Page 1

Por las tardes, se convierte en mariposa


MARIA BERNS

VISIT AS ART


VIDEO+FOTOGRAFÍA+CRÓNICA

VERACRUZ MEXICO


ºAquí esperando hasta el Señor diga cuando.º En febrero del 2008, llegué a la colonia Flores Magón. De visitas anteriores para atender cuestiones familiares, recordaba el persistente deterioro de sus casas, los muchachos jugando fútbol en las calles u holgazaneando en las banquetas, las señoras en camisón tomando el fresco por la tarde en la puerta de sus casas, la telenovela de las 3, 4 y 5 de la tarde sonando en las casas mientras el calor hacía la banqueta intransitable, no para mí, los días de norte azotando los postigos, el frío de diciembre, la luz blanca de julio. Renté un espacio, que llamé mi estudio, en una casa a tres cuadras del bulevar y empecé a caminar por el barrio con los ojos puestos en la extravagancia de la rotura, del desperfecto, de la posibilidad truncada. Desde temprano, las mujeres, de sesenta años y más, deambulan por las calles en camisón, cuchicheaban en las esquinas, pasaban de una casa a la otra para luego encerrarse en sus casas y desde allí dejar pasar el día. Empecé a desayunar en los garajes abiertos donde venden picadas y gordas por las mañanas, y empanadas por la noche. Memorizaba miradas, hablaba con la gente, de a poco empezaba a ser parte del barrio: me reconocían, me saludaban, me preguntaban donde había estado cuando pasaban más de dos días sin verme, recibía un saludo seco cuando ya no frecuentaba una tienda para comentar el frugal desayuno de la señora de la tiendita, todos los martes pasaba por la sastrería esperando que Manuel cosiera el cierre a mi vestido preferido para recibir promesas de futuro arreglo. Tomé fotos de los exteriores, luego de las salas que se abrían a la cocina y demás cuartos, alguna recámara. Un día, una señora me preguntó: ¿No querés entrar? Las fotos te quedarán mejor si las tomas desde adentro. Entré y comenzamos a conversar, más bien la señora hablaba y mi pregunta eventual la ayudaba a retomar el hilo de su relato que tocaba temas diversos, respetaba sus silencios. Así, las casas empezaron a hablar. La impresión inicial de kitsch de su decoración dio lugar a la construcción de una biografía de mundos que lentamente se extinguen en silencio detrás de las ventanas selladas con barrotes de madera o metal. Los ambientes contaban una historia que el relato de las mujeres completaba. Empecé a notar otro tipo de señales que sospeché eran parte de un lenguaje propio de esta ciudad añeja y fotografié manchas de humedad, las almedras sobre las calles y las banquetas, entradas, puertas oxidadas, agujeros en las paredes, terrenos baldios, yuyo entre las baldosas. Por semanas, toqué en sus puertas, estoy escribiendo un libro sobre los barrios de Veracruz, les explicaba. Algunas me dejaron pasar a sus casas, otras no. Unas sólo me miraban pasar, otras especulaban sobre mis propósitos no bien rebasaba su mirada de pronunciado reojo. De unas grabé lo que me dijeron, a otras sólo escuché. El encuentro se transformaba casi en una visita familiar. Fotografiaba sus intimidades: camas revueltas, ropa arrojada al descuido, agendas, baños, platos sucios, rastros de otras personas y tiempos, sus casas completaban las historias que ellas relataban, o relataban otras. Son solteras, viudas y divorciadas; de sesenta y algo de años, algunas hasta de ochenta, estas mujeres hablan de hombres, hijos, profesiones, de su Veracruz personal, la familia, los políticos, cómo perciben y viven su edad. Casas y mujeres iban relatando una historia de Veracruz que no hace ruido, el recuerdo de otros tiempos. Unas llevan sus nombres reales, otras inventados; he modificado algunos detalles, agregado otros, hechos y personajes reales se mezclan con ficticios. He aquí las casas y sus mujeres.

María Berns, Veracruz, 2013


La Flores Magón La colonia Flores Magón surgió hacia el sur como una prolongación natural de la muralla después de ser derribada. Ubicada entre los barrios populares del Centro y los fraccionamientos desarrollados en los 60`s y 70`s de Reforma y Virginia donde se asentó la clase media, ahora rebasadas por los desarrollos urbanos de Boca del Río, cobijó a la emergente clase obrera creada a partir del desarrollo del puerto. Estibadores, trabajadores de la construcción, dueños de pequeños negocios, fueron ocupando esta colonia, antigua sede del matadero de la ciudad en lo que es hoy la Escuela de Naútica Mercante y del cementerio en el actual Parque Ecológico sobre la calle 20 de Noviembre. Todas las mañanas antes de las 8 en un loop imperturbable, la camioneta de El Atlántico recorre los callejones y calles de la Flores Magón pregonando garrafas de gas con su canción pegadiza. Sometido a un ritmo aletargado, el barrio se despereza de un sueño que con los últimos veinte años menos vecinos sueñan mientras hombres o mujeres pregonan con una nota casi idéntica. Dic-ta-men, agregan después de una pausa, dando a entender la lejanía entre los dos diarios.. La crisis de empleo en la entidad ha empujado a miles de veracruzanos hacia los Estados Unidos. Calles aun bulliciosas en los ochentas (Uribe, Paso y Troncoso, etc.), hoy lucen desiertas. “En esta esquina se reunían los vagos para platicar y jugar fútbol después del trabajo, hoy nada mas queda la tiendita¨ afirma un antiguo vecino de la calle Uribe, el con su propia historia migratoria al hombro mientras observa a unos adolescentes jugando una cascarita en el medio de la calle, “esto sucedía en todas las calles”, agrega. En el centro deportivo entre Gómez Farias y 16 de septiembre, el antiguo parque España, las palomas se acomodan sobre la línea del teléfono para esperar el calor que inexorablemente entra una hora más tarde a pesar de las nubes y la brisa fresca que llega del mar. Unos estudiantes de la secundaria se entretienen tirando la pelota en el aro de básquetbol y las niñas practican la marcha para el evento del 19 de mayo. A las 9 de la mañana, las señoras en riguroso camisón estampado suelto, cuchichean en las esquinas como si ocultaran un secreto o no quisiesen despertar a quienes aún duermen alentados por la brisa fresca que entra después de la noche de calor.


Las señoras se deslizan de una casa a otra con la primicia del día o el recuento de cómo pasaron la noche: “Lupita, Lupita, no me siento bien”, escucho a doña Pilar.


Lupita Me confronta la primera vez que me sienta a su mesa para improvisar un desayuno de bienvenida, en realidad quiere conocerme y evaluar si me permitirá ocupar su casa porque Lupe no admite mujeres en su casa. Quizás porque llegaba de Turquía y la figura de un musulmán envuelto en una tela blanca le trajo viejos recuerdos... ¨¡Viste que te abracé cuando te vi! Siempre se me aparece este hombre vestido de blanco que dice venir de Turquía.¨ Es la casa de sus padres.


¨¿Tú crees que una mujer necesita un hombre para ser feliz?


Lupita Lupe ha tenido tres novios, los tres la habrían alejado de Veracruz y llevado a Estados Unidos, El Salvador o Tamaulipas. No quiso irse o su padre se resistió hasta que él murió y ella se quedó con la madre quien también murió y ella quedó sola en la casa, pasó la primera noche sin ella y así continuó hasta hoy. Lupe recuerda cuando falleció su mamá, la primera noche, sola en la casa, su papá había muerto años antes y su hermano tenía su familia. No tuvo miedo, pero tampoco supo cuando empezó la noche. Se demoró en su recámara que será la misma hasta el día o noche de su muerte, lo sabe y le presta una seguridad agria, como una amiga que la visita y la llama comadre que le habla con dulzura apresurando la seguidilla de oraciones para apresurarse al motivo de la visita. Lupe adorna su recámara con muñecas y osos de peluche quizás para procurarse aliados en el momento en que el cuarto cubra con frío su espalda. Sin hijos, se encarga de sus sobrinos nietos. Su hablar suena con dureza aunque se suaviza cuando canta a Lara; su voz ocupa el espacio de la sala o el patio por las mañanas mientras la radio le da tips para el cuidado de la salud y el buen vivir. Ella los practica con rigurosidad. Prodiga consejos a las vecinas cuando la buscan por inyecciones que ella aplica por diez pesos. El olor a alcohol inunda la sala. Estudió enfermería pero su padre no le permitió terminar el último curso porque necesitaba viajar a Xalapa. ¿Qué te hace falta?, le preguntó. Ir a Xalapa. ¿Qué necesitas? Terminar la escuela. Tú no necesitas eso, yo te puedo dar lo que necesitas. Hoy, sus compañeras de la escuela están jubiladas y casadas. Nunca le alcanza el dinero que recibe de sus inquilinos y de las ventas por catálogo. A las pocas semanas de llegar a su casa, Lupe me mostró una foto de cuando era joven, una ampliación de una foto pequeña, ºEres un duraznitoº, le decía su papá cuando la veía con su pelo trenzado amarrado sobre la cabeza. Lupe colocó la foto de en el librero, antes no la tenía. ¨Una vez, me corté el pelo aun cuando mi papá se oponía; parece que tengo otro hombre en la casa, dijo al verme.¨ Cuando su papá supo que le quedaba poco tiempo de vida, le pidió a Lupe que se dejase el pelo largo. Ella cumplió su deseo, una vez que murió, se lo volvió a cortar, así lo tiene hoy. Todas las mañanas Lupe barre el patio interior, lo ha hecho desde que era niña, encuentra distracciones, posibilidades de cambiar su vida, diagramas en un pizarrón en el que se lee amor, prosperidad..., fórmulas, guiones de posibles vidas, textos que incorpora a sus pláticas, recetas para que otros sean felices. Vive tranquila, duerme hasta las 10 cuando no la despiertan sus sobrinos antes de las 8 para que los lleve a la escuela. Algunas tardes, duerme siesta hasta las 5 o hasta que oscurezca, le gusta mirar la televisión con el inquilino de turno. Le disgustan los días de norte. Cuenta que cuando había tormentas, su familia se unía en un rezo, se arrodillaban en la sala, allí oraban mientras los truenos y los relámpagos iluminaban sus caras, las manos tomadas, los ojos como pozos flotantes. Si bien pródiga en consejos, no lo es en limosnas. Las señoras que no gozan del beneficio de las ventas ni de los inquilinos, algunas noches la visitan: ºes que no tengo comadrita para darte, si tienes al menos unos cinco pesos, ay comadrita, como es.º Anoche vi a Lupe sentada en la banqueta de una casa junto a otros vecinos a quienes se unió para un rezo y recitar Aves Marías. Hoy la invitaron a un Rosario. Comadre, comadre. Por la mañana antes de barrer el patio y por la noche antes de acostarse, saluda a sus perras, Buenos día Osa, buenas noches Peggy. Lupe, Lupita habla como si fuera una niña. Su sobrina copia su modo de hablar. No le comas la comida a tu mamá, Osa, te voy a pegar. Ven Peggy, come, acuéstate aquí si no re va a dar frío. Buenos días Osa, buenos días Peggy, por la mañana, ¿por qué das tantas vueltas? Ven. Come tu comidita Peggy. ¡Qué bonita come la Peggy! Lupe acompaña a los cantantes que suenan en la radio y, de a ratos, pierde el hilo de la canción, olvida la letra y espera los versos que recuerda.


Lupe canta Amor Eterno.


Una de las gemelas tiene pesadillas con Tierra Blanca. (Las gemelas administran una fondita en la esquina de Gómez Farías y Azueta. Allí almuerzo todos los días, también la mujer de pelo teñido de negro, pestañas postizas, mirada esquiva, parece una actriz a quien le han dado corte a comer en un rodaje. Su marido era el bicicletero del barrio, siempre embadurnado en grasa, reparaba, de mal humor, las bicicletas que dejaba impecables y en perfecto funcionamiento. Ella lo miraba desde la puerta que comunicaba el negocio con el resto de la casa, sólo miraba, parecía una figura recortada que, por un juego insensato de la historia, está allí junto y alejada de un hombre que no era su esposo pero sí su amante.) Al pasar frente a la casa en el 689, la anciana no posa como lo hace a diario y se entretiene con algo que ocurre en el interior que ni escucho ni logro ver.


Margarita Mi nombre es Margarita Castro, soy de Veracruz, tengo 68 años, soy grande, ya no soy tan jovencita. Era novia de mi esposo, salíamos a dar la vuelta y luego íbamos a bailar a Villa del Mar, a la tertulia de mediodía. Era el baile para las muchachas, era de mucha categoría cuando salían los cadetes de franco. Las chavas que tenían novios de cadetes, ¡uy! Empezaba a las doce y terminaba a las dos. Ya en la tarde era otra cosa. Yo tenía trece años, iba con mi mamá y el novio. El baile era a la orilla del mar: todo descubierto, el salón grandote, con su techo, de este lado para la danzonera, en alto; había una terraza que bajaba al mar. Había dos danzoneras... uno era amigo de mi abuelo que también había sido de la Marina, el Pato Rojas, el otro... Ramírez..no me acuerdo su nombre. Las mujeres se costuraban rosas en la cabeza e iban muy arregladitas, se vestían con mucho color. En ese entonces, a mí me tocó ver lo que te voy a contar. Acá se hacían las tortillas a mano, no había máquinas, había muchas tortillerías con mujeres que las hacían, y después de terminar, habiendo agarrado tanto calor, estas mujeres se bañaban, se arreglaban y se iban al baile, después de echarse no sé cuantas bolas de masa de cinco kilos. Así era la vida en Veracruz en la época en que Villa del Mar era Villa del Mar. Ya después nos casamos y no fue tan fácil por los hijos. Pero cuando viajábamos a México, enseguida íbamos a bailar. Luego, cuando mis hijos crecieron, bailábamos en el parque Zamora como socios del Club Bailadores de Danzón Hoy y Siempre. El 18 de julio el club cumplió 26 años, es el primer club que se formó en Veracruz y de este club nacieron otros como el de Tres Generaciones. Ahorita somos 18 socios, más mujeres que hombres, creo que en todos los géneros de baile hacen falta los hombres. El danzón es parte de mi vida. Tú estas aquí pero cuando vas a la pista, eres otra, cambias, no sé, no podría explicarte bien. Yo le dije a mi esposo un día, se había acabado el baile y regresábamos a casa. Y en ese rato me acordé tengo que hacer esto, tengo que ver a mi hermano, y yo misma reaccioné: ¿sabes qué viejo? mientras yo estaba bailando, no me acordé nada, estaba en otro mundo, pero ahorita me estoy acordando de todo lo que tengo que hacer, ¿sabes qué? mientras Dios me lo permita, seguiré bailando siempre. Él me abrazó, ya vieja. ¡Qué iba a imaginar yo que me quedaría sola? Pero el danzón es parte de mi vida y otros géneros de baile, swing, paso doble, lo que quieras me gusta. Mi viejo era chilango y bailaba todo, aquí en mi tierra no se acostumbra bailar swing, o boggie. A mí sólo me gusta bailar, es mi único vicio. En cambio, mi viejo fue alpinista, futbolista, beisbolista, basquetbolista, y aquí se enamoró del mar, él fue hombre rana. Bajaba siete metros sin tanque, sólo con su visor y sus aletas. Fue al Popo, al Ixtla allá por Monterrey. Ese hombre supo mucho de altura y de profundidad. Salíamos a bailar danzón, él muy de blanco y yo muy de azul. Cuarenta y tres años viví con mi esposo, nunca nos separamos ni un día ni nunca dejamos de hablarnos un día. Así vivimos, muy pobres pero muy felices, con cinco hijos. Y ahora tengo diez nietos, 9 mujeres y un varón, mi nieta la mayor tiene 23 años. Yo me casé muy joven, cuando cumplí quince años, mi hija tenía dos meses de nacida. Tuve cuatro mujeres y el varón. Muy pobres pero muy felices. Mi esposo trabajaba en el correo, pues son muy pocos los dineros y muy largas las quincenas, pero ahí la lleva uno. Él nunca me faltó una noche en mi casa. Cada quien habla como le va en la feria. Fue un señor que quiso muchos a sus hijos. Eso, me atrevo a decir, difícilmente lo encuentras en un jarocho. Debe haber, pero dificil. Los chilangos son otra onda. Y aquí estoy, me costó despedirlo y ni modo. Bailamos como trompos chirriadores. Yo creo que por eso nos comprendimos tanto, por el baile. Ahora ya tengo diez años de viuda, se sufre mucho, tengo una pareja por el baile, eso es lo que nos une. Si no es con él, no salgo a bailar. Mi pareja baila chilango, sin técnica para el danzón pero yo sí bailo técnico, de colegio. Yo lo sigo, bailo cómo él me lleve. El varón es el que te lleva, en el danzón, el varón manda, pero claro es cuestión de entenderse. Cuando llevas algún tiempo, ya sabes cómo te lleva y cómo vas a mover tus pies. No se puede comparar el amor, aquello fue el amor de mi vida y no se puede repetir. Lo que pasó, pasó y ya no lo puedo remediar, ni modo, ¿no?


AquĂ­ estoy, en el mismo lugar.


Lucinda ºMe llamo Lucinda, mi nombre, que fue el de mi mamá y mi abuela, termina conmigo porque no tuve hijos. Esta casa la heredaré a una de mis sobrinas. Hay bombachas mías por todos lados. No fotografíes mis calzones y no me saques fotos a mí, no quiero que me saques el alma. Yo viví toda mi vida en la misma casa, estudié medicina en la Universidad Veracruzana y trabajé durante veinte años. Nunca viví en otro país ni en otra ciudad. Mi papa compró el terreno hace 67 años, en 1941, por 50 pesos el metro cuadrado, no había nada, salvo en la esquina una casita de madera donde vivía la señora que cuidaba los terrenos y el ingeniero Fitz Morritz, aun vive su hija en una parte del predio original. Mis padres dormían en el dormitorio de adelante donde yo duermo ahora. La sala de entrada es el primer cuarto que construyó mi papá. Cuando temblaba, mi papá nos hacia esconder en un refugio en el patio. Las casas se hacían de cal y arena, por eso las paredes se deshacen. Cuando no estaba el acuario, la luz del faro llegaba a las habitaciones de arriba, Caminábamos a la playa, descalzos con solo el traje de baño y pescábamos majúas, mi mama los freía como abanicos, les arrancaba la cabeza, los pasaba por harina y los freía. También almejábamos, no eran almejas de la mejor calidad, pero eran almejas al fin; mi mamá cocinaba un arroz rojo y los comíamos con arroz. Ibamos a la isla de Sacrificios, mi mama llevaba tamales y la olla para cocinar el caldo de pescado, mira qué seguridad de que cogerían pez. Muchas mañanas, mi papá nos llevaba a nadar a la isla de Sacrificios y regresábamos para desayunar. Los tres suchiles en el borde del jardín los trajimos de la isla de Sacrificios. Los hay de cuatro colores: rojo, amarillo y rosado blanco, las tres primeras huelen, la blanca no. Eramos seis hermanos, el más grande, Ulises, falleció después de mi papá en 1978 y mi mama en 1981. Nosotros festejamos las fechas de nacimiento de mi papá y mi mamá. el 2 de noviembre y el 16 de diciembre, estamos un poco locos. Tenemos muchas historias, cuando nos reunimos, salen y salen las anécdotas. Todos los miércoles desayuno con mi hermana. Aquí todos nos conocemos, somos vecinos desde hace muchos años, enfrente vive mi amiga de la infancia, Marisel Guadalupe, llegó de 4 años de Hidalgo, jugaba con Adela, mi hermana, y conmigo, yo tenía 6 y Adela 8. Somos como hermanas. Su mamá se llamaba Chabelita, cuando su papa se murió, quedaron las dos. Con Chabelita se podía hablar de todo, ella iba con los tiempos, no sucedía así con mi mamá, cuando e preguntaba algo ella me daba un manazo. Después de casarse, siguió siendo la misma, pudo haber cambiado, pero su marido, Hugo, se portó muy decentemente y no entorpeció nuestra amistad. ella, mi hermana Adela y yo somos como hermanas. La familia de su esposo es medio extraña, entonces pasábamos juntos las Navidades, años nuevos y cumpleaños. Isis y Eve eran mis tías, la llamaban el Vaticano porque eran solteras y muy religiosas, son de las que se golpean el pecho. Mi padre fue licenciado, abogado, fue presidente municipal de Veracruz en los cuarentas. Mi mama se dedicó a la casa. Mi bisabuelo por parte de mi papa vino de España, tenía su familia un barco que iba de España acá, se llamaba ..... Todo el resto de mi familia era de Veracruz, por generaciones, la familia de mi mamá era de Tlacotalpan. Yo fui a la escuela pública Josefa de Domínguez, ahí iba todo el mundo, las clases sociales se mezclaban, ibas con los hijos de los pescadores y los estibadores. Dominica, una de mis mejores amigas, es hija de un pescador, aun es una gran amiga mía. La escuela estaba en la esquina de Rayón e Independencia, a un costado de a puerta de la Merced. Esa puerta se abría en la mañana y se cerraba por las noches. Por allí, salían los carruaje que iban a México, cruzaban un puentecito de madera sobre el río Tenoya y paraban en la iglesia del Cristo del Buen Viaje para pedir por un viaje sin problemas. Aquí tengo el altar y la urna con las cenizas mi esposo, él murió hace un año y ellos, los de la foto, son mis padres.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Tengo 36 aĂąos de casada, seis de vivir acĂĄ, las pinturas son de mi suegra y mi nuera, en el medio estĂĄ la foto de mi boda, hace poco la retocaron porque el vestido blanco se estaba manchado..


Hace dos d铆as se fug贸, no es la primera vez.


Etsuko Etsuko inició el jardín sin consultar con Rafael. Simuló olvidarse por unas horas el juramento en el templo de Seúl donde prometieron unir sus vidas, más no sus secretos, en lo bueno y en lo malo, ni los buenos ni los malos. Rafael esperaba a quien sería su consorte, se demoraba la presentación y él se angustiaba. El último día de la reunión, se la presentaron como su nueva esposa. Rafael se casó con Etsuko, tienen un hotel oriental en Díaz Aragón casi llegando al malecón. “Me tengo que redimir, uno se redime con los nietos, si no los tiene, tiene que buscar un sustituto.” Si el inicio no era promisorio tampoco el final lo sería. Esto según Etsuko. Pero en el medio estaba la vida y necesitaba entrarle de algún modo, cree pensar Etsuko. Todas las mañanas, se asoma a la calle y cree que las palomas posadas en el cable del teléfono la vigilan, cómo saber su intención. Hace dos días se fugó, no es la primera vez. Rafael cerro las puertas con llave y aseguró todas las ventanas para que no pudiera entrar. Salió en motoneta, la buscó por todos lados. Etsuko tomo un autobus y fue a Tlacotalpan. Él luego, cuando ella regresó, le preguntó qué había hecho, di unas vueltas por la ciudad y tomé el autobús de regreso, eso me dijo que hizo. Cuando volvió, él ya estaba en la casa. Si quieres irte, vete, pero no te llevas nada, repite Rafael, esto es para toda la vida, me dice.


Señora Sue La señora Sue necesita remodelar su casa que fue de las abuelitas, necesita pintura, muebles, la casa. Ha cambiado los caños que comunican la casa con la calle pero la red del interior no está instalada. Con ella, viven su hijo y su hija, inaugurada licenciada en ciencias de la comunicación. Enviudó siendo joven después que su esposo murió en un accidente carretero. Me permite tomar fotos de los interiores, aparenta oponerse a que fotografíe las recámaras, la cocina, el baño, el comedor, el pasillo que conecta lateralmente los cuartos. Acepta porque sabe que voy a regresar o ella se encarga de preparar mi regreso y me cuenta tres historias, dignas de largometraje. No pongas ni mi nombre, ni la calle, ni la dirección. Voy a contarte cómo conseguí el trabajo que tengo ahora. Regresaba en avión a México y a mi lado se sentó un señor a quien su esposa había abandonado junto a sus mellizas. Los tres viajaban juntos y yo ayudé al señor con las niñas en el avión. El hombre estaba tan solo que le ofrecí mi casa para que se quedase con sus hijas mientras encontraba un lugar. Luego me contó tres historias, todas posibles inicios de películas: - la historia de la española que viajó a Africa y los rebeldes asesinaron a su amor de la infancia. Hombre abandonado por su mujer, la mujer huyó a África y recibe la noticia de la muerte de su amante en un refugio. - la historia de a sobrecargo de Mexicana que viajó a India y allí dio una limosna y se le abalanzaron los pobres, al día siguiente la fue a ver una muchacha con u bebe y le llevó un bebe y extendió su mano, se le acerco a una distancia que fue incomoda para ella. le habían advertido que no les diera más y sacudió la cabeza y la muchacha en un gesto natural abrió el rebozo y dejo caer el bebe al piso que miro en el instante. - la historia del fotógrafo que se suicidio meses despues de su exposicion de fotografia del Africa que incluía la foto del niño que revolvía la basura y au lado un buitre esperaba el momento en en que el niño se colapsara.


Charito Vamos a ver si nos recibe Charito en su casa, me dice Lucinda Rendón. Allí estaba Rosita Fitz Morritz, la única hija del Ingeniero, de 84 años, estudió medicina e la ciudad de México en la UNAM, y ejerció en el puerto. Charito: Vinimos de España, yo llegué de 3 años, vivimos primeramente sobre la calle Principal, arriba de el actual café de Los Portales frente a la parroquia. Yo era de ir mucho a la parroquia. Hablan y actualizan su contabilidad de nacimientos, casamientos pero principalmente sobre separaciones, divorcios y muertes de las familias mayormente profesionista y comerciantes del Veracruz Antiguo. Lucinda: Por aquí entraron todos, hasta la religión entró por Veracruz pero pasó de largo porque acá no somos tan religiosos como en otras partes como Xalapa, Puebla, Zacatecas. Aquí cerraron las iglesias y la Catedral. El entonces gobernador, el general Adalberto Tejeda, cerró las iglesias y no hubo ni bautismos ni casamientos. Charito: Yo fui a tomar la comunión a la Basílica de Guadalupe en la ciudad de México. Lucinda: En la vieja. Charito: Claro, qué más daría haberlo hecho en la nueva, sería más joven. Pero, yo soy jarocha. Lucinda: Todas somos jarochas por los cuatro costados. Charito: Quien se murió es el doctor... Lucinda: Díaz. Rosita: Él fue el último que se murió. Charito: Jon Remenetria es endoscopista, muy bueno, para que se metió en la política? La vieja Coelho era bien fea aunque él era guapo. La hija salió no tan fea y las nietas no son bonitas. Jon no es guapo, su primo, Julien, tampoco lo era. Charito apunta: pero el padre era muy guapo. eran puro vasco. Odio esos nombres vascos, para qué se los ponen a los hijos si ya no son vascos?


Etsuko Charito apunta: La madre del padre de Jon, quien murió cuando inició su gestión en el municipio, todavía vive, tiene 110 años y vive en España. Lucinda: Antes se compraba buena carne con don Juan, ahí compraba mi mamá, me mandaba y me chocaba porque no cortaba bien los bisteces y mi mamá me mandaba de regreso para que los cambiara; algunas veces don Juan no me los quería cambiar y yo no podía regresar con mi mamá con los mismos. Ahora, la única carnicería cerca está sobre 1 de mayo pero el carnicero da la espalda y no se puede ver la carne que te va a vender y luego te la da la bolsa y pagas en la caja. Hablan de los maestros de la Josefa Domínguez, de un maestro que fue legendario, la maestra de música, la maestra que les hizo leer un cuento llamado La Única Mentira y las estudiantes la hacían enojar y decían la primer mentira.Charito: Yo conocí Argentina porque leía la revista Para ti, llegaba mensualmente, era cara porque la traían de allá, me encantaba, aun tengo números encuadernados arriba, no sé donde están porque ya no subo. Hablaba de Argentina y la gente pensaba que había estado allí, pero nunca se dio la ocasión, íbamos a Estados Unidos y a Europa. Mi única relación fue una argentina que se casó con un veracruzano, pero se divorció y ya no la volví a a ver, ahora vive en Guadalajara. Hablan de gente y de sus casas, de remodelaciones. Charito: El problema es que ya no quedan casas viejas, desde que me mudé del centro, ése es mi Veracruz. Se ha desarrollado Boca del Río, hacia allí se ha ido la gente. Hablan de calles conocidas: Zaragoza, 5 de mayo, madero, siempre tuvieron esos nombres, en cambio Independencia era la Principal (y así la sigue llamando Charito). Esta es tu casa, ven a visitarme cuando quieras. Charito conserva una memoria impecable, recuerda los nombres, los lugares, más no los años. Recuerda los nombres que no son los correctos, lo tengo en la punta de la lengua. Charito: A mí me toco el tranvía, trac, trac, se escuchaba desde acá. Las otras dos corean al unísono, a mí también. Lucinda: Había varias líneas: el que pasaba por acá era el Villa del Mar, el Villa de Bravo, el panteón y el que pasaba por el mercado. Lo esperábamos en la esquina de la escuela el tranvía de regreso. Los días de norte, un empleado caminaba delante del tranvía para palear la arena de las vías.


Etsuko Charito: Yo fui a la escuela de La Paz, era católico, estaba en el centro, frente al Teatro Clavijero, nos decían las ratas porque nuestro uniforme era gris, era horrible, un modelo con faldones y las mangas apretadas en los brazos. El uniforme de gala aunque blanco y rojo también era feísimo, por su modelo. Yo soy una católica light, apunta Lucinda. Charito: Tu papá y mi papá eran buenos amigos, siempre se juntaban para charlar, al final del día tu papá venía a hablar con mi papá. Yo sé que tiene sus ideas y no las comparto pero me gusta hablar con usted, recuerda Charito, más allá de las ideas, podemos conversar. El papá de Charito era muy católico y el papá de Lucinda era un ateo confesado.


Mimí Sobre el callejón 12 de ocubre, hablan quienes creo son Tita y Mimí. Me concentro en Tita, quizás sea Mimí. - ¿Usted es Mimí o Tita? - Tita está en el cielo, ya está con el Señor. - ¿Usted renta cuartos? - Es una casa de familia, mi papa compró el terreno hace 75 años, pagó 100 pesos que era mucho dinero. - Me habían comentado que sí. - ¿Quién te dijo? - Me dijeron que en un casa rosada del callejón rentaban cuartos a hombres. - No, acá no es, hay que tener cuidado, no se puede dejar entrar a cualquiera. - Tengo una fotografía, a lo mejor lo conoce. - Mi sobrina me advirtió: no le agarres nada a nadie a través de la reja. - Puede verla desde donde está. - Aquí somos cristianos. ¿Tienen la Biblia en su casa? - Sí, hay una. - Tienes que abrirte a Jesús y dejarlo en tu corazón. - ¿No lo ha visto? - La Biblia dice: se desparramara la maldad y la ciencia, no se equivoca. - Me ayudaría bastante si me diera algún dato. - Lea el san Mateos, ahí esta todo. Todo se está cumpliendo - Hoy estamos y mañana nos llevan a Juárez. - ¿Juárez? - Es un decir, cosas que una inventa acá adentro. Antes se dejaba la puerta abierta, ¿puedes creer? Íbamos a Boca del Río y era todo un viaje. Acá era todo tierra, pasaban los cangrejos; no pasaban coches sino burros. Ahora solo pasa mucha gente mala, mucha. tenga cuidado. no acepte nada, que no le hablen en la calle, así como usted hace conmigo.


Bailamos entre las mismas mujeres cuando no hay carnaval.


Catirina El carnaval ha sido una ilusión que tenemos todos. Yo me llamo Caritina Hernández Viveros y tengo 36 años de participar en el desfile del carnaval. La comparsa tiene 57 años. Soy la representante de las veinte bastoneras. Todas bailamos salsa. Y van pasando los años que digo que no voy a salir pero sí salgo. A veces me duelen las piernas, tengo 76 años y ya le pesan a uno, pero parece que tengo 15 años. Mucha gente de nuestra comparsa se ha muerto, Sofía, la guera Kerber, el guero, doña Aurora, doña Eloisa de Mérida, muchas han muerto y nosotras las hemos renovado. Tres de las integrantes de las bastoneras viven en el barrio de la Huaca, la que me dejó la comparsa, ahí murió. Ella era del patio Tanitos. Yo soy de La Huaca, yo siempre le hago honor al patio Tanitos. La más chica tiene 49 años, otras tienen 60, 70, 76. La más grande tiene 86 años y vende dulces, chácharas en el ADO. Recuerdo una bastonera, ya grande la señora, no podía caminar, andaba en una silla de ruedas. Ese día la dueña de la comparsa, Alicia alias la Peregrino, le dijo: Petrita, ¿vas a salir? y le respondió un montón de groserías porque son de rompe y raja ahí. Aunque sea de una pata, voy, estaba enferma del corazón, si es la última vez que voy a estar, yo quiero estar allí y la llevaron con la silla de ruedas. Se disfrazó como reina, con una corona, a medio camino murió, se quedó como queriendo reírse, Petrita, Petrita, le decía, estás quietecita, le dio un paro cardíaco y quería morir en el desfile y murió en el carnaval. Fue muy sonado porque salió en primera plana y nos tomamos una foto con ella que estaba muerta. Era como que ella ya estaba viva pero, no, estaba muerta. Un caricaturista escribió un texto: No estaba muerta, andaba de parranda. Y la fiesta continuó, fuimos al velorio pero no al entierro, porque al otro día teníamos que seguir. Fuimos con un moñito negro al desfile. En Villa del Mar iniciaba el preludio del carnaval. Villa del Mar era entablado, las mesas entre el agua, íbamos a la tertulia. Estaba el Pato Rojas con sus Lobos Marinos, Tico Mendive, Daniel Santos, todas danzoneras. Y el tranvía Villa del Mar iba para allá. El boleto costaba 7 centavos, en ese tiempo corrían los centavos porque después se transformaron en pesos. Uno nada más está esperando esas fechas, es la fiesta en que se divierte más la gente, hay vía libre, es libre para toda la gente, hace lo que quiere, baila lo que puede. El carnaval se trata de holanes, lentejuelas, de todo eso que brilla. Cuando no hay carnaval, uno se dedica a su hogar, se junta otra vez con la gente, hay cumpleaños, vamos a bailar, bailamos entre las mismas mujeres, vamos al café, platicamos, y tenemos salidas después de carnaval, vamos a Alvarado, a la feria de la caña, Medellín, hasta mayo. Tenemos bailes un poco más atrevidos porque cuando termina el desfile nos ponemos a bailar ahí. Es el gusto que uno tiene en Veracruz, escucha una un danzón o una salsa y se pone a bailar. Yo bailaba danzón con mi esposo, a él lo conocí bailando danzón en un concurso, en un club que se llamaba El Intermés. Bailamos en un solo ladrillo, fue el danzón de Daniel Santos, el Son de la Puntillita, (canta) se baila bien despacito, en un solo ladrillito, seguro vas a bailar, puntillita. Y ganamos un trofeo, por bailar en un solo ladrillo, sin pasarnos. Él era luchador también, de lucha libre. Tuvimos siete hijos, tengo 17 nietos y 4 bisnietos. Gracias a mi Dios, sigo bailando, he sido buena madre, buena para trabajar, buena para bailar, converso con mucha gente, no soy pretenciosa, no soy orgullosa, no sé ni como soy, pero yo soy como soy, tal vez no me parezco a nadie, pero así soy.


Me tienen prohibido abrir la puerta, todo estรก descompuesto.


me siento, exactamente fuera de lugar.... ya lo encontrarĂŠ claro... como esa mujer ...


Todas las mujeres esconden algo.


Cada noche, la lluvia se lleva con su trepidar las historias que junto durante el día, así en unas horas, o quizás menos, los gritos de los venededores, la mirada desconfiada del señor de bigote en V, el choque inminente en la esquina de Iturbide y 16 de septiembre, el olor a lavandina a las 10 de la mañana, la mirada triste de la perra legendaria, el roce del aire que a mi lado lanza el ventilador, van perdiendo materialidad o más bien adquieren una nueva, líquida, y como tal se desparraman por los patios y las calles hasta caer por las alcantarillas.


Se refugia en el patio La Chiripa.


単jinininkuvyf edneuD


Pedazos de historias quedan pegadas en los bolsillos de mi falda y emergen al dĂ­a siguiente mientras inicio lo que supongo un nuevo dĂ­a, with a clean slate, mi andar manchado de imagenes antiguas obstruyen mi intento por empezar de nuevo. un puĂąado de vidrios rotos, que destrozan ocultas en los bolsillos.


soy una otra que no logro dilucidar.


Son dos días los que ha llovido y no para. Contemplo el patio de baldosas verdes amarillas empapado, el limonero da sus flores blancas de rigor aunque no alcanzo a olerlas. Las perras duermen bajo una de las sillas de jardín que se usaron en el pasado para reuniones familiares. El viento hace volar la sábana sujeta a a ventana que me separa de la casa y crea una falsa intimidad, entreveo el piso y el árbol muerto en el centro del patio. Cordeles a los lados revelan parte de la ineficaz tramoya de una puesta en escena.


REGRESO CON EL RECUERDO DE OTRA MUJER.


Noche de calor, no baja de los cuarenta grados. Un hombre lleva el ventilador, se lo han prestado para el calor de la madrugada. Dramatismo sobre Paso y Troncoso a las 8 en punto: "lo voy a matar", dice una se単ora a su vecina, ambas sentadas en la escalera de entrada a su casa.


era el pr贸logo que anunciaba una nueva era, la que siempre hab铆a evadido, el ciego compromiso con su deseo.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Amor, lo vacĂ­as


Escuchen como huĂ­a.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Por las tardes, se convierte en mariposa.


Se detiene junto a mĂ­ y me mira de lado, parece querer contarme algo.


María Berns María Berns es cineasta y socióloga. Realizó estudios de posgrado en México y Estados Unidos en sociología, cine y literatura, disciplinas que combina en sus trabajos de ficción y documentales. Fue la primera latinoamericana en ser becada por cuatro años por Artes Visuales de la Universidad de California en San Diego. Sus cuentos y artículos han sido publicados en revistas internacionales y sus películas exhibidas en festivales en los Estados Unidos y Europa incluidos el Dresden Film Festival y el Berlin Film Festival. Ha sido galardonada con becas y premios incluido el prestigioso Premio Kodak por su película La Novia. En Tijuana, produjo y dirigió sports para la UNICEF y dirigió el primer taller de cine para niños en Baja California. Fue cineasta visitante en la escuela de cine de Istanbul Bilgi University y en Rochester Institute of Technology donde filmó Historias Alrededor de una Cama, Jamaica en Invierno y Hielo Negro. En la Universidad de Texas en El Paso, terminó de escribir la novela De Ciervos y Mariposas que se encuentra adaptando al cine. Ha trabajado como guionista en Canal 11 de la Ciudad de México y en Telemundo. Después de diez años de trabajar como profesora en diversas escuelas de cine en universidades de los Estados Unidos, durante el 2008-2009 se desempeñó como Coordinadora de Corresponsales en NOTIMEX. Con una beca otorgada por el Instituto Veracruzano de Cultura desarrolló el proyecto Visit as Art en un barrio aledaño al centro de Veracruz y con el apoyo de National Geographic el documental Inglewood. Actualmente está posproduciendo el largometraje So Long que rodó en el Puerto de Veracruz.


Libro mujeres y casas Visit as Art blanco  
Advertisement
Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you