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Hablar oportunamente, es un acierto Hablar ante una injusticia, es valentía Hablar para rectificar, es un deber Hablar para defender a otros, es compasión Hablar ante un dolor ajeno, es piedad Hablar para ayudar a otros, es generosidad Hablar con sinceridad, es rectitud. Hablar de nosotros mismos, es vanidad Hablar restituyendo la fama, es honradez Hablar aclarando rumores, es estupidez Hablar disipando falsos testimonios, es de conciencia Hablar de defectos, es lastimar Hablar debiendo callar, es necedad Hablar por hablar, es tontería Hablar de Dios, es amor Callar cuando nos acusan, es heroísmo Callar cuando nos insultan, es tolerancia Callar las miserias humanas, es comprensión Callar a tiempo, es prudencia Callar nuestro dolor, es valentía Callar palabras inútiles, es sensatez Callar para defender a otros, es nobleza Callar los derechos ajenos, es benevolencia Callar debiendo hablar, es cobardía

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

Hablar oportunamente, es un acierto Hablar ante una injusticia, es valentía Hablar para rectificar, es un deber Hablar para defender a otros, es compasión Hablar ante un dolor ajeno, es piedad Hablar para ayudar a otros, es generosidad Hablar con sinceridad, es rectitud. Hablar de nosotros mismos, es vanidad Hablar restituyendo la fama, es honradez Hablar aclarando rumores, es estupidez Hablar disipando falsos testimonios, es de conciencia Hablar de defectos, es lastimar Hablar debiendo callar, es necedad Hablar por hablar, es tontería Hablar de Dios, es amor Callar cuando nos acusan, es heroísmo Callar cuando nos insultan, es tolerancia Callar las miserias humanas, es comprensión Callar a tiempo, es prudencia Callar nuestro dolor, es valentía Callar palabras inútiles, es sensatez Callar para defender a otros, es nobleza Callar los derechos ajenos, es benevolencia Callar debiendo hablar, es cobardía

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


Muchos animales pueden “presagiar “ciertos fenómenos atmosféricos y dentro de ellos ¿sabía usted que el águila sabe cuando una tormenta se acerca mucho antes de que empiece? El águila volará a un sitio alto para esperar los vientos que vendrán. Cuando pega la tormenta, coloca sus alas para que el viento las agarre y le lleve por encima de la tormenta. Mientras que la tormenta esté destrozando abajo, el águila vuela por encima de ella. El águila no escapa de la tormenta. Simplemente la usa para levantarse más alto. Se levanta por los vientos que trae la tormenta. Cuando las tormentas de la vida nos vienen, y todos nosotros vamos a pasar por ello, podemos levantarnos por encima poniendo nuestras mentes y nuestra fe en la certeza del triunfo. Las tormentas no tienen que pasar sobre nosotros, sino nosotros pasar por encima de ella. Dios nos permite ir con el viento de la tormenta que trae enfermedades, tragedia y demás cosas en nuestras vidas. Nosotros si podemos volar sobre la tormenta. Recuerda, no son los pesos de la vida los que nos lleva hacia abajo, sino el cómo los manejamos.

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

Muchos animales pueden “presagiar “ciertos fenómenos atmosféricos y dentro de ellos ¿sabía usted que el águila sabe cuando una tormenta se acerca mucho antes de que empiece? El águila volará a un sitio alto para esperar los vientos que vendrán. Cuando pega la tormenta, coloca sus alas para que el viento las agarre y le lleve por encima de la tormenta. Mientras que la tormenta esté destrozando abajo, el águila vuela por encima de ella. El águila no escapa de la tormenta. Simplemente la usa para levantarse más alto. Se levanta por los vientos que trae la tormenta. Cuando las tormentas de la vida nos vienen, y todos nosotros vamos a pasar por ello, podemos levantarnos por encima poniendo nuestras mentes y nuestra fe en la certeza del triunfo. Las tormentas no tienen que pasar sobre nosotros, sino nosotros pasar por encima de ella. Dios nos permite ir con el viento de la tormenta que trae enfermedades, tragedia y demás cosas en nuestras vidas. Nosotros si podemos volar sobre la tormenta. Recuerda, no son los pesos de la vida los que nos lleva hacia abajo, sino el cómo los manejamos.

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


Cruzando el desierto, un viajero inglés vio a un árabe muy pensativo sentado al pie de una palmera.

Cruzando el desierto, un viajero inglés vio a un árabe muy pensativo sentado al pie de una palmera.

A poca distancia reposaban sus camellos, pesadamente cargados, por lo que el viajero comprendió que se trataba de un mercader de objetos de valor, que iba a vender sus joyas, perfumes y tapices, a alguna ciudad vecina.

A poca distancia reposaban sus camellos, pesadamente cargados, por lo que el viajero comprendió que se trataba de un mercader de objetos de valor, que iba a vender sus joyas, perfumes y tapices, a alguna ciudad vecina.

Como hacía mucho tiempo que no conversaba con alguien, se aproximó al pensativo mercader diciéndole:

Como hacía mucho tiempo que no conversaba con alguien, se aproximó al pensativo mercader diciéndole:

Bueno amigo, ¡salud! Pareces muy preocupado, ¿puedo ayudarte en algo? - ¡Ay! respondió el árabe con tristeza-, estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas. ¡Bah! –Respondió el inglés-, la pérdida de una joya no debe ser gran cosa para ti que llevas tesoros sobre tus camellos, y te será fácil reponerla. ¿Reponerla? ¡…! ¿Reponerla? –exclamó el árabe. Bien se ve que no conoces el valor de mi pérdida. ¿Qué joya es, pues? –preguntó el viajero. Era una joya – le respondió el mercader-, como no volverá hacerse otra. Estaba tallada en un pedazo de piedra de la vida y había sido hecha en el taller del tiempo. La adornaban veinticuatro brillantes, alrededor de los cuales se agrupaban sesenta más pequeños. Ya ves que tengo razón al decir que joya igual no podrá reproducirse jamás. A fe mía – dijo el inglés-, tu joya debía ser preciosa. Pero, ¿no crees que con mucho dinero pueda hacerse otra igual? La joya pérdida – respondió el árabe-, volviendo a quedar pensativo, era un día, y un día que se pierde… no vuelve a encontrarse.

Bueno amigo, ¡salud! Pareces muy preocupado, ¿puedo ayudarte en algo? - ¡Ay! respondió el árabe con tristeza-, estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas. ¡Bah! –Respondió el inglés-, la pérdida de una joya no debe ser gran cosa para ti que llevas tesoros sobre tus camellos, y te será fácil reponerla. ¿Reponerla? ¡…! ¿Reponerla? –exclamó el árabe. Bien se ve que no conoces el valor de mi pérdida. ¿Qué joya es, pues? –preguntó el viajero. Era una joya – le respondió el mercader-, como no volverá hacerse otra. Estaba tallada en un pedazo de piedra de la vida y había sido hecha en el taller del tiempo. La adornaban veinticuatro brillantes, alrededor de los cuales se agrupaban sesenta más pequeños. Ya ves que tengo razón al decir que joya igual no podrá reproducirse jamás. A fe mía – dijo el inglés-, tu joya debía ser preciosa. Pero, ¿no crees que con mucho dinero pueda hacerse otra igual? La joya pérdida – respondió el árabe-, volviendo a quedar pensativo, era un día, y un día que se pierde… no vuelve a encontrarse.

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

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Cuentan que un anciano ya no podía salir de casería para alimentar a su familia, razón por la cual le pide a su hijo que se encargue de ello. El hijo sale a cazar y regresa rápidamente con un conejo para la cena. Al día siguiente regresa sin haber cazado nada y se excusa nuevamente. Intrigado, el anciano sale a verificar cómo cazaba su hijo, y lo encuentra sentado junto a un árbol. El hijo le responde: “Silencio, estoy esperando que los conejos se estrellen contra el árbol. ¿Te acuerdas del primer conejo que traje a casa? Bueno, ese lo recogí cuando se estrello contra el árbol. Sé paciente, padre, seguro que más tarde otro se estrellara contra el árbol.

Cuentan que un anciano ya no podía salir de casería para alimentar a su familia, razón por la cual le pide a su hijo que se encargue de ello. El hijo sale a cazar y regresa rápidamente con un conejo para la cena. Al día siguiente regresa sin haber cazado nada y se excusa nuevamente. Intrigado, el anciano sale a verificar cómo cazaba su hijo, y lo encuentra sentado junto a un árbol. El hijo le responde: “Silencio, estoy esperando que los conejos se estrellen contra el árbol. ¿Te acuerdas del primer conejo que traje a casa? Bueno, ese lo recogí cuando se estrello contra el árbol. Sé paciente, padre, seguro que más tarde otro se estrellara contra el árbol.

Cuántas veces, como en esta historia, nos quedamos esperando que los éxitos en la vida nos vengan de pura suerte o damos excusas para encubrir nuestra falta de responsabilidad y perseverancia.

Cuántas veces, como en esta historia, nos quedamos esperando que los éxitos en la vida nos vengan de pura suerte o damos excusas para encubrir nuestra falta de responsabilidad y perseverancia.

“No tengo tiempo”, “no tengo recursos “,”no me dejan trabajar”, “no me siento bien, “es culpa de otro departamento”, “es el sistema que no funciona”. ¿Reconoce otras excusas? La excusa es la distancia más corta entre la responsabilidad y la irresponsabilidad. Cuando damos una excusa no nos hacemos responsables y dejamos de perseverar. Presuponemos que una circunstancia externa a nosotros es más poderosa y domina nuestro destino.

“No tengo tiempo”, “no tengo recursos “,”no me dejan trabajar”, “no me siento bien, “es culpa de otro departamento”, “es el sistema que no funciona”. ¿Reconoce otras excusas? La excusa es la distancia más corta entre la responsabilidad y la irresponsabilidad. Cuando damos una excusa no nos hacemos responsables y dejamos de perseverar. Presuponemos que una circunstancia externa a nosotros es más poderosa y domina nuestro destino.

Si es tan negativo para nosotros ¿por qué lo hacemos?

Si es tan negativo para nosotros ¿por qué lo hacemos?

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

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Una tarde en el mundo de las matemáticas, donde todo es exacto, comenzó una gran discusión porque cada número quería demostrar que era lo mejor o más valioso que los demás. -Yo soy más importante –dijo el numero uno-, porque para todo soy el primero. -No, -interrumpió el dos- soy yo el mejor porque para que haya vida se necesita una pareja y sin mí no existiría ninguna. Yo represento la Santísima Trinidad por tal responsabilidad, nadie puede negar que soy el más importante. El número cuatro, enseguida quiso demostrar su gran importancia y nombró sillas, mesas, camas, animales y todas las cosas que tienen cuatro estaciones del año que sin él no podrían existir. La discusión se hacía más fuerte y algunos números que al principio no querían intervenir, terminaron por defender su valor diciendo: cinco dedos tienen las manos, cinco dedos tienen los pies, son cinco los sentidos. Que sería de los hombres sin mi? – dijo evidentemente el cinco. Entonces, el seis sin quedarse callado, dijo: -Dios creó al hombre el sexto día, por lo tanto sin mí ninguno de ustedes serviría para nada. -Mil disculpas –dijo el siete -, si de eso vamos a hablar, tenga en cuenta que yo represento el séptimo día y fui declarado sagrado por el mismo Dios, van a dudar que soy el más importante de todos? Todos se quedaron por un momento, hasta que el número ocho, quien había permanecido callado y observando a los demás dijo: Esta discusión me parece absurda, pero si algo tengo que decir es que digan lo que digan, siendo yo el mayor de ustedes, evidentemente tengo más valor. Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

Nuevamente los números se alborotaron y comenzaron a discutir; el nueve muy altanero, miró el ocho con aire de superioridad y dijo: Como ustedes sabrán, aquí termina la discusión ya que soy yo el mayor y más valioso de todos, y ninguno de ustedes podrá cambiar eso. Termina de hablar el nueve, cuando el cero, muy serio y fastidiado por haber escuchado tonterías juntas, quiso hablar; ya iba a tomar la palabra cuando los números al verlo se pusieron a reír…ja, ja, ja,… Que nos vas a decir, ¿acaso que eres el que vale mas dijo: Es bien sabido que todos no somos iguales y que tampoco tenemos el mismo valor, sin embargo, no creo que ninguno sea mejor que el otro, a pesar de que cada uno tiene sus propios motivos para sentirse orgulloso. Entonces los números dejaron su actitud altanera y vanidosa y siguieron escuchando al cero que muy sabiamente prosiguió su discurso diciendo: Y si bien cada uno de nosotros tiene una gran importancia individualmente, mucho más grande es la de unirnos entre nosotros, ya que mientras más nos unamos, tendremos más valor. Entonces los números se empezaron a juntarse uno con otros formaron decenas, centenas, miles y millares y se dieron cuenta que uniéndose cada vez más, su valor era infinito. Luego de cantar, bailar y divertirse, el cero muy contento dijo: Como todos han podido apreciar, yo sin su ayuda, no tendría ningún valor y eso es lo que me hace pensar que nuestra misión más grande es demostrar a los humanos, que es como nosotros los números, cada uno diferente y con distintos valores que los demás, p0ero ninguno mejor ni más importante que el otro, y si que si se unieran como nosotros.

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


El día que mi María José nació, en verdad no sentí gran alegría porque la decepción que sentía parecía ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener un hijo. Yo quería un varón. A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y la otra radiante y dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de María José y por el negro de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se apartaba ni un instante de mi pensamiento todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacia planes, todo sería para mi María José. Este relato era contado a menudo por Manuel el padre de María José: Yo también sentí gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Manuel, según decía él mismo. Una tarde estaba mi familia y la de Manuel haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la niña entabla una conversación con su papá, todos escuchábamos. - Papi, cuando cumpla quince años, ¿Cuál será mi regalo? - Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos... ¿No te parece que falta mucho para esa fecha? - Bueno papi, tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí. La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas. Una mañana me encontré con Manuel enfrente del colegio donde estudiaba su hija quien ya tenía catorce años. El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de María José, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de veinte y los estímulos que le habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicité al dichoso padre y le invité a un café. María José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente el de su padre. Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando María José tropezó con algo, eso creímos todos, y dio un traspié, su papá la agarra de inmediato para que no cayera. Ya instalados en nuestros asientos, vimos como María José fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomé en brazos mientras su padre, buscaba un taxi y la llevamos al hospital. Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, que debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme. Los días iban transcurriendo, Manuel renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de María José, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él. Una mañana Manuel se encontraba al lado de su hija cuando ella le pregunta: - ¿Voy a morir, no es cierto? Te lo dijeron los médicos. - No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitirá que pierda lo que he amado en el mundo respondió el padre. - ¿Vas a algún lugar? ¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas? ¿Sabes si pueden volver? - Bueno hija, respondió en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola.

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

Estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte. - ¿Al viento? Replicó María José. ¿Y cómo lo harías? - No tengo la menor idea hija, sólo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas. Ese mismo día por la tarde, llamaron a Manuel, el asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaba un corazón pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡Un corazón! ¿Dónde hallo un corazón? ¿Lo vendían en la farmacia acaso, en el supermercado o en una de esas grandes tiendas que propagandean por radio y televisión? ¡Un corazón! ¿Dónde? Ese mismo mes, María José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde, ya María José estaba operada. Todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total! Sin embargo Manuel no había vuelto por el hospital y María José lo extrañaba muchísimo. Su mamá le decía que ya que todo estaba bien y que será el papá quien trabajaría para sostener la familia, María José permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron. Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre. María José, mi gran amor: “Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no poder estar a tu lado en este instante. Cuando supe que ibas a morir sentí que yo también moriría contigo, y me preguntaba qué podía hace?...Después de tanto pensar y sentir mil cosas dentro de mí, decidí finalmente que la mejor manera de hacer algo por ti era darle respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez años y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás ha hecho. Te regalo mi vida entera, sin condición alguna, para que hagas con ella lo que creas que es mejor, sintiendo muchas cosas bellas y sabiendo que en el mundo lo más importante es que quieras vivir... ¡Vive hija! ¡Te amo! También quiero que sepas que hoy, mañana y siempre estaré a tu lado, siempre. Te Amo y siempre Te Amaré, porque eres lo más grande y hermoso que Dios me ha dado... Siempre estaré contigo, siempre TE AMARÉ... María José lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie lo ha hecho y susurró: - Papi ahora puedo comprender cuánto me amabas, yo también te amo aunque nunca te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir “TE AMO”. Y te pido perdón por haber guardado silencio”... En ese instante las copas de los árboles se movieron suavemente y cayeron algunas flores. Sintió María José que un suave viento rozó su cara y una brisa fresca besó sus mejillas. Alzó la mirada al cielo sintiendo una paz inmensa y dio Gracias a Dios por eso. Se levantó y camino a casa con la alegría de saber que lleva en su corazón”el amor más grande del mundo”...

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


No habrá ser humano completo, es decir, que se conozca y se dé a conocer, sin un grado avanzado de posesión de su lengua. Porque el individuo se posee a sí mismo, se conoce, expresando lo que lleva dentro, y esa expresión sólo se cumple por medio del lenguaje. Ya Lazarus y Steinthal, filólogos germanos, vieron que el espíritu es lenguaje y se hace por el lenguaje. Hablar es comprender, y comprender es construirse a sí mismo y construir el mundo. A medida que se desenvuelve este razonamiento, se advierte esa fuerza extraordinaria del lenguaje en modelar nuestra misma persona, en formarnos, se aprecia la enorme responsabilidad de una sociedad humana que deja al individuo en estado de incultura lingüística. En realidad, el hombre que no conoce su lengua vive pobremente, vive a medias, aun menos. ¿No causa pena, a veces, oír hablar a alguien que pugna, en vano, por dar con las palabras, que al querer explicarse, es decir expresarse, vivirse, ante nosotros , avanza a trompicones, dándose golpazos, de impropiedad en impropiedad, y sólo entrega al final una deforme semejanza de lo que hubiese querido

decirnos? Esa persona sufre como de una rebaja de su dignidad

humana. No nos hiere su deficiencia por vanas razones de bien hablar, por ausencia de formas bellas, por torpeza mecánica, no. Nos duele en lo humano; porque ese hombre denota con sus tanteos, sus empujones a ciegas por las nieblas de su oscura conciencia de la lengua, que no llega a ser completamente, que no sabremos nosotros encontrarlo. Hay muchos, muchísimos inválidos del habla, hay muchos cojos, mancos, tullidos de la expresión. Una de las mayores penas que conozco es la de encontrarme con un mozo joven, fuerte, ágil, curtido en los ejercicios gimnásticos; dueño de su cuerpo, pero cuando llega el instante de contar algo, de explicar algo, se transforma de pronto en un baldado espiritual, incapaz casi de moverse entre sus pensamientos; ser precisamente contrario, en el ejercicio de las potencias de su alma, a lo que es en el uso de las fuerzas de su cuerpo. Podrán aquí salir al camino los defensores de lo inefable, con su cuento de que lo más hermoso del alma se expresa sin palabras. No lo sé. Me aconsejo a mí mismo una cierta precaución ante eso de lo inefable. Puede existir lo más hermoso de un alma sin palabras, acaso. Pero no llegará a construir una forma humana completa, es decir, convivida, consentida, comprendida por los demás. Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

No habrá ser humano completo, es decir, que se conozca y se dé a conocer, sin un grado avanzado de posesión de su lengua. Porque el individuo se posee a sí mismo, se conoce, expresando lo que lleva dentro, y esa expresión sólo se cumple por medio del lenguaje. Ya Lazarus y Steinthal, filólogos germanos, vieron que el espíritu es lenguaje y se hace por el lenguaje. Hablar es comprender, y comprender es construirse a sí mismo y construir el mundo. A medida que se desenvuelve este razonamiento, se advierte esa fuerza extraordinaria del lenguaje en modelar nuestra misma persona, en formarnos, se aprecia la enorme responsabilidad de una sociedad humana que deja al individuo en estado de incultura lingüística. En realidad, el hombre que no conoce su lengua vive pobremente, vive a medias, aun menos. ¿No causa pena, a veces, oír hablar a alguien que pugna, en vano, por dar con las palabras, que al querer explicarse, es decir expresarse, vivirse, ante nosotros , avanza a trompicones, dándose golpazos, de impropiedad en impropiedad, y sólo entrega al final una deforme semejanza de lo que hubiese querido

decirnos? Esa persona sufre como de una rebaja de su dignidad

humana. No nos hiere su deficiencia por vanas razones de bien hablar, por ausencia de formas bellas, por torpeza mecánica, no. Nos duele en lo humano; porque ese hombre denota con sus tanteos, sus empujones a ciegas por las nieblas de su oscura conciencia de la lengua, que no llega a ser completamente, que no sabremos nosotros encontrarlo. Hay muchos, muchísimos inválidos del habla, hay muchos cojos, mancos, tullidos de la expresión. Una de las mayores penas que conozco es la de encontrarme con un mozo joven, fuerte, ágil, curtido en los ejercicios gimnásticos; dueño de su cuerpo, pero cuando llega el instante de contar algo, de explicar algo, se transforma de pronto en un baldado espiritual, incapaz casi de moverse entre sus pensamientos; ser precisamente contrario, en el ejercicio de las potencias de su alma, a lo que es en el uso de las fuerzas de su cuerpo. Podrán aquí salir al camino los defensores de lo inefable, con su cuento de que lo más hermoso del alma se expresa sin palabras. No lo sé. Me aconsejo a mí mismo una cierta precaución ante eso de lo inefable. Puede existir lo más hermoso de un alma sin palabras, acaso. Pero no llegará a construir una forma humana completa, es decir, convivida, consentida, comprendida por los demás. Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


Lo de los nombres le siguió dando vueltas. Varias veces en su vida se ha cambiado de nombre. Un día decidió que se iba a llamar Sasha y no Humberto. Y que iba a usar su apellido materno -Romecín- en vez del paterno, porque no había vivido mucho con su padre. "Llegué al colegio un día y dije . 'no me voy a llamar más Humberto morir Maturana, sino Sasha Romecín'. Y esto debe haber sido muy serio, porque meses atrás me encontré con un antiguo compañero y me gritó' Sasha. Romecín ¿cómo te va?' . . . La verdad es que si no me decían Sasha no les contestaba ni a los profesores". Pero se cambió nombre una vez más. Tubalcaín se puso. "No me atreví a ponerme Caín. Lo que pasa es que estuve leyendo sobre Caín y encontré a Jehová completamente injusto. Y pensé que él lo había provocado para que matara a Abel con su rechazo. El le había provocado la envidia. Era Jehová el responsable de la muerte de Abel. Y para reivindicar a Caín me puse Tubalcaín, que es el nombre de un hijo de Caín. Tenía como 18 años".60 Después llegó a la universidad y reivindicó a Humberto Maturana. El año 48 entró a estudiar medicina y a los tres meses lo tuvieron que hospitalizar. Tenía tuberculosis y tuvo que estar dos años en cama. Y ahí volvió a cambiarse el nombre. "Quería ponerme un nombre que no tuviera nada que ver conmigo, porque no era yo el enfermo. Era otro señor. Y me puse Irigoitía. Y no hace mucho fui al Hospital Salvador y me encontré con uno de los asistentes que me cuidaron en esa época y me dijo' señor lrigoitía, qué gusto verlo..." Estuvo bastante grave. Lo único que le preocupaba era su madre, que sufría mucho por él. Pensó que iba a morir "Recuerdo que tenía una pieza solo. Tal vez me la dieron porque yo había sido estudiante de medicina. Esto era en el pabellón de los tuberculosos. Y un día se murió un enfermo de una pieza cercana y lo sacaron en su camilla. Lo dejaron detenido frente a mi puerta, que estaba abierta. Yo lo miraba. Y escribí un poema", dice, y, con la mirada fija y brillante, comienza a recitar la primera estrofa: "Qué es la muerte para el que la mira/ qué es la muerte para el que la siente/ pesadez ignota, egoísmo que la muerte trae/ para éste/ silencio, paz y nada para ése/ Sin embargo uno siente que su orgullo se rebela, que su mente no soporta, que tras la muerte nada queda y que tras la muerte está la muerte./ El otro, en su paz, en su silencio, en su majestad inconsciente siente/ Nada siente/ Nada sabe/ Porque Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

lamuerte es la muerte/ Y tras la muerte está la vida/ Que sin la muerte es sólo muerte". Lo de los nombres le siguió dando vueltas. Varias veces en su vida se ha cambiado de nombre. Un día decidió que se iba a llamar Sasha y no Humberto. Y que iba a usar su apellido materno -Romecín- en vez del paterno, porque no había vivido mucho con su padre. "Llegué al colegio un día y dije . 'no me voy a llamar más Humberto morir Maturana, sino Sasha Romecín'. Y esto debe haber sido muy serio, porque meses atrás me encontré con un antiguo compañero y me gritó' Sasha. Romecín ¿cómo te va?' . . . La verdad es que si no me decían Sasha no les contestaba ni a los profesores". Pero se cambió nombre una vez más. Tubalcaín se puso. "No me atreví a ponerme Caín. Lo que pasa es que estuve leyendo sobre Caín y encontré a Jehová completamente injusto. Y pensé que él lo había provocado para que matara a Abel con su rechazo. El le había provocado la envidia. Era Jehová el responsable de la muerte de Abel. Y para reivindicar a Caín me puse Tubalcaín, que es el nombre de un hijo de Caín. Tenía como 18 años".60 Después llegó a la universidad y reivindicó a Humberto Maturana. El año 48 entró a estudiar medicina y a los tres meses lo tuvieron que hospitalizar. Tenía tuberculosis y tuvo que estar dos años en cama. Y ahí volvió a cambiarse el nombre. "Quería ponerme un nombre que no tuviera nada que ver conmigo, porque no era yo el enfermo. Era otro señor. Y me puse Irigoitía. Y no hace mucho fui al Hospital Salvador y me encontré con uno de los asistentes que me cuidaron en esa época y me dijo' señor lrigoitía, qué gusto verlo..." Estuvo bastante grave. Lo único que le preocupaba era su madre, que sufría mucho por él. Pensó que iba a morir "Recuerdo que tenía una pieza solo. Tal vez me la dieron porque yo había sido estudiante de medicina. Esto era en el pabellón de los tuberculosos. Y un día se murió un enfermo de una pieza cercana y lo sacaron en su camilla. Lo dejaron detenido frente a mi puerta, que estaba abierta. Yo lo miraba. Y escribí un poema", dice, y, con la mirada fija y brillante, comienza a recitar la primera estrofa: "Qué es la muerte para el que la mira/ qué es la muerte para el que la siente/ pesadez ignota, egoísmo que la muerte trae/ para éste/ silencio, paz y nada para ése/ Sin embargo uno siente que su orgullo se rebela, que su mente no soporta, que tras la muerte nada queda y que tras la muerte está la muerte./ El otro, en su paz, en su Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


silencio, en su majestad inconsciente siente/ Nada siente/ Nada sabe/ Porque lamuerte es la muerte/ Y tras la muerte está la vida/ Que sin la muerte es sólo muerte.

Esta es la historia de aquel árabe que llegó pálido y tembloroso del mercado de Bagdad. Se tiró a los pies de su amo y le dijo:

Esta es la historia de aquel árabe que llegó pálido y tembloroso del mercado de Bagdad. Se tiró a los pies de su amo y le dijo:

¡Salvadme! os lo suplico. Ahora mismo, en la calle, me acabo de encontrar entre la muchedumbre con una mujer y me he dado cuenta que era la muerte. Me miró y me hizo un gesto amenazador. Os lo suplico, dadme un caballo; quiero salir de la ciudad, quiero evitar mi destino. Me iré a Samara, así la muerte no me encontrará. El árabe tomó un caballo, saltó sobre la silla, apenas saludó, y salió, a galope tendido, camino de Samara a través del desierto. Más tarde, también el amo se acercó al mercado. También encontró a la Muerte y le preguntó.

¡Salvadme! os lo suplico. Ahora mismo, en la calle, me acabo de encontrar entre la muchedumbre con una mujer y me he dado cuenta que era la muerte. Me miró y me hizo un gesto amenazador. Os lo suplico, dadme un caballo; quiero salir de la ciudad, quiero evitar mi destino. Me iré a Samara, así la muerte no me encontrará. El árabe tomó un caballo, saltó sobre la silla, apenas saludó, y salió, a galope tendido, camino de Samara a través del desierto. Más tarde, también el amo se acercó al mercado. También encontró a la Muerte y le preguntó.

¿Por qué esta mañana has hecho ese gesto amenazador a mi siervo?

¿Por qué esta mañana has hecho ese gesto amenazador a mi siervo?

No era un gesto de amenaza, sino de sorpresa, -dijo la muerte- Sorpresa de verlo en Bagdad, mientras que yo le creía y le tenía apuntado en Samara, esta noche.

No era un gesto de amenaza, sino de sorpresa, -dijo la muerte- Sorpresa de verlo en Bagdad, mientras que yo le creía y le tenía apuntado en Samara, esta noche.

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


tengo un huevo para mi almuerzo. ¿Qué espera uno que salga de un huevo?" "jUn pollo!", gritan todos. y en eso el huevo se me cae y sale un ratón pequeño. -¿Y cómo salió un ratón?

Comenzó a mejor. Y lo trasladaron al sanatorio de Putaendo. Otro año de reposo absoluto. Leía a escondidas. Dos libros en especial: Así habló Zaratustra, de Nietzche, y Evolución, una síntesis moderna, de Huxley. Se instalaba a reposar en el extremo del pabeIlón. A través de un ventanal miraba el crecimiento del trigo, mientras ojeaba sus libros clandestinos. -Y en toda esta adolescencia tan especial. ¿Nunca se enamoró? -Sí, claro. Me enamoré profundamente de mi profesora jefe. Me encantaba, la encontraba muy linda. Además era muy buena amiga mía. Yo debo haber sido lo más impertinente del mundo. Andaba detrás de ella en cualquier circunstancia. Me las arreglaba para ir a su casa a verla los días domingo. Sabía donde vivía y la iba a ver. A veces ella no estaba y me quedaba conversando con su mamá. La ayudaba a coser, pegaba botones... Hace poco yo estaba entrando a un banco y me toman por detrás. "Humberto Maturana", me dicen. Me doy vuelta y era ella. La abracé como quien puede por fin abrazar a alguien que ha querido abrazar siempre. -Después se casó y tuvo hijos. -Sí. Me casé cuando estaba en primer año de medicina. Mi mujer también era estudiante de medicina. Después nos fuimos a Inglaterra, donde yo estudié, luego a Estados Unidos. Nacieron los niños. Estuvimos juntos como 20 años. Y después nos separamos. Ahora Beatriz es mí mujer -dice y la mira. Porque mientras conversamos, Beatriz apareció silenciosa y se sentó a escuchar. Es simpática Beatriz. -Después de convertirse en doctor en Biología en Harvard, volvió a Chile para ser ayudante de la escuela de medicina. Según cuentan, sus clases eran bien sui generis. . . -Mis clases eran bien locas, parece. Yo había convencido al profesor de la cátedra de que me dejase dictar un ciclo de seis clases sobre la organización de los seres vivos. El origen de la vida. Y para eso, a veces llegaba con una culebra en el bolsillo, para mostrar cómo la forma de la culebra dependía del terreno. Hablando del vuelo, me hice toda una colección de pajaritos de papel que yo hacía volar. Me subía al escritorio del profesor. Un día él me vio tirando estos pajaritos de papel y se quejó. . . En otra ocasión yo estaba hablando sobre la predictibilidad de los fenómenos a partir de su regularidad. Tenía un anfiteatro lleno. Entonces de pronto meto la mano en el bolsillo y digo: " Aquí Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

-Yo lo había metido dentro. El ratÓn corrió de un lado para otro, yo lo perseguía. . . Yo hacía teatro en mis clases. Pero al mismo tiempo era terrible porque cada año hacía sólo cuatro o cinco clases en biología. Y tenía tanta fama de profesor entretenido que venía mucha gente sólo a ver mí clase. Entonces cada año tenía que hacer algo distinto, no repetirme. Inventar cosas nuevas. La última clase que hice en medicina, en el año 69, tenía un anfiteatro lleno. Se sabía que era la última clase y estaba lleno de bote en bote. Hasta el decano asistió a mi clase. -Usted es un hombre de éxito. Honestamente, ¿le gusta la fama? -Honestamente sí y no. Hasta cierto punto es rico. Porque hay ciertas posibilidades que se te hacen accesibles. Por ejemplo, viajar. Yo he viajado sin pagar nada de mi bolsillo. Al mismo tiempo, yo no me creo la fama. Y es porque yo sé lo que yo sé. Conozco el valor de lo que hago. Sé que lo que hago lo hago bien. Pero no todo el mundo entiende lo que yo hago. y la fama es como la moda. Es un entusiasmo que las personas tienen por algo en un momento determinado, en función de su fantasía. Yo sé que la fama es transitoria. Es algo que la gente te regala en un momento determinado, y que después se desvanece. Yo creo que lo que yo he hecho tiene una perduración más allá de la fama que yo he tenido. La responsabilidad -El hecho de saber más sobre el hombre y el mundo. ¿Le hace más fácil la vida diaria? -Mucho más fácil. Pero no tanto por los conocimientos, sino porque me di cuenta de que no puedo pretender ser dueño de la verdad . Los distintos conocimientos se validan de distinta manera. Todas las ideologías, teorías y religiones parten de premisas que son aceptadas a priori. Son preferidas por el que las sostiene, pero no son necesarias. Con eso no te sientes dueño de una verdad trascendente y te liberas de la exigencia. No tienes nada que exigirle al otro ni a ti. y tampoco entras al caos, porque la armonía se hace en la convivencia, en la aceptación del otro. -¿Somos responsables de lo que somos? -En el espacio de la reflexión somos siempre responsables de nuestras acciones porque siempre tenemos la posibilidad de darnos cuenta de lo que hacemos. El cómo somos es siempre el presente de nuestra historia. Somos nuestro pasado. Cuando reflexionamos y nos damos cuenta, somos responsables de lo que hacemos. Por otro lado, las cosas no pasan sin que tengan que ver conmigo. Si tú me preguntas si los 16 años de gobierno militar en Chile han tenido que ver conmigo, si he participado o no, yo digo que sí. Por supuesto. Las cosas que han pasado en Chile son también mi responsabilidad. Yo he Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


pagado impuestos, respetado el toque de queda. Soy indirectamente partícipe. Todos los chilenos en Chile hemos contribuido a que Chile haya sido durante estos 16 años como ha sido. Y contribuiremos a que sea otra cosa, si queremos que sea otra cosa.

Mientras estudiaba uno de los últimos cursos de mi doctorado, un profesor nos leyó un inspirado ensayo de un desconocido, este escritor cambio por completo el espíritu de nuestro grupo. Pedí una copia y la traduje. Dice así: El próximo otoño cuando vean los gansos dirigiéndose hacia el sur para el invierno, fija que vuelan formando una V. Es muy interesante que sepas lo que la ciencia ha descubierto acerca del por qué vuelan en esa forma. Se ha comprobado que cuando cada pájaro bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en V la bandada aumenta por lo menos un 71% más su poder que si cada pájaro volara solo. Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad pueden llegar a donde deseen más fácil y rápidamente porque van apoyándose mutuamente. Cada vez que vez que un ganso sale de la formación siente inmediatamente la resistencia al aire, se da cuenta de las dificultades de hacerlo solo y rápidamente regresa a la formación para beneficiarse del poder del compañero de adelante. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de los gansos nos mantendríamos. Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Obtenemos mejores resultados si tomamos turnos haciendo los trabajos mi difíciles- Los gansos van detrás graznan –producen el propio sonido de ellospara alentar a los que van adelante a mantener la velocidad. Una palabra de aliento produce grandes beneficios. Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que este nuevamente en condiciones de volar o hasta que muera, y solo entonces los dos acompañantes vuelven a su bandada.

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CAMINAR EN COMUN, UN MISMO IDEAL EN LA UNION SE ESTARA SIEMPRE CON LA PAZ

Mientras estudiaba uno de los últimos cursos de mi doctorado, un profesor nos leyó un inspirado ensayo de un desconocido, este escritor cambio por completo el espíritu de nuestro grupo. Pedí una copia y la traduje. Dice así: El próximo otoño cuando vean los gansos dirigiéndose hacia el sur para el invierno, fija que vuelan formando una V. Es muy interesante que sepas lo que la ciencia ha descubierto acerca del por qué vuelan en esa forma. Se ha comprobado que cuando cada pájaro bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en V la bandada aumenta por lo menos un 71% más su poder que si cada pájaro volara solo. Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad pueden llegar a donde deseen más fácil y rápidamente porque van apoyándose mutuamente. Cada vez que vez que un ganso sale de la formación siente inmediatamente la resistencia al aire, se da cuenta de las dificultades de hacerlo solo y rápidamente regresa a la formación para beneficiarse del poder del compañero de adelante. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de los gansos nos mantendríamos. Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Obtenemos mejores resultados si tomamos turnos haciendo los trabajos mi difíciles- Los gansos van detrás graznan –producen el propio sonido de ellospara alentar a los que van adelante a mantener la velocidad. Una palabra de aliento produce grandes beneficios. Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que este nuevamente en condiciones de volar o hasta que muera, y solo entonces los dos acompañantes vuelven a su bandada.

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CAMINAR EN COMUN, UN MISMO IDEAL EN LA UNION SE ESTARA SIEMPRE CON LA PAZ

-¿Cree en Dios? -No. -¿Cree que hay alguna fuerza superior al hombre? -No. -¿Cree que el hombre es un ser trascendente? -No. No tiene alma. Pero existe el alma humana -dice y pone cara de misterio-. Yo te voy a explicar. Pienso que los seres vivos son sistemas que tienen sus características como resultado de su organización, de cómo están hechos. Y para que existan no se necesita de nada más. Estos seres vivos tienen dos dimensiones. Una es su biología, su anatomía, su estructura. La otra, sus relaciones con los otros. Lo que nos constituye como seres humanos es este dominio relacional en el cual se configura nuestro ser al conversar, en el lenguaje. O sea, en lo que traemos a la mano y configuramos en el lenguaje. Es en el lenguaje donde surgen los valores. Como ente biológico existimos en la biología. Pero la angustia pertenece al espacio de las relaciones. Todo lo espiritual, lo místico, los valores, la fama, la filosofía, la historia, pertenecen al ámbito de las relaciones y del lenguaje. Con él construimos nuestra realidad con el otro. No es una cosa abstracta. El lenguaje es un modo particular de vivir juntos en la coordinación del hacer. Por eso constructor de realidad. Al operar con el lenguaje cambia nuestra fisiología. Por eso nos podemos herir con las palabras. O acariciar.

"la gente cree que la felicidad está en que todas las cosas que uno hace le resulten bien. No es cierto eso. La mayor parte de las cosas que uno hace andan más o menos. La infelicidad es el apego a que resulten bien. Porque la mayoría resultan mal". "En este espacio relacional uno puede vivir en la exigencia o en la armonía con los otros. O se vive en el bienestar estético de una convivencia armónica, o en el sufrimiento de la exigencia negadora continua. Yo creo que Jesús era un gran biólogo. El hacía referencia a esta armonía fundamental del vivir sin exigencia, por ejemplo, cuando hablaba a través de las metáforas. Decía 'mirad las aves del campo, ni cultivan ni se visten, ni tejen ni se alimentan como los hombres'. O cuando hablaba de las flores. O cuando decía que para entrar en el reino de Dios uno tenía que ser como los niños. Es decir, vivir sin la exigencia de la apariencia, sino en la inocencia del presente, en estar allí en armonía con las circunstancias". -¿Cómo explicaría en términos cercanos, cotidianos, su teoría del conocimiento ? Profesora: Lic. Maria Monge Diaz

-Podemos evocar la teoría biológica del conocimiento con algo cotidiano. Todos los seres humanos tenemos dos tipos de experiencias fundamentales. La mentira y el error. Todos sabemos cuando mentimos, pero no cuando nos equivocamos. Porque el error es siempre a posteriori. Lo mismo pasa con las ilusiones. Cuando uno va caminando en la calle, saluda a alguien que creyó conocer y luego se da cuenta de que no era la persona conocida. Pero se da cuenta en otras dimensiones distintas de aquélla desde la cual dijo 'es fulano de tal'. Esas experiencias constituyen el fundamento para darse cuenta de que uno no puede hacer referencia a una realidad independiente de uno. Yo no puedo distinguir en la experiencia, entre ilusión y percepción. Sí podemos ponernos de acuerdo. Y todos sabemos cotidianamente que el mundo en el que vivimos es un mundo de acuerdos, de acciones. Y que cada vez que el otro no sabe algo, uno se lo puede enseñar. El problema no está en la convivencia, en los acuerdos, ni en el darse cuenta de que no podemos hacer referencias a una realidad independiente. Está en la creencia de que podemos hacer esa referencia. En el apego a ella, a través de creer que uno puede dominar a los otros, reclamando para sí el privilegio de saber cómo son las cosas en sí. y esto, que es el fundamento de la teoría, es accesible para cualquier persona. -¿Por qué sentimos angustia? -Está relacionada con las expectativas. Se suprime eliminando las exigencias. No es fácil, pero toda la prédica de Jesús es una invitación a acabar con la angustia. Cuando dice que hay que ser como los niños para entrar al reino de Dios. ¿Qué es el reino de Dios? Un mundo sin angustias, porque es sin expectativas. Está en la armonía del presente. - ¿ Y usted es un hombre sin angustias ? -Yo creo que sí. Salvo cuando tengo problemas económicos. Fuera de eso, no tengo angustias -dice riendo-. -¿Usted sabe cómo es Humberto Maturana? -Mira, no sé cómo soy. Me doy cuenta cómo estoy siendo. Tengo ciertos valores. . . ni siquiera sé si tengo ciertos valores. Los tenía antes, cuando niño tenía valores. La honestidad, el honor. Ya no los tengo como valores. No me preocupa. Ya no tengo que tratar de ser honesto. Soy honesto, no más. No me gusta mentir porque violo un acuerdo fundamental con el otro. Y sin embargo a veces miento. Y no justifico mi mentira. La escojo. Por ejemplo, a veces voy a ver a un amigo a mediodía y me preguntan si he comido. Y digo que sí, aunque no he comido nada. Es mentira, pero no puedo llegar y decirles 'no se preocupen, no importa que me quede sin comer'. Porque en ese momento se crea otro espacio del que no me quiero hacer cargo. Cuando eras chico llegabas a cualquier parte y te daban de comer. Pero ahora no, No puedes llegar de visita a un lugar sin anunciarte porque te comes la comida del día. -¿Qué es la felicidad? Profesora: Lic. Maria Monge Diaz


-Supongo que el no tener aspiraciones ni deseos. Vivir la vida en la armonía de sus circunstancias. Eso no quiere decir vivir flotando. Uno hace lo que hace porque quiere hacerlo y si no resulta, hace otra cosa. -Suena como una vida desapasionada. -Desapasionada en el sufrimiento. La felicidad no es estar en el jolgorio. Por ejemplo, hace quince días la Fundación Andes nos llamó para decirnos que un cierto proyecto que habíamos presentado había sido aprobado. Hoy recibimos una carta que dice que no está aprobado. Esta es una tarea importante para nosotros. Tiene que ver con los computadores de la décima generación. Los estamos diseñando, y no quiero que lo diseñen los japoneses. Soy patriota. Este es un aparato que eventualmente puede aprender a vivir en consenso. Puede interactuar con el lenguaje. Es importante. Yo podría sufrir por la negativa de la fundación. Pero no. Mi actitud ha sido: si es sí, estupendo, y si es no, estupendo también. La gente cree que la felicidad está en que todas las cosas que uno hace le resulten bien. No es cierto eso. La mayor parte de las cosas que uno hace andan más o menos. Algunas resultan bien y otras mal. Es el apego a que resulten bien la infelicidad. Porque la mayor parte no resultan tan bien. Y cuando es así, uno se entusiasma, se ciega en la celebración. Entonces uno anda por la vida de saltos en saltos, de la angustia a la felicidad. Yo no ando así, por lo menos. Pero soy alegre, justamente por eso. -Pero me imagino que igual a veces sufre. . . -Sí, sufro a veces. Pero no tanto. . . -dijo con su voz segura, serena. Sabia a fin de cuentas-.

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Lecturas reflexivas  

Te presento algunas lecturas que estoy segura te ayudara a reflexionar.

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