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1ra Ediciรณn/Bogotรก-Colombia/Abril de 2013

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Narrativas grรกficas


10/66 Narrativas gráficas

Editora Jefe

Paula Marulanda

Jefe de redacción Alejandra Algorta Equipo redacción: María Camila Manrique Alexa Cañón Iriarte Dirección de arte Andrea Velasco Alejandra Pérez Fleming Directora de fotografía Equipo de fotografía: Catalina Moreno Correa

Diana Arias

Jefe de producción Johana Ulloa Equipo de producción: Ayarith Barros Valderrama Jefe de publicidad

María Camila Lazcano


Índice página 5 Carta del editor página 6 Cartografía del dolor: entre el animal que sufre y el animal que mira. página 11 El drama de los comiqueros: cuál es la situación de los comiqueros en Bogotá. página 15 No pregunte de dónde venimos, basta con saber que acá estamos

17 Septiembre de 1918 página

18 La masacre es fiesta página

25 Soñadores página

página 26 Confidencias de un senderista página 32 Mapiripán, la tierra sin memoria


Carta del editor Uno de los retos más grandes que enfrentan los medios de comunicación hoy en día es encontrar la manera de innovar. No me refiero aquí a la utilización de nuevas tecnologías, pues en lo técnico no está el verdadero meollo del asunto, se trata más bien de explorar otros lenguajes que permitan abordar temas comunes desde una perspectiva diferente. Esta vez, la ausencia de una publicación de literatura gráfica en Colombia nos ha permitido encontrar el espacio propio para innovar. En pleno siglo XXI hemos decidido retomar expresiones artísticas originadas dos siglos atrás para informar y entretener de una forma diferente. En 10-66 tiras cómicas, cómics y novelas gráficas, dejarán de habitar el lugar marginal al que han sido despojados en nuestro país, y constituirán el corazón de sus ediciones. Hoy inauguramos 10-66 con una edición que trata el tema de la masacre. En Colombia, padecemos de una amnesia violenta respecto a las masacres que han marcado la historia de nuestro continente. Es inevitable señalar que los medios de comunicación están siendo catalizadores de tal enfermedad, en vez de actuar como médicos de la misma. Somos conscientes de nuestro papel en la construcción de memoria y nos inquieta profundamente la búsqueda de una identidad latinoamericana; por eso hemos querido indagar en aquel tema con un lente distinto, que creemos tiene el poder de generar un impacto mayor y curar -al menos a unos cuantos- de esa gravedad. Si quiere saber más acerca del motivo que nos llevó a escoger Latinoamérica como escenario de la masacre, puede leer el artículo titulado “Por qué Latinoamérica” en las páginas interiores de éste número. Cuando estaba en el bus hace unos días, se subió un campesino de 60 años a contar la tragedia de su vida, ocasionada por el conflicto armado en un pueblo que llamaba Mapiripán. Las palabras de este señor me produjeron escalofríos. Un conflicto que aún arde, cuando ya debía haber llegado a su fin 15 años atrás con la Masacre de Mapiripán. Olvido e inconsciencia. Con una crónica sobre este hecho infame, en la que le damos la voz a quienes lo vivieron en carne propia, esperamos revivir esta masacre y que por fin quede guardada en sus memorias. Pero como no es la única gran mascare que ha sucedido en nuestro país, encontrará una novela gráfica basada en una investigación sobre la Masacre de El Salado, que ocurrió tan solo tres años después de la de Mapiripán y en la que los actores fueron individuos del mismo grupo. Para ir más allá de nuestros límites territoriales viajamos al Perú de la década de los 80 del siglo XX a través del cómic “Confidencias de un Senderista”. El testimonio de un exmiembro del Sendero Luminoso, ilustra uno de los terribles “juicios populares” hechos por el grupo terrorista. Por otro lado, teniendo en cuenta que queremos impulsar la literatura gráfica, hemos decidido publicar en este número una entrevista con un comiquero. Darle un vistazo le abrirá las puertas a este mundo, y si ya tiene conocimiento de este tipo de lenguaje, seguro le parecerá muy interesante. Lo demás serán sorpresas para usted. Antes de terminar, quiero agradecer enormemente a los autores que se han identificado con el tema de nuestra revista, y en especial de esta edición, y nos han compartido contenidos de gran valor. Esperamos sigan interesados en las próximas ediciones. Paula Marulanda

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ARTÍCULO

Cartografía del dolor Por: Javier Moscoso (Fragmento de la Historia Cultural del Dolor) Adaptación: Alejandra Algorta

Entre el animal que sufre y el animal que mira 6


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“Ven y

como en el

En el drama del dolor, el espectador tiene también un papel, y no pequeño. Aun cuando asumimos la imposibilidad de compartir experiencias sensoriales, no hay escena de padecimiento que nos resulte indiferente. Por el contrario, solo a través de sensaciones interpuestas podemos reaccionar ante la brutalidad y la barbarie. Los sentimientos de compasión, de impotencia, de indignación, de vergüenza o de obscenidad que acompañan al dolor de otros provienen siempre de emociones presentidas. En la base de la mirada humanitaria y de la conciencia filantrópica, la simpatía hacia el sufrimiento ajeno configura nuestra experiencia del daño La filosofía, tan proclive a cuestionar la veracidad de los testimonios ajenos, tiende a olvidar con frecuencia que esta armonía de la sensibilidad mutua no requiere demostración alguna. Las prácticas imitativas y los artificios visuales pueden modular nuestras experiencias sensoriales o nuestros modelos expresivos; la narratividad, la objetividad, la conciencia, el testimonio, la cronicidad —los esquemas argumentativos utilizados para dotar de significación colectiva al sufrimiento físico o al padecimiento emocional— pueden no estar siempre presentes, pero la simpatía es siempre obligatoria. Cualquiera que sea su naturaleza o la manera en la que se manifieste, no hay forma humana de enfrentarse a la experiencia del daño que no sea a través de la mirada del espectador. La reacción valorativa de los testigos de la tragedia puede ser muy diferente, pero no hay sufrimiento que no suponga una estimación social y, por extensión, una forma de expresión ligada a pautas y expectativas culturales. La implicación más obvia de esta circunstancia observacional, por la que la víctima no solo siente dolor, sino que también se siente observada, es que obliga a concluir que allí donde no hay observador, el dolor no puede considerarse humano. La simpatía mutua sentará las bases de la moderna filantropía y de la beneficencia, pero también de nuestra experiencia estética y de nuestra teoría política. La historia cultural, incluyendo la historia de la literatura o del arte, pero también de la medicina y de las ciencias, de la estética y de la filosofía moral, ha explorado los elementos pasionales y afectivos de las formas colectivas de la tragedia. En todos los casos, los estudios parten de la constatación empírica de que las desgracias y los peligros del mundo no afectan a todos los seres en el mismo momento ni en la misma proporción. Puesto que el dolor, como la riqueza o la propiedad, no está distribuido de manera homogénea, la Ilustración promovió no solo una lógica del gusto que permitiera poner orden en el laberinto de las preferencias personales, sino un pacto emocional entre personas con sensibilidades variables y afectos distintos. Los cimientos de este acuerdo se asentaban en la disposición fisiológica propia de los tejidos orgánicos. Al contrario de lo que pudiera parecer, el humanitarismo nunca descansó inicialmente en los sentimientos morales, sino en la fisiolo

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mira” CIRCO.

gía de las fibras sensibles. En su forma más simple e idealizada, ya sea en las prácticas punitivas, en el escenario político, en la teoría estética o en el discurso moral, la experiencia del daño se consti tuyó sobre una asimetría entre el que sufre y el que mira. En eso estuvo de acuerdo todo el mundo. Tanto para Rousseau —que concibió la piedad como un instinto anterior a toda reflexión y a toda filosofía— como para David Hume —que definió la filantropía (fellow-feeling) como la impresión que causa en nuestro cuerpo la presencia del sufrimiento ajeno—, el mundo se dividía, idealmente al menos, entre el animal que sufre y el animal que mira. En eso no hemos cambiado nada. Antes como ahora, nuestra comprensión del daño se construye sobre esa cruda cartografía de la miseria que divide a la Humanidad entre los consumidores de dolor y aquellos a quienes el dolor consume. El observador no experimenta el daño de acuerdo con la lógica del parecido, sino del espectáculo. Tampoco se enfrenta a una forma universal de padecimiento, sino a un acontecimiento particular que ni le afecta ni le concierne de manera inmediata. Bien sea a través de algún medio tecnológico que abra una distancia física, o porque el infortunio se produzca en condiciones ajenas a su propia situación emocional, la desgracia no le concierne. Antes incluso de saber si puede contribuir de algún modo a ponerle remedio, se posiciona en un espacio intermedio que le permite ver sin ser visto y juzgar sin ser juzgado. Su cometido no es solo observar y consentir, sino también opinar y discernir. El espectáculo reclama su atención al grito de «ven y mira», como en el circo. La denuncia o la reparación que siguen a la contemplación de la desgracia se construyen, inicialmente, sobre la lógica de la obscenidad. Este trasiego por el que las sensaciones inmediatas de los unos se relacionan con las sensaciones mediadas de los otros no permite establecer diferencias entre emociones y juicios. Más aún, puesto que sentir es también juzgar, la frontera entre la realidad y la ficción se torna difusa. Por un lado, podemos simpatizar con seres imaginarios. Por el otro, podemos ignorar el sufrimiento de víctimas reales al amparo de sus cualidades escénicas. El dolor real nos puede parecer ficticio y el sufrimiento ficticio nos puede parece real. Mucho sabemos en el siglo xxi de la forma teatralizada en la que se informa o se disfruta la tragedia. La experiencia contemporánea del daño se construye sobre este trasiego imaginario de observadores y observados que entran y salen de sus propios cuerpos, derramando lágrimas reales por la muerte de seres imaginarios o, al contrario, confundiendo de manera interesada la vida con el teatro. ***

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ENTREVISTA

El drama de los

comiqueros Por: Jessica Guapacho Díaz

Cuando se acerca el vigésimo cumpleaños de la ley 98 de 1993, mejor conocida como ley del libro, se reabre la discusión sobre sus efectos nefastos para el desarrollo del comic en el país. El editor y guionista Pablo Guerra, el dibujante Champe, creador de cómics en línea, y el publicista Elmo hablan sobre el cómic y de las barreras que han encontrado al tratar de ingresar a la industria editorial colombiana.

JG: ¿En qué consiste el proyecto de Globoscopio? PG: Empezó hace un año largo con la idea de tener un espacio común para los protestos de cada uno y para contar con un lugar centralizado donde la gente pudiera encontrar una buena cantidad de proyectos. El grupo ha ido cambiando, pero en un buen impulso fue haber conseguido la publicación de los periódicos en El Espectador. Este proyecto no se planteó con la idea de sacar x o y cantidad de cómics al mes, sino de juntarnos y seguir el proceso individual para divulgar la producción de cada autor. Yo quisiera que fuéramos una fuente constante de historietas, que generará sus propios públicos, que la página pudiera ofrecer una regularidad de dos veces a la semana para ir viendo qué publico hay. JG: ¿Se les ha facilitado encontrar nuevos lectores? PG: Sí, definitivamente, porque el momento para que haya más interés; era muy difícil encontrar cómics que no fueran de superhéroes o cosas que la gente ya conocía, pero ahora llega material nuevo, o al menos desconocido en Colombia.

J.G: ¿Qué es cómic? Pablo Guerra: es un lenguaje gráfico para contar historias, se encuentra en distintos medios con diferentes formatos editoriales: hay tiras, hay revistas, hay web cómic, hay historias cortas, etc. Lo importante es que sean historias contadas con una secuencia de imágenes que, en algunos casos, pueden llevar textos. Me parece importante diferenciar que un dibujo fisionómico de un personaje que no tiene una intención de contar una historia no es cómic, es una caricatura política. Champe (C): En este momento nos conciernen dos tipos de arte: uno es el arte estático --- y el otro es el arte secuencial, donde tenemos, por ejemplo. Una ilustración en secuencia que se convertirá en el dibujo animado o la yuxtaposición de imágenes que es el caso del cómic: una imagen no te está reemplazando otra. Por ejemplo, el manda es un estilo gráfico diferente, pero no quieta que sea cómic.

J.G: ¿Qué es el cómic en línea? C: Cómic en línea, como página, como comunidad, nació por azar. Nos sentamos y dijimos: “ Tenemos un producto para mostrar, ¿Cómo hacemos para llegar a la gente?” y la respuesta fue “internet”: pero en el proceso nos pareció una bobada pagar un dominio e invertir en publicidad… entonces comenzamos a emular fórmulas ¿Qué le sirvió a Wikipedia, Facebook, Youtube…? La retroalimentación y los productos generados por usuarios, una enciclopedia que maneja la misma comunidad virtual… Todo eso lo cogimos, lo metimos en una licuadora y le pusimos el título “cómic”. Así nació la única red social de habla hispana. La parte editorial nació después, cuando vimos que teníamos el múscilo artístico ahí quietico, y empezamos a movernos como editorial.

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JG: ¿Cuáles son los mayores problemas que enfrenta un proyecto de cómic? PG: Todavía depende mucho de la cultura: el acercamiento al libro aquí es misterioso y reverencial: los cómics desarrollan una relación más cotidiana donde te los metes en el bolsillo y te los llevas; en principio, puede ser mucho más creativo lo que quieres hacer con ese contenido y esa es la capacidad que tiene el cómic para la transformación del libro en Colombia. Hablamos de una relación con la lectura más directa. JG: ¿Cuáles son las trabas que les pone la industria editorial? E: Empieza sobre todo cuando el artista decide que quiere vivir de su trabajo. En Colombia la cantidad de artistas es enorme y con una calidad excelente, pero todos están padeciendo de lo mismo. El hambre. ¿Por qué? Porque al artista no se le paga. “Ah, que yo hice unos muñequitos muy bonitos”… “ Venga, ¿ por qué no me hace uno? ¿Cuánto vale?”… “$300.000…”. ¡Qué! Le doy $10.000”. Y acá hay editoriales que explotan a los artistas, y se puede llegar al límite de que una editorial le tome el pelo porque es que “nosotros pagamos 90 al día”, entonces es una persona que no puede durar 90 días sin comer, sin coger bus, sin pagar luz o internet. JG: ¿Qué opinan de la ley del libro? PG: Una ley puede jerarquizar los contenidos y decir “esto va a estar excluido porque tiene escenas eróticas o porque da tips de cómo hacer ropa”. Debe hacer énfasis en los lectores para que tengan un universo amplio, sin censurar formas de expresión. C: Esta ley nos pone un impuesto diferencial porque no nos consideran un libro, no piensan que estamos haciendo algo cultural, entonces nos gravan con un impuesto extra. Por eso, a la hora de intentar hacer industria nos toca pagar al artista, al colorista, al libretista, a la DIAN… El problema es que como los artistas no somos negociantes, nos toca recurrir a gente que sí maneja números, pero ellos de una vez decían: “Este negocio no es viable porque toca pagar IVA, sueldos y encima los impuestos diferenciales de la Ley de libro. No es negocio”.. Quedamos, entonces, unos artistas que jugamos a ser empresarios y como uno no le está apuntando a un público objetivo, sino que está haciendo las historias que le gustan sin pensar que alguien lo va a tener que consumir, no vende. ***

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Le doy 10MIL por esos DIBUJITOS tan bonitos. 13


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ARTÍCULO

No pregunte de dónde venimos, basta con saber que acá estamos Por: María Camila Manrique En los diarios de Cristóbal Colón se dice que este hombre se volvió loco tratando de buscar el paraíso terrenal, yo, por mi parte, no tengo diario, pero todos los días siento que toco el borde de locura por tratar de explicarme que lo insólito es lo cotidiano, que he pisado ese génesis que encontraron los españoles y, que probablemente, esta palabra (insólito) esté tan tergiversada en unos años que no logre explicarlo nunca más. Vivimos en América Latina, o Latinoamérica para hacerlo una sola palabra en un mismo significado, tratando de explicarnos todo lo que resulta maravilloso en un historia imposible de situar en Europa, en Norteamérica; y que es tan real, sin embargo, como cualquier otra que resulte pedagógica. Me veo llevada a acercar eso que es tan maravilloso a la realidad, sin pretensión de historias adornadas, sin quimeras áureas y, sin mucho menos, alguna invención desfigurada en la cabeza de cualquiera. Pero, a fuerza de querer suscitar la maravilla a todo tiro, creo pertinente trasladarnos al principio donde aún ésta concepción – de lo maravilloso- estuvo envuelta en lo etéreo. Los primeros años del siglo XIX fueron años de revoluciones en Europa. El caos político y militar fundamentado en el poder de la razón humana frente a la fe y la superstición marcaron la entrada a este nuevo mundo contemporáneo. En 1789 los ideales franceses revolucionarios ya habrían socavado el sistema monárquico de principio a fin, y las consecuencias de ese debilitamiento lograrían llegar hasta América Latina. Sorprendentemente, en la imaginación europea, seguían siendo los ideales de una tierra perfecta para la propagación de la libertad y la igualdad. De la mano del desarrollo político estuvieron las artes y las ciencias, hicieron que todo, en conjunto y por separado, tuviera más acogida en el momento del exilio de la ideología. Pocos años después en Latinoamérica, tras rezagos políticos y culturales, crecen las ganas de creer en una verdadera identidad latinoamericana que responda su propia utopía. Despojándose de toda creencia más allá de la propia, con un sentimiento de soledad y dependencia cultural, esta población heterogénea resurge de las cavernas de esta manera: “La conciencia de que no somos y el deseo de querer ser nos obligan a ser de manera falsa”. En Latinoamérica la lucha con esta premisa es constante o, para no decir menos, con el discurso semántico cargado de una representación cuyo propósito se encuentra en desenmascarar la identidad cultural. Las situaciones políticas, económicas, sociales y culturales que logramos dejar atrás, como deshechos, para desembocar en la palabra maravilla ha sido la principal evidencia de la continua búsqueda ontológica de los valores propiamente latinoamericanos, la cual nos enfrentamos aun hoy por hoy. Aquí se trata de la confluencia de todos los elementos dispares que forman nuestro creer cultural. Entonces esta edición es también una armonización de esos elementos que se integran en la visión unitaria. Sin darnos cuenta hemos dejado que lo maravilloso fluya libremente de una realidad estrictamente seguida en todos sus detalles de historia. ***

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POEMAS

Septiembre 1918 Por: Amy Lowell Traducción de Catalina Moreno Correa

Esta tarde tenía el color del agua cayendo a través de la luz del sol; Los árboles brillaban con las volteretas de las hojas; Las aceras resplandecían como callejones de hojas caídas del arce, Y las casas atravesadas se reían por sus cuadradas y abiertas ventanas. Bajo un árbol en el parque, Dos niños pequeños, yacían extendidos con sus caras juntas, Estaban recogiendo cerezas cuidadosamente Y colocándolas en una caja de cartón. Algún día no habrá guerra, Entonces sacaré esta tarde Y la enrollaré entre mis dedos, Y notaré su dulce sabor sobre mi paladar, Y observaré la estimulante variedad del vuelo de las hojas. Hoy sólo puedo recogerla Y ponerla en mi lonchera, No tengo tiempo para nada Excepto para el esfuerzo de mantenerme en equilibrio Sobre este mundo roto.. ***

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La masacre es fiesta

Bienvenidos al Salado, todo el que piense en la paz y el que le guste cantar, pues que se venga conmigo. Yo quiero que sea mi amigo y algo le quiero enseñar. Ya se cumplieron diez años De que nos llego la guerra De algunos interesados en quedarse con nuestras tierras, De algunos interesados en quedarse con nuestras tierras.

Por: Juanita Vélez y Maria Paulina Baena Adaptación e ilustración: Andrea Velasco

Pues llegaron los Castaño Buscando a los Caballero Que andaban por Tacaloa, Playonsito y el Varguero Y como no los encontraron Le tocó de pagar al pueblo. Aquí hubieron muchos muertos Y hasta perdimos la cuenta Algunos dicen que cien Otros que ciento cincuenta, Y algunos dicen que cien, y Otros que ciento cincuenta. No los vamos a cobrar Porque eso no tiene precio Solo queremos la paz Y que nos llegue el progreso, Solo queremos es la paz Y que nos llegue el progreso Por eso a nuestro hermanos Que Dios los tenga en la gloria Y nosotros desde El Salado Cantaremos en su memoria Y nosotros desde El Salado Cantamos a su memoria.

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CRĂ“NICA

MiĂŠrcoles 16 de febrero del 2000

Amaury,El Tigre y Cinco Siete empezaron a cercar la zona.

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Jueves, 17 de febrero del 2000 Fuego cruzado entre paras y guerrilleros, mata todo a su paso...驴A d贸nde vamos? 20


Viernes, 18 de febrero del 2000 Empieza el espectĂĄculo del terror, al ritmo de tambores asesinan, mientras unos rĂ­en ante toda esa sangre salpicada, los demĂĄs observan con un silencio sepulcral que les arrugaba el alma. 21


Sรกbado,19 de febrero del 2000 Se escuchan lecturas de la biblia entre torturas y peleas de gallos. Es un espectรกculo en el que se mata en nombre de dios. 22


Domingo 20 de febrero del 2000 Una vez reunidos en la cancha de futbol los paramilitares empezaron su interrogatorio sobre quienes eran guerrilleros o colaboraban con ellos. Se dedicaron a buscar marcas en el cuerpo que diera cuenta del cargamento de equipaje o del uso de botas. Ninguno de los presentes tenĂ­a dichas caracterĂ­sticas. Aun asĂ­, procedieron a matarlos.

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Lunes, 21 de Febrero de 2000 ***

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Soñadores

POEMAS

Por: Siegfried Sassoon Traducción de Catalina Moreno Correa

Los soldados son ciudadanos de la tierra gris llamada muerte, No dibujan dividendos desde las mañanas. En la gran hora del destino ellos se levantan, Cada uno con sus disputas, y envidias, y condenas. Los soldados están atados a la acción; ellos deben ganar Algunas llamas, clímax final de sus vidas. Los soldados son soñadores; cuando los disparos deben comenzar Ellos recuerdan la luz de su casa, sus camas limpias y sus esposas. Los veo en fosas podridas, carcomidas por ratas, Y en las ruinas de las trincheras, azotadas por la lluvia, Soñando con cosas que hicieron con bates y pelotas, Y mofados por inútiles anhelos de reconquista De días festivos, y películas, y palmadas, Y de idas a la oficina en vagoneta. ***

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CONFIDENCIAS DE UN SENDERISTA

El 17 de mayo de 1982 la guerra popular dirigida por el partido comunista del Perú toma los pueblos para regar su acogedor discurso revolucionario. Las confidencias del senderista Jorge Cañari están expuestas como la carne viva. Cañari, obligado a dejar su familia y sus amistades para desplazarse a instaurar el “nuevo poder”, con baches de felicidad en el camino, termina siendo un camino a la boca de la oscuridad. Un día se enamora de una paisana llamada Salomé que le da siete hijos, aunque, resignado a la frustación de un pueblo, encuentra la felicidad. El pelotón de los subversivos lo sorprenden una noche con bombas y granadas, con gritos de: “¡Él es el presidente Gonzalo! ¡El más grande marxista, guía máximo!”. Aunque los días transcurran lentos y agobiantes, tristes y oscuros, la premisa sigue siendo para él y para el pueblo: toda persona tiene derecho a la vida. Así, Luís Baldoceda ha vuelto a recordar de manera clara el horror que propiciaron las huestes de Sendero Luminoso en su fraticida lucha por la conquista del poder a través del terror. Se rescata, para esta edición de masacre en Latinoamérica de 10/66, esta novela gráfica. A continuación un abrebocas.

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ECHE OJO

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CRÓNICA

MAPIRIPÁN,

LA TIERRA SIN MEMORIA Pasaron los días, no sé cuántos. La cosa es que ellos mataron a dos personas y uno de los cuerpos salió a flote en la zona de los pescadores, porque lo abrieron pero no le sacaron lo de adentro, entonces flotó y como cinco personas lo recuperaron, ahí llegaron los ‘paras’ y los amenazaron, volvieron a tirar el cuerpo al Guaviare y se llevaron a dos pescadores... Nunca En ese pueblo a orillas del río Guaviare, donde el clima es una bocanada de aparecieron. polvo caliente que se pega al cuerpo, la gente solo tiene una preocupación: la carretera que los saca de allí. Y solo tienen un pasado: una masacre por la Hablar de esa masacre está casi prohibido en Mapiripán. A la que la memoria del país corre entre la verdad y la mentira —Lo que hablan señora de la panadería, a la de la cantina que lleva dos años en de la masacre, de toda esa cantidad de muertos, es falso -dice Yobany Guarín, el pueblo, a los pescadores, a los concejales, todos se azoran concejal del pueblo— Aquí cuando la masacre, hubo 4 o 5 muertos, lo que apenas cuentan la historia. Susurran, miran a los lados, dicen pasa es que en el área rural fue otra cosa. En Puerto Alvira sí hubo más, que por esos días estuvieron en Villavicencio. Pero sí recuerdan quemaron gente y todo. Aquí por todas estas tierras hay gente enterrada, otros episodios. Fue en 1995 cuando se metieron aquí como porque todos los días asesinaban. Pa’donde se oriente, por toda esa sabana, 500 guerrilleros, eso ni siquiera lo mostraron en las hay cualquier cantidad de muertos, pero eso no se ha visto porque a la gente noticias, porque aquí no ha venido le da miedo. nadie, y el que viene, viene en avión y al rato se Es sábado. Ocho de la mañana —Hoy nos demoramos ocho horas hasta va. Mapiripan— Las cuentas antes eran distintas. Durante la semana decían que desde Granada el viaje a Mapiripán duraba tres horas y media, o cinco o seis. Parece que nadie sabe dónde queda Mapiripán. Tito amarra encima de su camioneta cajas de cerveza, víveres, maletas. Aparte, a un lado, al alcance de la mano, una pala, un machete y tres gatos hidráulicos. La carretera es la razón de tanta preocupación, el tiempo no.

Vía San José del Guaviare, Mapiripán es un punto que no se ve a la izquierda de la carretera, una recta que se prolonga hasta donde la vista alcanza, a lado y lado los cultivos: plátano, maíz, yuca, maracuyá y palma de aceite, mucha palma de la que se obtiene biodiésel. En el camino se ve el ganado vacuno, brahman blanco -carne de primera-, que pasta en hectáreas y hectáreas que son como montañas de tierra hechas con la mano, en una palabra: erosión. De Mapiripán todos saben poco. Dónde queda, cuánto se demora un carro desde Villavicencio o Granada, cada cuánto aterriza una avioneta, o llega una lancha o una camioneta; cuál es el estado de la carretera, si tiene servicios públicos o no, cuántas víctimas dejó la masacre de 1997.

Tito cuenta que en otro tiempo estas tierras, que conoce de siempre, eran totalmente ganaderas y que con la llegada de grandes empresas la vocación productiva empezó a cambiar. La carretera pavimentada, que durará unas tres horas hasta el desvío a Mapiripán, está bien asfaltada, excepto por unas manchas negras que van apareciendo por la quema de vehículos. Cuentan los transportadores en Granada que a las Farc hay que pagarles una cuota cada año para evitar tales represalias, los carros más pequeños -camionetas y camperos- pagan 800 mil pesos, los más grandes hasta 2 millones. —La última vez que me tocó ver un bus quemado, los guerrilleros iban como pasajeros y en medio del camino se bajaron, desocuparon el bus, lo incendiaron y se perdieron por el monte —, cuenta Tito. La de Mapiripán es una historia infortunada. La historia de una masacre, dos masacres, no se sabe cuántas masacres; guerrilla y paramilitares que atentaron contra los civiles; un pueblo sin carretera, con pista de aterrizaje sin aviones, con siete iglesias de distintos credos, con un puesto de salud y sin hospital; rico, porque se cosecha maíz, maracuyá, palma, y hay ganadería y pesca. Más allá de eso, Mapiripán tiene poco, solo 160 policías y un batallón del Ejército. Si se le conoce a Mapiripán -como se sabe de otros pueblos perdidos del país- es por la masacre que empezó el 14 de julio de 1997 con la llegada de las Autodefensas desde el Urabá antioqueño y Córdoba, en aviones y con la ayuda de las Fuerzas Militares, como comprobó la Fiscalía en 1999. Eso fue un lunes, no se me olvida. Vimos que habían llegado militares al pueblo y creíamos que eran del Ejército, pero empezaron a ‘atarvaniar’ a la gente y después pintaron las casas con letreros que decían que eran las Auc de yo no sé dónde —dice Nelsy, que vive hace 20 años en el municipio de cuatro calles y ochocientas casas—.
Esa tarde corrió la noticia: quien estuviera después de las seis en la calle se atenía a la suerte que decidieran los 200 paramilitares.

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Aquí había 32 policías que resistieron, mataron dos, y los otros se rindieron; los empelotaron, se lo juro porque yo lo vi, y les pegaron una pela con correas que les dejaron esas nalgas reventadas. Después los hicieron desfilar por todo el pueblo. Así describe una mujer de 46 años y 23 de ellos en Mapiripán, cómo las Farc tenían el control del territorio. Según las cuentas de Tito, al viaje le quedan cuatro horas, entonces esta trocha va a durar hasta las 3:30 de la tarde -son las 11:30 de la mañana. Media hora antes, Tito prefirió parar a almorzar, porque vendrá el pantano. Una carretera truncada que es un largo muladar en el que los caminos se bifurcan entre los pastizales cercados por palmas abandonadas. Esas eran las tierras de “Cuchillo”. También tenía ganado -comenta Martha, que va en la camioneta con su hijo. Pedro Oliverio Guerrero Castillo, a él se refiere Martha cuando habla de “Cuchillo”, jefe del Ejército Revolucionario Popular Antiterrorista de Colombia (Erpac), que cayó en combate con el Ejército el 28 de diciembre de 2010. “Cuchillo” fue jefe del Frente Héroes del Guaviare del Bloque Centauros de las Autodefensas, que llegó al Meta después de la masacre de 1997. Luego vino su expansión, de la que son testigos José Rey Lara y su esposa Inés Sánchez. Inés tiene sueños reveladores y tiene la piel morena y lunares en la cara. Tuvo, como es propio de los profetas, una pesadilla muy particular: sobre una pequeña montaña que está detrás de su finca -entonces 300 hectáreas y 130 cabezas de ganado- vio una fila de uniformados, pañoleta en la cara y armas colgadas. -Estaba haciendo los destinos y llegaron ellos a preguntarme cuánto se demoraban de aquí para abajo hasta llegar a una vereda que no recuerdo, y no les supe decir y por eso me iban a matar. Estaba sola. Todo fue como el sueño, una fila

larguísima de paramilitares.

José se acuerda de más, de que él llegó más tarde y ahí fue cuando se le llevaron todo el ganado que tenía. No le dejaron nada, y nada para un campesino es irse de su tierra.

-Me desplazaron, la guerrilla dos veces y los paras una vez. En el 2000 la guerrilla nos hacía salir a las malas para que nos fuéramos a los paros en San José (del Guaviare). Amontonaban la gente como 20 días. Ya con los paramilitares, como no nos dejaron de qué vivir, nos fuimos, es que se llevaron hasta las gallinitas.
Faltando unos minutos para las ocho de la noche, Tito da, por fin, el aviso de que Mapiripán está a tan solo cinco minutos. En los potreros solo se ven las luciérnagas que en clave rompen en silencio el velo de la noche. Hay una guadua atravesada en medio de la carretera y más allá una trinchera que se verá mañana con la luz del alba. Sale un Policía entre las luciérnagas y pide las cédulas.

Han pasado, desde el desvío, 86 kilómetros y ocho horas. El viaje duró, en total, 10 horas y media. 
En Mapiripán solo quieren una carretera. Sin carretera, dicen, no pueden sacar la producción de plátano que están por cosechar.

-El Estado no nos da una posibilidad de trabajar con el cultivo lícito porque se sabe que es volumen de toneladas para ganar. Tenemos unas 80 mil matas de plátano y por esa carretera no se pueden sacar. Cuando había coca no se peleaba por las vías, porque dos millones de pesos es un kilo y eso lo llevan a donde sea -sostiene Jairo Antonio Quevedo, presidente del Concejo municipal y dueño de una finca.

En un contrato fechado del 29 de marzo de 2011 la Gobernación del Meta le adjudicó al Consorcio Vías de los Llanos el mejoramiento de la carretera que lleva a Mapiripán y de la calle principal del municipio, por 5.998 millones de pesos. Todavía no hay resultados. 

 El problema no es solo la carretera, alguien sugiere que mientras se está en el pueblo hay que tener cuidado porque los paramilitares están adentro -así, sin eufemismos: paramilitares-, sugiere que si hay problemas se le llame porque conoce al ‘duro’.

-No más, aquí cerca, usted se los encuentra, uniformados.

-¿Son bandas criminales?

-No, de eso aquí no hay, aquí desde el 97 solo hay paramilitares que protegen la coca.

De regreso -los caminos de vuelta siempre se hacen más cortos, pero este no-, Tito se demora 12 horas hasta Granada, un recorrido que se podía hacer en máximo cuatro horas. Atrás quedaron las fincas aún abandonadas, las palmas a las que se les metió el monte, los paramilitares que en una curva vigilaban la mitad del camino hasta la tierra del olvido. ***

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Agradecimientos Pedro Ruiz Renaaldo Luetto Andrew Rae Jason Kennedy Pablo Guerra Champe Pat Perrycv

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Publicaciones Serifas Severas


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