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Conocimiento y sujetos sociales. Contribución al estudio del presente Hugo Zemelman

Resumen analítico

La historicidad es un tema recurrente en Hugo Zemelman y pone énfasis en desmistificar las formas tradicionales que tenemos para pensar lo histórico y abrir otras posibilidades de ello. Ha rediseñado la importancia que tiene el pensamiento, el conocimiento, y especialmente a la construcción de los sujetos sociales que interactúan día a día en una sociedad con estructuras bien definidas, pero que al mismo tiempo es considerada como cambiante, dinámica, versátil. Hay que reconocer que todo sujeto es histórico, que nadie nace de la nada, que todo tiene un origen y un devenir que no siempre son claros, pero en la vida actual se está reconfigurando, día a día, nuevos sujetos sociales que tienen una historicidad, en la medida de que no actúa sólo y no se ve influenciado por un solo tipo. El concepto que primero aborda Zemelman es el que de alguna manera atraviesa todo el texto: la globalización y sus efectos en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana, además de lo político y cultural.

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La construcción de estos sujetos actuales tiene que ver con las nuevas formas en que las ideologías dominantes han estado imponiendo, a través de su capital y manejo de los diferentes recursos políticos con los que cuentan los dueños del capital. El autor define a la globalización como “la expresión superior de la transnacionalización del capital que se caracteriza por un predominio absoluto del capital financiero” y hace ejemplos de cómo se vive en los países europeos, pero principalmente en Latinoamérica, donde se gestan las ideas que expresa en este libro. Además, “la concentración del capital significa una expresión del mercado, de la competencia, porque en la lógica del capital, este se reproduce a través del lucro, de la tasa de ganancia” (pág.14), como ejemplo se señala el siguiente: “Uno de los principales errores del pasado en muchos países fue haberles pedido demasiado a los campesinos, fue haberles pedido demasiado a los obreros y ahora ellos aparecen como responsables del fracaso, pero es que se les pidió más de su capacidad: un acto de lucidez política respecto de lo que pueden hacer esos actores” (Pág. 21). La discusión ideológica está muy marcada, de acuerdo con Zemelman, por la serie de pautas o parámetros establecidos ya de antemano y se reconoce como el camino a seguir. A través de la lectura de su libro nos damos cuenta de que hace un propuesta clara de mirar de otro modo al sujeto, a lo histórico, en la medida que no considera al sujeto como alguien construido sino construyéndose, es decir, todos somos productos de las circunstancias, pero al mismo tiempo influimos en todos los demás, y en todo lo que nos rodea. No somos sujetos puros sino socialmente construidos. 2


La historicidad se da cuando se pone “en movimiento la subjetividad, a partir de ahí, resolver el sistema de necesidades en el marco del puente ideológico. Y esto plantea un problema importante, que es: ¿cómo manejar el tiempo del discurso ideológico atemporal y el corto tiempo de la vida de la gente?” (Pág. 25). Los espacios para los discursos ideológicos son muy variados, pero hay que pensar en la gente y “movilizarla, pero no funcionaría si no existieran políticas concretas que medien entre el horizonte valórico y la vida concreta de la gente” y en ese sentido hace una aclaración pertinente: “Cuando hablo de la vida concreta de la gente, estoy hablando de los colectivos, no de los individuos”, (pág. 25). Hugo Zemelman en este libro intenta “describir un método de observación de la realidad en un momento: el presente. Su propósito es contribuir a reconocer opciones que permitan al individuo la transformación de la realidad” (pág. 37). La justificación del propósito está dada en el siguiente párrafo: “Captar a la realidad como presente nos permite potenciar una situación mediante proyectos capaces de anticipar, en términos de posibilidad objetiva, el curso que seguirá. De ahí que esta operación deba realizarse sin perder de vista el carácter dinámico del presente y con cuidado de no reducir el recorte de observación de la realidad a las exigencias planteadas por una meta preestablecida. Es por esto que el contenido de cualquier problema de interés

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requiere ser reconstruido en el mismo contexto en que se inserta, si se le quiere comprender en su especificidad” (Pág. 37). Por otro lado manifiesta la gran dificultad que tiene el conocimiento del presente debido a que éste no puede ser organizado sólo en función de las exigencias de un proyecto particular, sino en uno verdaderamente colectivo ya que estas exigencias le son dadas por los diversos sujetos sociales que en la sociedad participan. Plantea, además, cinco exigencias epistemológicas del presente, mismas que desarrolla a través de las páginas del libro, resaltando una de ellas: La realidad debe ser problematizada, es decir, no restringirse a lo empíricomorfológico. La experiencia acumulada, por tanto, debe contextualizarse de tal forma que, al iniciar el análisis con un problema considerado real e importante, sea posible avanzar en la reformulación de políticas mediante la identificación de sus problemas o necesidades. Dos puntos más que aborda en el texto son muy importantes, el primero de ellos es el de Realidad, a la que concibe como algo difícil de describir porque se deben considerar tres supuestos de análisis: la realidad tiene movimiento constante; existe articulación en todos sus procesos y la realidad siempre tiene un sentido, es decir, una direccionalidad. El otro concepto es el de razonamiento, que tiene como intención garantizar la apertura a lo real objetivo, mediante un trabajo basado en una concepción unitaria de la realidad (procesos articulados) que no presuponga la aplicación 4


de un modelo teórico, es decir, de un esquema jerárquico de las relaciones entre procesos. En otro capítulo del libro (sobre la metodología), señala que “Los criterios tratan de propiciar la apertura del pensamiento a la realidad para reconocer el campo de opciones posibles, con base en una exigencia de objetividad, la cual es un requisito epistemológico para captar las diferentes modalidades a través de las cuales la realidad objetiva se concreta. De ahí que los criterios estén abiertos a diversas formas de instrumentalización” (pág. 69). A manera de conclusión, se comparte lo que el mismo autor menciona: “el conocimiento de la realidad está condicionado por el contenido de la meta pre-definida; ésta determina qué se debe conocer y hasta dónde. El sentido de certeza establece el límite del conocimiento que se considera suficiente para el dominio de una situación, de ahí que el pensamiento necesario para construir el conocimiento, esté condicionado por la tendencia acrítica del saber cotidiano, lo que produce un cierre del pensamiento respecto de lo nuevo y desconocido de la realidad. (pág. 164).

Marco Antonio Grimaldo Velazco

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