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LAS OLAS


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R ECUERDOS Fui al acantilado donde mi abuelo me llevaba de pequeña, era tal como yo lo recordaba, no había cambiado nada, las olas eran grandes como entonces, el agua estaba fría como entonces, al mojarme sentí lo mismo que cuando era niña y mi abuelo me llevaba de la mano. Me quedé sentada horas y horas mirando, solo mirando, como cuando era pequeña, mi abuelo ya no me acompañaba, pero recordé los momentos felices que pasé con él y que formarán siempre parte de mí.

RAQUEL, 3ºC

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El mar, la arena, el faro y el amor Cuesta pensar con claridad cuando ves que algo tan inmenso se extiende frente a ti y no ves su fin: el mar. Creo que no hay nada que produzca más tranquilidad que el mar en calma. Se oyen las gaviotas que vienen del sur. Por un momento el paisaje se oscurece. La marea está subiendo y se va comiendo la arena de la playa. Desde donde me encuentro puedo aspirar el aroma del mar, el agua me salpica y me refresca, empieza a hacer frío. Casi sin darme cuenta el color de la arena ha pasado de dorado a color noche, y en el agua se refleja la gran moneda de plata. El faro queda a mis espaldas, y la luz me baña cada pocos minutos. Se ven algunos barcos a lo lejos, pero tímidos, parece no querer acercarse, quizá por miedo, quién 4


sabe. Son muchas las historias de barcos estrellados contra crueles rocas que se encuentran escondidas. Me incorporo, agudizo el oído e intento no mirar más allá. En la orilla los jornaleros del mar recogen las redes tras un largo día. Los susurros que escucho parecen disconformes. La venta no les trajo muchos beneficios. También hay amor en la orilla. Descubro una pareja de jóvenes sentados en la arena, cerca del agua, abrazados y regalándose caricias de las que solo es testigo la luna. Decidí dejarles ese paisaje solo para ellos, me sentí una intrusa en aquel momento íntimo.

Sandra, 3ºC

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La ola

Estoy en este precioso acantilado que tanto me gusta, está cerca de mi casa, me paso el día mirándolo. Recuerdo aquel día lluvioso y desapacible, y recuerdo el mar agitándose para terminar chocando con las rocas puntiagudas que forman el acantilado. Me alegra recordar cómo las olas eran una o inmensa que se deshacía al llegar a la orilla; imaginaba que estaba dentro del agua dejándome llevar por las olas; el mar estaba precioso, fuerte y azul. Hoy esperaré, no pienso moverme hasta que llegue mi ola. Estefanía, 3º C

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Las olas  

Describir y contar

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