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Vida de Platón:

Platón nació en Atenas el año 428 a. de J.C. en una familia de la antigua nobleza que descendía de Solón por parte de madre y del rey Cedro por parte de padre. Ya por su nacimiento se vio introducido en la vida cultural y política de la ciudad. Se sabe poco de su educación. A los 20 años empezó su trato con Sócrates, su maestro. Siendo joven, el régimen de los Treinta tiranos le invitó a participar en el gobierno, pero las esperanzas de Platón se disolvieron en la desilusión, pues la violencia del régimen le hizo echar de menos el antiguo orden de cosas. Después de la caída de los Treinta, la restauración de la democracia animó a Platón a participar en la vida política, pero entonces sucedió un hecho decisivo que marcaría su vida para siempre: el proceso y la condena a muerte de Sócrates; “Me comenzó todo a dar vueltas con vértigo de náuseas, y llegué a la convicción de que todas las actuales constituciones de los pueblos son malas. Y me vi impelido a cultivar la auténtica filosofía, pues a ella hacía yo el honor de creerla fuente del saber para todo, maestra de lo que es bueno y justo tanto en la vida pública como en la vida privada. Nunca se verá la humanidad libre de los males que la aquejan, mientras no se

haga cargo de los negocios públicos los representantes de la verdadera y auténtica filosofía, o al menos mientras los gobernantes, llevados de un impulso divino, no se decidan a ocuparse seriamente en la verdadera filosofía” (Carta VII, 324bss). Sólo la filosofía puede realizar una comunidad humana fundada en la justicia. La fidelidad a la enseñanza y a la persona de Sócrates será el carácter dominante de toda la actividad filosófica de Platón.

Después de la muerte de Sócrates, Platón huyó a Megara para reunirse con Euclides. Poco después viajó por Egipto y, más tarde, por la Italia meridional. Aquí ocurre otro hecho importante de su vida: la toma de contacto con las comunidades pitagóricas, entablando amistad personal con Arquitas. Este encuentro dejará una huella profunda en su pensamiento posterior. Tanto su doctrina de la preexistencia de las almas, sus ideas pedagógicas, sus concepciones ético-políticas, sus mitos escatológicos y, particularmente, los métodos científicos y orden de vida en la Academia, reflejarán esta influencia pitagórica. Sin olvidar el cartel que presidía la entrada a la Academia: “nadie entre aquí sin ser geómetra”. Gracias a Arquitas, Platón llegó a Siracusa a la corte del autócrata Dionisio I y quiso poner en práctica sus ideales ético-políticos. Pero fracasó, y terminó siendo vendido como esclavo en la plaza pública de Egina. Casualmente un socrático, Anníceris de Cirene, lo reconoció y lo compró. Cuando volvieron los dos amigos a Atenas Platón quiso pagarle el precio del rescate, pero Anníceris se negó a aceptar el dinero y, entonces, Platón compró unos jardines contiguos al santuario de Academo y allí fundo su Academia en el 387 a. de J.C. La comunidad de libre educación que soñaba se hizo realidad y, siguiendo el modelo pitagórico, se constituyó en asociación religiosa (única forma legal que podía adoptar en Grecia una sociedad cultural). En la Academia Platón dio más importancia a la enseñanza oral que a la actividad literaria. Se estudiaba, sobre todo, matemáticas, astronomía y filosofía. Pero no debemos pensar en una enseñanza teórica intelectualista. La filosofía no era para él un quehacer ajeno a la vida, sino un positivo aprendizaje para dar forma a la realidad, especialmente para la vida pública. Nada anheló tanto Platón como ver realizados en la práctica sus ideales políticos. La Academia fue hogar y asilo de adversarios de tiranos y dictadores. Cuando Dionisio II sucedió a su padre, Platón volvió a Siracusa para intentar de nuevo el ideal de su reforma política; pero no tuvo éxito y volvió desilusionado a Atenas. Después de algunos años, Dionisio II le llamó insistentemente para que le ayudara en los asuntos públicos y Platón emprendió, así, su tercer viaje a la actual Sicilia. Pero el resultado fue estéril y no consiguió ejercer ninguna influencia sobre Dionisio II que, airado, acabó por retenerle casi como prisionero, hasta que finalmente lo liberó para guardar las apariencias. A partir de ese momento, Platón abandona la vida pública. Escribe la Carta VII, donde expone y justifica los ideales por los cuales había vivido, y permanece en Atenas dedicado únicamente a la enseñanza hasta que muere en 347 a. de J.C, a los 81 años. Su legado es imponente y su visión de la filosofía puede resumirse en su convicción de

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que ésta no consiste en un sistema de doctrinas, sino que es investigación que replantea incesantemente los problemas, para aclarar con ellos el significado y la realidad de la vida humana.

Periodo de sus escritos:

Platón elige el diálogo como forma de expresión de su pensamiento; quizá como tributo a su maestro Sócrates a quién, por lo demás, convierte en interlocutor de prácticamente todos ellos; o quizá por el influjo de su época. Su obra se puede dividir en varios períodos, según distintos criterios, siendo una de las clasificaciones más aceptadas la cronológica: I. Diálogos de juventud (de los 28 a los 38 años) (399-389) Los diálogos de juventud están dominados por los temas de carácter socrático, y en ellos Platón se mantiene fiel a lo enseñado por Sócrates. Son de esta época los viajes a Megara, Cirene, Egipto e Italia - Apología de Sócrates (el conocido retrato socrático del joven Platón) - Critón (Sócrates en la cárcel sobre problemas cívicos) - Laques (El valor) - Lisis (La amistad) - Cármides (La templanza) - Eutifrón (La Piedad) - Ión (La poesía como don divino) - Protágoras (¿Es enseñable la virtud?) (Hay una versión bilingüe griego/español de esta obra en internet, en las páginas del Proyecto Filosofía en español, (filosofia.org), pero necesitarás instalar la fuente griega para poder verla correctamente: la encontrarás en la página de la biografía y obras de Platón, del mismo sitio.) II. Diálogos de transición (de los 38 a los 41 años) (389-385) En éste período Platón vierte en sus diálogos algunas opiniones que no podemos considerar estrictamente socráticas, comenzando a introducir elementos de su propia cosecha, algunos de los cuales apuntan ya hacia la teoría de las Ideas. Tiene lugar en ésta época el primer viaje a Siracusa (Sicilia) a la corte de Dionisio primero y la amistad con Dión. El objeto del viaje fracasa, siendo vendido por Dionisio como esclavo en Egina y rescatado por un conciudadano. - Gorgias (Sobre retórica y política) - Crátilo (Sobre la significación de las palabras) - Hipias mayor y Menor (Sobre la belleza el primero, y sobre la verdad del segundo) - Eutidemo (Sobre la erística sofista) - Menón (¿Es enseñable la virtud?) - Meneceno (parodia sobre las oraciones fúnebres) III. Diálogos de madurez (de los 41 a los 56 años) (386-370) En estas obras encontramos ya el pensamiento de Platón en toda su dimensión. La influencia de Sócrates es mínima, y el pensamiento que expresa en los diálogos responde estrictamente al pensamiento de Platón. Su actividad se centra fundamentalmente en la Academia en Atenas. - Fedón (Sobre la inmortalidad del alma, el último día de Sócrates en prisión) - Banquete (Sobre el amor) - República (Sobre política y otros asuntos: metafísicos, gnoseológicos, etc.) - Fedro (Sobre el amor, la belleza y el destino del alma) IV. Diálogos críticos y de vejez (de los 56 a los 80 años) (370-347) a) (369-362, de los 56 a los 63 años): Revisión crítica de la teoría de la Ideas y de algunas de sus consecuencias, aunque ello no signifique que sean abandonadas. Segundo (369) y tercer (361) viaje a Italia a la corte de Dionisio II, quien al poco tiempo rechazó su educación.

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- Parménides (Crítica de la teoría de las ideas) - Teeteto (Sobre el conocimiento) - Sofista (Lenguaje, retórica y conocimientos) - Político (Sobre política y filosofía) b) (361-347, de los 64 a los 78 años): Creciente pesimismo de Platón, si nos atenemos al contenido de sus obras últimas, que ya en la fase crítica parecían inclinarse hacia el predominio de los elementos místico-religiosos y pitagorizantes de su pensamiento. - Filebo (El placer y el bien) - Timeo (Cosmología) - Critias (Descripción de la antigua Atenas, mito Atlántida...) - Las Leyes (La ciudad ideal, revisión pesimista de la República) - Carta VII (en esta carta Platón nos presenta su conocida y breve autobiografía)

Teoría de las Ideas:

A diferencia del pensamiento cristiano (que también acepta lo absoluto identificándolo con Dios) el absoluto al que se refiere Platón no tiene carácter personal. Platón consideró que la realidad se divide en dos grandes géneros: el Mundo Sensible (también emplea con frecuencia la expresión “mundo visible”) y el Mundo Inteligible o Mundo de las Ideas. Lo absoluto al que él se refiere es precisamente este último ámbito de realidad. El Mundo Sensible es el conjunto de entidades que se ofrecen a los sentidos, realidades particulares, cambiantes, múltiples, que nacen, duran y mueren y se captan con los sentidos. El Mundo Inteligible o Mundo de las Ideas está poblado por entidades absolutas, universales, independientes, eternas, inmutables; entidades que están más allá del tiempo y del espacio, y que se conocen mediante la parte más excelente del alma, la racional. En este segundo ámbito la realidad más valiosa la constituye la Idea del Bien (que para muchos autores Platón identifica con Dios). La tarea de la filosofía consiste en ascender desde el Mundo Sensible al Mundo de las Ideas y en éste contemplarla Idea de Bien (por eso Platón define la filosofía como “una ascensión al ser”). Esta teoría es fundamentalmente una teoría ontológica pero tiene claras repercusiones en otros ámbitos como la antropología, la teoría del conocimiento, la ética y la política. Aunque algunos autores señalan la influencia de elementos religiosos como los pitagóricos o la motivación política para explicar porqué Platón postuló dicha teoría, no hay que olvidar que la motivación más importante es de carácter filosófico y tiene que ver con, al menos, los siguientes argumentos: I. La crítica al conocimiento sensible y al relativismo elaborada por Platón en el diálogo “Te etetos”. En el este diálogo muestra que el conocimiento no puede referirse a lo que se ofrece a los sentidos o cosas sensibles pues dichas cosas conducen al relativismo y el relativismo al absurdo; por ello es preciso suponer que el conocimiento estricto o absoluto necesita referirse a entidades absolutas a las que llamará Ideas; en muchas ocasiones Platón dice que la única alternativa al relativismo es su Teoría de las Ideas. II. El uso del lenguaje y el problema de la referencia de los términos universales. Según Platón, términos universales como los nombres comunes (“mesa”, “casa”...), los adjetivos (“bueno”, “bello”...) o los sustantivos abstractos (“virtud”, “belleza”, “bien”...) no se refieren directamente a las cosas individuales que se ofrecen a los sentidos (esta mesa concreta, este hombre concreto, este cuadro bello concreto...) sino a entidades universales como la Belleza, el Bien, el Hombre... Estas entidades o Formas son lo que tradicionalmente se denominan esencias de las cosas pero, desde su punto de vista, separadas de las cosas individuales, las cuales participan o imitan a dichas Formas (la mesa concreta es mesa porque de algún modo participa de la Idea de Mesa...); Aristóteles llamará a esta prueba argumento del “uno sobre muchos”. III. La posibilidad del conocimiento científico.

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En el diálogo “Crátilo” Platón parte de la existencia del conocimiento para demostrar la existencia de objetos no sensibles e inmutables. Aristóteles llamará más tarde “argumento desde las ciencias” a esta demostración y se puede resumir del siguiente modo: A. las cosas sensibles están en continuo cambio; B. la ciencia no puede hacerse de lo que está en continuo cambio; C. luego la ciencia no se puede referir a las cosas sensibles sino a entidades que no cambian (entidades que Platón llamará “Ideas o Formas”). Brevemente, Platón consideró que el conocimiento absoluto (como el que de hecho poseemos en las matemáticas) sólo se puede alcanzar si existen entidades absolutas, y éstas son las Ideas.

Teoría del Alma:

I. El tema del Alma: En el pensamiento griego, el problema del alma se plantea de forma muy distinta a como lo plantearían seguramente muchos en la actualidad. Esta discrepancia se pone de manifiesto con observar que ningún filósofo griego ha negado nunca la existencia del alma: incluso los filósofos materialistas aceptan su existencia, aun cuando la consideran compuesta de átomos como resto de lo real. E problema fundamental para los griegos no es la existencia del alma sino su naturaleza. Por lo pronto hoy es inconcebible que un materialista acepte la existencia del alma. Para el pensamiento moderno el problema primero y fundamental no es la discusión de la naturaleza del alma, sino la cuestión misma de su existencia. II. Los dos conceptos del Alma: El tema del alma está presente en el pensamiento mítico y en las creencias religiosas desde el más remoto pasado griego. Los filósofos trataron de sistematizar, racionalizar y esclarecer el tema del alma. El concepto del alma en el pensamiento griego, al igual que en nuestra cultura, está vinculado a los tipos de hechos distintos aunque en cierta medida relacionados entre sí: a la vida, de un lado, y al conocimiento intelectual, de otro. Si preguntamos a gente sencilla y no sofisticada culturalmente que entienden por alma, obtendríamos probablemente dos tipos de respuesta más o menos imprecisas. Algunos aludirían al hecho de estar vivos, al hecho de la vida: el principio de la vida, otros encuestados aludirían a actividades psíquicas superiores, exclusivas del hombre: el principio del conocimiento racional. No es difícil observar la discrepancia existente entre las consecuencias que se derivan de una y de otra concepción del alma. Si se acepta la primera de estas dos concepciones, habrá que admitir que todos los vivientes poseen alma, no solo los animales, sino las planteas también; si por el contrario se opta por la segunda concepción, parecerá razonable afirmar que solamente el hombre posee alma. En segundo lugar, y planteando la cuestión en los términos en que los filósofos la plantean, es fácil concebir que exista una estrecha conexión entre el alma y el cuerpo, pero resulta verdaderamente difícil , si no imposible, encontrar algún sentido a la inmortalidad del alma. Por el contrario, la aceptación de la segunda noción del alma hace posible plantear la cuestión de su inmortalidad, pero no acosta de hacer muy difícil una explicación satisfactoria de la unión del alma con el cuerpo. Estas dos maneras de entender el alma pueden ser denominadas concepciones aristotélicas y concepción platónica del alma. Para Aristóteles el alma es fundamentalmente el principio de la vida. Mientras para Platón el alma es fundamentalmente el principio del conocimiento intelectual. III. El alma en Platón. El sistema filosófico de Platón es un todo fundamentalmente coherente en sus líneas maestras, en cuyo centro de halla la teoría de las ideas. Como ya señalábamos en el capitulo anterior, el horizonte desde el cuela de ha de comprender la doctrina platónica del ama es precisamente la teoría de las ideas. En efecto, la racionalidad del alma se afinca en el conocimiento de las ideas, y las ideas constituyen el reino de lo real al que el alma pertenece y al cual se siente impulsada por su propia naturaleza. Se trata de un planteamiento del problema del alma que hunde sus raíces conjuntamente en la experiencia científica y en la experiencia religiosa. Este carácter religiosomoral de su planteamiento explica los siguientes rasgos de su teoría:

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a) b)

En primer lugar, que la cuestión fundamental acerca del alma sea para platón la de su inmortalidad. La inmortalidad del alma, puesto que el cuerpo es corruptible y perecedera, implica la preexistencia y ulterior pervivencia de aquella respecto de este. Esto, a su vez implica que su unión con el cuerpo no es un estado esencial del ama, sino un estado transitorio, accidental. Más aun, no solamente es accidental, sino que puede ser calificado de antinatural, ya que el lugar propio del alma es el mundo de las ideas, y su actividad más propia, la contemplación de estas.

c)

Pero si el lugar propio del alma es el mundo de las ideas y su actividad más propia es la contemplación de estas, es obvio, que el ama es concebida por Platón fundamentalmente como el principio del conocimiento racional.

d)

Mientras permanece unida al cuerpo, la tara fundamental del alma es la de purificarse, prepararse para la contemplación de las ideas. La purificación supone que el alma se encuentra en un estado de impureza. Cabe preguntar de donde vienen estas impurezas. Una respuesta por parte de Platón puede ser que provienen precisamente de las necesidades y exigencias del cuerpo, que se imponen tiránicamente a la vocación contemplativa del alma. Por lo pronto, esta respuesta equivale a conceder al alma, aparte de su función como principio del conocimiento racional, una función de control sobre el cuerpo. Pero, además, cabe preguntarse si esta función del control se ejerce en realidad sobre el cuerpo o sobre otras tendencias inferiores del ama: ¿Las tendencias desordenadas son en realidad del cuerpo o de algún estrato inferior del alma?

e)

Platón se ve de este modo obligado a distinguir partes del alma o almas distintas, y en su calificación distingue el alma racional, irascible y concupiscible, ¿Son inmortales las tres o solamente la racional? Cuando se desciende a estos problemas particulares, el pensamiento platónico pierda nitidez y se mueve en una cierta ambigüedad inevitable. La dificultad de explicar adecuadamente la relación entre la dimensión racional e irracional del hombre afecta a toda la historia del pensamiento occidental.

Teoría política (Mito de la Caverna):

I teoría política. La República, la mayor obra política de Platón, trata de la cuestión de la justicia y por lo tanto de las preguntas ¿qué es un Estado justo? y ¿quién es un individuo justo? El Estado ideal, según Platón, se compone de tres clases. La estructura económica del Estado reposa en la clase de los comerciantes. La seguridad, en los militares, y el liderazgo político es asumido por los reyes-filósofos. La clase de una persona viene determinada por un proceso educativo que empieza en el nacimiento y continúa hasta que esa persona ha alcanzado el máximo grado de educación compatible con sus intereses y habilidades. Los que completan todo el proceso educacional se convierten en reyes-filósofos. Son aquellos cuyas mentes se han desarrollado tanto que son capaces de entender las ideas y, por lo tanto, toman las decisiones más sabias. En realidad, el sistema educacional ideal de Platón está, ante todo, estructurado para producir reyes-filósofos. Asoció las virtudes tradicionales griegas con la estructura de clase del Estado ideal. La templanza es la única virtud de la clase artesana, el valor es la virtud de la clase militar y la sabiduría caracteriza a los gobernantes. La justicia, la cuarta virtud, caracteriza a la sociedad en su conjunto. El Estado justo es aquel en el que cada clase debe llevar a cabo su propia función sin entrar en las actividades de las demás clases. Platón aplicó al análisis del alma humana un esquema semejante: la racional, la voluntad y los apetitos. Una persona justa es aquella cuyo elemento racional, ayudado por la voluntad, controla los apetitos. Existe una evidente analogía con la estructura del Estado anterior, en la que los reyes-filósofos, ayudados por los soldados, gobiernan al resto de la sociedad. II. El mito de la caverna. I - Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden

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volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas. - Ya lo veo-dijo. - Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados. - ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros! - Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos? - ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas? - ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo? - ¿Qué otra cosa van a ver? - Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos? - Forzosamente. - ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar? - No, ¡por Zeus!- dijo. - Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados. - Es enteramente forzoso-dijo. - Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba? - Mucho más-dijo. II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .? - Así es -dijo. - Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que,

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una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas? - No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento. - Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio. - ¿Cómo no? - Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones de mirar y contemplar. - Necesariamente -dijo. - Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían. - Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro. - ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos? - Efectivamente. - Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable? - Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida. - Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol? - Ciertamente -dijo. - Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?. - Claro que sí -dijo. III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible

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ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública. - También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.

Contexto histórico, cultural y filosófico (Platón):

I Contexto histórico: Platón vivió entre los siglos V y IV a.C. Entonces Grecia era un conglomerado de ciudades estado independientes y autogobernadas. El territorio que abarcaba comprendía la península del Peloponeso, la Magna Grecia (sur de Italia), Sicilia y numerosas islas del Mediterráneo. Durante el siglo VI a.C., el florecimiento cultural y comercial se había producido en las costas de Jonia (Mileto) y de la Magna Grecia (Trotona y Siracusa), mientras que en el Peloponeso Esparta imponía una hegemonía militar. Entre tanto los atenienses intentaban crear una organización socioeconómica estable gracias a Solón (594 a.C.) y Pisístatro (545 a.C). Solón liberó de la servidumbre económica a los campesinos pobres, redujo considerablemente las deudas que afectaban a los bienes raíces, dividió la sociedad en cuatro clases según los bienes de cada ciudadano (las tres clases superiores debían cumplir tres años de servicio militar mientras que la cuarta se dedicaba a los trabajos serviles y no eran elegibles en la Asamblea y creó el Consejo de los Cuatrocientos o comité ejecutivo de la Asamblea. Tras la invasión persa de Asia Menor, se reduce el influjo griego en la zona del mar Egeo y Atenas se convierte en el centro de poder jonio. La invasión de los persas llega hasta las tierras griegas y se inician las guerras médicas. En la primera guerra los griegos vencen en la batalla de Maratón. Sin embargo en una segunda invasión, siendo rey Jerjes, los persas derrotan a los griegos en el desfiladero de las Termopilas, defendido por los espartanos, y arrasan el Ática y Atenas. Los griegos preparan la revancha con una flota marítima con la iniciativa de Atenas, venciendo en la batalla naval de Salamina. Atenas queda fortalecida y progresivamente adquiere la hegemonía sobre el resto de ciudades griegas, con la manifiesta oposición y disgusto de Esparta. Con Pericles Atenas llega a su máximo esplendor. Instaura un sistema democrático en el que todos los ciudadanos, salvo las mujeres, los esclavos y los extranjeros, forman parte de la Asamblea en la que son elegidos por sorteo o votación todos los cargos públicos de la ciudad. Pronto imita este modelo político el resto de ciudades griegas, aunque también surgirá una oposición tanto interna como externa. La oposición interna la llevan a cabo los aristócratas que se resisten a perder los privilegios tradicionales. La oposición externa la ejerce, cómo no, Esparta, que ve amenazado su régimen aristocrático-militar. Se produce, así la primera guerra del Peloponeso (entre los propios griegos). Se resuelve con la creación de dos Ligas, la del Peloponeso liderada por Esparta y la de Delos liderada por Atenas. Otras dos guerras, en medio de las cuales muere Pericles, dan al traste con la hegemonía y prosperidad de Atenas. Derrotada, tuvo que entregar la flota de la que tanto se enorgullecía y ver destruidas sus murallas (404 a.C.). Esparta impone en Atenas el gobierno de los Treinta Tiranos. Platón tenía entonces 24 años y de dicho gobierno formaban parte su primo Crítias y su tío Cármides. Ya entonces apuntaba un rechazo a la democracia. El rechazo se hizo mayor cuando, nuevamente reinstaurada la democracia (402 a.C.), ésta condena a muerte a su maestro y amigo Sócrates (399 a.C.). Este acontecimiento marca el inicio de la obra filosófica de Platón. Inicialmente se había preparado para intervenir en política, pero tanto los crímenes del gobierno de los 30 tiranos como la posterior venganza de los demócratas, le llevaron al convencimiento de que la solución a los males sociales sólo podría estar basada en la filosofía.

II Contexto sociocultural La sociedad tradicional griega, en la que la nobleza era dueña de las tierras y gobierna al pueblo que se dedica a la agricultura y ganadería, cambió tras la expansión colonial iniciada en el S. VIII a. C. Aparecieron una serie de oficios nuevos relacionados con esa expansión y sobre todo, el comerciante, que prospera sin depender de los terratenientes. Además, la colaboración de las clases populares en las Guerras Médicas, les otorgó protagonismo político y les llevó a exigir cambios sociopolíticos más participativos y democráticos. Este es el proceso que llevó a Grecia a crear un sistema político en el que los ciudadanos (categoría de la que están excluidas mujeres, esclavos y extranjeros o metecos) forman parte directamente de una Asamblea o Ecclesía en la cual son elegidos por sorteo o votación los cargos públicos de la ciudad. Pero los derechos políticos eran muy minoritarios, tan solo un 10% de la población, y de hecho, quien participa en política eran aquellos que vivían desahogadamente y podían dedicarse a ella. Con lo que seguía en el poder la antigua aristocracia y los nuevos ricos (plutocracia). El auge político de Atenas en el S. V, atrae a los mejores médicos, intelectuales, filósofos y artistas, etc., produciendo un auge cultural en todos los campos. Los sofistas ofrecían los conocimientos necesarios para triunfar en la vida. El arte vivía momentos de esplendor con Pericles, los arquitectos Ictinos y Calícrates levantan el Partenón, Fidias crea las

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famosas esculturas que lo decoran. Destacan las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, las comedias de Aristófanes, las historias de Herodoto y Tucídides. Se construye la Acrópolis, en la que participa Fidias. Las esculturas de Praxíteles y, por supuesto, la Filosofía llega con Tales, Anaxágoras, los pitagóricos, los atomistas y los sofistas, además, por supuesto, de Sócrates y Platón. III. Contexto filosófico: Podemos afirmar que Platón tuvo una copiosa información de las teorías presocráticas. Hacia el año 390, visita la Magna Grecia2, acontecimiento importante de su vida exterior, pues entabla relación con los centros pitagóricos y movimientos órficos por medio de su amigo Arquitas, señor de Tarento. En las obras de Platón se plasma su admiración por la geometría pitagórica, tal como lo podemos ver en la República, 529.a: “Parece en verdad, que así como los ojos han sido hechos para la astronomía, los oídos lo fueron para el movimiento armónico, y que estas ciencias son como hermanas, al decir de los pitagóricos y de nosotros mismos”. Además de los pitagóricos, Platón estuvo Platón ligado a otras escuelas de las que recibió notable influencia. En este sentido podemos destacar la Escuela de Éfeso, con Heráclito, del que expresará en el Crátilo la idea de superar el cambio perpetuo vinculado a las cosas sensibles. En el Teeteto cuenta Platón la opinión de Sócrates cuando conoció al viejo Parménides mostrándose fervoroso admirador de él: “Pensar y ser son una y la misma cosa”. La gran admiración de Sócrates es la misma que siente Platón. Le dedicó uno de sus más famosos diálogos, “el Parménides” en el que expuso la doctrina del eleata de la unidad absoluta del Ser. Platón también menciona a Anaxágoras en sus diálogos en cuanto a la idea del nous. A Empédocles, en relación con los cuatro elementos. A los Atomistas respecto a un espacio lleno de material informe y caótico. A Tales como padre de la filosofía, etc.

Grados del conocimiento (símil de la línea): I Grados del conocimiento GRADOS DE CONOCIMIENTO

NOMBRE

OPINIÓN( en griego doxa)

CIENCIA(en griego epistéme)

Tipos

Conjetura (eikasia)

Creencia (pistis)

Pensamiento discursivo (diánoia)matemáticas fundamentalmente

Dialéctica o ciencia en sentido estricto o inteligencia o filosofía (nous)

Definición

Conocimiento sensible basado en la percepción de las sombras y los reflejos

Conocimiento basado en la percepción directa de las cosas sensibles

Conocimiento racional pero basado en los signos sensibles

Conocimiento puramente racional de las Ideas y sus relaciones esenciales, en particular de la Idea de Bien

Instrumento del conocimiento

La percepción

La percepción

La razón, pero apoyada en signos sensibles e hipótesis

Objeto del conocimiento

Calidad del saber

Mundo sensible Sombras y apariencias de los objetos sensibles

Los objetos sensibles y las cosas fabricadas

La pura razón

Mundo inteligible Los objetos matemáticos

las Ideas, principalmente la Idea de Bien

Menos -

Mas +

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Los términos utilizados por Platón para designar el grado más excelente del saber no están claros y en distintas exposiciones se pueden encontrar distintas propuestas. En general, las expresiones más habituales para designar el género de conocimiento referido al Mundo de las Ideas son “conocimiento intelectual” y “ciencia” (epistéme), pero también en algunos textos Platón utiliza la palabra “inteligencia”. En cuanto a la especie de conocimiento inferior dentro de este género, el saber que se apoya en signos sensibles y no estudia radicalmente aquello de lo que trata, es decir el saber matemático, la expresión que casi siempre utiliza Platón es “pensamiento discursivo” (diánoia). Sin embargo, tenemos más problemas a la hora de encontrar un término adecuado para designar el saber más perfecto, el saber radical de las relaciones esenciales existentes entre las Ideas y, en último término, de la Idea de Bien: está claro que se identifica con la filosofía, pero con frecuencia se refiere Platón a él como “dialéctica”, o “ciencia dialéctica” y también “inteligencia” (“nous”). II El símil de la línea ¿No sabes, acaso -dije yo-, que cuando no se dirige la vista a los objetos iluminados por la luz del sol, sino a los dominados por las sombras de la noche, los ojos reducen su poder y parecen casi ciegos, como si su visión no fuese realmente pura?. - Sí que lo sé -dijo. -Pero cuando el sol ilumina esos mismos objetos, ven, a mi juicio, con toda perfección, y la visión de los ojos parece clara. - ¿Cómo no ha de serlo? - Puedes pensar que lo mismo ocurre con respecto al alma. Cuando detiene su atención en algo iluminado por la verdad y el ser, lo comprende, lo conoce y prueba que es inteligente. Pero cuando se fija en algo envuelto en la oscuridad, que nace y que perece, el alma acorta su vista y muda y cambia de opinión a cada momento, hasta el punto de parecer completamente irracional. - Eso parece. - Pues otro tanto dirás de la idea del Bien, como causa del conocimiento y de la verdad. Es ella misma la que procura la verdad a los objetos de la ciencia y la facultad de conocer al que conoce. Aun siendo muy hermosas ambas cosas, esto es la ciencia y la verdad, pensarás con razón si juzgas aquella idea como algo distinto y mucho más bello. Y a modo como en el otro mundo puede pensarse rectamente que la luz y la visión se parecen al sol, sin que haya de estimarse que son el mismo sol, así también debe pensarse en este que la ciencia y la verdad se parecen al bien, sin llegar a creer por ello que sean el bien mismo. Sin embargo, la posesión del bien ha de requerir mucha más estima. - En tu opinión -dijo-, el bien posee una extraordinaria belleza. Es causa de la ciencia y de la verdad y supera en belleza a estas. No querrás decirnos ahora que el bien se identifica con el placer. - Habla con más recato -observé-; presta más atención a su imagen y hazlo de esta manera. - ¿Cómo? - A mi entender, dirás del sol que no solo procura la facultad de ver los objetos, sino también la generación, el crecimiento y el alimento. Y eso sin que podamos identificarle con la generación. - Naturalmente. - Y, así mismo, el bien no solo proporciona a los objetos inteligibles esa cualidad, sino incluso el ser y la esencia. Pero en este caso tampoco el bien es la esencia, sino algo que está por encima de ella en cuanto a preeminencia y poder. - ¡Por Apolo! -dijo Glaucón riéndose-. ¡Extraordinaria superioridad es esa! - Tú mismo eres el culpable -dije yo-, por haberme obligado a expresarme así. - Y no dejes de hablar, en modo alguno -afirmó-. Si no quieres referirte a otra cosa, explícanos al menos esa semejanza del bien con el sol. Posiblemente, algo habrás omitido todavía. - Desde luego -dije-, aun es mucho lo que queda por hablar. - Pues no omitas -te lo ruego- ni la más pequeña cosa. - Insisto en lo dicho: mucho ha quedado sin tratar. Sin embargo, por mi voluntad no quedará nada sin decir en esta ocasión. - Harás lo que debes -afirmó. - Piensa, pues -añadí-, como decimos, que el bien y el sol son dos reyes, señor el uno del mundo inteligible y el otro del mundo visible. No digo del cielo, para que no te parezca que estoy jugando con el vocablo. Pero responde: ¿No tienes ante ti esas dos especies, la visible y la inteligible? - Sí, las tengo. - Toma ahora una línea cortada en dos partes desiguales y vuelve a cortar cada una de estas en otras dos partes, también desiguales, que representen la especie visible y la inteligible. La claridad y la oscuridad se harán manifiestas en ambos casos, y en la parte visible nos encontraremos con las imágenes. Doy el nombre de imágenes

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en primer lugar a las sombras, y luego a las figuras reflejadas en las aguas y en todo lo que es compacto, liso y brillante y, si me comprendes, a todo lo que es análogo a esto. - Sí que te comprendo. - Coloca a un lado aquello de lo cual esto es imagen: así, los animales que están a nuestro alrededor, las plantas y todo lo que se prepara con el arte. - Ya lo coloco -dijo. - ¿Por ventura te avendrías a admitir -dije yo- que esta división, aplicada a la verdad y a la falsedad, es la misma que puede aplicarse a la opinión respecto de la ciencia, siguiendo el ejemplo de la imagen? - No tendría inconveniente alguno -respondió. - Pues ahora deberás considerar cómo ha de dividirse la sección de lo inteligible. - ¿Y cómo? - El alma se verá forzada a buscar una de las partes haciendo uso, como si se tratase de imágenes, de las cosas que entonces eran imitadas. Procederá por hipótesis y se dirigirá no al principio, sino a la conclusión. Y para encontrar la otra, iniciará un camino de hipótesis, pero para llegar a un principio absoluto; aquí prescindirá por completo de las imágenes y se quedará tan solo con las ideas consideradas en sí mismas. - No comprendo de manera suficiente -dijo- lo que acabas de anunciar. - Pues no tendré inconveniente en repetirlo -afirmé-. Y lo comprenderás fácilmente en cuanto comience mi declaración. Bien saber a mi juicio que los que se ocupan de la geometría, del cálculo y de otras ciencias análogas, dan por supuestos los números impares y los pares, las figuras, tres clases de ángulos y otras cosas parecidas a estas, según el método que adopten. Emplean estas hipótesis, como si en realidad las conociesen, y ya no creen menester justificar ante sí mismos o ante los demás lo que para ellos presenta una claridad meridiana. Empezando por ahí, siguen en todo lo demás un camino semejante hasta concluir precisamente en lo que intentaban demostrar. - Eso, desde luego, ya lo sabía yo -dijo. - ¿Sabes igualmente que se sirven de figuras visibles que dan pie para sus razonamientos, pero que en realidad no piensan en ellas, sino en aquellas cosas a las que se parecen? ¿Y así, por ejemplo, que cuando tratan del cuadrado en sí y en su diagonal, no tienen en el pensamiento el que diseñan, y otras cosas por el estilo? Las mismas cosas que modelan y dibujan, cuyas imágenes nos las ofrecen las sombras y los reflejos del agua, son empleadas por ellos con ese carácter de imágenes, pues bien saben que la realidad de esas cosas no podrá ser percibida sino con el pensamiento. - Verdad es lo que dices -asintió. - Pues esta es la clase de objetos que yo consideraba inteligibles. Para llegar a ellos, el alma se ve forzada a servirse de las hipótesis, pero no caminando hacia el principio, dado que no puede ir más allá de las mismas hipótesis y ha de usar de unas imágenes que son objetos imitados por los de abajo, los cuales son honrados y estimados como evidentes en una relación comparativa con los primeros. - Veo perfectamente -dijo- que tu método no es otro que el de la geometría y ciencias hermanas. - Y no hay duda que ahora comprenderás también a qué llamo yo la segunda sección de lo inteligible. Es aquella que la razón misma alcanza con su poder dialéctico. No tendrá que considerar ahora las hipótesis como principios, sino como hipótesis reales; esto es, como puntos de apoyo y de partida que la conduzcan hasta el principio de todo, independiente ya de toda hipótesis. Una vez alcanzado ese principio, descenderá hasta la conclusión por un camino de deducciones implicadas en aquel; pero no se servirá de nada sensible, sino de las ideas mismas que, en encadenamiento sucesivo, podrán llevarla hasta el fin, o lo que es igualo, a las ideas. - Ya lo comprendo bien -dijo-, aunque no de manera suficiente. Creo que la empresa que tú pretendes es verdaderamente importante e intenta precisar que es más clara la visión del ser y de lo inteligible adquirida por el conocimiento dialéctico que la que proporcionan las artes. A estas artes prestan su ayuda las hipótesis, que les sirven de fundamento; ahora bien: quienes se dedican a ellas tienen que utilizar por fuerza la inteligencia y no los sentidos, con lo cual, si realmente no remontan a un principio y siguen descansando en las hipótesis, podrá parecerte que no adquieren conocimiento de lo inteligible, necesitado siempre de un principio. Estoy en la idea de que llamas pensamiento, pero no puro conocimiento, al discurso de los geómetras y demás científicos, porque sitúas el pensamiento entre la opinión y el puro conocimiento. - Has comprendido perfectamente la cuestión -dije yo-. Ahora tendrás que aplicar a esas cuatro partes de que hablamos otras cuatro operaciones del alma: la inteligencia, a la que se encuentra en el primer plano; el pensamiento, a la segunda; la fe, a la tercera, y la conjetura a la última. Concédeles también un orden racional que atienda a la participación de los objetos en la verdad proporcionadamente a su misma claridad. - Ya lo entiendo y convengo contigo -afirmó-; adoptaré, pues, la ordenación de que hablas.

Análisis y lectura de los textos:

Texto I: “La alegoría del sol y la función del bien”

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Libro VI de la República la idea del Bien aparece como objeto del estudio supremo, por encima de la justicia, de la verdad y de la ciencia, es la realidad de donde procede todo lo verdadero, lo valioso y lo justo. Platón no se atreve a decirnos que es el Bien ya que no cree que se pueda hablar de él de una manera directa. Por eso se refiere al vástago del bien como el que más se la aparece. En este dialogo aparece la analogía del sol y del Bien como un autentico modela para comprender la realidad. La mirada se muestra como el centro de la experiencia y del medio atreves del cual nos cuenta y manifiesta la realidad. La claridad con la que se muestra la realidad en nuestra mirada le ayudo a entender cómo se funciona el conocimiento humano. El núcleo de la analogía es la forma de mirar la realidad. Cuando la luz de la luna se refleja en nuestros ojos lo que vemos no está de una forma clara, en cambio cuando es la luz del sol todo se ve claro y nítido. Así como la luz del solo nos deja ver con claridad y podamos ver a los seres que ocupan el universo, el Bien hace que conozcamos la realidad inteligible. Está por encima de la justicia, de la esencia y de la ciencia. Es el fundamento de la realidad y del conocimiento, pero también la fuente de la energía. E sol cumple respecto a la vista la misma función que el Bien con respecto al conocimiento intelectual. Cuando el sol brilla sobre los objetos los ojos pueden volver a verlos. Así como cuando el alma fija sus ojos sobre aquellos objetos que son iluminados por la verdad; sin embargo cuando se sumerge en la oscuridad, opina y conoce sin inteligencia. Exactamente igual que para ver es necesario que exista el sol, la luz proyectada y la vista que sale al encuentro de las cosas existentes, para el conocimiento intelectual es necesario el Bien, que ilumina los objetos inteligibles y disponibles al ser humano hacia el conocimiento racional. La fuerza del bien proporciona al alma la capacidad del conocimiento verdadero, ilumina la realidad y la convierte en cognoscible. La naturaleza del mismo Bien proporciona realidad a su sentido, la alumbra, convierte en valiosa las cosas bellas y nos abre a la luz del conocimiento. La función del bien es cuanto al conocer no solo supone la capacidad de iluminar, sino que convierte la realidad en algo digno de estima. Texto II El Bien como causa de la esencia. En los Diálogos de Platón nos encontramos con una estructura narrativa que se mantiene constante. Hay una parte en la que se debilita la construcción de la teoría filosófica y la conversación discurre en un ambiente coloquial. En este punto del dialogo Sócrates muestra que la función del Bien, además de abrir la posibilidad de la ciencia y de la verdad, se presenta como la causa de las cosas cognoscibles, de su existencia y de su esencia. No se podría entender de la teoría de las ideas de Platón si no se comprendiera la dimensión ontológica del Bien. Toda la realidad participa en las ideas a través de su propia participación en la idea cumbre. El Bien es el fundamento de todo lo que existe, ese es el fin hacia el que tienden todas las cosas y el principio que da sentido a la realidad. Las ideas, que son esencias, objetivas, universales y eternas, determinan el verdadero sentido de la realidad, constituyen el fundamento del conocimiento racional y determinan el fin que la realidad ha de seguir y la necesidad de que la naturaleza siga el fin que le es propicio. Texto III El mundo de lo visible y la esfera de la opinión. En el texto tres comienza el símil de la línea. Sócrates le pide a Glaucón que trace una línea y la divida en tres partes: una parte representa el mundo visible y otra el mundo inteligible; por lo tanto la primera representa el conocimiento sensible y la segunda el conocimiento inteligible. La división de la línea se hace en función de dos partes diferentes y desiguales por la distinta importancia que tienen los dos ámbitos de la realidad y las dos formas del conocimiento. No solo se trata de dos formas de mirar y de conocer, sino de dos tipos de realidades distintas y absolutamente necesarias entre sí: el componente concreto particular y material, que son los objetos del mundo sensible que pueden ser captados pos los sentidos; y el elemento inmutable, universal y eterno, los objetos inteligibles, que solo pueden ser conocidos racionalmente.

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El pensamiento platónico presenta una distinción clara de los objetos concretos y de las ideas cuando expone que existen dos cosas buenas y bellas. Pero también lo bueno en si y lo bello en sí. Estable una relación entre la multiplicación de las cosa existentes y la unidad subsistente de las ideas, una relación dialéctica entre la multitud y la unidad. La idea determina la verdadera sustancia de lo real, lo que es, lo bueno en sí y lo bello en sí, la verdadera realidad. Por eso distingue de la realidad que es vista pero no pensada, de la que es pensada, pero no vista. En el mundo de las ideas encontró Platón las esencias, la verdadera realidad, la unidad, el referente absolutamente necesario de la multiplicacidad, de las realidades concretas y determinadas. Es la participación de la una en la otra la que garantiza la unión de las dos realidades y de los dos mundos. Si tomamos la parte del mundo visible y la volvemos a dividir en otras dos partes, encontramos que en la primera se sitúan las imágenes, es decir, las sombras representadas en el agua o superficies que puedan reflejarlas. Ahí situaríamos el conocimiento de la imaginación, la “eikasia”. La segunda parte se corresponde con el mundo visible y con el conocimiento sensible, donde estarían todas las cosas, los animales, todo lo que crece o lo que puede ser fabricado por el hombre, los seres naturales y los artificiales. Ahí se localiza la “pistis”, el conocimiento directo de la realidad a través de los sentidos. La relación entre las dos esferas de la realidad, las imágenes y los objetos, tiene que ser estricta, de tal manera que si esta primera parte de la línea se doblara por la mitad, las imágenes tendrían que mantener una correspondencia estrecha con la parte de la línea en que se encuentran los seres naturales y los objetos artificiales. Y lo mismo pasaría si dobláramos la línea por la mitad y pusiéramos en relación el ámbito de lo visible y el de lo inteligible: tendría que existir una correspondencia estrecha entre los objetos y las ideas. Esta correspondencia se mantiene también entre los objetos matemáticos y los objetos materiales. El conocimiento discursivo de la geometría es un paro entre el conocimiento y la inteligencia. Texto IV El mundo y conocimiento inteligibles. El símil de la línea representa la organización de la realidad y del conocimiento en una especie de ascensión desde las realidades desde las realidades mas rudimentarias como las imágenes hasta las más elevadas como las ideas y hasta la cumbre de todas las ideas, que es el Bien, pasando por los objetos materiales y matemáticos. Al dividir la sección de lo inteligible, disponemos de los objetos matemáticos, una primera parte de la línea en la que el conocimiento intelectual, la “dianoia”, conoce a través de las imágenes y de su supuesto. Es decir, el geómetra, al conocer, ha de suponer lo par y lo impar, las figuras geométricas y otros elementos similares. El pensamiento discursivo se sirve de figuras y, a partir de esas figuras, genera el conocimiento. La condición del conocimiento matemático cosiste precisamente en la necesidad de partir de supuestos como si fueran principios, supuestos que no necesitan ser demostrados, y a partir de estos se han de establecer las deducciones oportunas. En la segunda sección de lo inteligible, la “noesis”, se accede a través de la dialéctica a las ideas o esencias objetivas. En la dialéctica, aunque la mente parta de su supuesto, se dirige hacia un principio que no encierra ningún supuesto; puede partir de supuestos, pero considerándolos meros supuestos. El proceso de ascensión implica la aprensión de las ideas y su culminación en el bien. Texto V Los distintos tipos del conocimiento. Para terminar el símil de la línea, el propio Glaucón propone un resumen de la división y la organización del conocimiento para saber si ha entendido lo expuesto por Sócrates. La dialéctica, es un conocimiento más claro que el del pensamiento discursivo o el de las artes, que se sirven de supuestos como si fueran principios. Y de esta forma, el pensamiento discursivo queda entre la opinión y la inteligencia. Por eso, Sócrates termina la identificar cada una de las secciones de la línea denominando inteligencia a la suprema, pensamiento discursivo a la segunda, creencia a la tercera y conjetura a la cuarta. Texto VI La situación de la caverna.

El libro VII de la República trata sobre la educación del filósofo. En el mito de la caverna unos hombres están encadenados y obligados a mirar hacia delante, hacia una pared. Detrás de ellos hay un fuego; y entre el fuego y

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las espaldas de los hombres encadenados, un muro por el que pasan unos esclavos llevando en sus manos utensilios, figuras de animales, hombres y toda clase de objetos. El fuego proyecta las imágenes de todos estos objetos en forma de sombras sobre la pared, de tal forma que estas son lo único que pueden conocer los habitantes de la caverna. El destino del hombre es nacer encadenado en su propia caverna, condenad a conocer solo lo que aparece en las sombras proyectadas por el fuego. Estas sombras son la alegoría de la realidad que estamos obligados a conocer en el mundo visible. En el mundo real no conocemos la verdadera realidad, sino solo una copia de esa realidad. En el mito de la caverna el conocimiento humano aparece representado por las imágenes de las cosas reales. Estos seres encadenados están limitados a conocer la apariencia de la realidad, lo que ven con los sentidos, y a satisfacer las necesidades más elementales de la existencia. Todo se reduce a las sombras de los objetos proyectadas sobre la pared. Es decir, tanto la realidad como el conocimiento se reducen a las apariencias y a un cierto conocimiento que va acompañado por las voces procedentes de los esclavos porteadores. Los prisioneros que aparecen en la caverna son la autentica representación de los más comunes entre los mortales. Va encontrar de su propia naturaleza la posibilidad de abandonar la caverna. En la narración se habla de hombres que son encadenados desde niños y necesitan de una fuerza exterior para salir del ambiente en el que viven. La situación original del hombre en la caverna supone el nivel ínfimo de la realidad y de conocimiento, que responde a un estado que solo se puede abandonar con el proceso de la educación. Texto VII La liberación y ascensión de un prisionero. En un momento dado se libera a un prisionero y se le obliga a salir al exterior. La liberación de las cadenas representa en la narración alegórica del mito de la caverna la liberación de las cargas del cuerpo y del conocimiento erróneo de los sentidos y las superación de las sombreas que se han proyectado continuamente sobre la pared. La educación es el proceso de ascensión que lo llevara hasta la luz del conocimiento racional. Platón renunció al papel educador de la poesía, porque se quedaba en el nivel de las sombras y suponía un alejamiento de la verdad, En cambio, aposto por la gimnasia, porque puede suministrar armonía al hombre, y también por la música, con el fin de alcanzar la armonía para el cuerpo y el alma. Pero el estado superior solo se puede alcanzar con el dominio de las matemáticas y la filosofía. Al salir, el liberador tendrá que adaptarse a la claridad del exterior. Y cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, podrá contemplar las sombras de os objetos en el suelo, las imágenes que se reflejan en el agua sobre cualquier superficie brillante y podrá mirar hacia el sol. La narración nos muestra el proceso del conocimiento y de la racionalidad como un camino ascendente. El proceso de la educación y de la ascensión en el conocimiento es paralelo al que hemos descrito en el símil de la línea, y nos muestra las distintas esferas de la realidad. El choque se produce cuando el prisionero libreado se da cuenta de que todo lo que había visto y vivido hasta entonces carecía de sentido. Los propios objetos que hay detrás, y que son más reales que las sombras, lo convencerán de que hay una realidad superior a lo que estaba acostumbrado. El camino de la liberación lo lleva a descubrir la realidad de los objetos, hace que pase de la mera imagen al conocimiento directo de la realidad. EL miro de la caverna desvela el conocimiento como un camino escarpado, complicado y difícil que asciende desde la oscuridad hasta la luz del sol. La educación no es un proceso fácil, porque supone un esfuerzo continuo. La liberación de las cadenas representa la necesidad que tiene el ser humano de soltar lastres, de desprenderse de las ataduras del cuerpo para aspirar a un conocimiento de las realidades más elevadas. La verdad es una realidad que se encuentra en otro lugar. La ascensión hacia el mundo exterior representa el acceso de las ideas. El hombre liberado necesita que sus ojos se acostumbren a la luz para poder mirar la verdadera realidad. La estructura del conocimiento se muestra de manera paralela al símil de la línea. En este caso los ojos del prisionero liberado tendrán que acostumbrarse a ver las sombras proyectadas en el suelo, en el agua o en las superficies brillantes, lo que simboliza el estado del conocimiento intermedio de la opinión y la dialéctica, es decir, el conocimiento de la geometría. Después podrá mirar la realidad de una manera directa y podrá dirigir su mirada al sol.

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Texto VIII El retorno a la caverna. Si lograra acordarse de su antigua vida en la caverna, se sentiría feliz y se apiadaría de las consecuencias nefastas de la ignorancia y de la vanidad con que se vanagloriaban allí de ser los más sabios cuando competían pos res el más ingenioso o el más hábil para reconocer las sombras. Si tuviera que descender de nuevo hacia la caverna, sus ojos se tendrían que acostumbrar a la oscuridad. Y cuando viera de nuevo las sombras sobre la pared estas le recordarían lo que había visto en el mundo exterior. El conocimiento es reminiscencia. El alma existía antes de encarnarse en el cuero y por eso cuando va las cosas en la realidad, recuerdo lo que contempló en el mundo de las ideas. Las sombras y la oscuridad de la caverna representan la ignorancia, la necesidad de salir hacia el exterior de ascender hacia el mundo de las ideas. En el mito la luz del sol simboliza la realidad verdadera del mundo de las ideas y se contrapone al conocimiento de los sentidos. El mito se cierra con la necesidad de volver a la caverna. Tiene que comunicar a sus compañeros lo que ha visto fuera, vender la resistencia de los moradores de la caverna para proponerles algo absolutamente nuevo. La responsabilidad social, la única posibilidad de regeneración de los valores, solo se podría realizar a través de la educación. Hay una nueva parte de la narración que es verdaderamente sorprendente porque Sócrates expone los riesgos que podrían acechar al prisionero que retorna cuando hable de lo que ha conocido en el mundo exterior. No se trata solo de que sus compañeros se extrañen o de que crean que su vista se ha trastornado y no capta de una forma adecuada la realidad, sino que, si intentara desatarlos, pensarían incluso en la posibilidad de matarlo. La democracia ha dado lugar a muchos desordenes e injusticia; una de ellas que Sócrates fuera condenado a muerte o que todavía está presente en la mente de Platón. El pensamiento Platónico tiene un sentido completamente político en el que prevalece la necesidad de realización de la justicia. E ser humano no se mueve solo por el conocimiento, sino también por la necesidad de la práctica. El espacio de la caverna representa de una forma radical la situación del hombre en su sociedad. A pesar de las cadenas, se necesitan los unos a los otros. En la narración del mito es tan importante la liberación y la salida hacia el exterior como el retorno a la caverna. El hombre siente la necesidad de arriesgarse por el bienestar de sus compañeros. El proceso de educación de Platón, como el de su maestro Sócrates, difiere del de los sofistas, puesto que requiere un cambio de actitud, encontrar el camino hacia la claridad, la ascesis y la purificación de las cadenas del cuerpo.

María Lozano Bujalance B-72

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Platón