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Portada

Rumores del silencio Tiempo de presencias y ausencias

María Angélica González Dávila 1


GONZÁLEZ DÁVILA, MARÍA ANGÉLICA Rumores del silencio. Tiempo de presencias y ausencias. Catálogo México: Bonilla Artigas Editores, 2016. Formato electrónico ePub ISBN 978-607-8450-32-9

Los derechos exclusivos de la edición quedan reservados para todos los paÍses. Prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio conocido o por conocerse, sin el consentimiento por escrito de su legítimo titular de derechos. Primera edición ePub3: mayo de 2016 D.R .© 2015, María Angélica González Dávila D.R .© 2015, Bonilla Artigas Editores S. A. de C. V. Cerro Tres Marías número 354, Campestre Churubusco, C. P. 04200 Ciudad de México libreriabonilla.com.mx editorial@libreriabonilla.com.mx ISBN: 978-607-8450-32-9 (Bonilla Artigas Editores). Hecho en México

Diseño de portada: María López Pons Elaboración de ePub: Kubikpress

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Rumores del silencio Tiempo de presencias y ausencias

María Angélica González Dávila

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Agradecimientos Mi gratitud está en deuda con muchísimas personas, comenzando con mis padres, el doctor Daniel González y González y la maestra Ma. Angélica Dávila Udave, quienes han sido ejemplo de verticalidad, generosidad y trabajo; agradezco a mis hermanos Daniel y Aurora Isabel a los que debo mucho; a mi esposo Roberto y a mis hijos Ma. Angélica y Roberto, quienes con su cariño y solidaridad me han acompañado en este proyecto y en muchos otros; a mi maestro y amigo Ricardo del Río por su consejo y compañía de años en mis procesos de trabajo en el taller; a la doctora Cristina Ríos Espinosa, por sus oportunas y sabias sugerencias en mi trabajo académico y por su escrito sobre esta retrospectiva del quehacer plástico que me ha ocupado los últimos siete años; a mi querida amiga y compañera del doctorado, la Maestra Ángeles Lucía Molatore, a la poetisa Guadalupe Galván y a la Lic. Lucía Sáenz Viesca, directora del Centro Cultural Isidro Fabela - Museo Casa del Risco, mi gratitud por sus textos sobre el trabajo de esta muestra; a mis entrañables asistentes y colaboradores Marcelina Ortega y Roberto García Morales, por su cercanía y apoyo incondicional. A todos mis amigos que de una u otra manera han sido fuente de inspiración; por su apoyo, solidaridad y estímulo, ¡gracias!

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Índice Contenido

Hermenéutica de símbolos estéticos

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Dra. Cristina Ríos Espinosa

Rumor por la paz: breve acercamiento a una obra de María Angélica González Dávila

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Lucía Molatore

Entre lo efímero y lo duradero 19 Guadalupe Galván

La auto-observación como vía de acceso a la intimidad personal

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Lucía Sáenz

Rumores del Silencio. Tiempo de presencias y ausencias Retrospectiva 25 Ma. Angélica González Dávila

Sala I 27 Sala II 37 Sala III 57 Sala IV 67 Sala V 91 Sala VI 107 Semblanza de la autora 112

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Hermenéutica de símbolos estéticos Cristina Ríos Espinosa

En mayo pasado tuvimos la exposición titulada Rumores del silencio. Presencias y ausencias en el Museo del Risco en San Ángel. Vale la pena hacer una breve reflexión en torno a algunas obras escogidas: la estética de María Angélica González Dávila aborda temas de gran profundidad espiritual. El título de la exposición es una conciliación entre contrarios, una metáfora por antagonismos, pues ¿cómo es que el silencio puede rumorar? La contradicción es solo aparente, las personas de profunda vida espiritual saben que el silencio es un alimento para el crecimiento del alma y la posibilidad de llegar a respuestas y certezas, de ahí que el silencio nos hable. El silencio es el alimento del alma para que ésta crezca en su propia luminosidad, es la condición de necesidad para recibir el mensaje del conocimiento de nuestra naturaleza divina, nadie puede encontrar lo que busca más que en la quietud, en la ausencia de palabras y de símbolos, para que por el silencio, que es en sí mismo ausencia, encontremos la presencia del todo que habita en el arte. El silencio es la preparación de la vivencia y eso es lo que nos ofrece la estética de nuestra artista. La estética espiritual de González Dávila aborda temas sobre la dualidad de la naturaleza humana y su conexión con lo espiritual; vemos la influencia de la mística en sus abordajes, y no es casual. La noción de “vivencia estética” tuvo su triunfo en el siglo xviii con el surgimiento del movimiento romántico en Alemania, este término no lo usaré como se comprende en la opinión común, que la asocia con la belleza, entendiendo ésta como el aspecto exterior de algo, como bonito, digno de admirarse; es decir, como una cualidad de las cosas que provoca un deleite y un placer a los sentidos externos. La “vivencia estética” se entendía justo como una

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experiencia del espíritu, de aquel que sabe contemplar con el ojo interior, con la intuición, un ojo o telescopio espiritual que no requiere de los sentidos externos, como el ojo que ve y que puede errar la percepción. Aquí se trata de percibir con la fuerza de la imaginación, por eso es que para lograr dicha experiencia, era necesaria una precondición fundamental, a saber, la del contemplar de manera desinteresada el objeto. Es decir, de suspender el interés por el objeto, para lograr desprendernos de nuestro “yo deseante” y convertirnos en “sujetos puros” de la contemplación. Suena de lo más contradictorio, ¿verdad? Sin embargo, tiene toda lógica para lo que quiero mostrar aquí: la patente interconexión de dicho tipo de experiencia con la mística. Dado que el sujeto debe renunciar a todo aquello que lo liga con el mundo exterior, debe negarse a sí mismo: esa es la precondición también de la vida mística para acceder a su interconexión o comunicación con lo absoluto, que es el rostro amado de Dios. Esta necesidad del juicio de “gusto estético” por el desinterés, tanto en la filosofía de Kant (1724-1804) como en el romanticismo alemán, nos huele a una ética y teología cristiana de corte protestante, que debe depurar el juicio de toda contaminación de los sentidos exteriores, de los cuales siempre se había desconfiado por el racionalismo filosófico de distinto cuño, desde Platón hasta Descartes, porque la verdad debía confiarse a la razón. Sin embargo, a partir de los empiristas ingleses, en particular de Hume (1711-1776), surge lo que llamaré una “epistemología estética” que desconfía de la razón como la fuente de las certezas y se descubre una nueva vía de conocimiento no racional, una basada en la facultad de la imaginación, en la intuición y el gusto estético , que hará las veces de la razón. Es decir, será un “análogo de la razón” una forma de mirar y contemplar que no depende del ojo exterior -como ya dije- sino del ojo interior, base de un nuevo tipo de conocimiento no racional, pero que posee un potencial que nos permitirá acceder a las esencias de las cosas o “noúmenos”, como les llamará Kant. Esas esencias o tuétano de las cosas eran inaccesibles a la razón y a la sensibilidad exterior, pero a partir del triunfo de la imaginación en la estética del siglo XVIII, tendremos una facultad a la que se le da

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una nueva legitimación para ofrecerle al entendimiento un nuevo hilo conductor para continuar con su hacer epistemológico. La imaginación es libre, se libera de la restricción de los sentidos y produce imágenes, actúa independientemente de los sentidos. Además tiene un eminente poder ético, pues hace el efecto de sustitución de ponerse en el lugar del otro. Posee una cualidad moral porque permite crear una distancia del interés propio. Por su parte, el gusto es un sentimiento pero de una cualidad curiosa, pues si bien pareciera ser relativo y particular, es posible su validez universal y ello reside en el hecho o precondición necesaria de ser “desinteresado”; eso le permite lograr su universalidad, es decir, que sea válido para todos. Ahora bien, cómo asociamos este tipo de “vivencias estéticas” desinteresadas con la “experiencia mística”; esta última no surge en el XVIII sino en la Edad Media y el Renacimiento, ahí tenemos a nuestros grandes maestros, como el tan admirado y polémico Maestro Eckhart (1260-1328), de la orden dominica, místico alemán seguidor de San Agustín, condenado de herejía por la Iglesia, pero quien tuvo una influencia decisiva en San Juan de la Cruz, entre otros. No es mi intención hacer un estudio de la mística medieval y renacentista, sino sólo tomar lo que sirva para asociar ambas experiencias. En los tratados de Eckhart , éste nos habla del “ser separado”, precondición necesaria para que el hombre lograra una mejor y más rápida unión con Dios. Se trataba de vaciarse de sí mismo como una preparación para lograr la unidad, estar vacío de todas las criaturas, es decir, estar vaciado de mundo, de apegos, distracciones y habladurías. Quien quiere estar libre de pesares y tristezas debe tener una sola cosa: el “ser separado”, nos dice Eckhart. Esta interconexión entre la “vivencia estética” y la “experiencia mística” es la que me sugiere la estética espiritual de González Dávila en esta exposición, pero además una evocación de la memoria que apela a nuestra consciencia histórica, de las cuales haré una hermenéutica breve. En primer lugar, en la obra intitulada por la artista Unidad en la inagotable dualidad, está representa

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la dualidad de la naturaleza humana; por un lado, su inclinación a apegarse a las cosas y, por otro, la búsqueda incesante de la libertad. Los místicos como Eckhart siguiendo las enseñanzas de San Agustín, hablaban de un “hombre interior” y un “hombre exterior”. De igual manera, los filósofos como Cicerón y Séneca hablaban de la nobleza del hombre interior y del carácter vil del hombre exterior, ligado a la carne. Esta obra me hace rememorar a los maestros de la antigüedad y los místicos del Renacimiento. Además, nos remite al carácter dual del hombre como luz y sombra en una unidad indivisible: la luz que orienta e ilumina y la sombra, que puede ser la obstinación del hombre apegado a su “yo deseante” y efímero. En nuestro corazón germina una semilla luminosa que debemos dejar germinar y brillar, pero los apegos echan tierra sobre ella y no la dejan realizarse ni crecer. Es nuestra labor sacudirnos los apegos para llegar a nuestra verdadera esencia luminosa. La obra que nuestra artista ofrece aquí, nos invita al crecimiento espiritual como una posibilidad latente de nuestras naturalezas duales. La segunda obra que quiero comentar se titula Tiempo para la paz. Este arte objeto incluye cinco balas que representan cinco continentes y un pañuelo blanco colgado de una mano que se extiende y que simboliza la paz. De cada una de las balas germina un árbol, símbolo de la esperanza en el sentido de vida y de la dignidad de un pueblo devastado por la destrucción, algo que se salva después del odio y del absurdo genocida, que en su crimen lógico se destruye en nombre de la “libertad”. Es una obra en memoria de los muertos, de los desplazados, de las desapariciones forzadas, de la dignidad de los estudiantes en sus marchas acusando al Estado de la desaparición forzada: en esta obra están simbolizados los cinco continentes unidos por una sola humanidad. Es una obra que conmueve porque es un memorial, un homenaje a los héroes, a todos aquellos que murieron en nombre de un ideal de justicia y que nuestra artista les da voz, y los salva de la muerte del olvido, porque los muertos se pueden volver a morir si dejamos de oír la voz de la historia de los caídos. Esta obra irrumpe en el velo de la historia para hacerla visible y contarla a través de símbolos y metáforas.

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La tercera obra que quiero comentar lleva por título Integración. Ella se refiere nuevamente a la dualidad de luz y sombras encerrada en la naturaleza unitaria de lo humano; es arte objeto y está llena de símbolos. En ella aparecen dos rostros, uno blanco, que simboliza la claridad, y uno negro, que simboliza la obscuridad, las tinieblas. Un reloj que simboliza lo efímero de la vida humana, y llaves de diversos tamaños que señalan las puertas, las cuales nos refieren a aposentos que representan las diversas etapas por las que pasa el hombre en su desarrollo espiritual, pero también nos evocan cerraduras, que representan nuestra obstinación, nuestros apegos y deseos. Para la artista el hombre existe en un mundo dual, mezcla de luz y sombra que habitan en su corazón. Esa luz emerge cuando el hombre se vuelve totalmente a la eternidad. La idea del tiempo en esta obra es la del tiempo cualitativo, contrario al tiempo lineal de nuestra cultura occidental, que es una construcción ideológica que mide el tiempo del trabajo que mecaniza la vida y nos ve como sujetos iguales y medibles, en donde nuestras vidas se ven capturadas en el tiempo ordinario de la productividad del trabajo. La Estética de González Dávila rompe con esta visión del tiempo para ubicarnos en el tiempo de la estética, que rompe con la homogeneización de nuestras vidas, gracias a la imaginación, que nos hace vivir en un tiempo suspendido: el de la mística y de la unidad que vincula el pasado con el presente a través de la memoria, la conservación de lo sagrado, como son la vida de nuestros antepasados. Es el tiempo de la unidad, que vincula al hombre con su pasado, con sus antepasados; ellos están presentes en este tiempo suspendido, apelan a nosotros como sus abogados, sus defensores, nos llaman para recordarlos y hablar en su nombre a través del lenguaje estético. Nosotros como generaciones presentes debemos dar vida a nuestros padres, abuelos, tatarabuelos. Debemos darle actualidad a sus esperanzas puestas en nosotros. Una cuarta obra intitulada Holocausto evoca los muertos en los genocidios, no solo la del pueblo judío, sino la de todos los pueblos de la historia que se ofrecen en sacrificio para que la Idea de Historia se realice en nuestra carne, víctimas de un racionalismo absurdo que deja barbarie y

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destrucción a su paso. Esta fotografía nos recuerda el mesianismo de Walter Benjamin , en donde a través de la metáfora, las víctimas son representadas por raíces que buscan alcanzar un río en el que se hunden, simboliza a las víctimas en la búsqueda de su continuidad histórica. Esta obra fotográfica evoca redención, un aire libertario en donde las raíces nos representan: nosotros somos la imagen de esta continuidad histórica, dado que la historia hegemónica se olvidó de esta otra historia, la de los vencidos. Nuestra artista respira este aire del pasado, lo retiene y lo exhala: este conmovedor gesto vincula esta obra con el mesianismo de Walter Benjamin. Esta intervención artística evoca metafóricamente fuerzas humanas, los hombres y mujeres de hoy en donde los antepasados cifraron todas sus esperanzas de liberación. Aquellos que fueron vencidos y que murieron por órdenes injustas, vislumbraron la redención en nuestras fuerzas revolucionarias, que lograban respirar ese aire mesiánico, capaces de escuchar la llamada de nuestros antepasados en su búsqueda libertaria y de justicia, y en el momento en que alguien era interpelado por este aire de la historia, irrumpía en ella buscando hacerle justicia a los muertos, la de todos aquellos que vieron frustrada su lucha de liberación pero que las generaciones presentes evocan en sus utopías e ideales y les dan vida, para escribir la historia a contrapelo; es decir, contar la historia de los vencidos y de las víctimas, a las cuales hacen justicia. González Dávila nos recuerda a nuestros antepasados a través de la profunda espiritualidad de su Estética para lograr conmovernos y penetrar en nuestros corazones preñándolos de conciencia histórica.

julio 2015

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Rumor por la paz: breve acercamiento a una obra de María Angélica González Dávila Lucía Molatore

Las galerías y los museos se levantan para que podamos entrar en ellos, ver las obras, encontrar a los artistas, y, algunas veces, con suerte, comprender otras realidades, incluso la propia, es decir, el exterior logra penetrar, en ocasiones, profundamente, para no dejarnos jamás. Sin embargo en Rumores del Silencio: Tiempo de presencias y ausencias, de la artista visual María Angélica González Dávila, ocurre lo contrario, algo insondable, difícil de precisar, brota de alguna parte nuestra y se reconoce, allí, en las formas, en las texturas, en las ideas, en los colores, es entonces cuando comenzamos a escuchar al silencio, a los rumores de los silencios. Algo desde nuestro interior emerge e irrumpe en las piezas contaminándolas con realidades que nos pertenecen. En la ausencia de sonido numerosas presencias escondidas murmuran, en ese instante escuchamos al silencio imperceptible que se distingue de nuestros silencios mudos cuando no supimos qué decir o cuando prometimos nada decir. Oímos al silencio de la noche que nos entrega las pisadas sigilosas de un gato y a nuestro silencio interior. Sentimos al silencio expectante del momento antes y al silencio sobrecogedor del momento después. Advertimos a los silencios de la muerte y a los de la ira. Atendemos al silencio cómplice y al silencio que acusa y recrimina; a los silencios cobardes, a los reflexivos, a los impuestos, a los serenos y hasta a los amorosos. Las piezas de Angélica nos arrancan nuestros silencios y con ellos nos guían por un espacio de rumores que se nos acercan y acercamos, nos desdoblan y desdoblamos; aprehenden nuestra esencia y nos llenan con las suyas.

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No se oye nada más Silencio. ¿Escuchas? Es la sinestesia absoluta que te desgaja en pasos solitarios. Nunca has estado tan solo, nunca has estado con tantos. Nunca habías oído todos los segundos. Un vértigo suave te encuentra en el conjunto de las piezas, los silencios y los tiempos. Pero cada obra fluye en su propio rumor, es necesario aproximarse para aislarlas de la sinfonía que componen, y cada una es una pieza maestra. ¿Escuchas? Las piezas que conforman la muestra Rumores del Silencio es múltiple en todos los sentidos, desde los abordajes, los temas y hasta las técnicas. Y aunque el conjunto es fantástico, cada obra y cada parte de cada obra merecen que las mires por separado, que las comprendas plenamente y, desde luego, que hables de ellas durante mucho tiempo, durante muchas páginas. Todas las piezas son complejas y en casi todas hay un juego infinito de opuestos que sin la maestría de Angélica serían, si acaso, sinsentidos, pero para ella nada es difícil, ni el manejo de una inaudita diversidad de técnicas ni algún tema, pero, sobre todo, ningún concepto le es imposible. Escucho. Pienso en la obra de Angélica y recuerdo los universos borgianos porque aquí he estado avanzado a través de un laberinto donde se superponen un aleph murmurante tras otro, tras otro, tras otro. Me pierdo, me encuentro, me vuelvo a perder. No quiero salir. Me detengo. Estoy delante de Tiempo para la paz, no es azar, mis invocaciones han sido atendidas y fue a mí, a nadie más a quien le gritó desde el fondo del salón, por eso me acerco sin cautela, sin defensa. Sin miedo. Tiempo para la paz es apenas una pequeña caja que en cierta forma me recuerda a las de Gironella cuando capturaba objetos en cajas que se derivaban emociones. Angélica no encerró objetos, apresó un escenario vivo de muerte, lo recreó y lo exhibe frente a mí, no puedo más ser indiferente. Cinco balas percutidas calibre 50 se yerguen solemnes con toda su muerte dentro y desde su destrucción emergen formas orgánicas, de distintos colores, como diferentes son las

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pieles, en toda la latencia de un esplendor inerte, y bajo ellas, han muerto las flores y hombres diminutos hablan en un lenguaje inaudible que conozco y reconozco. El mundo es violento y duele, las imágenes que nos rodean no nos dejan descansar, pero el problema no es la falta de descanso, la tragedia es la inconsciencia sobre la necesidad de no dormir, de encender velas en las que vivan los que ya no están, de generar obras y diálogos donde no se nos permita agonizar, no se nos consienta morir a los sucesos. En Tiempo para la paz los materiales rechazan su naturaleza, los vulnerables aparecen sólidos; los inanimados cobran vida y generan, en medio de un alarido violento, la posibilidad del silencio. Sin embargo no es el silencio incómodo, es el silencio del despertar, el silencio de una pieza bellísima, sutil y misericorde que cobra sentido y se llena de movimiento. Es una súplica por la paz, su reclamo y su denuncia. Es una cajita en donde los objetos estallan y forjan el ruido suficiente para que uno, al salir, avance en silencio, herido por la realidad, extraviado en las pantallas, pero por fin, lleno del propio dolor, para que logre llorar, porque ahora, aquí, frente a esta pequeña caja, Angélica, en el silencio que acompaña y comprende, extienda la mano y nos ofrezca el pañuelo. En Tiempo para la paz lloré por todas las muertes de todas las guerras de todos los tiempos y asistí con mis flores muertas al nacimiento de la paz. Escuché. ¿Escuchas? Escuchamos y hemos sido consolados.

junio de 2015

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Entre lo efímero y lo duradero Guadalupe Galván Rumores de silencio, de tiempo. Pulsos. Esfera. Geometría del aire. Giran las palabras de los hombres en ella. La mirada gira en esa geometría suspendida en medio de la sala. Las palabras le dan perpetua forma a la circunferencia. El bestiario de peces, pájaros y mariposas revela los elementos y los estados del aire y tierra. Lleno y cargado de detalles. Vuelan prendas en un par de cuadros. Van, llevan a los que miran a otros lados. Los materiales dan la sensación de lo efímero que da la técnica de los papeles superpuestos. Escenas de un mundo que flota. Estampas de la propia historia. Baren, bambú: son palabras que se quedan. Hay materiales testigos que invitan a perdurar. La autora quiere quedarse entre lo efímero y lo duradero. Se debate entre ese estar e irse. Entre el papel y la madera. Las superposiciones de los materiales. Los anillos del árbol. En qué aro estamos. Qué nervadura nos sostiene. Historias sobre historias. Y el óxido, un elemento que sostiene y remite al tiempo y al contraste con la belleza, aunque en sí mismo es bello. Tallar. Estampar. Empapelar. Trabajar materiales. Envolverse en el proceso. Reconocer el propio cuerpo en la madera o el papel. En el color. Acaso cada cosa que hacemos nos devela y nos identifica. El tiempo se pasea en los espacios en blanco. El pulso respira entre un cuadro y otro. Es el ritmo de lo que no se ve, de lo que flota, algo oscuro. Piedras que se siguen encontrando entre los cuadros. Desasosiego color ocre. La caja negra. La fotografía con las caras borradas. Dónde está la identidad. Cómo cambia con los años. Reloj que no para, que borra los nombres. Encerrarse en la caja. Encerrarse a ver los corazones ascendientes. A dónde van. Ahí empieza la oscuridad de la sala. Algo que oprime y atrapa. Una caja donde viven todas las edades. Todas las caras. Cuidado meticuloso de símbolos. Mapa de la autora. Objetos que dicen. Hay algo onírico adentro de todas las cajas. Y al fondo una figura inquietante que trae la dualidad en las manos. Acaso el reflejo físico de la autora. Dualidades. Posibilidad. Lo doble. Espejos. Los elementos forman su propia esfera. mayo de 2015

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La auto-observación como vía de acceso a la intimidad personal Lucía Sáenz Viesca

La búsqueda del sentido de la vida, remite al ser humano a un proceso de experimentación por diversas sendas por medio de la introspección y la auto- interpretación. En el ejercicio creativo de María Angélica González Dávila la mística se da como recurso generativo en ese proceso y el resultado deviene en un diálogo visual y contemplativo, plasmado en sugestivos espacios plásticos. Una parte importante de sus obra nos remite a las barreras que el ser humano debe traspasar para llegar a la esencia de la interioridad; son umbrales o puertas que debemos abrir para lanzarnos a lo intrínseco, a lo substancial. Asimismo, los elementos incorporados por la artista a su obra nos trasladan a la iconografía vehemente de la religiosidad carmelita de Santa Teresa por una búsqueda espiritual, mediante la síntesis visual de lo inefable y del conocimiento. Es significativa la constante presencia de la artista como modelo en su obra, lo que nos habla también de la auto-observación como vía de acceso a la intimidad personal, usando un sinnúmero de recursos plásticos, en un afán de encontrarse y transmitir su visión personal del mundo. La exposición “Rumores del silencio” presentada este 2015 en el Centro Cultural Isidro Fabela-Museo Casa del Risco, por la artista, es una clara muestra de la madurez que Ma. Angélica González Dávila ha adquirido en el transcurso de su trayectoria tanto nacional como internacional.

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Rumores del Silencio Tiempo de presencias y ausencias Retrospectiva

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Rumores del Silencio. Tiempo de presencias y ausencias Retrospectiva Ma. Angélica González Dávila Cuando no podemos tomar o mostrar la cosa, digamos lo presente, el ser-presente, cuando lo presente no se presenta, significamos, pasamos por el rodeo del signo. Tomamos o damos un signo. Hacemos signo. El signo sería, pues, la presencia diferida. J. Derrida Siempre ante la imagen estamos ante el tiempo como ante el marco de una puerta abierta. Didi Huberman

La exposición tiene como punto de partida un proceso de investigación personal que emerge del anhelo de sondear el orden oculto de la existencia, buscando un acercamiento a la representación de los secretos del mundo, desde la variedad y consistencia de la materia. La comprensión del mundo y nuestras propias acciones están inscritas en una duración limitada, en una especie de paréntesis en el tiempo, cuyas vivencias tratamos de incrementar, atesorando instantes. Para darle un sentido más claro al conjunto de obras que han nacido como resultado de esta práctica que surge en solitario, es necesario un hilo conductor que las vincule y al mismo tiempo las haga mantener su autonomía en cuanto al lugar, tiempo y circunstancias que las hicieron nacer, y este hilo de Ariadna surge como resultado de colocar la experiencia personal en comunicación con lo natural y lo sobrenatural… con el universo, con el Todo. En estos actos de repetición simbólica aparecen, a veces consciente y a veces inconscientemente los arquetipos de la creación, que conllevan, como afirma Mircea Eliade a una actualización del suceso primigenio. “En la historia de los pueblos, en la historia del espíritu humano, sólo los actos de creación tienen importancia. Sólo ellos pueden enseñarle algo al hombre”. La presencia de la espiral, por hablar solo de uno, que a veces funge como estructura, como

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sostén, como señal de ascenso, como un simple trazo o como impulso, es uno de los códigos de acercamiento al centro potencial de la creación, es una forma de la percepción del ser humano del movimiento cósmico, pues de alguna manera nos hace penetrar a una morfología básica de la existencia situada en el principio del tiempo. Y así como aparece continuamente este arquetipo en la obra, también se van creando instancias como huellas de la propia conformación identitaria, en donde hay un rehacerse, transformarse, inventarse, repetirse, reconocerse en lo diferente, repitiendo la propia imagen en el propio mundo. El cuerpo efímero, la identidad, el misterio de la propia existencia es lo central en la obra, lo que hay que ver y entender: la esencia primordial del ser que se asemeja a la entrada de un reino de sombras en un devenir perpetuo, que por instantes toma forma material y después se desvanece en el ámbito cósmico con el cual la vida mantiene una íntima relación. La creación de velos imaginarios, puestos unos sobre otros, a veces cubriendo y a veces descubriendo, a veces velando y a veces develando, suscitando variantes y no fórmulas exactas, dispersando secretos que ni el propio dispersador conoce, para ampliar eso que se aleja y se acerca una y otra vez. El referente es una estela de fe, pues no hay nada afuera de la obra, todo está ahí y en construcción, donde la memoria se proyecta a la realidad presente como un elemento abierto, como un espacio de constante experimentación tanto en los soportes como en los conceptos para provocar diálogos, que son los productos verdaderamente importantes de estos acontecimientos y que continuamente hacen al espectador una invitación a sumergirse en estas obras, para encontrar que la multiplicidad de visiones corresponde a la diversidad de historias humanas, pues mientras más son las posibilidades de diferir en la interpretación de una imagen, más grande será su poder semántico, aunque paradójicamente, más indefinida su significación. El tiempo en cada imagen juega un papel sustancial, siendo en cada una diferido y diferente, desfasado, pasado, siempre distinto: cada imagen es un cúmulo de tiempo, una sombra del ayer reflejada aquí y ahora, que será redefinida en cada nueva lectura en donde la alternancia entre lo propio y lo ajeno sucede en medio de maneras distintas de apropiación.

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SALA I

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La instalación Totalidad hace referencia al simbolismo de la esfera, que desde tiempos remotos, ha representado a la total perfección y es la Matriz Universal en la Geometría Sagrada. La esfera se muestra suspendida a modo de péndulo oscilante y contiene en su interior tramos translúcidos de acrílico, que giran a manera de espiral cósmica y que portan cada uno, un concepto que trata sobre este cuerpo geométrico en relación a las ideas neoplatónicas de Dios, poniendo de manifiesto las cualidades que la razón humana desde la historia, le ha depositado al Ser y que rescatándose del infinito, se irradian desde el centro esférico en un continuo vaivén, para ser motivo de reflexión por el actual lector/espectador. El movimiento oscilante de la esfera suspendida en su lento viaje, acerca y aleja al concepto inasible, que paradójicamente cuando más cerca esté, será justo el instante anterior al que se aleje, al ritmo hipnótico de su desplazamiento pendular.

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Totalidad

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La imagen del círculo proviene originariamente del sol, de donde surge la luz y el fuego de la vida. Representa la rueda de la vida que hace rotar a toda la naturaleza, de manera cíclica y rítmica. El círculo, al no tener principio ni fin, es un símbolo de lo eterno, de lo absoluto, que al cerrarse sobre sí mismo significa la realización y la integridad; evocador también de la música de las esferas recuerda la antigua teoría pitagórica, basada en la idea de que el universo está gobernado según proporciones numéricas armoniosas y que el movimiento de los cuerpos celestes lo está, según la representación geocéntrica del universo. Al ser símbolo del cielo en correspondencia con la tierra, de lo espiritual en relación a lo material, el círculo está vinculado con lo envolvente, con la protección, es así que surgen los círculos mágicos, los anillos de poder, las coronas reales, etc. Y como símbolo de que el círculo protege a algo o a alguien, se dibuja con un punto en el centro, que según Jung, representa la individualidad, el alma, el ser. El círculo también simboliza la unidad al cerrarse sobre sí mismo, la perfección y la totalidad, por lo que es el símbolo del oro en la alquimia y el poder supremo en el Taoísmo.Los doce monotipos están envueltos en este círculo protector, suspendidos alrededor de la esfera, dentro de 12 círculos transparentes de tamaño variable. Ikebana, tradición japonesa que dispone las flores generalmente en grupos de tres flores distintas para transmitir una idea mística de perfección, combinación de mitología y estética, a fe expresada por la forma y el espíritu por la belleza. Kintsugi, que es el arte de convertir en bello y fuerte lo frágil; en la filosofía japonesa cuando se reparan objetos rotos, se enaltece la zona dañada a través de rellenar las grietas con oro, pues al haber sufrido un daño y tener una historia, el objeto adquiere una mayor hermosura, de manera similar a las relaciones humanas que mantienen un diálogo sin fin entre lo que se cree conocer y el gran silencio que está detrás de cada palabra dicha, de cada acción realizada, de cada supuesto error y de cada anhelado acierto. Lo íntimo que puede ser el producto del inconsciente, está encerrado en estos círculos, como una impronta que se va manifestando en este sencillo proceso creativo.

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Cabos sueltos

Pescador III

Ikebana II

Ikebana III

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Ikebana I

Carceri

Deshilando sueĂąos

Amonita

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Deshilvanando tabĂşes

Kintsugi

Equilibrio

Subida

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En lenguaje de grabado, se le llama monotipo a una impresión única, de la que no se producirá otro ejemplar igual. Esta especie de grabado es muy valorado, pues el artista ha realizado un proceso técnico para lograr un solo ejemplar, es decir, se le llama monotipo al ejemplar único (tras el cual la placa se destruye) y también a aquellas impresiones que, por uso de tintas distintas u otras modificaciones, son pruebas únicas o diferenciadas respecto de la edición principal. También hay monotipo cuando el artista prueba la placa con un color diferente, o usando un soporte distinto a ésta. Es importante precisar que el monotipo se obtiene de la placa terminada, y no se debe confundir con las "pruebas de artista" o "pruebas de estado", que el grabador suele imprimir durante el proceso de grabado para comprobar el buen desarrollo del mismo.

El Chine Colle es un procedimiento que consiste en adherir una hoja de papel de china o japonés a otra durante un proceso de impresión. La imagen impresa suele quedar por encima de ambas hojas. El papel de china y en especial el papel japonés es un papel fino y resistente hecho con fibras naturales, que ofrecía un tono muy apreciado a los artistas gráficos del siglo XIX. El tamaño de la hoja de papel suele coincidir con la parte grabada de la lámina o la zona dibujada de la piedra litográfica. Después de ser humedecido, se coloca, con unas pinzas de cartón o chapa, sobre el soporte entintado. Es tal su delgadez cuando el estampador lo dispone encima de la matriz apenas se le distingue. El paso siguiente consiste en poner encima una hoja de formato más grande, tonalidad generalmente blanca y mayor gramaje. La zona de este papel que está en contacto con el de china o el papel japonés, debe haber sido previamente encolada con engrudo natural –harina de trigo diluida en agua– debido a la presión que reciben ambos papeles contra la matriz entintada, no solo pasa la tinta a la estampa, sino que además, el papel de china o japonés queda adherido, por medio del engrudo, a la hoja de refuerzo. El contraste tonal de los dos papeles provoca una sutil variación cromática de notable belleza. Aunque este es el método más habitual, muchos artistas gráficos y contemporáneos, suelen estampar sobre fragmentos de papel de china o japonés de diferentes colores y tonalidades y formatos no coincidentes con la matriz. A dicha modalidad de estampación se la conoce con las expresiones francesas Chine Collé o Chine Appliqué; en castellano papel de china encolado o más genéricamente, estampación sobre papel de china.

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Totalidad

Instalación esférica, dividida en 12 partes y suspendida. Medidas: 2.00 x 2.00 x 2.00 m. Tubular de hierro, acrílico transparente, calcomanía y argollas metálicas. Técnica mixta. 2011 ◄

Cabos sueltos

Monotipo Tintas sobre papel Guarro 100% algodón 22 x 16 cm. 2014 ◄

Pescador III

Monotipo/chine collé Tintas sobre papel Guarro 100% algodón 25.5 x 18 cm. 2014 ◄

Ikebana I

Monotipo/chine collé Tintas sobre papel 25 x 18 cm 2014 ◄

Ikebana II

Monotipo/chine collé Tintas sobre papel Guarro 100% algodón 29.5 x 20 2014 ◄ Ikebana III Monotipo/ chine collé Tintas sobre papel Guarro 100% algodón 25.5 x 18.5 cm. 2014 ◄

Deshilando sueños

Monotipo Tintas sobre papel 37 x 26 cm. 2014 ◄

Amonita

Monotipo/chine collé Tintas sobre papel 38 x 28 cm. 2014 ◄

Deshilvanando Tabúes

Monotipo Tintas sobre papel Guarro 100% algodón 35 x 25 cm. 2014 ◄

Kintsugi

Monotipo/chine collé Tintas sobre papel Guarro 100% algodón 38 x 28 cm. 2014 ◄

Equilibrio

Monotipo/chine collé Tintas sobre papel Guarro 100% algodón 36 x 25 cm. 2014 ◄

Subida

Monotipo/chine collé Tintas sobre papel Guarro 100% algodón 35 x 25 cm. 2014 ◄

Caceri

Monotipo Tintas sobre papel 28 x 34 cm. 2014 ◄

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SALA II

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La dimensión espiritual, entendida como profundidad de lo real, constituye un espacio vital del ser humano. El conjunto de formas inagotables son solamente una expresión de la Profundidad a partir de la cual, todo germina… nada está fraccionado, todo está unido y a través del ámbito espiritual hay un acercamiento a un saber más profundo… Es el Uno que se expresa en lo Múltiple como dos formas de una realidad única. La serie Presencia muestra la inmanencia de lo eterno en la naturaleza está presente y se expresa en el cosmos y la novedad evolutiva, de manera que a través de la contemplación de los objetos visibles podemos descubrir las posibilidades invisibles no actualizadas y a su Creador invisible. En la profundidad de los fenómenos físicos está escondida la fuerza vital, el pneuma griego, el soplo, hálito, viento, que metafóricamente describe un ser inmaterial , “principio vital” o “latido” que se encontraría en el origen de todo lo que es… dinamismo de vida, núcleo insondable, la identidad última de todo lo que existe.

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Presencia I

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Presencia II

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Presencia III

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Presencia IV

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Presencia V

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Presencia VI

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Presencia VII

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Presencia VIII

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Presencia IX

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Señales VII

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Signos II

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Signos VII

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El grabado en madera es una técnica de estampación ancestral que surge en el siglo X en China y se transmite a Japón, en donde es considerada arte nacional. La diferencia entre el Moku Hanga o grabado japonés y la xilografía occidental está, entre otras cosas, en el uso de pigmentos hechos a base de agua, el papel japonés, un sistema de registro con buena calidad para que las secciones de la imagen embonen perfectamente y el baren, instrumento de origen japonés hecho a base de fibras y cortezas de bambú que es utilizado para la impresión manual. Al combinar los papeles japoneses con los pigmentos a base de agua, surge una rica gama de colores, transparencias y degradados, aprovechando y resaltando las vetas de las distintas maderas para lograr una gran diversidad de resultados. El moku hanga es una técnica con un impacto ambiental prácticamente nulo pues usa solamente materiales naturales, de tal modo que facilita la posibilidad de mezclar las técnicas occidentales contemporáneas, para lograr una mayor expresividad e impacto visual en la estampa.

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Para Aristóteles había un elemento más además de los cuatro que existían y era el éter... un elemento de índole superior y mucho más sutil y que es el que llena el universo... es lo más fino, lo esencial y lo más puro... La perla ha sido un símbolo místico importante; su origen misterioso y la belleza y perfección de su forma han hecho de ella un emblema poderoso de la perfección interna, de la vida regenerativa y del fruto de la búsqueda mística. La perla es manifestación sensible de una naturaleza oculta e inasible para nuestros sentidos… Todo en ella, nos remite a algo que está más allá de ella.

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Quintaesencia

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Presencia I

Presencia V

Impresión xilográfica en madera de caoba y transfer sobre papel gampi; estampación en madera de okume y shina con aplicación de sellos sobre papel arroz, montado en papel Guarro de 240 gr. 43 x 32 cm. 2013

Transfer sobre papel gampi y estampación y transfer sobre madera de okume y shina sobre papel arroz, montado en papel liberón de 300 gr. 40 x 38 cm. 2013

1/1

1/1

Presencia II 1/1

Impresión xilográfica en madera de caoba y transfer sobre papel gampi; estampación en madera de okume y shina sobre papel arroz, montado en papel Guarro de 240 gr. 33 x 24 cm. 2013

Presencia III 1/1

Impresión Xilográfica en madera de caoba y transfer sobre papel gampi; estampación en madera de okume y transfer sobre papel arroz, montado sobre papel Guarro de 240 gr. 28 x 31.5 cm. 2013

Presencia IV 1/1

Impresión xilográfica en madera de caoba y transfer sobre papel gampi; estampación en madera de okume y shina con aplicación de mica sobre papel arroz, montado sobre papel Guarro de 240 gr. 33 x 24.5 cm. 2013 ◄

Presencia VI

1/1

Transfer sobre papel gampi y estampación y transfer sobre madera de okume y shina sobre papel arroz, montado en papel liberón de 300 gr. 40 x 38 cm. 2013 ◄

Presencia VII 1/1

Transfer sobre papel gampi y estampación y transfer sobre madera de okume y shina sobre papel arroz, montado en papel liberón de 300 gr. 40 x 38 cm. 2013

Presencia VIII

1/1

Transfer sobre papel gampi y estampación sobre madera de okume y shina con aplicación de sellos sobre papel arroz, montado en papel Guarro de 240 gr. 38 x 36 cm. 2013

Presencia IX

1/1 Impresión xilográfica en madera de caoba y transfer sobre papel gampi; estampación sobre madera de okume y shina sobre papel arroz, montado en papel Guarro de 240 gr. 48 x 33 cm. 2013

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Señales VII 1/1

Impresión xilográfica en madera de pino y transfer sobre papel gampi; estampación sobre madera de pino, okume y shina sobre papel arroz, montado en papel Guarro de 250 gr. 56 x 38 cm. 2014

Signos II

1/1

Impresión xilográfica en madera de pino y transfer sobre papel gampi; estampación sobre madera de pino, okume y shina sobre papel arroz, montado en papel Guarro de 250 gr. 56 x 38 cm. 2014

Signos VII

1/1

Impresión xilográfica en madera de pino sobre papel gampi; estampación y transfer sobre madera de okume y shina sobre papel gampi, montado en papel Fabriano de 300 gr. 76 x 56 cm. 2014

Quintaesencia

Bronce, concha y perlas. 44 x 24 x 10 cm. 2014.

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SALA III

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El análisis de uno mismo para convertirse en el propio y principal sujeto de estudio, observando los propios sueños, buscando el origen de las propias emociones, hilvanando pensamientos sueltos para encontrar claves que permitan penetrar más profundamente en los espacios escondidos del mundo interior.

Hay eco de pisadas en la memoria por el pasadizo que no tomamos, la puerta que nunca abrimos. T. S. Eliot No podemos permitirnos ser ingenuos al tratar los sueños. Se originan en un espíritu que no es totalmente humano sino más bien una bocanada de naturaleza. Carl Jung El sueño es la pequeña puerta escondida en el más profundo y más íntimo santuario del alma. Carl Jung

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Espacio Interno

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En el viaje de la vida, el ser humano se encuentra con miembros de su familia espiritual, experimentando dimensiones superiores eternas. A través del amor al prójimo, el hombre y su alma, entran en una conciencia universal y en algún momento estará totalmente libre y unido con la totalidad universal: el Ser. Durante el proceso, el ser humano asciende y desciende en su camino hacia la unión, de modo que su estructura se va refinando, aunque habrá momentos en los que pueda descender a un nivel inferior entrando en un letargo del cual podrá recuperarse pronto, pues ya ha conocido una dimensión superior.

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Le secret sacreé

Le secret sacreé II

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El self, un arquetipo que representa la trascendencia de todos los opuestos, de manera que cada aspecto de la personalidad se expresa de forma equitativa. Por tanto, no somos ni maculinos ni femeninos; somos ambos; lo mismo para el Yo y la sombra, para el bien y el mal, para lo consciente y lo inconsciente, y también lo individual y lo colectivo (la creación en su totalidad). Si no hay opuestos, no hay energía ni funcionalidad.

... las capas más profundas de la psique pierden la peculiaridad individual a mayor profundidad y oscuridad. Se vuelven más colectivas hacia “abajo”, es decir, al aproximarse al sistema autónomo de funcionamiento, para convertirse en universal. Cuanto mayor es la multitud, más insignificante es la persona Carl Jung

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Self

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El hombre vive en un mundo dual, por lo que su camino tendrá que ver con la integración armoniosa de dos polos; la luz y la sombra que habitan su corazón y este proceso está sujeto al tiempo, en medio del cual se va transformando del blanco al negro y del negro al blanco pasando por algunas tonalidades de gris... básicamente siete… siete colores que hacen referencia a siete niveles espirituales del ser humano, Santa Teresa los llama las siete moradas o estadios del alma, el budismo se refiere a ellos como los siete niveles de silencio; también son siete los niveles del ser en la mística sufí. La llave, como ciertos códigos o combinaciones circunstanciales, abre la puerta a uno de esos niveles, que misteriosamente cambian continuamente; son variables e inasibles durante la existencia. El huevo es símbolo de fundamento material originario, del origen de la creación, marca un comienzo… el foco simboliza la luz de la existencia, que también es fuente de creación. Una jaula contiene una perla, que es símbolo del tesoro secreto en el interior, de la joya por la cual se da a cambio todo lo que se posee; ella está aquí encerrada cerca del lado de oscuridad, porque para encontrarla hay que penetrar en la sombra.

“La perla es el símbolo del tesoro secreto en el interior, está encerrada cerca del lado de la oscuridad, porque para encontrarla hay que penetrar en la sombra.” Si, la haces tuya cuando la observas detenidamente… Son muchas las cosas que nos han ido forjando en el camino, variadas las capas que nos matizan de entramados únicos e irrepetibles y en ocasiones hasta inaprensibles al primer intento. Es por ello fascinante cuando se observa una obra como ésta, que invita a la observación detallada y a la reflexión interna. La evocación de sentimientos originados por percepciones complejas y únicas parece convertir a la obra en ti y tú en ella. Aun cuando pretenda ser explicita en el manejo de arquetipos y de símbolos el observante llega a la síntesis de su propia dialéctica, atisbando en parte el viaje que le ha de llevar por los siete estadios del alma a los que hace alusión, en una suerte de danza del tiempo en donde todo encaja. Itziar Ramírez Elizondo

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Integraciรณn

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Espacio Interno

Objeto – Instalación Jaula de metal contenedora de una máscara-autorretrato vaciada en fibra de vidrio. 70 x 33 x 33 cm. 2015 ◄

Le secret sacreé

Mixta sobre tela 80 x 150 cm. 2012

Le secret sacreé II Mixta sobre tela 145 x 100 cm. 2012

Self

Bronce a la cera perdida, pieza única de autoría de la artista, madera, papel artesanal de algodón con imagen transferida. 21 x 25.5 x 10 cm. 2014 ◄

Integración

cuento autobiográfico-objeto-instalación cajas de madera, papel artesanal de algodón, fibra de vidrio, elementos de metal, fotografías, vidrio y materia orgánica secada al sol. 47 x 73 x 15 cm. 2014 ◄ (a pag. 13) ◄

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SALA IV

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Sólo perduran en el tiempo las cosas que no fueron del tiempo. J. L. Borges

Señor da a cada cual la muerte que le es propia. Libro de las horas

Tal es la nostalgia habitar en la onda y no tener patria en el tiempo y tales son los deseos, quedos diálogos de las horas cotidianas con la eternidad... ...Y eso es la vida. Hasta que de un ayer suba la hora más solitaria de todas, la que sonriendo distinta a sus hermanas, guarde silencio en presencia de lo eterno.» Rainer Maria Rilke Poemas tempranos

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Ser instante

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Nada es estático, sino un flujo o una corriente dinámica. Lo que es ahora, aludiendo a un presente absolutamente efímero, dejará de serlo inmediatamente después, para convertirse en otra cosa; hace referencia al proceso de ser y también al hecho de ser como un proceso. Para Heráclito el devenir es la sustancia del ser, ya que toda cosa está sujeta al tiempo y a la transformación. Incluso aquello que se nos muestra como estático, está en situación dinámica y en continuo cambio.

No nos bañamos dos veces en el mismo río. Heráclito

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Devenir

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Sí, soy yo, yo mismo, tal cual he resultado de todo [...]. Cuanto fui, cuanto no fui, todo eso soy. Cuanto quise, cuanto no quise, todo eso me forma. Cuanto amé o dejé de amar es en mí la misma saudade. Y al mismo tiempo la impresión un tanto lejana, como de sueño que se quiere recordar en la penumbra a la que despertamos, de que hay en mí algo mejor que yo. F. Pessoa

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Hombre I

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El recuerdo es solamente un recorte, un fragmento de tiempo, tiempo de presencias y de ausencias, de silencios que rumoran misterios y soledades en las que nos queda el corazรณn hablando sin saber que hablar.

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Recortando el tiempo

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Son siete los niveles del ser, desde el punto de vista Sufi. Son siete los niveles en el recorrido del sendero transpersonal de autorrealización en el estudio del esoterismo. Son siete los estados cósmicos de Buda, trascendiendo el tiempo y el espacio. Es así que la realidad divina se hace visible y experimentable a través de la realidad humana en este proceso vital. En este Habitat Místico.

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Habitat I

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Habitat II

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Habitat III

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Habitat IV

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Habitat V

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Habitat VI

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Habitat VII

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En el planeta donde vivo, Júpiter, la música está por todas partes: en el murmullo del agua, en el ruido de las hojas, en el canto del viento. Las flores murmuran y cantan; todo produce sonidos melodiosos. ¡La Naturaleza es tan admirable! No tenemos instrumentos: son las plantas y los pájaros los coristas. El pensamiento compone, y los oyentes disfrutan sin audición musical, sin el recurso de la palabra, y eso a una distancia inconmensurable. En los mundos superiores esto es aún más sublime. Wolfgang Amadeus Mozart

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RĂŠquiem por una arpista

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Una sucesión de cambios ligados al tiempo, una metamorfosis en la que seres indolentes anhelan desnudarse de una imagen pasiva y desplegar su esplendor a través de un proceso de transformación, que se vincula al reino metamórfico de las mariposas.

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Soft time

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La fugacidad de los bienes del mundo y de la belleza misma constituyen una terrible dualidad entre la voracidad del tiempo y la irresistible atracciĂłn hacia lo bello.

Vanitas, vanitatum et omnia vanitas. EclesiastĂŠs 1:2

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Vacuidad

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Ser instante

Habitat III

Objeto/instalación sonora caja con telón al estilo cámara antigua, en cuyo fondo aparece una fotografía antigua y reloj contenedor de hombres. 2015 ◄

Habitat IV

caja de madera, fotografía impresa, reloj de metal con figuras realizadas con rellenador plástico, tela y estructura de aluminio.

Devenir

Cuento-objeto-instalación caja de madera, papel artesanal de algodón, materia orgánica secada al sol, hilo de algodón, hilo de cobre, reloj de metal. 33 x 75 x 5 cm. Colección Particular

Hombre I

De la serie Humanum est 4/20 Aguatinta sobre papel Hahnemühle de algodón de 300 gr. 38 x 29 cm. 2012

◄ Recortando el tiempo

Caja/Arte Objeto caja de madera, metal oxidado, materia orgánica secada al sol. 2015

Habitat I

Bronce. Fundición a la cera perdida 8 x 9 x 8 cm. 2012 Serie única / 10 piezas

Habitat II

Bronce. Fundición a la cera perdida 8 x 8 x 9 cm. 2012 Serie única / 10 piezas

Bronce. Fundición a la cera perdida 9 x 9 x 8 cm. 2012 Serie única / 10 piezas

Bronce. Fundición a la cera perdida 13 x 13 x 4 cm. 2012 Serie única / 10 piezas

Habitat V

Bronce. Fundición a la cera perdida 15 x 12 x 4 cm. 2012 Serie única / 10 piezas ◄

Habitat VI

Bronce. Fundición a la cera perdida 12 x 9 x 8 cm. 2012 Serie única / 10 piezas

Habitat VII

Bronce. Fundición a la cera perdida 7 x 10.5 x 10 cm. 2012 Serie única / 10 piezas

Réquiem por una arpista Mixta sobre tela 145 x 100 cm. 2013

Soft time

Técnica: Óleo sobre tela Medidas: 145 x 100 cm.

Vacuidad

Fotografía digital impresión análoga de plata sobre papel. 37.5 x 50 cm. 2014 ◄

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SALA V

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El corazón es la conciliación. Hegel [... ]la madera, que es tan solicitada hoy por nostalgia afectiva, puesto que saca su sustancia de la tierra, puesto que vive, respira, “trabaja”. Tiene su calor latente, no sólo refleja, como el vidrio, arde por dentro; guarda el tiempo en sus fibras, es el continente ideal, puesto que todo contenido es algo que queremos sustraer al tiempo. La madera tiene su olor, envejece, hasta tiene sus parásitos, etcétera. En pocas palabras, este material es un ser. Jean Baudrillard

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Transferencia de corazones

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Al centro de la sala, una caja de siete lados, a manera de arte objeto con luz interior, contenedora de siete corazones de cera, que indican el proceso de madurez del corazón del hombre, que a través del transcurso de la vida, se convierte en un corazón amoroso. Se invita al espectador a mirar y tener la experiencia fuerte y conmovedora de acercarse a un (aparente) corazón humano, en este caso de cera, que simula la sensación real que se experimenta al acercarse a otro ser humano cuando este muestra su corazón. El miedo a la intimidad, es a veces porque las relaciones íntimas obligan al individuo a descubrir y enfrentarse con su yo más profundo, incluso sus costados más oscuros y menos atractivos.

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Transferencia de corazones

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A través de la imaginación, se recuerdan las palabras perdidas en las balas que continuamente se disparan entre los seres humanos; guerras mundiales, delincuencia organizada, guerra fría, palabras que se pierden en los ríos de sangre, en los desplazados que dejaron sus casas o en los muchachos asesinados. En fin, lo que hemos visto y vivido de cerca; marchas silenciosas y tristes, que protestan por la muerte de estudiantes, de periodistas, o de tantos inocentes y gente común. El resultado de un conflicto bélico, trae siempre consecuencias devastadoras. De aquí surge el anhelo de construir una paz permanente.

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Tiempo para la paz

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Holocausto

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Holocausto II

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Serie Cronotipos

El tiempo que transcurre implacable es un continuo recordatorio sobre la efímera condición humana, la finitud de la belleza y de la propia existencia, que del mismo modo se manifiesta al ruiseñor y a los astros del cielo, al fluir del río y a la montaña serena. Esta relación con el tiempo está en un movimiento constante y cambiante, yendo y viniendo continuamente desde un pasado desconocido, hacia un futuro incierto, en un movimiento sin fin.

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Transferencia de corazones

Arte Objeto / Instalación interactiva Lassergrafía sobre caja de madera de siete lados, con siete corazones de cera colocados en forma de espiral ascendente sobre bases de acrílico y luz interior, y siete grabados y estampados al estilo oriental y transferencia de imagen colocados en las paredes interiores de la caja. 70 x 78 x 78 cm. 2015

Tiempo para la paz

Caja / Arte Objeto / Instalación caja de madera con cinco balas calibre 50 percutidas, figuras, purificador y ampolleta antiguos, materia orgánica secada al sol, escultura de madera, tres dibujos en tinta china; al exterior, imagen transferida. 44 x 74 x 10 cm. 2015

Holocausto

Fotografía digital impresión análoga de plata sobre papel. 49 x 38.2 cm. 2014

Holocausto II

Fotografía digital impresión análoga de plata sobre papel. 47 x 39 cm. 2014

Cronotipos

Serie de 33 monotipos de 14.2 cm. cada uno, que se despliegan en cruz midiendo 2.40 x 2.40 i mpresos por Germán Calzada sobre papel Guarro de 200 gr. 100% algodón. Se terminó de imprimir en agosto de 2014. La caja fue hecha a mano por la autora.

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SALA VI

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La obra que aquí se muestra representa la dualidad que reina en el ser humano, por una parte la inclinación a apegarse a las cosas y por el otro la búsqueda incesante de la libertad. La luz y la oscuridad son una unidad indivisible que constituye el alma humana y por lo tanto no pueden ser entes separables, luz y sombra son habitantes del corazón. Sin embargo nos hemos acostumbrado a estructurar la vida como si las circunstancias fueran permanentes, como si la existencia ideal consistiera en aferrarse a una experiencia inmutable, donde la realidad fuera permanente, pero el apego cualquiera que sea, grande, pequeño, persona, cosa, un punto de vista o una situación, nos hace sufrir inmensamente porque nos convierte en esclavos. La marcada inclinación a querer repetir lo conocido es uno de los más grandes obstáculos que tiene el ser humano para alcanzar su apertura de conciencia y lo conduce irremediablemente al estancamiento. La propuesta espiritual que hoy sugerimos es la de disolver algunos apegos. Que cada quién haga su propio ejercicio de destrucción, para que con esa liberación, el camino del crecimiento y la libertad se haga posible.

Al hombre le persigue el misterio de su existencia, por ello le obsesiona la reconstrucción y grabación de su propia imagen en su mundo. F. Bacon

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Unidad en la Inagotable Dualidad

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Unidad en la Inagotable Dualidad Instalación madera, máscaras de fibra de vidrio, tela, pvc,objetos diversos, veladoras electrónicas y papel. 1.85 x 2.00 x 3.00 m. 2009

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Sobre la autora

Ma. Angélica González Dávila (México, 1963) realizó estudios de licenciatura en Derecho y Música así como una Maestría en análisis y decodificación de la imagen visual; tiene también varios diplomados y cursos en temas de espiritualidad, psicología del arte y arte contemporáneo; actualmente realiza una investigación de doctorado con el tema de hermenéutica del símbolo en el arte contemporáneo. Se formó como escultora en el taller del maestro Ricardo del Río. Ha expuesto de manera individual más de 15 veces, y de esas exposiciones destacan algunas como Expresiones Vitales, Museo Casa de Carranza, México (1994); Equus, Asamblea de Representantes, Centro Histórico, Ciudad de México (1997); Relatos de una suerte, Galería Annta Madrid, España (2004); De luces, Marbellagallery, Madrid, España (2006); Sacralidades, Inmersiones en la Memoria, Museo Británico Americano en México, Ciudad de México (2012); “Presencia; señales en el recuerdo, signos en la memoria”, Galería Románica del Instituto Cultural Helénico, Ciudad de México (2014), “Rumores del silencio. Tiempo de presencias y ausencias”, Museo Casa del Risco, San Ángel, México. Ha participado en numerosas muestras colectivas en México y en el extranjero, entre las cuales destacan: La semana cultural de la Facultad de Derecho, UNAM, México (ediciones 1995, 1996 y 1997); Siete Sentidos, Museo Casa de Carranza, México (1995); First opening, Galería People’s Art, Miami, Florida (2000); Art Expo N. Y. Galerías Noia Fine Arts y People’s Art, Nueva York (2001); Marbella Gallery, Madrid, España (2005); Masters of Sacred Art, Spiritual Continuum, JHS Gallery, Taos, Nuevo México (2006); Bienal Internacional de Arte Contemporáneo, Florencia, Italia (2007 y 2009);; “Tauromaquias”, Museo Gustavo de Maeztu, Estella, Navarra, España; “Testigos del tiempo; Infinitud manifiesta”, Galería Turbina Ololiuqui, Tepoztlán, Morelos (2014); “In situ” en el Ex convento de la Natividad, Tepoztlán, Morelos. Es miembro activo de la Asociación Mexicana de Estudios en Estética (AMEST) desde 2011. Ha sido merecedora del Premio de selección, concurso Toresma, Madrid, España (2004); y del Premio Internacional Lorenzo el Magnífico, Medalla de oro, premio del Presidente en la VII edición, Bienal de Florencia (2009).

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Todas las fotografías de este Catálogo son de Manuel Zavala Alonso excepto: Ma. Angélica González Dávila: Portada página 69 Ser instante, (fotografía con reloj) página 75 Recortando el tiempo páginas 101-104 Cronotipos Angélica Pizá: Agradecimientos página 113

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Mexico201

México, 2016

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Profile for María Angélica González Dávila

Rumores del silencio  

“En mayo pasado tuvimos la exposición titulada Rumores del silencio. Presencias y ausencias en el Museo del Risco en San Ángel. Vale la pena...

Rumores del silencio  

“En mayo pasado tuvimos la exposición titulada Rumores del silencio. Presencias y ausencias en el Museo del Risco en San Ángel. Vale la pena...

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