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Ciencia y producción científica

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A estas alturas, estos conocimientos están firmemente incorporados a la ciencia, corroborados por múltiples comprobaciones y sin un solo hecho que los contradiga o los ponga en duda, pero aun admitiendo la posibilidad de que la teoría pueda ser falsa o verdadera, su validez no sería afectada por las posibles consecuencias éticas que algunas personas puedan extraer de ella ni debería ser usada para dictaminar sobre el “deber ser”. La teoría evolutiva sobre la aparición y consolidación de las tendencias hacia la agresividad o la promiscuidad sexual en los machos de diversas especies no formula en sí misma ninguna recomendación moral y es perfectamente compatible con una postura ética o mandato moral según el cual (entre los seres humanos) los varones deberían ser poco agresivos y conyugalmente fieles. Que algún rasgo sea “natural” no quiere decir que sea bueno o recomendable. Otro ejemplo frecuente son las explicaciones sociológicas, psicológicas o genéticas de las conductas delictivas: algunas personas temen que si la conducta de los delincuentes es “explicada” por factores cualesquiera, la responsabilidad moral o jurídica de las personas quedaría disminuida y no sería posible imponer la ley o impedir la impunidad del delito. De hecho, algunas de esas explicaciones han sido aceptadas por los tribunales como atenuantes o eximentes de la responsabilidad penal. Pero esto último no es una consecuencia necesaria. Podría perfectamente existir (y existe en ciertos países) un sistema jurídico según el cual la aplicabilidad de penas de prisión al autor de un delito no es afectada porque el delincuente haya tenido una infancia llena de carencias, abusos y dificultades, aun cuando científicamente pueda probarse que su tendencia a cometer delitos violentos ha sido favorecida o generada por esos antecedentes infantiles. Tampoco esa influencia de la infancia sobre la conducta adulta implica necesariamente que el criminal no haya podido evitar su comportamiento ilegal. En última instancia, si se demostrase científicamente que ese criminal no pudo evitar la comisión de actos ilícitos, la verdad de esa aseveración no dependería de sus implicaciones éticas: si fuese verdad, lo sería independientemente de sus consecuencias. En muchos casos estos argumentos reposan sobre un error lógico o falacia, que consiste en creer que todo lo que es científicamente cierto debe ser moralmente bueno, y viceversa. Por ejemplo, ese argumento supondría que si un rasgo psicológico como la agresividad masculina es “genético”, entonces debería considerarse “justificado moralmente”. Por lo mismo, si las acciones de un adulto han sido condicionadas por sus experiencias infantiles, entonces el adulto estaría “moralmente justificado” por cometer esos actos incluso si fuesen delictivos. Este argumento es una falacia. Que algo sea “natural”, “genético” o “determinado por causas socioeconómicas” no quiere decir que sea “justificable”, “bueno” o “inevitable”. Al Homo Sapiens el caminar erecto sobre dos piernas le ha producido algunos problemas de salud bastante penosos que otros primates no conocen (dolor de espalda, várices, hemorroides), y ello no implica que esas dolencias, por ser genéticamente determinadas, sean “buenas” o que deban ser aceptadas en lugar de ser combatidas y, en lo posible, curadas o corregidas. La biología evolutiva también muestra que la selección natural no ha erradicado, y así ha permitido que subsistan, ciertas enfermedades congénitas cuando ellas no dificultan la procreación y, por lo tanto, nunca son eliminadas por la selección natural (por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer, que generalmente aparece en la vejez, después de que el sujeto

Epistemología aplicada: metodología y técnica de la producción científica - Héctor Maletta  
Epistemología aplicada: metodología y técnica de la producción científica - Héctor Maletta  

Epistemología aplicada: metodología y técnica de la producción científica Héctor Maletta Lima: CIUP, CIES, CEPES, 2009 En esta publicaci...

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