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02

La asamblea El WIP, para Campusano

Ayer, en el marco de los Work in Progress, el jurado hizo pública su decisión y distinguió a los ganadores. La cineasta Verónica Chen, el crítico de cine Roger Alan Koza y el realizador de dibujos animados Pablo Rodríguez Jáuregui, quienes componen el jurado, premiaron con la ampliación a 35 mm a Vikingo, de José Campusano. Entre los fundamentos de este premio, otorgado por Cinecolor Argentina y entregado por la Sra. Marisa Murgier, figura el de “consolidar una trayectoria autoral, que promete una exploración estética y narrativa apoyada en un conocimiento del contexto social, lo que significa un registro novedoso en el panorama del cine nacional”. A su vez, la película El sol, de Ayar Blasco, fue la segunda destacada por el jurado (elegida en carácter suplente) “por considerar que aportará diversidad técnica y temática a la breve historia de los dibujos animados argentinos”. Con respecto a la Mención, ha sido otorgada al proyecto de El niño, de Alejandro Arias, “por la elección de un tema universal y, paradójicamente, rara vez expuesto.”

La Tigra, Chaco

Temporada de pathos

El amor a la hora de la siesta

Lake Tahoe, el segundo largometraje de Fernando Eimbcke (el primero es Temporada de patos), es algo así como la versión latinoamericana –y en clave diurna, seca y distanciada– de After Hours, una de las mejores películas de Scorsese. Es decir, la historia de un personaje que quiere hacer algo relativamente sencillo y se va topando con complicaciones un poco ridículas que lo alejan de su objetivo. En este caso el personaje es Juan, un adolescente retraído que choca el auto de su mamá y tiene que conseguir, en un pueblo semi muerto, el repuesto para arreglar el vehículo y regresar a su casa. En el camino se ve envuelto en situaciones incómodas y se cruza con personajes ligeramente estrambóticos: una chica que tiene un bebé llamado Fidel, un mecánico viejo y olvidadizo que le da de comer cereal con leche a su perro y un mecánico joven amante de las artes marciales, entre otros. Al igual que Vida acuática, de Wes Andeson (director con el que además comparte el uso de encuadres bien frontales filmados en gran angular), la película está dividida en dos: una primera parte cercana a la comedia y una segunda levemente más dramática. De todas formas, el cambio es muy sutil, en buena medida porque las estrategias formales (planos largos, generales y fijos; actuaciones muy contenidas; pocos diálogos) se mantienen uniformes. Gracias a esta serie de procedimientos, en la primera parte la película genera un humor muy deadpan (una traducción posible del término sería “deliberadamente inexpresivo”), y en la segunda, lo que Serge Daney llamó, a propósito de Paris Texas, “la emoción en plano general”. A pesar de que Lake Tahoe remite a muchas películas (a las ya nombradas se podrían sumar los nombres de Rejtman o de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll), Fernando Eimbcke se las arregla para generar un tono particular, interesante y propio. Un director a tener en cuenta.

La distancia que separa París de esta pequeña población del interior argentino es tan grande como la que existe entre el veterano cineasta francés Eric Rohmer y los jóvenes realizadores Federico Godfrid y Juan Sasiaín. Sin embargo, L’Amour, l’après-midi y La Tigra, Chaco comparten una interesante mirada sobre los vínculos de pareja. Tras una prolongada ausencia, Esteban regresa al pueblo donde pasó los veranos de su infancia. Su intención es hablar con su padre de “algunas cosas de Buenos Aires”, pero, al no encontrarlo, decide pasar unos días disfrutando de la tranquila vida provinciana. Se aloja en casa de una tía, visita a sus hermanastros y va reencontrándose con diversos recuerdos de su pasado. Entre ellos, aparece el vínculo que tuvo con Verónica, una amiga de la infancia que se ha convertido en una hermosa mujer. Godfrid y Sasiaín construyen un relato que tiene la misma parsimonia con la que se vive la hora de la siesta en los pueblos de provincia. Las horas pasan entre intrascendentes conversaciones siempre acompañadas por un refrescante tereré. Con una fuerte impronta costumbrista, el film representa la vida cotidiana de ese diminuto rincón de nuestro país y captura un ritmo que tiene mucho que ver con el de numerosas localidades argentinas, bien alejadas del vértigo que caracteriza a las grandes ciudades. La tranquilidad sólo se ve interrumpida por algún baile con música folklórica ejecutada en vivo, la caída de un meteorito o algún roce producido en un partido de fútbol entre amigos. La Tigra, Chaco no es un cuento moral como los de Rohmer. La atracción que surge entre Esteban y Verónica, que viene a alterar el vínculo que ella tenía con Roger (el hijo del carnicero local), no es juzgada por los realizadores. Ellos se limitan a presentarla como un vínculo que crece espontánea y naturalmente entre dos jóvenes que, de alguna manera, se atreven a pensar en algo que escape al sopor de la siesta pueblerina.

Ezequiel Schmoller

Luis Ormaechea

A las 10:00 y a las 22:30, en el Colón.

A las 11:00 y a las 19:15, en el Paseo 4.


Tokyo Sonata

El infierno tan temido En este film, Kiyoshi Kurosawa reafirma que es uno de los directores más personales del cine contemporáneo. Desprendiéndose de cualquier etiqueta que tratemos de colgarle, su cine expresa de una manera admirable los males que caracterizan al mundo actual y algún que otro problema existencial de larga data. Probablemente, Tokyo Sonata sea el más realista de sus films. Aparentemente quedaron lejos sus historias de fantasmas y sus intrigas policiales. Sólo aparentemente; ya veremos por qué. La primera parte del film podría pensarse como la versión japonesa de El empleo del tiempo. Ryuhei Sasaki es el directivo de una importante empresa, que, tras ser despedido, no se anima a comunicárselo a su familia. Desorientado por la inesperada situación, comienza a vagar por las calles de la ciudad. Enseguida descubre que no es el único. Como los fantasmas de Kaïro, los desocupados aparecen por doquier, como una masa anónima que se desplaza en busca de un plato de comida gratis o que queda inmovilizada en la fila que se forma en las oficinas de empleo. Un compañero de estudios, más avezado en estas lides, comenta amargamente: “Somos como un barco que se hunde lentamente. Los botes salvavidas ya se han ido cargados de mujeres, niños y hombres más jóvenes que nosotros.” Las cosas por su casa no andan mejor. La relación con sus dos hijos no es la ideal: Takashi quiere unirse al ejército norteamericano; Kenji aspira a ser pianista. Ryuhei no sabe cómo lidiar con ellos y no encuentra mejor forma de hacerlo que usando la violencia. Megumi, su esposa, nota evidentes cambios en la conducta de su marido, pero evita cualquier enfrentamiento, manteniendo la apariencia de una apacible familia. A medida que transcurre el tiempo, el deterioro de cada integrante de la familia es evidente. Como si estuvieran poseídos por alguna clase de entidad sobrenatural, sus comportamientos son cada vez más extraños. Lo verdaderamente aterrador de esta situación es que no hay un ser del más allá en ellos, sino algo bien cercano e inevitable: la sociedad contemporánea. La espiral de degradación en la que se sumerge la familia Sasaki encuentra un inesperado desenlace en el film. Kurosawa escapa a cualquier solución lógica a estos conflictos y brinda algo siniestro: el absurdo. Tokyo Sonata propone una salida que linda con lo increíble; no podría ser de otra forma. Cualquier persona que acuse tener una respuesta a los dilemas que plantea esta sociedad industrial y tecnológica no es otra cosa que un impostor. Luis Ormaechea

A las 12:00 y a las 19:00, en el Auditorium.

The Stranger in Me

El suplicio de una madre Una mujer deambula, aturdida y lastimada, por el bosque: esa imagen, vista tantas veces en finales de películas de terror, sirve esta vez de introducción a la crónica de un drama familiar (que es también un drama social). La mujer se llama Rebecca; pronto sabremos que está felizmente en pareja con Julian, atravesando los últimos días de su embarazo y mudándose a un nuevo hogar con espacio para tres. Pero los flashforwards del bosque Los puntajes de los espectadores a las películas puntúan inquietantemente tanta placidez, y después de de la Competencia Internacional son: que Rebecca dé a luz a un varón saludable llamado Lukas

Voto del público

llegará la explicación: en vez del esperado amor maternal, se apoderan de Rebecca temores insondables y una sensación desesperante de impotencia para ocuparse de la criatura. El torbellino emocional, que la lleva a considerarse una amenaza para Lukas, se agrava con el paso de los días hasta que, inevitable y dramáticamente, estalla. Allí, las sombras siniestras que The Stranger in Me cernía sobre sus personajes empiezan a despejarse, y comienza otra película: la crónica del doloroso aprendizaje de la maternidad por parte de Rebecca, asistida por su familia, por los profesionales de una clínica especializada y por otras madres que, como ella, han sufrido en diversos grados la depresión post-parto. Como en su primer largometraje (Molly’s Way, premiado en el Festival hace tres ediciones), Emily Atef retrata con sensibilidad y respeto –y sin embellecer ni sobreproteger a su protagonista– el universo femenino. Pero si en su ópera prima todo se trataba de un viaje privado hacia el autodescubrimiento, aquí la clave pasa por el reconocimiento de Rebecca de la necesidad que tiene de los demás. El amor materno, sugiere Atef, es una construcción social, como la misma idea de familia, y, más allá de los cambios hormonales que explican parte de los problemas de Rebecca (interpretada por Susanne Wolff, en una composición comprometida, de alta exposición y entrega física), su enfermedad no puede explicarse sin el análisis minucioso de los vínculos –a veces sutiles, sugeridos apenas por las puestas de cámara, y otras evidenciados en desbordes emocionales– que la atan a quienes la rodean. Agustín Masaedo

Alicia en el país Back Soon . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .4,36 Desierto adentro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .7,40 . 8,98 El artista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .8,98 8,26 El cant dels ocells . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4,07 Fear Me Not . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7,95 Home . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .7,95 . 6.25 Involuntary . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .6,25 7,25 Medicine for Melancholy . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7,25 Pa-ra-da Still Walking . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8,19 The Stranger in Me Tokyo Sonata Un coeur simple . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8,63 Vil romance . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7,38 Zift . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8,30


Voto latino Amigos desde hace más de 30 años, Edward James Olmos y Robert M. Young son casos atípicos dentro de la industria cinematográfica estadounidense. Olmos es actor consagrado en Hollywood (participó en Miami Vice y actualmente protagoniza la serie de culto Battlestar Galactica) y también un director que, fiel a sus raíces, desde sus películas se compromete con la cuestión de los latinos en Estados Unidos. Además, fundó un Festival de cine latino en Los Angeles y colabora permanentemente en las iniciativas que apoyan su causa. Young es un director de cine independiente que también ha abordado la temática de la dolorosa inmigración y sus consecuencias de discriminación cotidiana. Acerca de su trabajo conjunto, sus ideas y la realidad política y cinematográfica de los Estados Unidos hablan en esta entrevista.

¿Cómo fue que se conocieron y empezaron a trabajar juntos? RY: Estábamos haciendo Alambrista!, que era una película de muy bajo presupuesto. Yo estaba haciendo el casting, hubo un anuncio en el diario y Eddie vino. Esto fue antes de que él fuera famoso. Me pareció un tipo muy interesante, así que le di un pequeño papel. Desde ahí nos hicimos amigos. Después, a Eddie le pidieron que hiciera el guión de The Ballad of Gregorio Cortez, y él fue el que dijo que me llamaran para dirigirla, porque le había gustado lo que había visto en Alambrista!. EO: En ese momento, los dos ayudamos en la fundación del Instituto Sundance. Eso fue en el año ’79, y pasamos como 10 días juntos. Después hicimos The Ballad of Gregorio Cortez. RY: Haciendo una película es como realmente te conocés con la gente. Fue una película muy difícil de filmar, porque había que escribir el guión a medida

finalmente dijeron “bueno, probémoslo”, y el capítulo que hice les gustó mucho. Terminé haciendo cinco más. EO: Mi estética y todo lo que yo sé lo aprendí de él. Battlestar Galactica es como Blade Runner. Es exactamente ese mundo, y ésa fue una de las razones por las cuales yo decidí hacerla, porque podía recrear ese mundo. Ese mundo, a la vez, es muy diferente del de las películas que ambos dirigen… EO: Sí, pero lo que no nos es ajeno es esa estética, ese desarrollo de personajes y la intensidad psicológica de lo que estamos haciendo. Todo eso es lo que yo aprendí de él. Cuando me llamaron para ese programa yo exigí que ésa fuera la estética. Se las expliqué y les encantó. A partir de ahí, el programa despegó. Por eso cuando Bob llegó le encantó lo que estábamos haciendo, y yo le dije “sí, obvio, es tu idea”, es el modo en que él hace las cosas… Y yo lo aprendí de él. No hay fantasía. En el fondo, es un verdadero drama. No hay monstruos, no hay criaturas; es un poco como Miami Vice, pero mucho más crudo. Es una de las series de ciencia ficción más vistas del planeta.

era el ´52 o el ´53… los negros ni siquiera votaban. RY: Se tenían que sentar atrás en el colectivo, no podían ir a los restaurantes, tenían que ir a baños diferentes. Yo soy más viejo y viví todo eso, y así fue como me involucré en el tema de los latinos. Por suerte ahora está viniendo un cambio… ¿Creen que Obama representa una posibilidad de cambio real? RY: Sí, absolutamente. El cambio ya sucedió. Es muy emocionante que haya ganado Obama, por todo lo que contábamos antes. EO: El planeta nunca será el mismo, sobre todo si no lo matan. El es el representante de la mezcla de culturas que hay en Estados Unidos. Incluso el más caucásico no puede escapar de sus raíces africanas. Hay un gran problema con la manera en que nos relacionamos con nuestro pasado.

Entonces, a pesar de las diferencias, disfrutan hacer tanto televisión como cine. EO: ¡Sí! Al principio no quería hacer la serie por el título. Yo me acordaba de la versión de los ´70 que nunca vi, pero le tenía idea. Lo mismo me pasó con Star Treck. Siempre rechacé la ciencia ficción porque no quería pelear contra monstruos; yo soy bueno en lo que hago pero no sé fingir, necesito creer en lo que estoy haciendo. Pero esta vez acepté porque, a pesar de ser ciencia ficción, en el fondo esto es drama. Es genial.

que la rodaban. El personaje de Eddie era el principal, y estábamos contando una historia desde diferentes puntos de vista, como Rashomon. Es acerca de la verdad y de cómo lo que creés que está pasando puede no ser lo que realmente pasa. Ni siquiera el personaje principal sabe lo que está pasando. ¿Cómo hicieron para estar 30 años trabajando juntos? RY: El me consigue trabajo. En los últimos cinco años, Eddie estuvo dedicado a Battlestar Galactica. El es el personaje principal, el comandante de la nave espacial. Yo tengo 84 años, pero Eddie igual dijo que me entrevistaran porque yo quizás podía dirigir algún capítulo. Al principio desconfiaban un poco, pero

Yendo a su filmografía: ¿Cómo se comprometieron con la cuestión de los latinos en Estados Unidos? EO: Yo nací latino en Estados Unidos, que es muy distinto a haber nacido latino en Latinoamérica. No se dan una idea de lo que significa ser de otra cultura allí. En Argentina ya es difícil; los indígenas no existen. Yo voy por la calle y no veo ni uno. Pero en Estados Unidos es mucho peor. Solía haber 29 millones de indígenas antes de que llegara Colón y “descubriera” América. Nunca entendí eso; nadie se había perdido y sin embargo tenían que venir a descubrirlo. En realidad fue una conquista de los europeos. Después de un tiempo, sólo los europeos caucásicos se pudieron quedar. Y para el siglo XIX, 26 millones de indígenas americanos habían sido asesinados. Hoy hay menos de un millón. Por eso es tan difícil ser latino. Yo siempre fui ciudadano estadounidense, pero no era bienvenido. Cuando era chico, no lo entendía, a pesar de que sólo podíamos ir a la pileta los miércoles porque los jueves la limpiaban. Era algo que todo el mundo aceptaba y nadie hacía nada. Eso

RY: Los últimos 8 años fueron tan desastrosos que nos dieron la posibilidad de que Obama ganara las elecciones. Fue un precio muy alto a pagar, porque mucha gente perdió su vida durante el gobierno de Bush. ¿Es complicado en el ámbito de la industria cinematográfico asumirse como latino? EO: Yo soy latino y no tengo problema con eso. Debo ser uno de los pocos actores de Hollywood que se llama a sí mismo actor latino sin temor a lo que pueda significar. Hay muchos actores que prefieren no ser reconocidos por su cultura. Nadie dice “el gran actor italoamericano Al Pacino”, ni tampoco “el gran actor judeoamericano Dustin Hoffman”. Entonces, muchos latinos dicen “no me


llames así”, y yo digo “háganlo conmigo, díganme latino, porque yo lo quiero hacer con ustedes”. Y Bob entendió eso perfectamente y no tuvo miedo, por eso trabajamos tanto tiempo juntos. RY: Si negás lo que sos, entonces estás perdido. ¿Qué significó el Festival latino de Los Angeles que usted fundó? EO: Durante 12 años estuvimos mostrando un montón de películas latinoamericanas –muchas argentinas–, y hay una razón para eso. Muchas de esas películas no se habrían mostrado nunca en Estados Unidos. Llevábamos directores, productores, actores. RY: Esa iniciativa no salió de la industria cinematográfica, que se trata de dinero, y no tanto sobre comunicación y verdadero arte. Ustedes mantuvieron una carrera por momentos alejada de la Industria. ¿Eso es muy difícil? RY: La verdad, es muy difícil hacer una película como Alambrista!, pero si vos tenés una pasión y decís “voy a hacerlo”, lo hacés. Igual es entendible, ¿por qué alguien debería darnos dinero para hacer algo en lo que no está interesado? Nunca esperamos que fuera fácil, porque no lo es. Así es el mundo, y sólo queda pelear por lo que uno realmente quiere, por lo que cree. Pasa en todos los ámbitos; incluso la medicina, que sirve para ayudar a la gente, en el fondo es una máquina de generar dinero para doctores, laboratorios, clínicas… Pero al mismo tiempo sirve a la humanidad para que la gente viva más y mejor. Es una mezcla, no es que o ganás plata o servís a la gente. Con las películas pasa algo parecido. La gente se entretiene con las películas, la gente aprende con las películas; pero, más allá del objetivo inicial, tenés que entender el hecho de que es necesario que a esas películas las vea gente y entren en el sistema. Eso, al menos en Estados Unidos, es muy difícil. Ayer vimos una película que se llama A zona, muy interesante, hecha en Portugal, que no tiene un significado obvio, que te hace pensar. Nunca podría haberse hecho en Estados Unidos. Entonces, a veces podés ser un poco huérfano en tu propia cultura. Afortunadamente, creo que las cosas están cambiando. Natalí Schejtman y Lucas Garófalo

Alambrista! Hoy a las 13:15, en el Paseo 3 Caught Sábado 15 a las 17:30, en el Paseo 3 Domingo 16 a las 15:15, en el Paseo 2 The ballad of Gregorio Cortez Hoy a las 15, en el Paseo 2 Walkout! Hoy a las 20, en el Paseo 2 Sábado 15 a las 15, en el Paseo 2 Domingo 16 a las 17:15, en el Paseo 2 Encuentro con Edward J. Olmos y Robert M. Young Hoy a las 16, en el Hotel Provincial

Carretera salvaje The Living End (1992, Gregg Araki) trata acerca de la relación desesperada entre dos jóvenes enfermos de SIDA que recorren las rutas de Estados Unidos dejando tras de sí una estela de asesinatos. Forma parte de una floración de títulos de principios de los años noventa que entonces se bautizó como New Queer Cinema (Nuevo Cine Raro). En parte gracias a la pereza de la crítica, todavía se sigue denominando de esa manera a un grupo reducido de directores norteamericanos que alcanzaron entonces notoriedad por el tratamiento desprejuiciado y políticamente incorrecto de la vida homosexual en la pantalla. Varios de estos nombres –entre los cuales, además del de Gregg Araki, figuran los de Todd Haynes y Gus Van Sant– han sido responsables de prolíficas carreras dentro de una línea específica de cine artísticamente alejado de los formulados industriales, de manera tal que el rótulo original de New Queer Cinema pasó a formar parte de los mitos fundacionales del cine que, tanto tiempo más tarde, aún es llamado independiente. La utilización del término queer deriva de un corpus teórico que buscó, por un lado, oponerse a la ola de políticas neoconservadoras de la década los ochenta (con Reagan y Bush padre a la cabeza), cuya actitud ante el primer brote epidémico de SIDA había develado las consecuencias de un sistema heterosexista sobre la salud de sectores conscientemente discriminados. Este frente de estudios queer tiene en la mira el desmantelamiento del concepto mismo de heterosexismo, que presupone la posibilidad de una norma hipotética de comportamiento individual. The Living End termina con una placa dedicada a un amigo muerto de SIDA “y a los cientos de miles que murieron y a los cientos de miles más que morirán gracias a una gran casa blanca llena de republicanos estúpidos”. El New Queer Cinema vino también a ofrecerse como alternativa a la elaboración de una normativa de imagen pública, por parte de los movimientos de liberación gay en los años ochenta, y de un comportamiento homosexual compatible con el heterosexismo, en un marco de asimilación conservador. Su fruto más sonado fue el boicot al estreno de Bajos instintos (Paul Verhoeven, 1992), en la que, entre muchos de los atributos portados por el personaje de Sharon Stone, se aliaban la bisexualidad con la afición al crimen, ante el horror de una nueva ortodoxia que planteaba una recategorización de las inclinaciones sexuales en base a su corrección política y cuyo emblema más rutilante fue el bondadoso enfermo de SIDA interpretado por Tom Hanks en Philadelphia (Jonathan Demme, 1993).

Ninguno de los protagonistas de las primeras obras de Van Sant, Haynes o Araki dejan de ser criminales en alguna manera. Si Van Sant presenta a los chicos de la calle de Mi mundo privado (1991) tambaleando entre la prostitución y el robo a pequeña escala, Haynes resucita en Poison (1991) las prisiones de Genet y su culto a los renegados; mientras que Araki desarrolla para sus protagonistas en The Living End una carrera como asesinos en serie. No es, en ninguno de estos casos, el crimen condición de su comportamiento sexual, sino más bien una presencia tan insoslayable dentro de una realidad criminal que invisibilizarla en sus efectos sobre los individuos se convertiría en un acto de hipocresía represiva. “El mundo está cayendo en una espiral descendente”, comenta con angustia uno de los personajes en The Living End, y la muerte violenta acecha en todas partes. Es violento que el protagonista esté condenado a muerte por la desidia de las políticas oficiales, así como que una pareja de lesbianas psicópatas quiera matar al machito que levantan en la autopista. También es violento que una esposa acuchille a su marido sexualmente oscilante, o que una pandilla de neonazis vaya buscando raros para linchar en la calle. Muestra del humor negro de Araki es la identificación de los neonazis como seguidores del cine de Steven Soderbergh, que en 1989 había realizado Sexo, mentiras y video, estandarte previo de independencia artística y cuya remera es manchada con sangre cuando uno de los jóvenes protagonistas les vuela la cabeza a disparos. The Living End nunca ha sido vista en los cines de Argentina, y la copia que se exhibirá en Mar del Plata está remixada y remasterizada en base a los negativos originales. Araki mismo ha comentado, en ocasión de su reestreno en el Festival de Sundance, que su calidad es mucho mayor que la de cualquier copia que hubiera podido realizar en la fecha de su distribución original. Goyo Anchou

Hoy a las 23:30, en el Santa Fe.


Descubrir los caminos

Entrevista con Dominic Angerame

Reconstruyendo el cine

Además de estar presente en el Festival como jurado de la Competencia Argentina de Cortometrajes, el cineasta experimental, profesor y distribuidor norteamericano Dominic Angerame trajo cinco de sus películas, que tratan sobre las maneras de ver el funcionamiento (y deterioro) de la ciudad moderna. A modo de incitación para aprovechar la última oportunidad de ver estas pequeñas obras maestras, una entrevista con él. Luego de ver tus películas, uno se queda con un sentido bastante incierto de lo que hasta ese momento consideraba como cine documental y cine experimental. Esa búsqueda de la relatividad, ¿fue consciente? Normalmente no trabajo con guiones ni nada parecido, sino que encaro mis películas filmando un rollo –para esta serie de cortos que estoy presentando en Mar del Plata, fue uno de película blanco y negro de alto contraste que me habían regalado– y después profundizando en base a los resultados, si es que hay algo que me interesa. En este caso comencé a filmar a los obreros de mi ciudad y a descubrir algo así como la dimensión poética de sus movimientos y del trabajo en general. Una vez que tengo bien en claro cuál es ese interés, lo que hago es recolectar imágenes hasta que la película termina, por así decirlo, construyéndose a sí misma. Respecto al cine experimental, uso esas técnicas dentro de un concepto mayor porque no me interesa usarlas como un truco, sino que el objetivo es que el material se presente y se defienda por sí mismo. Por ejemplo en Continuum, cuando realizo sobreimpresiones, que aúnan en un mismo plano las imágenes de paisajes urbanos y el agua que rodea a la ciudad de San Francisco; en esos casos, siempre dejo los fotogramas sobreexpuestos y a veces fallidos a modo de advertencia para la audiencia, como para acentuar el costado más mecánico y físico del cine. Además de tus películas, trabajás desde los ochenta como director de Canyon Cinema, una de las distribuidoras de cine experimental más grandes de Estados Unidos y, probablemente, del mundo. ¿Cómo ves la situación actual de este tipo de películas? Me parece que la experiencia cinematográfica, la del fílmico, se está perdiendo rápidamente. Y no me refiero al cine experimental en particular, sino al cine en general: el parpadeo de las imágenes, el espacio entre fotogramas, el 16 mm, etc. Pero, por otro lado, el cine como medio está en un lugar extraño actualmente. Yo también soy profesor de Historia del cine (narrativo y experimental), y una cosa que veo es que, una vez que los estudiantes aprenden las bases del medio cinematográfico, quieren continuar esa tradición. Es por eso que en Estados Unidos existe mucha gente que utiliza fílmico para después editar en video y, eventualmente,

hacer una copia en 16 mm o 35 mm. Todavía quieren vivir la experiencia de ver sus películas en grandes salas, que es bastante distinto a que la gente las vea en un monitor. Por eso me parece que este entusiasmo va a terminar logrando que los proyectores y cámaras de cine vuelvan al mercado, por motivos completamente comerciales. ¿Aunque haya un tema económico ineludible al hablar de la otra opción, digital? Va a ser un poco difícil, sí. Sin embargo, creo que es un error pensar que el video es más barato, pensándolo a largo plazo. La tecnología está constantemente cambiando. Si hace unos años habías gastado cerca de 3000 ó 4000 dólares por una cámara DV, ahora tenés que gastar lo mismo o más por una HD. También tenés que transferir todo a ese nuevo formato, y los estudios de posproducción no son nada baratos. Y, en definitiva, el costado más flojo de la cadena de la realización en video –con la excepción de las cámaras de los teléfonos celulares– es el hecho de que están grabados en una cinta, demasiado frágil. Y mecánicamente veo otro problema: los materiales se están volviendo tan pequeños que ya no podés ni escribir sobre ellos, etiquetarlos. Por otra parte, creo que la “gloria” del video es que, en efecto, hace las cosas más accesibles; cualquiera puede mostrar y ver sus trabajos. Esa es la parte revolucionaria del concepto “revolución digital”. El tema es, ¿contra qué se está revelando? En mi opinión, se está revelando contra la máquina. La primera víctima fue la máquina de escribir… si no me creés, tratá de conseguir una en algún lado. Y me pregunto si la próxima víctima será el cuerpo humano, que se pasa el día entero sentado y esperando que las cosas lleguen hacia él. Con este interés actual por eliminar los materiales, ya la gente está dejando de aprender a escribir correctamente, y muchas otras cosas más que involucran al cuerpo. Pero bueno, volviendo a la pregunta anterior, pienso que el cine y todos los elementos que lo rodean van a volver. Pero, lamentablemente, no va a ser barato.

En el marco del 23 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, hoy a las 18:00, en el Salón Encuentros del Hotel Provincial, se presentará el libro ADF 10º aniversario. Descubrir los caminos, editado por María Inés Teyssie y Paola Rizzi. El libro está dedicado a la historia de la fotografía cinematográfica argentina e incluye homenajes a varios de sus más notables representantes, además de nuevas entrevistas a importantes referentes del medio cinematográfico, como Héctor Olivera, Aníbal Di Salvo, Félix Monti y Juan José Stagnaro. Por supuesto, el libro está ilustrado con una amplia cantidad de fotografías, en las que se intentó respetar, siempre que se pudo, los encuadres originales. En la presentación se entregarán ejemplares del libro y se ofrecerá un vino de honor a todos los presentes. La mesa de presentación estará a cargo de María Inés Teyssié, Paola Rizzi, Hugo Colace, Ricardo Younis y Marco Pontecorvo.

Pablo Marín

Funciones: agregados, reemplazos, y cambios de horario En el Ambassador 1, a las 19:00, se agrega una función de El círculo rojo. En lugar de Perro come perro se proyecta Of Time and the City, en el Olympia a las 18:00. Gallero pasa de las 17:00 a las 18:30 en el Colón. Los cortos de Polanski se proyectan a las 21.00, en el Colón, en lugar de a las 19.00. En el Paseo 3, a las 22:45, The Hurt Locker reemplaza a Mentiras piadosas. Continuum Deconstruction Sight Premonition In the Course of Human Events Line of Fire Hoy a las 17:45, en el Paseo 4

El artículo escrito por María Kodama publicado ayer fue resultado de las gestiones de Ernesto Flomembaum y Pastora Campos, programadores del Festival y coordinadores de la muestra Alrededor de Borges.


Imperdibles Dorsky x 2 El cineasta Warren Sonbert dijo alguna vez acerca de un film del norteamericano Nathaniel Dorsky: “Es simplemente el film más hermosamente fotografiado que vi en toda mi vida; en él entramos en el terreno de la compasión y del completo logro acerca de lo que el cine puede hacer visualmente. Es un privilegio experimentar el complejo devenir de estas imágenes.” Y si alguien cree que está exagerando, que vaya mañana a las 13:30 al Paseo 1 a ver las dos nuevas películas de Dorsky, Winter y Sarabande, ambas de este año. Filmado y proyectado en 16 mm a la velocidad de 18 cuadros por segundo (en vez de los 24 cuadros tradicionales), el cine de Dorsky se desenvuelve y transita ante los ojos, en la pantalla, como una suerte de espejismo efímero y terriblemente concreto al mismo tiempo. Apoyados en un trabajo de encuadre y exposición infinitamente precisos, los paisajes mudos y coloridos de San Francisco establecen un diálogo atrapante con la obra de Dominic Angerame (ver página anterior). Decir que estas dos películas de veintipico de minutos cada una pertenecen al universo del cine es, de alguna manera, quedarse muy corto. Pero bueno, por el momento (esto es, hasta que no se invente un término más específico) tendrá que seguir siendo así.

Humo del Cairo cierra el Soundsystem La programación musical del Festival llega a su fin. Para el cierre, esta noche a las 22:00 el trío de psicodelia pesada y rock valvular Humo del Cairo se presentará en el cine Olympia. “Vamos a hacer un show algo distinto a los habituales, recorriendo temas de distintas épocas”, adelanta Juan Manuel Díaz, guitarra y voz de la banda. “La semana pasada tocamos con Judas Priest en el Luna Park, así que estuvimos volviendo a ensayar nuestros temas más pesados. Además vamos a hacer algún acústico, que es un formato que nos gusta y usamos mucho durante todo este año.” Con un disco homónimo editado, Humo del Cairo parte del sonido pesado de los ‘70, pasándolo por el tamiz de la improvisación y los jams de raíces latinas. Así, en su propuesta conviven Black Sabbath con Jimi Hendrix, Pappo’s Blues y Color Humano. Fluyendo entre la calma y la tormenta, llegan a Mar del Plata en su momento de mayor actividad, luego de telonear las dos funciones de los mencionados Judas Priest. “El primer día fue terrible. Los primeros temas eran bien pesados y se la bancaron, pero el tercero ya era medio rocanrolero y nos empezaron a escupir y a tirar de todo, desde zapatillas hasta monedas. Estuvo bueno vivir esa experiencia, es pura adrenalina. El segundo día ya estuvo todo bien, la gente se copó y no voló una mosca.” A la espera de un show más parecido a este último, los Humo del Cairo llegan a Mar del Plata afilados. Lucas Garófalo



Bitacora 08