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Alumno . María Fernández . C.I. 14.591.966 . Filosofía del derecho Saia A . Prof: Diana Herrera


Controversia A lo largo de la historia filosófica, el Ius Naturalismo y el ius positivismo ha ido cambiando con los años su concepto, unos ciertos y otros no tan ciertos, que al mismo tiempo ha sido utilizado y practicado por muchos autores reconocidos en la vida filosófica. Pero lo que sí es cierto, quien plasma el Ius positivismo es Augusto Comte y Stuart Mill, lo cual ellos opinaban que: “…El Ius Positivismo es una corriente filosófica que se encarga de un estudio de manera general acerca del derecho positivo, que al mismo tiempo, es emanado por la autoridad, y es así como es tomada como corriente monista, es decir, que no acepta ninguna clasificación sobre dos derechos. Solo existe el derecho positivo y nada más…”. Por el contrario del Ius naturalismo, en el cual, el muy reconocido filosofo y medico John Locke, en una entrevista realizada en la ciudad de Los Ángeles – Estados Unidos, respondió muy claramente a lo que es su opinión acerca del Ius Naturalismo: “…El sistema filosófico que consiste en atribuir todas las cosas a la naturaleza como inicio o principio, y que al mismo tiempo es considerada como la doctrina del Derecho Natural desde el punto de vista no positivista, es una escuela de pensamientos para la que, existe un derecho superior (Derecho

Natural).

Compuesto

por

un

conjunto de valores que actúan como inspiración de sus contenidos y como guía

de

la

actuación

y

decisiones de los agentes del derecho, es La autentica esencia

o

naturaleza

del

derecho se oculta tras la realidad humana…”


Opinión

En mi opinión personal el Ius Naturalismo y el Ius Positivismo son dos derecho muy diferentes pero que van de la mano, porque bien aunque uno lo impone la naturaleza por decirlo de alguna manera el hombre debe también acatar la norma o leyes de ella para poder subsistir e implementar

mecanismos

conjuntamente

con

ella

que para

trabajen regular

las

conductas de los hombres y tener un buen aprovechamiento

de

los

distintos

espacios

terrestres, es decir, aplicando normas que beneficien tanto al hombre como a la naturaleza para su mutuo beneficio valga la redundancia.

Escritor: María Fernández


El gran Hugo Grocio fue un Jurista y diplomático holandés, hombre de una cultura universal y, después de Erasmo, el representante más típico de la gran tradición humanística de los Países Bajos, fue discípulo de G. G. Scaligero, Junius y P. du Moulin, y estudió letras, filosofía, jurisprudencia y teología en Leyden. Extremadamente precoz, a los ocho años componía ya versos latinos, a los quince acompañó a Olden Barneveldt a la corte parisiense de Enrique IV y a los dieciséis publicó obras de filología griega y latina y pronunció

su

primer

discurso

en

el

tribunal de La Haya. La carrera jurídica de este gran pensador fue rápida, pero se vio muy pronto interrumpida en su patria. En 1598 llegó a abogado en La Haya, en 1607 a fiscal general de Holanda y en 1613 a consejero pensionado de Rotterdam; sin embargo, sus convicciones liberales y armoniacas le llevaron a oponerse tanto a la ortodoxia calvinista como a la casa de Orange, y así, arrastrado por la caída de Olden

Barneveldt,

fue

condenado

a

cadena perpetua en 1619, cautiverio del que logró escapar al cabo de dos años, gracias a la valerosa ayuda de su mujer.


El Palacio del Louvre

La gran fama de Hugo Grocio le valió una buena acogida en el extranjero. En Francia, donde permaneció hasta la muerte de Mauricio de Orange, recibió de Luis XIII una pensión. Vuelto a Rotterdam (1631), fue expulsado nuevamente el año siguiente, y, tras una breve estancia en Hamburgo, se vio acogido en Estocolmo por la reina Cristina de Suecia, que le nombró embajador en Francia (1635-44). Pedida la relevación del cargo, regresó al territorio sueco, pero una tempestad desatada en el Báltico lo forzó a desembarcar en las cercanías

de

Danzig;

desde

allí

se

hizo

trasladar, enfermo, a Rostock, donde falleció. Grocio expuso la teoría de un derecho natural

puramente

secular,

basado

en

la

doctrina de los estóicos y libre de la autoridad eclesiástica. Consiguió así separar la ley natural de sus bases teológica y cristiana, tal como se había comprendido en la Edad Media. Solo así pudo situar al derecho al margen de los

Foto antigua de la Ciudad de Holanda

conflictos imperantes en materia de religión. Grocio retornó a la base común y racional de

Hugo Grocio dejó una labor original en

todo el derecho, la que fue generalmente

todos los ámbitos de su actividad: en el campo

reconocida

cuando

jurídico aparece como uno de los primeros

redescubrieron a los estóicos. Sobre esa visión

teóricos modernos del derecho natural y uno de

de conjunto fundó su tratamiento del derecho

los creadores del derecho de gentes; en teología,

internacional, entendiéndolo y formulándolo

con el texto apologético De veritate religionis

como

christianae (1627),

aquel

por

al

los

cual

sujetarse por la razón.

humanistas

los

soberanos

deben


Inaugura la investigación de

los

comunes

elementos a

todos

racionales los

cultos

históricos, de la cual surgiría durante el siglo siguiente la "religión natural"; en la exégesis (Adnotationes

ad

Vetus

et

Novum Testamentum) anticipa los métodos de la comparación filológica

(de

acuerdo

con

Scaligero) y de la crítica bíblica moderna;

como

historiador

compuso los Annales et historiae de

rebus

Belgicis e Historia

Gothorum, Vandalorum Es así como el derecho natural para Grocio no es ninguna convención, sino el origen de todas las convenciones.

Determina el derecho natural por los caracteres de su inmutabilidad y consenso de todos los pueblos. El El derecho natural para el consiste en ciertos principios de la razón recta que nos hace conocer

que

una

acción

es

moralmente honrada, según la congruencia o desacuerdo que tenga

con

razonable Grocio

una y

esta

naturaleza

sociable”. parte

de

Para la

distinción del derecho natural y positivo entre los antiguos.

derecho positivo lo señala como arbitrario, condicionado por el establecimiento de la voluntad. El derecho humano arbitrario nace, de un círculo estrecho, de la voluntad del padre o del señor, en un círculo más amplio, de la autoridad civil, y en el más amplio de todos, de la voluntad común, es decir, del convenio internacional de varias naciones. Por eso el derecho que va más allá del derecho natural descansa en el convenio, y éste recibe su fuerza obligatoria del derecho natural. El derecho positivo, las instituciones, se fundan en situaciones independientes de la voluntad de los hombres. Toda la jurisprudencia contiene preceptos o principios últimos inmutables, los mismos en todos los pueblos y fundamos en la naturaleza de las cosas"


Fue así como Grocio completó el concepto de soberanía interna con el de la soberanía externa. El gobierno y la legislación dentro de cada estado es soberanía interna, la externa consiste en las relaciones entre los estados. El mundo es una sociedad de estados soberanos, y solo los países soberanos merecen la denominación de estados.

Así mismo Grocio afirmo que si bien no existe en el mundo un poder superior sobre todos los estados, cada uno ha de seguir determinadas reglas jurídicas en las relaciones con los demás, y que tales reglas no son otras que los principios del derecho natural; y aconsejaba además que los estados deben atenerse a los tratados que en cada caso particular hayan acordado; todo con el fin de garantizar cierto orden armonioso entre aquellos. El derecho internacional público viene así a poner orden en el caos de los estados soberanos, ya que éstos regulan sus relaciones por medio de los tratados, y por el recíproco reconocimiento de su soberanía. Y en cuanto a la guerra,

los

estados

deben

respetar

las

limitaciones que impone el derecho, y es aquí donde

Grocio

formuló

ciertas

reglas

fundamentales de derecho de gentes que hoy todavía rigen, y que en tiempos recientes han sido acogidos en convenciones tales como las de Ginebra y La Haya


El

tratado

de

Grocio, Del

Derecho de la Guerra y de la Paz, es sumamente extenso, por lo cual, en primer lugar, nos limitaremos a trasladar el esquema que el propio autor hace de su obra; y luego, a exponer algunos de sus principios filosóficos relativos a la guerra. Grocio en los “Prolegómenos” de su obra dice: “Pues en el primer libro examinamos la cuestión general del origen del derecho; si hay alguna guerra justa; después, para conocer la diferencia de la guerra

pública

privada, que mismo

hemos

explicar de

y

la

la

tenido

el

valor

autoridad

suprema, qué pueblos la tienen, qué reyes completa, cuáles en parte, cuáles con el derecho de enajenar, cuáles la tienen de otra manera; después hubo de tratar sobre los deberes de los súbditos, para con los superiores”. Después, continúa así: “El libro segundo, ya que, tomo a su carga exponer todas las causas, por las que se puede originar la guerra, desenvuelve largamente, qué cosas sean comunes, cuáles propias, qué derechos poseen unas personas sobre las otras, qué obligación nazca del dominio, cuál sea la norma de la asociación de reyes, qué produce el pacto o el contrato, qué fuerza e interpretación tienen las alianzas, cuál el juramento ya privado ya público, que se debe por el daño causado, cuál he de ser la honradez de los legados, cuál el derecho de enterrar a los muertos y cuál es la naturaleza de las penas.” Y, con respecto a la siguiente parte dice: “El tercer libro, que tiene por objeto propio y peculiar, lo que es lícito en la guerra, después de distinguir lo que se practica impunemente, o también lo que pueblos extraños se da por lícito, de lo que carece de falta, viene a las clases de paz y a todos los convenios”


Grocio expresaba en su libro

Sobre los derechos que se posee: “Las cosas que son necesarias al fin del derecho, tenemos derecho a ellas”, porque derecho “significa la facultad de obrar con sólo el respeto de la sociedad”. Así, se tiene derecho a defenderse del que nos ataca; a invadir temporalmente la propiedad ajena que significa un peligro para nosotros; y a arrebatar a otro lo que sea de mi propiedad y lo haya tomado.

Acerca

del

derecho

a

defenderse de nuestros atacantes y de sus cómplices: “Nuestro derecho (a defendernos) no se ha de considerar por sólo el principio de la guerra, sino también por las causas subsiguientes…”. Así, es lícito defenderse de los que se unen a otro para atacarnos y por su propia voluntad. Y los que se “mezclan en guerra injusta, se obligan a resarcir los daños y gastos, porque hacen daño culpablemente.

Sobre los derechos que devienen de nuestros actos de resarcimiento: “Al derecho de obrar siguen muchas cosas indirectamente y fuera del propósito del agente, a lo cual de suyo no habría derecho”. Pero, añade Grocio, “para conseguir lo nuestro, si no puede tomarse exactamente cuánto se nos debe, tenemos derecho a tomar más, pero con la obligación de restituir aquello en que nos hemos excedido”. Con respecto a los combatientes y sus colaboradores, advierte que es lícito luchar contra aquellos que proporcionan cosas necesarias para el daño, como sucede con las armas, pero sólo por mucha necesidad contra aquellos que proporcionan al enemigo “cosas que sirven para el placer”, y otras como “el dinero, los víveres, las naves…”


Referencia Bibliogrรกfica

http://conceptodefinicion.de/filosofia/ https://blogs.herdereditorial.com/filco/ http://erevistas.saber.ula.ve/filosofia http://filosofiaeducacion.org/actas/index.php/act/article/view/90 http://www.ucv.ve/filosofia http://du.ucab.edu.ve/filosofia.php https://www.uma.edu.ve/detalle/151/filosofia

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Revista (1)  

Revista de la cátedra filosofía del Derecho de la Universidad Fermín Toro......................................................................

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