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Tan rosa o tan negro como una quiera


TAN ROSA O TAN NEGRO COMO UNA QUIERA Es interesante darse cuenta de como, ante un hecho, nuestra mente lo interpreta tan rosa o tan negro como quiere. No hay una aprehensión objetiva del asunto sino que la mente lo interpreta. Para interpretarlo la mente utiliza información y experiencias que ha grabado previamente a lo largo de los años y que son propias de cada persona. Durante esta interpretación empieza a desaparecer la objetividad. El estilo emocional optimista o pesimista y el estado de ánimo del momento también intervienen matizando la interpretación.

La distorsión LA MEMORIA Sucede un hecho. Nosotros estamos allí o no, pero nos llega información sobre él y la guardamos en la memoria. Acabo de leer (El taller de la memoria de Juan Carlos López) cuan compleja es la memoria. Hay distintos tipos de memoria, se alojan en zonas cerebrales diferentes y su grabación, duración y recuperación es diferente según las circunstancias. Tampoco se graba todo, sino que el cerebro discrimina de entre toda la información lo que supuestamente puede ser necesario y sólo archiva esos datos. Aquí empieza la distorsión: Tengo unos datos en la memoria, pero no toda la información sobre un hecho. Al recuperar un recuerdo, el cerebro completa algunas lagunas de información sin que seamos conscientes. En este momento, también se interpreta el hecho a la luz de otras experiencias archivadas previamente y reflexionamos según nuestro estilo personal y llegamos a una conclusión que volvemos a archivar en la memoria como información a disposición en un futuro. ¿Cuánto hay de científico, de cierto, en este proceso? Casi nada; toda la información se selecciona, guarda, recupera, completa, interpreta y archiva de forma personal. Así, según SU ESTILO:    

Las personas rumiantes de pensamientos que siempre están dando vueltas a las cosas en su cabeza, frecuentemente autocompadeciéndose, cargan de tintas negras cualquier tontería. Y viceversa, las personas políticas son capaces de pintar de rosa el asunto más escabroso. Y los optimistas parecen no considerar nunca los riesgos y confiar en que si algo sale mal ya lo resolverán sobre la marcha. Y los pesimistas sólo ven las desventajas y la incapacidad.

El ESTADO DE ÁNIMO del momento también interviene matizando. Si me siento alegre los contratiempos pesan menos pero si estoy apagada, cualquier contrariedad se convierte en una carga insoportable. Si hace sol, es una cosa, mientras que si está


nublado la predisposición es peor. Si tengo la regla o estoy enferma, no me siento con energías para casi nada, cualquier inconveniente es insalvable.

Problemas que esto genera: Las personas con fuerte personalidad son poco manipulables, pero aquéllas con un carácter sugestionable pueden ser influenciadas con suma facilidad. Acabamos creyendo, guardando en la memoria, cosas que no son del todo reales puesto que las hemos manipulado al interpretarlas. Lo malo es que algunas de ellas nos hacen daño y no son ciertas; sólo son castillos en el aire imaginados por nuestra mente. Y también sucede al revés; he leído como algunos terapeutas han inducido sin querer a sus pacientes a creer que habían sido objeto de abusos de tanto preguntarles por el tema. Y algo que, en principio, pudo no ser traumático acaba siéndolo porque el terapeuta insiste en que lo es. Entonces, el paciente cambia el registro que tenía y acaban viendo fantasmas donde nunca los hubo. Si la captación de algo puede distorsionarse tanto, ¿cómo haremos para orientarnos? ¿Cómo sabremos cual es la realidad, si para cada uno es distinta? Entonces, tampoco existe una verdad sino muchas verdades, una para cada individuo. Todos funcionamos en base a una serie de CRITERIOS, son necesarios para orientarse y decidir, pero ¿alguna vez nos hemos parado a pensar si esos criterios son ciertos o no para nosotros? En algún momento alguien nos los grabó y ahí se han quedado pero merece la pena examinarlos por si fueran erróneos para nosotros. Por ejemplo: hay que estar a bien con la familia, hacer el amor es pecado... En las CREENCIAS que uno tiene SOBRE SÍ MISMO sucede lo mismo: Yo no podré. ¿Quién lo ha dicho? A veces, la poca confianza en uno mismo pone unos límites que en realidad no existen. Algunos objetivos se conseguirían si se abordaran con más determinación y confianza. La gota que colma el vaso. Una va guardando agravios hasta el día en que después de rememorarlos todos explota por una tontería que colma el vaso. ¿No sería mejor ponerse una vez colorada y no 110 amarilla? ¿No sería mejor poner distancia de las cosas que no nos convienen? Requemarse consume muchas energías y nos hace sentirnos amargados para nada, porque ese sufrimiento no repara los daños ni encuentra soluciones. Sería más inteligente gastar las energías en buscar soluciones.

Conclusión para no perderse en un mar de incertidumbres y relatividad.    

Ante un hecho, intentar discriminar entre datos objetivos y suposiciones o interpretaciones. Una vez tengamos los hechos, reflexionar desde distintas perspectivas. ¿Los criterios utilizados para valorar son válidos para mí? Reorientarse, si es necesario. Vigilar si nuestro estilo personal y estado de ánimo está cargando tintas que no corresponden.

Tan rosa o tan negro  

Optimistas - Pesimistas y las interpretaciones del cerebro

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