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Más aún vive en nosotros, en el corazón de cada uno. Por eso, aunque no le vemos, sentimos los efectos de su presencia, así como la han sentido los santos de todos los tiempos incluso nuestros santos mártires.


Tratar de entender racionalmente ese ser superior que está tan por encima de nosotros es como si quisiéramos conocer todas las veredas, montañas y valles que hay en Neptuno, si es que las hay… Más aún, cuando salimos a la intemperie y la lluvia nos cae encima, aunque no sepamos bien a bien sus componentes, sí sentimos sus efectos, su frescura o la mojada que nos deja.


El EspĂ­ritu del SeĂąor no es necesario conocerle personalmente, ver su persona, su cara o entender su forma de actuar. Basta decir que a travĂŠs de los tiempos hemos reconocido la realidad de sus dones.


Por Los dones del Espíritu Santo tenemos  Sabiduría  Entendimiento o inteligencia

 Ciencia  Fortaleza  Consejo  Piedad  Temor de Dios


Don de

SabidurĂ­a:


Se nos ha dado para conocer el mundo y la vida, para darnos cuenta de lo que nos rodea y conocer mejor nuestra persona y nuestro universo.


Don de

Entendimiento:


Este don nos capacita para saber que sabemos, porque la inteligencia de los seres humanos supera a la de cualquier otra especie de creada.


Don de Ciencia:


Es el don que nos permite acumular experiencias y crecer en conocimientos; de otra forma cada generaci贸n estar铆a siempre al inicio del saber.


Don de Fortaleza:


Muchas cosas en la vida nos rebasan y la convivencia no siempre es un dulce; simultĂĄneamente con los dones de Dios tenemos las influencias del mal y para poder llevar una carga y una lucha necesitamos la fuerza que el EspĂ­ritu de Dios nos da.


Don de Consejo:


Es mucho mås que la capacidad de dar o recibir consejos‌ este don se refiere a la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo no bueno, lo que viene de Dios y lo que procede del mal.


Don de Piedad:


También la piedad en cuanto don del Espíritu Santo es poco comprendida. Es más bien amor y ternura hacia el Ser que nos ha dado todo, comenzando por la vida. Es poner a Dios al centro en el altar de nuestro corazón.


Don de Temor de Dios.


Los santos decían: TEMO que el Señor mi Dios pase y frente a mí, y que yo no me dé cuenta. El don del Espíritu no dice temor a Dios, sino temor de no reconocerle, de no amarle, de andar fuera y lejos de sus caminos.


ORACION Señor, Dios mío, quiero renovar mi fe, y reconocer que Tú eres al mismo tiempo, Padre creador, Jesucristo salvador y Espíritu Santo santificador. Quiero vivir esta vida con todas sus implicaciones pero reconociendo que Tú, Señor eres lo primero y lo más grande en toda la existencia, en mí y en el mundo entero. Amén

María Belén Sánchez, fsp


Los dones del espíritu