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Las vidas de Juan Juan fué muy pobre en su infancia. Pasó hambre siendo niño, y al ser adulto, no podía contenerse cuando veía la buena mesa. Así que Juan se hizo ayudante de cocina, luego progresó a chef, y se dedicó de lleno a su debilidad y su pasión. Pero las comilonas trajeron obesidad, diabetes, afecciones al hígado, y como con ése cuerpo enfermo tenía vergüenza de estar con una mujer, Juan fué perdiendo el ánimo y la salud, y así murió joven y triste. En su siguiente vida, Juan decidió cuidar su aspecto. Se hizo pronto un joven atlético, y el sexo opuesto empezó a acercarse. Pronto venció toda timidez, y se volvió donjuan. Su fama era tal, que cuando sus amigos tenían una novia “seria”, se alejaban de él, y empezó a rodearse de chicas con largo historial de pasiones pasajeras. Sin embargo, de a poco su vida se fué complicando, fué usado para dar celos a otros hombres, engaño a varias mujeres y fué descubierto, también fué engañado, y los fondos para las salidas, la ropa y el gimnasio eran todo el tiempo un gran problema. Muchas venían a él, pero no quedaba mucho tiempo nadie, así que se sintió solo y pobre, y se decidió sentar cabeza, empezó a estudiar y encontró trabajo. Formó familia, y la cuidó, hasta que vió que una de las amigas de aquel tiempo alocado lo invitó a volver a las andadas, le recordó aquellos placeres prohibidos. Empezó asi una de varias aventuras, y llevó entonces una doble vida: por un lado, un serio padre de familia, por otro lado, un loco pirata. Sus andanzas empezaron a ser conocidas, primero mantuvo a raya a los chismosos, y supo tantos chismes como pudo para intentar extorsionar a otros, pero al final fué descubierto y tuvo que divorciarse. Cansado, hechó la culpa a las mujeres, y se hizo gay. Allí pronto se permitió todos los excesos, se drogaba y se contagió de sida. Sus familia lo olvidó, avergonzada, y dejaron de visitarlo, y nuevamente murió solo, joven y triste. La vida siguiente Juan decidió que sería un gran doctor. Salvaría vidas, y


llegaría a ser la mayor eminencia en su campo. No se distrajo con mujeres, ni con fiestas, y estudio hasta el cansancio. Finalmente, una vieja compañera de estudio logró seducirlo, y se casó, y tuvo hijos. Su fama empezó a crecer, se convirtió en el doctor que todos querían y admiraban. Trabajaba incansablemente, y cuando no lo hacía, debía estudiar para seguir actualizado. El stress y el agotamiento empezaron a estragarlo, su mujer se cansó de esperarlo y sus hijos crecían sin él. Así que decidió no atender más pobres: limitaría su horario de consulta, y solamente atendería a aquellos que pudieran pagar muy altos honorarios. El dinero empezó a llegar a raudales, y Juan fué rico. Empezó a darles todos los gustos sus hijos y su señora, que se volvieron perezosos, y consumistas. Pero aún así, Juan estaba muchas horas lejos ocupado, y llegaba malhumorado a su hogar, así que su familia sólo quería verlo para pedirle dinero, y así se acostumbró a evitarlos, llegar sólo para dormir y ver un poco de televisión frívola. Se divorció, se puso en pareja con su joven y ardiente enfermera, y vivió así unos años, hasta que agotado por las largas horas de trabajo, enfermó por sus bajas defensas, contagiado por un paciente. Allí fué atendido por uno de sus colegas, que envidioso en secreto, alargó la internación, para sacarle su dinero, y fué víctima de mala praxis. Su novia, viendo que debía cuidar a un viejo enfermo, ahora más pobre y con menores ingresos, se fué con otro, sus hijos apenas lo visitaban, y Juan murió otra vez, solo, joven y triste. Juan entonces decidió que en esta oportunidad renegaría de todos los excesos. Que sería rico en amigos y en el aprecio de la gente, y que sería humilde y modesto. Así, se dijo, se libraría de las malas compañías. Estudió un oficio, fué artesano, pasó una divertida y apasionada juventud, tuvo su familia y a ella se dedicó. Era bueno en la cocina, cada tanto hacía alguna delicia para sus amigos, tenía su perro, su casa, estaba contento con su vida. Cuando venía la gente, nunca dejaba de atenderlos, de darles una palabra de aliento o una sabio consejo de prudencia. Vivió así durante largo tiempo, pero cada vez eran más aquellos que habían perdido el rumbo y que deseaban su compañía. A veces, incluso


escribía, así podía ayudar a muchos más. Empezó a ser alabado por la sabiduría de sus palabras, pero otros se quejaban, y decían que no daba soluciones verdaderas, sólo repetía los mismos consejos que habían recibido de sus padres, del médico, de la religión, o de otros lados. Entre estos, estaba aquella ex-novia que lo había decepcionado, y ahora divorciada quería revivir el viejo fuego, uno que vivía gastando y que siempre quería descuentos o fiados en los productos, un empleado que tenía que faltaba la mitad de los días pero exigía la mitad de las ganancias. Todos ellos decían: “este si que es un vivo, se hace pasar por bueno, tanta palabrería y no hace más que repetirme los viejos sermones”. Así que empezaron repartir chismes, decían que era un estafador, homosexual, otro chanta, falso amigo, y siempre envidiosos de su prestigio como buena persona, trabajador, y de su buen humor y alegría. Cuando Juan se dió cuenta de los rumores maliciosos, trató de defenderse desnudando a los mentirosos y alejándose de ellos. Así que se consiguió enemigos, que intentaron seducir a su esposa, y cuando ella se negó, despechados dieron su dirección a los ladrones, que robaron su casa y su perro. Por fortuna, conocido por la calidad de su trabajo de artesano, lentamente juntó otra vez una pequeña cantidad de dinero, comenzó a recomprar sus nuevos objetos, y sus verdaderos amigos, los pocos que eran buenos, vinieron a ayudarlo, y lentamente Juan volvió a estar feliz. Y esta fué su mejor vida, envejeció rodeado de su familia, sus mejores amigos, sus hijos se casaron con los hijos de ellos, y murió muy anciano, aún aficionado a escribir bellos cuentos y a ser feliz.

María Andrea Vignau 06/04/2013


Las vidas de Juan  

Un cuento cortito

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