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AQUELO QUE PRESENCIÉ “Todavía existe la escultura”. Esta afirmación, tantas veces proclamada por Francisco Gazitúa, parece estar en el origen del I Simposio Internacional de Escultura Ciudad Empresarial. En este momento, en que las categorías conceptuales artísticas aparentan disolverse, entrelazándose, y que se afirman tantos nuevos conceptos, tales como las instalaciones y las performances, puede parecer anacrónico que un grupo de artistas, movilizado por la necesidad de preguntarse sobre las pecularidades de la escultura, se reuna para reafirmar posiciones. Sin embargo, esta especificidad fue reafirmada por el siguiente testimonio crítico: “…se trata de un medio extrañamente situado entre la inmovilidad y el movimiento, entre un tiempo detenido y un tiempo que transcurre. De esta tensión, que define la situación específica de la escultura, nace su formidable poder expresivo.” 1 Esta especificidad pareció seducir a todos aquellos que se integraron a este Simposio, creyendo en la posibilidad de establecer nuevos diálogos. El resultado alcanzado va más allá del conjunto de las obras que permanecerá en el espacio abierto de la Ciudad Empresarial. De ese resultado son parte aquellos que, para organizarlo, acabaron comprometiéndose en actividades complejas, muy diferentes de su metier tradicional, tales como: visitar canteras, contratar grúas, analizar proyectos de escultura, etc. También fue parte de ello, el atelier construído al aire libre, donde durante dos semanas artistas extranjeros trabajaron de sol a sol, acompañados de un grupo activo de canteros, en medio de nubes de polvo, estridentes ruidos de máquinas e insistentes golpes de martillo. Elemento esdrújulo este atelier. Promovió la atención de personas de distintos orígenes que allí estuvieron, observando, gestionando, sorprendiéndose con esta original situación. Muchas otras actividades ocurrieron en forma paralela, como por ejemplo, la exposición de esculturas de pequeño porte que estuvo abierta en el centro de convivencia, llamando la atención de un público que no visita tradicionalmente las galerías de arte. Más aún, las presentaciones que los artistas hicieron de sus obras, suscitaron intensos debates y trajeron a la Ciudad Empresarial un nuevo grupo de visitantes, que no sabía, hasta entonces, tan siquiera donde quedaba. Pero principalmente esta actividad popició el intercambio de experiencias y una conviviencia enriquecedora para aquellos que, trabajando a partir de la especificidad de esta práctica artística, buscan recuperar su espacio investigativo, estableciéndo diálogos con la arquitectura, con el paisaje y con los transeuntes, de modo que sus obras se ubiquen entre lo construido y lo vivido. Desarrollando el sentimiento de una presencia inestable en el cuerpo del proceso creativo,estos artistas contribuyen para poner en crisis las convenciones de la escultura objeto y abren un espacio para que nuevas formas simbólicas puedan llegar a ser validadas aún en este fin de siglo. Así, la realización del I Simposio Internacional de Escultura en la Ciudad Empresarial, permite percibir un conjunto de obras que establecen varias temporalidades. Conviven, simultáneamente, presente, pasado y futuro, como si fuese un intervalo en el tiempo, retardando el flujo agitado de la vida contemporánea. Este conjunto de obras crea un espacio para la mirada, un hiato, un vacío para llenar de significación. Su presencia en el cotidiano de todos los que transitan por la Ciudad Empresarial hace al espectador cómplice de la trayectoria construciva de las obras, transformándolo en agente de interrogaciones y detonador de inestabilidades. Es que 1 KRAUSS, Rosalind. Passages. Une histoire de la sculpture de Rodin a Smithson.. Paris, Macula, 1997.


el espectador, de distintas maneras, puede encontrar en esta vivencia una posibilidad de descubrir la seducción de esta práctica tan tradicional como innovadora. La relación de la ciudad con la escultura es antigua y, probablemente, la función más tradicional de esta última sea intentar detener al que pasa para revelarle la fuerza o el lirismo de los paisajes urbanos. Sin embargo, en las grandes ciudades contemporáneas ella perdió esta capacidad de actuar como marco visual, sumergida como está por la competencia de las imágenes publicitarias. Es posible afirmar hoy que la metrópoli es el paradigma de la saturación. Sin embargo, muchas veces se intenta romper ese paradigma, creando un paisaje en que los planos se yuxtaponen y la diversidad combinada de los mismos permite pasear la mirada. Considerando que cada cultura establece sus mitos fundadores, en la Ciudad Empresarial estos aparecen bajo la forma de creencia absoluta en la modernidad propiciadora de condiciones ideales de vida, de funcionalidad y de perfección ejecutiva. Sin embargo, el arte encuentra su lugar justamente cuando la ciudad se abre para todo aquello que inviabiliza a través de los mitos de su implantación – esquinas, rincones, recuerdos, memoria. Se establece entonces un diálogo en el que se intenta señalar la imperfección humana y la irregularidad de la naturaleza que estos mitos intentan negar, abriendo cuestionamientos que promueven el ejercicio saludable de la duda. El conjunto de las obras a ser implantadas allí habla de la estructura, el contenido y el carácter de este lugar destinado a convertirse en polo de convivencias. El será la memoria material de esta vivencia en común de los dirigentes empresariales que promovieron este evento, del público en general que las vio producir, de los canteros que entregaron allí su trabajo especializado. Pero, principalmente, de un grupo de escultores que, manteniendo sus especificidades, produjo un conjunto de obras capaz de hablar de sus líricas personales y también de ese hacer investigativo que atrajo a tantos. Un intento esquemático de análisis de estas esculturas pone en evidencia la cesura entre las esculturas de la razón , en las que un ideal concebido se inscribe en lo material, y las esculturas de situación, en que los condicionantes de la experiencia definen las decisiones plásticas. En el primer grupo se encuentran las obras de Aura Castro, Bene Tuki Pate, Carlos Monge, José Vicente Gajardo, Michel Muller, Ojars Arvids, Osvaldo Peña y Rodolfo Nardi. Aunque bastante diversos en sus formas exteriores, estos trabajos parten de una concepción formal preestablecida, que actúa como razón generadora, imponiéndose sobre la materia, aún cuando dialogan com ella. Las obras de Bene Tuki y Muller recuperan arquetipos de figuración, como la cabeza humana y el caracol. Pero estos temas son meros subterfugios para que cada uno de ellos discurra sobre cuestiones de volumen, luz, sombra y texturas. Actualizan una producción escultórica ancestral, no en una concepción rígidamente vinculada al pasado, sino en la afirmación de un tiempo en que tradición y presente son determinados en el interior de la obra. En los trabajos obras de Monge y Peña, la figura de la serpiente recupera las tradiciones iconográficas de las grandes culturas pre-hispánicas, en las que ésta se inserta de norte a sur, permaneciendo aún inscripta en el imaginario latino-americano. Esta figura mítica sirve a los artistas para retomar formas geométricas en las que la dinámica interna garante las problemáticas formales puestas por la modernidad. El espectador es lanzado al flujo de las imágenes como si estuviese fuera del tiempo, en otra realidad que el artista hace presente mediante la transformación de la materia bruta a través de una tarea árdua y paciente.


Arvid, Castro, Gajardo y Nardi abandonan referencias más directas a la figuración para emerger en el universo de una abstracción que, aún manteniendo una geometría fundadora, se hace más orgánica y sensual. Las superficies atraen sensorialmente y, al mismo tiempo, las estructuras imponen la disciplina de la composición formal.. Arvid e Gajardo trabalham as superfícies com delicadas e seguras texturas que reforçam os limites dos planos enfatizando o rigor do conjunto. Para Nardi e Castro estas são polidas, funcionando como uma pele suave a recobrir um corpo tensionado, ainda que, Castro estabeleça contrastes com partes onde a pedra é deixada totalmente natural. Estos trabajos proponen un desdoblamiento del proceso creativo en el que la manipulación estética de lo material anula toda incidencia narrativa tradicional mediante la remisión al misterio interior de las propias formas. Al revisar la historia de la escultura y al concebirla como modelando, por reflexión, el pensamiento analítico, tanto del espectador como del escultor, los trabajos de este primer grupo de artistas se ponen en tensión com el paisaje urbano contemporáneo. Dominar el material, gracias a una intención conceptual y proyectiva, es la estrategia utilizada para construir objetos a partir de las ideas concebidas como núcleo generador. La lógica de construcción de estas propuestas se presenta como un medio para poner en evidencia, en términos visuales, la fuerza creadora del hombre, a través de la mediación de la idea sobre el crecimiento y el desenvolvimiento de la forma. El segundo grupo comprende a Marcela Correa, Irineu Garcia, Francisco Gazitúa y Carlos Lizariturri, artistas que abandonan las formas concebidas apriori para escuchar la materia, haciendo de ésta el verdadero sujeto de sus trabajos. Ellos trabajan com un tipo de dispositivo escultural capaz de incorporar las propiedades inherentes al material. El principio organizador de la obra viene de la naturaleza, y no de elementos culturales. Conocido como “process art”, este tipo de postura consagra la transformación como lógica de actuación. Trabajando directamente a partir del material, estos artistas confieren una dinámica antropológica a sus objetos. Todo ocurre como si la atención dada al pasaje del material bruto al material tratado condujese al artista en dirección a un espacio fundamentalmente arcaico. Correa y Lizariturri literalmente dejan emerger las formas adormecidas dentro de las piedras que ellos escogieron cuidadosamente entre muchas.Correa busca la emergencia de las superficies opacas y mudas, como una piel que viene a encubrir el cuerpo de la escultura y hablar de su esencia. Lizarriturri tiende a rechazar toda penetración analítica, desprendiéndose de los presupuestos temporales de la narración, haciendo existir la forma como pura función de la experiencia. Garcia y Gazitúa dialogan com el material, buscando en él las resonancias de sus concepciones conceptuales. Los dos primeros quieren hacer ver mundos ocultos en el interior de las piedras. Gazitúa encuentra allí dentro formas escultóricas ricamente entralazadas. Garcia abre espacios a la luz en la piedra, haciendo posible brotar las plantas en ella, recuperando estados anteriores de la piedra en su medio ambiente natural. Ellos dan existencia a algo así como un paisaje insólito, separado de la realidad común, dentro del cual toda relación de causa a efecto queda en suspenso. Percibiendo que las ciudades son los paisajes contemporáneos, en los que se cruzan diferentes espacios y tiempos, estos artistas reconocen que en ellas cada obra de arte se presenta como mero fragmento. Y ellos asumen la posición fragmentaria de sus trabajos con coraje, decididos a enfrentar los riesgos de la búsqueda de nuevas soluciones. Así como la superficie de las piedras resiste la penetración, la observación de este conjunto de obras se resiste a un análisis que intente fundamentar un sentido único, estableciendo siempre situaciones particulares capaces de modificar totalmente


lo absoluto de las formas. Estos artistas recuperan la interioridad de la materia para hacer emerger de ella un principio vital plástico que ellos escrutan en su aventura creativa. No buscan realizar ejercicios expresionistas, sino hacer emerger una vivencia común entre el artista, la obra y el espectador, una significación originada en el mundo de la experiencia, a través de arriesgada actividad investigativa. En las varias instancias que supuso la realización del I Simposio Internacional de Escultura Ciudad Empresarial, una pregunta estuvo en el aire: ¿Cuál es el sentido de la realización de estas obras? Para indagar más profundamente en este cuestionamiento es necesario recordar que si en la antigüedad la relación de los hombres com el mundo tenía como referente lo divino, contemporaneamente cabe al arte instaurar la posibilidad del misterio en lo cotidiano desacralizado. El arte lo hace mediante la tentativa de figurar lo enigmático, no dicho, oculto, sublime, en las cosas más banales, por el testimonio de lo indeterminado, lo nebuloso que asegura al hombre racional contemporáneo el espacio de la duda, la vivencia de lo desconocido. El arte no intenta dar explicaciones, ni proporcionar lo completo terminado, sino exponer las debilidades humanas, sus sueños, sus mitos, sus frustraciones. Y al hacerlo, permite que se encuentre un espacio para la realización de los deseos de aquellos que, en un mundo tecnologizado, se proponen aún martillar piedras y sacar de ellas formas simbólicas que hablen de los misterios del mundo. Pero responde también a los deseos de aquellos que, al relacionarse con estas obras, encuentran en ellas reminiscencias de sus sueños y devaneos, tan escasos en este mundo de racionalidad y eficiencia. Es possible que la memoria escrita de todo lo que aquí ocurrió, intente hacer eco a las posibilidades que aquí se abrieron. Así como los antiguos contadores de historias, que iban de pueblo en pueblo, dejo mi testimonio de aquello que presencié. Maria Amelia Bulhões Maria Amelia Bulhões. Profesora e investigadora del Programa de Pos-graduação da la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS), crítica de arte independiente, organizadora del libro “Questões do sagrado na arte contemporânea da América Latina”, curadora del acervo de la Pinacoteca Barão de Santo Angelo del Instituto de Artes de la UFRGS. Traducción del portugués al español: Ema Julia Massera

Aquello que presencié  

Primer Simposio de Escultura - Ciudad Empresarial; ARTESPACIO

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