Issuu on Google+

Informe Sociedad de la Comunicacíon

Alumna: Carolina Bruni Materia: Sociedad de la Comunicación Profesores: Martín Parselis y Marcos Foglia Blog: www.nuevaconcienciavial.blogspot.com


Matriz número 1 Muerte Lesiones Conducta humana Desobediencia Negligencia Prudencia Alcohol Problema Riesgo Prevenir Sanciones Infracción Multas Inconciencia No usar cinturón Acompañantes Conciencia Propaganda Tragedia Decisiones Culpa Razón Responsabilidad Normativa Bienestar Compromiso Radares Ley Cautela Reglamento Exceso de velocidad Seguridad Educación Señalizaciones Respeto Comportamiento Violación Cambio Excusas

Articulo 1 √ √

Articulo 2

Articulo 3 √

Articulo 4

√ √ √ √ √ √ √ √ √ √ √

√ √

√ √ √ √ √ √ √ √ √ √ √ √

√ √

√ √

√ √ √ √ √ √ √ √

√ √

√ √ √ √ √ √ √ √

Matriz número 2 Artículo 1 Accidente Causas humanas Estado

Artículo 2 √

Artículo 3 √

Artículo 4 √


Al comenzar con el primer paso del trabajo para el examen final, a saber la primer matriz, caí en la cuenta de que entre los treinta y nueve conceptos más utilizados en los artículos del blog, no figuraban tres nociones fundamentales para abordar el tema. Nociones que a su vez, agrupan y engloban a la mayoría de los treinta y nueve conceptos iniciales. La primer categoría clave en este trabajo es accidente. ¿Qué es un accidente?, ¿Porqué llamamos accidente a algo que tiene causas y explicaciones?, ¿Porqué ocurre? Más adelante explicaré en profundad este concepto, que no fue advertido anteriormente, al caer en el error de no analizar el nombre mismo del tema “accidentes de tránsito”. La última pregunta: ¿Porqué ocurre?, me lleva directamente al segundo concepto: causas humanas. Dentro de esta categoría pude agrupar los siguientes términos, que figuraban en la primer matriz: Alcohol, exceso de velocidad, señalizaciones, respeto, conducta, desobediencia, prudencia, no usar cinturón, conciencia, responsabilidad y cautela. A esto hizo falta sumarle otros factores que también provocan accidentes de tránsito y que luego serán desarrollados. Finalmente, se ampliará el concepto de estado. Que si bien no había sido explicado en profundad, se había referido a él de la siguiente forma: normativa, reglamento, ley, prevención, sanciones, multas, propaganda, seguridad y educación. El primer concepto a definir es el de accidente. Según la Real Academia Española, “el accidente es un suceso imprevisto, generalmente desgraciado, que altera el orden regular de las cosas”. El término accidente es ampliamente usado tanto en el ámbito popular como técnico. Sin embargo, aplicado al tema tratado, el uso de este término requiere una revisión. Cada vez que usamos el término accidente, además de no estar denominando correctamente al hecho en sí, estamos sugiriendo que es en vano trabajar en prevención, dado que resulta improbable que podamos controlar las variables que definen al término accidente, a saber: el azar, el error, la eventualidad, etcétera. Según el Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, la acepción accidente de tránsito debería ser reemplazada por el de colisión o choque de vehículo a motor, ya que “si se sigue denominando accidentes a los siniestros viales se está obstaculizando el estudio de la problemática dado que un accidente no es producto del azar ni de la fatalidad, ni tampoco intencional, en el sentido de querer conscientemente producir un daño”. Al determinar que no se trata de hechos accidentales, que no se originan ni en el azar ni tampoco en el error casual, se puede determinar que estas situaciones son previsibles y por lo tanto prevenibles. Esta es sin duda una de las más graves problemáticas que actualmente padece la sociedad argentina. Utilizo el término “padece” porque la inseguridad en el tránsito ha alcanzado, según interpretan los expertos y exponen algunos medios, el carácter de “endemia social”, es decir, una enfermedad que reina habitualmente, o en épocas fijas, en un país. A pesar de que diariamente tenemos noticias de las graves consecuencias provocadas por la violencia en el tránsito, la posibilidad de sufrirlas no son asociadas colectivamente a la idea de seguridad. Inclusive parecería que las muertes provocadas por la siniestralidad vial son “socialmente aceptadas”. Los mal llamados accidentes viales son una forma de violencia que aqueja a nuestra sociedad y al mundo. La Organización Mundial de la Salud, en su informe publicado anual, señala que las colisiones en las vías de tránsito son la segunda de las principales causas de muerte a nivel mundial entre los jóvenes de cinco a 29 años de edad, y la tercera entre la


población de 30 a 44 años. Esas colisiones dejan cada año un saldo de 1,2 millones de muertos y de hasta 50 millones más de personas heridas o discapacitadas. “Miles de personas mueren cada día en las vías de tránsito del mundo entero. No nos referimos a sucesos debidos al azar o accidente. Nos referimos a las colisiones en las vías de tránsito. Los riesgos se pueden comprender y en consecuencia prevenir”, señaló el Dr. Lee Jong-wook, Director General de la Organización Mundial de la Salud. “La seguridad vial no es accidental. Tenemos los conocimientos necesarios para actuar ya. Es una cuestión de voluntad política”. Por todas estas razones es que Eduardo Mondino insiste en “modificar el modo en que nombramos a los hechos que usualmente denominamos accidentes y de construir un lenguaje que permita identificar específicamente las causas y las consecuencias de estos hechos, caracterizándolas como pasibles de ser previstas y prevenidas”. Comprender que los mal llamados accidentes tienen causas equivale a dar un gran paso en la implementación de medidas destinadas a evitar que se produzcan los hechos potencialmente traumáticos. Una vez definido este concepto clave y aclarado que no se trata de una situación casual sino causal, se establece el pie perfecto para comenzar a analizar al segundo elemento del trabajo, las causas humanas. Según la asociación civil Luchemos por la Vida la falla humana es la principal causa de muerte en accidentes de tránsito, lo cual coincide con la cifra arrojada por el Centro de Experimentación y Seguridad Vial Argentina (Cesvi) para quienes el 90% de las causas de siniestros corresponde a errores humanas. El exceso de velocidad es señalada como la primera causa de accidentes viales adjudicada al hombre. Cuanta más velocidad se lleva, más difícil es controlar un auto aumentando así el peligro de choque, vuelco, etcétera. Hay, sin embargo, cierta controversia sobre como se tiene que luchar contra el exceso de velocidad. En algunos países se entiende que la solución es bajar el límite de velocidad máxima, pero el caso es que en otros países donde el límite es mucho mayor, puede incluso haber menos accidentes que en los que se limita la velocidad. La razón quizás radica en que lo importante no es la velocidad máxima en sí, sino respetar la velocidad máxima junto con las normas de conducción establecidas. Es decir, es lo mismo en cierta forma ir a 120 Km/h que a 150 Km/h de velocidad máxima, si esta es la permitida. Pero si la velocidad máxima es 120, lo que es un peligro es que se vaya a 150. Según la Real Academia Española el respeto es una forma de veneración o acatamiento que se hace a alguien o a algo. A veces se confunde al respeto con alguna conducta en particular, como los buenos modales o la amabilidad, pero el respeto es algo diferente a esto, es una actitud. Esta actitud nace con el reconocimiento del valor de las personas. Uno de los filósofos que mayor influencia ha ejercido sobre el concepto de respeto en el mundo de la academia ha sido Immanuel kant. En su filosofía moral este pensador sostiene que los seres humanos deben ser respetados porque son un fin en si mismos. Al ser un fin en si mismos poseen un valor intrínseco y absoluto. Otra forma importante de este concepto consiste en el respeto a uno mismo. Hay gran consenso entre los pensadores en cuanto a que esta manifestación del respeto es una habilidad esencial para vivir la vida de manera satisfactoria y llena de significado. Además, es vital para la vida en sociedad que llevamos. Ahora, sabemos lo que es respetar y también sabemos lo que son las leyes, las normas, los derechos y las reglas, ¿Porqué no las cumplimos? Esto nos introduce en otro de los conceptos de la primer matriz que fue incluido en la categoría de causas humanas: la desobediencia.


Carlos Rosenkrantz, doctor por la Universidad de Yale, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Global Law Professor de la New York University (NYU), sostiene que “el problema de toda desobediencia al derecho, independientemente de su envergadura, es que tiene un efecto multiplicador, pues siempre es invocada por los demás como una manera de justificar su propia desobediencia. Muchas veces se escucha decir al que pasa un semáforo en rojo que él o ella no los respeta porque el resto tampoco lo hace”. Rosenkrantz, cree que en sociedades plurales como la nuestra, donde la gente, en general, está en desacuerdo acerca de cuáles son los valores correctos o sobre el mejor modo de interpretarlos, el derecho es la única herramienta con la que contamos para organizar nuestra vida en común. Por eso, para este profesor, “la desobediencia no debe ser vista como una manera de desafío a las autoridades, sino que debe ser concebida como un atentado contra nuestra posibilidad de constituirnos como comunidad”. Por su parte Roberto Gargarella, doctor por la Universidad de Chicago y profesor en la UBA y la Universidad Di Tella, opina que “los problemas que todavía hoy genera la anomia en nuestro país no se solucionan del modo en que lo sugieren habitualmente, es decir, “con la mano dura”. Agrega que “nuestra dificultad con las normas no se genera por su abundancia, como algunos creen, sino que se produce por la ausencia o falta de ellas”. Para Pablo Semán, antropólogo y profesor de la Universidad de San Martín, “Hay que reforzar el poder de sanción de los organismos encargados del. La población argentina no es particularmente amoral, porque al mismo tiempo que aquí no cumple algunas reglas en otros países lo hace, sólo que como no recibe sanción, insiste en su conducta”. Como podemos observar hay diversas opiniones y explicaciones al porque de la desobediencia de las normas, algunos se lo adjudican a las falta de reglas, otros al “efecto multiplicador” o al Estado, pero el punto esta puesto en la falta de respeto hacia esas señalizaciones que nos indican que descendamos la velocidad en determinados lugares y momentos. Según Luchemos por la Vida, la segunda causa fundamental de mortalidad en accidentes de tránsito es atribuible a las bebidas alcohólicas. Muchos piensan que los impedidos para manejar son sólo los “borrachos”, pero un sólo vaso de vino, cerveza o whisky, limita la capacidad de conducción, ya que produce una alteración de los reflejos para conducir. Las bebidas alcohólicas hacen que las respuestas y las maniobras, ante cualquier eventualidad de la ruta, o la calle, sean torpes y lentas. Embota los sentidos disminuyendo la capacidad de atención normal; genera una falsa sensación de seguridad que predispone a excesos de velocidad y a todo tipo de violaciones a las normas de seguridad en el tránsito. Raquel Peltzer licenciada en psicología escribió junto con Mariana Cremonte doctora en psicología e investigadora del Conicet, un artículo en el cual analizan la relación entre el alcohol y la imprudencia. En él advierten que “existen mitos en relación al alcohol y la conducción cuya falsedad se ha demostrado sistemáticamente en diversas investigaciones. Por ejemplo que tomando un café o durmiendo un rato disminuyen los efectos del alcohol. Esto resulta falso ya que los efectos están en relación con los niveles de alcohol en sangre, y ninguna de las conductas mencionadas altera estos niveles. En todo caso, lo que se recomienda como conducta preventiva a nivel personal es evitar conducir cualquier tipo de vehículo si se ha bebido, optando por formas alternativas de transporte. También se recomienda no


subir a un vehículo cuyo conductor haya bebido e incluso intentar disuadirlo de que conduzca”. El consumo de alcohol no sólo pone en riesgo a los conductores, sino que también representa un peligro para todos los otros usuarios viales. El riesgo afecta a todos los que usamos la vía pública, ya sea como conductores, peatones o pasajeros de autos, motos, bicicletas o transporte público. Esto genera una responsabilidad no sólo por la seguridad propia, sino por la de todos los que me rodean y que pueden ser blanco de nuestra imprudencia. En el segundo semestre de 2007, de un total de 1.959 víctimas fatales en accidentes de tránsito, unas 509 fueron jóvenes entre 15 y 24 años, de acuerdo con información que suministra el Registro Nacional de Accidentes de Tránsito. Dado que la mayoría de los accidentes viales a causa del alcohol involucran a los jóvenes, creo pertinente hacer hincapié en este dato. La mezcla de alcohol y volante en un adolescente puede ser explosiva, puesto que los adolescentes suelen sentirse invencibles, creen que pueden desafiar al mundo, transgredir las normas, más aún luego de la ingesta de alcohol. Para la Psicóloga y directora general de Programar, Proyectos Educativos, Patricia Haidbauer “es entre los 14 y 15 años, donde el vínculo con el alcohol comienza a ser diferente y donde los padres deben ponerse más alertas que nunca.” En un informe realizado para el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi) la psicóloga María Teresa Murillo, vicepresidenta de la Comisión Organizadora de la primera Jornada de Accidentología de Tránsito, afirmó que “el adolescente tiene conductas en las que muestra fascinación por la muerte y un gran componente de ansiedad que lo lleva a querer hacer todo más rápido, a utilizar el camino más corto, y a no esperar, por ejemplo, cuando hay una barrera baja o un semáforo en rojo”. Haidbauer asegura que “la creencia de que el alcohol ayuda a sentirse más cómodo socialmente se intensifica con la edad así como también la creencia de que el alcohol es parte de la diversión. La idea de que tiene un efecto de “anestesia” y ayuda a olvidar los problemas, sobresale en la juventud” Según los especialistas, con la edad no sólo aumenta el consumo y el hábito de tomar sino que también se instala la idea de autocontrol o dominio. Esto se convierte en algo especialmente grave entre los jóvenes que ya tienen licencia de conductor. En el tercer puesto de las causas de siniestros viales atribuidas al ser humano, se encuentran: no usar el cinturón de seguridad y el sueño o la falta de descanso. A la primer causa se le puede adjudicar como razón principal la falta de conciencia y la necesidad de generar una costumbre en al sociedad. La seguridad pasiva es tan importante como el respeto a las normas de tránsito. El mejor seguro de vida dentro del vehículo es el cinturón de seguridad, que impide ser lanzados contra el parabrisas, o fuera del vehículo hacia una muerte segura, en caso de accidente. Su uso generalizado, disminuiría en un 60 por ciento aproximadamente la muerte de los ocupantes de los vehículos accidentados. Según la Real Academia Española, una costumbre es un modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición o por la repetición de los mismos actos y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto. Para que un acto se convierta en una costumbre debe realizarse durante ocho meses. Aquí reside la clave para que el uso del cinturón se torne en un hábito automático que todos realicen al subirse al auto. Por otro lado esta, la falta de conciencia de la importancia del cinturón a la hora de salvar vidas. Muchos señalan a la falta de controles como una de las razones por la cual no se acentúa el uso del cinturón, sin embargo si se piensa esta situación profundamente es sorprendente como hay que obligar al ser humano a que haga algo que le va salvar su propia vida. Debería salir de un mismo protegerse, salvaguardarse


o preservarse de cualquier peligro. Las teorías de la evolución de Darwin parecen haber quedado olvidadas para los argentinos que, en vez de adaptarse al medio para sobrevivir se niegan a hacerlo. En su Teoría de la Evolución por Selección Natural, Darwin habla de que los más aptos “tendrán seguramente las mejores probabilidades de conservarse en la lucha por la vida, y, por el poderoso principio de la herencia, éstos tenderán a producir descendencia con caracteres semejantes.” Haciendo una analogía entre esta teoría y la situación de los conductores argentinos, podríamos decir que estos no están preocupados por su supervivencia y que no les importa adaptarse al entorno, es decir, usar el cinturón de seguridad. Además la teoría de Darwin dice que las generaciones que desciendan de los más adaptados estarán igualmente dotadas para sobrevivir, o sea que si nosotros educamos a nuestros hijos con el ejemplo de usar el cinturón, ellos en el futuro lo harán también. Por su parte, el sueño también tiene sus graves consecuencias. Disminuye grandemente los reflejos y la capacidad de reacción. El ritmo biológico normal de cada persona, hace que ésta esté acostumbrada a dormir de noche. Por eso los expertos recomiendan que preferentemente se conduzca de día. El conductor ideal, capacitado para conducir de noche con menos riesgo de quedarse dormido, sería aquél que normalmente durmiera de día y condujera de noche. Pero la situación se puede agravar mucho más sino hubo descanso, o si se trabajó durante todo el día. Pero peor aún si la persona cenó abundantemente y bebió alcohol. Todo esto sumado a la monotonía del paisaje, la menor visibilidad, sólo en blanco y negro; la posibilidad de encontrar en la ruta un animal que se cruza, autos sin luces reglamentarias, y los encandilamientos. Para el ingeniero Nelson Bustos, coordinador del Centro de Altos Estudios de las Ciencias del Tránsito (CAECIT), “el sueño es peor que el exceso de alcohol y sin embargo, no se lo toma en cuenta ni penalmente, ni socialmente. Conducir con sueño causa los mismos efectos que manejar alcoholizado: se retardan los reflejos, las reacciones, se perciben las cosas mas tarde. Es más peligroso porque el alcoholizado que conduce ha bebido pero para tener sueño no hay que hacer nada, solo existir. Cuando uno menos lo espera, cerro los ojos un segundo y a 80 km/h son 22 metros, cualquier cosa puede pasar en ese lapso”, advierte. Existen muchas más causas de accidentes de tránsito, tal vez no tan renombradas como la anteriormente expuestas pero igualmente importantes. Algunas de ellas son: no respetar al peatón, no llevar a los niños atrás, no usar casco cuando se anda en motocicleta o bicicleta, no respetar las señales de tránsito, usar el teléfono celular mientras se conduce, usar equipos de audio a alto volumen, cruzar la calle sin mirar, por lugares inapropiados y sin respetar el semáforo, no realizar el debido mantenimiento del vehículo, entre otras. Estas son las principales causas humanas que hacen a la siniestralidad vial, por supuesto que existe otro grupo de fallas humanas pero esas incumben a otro actor que es el estado y que a continuación desarrollaré. Antes de platear culpas o responsabilidades del estado considero pertinente definir el término estado y especificar sus funciones y características. Según describe el politólogo Juan Manuel Abal Medina, en su libro “Introducción a la Ciencia Política”, el estado es “una forma particular de ordenamiento político que surgió en Europa a partir del siglo XIII que aún se mantiene y está caracterizado por: • Soberanía: toda organización que sea llamada estado, deberá sostener que no existe otro poder que tenga capacidad de control sobre la población en cuestión.


• •

Territorio: el estado controla la población en determinando territorio, este control implica la posible utilización de mecanismo de coerción. Un aparato administrativo de naturaleza democrática: dada la diversidad y la dimensión de la actividad que desarrolla el estado, el mismo ha debido organizarse de manera que le permita desarrollar sus tareas sin perder el control político sobre cada órgano de gestión.”

Por otro lado, tenemos el Enfoque Sistémico cuyas raíces parten de la teoría “estructural-funcional” de Talcott Parsons y luego se desplaza hacia la formulada por Niklas Luhmann. El Enfoque Sistémico toma la definición esbozada por Luhmann para la cual un sistema es “un conjunto de elementos que mantienen determinadas relaciones entre si y que se encuentran separados de un entorno determinado” y a partir de ella platea su teoría del estado. Para el Enfoque Sistémico, los mecanismos y las reglas que estructuran y gobiernan los sistemas no son fruto del azar sino resultado de los elementos constitutivos de los mismos. La regulación estabiliza los sistemas y permite su gobierno por medio de las instituciones que ordenan las relaciones de sus elementos. A su vez, cada sistema esta constituido por subsistemas, que gozan de autonomía relativa. El estado es un sistema que esta formado por 3 subsistemas: el subsistema normativo que incluye las estructuras de socialización que se guían por reglas normativas; el subsistema económico que comprende la producción de bienes y las relaciones de intercambio de la economía; y finalmente el subsistema político-administrativo organizado por los mecanismos de poder, es decir, los aparatos institucionales, las organizaciones burocráticas, las normas y los códigos que regulan las esferas publicas y privadas de la sociedad. Con esto podemos establecer que una de las principales funciones del estado, no sólo es gobernar y administrar sino también organizar, regular, ordenar y dirigir las relaciones sociales. Esto lo debe hacer a través de los ya nombrados mecanismos de coerción que son la forma de limitar a la sociedad y de conducirla hacia una mejor convivencia. Ahora bien, pareciera fácil decirlo, utilizamos los mecanismo de coerción y la gente respeta las señalizaciones, las normas y las leyes. Pero la realidad argentina no es así, no sólo porque los ciudadanos no cumplen sino porque el estado tampoco aplica las herramientas necesarias para que eso suceda. Según menciona el estudio “Lesionados en accidentes de tránsito en la ciudad de Rosario”, basado en una descripción epidemiológica realizada en el Hospital de Emergencias “Dr. Clemente Álvarez”, “La complejidad de la problemática planteada está fundada en el hecho de que los accidentes de tránsito serían causados por un conjunto de circunstancias y factores ligados al usuario, al vehículo y a la vía pública. En este sentido, el mejoramiento de las mismas, el replaneamiento de las ciudades, el diseño de seguros de los vehículos, una educación adecuada, la mejoría de las comunicaciones, los servicios de emergencia, así como estudios sobre el comportamiento humano en el tránsito serían medidas materialmente posibles, tendientes a la reducción de accidentes”. De esta forma, vemos que el gobierno no esta ajeno, y que él tiene en sus manos la posibilidad de disminuir la cantidad de accidentes viales. Como menciona el Defensor del Pueblo, Eduardo Mondito, en el “Informe Especial sobre Seguridad Vial en Argentina”, existen dos acciones que aún no son puestas en marcha por el gobierno y que son clave para incrementar los controles. La primera se refiere a la interjurisdicionalidad en cuanto a que “aparecen competencias concurrentes entre la Nación, las provincias y los municipios, ya que cada una de estas instancias ejerce su propia fiscalización. De esta manera, puede suceder que


regulaciones vigentes en distintas jurisdicciones no coincidan o se contradigan entre sí, o que una misma cuestión quede regulada bajo diferentes términos a un lado y otro de una frontera provincial”. Todo este panorama da por resultado una enorme complejidad al sistema normativo aplicable, esto no resulta propio de un sistema democrático con base en la igualdad en el goce de los derechos y de las garantías. Es natural que nos preguntemos si resulta razonable la existencia de señales diferenciadas en las distintas provincias, ¿No genera esta situación un mayor riesgo? La solución que señala Mondino es que se establezca en todo el territorio nacional un sistema único de señalización, adoptando el que más apto resulte. La segunda tiene que ver con las estadísticas y los datos disponibles para analizar la situación. Lo que plantea el Defensor del Pueblo es que “los informes estadísticos no contemplan la cantidad de niños y adolescentes muertos en el total nacional de accidentes viales, no contempla el valor estimado de bienes materiales perdido en accidentes de tránsito, no contempla los accidentes viales que, de acuerdo a los promedios, resultan más frecuentes, no contempla los factores causales, que de acuerdo a los promedios, tienen mayor incidencia en la producción de accidentes viales”. Sin todos estos datos resulta muy difícil establecer hacia quien deben apuntar las propagandas preventivas, hacia quienes endurecer los controles, cuales son las causas más comunes, en que épocas se producen más accidentes y porqué. Primero se debe conocer para después actuar, si no se tienen los datos es muy complicado establecer políticas que verdaderamente sirvan para concienciar. Prevenir es anticipar y creo que allí es adonde debe apuntar el estado, por que la idea es que esto deje de ocurrir y lo importante es atacar a esta endemia social antes de que ocurran las tragedias y no después. Para ello, la mayoría de los expertos señala a la educación y a los controles rigurosos, como las estrategias para prevenir. Al respecto, la legislación nacional ha adoptado un criterio amplio. Tanto la Ley 24.449 como la Ley 23.348 han establecido la obligación de introducir la temática de la seguridad vial en la educación formal en los diferentes niveles, así como en la educación no formal. La ley 23.348 establece la obligación de impartir la educación vial “en todos los establecimientos dependientes e incorporados a los planes oficiales del Ministerio de Educación y Justicia y Secretaría de Educación de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires”. Por su parte, el artículo 9 de la ley 24.449 prescribe Amplíense los alcances de la ley 23.348. Para el correcto uso de la vía pública, se dispone: a) Incluir la educación vial en los niveles de enseñanza preescolar, primario y secundario; b) En la enseñanza técnica, terciaria y universitaria, instituir orientaciones o especialidades que capaciten para servir los distintos fines de la presente ley; c) La difusión y aplicación permanente de medidas y formas de prevenir accidentes; d) La afectación de predios especialmente acondicionados para la enseñanza y práctica de la conducción; Vale la pena agregar que existen diversas normas provinciales que también imponen obligaciones relativas a la introducción de la temática vial en todos los niveles educativos. Las leyes ya han sido creadas sólo hace falta que el estado las ponga en práctica. Pero el punto de la cuestión no sólo radica aquí sino que es elemental aumentar los controles, las multas y las sanciones. Según el director del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV), Eduardo Bertotti, “se debe encarar la seguridad vial como política de Estado, con un plan de acción serio, asignándole un presupuesto razonable y designando a una autoridad que aplique y controle las normas a nivel nacional”.


Por supuesto que las medidas que puede tomar el estado para prevenir y disminuir la cantidad de siniestros viales no son sólo estas. También hay poner en marcha un plan que apunte al mejoramiento de la infraestructura, esto es, perfeccionar rutas, caminos y autopistas, levantamiento de banquinas, mantenimientos de señalizaciones percutidas, iluminación, barreras, etcétera. Hoy más que nunca es necesario que el estado asuma su rol de regulador, no sólo por las estadísticas que año a año aumentan peligrosamente, sino porque hay un dato que no se debe dejar de lado: con la recuperación económica que vive el país desde el año 2003, el parque automotor creció considerablemente. A principios de 2007 había unos 7.600.000 autos, en estos 12 meses se vendieron 570.000 más. Si no se hace algo al respecto, esto hará eclosión.



Trabajo Final Sociedad de la Comunicación