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Asociación Civil María de las Cárceles

Taller literario: Cuento para mi hijo. Docentes:

Cuento para mi hijo...

Florencia Carbajal Soledad Nuñez Roberto Pizarro Federico Tosunian

Taller dictado en la unidad penal número 32 de Florencio Varela en Buenos Aires, Argentina, entre los meses de Marzo y Agosto del año 2011.

Taller literario Unidad 32 de Florencio Varela Edición, diseño y corrección a cargo de lo docentes del taller. Fotos: Inés Arteta. www.mariadelascarceles.org.ar info@mariadelascarceles.org.ar

Los textos publicados han contado con la expresa autorización de sus autores. Se prohibe su reproducción.

Buenos Aires, Argentina

2011

2011


Índice

Presentación

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Bernardino García

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Bernardo García

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Diego Aliaga

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Francisco Paiva

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Sr. L

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Marcelo Diez

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Presentación

l Taller de Escritura se concibió, desde el principio, como una poE sibilidad de “escape”. Nuestro objetivo inicial era lograr el espacio necesario para desarrollar ciertas habilidades que les permitieran a los internos escribir un cuento que regalarían luego a sus hijos.

Con una metodología que nos permitió introducir a no lectores (ni menos escritores) a través de distintos géneros literarios dentro de un universo nuevo y desconocido, logramos una conexión intelectual con el interno que permitió evidenciar que, como cualquier otro, pueden, quieren y saben pensar. Si en un principio no se consideraban capaces de escribir pequeñas frases, ahora no sólo redactan cuentos y poemas, sino que también se han convertido en creadores. “Cuento Para Mi Hijo” pasó a ser mucho más: la posibilidad real de cultivar capacidades creativas capaces de transformar y mejorar el lugar en el que se encuentran. Una lectura “encarcelada” como la que desarrollamos durante el taller (sin fines moralistas aunque con pretensiones éticas) provocó en los internos, el comprender que su experiencia de la escritura en la cárcel franqueaba los límites espacio-temporales de su experiencia de vida. Quisimos pensar la libertad como la falta móvil que motiva la palabra, pero que en ese sentido es una falta que no falta sino que sobra. ¿Por qué? Porque los presos son libres de leer, libres de escribir, libres de cortar con las cadenas de la reincidencia, libres de poder trascender las zonas de frontera que los excluyen para forjarse un futuro mejor y propio. ¿Y cómo fue que hicimos posible ese margen de pensamiento autoreflexivo? Posibilitando el espacio en el taller para que emerjan nuevas voces y los internos se sientan libres y capaces de tomar la palabra, y el lápiz. Consideramos, y a eso apuntamos, que sólo si el proceso de aprendizaje se interioriza, se vuelve propio, habitual, puede mantenerse más allá del trabajo con el soporte de los docentes. Si generamos hábitos de pensamiento, lograremos que se conozcan y de esa forma puedan ser y sean más dueños de sí mismos y de sus decisiones, a la vez que se independizan del docente. Por eso intentamos que, con la ayuda de la reflexión inspirada en los textos y guiada por los docentes, puedan ingresar al terreno de lo abstracto y de lo conceptual; ya que es esa la única manera de pensar(se) de manera íntegra, considerando nuestro lugar en el mundo y la influencia que podamos tener en él. Desde nuestras primeras incertidumbres con respecto a las competencias lectoras de nuestros estudiantes hasta la verificación empírica de sus enormes potencialidades, el crecimiento personal que experimentamos, profesores y alumnos, ha sido enorme. Nuestros objetivos fueron grandes y los estudiantes nos han enseñado, mediante el trabajo y el compromiso con el que asumieron la experiencia del taller, que es posible. Y que hacia allí vamos todos.

Sobre esta edición emos decidido realizar una doble publicación. Por un lado, los cuenH tos escritos por los internos y corregidos por nosotros (siempre los textos que están a la izquierda); y por otro, los originales que nos entre-

garon (a la derecha). El por qué es simple. Encontramos en nuestros estudiantes una enorme riqueza expresiva a la hora de escribir. Si bien somos concientes de los errores gramaticales, ortográficos o de estilo que presentan, nos parece muy pertinente rescatarlos y mostrarlos como un ejemplo de frescura y renovación en nuestro lenguaje. Lejos de reprimir los errores, muchas veces tecnicismos lingüísticos, nos nutrimos de ellos, los ayudamos a comprender, y así todos crecimos en nuestro acceso a la escritura. La cárcel es de por sí un mundo aparte, los códigos (sean los que sean) son diferentes, ajenos, marginales, y esto se graficó muchas veces en los textos que los internos nos presentaban. Nuestra idea no es que escribieran un castellano perfecto, sino más bien que comprendieran su castellano y lo pudieran expresar en la escritura. Para nosotros, muchas de sus intervenciones y giros lingüísticos son de una gran riqueza conceptual que vale la pena rescatar y mostrar. Por ello, publicamos aquí también los originales con todas sus (im)perfecciones. Nuestro taller se coronó con la escritura de los textos que ahora presentamos. La consigna principal era que estuvieran orientados a sus hijos, hijas o sobrinos. Para el resto dimos completa libertad. Así, recibimos escritos que conjugan y bucean distintos géneros que van del epistolar o la poesía hasta el cuento. El encuentro directo de los internos con una de las tantas posibilidades de expresión rindió enormes frutos. Sus textos son sólo un comentario al costado de una hoja en blanco que ya empieza a llenarse. Por último, estos textos tienen la gran virtud de ser escritos en (y por) un lenguaje al margen del idioma. Nuestros más sinceros agradecimientos a los seis internos que participaron de nuestro taller.

Florencia Carbajal Soledad Nuñez Roberto Pizarro

Docentes. 5

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Bernardino GarcĂ­a

Cuento para mi hijo

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n un día soleado y radiante, mientas jugaba con mi mamá E a quien rompía la bolsa primero, ella empezó a sentirse mal. Yo me asusté mucho al sentir que mi mamá estaba con mucho dolor, me desesperé y no sabía qué hacer para ayudarla.

En la desesperación, se me ocurrió usar mi intuición para avisar a mi papá, que en ese momento estaba trabajando en la chacra. Mi papá vino y encontró a mi mamá sufriendo de mucho dolor. Se asustó mucho al ver a mi mamá en esa situación. Lo único que llegué a escuchar fue a mi mamá diciéndole a mi papá “¡se me rompió la bolsa!” y luego caí en un sueño profundo. Cuando me desperté creí que estaba soñando. Todo era diferente para mí pero, al percibir la voz de mi papá, abrí los ojos y me di cuenta que estaba en sus brazos. Me había despertado al mundo y el día estaba espléndido y hermoso. Nací en el campo de mi abuelo porque mi mamá, camino al médico, no aguantó más y me tuvo al costado del camino. Mientras yo aún estaba con el cordón umbilical, mi papá se desesperó. No sabía qué hacer porque nunca se imaginó estar en una situación así. Mi mamá parecía estar contenta de que yo hubiese nacido, pero en su mirada se notaba una falsedad. En cambio mi papá era una masa. Fue pasando el tiempo y un día, cuando yo tenía dos años, vi a mi mamá pasar el portón. Nunca más volvió. Ella no me dijo nada cuando se fue. Yo no sabía si se había ido de compras. Si había salido por ahí o si se había ido de viaje. Lo que sí sabía era que las horas iban pasando y mi mamá no aparecía. O estaba desesperado por ver a mi mamá de regreso, para que me alce en sus brazos, donde me gustaba estar. Pasaron los días y yo seguía mirando hacia ese portón dónde la vi pasar por última vez. Mi abuela y mi papá me atendían muy bien, pero yo necesitaba ver a mi mamá. Extrañaba muchísimo los momentos en los que me dormía en brazos de mi mamá mientras ella me contaba unos cuentitos. Fueron pasando los meses y cada vez sufría más extrañando a mi mamá. Yo me daba cuenta de que había pasado algo porque mi papá estaba triste. Él trataba de no demostrarlo, pero yo me daba cuenta de que también estaba sufriendo mucho la ausencia de mi mamá. Pasó un año y entonces mi papá también decidió irse a tierras lejanas, con la condición de trabajar por un año y volver, pero no fue así. Desde que se marchó mi mamá para mí ha comenzado un calvario y el día en que se fue mi papá se apagaron mis ilusiones y el color de mi mundo quedó oscuro como mis días. Los días que paso anhelando y soñado con que mis papis vuelvan a mí de nuevo son muchos. 9

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Yo quisiera que mis días vuelvan a ser soleados y espléndidos como aquel febrero de 1994.

Para Pablo, Bernardino García 18/08/2011

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Bernardo GarcĂ­a

El elegido

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stando yo atrapado en el círculo del pasado, pero vivienE do el presente y percibiendo el perfume del atardecer de hoy lunes 15 de agosto de 2011 y siendo las 18 horas, voy a revivir mi me-

moria imaginariamente y relatar resumidamente en esta hoja, logrando que fluyan en la tinta, anécdota y recuerdo de mi infancia. Esta historia comenzó estando yo en la penumbra de una cálida noche, bajo la luz de la luna y de las estrellas de diciembre del año 1986, en víspera de navidad. Yo jugaba a las escondidas junto con mis hermanos y primos en mi casa. En el patio del frente había un árbol de paraíso, en donde mi hermano y yo estábamos escondidos, y al cual intentábamos subir. De repente las ramas se sacudieron solas. Todos nos asustamos porque sabíamos que era el Pombero el que se estaba haciendo sentir, y no de buena manera. Yo tenía aproximadamente 8 años, pero ya tenía conocimientos de que existía Pombero, una especie de duende o algo así, según se cuenta en Paraguay. Si se manifiesta de esa manera es porque está enojado y quiere hacer maldades, como agarrarte a piedrazos, pegarle a los perros, atar y trenzar la cola de los caballos, incluso pegarle a las personas hasta dejarlas medio muertas. Esto último sucede si lo hacés enojar insultándolo. De hecho, según me contó mi papá, el Pombero molió a golpes a mi tío una noche en que había ido a cazar guazú en su chacra, porque el guazú entraba a comerse los porotos y el maíz y pisoteaba los cultivos. Según cuenta mi papá, mi tío se había ubicado arriba de un árbol del cual solía salir el guazú. Mi tío tenía un fusil Mauser de 5 tiros, un revólver calibre 38 y un machete que utilizaba para hacer pique (caminito angosto en la selva). Mientras mi tío estaba en total silencio, atento, esperando que apareciera el guazú, el pombero empezó a molestarlo, moviendo la rama donde mi tío estaba sentado. Al principio mi tío no le dio importancia pensando que el Pombero dejaría de molestarle, pero no fue así. A medida que iban pasando las horas el Pombero molestaba con mayor frecuencia. Mi tío comenzó a fatigarse y decidió bajar del árbol para emprender el camino a casa. Pero, cuando iba a tomar el pique, el Pombero se le cruzó en el camino, cerrándole el paso. Cuando mi tío trató de esquivarlo, el Pombero se le cruzó de nuevo en el camino, impidiéndole el paso. Mi tío enfurecido le tiró el carcha (piel de oveja que se utiliza para ensillar caballos) que había llevado para sentarse sobre la rama. En ese momento recibió como respuesta un golpe muy fuerte en la cara que lo tiró al suelo. Entonces decidió tirarle con su fusil, pero por cada tiro que disparaba recibía golpes. Esto se repitió hasta descargar los cinco tiros del fusil y los seis tiros del revólver. Mi papá y sus hermanos estaban en la casa, a unos 700 metros del lugar en el que estaba mi tío y, como escucharon muchos disparos, pensaron que le había pasado algo, 15

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que no era normal que hubiese disparado tantas veces. Entonces decidieron ir a ver qué pasaba. Cada vez que mi tío trataba de refugiarse arriba del árbol, el Pombero le agarraba los pies y lo tiraba al suelo. Finalmente, logró subir. Una vez arriba sacó la linterna que tenía en la cintura y alumbró la cara del Pombero. Según cuenta, lo que vio fue una figura negra, grande, con brazos que le llegaban hasta los tobillos y con un solo ojo. Mi tío tenía la cara bañada en sangre, por lo que no pudo distinguir bien a la figura o al monstruo al cual se estaba enfrentando. En ese momento llegaron mi papá y sus hermanos y se lo llevaron medio moribundo. Al Pombero también lo podés tener como amigo, si compartís con él caña y cigarrillos, dejándoselos arriba del tatácua (horno de barro) en donde se refugia casi siempre, más cuando llueve. Te puede cuidar si vas a algún lado a la noche, él se hace sentir cuando va a tu lado. Si prendés un cigarrillo, tenés que hacerlo sin metértelo en la boca y luego tirarlo para atrás y no darte vuelta a mirar porque no le gusta. Yo creo que aquella noche de diciembre al Pombero tal vez le molestó que estuviésemos jugando bajo el árbol desde el cual el observaba todos nuestros movimientos. Nosotros entramos dentro de la casa asustados. Esa noche no podía dormir pensando en lo que había sucedido y, como mi hermano mellizo y yo, éramos los más mimados de la familia, mi mamá dejó en la cuna a mi hermanita que aún era bebé y se acostó con nosotros. Nos dijo que no hay que temer al demonio ni a sus ángeles porque nosotros somos criaturas elegidas por Dios y él manda a sus ángeles de la guarda para que nos cuiden y nos protejan de todo mal que exista en la tierra; y nos recitó un poema que a ella le había enseñado su mamá cuando era niña. Hasta el día de hoy lo tengo grabado en la mente y en el corazón, y aún percibo en el oído la voz de mi mamá cuando me dijo: Un niño que por nacer le dijo a Dios: ¡Me vas a enviar mañana a la tierra!, Pero ¿cómo viviré siendo tan pequeño y débil? No te preocupes que entre los muchos ángeles escogí a uno que te espera, contestó Dios. Pero aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír Y eso me basta para mi felicidad, ¿podré hacerlo allá? Tu ángel te cantará y sonreirá todos los días,

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¿Y cómo entenderé cuando me habla Si no conozco el extraño idioma de los hombres? Tu ángel te enseñará las palabras más dulces y tiernas Que escuchan los humanos. ¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo? Tu ángel juntará tus pequeñas manos y te enseñará a orar. He oído que en la tierra hay hombres malos, ¿quién me defenderá? Cálmate, tu ángel te cuidará y te defenderá aunque le cueste la vida. Para Matías David y Silvina Patricia, Bernardo García, 15/08/2011.

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Diego Aliaga

Mi princesa Mayra

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e esperé nueve meses con mucha ansiedad. T Me sentía atrapado con un amor que era sólo tuyo. Naciste muy pequeña, hermosa como ninguna. Tu carita, tus manitos, tus piecitos, tu cuerpito y tu llanto solo buscaban el calor y las tibias manos de mamá. Ella te tomó con todo el amor que solo una mamá le puede brindar a su hija. Te acarició, te besó, te abrazó, y tu nombre fue Mayra. Fue pasando el tiempo, fuiste creciendo y yo siempre estaba a tu lado brindándote todo el amor que era tuyo. Comenzaste a pronunciar tus primeras palabras (la primera fue mamá). Empezaste a dar tus primeros pasos con dificultad. Yo te ayudaba a que perfeccionaras tu caminar. Fue pasando el tiempo y llegó el día de comenzar el jardín. Ese día tu mamá te vistió y te peinó como una princesa. Estabas tan hermosa que tu sonrisa lo decía todo y demostraba tu felicidad. Tu mamá y yo te acompañamos el primer día de clases de tu jardín. Vos me decías que te gustaba y, antes de entrar de la mano de tu maestra, me dijiste: -¿Me venís a buscar cuando salga? Yo te contesté que sí. Que sí. -Te vengo a buscar yo, sobrina. Desde ese día empezaste a dibujar, a pintar en tu cuaderno y cada día tu inteligencia se iba desarrollando con más facilidad.

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Los años fueron pasando, fuiste creciendo y tu belleza era única. Tus caprichos, a los cuales tu mamá se negaba, yo te los daba y vos siempre con un “gracias, tío” me lo agradecías. Siempre recuerdo que a vos te gustaba escuchar música y bailar, y recuerdo tu cara y tu mirada, iguales a las de tu mamá. Tu pelo largo y suave que con tu caminar se movía con el viento cada vez que salíamos a pasear, me llenaba de felicidad y amor. Yo te recuerdo y te brindo siempre todo el amor que es sólo tuyo, mi sobrina. Mayra, la princesa que amo. Diego.

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Francisco Paiva

Luz

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n rayo de luz se filtraba tímidamente por la ventana, se desU lizaba tibiamente invadiendo la oscuridad de mi habitación. Podía presentir que era una mañana como tantas otras y que afuera había un celeste cielo como tantos otros días.

Yo no quería ver ese cielo ni ese sol. Estaba escondido en la oscuridad, en una red de telarañas de pensamiento y confusos sentimientos. Ese rayo de luz me perseguía sin cansancio por toda mi habitación, invitándome a compartir la claridad de un hermoso día, invitándome a que reaccionara y volviese a vivir. No podía encontrar dentro mío aquellos motivos que me dieran una mínima sonrisa. Sólo me resignaba con la oscuridad, con la soledad, con la angustia del alma. Ese rayo de luz sin querer tocó mi corazón y en un instante la oscuridad de mi cuarto desapareció. Pude ver que la habitación iba tomando un color diferente: del negro se tornaba en un hermoso blanco. Esa luz me desafiaba con su brillo y sin ningún motivo mis confusos sentimientos se habían evaporado. Mis sentimientos más puros afloraron en la tímida sonrisa de mis labios. Por ese rayo de luz volvía sentir los latidos de mi corazón. Entonces tomé coraje, abrí con fuerzas la ventana de par en par y solo pude mirar el cielo y el sol que afuera me esperaban. Francisco. 18/08/2011.

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Sr. L

La bella ni単a

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n el mundo de las Bellezas vive una niña hermosa, súper coE queta, que juega todo el tiempo. Tan así es que en la escuela se divierte mucho con sus compañeritos y la señorita les lla-

ma la atención porque se distraen. Pero la niña es muy inteligente y tiene muy buenas notas en su cuaderno de tareas escolares. Como a toda niña, le gusta pintarse y jugar con los maquillajes de su mamá, por lo que a veces la dejan en penitencia, ya que ensucia toda la casa. Pero la penitencia dura muy poco porque su mamá, como toda buena mamá, no puede ver a su hija enojada y enseguida le da permiso para que siga con sus travesuras. Cuando esto pasa, la niña súper contenta le da un beso de agradecimiento a su mamá y sigue jugando y ensuciando todo con las pinturas. Pero ella no tiene a su papá a su lado, él se encuentra lejos de la niña. Ellos se ven cuando los dos pueden hacerlo, porque su papá está en un lugar poco común para un niño. Cuando tienen la oportunidad de estar juntos, la niña y su papá se abrazan, ríen, juegan y se cuentan sus cosas. La niña extraña mucho a su papá cuando no lo ve, pero él le cuenta que el tiempo que falta para que estén juntos es muy corto y que jamás volverán a separarse. Ella le contesta que está bien, poniendo carita de desconfiada. El papá quiere que la niña entienda que a veces los grandes se equivocan buscando su camino y que cuando se comete un error hay que remediarlo, salir adelante y no volver a cometer el mismo error. También le dice que en la vida nada es fácil, que todo cuesta mucho, pero que siempre hay que ganarse las cosas de buena manera; de lo contrario, por todo lo malo que haga tendrá que saber responder en algún momento. Él le pide que sea buena hija y amiga, que no lastime a nadie en la vida, por más que no sean sus amigos ni su familia. El papá sabe que su hija lo quiere y extraña como él a ella y también sabe que su hija va a ser una buena persona en la vida. Ella es su motor para salir adelante y no bajar los brazos, es lo más importante en la vida de su papá. Trata a su hija como si todavía fuese un bebé

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y la niña se molesta porque dice que es grande. El papá se ríe y la burla, ella se ofende un rato no muy largo y vuelven a jugar, hacer dibujos y divertirse juntos aprovechando al máximo su momento porque saben que es único, por eso no dejan nada sin hacer. No desperdician un segundo y se demuestran todo su amor. Para su papá la niña es lo más bello que le pasó en la vida, es lo que siempre soñó y quiso tener (así lo cuenta el papá). Él espera poder estar muy pronto cerca de su hija y la tiene presente en todo momento. Ella es su sol y su luna, es todo lo que necesita para salir adelante cada día. La niña espera todos los días el regreso de su papá para poder ser completamente feliz. El padre y su niña muy pronto estarán juntos y disfrutarán el uno del otro. La niña es lo más bello que sus padres tienen y todos los días se esfuerzan para que su hija sea muy feliz y mantenga su sonrisa e inocencia. Mientras tanto la niña sigue iluminando la vida de sus seres queridos con su belleza. Sr. L. 11/08/2011

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Marcelo Diez

Federico

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sta es una de las cosas que no conocés de tu papá. Como vos sabés, E hizo muchas cosas que no están bien, por eso siempre te dice papi “tenés que ser alguien en la vida y para eso tenés que estudiar (los libros no muerden)”. Eso me lo decía alguien que yo quería mucho y no estaba equivocado. Hoy me doy cuenta de que tenés que ser alguien, por vos mismo. Te tenés que querer hijo; si no te querés no podrás querer a nadie. Hoy papá tiene un objetivo y vos lo sabés (estudiar y recibirse de abogado) y también sabés que siempre contás con alguien que te ama y que, más que un padre, es un amigo: ya nos probamos con confesiones. Te amo. Te pido perdón por lo que pasaste y seguís pasando con tu madre. Perdónala. Eso tenés que aprender: a perdonar. Hoy papá y Diana siempre van a estar con vos para cuidarte, protegerte y darte amor. Ya te diste cuenta de que viviendo en la casa de papá nunca te va a faltar nada y papá muy pronto va a estar toda la vida con vos para que nos demos todo el amor que necesitamos. Papá cometió muchos errores en la vida, pero, Fefe, los errores los dejé en mi vida pasada. Hoy estoy arrepentido de todo el daño que hice. Te amo, Fefe. Así te decía cuando eras bebé, aunque para mí siempre vas a ser un bebé, mi bebé. Para Diana sos un hijo, se desvive, sufre hasta cuando llegás tarde.

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Cuando llegaste a mi vida llegó la felicidad y hoy puedo decir que tengo una familia. Sé que siempre estuviste, pero hoy mi vida cambió y falta poco, muy poco para poder hacer todo lo que queramos. Vamos a poder jugar al fútbol, tomar una gaseosa y hablar de todo, sin horarios muros y ese chau que nos duele mucho. Este amor es para toda la vida, palabra de hombre. No quiero más que la plata lo compre todo y quiero que me quieran como soy. Vamos a desmostar que ahora somos muchos. Estoy con las personas que me hicieron entender que yo valgo y sirvo, por eso doy gracias a Dios por todo lo que me dio: mi familia. Vamos a seguir hablando, ¿querés? Marcelo Diez

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Cuento para mi hijo