Le robaste la novia y eso los hizo amigos? —Sí. A él le había dado varicela, que luego me pasó. Tanto Roman como yo tuvimos malos casos y estuvimos fuera de la escuela por dos semanas. Terminamos jugando videojuegos en su casa durante diez días seguidos. —¿Qué le pasó a su novia? ¿No se interpuso entre ustedes?


—Roman y yo hicimos un pacto. Nunca volveríamos a buscar a la misma chica. La dejé el día que volvimos a la escuela, y Roman y yo somos amigos desde entonces. —Curiosamente, es un poco dulce. Drew se rió. —Esos somos nosotros. Roman es el tipo que revisa la basura de una mujer a media noche buscando condones usados, y yo soy el que le deja saber al abogado contrario lo que él encontró, en medio de un juicio de divorcio. Los dos somos dulces. Me froté la nariz. —¿Es una historia verdadera? Es asqueroso. Física y moralmente. —¿Cómo puedes decir eso sin saber por lo que podría estar pasando mi cliente? La venganza puede ser muy dulce. —¿Qué parte de la venganza es dulce? ¿La parte en la que ambos se sienten horribles después de que está completa, en vez de que lo haga solo uno de ustedes? Drew tomó un largo sorbo de su agua y apoyó una cadera contra el mostrador. —Se me olvidó que eres la eterna optimista en cuanto a relaciones. Hablando de eso, ¿cómo te fue en tu cita anoche? —¿Cita? —Con el señor Corbata de Lacito. —Oh. La cena estuvo agradable. Pero no lo llamaría una cita. —No hubo acción al final de la noche, ¿eh? —No es que sea asunto tuyo, pero no. No pasó nada entre nosotros físicamente. Tuvimos una buena cena y hablamos mucho sobre el trabajo. Baldwin ha estado tratando de conseguirme una posición de adjunta en NYU donde enseña. No creo que alguna vez quiera ser académica a tiempo completo, pero me encantaría enseñar a tiempo parcial y ver a mis pacientes el resto del tiempo. De todos modos, después de cenar nos despedimos en mi puerta.


—¿Cuál es el asunto con ese tipo? ¿Está dentro o está fuera? —No lo sé. Me envía señales mezcladas. Como anoche. Se suponía que iba a salir con Rachel, la mujer a la que está viendo, y luego aparece aquí sin avisar, cambia de opinión y me lleva a cenar a última hora. —¿Alguna vez le has contado cómo te sientes? —Nunca ha sido el momento preciso. Drew apartó la cabeza. —¿El momento preciso? ¿Por qué no aprovechaste anoche? —Está viendo a alguien. —¿Y qué? —No quiero interferir en su relación. —No dije que te lo follaras. Dile cómo te sientes. —¿Eso es lo que tú harías? Drew soltó una risita. —En realidad, normalmente solo follo a mis citas y no discutimos mis sentimientos. Pero ese no es tu estilo. Suspiré. —Me gustaría que fuera mi estilo. Movió sus cejas. —Puedo ayudarte con eso, si quieres intentar algo nuevo. —Qué generoso. —Oh, sería muy generoso. Créeme. Mi corazón palpitó un poco al ver la malvada sonrisa de Drew. Sacudí la cabeza. —¿Es en esto en lo que se ha convertido mi vida? Ser una consejera de parejas, y recibir consejos para mi propia vida de un abogado de divorcios. —Eres una idealista. Yo soy realista. Enderecé mis hombros.


—¿Y cuál es exactamente tu estatus en cuanto a relaciones de pareja, ya que eres tan experto? —Tengo muchas relaciones. —¿Te refieres a relaciones sexuales? —Sí. Me gusta el sexo De hecho, me encanta el sexo. Es la otra mierda la que no me gusta. —¿Te refieres a la parte de la relación? —Me refiero a la parte en la que dos personas se juntan y empiezan a confiar en el otro, comparten incluso una vida y luego uno de ellos jode al otro. —No todas las relaciones resultan de esa manera. —En cada relación, una persona termina jodiendo a la otra en algún momento. A menos que te quedes solo en la parte de follar. Allí no hay falsas expectativas. —Creo que tu divorcio y tu línea de trabajo han contaminado tu perspectiva. Se encogió de hombros. —Contaminado funciona para mí.

Sara y Ben Aster eran un excelente ejemplo de por qué amaba el asesoramiento de parejas. Comencé a ver a Sarah después de que naciera su hijo y me di cuenta rápidamente de que sus problemas de relación eran mucho más que el estrés producido por un nuevo bebé. La pareja solo había estado junta durante cuatro meses para el momento en que Sarah quedó embarazada, lo que los llevó a una boda rápida y un recortado período de luna de miel interrumpido por la llegada de un bebé. Después de tal torbellino, la pareja finalmente había comenzado a instalarse en sus vidas, solo para descubrir que sus esperanzas y sueños eran muy diferentes. Ben quería un hogar lleno de niños, una casa en los suburbios con un gran patio trasero, y a Sara como ama de casa. Su esposa, por otra


parte, quería quedarse en su pequeño apartamento en el Upper East Side, volver a trabajar, y contratar a una niñera. Lo curioso es que ambos insistían en haberle dicho al otro cómo veían su futuro, y creo que era cierto. El problema radicaba en su comunicación. Así que, aunque en los últimos meses habían encontrado una manera de comprometerse en sus arreglos de vivienda buscando una casa en Brooklyn con un pequeño patio y dando un corto viaje a Manhattan, todavía necesitaban trabajar en ello. Lo que me llevó al ejercicio de esta semana. Les había pedido a Sarah y Ben que trajeran una lista de cinco cosas que querían lograr durante el próximo año. Hoy pasamos la mayor parte de nuestra hora revisando la lista de Sarah. Ella le leería a Ben uno de sus objetivos planeados, y tendría que explicarle lo que significaba ese plan. Era increíble cómo una pareja que había estado casada durante dieciocho meses todavía podía interpretar mal las cosas. —Quiero hacer un viaje a Carolina del Sur para ver a mi mejor amiga, Beth —dijo Sarah. Miré a Ben. —Bueno. Dime lo que acaba de decir Sarah. —Bueno, que quiere ir a Carolina del Sur a visitar a su amiga soltera, Beth. —Sí. Bueno, Sarah no mencionó que Beth fuera soltera, pero suena como que escuchaste algo importante. ¿Por qué el hecho de que Beth sea soltera es significativo para ti? —Quiere escapar. Lo entiendo, y se merece un descanso. Pero quiere pasar tiempo con Beth para recuperar lo que tenía antes de que estuviéramos juntos: la vida de soltera y despreocupada. Entonces volverá y estará resentida con nosotros. Sarah entonces le dijo las cosas que extrañaba de tener cerca a su mejor amiga y cómo quería pasar su tiempo mientras la visitaba. Estaba claro que lo que ella quería, y lo que él había interpretado respecto al viaje, eran cosas muy diferentes. Pero después de quince minutos de hablar al respecto, ella había puesto su mente a gusto. La comunicación y la confianza entre estos dos


estaba mejorando cada semana, y al final de nuestra sesión, sugerí que comenzáramos a vernos cada dos semanas en lugar de semanalmente. —¿Sabes de qué acabo de darme cuenta? —dijo Sarah mientras Ben la ayudaba a ponerse el abrigo. —¿De qué? —Después de que terminan nuestras sesiones de videoconferencia, siempre hay una pequeña cita en tu página que me gusta leer, algo que me recuerda hacer algo agradable por Ben. Ya no vamos a tenerlas. Sonreí. —De hecho, sí. Las citas todavía se actualizan en mi sitio web, pero también las escribiré en mi puerta. Estaba abierta cuando llegaste, así que probablemente no lo notaste. Pero debes leer el día de hoy cuando salgas. Sarah detuvo a Ben, y juntos leyeron la pizarra después de abrir la puerta. Sarah me miró con una extraña expresión, mientras Ben sonreía de oreja a oreja. Después de que se hubieron ido, agarré mis gafas de lectura y fui a la puerta, preguntándome si tal vez había escrito algo mal. No lo había hecho, pero aparentemente Drew pensó que sería gracioso ajustar mi cita. Mientras yo había escrito:

Soplar la vela de otra persona no te hace brillar más. Hoy haré que mi cónyuge brille por ___________________.

La pizarra en mi puerta ahora decía:

Hacerle una mamada7 a otra persona hace que su día brille más. Hoy haré brillar a mi cónyuge por hacerle una mamada.

Juego de palabras. En el original Blowing (soplar) pero lo usa como acción de blowjob (realizarle sexo oral a un hombre). 7


Voy a matar a Drew.


Capítulo 16 —¡Eres un imbécil! —Steve, te llamo luego. Creo que hay una discusión que necesita un réferi en la sala de conferencias al lado. —Colgué el teléfono justo cuando Emerie entraba en mi oficina para continuar con sus gritos—. ¡Ese tipo de cosas podrán ser graciosas con todos tus clientes masculinos quienes contratan personas para rebuscar en la basura de sus esposas, pero para mí no! —¿Qué demonios tienes metido en el trasero? —Se veía seriamente enojada. Pero… también tenía esos lentes puestos mientras estaba gritándome. Hay algo con esos malditos lentes. Y no lo había notado esta mañana, pero esa falda estaba un poco del lado ajustado. El rojo se veía bien en ella. Ladeó su cabeza. —¿Qué estás haciendo? —¿Qué? ¿Qué estoy haciendo? —Estás mirándome. Acabo de verte hacerlo. Vine aquí a gritarte por ser un imbécil, y estás mirándome. —Subió sus manos al aire. —Estaba admirando tu atuendo. Eso es diferente a mirarte. —¿Oh, en serio? —Sus manos fueron a sus caderas—. ¿Cómo es diferente? —¿Cómo es diferente? —No repitas la pregunta ganando tiempo para inventar una respuesta. ¿Cómo es diferente el que admires mi atuendo de que me mires? Solo había una forma de salir de esto.


—Me gustas con lentes. —¿Mis lentes? —Sí. Tus lentes. ¿Solo son para leer? Estuvo en silencio mientras examinaba mi nivel de ridiculez. Finalmente sacudió su cabeza. —¿Crees que puedes suavizar lo que has hecho con un halago, verdad? Eso espero. —Creo que estás un poco loca. —¿Yo estoy loca? —Su voz se elevó. Me eché hacía atrás en mi silla, divertido. Era divertido jugar con ella. Apartar mi mente de otras cosas. —No pensaba que las pelirrojas podían lucir bien de rojo. Bajó la mirada a su falda y de nuevo a mí, momentáneamente perpleja, pero entonces entrecerró los ojos. —Deja eso. —¿Qué? —Tratar de suavizarme diciendo cosas amables. —¿No te gustan los halagos? —Cuando son de verdad, sí. Me gustan. ¿Pero cuando son mentiras para distraerme? No, no me gustan en absoluto. —No digo halagos de mentira. Me miró con una expresión que decía que no se lo creía. —¿Entonces de verdad te gustan mis lentes de lectura? —Te da esa apariencia sexy de bibliotecaria. Sacudió su cabeza. —¿Y mi falda roja? —Para ser honesto, me importa muy poco el color. Pero es ajustada. Y abraza todos los lugares correctos.


Las mejillas de Emerie empezaron a sonrojarse. Me hizo preguntarme como luciría su piel cremosa después de succionarla un poco. —¡No juegues con mi tablero! Mis clientes lo leen. Tengo suerte de que estén de buenas, o estarían dudando de mi profesionalismo después de tu pequeño ardid. —Sí, señora. —Levanté dos dedos hacia mi frente y parodié un saludo. —Gracias. Se dio vuelta para salir. No pude resistirme. —Apuesto a que el tipo consigue una mamada esta noche. —Eso sería solo uno de ustedes entonces.

Para variar, estaba saliendo de la oficina a las seis en punto. —¿Quieres venir con Roman y conmigo por una cerveza al Fat Cat? Emerie estaba sentada en su escritorio mirando un pequeño espejo mientras delineaba sus labios en un brillante rojo que hacia juego con su falda. Siguiendo su mano mientras se curvaba en el arco de su labio superior, se me pasó por la cabeza que, contra el fondo blanco puro de las paredes de la oficina, parecía una salpicadura de colorido arte vivo sobre un lienzo. ¿Qué demonios, Jagger? ¿Arte vivo? —Gracias, pero tengo planes esta noche. —¿Cita sexy? —Baldwin me va a llevar a un restaurante francés. La tensión se mezcló con una dosis saludable de inesperados celos rugiendo en mi estómago. —¿Comida francesa, eh? No me gusta mucho. —Tampoco a mí. Pero a Baldwin le encantan el escargot. —Caracoles —resoplé, luego murmuré—. Imagínate. —¿Qué dijiste?


—Nada. —Lo que de verdad quería decir era que los caracoles me recordaban a las babosas. Y comer esa mierda sería canibalismo para el Sr. Corbata de Lacito. Ese tipo era una babosa. Pero en cambio, dije—: Que tengas una buena noche.


Capítulo 17 —¿Cuál es tu posición favorita? Emily se subió a mi regazo, montándome a horcajadas. —Me gusta esta. Tendría que enviarle una botella de Gran Patrón Platinum a Roman por su brillante idea esta noche. Nos habíamos encontrado para unos tragos en nuestro bar de siempre, pero luego insistió en que fuéramos donde Maya para probar sus empanadas; el tipo tenía una obsesión por la comida mexicana. Emily DeLuca y su amiga Allison ya estaban ahí, disfrutando margaritas en el bar. Emily era abogada en una firma al otro lado de la ciudad donde a menudo refería trabajo de planeación patrimonial. Habíamos coqueteado un par de veces, y había una chispa, pero para mí, la chispa nunca triunfaba sobre el brillo en cierto dedo en la mano derecha. Y la gran roca que usaba era bastante difícil de omitir. Fue fácil notar que faltaba esta noche, en especial desde que movió los dedos en su mano izquierda hacia mí justo antes de preguntarme si podía comprarle un trago. Incluso con ese gesto obvio, aun así, confirmé su ruptura antes de irnos juntos. Sin importar que tan caliente o lista era una mujer, no tocaba a las infieles. Emily se presionó contra mi creciente polla, y metí mis manos debajo de su falda subida para manosear su trasero. Luego tiré de la tela de encaje que cubría su coño para incrementar la fricción al frente. Gimió, así que halé con más fuerza. Dios, amaba las tangas. Llegó hasta mi camisa y comenzó a trabajar en los botones mientras chupaba su cuello.


—Supe la primera vez que te vi que seriamos buenos juntos. Espero que tengas una caja entera de condones. Porque después de que te monte, quiero estar en cuatro mientras me tomas desde atrás. La idea del trasero de Emily levantado era exactamente lo que necesitaba. En especial ya que había pasado la semana pasada fantaseando sobre el trasero de otra mujer; uno en que el no debería estar pensando. Aunque, la repetida imagen del cremoso y redondeado trasero de Emerie con mi huella rosada sobre este mientras la embestía desde atrás era mi nueva fantasía favorita a la cual recurrir. Soñaba con terminar dentro de ella y luego ahuecar mi mano en mi semen mientras chorreaba para frotarlo en la huella de mi mano sobre su piel como un bálsamo. Mis ojos estaban cerrados, y tuve que presionarlos con más fuerza para mantener a raya la imagen de otra mujer. Porque pensar en una mujer mientras otra te monta es una cosa imbécil de hacer, incluso para mí. Emily se levantó lo suficiente para deslizar su mano entre nosotros y acunó mi polla, dándole un buen apretón. —Te quiero ahora. —Comenzó frenéticamente a desabrochar mis pantalones, lo cual me hizo buscar mi billetera. Y entonces recordar que no había condón ahí. Mierda. —¿De casualidad tienes un condón? —pregunté, mordiendo el lóbulo de su oreja. Su voz estaba tensa. —No. Y dejé mi control de natalidad este mes, así que por favor dime que tienes uno en alguna parte de este apartamento. Mierda. No tenía. Había acabado la caja grande en mi mesa de noche el mes pasado y nunca llegué a reemplazarla. Luego había usado el de emergencia que guardaba en el fondo de mi billetera en Hawái. Pero… tengo un par en mi oficina en el cajón superior de la derecha. Al menos no tenía que salir y congelarme las pelotas. Gruñí mientras retrocedía. Acunando el rostro de Emily, dije: —Necesito dos minutos. Lo siento. Los condones están en mi oficina abajo.


—¿Quieres que vaya contigo? no me molestaría un poco de sexo de escritorio. Además, ahorrará tiempo. Chica lista. Pero… probablemente no era buena idea llevarla a un lugar donde estaríamos rodeados por mierda que me recordaba a la mujer que estaba intentando mantener fuera de mi cabeza. Le di un casto beso y la levanté de encima de mí. —Quédate aquí. Mi oficina está en el primer piso. Hay seguridad las veinticuatro horas allá abajo. No quiero tener que cubrir tu boca mientras gritas mi nombre. El maldito elevador se tomó una eternidad en bajar, así que tomé la oportunidad para al menos abrochar el cinturón de mis pantalones antes de encontrarme con Ted, el portero. Lo que debería haber hecho era ponerme los zapatos. El suelo de mármol era como un cubo de hielo, y no quería la temperatura de mi cuerpo enfriándose. Dentro de mi oficina, me esforcé por no mirar la puerta cerrada de la de Emerie mientras subía por el pasillo. No necesitaba que nada más me la recordara. Definitivamente no el tablero donde escribió mierda sensiblera sobre las relaciones y luego entró como un tornado a mi oficina luciendo sexy y molesta. Nop. No voy a mirar. Como un niño de dos años, alcé mi mano para bloquear mi visión periférica de la oficina al otro lado de la mía mientras abría la puerta. Rebuscando en mi escritorio, encontré tres condones sueltos en el cajón. Mierda, gracias. Los metí en mi bolsillo y empecé a regresar por el pasillo hacia el vestíbulo. Casi había salido del pasillo cuando escuché un sonido. Debería mirar. Al diablo eso. Deja que alguien entre y se robe lo que quiera. Me encargaría de eso mañana. Tenía cosas más importantes esperándome arriba. Entonces lo escuché de nuevo. Esto casi… sonaba como un resoplido. ¿Emerie todavía estaba aquí? Traté de seguir, pero sabía que nunca podría concentrarme si pensaba que podía estar herida o algo. ¿Y si se cayó cuando salía y estaba sangrando en el piso de su oficina cerrada? Caminé de nuevo a su puerta y la abrí.


—¡Drew! Casi me matas del susto. —Emerie saltó en su asiento y agarró su pecho. —¿Qué haces aquí todavía? ¿Pensé que tenías una cita caliente con el Sr. Caracol? —Así era. Inspeccionando más de cerca, me di cuenta de que había estado llorando. Tenía un pañuelo arrugado en su mano, y su pálida piel estaba manchada. —¿Qué hizo? —Tuve la repentina urgencia de ahorcar el pequeño cerebrito con corbatín. Resopló. —Nada, en realidad. Solo canceló nuestros planes de salir. —¿Qué pasó? —Hoy es mi cumpleaños, y… —¿Es tu cumpleaños? ¿Por qué no dijiste nada? —Los cumpleaños nunca han sido importantes para mí. Celebraba el día Gotcha al crecer como la mayoría de la gente celebra sus cumpleaños. —¿Día Gotcha? —El día que mis padres me trajeron a casa de la agencia de adopción. Siempre decían que todos tenían un cumpleaños, pero el día que me consiguieron fue el mejor regalo que habían recibido alguna vez. Así que comenzaron a celebrar el Gotcha conmigo en lugar de sus propios cumpleaños. Simplemente se quedó pegado, y los cumpleaños son solo un número para mí. —Eso es en verdad increíble. Pero aun así deberías haberme dicho que era tu cumpleaños. —No se me pasó por alto que Emerie apenas y reconocía su cumpleaños, mientras que mi ex esposa pensaba que su cumpleaños era una fiesta nacional. Eso siempre me había molestado demasiado, incluso antes de que las cosas se pusieran de verdad mal. Se encogió de hombros.


—Como sea, solo estoy siendo un bebé. Baldwin hizo reserva en este popular restaurante francés donde es imposible conseguir una mesa, y se suponía que lo vería a los ocho. —¿Qué pasó? —Me escribió y me dijo que Rachel estaba enojada de que la dejara para llevarme a cenar la otra noche, y cuando había mencionado que me llevaría a cenar de nuevo, se molestó, así que tuvo que cancelar esta noche. El tipo era un completo imbécil. Definitivamente estaba engañando a Emerie. No había duda en mi cabeza después de todo lo que me contó y luego ver cómo reaccionó él la otra noche cuando sugerí que ella y yo saliéramos a comer. Era territorial con ella en más que de forma amistosa. Aun así, quería tener el pastel y comérselo también. —Sé que sientes cosas por él. Pero el tipo me parece un imbécil. —Solo debo dejarlo ir y seguir. —Creo que es una buena idea. —Debería salir y celebrar mi cumpleaños por mi cuenta… encontrar a alguien en un bar y llevarlo a casa conmigo. —Esa no es una buena idea. Suspiró. —Lo sé. Simplemente no soy el tipo de chica de rollos de una noche. Lo he intentado, y me odio a mí misma durante semanas después. No vale la pena. Gracias a Dios. La idea de que llevara a un tipo cualquiera para tener sexo me puso físicamente enfermo. Hablando de eso… mi rollo de una noche estaba arriba esperando. —¿Qué harás esta noche? —pregunté. —Solo terminaré este archivo y me iré a casa. Estoy cansada de todos modos. —Bien. Solo no te quedes mucho. Celebraremos mañana. Te llevare a Joey’s para almorzar.


Emerie forzó una sonrisa. —Suena bien. —Sus ojos cayeron a mis pies—. ¿No tienes zapatos? —Solo bajé rápidamente. —¿Estás trabajando hasta tarde y olvidaste algo? —No… yo… eh… tengo compañía. —Oh. —Su rostro, el cual ya estaba triste, parecía como si le acabara de decir que su cachorro había muerto. Esta vez, ni siquiera pudo forzar una sonrisa—. No dejes que te retenga. Saldré de aquí en poco tiempo de todos modos. Dije buenas noches, pero me sentí como una completa mierda al alejarme. ¿Por qué sentía como si noventa kilos de peso extra estuvieran asentados en mis hombros mientras iba en el elevador hacia arriba? No fui yo quien la había plantado. Ni siquiera sabía que era su cumpleaños. Regresé a mi apartamento, completamente perdido en los pensamientos, solo para ser recibido por Emily. Estaba de pie en el umbral de la puerta que llevaba a mi sala de estar, usando nada más que esos zapatos de tacón de aguja jodidamente sexis y la tanga de encaje negro. Nada como un par de respingonas copas D para animarte cuando te sientes deprimido. Inclinó su cabeza y cruzó las piernas por los tobillos. Los zapatos definitivamente se quedaban puestos. Casi podía sentirlos enterrándose en mi espalda. —¿Te gusta lo que ves? Respondí sin palabras, caminando hasta ella y levantándola, guiando sus piernas para envolverlas alrededor de mi cintura. —Puedes montarme luego. Ahora, voy a follarte en la mesa de mi cocina. ¿Te parece bien, Emerie? Se rió. —Emily. Creo que toda la sangre está corriendo al sur y dañando tu habilidad para hablar.


Mierda. La había llamado Emerie y ni me había dado cuenta. —Eso debe ser. —Nos llevé a la mesa y la abrí para poder desabrochar rápidamente mis pantalones, pero cuando alcé la mirada a su rostro sonriente, vi a Emerie. Emerie. No a Emily a quien estaba a punto de follar. Parpadeé un par de veces, y mis ojos se enfocaron. El cabello castaño, piel oscura italiana, grandes ojos marrones. Las dos no se parecían en nada. Cerniéndome sobre ella, me detuve de bajarme mi ropa interior para aclarar mi cabeza y volver al momento. Luego miré su boca de nuevo, y estábamos besándonos. No podía quitarme la imagen de Emerie llorando sola en su escritorio. Sus grandes ojos azules rojos, la piel suave manchada, triste porque un imbécil quien probablemente estaba comiendo caracoles estaría despertándola a las dos de la mañana sacudiendo las paredes. Mierda. Mierda. —Mieerda. —Me levanté y me pasé una mano por el cabello, queriendo jalarlo de la frustración. —¿Qué? ¿Qué pasa? Subí mis pantalones mientras respondía. —Es una clienta. Llamó cuando estaba abajo, y le colgué. Pero necesito ir a trabajar en algo. —¿Estás bromeando? ¿Ahora? —Lo siento, Emerie. —Emily. —Se cubrió sus pechos mientras se sentaba en la mesa. —Emily. Sí. Lo siento. Mi mente está en otra parte. —Como con Emerie, en lugar de Emily, donde debería estar. —Está bien —dijo.


Podía notar que no lo estaba. Por supuesto, no la culpaba ni un poco. Estaría enojado como el infierno si una mujer me dijera la mierda que acababa de soltar. Pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Excepto disculparme. —De verdad lo siento. Es urgente, o no haría esto. —Entiendo. Se vistió por su cuenta, y menos de cinco minutos después de que había entrado a mi apartamento donde una mujer jodidamente sexy y desnuda estaba esperándome, estaba acompañándola al elevador. El viaje hasta abajo fue incómodo. En el vestíbulo, me besó en la mejilla y salió sin mirar atrás. Debería haberme sentido mal, pero en cambio, lo único que sentí fue ansiedad, preguntándome si Emerie todavía estaba ahí. Será mejor que no se haya ido todavía.


Capítulo 18 —¡Santo Dios! —Emerie estaba justo detrás de la puerta principal de la oficina cuando la abrí de golpe. Si hubiera dado otro paso, probablemente la hubiera estrellado en su cara. Se agarró el pecho. —¿Estás intentando provocarme un ataque? —Bien. Todavía estás aquí. —Estaba preparándome para irme. ¿Qué pasa? ¿Está todo bien? —Todo está bien. Pero voy a llevarte a salir por tu cumpleaños. —No tienes que hacerlo. —Sé que no tengo que hacerlo. Pero quiero hacerlo. Entrecerró los ojos. —Pensé que tenías compañía. —Me deshice de ella. —¿Por qué? —¿Por qué, qué? —¿Por qué echaste a tu cita? —La confusión en su rostro se derritió cuando una comprensión de algún tipo pareció llegarle—. Oh. Mis cejas se fruncieron. —¿Oh, qué? —Terminaste con tu cita.


—Estaba lejos de terminar —gruñí, luego hice señas hacia la calle—. Vamos. Te mereces una bonita noche por tu cumpleaños. Ese imbécil no tiene ni idea de lo que se pierde. Vamos a emborracharnos. Sonrió de oreja a oreja. —Suena genial.

—Nunca voy a meter las bolas. —Tal vez por eso estás tan tensa. No te has tenido sexo en tanto tiempo, que olvidaste que las bolas no van dentro. —Sonreí a Emerie mientras la bola cinco rodaba por la esquina izquierda de la tronera. Era nuestro primer juego de billar, y acababa de meter mi quinta bola seguida. Ella tenía razón. Podría limpiar la mesa antes de que le echara tiza a su taco. Entrecerró los ojos. —¿Cómo sabes cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que tuve sexo? —Estás un poco demasiado tensa. Esperaba que explotara conmigo, pero en cambio me sorprendió. Literalmente. Justo cuando estaba por ir a mi sexta bola, gritó: —¡Cuidado! —Mi mano giró en medio del tiro, y la bola dos aterrizó en ningún lugar cerca de la tronera que quería. Tenía una sonrisa petulante, orgullosa de sí misma. —¿Así es como vamos a jugar esto? —¿Qué? Estoy muy tensa, no puedo evitarlo. Algunas veces las palabras quedan embotelladas, y simplemente salen de mi boca como corcho de champaña. —Tu turno. —Extendí mi mano hacia el fieltro. Mientras se posicionaba a sí misma, rodeé la mesa, acercándome hasta que me paré directamente tras ella. Intentó hacer como si no le molestara, pero finalmente se giró. —¿Qué haces?


—Estoy observándote disparar. —¿Desde atrás? Sonreí. —Me da la mejor vista. —Vuelve a donde estabas parado. —Movió su mano hacia el otro lado de la mesa de billar—. Creo que tu vista es clara desde ahí. Se inclinó de nuevo, intentando alinear su disparo. Mis ojos cayeron a su maravilloso trasero. —Eso depende de lo que esté mirando. Cuando finalmente disparó, su taco se raspó a lo largo del fieltro y falló por completo a la bola. —Pensé que sabias como jugar. —Sé. —No lo parece. —Me estás poniendo nerviosa parado detrás de mí. Me incliné a su lado y le mostré cómo posicionar su mano para agarrar el taco para que al menos fuera más sencillo conectar con la bola. Después que le agarró el truco, volví al otro lado de la mesa. Mis intenciones esa vez fueron completamente altruistas; al menos hasta que su blusa se abrió, y estuve mirando directamente sus pechos. No pude moverme. Debía estar usando uno de esos sujetadores que solo cubren medio seno, porque lo único que podía ver eran dos perfectos globos de lujuriosa y cremosa piel con un indicio de algo negro y de encaje. Tetas geniales que combinan con un trasero espectacular. Llevé mi cerveza a mis labios mientras esperaba a que disparara, pero seguí mirando sobre la botella mientras tomaba un gran sorbo. La única cosa que finalmente me distrajo fue observarla deslizar el taco de atrás adelante entre sus dedos. Luego imaginé que mi polla era el palo.


Obligando a mis ojos a cerrarse cuando finalmente disparó, vacíe el contenido de mi Stella. Emerie logró conectar con la bola esta vez, solo que hundió una de mis bolas en lugar de una de las suyas. Estaba tan emocionada, que no tuve el corazón para decírselo. —¿Eso quiere decir que voy de nuevo? —Claro que sí. Voy por otra cerveza. ¿Quieres una? —Sí, pero no otra cerveza. Me ponen muy llena. —¿Bien? ¿Qué quieres? —Sorpréndeme. Beberé lo que me traigas. Definitivamente necesitaba alejarme un minuto. La línea en la barra era muy larga, pero venía a menudo aquí. Roman y yo nos reuníamos en el Fat Cat cada fin de semana para jugar billar o hablar. Así que cuando Tiny8; el camarero que debía medir cerca de dos metros diez; me vio, tomó mi orden antes que las demás personas. —Tomaré otra Stella y uno de esos. —Apunté a un margarita. Tiny sonrió. —¿Roman se está poniendo en contacto con su lado femenino esta noche? —No. Probablemente está en casa poniéndose en contacto con él mismo. Estoy aquí con… —¿Qué demonios era ella? No era una cita. No era una compañera de trabajo incluso aunque trabajábamos en la misma oficina. Ni siquiera podía llamarla empleada. Buscando por una palabra, me fui por la más sencilla—. Una mujer. Emerie definitivamente era una mujer. Mientras esperaba, pensé en el hecho de que nunca habría considerado traer a una cita aquí; de nuevo, no que esta noche fuera una cita. Pero este era el tipo de lugar en el que pasabas el rato y eras tú mismo. Aun así no había pensado dos veces en traer a Emerie aquí. Era agradable pasar tiempo con una

8

Tiny: pequeño.


mujer que sabía que estaría cómoda en un billar-bar clandestino. Era un extra que fuera sexy como el infierno. Solo me fui unos minutos, pero cuando regresé a la mesa de billar, había un tipo hablando con Emerie. Una punzada de clásicos celos cobró vida dentro de mí. Resistiendo la urgencia de decirle que se fuera, opté por hacer sentir al tipo incomodo hasta que lo hiciera. Me acerqué y me paré al lado de Emerie. Pasándole la bebida mientras miraba a la serpiente, dije: —Aquí tienes. ¿Quién es tu amigo? —Este es Will. Se ofreció a mostrarme unos trucos. —¿Ah sí? Will estaba sosteniendo una bebida en su mano izquierda. El dedo del que se había quitado el anillo de bodas todavía tenía la marca en éste. Esperé hasta que nuestros ojos se encontraron, luego dejé que los míos bajaran a su dedo. —Tenemos la mesa por otros veinte minutos. ¿Tú y tu esposa quieren el próximo juego cuando terminemos? Nada como una conversación silenciosa de hombre a hombre. Apuntó hacia la barra. —Tal vez en otro momento. Mis amigos me esperan. Un placer hablar contigo, Will. Después de eso, Emerie y yo terminamos nuestro juego y fuimos a sentarnos en una mesa en un área más tranquila del bar. Se bebió el primer margarita muy rápido, y la mesera acababa de traer el segundo. Su ánimo había cambiado de deprimida por el imbécil con corbata de lacito a un optimismo aumentado por el licor. —¿Entonces cuál es el mejor regalo de cumpleaños que te han dado? — preguntó. —¿A mí? No lo sé. Al crecer mi papá me compró mucha mierda. Un auto para mi cumpleaños diecisiete, supongo.


—Que aburrido. —Le dio un sorbo a su margarita, y una línea de sal se quedó en su labio. —Tienes… —Apunté a mi boca donde la sal estaba en la suya—. Sal. Alzó su mano y la pasó por su labio, pero el lado equivocado. Me reí y me estiré sobre la mesa. —Lo tengo. Sin pensarlo dos veces, llevé la sal de su labio al mío y lo succioné de mi pulgar. Tal vez estaba engañándome a mí mismo, con el gran ego y todo eso, pero juro que sus labios se separaron, y si me hubiera inclinado, habría escuchado un pequeño jadeo. Mierda. Apuesto a que es muy receptiva en la cama. Me aclaré la garganta. —¿Qué hay de ti? ¿El mejor regalo que has recibido? —Mis padres me dieron una tarjeta de regalo para cirugía láser cuando cumplí dieciocho. —¿Láser? Pero usas lentes. —Oh, no me quedé con el bono. Fui a la oficina del doctor y le expliqué que mis padres habían cometido un error, y que no quería la cirugía. —Así que no querías la cirugía, ¿pero fue el mejor regalo que has recibido? Bebió de su margarita de nuevo. Desafortunadamente, nada de sal se quedó esta vez. Pensé en fingir que sí había, pero comenzó a hablar de nuevo muy rápido. —Oh, no, quería hacerme la cirugía. En segundo grado, Missy Robinson me llamó abuela porque necesitaba diferentes lentes para ver el tablero y leer. El apodo se quedó durante la secundaria. Odiaba mis lentes. Por mucho tiempo no los usé, incluso aunque tenía que bizquear y constantemente me daban dolores de cabeza. —¿Qué no estoy entendiendo? ¿Tus padres te consiguieron algo que querías de verdad, así que lo regresaste?


—Mis padres no podían pagar la cirugía. Eran seis mil dólares, y mi papá estaba conduciendo por ahí en un auto de veinte años de antigüedad. Pero fue el regalo más bonito que pude haber pedido alguna vez. Añade dulce al gran escote, el trasero altamente follable, y una boca ingeniosa. Esa boca ingeniosa también es muy follable, podría añadir. —¿Qué tal ahora? Si pudieras tener algo que quieres para tu cumpleaños hoy, ¿qué sería? Su dedo tocó su labio mientras peleaba. —Un baño. —¿Un baño? ¿Como uno de esos tratamientos de spa con lodo o algo así? —Nop. Solo un buen baño en una buena bañera. Mi apartamento solo tiene una ducha, y de verdad extraño tomar un baño. Solía tomar uno cada domingo en la mañana; usar mis auriculares y sumergirme hasta que estaba arrugada. Es mi lugar feliz. Tomé un gran sorbo de mi cerveza, mirándola de nuevo. —Eres fácil de complacer. Se encogió de hombros. —¿Qué hay de ti? ¿Si hoy fuera tu cumpleaños y pudieras elegir un regalo, qué sería? Tragué mi pensamiento inmediato. Beck. Sin querer dañarle el ánimo a Emerie en su cumpleaños, le di mi segunda elección de regalo. —Una mamada sería agradable. Emerie estaba a medio sorbo y salpicó toda su margarita sobre mí cuando se rió. Limpié mi rostro con una servilleta. —Bueno, ahora he conseguido la sal y la margarita. Ella se rió. —Lo siento.


Eran pasadas las dos de la mañana cuando tropezamos en el apartamento de Emerie. Había insistido en acompañarla a su casa. Estaba ligeramente ebrio, pero pensé que ella podría estar cerca de completamente borracha. —Shhh… —Sostuvo un dedo contra su boca para decirme que me callara, pero ella era la única haciendo ruido. Apuntando al apartamento de al lado mientras buscaba las llaves en su bolso, añadió—: Ese es el apartamento de Baldwinny. Síp. Estaba borracha. Tomé las llaves de su mano. —Podría hacerle algo de bien escucharte con otro hombre. Emerie se hizo a un lado para dejarme abrir por ella. Dejando salir un gran suspiro, inclinó su cabeza en mi brazo mientras intentaba abrir la puerta. La maldita cosa parecía atorada. —No estaría celoso —dijo arrastrando la voz—. No me quiere. Moví las llaves en la cerradura un par de veces más y el cerrojo se abrió. —Bueno, entonces es un idiota. Empujé la puerta abriéndola y sostuve las llaves para ella. En el traspaso, las dejó caer y se rió un poco más cuando chocamos las cabezas al agacharnos para recogerlas del suelo. Sobre el sonido de su risa, escuché la puerta al lado de su apartamento abrirse. Emerie pareció no darse cuenta. Cuando Baldwin salió al pasillo y nos vio, de repente me sentí muy territorial. Con su espalda hacia él, Emerie aún no se daba cuenta de que teníamos audiencia. Me sonrió con esos grandes ojos azules, y algo se apoderó de mí. Me incliné y le di un suave beso en los labios; un dedo dentro del agua para probar la temperatura. El pequeño beso fue pura testosterona, yo siendo un idiota con el imbécil de al lado. Orinando en el poste, por decirlo de alguna forma. Pero cuando eché mi cabeza hacia atrás y vi sus ojos dilatados y sus labios abiertos por más, mi próximo movimiento no tuvo nada que ver con quién estaba mirando. Era puro deseo. Perdí el control. Mi boca se estrelló contra la de ella, y sus labios se abrieron para mí. Mi lengua se deslizó dentro, y tomé mi primera


caricia interior. Fue salada y pimentada por el tequila, pero era la cosa más deliciosa que había probado alguna vez. Y de repente, estaba muerto de hambre. La acerqué al ras contra mí y envolví mis brazos alrededor de ella con fuerza. No había tipo del que estaba enamorada mirando; solo éramos Emerie y yo. Todo lo demás desapareció mientras profundizaba el beso, y ella ansiosamente presionó sus senos contra mi pecho. El sonido que hizo cuando mi mano fue a su fenomenal trasero me animó a seguir. No quería nada más que presionarla contra la puerta y apretar mi hinchada polla contra ella. Y podría haberme rendido y hacerlo, si el imbécil de al lado no hubiera arruinado el momento. Baldwin se aclaró la garganta. Al escuchar el sonido, Emerie se apartó y se giró para encontrar que el hombre del que estaba enamorada acababa de ver todo esto. Parecía sorprendida, y odié que ya hubiera una mirada de arrepentimiento en sus ojos. No tenía el corazón para hacerla sentir más perturbada de lo que ya estaba. Acunando sus mejillas, me incliné y susurré en su oído: —Tal vez eso lo despertará. —Luego besé su mejilla—. Te veo en la oficina, cumpleañera.


Capítulo 19 —¿Quién demonios son estas personas? —Roman estaba sentado en el balcón de mi apartamento en la oscuridad, fumando un cigarro, cuando salí para escaparme por unos minutos. —Tal vez lo sabrías si estuvieras dentro en lugar de aquí afuera. —Tomé asiento a su lado y miré hacia el mar de luces que era la ciudad de Nueva York—. Está helando aquí. —¿Viste las tetas de esa rubia con el suéter azul? —Esa es Sage. Una de las nuevas amigas de Alexa. —No es la más lista. Estaba bromeando y le dije que podía adivinar su edad si la tocaba. —¿No me digas que la manoseaste? El extremo del cigarro de Roman se iluminó de un rojo brillante mientras le daba una larga calada. —Síp. Después de una buena manoseada, me preguntó cuándo había nacido. —Sopló una tira de anillos de humo—. Le dije que ayer y vine a sentarme aquí afuera. Me reí. Jodido Roman. Él conseguía ser golpeado o tener suerte, y algunas veces me preguntaba cuál le gustaba más. —Sí. Alexa tiene mano para elegir a sus amigas. —Parece que le ha sentado bien en Nueva York, al menos.


Desde afuera, al menos esta noche, parecería de esa forma. Esto ciertamente era mejor que ella saliendo sola el año pasado, seguido de la gran pelea para recibir el año nuevo cuando le había preguntado quién era el tipo que la había llevado a casa. Este año, nuestra casa estaba llena de todos los amigos que había hecho durante los últimos cuatro meses desde que nos mudamos a Nueva York desde Atlanta. Pero la verdad era, que todavía se quejaba a diario por dejar atrás a sus amigos. —Ha hecho algunos amigos. La mayoría de las clases de actuación que está tomando y del gimnasio. Estaba esperando que encontrara más amigos que tuvieran más en común con ella… tal vez algunas de las mujeres de “Mamá y yo”, pero dice que son todas unas perras conservadoras con suéteres. —Si esos suéteres son como el de la rubia, tal vez tome al niño prestado para llevarlo a una de esas clases. Nos quedamos en silencio por unos minutos, disfrutando de la paz de la noche despejada. La voz de Roman se puso seria cuando habló de nuevo. —¿Cómo va AJ? Aj era el apodo de mi padre, la versión corta de Andrew Jagger. Ninguno de nosotros usaba nuestro nombre de pila, yo siempre era Drew, así como él siempre era AJ. —No muy bien. Se le ha extendido a un pulmón ahora. Parece que van a tener que extirpar un trozo. —Mierda. Lo siento, amigo. AJ es demasiado joven para esta mierda. Hace cuatro meses mi padre había ido al doctor para un examen anual y su examen de sangre reveló que las enzimas de su hígado estaban disparadas. Dos días después fue diagnosticado con cáncer de hígado. Incluso aunque las estadísticas estaban de su lado; una tasa del quince por ciento para una supervivencia de cinco años desde el diagnóstico, era optimista. Había soportado meses de altas dosis de quimioterapia que lo enfermaban como un perro, solo para que el día después de terminar la última sesión le dijeran que el cáncer había hecho metástasis en su pulmón. —Sí. Estoy feliz de poder estar aquí para él. Tiene un montón de amigos y socios de negocio, pero sin una esposa que lo cuide, necesitaba regresar a Nueva York.


—Estaba empezando a pensar que no ibas a volver. —Creo que ese era el plan de Alexa. Siempre había tenido intenciones de volver a Nueva York con mi padre en su práctica. Después de que aprobé el examen para ejercer, Alexa me había rogado que me quedara en Atlanta un año más. Eso quiso decir que tuve que tomar un segundo examen para ejercer como abogado, pero estaba intentando hacerla feliz mientras estaba ajustándose a la maternidad. Así que acordamos quedarnos en Atlanta por un año. Un año se convirtió en dos, y hasta que mi papá se enfermó, creo que el plan de Alexa era seguir pidiéndome un año más. —Está ajustándose. Le gustan las compras y ha decidido tomar unas clases de actuación. Aparentemente es algo que siempre ha querido, pero nunca mencionó hasta que se anotó para la primera clase. —Me encogí de hombros—. Como sea, la hace feliz. Roman me miró. —¿Qué hay de ti? ¿Te hace feliz? —Es una buena madre. —También mi mamá. Pero eso no quiere decir que quiero acostarme con ella y pasar el resto de mi vida a su lado. —Tienes una forma única de mirar las cosas. —Estoy acostándome con una instructora de yoga; está metida en toda esa mierda de la introspección. —Estoy seguro que por eso estás con ella. No porque pueda levantar una pierna sobre su propio hombro. —Las únicas veces en que cierra la boca y deja de intentar iluminarme con esa sabiduría inútil es cuando tengo sus piernas sobre sus hombros. Mi pene actúa como un tapón en una bañera llena de frases de sabiduría. Me rio y me levanto, golpeando a mi amigo en la espalda. —Vamos, volvamos a la fiesta. Estoy congelándome las pelotas, y quiero ver a Beck. Están empezando a hacer mucho ruido allá.


Navegando por la fiesta en desarrollo, me abrí paso hacia la habitación de mi bebé. Jodidamente dulce; incluso sonreía en su sueño. Muy bien, puede que fuera un tic, pero su boca se relajaba y luego saltaba en una sonrisa cada pocos segundos. Debía de estar soñando con sus autos de carreras y uvas, sus dos cosas favoritas en los últimos meses. Subí la manta hasta su barbilla y pasé mis dedos sobre sus suaves mejillas. Dios, nunca había soñado que podría amar tanto a alguien en el mundo. Mi corazón se apretó en mi pecho momentáneamente mientras me preguntaba si mi propio padre me había mirado de la misma forma hace unos veintitantos años. Necesitaba que mejorara. Quería que llegara a conocer a mi hijo y me guiara para ser el buen padre que él era conmigo. No era un tipo religioso; la última vez que había estado en la iglesia fue en mi boda forzada con Alexa. Y antes de eso, probablemente en un funeral. Pero una pequeña cruz colgaba sobre la cuna de mi hijo. La miraba a diario, pero nunca la vi realmente como más que una decoración. No podía doler intentarlo. De pie al lado de la cuna de Beck, dije una pequeña oración a Dios para que cuidara a mi padre y mi hijo. Habíamos estado en Nueva York por cuatro meses, y esa cruz había estado colgada en la pared al lado de su cuna todo el tiempo. Pero cuando abrí la puerta para volver a la fiesta, la cosa se cayó al suelo. Esperaba que eso no fuera una señal.


Capítulo 20 Mi cabeza se sentía como si hubiera corrido directamente contra un auto lleno de miembros de AA9 enojados. Tenía mucha sed, mi boca había sido poseída por un desierto, aun así, cada sorbo de agua me ponía mareada. Jesús. No es de extrañar por qué no bebo tan seguido. La única cosa buena de esta resaca era que estaba tan ocupada sintiéndome como una mierda, que no tenía la capacidad para pensar en la noche anterior. Drew. Ese beso. Ese beso. Baldwin. Conteniendo el aire, entré a mi oficina incluso más tarde que mi retraso de siempre. No tenía reunión hasta la tarde, pero estaba atrasada para digitar unas notas en los archivos de los pacientes. La idea de enfrentar a Drew de repente hizo que mis nauseas por la resaca parecieran un calentamiento para la cosa de verdad. Estuve aliviada cuando giré en la esquina hacia el pasillo para ver que su puerta estaba cerrada. La incomodidad con él era inevitable, pero sería más fácil cuando me sintiera mejor. Retrasarlo la mayor cantidad de tiempo posible parecía lo ideal en este momento. Dentro de mi oficina, colgué mi abrigo en el perchero detrás de la puerta y puse mi portátil en el área para cargar. No fue hasta me senté en mi

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AA: Alcohólicos Anónimos.


escritorio y me estiré para encender mi monitor que vi la nota. Era la escritura de Drew: Estaré todo el día en un testimonio en Jersey. No regresaré hasta esta noche. Necesito que me hagas un favor y subas a mi apartamento. Dejé una nota con instrucciones en la cocina. El pent-house del este. La llave para el elevador y la llave de la puerta están en tu cajón superior. Gracias, D. Eso era raro. Intenté acomodarme y responder un par de correos, pero la curiosidad no iba a esperar mucho. Tomando la llave y la tarjeta del elevador de mi escritorio, salí hacia el vestíbulo después de menos de cinco minutos. En la subida, observé las luces iluminarse perturbadoramente. Sabía que Drew vivía en el edificio, pero nunca había mencionado que fuera un penthouse. ¿Qué podría necesitar que hiciera en su apartamento? ¿Tenía un gato? Las brillantes puertas plateadas del elevador se abrieron cuando llegué al piso superior. Saliendo, solo había dos puertas, PO y PE. A diferencia de mi apartamento, la cerradura del pent-house giró fácilmente. Drew había escrito que no regresaría hasta la noche, aun así me sentí obligada a hablar mientras abría la puerta. —¿Hola?... ¿Hola? ¿Hay alguien en casa? El apartamento estaba en silencio. Ninguna criatura pequeña y peluda me saludó tampoco en la puerta. La cerré detrás de mí y fui a buscar en la cocina. Santa mierda. El apartamento de Drew Jagger era impresionante. Con la boca abierta, caminé dentro de la elegante cocina, bajando dos escalones hacia la sala a un nivel más inferior y fui hacia la pared de vidrio. Ventanas del techo al suelo enmarcaban una vista al Central Park que podría haber sido arrancada de una película. Después de observar el escenario por unos necesarios minutos, despegué mis ojos y regresé a la cocina. En el mesón de granito había una nota: Por el pasillo, primera puerta a la derecha. ¿Qué demonios?


Solo había un pasillo. Mis palmas estaban sudorosas cuando me estiré por el pomo. ¿Por qué estaba tan nerviosa? No tenía ni idea de qué esperar, así que abrí la puerta lentamente. Solo para encontrar… ¿un baño vacío? Todavía estaba sosteniendo la nota de la cocina en mi mano, así que revisé las instrucciones. Primera puerta a la derecha. Asumiendo que debía haber cometido un error, estaba a punto de cerrar la puerta cuando vi una nota pegada en el espejo sobre el lavabo. Encendí la luz y miré alrededor del cuarto antes de leerla. Era un baño jodidamente genial. Más grande que el cuarto de mi apartamento. Girando para ver mi reflejo, quité la nota pegada del espejo. Hay una bolsa en el mostrador. Te conseguí algunas cosas de baño para chicas. El control para los chorros también está en la bolsa. Feliz tardío cumpleaños. Disfruta tu día. P.D. Hay Motrin en el gabinete de medicinas. Inesperadamente, mis ojos se llenaron de lágrimas. El imbécil destructor de relaciones tenía un lado dulce.

Mi piel se estaba poniendo como una ciruela pasa. De hecho, había tomado una siesta de veinte minutos sumergida en la tranquila bañera y escuchando a Norah Jones. Drew había elegido sales de baño, baño de burbujas de lavanda, y dos pequeñas velas de lavanda. La extraña sensación que tuve quitándome la ropa y metiéndome en una bañera en una casa desconocida rápidamente se desvaneció cuando entré en el agua cálida. Había estado en la bañera por más de media hora, y el agua estaba empezando a enfriarse, aun así, todavía quería probar los chorros de remolino. Abrí el desagüe por un minuto, luego añadí un poco de agua hirviendo para calentar el agua de nuevo. Agarrando el pequeño control, presioné un par de botones, y la bañera se arremolinó con vida. Mmmm, eso se siente celestial. Incrementé la presión de los chorros en mi espalda y cubrí el que estaba a mis pies con el arco de mi pie derecho, simulando un masaje de pies. De verdad se sentía como un masaje. ¿Cuándo fue la última vez que alguien me dio un masaje? ¿Un hombre? había pasado un largo tiempo.


Demasiado. Razón por la cual, probablemente, cuando cerré mis ojos para disfrutar la sensación, comencé a pensar en cómo se sentiría esa sensación en otros lugares de mi cuerpo. Y eso llevó mi mente de regreso a Drew. Ese beso. Ese beso. Suspiré. No me había dado cuenta de que Baldwin había salido al pasillo, y Drew estaba solo haciéndolo para darle celos. Se había sentido tan real. Tan lleno de deseo. La forma en que presionó su cuerpo contra el mío, sosteniéndome tan fuerte, pensé que era hambre alimentando su beso. E incluso aunque había estado sorprendida al principio, mi cuerpo había reaccionado de inmediato. Fue por eso que, cuando me di cuenta que solo lo hizo porque Baldwin estaba mirando, para ponerlo celoso, estuve llena de tantas emociones mezcladas. Hoy estaba confundida por otra razón. Parecía estar más preocupada por las cosas poniéndose raras entre Drew y yo de lo que lo estaba por lo que Baldwin pensaría. Ya que tenía al hombre en la cabeza, decidí enviarle un mensaje. No estaba segura de si era alguien de mensajes; nunca lo había visto prestándole atención a su teléfono más que para responder llamadas. Emerie: Este podría ser mi regalo de cumpleaños favorito. Gracias. Mi patético corazón se aceleró cuando vi puntos empezando a saltar. Drew: Superar un regalo para arreglarte la vista, ¿el cual devolviste? Eres jodidamente fácil de complacer. Me reí. También moví mi pie para destapar el chorro y abrí mis piernas para sentir la presión del agua. Emerie: En verdad fue muy dulce de tu parte. Esta bañera es celestial. Drew: ¿Es? ¿Estás escribiéndome desde la bañera ahora? Emerie: Así es.


Drew: No puedes decirme mierdas como esa. Estoy en medio de una declaración, y ahora voy a estar distraído imaginándote desnuda en mi bañera. Empecé a escribir la respuesta, luego me detuve. Drew estaba imaginándome desnuda. Pequeños escalofríos cubrieron mi cuerpo, incluso aunque estaba cubierta por agua cálida. Sabía que estaba molestándome, aun así, había algo excitante con eso, y quería jugar. Emerie: ¿Te gusta lo que estás imaginando? Drew: Acabo de ajustarme los pantalones bajo la mesa. ¿Qué crees? Creo que… me gustaba la idea de Drew Jagger consiguiendo una erección al pensar en mí. Mi cuerpo estaba reaccionando a sus mensajes de la misma forma en que reaccionó a su beso anoche. Intenté pensar en algo sexi para responder, pero antes de que pudiera ocurrírseme algo ingenioso, los pequeños puntos estaban saltando de nuevo. Drew: ¿Cómo salieron las cosas con el Profesor Pendejo anoche después de que me fui? Ante la mención de Baldwin, la misma otra sensación que tuve anoche me golpeó como un balde de agua fría: un recordatorio de que Drew estaba siendo el grosero normal de siempre. Aun así, pensé que estaba siendo serio por un minuto. Emerie: No hay mucho que contar. Por alguna razón, no conté que Baldwin había preguntado si podía invitarme a salir esta noche para compensar el cancelarme. Los mensajes de Drew habían estado llegando en una rápida sucesión, pero se quedó en silencio por unos minutos. Finalmente, los puntos saltaron de nuevo. Drew: Diviértete. Debo volver al caso. No escuché de él después de eso. Me quedé sumergida unos minutos más en la bañera, y luego volví a la oficina. Mis citas de la tarde pasaron sin novedades, y el resto del día pasó volando mientras me ponía al día con la actualización de los archivos. Baldwin me escribió diciendo que había hecho


reserva a las siete para un lugar que no intentaría ni pronunciar, así que salí de la oficina a las cinco y media para refrescarme antes de la cena. Me cambié la falda y la blusa que había usado en la oficina por un pequeño vestido negro. No fue necesario buscar el restaurante al que iríamos; sabía que sería elegante. A diferencia de Drew, Baldwin no iba a billares clandestinos y bares, o comía hamburguesas grasientas de Joey’s. Lo gracioso era que, de verdad no tenía ganas de ir a un lugar pedante esta noche. Mientras ponía los pequeños aretes de perlas en mis orejas, me molesté conmigo misma por pretender que quería estar en esos lugares con Baldwin. La verdad del caso era, que había pretendido que me gustaban algunas de las mismas cosas que él solo para tener una razón para pasar tiempo juntos. Cuando Baldwin tocó sin demora a las siete, todavía no me sentía bien. Mi emoción de siempre había sido reemplazada por molestia. Estaba molesta porque me había cancelado anoche por la última mujer con la que estaba follando, y estaba molesta de haber pretendido que me gustaban cosas por él cuando claramente él no salía de su camino por mí. Abrí la puerta y lo invité a pasar para poder agarrar mi teléfono del cargador y cambiar de bolso. Mientras estaba en el cuarto, escuché un celular sonar en la sala de estar y luego la voz de Baldwin diciendo hola. Escuché un lado de la conversación mientras regresaba a la sala. —Probablemente a las once. Caminé a la cocina y abrí el bolso que había usado hoy para ir al trabajo y comencé a transferir un par de cosas a un pequeño bolso de mano. —Bien, sí. Será tarde, pero podemos hablarlo entonces. Pasé por mis mensajes mientras Baldwin terminaba su conversación. Un mensaje de Drew había entrado hace diez minutos. Drew: Voy de regreso. ¿Todavía estás en la oficina? Tengo que escribir una moción cuando llegue, va a hacer una noche larga para mí. Voy a ordenar comida china a domicilio. ¿Quieres algo? Empecé a responder y luego me detuve cuando Baldwin colgó y preguntó. —¿Lista?


—Claro. —Tomé mi nuevo bolso y fui al armario por mi abrigo. Baldwin; siempre tan caballeroso, tomó mi abrigo y se paró detrás de mí para ayudarme a ponérmelo—. ¿Debes trabajar después de cenar? —¿Mmmm? —La llamada. Te escuché decir que hablarías con alguien más tarde. —Oh. Era Rachel. Ambos tenemos eventos de trabajo este fin de semana, y quiere que vaya al suyo con ella después del mío. Le dije que lo hablaría cuando llegué allá más tarde esta noche. La pequeña burbuja de molestia que había estado amenazando finalmente se rompió dentro de mí. Extrañamente, no estaba de verdad molesta con Baldwin. Estaba enojada conmigo misma. Me giré para mirarlo. —¿Sabes qué? Lamento hacer esto de último minuto, pero he tenido un dolor de cabeza todo el día, y solo está empeorando. Me temo que no seré buena compañía esta noche. Baldwin fue tomado por sorpresa, frunció su ceño. —¿No quieres salir a cenar? —No esta noche. Lo siento. ¿Puedo postergarlo? —No había pretendido hacerlo, pero me di cuenta inmediatamente después de decirlo que Baldwin había usado la misma frase cuando me canceló anoche. ¿Puedo postergarlo? Después de que se fue, recordé que no le había escrito a Drew el mensaje que había empezado a digitar. Mi dedo se cernió sobre el mensaje Ya me fui, gracias por preguntar, hasta que empecé a borrar las palabras. Al diablo. Escribí algo sin permitirme pensarlo. Emerie: Comeré el cerdo moo shu.


Capítulo 21 —Parece que elegí el día equivocado para estar fuera de la oficina. Emerie se había quitado el abrigo, revelando un ajustado y corto vestido negro. Sonrió. Maldición. Había pasado el viaje a casa anoche convenciéndome a mí mismo de que ese beso fue por su propio bien. Estaba ayudándola. No era porque fuera hermosa, lista y no pudiera jugar ni mierda de billar y aun así no se quejara ni una vez cuando la llevé a uno. Fue porque el Profesor Pendejo necesitaba un pequeño incentivo para hacer su movimiento. Casi me había convencido también a mí. Pero me había estado carcomiendo todo el día. ¿Y si había agitado las cosas para finalmente actuar y lo había motivado a él también? Emerie se había derretido contra mí con ese beso. Había sentido su cuerpo rendirse, escuché ese pequeño ruidito que hizo, y supe que lo sintió como yo. El motor estaba todo encendido y listo para correr. Por ese imbécil. Mi declaración debería de haberse hecho en cuatro horas. Aun así, me tomó casi el doble de eso por mi falta de concentración. Más tarde esa noche, llamé a Yvette y cancelé la cita que habíamos hecho hace un mes. Yvette, la azafata que no quería un compromiso y tarareaba una dulce melodía mientras me daba una mamada. La mujer era material de oro para un soltero. —Se suponía que saldría y hubo un cambio de planes —dijo Emerie. Asentí. —Ven a comer. Tu moo shu se está enfriando. Se sentó en una de las sillas para invitados al lado contrario del escritorio. —Esto parece mucha comida. ¿Alguien más viene? —Te tomaste un tiempo para responder, así que ordené cosas extras en caso de que todavía estuvieras aquí. No estaba seguro de si te gustaba el pollo,


la carne, los camarones, así que conseguí de cada uno. El tipo del teléfono apenas hablaba inglés. Cuando llamé de nuevo para añadir el cerdo, supuse que era mejor añadirlo a la orden que intentar cambiarla. —Deslicé una caja de comida para llevar a lo largo del escritorio para ella—. Nada de platos. Nada de tenedores. Espero que puedas comer con palillos. —Apesto un poco con los palillos. Apunté con mi pulgar al techo. —Puedes ir arriba y conseguir un tenedor en mi apartamento, si quieres. Pero no he comido desde las seis de la mañana, así que quedas por tu cuenta con eso. Sonrió y rasgó el papel de los palillos. —Me las arreglaré. Pero no te burles de mí. No fue una tarea sencilla. La mujer tenía dos palillos izquierdos. Dejó caer más de lo que metió en su boca. Pero los dos rápidamente nos establecimos en un sistema sin hablarlo. Cada vez que dejaba caer un trozo de cerdo de camino a sus labios, sonreía y ella me miraba con los ojos entrecerrados. Era casi tan divertido como lanzarle insultos, pero con la mitad del esfuerzo. —¿Entonces qué pasó con el Profesor Pendejo anoche? Suspiró y se echó hacia atrás en su silla. —Nada. Me invitó a salir esta noche a cenar para compensarme por cancelar anoche. Me congelé con los dos palillos a medio camino de mi boca. —¿Te dejó plantada de nuevo esta noche? —No esta vez. De hecho, yo lo hice. Metí un camarón en mi boca. —Bien. Venganza. ¿Cómo se sintió? Una sonrisa se extendió por su hermoso rostro. —Jodidamente genial, de hecho. —¿Entonces es por eso que estás toda arreglada?


Asintió. —Se suponía que iríamos a un restaurante elegante para mi cena tardía de cumpleaños. Vino a mi apartamento para recogerme, y lo escuché hablando en su celular con Rachel diciendo que iba a ir con ella después de la cena. —¿Así que te dieron celos y cancelaste? —De hecho no. Me molesté conmigo misma. He pasado los tres últimos años aceptando cualquier sobra que se me ofrecía un hombre que nunca iba a verme como algo más que una amiga y vecina. Me merezco algo mejor que eso. No podía estar más de acuerdo. —Demonios claro que sí. Suspiró. —Necesito seguir adelante. Tomé un camarón con mis palillos y se lo ofrecí. —¿Camarón? —Bien. Pero ponlo en mi boca, o haré un rastro de salsa a lo largo de tu escritorio para cuando lo tome. Arqueé una ceja. —Lo pondré felizmente en tu boca. Abre grande. Se rió. —Puedes convertir algo tan inocente en algo tan sucio. —Es un don. Acerqué más mi oferta, y su hermosa boca se abrió para poder alimentarla. Cuando sus labios se cerraron alrededor de mis palillos, lo sentí directamente en mi polla. Me imaginé mi propia erección deslizándose dentro, siendo tragada por sus perfectos labios pintados. El sabor del camarón golpeó su lengua, y sus ojos se cerraron mientras apreciaba lo delicioso. En ese punto, necesité reajustar mis pantalones. De nuevo. Tragué, observándola tragar.


—¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo? Tosió, casi ahogándose con el pedazo de camarón esta vez. —¿Perdona? —Me escuchaste bien. Sexo. ¿Cuándo fue la última vez que lo tuviste? —Ya sabes mi historia. No he tenido una relación en casi un año. —¿Querías decir una relación sexual? Asumí cuando dijiste eso, que querías decir que no habías salido consistentemente con nadie en ese tiempo. —No. —¿Sabes que no todas las relaciones necesitan ser más que sexuales? —Claro que lo sé. Pero necesito algo más que un rollo de una noche. —¿Cómo qué? —No lo sé. Sin pensarlo demasiado, necesito sentirme a salvo con la persona. Necesito estar físicamente atraída por ésta. Necesitamos ser capaces de llevarnos bien después del acto, y necesito sentir que no se están aprovechando de mí… que nuestra relación, lo que sea que sea, no es unilateral. Si es únicamente sexo, está bien, pero ambos debemos de tener eso claro. Asentí. —Todo eso está bien. —Con ese punto, había perdido bastante de mi cabeza. Lo cual explicaría cómo mi siguiente pensamiento se abrió paso por mi cerebro y se disparó directamente a través de mis labios—. ¿Cómo aplico para el trabajo? —¿El trabajo? —De verdad parecía confundida. Pensé que estaba jodidamente claro. —De compañero sexual. Creo que deberíamos tener sexo.


Capítulo 22 —Estás loco. —¿Por pensar que deberíamos tener sexo? ¿Cómo eso me convierte en loco? —Somos bastante opuestos. Crees que una relación es el periodo de tiempo que las personas pasan juntas antes de que uno joda al otro. —¿Y? —Creo en el amor, el matrimonio y hacer funcionar las cosas. —No estoy hablando de esas cosas. Estoy hablando de sexo. Sé que ha pasado un tiempo, pero eso es cuando un hombre y una mujer… Lo interrumpí. —Sé qué es el sexo. —Bien. También yo. Entonces hazlo conmigo. —Es una locura. —¿Te sientes a salvo conmigo? —¿A salvo? Sí. Supongo. Sé que no dejarías que algo me sucediera. —¿Te sientes físicamente atraída por mí? —Claramente sabes que eres apuesto. —Y si ambos tuviéramos en claro lo que está pasando, no te sentirías como si se estuvieran aprovechando de ti. —Drew echó su cabeza hacia atrás—. Reúno todos tus requisitos. —Guiñó un ojo—. Además, tengo una gran bañera. Eso es un extra. Ahora que lo pienso, tal vez debería investigarte mejor. Soy una gran presa.


No pude evitar reírme por el absurdo. —Ves. Otro extra. Te hago reír. No se equivocaba con eso. Honestamente, en las dos últimas semanas, Drew Jagger había removido muchas cosas dentro de mí que no había sentido en mucho tiempo. Me mordí el labio. Mi estómago se sintió como una secadora con una carga de ropa a la mitad; rebotando alrededor por todas partes mientras las cosas se calentaban. No podía creer que estuviera siquiera considerando lo que había sugerido. —¿Hace cuánto tiempo estuviste con una mujer? —El día antes de conocerte. —Entonces hace unas semanas. ¿Estabas saliendo con ella? —No. La conocí mientras estaba de vacaciones en Hawái. —¿Se conocieron antes de tener sexo? —No tenía ni idea de por qué estaba siquiera haciendo la pregunta. Drew dejó su contenedor sobre la mesa. —Me dio una mamada en el baño menos de media hora después de conocernos en el restaurante bar. Arrugué la nariz. —¿Querías que te mintiera? —Supongo que no. Sin embargo creo que habría preferido que esa no fuera tu respuesta. Asintió. —Querías creer que hubo romance y algo exótico, que era más de lo que fue. Solo fue sexo consensuado entre dos adultos. No siempre tiene que haber más que eso. Terminé mi comida china y me incliné hacia atrás, doblando mis manos sobre mi estómago lleno. —Aunque es tentador… —Sonreí—. Mayormente por la bañera. No creo que sea una buena idea. Pasamos demasiado tiempo juntos para tener nada más que sexo.


El pulgar de Drew rozó su boca, y frotó su lleno labio inferior. —Podría desalojarte. —Entonces definitivamente quiero tener sexo contigo. Porque nada me excita más que ser echada a la calle —bromeé. Drew rodeó el escritorio hasta llegar a mi lado y llevó mi caja vacía hacia su basura. Lo sentí venir detrás de mí cuando regresó. Inclinándose, con su cabeza sobre mi hombro, su aliento cosquilleó en mi cuello cuando habló. —Si cambias de opinión, sabes dónde encontrarme. Incluso aunque en realidad no me gustaba estar sola, un poco después de terminar de comer, le dije a Drew que necesitaba volver a casa para hacer algo de trabajo. Su mensaje de antes había dicho que tenía horas de trabajo por hacer cuando llegara a la oficina, y no quería retrasarlo. Además, necesitaba un poco de tiempo para dejar que la discusión que habíamos tenido se asentara. Aunque toda la proposición fue extraña, no podía negar honestamente que la idea de tener una relación sexual con Drew era atractiva.

Mientras las cosas regresaban a la normalidad entre Drew y yo en la oficina durante los siguientes días; y por normal me refiero a él ridiculizando los consejos que me escuchaba dar a mis pacientes, y yo le sugería que buscara en su trasero por sus éticas perdidas después de que lo escuchaba darles consejos a sus clientes; las cosas entre Baldwin y yo permanecían tensas. Lo escuché abrir y cerrar su puerta ayer en la mañana, y hubo un golpe en la mía después, así que actué muy madura y pretendí que no estaba en casa. No tenía ni idea de por qué estaba evitándolo cuando en realidad no había hecho nada malo. Así que, al día siguiente, cuando golpeó de nuevo, respiré profundamente y me comporté como una adulta. —He estado preocupado por ti —dijo. —¿Sí? No pretendía preocuparte. Solo he estado ocupada con el trabajo. —Eso es bueno, supongo. Me alegra que todo esté saliendo de la forma en que lo planeaste con tu mudanza. No todo. Pero no importa.


—Sí. Estoy feliz con la forma en que está desarrollándose mi práctica. —¿Estás libre para desayunar? Estaba esperando que pudiéramos hablar un poco. Ponernos al día con todo lo que está pasando. Así era, pero mentí. Mirando mi reloj, vi que eran las siete y media. —De hecho, tengo una sesión de consejería a las ocho y media, y no he terminado de organizarme. —¿Cena? —Todo mi día está muy lleno. —Sonreí débilmente—. Estaré ocupada hasta tarde transfiriendo mis notas a los archivos de los casos. Baldwin frunció el ceño. —Almuerzo. Podemos comer en tu oficina, si quieres. No iba a tomar un no por respuesta. —Mmmm… claro. Después de que se marchase, pensé mejor el tener a Baldwin en la oficina para el almuerzo y le escribí que lo vería en un restaurante cerca. No que estuviera preocupada de que Drew se molestaría ni nada, pero no había cómo saber que podría salir de la boca de Drew.

No es lo que dices, es cómo lo dices. Hoy, me gustaría decirte __________, y demostrarte que lo digo en serio.

Después de añadir la frase diaria a mi tablero, lo añadí a mi sitio web y luego empecé a revisar mis casos. Tenía una sesión de terapia esta tarde, y quería estar preparada en caso de tardar en volver del almuerzo. Baldwin había escrito antes que había hecho reservaciones en el Seventh Street Café, un restaurante del tipo de servilletas de tela que podría tardarse un poco en preparar sus elaborados platos. No hacían hamburguesas. Hacían


hamburguesas de carne Kobe con semillas de hinojo y grasa de pato ecológica; algo que sonara exótico para justificar el precio de veinticinco dólares. Media hora antes del almuerzo, fui sorprendida cuando Baldwin apareció en la oficina en lugar de verme en el restaurante como planeamos. —¿Pensé que nos íbamos a ver en el Seventh Street Café? —Estaba en el vecindario, así que pensé en recogerte de camino. Le dije que entrara en mi oficina para poder agarrar mi abrigo y apagar mi portátil. Drew había estado en una conferencia telefónica toda la mañana, y por supuesto terminó justo en ese momento. Entró a mi oficina sin saber que alguien estaba ahí. —¿De qué tienes ganas? Estaba pensando en perros calientes callejeros. Tenía ganas de caminar hasta… —Se detuvo en el lugar cuando vio a Baldwin—. No me di cuenta de que tenías compañía. Capté la pequeña tensión en su mandíbula. Definitivamente no le caía bien Baldwin. Por supuesto, Baldwin no ayudó a la causa. Respondió sarcásticamente. —Sí. Tenemos una cita para almorzar en un lugar donde no sirven comida basura. Drew me miró, y sus ojos expresaban lo que no le dijo en voz alta a Baldwin. Entonces se dio vuelta y volvió a su oficina, diciendo únicamente: —Disfruta tu comida limpia… —Sobre su hombro mientras se iba. Casi había salido de la oficina cuando Baldwin se detuvo para leer la frase diaria. Se giró hacia mí. —¿A tus clientes les gustan estás cosas? Estaba a la defensiva. —Sí. Coloco la misma frase diario en mi sitio web donde las personas se conectan y desconectan para sesiones de consejería por video. Dejar a las personas con una frase motivadora y una sugerencia para dar más en su relación es un refuerzo a mis sesiones.


—Supongo que eso depende de qué estés sugiriendo. Estaba confundida sobre qué no le gustaba al respecto, porque de hecho había conseguido la idea de las frases diarias de unas de sus sesiones de asistente técnico en la universidad. No podía imaginar por qué parecía perturbado con que las usara. Mientras salía por la puerta, me detuve para releer mi frase. Drew. Iba a matarlo. La había modificado. De nuevo. Yo había escrito:

No es lo qué dices, es cómo lo dices. Hoy, me gustaría decirte ________, y demostrarte que lo digo en serio.

Él debió haberla cambiada cuando la puerta estaba cerrada. Ahora decía:

No es lo qué haces, es con quién lo haces. Hoy, me gustaría hacértelo. Y lo digo en serio.


Capítulo 23 —Tengo un regalo de cumpleaños tardío —dijo Baldwin mientras esperábamos en el vestíbulo del restaurante a que el anfitrión terminara de acomodar a la gente delante de nosotros. —¿Sí? Sonrió y asintió. —Tienes una entrevista para un puesto de auxiliar en dos semanas. Es solo enseñando una clase, pero te pondrá con un pie dentro. —¡Oh Dios mío, Baldwin! —Sin pensarlo, pasé mis brazos alrededor de su cuello y le di un gran abrazo—. Muchas gracias. Eso es… —Estaba por decir el mejor regalo que podría haber pedido este año, pero entonces recordé lo que Drew me había dado y me corregí a mí misma—. Es asombroso. Muchas gracias. El anfitrión vino y nos sentó, y pasamos la siguiente hora hablando sobre trabajo y el profesor con quién tendría la entrevista. Fue agradable ponerme al día con Baldwin… de verdad disfrutaba de su compañía. Me di cuenta de eso durante el último mes, mi frustración por los sentimientos que tenía por él había empezado a interferir con nuestra relación. Era hora de avanzar y disfrutar de lo que teníamos por cómo era. Después de que terminamos de comer, la mesera se llevó nuestros platos, y Baldwin ordenó un espresso. Dobló sus manos sobre la mesa y movió el tema de conversación lejos del trabajo. —¿Entonces estás saliendo con el abogado con quién compartes el espacio? —No. Ese beso que viste fue el resultado de muchas margaritas. Baldwin frunció el ceño, pero asintió.


—Bueno, está bien. No estoy seguro de que sea el tipo de persona con quién deberías involucrarte. —¿Qué significa eso? Sí, estaba enojada en el momento con Drew, y planeaba patear su trasero cuando regresara a la oficina, pero Baldwin no iba a hablar mal de él cuando ni siquiera lo conocía. —Parece… no sé. Torpe. —Es directo. Y algunas veces un poco grosero. Pero de hecho es bastante considerado una vez que lo conoces. Baldwin estudió mi rostro. —Bueno, me alegra que no haya nada entre ustedes. Soy protector contigo. Ya lo sabes. Qué gracioso, en el corto tiempo que he conocido a Drew, de hecho, sentí que él era quien era protector conmigo.

La puerta de Drew estaba cerrada cuando regresé a la oficina. Escuché para asegurarme que no estuviera en una llamada y luego la abrí ampliamente. —¡Eres un imbécil! —Ya me han dicho eso. ¿Cómo estuvo tu almuerzo con el Profesor Pomposo? —Delicioso —mentí. Mi hamburguesa elegante ni siquiera era tan buena—. Baldwin leyó lo que escribiste en mi tablero. Necesitas dejar de joderme. Sonrió. —Pero es tan divertido meterme contigo. Y no me dejas joderte. Así que debo complacerme de alguna forma. —Pero estoy segura de que ahora cree que no soy profesional con mis clientes.


Drew se encogió de hombros. —¿Por qué no le dijiste que yo lo escribí? —Ya no le caes muy bien. No quería empeorarlo. —No me importa ni una mierda lo que piense de mí. ¿Por qué te importa a ti? Esa era una muy buena pregunta. Una para la cual no tenía respuesta. —Solo me importa. Me miró. Y entonces comenzó a frotarse ese maldito labio lleno con su pulgar. —¿Quieres saber lo que creo? —¿Tengo opción? Drew rodeó su escritorio e inclinó su cadera contra el frente. —Creo que te gusto. Es por eso que te importa lo que ese imbécil piense. —Ahora mismo no me gustas mucho. Sus ojos caen a mi pecho. —A parte de ti sí le gusto. —Bajé la mirada para encontrar mis pezones duros y erectos. Las malditas cosas prácticamente estaban sobresaliendo a través de la blusa de seda. Traidores. Crucé mis brazos sobre mi pecho. —Hace frío aquí. Drew se apartó del escritorio y dio unos pasos más cerca de mí. —No hace nada de frío. En realidad, creo que hace calor. —Agarró el nudo de su corbata y lo aflojó. Maldición, ¿por qué creo que eso es sexy? Mi corazón golpeteó contra mi pecho. Dio un paso más cerca. Tal vez dos pasos nos separaban ahora. —Creo que le gusto a tu cuerpo, y tu cabeza está luchando. Los dos deberían resolverlo como adultos… desnudos en una habitación conmigo.


—Creo que estás loco. Y soy una psicóloga, así que mi diagnóstico es probablemente el más acertado. Dio otro paso. —Así que si levanto esa falda tuya y meto la mano entre tus piernas, ¿no estarías mojada? Mi piel se calentó, y no estaba segura de si era por escuchar a Drew decir que quería meter la mano entre mis piernas o la necesidad que sentí de que de verdad lo hiciera. No podía levantar la mirada y enfrentarlo, pero tampoco podía alejarme. Lo miré desde el nivel de mi rostro; era mucho más alto que lo que veía de la caída y subida de su pecho. Cada respiración fue más profunda, y la mía se unió a su ritmo. —Mírame, Emerie. —Su voz era profunda y confiada. Drew esperó hasta que mis ojos encontraran los suyos cerrando la brecha entre los dos con un pequeño paso—. Tienes tres segundos para salir de mi oficina. De lo contrario me estás dando el permiso para hacer lo que quiera contigo. Tragué. Mi voz rota mientras sostenía su mirada. —Vine aquí para gritarte. —Me gusta cuando estás enojada. —Se detuvo—. Uno. —¿Te gusta cuando estoy enojada? —Parece que me excita. Dos. —No harás nada cuando llegues a tres si te digo que pares. Se acercó más. —Claro que no. Confías en mí. Pero no me dirás que pare. —Pausó—. Ultima oportunidad. Me quedé inmóvil mientras contaba el último número. —Tres. Antes de que pudiera objetar, la boca de Drew se estrelló contra la mía. Su labio inferior era tan perfectamente suave y lleno. Había estado mirándolo durante semanas, y de repente toda esa insana mirada lujuriosa se apoderó de mi cerebro. Agarré su corbata y lo acerqué aún más mientras succionaba


ese labio inferior. Él respondió con un gruñido y estiró las manos rodeándome, cada una yendo a mis nalgas mientras me levantaba del suelo y apretaba con fuerza. Mi falda subió mientras mis piernas se envolvían en su cintura. Dio un par de pasos hasta que mi espalda chocó contra la pared, luego me sujetó a ésta con mis caderas, así podía liberar sus manos. Dios, sabe todos los trucos. Su boca empezó a succionar mi cuello, y escuché el frufrú de la correa siendo sacada por los ojales. Ese sonido. Sonaba tan forzado y desesperado. Si ya no hubiera estado mojada, lo habría estado después de escuchar eso. —¿Tienes alguna reunión para hoy? —No. Solo sesiones por video. ¿Tú? —Gracias a Dios. —Agarró mi camisa, con una mano a cada lado, y la rompió abriéndola. Los botones de perla cayeron al suelo. Sus pulgares bajaron el frente de mi sujetador, y se inclinó, succionando un pezón dentro de su boca. Con fuerza. —Oh, Dios. —Arqueé mi espalda. Dolió, pero quise más. Fui a agarrar sus pantalones, pero por la forma en que me tenía sujeta, no podía alcanzarlos. Aun así, necesitaba algo. Así que enredé mis dedos en su cabello y tiré mientras incrementaba de nuevo su succión. Nunca en mi vida sentí tanto deseo. Era tan poderoso, quería provocarle dolor. Lo cual era completamente raro para mí. Me gustaba el sexo dulce y amoroso. Esto era pura necesidad carnal sin adulterar. Mi cuerpo estaba tan inquieto, zumbando cerca del clímax febril, que casi perdí el control cuando su mano se movió entre mis piernas. Moviendo mis bragas a un lado, gruñó ante mi humedad. —Sabía que estarías empapada. —Entonces deslizó dos dedos dentro de mí, y dejé salir un fuerte gemido. Había pasado mucho tiempo. Demasiado tiempo.


—Drew —suspiré una advertencia. Si no desaceleraba, iba a venirme—. Despacio. —De ninguna jodida forma —gruñó—. Iré despacio después de que te vea correrte en mis dedos. Me tomaré mi tiempo cuando lama cada gota de dulce jugo de este pequeño coño apretado. Pero ahora mismo, no voy a ir despacio. —Empujó sus dedos dentro y fuera y luego encorvó uno justo en el ángulo correcto, y me hizo perder el control por completo. Gemí a través de mi clímax, sin estar avergonzada de que le hubiera tomado menos de cinco minutos el hacerme venir. —Dios, Emerie. Esa es la cosa más sexy que he visto. Estaba por decirle que debería hacer que sucediera de nuevo, cuando una voz hizo eco a través de la habitación. —UPS. ¿Drew, eres tú?

Drew tenía un par de camisas de repuesto en la parte de atrás de la puerta de la oficina, así que agarré una mientras él iba a reunirse con el tipo de las entregas de UPS. Nos habíamos quedado inmóviles, esperando que se fuera, pero debió haber escuchado algo porque comenzó a avanzar por el pasillo dirigiéndose a nuestras oficinas, lo cual obligó a que Drew saliera a regañadientes a encargarse de él. Ahora estaba enloquecida, abotonando una camisa de hombre que era diez tallas demasiado grande para cubrirme; como si Drew fuera a dejar que el tipo de UPS viniera a decir hola o algo. Dos minutos atrás, había estado más allá de lo alto, lo cual hizo que la caída rápida me golpeara con fuerza. ¿Qué estoy haciendo? Claro, Drew era sexy, y estaba físicamente atraída por él. No había como negarlo. Pero esto era un error. Queríamos cosas diferentes en la vida. El hecho de que disfrutaba de su compañía y pasaba cada día con él haría muy difícil separar el sexo y las emociones. Él era como una droga; sé que no debería, pero la adición se formó rápidamente. Estaba en botón del final, cuando Drew entró a la oficina. —El tipo de UPS cree que estaba masturbándome.


—¿Qué? ¿Por qué? —Tenía un paquete para ti y preguntó si estabas. No quería que pidiera que lo firmaras, así que dije que no, que estaba solo hoy. —¿Y? ¿Cómo eso terminó en que pensara que estabas masturbándote? —Cuando fue a pasarme la tableta electrónica para firmar, noté que sus ojos fueron a esto. —Drew apuntó hacia abajo. Tenía un bulto considerable, y podía ver claramente el contorno de su pene apuntando a través de sus pantalones. Su cierre también estaba abierto y parte de su camisa estaba colgando fuera. Puse mi mano sobre mi boca y reí. —Oh Dios mío. —Luego lancé un segundo vistazo a sus pantalones. Oh Dios mío. El pene de Drew era tan ancho y largo que parecía que estaba cargando un bate de béisbol. No me había dado cuenta todo el tiempo que me quedé mirando hasta que Drew se rió. —Deja de mirarlo así, o no voy a ser educado y dejar que lo tomes de a poco cuando estés chupándolo en un rato. Dios, es tan grosero. Dios, quiero chupar esa cosa. Sacudí mi cabeza y obligué a mis ojos a mirar a los de Drew. Los suyos estaban bailando con diversión. —¿Algo que necesitas hacer antes de subir? —¿Subir? —A mi apartamento. Quiero asegurarme que la primera vez que esté dentro de mí, no tengamos interrupciones. —Pero… no creo… Drew me calló antes de que pudiera terminar mi frase presionando sus labios contra los míos. Cuando nos separamos por aire, estaba mareada. Me miró a los ojos.


—No pienses. No hoy. Piensa mañana. Si quieres que esto sea algo de una sola vez, lo aceptaré. Pero hoy sucederá. Mi cerebro gritaba no, pero mi cabeza asintió. Sonrió. —¿Está bien? —Está bien. Metió la mano en su bolsillo y sacó sus llaves. —Toma tu portátil y tu teléfono. Sube a mi apartamento y cancela lo que sea que tengas por el resto del día. Haré lo mismo y subiré en quince minutos. —¿Por qué no podemos hacer eso aquí abajo? —Porque tengo una erección gigante, y verte con mi camisa no ayudará a eso para nada. Ya es suficientemente malo que la forma en que te deshaces al venirte esté grabada en mi cerebro. Necesito tener las cosas bajo control para no avergonzarme. —Oh. Sonrió. —Sí, oh. —Entonces me besó en los labios castamente y me envío arriba con una palmada en mi trasero—. Ve.


Capítulo 24 No tenía nada sexy que usar, así que hice mi mejor esfuerzo. Retrasando hacer las llamadas a mis clientes, primero arreglé rápidamente mi cabello despeinado y maquillaje. Por suerte, estaba usando un bonito sujetador de encaje negro y una tanga a juego, así que me quité la falda y decidí esperar por Drew sólo usando su camisa de vestir, la cual desabotoné un poco para exponer el sujetador de encaje. Satisfecha por cómo me veía, fui a la sala para llamar mi agenda en la computadora y empezar a cancelar mis pacientes de la tarde. Estaba mirando por la ventana, en mitad de mi última llamada, cuando escuché la puerta principal abrirse. La calma que había dejado penetrar mientras trabajaba en reprogramar a mis pacientes de repente fue espantada por un enjambre de mariposas en mi vientre. Tess McArdle estaba en medio de una historia sobre su reciente cita con el doctor; sin ninguna relación con nuestra consejería; y pensé que era mejor no dar la vuelta y mirar a Drew. Ya estaba teniendo un momento difícil para terminar la conversación ahora que el cerrojo de la puerta se había abierto. No podía apartar mis ojos del reflejo de Drew en la ventana. Dejó sus llaves sobre el mostrador, vació sus bolsillos, sacó lo que sospechaba podría ser un condón fuera de su billetera, y se acercó detrás de mí. Sus ojos nunca dejaron el cristal todo el tiempo. Hice mi mejor esfuerzo para colgarle a la señora McArdle, pero ella no captaba la pista. Drew estaba lo suficientemente cerca que podía sentir el calor de su cuerpo a mi espalda, pero no me tocó. En cambio, empezó a desvestirse. Primero la camisa. Su pecho era tan esculpido y hermoso. Podía ver todas las pequeñas líneas cinceladas de su abdomen. Si se veía tan bien en el


reflejo de la ventana, ni siquiera podía imaginar lo locamente precioso que iba a ser cuando lo mirara directamente. Luego siguieron los zapatos y las medias y luego… los pantalones. Mis ojos estaban pegados en sus dedos mientras rápidamente iban al botón y al cierre y sus pantalones caían al suelo. Salió de estos y los pateó a un lado. Contuve el aliento cuando sus dedos fueron a la cinturilla de su ropa interior y dejé salir un jadeo audible cuando rápidamente la bajó por sus piernas. —¿Emerie? ¿Estás ahí? ¿Estás bien? Mierda. Mierda. No había escuchado ni una palabra de lo que la señora McArdle me dijo en el último minuto, y me había escuchado jadear. —Sí. Lo siento, señora McArdle —dije, completamente sonrojada—. Una… una… araña gigante acaba de subir a mi escritorio y me sorprendió. Drew me sonrió en el reflejo. Estaba disfrutando esto. Tal vez demasiado. Tomando su polla en su mano, comenzó a acariciarse mientras me miraba. —Señora McArdle, lo siento, de verdad debo irme. Alguien vendrá en un minuto. Drew se inclinó y besó mi cuello, susurrando en la oreja que no estaba presionada en el teléfono. —Oh, alguien está por venirse muy bien. —Deslizó su mano por la parte de atrás de la camisa y tocó mi trasero—. Voy a follarte contra la ventana. Apreté mis muslos, pero no hice ni una maldita cosa para detener la ondulación entre mis piernas. Cuando su mano en mi trasero se deslizó entre mis muslos y frotó la humedad de mis labios hasta mi trasero, mis piernas empezaron a temblar. ¿Estaba planeando en poner esa cosa enorme ahí dentro? Nunca había hecho eso, y no estaba muy segura de comenzar con esa cosa gigante. Continuó masajeándome, extendiendo mi humedad por todas partes. Para cuando finalmente le colgué a la señora McArdle, estaba más lubricada que cuando me encargaba de mi misma y de verdad usaba lubricante. Dejé que mi celular cayera al suelo, sin importarme si se rompía en el proceso, y me incliné hacia atrás contra Drew mientras deslizaba dos dedos dentro de mí.


—Tan mojada y lista. —Su voz era tan baja y grave; estaba en serio corriéndome con él hablando. Sus palabras. El tono. La forma en que no estaba preguntándome, sino diciéndome lo que iba a hacer—. Amo tu cuerpo. Amaba la forma en que me hacía sentir. —¿Puede… la gente puede ver? —Apenas y era coherente, pero cuando abrí mis ojos pude ver personas en la calle. Seguro, estaban muy lejos. Pero aun así. Sus dedos continuaron deslizándose dentro y fuera de mí. —¿Importa? Si había oportunidad de que alguien viera, ¿me detendrías ahora mismo? Respondí honestamente. —No. —No le diría que se detuviera ni aunque tuviéramos una audiencia viendo, esperando para sostener letreros con nuestra calificación por desempeño. Ya estaba muy perdida para eso. —Bien. —Sus dedos momentáneamente salieron de mí, y antes de que pudiera entender que pasaba, Drew estaba abriendo mi camisa. Bueno, técnicamente, eran los botones de su camisa chocando contra el vidrio. —¿Tienes algo en contra de los botones? —Tengo algo en contra con que uses ropa. De alguna forma se las arregló para quitar su camisa, mi sujetador y bragas en tiempo récord, y entonces mi cuerpo cálido estaba contra el frío vidrio de las ventanas. —Tal vez puedan verte allá abajo. —Deslizó una mano entre mis pechos y el cristal y pellizcó uno de mis pezones—. Tal vez hay un hombre en uno de esos edificios de allá. —Movió su barbilla a los edificios diagonales a nosotros, alineándose al otro lado del parque—. Está mirándonos con unos binoculares y acariciando su polla, pretendiendo que está frente a ti mientras estoy detrás de ti. —Oh, Dios. —La ventana estaba tan fría, y mi cuerpo estaba en llamas. Drew succionó mi hombro, subiendo por mi cuello, y finalmente llegando a mi oído.


—Ábrete para mí, Em. Habría saltado por la ventana si me lo hubiera dicho en ese momento. Abrí mi postura, separando mis piernas, y Drew envolvió un brazo alrededor de mi cintura, subiendo mi trasero hacia él y obligando a mi espalda a arquearse mientras mis pechos se quedaban presionados en el vidrio. Entonces agarró su polla, envainada, y se agachó un poco para guiarse dentro de mí. Empujó dentro y fuera un par de veces, cada empuje yendo más profundo hasta que estuvo dentro por completo. Nunca había estado con un hombre que fuera tan grueso, y cada caricia coaccionó mi cuerpo para envolverse a su alrededor como un guante. —Mierda. Te sientes tan bien. Tu pequeño coño apretado me aprieta tan fuerte. Quieres que te llene, ¿verdad? Tu cuerpo quiere succionar el semen de mi polla. Dios, amaba su boca sucia. Gemí y empujé contra él, tomándolo más profundo. —Sí. Drew. Por favor. El apartamento estaba en silencio con excepción del ruido de nuestros cuerpos mojados chocándose entre sí. Parecía hacer eco a nuestro alrededor. El exquisito sonido debió de enloquecerlo tanto como a mí, porque Drew empezó a empujar más fuerte y profundo. Mis ojos habían estado cerrados mientras me perdía en el placer de mi cuerpo, pero cuando los abrí, se fijaron en los de Drew en el reflejo, y eso me empujó. Me vine con fuerza y largo, sin romper el contacto visual mientras gemía a través de este. —Mierda. Eres hermosa —murmuró Drew mientras daba un profundo empujón, y luego sentí una sensación pulsando en mi interior mientras soltaba su semen cálido y me decía una y otra vez lo hermosa que era. Desaceleró a un ritmo lánguido después de eso, finalmente saliendo de mí para poder encargarse del condón. Cuando regresó, todavía estaba en mi sitio en la ventana, y me sorprendió al levantarme en brazos. —¿Qué haces? —Te llevo a la cama.


Apoyé mi cabeza contra su hombro. —Estoy exhausta. Drew sonrió. —No hablo de ir a dormir. Estoy hablando de follarte apropiadamente la próxima vez. —¿Apropiadamente? —dije. —Sí. Necesito cerca de diez minutos. Pero no puedo esperar para tomarme el tiempo para mirar tu rostro deshacerse en mi cama. —¿Diez minutos? —Podría necesitar unas horas. Drew se rio y besó mi frente. —Tomaremos un baño después del round dos. ¿Qué tal suena eso? Celestial. —¿Vas a negarme esa bañera si estoy muy cansada para el round dos? —No te preocupes. Haré el trabajo. Puedes recostarte, disfrutar de mi lengua, y soñar con ese baño. —Y pensar, que le dijo que no a todo esto ayer. —Esa será la única vez que me digas que no. —¿Es así? —Puedes apostar tu trasero a que sí. Ahora que sé lo buenos que somos juntos, puedes decir que no, pero no lo aceptaré como respuesta.

—Dejé una marca. —Drew ahuecó un puñado de agua caliente y lo dejó caer en grandes gotas sobre mi protuberante pezón. Estaba acomodada entre sus piernas mientras nos sumergíamos en la bañera juntos. —¿Dónde? —Aquí. —Apuntó a una marca roja que no había notado en mi seno. —Está bien. Probablemente nadie la verá.


Se tensó. —¿Probablemente? —Quiero decir que será cubierto que mi sujetador, así que incluso si me desvisto para alguien, como en un vestidor o en el doctor, probablemente no se verá. —¿Entonces no planeas acostarte con nadie antes de que desaparezca? Incliné mi cabeza para mirarlo. —¿Esto es algo más que una cosa de una sola vez? Drew me miró a los ojos. —Lo es. —Bien, entonces. Nadie verá mi piel marcada, así que no debes preocuparte por eso. Su mandíbula se relajó. —Bien. Porque no es la única marca que dejé. —¿Qué? ¿Dónde más? —Aquí. —Toqué un punto en su clavícula—. Aquí. —Apuntó un punto justo bajo mi oreja—. Y estoy muy seguro de que encontrarás un par más en el interior de tus muslos. Me reí. —Esos definitivamente no me importaron. Pero no puedes dejar chupetones en mi cuello donde los pacientes pueden verlos. La mayoría de ellos están pasando por momento complicados en sus relaciones, y no debería tener que ver la prueba de que estoy pasándola bien en la noche. —Entendido. Limitaré mis marcas a tus tetas, muslos, coño y culo. —Tienes una boca sucia, ¿sabes? Pellizcó mi pezón. —Parecía que no te importaba cuando estaba dentro de ti. —Sí, bueno… —No tenía nada que decir ya que tenía razón. También sentí mis mejillas calentarse.


Drew se rio. —Has montado mi cara, y que diga tetas y coño todavía te hace sonrojar. —Cállate. —Lo salpico con agua Drew encendió los chorros, y me relajé contra sus brazos, disfrutando del masaje del agua. El sonido arremolinado estaba de fondo y tenía un efecto calmante en mí. Aunque, tenía algo en mi cabeza la ultima hora, y no podía sacármelo. Después de un rato, los chorros se apagaron, y encontré mi valentía. —¿Puedo preguntarte algo? —Tu culo está presionado contra mis bolas. Así que estoy suponiendo que no es una pregunta que quiera responder si esperaste hasta ahora para preguntar. Que sabiondo. Pregunté de todas formas. —¿Qué pasó en tu matrimonio que pediste el divorcio? Suspiró. —Ya es estás arrugando como una ciruela pasa. ¿Segura que quieres escucharlo? Puede que parezcas de noventa una vez que termine de descargar toda la mierda que sucedió con Alexa. Alexa. Ya la odiaba, sólo por su nombre. —Dame la versión corta. —La conocí mi último año en la universidad. Se embarazó tres meses después de acostarnos. ¿Tiene un hijo? —Vaya. ¿Entonces te casaste? —Sí. Era la decisión más inteligente, en retrospectiva. Pero parecía dulce e iba a tener a mi bebé. También había vivido un estilo de vida diferente del mío, creciendo con dinero, así que quería mantenerla a ella y mi bebé. —Eso es muy noble de tu parte. —Creo que confundes nobleza con inocencia.


—Para nada. Creo que es increíble que quisieras asegurarte de que tuviera una buena vida. —Sí, bueno… la versión corta de la historia, no era la persona dulce que pretendía ser al principio. Pero seguí intentándolo por un tiempo. —¿Qué te empujó a terminarlo? Drew estuvo en silencio por un rato. Cuando habló de nuevo, su voz se rompió. —Terminó la noche en que tuvo un accidente con mi hijo en el auto.


Capítulo 25 Miré la cruz en la pared de mi hijo. Me había inspirado a rezar hace exactamente un año. La cuna sobre la cual había colgado no estaba, había sido cambiada a una cama de plástico para niño con forma de auto de carreras. Pero había colgado la cruz de nuevo después de que Dios me dejó un indicio de que no tenía suerte en desear por la salud de mi papá. Murió hace tres días. Después del servicio esta mañana, un par de personas habían venido a nuestra casa para almorzar. Estaba agradecido de que ya se hubieran ido; necesitaba el silencio. También quería un par de tragos en paz. Giré el líquido ámbar en mi vaso. La puerta se abrió, pero no me molesté en girarme. Brazos se envolvieron alrededor de mi cintura desde atrás y las manos se cerraron juntas, cubriendo la hebilla de cinturón al frente. —¿Qué estás haciendo aquí? Beck está en Play Place con la niñera. No regresará en una hora o dos. —Nada. —Ven a la sala de estar. Déjame masajearte los hombros. El último año entre Alexa y yo había sido difícil. No era que discutiéramos mucho, pero la novedad había pasado hace mucho de nuestra relación. Teníamos tres cosas en común: A ambos nos gustaba el sexo. El dinero; yo lo ganaba, ella lo gastaba. Y nuestro hijo.


Pero cuando estás trabajando diez horas al día, y luego las noches y fines de semanas estás cuidando a tu padre quien literalmente se está muriendo ante tus ojos, incluso el sexo toma un segundo plano. Antes de que mi padre empezara a deteriorarse tan rápido, había intentado tomar un interés en los nuevos pasatiempos de mi esposa, darnos algo más en común. Pero aparte de ir a una de las obras que sus clases estaban organizando, no fue fácil. Tenía sexo con ella, pero me decía que no ponía suficiente esfuerzo en mi desempeño. Eso era porque probablemente no era un jodido actor. Fui a ver los ensayos de su obra, y me dijo que mi presencia la hacía pensar demasiado en su presentación. Finalmente, me rendí. Aunque los últimos días, había sido absolutamente increíble. Me di vuelta, y abracé a mi esposa, besando la cima de su cabeza. —Sí. Vamos. Mis hombros están anudados. Me gustaría eso. Después de quince minutos, había empezado a relajarme; hasta que Alexa volvía a poner la tensión en mi cuello. —Deberíamos ir a la fiesta de Sage de esta noche. —Enterré a mi padre hace dos horas. El único pariente que tenía, considerando que mi madre se fue con su novio cuando apenas y era mayor que nuestro hijo. De verdad no estoy de humor para una fiesta. —Pero es nuestro aniversario. Es la víspera de Año nuevo. —Alexa, no iré a una maldita fiesta esta noche. ¿Bien? Dejó de masajear. —No tienes que ser un imbécil por eso. Me enderecé. —¿Un imbécil? ¿Esperas que vaya a una fiesta el día del funeral de mi padre? No creo que yo sea el que se comporta como un imbécil. Mi esposa resopló. Nuestra diferencia de cinco años se sentía más como veinte a veces. —Necesito una fiesta. Los últimos meses han sido depresivos.


No era como si me hubiera ayudado con mi padre ni nada. Cada fin de semana mientras estaba cuidándolo, ella estaba afuera con sus amigas, por lo general de compras o almorzando Dios sabe dónde. Su egoísmo finalmente me había superado. —¿Cuál parte de los últimos meses fue depresiva? ¿Vivir en Park Avenue y gastar miles de dólares en compras cada semana? ¿O tal vez fue la niñera que cuidaba a nuestro hijo para que pudieras tomar clases de actuación y salir a almorzar? ¿Qué hay de los viajes de tres semanas que tomaste a Atlanta para visitar a tus inmaduros amigos, los viajes en los que volaste en primera clase y te quedaste en el St. Regis de la ciudad en lugar de la casa de tu hermano en las afueras? Eso debió ser muy deprimente. —Mis amigos no son inmaduros. Fruncí el ceño y fui a responder, pero entonces decidí que preferiría tomar otro trago en lugar de continuar esta conversación. Fuera de todo lo que había dicho, ¿lo qué lastimó sus sentimientos fue la parte de que sus amigos eran inmaduros? Sí que tenía un jodido sentido de prioridad. Caminé a la cocina, la cual era abierta a la sala de estar donde todavía estaba sentada, y me serví otro trago. —Ve a la fiesta tú sola, Alexa.

El sol estaba poniéndose para cuando abrí mis ojos. Alexa había llevado a Beck al centro comercial para comprar otro nuevo vestido, y me había desmayado en el sofá después de terminar mi bebida y la discusión con ella. Sentándome, pasé mis dedos por mi cabello. No debería haber estado tan sorprendido que Alexa hubiera planeado ir a una fiesta esta noche. Dios no permita que se pierda una fiesta, en especial en la víspera de Año Nuevo. Le había dado más crédito del que se merecía en el departamento del egoísmo, aparentemente. Mi estómago gruñó. No podía recordar la última vez que había comido de verdad. Ayer, ¿tal vez? la cena en ese lugar italiano entre la mañana y la tarde durante el velorio en la sala del funeral, creo. Rebuscando en el refrigerador, saqué el platón que habíamos ordenado esta mañana y piqué un poco el antipasto con mis dedos. Mientras estaba atragantándome, mi teléfono


empezó a timbrar, y al principio, lo ignoré. Pero después de que empezó a timbrar de inmediato otra vez, me estiré para mirar el identificador de llamadas. Era un número local; uno que era muy familiar. Para el tercer tono, mi teléfono había buscado en mi libreta interna y finalmente recordé porqué lo conocía. Lo había marcado sin parar los últimos meses, cada vez que la salud de mi padre empeoraba. El hospital Lenox Hill estaba llamando.

El conductor del taxi me gritó cuando salí corriendo hacia la entrada de emergencias. Aparentemente, había salido con tal prisa, que había olvidado cerrar la puerta. —Mi esposa y mi hijo tuvieron un accidente en el auto. Fueron traídos en ambulancia —grité a través del agujero a la mujer detrás del cristal. —¿Apellido? —Jagger. Levantó la mirada e inclinó una ceja. —Esos labios, debo de preguntar. ¿Alguna relación con Mick? —No. Hizo una mueca, pero apuntó a la puerta a mi derecha. —Cuarto 1A. Lo llamaré para llenar el registro.

Traumatismo abdominal. Eso fue lo que el doctor nos había dicho hace dos horas. Alexa había necesitado un par de puntos en su cabeza, pero Beck no tuvo tanta suerte. Su asiento en el auto había recibido todo el impacto del choque cuando una furgoneta de una floristería perdió los frenos y se pasó una luz roja contra el tráfico que atravesaba la ciudad. Había virado para evitar la colisión, pero terminó colisionando contra la parte trasera del lado del conductor en el auto de Alexa. Exactamente donde Beck había estado sentado.


Los doctores habían asegurado que sus heridas no parecían letales, pero un ultrasonido mostró que había daño en su riñón izquierdo; al menos una pequeña incisión que necesitaba ser reparada de inmediato. Estaba ahora esperando porque las enfermeras trajeran los formularios de consentimientos para la cirugía. Beck dormía pacíficamente mientras me sentaba junto a su cama. Alexa estaba en otro examen neurológico en la habitación a nuestro lado. Después de que el doctor vino y me dijo los riesgos del procedimiento, la enfermera me trajo una pila de formularios para llenar. Consentimiento médico, acta de privacidad, autorizaciones del seguro, el ultimo formulario estaba dirigido a las transfusiones de sangre. La enfermera explicó que no había tiempo antes de la cirugía de Beck para conseguir sangre de nosotros, así que en el caso de que necesitara sangre, se le daría del banco de sangre. Sin embargo, podíamos donar nuestra sangre y almacenarla para él para un uso futuro, si era necesario. Llené el formulario para que se realizara el examen de compatibilidad mientras esperábamos y le pedí a la enfermera que hiciera que Alexa firmara todo en la otra habitación. No quería dejar a Beck a solas en caso de que despertara. Las siguientes horas fueron un infierno mientras mi hijo estaba en cirugía. Pasaron dos horas para que el asistente de cirugía saliera y hablara con nosotros. Se quitó la máscara de papel. —Las cosas no son tan sencillas como pensamos al principio. El daño en el riñón de su hijo era más grande de lo que la resonancia mostró. Ahora estamos intentando reparar la laceración, pero la rasgadura está rodeando el pedículo vascular, el cual contiene las arterias y las venas que conectan con la aorta. Necesito que entienda que hay una posibilidad de que no podamos repararlo lo suficientemente bien para dejar el riñón dentro del cuerpo de su hijo. Si ese es el caso, tendrá que hacerse una nefrectomía parcial o completa. Intentó convencernos que tener un riñón era perfectamente normal. Sabía de muchas personas que tenían solo uno, pero si nacíamos con dos, quería que mi hijo tuviera el beneficio de ambos, si era posible. Alexa y yo apenas y hablamos, aparte de asegurarme de que estaba bien. Estaba concentrado en Beck, y parte de mi la culpaba por el accidente. No es


que fuera su culpa, pero si no hubiera estado tan preocupada con comprar otro maldito vestido para esta noche, nada de esto habría sucedido. —Vi una maquina abajo junto a los elevadores. ¿Quieres café? Alexa asintió. Cuando regresé con dos cafés, la enfermera estaba hablando con Alexa. —Oh, señor Jagger. Aquí está su tarjeta de donante. Tiene su tipo escrito por si alguna vez lo necesita. Se la damos a todos lo que hacen donaciones de sangre. —Gracias. ¿Soy un donante compatible con Beck? —Déjeme ver su gráfico. —Caminó a los pies de la cama donde una carpeta de metal estaba colgando. Mientras pasaba las páginas dijo—: Su tipo es O negativo, así que eso quiere decir que puede donar a cualquiera. —Se detuvo en una hoja rosada—. Tiene suerte. No es muy común que un padrastro sea un donante universal. —Soy su padre, no su padrastro. La enfermera dejó la carpeta colgando de nuevo a los pies de la cama y regresó a la carpeta que traía con ella. Una mirada de desconcierto cruzó su rostro. —Es tipo O. Beckett es AB. —Frunció el ceño—. ¿Está diciendo que Beckett es su hijo biológico? —Sí. Miró a Alexa y luego a mí, sacudiendo su cabeza. —Eso no es posible. Un O no puede genéticamente hacer un niño con tipo de sangre AB. Estaba exhausto por el infierno de día, entre enterrar a mi padre y mi esposa y mi hijo sufriendo un accidente. Tenía que haber entendido mal. —¿Entonces el laboratorio cometió un error? La enfermera sacudió su cabeza.


—Por lo general son muy buenos… —Miró de un lado a otro entre mi esposa y yo—… pero haré que vengan y saquen una muestra fresca. — Después de eso, prácticamente salió corriendo de la habitación. Me volteé a mirar a mi esposa, cuya cabeza estaba agachada. —Esto es un error de laboratorio, ¿verdad, Alexa? Casi vomité cuando levantó la mirada. No tuvo que decir ni una maldita palabra para que supiera. No había error. ¡Ningún jodido error! Beck no era mi hijo.


Capítulo 26 —¿Tienes un hijo? —Incliné mi cuello para mirar a Drew. Todavía estábamos en la bañera, y no era muy fácil maniobrar entre sus piernas. Drew asintió con sus cerrados antes de abrirlos para mirarme. Había demasiado dolor en su expresión; mi estómago se hundió en anticipación de lo que estaba por venir. —Es una larga historia. ¿Qué tal si salimos, y te preparo algo de comer mientras te explico? —Bien. Drew salió primero para conseguirnos toallas. Después que él se secó, incluyendo una frotada de tres segundos en su cabello, la envolvió alrededor de su cintura y me ofreció una mano. Su rostro estaba contemplativo, y quería aligerar el humor en este. Cualquier cosa que fuera a decirme sobre su hijo claramente no era una historia fácil. Tomé su mano y salí de la bañera. —Parece como si pudiera filmar un comercial de crema para afeitar ahora, y probablemente yo parezco una rata mojada. —Mi cabello estaba pegado en mi cara, y estaba feliz de que el espejo estaba empañado por el vapor para no poder ver mi reflejo. Drew se estiró para rodearme con una toalla de baño afelpada y empezó a secarme. —Provees buenos servicios de acicalamiento —bromeé mientras se agachaba a secar una pierna y luego otra. Guiñó un ojo.


—Va con mis servicios de empujes. —Tus empujes fueron bastante espectaculares también. —Soy un tipo de servicio completo. Cuando ha terminado de secarme el cuerpo (mis pechos y entre mis piernas estaban extra secos por todo el tiempo que estuvo ahí), Drew envolvió la toalla alrededor de mi pecho y metió la punta en una esquina. Su lado dulce todavía estaba en exhibición cuando enlazó nuestros dedos juntos para salir del baño. En la cocina, sacó un taburete debajo del mesón del granito y le dio un golpecito encima. —Toma asiento. Di vueltas en este un par de veces mientras Drew sacaba las cosas fuera de los gabinetes y el refrigerador. Recordando lo que habíamos hecho contra el vidrio hace unas horas, dejé de dar vueltas y miré la ventana. Estaba oscuro ahora, y pude ver las luces de la ciudad iluminando el cielo claramente. —¿La gente puede… puede de verdad ver adentro? —Una mezcla de pánico y vergüenza subió a mis mejillas mientras recordaba como mis senos habían sido presionados contra el vidrio. En ese momento, había parecido excitante que alguien pudiera posiblemente ver; le había añadido erotismo. Pero definitivamente no quería terminar en YouTube porque algún pervertido nos había filmado a través de un telescopio. Drew se rio. —No. Es un vidrio en solo un sentido. No te pondría en riesgo de esa forma. —Se estiró sobre mi cabeza para agarrar una sartén y besó mi frente mientras la bajaba—. Además, no comparto las cosas que son mías. La primera parte de su respuesta hizo que mi parte racional tomara un suspiro de alivio, pero la última me dio unas cosquillas cálidas por dentro. Drew también estaba usando sólo una toalla, su mano envuelta alrededor de su estrecha cintura, y estaba disfrutando la vista de los músculos de su espalda flexionándose mientras cortaba una cebolla, cuando noté una cicatriz. Corría diagonal a lo largo de un costado de su torso, extendiéndose del frente a la espalda. La marca estaba desvanecida a una sombra tenue de


bronceado que el resto de su piel; definitivamente no era nueva, pero algo serio había pasado. —¿Te hicieron cirugía? —pregunté. —¿Mmmm? —Drew puso un poco de mantequilla en la sartén y se giró con las cejas fruncidas. Apunté. —Tu cicatriz. Un movimiento de algo pasó sobre su rostro. Tristeza, pensé. Se dio vuelta de nuevo y respondió. —Sí. Una cirugía hace unos años. Tal vez estaba mirando demasiado las cosas, escrutando cada cosa que hacía, pero no podía evitarlo. Mi mente estaba intentando juntar un rompecabezas sin saber cómo se veía la imagen. Drew cortó un montón de otras cosas, negándose a que lo ayudara. Cuando sirvió dos hermosos omelets Wester, parecía como si hubieran sido preparados en uno de los restaurantes lujosos de Baldwin. Baldwin. No podía desperdiciar otros tres años suspirando por un hombre que nunca iba a corresponder mis sentimientos. Necesitaba recordar que Drew no estaba interesado en más que sexo. Apegarme y sentir cosas por este hombre no era una opción. Aun así… no pude evitar sentir una especie de conexión con Drew. Como si hubiera una razón para haber sido estafada y encontrada furiosa sentada en su oficina la víspera del Año Nuevo. Estúpido, lo sé. No tenía ni idea de cuál era la conexión entre ambos todavía, pero estaba determinada a descubrirla. Hablamos de cosas triviales durante nuestra cena, y luego yo limpié. No había suficientes platos para encender el lavaplatos, así que lavé mientras Drew secaba. Los dos trabajábamos bien juntos, y me encontré pensando que era interesante como en la oficina nuestras opiniones y consejos eran tan opuestos, aun así físicamente estábamos tan en sincronía.


—¿Quieres algo de tomar? ¿Una copa de vino o algo? —preguntó cuándo la cocina estaba organizada de nuevo. —No, gracias. Estoy muy llena. Asintió. —Ven, vamos a sentarnos a la sala. Drew movió las almohadas alrededor del sofá, colocando una en el extremo para mi cabeza, y luego apuntó. —Recuéstate. Se quedó de pie hasta que me acomodé. Entonces levantó mis pies y los puso sobre su regazo. —¿Eres cosquillosa? —¿Vas a convertirlo en un desafío si te digo que no? Me lanzó una sonrisa ladeada. —No. Iba a masajear tus pies. Sonreí y levanté uno de mis pies en el aire ofreciéndoselo. —No soy cosquillosa. Pero cuando les dices eso a las personas, encuentran necesario enterrar sus dedos en tus costillas hasta que quedas todo magullado tratando de probar que se equivocan. Drew tomó mi pie y empezó a frotarlo. Sus dedos eran fuertes, y cuando con sus pulgares frotó con destreza un punto en el talón de mi pie; el punto donde mis talones recibían la mayor parte del peso de mi cuerpo; dejé salir un pequeño gemido. —¿Bueno? —Más que bueno —suspiró. Después de unos minutos de su masaje, todo mi cuerpo se relajó, y Drew comenzó a hablar en voz baja. —Beck tenía cinco años cuando tuvo un accidente con mi ex esposa. Oh, Dios. —Lo siento. Lo siento mucho.


El ceño de Drew se frunció, y entonces rápidamente pareció darse cuenta lo que pensé. —Oh, mierda. No. No quise hacerte pensar que… él está bien. Beck está bien. Mi mano fue a mi pecho. —Dios. Me diste un susto de muerte. Pensé… —Sí. Me di cuenta ahora. Lo siento. Él está bien. Fue aterrador por un tiempo después del accidente, pero ahora ni siquiera te darías cuentas después de que pasó por tres cirugías. —¿Tres cirugías? ¿Qué le pasó? —Una furgoneta para pedidos a domicilio chocó con el auto de Alexa, y se estrelló en todo el centro de la camioneta. —Eso es horrible. El asiento para niños de Beck y parte de la puerta del auto cortaron su costado, lacerando su riñón. Los cirujanos intentaron repararlo, pero debido a la ubicación y el tamaño de la herida, tuvieron que remover una parte. El día de su accidente tuvo una nefrectomía parcial en su riñón izquierdo. —Vaya. Lo siento. —Gracias. —Se tomó un minuto y luego continuó—. Mientras estaba en cirugía, las enfermeras nos ofrecieron donar sangre. Me sentía impotente, y quería hacer lo que pudiera. —Por supuesto. —Como sea, sacaron unas muestras e hicieron las pruebas de sangre en ambos, Alexa y yo, para ver si éramos compatibles para donar y almacenar la sangre para Beck. Resultó que ninguno de los dos lo era. —¿No sabía que dos padres podían tener un hijo a quien no pudieran donarle sangre? Drew me miró. —No pueden. Me tomó un par de segundos darme cuenta lo que estaba diciendo.


—Te diste cuenta que Beck no era tu hijo. Asintió. —Estuve ahí para el parto, así que estaba jodidamente seguro de que era el hijo biológico de Alexa. —No sé qué decir. Eso es terrible. ¿Ella sabía que no eras el padre? —Lo sabía. No lo admitiría. Pero lo supo desde el principio. Beck nació un par de semanas antes. No pensé en nada de eso. —Sacudió su cabeza—. Si no fuera por la cirugía, podría nunca haberme enterado. —Dios, Drew. Te enteraste mientras él estaba en cirugía. Hablando de estrés sobre el estrés. —Sí. No fue un buen día. Resultó, que fue uno de los tantos no buenos días por venir. Las siguientes semanas fueron peores. —¿Qué sucedió? —Alexa y yo terminamos incluso antes de que saliera del hospital esa noche. La verdad es, habíamos terminado mucho tiempo antes del accidente. Pero Beck y yo… Drew giró su cabeza unos segundos, y observé mientras tragaba. Sabía que estaba conteniendo las lágrimas. Todavía tenía mis pies en sus manos, pero había dejado de moverse. No tenía ni idea de que se suponía que dijera o hiciera, pero quería ofrecer el consuelo que pudiera. Así que me senté y me subí a su regazo. Envolviéndome alrededor de su cuerpo, le di el abrazo más grande que podía dar. Después de unos minutos, me retiré y hablé en voz baja. —No tienes que contarme nada más. Otro día, ¿tal vez? Drew me sonrió débilmente. —Ese día cambió la forma en que me sentía por Alexa, pero no cambió nada de lo que sentía por Beck. Era todavía mi hijo. —Por supuesto. —Como sea, después de unos días de la cirugía de Beck, le dio fiebre. Su herida estaba sanando, pero parecía estar enfermándose de nuevo. Le


pusieron antibióticos por intravenosa para tratar una posible infección por la cirugía, pero no ayudó. Los doctores terminaron por operar de nuevo y remover la porción del riñón que le quedaba. Y mientras tanto el otro riñón había empezado a mostrar signos de tener problemas en su funcionamiento. De hecho no es raro que después que un riñón es removido, o parcialmente removido, el otro tenga problemas para funcionar apropiadamente por un tiempo. —Pobre bebé. Debió de haber sufrido mucho. Un accidente de auto, cirugía, comenzar a sanar, y después más cirugía. Drew soltó un profundo suspiro. —Los días en que se molestaba eran de hecho más reconfortantes que los días en que estaba muy débil para hacer algo. Mirar a tu hijo yaciendo ahí y no ser capaz de ayudar es la peor sensación del mundo. —No puedo imaginarlo siquiera. —Después de otra semana, las cosas no estaban mejorando. La infección se había ido, pero el otro riñón aun no funcionaba bien. Comenzaron a hacerle diálisis, lo cual lo hizo sentirse mejor y se puso más saludable, pero también empezaron a hablar de ponerlo en lista de donantes si su prueba de funcionalidad salía más baja. —Las personas pasan años en esa lista de espera. Y cuidar a un niño de cinco años quien se siente saludable por unas horas de diálisis cada día era difícil. Así que hice que me hicieran el examen de compatibilidad. Y sorprendentemente, incluso aunque no era el padre biológico, mi riñón era compatible. Cuando estuvo sano para otra cirugía más, doné uno de mis riñones, el cual trasplantaron al lado izquierdo donde habían removido el riñón malo. De esa forma tendría dos riñones completos, y si el otro no se reponía por completo, tenía doble probabilidad de que uno de ellos al menos funcionara. Recordé la espalda de Drew. —¿De eso es la cicatriz? Asintió.


—Para resumir una historia muy larga, el trasplante fue un éxito, y su otro riñón se activó y comenzó a funcionar de nuevo después de unas semanas. Es tan saludable como un caballo ahora. Esa fue una época jodidamente aterradora. Toda la historia era demasiado para asimilar. Tenía tantas cosas en la cabeza, pero una de ellas era más prominente que las otras. —Eres un hombre hermoso, Drew Jagger. Y no me refiero al exterior. — Me incliné y dejé una línea de besos desde un extremo de su cicatriz a otro. —Sólo piensas eso porque me salté la parte donde empaqué la mierda de Alexa y la saqué mientras no estaba en casa —bromeó, aunque podía notar que no bromeaba. —Se lo merecía. Habría cortado agujeros en la entrepierna de los pantalones, perra estúpida. Drew echó su cabeza hacia atrás, con el rostro divertido. —¿Ese es el consejo de pareja que me habrías dado si me hubiera aparecido en tu oficina buscando por consejería? Pensé por un minuto. ¿Qué habría hecho? —Sólo trabajo con personas que de verdad quieren que funcione. Si hubiera escuchado tu historia, visto la mirada en tus ojos, no te habría recibido como cliente. Porque básicamente estaría dándole a la parte que quería hacerlo funcionar una falsa esperanza en el caso. Por no mencionar, que habría sido malo tomar el dinero por hacer algo que nunca iba a suceder. —¿Te ha sucedido antes? ¿Has tenido clientes donde uno quiere que funcione y el otro no? —Así es. No es muy raro, de hecho. Tengo sesiones separadas primero para que las partes puedan decir las cosas con libertad sin preocuparse por herir los sentimientos de la otra persona. Encuentro en que consigo más honestidad en esas sensaciones que en cualquier otra. Cuando empecé, tuve una pareja que había estado casada por veintisiete años; una pareja con dinero, muy sociable con dos hijas mayores. El hombre era gay y estaba viviendo la vida que suponía que viviera después de crecer con unos padres ultra conservadores y religiosos. Le tomó hasta que tuvo cincuenta y dos años,


pero salió del closet ante su esposa y le dijo que debían separarse. Se sintió terrible y había estado quedándose porque la amaba, pero no de la forma en que un esposo debería amar a su esposa. Les presté las consejerías para la separación y les ayudé superarlo. —Mierda. Desearía que hubiéramos compartido espacio en esa época. Podría haberle conseguido a ella un buen acuerdo —bromeó Drew. Lo empujé en el pecho. —Aunque sólo representes hombres. —¿Qué tanto dinero tenían? Podría haber hecho una excepción. Me reí. —¿Por qué sólo representas hombres? ¿Por lo que tu ex esposa te hizo? Drew sacudió su cabeza. —No. Sólo me va mejor con hombres. Su respuesta fue vaga, y tenía la sensación de que era reacio a responder. Entrecerré los ojos. —Dame la razón verdadera, Jagger. Me miró a los ojos. —Puede que no quieras oírla. —Bueno, ahora tengo curiosidad, así que quiera oírla o no, tienes que decirme. La mandíbula de Drew se flexionó. —Sexo de venganza. —¿Disculpa? Cuando representaba mujeres que estaban enojada y molestas, querían vengarse. —Entonces… estaban amargadas. Eso es normal en un divorcio. Drew parecía avergonzado. —Querían vengarse de sus esposos conmigo.


—¿Te acostabas con tus clientes? —Ahora no estoy orgulloso de eso, pero sí. Estaba recientemente divorciado y furioso también. El sexo por venganza puede ayudarte mucho para liberar era ira temporalmente. —¿Tener sexo con tus clientes no es una regla de abogados o algo? —Como dije, no fueron mis mejores momentos. Podía notar que Drew no sólo estaba diciendo que estaba avergonzado. De verdad lamentaba la forma en que actuó, y había sido honesto conmigo cuando podría haber mentido. No era mi lugar juzgar su pasado. Preferiría juzgarlo por la honestidad que me mostraba hoy. —¿Sexo con rabia, eh? —Traté de ocultar una sonrisa. Asintió ligeramente y me miró con precaución. —Bueno, creo que eres un mujeriego, egoísta y pretencioso imbécil. Drew echó su cabeza hacia atrás. —¿Qué diablos? Querías que fuera honesto. —No pensé que honestamente serías un imbécil. Él estaba a punto de responder de nuevo cuando me incliné más cerca y esbocé una sonrisa. —¿Te enojé? —¿Estás intentando enojarme? —He escuchado que el sexo con rabia puede ayudarte mucho para liberar temporalmente la ira. Antes de saber que estaba pasando, Drew me había levantado en el aire y me había dejado sobre mi espalda en el sofá. Se cernió sobre mí. —Bien. Entonces me alegra molestarte diario. Todos necesitamos mucho trabajo con nuestros problemas de control de ira.


Capítulo 27 Los jueces odian escuchar casos la víspera de año nuevo. Pero sabía lo que planeaba mi ex esposa. Pensó que llevarme a la corte en nuestro aniversario con una artimaña de una vaga emergencia iba a molestarme. ¿De verdad era tan jodidamente despistada? ¿De verdad pensó que estaba sentado en mi casa suspirando por ella los tres meses después de que nuestro divorcio finalizó? Había conseguido lo que quise de ella de nuestro divorcio: mi libertad y la custodia libre y compartida de nuestro hijo. Que fuera o no mi hijo biológico no cambiaba la forma en que me sentía por él. Era mi hijo. Ninguna prueba de paternidad me diría lo contrario. La cosa más lista que Alexa alguna vez hizo fue no pelear conmigo por la custodia compartida. Después de que me ofrecí a pagar una considerable cuota de manutención; incluso aunque técnicamente podría no haber pagado nada; de repente estuvo muy dispuesta a compartir la custodia. El dinero era en lo único en que mi ex esposa estaba interesada. Incluso mientras estuve casado con ella, creo que lo supe muy en el fondo. La había llamado para saber qué demonios estaba tramando una docena de veces, pero por supuesto no respondió. El lado manipulador de ella había asomado su fea cabeza en los días desde que había empacado sus cosas y las había mudado a una casa rentada a unas cuadras; una casa por la que todavía pagaba la factura. Si no fuera por Beck, habría echado sus cosas por la ventana cuando cambié las cerraduras. Pero quería a mi hijo cerca de mí, y él no se merecía vivir en un edificio de apartamentos que Alexa apenas y pudiera pagar.


—Víspera de Año Nuevo. ¿A qué pobre tonto estás apaleando y dejando miserable para empezar el año nuevo? —George, el oficial de la corte en la entrada al tribunal de familia bromeó mientras escaneaba mi ID. Hacia trabajos aparte para Roman, cubriendo la vigilancia de la noche, y nos habíamos vuelto amigos en el último año. —A este pobre tonto. La ex esposa es todavía una perra. Asintió, habiendo escuchado toda mi jodida situación con Roman mientras tomábamos unas cervezas. Recibiendo mí ID, preguntó: —¿Vas a la fiesta de Roman esta noche? —Eso espero. —Te veo allí. Buena suerte hoy. Alexa y su abogado de mierda, Wade Garrison, ya estaban sentados en la sala de la corte cuando entré. Fue difícil no reírse ante su falda hasta la rodilla y el escote que parecía que pudiera ahogarla. En especial ya que tenía miles de fotos de ella saliendo de fiesta los fines de semanas usando vestidos ajustados que apenas y cubrían su trasero y mostraban el suficiente escote para ser confundida con una prostituta. Esos fueron regalos de Roman después de que ella y yo nos separamos; en caso de que las necesitara algún día. Mi ex esposa mantuvo su rostro mirando al frente, negándose a mirarme. Si había algo que sabía sobre Alexa, era que evitaba mirarme cuando estaba siendo extremadamente perra. El oficial de la corte llamó nuestro turno, y me aseguré de ir frente a ellos, para poder abrir la puerta y obligar el contacto visual entre Alexa y yo. —¿Estás usando eso para la fiesta de fraternidad de hoy en la noche? — susurré—. Puede que quieras ponerte un mejor sostén. Tus tetas se ven caídas. Probablemente por amamantar. Me fulminó con la mirada. Y sonreí ampliamente. —¿Qué tenemos aquí, señores? Leí la moción y no tengo ni idea de por qué están aquí de pie ante mí el día de hoy, desperdiciando mi valioso tiempo —dijo el juez Hixton. —Me gustaría saber por qué estamos aquí también —añadí.


El juez Hixton movió su atención al otro lado de la sala. —¿Por qué no nos ilumina a ambos, abogado? Garrison aclaró su gruesa garganta. ¿Cómo demonios podía hablar con ese cuello abotonado tan apretado? Parecía que necesitaba pasar de una talla veintitrés a una veinticuatro. —Su señoría, de hecho tenemos una petición para una modificación que nos gustaría presentar, junto con una declaración jurada de un laboratorio de Nueva York. El juez hizo señas para que el oficial de la corte recogiera los documentos. —¿Estás han servido a la oposición abogado? —No, su señoría. La declaración jurada fue recibida anoche tarde. Tenemos una copia para el señor Jagger también. El oficial de la corte distribuyó para mí, así como para el juez Hixton, y ambos nos tomamos un momento para leerlos. Pasé la petición de modificación y los resultados de paternidad del laboratorio y fui directamente a la tercera parte de la declaración jurada. Sólo tuve que leer la primera mitad de la página.

Nosotros, Alexa Thompson y Levi Archer Bodine, hemos leído y entendemos las consecuencias, alternativas, derechos y responsabilidades en relación a esta declaración y habiendo debidamente declarado bajo juramento dice: Yo, Alexa Thompson, soy la madre biológica de Beckett Archer Jagger, como fue documentado en el certificado de nacimiento de la ciudad de Nueva York número NYC2839992. Yo, Levi Archer Bodine, soy el padre biológico de Beckett Archer Jagger, el niño mencionado en el caso del Laboratorio de Nueva York número 80499F. Donde, la paternidad ha sido establecida por Levi Archer Bodine con una certeza científica de al menos el 99.99% Por lo tanto, juntos deseamos una corrección del certificado de nacimiento para identificar a Levi Bodine como el padre. También deseamos los derechos de paternidad completa, incluyendo la custodia compartida y visitas.


La voz del juez Hixton fue simpática cuando habló. —¿Señor Jagger, le gustaría unos días para responder esta moción? Mi corazón estaba pesado por rabia y el dolor. Se sentía como si todo mi mundo acabara de ser arrancado bajo mis pies. Me aclaré la garganta y contuve las lágrimas. —Por favor, su señoría. Todo lo que sucedió después de eso paso en un borrón. Garrison pidió visitas temporales para Bodine, lo cual el juez declinó en orden de permitirme tiempo para revisar la legitimidad de la prueba presentada. Una nueva fecha para reunirnos fue puesta para dos semanas a partir del martes, y el martillo se estrelló. Todavía estaba de pie en el lugar después de que Alexa y su abogado salieron de la corte. Levi Archer Bodine. El hombre tenía el mismo segundo nombre que nuestro hijo. Alexa había elegido el segundo jodido nombre. Había sugerido que usáramos uno de los nombres de nuestros padres, pero había insistido que le encantaba Archer como segundo nombre. Siempre había soñado con darle a su niño el segundo nombre de Archer. Maldita mentirosa. ¿Pero por qué su nombre era tan jodidamente familiar? Levi Archer Bodine. Levi Archer Bodine. Levi Bodine. Lo conocía de alguna parte. Finalmente, el oficial de la corte se acercó y me dijo en voz baja que necesitaba irme para llamar el siguiente caso. Atónito, me abrí paso por la sala. Pasé un par de personas que conocía y las ignoré. Escuché sus voces, pero no podía descifrar que estaban diciendo. No fue hasta que salí al aire fresco y helado que mi niebla se disipó. Lo cual


fue justo a tiempo para ver a Alexa entrar en un brillante Dodge Charger amarillo con el nĂşmero nueve pintado en un costado.


Capítulo 28 —Tu clienta debería estar más preocupada por perder su licencia médica que por una temporada en las Isles Vírgenes. Su paciente la grabó sobre la mesa de exámenes mientras él le daba un examen rectal con su pene, Alan. Cuando estemos dividiendo los bienes, considera ese video uno de los míos. Mi cliente gastó veinte de los grandes comprando ese video, pero diría que su valor supera cien veces eso en esta sala. Estaba sentado en mi sala de conferencias negociando un acuerdo con el abogado opositor Alan Avery. Habíamos hecho casos suficientes para que él supiera que estaba molestando. Roman se había enterado que una cinta sexual existía incluso antes de que la buena doctora Appleton lo supiera. Y ahora el señor Appleton quería pensión conyugal y los bienes maritales. Pero la concentración de Alan no estaba las posibles repercusiones de esa cinta. Su mente parecía en otra parte diferente. Y cuando me di vuelta para mirar sobre mi hombro para ver qué estaba mirando, estuve enojado por más que estuviera sólo desperdiciando mi tiempo. —¿Es tu nueva secretaria? —preguntó. Emerie estaba al final del pasillo firmando un paquete de UPS. Su trasero se veía fenomenal en esa falda ajustada marrón. —No. Es una sub arrendadora por un tiempo —dije cortante. —¿Casada? —¿Podemos volver al acuerdo? —Cerré con fuerza mi archivo—. Mi cliente no va a darle a la doctora PeneEnElCulo ni un maldito centavo. —Eso es ridículo. Su esposo viviendo a expensas de ella por años. Ella pagó por todos los bienes conjuntos que tienen con los ingresos de su práctica como médica.


—Sí, bueno, dile que le mandamos a decir gracias por los regalos de la separación. Puede ganar un poco más. Estoy segura de que es una proctóloga muy famosa. —Es una ORL10. —¿En serio? Por el video parece que se especializa más en los exámenes rectales. —Hablando de culos, ¿qué se te metió al tuyo esta mañana? Estás de mal humor. —Sólo acabemos con esta mierda. Tengo una tarde ocupada —gruñí. Unos minutos después, Emerie tocó la puerta abierta. —Lamento interrumpir, pero tienes una llamada, Drew. Ella dice que es urgente. —¿Quién es? Emerie dudaba. —No lo sé. No me dijo su nombre. —Dile que la llamaré después. Obviamente no es tan importante si ni siquiera te dijo su nombre. Emerie me miró a los ojos. —Quien llamó tiene un fuerte acento sureño. Pienso que a lo mejor de Georgia. Genial. La jodida Alexa. Me levanté y hablé con Alan. —Discúlpame un minuto. —Tómate tu tiempo. Tu nueva arrendataria y yo podemos conocernos un poco mientras no estás. Perfecto.

10

ORL: Otorrinolaringólogo


No detuve a la puerta de cerrarse de un portazo detrás de mí mientras me encerraba en mi oficina y tomaba el teléfono. —Drew Jagger. —La mujer que respondió el teléfono es molesta. Dejé salir un irritado suspiro. —¿Qué quieres, Alexa? Estoy en medio de una conferencia. —Voy a quedarme en Atlanta dos semanas más. —Claro que no lo harás. Mis visitas empiezan el viernes, y ya has estado allá una semana más de las dos que acordamos. No he visto a mi hijo en más de tres semanas. —Puedes venir aquí a visitarlo. —No puedo dejar todo y volar a Atlanta cada dos semanas por qué quieres quedarte a jugar con tus amigos. Beck necesita estar en casa, de regreso en la escuela, y de regreso a su rutina. —También necesitaba conocer a su padre. Sabía exactamente lo que quería decir. —Vete al diablo, Alexa. ¡Él conoce a su padre! —Su padre biológico. Levi quiere conocerlo mejor. Es importante. Sentí la presión de mi sangre aumentar. —¿En serio? Si es tan importante, ¿por qué no le dijiste hace siete jodidos años cuando te enteraste de que estabas embarazada? ¿Y por qué no ha hecho un intento por conocer a nuestro hijo cuando ha sabido la verdad por más de dos años? Por no mencionar, ¿ya ha empezado a pagar la manutención? Desperdicié los siguientes minutos de mi vida en otra discusión inútil con Alexa. Por el bien de Beck, extendí mi paciencia tanto como posiblemente podía y no le colgué. No confiaba en mi ex esposa para que no jugara la única carta que tenía en su muy usada baraja: llevarme de regreso a la corte para reducir las visitas. Incluso después de que la paternidad había sido probada y el nombre de Levi reemplazó el mío en el certificado de nacimiento de mi hijo, su ex novio campesino nunca había intentado conocer a Beck. Habíamos


acordado fuera de la corte el arreglo de la custodia, y había acordado pagar una pensión alimenticia y la manutención incluso aunque podría haber presentado una moción para detener la pensión una vez que la paternidad fue refutada. Pero en el fondo de mi mente, siempre estuve esperando por la conclusión inevitable; en especial ahora que ella estaba hablando con Levi de nuevo. Mi hijo todavía no sabía quién era el hombre. Sabiendo lo vengativa que era Alexa evitaba que hiciera muchas cosas que quería hacer para convertir su vida en una miseria, como colgarle hoy. Después de un minuto de silencio, Alexa finalmente llegó al punto que había llamado para comentar. Me pateé a mí mismo por morder el anzuelo de la discusión que puso para mí. —Si quieres tanto que Beck regrese a Nueva York, supongo que podríamos resolver algo. —¿Qué quieres, Alexa? —Bueno, Levi tiene una gran carrera la próxima semana, y quiero estar aquí para esta. Por alguna razón no tenía la misma ira hacia Levi como por Alexa. Una parte de mí de hecho se sentía mal por el idiota. Ella había rechazado al imbécil, se había referido a él como un mono grasoso, si recordaba correctamente, con el fin de atraparse un marido con una cuenta bancaria más grande. Pero ahora que el mono grasoso era un piloto patrocinado en el circuito de la NASCAR, de repente era lo suficiente bueno para hablar otra vez. —¿Hay un punto en esta historia? —Bueno, sí es muy ruidoso en las carreras, de todos modos. Supongo que si quieres volar aquí y llevarte a Beck contigo durante una semana, podría quedarme aquí sola antes de volver a Nueva York. Aunque, me estoy quedando un poco corta de efectivo ahora, y necesito un poco extra para los gastos de viaje de la carrera. Quería decirle que se fuera al diablo, pero en cambio dije:


—Conseguiré los tiquetes para Beck y yo. Te escribiré a qué hora llega el vuelo, y me traerás al aeropuerto para reunirnos. Tú consigues mil en efectivo y no me llames por más. —Bien. Después de que colgué, me senté en mi escritorio por otro minuto, tratando de recobrar la compostura. Esa mujer me hacía querer beber licor del fuerte antes de almorzar. El minuto o los dos minutos extras ayudaron ligeramente, aunque cualquier rabia que había logrado contener volvió a burbujear hacia la superficie cuando regresé a la sala de conferencias y encontré a Alan todavía hablando con Emerie. Ella estaba riéndose por algo que él acababa de decir. —¿Terminaste tan pronto? ¿No tienes más llamadas por atender? Emerie y yo estábamos conociéndonos. —Tal vez deberías haber pasado los últimos quince minutos averiguando como tu cliente va a pagarte la factura cuando la deje sin nada más que su licencia médica. —Me alegra ver que tu llamada mejorara tu humor, Jagger. Gruñí algo parecido a métetelo por el culo y fui a sentarme de nuevo. —¿Drew? —dijo Emerie—. Antes de que vuelvas a trabajar, ¿puedo hablar contigo? Asentí y la seguí a su oficina. Ella cerró la puerta detrás de nosotros. —Alan parece amable. —Es un mujeriego. —De hecho no sabía si lo era; sólo se me salió. Emerie sonrió. —Puedo ver por qué. Es apuesto también. Fruncí el ceño. —¿Quieres acostarte con Alan? —¿Eso te molestaría?


—¿Estás bromeando? Porque acabo de colgarle a mi ex esposa, y ya estoy enojado sin que me digas que estás interesada en el primer chico que entró en la oficina después de que saliste de mi cama esta mañana. Emerie caminó hacia el escritorio e inclinó una cadera contra este. —Mantén ese sentimiento. Lo daremos buen uso más tarde. Estuve sobre ella en dos segundos. Mis dedos se presionaron contra su cadera mientras la presionaba entre mi cuerpo y su escritorio. —Lindo. ¿Quieres una follada con rabia? Estoy más que dispuesto a darla ahora. —Alan está esperándote. —Alan puede escucharte gritar mi nombre mientras entierro mi polla dentro de ti. La urgencia me golpeó como una pared de ladrillos, y de repente mi boca estaba aplastada sobre la suya. Me tragué el sonido de su jadeo mientras una mano se deslizaba por su cadera y tocaba su pecho a través de su blusa. Cuando sus manos se estiraron y agarraron mi trasero, mi otra mano fue a su cuello para poder inclinarle la cabeza justo en el ángulo correcto para hacerla abrirla más amplio para mí. Olía increíble, su piel se erizó bajo mis dedos, y su cálida boca sabía tan bien. Ambos estábamos jadeando cuando el beso se rompió. Emerie parecía un poco atónita, y me sentía un poco drogado. —¿Cuál es tu horario para esta tarde? Pensó por un momento. —La última cita es una sesión de video de tres a cuatro. ¿Tú? —Ve a mi oficina a las 4:01. —Nuestro beso había embadurnado su labial. Usé mi pulgar para limpiarlo de su rostro y luego froté su labio inferior—. Colócate labial fresco antes de que vengas. Quiero follar esta boca pintada de rojo brillante. Emerie todavía parecía un poco sorprendida mientras enderezaba sus ropas y luego las mías. Bajando la mirada, no había mucho que pudiera hacer para esconder el bulto en mis pantalones. Con suerte mi oponente no miraría


cerca de mi pene cuando regresara. Aunque… pensándolo bien, ojala lo hiciera. Una vez que ambos nos acomodamos, le di a Emerie un rápido beso. —4:01 —le recordé. Ella tragó y asintió. Justo cuando mi mano alcanzó la puerta, Emerie finalmente habló. —¿Drew? Me giré. Apuntó el costado de su boca. —Tienes un poco… de labial. Justo aquí. Sonreí. —Bien.

Drew: Vuelo 302 de American Airlines, aterriza a las 5:05 la noche del viernes. El vuelo de regreso a las 6:15pm. Ve a la puerta y encuéntrame ahí. Alexa: ¿Tienen algo un poco más tarde? El tráfico desde el aeropuerto será terrible cuando vuelva a casa. Como si me importara una mierda si se queda sentada en el tráfico. Drew: No. Asumí que recibiría alguna respuesta quejándose, pero en cambio su nombre destelló en mi pantalla con una entrante. A regañadientes, respondí: —No cambiaré los vuelos. La puerta de mi oficina estaba medio abierta, y mi atención rápidamente fue hacia Emerie entrando y cerrando la puerta tras ella. Había perdido el rastro del tiempo, así que mis ojos fueron a la esquina superior derecha de mi computadora. 4:01.


Alexa estaba ocupada hablando sobre cómo había empezado a revisar el horario de los vuelos para la próxima semana para su regreso, y los precios eran muy altos. Pero no podía concentrarme. En cambio, observé a Emerie echarle seguro a la puerta de mi oficina y caminar hacia mí. Tenía un brillo travieso en sus ojos y comenzó a desabotonarse su blusa mientras caminaba. Alcanzando mi silla, colocó su mano sobre la parte superior de la silla de espaldar ancho y la giró para que la mirara. Casi dejé caer el teléfono cuando se lamió los labios y lentamente se dejó caer de rodillas ante mí. Santo Dios. Emerie se puso a desabotonar mis pantalones, y no fue hasta que escuché la voz de Alexa chillando a través del teléfono que recordé que todavía estaba hablando. —¿Estás ahí? —se quejó Alexa. —¿Cuánto necesitas? —Otros mil. —Si tan sólo supiera, que le habría dado unos cien mil sólo para colgarle la llamada para poder meter mi pene en la boca de Emerie en paz. —Bien. Los llevaré. No me llames de nuevo. —Presioné finalizar, arrojé mi teléfono sobre el escritorio, y bajé la mirada a la hermosa visión ante mí. Emerie levantó la mirada bajo sus largas pestañas, y me di cuenta que sus labios estaban pintados de un rojo brillante. Diablos sí. Bajó la cremallera de mis pantalones y me jaló para que me levantara para poder bajarlos. Felizmente obedecí y la ayudé a quitar mi bóxer a la vez. Mi polla tensa se liberó. Una de sus delicadas manos se envolvió alrededor de mi eje, y dio un par de bombeadas hasta que una pequeña gota de líquido pre seminal brillo en la punta. Mis ojos estaban pegados a ella mientras se inclinaba y la lamía. Sus ojos se cerraron mientras llevaba su lengua de nuevo a su pequeña y caliente boca y lamió sus labios. —Mierda —gruñí. Me sonrió maliciosamente.


—¿Todavía enojado? —Está disipándose rápidamente. No estoy seguro de si en verdad se está tomando su tiempo, o si era mi mente jodiéndome, pero abrió su boca ampliamente y todo pareció desarrollarse en cámara lenta. Se inclinó hacia mi polla, su lengua se asomó, y entonces sus labios gloriosamente pintados de rojo se envolvieron alrededor de mi corona y se cerraron. Me succionó dentro, tomando toda mi longitud en un profundo, largo y duro movimiento. —Dios. Mierda, Em. Era la cosa más extraña, pero en lugar de sentir alivio por tener su boca sobre mí, sabiendo que liberación no tomaría mucho tiempo, de repente me sentí tenso e inquieto. Estaba molesto de saber que era buena dando mamadas, enojado de que debió haber aprendido con algún otro tipo. Se retiró lentamente, succionando fuerte mientras sus labios se deslizaron por mi longitud mientras la parte plana de su lengua se presionó contra la vena palpitante. Entonces, después de salir casi del todo, inmediatamente me tragó de nuevo. Con cada subida y bajada, sentí una emoción diferente, vacilando entre la rabia de que fuera buena en esto y agradeciéndole a Dios que lo fuera. Alternó entre tomarme profundamente y bombearme en la base con su resbaladiza y pequeña lengua girando alrededor de mi punta. Si hubiera estado dentro de ella, el tiempo que me hubiera tomado terminar sería vergonzoso. Incluso entonces, fueron menos de cinco minutos antes de que estuviera conteniéndome y teniendo que advertirle que estaba a punto de explotar. —Em, voy a… —Mis palabras fueron medio gruñidas/medio dichas, pero debió haber entendido—. Em… —Le di una última advertencia. Pero en lugar de alejar su cabeza, y liberarme de su boca, ella me miró y sostuve su mirada mientras me tomaba hasta el fondo de su garganta. Jodidamente hermosa. Sus ojos azules mirándome, las pálidas mejillas cremosas llenas de mi polla, y los labios rojos cerrados sobre cada centímetro. Enredé mis dedos en su cabello y rogué con su nombre una vez más mientras


me liberaba en su garganta. Soltó un gemido mientras cerraba sus ojos y se tragaba hasta la última gota de mi semen. Sin poder hablar, bajé la mano y la levanté, sentándola en mi regazo para poder enterrar mi rostro en su hombro. Después de que su respiración se calmó, besé su cuello. —Eso fue… increíble. Se siente raro querer decir gracias después de eso. Pero mierda, gracias. Se rio. El sonido me hizo sonreír como un idiota. —De nada. La sostuve sobre mi regazo por un largo rato. Cuando la sangre finalmente volvió a mi cerebro, recordé que había hablado con Alexa. —Quédate conmigo esta noche. Debo de volar a Atlanta mañana en la tarde, así que me iré de la oficina temprano. —¿Oh? ¿Cuánto tiempo te irás? —Solo una noche. Es una larga historia. Pero voy a volar para ir por mi hijo y regresaré con él una hora después. Alexa se quedará allá otra semana, y no quiero que vuele solo. —Eso es bueno. ¿Así que lo tendrás la semana sólo para ti? Sin siquiera pensarlo, dije: —Sí. Te va adorar. Es un verdadero donjuán. Sonrió. —Me encantaría quedarme esta noche, y no puedo esperar a conocer a tu hijo. Nunca antes le había presentado ninguna mujer a Beck. Pero por alguna razón, quería que Beck conociera a Emerie. Tal vez la mejor mamada que había tenido en mi vida no me dejaba pensar con claridad, pero tenía la sensación de que se suponía que él la conociera.


Capítulo 29 Me desperté primero. Incluso aunque por lo general era la que dormía hasta tarde, Drew era quién todavía estaba durmiendo a casi las siete y media de la mañana. Estaba sobre su estómago, con la sábana enredada alrededor de su cintura, dejando su trasero apretado a la vista. Sus dos brazos estaban sobre su cabeza, metidos bajo su almohada mientras dormía pacíficamente, mirando en mi dirección. Le había crecido un indicio de barba y su cabello estaba despeinado; nos habíamos dormido hace unas horas; aun como si fuera posible, se veía incluso más sexy de lo que se veía ayer. ¿Podría ser más sexy? Posiblemente, pero era más probable que estuviera apreciando más, que me gustaba más. Era probablemente bueno que el hijo de Drew fuera a estar con él por la próxima semana. No sería difícil apegarse rápidamente, y la última cosa que necesitaba era saltar de un hombre que no estaba interesado en mí a uno que no estaba interesado en una relación. Mi teléfono vibró en la mesa de noche, así que me estiré para agarrarlo antes de que despertara a Drew. Después de escribir mi contraseña, encontré que un mensaje había llegado. Baldwin: ¿Casablanca esta noche? Llevaré albóndigas marroquíes de Marrak de la Cincuenta y Tres. Suspiré. Esta era nuestra cosa. A los dos nos encantaba rentar películas y convertirlas en un tema para la cena. En la universidad, habíamos tomado turnos para elegir la película, y el otro debía de traer la comida que hiciera juego. Había elegido Sweet Home Alabama, y él había traído pollo frito sureño. Él había elegido Sueño de Fuga, y yo había llevado sándwiches de boloñesa. Hace dos semanas habría saltado ante una noche de película con Baldwin, pero ahora me sentía en conflicto por alguna razón. No era como si Drew y yo estuviéramos en verdad saliendo, o si lo estuviéramos haciendo,


Baldwin no tenía interés en mí aparte de una amistad. ¿Entonces por qué se sentía mal decir que sí? Tal vez porque estaba acostada desnuda en la cama con un hombre, pensando en hacer planes con otro. Era probablemente por eso que no se sentía bien. Presioné el botón en el costado de mi teléfono y decidí que después pensaría mejor en la invitación de Baldwin antes de responder. Desde que mi vejiga estaba llamando, decidí ir al baño y luego hacer café antes de irme. Necesitaba llegar a mi apartamento por ropa limpia y una ducha rápida antes de mi reunión de las nueve abajo. Cuando terminé, dejé una nota bajo una taza de café vacía en el mostrador de la cocina y fui hacia el subterráneo. Alrededor de la segunda parada, me di cuenta de que había dejado mi teléfono en la mesa de noche de Drew. Al menos no tendría que ir muy lejos para recogerlo cuando llegara al trabajo en un momento.

El teléfono de la oficina estaba timbrando cuando entré unos minutos antes de que mi cita llegara. Me estiré sobre el escritorio de recepción y lo agarré. —Oficina de Drew Jagger. ¿Cómo puedo ayudarle? —Necesito hablar con Drew. —Solo había escuchado la voz de Alexa una vez, pero sabía que era ella. No muchos de sus clientes tenían acento sureño y esa actitud. Una dulzura exagerada emanó de mi tono. —¿Puedo saber quién habla? —No, no puedes. Perra. Miré sobre el escritorio de recepción hacia el teléfono y vi que la línea de la oficina de Drew estaba en rojo. Estaba al teléfono. Sonreí mientras volví a la línea.


—El señor Jagger no está disponible ahora. ¿Le gustaría dejar un mensaje? Resopló. —Dile que llame a Alexa. —Luego colgó en mi oreja Escuché a Drew hablando mientras pasaba su oficina, así que escribí el mensaje en mi cuaderno de mensajes y arranque la pequeña hoja para dejarla en su escritorio antes de que mi cita llegara. Pero cuando volví a su oficina, estaba colgando el teléfono. —Buenos días. —Sonreí mientras me acercaba—. Acabo de tomar un mensaje para ti mientras estabas en la otra línea. Drew se inclinó en su silla con una mirada impasible. —Recibí un mensaje para ti también. —¿Oh? Deslizó mi teléfono por el borde de su escritorio. —Pensé que podrías ser tú, llamando para ver si dejaste el teléfono en mi casa, así que respondí. Había sólo dos personas que me llamarían temprano en la mañana. Ya que Drew estaba actuando extraño, supuse que no era mi madre. —¿Quién era? El musculo en la mandíbula de Drew se tensó. —Baldwin. Quería saber si debería ordenar las albóndigas marroquíes para esta noche. Mierda. Esto se siente incluso más raro que esta mañana. Sentía la necesidad de explicar. —Escribió esta mañana y preguntó si quería rentar una película y cenar. Me gusta emparejar la comida con el tema de la película. No había respondido. El rostro de Drew era ilegible. —Bueno, está esperando tu respuesta.


Nos miramos el uno al otro, mi mente saltaba por todas partes, tratando de descifrar que esperaba Drew que hiciera o dijera. Por suerte, la puerta principal timbró. Bajé la mirada a mi reloj, aliviada de que mi cita de la mañana llegara unos minutos antes. Drew se levantó. —¿Es para ti? —Eso creo. Tengo una sesión a las nueve. Los dejaré entrar. —Yo abriré. Tengo una llamada por conferencia, así que mi puerta estará cerrada, pero no me gusta que la gente crea que estás sola aquí. Me pasó mi teléfono mientras pasaba. —No quieres dejar esperando al Profesor Pendejo.

Irónicamente, el problema con la pareja que acababa de salir de mi oficina era que no decían lo que estaba de verdad en sus cabezas. No eran abiertos con el otro. Lauren quería más sexo oral y estaba avergonzada de pedirlo. Su prometido, Tim, quería que iniciara el sexo más seguido. Mientras que Drew y yo todavía debíamos encontrar problemas en la cama, no tenía ni idea de qué quería de mí. Aquí estaba yo, aconsejando a personas de que la clave para cualquier tipo de relación exitosa es la comunicación, aun así estaba escondiéndome de Drew en mi oficina para evitar terminar la conversación que sabía que no estaba terminada. Me senté en mi escritorio por otra media hora, sintiéndome frustrada y molesta conmigo misma. Por no mencionar, Drew era el tipo de hombre que decía exactamente lo que pensaba, así que, ¿por qué no estaba diciéndome cómo se sentía porque cenara con Baldwin? ¿Y por qué estaba tan preocupada por lo que Drew pensara si sólo estábamos follando? Mientras más me sentaba en mi escritorio, más ansiosa me sentía. Necesitaba una especie de aclaración de lo que estaba pasando entre ambos. Si no la conseguía antes de que se fuera esta tarde, iba a arruinarse más. Así que decidí tomar el consejo que estaba dando constantemente. Y era mejor terminar con esto mientras todavía estaba molesta.


Parándome, respiré profundamente y caminé a la oficina de Drew. Estaba al teléfono cuando entré. Dándome un vistazo, dijo: —Déjame pensarlo. Te llamaré la próxima semana, ¿bien, Frank? Cuando colgó la llamada, se inclinó hacia atrás en su silla de la misma forma que hizo esta mañana y asintió. —Emerie. —Drew. Nos miramos. Cuando no dijo nada, hice rodar mis ojos. —¿Qué estamos haciendo? —¿Ahora? Estás de pie en mi oficina luciendo un poco molesta. Entrecerré los ojos. —Sabes lo que quiero decir. —No estoy seguro de que yo sí. —¿Estamos… —Moví mi mano entre ambos—… simplemente acostándonos? —Pasamos la mayoría de los días juntos, compartimos la mayoría de nuestras comidas juntos, y cuando se trata de dormir… no conseguimos mucho de eso cuando estamos en la cama juntos. Drew parecía divertido. Yo no lo estaba. —¿Estamos… haciendo esas cosas de forma exclusiva? Se levantó y rodeó su escritorio. El jugueteó en su voz de repente desapareció de su tono. —¿Me estás preguntando si está bien que te acuestes con alguien más? —¡No! —¿Sí? ¿No? ¿Tal vez? no había nadie más con quien quisiera estar. Extrañamente la idea de dormir con Baldwin ni siquiera era atractiva ahora. Pero quería saber si sería raro si pasaba tiempo otro hombre.


—¿Entonces qué me estás preguntando? —No… no lo sé. El silencio cayó entre ambos. Podía ver los engranes girando detrás de sus ojos mientras me miraba, su pulgar frotando su labio inferior. Después de un minuto se apartó de su escritorio, y ese pulgar encontró su camino a mi barbilla y la levantó. Habló mirándome a los ojos. —No estoy planeando acostarme con nadie más. Y espero que tú tampoco. Pensé que lo habíamos dejado en claro ayer en la bañera. Mi voz salió débil. —Bien. —¿Entiendo que esto es por el mensaje que te di antes? Asentí. —¿Quieres saber que pienso sobre que pases la noche a solas en tu apartamento cenando y viendo una película con el tonto? Asentí de nuevo. —Bien. —Apartó la mirada pareciendo contemplar su respuesta por un momento, y entonces dijo—: Me gustas. Me gusta la forma en que escuchas los problemas de mierda de la gente todo el día y aun así creer que hay una razón para resolver las cosas. Me gusta que estés dispuesta a cualquier cosa; que te guste quedarte en casa y ver películas viejas, o ir a una piscina. Me gusta la forma en que tus ojos se iluminan cuando hablas de tus padres. Y de verdad me gusta la forma en que te sientes cuando estoy dentro de ti y la forma en que gimes mi nombre cuando estás por venirte. Me gusta que me hiciste café esta mañana antes de irte, e incluso me gusta que te preocupes por lo que pienso de que cenes con el Profesor Mariquita. Se detuvo. —Creo que todo eso debería decirte que para mí, hay más aquí que sólo follar. Dicho eso, te diré que odio la idea de que te acurruques en el sofá para ver una película con el imbécil de quién has estado enamorada por tres años. Pero no te pediré que no pases tiempo con él. Esa es una decisión que debes


tomar por tu cuenta, y lidiaré con lo que sea que elijas porque me doy cuenta de que mis problemas de confianza vienen de un lugar que no tiene nada que ver contigo. Tragué. Eso era mucho para digerir de una sola vez. Y era mucho más de lo que había esperado que él se comprometiera. —Bien. —¿Estamos bien? Porque tengo cuatro horas para hacer ocho horas de trabajo antes de subirme a un avión para que mi perezosa y jodida ex pueda quejarse del trafico al llevar a mi hijo al aeropuerto mientras vuelo novecientos kilómetros para recogerlo y luego dar la vuelta y volar otros novecientos kilómetros de regreso a casa. Y necesito al menos media hora de esas cuatro horas libre para poder follarte doblada sobre tu escritorio. Porque puede que me hayas hecho café esta mañana, pero no te quedaste lo suficiente para que me viniera dentro de ti, y planeo remediar eso antes de irme al aeropuerto. Mi cabeza podría haber estado girando, pero sabía algo con certeza. No había nada que quisiera más que Drew terminara su trabajo y cumpliera sus planes. Me paré sobre las puntas de mis pies y besé sus labios. —Ve. ¿Qué estás esperando aquí? tienes trabajo que terminar.


Capítulo 30 —Mira lo largas que son sus piernas. A la mierda la biología; este chico definitivamente era mi hijo. Beck estaba mirando a la azafata con las piernas más largas que había visto alguna vez. Ella se estiró para meter un equipaje en el compartimento superior sobre el asiento frente a nosotros y atrapé a Beck inclinándose hacia el pasillo y mirando. —¿Cuál es un tu nombre? —Le sonrió a él. —Beckett Archer Jagger. Había dicho muy orgulloso, no tuve el corazón para decirle que no era normal recitar el primero, el segundo nombre y el apellido a los extraños. La azafata cerró la puerta superior y se arrodilló a su lado. —Bueno, hola, Beckett Archer Jagger. Soy Danielle Marie Warren, y eres adorable. ¿Qué edad tienes, cariño? —Tengo seis años y tres cuartos. —Seis y tres cuartos, ¿eh? Bueno, yo tengo treinta y uno y medio. —Me guiñó un ojo y continuó hablando con Beck—. Sólo que por lo general redondeo de treinta y uno y medio a veintisiete. ¿Puedo ofrecerte de tomar, Beckett Archer Jagger de seis años y tres cuartos de edad? ¿Tal vez un jugo? Asintió. Y luego añadió: —Tienes las piernas como una jirafa. —Beck —lo regañé. La azafata se rio.


—Está bien. Me han dicho eso antes. Cuando tenía tu edad, los niños solían burlarse de mí por tener piernas largas. —Apunté al nombre en su placa, la cual decía Danny—. Mi nombre es Danielle, pero todos me llaman Danny para acortar. Y cuando estaba en la secundaria, los chicos solían llamarme Danny piernas largas. Ya sabes… —Movió sus dedos—… ¿cómo las arañas de piernas largas? Las arañas patonas11. Beckett se rio. —Mi mamá tiene un apodo para mi papá. —¿Sí? Apuesto a que es mejor que araña patona. Interrumpí. —No estoy seguro de que queramos repetir ninguno de los apodos que mami usa para papi estos días. —Miré a la azafata y expliqué—. Divorciado. Ella sonrió y guiñó un ojo. —Bueno, ¿qué tal si te traigo un jugo antes de despegar? ¿Y algo especial para papi también? Unos minutos después, volvió cargando un jugo de manzana en un vaso de plástico con una tapa y una pajilla y un vaso con dos medidas de un líquido con hielo. Pasándonos las cosas, dijo: —Vamos a estar un poco retrasados esperando que un mal clima pase. Espero que no tengan planes para esta noche. —Miró a Beck y bromeó—. ¿No tienes una cita o algo, verdad? Él arrugó su nariz como si acabara de decirle que tenía que comerse todo su brócoli y remolacha. Mantengámoslo de esa forma por un largo tiempo, hijo. Yo ni siquiera he podido descifrar a las mujeres todavía. Estoy lejos de estar listo para darte algún consejo. Aunque ni Beckett ni yo teníamos planes para esta noche, el comentario de Danny piernas largas me tenía preguntándome que planes había decidido Emerie para la noche. Después de nuestra conversación esta mañana, 11

Daddy Long Legs: en original nombre con el que se conoce a las arañas patonas.


no había mencionado nada más. Debió haber sido porque la única conversación para la que tuvimos tiempo esta tarde fue yo susurrándole al oído mientras estaba inclinada sobre su escritorio con su falda alzada veinte minutos antes de que tuviera que irme. Córrete en mi polla fue muchísimo mejor que cualquier otra discusión más sobre el Profesor Pendejo. Pero ahora estaba carcomiéndome. ¿Estaba sentada en casa al lado de ese imbécil por el que había estado suspirando por más de tres años? El imbécil podría actuar más refinado que yo, pero cuando al final, ambos éramos hombres, y Emerie era una mujer hermosa. Había visto la forma en que había actuado cuando sospechó que podría haber algo entre nosotros. Se puso territorial; no celoso. Lo que me dijo demasiado sobre cómo pensaba. La gente se pone celosa cuando quieren algo que alguien más tiene. Son territoriales cuando están protegiendo algo que ya tienen. Ese hijo de puta supo todo el tiempo que la tenía. Mi instinto me dijo que estaba evitando involucrarse con Emerie porque quería divertirse; abrirse paso follando en la facultad a sus estudiantes, evitar cualquier relación real. ¿Y cómo, exactamente, sabía esto sobre el tipo cuando sólo lo había conocido un par de veces? Porque conocía la cara de ese tipo de hombres. Lo había mirado en el espejo cada día por los últimos dos años desde mi maldito divorcio. Beck había sacado su cuaderno de dibujo y estaba dibujando una jirafa. Me reí, pensando que tan seguido garabateo mientras hablo por teléfono. La crianza ganaba sobre la naturaleza. Podía verme fácilmente dibujando esa jirafa ahora mismo si ese lápiz hubiera estado en mi mano. Aunque mi jirafa probablemente hubiera tenido tetas, porque desde que llegué a los diez años, todos mis dibujos básicamente incorporaban tetas de alguna forma. Mientras que durante toda mi niñez todo me había recordado a las tetas, la última semana todo me recordaba a Emerie. Un aviso para un brillante lápiz de labios en el aeropuerto. Los brillantes labios rojos de Emerie alrededor de mi polla. La azafata mencionando que nuestros planes podrían arruinarse debido al retraso por el clima. Los planes de Emerie; ¿estaba Acurrucada en el sofá con el pendejo? Mi hijo dibujando una jirafa. Si dibujara una jirafa, tendría tetas. Las tetas de Emerie son increíbles. Todos los caminos de mi mente conducen a un solo destino últimamente.


Me tomé la mitad de la bebida en un sorbo y saqué el teléfono de mi bolsillo. Drew: ¿Qué terminaste haciendo esta noche? Entonces esperé por el zumbido que me dijera que Emerie respondió. Y esperé.

Estaba convirtiéndome en un marica. Esta era la tercera vez que revisaba mi celular esta mañana. Nada. Doce horas habían pasado. Después de hacer panqueques con chispas de chocolate que eran más chocolate que panqueques, le había preguntado a Beck qué quería hacer. Su respuesta fue siempre la misma: patinar en hielo. El chico estaba obsesionado con el hockey. Así que envolví al pequeño monstruo en tres capas, até los cordones de nuestros patines juntos, y colgué cada par sobre cada hombro antes de irnos. Llegamos al vestíbulo, y le dije a Beck que necesitaba hacer una parada rápida en mi oficina. Al no haber escuchado de Emerie, estaba empezando a preguntarme si tal vez debería preocuparme en lugar de enojarme por lo que podría haber estado haciendo. Dentro de mi oficina, una débil música sonaba. Era una especie de música instrumental, y mi corazón se aceleró al saber que Emerie estaba al fondo del pasillo. No estaba seguro de si era emoción o rabia, pero escuché la sangre silbando a través de mis orejas mientras llegaba a su oficina. La puerta estaba medio abierta, pero pareció no escucharme entrar, así que toqué, sin querer asustarla. Considerando que saltó de su silla, diría que no tuve éxito. El instinto me hizo levantar las manos en rendición hacia ella. De nuevo. —Sólo soy yo. —Casi me das un puto infarto del susto. Con eso, Beck, quien había estado de pie detrás de mí, asomó su cabeza detrás de mis piernas. Emerie se cubrió la boca.


—Oh Dios mío. Lo siento. Mi lenguaje. Beck respondió por mí. —Mi papá dice cosas peores. Sonreí y revolví su cabello, pero necesitaba recordar tener una conversación con él después sobre contar mis secretos. Emerie, se levantó de su silla, se acercó y se inclinó, ofreciendo su mano. —Tú debes ser Beck. —Beckett Archer Jagger. Los labios de Emerie temblaron, y me miró. Yo me encogí de hombros. —Bueno, es un gusto conocerte, Beckett Archer Jagger. Soy Emerie Rose. —¿Rose es un segundo nombre o el apellido? Emerie sonrió y se rio. Era la misma pregunta que le había hecho cuando nos conocimos. —Es mi apellido. No tengo segundo nombre. Beckett pareció pensarlo por un minuto, así que intervine. —No quise asustarte. Beck y yo vamos a patinar en hielo. Sólo estaba preocupado cuando no respondiste mi mensaje anoche. —Fijé los ojos en Emerie. Ella se dio vuelta y fue a su escritorio, levantando su teléfono roto y moviéndolo entre su pulgar e índice. —Lo dejé caer anoche. Acabo de comprar uno nuevo, y estoy tratando de descubrir si hay una forma de restaurar mis contactos desde la nube. No me sé el número de nadie. Dejé escapar un suspiro. No estaba rechazándome. Eso de verdad había estado carcomiéndome. Probablemente mucho más de lo que debería haber hecho. Normalmente, si estaba interesado en una mujer y ella no respondía… siguiente. Hay bastantes peces en el mar. Simplemente con Emerie, no sólo me había puesto ansioso de que no hubiera contestado, sino que la idea de buscar en mi agenda otro número no me atraía para nada.


—¿Quieres ayuda con eso? Rompo mi teléfono cada mes. Ella miró los patines sobre mi hombro. —No quiero retrasarlos chicos cuando van de camino a divertirse. —A Beck no le importa. ¿Verdad, amigo? Mi hijo era tan tranquilo. Se encogió de hombros. —Nop. ¿Puedo dibujar en tu escritorio, papá? —Claro. El cajón inferior derecho. Beck salió corriendo. Amaba sentarse en mi gran escritorio y dibujar. Podía hacerlo por horas. Caminé al otro lado del escritorio de Emerie. —Es adorable —dijo. —Gracias. Es un buen niño. —Saqué su silla—. Siéntate. Te mostraré como cargar tu nuevo teléfono. Por supuesto, podría haberme sentado y hacerlo por ella en dos segundos, pero prefería inclinarme sobre su hombro y tenerla atrapada entre el escritorio y mi cuerpo. Intencionalmente hablé en voz baja y dejé que mi aliento cosquilleara en mi cuello. —Das clic en esta carpeta. —Puse mi mano sobre la suya en el ratón y di clic—. Luego este. Y luego despliegas el menú aquí y presionar restaurar. Mirando su piel erizarse, incliné mi cabeza más cerca de su oído. —¿Tienes frío? —No. Estoy bien. Sonreí para mí mismo mientras daba clic en un par de pantallas más. Luego su nuevo teléfono, el cual ya estaba conectado en su portátil, se encendió y comenzó a restaurarse desde la nube. —Vaya. He intentado descifrar eso durante una hora. —¿Cómo lo rompiste de todos modos? —Si te digo, debes prometerme que no te reirás.


—¿Pero todavía puedo burlarme de ti? —No. No puedes hacer eso tampoco. Me levanté. —¿Entonces cuál es la diversión en escuchar la historia? Emerie se rio. —¿Cómo estuvo tu viaje en Atlanta, idiota? —El vuelo se retrasó unas horas por el clima. Pero estuvo bien. Al menos Alexa no me la puso difícil. Emerie me acababa de dar la entrada perfecta. Odiaba que necesitara saberlo, pero al diablo, lo necesitaba. Intenté al menos sonar casual. —¿Cómo estuvo tu cena anoche? El ceño de Emerie se frunció; entonces se dio cuenta lo que estaba preguntando. —Oh. Sólo ordené comida china para mi sola. —¿No hubo cena con Pendejo? Mordió su labio inferior y negó. Di un paso más cerca. —¿Por qué no? —Simplemente… no se sentía como lo correcto. Habíamos acordado que seríamos sexualmente exclusivos, y básicamente le había dicho que creía que teníamos más que sólo una gran química, pero no podía decirle que no podía cenar con un amigo. No me malinterpreten, eso es exactamente lo que quería decirle; aunque la idea incluso me asustó, supuse que debería mantener esa mierda para mí mismo. En lugar de revelar mi cobarde interior, la llevé hasta la puerta. Mis ojos nunca dejaron los suyos mientras gritaba a mi hijo. —¿Todo bien, Beck? —¡Sí! —respondió. —Bien. Sólo tardará unos minutos, amigo.


Entonces en silencio cerré la puerta. —Ven aquí. —¿Qué estás haciendo? —Ven aquí. Emerie hizo lo que le pedí, parándose a mí alcance. —¿Qué? —Pensé en ti durante todo el vuelo a casa. Tragó. —¿Sí? —Y en la ducha esta mañana. Tuve que abrir el agua fría para poner a mi polla bajo control porque cada vez que cerraba mis ojos, veía tu culo doblado sobre mi escritorio. Sus ojos se abrieron. —Tu hijo está justo en la oficina de al lado. —Lo sé. Es por eso que no estás doblada sobre ese escritorio ahora, y voy a conformarme con una pequeña probada. Ella se lamió los labios, y decidiendo que Beck podría venir a buscarme en cualquier segundo, dejé de desperdiciar tiempo. Acuné la parte de atrás de su cuello y la usé para acercarla más mientras tomaba su boca en un rudo beso. Mi otro brazo se enganchó alrededor de su cintura, y ella gimió mientras tiraba de su cuerpo a ras contra el mío. Olía tan jodidamente bien. Una dulce fragancia mezclada con su propia esencia femenina y naturalmente sexy era embriagadora. Se necesitó cada parte de autocontrol que tenía para no darle vuelta y empujarla contra la pared. Cuando agarré una parte de su culo y ella gimió en mi boca, casi perdí el control. Mi pene palpitaba en el momento que liberé su boca. Estaba a punto de ir por más, cuando escuché a mi hijo llamar. —Mierda —gruñí, inclinando mi frente contra la de Emerie—. Voy a tener que ocultar mi erección para que no haga preguntas que no estoy listo parar responder.


Por suerte, estaba usando pantalones oscuros y fui capaz de ajustarme a mí mismo antes de siquiera ir con Beck. —¿Qué pasa, amigo? —¿Podemos ir por chocolate caliente antes de ir a patinar? —Acabaste de comer panqueques de chocolate al desayuno. ¿No crees que es suficiente chocolate para la mañana? Mi hijo era listo. —Pero hará frío afuera, y me mantendrá caliente por dentro. Emerie vino a mi lado. Sonrió. —Tiene un buen punto. —¿Vas a venir a patinar con nosotros? —preguntó Beck. —No creo que sea buena idea. No sé cómo patinar sobre hielo. —Mi papá puede enseñarte. Es bueno en todo. Bien, niño. Emerie me miró buscando ayuda. Me encogí de hombros. —El niño tiene un punto. Soy bueno en todo. Ella puso los ojos en blanco, luego le dijo a Beck: —Tú y tu papá no necesitan que los retrase. —Nunca hemos ido a patinar con nadie. Puedo mostrarte mis movimientos. Emerie se giró hacia mí con una ceja levantada. —Tiene movimientos, ¿eh? justo como su padre. Bajé la voz.


Capítulo 31 —No creo que esté roto. —El médico de la sala de emergencias tenía mi tobillo hinchado en la mano. Ya se estaba poniendo azul—. Pero vamos a tomar una radiografía para estar seguros. —Gracias. —La enfermera llegará en unos minutos para obtener información y luego llamará al técnico de rayos X. —Está bien. —Me volteé hacia Drew—. Esto es tú culpa. —¿Mi culpa? —Sí. Me estabas haciendo ir demasiado rápido. —¿Demasiado rápido? Una abuela empujando un cubo sobre el hielo nos pasó. No deberías haberme soltado la mano. —Me asusté. Patinamos sobre el hielo por más de dos horas, y ni siquiera pude aprender. Debido a que estaba tan inestable, mis tobillos estaban constantemente temblado hacia adelante y atrás, lo que causó que mi patín se aflojara. La última vez que caí, el tobillo no tenía soporte, y la maldita cosa se dobló. Me dolía, pero no había pensado que estaba roto. Drew, sin embargo, echó un vistazo a la hinchazón y decidió que necesitábamos visitar la sala de emergencias. No podía convencerlo de lo contrario. Su amigo, Roman, se había encontrado con nosotros frente al hospital y había llevado a Beck a su casa para que Drew pudiera quedarse conmigo. La enfermera llegó con un portapapeles.


—Tengo que hacerle algunas preguntas. Su marido puede quedarse si quiere, pero tendrá que salir cuando el técnico venga a hacer la radiografía. —Él no es... —Hice un gesto entre Drew y yo—. No estamos casados. La enfermera sonrió. No a mí, sino a Drew. También batió sus pestañas. ¿De verdad? —Bueno, entonces tendré que pedirle que salga —le dijo—. Iré a buscarlo después de terminar de preguntarle a su... Esperó a que Drew llenara el silencio. —Novia. —Oh. Sí. Vendré a buscarlo cuando termine con su novia. ¿Lo estaba imaginando o ella había intentado averiguar si estábamos juntos? Drew me besó en la frente y me dijo que volvería. Tan pronto se fue, la enfermera empezó a hacer preguntas médicas. Sólo entonces, me di cuenta que Drew acababa de llamarme su novia.

—Puedo caminar. Drew me levantó por décima vez. Me había llevado en brazos de la pista al taxi, del taxi al hospital, del hospital al taxi, y desde el taxi hasta el apartamento donde procedió a sentarme en el sofá con el pie elevado. Justo como el doctor había instruido. Ahora, acababa de recibir la comida y me estaba llevando a la mesa. —El doctor dijo que no pusieras peso en eso. —Está bien. Es sólo un esguince. La bota me impedirá poner demasiado peso en él de todos modos. Beck apartó la silla mientras su padre se acercaba conmigo en sus brazos. Roman, quien había estado sacando contenedores de comida fuera de la caja del domicilio, nos miraba divertidos. Hoy era la primera vez que lo veía, y probablemente pensó que era la reina del drama. —Estoy tan avergonzada. Juro que normalmente no soy tan torpe.


Roman siguió contemplando la escena, observando cómo Drew me sentaba y continuó colocando comida en el plato frente a mí. Tenía la sensación que Roman no era un hombre que pasaba por alto muchas cosas. —Estás bien. Florence Nightingale12 no debería haberte dejado caer. Drew gruñó. —No la dejé caer. Me soltó la mano. Le guiñé a Roman, haciéndole saber que estábamos en la misma página, y luego me quedé boquiabierta. —Me dejó caer. —Tonterías. —Drew se congeló con una bandeja de ziti13 en su mano. Ya había colocado demasiado en mi plato. Me miró y luego a Roman—. No la dejé caer, pero te voy a dejar caer a ti si sigues con esta mierda. —Cuida tu lenguaje —dije. Roman simplemente rió. La cena estuvo lejos de ser pacífica. Primero Drew y yo no estuvimos de acuerdo con política, y luego Roman, Drew y Beck tuvieron una acalorada discusión sobre quién iba a llegar a las eliminatorias en hockey esta temporada. Fue ruidoso, y ocasionalmente hablábamos uno encima del otro, pero no podía recordar la última vez que había disfrutado tanto una comida. Después de que terminamos, Drew insistió que no podía ayudar en la limpieza y me llevó de vuelta al salón. Roman, a quien Drew había dado instrucciones de ayudar a limpiar, abrió una cerveza y se unió a mí en su lugar. —¿Quieres una cerveza? —No, gracias. —Me deslicé en el sofá y coloqué las manos sobre mi estómago—. Estoy demasiado llena de los diez kilos de pasta y pollo parmigiana que Drew sirvió en mi plato.

Florence Nightingale: Pionera de la enfermería. Ziti: tipo de pasta italiana de grano duro, de forma cilíndrica (parecidos a los macarrones) y con la superficie lisa (no estriada, como la de los rigatoni o tortiglioni). Se trata de una pasta muy empleada en los platos de Italia del sur. 12 13


Roman dio un trago a cerveza, observándome por encima. —¿Ustedes pelean mucho? Sonreí. —En realidad, sí. —Es lo que cuenta. La confusión debió de ser evidente en mi rostro, porque Roman puso su botella sobre su rodilla y continuó: —Nos conocimos en sexto grado. Le robé a su novia... Lo interrumpí. —Por la forma que Drew cuenta la historia, él robó tu novia antes que te contagiaras de varicela. —¿Te contó sobre eso? Asentí. —Sí. Fue una historia extrañamente dulce. Lo cuenta con reverencia. —De todos modos, los dos hemos estado peleando desde el sexto grado. Pero, también es mi mejor amigo. Él y su padre eran lo más cercano que cualquier padre e hijo que hubiera conocido. Peleaban diariamente. No es una coincidencia que él también discuta como medio de vida. —Roman tomó un sorbo de su cerveza y pareció meditar sus siguientes palabras—. ¿Quieres saber cómo sabía que no iba a salir bien con Alexa? —¿Cómo? —Nunca discutían. No hasta el final cuando comenzó a mostrar sus verdaderos colores como la perra egoísta que siempre fue. Y esa es un tipo de pelea diferente a la que Drew tiene cuando ama a alguien. —No estamos… Roman se recostó en el sofá con una sonrisa simplona. —Lo sé. Puedo ver que ninguno de los dos se ha dado cuenta todavía. Háblame en un mes o dos.


—Hay una construcción nocturna en la 49ª, deberías tratar por la 51ª. —Jesucristo, eres un dolor en el culo —murmuró Drew mientras hacía un brusco giro a la izquierda. Habíamos discutido durante media hora sobre mi regreso a casa. Quería que me quedara en su casa para poder ayudarme a moverme. Pero con su hijo allí, no era lo correcto. Finalmente cedió, pero esperamos hasta que Beck se fuera a dormir. Entonces, Roman se había quedado para que Drew pudiera llevarme a casa. Cuando llegamos a mi edificio, hice un intento medio inútil de discutir para que no me cargara, luego me rendí. Envolviendo mis brazos alrededor de su cuello, me incliné para disfrutarlo. —Podrías pensar en dejar las hamburguesas —se burló Drew. —Cuidado. Chistes de gordura y voy a dejar toda la carne. —Estás llena de mierda. Te gusta mucho mi carne. —Estás lleno de ti mismo. —Tal vez. Pero tú también vas a estar llena de mí en unos cinco minutos. La puerta del ascensor se abrió. —No tenemos tiempo para eso. Necesitas regresar para que Roman pueda volver a casa. —Qué se joda Roman. —Una de las manos que me acunaban se deslizó hasta mi culo y apretó fuerte—. He tenido tu culo en mis manos todo el día. Vamos a desnudarnos. —¿Y si no te invito a entrar? —Buen punto. Quizás debería follarte aquí mismo en el ascensor. — Señaló con su mentón una pequeña cámara en la esquina—. Alguien podría estar observando. Démosle un buen espectáculo. Había estado inclinando mi cabeza contra el pecho de Drew, así que, la incliné hacia atrás para mirarlo. Sus ojos estaban llenos de calor. Si no llegábamos a la privacidad de mi apartamento, había una posibilidad que alguien realmente pudiera tener un espectáculo. Pero ¿por qué aún no nos movíamos?


—¿Has presionado el botón de mi piso? —Mierda. —Drew se rió y se inclinó hacia adelante para presionar el botón en el panel del ascensor. Justo antes que las puertas se cerraran, un brazo lo impidió. Por supuesto, tenía que ser Baldwin. Me miró en los brazos de Drew y luego vio que la bota amarrada en mi pierna. —¿Emerie? ¿Qué pasó? Sentí que el agarre a mí alrededor se apretaba. —Me caí patinando sobre hielo. Es sólo un esguince. Baldwin miró a Drew. ¿Qué demonios? ¿Necesita que lo confirme? —Ha sido examinada. No está roto —dijo Drew cortante. Tenía la mandíbula tan apretada que podía ver su músculo flexionado. La puerta del ascensor se cerró y el interior se volvió mucho más incómodo. Se sentía... sofocante. Los dos hombres se pararon uno al lado del otro. De repente, deseé haber discutido más respecto a que me cargara. Cuando llegamos al tercer piso, estaba segura de que no había mucho oxígeno en el silencioso elevador. Baldwin extendió el brazo para dejarnos salir primero. Intenté encontrar mis llaves en mi bolso, pero era difícil en mi posición actual. Cuando Drew se detuvo frente a mi puerta, le dije: —¿Te importaría bajarme para encontrar mis llaves? Me bajó suavemente, manteniendo su brazo alrededor de mí para reducir el peso en mi pie. Baldwin se detuvo en mi puerta. —¿Hay algo que pueda hacer para ayudar? Abrí la boca para responder, pero Drew me ganó. —Me ocuparé de lo que ella necesite.


Baldwin prácticamente no le hizo caso. —Puedo dejarte en la oficina por la mañana y recogerte. —Tengo auto —murmuró Drew, mientras tomaba las llaves de mi mano y abría la puerta. —No es necesario que salgas de tu rutina. Salimos del mismo lugar, y puedo arreglar mi viaje para dejarte de camino a la universidad. Ignoré la mirada fulminante y volví hacia Baldwin. —Eso sería genial. Gracias. O puedo tomar un taxi. No quiero que Drew tenga que venir hasta aquí por la mañana, especialmente trayendo a su hijo con él. —Entonces está arreglado. Envíame un mensaje por la mañana si necesitas ayuda para prepararte o algo parecido. —Gracias. Baldwin asintió hacia Drew, y luego, finalmente, se fue a su apartamento. El encuentro entero probablemente duró la suma total de tres minutos, pero parecieron horas. En el interior, encendí las luces y me quité el abrigo. Drew estaba callado, y sentí venir un comentario. Después de un minuto, empecé a relajarme y pensar que tal vez todo estaba en mi cabeza, que había mal juzgado la situación y sólo yo me había sentido incomoda. Estaba equivocada. —Ese tipo es un idiota. —¿Qué hizo? Drew debió haber tomado mi pregunta como defensa de Baldwin. Todo su comportamiento cambió. —¿Quieres follarlo? —¿Qué? ¡No! ¿De dónde diablos ha salido eso? Se pasó una mano por el cabello. —Me tengo que ir. No quiero que Beck se despierte y no esté allí todavía.


Aunque pude entender eso, hace cinco minutos no había planeado regresar de inmediato. Drew pasó de desesperado por estar conmigo a desesperado por alejarse de mí, en menos de cinco minutos. —¿Qué acaba de pasar aquí? —¿Quieres que te quite la bota o haga algo antes de irme? Frustrada, le dije: —No. Sólo vete. Apoyé la cabeza contra la puerta después de cerrarla detrás de él. Mi mente estaba girando, pero la misma pregunta siguió dando vueltas: ¿Quiero acostarme con Baldwin?


Capítulo 32 A la mañana siguiente, debatí ir al apartamento de Emerie media docena de veces antes de decidir que solo lo empeoraría si aparecía. No quería que pensara que mi disculpa era una excusa porque no quería que el idiota la llevara a trabajar. Por supuesto, no quería que el Pendejo la llevara al trabajo. Pero, alrededor de las dos de la mañana, después de tumbarme sobre mi almohada, finalmente recobré mis sentidos. Haber actuado como un imbécil no tenía nada que ver con Emerie. Entre una ex-esposa infiel y mi dosis diaria de clientes que habían sido engañados o habían engañado a su cónyuge, no era exactamente la persona más confiada. Aún no creía que estuviera equivocado con Baldwin, el tipo era un idiota, y mi instinto me decía que algo finalmente caería en su lugar una vez que se diera cuenta de que Emerie ya no estaba esperando en el banquillo por él. Pero eso tampoco era por su culpa. Casi eran las diez cuando ella finalmente apareció en la oficina. Beck sólo tenía medio día de clase, así que esperaba que no tuviera una cita matutina que atender. Había estado demasiado alerta esperando que ella entrara, por lo que apenas había entrado cuando fui a la zona de recepción. Y el idiota estaba con ella. Su brazo alrededor de su cintura, estaba tratando de ayudarla a caminar. Pude ver en su rostro que todo el asunto la hacía sentir incómoda. —Buen día. —Buenos días. —Emerie forzó una sonrisa dubitativa—. Le dije a Baldwin que no necesitaba ayudarme a entrar. Pero insistió. Me las arreglé para responder con un toque de sinceridad.


—Necesitas ayuda. El doctor dijo que no tenías que poner peso en ese tobillo. Probando mi determinación, retrocedí y lo dejé llevarla hasta el final de su oficina mientras regresaba a la mía. Estaría mintiendo si dijera que no escuché a escondidas. Él preguntó a qué hora debía recogerla, y Emerie dijo que tenía planes después del trabajo y que la llevarían. Una vez que el Pendejo desapareció, respiré hondo y entré en su despacho. Estaba acomodando su computadora portátil en la base de conexión. —¿Tienes un paciente ahora? —Nop. —No levantó la mirada. —Entonces, ¿podemos hablar? Me miró. —Oh. ¿Estás de humor para hablar ahora? Merecía eso. —Tal vez debería empezar con una disculpa de inmediato. Su expresión se suavizó, pero cruzó los brazos sobre su pecho, tratando de parecer más dura. —Eso sería bueno. —Lo siento por la forma en que actué anoche. —¿Quieres decir por acusarme de acostarme con otro hombre después de que ya habíamos acordado que íbamos a dormir juntos exclusivamente? —Sí. Eso. Emerie suspiró. —No soy ese tipo de persona, Drew. Incluso si quisiera acostarme con alguien más, no lo haría mientras estuviera comprometida con alguien. Sin querer, acababa de golpear mi punto ciego de dolor. Había pasado la mitad de la noche y la mañana asimilando el hecho de que tenía problemas de confianza; lo que me hacía fácil culpar a otras personas. Era culpa de Alexa. Mi trabajo ha matado mi fe en la raza humana. Pero cuando se trataba de


ella, me gustaba esta mujer, tal vez más de lo que debería después de tan poco tiempo, y eso me asustaba como la mierda. Había pasado los últimos años de su vida esperando a que otro chico la notara, y no estaba seguro de qué pasaría cuando finalmente él lo hiciera. Claro, estaba celoso. Pero también asustado. Y definitivamente no me gustaba sentirme así. Me acerqué a ella, no tanto por sentir que tenía que estar cerca para decir lo que tenía que decir, sino porque odiaba estar al otro lado de la habitación cuando podía estar cerca de ella. Hoy estaba especialmente frío, y sus mejillas estaban rosadas, igualando la punta de su nariz. Acuné su rostro frío en mis manos y me incliné y posé un suave beso en sus labios. Luego me aparté para estar a la altura de sus ojos. —Lo siento por ser un idiota celoso. Había planeado decirte por qué no era mi culpa que estuviera celoso, que mi historia y mi trabajo me hicieron así, y tal vez sea eso en parte. Pero no lo es todo. Para ser honesto, no noté la verdad hasta hace unos minutos. —¿Y cuál es? —Necesito saber cuáles son tus intenciones con ese tipo. Lo seguiste mitad de camino por todo el país hace unos meses. Sé que tuviste fuertes sentimientos por él. Y si dices que hablarías conmigo si no quisieras continuar con esto exclusivo, te creo. Pero, lo que necesito saber es que si él te dijera hoy que tiene sentimientos por ti, ¿me dirías que ya no quieres continuar con esto? Emerie se tensó, un destello de algo parpadeando en su rostro antes de que nuestros ojos se encontraran. —¿Por qué no te sientas?


Capítulo 33 Practica lo que predicas. Era una orden difícil cuando Drew Jagger te miraba, esperando una respuesta. Quería saber qué pasaría si el hombre por el que había estado loca durante los últimos años, el hombre por el que me había mudado a Nueva York para que me diera una oportunidad, de repente decidiera querer estar conmigo. Era una pregunta que me había estado haciendo desde que los dos hombres me dejaron sola con mis pensamientos anoche. Se lo debía a Drew, para ser honesta. Diablos, me lo debía a mí misma. —He tenido sentimientos por Baldwin durante tanto tiempo que no recuerdo cómo se siente no tenerlos. Drew se apoyó en el borde de mi escritorio, con las piernas extendidas en una postura tan intrínsecamente masculina y dominante, algo tan simple, pero me recordó que lo que iba a decir era cierto. —Pero lo que he sentido por Baldwin es muy diferente de lo que está pasando entre nosotros. Los ojos de Drew brillaron, y tuve que apretar mis muslos para evitar que me excitara cuando él se enfureciera. No había duda que hacernos enfadar era alguna especie de juego previo, pero no era el momento para eso. —Baldwin es inteligente y cortés. Compartimos una pasión por la psicología y la sociología. No usa lenguaje sucio, me lleva a lujosos restaurantes, y nunca me ha levantado la voz. Drew estaba pensando. —Más vale esté por venir un jodido pero pronto.


Mi labio tembló. Necesitaba pasar por la parte difícil antes de darle su pero. —Lo hay. Pero quiero ser completamente honesta. La mirada en sus ojos me dijo que llegara al punto. Asintió para que continuara. —Estaría mintiendo si dijera que no tenía sentimientos por Baldwin. Pero luego estás tú. Me confundes, y no tengo idea de a dónde nos va a llevar lo que está pasando entre nosotros, pero hay una cosa de la que estoy segura. —¿Qué es? —Cuando te miro, me doy cuenta por qué nunca hubiera funcionado con él. Sus ojos se suavizaron. —Apesto en confiar. —Lo sé. —Todavía voy a gritar, y uso joder como sustantivo, adjetivo y verbo. Sonreí. —He aprendido que hay momentos en que tu lengua realmente funciona para mí. Drew extendió la mano y pasó dos dedos por mi barbilla, por mi cuello y por mi clavícula antes de moverlos a mi escote. —¿Oh, sí? Eso fue todo lo que tomó. El sonido ronco, profundo de su oh sí, y un simple toque. No podía explicar por qué sentía cosas por Drew más de lo que podía explicar el sabor del agua. Sin embargo, de alguna manera, se había convertido en una necesidad para mí, y no estaba en modo alguno dispuesta a asumir una sequía. —¿Dónde está Beck? —susurré. Los ojos de Drew siguieron sus dedos mientras se metían bajo mi suéter. —Escuela. No tengo que recogerlo en otra hora.


Mi cuerpo se estremeció al pensar en cómo podríamos pasar esa hora. —¿Algunos clientes antes? Comenzó a desabotonar los pequeños botones de perlas que corrían por el frente de mi suéter. —Nop. ¿Tú? Negué. Cualquier paciencia que Drew hubiera estado practicando, salió por la ventana después de eso. En el minuto siguiente, me levantó de mi silla, me arrancó las bragas y me apoyó sobre mi escritorio, frente a la silla con mi falda levantada alrededor de mi cintura. Todo el tiempo teniendo cuidado de mi pierna lesionada. Luego se sentó en la silla, frente a mi coño expuesto, y aflojó su corbata. —¿Qué estás haciendo? —Te estoy mostrando que lo siento. Ábrelas más. Oh, Dios. Abrí las piernas y me estremecí por la forma en que me miraba allí abajo. Cuando se lamió los labios, acercó la silla y tiró hasta que mi culo estaba al borde del escritorio, ya estaba a medio camino del orgasmo, y ni siquiera me había puesto un dedo encima. —Puede que no me guste comer en restaurantes elegantes, pero siempre te alimentaré y te comeré hasta que seas la que grite obscenidades. Eso funcionaría completamente.

Las cosas fueron diferentes después de nuestra charla de esta mañana. Había una intimidad, un vínculo de algún tipo, que no había estado allí antes. Drew recogió a Beck de la escuela y trajo el almuerzo para todos antes que los dos se fueran a la biblioteca y a patinar sobre hielo otra vez. Me encantaba que Drew hiciera sus tardes con su hijo parte de trabajo y parte juego para los dos. Beck leyó historias en la alfombra de niños mientras Drew


trabajaba en un caso en la habitación contigua. Cuando terminaron, Beck leyó libros a Drew, y entonces la recompensa fue patinaje sobre hielo. Tuve una tarde llena de pacientes, e incluso a las seis y media sentí una esperanza renovada de que había una solución para los problemas de cada pareja. Mi optimismo se había notado en mis sesiones de una buena manera. Estaba guardando mi computadora portátil cuando escuché la puerta principal abrirse y luego los pies pequeños corriendo hacia mi oficina. —¡Tenemos todas las cosas para la noche de cine! —gritó Beck. Sus mejillas regordetas estaban rojas por el frío, y estaba envuelto como un pequeño muñeco de nieve. —Oh, ¿en serio? ¿Qué planeas ver? Beck levantó dos dedos. —Tenemos dos películas. Una es para la cena y la otra para el postre. No entendía bien lo que quería decir, pero su emoción era contagiosa. —Eso suena genial. ¿Qué película verás primero? Drew apareció detrás de su hijo. —Me obligó a dejarlo en la acera en lugar de ir al estacionamiento, para poder correr y decirte primero. Beck sonrió tan ampliamente, que casi podía contar sus diminutos dientes. Levantó una caja de CD. —Para la cena, tenemos Lluvia de Hamburguesas. —Luego señaló a su padre, que tenía una bolsa de comida para llevar. —Mamá Theresa’s hace las mejores albóndigas de la ciudad. Beck asintió rápidamente, luego levantó una segunda caja. —Y de postre tenemos Blancanieves y los siete enanitos. Beck señaló a su padre. Era como si estuvieran haciendo una pequeña escena. Drew levantó otra bolsa. —Pastel de grosella de la Pastelería Francesa.


Sonreí. —¿Qué es el pastel de grosella, de todos modos? Drew se encogió de hombros. —Demonios si lo sé. Pero tuvimos que ir a tres panaderías para encontrarlo, y la cosa costó veintiséis dólares, así que, mejor que sea bueno. Beck agregó: —Voy a comer el mío con helado de vainilla. Eso no es parte de tu fiesta de cine. —¿Mi fiesta de cine? —Papá dijo que te gustaban las fiestas temáticas de películas. ¿Puedes venir? Otra parte de la pared que había construido alrededor de mi corazón porque tenía miedo de enamorarme de este hombre, se desmoronó. Drew me observó, evaluando mi reacción. No podría ocultarlo si quisiera. Mi mano fue hacia mi pecho. —Eres la persona más dulce. No puedo creer que hayas hecho una noche de cine temática para mí. Me encantaría ir. Ansioso por empezar, Beck se echó a gritar por el pasillo. —Tomaré el ascensor. —No subas hasta que esté allí —le advirtió Drew. Terminé de guardar mis cosas y fui a la puerta. Poniéndome de puntitas, le di un suave beso en los labios. —Gracias. Me guiñó. —Lo tienes. Drew me cargó, porque al parecer no se me permitía caminar hasta que me quitaran la bota, y caminó hacia el ascensor.


Bajando la voz, dijo: —Creo que me va a gustar esta cena y la temática de cine... finalmente le daré un buen uso a mi colección porno.


Capítulo 34 El resto de la semana fue tan increíble como la noche de películas. Pasar tiempo en casa con Drew y Beck me mostró mucho más sobre el hombre, de lo que habría aprendido en docenas de citas. Si pensamos en ello, debe ser parte del ritual de citas. En la segunda o tercera, el hombre debe llevar un niño, tal vez una sobrina o sobrino si no tiene hijos propios, para poder ver la relación que tiene con ellos. Ahorraría más tiempo que tener seis meses de citas. Ya sea que tomáramos el desayuno o la cena juntos cada día, Drew siempre se las arreglaba para sacar tiempo para los tres y para los dos solos. Estaba empezando a sentirlos como mi propia pequeña familia. Pero en el fondo de mi mente, me di cuenta de que las cosas no siempre serían así. Alexa regresaría mañana, y no estaba segura de a qué conllevaría eso. Definitivamente tenía curiosidad por ella. Esta tarde estaría cuidando a Beck sola durante unas horas mientras Drew tenía una declaración que no podía reprogramar. Había planeado pedírselo a uno de los maestros asistentes de la escuela de Beck que a veces lo cuidaba, pero insistí en que podía manejarlo. Drew tenía un alijo de películas que podíamos ver en su apartamento, y había comprado algunas palomitas de maíz Jiffy Pop de la vieja escuela, para hacer en la estufa. Ser niñera sería pan comido. O eso pensé. Luego tuve que llamar al celular de Drew e interrumpir su declaración diez minutos después que empezara. Para decirle que necesitábamos ir al hospital.


—Lo siento mucho. —Fue la millonésima vez que lo dije. Estábamos en una pequeña habitación con cortinas, en la misma sala de emergencia en que habíamos estado por mi tobillo torcido, ni siquiera hace una semana. Sólo que esta vez, Beck estaba siendo tratado. —Esas cosas pasan. Fue un accidente. Ahora sabe que no debe tocar la estufa. —Yo debería haberlo sabido. —Beck y yo habíamos hecho el Jiffy Pop juntos. Él nunca había visto cómo se hacían palomitas de esa manera. Sus grandes ojos chocolate se ampliaron viendo cómo el papel de aluminio se inflaba con cada pop de los granos. Cuando el estallido se había ralentizado y la lámina parecía a punto de estallar, deslicé la cacerola plateada del fuego sobre un enfriador e hice un aguajero en la parte superior para permitir que el vapor escapara. Cuando Beck fue a ver el gabinete de películas, pensé que no era nada ir al baño. Estuve fuera de la habitación menos de tres minutos, pensando en lo agradable que era la tarde mientras me lavaba las manos... cuando empezaron los gritos. El pobre chico había vuelto a la estufa y, sin darse cuenta de que parte de la lámina aún estaba caliente, aunque ya no estaba de color naranja, trató de subirse para ver el vapor que salía de la parte superior del Jiffy Pop. Sin saberlo, había puesto toda su mano en la estufa aún caliente. —La cocina de su madre tiene gas. Debería haberle explicado que la parte superior queda caliente cuando recibí la nueva estufa hace un año. No es tu culpa. Es mía. Beck se encogió de hombros. El muchacho era un soldado. —Ya ni siquiera me duele tanto. El médico dijo que era una simple quemadura de primer grado y le aplicó la loción de Silvadene, luego envolvió la mano de Beck con gasa en el interior y un vendaje frío en el exterior. Puse mi mano en la rodilla de Beck. —Lo siento mucho, cariño. Debería haberte dicho que seguiría caliente, incluso cuando cambiase el color.


Un poco más tarde, una enfermera entró y nos dio instrucciones, un tubo de crema, y algo de gasa para usar al día siguiente, así que no tuvimos que ir a la tienda enseguida. Aunque todo el mundo lo trató como si fuera una ocurrencia común, todavía me sentía como una mierda. La primera vez que Drew me dejaba a solas con su hijo, lo había herido.

—¡Parezco un boxeador! —exclamó Beck de camino a casa desde el hospital—. Papá, ¿puedes envolver mi otra mano? ¿Y tal vez conseguir estas cosas en color rojo? —Señaló el vendaje frio. —Claro, amigo. Los dos estaban de vuelta a su ser normal, pero todavía me sentía horrible. Drew se acercó y puso su mano en mi rodilla mientras conducía. —La gente va a empezar a verme gracioso con ustedes dos. Fruncí el ceño. —Tienes una bota, y él tiene una mano envuelta. Me tapé la boca. —Oh Dios mío. Imagina, te miran gracioso a ti, cuando ambas lesiones son completamente mi culpa. Drew bajó la voz. —En serio, te veo sentada allí, asumiendo todo tipo de culpa. Fue un accidente. Podría haber sido yo haciendo las palomitas de maíz, y lo mismo habría pasado. —Pero no pasó. —Deja de culparte. Hace dos meses él tenía el ojo negro por correr hacia la cómoda mientras su madre lo cuidaba. Es un niño pequeño. Ellos hacen mierda sin pensar y salen lastimados. —Oh, no. —¿Qué? —Ni siquiera había pensado en su madre. Va a odiarme.


—No te preocupes por ella. No había muchas posibilidades de que le agradaras de todos modos. Estupendo. Simplemente genial.


Capítulo 35 —¿Quién eres tú? Sólo tomó tres palabras saber que la mujer que entró en la oficina la mañana siguiente era una perra. Jeans ajustados, botas de cuero marrón de tacón alto en largas y delgadas piernas, y una diminuta cintura en un top que mostraba piel, aunque era finales de enero y helaba en Nueva York. No quería mirar más. Quería ir a casa y cambiarme a algo menos profesional y más sexy. No había duda en mi mente de quién era ella. Temiéndolo, caminé el resto del camino y me encontré con un rostro tan bonito como el cuerpo. Por supuesto. —Soy Emerie Rose. ¿Y usted es? —Alexa Jagger. Esposa de Drew. Drew apareció de repente junto a mí en el vestíbulo. —Ex esposa. —Sus ojos estrechados igualaron su respuesta cortante. Alexa puso los ojos en blanco. —Lo que sea. Necesitamos hablar. —Pide una cita. Esta mañana estoy ocupado. Ignoró por completo a Drew y pasó por delante de él, avanzando hacia su oficina. Los dos permanecimos en el vestíbulo por un momento. Hablé suavemente: —Bueno, ella es encantadora.


Drew respiró hondo. —Es posible que desees ponerte tapones en los oídos.

—¡Vamos a ir! —¡No vas a llevarlo de viaje por carretera para seguir a un grupo de pilotos por todo el país y darle clases en casa! Ve, si quieres ir, pero Beck se queda aquí. —¿Qué va a hacer aquí contigo? Trabajas sesenta horas a la semana. —Lo hago funcionar. Al menos aquí tiene su escuela, su rutina, su hogar. —No haces que funcione. Lo dejas con una niñera. He oído hablar más de la nueva niñera que de ti esta mañana. Y aparentemente ni siquiera es competente para vigilarlo, ya que su mano está quemada. Mierda. Los gritos cesaron y supe que Drew estaba tratando de ponerse bajo control. Imaginé su mandíbula apretándose y flexionando mientras respiraba fuego e intentaba exhalar hielo. Cuando finalmente habló, su tono era más que enfadado; se escuchaba letal. —No tienes idea de lo que estás hablando. No dejo a mi hijo con una niñera. Estuvo conmigo o con mi novia todo el tiempo, y estuvo bien cuidado. —¿Novia? —espetó Alexa—. ¿Tienes a mi hijo con tu follada del mes ahora? —Nuestro hijo —gruñó a Drew—. Y no es una follada del mes. A diferencia de ti, nunca le he presentado a Beck alguien a quien estuve viendo casualmente. Todas las veces que ha mencionado hombres al azar estando alrededor, he mantenido mi boca cerrada y confiando en que estuvieras siendo cuidadosa y respetuosa a su alrededor. Y a cambio espero lo mismo por Emerie. —¿Emerie? ¿La mujer que conocí en el vestíbulo? ¿Estás follando a la empleada?


—Estamos compartiendo espacio. Ella es psicóloga, no empleada. ¿Y qué mierda te importaría si barre el piso aquí? Al menos ella tiene un trabajo. Deberías probarlo. Podría hacerte apreciar las botas de mil dólares que estás usando ahora mismo. —Estoy criando a nuestro hijo. Es un trabajo a tiempo completo. —Lo curioso es cómo él es nuestro hijo cuando menciono pagar las cuentas por ese trabajo a tiempo completo. Pero es tuyo cuando quieres llevarlo a un recorrido de NASCAR del país sureño. —Lo voy a llevar —dijo bruscamente —No te lo llevarás. —No creo que sea algo que quieras pelear. Beck debería conocer a su padre y pasar tiempo con él. Me preparé para el rugido que sabía que vendría. —¡Él está pasando tiempo con su padre! —Me refería a su padre biológico. —Esa no fue mi elección. Te aseguraste de eso. ¡Dios sabe que no me habría jodidamente casado si hubiera sabido que eras una puta llevando el hijo de otro hombre! —¡Púdrete! —Vete, Alexa. Sólo vete a la mierda. A pesar que sabía que estaba llegando, salté cuando abrió de un golpe la puerta de la oficina de Drew, y la estrelló contra la pared. Alexa salió a pisotones y estallidos. Esperé en mi oficina durante unos minutos, sin saber si debía darle tiempo a Drew para refrescarse o tratar de consolarlo. Finalmente, cuando no oí nada más que silencio, decidí comprobarlo. La silla de Drew estaba apartada de su escritorio, y estaba sentado con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos. —¿Estás bien? —pregunté suavemente. No levantó la mirada cuando contestó. Su voz era ronca:


—Sí. Entré con pasos vacilantes en su oficina. —¿Qué puedo hacer? Drew negó varias veces, luego levantó la mirada. —¿Me puedes hacer el verdadero padre de ese niño? —Mi corazón se encogió en mi pecho cuando vi su expresión derrotada. Sus ojos estaban rojos y llenos de lágrimas no derramadas, y sentí el dolor que pude ver en su rostro. Me arrodillé ante él. —Eres su verdadero padre, Drew. A pesar que me estaba escuchando, no estaba consiguiendo llegar a él. Así que, decidí compartir una historia que nunca le había contado a nadie. —Cuando tenía diecinueve años, decidí que quería saber quién era mi madre biológica. No tengo idea por qué; nada había salido mal. Tenía curiosidad, creo. De todos modos, mi adopción era abierta, así que, la información estaba allí si quería. Como no quería herir los sentimientos de mis padres, decidí no decirles y obtuve la información por mi cuenta. Drew me prestaba atención ahora, así que continué: —Un sábado, le dije a mis padres que iba a casa de una amiga y en cambio, conduje cuatro horas por todo el estado en dirección hacia donde vivía mi madre biológica. Me senté frente a su casa y esperé hasta que salió. Luego la seguí hasta donde trabajaba en un restaurante. Después de un par de horas más, tuve el valor suficiente para realmente entrar. Había observado a través de la ventana, así que sabía qué sección atendía y pedí una mesa cerca de la ventana para que ella fuera mi camarera. A pesar de que Drew era el que estaba mal, extendió la mano y apretó mi hombro con ánimos. —¿Qué pasó? —Ella llegó a tomar mi pedido, y balbuceé cada palabra que salió de mi boca. Pero me las arreglé para pedir tostadas y té mientras la miraba. —Hice una pausa, pensando en aquel día—. Tenía el cabello rojo. Drew acarició mi mejilla.


—De todos modos, mientras que ella estaba tomando una orden en la mesa junto a mí, mi teléfono sonó, y vi que era mi madre. Dejé que fuera al correo de voz porque pensé que tal vez se había enterado de lo que estaba haciendo de alguna manera, y estaba enfadada. Pero cuando escuché su mensaje, sólo había querido comprobar y ver si todo estaba bien. Dijo que me vio algo decaída el día anterior. No es necesario mencionar que, me sentí culpable como el infierno. Cuando la camarera, mi madre de nacimiento, vino a entregarme mi tostada unos minutos más tarde, yo estaba llorando. Ella me miró y ni siquiera preguntó si estaba bien. No pudo esperar dejar el pan tostado en la mesa y desaparecer. Suspiré. —Le di una mirada más a la mujer que me había dado a luz, y me di cuenta que mi madre era la mujer que me había dejado el correo de voz. Que estaba conectada biológicamente a la camarera, y ella no sentía nada diferente por mí que por un completo desconocido. Porque eso es lo que era... una completa desconocida. Arrojé un billete de veinte sobre la mesa y nunca miré atrás. Miré a Drew. —Ser padre es una opción, no un derecho. Realmente no entendí por qué mis padres celebraban el día de mi adopción hasta entonces. Eres el padre de Beck, tal como Martin Rose es el mío. Cualquiera puede convertirse en padre, pero se necesita un verdadero padre para amar y criar a un hijo como suyo. —Ven aquí. —Drew me levantó del suelo a su regazo. Apartó un mechón de cabello detrás de mi oreja. Sus ojos previamente enojados y tristes, se habían calentado—. ¿De dónde has venido? —Irrumpí y te mostré mi culo, ¿recuerdas? Se rió, y sentí un poco de la tensión disiparse cuando me envolvió en sus brazos y besó la parte superior de mi cabeza. —Gracias. Necesitaba eso. Estaba encantada de haberlo calmado. Dado que Drew había estado con Beck durante toda la semana, esta era en realidad la primera tarde que teníamos a solas en ese tiempo.


—No tengo cita hasta dentro de dos horas, por si necesitas cualquier otra cosa. Drew estuvo de pie conmigo en sus brazos, prácticamente antes que terminara la frase. Grité por el movimiento repentino. Esperando que extendiera mis piernas, allí mismo, en su escritorio, me sorprendió cuando comenzó a ir hacia la puerta de la oficina. —¿Nada de sexo en el escritorio? —pregunté. —El escritorio es para follar. Quiero hacerte el amor.


Capítulo 36 Me podría acostumbrar a esto. Acababa de salir de la ducha y entré en la cocina. Emerie estaba de pie llevando una de mis camisas de vestir, que colgaba sobre sus rodillas, y estaba preparando algo que olía casi tan bueno como ella. Sé oía música, y me quedé en la puerta y observé mientras se balanceaba a un lado, cantando alguna canción que no reconocí. Como si me detectara, después de un minuto, se dio vuelta y sonrió. —El desayuno está casi hecho. Asentí, pero me quedé allí un minuto más, disfrutando observarla. Hace cinco días, después que Alexa había llegado como una furia y comenzó a contarme su intención de llevar a Beck en un viaje por carretera, había asumido que mi semana sería una mierda, como era típico después de nuestras discusiones. Pero Emerie tenía una manera de calmarme, provocando que me concentre en lo positivo. También podría haber ayudado que ella había estado en mi cama todas las noches, para ayudar a aliviar cualquier tensión, y que me había despertado esta mañana con su cabeza bajo las sábanas y su lengua lamiéndome como si fuera una paleta de caramelo. Ella sonrió y me guiñó, sonrojándose. —Ve a sentarte. Mi turno de alimentarte. Sí. Hay una clara posibilidad de que podría acostumbrarme a esto.


—¿A qué hora es tu primera cita? —pregunté. Habíamos terminado el desayuno, luego, la follé sobre la encimera de la cocina antes de limpiar los platos mientras ella se preparaba. Ahora estaba cepillando alguna mierda en sus pestañas mientras se inclinaba hacia el espejo. —Diez. Pero tengo que correr a mi apartamento primero. ¿Tú? —No tengo citas hasta esta tarde, pero me tienen que redactar una moción y acabar de una vez en el tribunal de familia para entonces. ¿Qué necesitas de tu apartamento? —Ropa. ¿A menos que creas que puedo salir con un cinturón y tacones con esto? —Hizo un gesto a mi camisa de vestir, que estaba abierta, y no tenía nada debajo. Amando el acceso fácil, tomé un pecho en mi mano antes de bajar y besar a su pezón respingón. —¿Por qué no dejas ropa aquí para las noches en que te quedas, de manera que no tengas que regresar a casa con tu ropa del día anterior? —A pesar de que la declaración salió sin pensarlo mucho, no me asustó decirla. Raro. Emerie me miró. —¿Me estás ofreciendo un cajón? Me encogí de hombros. —Toma la mitad del armario, si quieres. No me gusta la idea de que corras alrededor de la ciudad con falda y sin ropa interior en las mañanas, a pesar de que realmente no entiendo por qué no puedes simplemente darle vuelta y usarlas de nuevo. Arrugó la nariz. —Eso es cosa de hombres. Después que terminó de ponerse el maquillaje que llevaba en el bolso, se vistió y se fue a su apartamento. Llamé a Alexa y le dejé un mensaje de que recogería a Beck para pasar el fin de semana alrededor de las cinco, esta noche. Agradecido de que me respondiera su correo de voz en lugar de ella, bajé para trabajar un poco, todavía en mi buen estado de ánimo, sólo para ser recibido por un agente judicial esperando en mi puerta. Yo era abogado de


divorcio; no era raro ser notificado a primera hora de la mañana. Lo inusual era que el servicio fuera de un tribunal de Atlanta.

Acababa de terminar de leer el mismo párrafo de la moción por quinta vez.

Se han producido cambios desde la última sentencia de custodia que hacen necesaria una modificación en el orden de visitas al niño. Los cambios eran desconocidos en el momento de la sentencia definitiva, y justifican una revisión del acuerdo de custodia.

Fue la siguiente parte la que me había tumbado en mi silla, en lugar de dirigirme al apartamento de Alexa, porque temía de lo que era capaz de después de leer el resto.

Adjunta a la presente, la paternidad ha sido establecida para Levi Archer Bodine y no al acusado al que se le concedieron visitas en el decreto final de custodia. El peticionario solicita una modificación de la custodia compartida igualitaria, para permitir una visita demandada cada fin de semana durante un período de ocho horas. El aumento de las visitas de la peticionaria es para dar tiempo a la introducción del padre biológico del mencionado niño menor. Además, la custodia compartida de la parte demandada debe reducirse en base a los últimos incidentes de negligencia infantil. Es decir, la parte demandada ha incurrido en una conducta que puso al niño sujeto en riesgo, mediante la exposición del niño a criminales conocidos. Como resultado directo de esta conducta, el niño sujeto ha salido herido. Por tanto, el peticionario tiene razones para estar preocupado por la seguridad del niño menor en cuestión, y solicita una modificación inmediata de la orden de custodia.


La documentación anexa en apoyo de la petición incluye una copia de la detención más reciente de la supuesta criminal y un informe de la sala de emergencia. La criminal era Emerie, y por supuesto, era sólo una copia parcial de los cargos de exposición indecente. No había ninguna mención de que había sido cuando era adolescente o que la demanda se había reducido el mes pasado. Además de ese montón de mierda, había una copia del informe de la sala de emergencia que tenía el diagnóstico de quemaduras accidentales, junto con una declaración jurada de una enfermera que verifica que Beck fue traído por su padre y la mujer que lo había estado observando en el momento de la lesión: Emerie Rose.

Después de la tercera vez que pasé a correo de voz, no pude aguantar más y me dirigí a la casa de Alexa en persona. No era la idea más inteligente, teniendo en cuenta el estado de ánimo en el que estaba, pero necesitaba descargarme con ella. Tenía sólo una cosa que ansiaba esta mujer, pero tenía muchísimo: dinero. No tendría vergüenza de pagarle para que cortara esta mierda. De nuevo. Este pequeño juego era la venganza por decirle que no podía llevar a Beck en un tour de dos semanas, tras el circuito NASCAR. Necesitaba demostrarme que estaba al control. Conocía a mi ex mujer; ella era astuta y trataba de asegurarse de tener la sartén por el mango. Nuestra pelea, y probablemente el ver a Emerie, le había hecho pensar que tenía que ser puesto en mi lugar. El primer golpe en la puerta del apartamento no tuvo respuesta y sólo sirvió para molestarme y golpear más fuerte. Después de dos minutos impacientes, saqué mi llave. Cuando eché a Alexa y le alquilé este lugar, había guardado una llave para mí. Nunca hubo una ocasión para usarla, pero estaba cansado de que me evitara. La cerradura estaba atascada, pero después de un minuto de mover la llave, sentí un poco de alivio al oír el ruido metálico cuando se abrió. No queriendo que me golpeara en la cabeza con un sartén, Abrí la puerta y grité: —¿Alexa? Sin respuesta. Por segunda vez:


—¿Alexa? El pasillo estaba en silencio, y no había ni un sonido proveniente del interior del apartamento. Decidiendo que era seguro, abrí del todo la puerta. Y mi corazón se detuvo cuando vi lo que había dentro.


Capítulo 37 Algo pasaba. Las puertas de la oficina se habían cerrado de a portazos durante toda la segunda mitad de mi sesión de asesoramiento telefónico. En los últimos diez minutos, también habían comenzado los gritos. Una voz era la de Drew muy enfadado, y la otra era de Roman, que acababa de llegar. Con frecuencia, él hacía investigaciones para Drew, pero lo que estaba ocurriendo parecía mucho más personal que un simple caso. Después de disculparme de nuevo con mis pacientes, al mentirles y decirles que iba a hablar con el equipo de construcción por su lenguaje; colgué y me dirigí hacia la puerta cerrada de la oficina. Me detuve al oír mi nombre. —¿Emerie? ¿Qué diablos tiene ella que ver con esto? —Alexa básicamente le dijo al tribunal que estoy durmiendo con una ex convicta. —¿Una ex convicta? ¿Qué hizo? ¿Tuvo una multa de estacionamiento? —Es una larga historia, pero fue detenida por indecencia el mes pasado. —¿Qué? —Ocurrió cuando ella era adolescente. Fue una pequeña multa por inmersión que se convirtió en una orden porque no había pagado. Es un delito menor... nada más serio que una multa de estacionamiento. Pero, por supuesto, Alexa está haciendo que parezca algo más. En la petición la llama ex convicta con una predilección por el exhibicionismo. Y también agregó que se trataba de la misma ex convicta que recientemente causó que Beck se quemara. —Mierda.


—Sí. Mierda. Eso no es lo peor. Podría convencer al tribunal de Nueva York con la mierda que los jueces escuchan aquí todos los días. Pero, presentó la moción de cambio de custodia en Atlanta. —¿Cómo puede hacer eso cuando ambos viven aquí? —Acabo de llegar de su apartamento. Se ha ido. El portero dijo que se fue ayer y le dio una dirección de reenvío. Su casa está vacía. ¡Jodidamente se mudó!

Drew no era un gran bebedor. Tomaba un vaso de whisky o una cerveza ocasionalmente, o dos, pero bajarlos de un golpe no era algo que lo había visto hacer. Hasta esta noche. A pesar de que me había asegurado que nada de esto era mi culpa, aún me sentía culpable por provocar que él luciera como un padre no apto. Nos sentamos en el apartamento de Drew; ambos habíamos liberado nuestros horarios de la tarde. Le había prometido a Roman que Drew iba a estar en el aeropuerto para su vuelo mañana por la mañana. Los dos iban a volar a Atlanta para intentar hablar con Alexa, y me alegraba mucho que Drew no fuera solo. Ni siquiera podía decir el nombre de su ex esposa sin gruñir. Cerrando la puerta detrás de Roman, bloqueé la cerradura de la parte superior, tomé la copa de Drew de la encimera de la cocina y vacié el resto por el desagüe. Luego fui al sofá donde yacía con un brazo cubriendo sus ojos. Sus piernas eran más largas que el sofá, y sus pies colgaban sobre el extremo. Desaté sus zapatos y empecé a quitárselos. —¿Estás intentando desnudarme? —dijo, articulando mal las palabras— . A la mierda los zapatos. Quítame los pantalones. Sonreí. Incluso borracho, el hombre seguía siendo el mismo. —Son casi las once. Tu vuelo es en diez horas. Calculo que necesitas dormir un poco. La mañana puede no ser demasiado amable con tu cabeza.


Sus zapatos resonaron contra el piso cuando se los quité, seguido de sus calcetines. —No puedo perder a mi hijo. Mi corazón se rompió al escuchar la angustia en su frágil voz. —No lo harás. Si no puedes convencerla con dinero, podrás convencer a un juez de que tu hijo te necesita y te pertenece. —No hay mucha justicia en nuestro sistema. La gente como yo la retuerce en un juego cada día. No sabía cómo responder a eso. Sólo quería hacer lo que fuera para que se sintiera mejor. Así que, me quité los zapatos, me arrastré en el sofá, y envolví mis brazos alrededor de él, acurrucándome contra su pecho. —Lamento que esto esté sucediendo. Es muy claro lo mucho que amas a ese niño. Un juez tiene que ver eso. Me apretó en respuesta, y unos minutos más tarde, después de que pensé que se había quedado dormido, volvió a hablar, sus palabras apenas un susurro: —¿Quieres hijos, Oklahoma? —Sí. Me gustaría tener unos cuantos y tal vez también adoptar. —Vas a ser una buena madre algún día.

—No hemos podido encontrarla. La dirección de reenvío que dejó era de la casa de su hermano. El tipo es un perdedor. Llegamos allí a las dos, y aún estaba durmiendo. —La risa de Drew retumbó por la línea telefónica—. Bueno, lo estaba hasta que de repente estaba colgando en el aire de las manos de Roman. —¿Irrumpieron? —No tuvimos que hacerlo. La puerta de entrada ni siquiera estaba cerrada con llave. Confía en mí, no necesitaba hacerlo. Ni siquiera las cucarachas quieren ir dentro de ese lugar. —¿Les dijo dónde estaba Alexa?


—No lo sabía. —¿Está mintiendo por su hermana? —No lo creo. La habría entregado. Su culo de mierda tenía tanto miedo de Roman, que se meó encima. Además, conozco al tipo. Habría tratado de venderme la ubicación de ella por lo suficiente para comprar su próxima dosis, si hubiera tenido alguna pista. El tipo vendería a su madre por veinte dólares. —Entonces, ¿qué harás ahora? —Llegué a la corte antes de que cerraran y presenté una orden de restricción de emergencia, pidiendo al juez que la obligue a volver a Nueva York. Nuestro acuerdo de custodia no permite que ninguno de los dos lleve a Beck fuera del estado sin permiso del otro. Ellos agregarán el movimiento al calendario con su cambio de la demanda de custodia para pasado mañana. Si no podemos encontrarla antes del jueves, entonces, tendrá que, por los menos, presentarse en la corte. —¿Hay algo que pueda hacer? —Nah. Gracias, nena. Sólo escuchar tu voz es bueno para mí. Sonreí. —Tal vez esta noche te voy a llamar y esta voz tendrá algunas cosas sucias que decir. —¿Sí? Me mordí el labio. —Soy un jugador en equipo. Quiero ayudar en lo que pueda. —Me desharé de Roman por un rato más tarde. A él le gusta sentarse en el bar y tomar unos whiskys al final del día. No creo que haga eso durante mucho tiempo, después de la última noche. Prefiero escucharte venir, mientras me cuentas lo mucho que extrañas mi polla. —Lo tienes. Me voy a casa pronto. —Está bien, nena. Llámame más tarde cuando estés lista. —¿Drew?


—Sí. —Para que lo sepas, te extraño y a tu polla. Gruñó mi nombre. —Date prisa en llegar a casa.

Nunca había tenido sexo por teléfono, y tenía muchas ganas de llamar a Drew. Tanto, que me había puesto en un pequeño lindo juego de pantalones cortos y camisola de seda, y un poco de perfume para la ocasión. Era poco después de las diez, así que pensé que probablemente él también estaría preparándose para la noche. Tomando mi celular, marqué su número y sonreí cuando respondió con voz ronca: —¿Estás desnuda? —No, pero puedo estarlo. Mi mano estaba en el interruptor de luz de la cocina, lista para apagarlo y llevar mi teléfono a la cama conmigo, cuando alguien llamó a mi puerta. Drew también lo oyó. —¿Alguien ahí? —Creo que sí. Espera un segundo. —Me acerqué a la puerta y me asomé por la mirilla, aunque sabía quién era sin mirar. No era como si tuviera muchos amigos en la ciudad, y mucho menos que pasara a visitar. —¿Puedo volver a llamar en unos minutos? —¿Quiero saber quién es? —Probablemente no. Dame unos minutos para deshacerme de él. Después que terminó la llamada, tomé un suéter del armario y me lo puse antes de abrir la puerta. —¿Baldwin? ¿Está todo bien? —Sí, bien. Sólo quería ver cómo estabas. Toqué la noche anterior, pero no estabas en casa. Así que, intenté esta mañana, y aún no estabas aquí, y luego, no respondías mis mensajes hoy. Estaba empezando a preocuparme.


Mis sentimientos por Baldwin habían sido tan confusos, que había olvidado que había sido un buen amigo durante algunos años. —Lo siento. No era mi intención preocuparte. Estoy bien. Todo bien. Sólo fue un día de locos ayer, seguido de otro agitado hoy. No parecía convencido, así que, decidí ser honesta. —He empezado a ver a alguien; me quedé en su casa durante la noche anterior. —Oh. —Me dio una triste sonrisa que parecía forzada—. Bueno, me alegro que estés bien. Cuando no ofrecí que pasara, sus ojos vagaron por mi rostro como si estuviera buscando algo. Esperé en silencio incómodo, agarrando mi suéter mientras estaba allí. Finalmente, Baldwin me dio una breve inclinación de cabeza, y sus ojos cayeron a mis piernas desnudas. —¿Es el abogado? Por alguna razón, me molestó que lo llamara el abogado y no por su nombre. —Drew. Sí. Me miró a los ojos. —¿Estás feliz? Ni siquiera tuve que pensar en la respuesta. —Lo estoy. Los ojos de Baldwin se cerraron brevemente, y me dio otro silencioso asentimiento. —¿Tal vez podemos ir por un café este fin de semana y ponernos al día? Sonreí. —Por supuesto. Café en Starbucks era probablemente la mejor manera de restablecer nuestra amistad. Volver a empezar era mi final, porque Baldwin realmente


nunca se había interesado en mí de la forma que yo me había interesado en él. Pero ahora que estaba viendo a alguien, no se sentiría bien salir a cenar con él. Tal vez algún día, en el futuro, cuando pasara más tiempo entre los sentimientos que tenía por Baldwin y el inicio de una nueva relación; pero en este momento sólo se sentiría mal. Después de darle las buenas noches, me tomé un minuto para reagrupar mis pensamientos antes de ir a la habitación para volver a llamar a Drew. Hacía mucho tiempo que mis sentimientos por Baldwin habían crecido. No podría negarlos completamente, pero algo había cambiado, definitivamente. Aunque sabía que una parte de mí extrañaría la comodidad desenfrenada que había disfrutado con Baldwin cuando no había nada que me retenía, me di cuenta que era más importante para mí respetar los límites que sabía que Drew quisiera que tuviera en cuenta; como no invitar a un hombre a mi apartamento tan tarde, mientras estaba en mi pequeño lindo pijama. Sintiéndome contenta, apagué todas las luces y me metí en la cama mientras marcaba el número de Drew en mi celular. —Hola —dije. —¿El visitante se fue? —Cautela se había filtrado en la voz segura de Drew. —Era Baldwin. Quería ver cómo estaba. Al parecer, llamó anoche y esta mañana, y estaba preocupado porque tampoco contesté hoy sus mensajes. —¿Qué le dijiste? —Le dije que había dormido en la casa de mi novio, y que hoy había estado ocupada, pero todo estaba bien. —Tu novio, ¿eh? ¿Eso es lo que soy? —Había alivio en su voz. —¿Prefieres que te llame de otra manera? —No lo sé. ¿Qué más tienes? —Hmm... Veamos... ¿qué hay de hombre que me da muchos orgasmos? —Eso suena como mi nombre indio. Me reí.


—¿Qué tal propietario con beneficios o capitán Prolactinator? —Llámame lo que quieras con el profesor Pendejo, siempre y cuando él sepa que eres mía. Mía. Me gustó el sonido de eso. No estaba segura de cómo había ocurrido. Conociéndonos, había comenzado como un capullo en medio de una pelea, y floreció mientras estaba inclinada sobre su escritorio; pero independientemente de cómo llegamos aquí, de alguna manera, lo hicimos. Y me di cuenta que no había otro lugar en el que preferiría estar. —¿Estás solo? —Roman está abajo en el bar. La cantinera es una mujer. No creo que extrañe mi compañía. —Está bien, bueno. —Me acerqué a mi mesita y abrí el cajón—. ¿Oíste eso? —No me digas que está llamando de nuevo. Deslizando mi vibrador del cajón, decidí que Drew necesitaba un poco de distracción de los últimos dos días horribles. Lo encendí y lo acerqué al celular durante unos segundos antes de bajarlo por mi cuerpo. —¿Eso es…? —Mi vibrador. Ha estado solitario las últimas semanas. Drew gruñó. —Mierda. Me gustaría estar allí para verte. —Creo que me gustaría. Tal vez cuando vuelvas. —Tal vez no. Voy a ir directamente a tu apartamento desde el avión. Su reacción me alimentó. Froté el vibrador sobre mi clítoris y hablé con voz tensa: —¿Qué tal si te vienes de manera diferente primero?


Capítulo 38 —Ella tiene pelotas —susurró Roman no tan bajo mientras Alexa sonreía en nuestra dirección en su camino por la corte con su abogado, Atticus Carlyle. Mis manos se cerraron en puños apretados. Después de terminar con las manos vacías por un día y medio buscándola, no sé por qué me sorprendió que hubiese elegido a ese idiota. Odiaba a ese jodido tipo, casi tanto como él me odiaba. Era la quintaesencia del buen muchacho sureño, acento grueso y lenta pronunciación, corbata de moño, y jugaba a ser Dios en sus argumentos de apertura y cierre. También era el abogado que alguna vez me había hecho perder en la sala del tribunal. Y sucedió que fuimos asignados al juez que me había golpeado con sanciones como resultado de ese desenlace. Estaba empezando a sentir como si nada fuera una coincidencia. La necesidad de mantener cualquier apariencia de calma se desvaneció, ni siquiera podía mirar al otro lado de la corte. El juez Walliford tomó el banquillo, y el empleado uniformado llamó nuestro número de expediente. Pasó unos minutos leyendo con sus gafas en la punta de su nariz, y luego levantó la mirada. —Bueno, bueno, bueno, mira lo que tenemos aquí. Parece que los tres hemos tenido este pequeño baile antes, ¿verdad? —Sí, su señoría —dije. —Claro que lo tuvimos, su señoría. Es bueno verlo de nuevo —dijo arrastrando las palabras el abogado contrario. Walliford movió unos papeles y se quitó las gafas, luego se echó hacia atrás en su silla.


—Señor Jagger, ¿por qué cree que este caso debe ser escuchado en un tribunal de la ciudad de Nueva York en lugar de aquí, en Atlanta? ¿No confía que las ruedas de la justicia giren a la misma velocidad con que a ustedes, los norteños, les gusta hacer las cosas? ¿Cómo demonios se suponía que debía responder a eso? Había presentado una propuesta de cambio de lugar basado en la residencia. Me aclaré la garganta. —No, su señoría. Estoy seguro de que este tribunal haría un buen trabajo en cualquier caso presentado, pero dado que el demandante y yo somos residentes de Nueva York, creo que la jurisdicción apropiada sería el condado de Nueva York. Con respecto a nuestro acuerdo… Carlyle interrumpió. —Su señoría, mi cliente es una residente del buen estado de Georgia. Ella nació y se educó aquí. Durante su corto matrimonio con Jagger, fue residente temporal de Nueva York durante un período de tiempo, pero recientemente ha comprado una casa en el condado de Fulton, y este es el estado de su residencia. —Levantó unos papeles y continuó—: Tengo aquí una copia de la escritura de su nuevo hogar, su licencia de conducir de Atlanta, y una copia del contrato de arrendamiento donde temporalmente se alojaba en Nueva York. Verá que el contrato de arrendamiento ni siquiera estaba al nombre de la señora Jagger. —Eso es mierda. El contrato de arrendamiento estaba a mi nombre porque yo lo estaba pagando. Ella ha vivido allí durante dos años. —Sabía antes que terminara que había cometido un gran error con mi arrebato. Juez Walliford agitó un dedo. —No voy a tolerar ese lenguaje en mi sala. A ustedes, los norteños, puede que les resulte aceptable comunicarse de esa manera, pero esto no es un bar lleno de humo o alguna calle sucia de la ciudad. Va a respetar este banco. Se lo advierto, señor Jagger. Después de su comportamiento la última vez que estuvo en esta sala, tiene una correa muy corta. Y esa fue la mejor parte de mi día. El juez Walliford negó mi petición de cambio de lugar a Nueva York, y ordenó un juicio completo sobre el cambio en la custodia de la petición que Alexa había presentado; en dos semanas a


partir del lunes. La única cosa que hizo en mi favor fue cumplir nuestro horario de la custodia actual, donde tenía a Beck viernes, sábados y domingos por la noche, así como el miércoles para la cena. A pesar de que ordenó que mi visita fuera en, lo adivinaste, el gran estado de Georgia. Esperé hasta que estuvimos fuera del edificio antes de incluso intentar acercarme a Alexa. La última cosa que necesitaba era que ella gritara que estaba acosándola y que Walliford me encerrara. Apreté los dientes. —Alexa, ¿puedo hablar contigo, por favor? Carlyle tomó su codo. —No creo que sea una buena idea, Alexa. No le hice caso, mirando a mi ex mujer a los ojos. —Me debes eso por lo menos. Han pasado más de dos años desde que lo descubrí, y aún duele como el infierno. Pero nunca he dejado ver a Beck o que sienta algo diferente de lo que es para mí. No importa lo que diga alguna prueba de sangre de mierda, es mi hijo. —Ella apartó la mirada—. Mírame, Alexa. Mírame. —Cuando finalmente se encontró con mi mirada, continué— : Ya sabes cómo soy. ¿Voy a renunciar incluso si pierdo en dos semanas? Su abogado intervino. —¿Está amenazando a mi cliente? Continué con mi mirada en Alexa. —No. Estoy pidiéndole que ponga a nuestro hijo primero y no alargue esto. Ella respiró hondo. —Él no es tu hijo. Vamos, señor Carlyle. Gracias a Dios Roman estaba de pie junto a mí. Pasó sus brazos alrededor de mi pecho para que no pudiera ir tras ella, incluso mientras se alejaba.


Antes del vuelo a casa, intenté, sin éxito, sincronizar mi calendario para poder pasar unas horas reacomodando mi agenda con el fin de pasar los lunes, martes, y la mitad del día los miércoles en Nueva York, y luego de vuelta en Atlanta para cenar con Beck los miércoles por la noche. Entonces me quedaría en Atlanta y trabajaría a distancia de jueves a viernes antes de recoger a Beck de nuevo por el fin de semana. No iba a ser fácil meter una semana entera de citas con clientes, declaraciones y presentaciones en la corte en dos días y medio, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Mi hijo tenía que ser lo primero. Él ya estaba confundido por la mudanza repentina y no poder pasar sus fines de semana en casa de papá. También dudaba que si perdía una sola visita, el juez Walliford oiría al respecto. No tenía necesidad de darle más munición para utilizar en mi contra. A pesar que mi hijo era mi prioridad, tuve otro enfoque ahora que estaba de nuevo en el suelo de Nueva York. No había estado seguro de que sería capaz de tomar el último vuelo a casa desde Atlanta, así que, no le mencioné a Emerie que había una posibilidad de que estuviera de vuelta esta noche. Era tarde, casi medianoche, pero le di al taxista su dirección en lugar de la mía de todos modos. Por los seis días que estuve fuera, habíamos hablado todas las noches, y la mayoría de las noches terminé masturbándome con el zumbido de su vibrador. Había ayudado para aliviar la tensión, pero al mismo tiempo también me abrió el apetito por la cosa real. El interior de su edificio estaba en silencio. Fui hacia el ascensor sin que nadie me cuestionara, ya que su edificio no tenía portero. Aunque lo odiaba. Necesitaba un lugar más seguro para vivir, cualquier idiota podría estar golpeando a su puerta. Ahora que lo pienso, uno estaba a punto de hacerlo. Bajando mis maletas para llamar, miré al apartamento de al lado. Sí. Ella definitivamente necesita un lugar más seguro para vivir. Después de dos rondas de golpear, la segunda vez tan fuerte que pensé que podría despertar a un vecino o dos; Emerie con un aspecto somnoliento llegó a la puerta. Ya que había estado dormida, no tenía sus lentillas, y tenía las gafas puestas. Dios, la amo con esas cosas. —Oye. ¿Qué estás…?


No le di la oportunidad de terminar, ni siquiera saludé. Al menos, no en tantas palabras de todos modos. En cambio, entré, empujándola hacia atrás mientras tomaba no tan suavemente su rostro entre mis manos y la besaba. La besé duro y largo, pateé la puerta para cerrarla detrás de mí antes de levantarla, así envolvía sus piernas alrededor de mi cintura. Se sentía increíble, como la cura para la perpetua sensación de dolor en el culo que había tenido durante la última semana. Cuando metí la mano debajo de sus atractivos y pequeños pantalones cortos de dormir y agarré su trasero, ella gimió en mi boca, y tuve la tentación de dejarla en el suelo para poder levantar el puño en el aire. Pero eso habría significado poner mi pene completamente erecto lejos del calor entre sus piernas abiertas, y no había jodida manera de que eso sucediera. Así que, en cambio, de alguna manera la llevé hacia el sofá y sin tropezar, y sin contemplaciones la tumbé antes de cubrirla con mi cuerpo. —Te he jodidamente echado de menos. —Mi voz era cruda. Los ojos de Emerie estaban entrecerrados y felices. —Lo supuse por tu saludo. Empecé a chupar su cuello mientras mis manos se movieron para bajar sus pantalones y ropa interior, al mismo tiempo. —¿Me extrañaste? Sus uñas se clavaron en mi espalda mientras bajé desde el cuello hasta su oreja. —Sí —dijo, exhalando—. Lo hice. Mucho. Mordí el lóbulo de su oreja mientras frotaba dos dedos arriba y abajo de su coño. —Mucho. ¿Estás húmeda para mí? supuesto, pero esperé a que lo dijera. —Sí. Le froté su clítoris con mi dedo pulgar. —¿Sí qué? —Sí, estoy húmeda por ti.

—Ya sabía la respuesta, por


—Dime que tu coño está mojado por mí. Quiero oír que lo digas. —Ya estaba desabrochándome los pantalones. Quién sabía lo hábil que era; de alguna manera me las arreglé para desnudarnos con una mano mientras que chupaba su cuello, oreja, labios, y la otra mano frotando su coño mojado. —Mi... coño está mojado por ti. Dios, no había nada más sexy que escuchar a Emerie decir que estaba caliente por mí. La última semana de infierno era un recuerdo lejano, y todo lo que podía pensar era en estar dentro de ella. —Te extrañé tanto —le dije de nuevo, porque a pesar de que ya se lo había dicho, era la jodida verdad. Y tenía que estar dentro de ella. Iba a estar en una gran deuda con el juego previo en esta ocasión, aunque por el sonido de sus jadeos y la sensación de su calor húmedo, no parecía importarle. Empujé lentamente, mi cuerpo sacudiéndose para mantenerse bajo control. Cuando estuve completamente ubicado, habría jurado que mis terminaciones nerviosas regresaron a la vida por primera vez en años. Su apretado coño envolvió mi pene, y sus piernas alrededor de mi cintura me apretaron con más fuerza. Jesús, no recuerdo la última vez que se sintió tan bien. Empecé a moverme, sobre todo porque necesitaba sentir ese apretado lugar estrujándome mientras me deslizaba dentro y fuera, y me di cuenta que no iba a durar mucho tiempo. Era demasiado increíble. Emerie abrió los ojos mientras salía, y nuestras miradas se encontraron. Tomando sus manos, entrelacé nuestros dedos y los levanté sobre su cabeza. Quería besarla, pero no podía dejar de mirarla el tiempo suficiente. La forma en que jadeaba con cada empuje que salía y emitía un pequeño gemido con cada embestida era fascinante de ver. Sus caderas se movieron, meciéndose al unísono con las mías. Arriba y abajo, dentro y fuera. —Oh, Dios, Drew. Justo ahí. No te detengas. Milagrosamente, logré controlarme el tiempo suficiente para que ella se viniera. Observé su rostro transformándose, con la cabeza inclinada hacia un lado, con los ojos en blanco, sus labios carnosos entreabiertos, y fue la cosa más hermosa que había visto jamás.


Cuando ella había comenzado a bajar el ritmo, aumenté mi velocidad, las embestidas más duras y rápidas, buscando su orgasmo mientras el mío estaba al borde. Justo cuando estaba a punto de explotar, me di cuenta por qué se había sentido tan diferente, por qué todos los nervios se despertaron repentinamente por primera vez. No me había puesto un condón. Mierda. Iba a tener que apartarme… —Em, no me… —intenté explicar por qué estaba a punto de arruinar su final, pero me estaba quedando sin palabras tan rápido como me resistía—. Sin condón. Ella me miró a los ojos. —Está bien. Estoy tomando la píldora. Córrete dentro de mí. Por favor. No había nada que quisiera más que venirme dentro de ella. Me dolía el cuerpo por ello con necesidad animal, pero mientras me dejaba llevar, también sentí como si le estuviera dando algo que había estado guardando en un nivel mucho más profundo. Por primera vez desde la noche que me encontré con Alexa y me dijo que estaba tomando la píldora, tomé el riesgo de confiar en alguien. Sólo que, por alguna razón, no se sentía como un riesgo con Emerie. Se sentía correcto.


Capítulo 39 Sentí la cama hundirse cuando Drew se levantó. —¿A dónde vas? —Estaba tratando de no despertarte. —Se acercó a mi lado y me besó la frente—. Es temprano. Vuelve a dormir. —¿Qué hora es? —Cinco y media. Me apoyé en los codos en la oscuridad. —¿Por qué estas despierto tan temprano? —Tengo que ir a la oficina y averiguar cómo voy a hacer seis días de trabajo, que ya había reducido a cinco, a sólo dos días a la semana durante un tiempo. —¿Supongo que no has mirado el calendario en un día o dos? —Intenté, pero la maldita cosa tenía clave y no sincronizaba. Volví a tumbarme en la cama y halé la manta. —Tu primera cita no es hasta las diez. No pensé que regresarías hasta esta mañana, o hubieras comenzado temprano hoy. Todo está reprogramado durante las próximas dos semanas para ti. Hay días largos, pero pude cambiar todas tus reuniones en persona a dos días, cada semana. Cambié una reunión en persona a una conferencia telefónica, y la tienes desde Atlanta el jueves de la semana próxima. Pero, todo lo demás está listo. También reprogramé mi horario de manera contraria, así tengo poco trabajo cuando estás aquí, y días completos cuando no estés. De esa forma puedo ayudar con lo que necesites de trabajo de secretaria para seguir con tu día.


Drew estuvo en silencio durante un minuto, y empecé a preocuparme si tal vez me había sobrepasado y no debería haber entrado en su calendario. Pero quería hacer lo que pudiera para ayudar. La habitación estaba a oscuras, y oí el sonido de su ropa, aunque no estaba segura si se la estaba quitando o poniendo, hasta que subió de nuevo a la cama. Sentí su cálido cuerpo presionándose contra mi lado. Aún estaba en silencio, así que, me giré hacia él. —¿Me sobrepasé? Me acarició la mejilla. —No, nena. No te sobrepasaste. —Estás muy silencioso. Pensé que tal vez te había molestado. —Sólo pienso. —¿Sobre qué? —Lo mucho que siento, en este momento, que estoy en casa, y no he puesto un pie en mi apartamento en una semana. Eso, muy posiblemente, podría haber sido la cosa más dulce que alguien me hubiera dicho. También tenía razón. Había estado nerviosa durante toda la semana y no me había dado cuenta hasta ahora que me había aliviado en el momento en que miré por la mirilla anoche. —Sé lo que quieres decir. Me haces sentir calma. En paz, supongo que es eso. —¿Sí? —Su mano se deslizó por mi mejilla, y su pulgar frotó el hueco de mi cuello. —Sí. —Me alegro. —Besó la parte superior de mi nariz—. ¿Sabes qué estoy pensando ahora? —¿Qué? —Cómo debo agradecerte por arreglar mi agenda. Si debo utilizar mi boca para comerte como desayuno o darte la vuelta y tomarte por detrás, mientras que meto un dedo en tu culo.


Sonreí. —Eres muy grosero. Pasaste de dulce a cerdo en menos de diez segundos. Su mano en mi cuello bajó a mi pecho, donde su dedo rozó y luego pellizcó... duro. —Te gusta mi boca grosera. Decidiendo que tenía razón, no peleé contra la verdad. —¿Cuáles eran mis opciones de nuevo? Escuché la sonrisa en sus palabras. —¿Boca o en cuatro? Tragué. —¿Por qué sólo uno? No tienes que estar en la oficina hasta las diez.

—¿Quieres un poco más de café? —Eran pasadas las seis de la tarde, y Drew aún tenía otro cliente y una docena de llamadas telefónicas que regresar. —Me gustaría un poco. Gracias. Hice el café como a él le gusta y lo llevé a su oficina. Estaba leyendo algo con una contraportada azul que recibí una hora antes. —Gracias —dijo sin levantar la vista. —Parece que estás muy agradecido conmigo hoy. —Sólo espera hasta que veas lo que tengo bajo la manga para esta noche —contestó. Sabía que estaba ocupado, así que, no quise tomar demasiado de su tiempo para follar. Me detuvo en cuanto llegué a la puerta. —¿Mi casa esta noche? Puedes seguir durmiendo cuando salga mañana temprano, o tomar un baño si quieres. Mi nueva secretaria esclava arregló mi horario a partir de las siete a.m.


—¿Seguro que no puedes tener una mejor noche de sueño si me quedo en casa? Necesitas descansar con todos los viajes y el estrés que tienes. Drew dejó que el paquete de papeles que estaba leyendo cayera sobre el escritorio. —Ven aquí. Caminé de regreso para pararme frente a su escritorio. —Más cerca. Cuando di la vuelta hacia donde estaba sentado, me sorprendió al jalarme sobre su regazo. —Cuatro horas de sueño a tu lado son mejores que ocho en una cama vacía. —Mejor contrólate, Jagger. Estás perdiendo la amargura y te estás volviendo dulce conmigo. —He sido dulce contigo desde la primera noche que intentaste darme una patada en el culo. Ahora ve. Busca tus cosas. No es necesario que te quedes aquí si terminaste, y se supone que va a nevar esta noche. Me fui para hacer lo que Drew me había instruido, empacar un bolso y regresar. Todo el viaje a casa, no pude dejar de pensar en él. Drew era el tipo de hombre que no dejaba fácil traspasar su exterior, pero cuando lo hacías, valía la pena la resistencia que había tenido para mantenerte fuera. Durante la última semana, se sentía como si nuestra relación realmente hubiese dado un vuelco. Incluso llamé a mis padres mientras estaba empacando y decidí contarles sobre el nuevo hombre en mi vida, algo que rara vez hacía. En los últimos tiempos, digamos, no sé, los últimos tres años, había sido así porque no hubo ningún hombre nuevo, pero también sabía que mi madre se preocupaba por mí. Se preocuparía porque saliera herida, o se preocuparía porque, sin saberlo, había elegido salir con un asesino en serie, porque, por supuesto, todos los habitantes de una gran ciudad tenían potencial de ser un asesino en serie. Así que, tuve cuidado respecto a cuánto contaba. —Eso es maravilloso, cariño. ¿Cómo lo conociste?


Uh… él entró en mi oficina y me rescató de la cárcel al día siguiente. La mejor primera cita. —En realidad, es el dueño de mi nueva oficina. —¿Y es un buen hombre? No peleamos… hoy. —Sí, mamá. Es muy agradable. —¿Que hace para ganarse la vida? Bueno, se nutre de las tendencias misóginas que desarrolló debido a su ex esposa mentirosa e infiel, e intenta sacar a los hombres de sus matrimonios fallidos, dejando a las mujeres sin un centavo. —Es abogado. Derechos de familia. —Un abogado. Muy agradable. Y derechos de familia. Esa es una profesión noble. ¿Cuándo podremos conocer a este hombre? —No estoy segura, mamá. Está tan ocupado con el trabajo en este momento. Y luchando por la custodia de su hijo… que no es técnicamente su hijo porque su ex esposa perra lo vio cómo su fuente de comida cuando se quedó embarazada con el bebé de otro hombre. Ella suspiró. —Bueno, sólo asegúrate de que tenga los valores correctos. Dinero y una cara bonita a menudo causan ceguera temporal. —Sí, mamá. Hablamos un poco más y, luego, no tengo idea de dónde vino, pero hice una pregunta que salió de mi boca. —¿Cómo supiste que papá era el más adecuado para ti? —Dejé de usar la palabra yo cuando miraba hacia el futuro. —¿Qué quieres decir? —Antes de conocer a tu padre, todos mis planes eran sólo eso: mis planes. Pero después de conocerlo, incluso después de sólo unas


pocas semanas, dejé de ver el futuro como mío y empecé a verlo como nuestro. Ni siquiera lo había notado durante un tiempo, pero cuando hablaba de cosas que venían: sábados por la noche, días de fiesta, o lo que fuera; finalmente me di cuenta que había empezado a decir nosotros y no yo.

Me detuve en la tienda de comestibles en el camino de vuelta a la oficina y recogí algunas cosas para hacer la cena. Drew estaría viviendo en un hotel en Atlanta y trabajando largas horas cuando estuviese aquí, así que pensé que apreciaría una comida casera. Él entró cuando estaba sacando la lasaña del horno. —Huele bien aquí. —Espero que te guste lasaña. —Es mi segunda comida favorita. —¿Cuál es la primera? Vino detrás de mí, apartó mi cabello a un lado, y besó mi cuello. Su palabra vibró contra mi piel. —Tú. —Contrólate. Necesitas disfrutar de una comida hecha en casa cuando puedas. Tus próximas semanas van a estar ocupadas. Abrí el cajón a la derecha de la estufa para sacar una espátula y encontré dos autos Matchbox y un viejo teléfono plegable con los implementos de cocina. —Me preguntaba dónde guardabas los autos de juguete. Drew se rió en voz baja. —Cuando le digo a Beck que limpie, simplemente mete mierda en los cajones. El año pasado me encontré con lápices de colores en la sección de cucharas en el cajón de los cubiertos. Había quitado las cucharas y las arrojó a la basura. Cuando le pregunté por qué, se encogió de hombros y dijo que no las necesitábamos porque podíamos usar nuestras manos, pero nada más podía colorear un papel.


Sonreí. —Tiene un punto. Drew extendió la mano al cajón y sacó el teléfono plegable. —¿Recuerdas cuando nos conocimos, y miré las imágenes en tu teléfono? —Sí. Me dijiste que la mejor manera de conocer a alguien era mirar la galería de sus celulares cuando menos se lo esperan. Luego, después que te dejé ver las mías, descubrí que el tuyo estaba vacío. —Exageré un suspiro—. Idiota. Drew abrió la tapa del teléfono, pulsó algunos botones, y me lo tendió. —Voy a ir a lavarme y cambiarme antes de la cena. Este es el celular de Beck. No tiene servicio, pero le gusta utilizarlo para tomar fotografías. Cada vez que empiezo a dudar si estoy haciendo lo correcto al quedarme en su vida, si estoy confundiendo las cosas al no dar marcha atrás y dejar que su padre biológico intervenga, miró estás fotografías. Echa un vistazo. Drew fue al dormitorio, y me serví una copa de vino y me senté en la mesa del comedor para mirar las imágenes. La primera foto era de Drew rasurándose. Estaba de pie en el baño llevando nada más que una toalla envuelta alrededor de su cintura. Tenía crema de afeitar en el lado izquierdo de su rostro, y levantaba la rasuradora cerca de su barbilla después de afeitar una línea hacia abajo. La otra mejilla ya estaba limpia. A un lado, en el reflejo del espejo, pude ver a Beck sosteniendo la cámara con una mano y con la otra, sostenía una espátula cubierta de crema de afeitar hasta su rostro, que también estaba medio limpio. La siguiente foto era de Beck de pie en un arroyo. Parecía que podría ser el norte del estado, en alguna parte. Probablemente fue tomada hace un año, teniendo en cuenta lo mucho que había madurado el rostro de Beck. Llevaba botas y sonreía ampliamente para la cámara mientras sostenía un pequeño pez que debe haberlo simplemente sacado de la corriente. Seguí bajando, Beck y su padre patinando sobre hielo, una foto de ellos sentados juntos en el metro, una de Drew leyendo Harold and the Purple Crayon en la cama de Beck; ellos andando en bicicleta con Roman en Central Park, una que tuve que girar el teléfono boca abajo para ver bien la imagen,


era de Beck tomando una foto de ellos mientras estaba en los hombros de Drew. Lo había inclinado para sacar la foto de sus rostros. La siguiente reveló su vida diaria y mostró lo mucho que Drew era el padre de Beck, no importa lo que dijera una prueba de laboratorio. La última foto me sorprendió. Ni siquiera había sabido que Beck tenía un teléfono en el momento que fue tomada, y mucho menos que había tomado una foto. Era la tarde habíamos ido a patinar sobre hielo, antes de mi caída y herir mi tobillo. Beck debe haber estado de pie en un lado de la pista, mientras que Drew y yo estábamos en el otro, y yo intentaba patinar. Mis piernas estabas abiertas, algo que no era capaz de detener ese día, y me reía por caer con poca elegancia. Drew tenía un brazo alrededor de mi cintura, tratando de levantarme, y estaba mirándome mientras también reía. Lucíamos tan felices, casi… como si estuviésemos enamorados. Mi corazón se hinchó en mi pecho. Drew tenía razón. La mejor manera de llegar a conocer a alguien era echarle un vistazo a sus imágenes. Él miraba las fotografías y veía el amor padre e hijo, un recordatorio de por qué tenía que luchar. Vi a un hombre bueno, con ferocidad apasionada por las cosas que amaba y que haría cualquier cosa para protegerlos. Frotando el dedo por la pantalla mientras miraba la foto de nosotros, de mí cayendo, me di cuenta que había caído en más de un sentido ese día. Tuve que contener las lágrimas para mantener mis emociones al borde, y decidí que debía levantarme y cortar la lasaña para distraerme. Todavía preocupada, no estaba pensando y agarré el lado de la bandeja de lasaña caliente para girarla y cortarla. —Maldición. —Sacudí la mano y giré el grifo de la cocina para poner agua fría sobre la quemadura leve. La estufa está sacando lo mejor de mí. Por supuesto, Drew apareció en ese momento. —¿Qué pasó? —Toqué la bandeja caliente. No es malo, sólo arde un poco. Drew apartó mi mano de la corriente de chorro de agua fría, la inspeccionó, y la regresó cuando terminó.


—Voy a servir. Ve a sentarte. No quiero terminar en la sala de emergencias por tercera vez este año. Pasamos toda la cena poniéndonos al día, ya que no habíamos hablado exactamente demasiado anoche o esta mañana, a menos que contara la comunicación entre nuestros cuerpos. Drew me puso al corriente de su estrategia de custodia en el juicio, y le conté de algunos de los nuevos clientes que había recibido. Todo el asunto se sintió extrañamente doméstico y natural. Después de que terminamos de comer, Drew cargó el lavavajillas mientras limpiaba el mostrador y la mesa. —¿Dónde tomaste esa foto de Beck pescando? Se veía tan adorable en sus pequeñas botas. —Upstate. Roman tiene una cabaña en las montañas, arriba en New Paltz. Es rústica, pero tiene una gran y vieja bañera con patas si la deseas. Deberíamos ir en primavera. —Me encantaría. Unas horas más tarde, nos lavamos los dientes preparándonos para acostarnos, cuando Drew dijo: —Tess llamó hoy. —¿Quién? —Mi secretaria. Dijo que su médico cree que puede volver a tiempo parcial en dos semanas. Su recuperación después de la cirugía de cadera fue mejor de lo esperado, y moverse es bueno, como parte de su terapia física. —Eso está muy bien. —En el torbellino del último mes, realmente no había estado buscando una nueva oficina. La primera semana me había llamado un agente de bienes raíces, que me había mostrado espacios en áreas que no quería que me costara más del doble de mi presupuesto. Había tomado un descanso después de eso. Aunque por el momento, la idea de lo que podría conseguir con mi presupuesto no era ni la mitad de deprimente como la idea de ya no ver a Drew todos los días—. Lo siento. Tengo que volver a buscar un nuevo espacio. Drew frunció el ceño. —¿De qué estás hablando?


Enjuagué mi boca y hablé a Drew a través del espejo. —Nuestro acuerdo. Me dejabas quedarme mientras que tu secretaria no estaba, a cambio de contestar los teléfonos y ayudar hasta que encontrara un nuevo lugar. Me giró con las manos en mis hombros. —No vas a irte a ninguna parte. —No puedo pagar mi parte de lo que debe costar el alquiler de tu oficina. —Vamos a pensar en algo. —Pero… Me hizo callar con un beso, pero mantuvo su rostro cerca del mío. —Lo resolveremos. Sólo pensemos cómo lidiar con esta mierda en Atlanta, y luego, nos sentaremos y hablaremos de ello, si quieres. ¿Bueno? No quería añadir más tensión a lo que ya estaba sintiendo, así que asentí. —Bueno. No fue hasta que nos acostamos, y pensé sobre todo el día en mi mente, y conecté algunos de los puntos de las últimas horas. “Roman tiene una cabaña en las montañas, arriba en New Paltz. Deberíamos ir en la primavera”. “Lo resolveremos. Sólo pensemos cómo lidiar con esta mierda en Atlanta...” “¿Cómo supiste que papá era el más adecuado para ti?” “Dejé de usar la palabra yo cuando miraba hacia el futuro”. Drew estaba usando un nosotros tanto como yo, ya fuese si era consciente de ello o no. Cuando se metió en la cama junto a mí, envolví mis brazos alrededor de él con fuerza. Tal vez, sólo tal vez, ninguno de los dos había encontrado al indicado antes de ahora… porque aún no nos habíamos conocido.


Capítulo 40 Habían pasado las tres semanas más largas de mi vida. El alguacil llamó a la corte a sesión. El juez Walliford se tomó su dulce tiempo de mierda, estoy seguro que lo llaman el tiempo adecuado del sur, para caminar hasta el banco. Luego se sentó y rebuscó entre un montón de papeles. Roman se sentó en la primera fila de la galería justo detrás de mí, y se inclinó para darme un apretón en el hombro para reasegurarme mientras esperaba averiguar cuán exitosa sería mi visita. Sabía lo que venía. Sólo que no tenía idea de cuán feo sería. La última vez que estuve tan nervioso, al borde de no saber lo que iba a pasar el resto de mi vida, fue el día en que me casé con Alexa. Y sabemos lo jodido que resultó. Miré a mi ex mujer por primera vez vestida de forma conservadora. Ella, por supuesto, tenía la vista al frente, sin regresar mi mirada. Esa mujer era un caso serio. Finalmente, Walliford terminó de mover papeles alrededor y se aclaró la garganta antes de empezar con un montón de trámites para el registro. —Expediente número 179920-16. Jagger vs. Jagger. Petición de reducción de la custodia. Movimiento transversal para obligar reubicación y hacer cumplir el acuerdo de custodia firmado anteriormente. —Entonces, finalmente levantó la mirada—. Antes de empezar con mis decisiones, me gustaría tomar un momento para decir que este no fue un caso fácil. Tuve que tener en cuenta los derechos de ambas partes presentes en esta sala, los derechos del padre biológico al que le fueron arrebatados años de unión con su hijo, así como lo mejor para el niño. Miró directamente a Alexa. —Sra. Jagger, la encuentro en gran medida responsable por el lío que tenemos hoy aquí. Si usted tenía un atisbo de duda de que su marido podría


no ser el padre del niño, tenía el deber de llegar a la verdad cuando nació ese bendito niño. Por primera vez, sentí una punzada de esperanza. Walliford nunca había mostrado su lado, y había asumido que había caído por el encanto del sur que Alexa había demostrado desde el primer día. Lo que salió de su boca me conmocionó como la mierda aún más. —Señor Jagger, me gustaría felicitarlo por su dedicación al joven Beckett. Está claro que usted ama y cuida al niño sin diferencia alguna respecto a si las cosas hubieran sido distintas en los resultados de la prueba de paternidad hace algunos años. En mi interior, salté y levanté el puño al aire, pero de alguna manera me las arreglé para fingir humildad. —Gracias, su señoría. Eso significa mucho viniendo de usted. —Cierto. Pues, bien, una vez dicho esto, vamos a llegar al asunto que nos incumbe hoy. En la petición de la señora Jagger por un cambio en la custodia, no encuentro circunstancias que justifiquen una modificación. El ajuste de visitas de Andrew M. Jagger por el presente afirmo que queda sin cambio. — Miró a Alexa—. Señora Jagger, el hecho de que su petición de aumentar custodia era con el fin de permitir que el señor Bodine empezara a visitar a su hijo, es un paso en la dirección correcta. Sin embargo, no ha pasado desapercibido que el señor Bodine no ha aparecido ni una vez durante el presente procedimiento. Para ser franco, su falta de interés y participación me hace cuestionar sus prioridades e intereses en la vida de su hijo. En cualquier caso, es el padre del niño, y voy a concederle al señor Bodine algunas visitas. Sin embargo, esta vez va a salir de su tiempo con su hijo, no del tiempo del señor Jagger. Este tribunal le concede a la petición de Levi Bodine la custodia en la cantidad de ocho horas por semana. Una vez establecida una relación, y el señor Bodine le haya demostrado a este tribunal su deseo de participar en la vida de su hijo, voy a considerar una visita adicional. Sin embargo, esto probablemente también saldrá de su tiempo, señora Jagger. Me puse de pie ante el tribunal totalmente sin habla. Mentalmente, había pasado por la línea amarilla de meta con las manos en alto mientras terminaba la maratón de casi cuatro semanas que había estado corriendo. Simplemente no podía creer que había ganado.


Detrás de mí, Roman dejó escapar un triunfante sí, y yo me quedé aturdido, sintiendo como si fuera un sueño y en cualquier momento iba a despertar en la pesadilla de la realidad golpeándome. Luego, el juez Walliford finalizó: —Por último, el movimiento transversal de Jagger para obligar a Alexa y Beckett Jagger a reubicarse a su casa en la ciudad de Nueva York; el movimiento queda denegado. Espera. ¿Qué? —Su señoría, si estoy reteniendo mi visita, ¿cómo se puede negar mi moción para que mi hijo regrese a casa? —¿No es obvio, señor Jagger? Su hijo va a estar aquí, en el gran estado de Georgia. Es posible que desee pensar en mudarse. —Golpeó su mazo y se levantó para abandonar la sala. —¡Eso es una mierda! Tengo una práctica en Nueva York. Alexa no tiene ni siquiera un trabajo aquí. Walliford se congeló a medio paso. —Eso le va a costar mil dólares por el uso de ese lenguaje y tono en mi sala. No le gusta mi decisión, preséntelo en la corte de apelaciones.

Me sostuve de la pared del baño para mantenerme de pie el tiempo suficiente para hacer pis, luego salí a trompicones del baño de nuevo a mi taburete. Con la corbata y chaqueta en Dios sabe dónde, cremallera aún abierta, camisa medio metida y la otra mitad fuera; lucía tan destrozado como me sentía. —Voy a tomar otro whiskey. —Deslicé mi vaso largo hacia el camarero. Miró a Roman, luego a mí—. ¿Tienes que pedirle permiso a mi padre o algo así? Sólo dame la maldita bebida. ¿He mencionado que soy un idiota aún más grande de lo habitual cuando estoy borracho? Mi celular saltó encima de la barra. Emerie. Era la tercera vez que había llamado. También la tercera vez que no respondía.


—¿No vas a responder de nuevo? —preguntó Roman. Dije arrastrando las palabras: —¿Cuaaalselpunto? —¿Qué tal dejar que la dama tenga una buena noche de sueño? Dios sabe que vas a tener una buena cuando te duermas a las cinco p.m., bastardo egoísta. —Roman bebió su cerveza y la dejó sobre la barra—. Ella te ama. Van a resolverlo. —¿Resolver qué? Se acabó. —¿De qué estás hablando? No seas idiota. Es la primera mujer que he visto de la que realmente te enamoraste. ¿Cuánto tiempo hemos sido amigos? —Demasiado tiempo, al parecer, si vas a comenzar a sermonearme. —¿Qué te dije en la habitación de la iglesia, justo antes que te casaras con Alexa? En el estado en el que estaba, la mayor parte de mi vida era borrosa, pero esa mañana siempre estaba muy clara. Había recordado a Roman ofreciéndome sus llaves para irme más de una ocasión desde entonces. "El auto está atrás si quieres salir de esto", había dicho. Cuando le había recordado que Alexa estaba llevando a mi bebé, y que estaba haciendo lo correcto, él me había dicho: "a la mierda lo correcto”. El cantinero trajo mi bebida, y ya que todavía era capaz de recordar una parte de mi vida no tenía ningún deseo de recordar, rápidamente bebí la mitad del vaso. Entonces, me giré para mirar a Roman, bueno, dos Roman. —Nunca dijiste te lo dije. Negó. —Nop. Y tampoco voy a decirlo si no tomas mi consejo y resuelves la mierda con Emerie. No me gusta mucho restregar las malas elecciones en la cara de la gente. —A veces la elección es tomada por ti por las circunstancias. Roman se rió en voz baja.


—Eso es una mierda, y lo sabes. —Hizo una pausa—. ¿Recuerdas a Nancy Irvine? Me tomó un minuto llegar de nuevo en lo más profundo de mi cerebro alcoholizado. —¿La chica con viruela? Inclinó la cerveza en mi dirección. —Esa es. —¿Qué hay de ella? —¿Recuerdas el pacto que hicimos de que nunca debíamos ir por la misma chica? —Sí. —Bueno, después de que te mudes a Atlanta y dejes a Emerie con el corazón roto porque eres demasiado estúpido para tratar de encontrar la manera de hacer que funcione, voy a estar allí para consolarla, entre otras cosas. La venganza es una perra. —Vete a la mierda. —¿Que te importa? Ella es sólo un coño para mantenerte ocupado. No vale la pena preocuparse. En ese preciso momento, mi teléfono se iluminó con el nombre de Emerie, indicando que había llegado un mensaje. Lo agarré y a mi copa del bar, y me puse de pie. Tambaleándome, me incliné hacia mi amigo. —Que te jodan. Luego salí furioso hacia el ascensor del hotel.


Capítulo 41 Si tan sólo pudiera abrir mi cráneo y desaparecer algunos de los pequeños latidos, podría haber tenido la oportunidad de levantarme de mi sofá. Fue un puto milagro que hubiese conseguido subir al avión en absoluto. Nunca hubiese ocurrido si no fuera por Román, que arrastró a mi culo con resaca de la habitación esta mañana, a las seis. Ahora era el mediodía. Había estado en casa durante más de una hora, y finalmente, me crecieron un par de bolas y le respondí a Emerie. Le respondí el mensaje. Sí. Bolas. Por supuesto. Y mentí. No era la primera vez. Desde luego, no sería la última. Drew: Lo siento por lo de anoche. Estaba enfermo como un perro. Comida en mal estado. Sushi malo, creo. Los pequeños puntos comenzaron a saltar inmediatamente. Emerie: Sólo me alegra que estés bien. Estaba preocupada. ¿Qué pasó en la corte? Admitir la verdad significaría tratar con ella, y no estaba listo todavía. Drew: El juez aplazó dictar su decisión hasta la próxima semana. Emerie: Suspiro. De acuerdo. Bien, tal vez eso sea bueno. Realmente está prestándole atención. No podía ser un idiota cuando ella estaba tratando tanto de seguir siendo positiva.


Drew: Tal vez. Emerie: ¿Cuándo regresarás? Fue entonces cuando empecé a sentirme como un verdadero imbécil. Era una cosa evitar contarle la decisión. En mi cabeza podía justificar que lo hacía para evitar hacerle daño, pero estar sentado arriba, mintiéndole cuando ella, probablemente, estaba en la planta baja, respondiendo mi teléfono… estaba siendo un cobarde. Aunque notar eso no me hizo menos idiota. Drew: Seguramente iré en el último vuelo, esta noche. Será tarde cuando regrese. Emerie: No puedo esperar a verte. Finalmente dije algo que no era una mentira. Drew: Sí. Yo igual.

Había un espejo en el vestíbulo que reflejaba el pasillo que conduce de nuevo a las oficinas privadas. Me detuve cuando vi a Emerie tan jodidamente hermosa. Tan dulce y honesta, y todo lo bueno. Mis palmas comenzaron a sudar mientras me quedaba allí, mirándola. Su puerta estaba cerrada, y estaba escribiendo algo en la pizarra, probablemente algo positivo acerca de hacer funcionar las cosas, lo que me haría sentir como un idiota aún más grande cuando lo leyera. Me había pasado las últimas veinticuatro horas pensando cómo debería hacerlo, qué le dolería menos. No había ninguna razón para decirle lo que había pasado en la corte. Ella creía que las relaciones podrían soportar cualquier cosa si dos personas trabajaban en ello. No había ninguna duda en mi mente de que querría intentar estar juntos, mientras, estaríamos separados por casi mil quinientos kilómetros. En un primer momento, incluso podría funcionar. Pero con el tiempo, la mierda comenzaría a desmoronarse. Siempre lo hace. Es probable que no nos diéramos cuenta de lo mal que estaban las cosas hasta que explotara en nuestras caras. Emerie acababa de ubicarse en Nueva York, dejarla vivir aquí era lo correcto.


Así que, todo lo que fui capaz de pensar fue hacerlo rápido. No dar vueltas con esta mierda y tratar de alargar el asunto, porque eso sólo gastaría más de su tiempo. Ya había perdido tres años de su vida aferrándose a ese idiota, Baldwin; no estaba a punto de hacerle lo mismo. Desprendimiento rápido y completo, como jalar una bandita. La herida duele como una hija de puta, pero luego, cuando dejas que le dé el aire fresco, cubres la herida con una crema para curarla. Ella tapó el marcador y dio un paso atrás, leyendo lo que acababa de escribir. Una lenta sonrisa se extendió por su rostro, y el dolor de cabeza del que me deshice finalmente, sólo apareció de repente con venganza. Respiré profundamente y me dirigí a mi oficina. Emerie estaba por salir justo cuando iba a entrar. —Hola, dormilón. —Envolvió sus brazos alrededor de mi cuello—. Es una pena que no te tomaras un poco más de tiempo. Estaba a punto de subir para despertarte. —Me dio un beso en los labios y añadió—: desnuda. —Emerie... —Carraspeé porque mi voz patéticamente se quebraba—. Necesitamos… —Nunca llegué a terminar la frase, porque antes que pudiera añadir la palabra hablar, nuestros teléfonos comenzaron a sonar, y el tipo de entregas me gritó desde el vestíbulo. En lugar de ignorarlo, tomé la postergación como el imbécil sin bolas que era. Entonces, después que el tipo se fue, el superintendente del edificio vino a hablar conmigo de algo de trabajo que se va a hacer, por lo que necesitaban cortar el agua dos horas mañana. En el momento en que había podido salir de la conversación, mi cliente había aparecido veinte minutos antes de su cita. No podría hacerlo esperar en el vestíbulo mientras dejaba a mi novia, así que, mi conversación con Emerie iba a tener un retraso de al menos una hora. Pero una cita llevó a la siguiente, y una hora se convirtió en dos, y de repente eran casi las siete de la noche. Emerie no había hecho nada más que sonreír y lucir feliz de tenerme de vuelta todo el día. Incluso me había pedido el almuerzo y se sentó en el vestíbulo, bromeando con uno de mis clientes durante diez minutos para que pudiera ingerir la comida. Ahora, todas mis excusas se habían ido, y la oficina estaba en silencio.


Miré por la ventana, bebiendo el café que había aparecido mágicamente en mi escritorio hace media hora, cuando Emerie entró en mi oficina. Lo supe por el golpeteo de sus tacones, no porque me di la vuelta. Ella se puso detrás de mí y envolvió sus manos alrededor de mi cintura. —Día loco. —Sí. Gracias por todo. Por el almuerzo, café, contestar el teléfono y la puerta, todo el día. Por todo. Apoyó la cabeza en mi espalda. —Por supuesto. Somos un buen equipo. ¿No lo crees? Cerré los ojos. Maldición. Sólo hala la bandita, Drew, eres un marica. Termina con la mierda. Tragué saliva y me volteé para mirarla. —Emerie... no estoy hecho para ser parte de un equipo. Se rió, probablemente aún sin comprender plenamente lo que estaba diciendo. Entonces, levantó la vista y vio mi rostro sombrío. Su sonrisa se marchitó. —¿De qué estás hablando? Eres un gran jugador en equipo. Continúo desde donde me necesitas, y haces lo mismo por mí. Hala la jodida bandita. Rápido. —No, Emerie. Eso es lo que hace un empleado por su empleador. No somos un equipo. Se veía como si hubiera sido golpeada físicamente. Su labio inferior tembló por medio segundo, y luego se calmó, cambiando todo su comportamiento. Brazos que habían estado casualmente a su lado, se cruzaron en una postura protectora sobre su pecho, y enderezó la espalda. Lo jodido fue que, por un breve instante, me encendí observándola en su modo pelea. Después de todo, discutir había sido la forma en que habíamos empezado este lío en primer lugar. Pero definitivamente no era el momento ni el lugar para pensar con mi polla. —Toda relación pasa por períodos en que una persona tiene que apoyarse más en la otra. Llegará un día en que voy a tener que apoyarme en ti.


La asesora de relaciones en ella salió, y me di cuenta que tenía que ser franco. Así que, en lugar de jalar la bandita, le hice una nueva herida. —No quiero que te apoyes en mí, Emerie. Tengo que terminar las cosas entre nosotros. Dio un paso atrás, por lo que, me preparé para seguir, y di el último golpe. —Mi hijo es mi prioridad, y no hay espacio para nada más en mi vida. La voz de Emerie fue un susurro: —Entiendo. —Lo siento. —Por fuerza de la costumbre, me incliné para tocar su hombro, darle consuelo, pero ella retrocedió como si mi mano fuera fuego. Bajando la mirada, dijo: —Te dejé mensajes en el escritorio, y tu primera cita fue pospuesta para las siete y media. Había tanto que debería haber dicho, pero lo único que hice fue asentir. Lo cual ella ni siquiera vio. Emerie se acercó a la puerta de mi oficina, y todo lo que quería hacer era volver los últimos cinco minutos; regresar y decirle que no sólo quería ser su compañero de equipo, quería ser todo su jodido equipo. Pero en cambio, me quedé allí y la observé alejarse. Porque, sólo sería más difícil dentro de un mes, o un año; las jodidas relaciones a larga distancia jamás funcionan. Uno de nosotros estaría en un infierno mucho peor cuando el tiempo pasara y alguien fuera infiel. Emerie desapareció en su oficina y regresó un momento después con su abrigo, su computadora portátil y el bolso colgado sobre su hombro. Suavemente cerró la puerta de su oficina, tanto que casi ni siquiera la escuché marcharse. Quizás ese era el punto. Pero lo hice, y cuando levanté la mirada para darle un último vistazo, vi que estaba llorando. Tuve que agarrar la silla frente a mí con el fin de evitar ir tras ella. Entonces, ya no estaba.


Y mientras me quedé durante la siguiente hora con mierda dando vueltas en mi mente, todo en lo que podía pensar era: ¿a quién estaba tratando de proteger aquí? A ella… o a mí.


Capítulo 42 No creí que fuera posible sentirme más miserable de lo que había estado la última semana. Alexa y yo habíamos discutido durante una hora cuando busqué a Beck, y luego, empezó justo donde había quedado cuando lo dejé de nuevo, dos días más tarde. Mi hijo no se había sentido bien durante todo el fin de semana y quería saber por qué no podíamos ir a mi casa nunca más. No sabía qué decirle, y cuanto más tiempo dejaba mierda sin respuesta, más difícil se hacía. Para empeorar las cosas, mi vuelo de regreso a Nueva York se retrasó por seis horas, y la última noche de sueño decente que había tenido fue la noche antes de que el juez dictara su decisión. Incluso la azafata me preguntó si me sentía bien. La verdad del asunto es que no me sentía bien; me sentía jodidamente miserable tratando de arreglar mi mudanza a Atlanta. A pesar de que no era la verdadera razón de mí reciente odio a la vida. Para el momento en que mi vuelo aterrizó en el aeropuerto JFK, era medianoche. Estaba tan agotado por falta de sueño, que pensé que en realidad podría dormir esta noche, finalmente tener un poco de desesperado sueño. Pero entonces, cometí el error de parar en la oficina, sólo para mirar alrededor. Estaba tranquilo. No esperaba que Emerie estuviera allí tan tarde. Me había evitado a toda costa antes de irme a Atlanta de todos modos; viniendo a la oficina sólo para encontrarse con sus pacientes personalmente y luego se marchaba inmediatamente. Supuse que estaba haciendo el resto de su trabajo desde casa. Además, tenía acceso a mi horario, habría sabido que regresaría temprano esa noche, así que, estaba seguro de que me evitaría. Dejé mi equipaje en el mostrador de recepción y entré por la oficina en un misterioso silencio. La puerta de Emerie estaba cerrada, e hice lo posible por pasar de largo, pero simplemente no podía hacerlo. A pesar que estaba relativamente seguro que nadie estaba allí, llamé en primer lugar; luego, abrí


lentamente la puerta. Estaba oscuro, pero la luz del pasillo iluminaba lo suficiente para poder ver el interior. Sin embargo, estaba seguro de que la oscuridad me estaba haciendo imaginar cosas. Así que, encendí la luz. Mi corazón saltó hasta mi garganta cuando me quedé helado y miré fijamente. Vacío. La oficina estaba jodidamente vacía. Parpadeé un par de veces, con la esperanza de que mis ojos me estuvieran jugando una mala pasada, pero no. Ella se había ido. Esta vez para siempre.

—Necesito que sigas a alguien por mí. —Buen jodido día, para ti también, cariño. —Roman se sentó en la silla de invitados en el otro lado de mi escritorio. Cuando le había enviado un mensaje a las seis de la mañana, ya estaba de camino a mi casa. Ya que no había dormido en toda la noche y decidí hacer un uso productivo de mi insomnio, le dije que nos encontráramos en la oficina. —No hay nada bueno en ello. —Arrojé el archivo en mi mano sobre el escritorio y froté mis ojos. —Te ves como la mierda, hombre. —Roman se echó hacia atrás en su silla, y levantó sus pies con botas en mi escritorio, cruzando los tobillos. Normalmente, los apartaba, pero no me importaba lo suficiente esta mañana. —Todos los viajes me han agotado. —Sí, esa es la razón. —¿Que se supone que significa eso? —Nada. ¿Qué necesitas? —Quiero que sigas a Emerie por mí. —¿Para qué mierda? ¿No está al otro lado del pasillo la mitad del día?


—Se fue. —¿Cuando pasó eso? —En algún momento durante los últimos días, supongo. Regresé a la medianoche, y su oficina estaba vacía. —Supongo que eso explica la razón por la que parece que no has dormido en dos días. —Sólo necesito saber si encontró un nuevo lugar para alquilar. He encontrado una pequeña casa para arrendar en Atlanta. David Monroe va a unirse a mí aquí, a tiempo parcial, se va a hacer cargo de algunos de mis clientes a los que no les importaría si no los manejo personalmente. Entre eso y trabajar de forma remota, estoy pensando que puedo volver dos veces al mes durante unos días, en lugar de ir y volver todas las semanas. No hay ninguna razón por la que no pueda quedarse aquí. Sería fácil evitarme. —Entonces, ¿realmente lo vas a hacer? ¿Vas a dejar tu práctica y mudarte a Atlanta? —¿Qué opción tengo? Voy a apelar, pero no hay garantía de que algo cambie. Beck siente el limbo en el que estoy. No puedo vivir en una habitación de hotel; él nunca se va a conformar con no ser capaz de tener su propio lugar para dormir y guardar sus cosas. Necesita sentir como si estuviera en su casa, que estoy ahí si me necesita para eventos escolares, citas con el médico. Acaba de formar un equipo de hockey de niños. ¿Qué haría cuando sus juegos fueran los días que esté en Nueva York cada semana? Además, no puedo ir y venir, cincuenta y dos veces al año, desperdiciando cuarenta horas de trabajo en dos días. Es duro después de un tiempo. —¿Por cuánto tiempo es el contrato de arrendamiento de la casa que has encontrado? —Un año. —Mis hombros cayeron—. Imagino que me tomará unos nueve meses antes de que tenga una cita para argumentos orales sobre mi apelación de custodia. —¿Ya firmaste? —Aún no. Tengo una reunión con el propietario cuando regrese al final de la semana.


—Bueno. Dame unos días más. —¿Para qué? —Tengo un tipo en Atlanta trabajando en algo para mí. —¿Quiero saber? Roman sonrió. —Mierda, no. Así no puedes resultar implicado. Fue la primera vez que me reí desde… no estaba seguro. Ese era Roman, un hombre con un plan que siempre sostenía mi espalda. —Bueno, sea lo que sea, gracias. —Entonces, ¿qué es lo que quieres hacer con Emerie? ¿Sólo que la siga? ¿Qué tal una pista sobre lo que estoy buscando? —Sólo necesito saber que está bien. Si encontró una oficina y si es en un barrio seguro. Roman levantó una ceja. —Entonces, ¿no quieres saber si está follando con alguien? Apreté la mandíbula con tanta fuerza que casi me quebré un diente. —No. Si descubres eso, ni siquiera me digas esa mierda. Sobre todo si es ese idiota, Baldwin, porque sólo la va a joder. —¿Como tú? —¿Qué demonios significa eso? No la herí. A mí me jodieron. Estoy haciendo lo mejor para ella. Roman se puso de pie. —No voy a pelear contigo, amigo. La seguiré si eso es lo que quieres. Pero tal vez deberías preguntarte si lo mejor para Emerie podría ser dejar que tome su propia decisión sobre cómo manejar su relación.


Capítulo 43 —Estuviste increíble —dijo Baldwin desde la puerta. Levanté la mirada desde donde empacaba mi material de clase. —¿Cuánto tiempo has estado ahí? —Los últimos cinco minutos. —Estás siendo amable. Era un manojo de nervios. Él sonrió. —Se hace más fácil. Pero en serio, no pareció. Hace dos días, Baldwin había llamado para decir que una de las asistentes de enseñanza del departamento tuvo que irse de forma inesperada, y me preguntó si quería intentar. Prácticamente me aseguraría la posición adjunta de la facultad por la que me entrevistarían mañana, así que, accedí, aunque tenía cero deseos de hacer cualquier cosa en estos días. Levantarme de la cama era un esfuerzo. Después de haber terminado de embalar, caminé hacia la puerta. —¿Vas a clase? —No. Acabo de terminar de calificar algunos documentos y quería ver cómo estabas. ¿Qué tal algo de comer? Hay un pequeño y lindo restaurante a pocas cuadras que hace la mejor ensalada de atún. Durante el último mes, había estado evitando a Baldwin por Drew, pero ya no había ninguna razón para hacerlo. A pesar que no estaba de humor para tener compañía; sabía que encerrarme en mi apartamento y estar triste no era muy saludable. —Por supuesto. Me encantaría.


Baldwin y yo almorzamos fuera, al lado de las lámparas de calor, ya que era una hermosa tarde. En un momento dado, me levanté para ir el baño, y vi a un hombre sentado en un auto estacionado a media manzana. El auto estaba a mi espalda mientras estaba comiendo, así que, no tenía idea de cuánto tiempo había estado allí, pero podría haber jurado que el hombre en el interior era Roman. Después de haber terminado el almuerzo, busqué el auto de nuevo, pero ya se había ido. Más tarde en el día, después de terminar mis diligencias por la tarde, fui a casa para hacer un asesoramiento en línea. Ni siquiera podía abrir la puerta de entrada completamente, porque mi apartamento estaba repleto de muebles de oficina. Probablemente irme antes de encontrar un nuevo espacio no fue la mejor idea, pero simplemente no podía quedarme allí. Incluso cuando Drew no estaba, lo único en lo que podía pensar era en él. Había pensado que librarme de tener que ver el escritorio en el que habíamos tenido sexo y la habitación de copias en la que nos habíamos conocido, me ayudaría a pensar menos en él. Por desgracia, mis pensamientos viajaron conmigo en lugar de quedarse en la oficina. Mientras estaba acomodando mi ordenador portátil para que mis pacientes no vieran la habitación alocada y llena de muebles de oficina, llamaron a mi puerta. Odiaba que tuviera esperanzas, pensando que tal vez era Drew. Estuve confundida cuando vi a Roman a través de la mirilla. Abrí la puerta. —¿Roman? Estaba de pie, agarrando la parte superior de la puerta. —He recibido instrucciones de seguirte. —Creí haberte visto en el restaurante hoy. —¿Puedo entrar? No voy a tomar mucho de tu tiempo. —Ummm... claro. Por supuesto. Pero debo advertirte, el lugar es un desastre. Mudé mi oficina a mi pequeño apartamento y no tengo lugar para poner cualquier cosa, así que, básicamente se apoderó de mi sala de estar. — Abrí la puerta tanto como pude y Roman entró—. ¿Quieres algo de beber? Levantó la mano.


—Estoy bien. Había montones de archivos en todo el sofá. Empecé a recogerlos para hacer espacio para que se sentara. —¿Quieres sentarte? ¿Acomodarte para contarme la razón por la que me estás siguiendo? Se rió. —Claro. Me senté en mi silla de oficina frente a él y esperé que empezara. —Drew me pidió que te siguiera. Afirma que quiere asegurarse que tu nueva oficina está en un barrio seguro. —¿Y si no lo estuviera? ¿Qué va a hacer con esa información? Roman se encogió de hombros. —La mierda no siempre tiene sentido cuando un hombre está enamorado. —¿Enamorado? ¿Has olvidado la parte en la que me dejó? —Nunca pensé que diría esto acerca de mi mejor amigo. He conocido al hombre desde la primaria, y siempre ha tenido bolas de acero, pero tiene miedo. —¿De qué? —De enamorarse. Su madre engañó a su padre y se fue cuando era niño. Su esposa le mintió sobre ser el padre del niño del que estaba embarazada, y luego continuó al follar al papá del bebé después de casarse. Se enamoró de ese niño, luego ella le arrebató el derecho de ser padre. También le recuerdan día a día en el trabajo cómo funcionan las relaciones, especialmente aquellas en las que las parejas no pasan tiempo juntos. Finalmente, encontró algo bueno en su vida contigo. No me gusta ver que lo desperdicie porque es demasiado cobarde para tener una oportunidad. ¿Siquiera te dijo que el juez dejó a Alexa quedarse en Atlanta, y se está por mudar allí? —No.


Hubo un dolor en mi pecho. La forma en que terminó las cosas tenía un poco más de sentido ahora. Una parte de mí podía entender por qué Drew sería escéptico respecto a que las cosas podrían funcionar entre nosotros. Su pasado le había enseñado más o menos que cuando te enamoras, luego te lo arrebatan. Pero eso no justificaba lo que había hecho. Si estaba o no justificado, no cambiaba el hecho de que ni siquiera había tratado de luchar por nosotros. Ni siquiera me dijo lo que estaba ocurriendo. —Siento por lo que está pasando, Roman. Nada de esto es justo para él. Pero incluso si fuera cierto que todavía se preocupa por mí, ¿qué podría hacer al respecto? No puedo hacer que deje de tener miedo. Ni siquiera quiere intentar. Eso me dice que no valía la pena el riesgo por él. Tengo que valer más que eso. Roman asintió. —Lo entiendo. Es sólo que... te vi con ese profesor hoy, en el almuerzo. —Baldwin y yo somos amigos. Sí, tenemos historia, o debería decir, yo tengo una historia de sentimientos por Baldwin. Pero me enamoré de Drew, y eso me demostró que los sentimientos que pensé que tenía por Baldwin no eran realmente amor. Porque nunca fue así con Baldwin; lo que siento por Drew está en un nivel diferente. Roman sonrió. —Dijiste siento, no sentía. —Por supuesto. No puedo apagar sentimientos sólo porque estuve herida. Va a tomar un tiempo superar a Drew. —¿Hazme un favor? No intentes demasiado aún. Todavía tengo esperanza de que mi amigo va a sacar la cabeza de su culo.


Capítulo 44 Yo no sudo. Me había puesto de pie en el tribunal y fui sorprendido por un cambio de planes, cuando un testigo cambió su testimonio y un juez estaba mirándome bajo su nariz; ni una gota. Sin embargo, de alguna manera, tuve que limpiar mi frente, y la servilleta de papel estaba pegajosa en mis manos sudorosas. ¿Por qué tengo que hacer esto hoy? No estaba listo. Beck no estaba listo. Pero eso no detendría a mi ex esposa. Había amenazado con decirle a Beck cuando lo dejara esta noche si no lo hacía, y aunque no era una mujer de palabra, estaba seguro que su amenaza iba en serio. Fue la segunda vez en dos semanas que estaba canalizando a mi padre. Hala la bandita era su cliché favorito. Tan sólo esperaba que el rostro de mi hijo no luciera ni de cerca como el de Emerie cuando terminé lo nuestro. Me volteé hacia Beck, que estaba riendo a carcajadas viendo dibujos animados, y miré el reloj. Mierda. Me quedé sin tiempo para poder postergar. —¿Beck? ¿Amigo? Necesito hablar contigo de algo antes de volver esta noche con mamá. ¿Crees que puedes apagar la televisión? Se volvió hacia mí, un niño tan dulce, tolerante. —Está bien, papi. Después que se levantó y tomó el mando a distancia de la mesa, se sentó de nuevo y se volteó, y me dio toda su atención. Tenía la boca seca de repente, por lo que era difícil hablar. No había manera fácil de decirle esto a un niño, sin importar lo mucho que lo endulzara. —¿Está todo bien? Te ves como yo antes de vomitar. —Beck se puso de pie—. ¿Quieres que te traiga un cubo como lo haces por mí cuando vomito?


Me reí con nerviosismo. —No, amigo. No necesito un cubo. —Por lo menos, creo que no—. Siéntate. Se trata sobre ser tu papi. Su expresión cambió. —¿No vas a ser mi papá nunca más? ¿Es por eso que no me llevas a tu casa? Puede que necesite ese cubo después de todo. —Oh, Dios. Nada de eso en absoluto. Nunca voy a dejar de ser tu padre. Pero... —A la mierda, aquí va—. Pero, algunos niños tienen suerte y tienen más de dos padres. Sus ojos se iluminaron. —¿Te vas a casar con Emerie? Jesús. Eso dolió de muchas maneras. —No creo que eso vaya a suceder, Beck. No. Se estaba emocionando y empezó a hablar sin parar. —Porque Mikayla de la escuela tiene una madrastra. Sus padres están divorciados, como tú y mamá, y ahora tiene dos mamás. —No. Bueno, sí. No. Algo así. La cosa es que... en realidad, yo soy tu padrastro. —Entonces, ¿tengo dos papás? —Arrugó la nariz. —Sí. Cuando naciste, tu madre y yo nos casamos. No sabía que no eras mi… —Sentí las palabras comenzar a burbujear en mi garganta, y tuve que aclararla un par de veces para evitar mostrar lo triste que estaba. Necesitaba que Beck supiera que lo que le estaba diciendo, no tendría ningún efecto sobre nuestra relación, y mi llanto no enviaría el mensaje correcto. Empecé de nuevo: —No sabía que no eras… mi hijo, biológicamente, hasta años después que naciste. —Si no eres mi padre biológico, entonces, ¿quién es?


—Un hombre llamado Levi. Mamá dice que ya lo has conocido un par de veces. Sus ojos se iluminaron. —¿El piloto de carreras? Estaba emocionalmente en conflicto. Si bien apestaba para mí que él estuviera emocionado por estar relacionado con ese idiota, si le facilitaba aceptar la noticia, estaba de acuerdo con eso. —Sí. El piloto de carreras. —¡Conduce un auto genial! Tiene una tobera al frente y es ruidosa. Forcé una sonrisa. —Tu mamá va a tener que empezar a llevarte para que conozcas a Levi. Pero esto no significa que algo va a cambiar entre tú y yo. Pensó en todo lo que había dicho por un momento, y luego preguntó: —¿Todavía me amas? Beck podría tener casi siete y empezar a ser demasiado genial para tomar mi mano cuando caminábamos a la escuela, pero todo eso no importaba. Lo subí en mi regazo y lo miré directamente a los ojos. —Te amo más que a nada en este mundo. —Entonces, ¿no me vas a dejar por tener un nuevo papá? —No, Beck. Nunca te dejaría. La gente no se va cuando ama a alguien. Se quedan para siempre. Es por eso que me voy a mudar a Atlanta. Tu madre te trajo hasta aquí, y yo iré donde tú vayas. —¿Mi padre biológico no me ama, y es por eso que vivimos en Nueva York? Jesús. Tenía algunas preguntas difíciles. —Sé que es confuso, pero Levi no sabía que eras su hijo cuando naciste. Así que, no tuvo la oportunidad de conocerte. Ahora que sabe, también va a amarte, estoy seguro.


Me di cuenta que era el momento de sentarme y tener una charla con Levi para asegurarme de que mi hijo sería la prioridad que tenía que ser. Si iba a ser parte de su vida, mejor que no fuera una decepción. —¿Va a vivir aquí, también? —No estoy seguro, amigo. —Pero dijiste que las personas no se van cuando aman a alguien. Entonces, ¿sólo se irá cuando no me amé? Dios, estaba jodiendo esto magníficamente. —A veces, hay que dejar ir físicamente cuando se ama a alguien, como por trabajo, tal vez, pero encuentras otras maneras para seguir con ellos, todos los días. Cuando dije que las personas no se van cuando aman a alguien, no quiere decir que tendrían que estar allí en persona diariamente. Sólo tienen que ser más creativos para encontrar formas de estar juntos cuando no puedes estar allí en persona. Como tú y yo el mes pasado, cuando tuve que volver a Nueva York para trabajar. —¿Cómo hacer FaceTime con el iPhone de mamá? —Exactamente. —¿Cómo hablar por Snapchat? —No estoy en ese. Pero si eso quieres. Beck asintió y se quedó en silencio durante un tiempo. Era mucho para asimilar, especialmente para un niño de su edad. A estas alturas, yo apenas podía procesarlo. —¿Tienes alguna pregunta, amigo? —¿Aún puedo llamarte papá? Mi corazón se retorció. —Sí, definitivamente. Siempre voy a ser tu papá. —Entonces, ¿cómo voy a llamar a Levi? —Pensar en mi hijo llamando papá a otro hombre, era físicamente doloroso. Pero mi propio dolor no importaba. —Estoy seguro que mamá, y Levi van a arreglarlo con el tiempo.


Unos minutos más tarde, Beck preguntó si podía volver a encender sus dibujos animados. Él no lucía agotado. Yo, por el contrario, sentía como si hubiese estado en diez rounds de una pelea de peso pesado con las manos atadas a la espalda. Estaba mental y físicamente exhausto. Esa noche, después de dejar a Beck con Alexa, me recosté en mi cama en el hotel, repitiendo la conversación una y otra vez. Era importante para mí respaldar las cosas que le dije a mi hijo hoy. Los niños aprendían más de lo que los padres hacían que por lo que decían. Necesitaba demostrarle que me quedaría aquí a largo plazo, sobre todo porque no podía controlar lo que Levi y Alexa hacían. Mientras intentaba conciliar el sueño, una cosa siguió insistiendo en el fondo de mi mente y no me dejó seguir. Era algo que yo había dicho. Mientras que creía que las palabras eran verdad, si era honesto conmigo mismo, no estaba siguiendo exactamente mis declaraciones. Y no tenía nada que ver con mi hijo. Las personas no se van cuando aman a alguien. Se quedan para siempre.

A la mañana siguiente, mi sentimiento de inquietud había brotado. La raíz había estado allí durante las últimas semanas, pero desde mi conversación con Beck, había crecido como una vid y se ubicó en mi estómago y mi cabeza. Y se había enrollado alrededor de mi corazón con tanta fuerza que apenas podía respirar. Tuve que arrastrarme fuera de la cama para poder llegar al aeropuerto para el vuelo. En la parte trasera de un taxi, comprobé mi tiempo de salida y me puse nervioso. Me conocía, cómo podía obsesionarme con la mierda, y necesitaba saber. Finalmente, cedí, le envié un mensaje a Roman a las cinco de la mañana. Drew: ¿Está saliendo con alguien? Como siempre, respondió a los pocos minutos. Era la única persona que conocía que necesitaba menos sueño que yo. Roman: Pensé que se suponía que no debía decirte esa parte. Drew: Sólo dime.


Roman: ¿Estás seguro que puedes manejarlo? Jesucristo. En realidad, no estaba tan seguro de poder. Si él estaba preguntando, no era bueno. Drew: Dime. Roman: El vecino está acercándose a ella. Le envió flores, una cosa enorme de rosas amarillas. También la llevó a comer el otro día en algún lugar elegante con precios caros y comida estúpida y pequeña. Mierda. Drew: ¿Algo más? Roman: Empecé a seguirlo un poco. Llevó a una mujer a cenar anoche. Alta. Lindas piernas. A mitad de la cena, parecía que estaban discutiendo. Ella empezó con mierda dramática, se puso de pie y arrojó la servilleta sobre la mesa, y luego salió corriendo. Creo que la dejó. El sentimiento de inquietud en el estómago estaba allí por una maldita razón. Iba a perderla para siempre si no sacaba mi cabeza de mi culo. Estacionando en el aeropuerto, le escribí un último mensaje a mi amigo antes de salir del taxi. Drew: Gracias, Roman. Respondió de inmediato. Roman: Ve por ella. Era cuestión de jodido tiempo.

Estaba casi tan nervioso como ayer, cuando tuve que darle la noticia a Beck. Pero también había algo diferente en la forma en que me sentía. Determinado. Sin importar lo que me tomara, iba a hacer que Emerie me perdonara y me diera otra oportunidad. Lo había jodido; podría culpar a un millón de experiencias en mi vida, pero la verdad del asunto era que lo había jodido. Y estaba a punto de comenzar a arreglarlo. Había un letrero de fuera de servicio en los dos de los ascensores en su edificio. Me paré frente al solitario que funcionaba, dando golpecitos ligeramente con el pie, mientras veía los números bajar por los pisos. Se quedó quieto en el nueve durante treinta segundos, luego se detuvo en el ocho por


el mismo tiempo. No tengo tiempo para esto. Ya había perdido demasiado tiempo. Mirando alrededor, vi el letrero de la escalera y empecé a correr. Mi corazón latía mientras subía dos a la vez hasta el tercer piso. Entonces, estaba delante de la puerta de Emerie, y me di cuenta por primera vez que no tenía idea de lo que iba a decir. Dos horas en el avión, y no había planeado mi declaración de apertura. Lo bueno es que soy bueno improvisando sobre la marcha cuando se trata de argumentos orales. Respiré profundamente, me tranquilicé, y llamé. Cuando la puerta se abrió, me di cuenta de lo completamente poco preparado que estaba. Porque Baldwin estaba mirándome desde el interior.


Capítulo 45 —¿Dónde está Emerie? —Se está vistiendo. Tenemos un desayuno de trabajo en la universidad esta mañana. No es que sea de tu incumbencia. El profesor Pendejo seguía de pie en el interior, y yo era el que estaba en el pasillo. El simbolismo me carcomió. Pasé por su lado y entré en el apartamento de Emerie. —Claro, adelante —murmuró, con sarcasmo. Me volví hacia él, cruzando mis manos sobre el pecho. —Ahora vete. —¿Disculpa? —Necesito hablar con Emerie a solas, así que, agradecería si pudieras desaparecer. Negó. —No. Mis cejas se levantaron. No creía que el imbécil tuviera las agallas. Si se tratara de cualquier otro momento, podría haber estado impresionado por su tenacidad. Pero en este momento, sólo me molestaba como la mierda. Di un paso hacia adelante. —Puedes irte por tu cuenta, o te ayudaré a irte. De cualquier manera, te vas a ir. ¿Cómo va a ser? Viendo que no estaba jugando, tomó la ruta inteligente y abrió la puerta. —Dile a Emerie que la veré en la escuela más tarde.


—Sí. Me aseguraré de darle el mensaje. —Le di un empujón la puerta, cerrándola sobre sus talones. Girando, me encontré con la sala de Emerie atestada de mobiliario de oficina. El lugar apenas tenía suficiente espacio para un sofá y una silla antes. Ahora también estaba lleno por un escritorio, sillas de oficina, archivadores, equipos informáticos, y todo lo demás de su oficina. La puerta de su habitación crujió, y Emerie salió, con la mirada gacha mientras miraba algo en su teléfono. —Encontré la BIOS del departamento de Psicología en la página web de la universidad. ¿Dime otra vez con quién nos vamos a encontrar? Soy tan mala con los nombres. Mi respuesta la detuvo en seco. —Sólo tú y yo. La cabeza de Emerie se levantó rápidamente, y parpadeó un par de veces como si estuviera imaginando el hombre de pie en su sala de estar. —Drew. ¿Qué haces aquí? —Miró detrás de mí—. ¿Y dónde está Baldwin? —Se fue. —¿A dónde? Miré mis pies por un minuto, y luego encontré su mirada. Había una sensación que retorcía mi pecho mientras encontré la misma tristeza que sentía dentro de mí detrás de sus ojos. Mi voz era baja y ronca. —¿Lo amas? Me miró fijamente por largos segundos, las ruedas girando en su cabeza. Contuve la respiración todo el tiempo. Finalmente, negó. Gracias a Dios. Eso era todo lo que necesitaba escuchar. Cualquier otra cosa lo podíamos solucionar. Podría hacer que me perdonara, podría aprender a confiar en mí, pero no podía hacer que no estuviera enamorada de otro hombre. Aún estaba


de pie en la puerta de su dormitorio, y de repente no había demasiado espacio entre nosotros. Me acerqué a ella, sin que me importara una mierda si era un movimiento cavernícola. La imperiosa necesidad de tocarla sobrepasó cualquier necesidad de comportarse. Ella no se movió. Con cada paso que daba, mi corazón latía más rápido. No se movió cuando extendí mis manos, tomé su rostro entre mis manos, y poco a poco, posé mis labios contra los suyos, probando las aguas. Tomando esto como una luz verde, o al menos no un rojo brillante parpadeante, fui por más. Plantando mis labios sobre su boca, ser suave se fue por la ventana, y la besé con fuerza. Ella abrió sus labios, gimiendo mientras la acercaba a mí. El sonido fue como un disparo directo a mi pene, y el beso duro rápidamente cambió a un frenesí. Olía increíble, sabía tan dulce como la recordaba, y la sensación de su cuerpo pegado al mío era mejor de lo que había experimentado. Dios, era un jodido idiota. ¿Cómo siquiera pude alejarme de esto? El beso se prolongó durante mucho tiempo. Cuando se rompió, no pasó mucho tiempo para que dudara y se atemorizara, por no hablar de la ira. —No puedes simplemente aparecer… Mis labios se estrellaron en los de ella, interrumpiéndola. Esta vez, trató de luchar. Me dio un empujón débil en mi pecho, que sólo me hizo envolver mis brazos con más fuerza. Finalmente, se relajó, y se dio por vencida de nuevo. Cuando nuestro beso se rompió, aparté mis labios unos centímetros como recordatorio de que estarían sobre ella en menos de un latido si comenzaba de nuevo. —Sólo dame un minuto antes de hacerme trizas, ¿de acuerdo? —Sesenta segundos —dijo. La esquina de mi labio se torció. Dios, extrañé esa boca. Y no sólo la sensación de sus labios suaves y su sumisa lengua, extrañé su descaro. Froté dos dedos por su mejilla, se lo dije directamente. Mi voz era cruda mientras dejaba el peso sobre ella. —Te amo.


Una sonrisa de esperanza se formó en su hermoso rostro. Pero, entonces lo recordó. Recordó lo que le había hecho las últimas semanas, y su sonrisa desapareció. —Tienes una forma divertida de demostrarlo. Me amas, ¿así que me dejaste? —El juez no ha cambiado mi horario de visitas con Beck, pero permitió que Alexa se quedara en Atlanta. Tengo que mudarme. —Lo sé todo. Roman me lo dijo. —¿Roman? —Sí, Roman. —¿Qué mierda? —No me digas qué mierda a mí. Al menos Roman tuvo la cortesía de decirme la razón por la que estabas actuando como un idiota. —Estaba asustado. —Igual yo. Pero no me alejé. Bajé la mirada. —Lo sé. Te podría dar un millón de excusas sobre por qué hice lo que hice, tratar de justificarme. Pero todas estas razones conducen de nuevo a una sola cosa. —Hice una pausa y luego le dije mirándola a los ojos—: Tenía miedo. —¿Y ahora? ¿Ya nunca más tendrás miedo? Negué. —Finalmente me di cuenta que tenía más miedo de perderte que de intentar y salir lastimado. Supongo que puedes decir que me crecieron un par de bolas. Ella se relajó. Parecía que quería creerme, pero se mostraba escéptica. No podría decir que la culpaba. —¿Cómo sé que no vas a acobardarte y desaparecer de nuevo? —Su voz se quebró—. Realmente me lastimaste, Drew.


—Lo siento mucho. Y sé que en este momento mi palabra no vale mucho para ti. Pero juro por Dios, Em, si me das otra oportunidad, no voy a joder las cosas esta vez. Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Vas a estar viviendo en Atlanta, y estaré aquí todos los días, algunos días de trabajo en la universidad con Baldwin. ¿Cómo siquiera funcionaría? —Como necesites que funcione. Tomaremos turnos. Una semana irás a Atlanta; una semana vendré a Nueva York. O cada dos, si eso es demasiado para ti. Y tendremos un jodido montón de sexting14 y llamadas por FaceTime. Aún no lo tengo todo planeado, pero lo solucionaré. No va a ser fácil, pero valdrá la pena. Te amo, Emerie. Pasaría trescientos sesenta y cuatro días de sed si eso significaría que te bebería por sólo un día. Una lágrima se deslizó por su mejilla, y la atrapé con mi pulgar. —Por favor, dime estos son lágrimas de felicidad, Em. —No creo que una relación a larga distancia funcione. —Vamos a hacer que funcione. Por favor. Por favor, dame otra oportunidad. Negó rápidamente. —No. —Pero… —Intenté cambiar su opinión, pero esta vez, me hizo callar. Emerie presionó sus labios contra los míos. El beso estaba lleno de tantas emociones locas que podía sentir pulsando a través de mis venas y en nuestra conexión. Cuando finalmente nos apartamos, ella estaba jadeando, y yo estaba en un puto pánico. Se está despidiendo. —No va a funcionar de larga distancia. —Em, vamos a hacer que funcione. —No. Voy a ir contigo a Atlanta.

14

Sexting: Mensaje de texto sexuales.


—Lo solucionar… espera… ¿qué? —La miré con incredulidad—. Repite eso. —Dije que voy a ir contigo a Atlanta. —¿Qué pasa con el trabajo que has solicitado en la universidad? ¿Tus pacientes? —Soy asistente el resto de este semestre. Sólo me entrevistaron para la posición de adjunta a invitados. Puede que ni siquiera me contraten. El semestre termina en tres meses. Vamos a ir y venir hasta entonces. Con un poco de experiencia en mi hoja de vida, tal vez será más fácil encontrar un trabajo a tiempo parcial ahí. Y la mayoría de mis clientes son portátiles; hicieron sesiones de vídeo de asesoramiento antes. Tal vez, voy a mantener incluso unos pocos y regresar cada tanto mientras tienes a tus clientes aquí. Necesitas estar cerca de tu hijo, y también quiero conocerlo. Él es parte de ti. —¿Lo dices en serio? Casi me dio un ataque al corazón cuando dijiste que a larga distancia no funcionaría. Sonrió. —Bueno. Es lo justo después de lo que me has hecho pasar las últimas semanas. Sin previo aviso, la levanté en el aire. Gritó, pero la sonrisa en su rostro me dijo que estaba feliz. Sus piernas envueltas alrededor de mi cintura, brazos alrededor de mi cuello, y la apreté con tanta fuerza, que me preocupaba que podría hacerle daño. —Dios, te amo. —Mejor que lo hagas. —Lo hago. Tomé su boca con otro beso y me fui con ella en mis brazos hasta que pude encontrar una superficie limpia para dejarla. Esa superficie sucedió que era la encimera de la cocina, que también era de la altura perfecta. Mi pene ya estaba duro, sintiendo su calor a través de los pantalones. De alguna manera nos las arreglamos para rasgar la ropa del otro mientras nos manteníamos conectados todo el tiempo. Chupé debajo del lóbulo de su oreja, y mis dedos exploraron la raja de su culo mientras ella me


desabrochaba los pantalones. Cuando los pantalones cayeron al suelo, me quité la ropa interior, y mi pene se balanceó contra mi estómago. Mirando entre nosotros, le dije: —Te echamos de menos. Ella rió. —Los extrañé a ambos, también. Necesitaba tanto estar dentro de ella. —El juego previo va a ser corto, pero lo compensaré en la parte final. Va a ser juego posterior en su lugar. —Extendí la mano hacia abajo y agarré mi pene, bajándolo a un poco para que pudiera utilizarlo para frotar la humedad por todos lados. Ella estaba resbaladiza y lista, y yo estaba impaciente como el infierno, así que, de un empujón entré. Emerie miró entre nosotros, mirando mi polla desaparecer dentro de ella mientras empujaba lentamente. Cuando estuve completamente dentro, levanté la barbilla. —Verte observarme poner mi polla dentro de ti es la cosa más sexi que he visto en mi vida. Sonrió. —Me alegra, porque realmente me gustó ver. Le acaricié la mejilla con el pulgar. —Pensándolo bien, esta sonrisa de aquí, podría ser la cosa más atractiva que he visto en mi vida. Empecé a moverme, lentamente al principio, deslizándome dentro y fuera. Había algo diferente en esta ocasión, como si las barreras entre nosotros hubiesen desaparecido, finalmente era libre de amarla. Besé sus labios suavemente. —Te amo. Ella encontró mi mirada. —También te amo, Drew. No lo supe hasta que sentí la cosa real, pero no estoy segura de alguna vez haber estado realmente enamorada antes de conocerte.


Se sintió como si me hubiese dado una corona. En ese momento, yo era un jodido rey. No estaba seguro de qué había hecho para merecerla, pero era lo suficientemente codicioso como para que importara. Ella era mía, y tenía pensado tenerla para siempre este vez. A pesar de que habían pasado sólo un par de semanas desde la última vez que estuve dentro de ella, fue demasiado tiempo. Traté de ir lento, pero cuando apretó las piernas alrededor mí y su coño se comprimió, exprimiendo mi polla, sabía que no iba a durar mucho tiempo. A ella le gustaba cuando hablaba durante el sexo, así que, le susurré todo lo que quería hacerle en su oído; no poder esperar por frotar mi cara en su coño, cómo quería correrme sobre sus tetas, y la forma en que más tarde iba a inclinarla sobre el mostrador en el que estaba sentada y tomarla desde atrás, terminando sobre todo su culo que estaría rojo y caliente por mis manos en ellos. Gimió fuerte, gritando mi nombre y pidiendo que fuera más duro. Aceleré el ritmo, y después que sentí su cuerpo temblar de espasmos a mi alrededor, me vine largo y duro dentro de ella. No había forma de que los vecinos no escucharan nuestro final espectacular, y sin duda esperaba que uno en particular hubiese disfrutado oírlo. Después que nuestras respiraciones se calmaran, aparté un mechón de su mejilla y miré sus ojos azules saciados. —Entonces, ¿de verdad te mudarás a Atlanta conmigo? —Sí. —He encontrado una pequeña casa con un patio que está disponible para arrendar. Tal vez usted puedas venir a verla, y podemos decidir si queremos algo más grande. —He estado viviendo en esta caja de zapatos por seis meses, cualquier cosa parecería más grande. —Tiene tres dormitorios, una gran bañera, y el propietario me dijo que podía volver a pintarla si quiero. —¿Me estás diciendo que me permites añadir color a tu vida? —Estoy diciendo que ya lo hiciste. Eres rojo en mi mundo en blanco y negro.


Epílogo —¿Lo conseguiste? Roman metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó un sobre. —Justo aquí. —Negó—. Aún no puedo creer que te quitaste de encima esta mierda. Vi a Drew venir por el pasillo. —Guárdalo. Ahí viene. Roman deslizó el sobre en su bolsillo y sacó un frasco en su lugar. Quitándole la tapa, me lo ofreció. —¿Trago? —No, gracias. Drew entró mientras Roman levantó el viejo frasco de metal a sus labios. —¿Todavía llevas eso contigo? —Nunca se sabe cuándo necesitarás una inyección de Hennessy, mi amigo. Me sorprendió que Drew no hubiera empezado a beber tragos después de los últimos días. Más o menos lo había vuelto loco para que se preparara para esta noche. Mis padres iban a llegar en los próximos minutos, y una media docena de amigos de Beck también. A pesar que habíamos vivido en Atlanta durante casi un año, realmente era la primera vez que tendríamos compañía. Bueno, excepto por Roman, que no contaba como invitado.


Siempre fue la familia de Drew, y en el último año, se había convertido en mi familia también. Él era el hermano molesto que siempre había querido. A veces, cuando nos visitaba, lo encontraba en el sofá jugando videojuegos con Drew a las dos de la mañana. En otras ocasiones, hacía que Drew perdiera su vuelo cuando tenía negocios en Nueva York, porque se lo llevó en una misión de vigilancia. Pero todo el tiempo, él estaba allí para nosotros. La mayoría de la gente tiene cicatrices de varicela. Drew consiguió un preciado amigo de por vida. De alguna manera, eso tenía sentido con esos dos. Beck llegó corriendo desde el patio. Su ropa estaba empapada, y agua de color marrón goteaba de su pequeña cabeza. —¡Regué el jardín! —Umm... ¿regaste el jardín, o el jardín te regó a ti? —Señalé el baño—. Ve a tomar un baño antes que todos lleguen. —¿No puedo ir a la piscina desnudo? —Dio saltitos, con las manos juntas como en súplica. —No, no puedes ir a la piscina desnudo. Los vecinos te verán. Beck hizo un puchero y bajó los hombros, antes de voltearse y arrastrar sus pies de camino al baño. —Román y yo vamos por cerveza —anunció a Drew—. ¿Necesitas algo? ¿Recoger el pastel que pediste? —Mis padres van a pasar por allí de camino. Es una tradición que paguen por el pastel. No preguntes —mentí. Drew me dio un beso en la mejilla. —Lo que quieras. —Luego, susurró: —Por cierto, no parecía importarte si los vecinos veían cuando estabas desnuda en la piscina la otra noche. Supongo que tenía un punto. Aunque en mi defensa, sólo tuvimos a Beck por tres semanas mientras su madre estaba en su luna de miel en Bali, estaba bebiendo una copa de vino, y Drew acababa de volver del gimnasio, por lo que sus músculos estaban particularmente abultados. Además, estaba oscuro,


y demonios… ¿había mencionado que sus músculos estaban particularmente abultados? Diez minutos más tarde, acababa de terminar de preparar la ensalada de melón cuando sonó el timbre. Mis padres sonriendo me recibieron con los brazos en el aire. —¡Feliz día de adopción!

Después de entrar a la casa para ir al baño, me quedé mirando la fiesta en el patio por la ventana de la cocina durante unos minutos. Todo iba muy bien. Mis padres estaban hablando con el nuevo socio de Drew y su esposa, Roman estaba coqueteando con la madre soltera de uno de los mejores amigos de Beck, podría haber mencionado su estado de solteros a ambos; y Beck estaba trepando a la casa del árbol que él y su padre había pasado cuatro meses construyendo después de mudarnos aquí. Y hoy era mi festejo de día de adopción. Mis padres estaban aquí, y este año iba a ser aún más especial que nunca. Desde el patio, Drew me atrapó mirando y se excusó con uno de sus nuevos amigos. Se metió en la casa y fue detrás de mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura para unirse a mí para observar por la ventana. —¿Qué estamos mirando? —Mi vida. —¿Sí? —Me giró y me dio un dulce beso—. Ahora yo también estoy mirando a la mía. Mi corazón suspiró. —Amo cuando te pones dulce. —Ayer por la noche amabas mi charla sucia. Envolví mis brazos alrededor de su cuello. —Tal vez, simplemente te amo. —Soy bastante impresionante.


Poniendo los ojos en blanco, me reí. —Egocéntrico. Drew me dio un beso en la frente. —Tus padres están ansiosos por el pastel. Creo que tu madre le gusta lo dulce. Mis padres habían comenzado a preguntar por el pastel en el momento en que entraron. Sólo que no por la razón que Drew pensaba. El sol había comenzado a ponerse, y probablemente una hora más tarde de lo debido para servir el pastel, pero estaba haciendo tiempo. Una oleada repentina de nervios me atravesó, después de más de seis meses de ansiosa espera para que este día llegara. —Le prometí a Beck que podía ayudar a llevar el pastel. ¿Por qué no haces una taza de café, y yo iré a traerlo? Encontré a Beck, y él corrió a la casa cuando le dije que era el momento. Sonrió de oreja a oreja, y me trajo muchos recuerdos de emoción de mi primer día de adopción. Al ver el rostro emocionado de su hijo, Drew dijo: —Eso debe ser por el pastel. —Está en mi habitación. El tío Roman dijo que lo colocara debajo de la almohada, porque él es mejor que un hada —gritó Beck por encima del hombro, y a la mitad del pasillo. Drew frunció el ceño; extendí mi mano hacia él sin ninguna explicación. —Vamos. La habitación de Beck era de color amarillo brillante. Le dejamos elegir el color cuando me mudé a Atlanta permanentemente después que el semestre terminara. Fiel a su palabra, Drew no se quejó de todo el color que añadí a la casa. Cada habitación era más brillante que la siguiente, excepto nuestra habitación, que lo había pintado de un gris apagado. Lo había elegido porque cuando le pregunté a Drew qué color le gustaría para nuestro dormitorio, me dijo que yo era todo el color que necesitaba. Así que, pensé en darle lo que quisiera en nuestra habitación, ya que en ese lugar siempre me daba lo que me gustaba.


Beck estaba de pie junto a su cama con el sobre detrás de su espalda. Parecía como si fuera a estallar de la emoción, su sonrisa era tan amplia. Asentí hacia él. —Adelante. Beck sacó el sobre detrás de su espalda y se lo tendió a su padre. —Feliz día de adopción. Vacilante, Drew tomó el sobre blanco y grueso, y luego me miró. —¿Es para mí? Pero es tu día, nena. Negué. —Ábrelo. Drew deslizó los documentos del sobre y los desdobló. Era un abogado, por lo que no le habría tomado mucho tiempo descubrir qué era, incluso si el título de la orden no lo decía todo. Se quedó quieto mientras leía el título, entonces me miró estupefacto. Asentí. Al recibir confirmación de todo lo que estaba claramente escrito en la parte superior del papel, Drew revolvió rápidamente las docenas de páginas engrapadas para llegar a la última. Sabía lo que estaba buscando: todas las firmas para ver que era oficial. Y allí estaba, en blanco y negro, como a él le gustaban las cosas. Las firmas de Justice Raymond Clapman y Levi Archer Bodine. Cuando volvió a mirarme, sus ojos se llenaron de lágrimas. —¿Cómo…? —Feliz día de adopción, papá. ¡Me tienes a mí en el día de la adopción! ¡Ahora tú y Emerie pueden celebrar el mismo día! Por supuesto, era sólo una formalidad. Drew siempre había sido el padre de Beck, tanto en su corazón como en el de Beck, no era diferente a cómo era con mis padres. Pero a veces, oficializar las cosas es el moño del ya mejor regalo. Más tarde, le diría a Drew que tendríamos que pagar manutención


adicional por los siguientes doce años, más o menos, aunque sabía que no le importaría ni lo más mínimo. Cuando había aceptado cumplir con todos los pagos de manutención de Levi, a cambio de que firmara los documentos de adopción, siempre había tenido la intención de pagar la manutención con mis ganancias, de todos modos. Sería mi manera de apoyar al niño que también se convirtió en mío en el último año. Resultó que Levi no tenía mucho interés en ser el padre de Beck. Tampoco estaba muy interesado en el estilo de Alexa de interrumpir sus carreras. Al parecer, tampoco les gustaba a todas las otras mujeres con las que se acostaba. Menos de dos semanas después que Alexa había hecho que Drew le informara a su hijo que tenía un padre biológico diferente, Levi la dejó. Él no quería tener nada que ver con conocer a Beck. Su única conexión eran los grandes cheques que Alexa se aseguraba que el estado le cobrara por manutención, después que él la molestara. Así que, hace unos meses, mientras que Drew estaba en Nueva York por negocios y las carreras NASCAR estaban en Georgia; Roman y yo tomamos un paseo para hablar con Levi. Mi plan de comprarlo fue ciertamente mejor que el de Roman; el cual implicaba un amigo de un amigo en el departamento de policía de Atlanta que podía implicar a Levi en un arresto por conducir ebrio, luego, amenazar con arruinar su vida como conductor si no firmaba sus derechos parentales. Pensé que era una posibilidad remota que él firmaría los papeles de adopción a cambio de hacernos cargo de su parte, pero no tenía nada que perder y mucho que ganar por Drew. Y algunas veces arriesgarse valía la pena. Ahora que Alexa había encontrado alguien nuevo para alimentarla, no se opuso a la adopción. En el fondo, sabía que era lo correcto, y en última instancia, no le importaba si recibía el cheque de manutención y tuviera un hombre a su lado. Drew se quedó mirando los papeles con incredulidad. Pensé que tal vez estaba tratando de contener las lágrimas, pero cuando una gota cayó en los papeles, me di cuenta que estaba llorando, no conteniéndolas. Abriendo los brazos, envolvió uno a mí alrededor y el otro alrededor de su hijo, y nos acercó a su cuerpo. Luego, dejó salir todo. Sus hombros se sacudieron, y su cuerpo vibraba mientras sollozaba en silencio.


No pude evitar unirme. Era un momento muy bonito, me recordó a mi propio día de adopción y las lágrimas de mis padres. No había entendido todo el alboroto, en ese entonces, pero hoy se hizo muy evidente. Después de limpiar nuestros ojos, Beck preguntó si podíamos comer pastel. —Adelante, amigo. ¿Por qué no vas por el pastel y lo llevas fuera? Emerie y yo iremos en unos minutos. —Está bien, papá. —Beck corrió desde su habitación, dejándonos solos. Drew me miró fijamente con mirada de asombro en su rostro. —No puedo creer que hayas hecho esto. Nadie ha hecho nada tan significativo por mí en toda mi vida. Empecé a tener nudo en la garganta de nuevo. —Roman ayudó. Drew apartó mi cabello detrás de mí oreja. —Estoy seguro de que lo hizo. Pero eres tú quien me dio todo lo que podría pedir. Apreté su mano. —Eso es lo justo, porque me has dado lo mismo. Soltó mi mano y dio un paso atrás. —No te he dado todo aún. Pero tengo intención de hacerlo, si me lo permites. Lo que vino después pasó en cámara lenta. Drew rebuscó en su bolsillo delantero y sacó una pequeña caja negra antes de ponerse sobre su rodilla. —He estado llevando esta cosa en mi bolsillo todos los días durante la última semana, tratando de encontrar la manera de dártelo. Quería que fuera algo especial, pensé que hoy podría ser el día, pero estaba esperando el momento perfecto. No puedo pensar en uno más perfecto, ¿verdad? Mi mano fue rápidamente a mi boca mientras lo miraba. —Tienes razón. Es perfecto. Drew me apretó la otra mano. —Emerie Rose, desde el día que irrumpiste en mi oficina, con actos de vandalismo, y me mostraste tu culo, he


sentido como si una parte de mí no estuviese cuando no estabas cerca. Eres color en mi mundo en blanco y negro. Antes de conocerte, no entendía por qué las cosas nunca funcionaron con nadie más. Pero finalmente lo entiendo ahora; porque no eras tú. Así que, por favor, dime que te casarás conmigo, porque ya me has dado todo. La única cosa que falta en mi vida es que tengas mi apellido. Se sentía como si estuviera en un sueño. Las lágrimas rodaron por mis mejillas. —¿Esto es real? ¿Realmente está sucediendo? —Esto es muy real, nena. Tú, Beck y yo… quizás otro en tu vientre y otro que adoptemos algún día. Ya somos una familia. Me diste oficialmente a Beck hoy. Ahora, hazlo oficial y acepta ser mía, también. Di que sí. —¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! —Me emocioné tanto que tiré a Drew hacia atrás desde donde estaba arrodillado, y ambos terminamos en el suelo. Nos quedamos allí por un tiempo mientras mi futuro marido besaba mis lágrimas. —Tu propuesta fue tan dulce. ¿Me atrevo a decir romántica? No pensé que tenías eso, Jagger. Nos giró así él estaba encima. —Lo tenía. Pero vas a tenerlo en ti tan pronto en cuanto saque a estas personas el infierno de aquí. Sonreí. —Ahí está el pervertido que conozco y amo. —Sólo quiero que seas feliz, nena. —Hizo una pausa—. Y desnuda. Y lo estaría. Porque en algún lugar entre peleas y rasgar ropa por sexo feroz, me había enamorado increíblemente de un hombre inesperado en el momento más inoportuno. Y resultó ser exactamente lo que ambos necesitábamos.


FIN


Acerca de la Autora Vi Keeland es la autora # 1 de gran éxito en ventas del New York Times. Con más de un millón de libros vendidos, sus títulos han aparecido en más de cincuenta listas de Bestseller y actualmente están traducidos en doce idiomas. Ella vive en Nueva York con su esposo y sus tres hijos donde vive su propio felices por siempre, con el chico que conoció a los seis años.


Egomaniac by Vi Keeland  
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