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Revista Oficial de la Asociación de Maestros de Puerto Rico Año LII, Núm. 1, 2011


contenido 4

Invitación a conocer a Hostos

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Hostos en familia

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Boceto biográfico

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Las ideas pedagógicas de Hostos: concepto de la educación de la mujer

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Hostos, educador socrático

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Eugenio María de Hostos y la reforma de la enseñanza

Rafael Aragunde

María Asunción Olivar viuda de Hostos

Adolfo de Hostos

Camila Henríquez Ureña

Manuel Maldonado Denis

José Emilio González


el Sol Revista Oficial de la Asociación de Maestros de Puerto Rico Año L Núm. 3, 2006

Política Editorial

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Oegri Somnia

Eugenio María de Hostos

La Revista El Sol se publica cuatro veces al año (marzo, junio, septiembre y diciembre). La revista tiene cuatro secciones permanentes: Teoría e investigación Experiencias y modelos

Reseñas Informaciones

La sección de Teoría e investigación presentará artículos y análisis sobre el

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Hallan manuscrito de Hostos que él había perdido

Comité del Sesquicentenario del Natalicio de Hostos

Hostos: sus obras completas

Julio César López

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Mayores y menores biografías de Hostos

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Bibliografía de Eugenio María de Hostos y entorno a su obra Víctor Hernández Rivera

Comité del Sesquicentenario del Natalicio de Hostos

tema seleccionado para ese número de la revista. En Experiencias y Modelos se presentarán artículos, entrevistas y actividades que muestren prácticas innovadoras y exitosas relacionadas con el tema en discusión. En Reseñas se incluirán reseñas de libros recientes, sobre diversos temas, no necesariamente relacionados con el tema de ese número de la revista. En Informaciones se publicarán anuncios de actividades de interés para el desarrollo profesional de los maestros. Las colaboraciones de cada área deben venir en original, con el nombre, dirección, teléfono del autor, una fotografía 2x2 y una copia sin el nombre del autor. En las secciones de Teoría e investigaciones y Experiencias y modelos los artículos deben ser entre 3 a 6 cuartillas (páginas) a doble espacio, incluyendo la bibliografía modelo APA. En las secciones de Reseñas de libros e Información las colaboraciones deben ser entre 1 a 3 cuartillas (páginas) a doble espacio. Los autores son responsables de solicitar autorización para el uso de tablas y citas originales de fuentes primarias según consigna la Ley de Derechos de Autor. Agradeceremos que, en la medida en que sea posible para los autores, las colaboraciones vengan grabadas en un “CD” en algunos de los siguientes formatos: Microsoft Word (.doc), Adobe Pagemaker 6.5 ó 7, Adobe In Desing, Formato Text Only (.txt) o Rich Text Format (.rtf) o por correo electrónico, revista@amprnet.org El autor interesado en publicar debe enviar un original (con su nombre, dirección, teléfono y si es posible una foto 2x2), una copia y el “CD” (de ser posible), sólo con el título, a: Revista El Sol P.O. Box 191088 San Juan, PR 00919-1088 Puede también entregarla personalmente en la Oficina de Relaciones Públicas en el Edificio de la Asociación de Maestros, Ave. Ponce de León #452, Hato Rey. Los artículos u otras contribuciones deben llegar el 15 de noviembre para la edición de marzo; el 15 de febrero para la edición de junio; el 15 de mayo para la edición de septiembre; y el 15 de agosto para la edición de diciembre. Una vez recibido el artículo, reseña o información, se le envía un recibo al autor. El artículo se somete a la vez a la Junta Editora. La Junta Editora evaluará los artículos y decidirá si se publica, se devuelve al autor para correcciones o no se publica. En cualquiera de las instancias se le enviará una carta al autor notificándole la decisión. El Sol es una revista profesional gratuita para los maestros asociados.


La Asociación de Maestros comienza otro año ofreciendo al servicio del magisterio los recursos de nuestra revista profesional El Sol. Este número, el primero del presente año, intenta develar una faceta desconocida de Eugenio María de Hostos. Sobre nuestro Patriota se han esbozado tantas teorías que, en ocasiones lo visualizamos como una yerta estatua, tal como ocurre con otros de nuestros próceres. Hostos no es un monumento; Hostos es un pensador, pedagogo, filósofo, jurista, cuyo pensamiento, vasto y extenso, tiene mucho que decirle a los maestros de Puerto Rico. El pensamiento hostosiano sirvió de modelo para que el Departamento de Educación, hace casi una década, reconceptuara su modelo curricular a la luz de su pensamiento siempre vigente. La siguiente reimpresión, una edición revisada y aumentada de la original de 1987, le sirve a la presente generación de maestros como estímulo intelectual para profundizar en Hostos. Para Juan Bosch, Hostos, el sembrador es una figura emblemática, cuyas palabras son fuerza necesaria para el magisterio en estos tiempos. Espero que disfruten de esta edición presentada con el mismo esmero que todas las anteriores, como ha sido la tradición de esta Revista por el pasado medio siglo.

Cordialmente,

Aida Díaz de Rodríguez Presidenta


Este número de la Revista continúa la celebración del Centenario de la Asociación de Maestros de Puerto Rico. Con estas efemérides honramos, a su vez a un gran maestro: Eugenio María de Hostos. La revista es una edición revisada y aumentada de la Revista El Sol, Año XXXI, Núm. 3, 1987. Hemos enriquecido esa edición con un artículo del Dr. Rafael Aragunde, Invitación a conocer a Hostos. El artículo reflexiona sobre qué nos dice el pensamiento de Hostos para nuestros días. El autor plantea que para esto se necesita que conozcamos mejor su pensamiento. La Revista que reimprimimos comienza con un artículo de María Asunción Olivar vda. de Hostos, que nos presenta a Hostos en familia, como hijo, padre, esposo. Por su parte, Adolfo de Hostos nos ofrece datos de la vida de Hostos, enfatizando en su desarrollo como educador. Camila Henríquez Ureña, en su artículo nos describe cómo Hostos apoyaba la igualdad en la educación de la mujer. Planteaba que al pedir el desarrollo moral e intelectual de la mujer por medio de la educación, lo que exigía era un cambio radical en los estilos de vida, ya que el hijo es en gran parte el resultado de la educación materna y forma después la sociedad según los principios en que él se formó. Manuel Maldonado Denis en su artículo nos expone que Hostos, al igual que Sócrates, tenía como ideal el método dialéctico que promueve el desarrollo de la razón, al ejercitar la misma. José Emilio González, a su vez, sugiere que la reforma educativa, en ese momento en discusión, tome como base los principios educativos que Hostos promovía. Sigue un artículo del propio Hostos, Oegri Somni, en el cual expone lo importante de soñar las posibilidades del futuro, a la vez que es necesario arraigar ese sueño en muchos para lograr que se desarrolle y fructifique. En el próximo artículo el Comité del Sesquicentenario informa que se ha hallado un manuscrito de Hostos, entre unos documentos de la Sala de Recursos Raros de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. El escrito va dirigido al Presidente McKinley solicitando unas reformas en Puerto Rico en la enseñanza agrícola. En el artículo se presenta el escrito. Julio César López, explica en, Hostos: sus obras completas, la necesidad de desarrollar las Obras Completas de Hostos. Este proyecto se llevó a cabo por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico. Finalmente se presenta una Bibliografía de obras dedicadas a Hostos. ¡Esperamos que disfruten esta reimpresión enriquecida! Ana Helvia Quintero, Ph.D. Presidenta, Junta Editora

Asociación de Maestros

Revista Oficial de la Asociación de Maestros de Puerto Rico Año LII Núm. 1, 2011

Dra. Ana Helvia Quintero Presidenta

Junta Editora

el porqué de esta edición

Prof. Víctor Hernández Rivera Universidaad de Puerto RicoRío Piedras Dra. Iris Rivera Pontificia Universidad Católica, Ponce Eloy A. Ruiz Rivera Estudiante Graduado Historia, Universidaad de Puerto Rico- Río Piedras Prof. José Luis Vargas Vargas Director Asociado Prof. Evelyn Cruz Editora Ana M. Jované Artista gráfico

Javier Barreto Román Cosette Donalds Brown Colaboradores

NIHIL

SINE ME

PRESIDENTA

Prof. Aida Díaz de Rodríguez VICEPRESIDENTE

Prof. Víctor M. Bonilla Sánchez DIRECTOR EJECUTIVO

Henry Rivera Beras, CPA,CCM DIRECTOR ASOCIADO

Prof. José Luis Vargas Vargas DIRECTORA OFICINA DE RELACIONES PÚBLICAS

María del Carmen Gutiérrez Asociación de Maestros de Puerto Rico Ave. Ponce de León Núm. 452 Hato Rey, Puerto Rico 00918 www.amprnet.org Non-Profit Organization Postage Paid at San Juan, Puerto Rico Circulación garantizada de 30,000 ejemplares Publicación de carácter cultural y profesional subvencionada con las cuotas mensuales de maestros asociados y editada cuatro veces al año.2010 3


Homenaje a Hostos

Rafael Aragunde1

INVITACIÓN A CONOCER

A HOSTOS

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más de un siglo de su muerte, Eugenio María de Hostos continúa siendo un pensador que no conocemos lo suficiente. Se nos reitera la importancia que tuvo para la América Latina, sobre todo para la República Dominicana y Chile, pero encontramos pocas huellas suyas en nuestro limitado horizonte isleño. Algunos lo citan en importantes efemérides, pero su nombre desaparece pronto ante las dinámicas frívolas de nuestra vida pública en torno a las cuales, justamente, tiene muy poco que decirnos. Además, no le leemos. Hostos apenas vivió de adulto en Puerto Rico. En plena juventud deja nuestras tierras para proseguir estudios en España. Desde los trece hasta los veintitrés años se desplaza frecuentemente entre la isla y el continente europeo, pero después de 1863, ya no regresará hasta la invasión de 1898, treinta y cinco años más tarde, para volver a dejarnos brevemente, debido al importante viaje que hiciera a Washington como miembro de la Comisión que habría de reunirse con el presidente McKinley. Nos abandonó, definitivamente, en el 1900, cuando se marcha a Santo Domingo, donde moriría en el 1903, año en que se fundaba la Universidad de Puerto Rico y el sistema escolar puertorriqueño, totalmente controlado por los estadounidenses, recién se inauguraba.

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o menciono estas instituciones por pura casualidad, sino porque no huelga atender la desafortunada ausencia de Hostos en nuestros ámbitos educativos e intelectuales de principios de siglo, dos espacios públicos que, por otro lado han permanecido en Puerto Rico, pese a

apariencias, distantes y que él hubiera podido contribuir a conectar. Debemos sospechar que, de haber permanecido en Puerto Rico, el rumbo que hubiera tomado nuestra educación habría sido distinto, tanto antes como después de la invasión. Y, posiblemente, no sólo la dirección educativa, sino, también, la política. Aquellas ausencias suyas, antes del 98, fue resultado de un injusto exilio impuesto por las autoridades españolas; luego, tras el 98, aunque dolorosa, según nos dice Juan Bosch2, fue una ausencia voluntariamente asumida por él. Ausencias que fueron, aparentemente, de extraordinario beneficio para las sociedades en las que Hostos pasó a desempeñarse como profesor y administrador de instituciones educativas. Sabemos que en Chile y en la República Dominicana la comunidad académica le recuerda con admiración y aprecio, mientras que en Puerto Rico, le traen a colación sólo los que coinciden con su defensa de la soberanía nacional. Se podría decir que es sólo con la tesis doctoral del pensador Antonio S. Pedreira, publicada en Madrid en 1932, que Hostos vuelve a Puerto Rico, treinta años después de su muerte. Aquel libro, titulado Hostos, ciudadano de América, y sus Obras Completas, editadas por el dominicano Juan Bosch, algunos años más tarde, nos permiten conocer los escritos que le habían merecido la admiración de tantos latinoamericanos. Entre profesores universitarios es que Hostos ejercerá mayor influencia. Tras la temprana muerte de Pedreira, en 1939, serán académicos dedicados a la enseñanza de la literatura como Fran-

Debemos sospechar que, de haber permanecido en Puerto Rico, el rumbo que hubiera tomado nuestra educación habría sido distinto, tanto antes como después de la invasión. cisco Manrique Cabrera y José Emilio González quienes se ocuparán de recordarle. Por otro lado, en el mundo de la política, Hostos tardará décadas en convertirse en un punto de referencia imprescindible del sector independentista, por lo menos no como habría de serlo hacia el último cuarto del pasado siglo y como lo es en la actualidad. Las referencias de rigor se hacían la mayoría de las veces a Ramón Emeterio Betances, José de Diego y Pedro Albizu Campos.

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a hermenéutica hostosiana que, entonces, se desarrollará, recaerá demasiadas veces en comentarios que no estimularán a construir sobre el mismo pensamiento hostosiano ni a desarrollar aplicaciones pertinentes. En los cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo veinte, la herencia del pensador parece no trascender el discurso ocasional en el que se la cantan loas a una vida que le dedicó al periodismo, la educación y a la defensa de la soberanía de Cuba y de Puerto Rico y en la que no parece hallarse mácula de ningún tipo. Su existencia admirable, la cual, siguiendo a su maestro Pedreira3, que llevó a Manrique Cabrera a des-

El doctor Rafael Aragunde sirvió como Secretario del Departamento de Educación de Puerto Rico, entre 2005 y 2008. Fue, además, Rector de la Universidad de Puerto Rico en Cayey (2002-2005), donde enseñó Filosofía durante 28 años. Ocupó la Cátedra de Honor Eugenio María de Hostos del Sistema de la Universidad de Puerto Rico entre el 1993 y el 1994. 2 Escribe Juan Bosch en su Hostos, el sembrador, Río Piedras: Ediciones Huracán, 1976, p. 187: “Da dolor; pero hay que irse.” 3 Pedreira habla de “la santidad de su ademán” en Hostos, ciudadano de América, en Obras, Tomo II, San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1970, p. 561. 1

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Homenaje a Hostos cribirlo como “asceta laico”4, se hace tan apabullante que parece prohibir el desarrollo de reflexiones que entrarán en serio diálogo con lo que planteó. Por ejemplo, en torno a la moral y a la educación, temas que, como sabemos, se prestan muy bien para precisar matices o identificar diferencias. Lo que, inevitablemente, se dio fue el desarrollo de una tradición acrítica, que en vez de invitar a conocer a Hostos, lo hacía inabordable.

del deseo de comenzar la edición de unas nuevas Obras Completas, venía aportando ensayos y antologías desde comienzos de los setenta que familiarizaban a las nuevas generaciones con un Hostos político, sociólogo y educador6. Don José Ferrer Canales, presente y activo en aquella celebración, se había ido convirtiendo en uno de sus más apasionados apologetas, uniéndose en ello al previamente mencionado José Emilio González.

n el extranjero habrá de ocurrir lo mismo con la herencia hostosiana. En la mayoría de los casos se recalcan sus dimensiones continentales y su evidente entereza moral y, en ocasiones, se explican algunas de las líneas de su pensamiento, pero se echan de menos los necesarios cuestionamientos de una visión de la realidad que se había desarrollado a partir de concepciones de principios y mediados del siglo diecinueve; muy pocos lo evalúan en el contexto más amplio de las ideas de su época. El venezolano Rufino Blanco-Fombona, ejemplo de lo primero, le considera más importante para América que Sarmiento; el sociólogo español Salvador Giner, ejemplo escaso de lo segundo, lo describe como conservador y “neocomteano”5.

Tal y como se esperaba, las aportaciones del Sesquicentenario recogidas para publicación, fueron mayormente celebratorias. Se trataba de hacerle justicia a un pensador que había sido exiliado de su país de origen y que se conocía más en el extranjero que en su patria. Se insistiría en la amplitud de los escritos de Hostos y en su personalidad. Pero apenas se identificaron aquellos lugares en los que Hostos se revelaba hijo de su tiempo. Es preciso decir, sin embargo, que a partir de aquel 89, y en lo que llevamos de este siglo veintiuno, la hermenéutica hostosiana, tanto en Puerto Rico como fuera, se diversifica y convivirán textos críticos con otros que le son fiel al comprensible interés por darlo a conocer sobre todo en un país en el que se le debería leer, según ya hemos dicho, y donde no se le lee.

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No sería hasta los años ochenta del siglo veinte, en ocasión de la celebración del sesquicentenario, al final de esa década, que tanto en Puerto Rico como en el resto de la América Latina se abriría otro capítulo en la hermenéutica hostosiana. El profesor Manuel Maldonado-Denis, principal promotor de la celebración y los encuentros de estudio que tuvieron lugar, así como

Pero ¿será Hostos relevante para nuestra época y, sobre todo, para Puerto Rico? Para los autores de los ensayos que se reimprimen en este número la pertinencia de las ideas de Hostos no se podía poner en duda; se trataba de algo evidente. Sobre todo los cuatro que atienden sus ideas pedagógicas y

en específico comentan sus nociones sobre la razón: don Adolfo de Hostos, Camila Henríquez Ureña, José Emilio González y Manuel MaldonadoDenis, quienes asumen con Hostos sin más que la educación está íntimamente ligada a la razón y que ella es su “vehículo principal”7. Podrían, desde luego, estar en lo correcto, pero se echa de menos en ellos un cuestionamiento siquiera mínimo sobre el concepto razón, término sobre el cual ha abundado la especulación filosófica y, desde luego pedagógica, desde que los racionalistas y empiristas europeos de los siglos diecisiete y dieciocho hicieran uso de ella e influyeran en las tradiciones idealistas alemanas y positivistas francesas e inglesas, que es como llega hasta Hostos. De hecho, Hostos mismo es muy consciente de la complejidad de la razón, a la cual llama “conjunto de órganos y aparatos”8. Habría que ver si en una época en la que nos esforzamos por identificar múltiples avenidas para desarrollar conocimiento entre nuestros estudiantes, época en la que los contextos familiares, económicos y mediáticos, las consideraciones neurológicas, los mismos ambientes escolares y las múltiples inteligencias son traídas a colación, se puede continuar hablando de la razón según se ha interpretado en Hostos. Su insistencia en el conocimiento del orden de la razón debe ser visto como una anticipación de la importancia que habrían de tener las consideraciones en torno a la neurología y más específicamente en torno al cerebro en nuestra época. Hay, me parece, una diferencia entre el reconocimiento de una reflexión que anticipa futuros desarrollos

Manrique Cabrera, F., Historia de la literatura puertorriqueña, Río Piedras: Editorial Cultural, 1986, p. 167. Ver el ensayo de Rufino Blanco-Fombona, “Eugenio María d Hostos”, tan leído, en Maldonado-Denis, M., Visiones sobre Hostos, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1988. Y en el mismo tomo, el texto de Salvador Giner, “El pensamiento sociológico de Eugenio María de Hostos”. 6 Ver, por ejemplo, su Hostos, Sociólogo y Maestro, Río Piedras: Editorial Antillana, 1981. Por cierto, en la p. 21 Maldonado-Denis, rompiendo con la tradición apologeta, le critica no haber captado las implicaciones del imperialismo estadounidense. 7 En palabras de JEG en p. 25. 8 Ver su Ciencia de la pedagogía (Nociones e Historia), Vol. VI, Educación, Tomo I, Río Piedras: ICPR, Editorial de la UPR, 1991, p. 69. Hostos, E. M., Ciencia de la pedagogía (Nociones e Historia), Op. cit., p.45. 4 5

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y el dar a entender que esa misma reflexión, tal y según se realizó, continúa siendo pertinente.

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or otro lado, la insistencia hostosiana en identificar órdenes y su convencimiento de que existe lo que él llamaba “el plan mismo de la naturaleza” es problemática por partida doble. En primer lugar, porque sugiere que hay un camino –un texto– predeterminado, preescrito, que podemos recorrer felizmente hasta llegar a su fin. Pero, ¿qué dice específicamente el texto?, ¿quién es el intérprete del texto? Éstas son interrogantes que tendría que atender y no atendió. En segundo lugar, porque responde a una visión (positivista) de la historia en la que prevalece el convencimiento de que se ha alcanzado el conocimiento y, por lo tanto, ya se está en posesión de la verdad. Sólo restaría defenderla ante quienes la impugnen. Si acaso, lo que se puede hacer es profundizar, pasivamente, en ella. Pero una vez más, ¿qué dice esa verdad?, ¿quién o quiénes son los llamados a identificarla?, son interrogantes que Hostos no nos contesta. Sin duda, se trata de un pensador extraordinariamente inteligente, pero un pensador que responde a los ambientes intelectuales del siglo diecinueve español, un ambiente entre cincuenta y cien años atrasado con respecto al resto de Europa. Sus textos en torno a la educación y la moral nos recuerdan los de Andrés Bello, una importantísima figura del pensamiento latinoamericano que adopta la Ilustración como perspectiva, pero que había nacido casi sesenta años antes que Hostos. Que éste se exprese tan parecidamente a Bello, se debe a que en sus gestiones educativas el puertorriqueño confrontaba interlocutores que todavía se resistían a aceptar las aportaciones ilustradas. No se trataba de intelectua9

les que estuvieran a su izquierda, sino de políticos muy conservadores que no creían en una educación secularizada ni en el derecho de la mujer a educarse. Ante éstos, Hostos, valientemente, hablaba sobre un orden natural que se iba conociendo cada vez mejor y de la igualdad de los géneros en lo que respectaba a la razón. Aun así, no dejan de ser problemáticos para nosotros los planteamientos hostosianos que revelan fidelidad a las visiones positivistas de principios de siglo diecinueve. Por ejemplo, en una de sus expresiones más citadas, recogida en la Ciencia de la pedagogía de las nuevas Obras Completas, Hostos afirma lo siguiente: “Dadme la verdad, y os doy el mundo. Vosotros, sin la verdad, destrozaréis el mundo, y yo, con la verdad, con sólo la verdad, tantas veces reconstruiré el mundo cuantas veces los hayáis vosotros destrozado9”. Son palabras de un atractivo innegable, pero suponen un acuerdo sobre lo que es verdadero. ¿Pero lo verdadero es lo que nos expresan las ciencias naturales o lo que nos dice ésta o aquella filosofía? ¿Lo que nos dice este pensador, aquel sacerdote, este otro político? ¿El arte sobre el cual mostraba escepticismo?

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ostos nos habla de las verdades de la pedagogía, de la naturaleza y de la sociedad como si se tratara de algo evidente, las cuales no lo eran en su época. Verdades que hoy son mucho menos evidentes. El entusiasmo que sentía por la búsqueda de la verdad, porque pensaba que ésta tenía dotes redentoras, era lo que lo llevaba a expresarse de esta manera, pero era a lo primero a lo que se debía haber referido, a la búsqueda, no a la verdad en sí, de la cual tenía que saber que era tan esquiva. Es así como, también, mutatis mutandi, podría justificarse la atención que le prestaba a la razón y

Se trataba de hacerle justicia a un pensador que había sido exiliado de su país de origen y que se conocía más en el extranjero que en su patria. a los deberes morales. En el caso de la razón, si hubiera admitido que se tenía que continuar estudiando con precisión ese órgano que nos permite conocer; en el caso de la moral, no la fe ciega en los innumerables deberes, sino la importante del encuentro feliz entre los conocimientos que se tienen en torno a la realidad y la conciencia por el otro y la fidelidad que la segunda le debe a la primera. Todavía no conocemos lo suficientemente bien a Hostos. Podemos compartir su “ideal pedagógico”, que según escribía Manuel Maldonado-Denis en el 1987, “es un llamado a la excelencia académica”, pero necesitamos internarnos en sus escritos con ojos críticos para identificar en ellos sus visiones más específicas que, aunque hijas de su tiempo, nos deben ayudar a desarrollar las pedagogías que requieren nuestros tiempos.

Hostos, E. M., Ciencia de la pedagogía (Nociones e Historia), Op. cit., p.45.

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Homenaje a Hostos María Asunción Olivar viuda de Adolfo de Hostos

Hostos en Familia A la memoria de Hilaria y Eugenio, madre y padre de E. M. de Hostos, nuestro prócer, quien nació para ser Ciudadano de América, Apóstol de la Libertad y sembrador de la Verdad y la J usticia.

SU CASA La descripción que Hostos mismo nos hace (en su Memoria, Diario, Tomo I, de sus Obras Completas) y que, tomó prestada por ser rica en matices sentimentales. Delicada y amorosa- a veces agridulce, a veces juguetona-, pero llena de sabiduría en la entrelínea. Relata Hostos en 1874, describiendo su niñez: “Recuerdo la casa: era de madera pintada según uso del país, de verde y colorado en el exterior, con dos pisos, el bajo que ocupaban la escribanía y su tío Carlos en los tres aposentos del cuerpo delantero, un viejo vizcaíno, el negro Adolfo y dos negros del servicio de la casa en el cuerpo que se prolongaba hacia el fondo, formando con el resto del edificio un ángulo rectilíneo. La familia ocupaba el piso principal, compuesto de una sala, un aposento espacioso a la derecha, ocupado por sus padres, varios aposentos pequeños ocupados por sus hermanas y por dos huérfanas recogidas, otro por su hermano mayor, detrás del cual estaba el comedor, el cual seguía la cocina. Su 8 2010

hermano Carlos y él ocupaban un aposento colocado detrás de la sala. En el espacio encerrado por las dos alas del edificio había un patio empedrado. En él había un árbol y en el árbol un mono, víctima y diversión al par que espanto de los niños. Desde los altos de la casa se veía la sabana, un vasto descampado que no lejos estaba limitado por la vegetación enmarañada de los trópicos.” Imaginemos a Hostos niño correteando con sus hermanos y amiguitos por la casona que describe y por la sabana verde y ancha, que más parece cielo, el cielo libre de sus sueños y de su alma. Tuvo siete hermanos: José, Engracia, Eladia Dolores, Carlos, Adolfo y Rosa. La casona se llenó de risas, de carreras y juegos de niños. La unión de la familia venció los infortunios, y la vida fue preparando el terreno al maestro mayagüezano en el rincón familiar de Río Cañas.

EL HIJO Recuerda al padre “como la primera personificación de lo inaccesible”, curioso recuerdo de niño, pues luego en sus cartas manifiesta un gran amor por su padre, le añora y le despide pidiendo su bendición. En carta escrita desde Chile (el 7 de abril de 1897), le reclama: “Un poco me ha tranquilizado la carta que mi hermana Rosita me ha escrito últimamente por encargo de usted, y que he recibido en estos días; pero el hecho de no escribirme usted, y la noticia que Rosita me da del malestar de usted, me desasosiegan en extremo. Para un hombre tan mortificado como yo, le aseguro, papá, que es el colmo de la crueldad el tenerlo, como las circunstancias me tienen, con el corazón dividido en tantas partes, una aquí, otra ahí, otra en las vicisitudes de la patria…”. A través de los años pasados el recuerdo de su madre (“hermosa mujer rubia de aspecto a la par bondadoso e impo-

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Hilaria y Eugenio, madre y padre de E. M. de Hostos

nente, sentada en una mecedora con su canastilla de costura a un lado y él al lado de la canastilla”), sigue reinando alma adentro con el recuerdo de su padre y en el espíritu tan necesitado de amor en su destierro y en la eterna vigilia de su patria. Añoraba su hogar, su patria; le apasionaba el Mar de las Antillas porque él en muchas ocasiones se sintió mar, se sintió oleaje que acariciaba las costas de la América que llevaba en sus venas. Evoca a su tía-madrina, a su Mabina, su tía Caridad que una vez le dio de comer arroz muy caliente. EL PADRE La llegada de sus hijos mitigaron sus tristezas, dieron un cambio radical al hombre que moría poco a poco de dolores de la patria. Cada nacimiento era celebrado con una canción de cuna para ser dormidos al arrullo paterno. Cantos, comedias para sus chiquitines salían de muy adentro de su alma. Las Navidades eran celebradas con retablos, árboles, fuegos artificiales y

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Imaginemos a Hostos niño correteando con sus hermanos y amiguitos por la casona que describe y por la sabana verde y ancha, que más parece cielo, el cielo libre de sus sueños y de su alma. aquel maestro-padre ponía a los pies de sus hijos todo el amor y la ternura que poseía. Su esposa, su Inda adorada, era testigo del amor del padre y del amor del patriota. La amaba y ella le seguía en sus pasos, en su espíritu y en su ideal. Hostos ha escrito las más bellas páginas de amor dedicadas a su “Inda de mi alma”. Cuenta Adolfo, uno de sus hijos (pues eran siete en total: Eugenio, Carlos, Luisa, Amelia, Rosa Inda, Bayoán, Filipo y María Angelina), que su padre a la vez que era amoroso con sus hijos les enseñaba el cumplimiento de los deberes. Sufría mucho cuando uno de

ellos se enfermaba y esto lo comprueba en una carta que escribe a su esposa: “Ha sido tan honda la tristeza y es tan angustiosa la pesadumbre que me ha causado la noticia de la recaída de Adolfito que creo que si no me pongo a escribirte, no podría sobrellevarlas”. Cuando se ausenta del hogar, les escribe a menudo y a cada uno de ellos. De esa manera pensaba Hostos que la separación no era tan dura y recibiendo sus cartas les parecería que no estaba ausente. Es verdaderamente impresionante la angustia que padece Hostos al morir la pequeña Rosa Inda, la hijita de meses que se parecía a doña Hilaria, su santa madre. Tanto en su Diario como en Páginas íntimas, nos encontraremos con toda la emoción de que es capaz un ser humano, visto en el seno de su familia; al niño de Río Cañas (“barrigón y cabezón”), el niño solitario, absorto en meditaciones; el artillero de la palabra en Madrid, al enamorado de Inda, al “querido compatriota, que es decir más que querido amigo”.

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Homenaje a Hostos Adolfo de Hostos11

Boceto biográfico Eugenio María de Hostos nació en los alrededores de Mayagüez, el 11 de enero de 1839. Empezó su instrucción primaria en Puerto Rico y terminó la secundaria en la Universidad de Bilbao, España. Estudió derecho en la Universidad Central de Madrid. Siendo todavía estudiante, publicó en la Prensa española trabajos de carácter patriótico y humanitario, revelando ya una sólida mentalidad. Ayudó al derrocamiento de Isabel II, con la esperanza de obtener reformas en el gobierno de las Antillas españolas. No habiéndose cumplido las promesas hechas por los republicanos españoles de conceder la autonomía a Cuba y Puerto Rico, dejó a España y se dirigió a Nueva York a laborar en la Junta Revolucionaria de Cuba. Desde 1871 al 74, recorrió a Colombia, el Perú, Chile, la República Argentina y el Brasil, en propaganda a favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico. Al mismo tiempo, trabajaba con gran entusiasmo en la solución de los problemas locales de aquellos países. En el Perú, censuró valientemente la onerosa concesión del ferrocarril de la Oroya a una compañía extranjera; en Chile, abogó por la enseñanza científica de la mujer y en la Argentina por la cons10 11

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trucción del ferrocarril Trasandino. En Santiago de Chile, 1872-73, publicó varias obras, entre las cuales debe hacerse mención especial del Juicio Crítico de Hamlet por haberse empleado en este trabajo, quizá por primera vez en las letras latinoamericanas, los recursos de la crítica psicológica.

fundó y dirigió la primera escuela Normal. Escribió, entre 1879 y 1888, varias obras didácticas, científicas y literarias. Llamado por el Gobierno de Chile, en 1887, partió al año siguiente a implantar el sistema concéntrico de enseñanza, tomando luego parte muy activa en la vida intelectual de Chile hasta 1898.

Sus admiradores chilenos reimprimieron, entonces, la Peregrinación de Bayoán, en cuyo prólogo hizo Hostos la profesión de fe filosófica y literaria que constituye uno de los documentos esenciales de la literatura americana.

Creyendo poder ser útil a su país, y cuando la guerra Hispano-Americana parecía inevitable, no titubeó en abandonar su brillante posición en Chile, volviendo a las Antillas en 1898.

En Nueva York, 1874-75; en la República Dominicana, 1875, y en Venezuela, 1876, continuó su lucha por la libertad de Cuba y Puerto Rico. El Pacto del Zanjón, el cual puso término a la Guerra de Diez Años de Cuba, puso, también, fin a los 15 años de incesante labor patriótica de Hostos. Habiéndose casado en 1877 con la señorita María Belinda de Ayala y Quintana, terminada la guerra de Cuba y sintiendo un incontenible impulso de formar su hogar, regresó a Santo Domingo, dedicándose entonces a la enseñanza pública. Redactó una Ley de Normales, y

Ese año fundó en Puerto Rico la Liga de Patriotas. Representando a ciertas municipalidades de la Isla, en compañía de los doctores José Julio Henna, Manuel Zeno Gandía y Rafael del Valle, expuso con ellos ante el gobierno de Washington las necesidades del país y pidieron las concesiones de orden político, económico y educativo que estimaron más adecuados a esas necesidades. A su regreso fundó dos institutos de enseñanza primaria municipales. Convencido de que eran, entonces, irrealidades en su país los hermosos propósitos de la Liga de Patriotas, se trasladó de nuevo a Santo Domingo,

Memoria premiada por la Asociación de Maestros de Puerto Rico, en el año 1920. Hijo de Eugenio María de Hostos. Se desempeñó como Historiador Oficial de Puerto Rico.

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absolutamente decepcionado; pero aún con valor para realizar la más ardua labor a que se ha dedicado un extranjero por el bienestar de aquel hospitalario país, donde le sorprendió la muerte en 1903.11

La Pedagogía

de Hostos

¿Cuándo empezó la labor pedagógica de Eugenio María de Hostos? Sobre este punto no existe, en su bibliografía, información directa y completa. Mas, habiéndole oído decir una vez que cuando era estudiante del Instituto de Segunda Enseñanza de Bilbao, de los doce a los trece años, había a solas criticado y repugnado el método casi exclusivamente mnemotécnico en boga entonces, asumiremos, con razón, que el germen de su doctrina pedagógica apareció, entonces, en su mente, como a menudo aparece un germen en un medio físico propio a su cultivo, en forma microscópica. Si repugnó reflexivamente el método escolar a que estaba sometido en su niñez, era ya un incipiente pedagogo. Pasaron los años, la idea política dominó en él toda otra preocupación y era un ardiente revolucionario, cuando en Nueva York, para poder sostenerse, allá por el año 1869, tuvo una vez que traducir al español, para una casa editora norteamericana, unas cuantas cuartillas científicas destinadas a servir de texto en las escuelas de la América Latina. Cierto día, los editores no enviaron a tiempo al traductor los originales ingleses: pero éste, quien evidentemente no estaba muy necesitado de originales, continuó y terminó la redacción de esta cartilla por su propia cuenta, dando así principio a la fecunda carrera pedagógica que sólo habría de interrumpir la muerte.

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El embrión evolucionaba, alcanzando forma adulta en 1872, cuando a los 33 años escribía en Chile su revolucionaria serie de artículos sobre La enseñanza científica de la mujer. La serie contiene su primera exposición de los principios que rigen la enseñanza racional y sostiene, quizás por primera vez en la América del Sur, la doctrina de la igualdad intelectual de la mujer, la susceptibilidad de su inteligencia al cultivo racional, su capacidad científica y su derecho natural a recibir una educación liberal y a desempeñar las obligaciones y deberes sociales que imponen las llamadas carreras científicas. Todas estas cosas, que en 1920 son simples lugares comunes, eran miradas con sospecha, duda y hasta con enseñaza racional que funcionó en la horror, por una gran parte de la opiAmérica Latina. En ella desarrolló, nión pública de nuestra América hace en toda su amplitud, su doctrina facincuenta años. vorita de “educar la razón, según la ley de la razón”. Todavía habían de pasar algunos años antes de que Hostos pisara por primera Costóle un gran esfuerzo la organizavez las aulas escolares en calidad de ción de las Normales. Crear un nuemaestro. Fue en Caracas, en 1876, y vo organismo docente conllevaba la para hacer evidente el hecho de que responsabilidad de inducir al país a cuando entró por primera vez en ellas proveer los medios necesarios a su era un educacionista original, baste sostenimiento. No había maestros que decir que apenas entró por una puerrespondieran, entonces, a las exigenta salió por la otra, porque el mediocias de ese plan novel, ni textos ni discre director de aquel plantel no pudo cipulado, y se dedicó enérgicamente a avenirse a los nuevos procedimientos hacer las tres cosas a la vez. Enseñaba, que el recién llegado quería implantar. dictaba los textos a sus discípulos, imA fin de que la lección sirva de estíprovisaba los maestros e imbuía en el mulo a nuestra juventud, recordemos discipulado el nuevo espíritu, la nueva que una piadosa oscuridad ocultó para tendencia. Al mismo tiempo, desemsiempre el nombre de aquel magíster peñaba en el Instituto Profesional de la de 1876. La puerta que cerró a Hostos, República Dominicana las cátedras de colocó a nuestro compatriota en el caderecho constitucional, internacional, mino de mayores logros. penal y de economía política. Terminados los ensayos, comienza su verdadera obra educadora en Santo Domingo, 1880, asumiendo la dirección de la escuela Normal. Fue ésta, sin duda, la primera escuela dedicada a la 2010 11


Homenaje a Hostos Camila Henríquez Ureña

LAS IDEAS PEDAGÓGICAS: concepto de la educación de la mujer

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artidario decidido de la más amplia cultura femenina, Eugenio María de Hostos creía que “una de las causas que tiene el verdadero hombre para mirar con indignación y desdén a los físicamente hombres que componen nuestra especie, es la indiferencia estúpida con que las sociedades han mirado la educación de la mujer”. Las pocas mujeres que habían podido escapar del círculo de hierro en que las encerraban la tradición y la ignorancia, solamente lograron hacerlo a fuerza de individualidad genial. Hostos quería que, por medio de una educación racional, se hiciera de la mujer lo que debe ser: un ser de conciencia y de razón.

conciencia y conocimiento. Si la mujer latinoamericana viera así guiada su curiosidad hacia lo bello y lo verdadero, muy diferentes serían el objetivo y el impulso de nuestras sociedades.

Hasta el afecto maternal se reciente de la no educación, de la no dirección de las facultades de la mujer, pues ese afecto, el más alto, no lo es efectivamente cuando se convierte en exageraciones y debilidades. Y Hostos pensaba que había casos excepcionales, pero por regla general, la mujer que producía a la mayor parte de los hombres era “esa madre amorosa, extremosa, indiscreta, irreflexiva, que, no teniendo educado el sentimiento, es igualmente “Solamente será la sociedad lo que capaz de morirse si se muere el predilecdebe ser, cuando la mujer, adecuada- to de su alma o de asesinar moralmente al mente preparada, coadyuve a la obra hijo que se emancipa de su despotismo”. general de la vida humana a que estal pedir el desarrollo moral e inmos consagrados todos los seres ratelectual de la mujer por medio cionales… La razón no es masculina ni femenina: es razón, medio orgánico de de la educación, lo que pedía era un indagación y adquisición de la verdad”. cambio radical en la vida: el hijo es en gran parte el resultado de la educación La mujer como miembro de la socie- materna y forma después la sociedad dad, lo mismo que como razón y con- según los principios en que él se forciencia, debe educarse. “Aritmética- mó. Y tal como era, la mujer podía mente, ella es la mitad de movimiento alcanzar una virtud negativa, pero sólo social; mecánicamente, es el todo”; en raros casos la moralidad consciente, que se dé, al todo que inicia el mo- capaz de dar una dirección espiritual. vimiento, la capacidad de hacerlo en

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La educación femenina debía tender a formar la mujer completa. Debía dar a la mujer, además del desarrollo de la razón, la plena conciencia de sus derechos y de sus deberes, como fundamento de la familia y de la sociedad, como miembro de la patria y de la humanidad.

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Y qué decir de la mujer como educadora? Esa era según Hostos su puesto natural, pues la naturaleza ha hecho de ella la institutriz insustituible de la infancia. Pensando en la enseñanza que comienza en la cuna; pensando en los jardines de Froebel, donde los niños son las tiernas plantas y es jardinera la mujer, decía Hostos: “La maestra es el porvenir. Ella habla hoy y se le escucha mañana. El niño, de sus labios persuasivos oye para toda la vida la revelación de su destino”. Creía necesario prepararla para tan alto fin. Al desarrollar para él sus grandes poderes, la mujer llegaría más allá; llegaría a ser, en todo el alcance de la idea, la primera educadora del hombre: “del hombre niño, desde la cuna; del hombre adolescente, por el afecto fraternal; del joven, por la influencia mejorada del amor; del hombre, en fin, en todas las edades, por el estímulo, la influencia y el respeto”.

Destacada ensayista, educadora y crítica literaria dominicana. Se mudó de niña a Cuba, donde ejerció la docencia,llegando a ser Profesora Emérita de la Universidad de la Habana. N

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Manuel Maldonado Denis12

Hostos, Educador Socrático Si fuese necesario escoger un ámbito acogedor, un lugar que Eugenio María de Hostos pudiese llamar su casa, su hogar por derecho propio, ese debería ser -quién podría dudarlo- la universidad de aquella Madre Isla que él tanto amó y veneró, y cuya libertad defendió en todos los confines del continente americano, así como en la propia península ibérica. Porque la universidad, cuando logra verdaderamente convertirse en el centro mismo de las inquietudes de una sociedad, cuando contribuye a afinar y refinar las aristas del pensamiento crítico, cuando es capaz de servir como una fuente siempre renovable de las más ricas expresiones creativas de una sociedad, no hace otra cosa, sino, poner en vigor y proveerle vigencia a los principios pedagógicos que sirvieron como norte a la vida y la obra de Eugenio María de Hostos. El ideal pedagógico hostosiano es un llamado a la excelencia académica, un reclamo para el cultivo de las facultades racionales que caracterizan a la

especie humana. Todo ello, debemos consignarlo, es concebido de manera abierta, generosa, no dogmática. Porque para el maestro mayagüezano el dogmatismo es la antítesis de la pedagogía, la camisa de fuerza que impide el pleno desarrollo de las facultades racionales del ser humano y que frena el potencial de éste en el proceso hacia su plena realización como ente pensante. La idea misma de la universidad, de todo cuanto ésta representa para el porvenir de la humanidad, es consustancial a la visión que Hostos tiene acerca de la pedagogía. Ciencia ésta que, según sus palabras, no consiste en otra cosa sino en “Educar la razón según la ley de la razón”. A la cual añade: “Como esa ley no es otra cosa que la establecida por la naturaleza con objeto de hacer que la razón se desarrolle poco a poco y según que se vayan fortaleciendo las facultades que primero aparecen, educar la razón y sujetarse a la ley de su desarrollo son dos cosas que se completan la una con la otra.”

En efecto, la universidad, nuestra universidad, tiene en estas palabras de Hostos el proyecto histórico fundamental que puede servir como pauta para su desarrollo institucional. Pues, bien vistas las cosas, el Maestro no hace otra cosa, sino, aplicar a las realidades específicas de nuestras sociedades aquella sabia máxima del gran pedagogo que fue Sócrates cuando éste aseveró que él no enseñaba filosofía, sino sólo enseñaba a filosofar. Medítese el alcance de esta admonición socrática y podrá verse que, dentro de su aparente sencillez, encierra el carácter raigal del verdadero quehacer universitario. Hombre quizá si lo suficientemente sabio como para nunca haber escrito una palabra. No obstante, Sócrates brindó, en medio del convulso panorama de la Atenas de su época, aquello que ningún universitario que se precie de serlo puede ignorar sin que corra el riesgo de que se le considere ignorante: la mayéutica y la dialéctica.

El doctor Manuel Maldonado Denis fue un destacado intelectual, escritor y catedrático en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Fue uno de los intelectuales que estudió la figura y obra de Hostos. Fue autor de varias obras importantes, entre ellas Puerto Rico: una interpretación histórica-social. 12

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Homenaje a Hostos Por eso cuando Hostos elabora su proyecto para la Escuela Normal de Santo Domingo, o esboza sus principios pedagógicos, o hace que todo el esfuerzo del educador tenga como eje al educando, no está haciendo otra cosa, sino, dándole vigencia, en el contexto de una sociedad diferente a la griega, a los principios de la mayéutica y la dialéctica socráticas. Precisamente, la grandeza de Hostos como educador reside en que supo aplicar el método dialéctico de investigación filosófica en sociedades aquejadas por los males del colonialismo, del despotismo, de la miseria material y espiritual, en fin, de las lacras que hoy asociamos con lo que se denomina el subdesarrollo. Para nuestro gran educador, como para el gran maestro Sócrates, si la educación ha de servir para algo ha de ser para constituirse en la base para el proceso de la liberación humana. Educación es, pues, sinónimo de liberación, vista ésta como un proceso perennemente renovable, pero nunca felizmente concluido. Ese proceso pedagógico libertador no se da, sin embargo, en un vacío social ni político. Tiene a cada paso que librarse una dura batalla frente a las fuerzas del oscurantismo ideológico aliadas de aquellas que son retardatarias del cambio social. En las sociedades coloniales, allí donde impera, conforme nos dice Hostos, la “atmósfera mortífera del coloniaje” el proceso educativo tiene forzosamente que servir como un elemento perturbador y subvertidor de los mitos y ficciones urdidos por quienes detentan el poder político. Toda la obra hostosiana, a nuestro juicio, constituye una sonora repulsa del colonialismo en todas sus formas. Descolonizar es libertar y libertar es al propio tiempo, descolonizar. Educar 14 2010

no puede ser otra cosa, sino, el proceso hacia la producción de hombres y mujeres libres en el ámbito espiritual y moral Es, por lo tanto, sinónimo de descolonizar, es decir de liberar.

tuita que Hostos favorecía para nuestros pueblos, debería tener como norte la idea de que la América Latina es una realidad que requiere y reclama que se culmine la obra inconclusa iniciada por Bolívar en 1810. En tal sentido, era asunto Demás está decir que este proceso de prioritario para nuestro autor la indepenliberación a nivel personal no puede dencia de Puerto Rico y su afirmación ser fructífero si no marcha al propio como pueblo latinoamericano. tiempo con la liberación en el orden colectivo. Los grandes proyectos históri- José Martí, nos dice en Nuestra Amécos de Hostos –expresados magistral- rica, escrito en 1891: “La universidad mente, por ejemplo, en su Manifiesto europea ha de ceder a la universidad de los Independientes de 1876 y en americana. La historia de América, de los estatutos de la Liga de Patriotas de los incas acá, ha de enseñarse al de1899– estaban basados en la premisa dillo, aunque no se enseñe la de los de que Puerto Rico debía ser sujeto arcontes de Grecia. Nuestra Grecia por derecho propio de la comunidad es preferible a la Grecia que no es internacional, condición que sólo podría nuestra. Nos es más necesaria”. Este alcanzarse mediante la autodetermina- proyecto histórico martiano -es impeción e independencia de nuestro pue- rativo señalarlo- había sido expresablo. Queda meridianamente claro en su do por Hostos con igual luminosidad obra que nuestra isla no podía pasar de que como lo señalaría Martí. Y es que manos de un imperio a otro sin que se el reclamo de lo universal sólo puede pusiese a ésta en el pleno ejercicio de tener como punto de partida la realisu soberanía y en el uso de atribuciones dad nacional de cada sociedad para que debía conferirle el carácter de una que aquel no tenga un carácter vacuo e intrascendente. Esa es la lección que personalidad jurídica internacional. debemos aprender de Hostos, nuestro Este proceso de liberación individual y Sócrates antillano y latinoamericano, colectivo mediante la educación científi- que puso su aguda y fina inteligencia ca del niño y de la mujer lo hace Hos- al servicio de todo un continente y de tos extensivo a todos los pueblos de la humanidad. América Latina. Es allí donde pone en práctica sus principios pedagógicos de Ambos, Hostos y Sócrates, pautaron manera admirable y ejemplar. Se tra- el camino que deberá desbrozar todo ta de su vocación latinoamericanista, es quehacer auténticamente intelectual. decir, su deseo, según sus palabras, de La academia nace, precisamente, en la “situarme en mi teatro, en esa América Atenas de Sócrates, gracias a la amoa cuyo porvenir he dedicado el mío.” rosa devoción por su vida y su obra de Conforme a esa vocación latinoameri- su discípulo Platón. canista, el Maestro concibe a la sociePalabras pronunciadas por el Dr. Madad puertorriqueña como parte integral nuel Maldonado-Denis, Presidente del e indisoluble de ese gran conglomerado Comité del Sesquicentenario de Hosde pueblos que se extiende desde el tos, el 11 de enero de 1986, al celeRío Bravo hasta la Tierra del Fuego. brarse el 147 aniversario del natalicio, La universidad puertorriqueña y todo el sistema de instrucción pública y gra-

ante el Busto de Hostos erigido en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.

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José Emilio González14

EUGENIO MARíA DE HOSTOS

Y LA REFORMA DE LA ENSEÑANZA13 Diálogo con un ser vivo Todos los años un grupo diminuto de puertorriqueños nos reunimos a rendir homenaje a Eugenio María de Hostos en el aniversario de su nacimiento. Mientras sus ideas yacen en el abandono, y, lo que es peor, su gran figura moral sigue siendo víctima de la indiferencia de sus coterráneos, unos cuantos fieles nos congregamos al pie de su estatua en la Universidad, a la vera del busto que se halla en la plazoleta de la Marina, en este Ateneo, como esta noche, a evocar su vida gloriosa y a meditar en sus doctrinas. No es -no puede ser- el nuestro un homenaje retórico, ocasión para grandes discursos vacíos o para líricas exaltaciones. Hostos recaba de nosotros una austera dedicación, viriles actitudes, y, sobre todo, sentido de responsabilidad alerta frente a los problemas de nuestra patria. Porque Eugenio María de Hostos fue un pensador, o, mejor dicho, en lenguaje unamuniano, un agonista. Nada más opuesto a su ánimo que el juego frívolo de las trivialidades ni el cómodo deslizarse por la pendiente de la vida burguesa, conformista y falaz. Su existencia –penosa, intensa,

Conferencia dictada la noche del 11 de enero de 1966 en el Ateneo Puertorriqueño. El doctor José Emilio González fue otro destacado intelectual puertorriqueño estudioso de la obra de Eugenio María de Hostos. En su larga carrera académica enseñó Ciencias Sociales en la Facultad de Estudios Generales y luego Literatura en la de Humanidades en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Es uno de los pensadores puertorriqueños más importantes del siglo pasado. 13 14

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Homenaje a Hostos preocupada- fue lo que hoy llamamos “auténtica”. La angustia de su espíritu resuena por toda su obra. Su capacidad de renuncia en aras de nobles ideales confiere singular dignidad a su vida. Si nos reunimos hoy, como lo seguiremos haciendo por cuantos años Dios nos permita, no es porque consideremos a Eugenio María de Hostos venerable reliquia de un pasado abolido. No venimos tampoco a llorar sobre unos restos. Venimos a dialogar con un ser vivo. Venimos a compartir la compañía de este hombre extraordinario, que no puede morir, que no morirá mientras exista Puerto Rico. Porque él fue encarnación de las esencias más puras de la patria, en sus proyecciones de continente y universo. Eugenio María de Hostos fue maestro. Maestro de niños. Maestro de adultos. Maestro de maestros. Podemos llamarle los puertorriqueños el Maestro por excelencia. Escuela de vida es la suya, de cultivo y comprensión, de inteligencia. Tenemos nosotros mucho que aprender de él. Ahí están los veinte sólidos volúmenes de su obra. Ahí está su palabra, su gesto, su lección. Cada puertorriqueño debe internarse por esa obra, estudiarla, conocerla a fondo. Cada uno de nosotros debe establecer, mantener y cultivar el diálogo vivo con él. Al irlo conociendo en esa conversación perenne que es la lectura, como él mismo apuntara, nos iremos conociendo nosotros. Parte de la grandeza de Eugenio María de Hostos proviene de que siempre tiene algo que decirnos sobre los problemas que agobian nuestro presente. Hoy, en Puerto Rico, la educación es tema de infinitos debates. Se ha iniciado –tímidamente, es cierto- una reforma en el sistema de instrucción pública. Se acaba de aprobar una nue16 2010

va Ley Universitaria, al calor de un movimiento que pedía reformas en nuestra más alta institución docente. Mientras tanto, urge la creación de un pensamiento pedagógico puertorriqueño, cuyo punto de partida debe ser la conciencia plenaria de nuestras realidades, pero cuyo punto de llegada debe ser la concepción de una sociedad ideal. Nos vamos dando cuenta de que es preciso poner fin a la copia servil de modelos extranjeros, a la repetición crasa de ideas importadas y a la puesta en práctica a ciegas de métodos y normas que puedan ser muy válidas en otros lugares, pero no aquí. Hostos nos señala el camino, puesto que se mantuvo al tanto del pensamiento más avanzado contemporáneo en materia de filosofía, ciencia y pedagogía al mismo tiempo que no se limitó a reproducirlo lacayunamente. Supo adaptarlo a las condiciones de cada país adonde fue a ejercer su profesión de maestro y supo enriquecerlo con aportes originales. Si estudiamos sus ideas, no es para aprobarlas todas. Cada idea suya brinda la oportunidad para una meditación. Es un estímulo. Su suprema lección es que nos enseña a pensar por cuenta propia. Tanto en el tiempo como en la calidad Hostos es nuestro primer pedagogo.

Puntos de partida para la reforma En sección que a la América Latina dedica Eugenio María de Hostos, en su “Historia de la Pedagogía”, el Maestro rinde tributo a aquellos países hispanoamericanos que se han esforzado en combatir los males susodichos, especialmente Chile, la Argentina, Colombia y Guatemala. (OC, XVIII, 248-249). Pero tales tentativas eran insuficientes.

Urge, pues, meter mano a estos terribles problemas. En su artículo, “Ni un peso fuerte, ni nada”, esboza la tarea: Es necesario ir demoliendo; pero no por medios violentos y brutales que son los medios de la barbarie, sino por evolución, por ordenación, por previsión. Por evolución: es decir, siguiendo la ley de transformación universal, y aplicando, adecuando, adaptando al desarrollo cuanto lo facilite, lo asegure y lo haga útil para la especie humana. Por ordenación: es decir, empleando, método, sistema y orden en la demolición del antiguo edificio de errores y maldades que dejaron o sostienen los explotadores de la esclavitud pública y de la ignorancia popular. Por previsión: es decir, aplicando a la obra de organización el principio de la filosofía política del positivismo comteano: Savoir c’est prévoir.” (OC, XIII, 147). Como todo educador genuino, Hostos es un transformador del mundo. Lo cambia para salvarlo. En su polémica con el señor Luis Rodríguez Velasco sobre la educación de la mujer (1873), Hostos se pregunta cómo será posible la indispensable reforma. ¿“Cómo?”, se pregunta. “De la única manera que conduce al conocimiento de la verdad: patentizándola. Y ¿cómo se patentiza la verdad? Presentándola en su unidad elemental, en sus leyes, en sus aplicaciones, en sus efectos, en su acción continua. ¿En dónde está la verdad? Allí donde la demuestran los sentidos y la comprueba la razón y la contrasta la conciencia; en la realidad de las cosas y en la realidad de la ciencia que las estudia.” (OC, XII, 60).

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Su instrumento de redención humana será la verdad. En su discurso sobre El propósito de la Normal en Santo Domingo, Hostos anuncia: “Dadme la verdad, y os doy el mundo. Vosotros, sin la verdad, destrozaréis el mundo, y yo, con la verdad, con sólo la verdad, tantas veces reconstruiré el mundo cuantas veces lo hayáis vosotros destrozado.” (OC, XII, 138). Educar es ir revelando en la conciencia del discípulo el orden de la verdad e ir formando esa conciencia en aquel orden. Educar es conducir: “es decir, que educar es como conducir de dentro a fuera; en cierto modo, es como cultivar, y, empleando una comparación, educar la razón es hacer lo que el buen cultivador hace con las plantas que cultiva…” Así nos dice Hostos en sus “Nociones de Ciencia de la Pedagogía”. (OC, XVIII, 11). Y en otra ocasión declara: “Educación es la acción de conducir, guiar, dirigir al individuo humano o la especie humana del estado de ignorancia al estado de conocimiento de sí mismo o de sí misma.” (OC, XIII, 44). La razón del educando debe ser llevada a funcionar normalmente, “con sujeción al orden natural de sus funciones.” Entonces se pone la razón en condiciones de conocer el cómo, el porqué y el para qué de las cosas (OC, XIII, 225). No se trata, ciertamente, de atiborrar la cabeza del estudiante con saberes muertos ni con fórmulas tradicionales. El propósito fundamental de la educación es enseñar a pensar. Así lo dice Hostos en palabras que no dejan lugar a duda alguna: “El objetivo esencial de la enseñanza es contribuir al desenvolvimiento de las fuerzas intelectivas, poniendo a funcionar los órganos de la razón, según la ley de la razón, a medida que van manifestándose y habituándose a intuir, inducir, deducir y sistematizar.

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En una palabra: se enseña para enseñar a ejercitar la razón.” (OC, XII, 206). La nueva educación que Eugenio María de Hostos opone a la educación tradicional en la América Latina se funda en la ciencia. Puesto que esa educación será la revelación progresiva de la verdad y la ciencia es el “conjunto de verdades demostradas y de hipótesis demostrables en que el incesante operar de la razón humana se eleva al conocimiento de las leyes perennes de la materia y del espíritu”. (OC, II,48). Socráticamente, el conocimiento de la verdad conduce al bien: “Afirmación continua como es de un orden universal, porque lo ve en la realidad de la naturaleza física y moral, y no viendo en la realidad otra cosa que la envoltura y la evolución de la verdad, no puede dejar de ver que así como el propósito de la verdad es el orden, así el orden es el propósito del bien.” (OC, XII, 152). Por tanto, la moral es el fin último de la ciencia, así como “el bien es el fin de la verdad.” (Loc. cit.)

El Nuevo Plan de Enseñanza El nuevo plan de enseñanza debe reflejar, por una parte, el orden de las verdades sistematizadas en la ciencia. Hostos admite, francamente, su preferencia por el método comteano o positivista, que le parece mejor que el de los enciclopedistas del siglo XVIII, ya que: “del examen de la clasificación comtista se desciende en no interrumpida serie desde las leyes primeras a las últimas aplicaciones, contemplando a la par el universo físico y el moral, el movimiento de los mundos y de las sociedades, el orden uno, invariable, estable, que relaciona las leyes más abstractas a los hechos más concretos, los fenómenos que parecen más leja-

nos a los que parecen más cercanos de las leyes generales del universo.” (OC, XII, 34). Según Hostos, la educación debe brindar una visión unitaria y sistematizada de la totalidad y esa visión sólo puede ser suministrada por la ciencia, con su arquitectónica de verdades. Pero ¿qué es la verdad? “Se la puede definir de varios modos”, nos contesta: 1, verdad es lo que hay en el fondo de la realidad; 2, es la causa de la realidad; 3, es la razón o explicación de la realidad.” (Tratado de lógica, OC, XIX, 27). Y ¿qué es la realidad? La realidad es “toda cosa, tal cual es, o el conjunto de cosas y objetos con las propiedades, condiciones y caracteres con que se nos presenta a la percepción de los sentidos, o la percepción de la razón”. (Loc. cit.) Hay una naturaleza física, como lo dice en el pasaje que hemos citado sobre el método comteano y además como él la define en el capítulo uno de su Tratado de Moral (OC, XVI, 5-6) y una naturaleza no-física o moral, que es “un vasto conjunto de realidades y fenómenos, tan positivo, tan efectivo y eficaz como el conjunto de realidades y fenómenos físicos que constituyen la naturaleza material. (Loc. cit.) El hombre es un compuesto de ambas naturalezas. “Dualidad perceptible mi naturaleza, distingo en ella de la parte corpórea, palpable, perceptible, por medio de todos mis sentidos, otra parte incorpórea, impalpable, imperceptible para todos mis sentidos. Y me declaro espíritu individual después de haberme declarado un organismo individual. Ese espíritu…es una serie de funciones que corresponden a una serie de necesidades, y como el organismo funciona con sus órganos, el espíritu funciona con sus facultades.” (OC, XII, 57). 2010 17 17 2007-2008


Homenaje a Hostos Nos dice con voz que recuerda a Descartes. En este sentido, no hay diferencia alguna entre el hombre y la mujer: “Hombre o mujer, podemos todos conocer las leyes generales del universo, los caracteres propios de la materia y del espíritu, los fundamentos de la sociabilidad, los principios necesarios de derecho, los motivos, determinaciones y elementos de lo bello, la esencia y la necesidad de lo bueno y de lo justo.” (OC, XII, 14). Y añade: “La razón no tiene sexo, y es la misma facultad con sus mismas operaciones y funciones en el hombre y la mujer.” (OC, XII, 28). Por lo tanto, la mujer es tan educable como el hombre y no hay justificación alguna para seguirla manteniendo en estado de inferioridad. Queda, sin embargo, todavía el magno problema de cómo se va a realizar en concreto el proceso educativo. Este es un problema característico de la ciencia y el arte de la pedagogía. Hostos recomienda seis principios-guías para la enseñanza:

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“Es necesario preestablecer los conocimientos que han de comunicarse, teniendo en cuenta las condiciones naturales de la razón humana, las diversas edades de los educandos, su desarrollo mental y corporal, la clase de conocimientos que este desarrollo permite y la calidad de los que aquéllos hayan recibido.

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Es necesario estudiar y conocer las funciones y actividades de la razón hasta saber si hay en ella un orden a qué atenerse, y del cual no pueda ni deba prescindirse en la enseñanza.

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Es necesario seguir el orden natural de la razón, el orden de su desarrollo, el orden de su operar y funcionar.

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Es necesario seguir un método, no arbitrario, sino concorde con el plan mismo de la naturaleza al disponer que la razón humano perciba los conocimientos, no de pronto, sino siguiendo la aplicación sucesiva de sus varias facultades a los objetos de conocimiento que se le presentan.

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Es necesario, además de seguir el método que la misma naturaleza sigue en su modo de desarrollar la inteligencia, prefijarse un sistema.

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Es necesario desarrollar el método natural de la razón y el sistema bajo el cual se ha concebido ese método natural, en modos, medios o métodos particulares que son y deben ser en realidad los recursos prácticos a que se apele para aplicar el sistema filosófico que se haya concebido y para exponer y explanar el método natural, o lo que tanto vale, el conjunto de medios de que la naturaleza se ha valido para organizar el entendimiento humano y para dirigirlo en busca y adquisición de nociones y conocimientos.“ OC, XVIII, 9-10).

Como puede percibirse fácilmente en lo antes dicho, Hostos postula la existencia de un orden natural, que funciona tanto en el plano físico como en el espiritual. Este orden constituye un sistema de operaciones regulares, con leyes propias, tanto en el universo como en el hombre. La analogía orgánica se hace evidente. Ahora bien, se trata, como dice Hostos en el cuarto principio, de seguir “el plan mismo de la naturaleza”, idea que nos recuerda a Rousseau. Pero Hostos no se reduce a eso. Admite la necesidad de medios auxiliares con su concepto de “sistema” y

Educar es ir revelando en la conciencia del discípulo el orden de la verdad e ir formando esa conciencia en aquel orden.

de modos, medios y métodos particulares (quinto y sexto principios). Por cuanto educar es llevar la conciencia a la comunicación con la verdad y dejar que ésta se forme a la luz de la ciencia, la razón es el vehículo principal de esta tarea. El concepto que Hostos tiene de la razón es también orgánico: “La razón es el organismo de los conocimientos, o lo que es lo mismo, un conjunto de órganos o aparatos de cuya conjunta operación resulta la función de conocer.” (OC, XVIII,17). Ver también OC, XIX, 25). Por lo tanto, como nos dice en el segundo principio, es preciso conocer a fondo las funciones y actividades de la razón, para poder enseñar.

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15 OEGRI SOMNIA (Sueños de enfermo) Eugenio M. de Hostos Sueños de enfermo son. Sueños han sido, sueños serán siempre las ideas que tienen su origen en el fondo de la naturaleza, su primera raíz en alguna cabeza solitaria, su realización en el lejano porvenir. Es bueno que así sea, porque es lógico, y es lógico porque es bueno. No siendo así, violada estaría la unidad de producción en la naturaleza, y en nada se parecería la producción de la tierra a la producción del pensamiento. Mas ser que la idea, la habichuela, nacería, crecería, se desarrollaría, emplearía todo su período vegetal para llegar a perfecta madurez; y la idea, la vida de la vida del ser en quien la vida es procedimiento más lento, más complicado y más penoso, brotaría como un meteoro luminoso, se haría perceptible como un meteoro luminoso, y funcionaría como meteoro luminoso en la obra de construcción y reconstrucción continua. Eso no debió ser, no pudo ser. Una idea fructífera no puede dar fruto en la soledad de un pensamiento. Por innata que aparezca en cuanto el soñador la enuncia, necesita arraigar en varios, en muchos, en todos o casi todos los cerebros de un pueblo, de una raza, de una porción de humanidad, para desarrollarse y fructificas y hacer el género de bien y la cantidad de bien que le sea esencial. Si fuera de otro modo, la obra pecu-

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liar de construcción que, frente a la suya, ha encomendado la naturaleza al hombre, será obra tan deleznable y perecedera como toda grande concepción que no ha sufrido los dolores de la gestación. Babel es un símbolo, y simboliza eso: la grandeza en el designio imaginado y la prematurez en la realización del designio. Llena de Babeles está la historia universal y la individual de los humanos. Bueno y lógico, lógico y bueno ¿a qué, por qué, para qué indignarse y lamentarse de que se considere sueño de hoy la idea que contiene acaso el germen de un mundo de mañana? Si es mañana, ¿para qué ocuparse de mañana desde hoy? Y realmente hay un abismo en esta idea: si todos nos ocupáramos de mañana ¿quién se ocuparía de hoy? Sin duda que entonces sería un poco más benigno. Aristófanes con Sócrates, y algo habría ganado la benevolencia, pero indudablemente viviríamos en las subes. Y tienen razón los que no sueñan: las nubes no son pavimento suficiente para la pisada de los hombres. El hombre debe pisar en tierra firme. La tierra firme de las ideas es el negocio de cada día, el interés de cada día, la pasioncita de cada día, el afanoso ir y venir de cada día tras la montaña inmensa de nonadas que todos los días se acomete y todos los días reaparece tan áspera de subir como fue siempre.

En esa tierra firme qué grandes son los hombres que después quedan reducidos a los pocos pies de una sepultura olvidada o maldecida, y qué pequeños parecen los pobres cabizbajos que llevan por su vía-crucis el peso de una idea fructífera y de una buena intención. A ellos, a los grandes, toque el derecho de decidir en las grandes pequeñeces de la vida y aún en las grandes abominaciones de la Historia. De los pequeños, de los cabizbajos, de los avergonzados de su pequeñez, sea la sorda, la silenciosa, la solitaria, la sospechosa construcción del Ideal. Ser grande, en realidad, no es más que batallar grandemente en lo pequeño. Lo pensó hondamente y lo expresó soberanamente el poeta que a mayores profundidades del espíritu bajó. Ser pequeño, en definitiva, no es más que fabricar pequeñamente en lo grandioso. La Confederación de las Antillas: un propósito racional; una idea humana, un Ideal. Pensar en eso, soñar: vivir para eso, dormir: mortificarse para eso, delirar. Vivos, despiertos, sanos de espíritu y de cuerpo, los que toman las cosas como son, y las aplican a un interés microscópico; los que toman a los hombres por lo que se dan, y los manejan; los que toman el tiempo como es, y lo utilizan. 2010 19


Homenaje a Hostos

Aquí están las Antillas. Tienen ya cerca de cuatro siglos: son en la Historia las tierras más viejas del Nuevo Mundo, y todavía no tienen bases ni condiciones ni siquiera aspecto de sociedades organizadas. Hasta en las semi-libres, por benevolencia de su gobierno metropolitano, hasta en la que es independiente por su esfuerzo, se respira esclavitud. Hasta en las que más espejéa la civilización la imagen exclusivamente reflejada es la barbarie. Unos cuantos ciudadanos efectivos acá, unos cuantos aspirantes a ciudadanos allá y acullá, y una masa inerte de siervos que fueron y de siervos que quisieran ser: esa es la base social. Unos cuantos propietarios de todo entre una muchedumbre de dueños de la nada; unos cuantos productos de riqueza entre una multitud de consumidores de aire; unos cuantos trabajadores en medio de una legión de tendidos en la hamaca o en el suelo o en el lodo: esa la base económica. Delegados codiciosos de una metrópoli avarienta en Puerto Rico y Cuba; gobernantes obligados, en Santo Domingo, a comprar paz; vendedores de anarquía acá, hacedores de guerra allá, manufactureros de conformidad

acullá; opinión poca o ninguna; principios, indecisos o inciertos de su fuerza; doctrinas, las siempre aplazadas o las siempre aprendidas de memoria; tolerancia, en la indiferencia; sentimiento del derecho, en los casos individuales; noción constructora del deber, en las tinieblas del porvenir lejano: esa la base política. Base moral, el olvido omnipresente del deber. Base intelectual, el remedio de las ideas que se forman en distintas longitudes y en sociedades distintas por origen, tradiciones y tendencias. Quizá hace bien el soñador en soñar con el día en que su esfuerzo reduzca esa discordancia a concordancia; pero el despierto hace mejor, ateniéndose al tiempo, a los hombres, a las cosas, declarando irresoluble el problema de concordar este presente confuso con el claro porvenir que hay tras las sombras, y consagrándose en cuerpo y alma a los intereses del momento. Con lo que hay ¿qué se puede hacer más que ir viviendo? Vivir es la ley:

vivamos todos. Si todavía no ha llegado su vez al pueblo que algún día tendrán las Antillas ¿a qué precipitar, a qué esforzarse inútilmente en tratar de precipitar una hora que no ha de llegar, sino cuando se hayan sucedido, uno por uno, y precisamente uno por uno, los sesenta minutos de la hora? Confederación de las Antillas. La idea parece grande porque se expresa entre dos exclamaciones; pero, vista de cerca, con el ojo práctico del positivo, con la tranquila atención del pensador de realidades, la Confederación de las Antillas es el engendro de un dormido. Y, en verdad, mientras los despiertos tengan el derecho de hablar así, diciendo una verdad, los soñadores de la Confederación vamos dormidos. Pero ir dormido, sabiendo que se sueña con un bien que se ha de realizar forzosamente, es despertar desde ahora en los tiempos venideros, y es necesario seguir durmiendo. Tanto más necesario, cuanto que hay despiertos que velan cautelosamente desde antiguo por ir de otro modo, y con designios malos, a donde hay que ir con buen designio; y para impedir que beban en el Yaki, es necesario estar dispuestos a saber confundir las aguas de todos los ríos de las Antillas.

Este trabajo, publicado por Hostos en el Núm. 18 de la Revista Científica, de Santo Domingo, con fecha 25 de septiembre de 1884, fue reproducido por el historiador dominicano Emilio Rodríguez Demorizi, en el Vol. 1, pp.135-138, de su obra Hostos en Santo Domingo, Imprenta J. R. Vda. García Susc., 1939. Tomando en cuenta que ese trabajo no fue incluido en las Obras Completas de Hostos publicadas en 1939, y que, por otra parte, la obra de Rodríguez Demorizi se halla agotada desde hace mucho tiempo y tampoco circuló con profusión en nuestro país, hemos decidido publicarlo en nuestra Revista El Sol. “Oegri somnia” quiere decir: “Sueños de enfermo”.

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Comité del Sesquicentenario del Natalicio de Hostos

HALLAN MANUSCRITO DE HOSTOS QUE ÉL HABIA PERDIDO Un importante documento, en el cual Hostos traza un plan para la enseñanza agrícola en Puerto Rico y que había desaparecido de sus manos, ha sido hallado recientemente entre las piezas manuscritas recogidas en una de las cajas que constituyen la Sección Cautiño de la Sala de Recursos Raros en la Biblioteca de la Universidad de Puerto Rico. Hostos deplora la desaparición del documento, que había sido escrito en el período posterior a la ocupación norteamericana de 1898 y que él consideraba de gran utilidad para completar el mensaje que los Comisionados de Puerto Rico en Washington dirigen al Presidente de los Estados Unidos, William McKinley, en enero de 1899. 16 El mensaje al Presidente McKinley incluía la petición de derechos y de gobierno civil así como concesiones económicas, otras reformas y establecimientos de enseñanza. Cuando Hostos hace referencia a la enseñanza

agrícola lamenta la desaparición de su escrito y dice lo siguiente: “No me atrevo a enumerar los establecimientos de enseñanza agrícola que se recomendó, ni los lugares de nuestra Isla que a ese fin se designaron, porque uno de los Comisionados quedó en guarda del manuscrito; pero puedo indicar que la enseñanza de la industria agrícola sería completa en Puerto Rico, si se adoptara el plan que en ese manuscrito se trazaba, y que la región de los dos grandes cultivos del país y aquella zona de cultivos alimenticios que la naturaleza ha designado por sí misma, así como la circunscripción que parece destinada a la aclimatación y apropiación de vegetales exóticos de la zona templada y a cultivos alimenticios y suntuarios de otros climas, se tuvieron bien presentes.”17

a través del Lcdo. Carmelo Delgado Cintrón, profesor de Derecho y director de la Biblioteca de Leyes de la Universidad de Puerto Rico.

La oficina del Editor-Jefe, profesor Julio César López, a cargo de la nueva edición crítica de las Obras Completas de Eugenio María de Hostos, recibió la primera noticia de este singular hallazgo

A continuación el documento, publicado con anotaciones por la Junta Editora del Boletín Bayoán:

Las profesoras Vivian Quiles y Carmen Puigdollers, investigadoras adscritas a la oficina del Editor-Jefe, se entrevistaron con la Dra. María Faunce, a cargo de la Sala de Recursos Raros y lograron acceso y autorización para la transcripción correspondiente de la pieza manuscrita. En este escrito, Hostos utilizó la i latina en lugar de la y griega, así como la j en vez de la g. Al transcribir este documento, hemos utilizado corchetes para completar palabras, según lo requiere, a nuestro juicio, el desarrollo lógico del texto.

16

La Comisión de Puerto Rico en Washington estaba constituida por el Dr. Julio J. Henna, Dr. Manuel Zeno Gandía y el Sr. Eugenio María de Hostos. El doctor Henna fue el portavoz de la Comisión en la entrevista efectuada el 21 de enero de 1899. (Véase Diario II. pp.355-358, Obras Completas. Vol. II. Año 1939). William McKinley fue Presidente de los Estados Unidos durante el período de 1897 a 1901. 17

Véase Madre Isla, pp. 93-94, Obras Completas, Vol. 5, Año 1939.

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Homenaje a Hostos

“Los Comisionados de Puerto Rico piden: El establecimiento de 3 escuelas de Agricultura i de un campo de experimentación agronómica. Las 3 escuelas han de funcionar: una en Arecibo, en donde principalmente se consagrará al estudio de la caña de azúcar i de las plantas sacarinas, ya indíjenas, ya exóticas; una en Adjuntas, que se consagrará principalmente al estudio de todos los cultivos del cafeto i de todas aquellas plantas que están relacionadas con esos cultivos; una en Barranquitas, que se dedicará principalmente a los cultivos del tabaco. Un campo de experimentación en Lares, que tendrá por principal objeto el estudio de las plantas de clima templado que puedan aclimatarse en P[uerto] Rico; el estudio comparado de las plantas alimenticias que contengan más organógenos que más [sic] prontamente puedan contribuir al restablecimiento de las fuerzas vitales i que más accesibles puedan hacerse a la población rural de la Isla. Un establo modelo entre Aibonito i Cayey, con todos los aparejos, útiles, adelantos i territorio que se necesiten para la enseñanza particular de la crianza de ganado, y para la enseñanza general de la economía rural en todas sus ramas. Una escuela de tecnología, cultivo, aprovechamiento i mercantilización de las plantas textiles de la Isla. Esta escuela funcionará entre San Jermán i Cabo Rojo. Un jardín botánico experimental para el estudio de la botánica, así en cuanto a ciencia positiva, cuanto como ciencia de aplicación. Este jardín y la Escuela de Botánica que debe completarlo se establecerá entre Maricao i Las Marías. Los Comisionados de Puerto Rico no harían ésta ni otra alguna petición relacionada con la enseñanza pública porque saben que ella es atribución i deber de los ciudadanos i de los municipios i que el Gobierno federal no tiene más deber, con respecto a la cultura pública, que el impuesto por el párrafo 8, sección 8, Art. 1 de la Constitución federal; pero sabemos que esta necesidad de la enseñanza de las ciencias i artes de las plantas, los cultivos y la economía rural, es importantísima i no se satisfará a menos que el presidente resuelva que se haga.”

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Julio César López19

HOSTOS: SUS OBRAS COMPLETAS

¿Por qué es necesaria, ahora cuando preparamos la celebración del Sesquicentenario del natalicio de Eugenio María de Hostos, una nueva edición de sus Obras Completas? ¿Por qué queremos que ésta sea también una edición crítica? Estas preguntas suponen una revisión de las Obras publicadas en el año 1939. Fue el año conmemorativo del Centenario del natalicio del Maestro. Todo puertorriqueño, animado por un profundo sentimiento de justicia, de gratitud y de patriotismo, seguirá admirando el esfuerzo realizado por los compiladores de textos hostosianos para constituir el significativo aporte de esa colección de obras en el 1939. Pero la misma lealtad a la memoria del prócer impone la necesidad de mejorar ese legado. Creemos que ello facilitaría la difusión de sus escritos y enaltecería su imagen de patriota y sabio. ¿Qué panorama muestra, desde el punto de vista editorial, aquella Colección de veinte volúmenes (fue agregado otro en el 1954) con los escritos de Hostos que fue posible reunir hasta ese momento? Marquemos el tiempo transcurrido desde aquella fecha: 47 años. Hubo una tregua: una edición facsimilar en el 1969. Sin modificaciones sustanciales en los criterios de clasificación. Sin anotaciones. También descarnada de otros índices que 19

abrieran caminos al lector, al estudioso. Con brevísimo prólogo y la inserción de una pequeña pieza interpretativa, con carácter muy específico, de Concha Meléndez. ¡Cuánta resonancia perderían los escritos hostosianos durante ese largo silencio editorial! Consideremos, también, otros aspectos. No consignamos aquí todas las facetas cuestionables, registradas ya para un informe oficial, de fundamentación y contenido de un nuevo proyecto editorial. El espacio disponible impone supresiones. Pero digamos lo siguiente: esa primera edición carece de una Introducción General. Sólo dos volúmenes tienen Índice de Nombres de Personas. Ningún volumen tiene Índice de Títulos ni de Materias. Hay cinco volúmenes que no tienen ninguna nota al calce; entre los otros, sólo hay uno que tiene 87. Entre los demás, ninguno llega a veinte anotaciones. En tres volúmenes, las pocas anotaciones se refieren principalmente al origen del escrito incluido, no a su contenido. Agreguemos que ningún volumen de la Colección de marras tiene un estudio preliminar; ni siquiera las obras con los textos hostosianos de mayor rigor intelectual como los tratados y los ensayos didácticos. Los compiladores no indican tampoco el criterio que adoptaron para distribuir los escri-

tos o para asignar el título de los volúmenes constituidos por colaboraciones de Hostos en publicaciones periódicas. También resalta la ambigüedad de varios títulos; su connotación permitiría moverlos hacia otras piezas de la Colección. En ojeada colectiva e inmediata, los mismos caracteres gráficos, representados en los títulos, no reflejan con toda fidelidad el polifacetismo de la obra hostosiana. ¡No hay tampoco Fe de Erratas en ningún volumen! No obstante, la fragmentación de estos apuntes, ¿no mueven ellos hacia el reclamo de una nueva edición que no habrá de llamarse “crítica” porque pretenda censurar a Hostos o lesionar la solvencia intelectual de sus escritos, sino porque aspira a presentarlo, mediante un sistema de recursos aclaratorios, con las mayores posibilidades de estudio, de respecto y de aprecio? Hacia el cumplimiento de esos objetivos, rinde tarea diaria en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, un grupo de investigadores que, con el espaldarazo conjunto de la Presidencia, la Rectoría y el Comité Hostos, prepara la nueva edición de las Obras Completas del prócer puertorriqueño. Está, pues, en marcha este proyecto cuyo contenido específico será objeto de una reseña próxima.

El profesor Julio César López fue el Editor en Jefe de las Obras Completas de Eugenio María de Hostos en ocasión del Sesquicentenario del nacimiento del prócer

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Homenaje a Hostos

Arce de Vázquez, Margot y Mariana Robles de Cardona. “Eugenio María de Hostos, 1839-1903”. En: Lecturas puertorriqueñas. Prosa. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1967, pp. 23-24. Astol, Eugenio. “Eugenio María de Hostos (biografía)”. En: El libro de Puerto Rico. San Juan de Puerto Rico: El Libro Azul Publishing Co., 1923, pp. 992-997. Bosch, Juan. Hostos, el sembrador. La Habana: Editorial Trópico, 1939 [2ª ed. Río Piedras: Ediciones Huracán, 1976], 208 pp.

MAYORES

& MENORES BIOGRAFÍAS DE HOSTOS Comité del Sesquicentenario del Natalicio de Hostos

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Convocatoria 2011

Revista El Sol La Revista El Sol interesa ser un medio de comunicación, diálogo y divulgación de la más reciente investigación, tanto la que surge de las universidades, como la que surge de la investigación en la acción en el salón de clases. Cada Revista tiene un tema. El mismo se trata desde dos perspectivas: la teórica y la de experiencias ilustrativas. Invitamos a los profesoares universitarios, maestros y otro personal del sistema educativo a presentar sus colaboraciones de acuerdo a la Política Editorial que se incluye en la Revista. A continuación se presentan los temas de los números de la Revista correspondientes al año 2011, así como las fechas límites para recibir las colaboraciones. La revista de enero de 2011 será una reimpresión de la Revista publicada en los años setenta dedicada a Hostos. La revista de junio de 2011 se dedicará al tema Apoyo de la tecnología a la enseñanza. Entre otras perspectivas del apoyo de la tecnología, se interesa discutir en ese número el tema de la educación a distancia. La tecnología electrónica -la calculadora y la computadora- ofrecen un recurso para el aprendizaje y la enseñanza. Apoyan el desarrollo de representaciones gráficas de los conceptos, la búsqueda y el intercambio de información. También respaldan la diversificación de la enseñanza. La educación a distancia, a su vez, permite el acceso de recursos a áreas que no tienen la oportunidad de tenerlos a la mano. Las contribuciones para este número se recibirán en o antes del 15 de abril de 2011. La revista de septiembre de 2011 se dedicará a presentar, comparar y analizar sistemas educativos de diversos países. ¿Qué podemos aprender de estos sistemas? A partir del estudio de estos sistemas, ¿qué sugerencias podemos hacer para mejorar el nuestro? Las contribuciones para este número se recibirán en o antes del 15 de julio de 2011. La edición de diciembre de 2011 tratará sobre las aportaciones de las universidades al sistema educativo. ¿Qué aportaciones se han dado? ¿Cuáles deberían darse? ¿Qué tareas deben asumir las universidades para mejorar nuestras escuelas? Las contribuciones para este número se recibirán en o antes del 15 de octubre de 2011.

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Num 1 2011 hostos  

Reimpresión y actualización de la Edición dedicada al prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos de la Revista El Sol de la Asociación de...

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Reimpresión y actualización de la Edición dedicada al prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos de la Revista El Sol de la Asociación de...

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