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Inocencia oculta


India Grey INOCENCIA OCULTA, Nº 1800 - junio 2010 Título original: The Italian’s Defiant Mistress Publicada originalmente por Mills & Boon®, Ltd., Londres. Publicada en español en 2007 I.S.B.N.: 978-84-671-8576-8 Editor responsable: Luis Pugni https://www.facebook.com/novelasgratis Argumento: Eve Middlemiss había acudido a Florencia en busca de una información que necesitaba desesperadamente. Una información que sólo podía darle el guapísimo millonario Raphael di Lazaro, heredero de una importante empresa del mundo de la moda. Rodeada de glamur, Eve se sentía completamente fuera de lugar… hasta que se dio cuenta de que Raphael la deseaba. Si tenía que convertirse en amante del italiano para averiguar la verdad sobre su hermana, Eve lo haría, aunque para ello tuviera que fingir tener una sofisticación y una experiencia que no tenía… https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 1 NO PUEDO hacerlo ―dijo Eve con apenas un hilo de voz. Estaba aterrorizada. Quería echarse a correr, tenía demasiado miedo. Pero, con esas botas de tacón de aguja, no podía ni moverse. Al otro lado de las cortinas, quinientas personas llenaban el salón de baile del palacio florentino. Estaban allí para rendir homenaje al hombre que los había estado vistiendo durante medio siglo. Eran algunas de las personas más ricas, bellas y famosas del mundo. Sólo habían sido invitados a esa exclusiva fiesta los clientes más distinguidos de Antonio di Lazaro. Sienna Swift, una de las modelos más conocidas del momento, apartó la mirada un momento de la revista que estaba leyendo y le dedicó a Eve su famosa sonrisa. ―Claro que puedes hacerlo. Todo saldrá bien. ―Pero... Pero yo soy periodista ―mintió ella―. Era mi amiga la que tenía que estar aquí. A ella se le habría dado fenomenal. ¡Yo no sé cómo hacer de modelo! ―Bueno, sea como sea, tienes piernas de modelo. Y mejor pecho que muchas de nosotras. Además, no hay que saber mucho para ser modelo. No se trata de una


ingeniería ni nada parecido, ¿sabes? ―la tranquilizó la joven―. Supongo que no se trata más que de sexo. ―¿Sexo? ―repitió Eve, desconcertada―. ¿Qué dices? No sé qué entiendes tú por sexo. De donde yo vengo, el sexo no es algo que hagas delante de medio millar de invitados. Al menos eso pensaba, pero el caso era que no sabía nada del sexo. Sienna suspiró y dejó la revista que estaba ojeando. ―Muy bien, no tenemos demasiado tiempo, así que intentaré dejártelo claro con pocas palabras. Lo único que tienes que hacer es concentrarte en alguien del público. En cuanto subas a la pasarela, buscas algún hombre con la mirada y no apartas tu mirada de él mientras caminas. Olvídate del resto del público. Mira ―le pidió. La modelo dio un par de pasos atrás y empujó las caderas hacia fuera, como hacían todas las modelos de pasarela. Buscó un punto de referencia con la mirada y puso los brazos en jarras. ―Tienes que andar hacia él y no dejar nunca de mirarlo. Es―.. No sé cómo llamarlo. . Sí, «deseo a primera vista». Lo miras como si fuera el hombre más sexy


sobre la faz de la tierra y te estuvieras acercando a él para quitarle la ropa allí mismo y en ese instante ―le dijo. Eve estaba muy incómoda con su escueto vestido de plástico transparente. Le apretaba. Sabía que le sería mucho más fácil seguir los consejos de Sienna si la dejaran salir con sus gafas. Sin ellas, no iba a poder concentrarse en nada que estuviera a más de metro y medio de ella. Por otro lado, había tenido mala suerte con la adjudicación de trajes. El desfile era una retrospectiva del trabajo de Lazaro durante cincuenta años y a ella le había tocado lucir una de las creaciones más extravagantes y vanguardistas de toda su https://www.facebook.com/novelasgratis carrera. Un modelo que había diseñado durante los años sesenta. Algunas flores de llamativos colores tapaban estratégicamente su desnudez, pero ella se sentía como si no llevara nada encima. A su alrededor, algunas de las mujeres más bellas del planeta bebían de sus botellas de agua y charlaban animadamente sobre sus vidas privadas. Algo que cualquier periodista de verdad habría sabido aprovechar. Se sentía sola entre ellas.


Sola y confusa. Y tan poco sofisticada como una bicicleta entre coches deportivos de lujo. Ése no era su sitio. Cerró los ojos. Se sintió de repente muy triste y melancólica. Echaba de menos su escritorio en el despacho del profesor Swanson. Ése era de verdad su mundo, y sentía que había sido una locura creer por un segundo que podría meterse en el mundo de Lou. Las periodistas especializadas en moda, sobre todo las que eran lo bastante famosas como para ser invitadas a participar de manera activa en ese tipo de eventos, no eran universitarias tímidas y miopes como ella. Sabía que no podría hacerse pasar por una de ellas. ―Será mejor que me cambie ―murmuró mientras pasaba entre las modelos. El plan había fracasado antes de empezar, y sabía que era mejor admitirlo cuanto antes. Lou se había arriesgado mucho al fingir estar enferma en el último momento y enviar a Eve para que hiciera el reportaje de la fiesta. Ninguna de las dos había caído en la cuenta de lo descabellado que era su plan. Iba a decepcionar


a su amiga, pero eso no era lo peor. Lo peor iba a ser decepcionar a Ellie, su hermana gemela. Además de dejar que Raphael di Lazaro se le escapara de nuevo. ―No hay tiempo para cambiarse ― le dijo Sienna―. Salimos enseguida. Mira, dice aquí que los Escorpio deberíamos tener cuidado con los asuntos financieros. ¿Crees que eso quiere decir que no debería comprarme aún ese carísimo bolso de Prada que estaba mirando antes? ―No creo que se refiera a eso. Y, por casualidad, ¿no dice nada sobre los Acuario y cómo deberíamos evitar a toda costa salir medio desnudas en actos públicos el jueves? ―Déjame ver. . Acuario. «Mercurio avanza en tu signo y hará que el jueves renazca tu vida sentimental de manera espectacular. Tu destino te espera en el lugar más imprevisto» .leyó la modelo en voz alta―. ¡Es genial! Creo que será mejor que te quedes por aquí, después de todo. Eve no creía en la astrología ni en el destino y menos aún en la resurrección de las cosas. Su vida amorosa no estaba sólo dormida, sino muerta y enterrada. Sabía que si decidía quedarse allí no era por lo que acababan de leerle, sino


por venganza. Miró a Sienna con una temblorosa sonrisa. ―¡Qué lástima que el hombre de mis sueños vaya a aparecer en mi vida cuando me visten como si fuera una versión pornográfica de la Barbie! https://www.facebook.com/novelasgratis Eve salió a la pasarela con piernas temblorosas. No pudo ver nada durante unos segundos, los flashes de las cámaras la cegaron. La pasarela se extendía frente a ella, le pareció larguísima. Se acordó de lo que le había aconsejado Sienna y buscó una cara con la mirada. Estaba desesperada. Casi se alegraba de ser algo miope, así no reconocía las caras famosas que llenaban la sala. Eso habría sido aún más abrumador para ella. Comenzó a caminar muy despacio y la sonrisa se congeló en su boca. No recordaba si tenía que sonreír o no. Oía el murmullo incesante del público. Era imposible elegir a una sola persona para concentrarse en ella. Vio a alguien de pie entre las sombras, apoyado en una de las columnas. Llevaba un traje oscuro que hacía que sus anchas espaldas resaltaran contra el


pálido mármol. Había algo muy atractivo en su pose. El salón estaba en penumbra y su vista era deficiente, así que le era imposible verle la cara, pero sintió que la estaba mirando. «Puedo hacerlo, puedo hacerlo», se repitió para darse ánimos. Las exquisitas y hermosas notas musicales de Madame Butterfly flotaban en el ambiente. Era una de las obras favoritas de las hermanas. Recordó cómo ella y Ellie se asomaban a escondidas por la escalera cuando su madre la ponía en el tocadiscos alguna noche. Esa música le dio la fuerza que necesitaba en ese instante. Todo desapareció a su alrededor. No había público ni cámaras. El mundo se desvaneció y estaban solos ella y los ojos de aquel extraño de la columna. No se movió, pero cuando ella empezó a ir hacia él, contoneando las caderas, sintió cómo sus ojos la atravesaban con la fuerza del láser, con el poder del deseo. Pudo percibirlo en la piel e hizo que se desvanecieran también sus inseguridades y su timidez. Por primera vez durante los últimos dos años, se sintió viva de verdad. Cuando llegó al final de la pasarela, se detuvo y levantó la cabeza. Se miraron


fijamente a los ojos por encima de los cientos de personas que contemplaban el desfile, en una especie de reconocimiento sexual cargado de significado. Durante un segundo, Eve consideró la posibilidad de seguir hacia él. Todo su cuerpo le pedía que lo hiciera. Con una urgencia que hizo que le costara respirar. Se moría de ganas de tocarlo, aspirar su aroma y saborear sus labios. Los fotógrafos que tenía a sus pies comenzaron a acribillarla con las luces de los flashes, y ella apartó la mirada. La silueta oscura del extraño permanecía aún grabada en su mente. Se giró y volvió hacia la entrada de la pasarela. Aún sentía la mirada de ese hombre quemándole la piel. No pudo evitar mover las caderas con sensualidad. Habían cruzado sus miradas sólo durante unos segundos, pero había sido suficiente para que la hechizara. Se sentía poseída por algo más fuerte que su voluntad. https://www.facebook.com/novelasgratis Se bajó de la pasarela aún temblando. Las otras chicas la felicitaron, pero ella no podía contestar. Fue directamente hasta el enorme vestuario común y se dejó caer


en una silla. Se miró en el espejo. Su expresión reflejaba confusión, pero también deseo. Había desaparecido la tímida joven que había salido a la pasarela cinco minutos antes. El reflejo que le devolvía el espejo era el de una mujer con los labios gruesos y sensuales y los ojos llenos de deseo. Recordó el horóscopo que Sienna le había leído. Parecía ser más acertado de lo que quería admitir. Se sentía como si su deseo hubiera estado dormido hasta el momento en el que la presencia de un hombre desconocido lo había despertado. Pero se consideraba una mujer inteligente y sensata. No creía en todas esas tonterías. Ella había sido la gemela tímida e introvertida, siempre a la sombra de su extravagante y segura hermana Ellie. Ella era la que creía en el destino y los astros, la que iba siempre detrás de sus sueños. Mientras Eve estudiaba en Oxford y preparaba su tesis, su hermana había abandonado sus estudios de Historia del Arte para comprarse un billete a Florencia y poder así absorber todo el arte del Renacimiento en persona.


Pero después de estar unos dos meses en Florencia, decidió que la heroína era otra de las cosas con las que quería experimentar. Y la vida de su hermana había acabado poco después con una sórdida muerte que la policía ni siquiera se había molestado en investigar. Pero Eve se había jurado que descubriría la verdad. Habían pasado ya dos años y, desde entonces, su vida se había reducido a su trabajo en el despacho del profesor Swanson y a la necesidad de dar por terminado ese doloroso capítulo de su vida con la verdad y con la justicia. Su cara en el espejo estaba transformada por un deseo desconocido. Era el rostro de una joven que sabía lo que quería, y no tenía nada que ver con el deseo de venganza que la había llevado hasta allí, sino con otro tipo de deseo indiscutiblemente sexual. ―¡Has estado genial! ―le dijo Sienna al llegar al vestuario―. Bueno, el trabajo ha terminado. ¡Ahora empieza la fiesta! ¿Has visto la cantidad de famosos que hay allí fuera? Estoy deseando conocerlos ―le confesó Sienna―. Se murmura que incluso Raphael di Lazaro ha vuelto del extranjero y está aquí. Creo que es guapísimo.


Tengo que saludarlo. Ese nombre la trajo de vuelta a la realidad. Tenía que conseguir conocerlo y olvidarse del desconocido de la columna. ―Bueno, si lo encuentras haz el favor de presentármelo a mí también. Me encantaría conocer al misterioso Raphael di Lazaro. Apenas he encontrado información sobre él. Sólo una foto de mala calidad. ¿Cómo es que es tan esquivo con la prensa? Sienna se encogió de hombros. Se había puesto un sexy vestido fucsia con la espalda al aire. https://www.facebook.com/novelasgratis ―Se fue al extranjero antes de que empezara a trabajar para Lazaro, pero la gente aún habla de él por aquí. Dicen que su novia se fugó con su hermano Luca. Y Raphael no pudo soportarlo. Creo que se fue a vivir a algún sitio de Sudamérica. Eso dicen, pero no sé si es verdad. «Sudamérica, todo un paraíso de drogas», reflexionó Eve. ―El caso es que por eso no ha estado en Italia durante los últimos dos años. Y antes de eso, los paparazzi solían respetarlo bastante ―le contó Sienna―. Él los


odia, pero parece que ellos lo admiran y no suelen molestarlo. Debe de ser un hombre impresionante. Eve. . ¿Estás bien? ―¿Eh? Sí, sí, claro ―repuso ella, recomponiéndose un poco. ―Vamos entonces. Estamos perdiéndonos la fiesta. ¿Qué te vas a poner? ―Bueno, nada especial ―repuso ella mientras rebuscaba en su gran bolsa de tela. Llevaba ese petate a todas partes. Su hermana solía decirle que parecía el bolso de Mary Poppins. Sacó un vestido de seda. Se lo tiró a Sienna y ésta lo sujeto con delicadeza. ―Es precioso. ¿Dónde lo has comprado? Eve sonrió e hizo su mejor imitación de diseñadora de moda. ―Es de una exclusiva marca de ropa conocida como «tienda de segunda mano». Lo cierto, querida, es que no llevo nada que no sea de esa boutique. Raphael di Lazaro salió a la gran terraza del palacio. El aire, aún cálido y lleno de la fragancia de la lavanda, lo calmó al instante. El lujo y grandeza del salón de baile, lleno de pomposos personajes de la alta sociedad y de famosos, habían conseguido ahogarlo. Todo era brillante, ostentoso y perfecto. Igual que los rostros perfectos de las


modelos. Todas le parecían iguales. Colombia había estado llena de caos y suciedad. Pero ahora ese mundo le parecía refrescante comparado con la riqueza que le rodeaba en Florencia. Aceptó la copa de champán que le ofreció un camarero y miró el reloj con discreción. Siempre evitaba ese tipo de fiestas, pero si estaba allí esa noche era por negocios, no por placer. Al que se le daban bien esos eventos era a la sabandija que tenía por hermano. En realidad sólo era hermanastro. Desde que descubriera hasta qué punto era un personaje maquiavélico y rastrero, no hacía sino recordar que sólo compartía un progenitor con Luca, no quería que lo relacionasen demasiado con él. Y Antonio di Lazaro había dedicado tan poco tiempo a sus labores paternas, que casi no podía considerarlo un padre. Luca era el preferido de su padre. En realidad, era el preferido de todo el mundo. Tomó un sorbo de su copa, esperaba que el champán ayudara a desvanecer el sabor amargo que siempre le quedaba cuando pensaba en esas cosas. Pensó que no


https://www.facebook.com/novelasgratis iba a ser nada fácil que Antonio di Lazaro asimilara que su hijo favorito fuera acusado de tráfico internacional de drogas y lavado de dinero negro. Pero no quería dejarse llevar por ese tema, Luca no había sido detenido aún, y Raphael estaba allí para asegurarse de que no ocurriera nada que estropeara el delicado curso de la operación. Buscó a su padre con la mirada mientras trataba de esconder un bostezo. Siempre había odiado ese ambiente exclusivo. Después de vivir en Colombia, le repelía aún más. Ese día estaba tan cansado y aburrido, que casi se durmió durante el interminable desfile de diseños de su padre. «A lo mejor me dormí de verdad, aunque sólo fuera un segundo. A lo mejor ese erótico momento ha sido sólo un sueño―..», pensó. Sintió cómo su cuerpo, aunque cansado, se tensaba al recordar a la chica del vestido transparente. Le parecía una imagen demasiado nítida y real como para que se hubiera tratado de un sueño. Aún recordaba el terror en los ojos de la joven al salir a la pasarela, el sentimiento de protección que le había provocado verla


vacilar un instante y la explosión de adrenalina que había sentido cuando ella lo miró directamente a los ojos. «¿Adrenalina? ¿A quién pretendo engañar? Fue pura testosterona», se dijo. Se imaginó que no sólo estaba sufriendo por falta de sueño, sino por falta de otras cosas. No había encontrado muchas mujeres atractivas e inteligentes en los suburbios de Colombia y dos años era mucho tiempo de abstinencia para cualquier hombre que no fuera un monje. Pero no estaba tan desesperado como para ligar con la primera modelo sin cerebro que se encontrara. La amarga experiencia le había demostrado que las modelos requerían la misma atención constante que un bebé y que, si se las dejaba desatendidas un tiempo, tenían la misma facilidad que tienen los niños pequeños para meterse en líos. No iba a ser tan tonto como para asumir ese tipo de responsabilidad de nuevo. Se volvió y vio a Antonio. Iba tan impecable como siempre, pero le sorprendió ver cuánto había envejecido durante el tiempo que había estado fuera. ―Raphael. ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí?


―He tenido que volver para acudir a los Premios de Prensa Fotográfica en Venecia, pero también tenía algunos asuntos pendientes aquí en Florencia. Relacionados con Lazaro, por cierto. ―¿En serio? ¿Después de todo este tiempo? Hace dos años que dejaste Lazaro. ―Tengo que estudiar los libros de contabilidad. ―¿Te hace falta dinero? ¿Se trata de eso? A lo mejor deberías habértelo pensado mejor antes de irte a hacer fotos de campesinos en el tercer mundo. Los premios no pagan las facturas. Tensó la mandíbula al oír a su padre. Cuando habló, lo hizo con voz ronca y baja. https://www.facebook.com/novelasgratis ―Aún soy uno de los directores, así que tengo todo el derecho del mundo al echar un vistazo a las cuentas. Si mañana te va bien, me pasaré a verte después de revisar la contabilidad. ―Mañana no puede ser. Una famosa revista italiana me entrevista por la mañana, y tengo que asistir a la presentación de un perfume por la tarde .repuso Antonio con nerviosismo―. Además, ya sabes cuánto me disgusta tener que tratar


temas económicos. Luca es el director financiero. Le he encargado todos los asuntos monetarios a él. Está por aquí, ¿por qué no hablas con él? ―Preferiría no tener que hacerlo. ―No seas así. Luca es tu hermano. Todo lo que ocurrió con Catalina forma parte del pasado. No es posible que aún lo odies por algo que sucedió. . ¿Cuándo? ¿Hace ya dos años? Raphael no pudo evitar hacer una mueca con la boca. ―No es sólo eso. Ahora tengo aún más motivos para odiarlo. Pero Antonio no lo escuchaba. Señaló el palacio con una mano. ―Mira, está ahí mismo. Arregla las cosas con él. Luca di Lazaro estaba apoyado en el umbral de la puerta que daba a la terraza. Sus anchas espaldas bloqueaban casi toda la puerta y cualquier tipo de posibilidad de escapatoria para la joven a la que estuviera intentando seducir en ese momento. Se le retorció el corazón al ver cómo se agachaba para susurrarle algo al oído. Se imaginó que sería algún estúpido y manido halago. Algo que consiguiera que la chica se deshiciera entre sus brazos. Era su estrategia habitual. Durante los últimos


años, había conseguido engatusar a una innumerable sucesión de modelos. Por desgracia, su propia novia había sido una de ellas. Luca se movió a un lado, y Raphael pudo ver a la chica con la que su hermanastro había estado hablando. En cuanto la reconoció, se quedó inmóvil. Había cambiado su vestido transparente por uno de seda que ocultaba su delicioso cuerpo. Pero la suave luz procedente del salón dibujaba el contorno de sus curvas. Sin pensárselo dos veces y sin despedirse de su padre, se acercó hasta donde estaban los dos. Lo último que tenía en la cabeza eran las cuentas de la empresa. Sólo podía pensar en agarrar a esa chica y alejarla de su hermanastro tanto como pudiera. Luca se enderezó al verlo acercarse. ―¡Vaya por Dios! ¡El hijo pródigo vuelve a casa! ―exclamó con sarcasmo―. Te presentaría a esta belleza, pero acabamos de conocernos y aún no sé su nombre―.. Raphael reaccionó al instante. Le dedicó a su hermano una sonrisa gélida. Después miró a la mujer con la cabeza algo inclinada y rezó para que ella no lo


delatara. ―Querida, ¿quieres conocer a alguien más o estás lista para que nos vayamos? Contempló con triunfo cómo Luca miraba sorprendido a la mujer que tenía al lado. Había algo de ansiedad en los ojos de su hermanastro. https://www.facebook.com/novelasgratis Raphael también la miró. Sus ojos eran aguamarina, del color de las turquesas, y brillaban a la luz de los candelabros. Sintió de nuevo el deseo recorrerlo de arriba abajo. La joven dudó un segundo antes de responder. Cuando lo hizo, con voz baja y sin aliento, notó que su acento era inglés. ―Soy toda tuya. . Querido. Por una noche, Eve Middlemiss, licenciada con honores en Filosofía y Letras, reconoció que había estado equivocada. El destino existía. Y estaba a su lado en ese instante. Cruzaron juntos el gran vestíbulo del palacio. Ese hombre mantenía una mano en la parte baja de su espalda mientras caminaban. Allí no había tanta gente como


en el salón de baile, sólo algunos pequeños grupos de personas y la discreta plantilla contratada para el evento. Eve notó que mucha gente la miraba al pasar, pero ya no le importaba nada. Eso creía, hasta que se acordó de repente de Ellie. ―Tengo que volver. . No debería―.. En cuanto lo dijo se dio cuenta de que no resultaba convincente. Había intentado hablar de manera firme y profesional, pero no lo había conseguido. ―No, no tienes que volver, y sí que deberías. Créeme ―la contradijo él. Apretó con más fuerza su cintura, consiguiendo que se acelerara aún más su pulso. Intentó reír, pero el sonido que salió de su garganta era más un grito que una carcajada. ―No lo entiendo―.. Yo no suelo hacer este tipo de cosas―.. Él sonrió levemente. ―Eso es obvio. Por eso tenía que liberarte de las garras de ese―.. De ese canalla. ―Me pareció encantador. ―Las apariencias engañan. La llevó hasta una tranquila galería cerca de la entrada. Sólo la iluminaban pequeñas lámparas colocadas sobre algunas mesas. Acababan de entrar cuando él


se giró para mirarla. Hacía tiempo que no sentía tanto deseo. El delicado encaje de su ropa interior se humedeció al instante. ―¿No debería ser yo la que me diera cuenta de eso por mí misma? Su pelo era casi negro y brillante. Parte de él caía sobre su frente y acentuaba sus bellos rasgos, parecía haber sido esculpido en mármol. Su cara era perfecta, pero tenía un aire de cansancio y tristeza que le llamó la atención. Tuvo que contenerse para no acariciar su rostro e intentar suavizar la tensión que atenazaba su mandíbula. ―No podía arriesgarme a que tomaras la decisión equivocada. ―¿Por qué crees que lo habría hecho? Él rió con amargura. ―Ya ha pasado otras veces. https://www.facebook.com/novelasgratis Alargó la mano y metió un dedo bajo el tirante de su vestido, que había caído, y lo colocó con delicadeza de nuevo en su sitio. Apenas pudo contener un gemido de placer cuando los dedos de ese hombre rozaron su temblorosa piel. Después apartó la mano y se giró para no mirarla. No podía interpretar cómo


se sentía. Sus ojos, llenos de deseo, lo traicionaron cuando se volvió de nuevo hacia ella. Con un gemido, la besó con desesperación. Parecía la actitud de un hombre que acababa de perder la batalla con su voluntad. Enredó las manos en su melena, acercándola más a él, atrapándola con sus labios. Sus propios suspiros de deseo quedaron ahogados en el calor de ese beso. Con salvaje urgencia, la lengua de ese hombre exploró su boca, haciendo que deseara mucho más. Después se separó para concentrarse en su mandíbula, su cuello y la base de su garganta. Sin poder resistirse, ella asió su pelo y dirigió la cabeza hacia sus pechos. Sus erectos pezones rozaban la exquisita seda de su vestido y se morían por sentir la calidez de esa boca sobre ellos. Pero de pronto oyó a alguien toser con discreción desde la puerta. ―¿ Signor Lazaro? ―dijo el mayordomo en italiano―. ¿ Signor Raphael di Lazaro? Perdóneme, pero se trata de su padre. Me temo que es urgente.


Y él desapareció al instante. Se quedó atónita, desorientada y aturdida. No podía creérselo. Ese hombre no era su destino, era su mayor enemigo. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 SÓLO era un pequeño trozo de papel, arrancado de una especie de diario. Sobre la cama de su habitación de hotel y, en medio de la oscuridad, Eve lo sujetó entre los dedos. No tenía que encender la luz para ver lo que había en él. Recordaba con exactitud la mancha de café que había caído sobre el papel y los números «592» escritos allí. Era todo lo que quedaba de un número de teléfono. Lo había estudiado con tanto detalle y tan a menudo durante los dos años anteriores, que sabía incluso que en ese instante estaba tocando el lugar donde las palabras «Raphael di Lazaro» estaban escritas. Y justo debajo de ellas estaba escrito «drogas». La chica con la que Ellie había compartido piso en Florencia, una tal Catalina, le había enviado todas las cosas de su hermana a Inglaterra después de que ésta muriera. Cuando Eve pudo por fin reunir el valor necesario para mirar el paquete,


encontró ese trozo de papel en el bolsillo de unos vaqueros. El resto de las palabras se habían perdido para siempre bajo la mancha de café, pero Eve no necesitaba más datos, creía que estaba muy claro. Estaba segura de que se trataba de la información que necesitaba Ellie para contactar con su camello y comprar la heroína que consumía. Y esa persona era Raphael di Lazaro. Cuando Eve encontró el papel, Raphael ya había desaparecido en Colombia y las autoridades italianas habían cerrado el caso de su hermana. Pero ella se había jurado que conseguiría descubrir la verdad y desenmascarar a ese hombre. Por eso, cuando Lou la había llamado al trabajo dos días antes para decirle que un paparazzi lo había visto en el aeropuerto de Florencia, no había dudado un minuto y dejó que Lou la convenciera con su ridículo plan. Le pareció que hacerse pasar por periodista de moda y pasearse por una pasarela eran detalles sin importancia si conseguía encontrar al responsable de la muerte de su hermana. No le había costado nada encontrarlo. Y lo había llegado a conocer en pocos minutos más de lo que había esperado. Casi íntimamente. Se estremeció al recordarlo.


El teléfono móvil sonó a su lado en la mesita y no pudo evitar asustarse. ―¿Eve? Era Marissa Fox, la editora de Glitterati, la revista para la que estaba trabajando esos días. ―Sí, soy yo. ―Mira, Eve. Sé que la idea del reportaje es que sigas a Sienna a todas partes, pero necesito que cubras otro asunto. ¿Podrías acercarte esta mañana a la rueda de prensa? ―¿Rueda de prensa? ―repitió. https://www.facebook.com/novelasgratis ―Sí, cariño ―replicó Marissa con frialdad―. Los médicos de Lazaro van a dar una rueda de prensa esta mañana para informar de su estado. Según mis fuentes, no está demasiado bien. Eve cerró los ojos un segundo y sintió cómo palidecía. «¿Le habrá pasado algo a Raphael?», pensó, alarmada. ―¿Eve? ¿Sigues allí? ―Sí. ―Ya sabías que Antonio di Lazaro sufrió un infarto al salir de la fiesta


anoche, ¿no? ―Sí, claro que lo sabía ―mintió ella―. ¿Crees que es serio? ―Bueno, eso es lo que tienes que averiguar tú durante la rueda de prensa, querida ―le dijo Marissa con sarcasmo―. A las diez de la mañana en el hospital Santa María Nuova. Eve buscó las gafas con la mano y se las puso. Eran las nueve y veinte de la mañana, no tenía mucho tiempo. Se levantó deprisa de la cama e intentó hablar como una periodista profesional y experimentada, que era lo que Lou le había dicho a Marissa que era. ―¿Estará sólo el equipo médico o se espera que también haya un comunicado familiar? ―No, no creo que haya nadie de la familia. El infarto no consiguió que su hijo Luca dejara de divertirse hasta la madrugada. No creo que esté presentable para una rueda de prensa. Y Raphael odia cualquier tipo de publicidad. No le gusta nada la prensa. ¡Ah! Aquí llega mi desayuno. Bueno, querida, tengo que dejarte. Espero que vaya bien el reportaje sobre Sienna. Os veré a las dos esta tarde


durante la presentación del nuevo perfume. ¡ Ciao! La cabeza le daba vueltas. Miró a su alrededor. Lo que le apetecía era tumbarse de nuevo en la cama y dejar que la almohada ahogara sus gritos. Pero sabía que así no conseguiría nada. Y necesitaba ayuda con urgencia. Llamó a Lou, sabía que ella le podría ayudar, pero el contestador automático fue lo único que escuchó al otro lado de la línea. Estaba perdida, y el pánico volvía a atenazarla. Lou siempre le decía que cuando las cosas iban mal, todo lo que tenía que hacer era concentrarse en que podían estar aún peor. Pero en ese instante, no se le ocurría nada que pudiera empeorar esa situación. Lo consiguió sin intentarlo en cuanto se vio en el espejo. Estaba pálida, tenía manchas de rímel bajo los ojos y su pelo era un desastre. Se había dejado las gafas en el hotel, pero no le costó encontrar la sala donde se iba a celebrar la rueda de prensa en el hospital Santa María Nuova. Le bastó con seguir el zapateo incesante y el perfume de un montón de periodistas de moda que


acudían al evento. https://www.facebook.com/novelasgratis Se colocó detrás de una rubia periodista del corazón. Buscó en el bolso la pequeña grabadora que Lou le había dejado. Minutos después, aparecieron una mujer y dos hombres vestidos con batas blancas. Le dolió darse cuenta de que Raphael no estaba con ellos. Se sintió decepcionada. Tenía que verlo de nuevo. Lo que había ocurrido la noche anterior había conseguido que tuviera aún más preguntas y ninguna respuesta. De un modo u otro, tenía muchas cosas de las que hablar con ese hombre. Se concentró en el trío que acababa de sentarse a la mesa presidencial. Reconoció a la mujer. La había visto la noche anterior. Era Alessandra Ferretti, la atractiva directora de comunicación de Lazaro. Ella se había sentado entre los dos doctores. Los tres hablaron en voz baja durante unos minutos. Después, Alessandra miró su reloj y se inclinó sobre el micrófono. ―Buenos días ―saludó en italiano. Hubo un murmullo en la sala. Micrófonos y cámaras se colocaron, dispuestos a


grabar cada palabra que se dijera. Pero antes de que comenzara la rueda de prensa, alguien abrió la puerta de atrás y todos se giraron para ver quién llegaba tarde al acto. Todas las cámaras de la sala se dispararon al instante para obtener una imagen de Raphael di Lazaro. Parte del pelo le cubría la cara. Tenía aspecto de cansado y una barba incipiente ensombrecía su mandíbula, enfatizando sus bellos rasgos. Llevaba el mismo traje oscuro y camisa blanca de la noche anterior. Estaban arrugados, pero no necesitaba mucho más para estar atractivo. Apartó una silla y se dejó caer en ella. Su rostro no expresaba ningún sentimiento, pero al verlo pasarse las manos por el pelo, Eve pensó que parecía completamente agotado. El estómago le dio un vuelco. Deseo y odio por ese hombre se mezclaban en su interior. Alessandra Ferretti presentó a los hombres que tenía a su lado. ―El doctor Christiano es el asistente médico del señor Lazaro, y el doctor


Cavalletti es el director del departamento de Cardiología. Raphael di Lazaro volvió de Colombia ayer mismo, pero ha estado con su padre toda la noche ―explicó la mujer mientras apoyaba una mano en su brazo. Le sorprendió que Alessandra informara sin más de su estancia en el país sudamericano, pero dejó de pensar en ello para concentrarse en la mano de la mujer, que aún seguía apoyada en el brazo de Raphael de manera posesiva. ―¿Cómo está Antonio ahora mismo? ―preguntó un reportero. ―Está en las mejores manos ―respondió uno de los médicos. ―¿Qué tratamiento va a seguir? ―preguntó otro periodista. El otro médico se aclaró la garganta antes de hablar y comenzó un largo y técnico monólogo para explicar con exactitud lo que le pasaba al paciente y el tratamiento que iba a seguir. Los periodistas que sólo hablaban inglés parecían completamente perdidos. Raphael escuchaba con la mirada perdida, apoyado en el https://www.facebook.com/novelasgratis respaldo de la silla y garabateando algo en un cuaderno. Parecía no darse cuenta de la atención con la que todos lo observaban, sobre todo las mujeres. No podía dejar de mirarlo. Parecía desolado. Se había pasado dos años


imaginando maneras de matar a ese hombre, pero ahora que lo tenía delante, sólo quería acercarse a él, tomar su cara entre las manos y hacer, con un beso, que se desvanecieran el dolor y cansancio de su rostro. Estaba enfadada consigo misma por sentirse así. Era como si estuviera poseída por otra persona. ―¿Qué pasa con el lanzamiento del nuevo perfume? ¿Sigue en pie? ―cuestionó otro periodista. ―Bueno, creemos que a Antonio le gustaría que no se suspendiera ―repuso Alessandra Ferretti―. Ha estado trabajando mucho para que todo estuviera listo. Se tratará de un evento brillante en todos los sentidos. Oro es el perfume más especial de la casa Lazaro. Después de unos segundos de publicidad gratuita, Alessandra volvió a poner cara de circunstancias. ―Para Antonio, Lazaro es lo más importante. Es toda su vida, así que seguro que prefiere que sigamos con los planes de la empresa como si no hubiera pasado nada. Después de todo, ha trabajado muy duro para crear lo que hoy tiene. Su respuesta fue seguida por un montón de preguntas más, casi todas


dirigidas a Raphael. Querían saber cuánto tiempo había pasado sin ver a su padre, si había vuelto de Colombia porque sabía que su padre estaba delicado, qué tal había visto a su padre la noche anterior... Él contestaba con brevedad. Tenía la voz cansada. Eve mantuvo la cabeza baja y la grabadora en alto para registrar sus respuestas. A su lado, la periodista rubia levantaba desesperada la mano para que atendieran su pregunta. ―¡Señor Lazaro! ¡Raphael! De repente, él miró hacia la periodista. Eve se quedó helada. ―¿Dónde estaba anoche cuando le avisaron de lo que le había pasado a su padre? ―Estaba en la fiesta de homenaje ―repuso él. No podía ni respirar. Decidió que si se quedaba muy quieta y seguía con la cabeza bajada, a lo mejor no la veía. Sólo esperaba que la rubia que tenía al lado dejara de hacer preguntas y atraer la atención sobre esa zona de la sala. Pero no tuvo suerte. ―He oído que les costó bastante tiempo encontrarlo.


¿Qué estaba haciendo? ―insistió la mujer. La pregunta fue seguida por un silencio que le pareció eterno. Despacio y con miedo, levantó poco a poco la mirada. Se encontró con los ojos de Raphael. Fue como chocar contra una pared de hielo. https://www.facebook.com/novelasgratis Sus ojos no expresaban nada, pero tampoco dejaba de mirarla con intensidad. Era insoportable, pero también muy erótico. Como recibir las caricias más íntimas estando tumbada en una cama de clavos. ―Eso quisiera yo saber, eso quisiera yo saber. . ―replicó él con voz suave y sensual. Raphael pensó que estaba imaginándoselo cuando reconoció a la joven de la noche anterior. Pero supo que no había ningún error. Habría podido reconocer esos ojos en cualquier parte. Igual que su sensual boca. No había pensado en otra cosa durante las largas horas que había pasado acompañando a su padre en el hospital. Acababa de darse cuenta de que no era modelo, después de todo. Era mucho peor.


Aquella joven era periodista. Estaba furioso. Creía que el cansancio había sido el culpable de algunas de sus malas decisiones, como besar a aquella mujer. Se alegró, al menos, de que el mayordomo los hubiera interrumpido antes de que las cosas fueran demasiado lejos. De no haber sido así, estaba seguro de que su nombre habría estado en la portada de alguna revista del corazón ese día. La miró desde la mesa presidencial. Tenía la cabeza inclinada y la cara medio escondida tras su pelo. Sujetaba el bolígrafo entre los labios. Su corazón se endureció al verla allí. Su corazón y otra parte de su anatomía. Pensaba que los periodistas eran todos rastreros y desleales. Esa joven tenía aspecto inocente, pero no se dejaba engañar. Creía que aún cabía la posibilidad de que escribiera algo sobre lo que había ocurrido. Y aumentado con exageraciones y mentiras para embellecerlo aún más. Decidió que la buscaría para hablar con ella y conseguir que diera marcha atrás. Estaba seguro de que tendría un precio. Todos lo ten ían. Eso era lo que más le entristecía de aquello.


―¡Taxi! ¡Taxi! Eve suspiró exasperada cuando otro taxista florentino la ignoró al bajar por la calle. Ya habían pasado cinco libres y ninguno se había detenido. Empezaba a pensar que era invisible. Pero había descubierto durante la rueda de prensa que no lo era. De haberlo sido, se habría librado de la humillación pública a la que la había sometido Raphael di Lazaro. No entendía cómo podía atreverse a mirarla de esa manera. La había observado como si ella fuera un tipo de ser inferior, alguien que ni siquiera merecía estar en la misma habitación con él. ―¡Taxi! ―gritó de nuevo. https://www.facebook.com/novelasgratis La acera estaba llena de glamorosas mujeres italianas. Todas parecían impecables con su ropa de marca y gafas de diseño. De haber estado sola, se habría sentado en la acera y echado a llorar sin consuelo. Pero no podía recurrir a eso. Sólo tenía una salida posible. Encontrar chocolate en algún sitio.


Había un café cerca de allí. Era pequeño, pero no pudo resistirse al aroma del café y los pasteles recién hechos. Se acercó a la barra, donde esperaban otros elegantes florentinos. Se preguntó por qué todo el mundo sería tan atractivo en esa ciudad. El café estaba lleno de lo que parecían modelos de alta costura. Oyó el sonido de su teléfono móvil en ese instante y metió la mano en su gran bolso para sacarlo. Consiguió desenterrarlo y contestar antes de que dejara de sonar. ―¡Lou! ―Hola, guapa. He visto una llamada perdida tuya. ¿Va todo bien? ―¿Dónde estabas? ¡Te necesitaba con urgencia! ―Estaba aquí, pero no contesto el teléfono por si es Marissa. Se supone que he sufrido una reacción alérgica terrible, ¿recuerdas? Bueno, ¿qué tal va todo? Al oír la voz de su amiga, Eve sintió cómo su voluntad se debilitaba de nuevo. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Tenía que desahogarse con alguien. ―Todo va fatal. ¡He metido la pata hasta el fondo! ―¿Qué? Eve, espero que no sea verdad. Marissa me estrangulará si descubre lo que hemos hecho. ¡Dime que no se trata de eso!


―Esto es cien mil veces peor. Su amiga se quedó en silencio durante unos segundos interminables. ―No te creo. Pero tienes toda mi atención. Sujetó el móvil con fuerza y bajó mucho la voz antes de hablar. ―Besé a Raphael di Lazaro. ―¿Cómo? No oigo nada. ¡Creí que habías dicho que besaste a Raphael di Lazaro! ―dijo Lou, riendo con ganas―. ¿Eve? ¡Dios mío! Eso es lo que has dicho, ¿no? ―Sí. ―Bueno. . En ese caso tengo que preguntarte algo que he de saber. . ―Fantástico ―la interrumpió Eve mientras sus ojos volvían a humedecerse―. No se parece en nada a lo que esperaba encontrar. ―¡No! ¡Eve! No iba a preguntarte qué tal besa. Quería saber por qué lo hiciste. ―Bueno, cuando lo besé no sabía de quién se trataba. ―Espera un segundo. Te conozco desde que empezamos a estudiar en la universidad. Y durante todo ese tiempo, Eve Middlemiss, nunca te liaste con un chico sin antes conocer a su madre e imaginarte siendo su esposa y madre de sus hijos. Y estoy hablando de cuatro años, cuatro estupendos años para ligar y


conocer multitud de chicos. ―¡Eso no es justo! Pero llegó en ese momento al mostrador y le tocó decirle a la camarera lo que quería. Le pidió un capuchino con chocolate y un bollo. https://www.facebook.com/novelasgratis ―Eve, no eres el tipo de mujer que va por ahí besando a extraños. ¿Qué es lo que ha pasado? ―No lo sé, Lou. Fue muy raro. Como algo que estaba escrito en el destino o algo así. Lo vi. . Bueno, los dos nos miramos y sentí que algo encajaba. Parecía inevitable que sucediera entre nosotros. No tuve que hacer nada al respecto porque era como si los dos supiésemos que iba a ocurrir, lo quisiera o no. Y así fue. Después del desfile, me puse a hablar con un chico, y él apareció y me llevó de allí. . ―¿Y te fuiste con él sin pensártelo dos veces? No puedo creerlo, Eve. ―Lo sé, lo sé. Fue algo estúpido e irresponsable, pero no tenía la suficiente voluntad como para resistirme. No sabes cómo es, Lou. Tiene una fuerza especial que. .


―¡También Adolf Hitler tenía una fuerza especial, Eve! Pero eso no lo convertía en un novio perfecto. Mira, no me gusta nada lo que me estás contando. Lo que pasó anoche no tiene nada que ver con el destino ni con amor a primera vista. Lo que creo es que se acuerda de Ellie y te reconoció. Me parece que intenta manipularte para que no digas nada. No me parece seguro que estés con él. Creo que deberías volver a casa. ―¡No! Lo dijo con tanto énfasis, que la camarera la miró extrañada mientras le entregaba el bollo. ―No voy ahora a renunciar a todo. Llevo dos años esperando la oportunidad de poder descubrir la verdad. Necesito saber qué es lo que le pasó a Ellie. Ahora estoy aquí y por fin he conseguido poner una cara a ese maldito pedazo de papel que constituye mi única pista. Parece que las piezas no encajan, y ya no sé en qué creer. Lo único que tengo claro es que no voy a volver a casa hasta que consiga algunas respuestas. Cueste lo que cueste. O desenmascaro a Lazaro como el sórdido


camello que es o. . Se detuvo para tomar un primer sorbo de su capuchino. Era exquisito, y cerró los ojos para disfrutar más del delicioso sabor. Pero tuvo que abrirlos de repente cuando chocó contra algo. El líquido caliente cayó sobre su mano y sobre la camisa blanca del hombre con el que acababa de tener el encontronazo. Era una camisa cara, blanca, pero estaba muy arrugada. La reconoció al instante. Aquello iba de mal en peor. ―¿Qué pasa, Eve? ¡Eve! ―preguntó Lou en el teléfono. Con un solo movimiento rápido, Raphael di Lazaro tomó la taza de sus manos y le quitó el móvil que sujetaba entre la oreja y el hombro. Se dispuso a hablar por él. Su rostro parecía tranquilo, pero sus ojos brillantes reflejaban su enfado. ―Me temo que tu amiga se ha quedado sin palabras, pero está bien, no te preocupes. Eve no pudo evitar aspirar su masculino aroma y sentirse algo mareada. Lejana y débil, podía oír la voz de Lou contestándole. https://www.facebook.com/novelasgratis


―¡Menos mal! ¿Qué ha pasado? ―Nada importante. Sólo un pequeño accidente con el capuchino. ¿Es siempre así de torpe? Eve oyó cómo su amiga reía, relajándose al oír la suave y sexy voz de ese hombre. Sintió que estaba traicionándola, y supo que no estaría así de contenta si supiera con quién estaba hablando. ―¿Lleva las gafas puestas? ―No ―repuso él, mirándola un instante. ―¡Vaya! Entonces no tiene nada que hacer. De verdad, no debería ir sola por el mundo. ―Estoy completamente de acuerdo con usted, signorina. Agarró con furia el móvil. Estaba muy enfadada. ―Muy bien, Lou. Ha sido un placer hablar contigo. Pero ahora será mejor que cuelgue y vayas a acostarte. Ya te he dicho que no tomes vodka para desayunar. Colgó antes de que su amiga tuviera tiempo para protestar, y elevó la barbilla para encararse a ese hombre. ―Así que signorina Middlemiss ―dijo él, pronunciando cada sílaba con


cuidado―. ¿Quieres decirme qué significa esto? ―Ha sido un accidente, no es para tanto. Seguro que se quitan las manchas. . ―No seas infantil. Sabes perfectamente de lo que estoy hablando. ¿Qué palabras usaste exactamente? ¡Ah! ¡Sí! Sórdido camello. No creo que los lectores de Glitterati quieran oír eso de mí. Su tono la hirió, pero lo peor fue ver que su amiga había tenido razón. ―¿Así que sabes quién soy? ¡Qué sorpresa tan grande! Tenía que haberme figurado que hombres como tú tienen espías por todas partes. Él levantó una mano y, durante un segundo, Eve pensó que iba a abrazarla y besarla como había hecho la noche anterior. Se enfadó consigo misma por sentirse decepcionada cuando todo lo que hizo fue tomar entre sus manos la tarjeta identificativa que colgaba de su camiseta. ―Eve Middlemiss. Reportera de moda. Glitterati ―leyó él muy despacio mientras su boca se curvaba en una cruel sonrisa―. No hace falta tener sofisticadas redes de inteligencia a tu disposición para descubrir este tipo de cosas. Hace cinco minutos apenas sabía nada sobre ti, signorina, pero ahora me estoy haciendo una idea bastante buena de cómo eres.


―¡Ah! ¿Sí? ¿Y qué piensas de mí? Se arrepintió al instante de habérselo preguntado. Se lo había puesto en bandeja. Sabía que aprovecharía la ocasión para ofenderla de nuevo. Pero su aroma estaba confundiéndola y no podía pensar con claridad. ―Que eres una periodista sin experiencia y algo ridícula que trabaja para una revista de segunda categoría y se mete en líos para los que no está preparada su pobre cabecita rubia. Se merecía aquello. No debería haberle preguntado. https://www.facebook.com/novelasgratis Él se echó hacia atrás, y Eve fue consciente en ese instante de lo cerca que habían estado el uno del otro. Su cercanía había contribuido a confundirla. El espacio hizo que se recuperara un poco. ―¡Eres un cerdo machista y condescendiente! ¿Cómo te atreves a juzgarme? Él había sacado algo del bolsillo y estaba inclinado sobre una mesa, escribiendo una nota. ―¿De verdad quieres que conteste? ―repuso él sin levantar la vista―. Hasta tu


amiga piensa que no deber ías ir sola por el mundo. ―¡Mi amiga estaba bromeando! .replicó ella fuera de sí―. Para entenderlo, tienes que tener algo que se llama sentido del humor. Él se incorporó y, apoyando su cadera en la mesa, la miró durante unos segundos. Después, cruzándose de brazos, empezó a hablarle en italiano. Su voz era ronca y sensual, casi como una caricia, y las palabras la cubrieron como una lluvia de verano. No pudo evitar estremecerse al oírlo. Se sintió igual que entre sus brazos la noche anterior. Pero entonces se dio cuenta de que él había dejado de hablar y que estaba mirándola y esperando que lo contestara. ―¿Y bien? ―le dijo Raphael. Confusa, movió la cabeza mientras lo miraba. ―Lo siento. Yo no. . Él la contemplaba como una pantera acechando a su presa. Había algo peligroso y salvaje en su mirada. Se sentía como si fuera a saltar sobre ella en cualquier momento. ―Así que no hablas italiano. No sabes en qué lío te estás metiendo. Esto no es lo


tuyo. Será mejor que vuelvas a casa. ―¿Me estás amenazando? Él suspiró. De repente le pareció que estaba muy cansado. Lo notó y sintió la misma irracional urgencia de tocar su rostro y abrazarlo. ―No, lo que hago es advertirte que tienes que ser prudente .repuso él con agotamiento―. Toma esto, por favor―.añadió mientras le entregaba lo que parecía un cheque en el que él había escrito algo―. No sé cuánto pensabas ganar con la información que ibas a ofrecer a la revista, pero creo que veinte mil será suficiente para cubrirlo. ―¿Qué? ―exclamó ella, furiosa―. ¿Me estás ofreciendo veinte mil euros para que no abra la boca y vuelva a casa? Él sonrió con ironía. ―Has subestimado mi generosidad. Te ofrezco veinte mil libras, no veinte mil euros. No podía creerlo. Tampoco podía hablar. Lo miró durante unos instantes y se le llenaron los ojos de lágrimas. Creía que la vida de su hermana valía mucho más


que eso. La vida de su hermana no tenía precio. Un taxi se acercaba a ellos por la calle y corrió hacia él para detenerlo. Pero, entre las lágrimas, que no llevaba sus gafas y la desesperación por alejarse de ese https://www.facebook.com/novelasgratis hombre, estaba más torpe que de costumbre. Oyó a algunos coches frenando y el sonido de los claxon mientras el taxista tenía que girar el vehículo violentamente para no atropellarla. En medio segundo, Raphael estaba a su lado. La agarró y llevó hasta la acera. ―¡Estúpida niña malcriada! ¡Podían haberte matado! ―le gritó sin dejar de agarrar su brazo―. ¿Es que ni siquiera sabes que en Florencia no se para a los taxis levantando el brazo como hacéis en Londres? ¡Por Dios, Eve! Lo miró con la cara llena de lágrimas. Se sentía asustada y humillada. ―¡Suéltame, por favor! Aún estaba temblando. Por culpa del susto y también por cómo había pronunciado su nombre. Hacía que su nombre sonara como «Eva», su versión en italiano. El nombre de la primera mujer. Tampoco olvidaba que él había corrido entre los coches para salvarla.


Raphael hizo lo que le pidió. Y se apartó de ella como si fuera portadora de alguna enfermedad contagiosa. Ella se concentró de nuevo en la calzada, intentando parecer calmada. Vio otro taxi y levantó el brazo. «Por favor, Señor, haz que éste pare. Tengo que demostrarle que no puede mandarme, que puedo valerme por mí misma», pensó mientras rezaba. Casi lloró de alegría al ver cómo se detenía a su lado el coche. Se giró para mirar a Raphael e intentó sonreír a pesar de las lágrimas. ―¿Ves? Soy perfectamente capaz de. . Se quedó parada al ver cómo él alargaba la mano hacia ella y acariciaba con el pulgar sus labios. Fue un gesto íntimo y sensual. Cerró los ojos un instante y se concentró en lo que sus labios estaban sintiendo contra su firme y dulce piel. Una corriente de calor y electricidad recorrió su cuerpo. Lo miró a los ojos. Raphael la observaba con frialdad. ―Espuma. Tenías espuma del capuchino en los labios. ¿Qué estabas diciendo? ―preguntó, burlón. Le abrió la puerta del taxi con una cruel sonrisa en los labios. Después se


inclinó para decirle algo en italiano al taxista mientras le entregaba un montón de billetes. Furiosa, cerró dando un portazo y se limpió la boca con el dorso de la mano. Quería borrar la sensación de su caricia. ―¿Qué le ha dicho? .le preguntó al conductor mientras se ponían en marcha. ―Me ha pedido que la lleve al aeropuerto. ¿Es ahí donde quiere ir? ―¡No! Lléveme a mi hotel, por favor. ―¿Está segura, signorina? El señor me ha pagado mucho para que la lleve al aeropuerto. ―Sí, estoy segura. Pero era mentira. En ese instante habría hecho cualquier cosa para no tener que ir a la presentación del perfume de esa tarde. Lo que de verdad quería era meterse en un avión que la llevara de vuelta a casa y no tener que volver a oír el apellido Lazaro en su vida. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 EVE iba en una limusina dorada a una de las fiestas más exclusivas del año, donde sólo irían los más famosos del planeta, pero se sentía como si la


llevaran al matadero. Frente a ella, Sienna estiró sus largas piernas y suspiró de manera melodramática en el móvil. Se había pasado todo el trayecto hablando por teléfono con su agente, su novio y otros amigos. Sabía que cualquier periodista habría aprovechado la ocasión para obtener jugosa información para su reportaje, pero Eve estaba demasiado preocupada con sus propios problemas como para escuchar las conversaciones de la modelo. En teoría, todas las pistas comenzaban a encajar. El hecho de que Raphael di Lazaro le hubiera ofrecido un montón de dinero era otra razón para creer en su culpabilidad. Aun así. . Bajo su fría y despectiva coraza, se había dado cuenta de que era un hombre íntegro. Al menos eso creía. No le parecía alguien malvado ni corrupto. Apoyó la cabeza en la ventana de la limusina y cerró los ojos. Creía que a lo mejor estaba dejando que la belleza de ese hombre y su indudable atractivo sexual la afectara a un nivel mucho más profundo. Recordó uno de los artículos en los que Lou había trabajado un año atrás, antes


de que le saliera ese trabajo en Glitterati. En él hablaba sobre algunas mujeres que se habían enamorado de prisioneros condenados a pena de muerte. En un bar de Oxford, las dos amigas habían discutido sobre el tema. No podían creerse que la gente dejara que su corazón dominara de esa manera su cabeza. Ahora ella creía que estaba también perdiendo el sentido común. Pero creía que no se había imaginado la fuerza que ese hombre le había transmitido mientras había caminado asustada por la pasarela de moda. Había sentido la misma seguridad mirándolo que poco después entre sus brazos. También se había dado cuenta de que, debajo de su frialdad, era alguien que sufría. Y que tenía el suficiente valor como para correr tras ella entre los coches para salvarla. Golpeó la cabeza contra el cristal. No sabía dónde había dejado su sentido común. Tenía que recordar que los hechos parecían hablar por sí mismos. Su nombre estaba en ese papel, al lado de la palabra «drogas». Ese mismo día la había seguido después de la rueda de prensa y la había intentando comprar con dinero. Su parte más racional frotó con cuidado sus sienes y respiró profundamente. Tenía que ignorar lo que su corazón decía. Su cabeza sabía que él era el


sospechoso número uno. Había ido a ese país para encontrar respuestas y aún estaba dispuesta a conseguirlo. Suspiró e intentó concentrarse en Sienna, que estaba en ese momento estudiando el esmalte de sus uñas. ―¿Tendré que quitarme la ropa? ―preguntó por teléfono. https://www.facebook.com/novelasgratis No sabía si hablaba con su agente o con su novio. La modelo estaba bellísima esa tarde. Llevaba unos pantalones blancos y una blusa dorada y casi transparente que caía desde una gargantilla de oro que cubría su cuello. Sólo Sienna y Eve sabían que la modelo había tardado media hora en sujetar con cinta sus pechos para que el escote fuera perfecto o que la mayor parte de su exuberante melena negra estaba formada por extensiones de nailon. Eve pensó con amargura que nada era lo que parecía. Ya estaban lo bastante cerca como para ver a algunos famosos saliendo de sus coches. Todo el mundo vestía de acuerdo con el tema de la fiesta. Los atrevidos vestidos de las damas, los complementos de los hombres, los adornos del


lugar, hasta la alfombra que pisaban al entrar, todo era dorado. Ella no tenía ropa para la ocasión, así que Sienna le había ofrecido prestarle algo de su amplio vestuario. Pero la modelo medía uno ochenta y apenas tenía pecho. Nada de lo que tenía le servía. Al final, Eve tuvo que recurrir a sus gastados vaqueros, unas sandalias indias llenas de pedrería y lo único que poseía que era algo dorado. Se trataba de una camisola de seda y encaje que era una auténtica antigüedad. Había pensado llevar una chaqueta para cubrirla, pero Sienna se lo prohibió y la sacó de la habitación sin escuchar sus quejas. ―¡Claro que no pareces una cualquiera! Por si no lo sabías, ésta es la imagen que se lleva este verano. No lo entiendo, Eve, se supone que trabajas en el mundo de la moda. ¿Cómo es que no estás a la última? La modelo había tenido razón. Había estado tan concentrada pensando en Raphael di Lazaro, que se le había olvidado lo que hacía allí. La limusina se detuvo, y Sienna salió de ella con elegancia. Eve, llena de nerviosismo, esperó a que la nube de fotógrafos se desvaneciera después de


retratar a la modelo para salir del coche. Intentó sonreír y parecer segura, pero apenas podía mover los labios. La culpa era del pegajoso brillo que Sienna había aplicado en su boca. Arena dorada importada de Egipto adornaba ambos lados de la alfombra y la entrada de la tienda, donde había además dos enormes esfinges. Pero esos detalles no la prepararon para la fastuosa y espectacular decoración del interior. ―¿Qué te parece? ―le preguntó Sienna, entusiasmada―. ¿No te dije que las fiestas de Lazaro son siempre increíbles? ―Es surrealista ―repuso Eve, mirando a su alrededor. Todo estaba decorado con palmeras y falsas pirámides. Frente a ellas, un montón de famosos y personalidades eran perfumados con Oro por unas bellezas disfrazadas con escuetos trajes de esclavas egipcias. En el centro del salón había una fuente de tres pisos. La culminaba un réplica de la cabeza de Tutankamón, de la que salía champán. Se acercó a ellas un camarero que sólo llevaba un taparrabos y les ofreció su bandeja de canapés.


Sienna le había prohibido que llevara sus gafas, así que no distinguió lo que le ofrecían. https://www.facebook.com/novelasgratis ―Son langostinos con salsa de vodka y decorados con pan de oro de dieciocho quilates. ―¿Pan de oro? ―repitió Eve, algo mareada. Sienna suspiró. ―No, gracias. Tengo que tomar un avión esta noche y no quiero que salten los detectores de metal si me como eso. Ven a beber algo ―le dijo a Eve mientras se dirigía hacia la fuente de champán. Era imposible hacerse con un sitio entre la multitud que rodeaba la fuente. Se quedó sola mirando a su alrededor e intentando ver a Sienna entre la enorme cantidad de caprichosas modelos y atractivos hombres que llenaban la sala. De repente sintió cómo un brazo rodeaba su cintura. Se dio la vuelta y se encontró con el hombre que había conocido en la fiesta de Lazaro. Era el hombre del que Raphael había estado empeñado en rescatarla. ―Volvemos a vernos, angelito ―le dijo él―. Te he visto aquí tan sola. . ¿Cómo


puede ser mi hermano tan descuidado como para dejarte desatendida en medio de esta manada de lobos? ―dijo mientras miraba a su alrededor con una pícara sonrisa―. Eres como una preciosa rosa creciendo entre un montón de flores artificiales ―añadió, mirándola de arriba abajo. ―¿Eres hermano de Raphael? ―Sí. Hermanastro. Me llamo Luca di Lazaro ―dijo, ofreciéndole la mano. ―Eve Middlemiss ―repuso ella. Él sujeto su mano unos segundos más de lo necesario, sonreía y parecía muy divertido con algo que ella no comprendió. ―¿Dónde está Raphael? ―No lo sé, pero me encantaría encontrarlo ―repuso ella con una sonrisa amarga. ―Bueno, no hay prisa, preciosa. Deja que antes te consiga una copa. ¡Necesitamos un daiquiri de mango! ―La verdad es que yo no. . ―No te preocupes, guapa ―le dijo mientras acariciaba su hombro desnudo―. Apenas lleva alcohol. Te encantará, confía en mí. Desde el despacho de su padre en la planta más alta del edificio, Raphael observaba las pantallas del circuito cerrado de televisión. Antonio había invertido


mucho dinero en conseguir los mejores sistemas de seguridad para la empresa. Había cámaras instaladas en lugares estratégicos de cada una de las tres plantas de la tienda. Esas imágenes eran estudiadas por el experimentado equipo de seguridad. Raphael había pensado en pedirles que vigilaran a Luca de cerca, pero decidió después no hacerlo. Era mejor que la operación siguiese en secreto, cuanta menos gente lo supiera, mejor. No era un trabajo que pudiera encargar a cualquiera. Si Luca iba a hacer algo sospechoso, él quería ser el que estuviera vigilándolo. https://www.facebook.com/novelasgratis Le dolían los ojos y estaba completamente agotado. Había pensado irse a su piso después de la rueda de prensa para poder dormir un poco, lo necesitaba con urgencia, pero su encuentro con Eve Middlemiss había hecho que se le quitaran las ganas de dormir. Se preguntaba cuánto sabría esa mujer. Lo primero que había pensado al verla en la conferencia de prensa había sido que se trataba de una periodista maquiavélica y sin escrúpulos que fingía ser


inocente e ingenua para conseguir lo que quería. Pero ya no estaba tan seguro. Su candidez. . Era demasiado real como para ser intencionada. Pero, aun así, sabía lo suficiente como para echar por la borda una investigación internacional sobre el tráfico de drogas. Suspiró y se pasó las manos por la cara. La situación con Luca ya era demasiado difícil como para correr el riesgo de que una periodista rubia y descerebrada acabara con la operación. Esa mujer parecía fuera de lugar allí. Recordó sus grandes y asustados ojos cuando la salvó de morir atropellada. Había rozado brevemente sus pechos al agarrarla, y el recuerdo de esa sensación hizo que el deseo creciera de nuevo en su interior. Intentó concentrarse en los monitores de televisión. Tenía que olvidarse de esa mujer, sólo podía darle problemas. Se fijó en la multitud que rodeaba la fuente de champán y apretó la mandíbula al localizar a su hermano. No se movió, pero no pudo quitar la vista de la pantalla. Luca retiraba en ese instante un mechón de pelo de la boca de Eve


Middlemiss. Ella lo miraba, confiada. Raphael agarró el mando a distancia con tanta fuerza, que los nudillos se le pusieron blancos. Sentía el latido de su corazón en los oídos. Era un hombre que confiaba en sus instintos. Eso había hecho que sobreviviera en el sórdido mundo de traficantes y asesinos a sueldo que operaban en los suburbios de Colombia. Su vida dependía muchas veces de su capacidad para tomar decisiones rápidas. En ese instante, cada fibra de su cuerpo le decía que tenía que apartar a Eve Middlemiss de su hermano Luca. Y tenía que hacerlo en ese instante. Pero sabía que ella no lo escucharía, ya había intentado advertírselo. Además, aunque no lo pareciera, era una mujer adulta. Miró el reloj. Se imaginó que la fiesta duraría un par de horas más. Decidió no hacer otra cosa que vigilarlos. Con profesionalidad, continuó observándolos durante el tiempo que estuvieron allí, observando con impasibilidad y concentración cada gesto, cada movimiento,


cada copa que tomaban. Permaneció inmóvil hasta que Luca cubrió los hombros de Eve con su propia chaqueta y la condujo hacia la salida. Se levantó con un salto de su silla y, maldiciendo entre dientes, salió de la sala de seguridad en cuestión de segundos. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 ERA hora punta. Sentado en su coche y soportando un atasco de tráfico, Raphael maldijo de nuevo su suerte. Se imaginó que Luca la llevaría hasta el bar de copas donde iba a seguir la fiesta hasta la madrugada. Era una de las guaridas favoritas de su hermano. Se estremeció al pensar en todas las chicas a las que Luca habría iniciado en el infierno de las drogas en aquel sitio. Miró el reloj. Los coches apenas se movían. Habían pasado diez minutos desde que su hermano y Eve dejaran el local. Giró de repente a la derecha y entró en una calle en dirección prohibida. Aceleró entre los cubos de basura y cajas de cartón que llenaban el callejón. Esas calles


daban a una plaza, y Raphael pensó en atravesarla. Sabía que así llegaría al club en la mitad de tiempo, pero no quería atraer la atención de la policía, porque si lo detenían, nadie podría rescatar a Eve. Entonces se convertiría en una más de las chicas cuyas vidas habían sido destrozadas por Luca. Pero si intentaba algo con Eve, llamaría a sus contactos para que lo pillaran con las manos en la masa. Era toda la evidencia que necesitaban para detenerlo. Luca no era un hombre leal y estaba seguro que cantaría pronto y les daría los nombres que buscaban. Era una idea interesante. Sólo era una chica más. Le parecía un precio razonable por conseguir atrapar a su hermano. Podía simplemente tomar su móvil, llamar al número que le habían dado y unos cuantos agentes de paisano estarían en el bar en cuestión de minutos. La decisión parecía sencilla, pero algo en su interior le dijo que Eve Middlemiss no era sólo una chica más. Llevaba tanto tiempo enterrando sus emociones, que no


podía estar seguro, pero a lo mejor era su corazón el que le hablaba. Paseó del brazo de Luca por la plaza. Estaba entusiasmada con los regalos que le habían dado al dejar la fiesta. Una botella de perfume y una cajita con el logotipo de una cara joyería. Estaba tan distraída, que se llevó un susto de muerte cuando oyó los frenos de un coche deportivo parar a su lado en medio de la plaza. Luca golpeó con fuerza el capó del coche y comenzó a gritar insultos en italiano. Se detuvo de pronto al ver quién era el conductor. Del coche acababa de salir Raphael. Estaba muy pálido, pero sus ojos brillaban con furia. ―¿Nunca te rindes, Luca? ―Anímate por una vez en tu maldita vida, Raphael. ¿Cuándo vas a darte cuenta de que no puedes tratar mal a las mujeres y abandonarlas cuando te conviene? Esta belleza estaba sola y decidí cuidar de ella y entretenerla. ¡Deberías agradecérmelo! https://www.facebook.com/novelasgratis ―¿Cuidar de ella? ¡Dios mío! Lo que hay que oír ―le dijo antes de mirar a Eve―. ¿No se te ocurre nada mejor que hacer que meterte en situaciones peligrosas y


arriesgar tu vida? ―¿Cómo? ―le preguntó ella, confusa. ―Métete en el coche. Voy a llevarte a casa. Estaba tan atónita, que no acertaba a hablar. ―¿Qué? Yo. . Eres. . ¡Eres increíble! ¿Es culpa mía estar en tu camino cuando de repente decides atravesar una plaza peatonal como un auténtico loco? ―La verdad es que sí, ha sido culpa tuya. ―¡Claro que es culpa mía! .contestó ella fuera de sí―. He sido yo la que me he puesto en tu camino cuando decides hacer una exhibición de testosterona y masculinidad, ¿verdad? Pero, claro, yo sólo soy una periodista sin experiencia y algo ridícula que trabaja para una revista de segunda categoría y se mete en líos para los que no. . No pudo seguir hablando. Sin previo aviso, él se acercó y la tomó entre sus brazos. Deslizó una mano por su nuca y la besó. La presión de sus sensuales labios hizo que sintiera el deseo inundarla de nuevo. Ya no podía pensar en nada, sólo disfrutaba de ese instante. Su cuerpo se arqueó contra el de Raphael de forma instintiva. La chaqueta


que Luca había colocado sobre sus hombros cayó al suelo. No pudo evitar gemir cuando él se separó un milímetro para besar su cuello y sus lóbulos. Estaba perdida entre sus brazos. Los cuatro daiquiris y ese hombre estaban consiguiendo que se derritiera. Le temblaban las rodillas. ―Lo siento ―susurró él contra su cuello―. Lo siento de verdad. Ven conmigo. Ahora. Oyó cómo abría la puerta del coche, y abrió los ojos. Raphael no estaba mirándola como esperaba, sino que observaba a Luca, que los miraba mientras hablaba por su móvil. ―Venga, métete en el coche. Se metió en el vehículo sin pensar. La ternura de un minuto antes se había esfumado, y se estremeció al darse cuenta de que sólo la había besado para conseguir que se metiera en el coche. No podía creer que fuera tan ingenua, ni que alguien pudiera cambiar tan rápidamente como Raphael. Estaba arriesgando mucho. Él la había manipulado. Alargó la mano para abrir la puerta, pero recordó que eso era lo que quería. Estaba decidida a quedarse allí hasta obtener las pruebas


que necesitaba para meterlo en la cárcel o para limpiar su nombre. Se convenció de que se iba con él para investigar, no porque se muriera de ganas de tocarlo. Raphael la miró de reojo. Parecía asustada y le temblaban los labios. Se dijo que si la había besado había sido porque necesitaba que se metiera en el coche y separarla así de Luca. https://www.facebook.com/novelasgratis No entendía por qué se sentía tan mal. A lo mejor porque le había gustado besarla. Creía que lo había hecho sólo por el bien de Eve, pero su conciencia le decía que había algo más. La había besado porque no tenía tiempo para seguir discutiendo con ella y porque sus ojos verdes, llenos de furia y clavados en su rostro, le habían parecido irresistibles. Eso era lo que le molestaba. La deseaba y no quería que fuera así. ―¿Dónde te hospedas? ―Bueno, después de esta tarde, en ningún sitio ―murmuró ella―. Dejé el hotel esta mañana. ―Entonces, ¿qué vas a hacer?


―Luca me ofreció amablemente una cama en su casa. Sin compromisos. Y si no fuera porque te has empeñado en hacerle creer que estamos juntos, habría aceptado encantada. Raphael apretó los dientes. Conocía a su hermano y sabía que la había intentado engañar. Era un auténtico lobo y un canalla con las mujeres y nadie salía a salvo de su casa. No podía creerse que fuera tan ingenua. La miró de reojo. Parecía muy joven y vulnerable. Odiaba la idea de verla sola por las calles o, peor aún, en la guarida de Luca. Respiró profundamente para aclarar sus ideas. ―Quédate conmigo ―le dijo sin pensar. No sabía qué le pasaba. Estaba seguro de que rechazaría su oferta. Ella se quedó callada un momento. Después lo miró con una sonrisa valiente en sus sensuales labios. ―¿De verdad? Gracias. No le costó adivinar cuál de las casas de esa calle era la de Raphael. Frente a ella había un montón de paparazzis.


―¡Qué horror! ―exclamó él, fastidiado―. ¡Deprisa! ¡Agáchate! Uno de los periodistas reconoció su coche y corrió hacia ellos. Todos lo siguieron. Raphael agarró su cuello y la empujó para esconderla. Su mejilla quedó presionada contra uno de sus duros muslos. Pudo sentir cómo flexionaba los músculos al cambiar de marcha. Tenía el brazo sobre ella y todo su aroma la embriagaba. ―¿Qué. .? ¿Qué haces? ―No te muevas si no quieres ver tu foto en las revistas del corazón. Nos sigue un imbécil en moto. Cerró los ojos e intentó relajarse. Se sentía segura cerca de él. Recordó su infancia, cuando Ellie y ella se tumbaban a dormir en el coche de su madre mientras ésta volvía de algún concierto en el que había estado cantando. El movimiento del coche la acunó y de repente sintió mucho sueño. Quizás fuera por los daiquiris. . https://www.facebook.com/novelasgratis Conduciendo por el laberinto de calles del centro de Florencia, Raphael intentó concentrarse en evitar al motociclista que los seguía y no en la cabeza dorada que


tenía en su regazo. Misión imposible. Sentía su cálido aliento en una zona muy sensible. Pero no podía pensar en eso. Agarró el volante con fuerza e intentó concentrarse en algo que no fuera esa mujer en su entrepierna. Pensó en horarios de trenes, cambios de divisas, los jugadores de su equipo favorito. . Cuando pensaba que no iba a poder seguir controlándose, se dio cuenta de que ya no los seguían. Suspiró, aliviado. ―Ya está. Ya puedes incorporarte. Ella se movió un poco, se frotó la cara con la mano y la dejó después sobre la rodilla de Raphael. Sin atreverse casi a respirar, apartó el pelo de su cara, sabía con qué iba a encontrarse. Eve tenía los ojos cerrados, las mejillas encendidas y la boca entreabierta. Parecía un ángel. Una intensa ola de deseo lo dejó sin aire en los pulmones. No pudo evitar gemir. Estaba de nuevo metido en un atasco. Los coches estaban parados. Dejó el volante un segundo para pasarse las manos por el pelo. Parecía una niña, se comportaba como una adolescente rebelde y estaba


consiguiendo sacarlo de quicio. Pero, en ese instante, deseaba tanto a esa mujer, que no podía pensar en otra cosa. Se despertó cuando él apagó el motor del coche. Se incorporó y abrió mucho los ojos al ver dónde estaba. ―¿Qué ha. .? ―Te quedaste dormida ―repuso él, muy distante. ―Lo siento, no sé qué me ha podido pasar. ―La culpa es de los cuatro cócteles de ron a los que te invitó mi querido hermanastro. ―¿Ron? ¡Me dijo que casi no llevaban alcohol! ―Para que veas cómo es ―repuso él mientras salía del coche. ―¿Dónde estamos? ―preguntó, saliendo también. Estaban frente a una impresionante mansión, de piedra y bellos balcones de hierro. ―Es la casa de mi padre. ―¿No le importará? ―dijo ella, siguiéndolo. ―Puede que no escucharas cada detalle de la rueda de prensa, Eve, pero pensé que te habrías quedado con lo importante. Mi padre está ingresado. Pero aquí está


su ama de llaves, que estará encantada de tener alguien a quien cuidar. Eve se detuvo en mitad del vestíbulo. Suelos de mármol, imponente escalera, cúpula decorada con frescos. Parecía el escenario de una película de época. https://www.facebook.com/novelasgratis Estaba tan concentrada en observarlo todo, que no vio a una mujer que la miraba desde la puerta de entrada al salón. ―¡Raphael! ― Ciao, Fiora. Come stai? ―la saludó él en italiano. Se acercó y la abrazó con cariño. Hablaron un momento en ese idioma y después se giraron los dos para mirarla a ella. ―Eve, te presento a Fiora. La irreemplazable y fantástica ama de llaves de mi padre. No habla mucho inglés, pero seguro que conseguís entenderos ―dijo él, tomando sus llaves y yendo hacia la puerta. Sintió pánico al entender de pronto que iba a dejarla allí. ―Raphael. . Él se giró y la miró en silencio. Quería correr a abrazarlo y pedirle que se quedara con ella. ―¡No te vayas! ―le dijo ella, sonrojándose.


Le pareció que sonrió levemente antes de ir hacia la puerta. ―Sólo voy a tu hotel para recoger tus cosas ―le dijo―. Seguro que puedes quedarte sola con Fiora durante media hora. Roja y humillada, siguió al ama de llaves hasta el piso superior. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 NO ENTENDÍA por qué había reaccionado así. Subió detrás de Fiora, sintiendo aún la humillación de haberle pedido a Raphael que se quedara a su lado. No entendía por qué estaba actuando de esa manera. Ese hombre casi la había secuestrado, y ella no dejaba de agradecérselo. Decidió no volver a dejar que la engatusara. Tampoco iba a volver a probar los daiquiris. El ama de llaves se detuvo frente a una de las puer​tas del pasillo. La abrió y se echó a un lado para que pasara ella. La habitación era increíble, parecía sacada de un cuento de hadas. La cama era enorme, cubierta de una antigua y exquisita colcha. Una estructura de madera sobre ella servía de sujeción a las cortinas de muselina que caían sobre la cama a


modo de dosel. A un lado de la habitación había un sofá y dos sillones alrededor de una mesa baja donde había un juego completo de café. Todo era de lo más lujoso. Caminó hasta las ventanas; desde allí se veían los jardines traseros de la casa. Fiora se puso a quitar algunos cojines y abrió la cama. Después fue a la habitación de al lado. Eve se imaginó que sería el cuarto de baño. Segundos después escuchó el sonido del agua. La mujer entró para sacar algunas toallas del arma-rio. –Bagno... –explicó–. ¿Cómo se dice? ¿Baño caliente? El signore Raphael me dijo usted cansada... –añadió con dificultad–. Pensé que sentir mejor después de baño. –Sí. Muchas gracias, Fiora. Es muy amable. La mujer sonrió y salió de la habitación. En cuanto se quedó sola, le entraron ganas de salir por el balcón y escapar de allí. No era una mujer especialmente sofisticada, pero tampoco era la inepta que estaba demostrando ser esos días. Raphael estaba consiguiendo que se sintiera como una rubia tonta y torpe. Se había licenciado en una de las universidades más prestigiosas del mundo,


tenía un trabajo digno y ningún antecedente penal. Pero desde que conociera a ese hombre, estaba comportándose como una adolescente desequilibrada e irresponsable. No ayudaba nada que Raphael fuera tan atractivo, pero no era eso lo que estaba afectándole tanto, sino el verdadero hombre, el que había descubierto la noche anterior detrás de la fría fachada y la distancia con las que la había tratado desde entonces. Se le ocurrió que si quería descubrir si ese hombre era capaz de hacer lo que ella sospechaba, tendría que desenmascararlo de nuevo. Debía seducirlo, jugar con él, desnudarlo de sus distintas caras y pretensiones hasta que sólo quedara el hombre y descubrir cómo era de verdad. https://www.facebook.com/novelasgratis Fue hasta su bolsa y sacó una fotografía de su hermana y ella. Eve estaba sentada y sonreía tímidamente. Ellie, detrás de ella, la abrazaba y reía con ganas. Le sorprendió en ese instante darse cuenta de lo distintas que eran, no físicamente,


sino en su manera de ver la vida. Ella era sensata y moderada; su hermana, diver​tida y aventurera. Decidió que tenía que aprender un poco de ella, que había llegado el momento de vivir de forma más peligrosa y arriesgar más. Raphael dejó la bolsa en el suelo y dudó un momento antes de llamar a la puerta de Eve. Pensaba pedirle a Fiora que le subiera ella el equipaje, pero la mujer había estado muy ocupada en la cocina cuando fue a decírselo. Se acercó más a la puerta y llamó de nuevo. Esa vez, oyó la voz de Eve. No entendió sus palabras. A lo mejor le había dicho que pasara, no estaba seguro. Entró y lo primero que notó fue la floral fragancia del nuevo perfume de Lazaro. Desde el sistema de sonido se oía la ópera Madame Butterfly. La misma música que había servido de acompañamiento al desfile de Eve el día anterior. No había nadie en la habitación. Oyó el sonido del agua en el otro cuarto y se dio cuenta de que estaba tomando un baño. Eve cerró los ojos y se hundió en el baño de espuma. Con las burbujas desapareció todo el estrés acumulado ese día. Desde la bañera, que estaba al lado


de un gran ventanal, podía ver el cielo. Ya había atardecido y estaban apareciendo las primeras estrellas. El baño lo iluminaban unos fantásticos candelabros góticos que le daban un aire romántico a la habitación. Era el cuarto de baño más lujoso que había visto en su vida y el equipo de sonido, acompañado de una interesante colección de música, había sido el detalle que le faltaba para darse un baño perfecto. Desde donde estaba, tenía unas inmejorables vistas de Florencia. Podía ver la famosa cúpula de la catedral, los tejados de barro rojo y las estrechas calles del centro histórico, llenas de plazas. Dejó que aquel entorno y la música la relajaran. Comenzó a cantar la ópera, recordando cómo se sintió al encontrarse con la mirada de Raphael en la pasarela. Sintió el mismo deseo de nuevo. Posó la cabeza en el borde de la bañera, cerró los ojos y se abandonó por completo a la deliciosa música, cantando con todo su corazón. Raphael dudó un momento. Era obvio que debía salir de allí. Pero... https://www.facebook.com/novelasgratis No pudo evitar acercarse más. Notaba cómo se le erizaba el vello de la nuca.


Su voz era deliciosa y muy armónica. El eco del baño la dotaba de una sonoridad especial. Se sorprendió al ver que se sabía la letra. Se paró al llegar al umbral del baño. A través de la puerta medio abierta, en la penumbra de la tenue luz de las velas, pudo ver una pierna morena apoyada en el borde de la bañera. Tragó saliva y se controló para no entrar. Pero no podía detener su imaginación, no podía dejar de pensar en lo que vería si caminaba un par de metros más. Carraspeó para que ella lo oyera, y eso le ayudó también a recuperar el ritmo normal de su respiración. Un montón de espuma salpicó el suelo del baño cuando Eve se sumergió de repente para dejar todo su cuerpo bajo el nivel del agua. –¿Cuánto tiempo llevas allí? –preguntó ella, alarmada. –Lo suficiente como para que me hayas impresionado. Tienes una voz preciosa. Y parece que estaba equivocado, sí que hablas italiano. –No, no lo hablo, pero me he aprendido la letra de Madame Butterfly –repuso ella, aún aturdida y enfadada con su presencia–. ¿Qué haces en mi habitación?


¿Has venido sólo a asustarme? –Llamé a la puerta y pensé que te oí diciéndome que entrara. Fiora me ha pedido que te suba una bebida y que te diga que la cena estará lista en media hora, si quieres vestirte ya... –¿Vestirme para cenar? ¿Siempre sois así de formales? –No quería decir eso. Pero pensé que preferirías vestirte y no bajar al comedor como estás ahora mismo, desnuda. Se alegró de que la puerta estuviese entre ellos y de que no pudiese ver cómo se había sonrojado. –No, eso no sería buena idea. Sobre todo si hay sopa para cenar. –No hay sopa, pero aun así... Bueno, te veo dentro de media hora. Salió de la bañera y miró a su alrededor, buscando una toalla. El aire de la noche hizo que se estremeciera. Fue hasta el dormitorio. Las toallas estaban sobre la cama, donde Fiora las había dejado. Ya había oscurecido y la única luz que alumbraba el dormitorio era la de las velas del baño. Todo estaba en penumbra. Iba camino de la cama cuando vio su reflejo en el espejo. De pronto se sintió insegura, no creía que una joven inexperta y tímida como


ella fuera a ser capaz de seducir a un hombre como él. Se miró en el espejo con detenimiento. Metió tripa, sacó pecho y se subió la melena por encima de la cabeza. La luz de las velas la favorecía, resaltando las insinuantes curvas de su cuerpo. –Creo que vas a necesitar esto. Pegó un salto al oír la voz de Raphael en el umbral. Se acercó hasta donde estaba ella con una toalla en la mano. La miraba con seriedad. –Gracias. Ya puedo yo... https://www.facebook.com/novelasgratis Sin poder moverse, vio el reflejo en el espejo de Raphael, cubriendo su cuerpo con la toalla. Sus brazos parecían muy morenos contra la blancura del algodón. Con agilidad y destreza, frotó sus brazos por encima del grueso tejido. Quería protestar, pero se había que-dado sin palabras, estaba en trance. –Bueno, ¿puedes vestirte sola o quieres que suba Fiora a ayudarte? Indignada, Eve levantó la barbilla y se apartó de él. Estaba furiosa con ese hombre. Se daba cuenta de que había sido un error llevar a Eve a su casa. Pensó que habría sido mejor llevarla de nuevo al hotel e intentar convencerla para que


volviera a Londres al día siguiente. En ese momento, oyó el débil sonido de un móvil. No le costó encontrarlo en medio de la penumbra gracias a la luz verde que desprendía la pantalla. Estaba en el lavabo. Maldijo entre dientes cuando reconoció el número que aparecía en pantalla. Era Luca. No le quedaba más remedio que mantener a esa mujer a su lado. Se guardó el móvil en el bolsillo. No tenía claro cuánto sabía, pero estaba claro que su hermano iba detrás de ella y que haría cualquier cosa para callarla. Dos años antes, había sido demasiado orgulloso para evitar que le hiciera daño a Catalina, pero no iba a cometer el mismo error dos veces. Se dijo que no dejaría de vigilarla hasta que Luca fuera detenido. Por muy duro que fuera para los dos estar juntos. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 EL VESTÍBULO estaba en silencio y a oscuras cuando Eve bajó a cenar. Bajo la


fina seda de su vestido podía sentir su corazón galopando, pensando en lo que se había propuesto hacer. Nunca había seducido a nadie y le asustaba la idea. Se acercó al salón mientras se alisaba el vestido. Era el mismo que se había puesto para la fiesta de la noche anterior. Era lo más sexy que tenía. El salón estaba alumbrado con lámparas de cristal. Desde allí salió al jardín. Había velas sobre la mesa donde iban a cenar. Todo estaba decorado con exquisito gusto. Le llegó el agradable aroma de las gardenias. Raphael tenía la cabeza enterrada en el periódico que leía con concentración. No creía haber hecho ninguno ruido, pero él notó su presencia y levantó la vista. Su cara no expresaba nada, pero no dejó de mirarla mientras se ponía de pie y apartaba una silla para ella. –Veo que te has vestido, después de todo. Se sentó agradecida en la silla, las rodillas le temblaban. Había algo muy íntimo y romántico en esa terraza iluminada con velas. Algo que cargaba el ambiente de electricidad. –Sí –respondió después de unos segundos.


Él tomó una botella de vino y sirvió dos copas. –Como ves, a Fiora no le va lo de preparar comidas informales. Creo que en este caso ha malinterpretado nuestra situación. Tomó la copa que le ofrecía e intentó no sobresaltarse cuando sus dedos se rozaron. –Todo está precioso. –Sí –dijo él, mirando a su alrededor–. Precioso, pero sofocante. Así es todo en el mundo de Lazaro. Las apariencias lo son todo. –¿Creciste aquí? –Así es. Se miraron a los ojos mientras ella probaba el vino. –¿Cómo fue vivir en un sitio como éste? No parece una casa concebida para niños. ¿Os reñían mucho a ti y a Luca si os deslizabais por la barandilla de la esca​lera o arañabais los caros muebles con vuestros coches de juguete? –La verdad es que no. Luca y yo somos hermanos. O hermanastros, pero apenas nos conocemos. –Y os lleváis fatal –añadió ella. –¿Cómo lo has adivinado? –preguntó él con ironía.


–Ya ves, soy muy perspicaz. –¿Tan obvio es? –Eso me temo. Incluso para una periodista sin experiencia y algo ridícula como yo. Lo que no entiendo es por qué os odiáis tanto. https://www.facebook.com/novelasgratis A pesar de no tener experiencia seduciendo a nadie, se le estaba dando muy bien flirtear con Raphael, había algo en él que hacía que le fuera muy fácil. Lo que era más complicado era recordar que aquello no era real, que era sólo una estrategia para desenmascararlo. –No entiendo que lo odies tanto como para hacerle creer que estamos juntos. ¿Lo hiciste para asegurarte de que no conseguía algo que tú aún no tenías, a pesar de que no lo deseas de verdad? –¿Quién ha dicho que no lo deseo? –repuso él sin inmutarse. No tuvo que contestar, por fortuna, Fiora apareció en ese instante con la cena. De todos modos, no habría podido hablar. El ambiente estaba tan cargado de electricidad, que podían haber iluminado juntos toda la ciudad de Florencia. Fiora puso en la mesa una ensalada, una cesta de pan caliente y risotto con


espárragos verdes. Tomó uno de los espárragos con los dedos y se lo metió en la boca. Era exquisito, cerró los ojos para dis​frutar más aún del sabor. Cuando los abrió, se encontró con Raphael inclinado sobre la mesa y mirándola con intensidad. No pudo evitar sonrojarse y recordó cómo había secado su cuerpo en el baño sólo una hora antes. –Así que tienes grandes aptitudes para cantar. ¿De dónde viene ese talento? – le preguntó él. Estaba claro que él también había estado pensando en el momento del baño. –Mi madre era cantante. Soprano. Mi hermana y yo nos pasamos la infancia viajando con ella cuando tenía conciertos. Dormíamos en vestuarios y hacíamos los deberes en el foso de la orquesta cuando estaba ensayando. –¿Y tu padre? –Creo que era violinista. –¿No lo conociste? –preguntó él con amabilidad. Se le hacía muy difícil odiarlo cuando la hablaba con tanto cariño. –No. –Bueno, tuviste suerte –repuso él después de un momento de silencio–. Muchas


veces he deseado no haber conocido al mío. –¿Cómo está? ¿Has hablado con el hospital? –No hay cambios. Parece que su corazón no está en muy buenas condiciones. A mí lo que me ha sorprendido es que tenga uno. Nunca me lo habría imaginado. –¿Y tu madre? ¿Estabas unido a ella? Raphael se quedó muy quieto de repente. –Sí. Murió cuando tenía siete años... –¡Oh, Raphael! –exclamó sin poder contenerse. –Mi padre volvió a casarse muy poco después. Yo era una complicación para su nueva esposa, así que, para cuando nació Luca, yo ya estaba interno en un colegio de Inglaterra. –Por eso hablas inglés tan bien. https://www.facebook.com/novelasgratis –Tuve que aprenderlo deprisa. –Mi hermana y yo soñábamos con estar internas en un colegio. Nos parecía genial. ¿Fuiste feliz allí? –No, fue un infierno. Después de vivir aquí, lo pasé fatal con el frío y húmedo


clima inglés. Mi padre ni siquiera me escribía. Estaba demasiado ocupado con su nueva familia –confesó él–. Y yo aún no había superado la muerte de mi madre. –¡Por supuesto! Sólo eras un niño. Habría sido complicado aunque tu padre hubiera sido cariñoso y atento. Es un trago demasiado duro. –Es cierto. Por desgracia, como no tenía un padre cariñoso y atento, me convertí en un adulto amargado, retorcido e incapaz de expresar emociones... –¡No digas eso! –lo interrumpió ella. No pudo controlar sus palabras. No soportaba oírle decir que era como ella temía, y no quería creer. Él se quedó callado, se pasó las manos por la cara y siguió mirándola con intensidad. Era el momento perfecto para poner en marcha su plan, pero cuando se levantó de la mesa y fue hacia él no tenía su estrategia en mente. Ni siquiera pensaba, sólo actuaba por instinto. Alargó la mano y le acarició la mejilla. Él no se inmutó, pero siguió mirándola. Después agarró con fuerza su mano y la atrajo para poder besarla. Sintió adrenalina, deseo y miles de voltios de elec​tricidad sexual. Todo a la vez. Además de la imparable urgencia de su deseo. Apenas consciente de sus


actos, se colocó sobre él y se sentó a horcajadas sobre su regazo. No sabía qué hacía ni cómo había llegado allí. Sólo era consciente de las manos de Raphael acariciando su espalda, su cintura y la suave curva de su trasero. Era el momento más erótico de toda su vida. El estrecho vestido de seda se subió hasta medio muslo cuando ella separó las piernas. Él no tardó en encontrar sus partes más íntimas y comenzó a acariciarla sin poder contener un gemido gutural y primitivo. Pero se detuvo y dejó de besarla casi de inmediato. Ella se puso de pie, confusa. –¿Qué. .? –Fiora –murmuró él sin mirarla. Eve se giró a tiempo de ver al ama de llaves salir a la terraza. Comenzó a quitar los platos de la mesa sin poder disimular una sonrisa en los labios. –Espera, deja que te ayude –le dijo ella. Tenía que hacer algo, no podía sentarse y mirar a Raphael a la cara. Mientras llevaba las cosas a la cocina, su cabeza daba vueltas. Lo que había ocurrido era


parte de su plan, y no entendía por qué se sentía así, con el corazón en la boca. Después de que Fiora y Eve fueran a la cocina, Raphael respiró con alivio y se cubrió la cara con las manos. https://www.facebook.com/novelasgratis Sabía que tenía que ir a ayudarlas, pero tenía que esperar a que se pasara el obvio efecto de su excitación. Tomó su copa y se bebió de un sorbo todo el vino que quedaba en ella. La aparición de Fiora había sido sólo una coincidencia. Él ya había decidido dejar de besarla y decirle que no podía pasar nada entre ellos. Durante unos momentos, había perdido por completo el control. No sabía qué le pasaba. Era la primera vez que le hablaba a alguien de sus padres y de su infancia. Se imaginó que era el efecto que le producía estar de nuevo en esa casa. Allí había demasiados recuerdos. No era la primera mujer que llevaba allí, pero era la primera que se había dado cuenta de que aquello no era un hogar feliz para él. Ni siquiera Catalina, la que fuera su prometida, había sido capaz de entenderlo. Pero no quería dejarse engañar. Ella sabía escuchar, había algo en su cabeza


ladeada y en sus enormes ojos aguamarina que le hacían creer que lo estaba escuchando, pero se recordó que era periodista y que sólo usaba sus armas femeninas para conseguir información. A lo mejor era más lista de lo que aparentaba. Qui​zás ese beso fuera sólo parte de su plan y no tuviera nada que ver con el amor. Resopló, enfadado consigo mismo. Estaba claro que era una actuación. No sabía por qué había pensado en el amor. Ésa era una palabra que había borrado de su vocabulario, justo después de que Catalina lo acusara de no quererla. Y había estado en lo cierto. Le gustaba, pero nunca había llegado a sentir por ella la clase de locura, pasión e irracional sentimientos que él asociaba con el amor. Después, tuvo que vivir con la culpabilidad de que ella acabara mal por culpa de su hermano. Nunca llegó a perdonarse y por eso había decidido no volver a herir de esa manera a nadie. Y esa promesa incluía a Eve Middlemiss. Ella era muy joven. No debía de tener más de veintiuno o veintidós años. La había llevado allí para protegerla, no para aprovecharse de ella. Ya tenía una vida destrozada en su conciencia y no quería empeorar las cosas.


Decidió que ella era intocable. Eve respiró profundamente antes de salir de nuevo a la terraza. Las tazas de café que llevaba en sus manos tintinearon. No podía dejar de temblar. Fiora se había acostado y había llegado el momento de la verdad. Estaba muerta de miedo, pero tampoco podía ignorar sus deseos. Se acercó a él con miedo de ser rechazada, pero no podía echarse atrás, tenía que descubrir quién era Raphael, se lo debía a su hermana. Caminó hasta la mesa con cuidado. Él estaba relajado sobre el respaldo de su silla y tenía las piernas estiradas frente a él. Cuando se acercó más y vio su cara, descubrió que estaba dormido. A pesar de que la postura no podía ser muy cómoda, Raphael parecía descansar apaciblemente. https://www.facebook.com/novelasgratis Era perfecto. El sueño había suavizado sus facciones. Se sintió decepcionada y frustrada. Se arrodilló a su lado y tomó su mano. –Raphael... Él no se movió.


Sin atreverse casi a respirar, giró su brazo. Él se ha​bía doblado los puños de la camisa. Levantó un poco más la tela y contempló su piel. Era perfecta. No había cicatrices que indicaran uso de drogas como las que habían llenado los brazos de su hermana cuando fue a reconocerla al depósito de cadáveres. Cerró los ojos para borrar esa horrorosa imagen de su mente. Se sintió aliviada. Pero el hecho de que no tuviera marcas o que no consumiera drogas no signifi​caba que no las vendiera. Empezaba a refrescar. No sabía si debía despertarlo o no. –Raphael –susurró en su oído. Le embelesó el aroma a sándalo de aquel hombre. Tuvo que controlarse para no besarle el cuello. Era muy tentador. Se puso de pie, se quitó el chal que llevaba sobre los hombros y lo tapó con él. Iba a volver a la cocina con los cafés cuando oyó un móvil. Le pareció el suyo, pero no lo llevaba encima. El sonido procedía de Raphael. Metió la mano en los bolsillos delanteros de sus vaqueros, pero no encontró nada. Tuvo que inclinarse sobre él para buscar en


los bolsillos traseros. Encontró el teléfono y lo sacó. Era el suyo. Por supuesto, el sonido se detuvo justo cuando iba a contestar. Todo se quedó en silencio, y de repente se sintió más sola de lo que había estado en su vida. Se tiró sobre la cama al llegar a la habitación y llamó a Lou. –¡Eve! ¡Estaba a punto de llamar a la policía! ¿Qué pasa? ¿Por qué no contestaste? –No encontraba el móvil. –¿Dónde estás? –En la mansión de Antonio di Lazaro, en las afueras de Florencia. –¿Con quién? –Con Raphael. Su amiga se quedó sin palabras. –¿Quieres que llame a la policía ahora mismo o prefieres esperar hasta que rodee tu cuello con las manos o ponga una pistola en tu sien? –le preguntó Lou, fuera de sí. –No, Lou –repuso ella, cerrando los ojos–. No es lo que parece. De verdad, no estoy en peligro. –¿Cómo lo sabes?


–No sé. Me siento segura y ya está. https://www.facebook.com/novelasgratis –¡Ya! Entonces todo está bien. Como te sientes segura, entonces seguro que lo estás –contestó con ironía–. ¡Es absurdo! ¿Qué es lo que te pasa? ¿Es que te ha lavado el cerebro? ¿O es que está allí ahora mismo apuntándote con una escopeta? –No. Sé que parece una locura, Lou, y estos días estoy distinta, pero es que, a pesar de las pruebas en su contra, mi instinto me dice que Raphael di Lazaro no es un traficante de drogas. –¿Y qué te hace pensar que no lo es? –De momento, nada en concreto, pero no volveré a Londres hasta que lo demuestre. Después de colgar, se acercó al espejo de la cómoda. Le dolían los ojos y la cabeza después de pasarse dos días sin llevar las gafas. Estaba pálida y cansada. Nunca había mentido a Lou, era una buena amiga, y no sabía por qué lo hacía entonces. No le dijo que Raphael la había besado para conseguir meterla en el coche y que le había ofrecido veinte mil libras para mantenerla callada. Tampoco le había contado que le había quitado el teléfono para que no pudiera contactar


con nadie. No le había dicho nada de eso porque quería creer lo que le decían sus instintos, a pesar de que todos los indicios iban en otra dirección. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 RAPHAEL se despertó poco a poco, recuperando muy lentamente la conciencia. Ya no sabía qué era verdad y qué había soñado. Eve. Había sentido su voz en el oído, la caricia de su aliento en el cuello y sus caricias. Aún tenía su aroma en la cabeza. Abrió los ojos esperando tenerla a su lado, pero estaba solo en una terraza a oscuras. Las velas se habían consumido, y el café estaba helado, pero aún olía a Eve. Tardó unos segundos en darse cuenta de que su aroma procedía del chal que lo cubría. Recordó lo que había ocurrido esa noche. El beso. Aquel beso que no había podido resistir. Había decidido hablar muy seriamente


con ella cuando volviera, pero debió de quedarse dormido en cuestión de minutos. Y ella había vuelto y lo había cubierto con su chal para que no se enfriara. Claro que no podría haberse enfriado de todos modos. No con el sueño que había tenido. Su considerado gesto lo enfadaba tanto como lo emocionaba. Se puso de pie y se dio cuenta de que ya no tenía su teléfono. Así que no se había imaginado que ella se inclinaba sobre él con sus pechos a centímetros de su cara y lo acariciaba. Había ocurrido de verdad. Subió al piso de arriba, soñando con dormir un poco más. Se paró un segundo frente a la puerta de Eve. Sentimientos de todo tipo se mezclaban en su interior. Estaba demasiado cansado como para analizarlos. Además, un agudo grito rompió el silencio de la noche en ese instante y ya no pudo pensar en nada más. El hombre estaba tan cerca de ella, que casi podía sentir su aliento en la piel. Siempre era igual. Cuanto más se acercaba, más le costaba seguir corriendo. Al final, se sentía como si estuviera intentando atravesar arenas movedizas. Sintió sus manos agarrándola y supo que la mataría, igual que había hecho con su


hermana. No pudo evitar gritar, aterrorizada. –Shh... No pasa nada. Shh... Todo está bien. Alguien la abrazaba y gritó de nuevo. –¡Eve! ¡Eve! Sólo es una pesadilla. Estás bien. Todo está bien. Era la voz de Raphael, que la abrazaba y acariciaba su pelo, empapado en sudor. Aliviada, se dejó caer sobre su pecho. Fue tranquilizándose poco a poco. No quería que dejara de acariciarla. Estaba medio dormida y no pensaba en nada más que en tenerlo cerca. Con cuidado, él la tendió de nuevo sobre la almohada. Se dio cuenta de que se había levantado su breve camiseta, pero no sintió vergüenza, sólo desolación al dejar él de abrazarla. https://www.facebook.com/novelasgratis Raphael la tapó y se puso de pie. –Gracias –susurró ella. Él movió, cansado, la cabeza, apagó la luz y salió de allí. Ya era tarde cuando Eve bajó al vestíbulo. Le avergonzaba ver a Raphael de nuevo.


La noche anterior había hecho el ridículo nada menos que dos veces. Y en las dos ocasiones, él se había comportado como un caballero. Se había levantado temprano para escribir el artículo, pero no le salían las palabras. Tanto Sienna como la fiesta homenaje a Lazaro parecían cosas del pasado, antes de que cambiara por completo y su corazón se hiciera con el control de todas sus decisiones. Encontró a Fiora en el salón, limpiando los marcos de fotos que llenaban la superficie del piano. –Buongiorno, signorina. ¿Ha dormido bien? –Muy bien, gracias, Fiora –repuso con una sonrisa–. Esta casa es muy tranquila. –Sí, signorina. El signor Lazaro siempre dice lo mismo. –¿Raphael? –No, Antonio –repuso ella, suspirando–. Pero ha estado muy cansado últimamente. Ahora sabemos por qué... –añadió con lágrimas en los ojos. –No se preocupe, Fiora, estoy segura de que el señor Antonio saldrá pronto del hospital y volverá aquí para que pueda cuidar de él. –Sí, sí. . Eso espero. Las enfermeras no lo conocen. Al señor Antonio le gustan las cosas hechas de cierta manera. No es un hombre fácil. Pero en el fondo, es


un buen hombre. Pensó que Raphael no estaría de acuerdo con la mujer, pero no dijo nada. –¿Ha trabajado para él durante mucho tiempo? –Treinta y cinco años. Empecé cuando trajo a Isabella aquí el día de su boda. –¿La madre de Raphael? –Sí. –¿Cómo era ella? Fiora buscó entre los marcos y tomó uno pequeño que había en la parte de atrás, casi oculto. En él, una bella joven sostenía a un bebé sobre sus rodillas. Le dio un vuelco el corazón al reconocer los enormes ojos oscuros y la perfecta boca del pequeño. Isabella estaba vestida para salir, llevaba un simple vestido de satén verde claro con algunas rosas en el escote. Ella miraba la cámara, sonriente. Raphael, en cambio, estaba serio y observaba a su madre con adoración. –Raphael se parece mucho a ella. –Sí, quizás. Pero su personalidad es más parecida al signor Antonio. –¿Sí? Pero creí que... –Sí, ellos discuten, pero sólo porque se parecen. Los dos son. . ¿Cómo dice?


¡Testarudos, obstinados! https://www.facebook.com/novelasgratis –Ella parece muy bella. Y muy joven. –Sólo tenía veintiún años cuando se casaron. Era la misma edad que tenía ella. Dejó de mirar a la mujer y se fijó de nuevo en el niño. Sin pensar, acarició su adorable rostro con el pulgar. –Está claro que la quería mucho. Supongo que su muerte lo destrozó –dijo sin pensar que estaba hablando en alto. –Sí. Es muy duro para un niño ver algo así... Se quedaron en silencio. No podía creer lo que Fiora acababa de sugerir. Le costaba respirar con nor-malidad. –Signorina, si me perdona –se disculpó el ama de llaves, saliendo deprisa hacia la cocina. Eve miró por última vez al niño y colocó el marco en primera fila. Eve tomó el café en la terraza. No había rastro de lo que había pasado allí la noche anterior, sólo algunos pétalos de rosa que habían caído del jarrón de la mesa. Se agachó para tomar uno. Lo apretó y absorbió el aroma. Recordó al instante cuando se levantó para besarlo. Había estado muy segura de su plan, pero ahora


parecía ridículo. Había pensado que si se acercaba más a él, podría llegar a conocerlo. Pero era al revés, cuanto más se acercara, más le costaría verlo con objetividad. Había sido una tonta al pensar que podía jugar con un hombre como él y salir con el corazón intacto. Frente a ella había una gran extensión de césped que llegaba hasta un grupo de cipreses y un muro de piedra. De repente sintió la imperiosa necesidad de alejarse de la casa. Se levantó y fue hacia los cipreses. Al acercarse vio que el muro era en realidad la pared de una casa con tejas rojizas en el tejado. Se acercó lentamente, pensando que quizás fuera la vivienda de la gente de servicio. Al llegar al final de la pared, giró y se encontró con una fabulosa piscina de agua turquesa. La casa tenía un pórtico y bancos de piedra bajo ellos. Miró de nuevo el agua. Le pareció irresistible. Abrió una puerta y se encontró con una elegante habitación decorada en crema. Sobre el tocador había una extensa gama de cosméticos de la firma Lazaro. En una esquina había una ducha. Al otro lado, un par de cómodos sofás, una mesa


baja y montones de revistas. Miró en todos los armarios y cajones, esperando encontrar el bañador que alguien hubiera dejado olvidado, pero no había nada. Así que sólo tenía una opción. Bañarse en ropa interior o desnuda. Era casi la hora de almorzar. El sol estaba en lo más alto. Tenía hambre, pero se sentía mucho mejor. El agua había conseguido relajarla y los largos que había nadado habían contribuido a aclarar su mente. Una mejorada, recuperada y fresca Eve salió de mala gana de la piscina. https://www.facebook.com/novelasgratis Había decidido que era demasiado arriesgado bañarse desnuda, así que había optado por usar su ropa interior. No le había sido fácil decidirse. El conjunto que lle​vaba era uno que Lou le había obligado a comprar a úl-tima hora, antes de tomar el avión a Florencia. Era mucho más caro y delicado de lo que solía usar. Pero lo cierto era que le encantaba. La organza, de color crema, resaltaba contra su piel, y una mariposa estaba bordada entre las copas del sujetador con alas de


encaje. Le costó usar algo tan delicado para nadar en la piscina. Había temido estropearlo con el cloro, pero no tenía otra opción. Ahora sólo tenía que conseguir que se secaran ambas prendas. Se tumbó en una de las sillas, pero el sol calentaba demasiado. No tuvo más remedio que quitarse el sujetador y las braguitas y colocarlas sobre la tumbona. Volvió a la casita de la piscina, se sentó en el sofá y se puso a leer una revista. Minutos después descubrió que incluía una entrevista a Sienna. Era justo lo que necesitaba para conseguir concentrarse de nuevo en el artículo que tenía que escribir. Se puso las gafas y se dispuso a leerlo con atención. Raphael no dudó antes de sumergirse en la piscina. Era genial sentir la frescura del agua en su piel. Nadó un par de largos sin salir a la superficie, disfrutando del silencio. La noche anterior, cuando por fin se hubo acostado, tardó en dormirse. Le costaba dejar de pensar en Eve y en el efecto que había tenido en ella alguna pesadilla. Y cuando se durmió, los sueños que tuvo hicieron que se despertara


desasosegado y nervioso por culpa de un deseo que no conseguía aplacar con nada. Su presencia allí le estaba afectando mucho. No le gustaba sentirse así, y se alegró de tener que ir a Venecia esa misma tarde. Pensó que le vendría bien estar lejos de ella durante un par de días. Así podría aclarar sus ideas e intentar descubrir algo más sobre ella; necesitaba saber cuánta información tenía. Sabía que estaría segura en la casa con Fiora. Más segura que con él. Nadó con más ímpetu, tenía que dejar de pensar en esa mujer. Sienna aseguraba en la entrevista que Lazaro era su marca favorita. Decía que le encantaban las líneas fluidas de sus diseños y sus detalles femeninos. Estaba cansada de leer la revista. Además, tenía que ponerse a escribir su propio reportaje. Se imaginó que la ropa interior ya estaría seca. De mala gana, dejó la revista y salió de la casita. https://www.facebook.com/novelasgratis Estaba a punto de recoger sus cosas cuando notó movimiento bajo el agua. Sobresaltada, tomó su ropa interior, pero el sujetador cayó de sus temblorosas


manos a la piscina. Horrorizada, vio cómo se hundía delante de sus ojos. Raphael, que estaba buceando en la piscina, vio algo pálido caer al fondo frente a él. Miró hacia arriba y vio una figura borrosa, de pie al lado del borde del agua. No distinguía la cara, pero no le costó adivinar a quién pertenecían esas largas piernas y generosas curvas. Recogió la prenda con delicadeza y salió a la superficie, limpiándose los ojos con las manos antes de abrirlos. Eve sintió cómo le hervía la sangre cuando Raphael la miró de arriba abajo sin inmutarse al ver su cuerpo desnudo. Miró a su alrededor. Necesitaba algo con lo que cubrirse. Pero, por supuesto, no había nada. Cruzó los brazos sobre su pecho y deseó tener la suficiente seguridad en sí misma como para no sentirse avergonzada por su desnudez. Creía que un cuerpo de modelo también ayudaría. –Iba a preguntarte si esto era tuyo, pero creo que puedo adivinarlo yo solo –le


dijo él. El desinterés en sus ojos era humillante. Sobre todo después del beso de la noche anterior y de haber despertado entre sus brazos después de la pesadilla. Levantó, orgullosa, la barbilla. –Eres un genio. Si has terminado de disfrutar con mi humillación, ¿podrías devolvérmelo? Raphael suspiró y salió de la piscina de un impulso. Fue hacia ella mientras se apartaba el pelo de la cara. Eve no pudo evitar dar un paso atrás. –¿Vas a venir a por él o quieres que vaya yo y te lo ponga? –¡No! –exclamó ella, abochornada. –¿No qué? ¿No vas a venir a buscarlo o no quieres que vaya yo y te lo ponga? Espero que prefieras lo primero, porque no se me da muy bien poner estas cosas, sólo tengo experiencia quitándolas. –Dámelo y ya está –exclamó ella, fuera de sí. Se acercó y lo agarró. Pero seguía sin saber qué hacer. Si corría a la casita, iba a darle la oportunidad de ver su trasero, y era demasiado absurdo ir caminando hacia atrás.


Tampoco podía ponerse las prendas frente a él. Vio que estaba atrapada hasta que él decidiera irse de allí. Y Raphael no parecía tener prisa. https://www.facebook.com/novelasgratis –Lo siento. No sabía que estuvieras aquí. Lo miró, avergonzada. Sabía que, cruzara como cruzara los brazos, no podría cubrir por completo sus pechos. –No tienes por qué disculparte. Es tu casa. –Aun así... Quería disculparme de todas formas. Y también por lo que pasó anoche... –No hay necesidad, de verdad. Lo cierto es que no sé qué me pasó –dijo ella sin saber cómo seguir–. Bueno, el caso es que está olvidado. Él se pasó las manos por la cara. –Tengo que irme un par de días. Me voy esta tarde. ¿Estarás bien aquí con Fiora? Sus palabras la hirieron como dardos. Hablaba como si no le importase nada. Lo miró con dolor. –Por supuesto –mintió–. No soy una niña, no necesito que cuiden de mí. –¿En serio? –preguntó él con ironía.


–¡Por supuesto! –No me pareció anoche que fuera así. Eso la enfureció. Lo miró desafiante mientras ponía los brazos en jarras. –¡No es justo! Sólo fue una pesadilla... No te pedí que... Se detuvo de repente al ver cómo él se acercaba. Estaba tan enfadada, que había olvidado que estaba intentando cubrir sus pechos desnudos. Raphael pasó a su lado y fue a la casita. Volvió con dos toallas. Se colgó una del cuello y le entregó la otra. Pero el orgullo era algo horrible. Humillada, desnuda, herida y furiosa, habría preferido recibir ayuda del propio Satán antes que de Raphael di Lazaro. Metió el estómago y fingió que no le importaba estar desnuda. –Puedes decirle a Fiora que no voy a quedarme, así que no tendrá que cuidar de mí mientras tú no estás. Eso hizo que dejara de mirarla burlón, pero también echaba por tierra sus planes. –¿Adónde vas a ir? –Ya encontraré algún sitio –repuso ella, encogiéndose de hombros. –Pero es agosto, todos los hoteles estarán llenos.


–Entonces, tendré que buscar otras opciones. Se dio media vuelta y caminó, muy digna, hasta la casa de la piscina. Sólo eran cuatro o cinco metros, pero le parecieron kilómetros. No dejó de despreciarse mientras volvía a la casa. Había metido la pata hasta el fondo. No podía dejar de pensar en Eve, y eso le había irritado tanto, que lo había pagado metiéndose con ella. Y ahora lo había fastidiado todo. https://www.facebook.com/novelasgratis La mansión estaba en penumbra y muy fresca. Era un gran contraste con el sol y el calor de la piscina. Le costó un momento ajustar la vista. Oyó a Fiora al teléfono. Minutos después corrió hacia él, nerviosa. –Signor, ¡menos mal! Parecía asustada. –¿Qué pasa, Fiora? ¿Han llamado del hospital? –No, señor, es la policía. Tomó el teléfono sin inmutarse. –¿Marco? ¡Hola! –Hola, Raphael. Mira, iré directamente al grano. No son buenas noticias.


Nuestro testigo más importante en el caso contra Luca ha tenido un terrible accidente. Raphael respiró profundamente y escuchó los detalles sobre el fin de esa joven. –Pero, habrá otros testigos, ¿no? –Claro, pero no podemos preguntar a todas las modelos que conoce. Es mejor que no sepa de la operación mucha gente. Sobre todo si los amigos de Luca andan por ahí liquidando a chicas de las que sospechan. No pudo evitar estremecerse y recordó las palabras de Eve mientras hablaba por teléfono con su amiga y le decía que acabaría por desenmascarar a Lazaro como el sórdido traficante que era. –¿Qué hacemos ahora? –le preguntó al detective. –Lo vigilamos. No podemos hacer nada más hasta que encontremos a otra persona que pueda testificar contra él. Sólo espero que no tarde mucho. Cada vez es más impredecible, pero tengo la corazonada de que muy pronto hará alguna estupidez. Sólo tenemos que esperar. Se sentía fatal. Se había burlado de Eve y ahora ella se iba, probablemente al piso de Luca. Todo era culpa suya y, ahora que se iba a Venecia, no podía


hacer nada. –Muy bien, Marco, gracias por mantenerme informado. Estaba colgando cuando Eve apareció por la puerta. Se había puesto una larga camisa blanca, pero el material era demasiado ligero y no podía esconder las curvas de sus pechos. En las manos llevaba el sujetador, aún húmedo. Se imaginó que también estaba cegada por la luz exterior y la oscuridad del vestíbulo, porque no lo vio hasta darse casi con él. –¡Me has asustado! –exclamó ella, sobresaltada. –Lo siento –repuso él, riendo. –¡No tiene gracia! Sé que piensas que soy una estúpida y una ingenua, pero dame una hora y saldré de tu vida para siempre. Entonces podrás volver a tu vida glamorosa con tus amigos inteligentes y sofisticados. ¿Por qué te comportas así? ¡Yo no te pedí que me trajeras aquí! Llorando, corrió hacia las escaleras, pero él la agarró antes de que llegara a alcanzarlas. Durante un segundo, intentó zafarse, pero después se dejó llevar por el abrazo y apoyó la mejilla en su torso desnudo. https://www.facebook.com/novelasgratis


En cuanto se calmó un poco, Raphael la soltó y dio un paso atrás. Tenía que controlarse. –Lo siento –repuso él con otra sonrisa–. Y, antes de que me interrumpas, te diré que de eso era de lo que me reía. Se me ocurrió en ese instante que nunca había tenido que disculparme tanto con nadie como lo hago contigo –aclaró él con un suspiro–. Sólo quiero que sepas que yo soy el que he metido la pata, no tú. Y, ahora que tengo que ir a Venecia, no voy a poder resarcirte por ello. –Está bien –murmuró ella–. No me debes nada. –No, no está bien –dijo él, pasándose las manos por los ojos–. Mira, ¿por qué no vienes conmigo a Vene​cia? Tengo que ir a los Premios de la Prensa Fotográfica esta noche. Será bastante aburrido, pero la cena y el champán harán que sea algo mejor. Después de eso, no tengo que volver hasta dos días después, podría enseñarte la ciudad y conseguir que mejore tu opinión sobre mí. ¿Has estado allí alguna vez? Ella negó con la cabeza. –Entonces, tienes que venir. Nos quedaremos en el palacio que pertenecía a la


familia de mi madre. Es bastante viejo, pero está en el centro mismo de la ciudad – repuso él con un tono más amable–. Por favor, me gustaría mucho que vinieras. Ella lo miró con desconfianza, parecía querer descifrar si le estaba hablando en serio o no. Tenía los ojos rojos y los labios hinchados de llorar, pero el corazón le dio un vuelco cuando vio que asentía. –De acuerdo. –Genial –repuso, aliviado–. Ve a hacer la maleta. Tenemos que salir dentro de una hora, más o menos. La vio correr escaleras arriba y sintió cómo la tensión se desvanecía poco a poco de sus hombros. Ahora ya no tenía que preocuparse por Luca intentando acercarse a Eve. Ahora él era el único peligro para la joven. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 SABES cómo viajar ligera de equipaje –le dijo Raphael al ver su petate mientras caminaban hacia el avión privado de Lazaro.


–Lo sé. Lo siento. Me temo que soy bastante desaliñada –murmuró ella. Se imaginó que no tenía nada que ver con las mujeres que solían acompañar a Raphael. No había podido mirarlo a los ojos desde que salieran de la mansión. Se sentía de repente muy tímida. Sólo había aceptado su invitación porque no podía volver a Londres sin descubrir la verdad. –Pensé que habíamos llegado a un acuerdo. Nada de disculpas. De todas formas, no tienes motivo para hacerlo. A lo mejor no vas a la última, pero está claro que tienes estilo. Supongo que tu revista lo llamaría minimalismo o algo así. –Creo que es lo que cualquier revista definiría como «material de desecho». –Bueno, seguro que a Nico le encantará que viajes con pocas cosas –dijo él, señalando al asistente de vuelo que iba hacia ellos para recoger sus maletas. –Me temo que no traigo nada elegante. La verdad es que no tengo nada elegante. –Entonces tendremos que ir de compras. –¡No! No puedo. . –Pasa, por favor –interrumpió él mientras se detenía al pie de las escalerillas. Eve dudó un segundo. Odiaba volar, pero se prome​tió ser fuerte y no darle la


satisfacción de verla llorar a la hora de despegar. Raphael se quedó mirándola mientras subía al avión. Adoraba su simplicidad y frescura. Llevaba unos pantalones caqui y una camisola de encaje con un escote que era a la vez modesto y tremendamente sexy. Se pasó las manos por el pelo. No era la misma de la noche anterior, cuando había intentado seducirlo abiertamente. Pero esa Eve, tímida y vulnerable, tenía el mismo efecto en sus niveles de testosterona. Se dio cuenta de que no iba a ser sencillo mantenerse alejado de ella. –Bienvenidos a bordo, señores –los saludó el piloto. –Gracias por prepararlo todo con tan poca antelación, Roberto –le dijo Raphael en italiano. –No hay problema, señor Raphael. Siento lo de su padre –contestó Roberto, apartando a Raphael un poco–. El señor Luca también quería el avión, pero me imaginé que usted y la signorina preferirían volar solos. Espero haber hecho bien. Raphael asintió y los dos hombres se miraron con complicidad. Le había pedido al piloto que vigilara el uso que Luca hacía del avión.


https://www.facebook.com/novelasgratis Eve miró atónita a su alrededor. Nunca había visto nada igual. La primera parte del salón era como una lujosa sala de estar con sillones de piel rojos y una mesa baja. El suelo estaba cubierto con una gruesa alfombra que imitaba la piel de un animal. En una de las paredes había un moderno mural con una mujer bebiendo un cóctel. –Lo sé –le dijo Raphael al verla concentrada en la decoración–. Es horrible, ¿verdad? Creo que Luca intervino en la decoración. Por eso parece la sala de espera de un burdel. Eve pensó en preguntarle por qué sabía cómo eran las salas de espera de los burdeles, pero se sentía demasiado tímida como para hacerlo. –No me quejo. Es mil veces mejor que las abarrotadas zonas de turista de los aviones en los que suelo viajar. –¿Te gusta volar? –Me encanta –mintió ella. –¿Habías subido antes en un avión privado? –¿Yo? ¿Con mi extremadamente glamoroso estilo de vida? ¿A ti qué te parece?


Él sonrió de inmediato. Un auténtico regalo para sus sentidos. –Me imagino que no. Esto va completamente contra mis principios, pero está bien viajar así al menos una vez en la vida –dijo él, levantando su vaso–. Por la primera vez. Ella se sonrojó de inmediato y le costó mirarlo a los ojos. –Por un viaje lleno de estilo y glamur –repuso ella, brindando. –Bueno, no tanto –añadió él mientras miraba horro​rizado la extravagante decoración. A pesar de ser un lujoso avión privado, Eve vio que el despegue era igual de desagradable. El aparato aceleró por la pista, y ella, como hacía siempre, se temió lo peor. Agarró la copa de vino y cerró los ojos. Sintió cómo el avión despegaba y se quedaba flotando en la nada. El ruido era insoportable. Notó cómo Raphael le quitaba la copa con cuidado y sujetaba las manos entre las suyas, dándole seguridad sin decirle nada. Cuando alcanzaron la altitud adecuada, la sensación de ingravidez fue desapareciendo y tuvo la fuerza suficiente como para abrir los ojos. Se encontró con los de Raphael.


–Así que el despegue es una de las cosas que más te gusta de volar, ¿no? Ella bajó la vista, avergonzada. –Siempre me preocupa que no funcione. –Ya. Temes que alguien haya cambiado de repente las leyes de la Física sin decírtelo, ¿no? –le dijo él con una sonrisa burlona–. ¿Por qué no lo me dijiste? – añadió con más amabilidad. –¿Para qué? ¿Para que tuvieras otro motivo más para reírte de mí? Es vergonzoso. –No lo es. Además, tampoco me hubiera sorpren​dido en ti. https://www.facebook.com/novelasgratis –Ya. Supongo que soy el tipo de persona del que se espera que llore en los aviones. –No has llorado. –Esta vez, no. –Aun así. No me refería a eso. Sólo digo que es un instinto muy básico del ser humano sentir que la tierra es segura y el cielo, no. Y si hay alguien que deja que sus instintos lo gobiernen, ese alguien eres tú. Le sorprendieron sus palabras. Una semana antes, si alguien le hubiera dicho


algo así, se habría reído. Pensaba que era una mujer que se guiaba únicamente por su sentido común y la lógica. Pero las cosas que había descubierto sobre ella durante los días anteriores, habían cambiado por completo el concepto que tenía de sí misma. –Pero es que no entiendo cómo funciona. Me parece increíble que estemos flotando en el aire. –Bueno, todo es gracias a distintas fuerzas. Las hélices del avión crean una propulsión. . Se puso de pie y fue al otro extremo de la sala. Era un avión pequeño, pero tenía que poner distancia entre Eve y él. Se convenció de que le estaba explicando todo aquello para tranquilizarla, pero la verdad era que necesitaba una distracción para no dejarse llevar por sus impulsos. –Esa propulsión vence la resistencia aerodinámica del aire contra el avión. La diferencia de presión entre la parte superior e inferior de las alas hace que el avión se sujete en el aire, a pesar de su peso. En realidad, es todo cuestión de fricción entre fuerzas opuestas.


Ella respondió con una pequeña sonrisa pícara. –¡Ah! ¿Por qué no me contaste eso al principio? La fricción entre fuerzas opuestas es algo que entiendo perfectamente. Gracias, profesor, misión cumplida. A sus pies, el paisaje de los Apeninos era de lo más relajante. Pero Raphael no podía decir lo mismo de sus emociones. Ni siquiera estaba convencido de que se tratara de emociones y no de simples hormonas o lo que fuera que hacía que un hombre quisiera agarrar a una mujer y perderse en su aroma, sus besos y todos los placeres de su cuerpo. Su perfume, que recordaba haber olido en su chal la noche anterior, le estaba afectando tanto, que no podía pensar con claridad. Y eso que tenía mucho en lo que pensar. Desde su conversación con Marco, no había dejado de reflexionar sobre la operación que estaban llevando a cabo. Tenía que conseguir que las cosas avanzaran y se pudiera detener a Luca cuanto antes. Tenía una idea. https://www.facebook.com/novelasgratis Catalina aún vivía en Venecia. Había vuelto allí después de su ruptura con Luca. En esa ciudad estaban sus padres, y ellos la ayudaban a superar su


drogadic​ción y a empezar una nueva vida. Raphael aún tenía su número y había hablado con ellos de vez en cuando durante los dos años anteriores para interesante por la mejoría de Catalina. Pensó que quizás había llegado el momento de llamarlos de nuevo. No sabía si su madre, la señora Di Souza, se lo permitiría, pero quería quedar con Catalina e intentar convencerla para que testificara contra Luca. Pero no quería ponerla en peligro. Su relación con ella había durado unos dos años y, a pesar de que ella era la que lo había abandonado, siempre se había sentido responsable por la ruptura. Él había sido frío con ella y no había querido comprometerse, incapaz de expresar sus emociones, según lo había acusado Catalina mientras metía todo su equipaje en el coche. Y tenía razón. Por eso había caído tan fácilmente en las redes de Luca, que era encantador y romántico, además de un completo canalla. Estar con él le habría parecido un paraíso después de Raphael, pero era un paraíso envenenado. Seis meses después, le rescindieron el contrato con Lazaro por


culpa de su adicción a las drogas. Tuvo suerte de romper con Luca y alejarse de él antes de perder también su vida. Desde la ventana se veía ya Venecia. Raphael levantó la vista para decírselo a Eve, pero las palabras murieron en su boca al verla. Se había quitado las sandalias y estaba acurrucada en el sofá con el portátil sobre el regazo. Llevaba las gafas apoyadas en la parte más baja de la nariz y, cuando no estaba tecleando, se retorcía distraídamente un mechón de pelo entre los dedos. Parecía muy joven. Tuvo que apretar los puños para contenerse y no acariciar la delicada curva de su empeine, a sólo unos centímetros de donde él estaba sentado en el mismo sofá. Ella se movió en ese instante. Dejó el portátil a un lado y se estiró como un gato feliz. Se inclinó sobre el frutero de la mesa, tomó una manzana y, al ver que él la observaba, se la ofreció. –¿La quieres? –le preguntó. Su voz era algo ronca y muy sensual. Y no parecía consciente de lo tentador de


su gesto. –No, gracias. No soy muy religioso, pero no voy a aceptar la manzana que me ofreces. Recuerda que te llamas Eve, o Eva, como la primera mujer. Eve pensó que Venecia era la ciudad perfecta para amantes y enamorados. Desde el barco de vapor contempló ensimismada a las parejas que cruzaban los puentes y paseaban por los románticos callejones. Raphael apenas le había hablado desde que bajaran del avión. Parecía que su mente estaba a años luz de allí. Pensó que quizás estuviera recordando otras visitas https://www.facebook.com/novelasgratis a esa ciudad de la mano de sofisticadas y bellas mujeres, nada que ver con la tímida y torpe chica que tenía entonces a su lado. El aire era cálido y húmedo en esa ciudad, así que fue un alivio poder sentir una refrescante brisa en su cara mientras navegaban por los canales. Quería ser positiva y concentrarse de que al menos estaba allí. Siempre había querido ver Venecia, aunque siempre se había imaginado que iría con alguien importante en su vida. Raphael apartó la mirada de Eve. Venecia era tan bella como la recordaba, pero


era a esa mujer a la que no podía dejar de contemplar. Le encantaba ver cómo reaccionaba ante todo lo que iban viendo. Era muy fácil interpretar sus emociones. Su cara era un libro abierto y no dejaba de intentar adivinar qué era lo que estaba pensando. Se imaginó que estaría concentrada, observando a los atractivos jóvenes que llenaban esa ciudad. Ella era poco mayor que una adolescente y creía que eso era lo que hacían las chicas de su edad. Estaba deseando salir del barco y alejarse un poco de ella. Esa noche irían a la entrega de premios, lo que le permitiría estar rodeado de una multitud y que la tentación de tocarla no fuera tan grande. Y al día siguiente, iría a ver a Catalina. Después volverían a Flo​rencia, y esperaba tener buenas noticias que comunicarle a Marco. –Nos bajamos aquí –le dijo él de forma brusca. Eve miró a su alrededor. De mala gana, tomó la mano que Raphael le ofrecía para saltar del barco almuelle. Él ni siquiera la miró a los ojos y soltó su mano en cuanto pudo.


–¿Adónde vamos? –preguntó ella mientras lo seguía deprisa. –De compras. –¿Para qué? –Bueno, dijiste que no tenías nada que ponerte esta noche. –Sí, pero... Casi tenía que correr para mantener su paso. El calor era insoportable. –¿Quieres parar un segundo, por favor? ¡Ya vale! No vamos a ir de compras. Para empezar, no puedo permitirme... –¡Ya hemos llegado! –la interrumpió, deteniéndose frente a una boutique con caros y lujosos trajes de noche en el escaparate. Ella se quedó boquiabierta, mirando los modelos. Raphael abrió la puerta y, sin darle tiempo a reaccionar, la empujó para que entrara. –Raphael –dijo ella, algo avergonzada–. Ya te he dicho que no puedo... Pero la elegante dependienta ya estaba a su lado y sonrió seductoramente a Raphael. https://www.facebook.com/novelasgratis –Signor Lazaro, nos alegramos de verlo de nuevo. Hacía mucho que no lo veíamos por aquí. –Así es, Claudia. Sé que no hay mucho tiempo, pero espero que puedas encontrar algo que pueda llevar mi amiga esta misma noche.


–¿Para los Premios de la Prensa Fotográfica? Es un poco tarde, pero seguro que podemos encontrar algo –dijo, mirando a Eve–. Por aquí, por favor. Raphael fue hasta la parte de atrás de la tienda y se sentó en uno de los lujosos sofás que había frente a los probadores. Claudia entendía a los maridos de sus clientas tanto como entendía de moda, y había creado una sala de estar relajante para amenizar la espera. Había una gran pantalla de televisión, una cafetera y revistas. Tomó un periódico de la mesa e intentó relajarse. Se suponía que era un ambiente relajante, pero él estaba exaltado y nervioso. No entendía por qué. En Colombia había vivido situaciones muy peligrosas, pero nunca se había sentido como entonces, sin saber cómo reaccionar. Era irónico que, de vuelta en casa, se encontrara en una situación en la que sabía muy bien cómo actuar y fuera incapaz de controlar sus impulsos para hacer lo contrario a lo que debía hacer. En el probador, Eve seguía protestando mientras Claudia le ayudaba a quitarse la ropa. –Raphael, escucha. No puedo permitirme comprar...


–No te estoy pidiendo que compres nada –repuso él, irritado–. Yo soy el que te llevo a la fuerza a este evento, así que lo menos que puedo hacer es comprarte algo para la fiesta. Hubo un silencio dentro del probador. –¿Y si no te dejo hacerlo? –preguntó ella, desafiante. No pudo evitar sonreír. –Bueno, siempre puedes ponerte lo que llevabas esta mañana en la piscina. Raphael dejó de sonreír al recordar su cuerpo desnudo y sintió el deseo hacerse dueño de su cuerpo. –Bellisima, signorina –dijo la dependienta enton-ces–. Le queda fenomenal. Es un vestido que no dejará frío a nadie. –Eso me temo. Me parece que es un vestido que dice «tómame, soy tuya» – protestó Eve. Raphael se pasó las manos por el pelo. –Eso suena bien –repuso él. Necesitaba bromear para distraerse y no pensar en cuánto deseaba a esa mujer. –¿Vas a dejar que lo vea? –le dijo.


–¡Ni hablar! Voy a quitármelo ahora mismo. Eso fue aún peor que imaginársela con el atrevido vestido. Se dio cuenta de que podía ver por debajo de la puerta sus bien torneados gemelos y sus esbeltos tobillos. Estaba observándolos ensimismado cuando una nube de satén rojo cayó a los pies de Eve. https://www.facebook.com/novelasgratis Hipnotizado, vio cómo sacaba sus perfectos pies del vestido. Era lo más erótico que había visto en su vida. Tragó saliva. Aquello estaba siendo una tortura. Tenía todos sus sentidos a flor de piel. El crujido de la seda al probarse Eve otro vestido fue demasiado tentador para soportarlo, sólo mejorado por el sonido de una cremallera, excitante como una caricia. No dejaba de mirarle los pies, disfrutando de cómo se ponía de puntillas para verse mejor. No paraba de moverlos. Hubo un momento de silencio. –Bien. Pero tienes que quitarte el sujetador para conseguir el efecto apropiado. Cerró los ojos y apoyó la cabeza en el sofá. Aquello era un suplicio. No se


quitaba de la cabeza la suave curva de sus pechos cuando la había visto esa mañana en la piscina, desnuda y furiosa. No perdía su dulzura ni cuando se enfadaba. Había algo que lo empujaba a tomarla entre sus brazos y besarla, como le había pasado en la plaza el día anterior, cuando la vio con Luca. –¿Signore? ¿Está listo? –preguntó Claudia. La dependienta abrió la puerta del vestidor y se apartó para que pudiera ver a Eve. El vestido era de seda gris. Mientras la miraba lentamente de arriba abajo sintió cómo perdía la capacidad de respirar normalmente. Sus perfectos pies estaban enfundados en altos zapatos de satén gris que hacían que sus piernas pareciesen interminables. La tela del vestido resaltaba sus sensuales caderas y sus voluptuosos y gloriosos pechos amenazaban con escaparse del corpiño que acentuaba sus femeninas curvas. Claudia le había recogido el pelo en alto y pintado la boca de rojo oscuro, confiriéndole al conjunto una sensualidad que era casi indecente. Estaba preciosa. Y sofisticada. Y glamorosa. No le gustó nada. Estaba temblando al posar delante de Raphael. Esperaba que ese aspecto


hiciera que la empezara a tomar en serio. A lo mejor ese vestido la convertiría en el tipo de mujer que podía seducir a un hombre. Él se puso de pie lentamente y fue hacia ella. Su cara no expresaba nada. Esperó que hablara, pero no dijo nada. Tampoco lo necesitaba, su rostro lo decía todo sin decir nada. –¿Le gusta, signore? –preguntó Claudia con impaciencia. –Está bien –repuso él sin emoción mientras iba hasta el mostrador para esperarla allí y pagar. Pálida y temblorosa, Eve entró corriendo en el probador. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 EVE lo miró con frialdad en cuanto salieron de la boutique. De mala gana, le entregó la caja del vestido. –Ha sido idea tuya comprarlo, así que tendrás que llevarlo tú –le dijo, enfadada. Sin decir una palabra, Raphael tomó la enorme bolsa y se echó a andar. A ella no le quedó más remedio que seguirlo.


Atardecía ya cuando comenzaron a caminar por las calles y plazas por las que aún paseaban turistas y parejas de enamorados. La bella melancolía del lugar hacía que se sintiera más triste aún. Parecían las únicas personas que caminaban deprisa en ese sitio. El resto de la gente paseaba con la tranquilidad de los que están de vacaciones o disfrutando de un romántico paseo. La ira que la había llevado a quitarse el vestido de mala gana y a limpiarse la boca después empezaba a esfumarse, pero hizo un esfuerzo para no olvidar esa humillante sensación. Llegaron a una plaza enorme, rodeada de suntuosos edificios y palacios. Mientras la cruzaban, Eve se dio cuenta de repente de por qué le resultaba tan familiar. No esperaba que fuera tan impresionante y bella. –La plaza de San Marcos –murmuró, extasiada. Raphael se dio la vuelta y vio que ella se había detenido. Volvía a ser la misma de antes. Inocente, fresca y dulce. Sin los adornos de sofisticada belleza que había visto en la tienda. El corazón le dio un vuelco. –¿Pasa algo? –No, es que no me había dado cuenta de dónde estábamos, eso es todo.


–La plaza de San Marcos, donde se pueden tomar los capuchinos más caros del mundo –repuso él con sarcasmo. –Es asombrosa. –Pues sí. Lo que es asombroso es que los turistas sigan viniendo a verla como moscas a la miel. El cielo se había oscurecido, parecía que iba a estallar una tormenta veraniega. Los turistas corrían a resguardarse. Eve y él eran los únicos que permanecían inmóviles en la plaza. Toda la energía eléctrica de la tormenta pareció concentrarse en la tensión que los unía y separaba. Vio furia en los ojos de Eve. –¡Ya me imaginaba que no podía impresionarte nada que fuera remotamente bello! Tú estás por encima de todo eso, ¿verdad, Raphael? –¿De lo bello? –repuso él con suavidad–. Por supuesto que no. Cuando hablamos de belleza auténtica, me quedo absorto como cualquiera –añadió mientras daba un paso hacia ella–. Lo que no soporto es que se comercialice con la belleza para disfrute de las masas. https://www.facebook.com/novelasgratis –¡Serás canalla! Gastas el dinero de los Lazaro como una especie de sádica


hada madrina, intentando convertirme en una Cenicienta para que no te deje mal en la maldita ceremonia de esta noche. Pero después te quejas cuando no te gustan los resultados. Bueno, me temo que no has hecho una buena inversión. ¡Yo no soy una de tus preciosas, elegantes y sofisticadas mujeres y nunca lo seré! Empezaban a caer las primeras gotas de lluvia. Raphael parecía muy pálido y enfadado. Se pasó las manos por el pelo antes de hablar y rió con amargura. –No lo entiendes, ¿verdad? Yo no quiero que seas una de «mis preciosas, elegantes y sofisticadas mujeres», ¡por el amor de Dios! Lo miró como si acabara de abofetearle en la cara. Sin poder contener las lágrimas, Eve se giró para echar a correr. Pero él la agarró por la muñeca y tiró de ella para que volviera a su lado. El primer trueno estalló en ese instante sobre sus cabezas. –¿No te gusto? ¡Entonces no juegues más conmigo y déjame en paz! ¡Si no te gusto, deja que me vaya de una vez por todas! –gritó ella. –¡No! –replicó él sin pensar–. Lo que no me gusta es que te conviertas en una de esas mujeres. Porque eres perfecta tal y como eres. Eve, eres...


Pero no pudo seguir hablando. Su boca había encontrado los labios de esa mujer, y la besaba como si su vida dependiera de ello. La lluvia se mezclaba con las lágrimas sobre sus mejillas. Eve sabía a sal, a tierra y a algo que no podía definir, pero que era su propia esencia. Bebió de su boca como un hombre que hubiera estado privado de agua durante días. Otro trueno retumbó en las históricas paredes de la plaza, y la lluvia empezó a caer con más fuerza. Dejó de besarla para tomar su cara entre las manos. La miró con gesto agonizante. En medio de la lluvia, con su camisola empapada por el agua, parecía una huérfana inocente y vulnerable. Con un gutural gruñido se dio cuenta de que, después de quitarse el vestido, Eve no se había molestado en ponerse el sujetador de nuevo y sus sensuales pechos eran tan visibles a través de la tela mojada como si estuviera desnuda. La deseaba más de lo que había deseado nada en su vida. Eve había oído su gemido y entendió su significado. Se mordió el labio y lo miró a los ojos. Sabía que estaba sufriendo. Despacio, alargó la mano y apartó de su frente un mechón empapado. Después, dejó que su boca rozara la de Raphael.


Era un gesto de aceptación y ofrecimiento. Él respiraba con dificultad y de forma superficial. Su mirada parecía haberse oscurecido con la sombra de su deseo y gimió de nuevo. Tomó su mano y comenzaron a cruzar la plaza corriendo, salpicándose en los charcos. Cuando llegaron a un extremo, Eve se dio cuenta de que habían olvidado algo. –¡El vestido! –gritó, alarmada. La gran bolsa seguía en el suelo, donde él la había dejado caer. –Déjalo –le dijo él mientras seguía corriendo. https://www.facebook.com/novelasgratis Pararon delante de una gran puerta de madera. Estaba tan desorientada y confusa, que no supo cómo habían llegado allí. Raphael la llevó escaleras arriba y abrió la puerta, usando una enorme llave. El deseo no la dejaba pensar, no sabía que podía sentirse así. Entraron dentro y comenzaron a besarse de nuevo antes de que él pudiera cerrar la puerta. Cuando lo hizo, cayeron los dos contra la pared, devorándose con la urgencia que habían estado conteniendo durante días. La casa estaba en silencio,


contrastaba con el ruido de la tormenta en la plaza. Eve se dejó llevar, disfrutando de la fuerza de su deseo. Se arqueó contra él, aplastando sus pechos contra su musculoso torso y completamente perdida entre sus brazos. El calor que desprendían sus cuerpos estaba consiguiendo que su ropa empezara a secarse, pero otro tipo de humedad apareció entre sus piernas. Se apretó contra él, sintiendo la excitación de Raphael sobre su pelvis. Alargó las manos para quitarle el cinturón, pero decidió esperar y alargar aún más ese momento. El vestíbulo estaba en penumbra. Raphael dejó de besarla, y un relámpago iluminó entonces su rostro. Parecía angustiado y perdido. –Eve, yo... No quería escucharlo. Sus instintos más básicos la dominaban. Tomó el cuello de su camisa y lo acercó a su cuerpo. Sólo tuvo tiempo de pronunciar dos palabras antes de besarlo de nuevo. –Te deseo. Sentía que llevaba el control de la situación. Se separó un poco de la puerta y


se arqueó contra él para sentir todo su cuerpo. Él agarró su trasero, acariciándolo y atrayéndola más hacia sí. Eve buscó su cinturón y comenzó a quitárselo. Estaba a punto de hacerlo cuando él la detuvo. –Aquí no –le dijo con voz entrecortada. La agarró por los muslos y levantó con facilidad. No dejó de mirarla mientras subía la escalera y ella aprovechó para desabotonarle la camisa. Cuando llegaron arriba, sólo le faltaba desabotonarle los vaque​ros. Tropezó al sentir cómo Eve le desabrochaba los pantalones. Sus ojos color turquesa parecían más oscuros y cargados de deseo. Vio cómo cerraba un segundo los ojos cuando sus dedos rozaron su erección. Apoyó el hombro en la puerta más cercana y la abrió de un empujón. En un par de pasos más estaban sobre la cama. Sus ojos y su boca eran lo único que delataban su deseo. El resto de la cara permanecía con la misma dulzura de siempre. https://www.facebook.com/novelasgratis La bragueta de los vaqueros era de botones, y ella lo sometió a la exquisita


tortura de desabrocharlos muy lentamente. Era un martirio delicioso. Se quitó la camisa y, sin dejar de besarla, le quitó los pantalones. Después se concentró en su blusa. Los botones eran minúsculos y había cientos de ellos. No tenía tanta paciencia como ella. –¡Quítatela! –le dijo. Ella hizo lo que le pedía, pero tampoco se entretuvo con los botones, sino que se quitó la blusa por encima de la cabeza, deshaciéndose de lo único que los separaba. Mientras lo hacía, Raphael se quedó ensimismado, admirando su esbelto cuerpo. No podía dejar de mirar su cremosa piel, sus pechos y su cintura. Sin poder resistirse por más tiempo, se inclinó para acariciar con los labios uno de sus erectos pezones, después abrió la boca para jugar con él más intensamente. Ella se estremeció de placer. Su gemido retumbó en las oscuras habitaciones del silencioso palacio. Levantó la cara para mirarla. Era bellísima. Con movimientos rápidos y frenéticos, se quitó el resto de la ropa y agarró las caderas de Eve.


Ella estaba mucho más húmeda de lo que había esperado. Estaba desesperado, completamente enloquecido de deseo por ella. Comenzó a acariciarla íntimamente con el pulgar, dibujando círculos sobre su sedosa y húmeda piel. Apenas podía controlarse, sabía que estaba a punto de perderse para siempre. Cuando se deslizó en su interior, sintió cómo Eve se tensaba de repente. La miró a los ojos y se dio cuenta de que su espontaneidad y seguridad de minutos antes se habían desvanecido, dejando sólo vulnerabilidad. –Eve... ¡Eve! –No te detengas –le pidió ella–. Por favor, Raphael. No te detengas, sigue... No pudo terminar su frase cuando él la tomó entre sus brazos. Raphael se sentó en el borde de la cama con ella a horcajadas sobre su regazo, igual que habían estado la noche anterior en la terraza. Pero esa vez, Eve podía sentirlo en su interior, llenándola en todos los sentidos. Con infinita ternura, él la acunó entre sus brazos, al principio con mucho cuidado, después con más fuerza y rapidez. Ella encontró pronto su propio ritmo, marcado por la urgencia de su deseo. Se agarró de los hombros de Raphael y


apoyó parte de su peso en sus propias rodillas, aumentando el control que tenía de los movimientos y la intensidad de ellos. Se miraron a los ojos. Los de Raphael estaban llenos de una emoción que no conseguía descifrar, pero que se moría por entender. Él dejó de mirarla para enterrar la cara en su cuello. Era genial sentir sus labios en la piel. https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando pensaba que no iba a poder aguantar más tiempo, Raphael sintió cómo ella se tensaba a su alrededor, quedándose muy quieta. No tardó en lanzar un grito de satisfacción que también le pareció de sorpresa. No podía describir la alegría que sintió al oír sus gemidos de placer. Fue mucho más importante para él que su propio y potente clímax, que llegó sólo segundos después. Tras la tormenta, el aire se quedó más frío. Raphael sintió cómo se estremecía Eve, así que cubrió a Eve y a sí mismo con las sábanas sin soltarla. Estaban en silencio, abrazados con brazos y piernas. Tenía la cabeza apoyada en sus pechos y acariciaba con una mano su suave cintura. La paz que lo había embargado al hacer el amor con ella fue desapareciendo,


y se dio cuenta de las implicaciones que aquello tenía. Desde el principio había pensado que era una periodista sin escrúpulos que contaría todo lo que pasara entre ellos y más. La había mantenido a su lado convenciéndose de que lo hacía porque no se fiaba de ella. Y más tarde lo hizo porque pensó que tenía que protegerla. Pero ahora acababa de descubrir que todo era real en ella, que era tan inocente como aparentaba. Y él la había decepcionado. Se suponía que tenía que cuidar de ella, pero se había dejado llevar tanto por su pasión, que ni siquiera se había acordado de usar un preservativo. Se sentía fatal. –Tenías que habérmelo dicho –susurró él. –¿El qué? –contestó ella, dejando de acariciar su pelo. –Que eras virgen. –¿Habría eso cambiado las cosas? Él suspiró, algo impaciente. –Por supuesto. Claro que lo habría cambiado todo. Sus palabras la hirieron y se le llenaron los ojos de lágrimas. De eso había tenido


miedo. Para él, lo que acababa de ocurrir entre ellos no era más que un encuentro esporádico, algo de una noche. Si hubiera sabido que era virgen, habría sentido la presión de que aquello significara algo más. Ya había sido bastante duro que él se enterara de lo patética e inexperta que era. –No te lo dije porque no es importante. –Pero, habría sido más... Habría tenido más cuidado y habría sido más caballeroso. Lo siento. –Pensé que no íbamos a seguir pidiéndonos perdón por todo –repuso ella con una risa amarga–. ¿O es que lo has dicho para que te adule? Has estado perfecto. Ha sido... https://www.facebook.com/novelasgratis Pero se había quedado sin palabras. Siguió acariciando su pelo. Era de un negro brillante y sedoso, contrastaba mucho con la blanca piel de sus pechos. Descubrió algunos cabellos blancos y le enterneció ese signo de vulnerabilidad. –Estás encaneciendo –le dijo. –Por supuesto. Soy viejo. Demasiado viejo para ti. –¿Quién lo dice? –repuso ella con ternura–. Tu madre tenía mi edad cuando


se casó con tu padre, y él era bastante más viejo que ella. Me lo contó Fiora. Sintió cómo Raphael se tensaba. –Venga –dijo, apartando las sábanas e incorporándose–. Tenemos que asistir a una fiesta. –Bueno, espero que tengas el mismo talento para el diseño que tu padre porque, como abandonamos el vestido en la plaza de San Marcos, esta sábana es todo lo que tengo para ponerme. Raphael se abotonó los vaqueros e intentó no pensar en cómo se los había quitado ella unos minutos antes. La miró y le pilló por sorpresa su extraordinaria belleza. Su pelo dorado estaba despeinado, su cremosa piel brillaba en la penumbra y sus ojos relucían con un verde aguamarina más intenso que de costumbre. –Seguro que la llevarías con mucha dignidad –dijo él mientras se dirigía a los roperos que llenaban una de las paredes del dormitorio–. Pero, por fortuna, no tendrás que recurrir a ello –añadió mientras abría los armarios y desvelaba una enorme colección de elegantes vestidos.


Eve lanzó una exclamación de sorpresa. –¿De quién son? –Eran de mi madre. Raphael bajó a por el equipaje. Mientras tanto, Eve se distrajo mirando los vestidos. Acarició las lujosas telas. El armario desprendía un delicioso olor a gardenias recién cortadas. Recordó la imagen de la bella y feliz mujer de la fotografía y se le llenaron los ojos de lágrimas. No entendía cómo podría Raphael soportar el estar allí y ver todos esos vestidos. –¿Has encontrado algo? –preguntó él al entrar con las maletas en el dormitorio. –No. Bueno, sí, pero hay tanto... No sé por dónde empezar. Raphael empezó a mirar los vestidos con detenimiento. Su cara no dejaba entrever ninguna emoción. –Nada negro ni rojo. Tampoco gris. No quiero darte un aspecto sofisticado. Preferiría que fueras tal y como eres. Sacó unos cuantos vestidos en tonos rosa palo, azulón, verde pistacho y marfil. Los puso todos sobre la cama. –Empieza probándote éstos. https://www.facebook.com/novelasgratis


–Son preciosos –dijo, tomando el rosa entre sus manos. El encaje del escote era bellísimo y muy delicado. Mientras tanto, Raphael sacaba de su maleta el traje que iba a ponerse esa noche. Aprovechó que estaba distraído para quitarse la sábana que cubría su cuerpo desnudo y probarse el vestido. –Seguro que hay también zapatos por algún sitio –le dijo él sin volverse. Con el vestido aún sin abrochar a la espalda, rebuscó en la parte baja del armario. Había muchas cajas y bolsas de tela con zapatos. –¿Cómo es que todo está aquí, tal y como ella lo dejó? Ha pasado mucho tiempo... Raphael se encogió de hombros. –Mi padre no quería deshacerse de todo esto, y supongo que lo más sencillo fue dejarlo aquí. –Supongo que la quería muchísimo. –No, lo que quiere son estos vestidos. La mayoría son diseños suyos –replicó con amargura. –¡Raphael! ¡No puede ser! Seguro que la amaba. Él puso sobre la cama el maletín negro que había traído desde Florencia. Parecía


algo siniestro, como la funda de una metralleta. Se dio cuenta de que no estaba asustada. «Confío en él. No tiene sentido, pero no puedo evitarlo», pensó. –Nunca demostró que la amara. Creo que nunca dejó de intentar convertirla en algo que no era. –¿Cómo era tu madre? –Dulce. Graciosa. Se reía de lo ridículo que podía llegar a ser el mundo de la moda. Eso enfadaba mucho a mi padre. Para él es algo muy serio. –¿Por qué se casó entonces con ella? –preguntó mientras se probaba unos zapatos. De repente oyó el disparo de una cámara. Sobresaltada, levantó la vista y se encontró con una lente fotográfica dirigida hacia ella. Se dio cuenta de que eso era lo que contenía el sospechoso maletín. –¿Qué haces? –Cuando veo algo bello, tengo que fotografiarlo, no lo puedo evitar –dijo mientras la miraba con seriedad–. Ella era la hija de un duque, formaba parte de la aristocracia italiana y era muy bella. Se convirtió en su musa y, poco después, en su


esposa. Estaba tumbado en la cama, con la espalda apoyada en las almohadas y su cara medio oculta tras la cámara. Cambió algo del objetivo y la miró de nuevo. –Pruébate ahora el azul –le ordenó. Ella lo obedeció. Se quitó el vestido rosa y, aún con los zapatos puestos, fue a por el azul. Él siguió con las fotos. –Ella fue uno de los objetivos favoritos de los paparazzi desde el principio. Bella y joven heredera se casa con un famoso diseñador de moda. Fue la noticia del año. https://www.facebook.com/novelasgratis Pero ella odiaba toda la atención que recibía. Era joven, tímida, insegura... Nada que ver con lo que él esperaba de ella. Eve se puso el vestido azul y, sin molestarse en abrocharlo, se giró para mirarse en el espejo, dándole una vista perfecta de su espalda desnuda. Él hizo más fotos. Se desnudó de nuevo y se probó un vestido verde. –Y, ¿qué pasó? –No se daba cuenta de hasta qué punto ella odiaba ese mundo. A él le encantaba


la publicidad que recibía gracias a ella. Las cosas empeoraron después de que naciera yo, porque ella intentó mantenerme alejado de las cámaras y fracasó. Con un niño, era un objetivo más jugoso aún. Hasta que un día, cuando salíamos del dentista, unos paparazzi comenzaron a importunarla, a hacerle miles de fotos y acribillarla con preguntas. Eso la sacó de sus casillas e intentó cruzar la calle para alejarse de ellos. Eve se quedó inmóvil, no se atrevía a respirar. Recordó las palabras de Fiora. –El coche no pudo esquivarla. El conductor lo pasó muy mal después, pero no fue culpa suya. Se acercó hasta la cama y se sentó a su lado. –No, no fue culpa del conductor. Tuya tampoco. Ni de tu padre –le aseguró con firmeza. –Sí que lo fue –repuso Raphael, acercándose a la ventana–. Él debería haber... Él debería haberla protegido mejor y mantenerla alejada de ese mundo. Pero no la quería lo suficiente. Pasaron minutos sin que ninguno de los dos hablara ni se moviera. Después,


girándose de repente, Raphael se acercó de nuevo a la cama. –Bueno, ya vale de hablar. Se hace tarde y tenemos que prepararnos –le dijo. Raphael se abotonó deprisa la camisa. Se dio cuenta de que Eve había conseguido hacerlo hablar de nuevo. No sabía cómo lo hacía. Pensó que a lo mejor era alguna táctica que usaban los periodistas para sacar información. Tenía que reconocer que era muy buena. Creía que estaba malgastando su carrera escribiendo en una revista sobre asuntos de moda y del corazón. Pensaba que podría estar usando su talento en medios de comunicación más prestigiosos y con temas más importantes. –¿Puedes subirme la cremallera? –le pidió ella, acercándose a su lado de espaldas. Tenía una piel maravillosa. La línea de su columna le recordó un collar de perlas, perfectas y delicadas. Su piel era tersa y cremosa y se moría de ganas de acariciarla de nuevo, pero no era el momento. Apenas podía respirar. Le apartó el pelo de la nuca e, intentando controlarse, le subió la cremallera muy despacio. Después dio un paso atrás. Ella se volvió para mirarlo, y él se dio cuenta de que ese vestido resaltaba el verde aguamarina de sus ojos, que brillaban con comprensión y ternura.


https://www.facebook.com/novelasgratis –¿Estoy bien? –le preguntó ella. Raphael se quedó sin palabras. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 EL MUNDO parecía haber cambiado por completo cuando salieron del palacio después de la tormenta. Las fachadas de los antiguos edificios de la ciudad, decoloradas por el tiempo, estaban manchadas de agua de lluvia y el cielo, ya despejado, había vuelto a ser azul. La luz de la tarde sobre los adoquines mojados le daba a todo un aire irreal y brillante. Pero Venecia no era lo único que había cambiado durante la última hora, Eve también lo había hecho. Hacer el amor con Raphael la había transformado de forma invisible, pero irreversible. Se sentía como si alguien acabara de susurrarle al oído los secretos del universo o como si hubieran tomado su mano para dar un paseo por el paraíso. Raphael caminaba a su lado. Estaba frío y distante. Quería acercarse a él. Lo


que le había contado sobre la muerte de su madre había hecho que se quedara pensativo y circunspecto. Sólo lo había visto mostrar algo de emoción cuando terminó de arreglarse y le enseñó el vestido que llevaba. Eve se dio cuenta entonces de que era el que su madre lucía en la fotografía que había visto esa misma mañana. Ella se había disculpado profusamente, pero él puso un dedo sobre sus labios. –Nada de disculpas, ¿recuerdas? –le había dicho Raphael–. No pasa nada. Pero su voz había estado carente de toda emoción. Raphael se apartó para que ella cruzara primero un estrecho puente. Cuando pasó a su lado, lo miró de reojo. No le extrañaba no poder disfrutar de lo que le rodeaba y de su primer día en Venecia, él era tan apuesto, que la ciudad palidecía en comparación. Parecía haber nacido con un esmoquin puesto. Tenía un aspecto de lo más aristocrático y distinguido. El traje negro y la camisa blanca contribuían a resaltar su belleza morena. Le pareció que estaba más guapo que nunca, pero también fuera de su alcance. Él la miró de repente y su rostro se suavizó un poco.


–Ya casi estamos allí. Siento no haber sido un buen guía turístico, se me olvida que no has estado antes aquí. Debería estar contándote qué es lo que vamos viendo. –No pasa nada. Todo es tan bonito, que me basta con mirarlo, no necesito saber nada más. –No estoy de acuerdo –repuso él con suavidad–. Para enamorarte de verdad de un sitio tienes que llegar a conocerlo bien, no puedes limitarte sólo a admirarlo desde el exterior. –Puede que tengas razón. Pero creo que no quiero llegar a conocerlo bien –le confesó mientras lo miraba con una sonrisa triste–. Si me enamoro de este sitio, nunca querré irme de aquí. https://www.facebook.com/novelasgratis Eve no tenía ideas preconcebidas sobre lo que se iba a encontrar en la ceremonia de entrega de premios, pero le sorprendió ver que el despliegue era similar al de la fiesta de presentación del perfume Oro. La fiesta tenía lugar en uno de los palacios renacentistas cercanos al Gran Canal.


El evento no era tan brillante y artificial como el del otro día. Todo era más comedido. No había alfombra roja a la entrada ni periodistas tomando fotos. Entraron a un amplio vestíbulo. Estaba lleno de mujeres con trajes de todos los colores y ricas telas, los hombres estaban todos muy elegantes con sus trajes oscuros. Raphael soltó su brazo y se inclinó sobre ella. –Espera aquí –le dijo antes de desaparecer entre la multitud. Sin él, aunque estuviera en silencio, se sintió de repente vacía y desolada. Suspiró y elevó la vista hacia los altos techos del palacio. Era un sentimiento al que iba a tener que acostumbrarse. Dos días después volverían a Florencia, y ella tendría después que regresar a casa. Sola. No sabía exactamente cuándo había pasado, pero esa misma tarde, en algún momento entre los brazos de Raphael y el paraíso de su cama, Eve había llegado a un punto de no retorno. Se había enamorado de él. Sabía que sería muy doloroso para ella descubrir que había estado involucrado de alguna manera en la muerte de Ellie. No podía arriesgarse a seguir


investigando. Prefería vivir el resto de su vida con sus ilusiones y recuerdos intactos. Claro que, si seguía investigando, cabía la posibilidad de que descubriera algo que descartara la implicación de Raphael por completo. En ese caso. . Se sobresaltó cuando alguien se le acercó por la espalda, cubriendo sus ojos con una mano grande y fuerte. –¿Quién soy? –preguntó una voz masculina. –No... No... –¡Venga, mi niña! No me digas que ya me has olvidado. Acabas de destrozar mi corazón. El hombre retiró la mano, y ella se giró para ver quién era. –¡Luca! ¿Qué haces aquí? –Iba a preguntarte lo mismo. He venido para rescatarte de mi aburrido y serio hermano mayor y ahora ni siquiera me reconoces. Mi vida no tiene sentido. . – añadió con dramatismo. –No seas tonto –repuso ella, riendo–. Claro que me alegra volver a verte. –Bueno, querida, estás... Estás... –dijo, mirándola de arriba abajo y dando una vuelta a su alrededor–. Estás sensacional. Más que eso. Deliciosa. Podría


comerte con una cuchara. https://www.facebook.com/novelasgratis –¡Eh! ¡Déjalo ya! –replicó ella, sonriendo. Le agradaban los halagos y el coqueteo de Luca, sobre todo después del silencio al que la había sometido Raphael. –Te llamé. Quería invitarte a comer e informarte de todos los cotilleos de los que me enteré durante la fiesta de homenaje a mi padre. Pensé que sería información interesante para tu artículo, pero no has contestado mis llamadas... –¿Llamadas? No he visto... –repuso ella sin terminar la frase. Se imaginó que la habría llamado mientras Raphael tuvo su móvil secuestrado el día anterior. De repente se le ocurrió una idea. Dejó de sonreír y frunció el ceño. –Luca, ¿puedo preguntarte algo? –Por supuesto, preciosa. Lo que quieras. –No, de verdad. Estoy hablando en serio. Es algo sobre Raphael. Luca suspiró y puso los ojos en blanco. –Bueno, si tienes que hacerlo. . Pero te advierto que yo soy mucho más


interesante. ¿Estás segura de que no hay nada que quieras preguntarme sobre mí? ¿No quieres saber en qué hotel me alojo o cuál es el número de mi habitación? No quería que la distrajera. A lo mejor no había nada de cariño entre los dos hermanos, pero se imaginó que Luca conocería a Raphael mejor que nadie. Él sabría si su hermano mayor había estado alguna vez involucrado en el mundo de las drogas. Dudó un segundo, no sabía muy bien por dónde empezar. Eran muchas las preguntas que llenaban su cabeza. Luca se había inclinado un poco sobre ella y la miraba expectante. Tenía los ojos oscuros y brillaban con algo de malicia. Eve sacudió la cabeza y apartó la mirada, estaba confusa. –¿Y bien? El momento había pasado, y con él, la oportunidad de averiguar si sus sospechas eran reales. No sabía si quería saber la verdad o no. Era mucho lo que se jugaba. Nada menos que su futuro. –No, déjalo, no es nada –le dijo. Vio a Raphael acercándose de nuevo a ella entre la multitud. Llevaba dos copas


de champán en la mano. Era un hombre tan carismático, que era imposible no quedarse hipnotizada mirándolo. No podía dejar de observarlo, y recordó al instante lo que habían compartido esa tarde. El estómago le dio un vuelco cuando él la miró a los ojos. Tenía la certeza de que estaba recordando el mismo momento. Pero su expresión cambió al instante al ver quién estaba a su lado. –¿Qué demonios...? –¡Eh! Hermanito, cuida tu lenguaje, no estamos en los suburbios de Colombia. –¿Qué demonios haces aquí? https://www.facebook.com/novelasgratis –Es curioso, pero casi no puedo venir. El avión de Lazaro que iba a traerme estaba de repente ocupado –dijo Luca sin dejar de sonreír–. Está claro que no tienes ningún interés en la empresa familiar, Raphael. Si lo tuvieras, sabrías que somos uno de los principales patrocinadores de estos premios. Raphael miró a su alrededor. Se preguntó si alguno de los hombres que había en la fiesta serían policías de paisano, compañeros del detective Marco. Eso esperaba.


–¡Qué sorpresa! –replicó con sarcasmo–. No es propio de Lazaro estar involucrado en algo tan loable e interesante como estos premios. –No, la verdad es que no fue elección mía. Y, tienes razón, normalmente preferimos patrocinar eventos más brillantes y sofisticados. La culpa es de la directora de comunicación, Alessandra Ferretti, supongo que siempre ha tenido debilidad por ti. Consiguió convencer a nuestro padre. –¿Cómo está? –preguntó Eve. –Aún no se ha despertado –respondió Luca, encogiéndose de hombros–. No sé por qué está tan cansado, yo soy el que hace todo el trabajo. –Está sedado –repuso Raphael de mala gana–. Hablé hace un rato con el hospital y lo están manteniendo sedado por su propio bien. –¿Por qué no vamos a encontrar nuestra mesa? –le preguntó ella con delicadeza mientras le tocaba el brazo. Todo lo que quería era separar a los dos hombres y suavizar la tensión que había entre ellos. –Por supuesto –dijo Luca con amabilidad–. Id a buscar vuestra mesa. Ya terminaremos nuestra conversación más tarde, querida. Me habías dicho que tenía


algo que preguntarme, ¿recuerdas? Sintió cómo Raphael se tensaba al oír las palabras de su hermano. Agarró su brazo y se dispusieron a irse. –No, no. Olvídalo. La verdad es que ya no importa. No la sentaron al lado de Raphael a la mesa. Se sintió decepcionada, pero se le pasó pronto al descubrir que el hombre que tenía a su derecha era un joven y animado londinense, Paul. De repente, sintió menos presión. Había estado preocupada pensando que iba a decepcionar a Raphael con su pobre italiano y sus escasos conocimientos de fotografía. No le costaba nada conversar con aquel hombre. Se pusieron a hablar de Londres y de sus restaurantes y lugares favoritos. A pesar de estar entretenida, no dejó de observar y sentir el azote de los celos cuando vio que una impresionante y sexy Alessandra Ferretti se sentaba al lado de Raphael. Llevaba un ajustado y favorecedor vestido naranja, que realzaba su bronceado y su estupenda figura. Los ojos de todos los hombres de la mesa estaban concentrados en su generoso escote. Nada más sentarse, acercó su silla a la de Raphael y comenzó a charlar animadamente con él. Eve estaba demasiado lejos como para oír lo que


decían. https://www.facebook.com/novelasgratis Además, no se le daba bien entender el italiano. El lenguaje corporal, sin embargo, era fácil de interpretar. Y todo el cuerpo de esa mujer parecía querer invitar a Raphael a algún tipo de fiesta privada después de la cena. –¿Has probado la auténtica mozarela de leche de búfala? –le preguntó Paul en ese momento–. La traen cada jueves desde un pequeño pueblo en el sur de Italia. Es deliciosa. Eve negó con la cabeza. Intentó concentrarse en lo que le decía su compañero de mesa, pero ese queso italiano no le interesaba tanto como comprobar que Alessandra parecía tener debilidad por un determinado fotógrafo italiano. Se movía con seguridad y destilando sensualidad por todos sus poros. No dejaba de mirar a Raphael como un ave rapaz a su presa. Lo hacía mientras reía, tomaba pequeños sorbos de vino o hablaba. Él parecía estar muy lejos de allí, como si lo que hubiera pasado esa tarde no tuviera ninguna importancia. Pero de repente, levantó la vista y le dedicó una media sonrisa. Eso hizo que se sintiera un poco mejor.


La ceremonia de entrega de premios comenzó en cuanto los comensales terminaron el plato principal. Un elegante caballero de unos sesenta años subió al escenario. Todo el mundo se calló cuando el hombre empezó a hablar. Eve no entendía demasiado de lo que decía, pero se relajó en su silla y fingió interés. Estaba llena y tenía sueño. Una pantalla enorme detrás del presentador de la gala mostraba una proyección continua de imágenes. Empezaron a presentar a los nominados y ganadores de cada categoría. Los fotógrafos se levantaban, saludaban e iban hasta el escenario a recoger su premio. La ceremonia se le estaba haciendo muy larga y ya le dolían las manos de tanto aplaudir. Apenas podía concentrarse en las imágenes que mostraban, y ella tenía su propia proyección de instantáneas en la cabeza. Recordó el cabello mojado de Raphael mientras intentaba abrir la puerta del palacio, su expresión de deseo cuando lo abrazó, sus manos morenas contra la piel blanca de sus caderas cuando entró dentro de ella. . Se controló para no gemir con deseo y se fijó en sus manos. Eran fuertes y tenían


largos dedos. Parecían las manos de un artista. Jugueteaba con un cuchillo mientras escuchaba al presentador con la vista perdida en el mantel. Lentamente, volvió a la realidad y se dio cuenta de que cada comensal en su mesa y el resto de los invitados miraban a Raphael. Y todo el mundo comenzó a aplaudir con entusiasmo. –¡Ese canalla tiene tanto talento...! –exclamó Paul sin dejar de aplaudir. Raphael se puso de pie y fue hacia el escenario. Eve se fijó en la imagen que proyectaba la pantalla. Se quedó boquiabierta. Ni siquiera necesitaba sus gafas para darse cuenta de la fuerza que tenía esa fotografía. Una mujer sostenía en brazos a un bebé regordete y sonriente. Lo primero en lo que se fijaba uno era en la cara del niño. Era imposible no hacerlo. Sus ojos azules y https://www.facebook.com/novelasgratis brillantes parecían salirse de la pantalla, igual que sus mejillas sonrosadas. Era una imagen universal de dulzura e inocencia. Pero sólo después de observar al bebé comenzaba uno a ver lo que había a su alrededor. La madre era poco más que una


niña. Era delgada, tenía las mejillas hundidas y los ojos muertos. Los brazos que sujetaban al bebé no eran más que piel y huesos y se podían distinguir sus oscuras venas bajo su débil y transparente piel. Madre e hijo estaban al lado de una cama, donde había un viejo y sucio oso de peluche y una jeringuilla usada. Raphael llegó al escenario, donde esperaba Luca para entregarle el premio. Durante un angustioso segundo, Luca extendió la mano con el trofeo y Raphael dudó antes de aceptarlo. Ignoró la mano que le ofrecía su hermano a modo de felicitación y se giró hacia el público, que seguía aplaudiendo con gran entusiasmo. Pero cuando empezó a hablar, todos se callaron. –Es un honor para mí aceptar el galardón de Fotógrafo del Año y, como no podía ser de otra manera, el premio económico será repartido entre dos asociaciones benéficas. Por un lado, la Asociación de Huérfanos de la Heroína en Colombia y, por otro, el Centro de Rehabilitación de Drogodependientes que fundamos en Florencia hace ya dos años y medio. Volvieron los aplausos, pero él los interrumpió. –Soy muy consciente de que son los protagonistas de mis fotografías los que las


convierten en excepcionales, no quien toma esas imágenes. Y no tengo más que agradecimiento para los que han confiado tanto en mí como para dejar que los retratara –explicó mientras miraba durante un segundo a Eve–. Pero espero que, con el tiempo, la gente de Colombia tenga razones para agradecerme lo que he hecho. Eso significaría que he conseguido transmitir al mundo la situación que se vive allí y así poder contribuir a mejorarla. Porque seguiré trabajando en este sentido hasta que desaparezcan la amenaza de las drogas y todos los que se lucran gracias a ellas. Toda la sala se puso en pie y le dedicó una ovación. Fue entonces cuando Raphael se volvió hacia su hermano y le dio la mano. Pero más que una felicitación, a Eve le pareció que estaban sellando una especie de pacto secreto. A Alessandra Ferretti le faltó tiempo para felicitar a Raphael en cuanto volvió a la mesa. Lo abrazó y lo besó con fruición en ambas mejillas. Después, se lo llevó de allí antes de que ella tuviera tiempo de levantarse de la mesa. –Lo he arreglado para que te hagas unas fotos con los famosos que están en la


gala. Será una publicidad estupenda para tu trabajo y aumentarán las donaciones – le dijo. Raphael se volvió y la miró durante un instante, justo antes de desaparecer entre la multitud. –Es un genio. Un genio increíble –le dijo Paul mientras contemplaban las fotografías de Raphael en los pasillos del palacio. https://www.facebook.com/novelasgratis Él la había llevado hasta la parte de arriba de la gran mansión, donde estaban expuestos los trabajos de los nominados. Paul le había mostrado su obra, unos espectaculares paisajes del Polo Norte. Le dijo que le gustaba mucho, pero la verdad es que no podía dejar de mirar la obra de Raphael. –Fíjate en la composición de esta foto –le explicó él–. Es perfecta. Juntos admiraron la imagen de unos niños con ropas desgastadas y caras sucias que jugaban al fútbol en medio de una carretera. La imagen contrastaba con los verdes campos que rodeaban la escena. Lamentó no tener las gafas consigo. –Estas fotografías transmiten muchísima emoción –continuó Paul–. Se supone que esta gente es lo peor, son los canallas que producen las drogas que se


meten por la nariz nuestros famosos, pero Lazaro nos da la oportunidad de verlos de una forma distinta. Les ha dado... –Dignidad –terminó ella con lágrimas en los ojos. –¡Ah, Eve! ¡Ahí estás! –exclamó Alessandra Ferretti, apareciendo a su lado–. Raphael te estaba buscando. Quiere llevarte a casa. Le hablaba como si fuera una niña que estaba estropeando la fiesta de los adultos. Eve se concentró en la foto de los niños colombianos. Trató de imaginarse a Raphael allí, a pocos metros de esas criaturas. Igual que el bebé de la fotografía ganadora, dos de los niños miraban sonrientes a la cámara, y Eve se preguntó qué les habría estado diciendo Raphael para que sonrieran así. –Te está esperando –insistió Alessandra con algo de impaciencia en la voz. Pero nada podía estropear la felicidad que sentía en su interior. Se despidió de Paul y siguió a la directora de comunicación de Lazaro por los pasillos. –Háblame de las asociaciones benéficas que mencionó Raphael. Una era de huérfanos de la heroína en Colombia, ¿no? ¿Y la otra? ¿Una en Florencia? –Es el Centro de Rehabilitación de Drogodependientes. Cuando la fundó, no


era más que un teléfono de ayuda e información –le dijo ella con condescendencia–. En nuestra industria, vemos cada día a gente que se mete en ese mundo. Las drogas forman parte del ambiente de modelos y diseñadores de moda. Pero él quiso establecer un centro de apoyo para las jóvenes modelos que necesitaran ayuda para salir de ese círculo vicioso. Al principio, estaba él sólo. Lo estableció por su cuenta, y él mismo era el que atendía las llamadas en su teléfono móvil, a cualquier hora del día. Pero eso es algo de lo que nunca habla. Es muy modesto. Estaban bajando las escaleras, y Eve tuvo que sujetarse a la barandilla al oír sus palabras. Se sentía algo mareada. Le parecía increíble. Se dio cuenta en ese instante de que, si su querida Ellie tenía el nombre y número de Raphael en un papel no era porque fuera su camello, sino porque podía haber sido su salvador. Se sentía entusiasmada, como si acabaran de quitarle un gran peso de encima. Se detuvo en mitad de las escaleras y, mirando a una confusa Alessandra, le dedicó una gran sonrisa.


–Muchas gracias –le dijo. https://www.facebook.com/novelasgratis Raphael las esperaba al pie de las escaleras. Estaba debajo de un gran candelabro de pared que profería una atractiva luz a sus masculinos rasgos y a su pelo negro y brillante. Quería echarse a sus brazos y besarlo. Las cosas habían cambiado radicalmente. Ahora todo le parecía posible. Raphael la miró con el ceño ligeramente fruncido. –Te he tenido abandonada durante toda la noche –le dijo–. Lo siento. –Pensé que no nos íbamos a disculpar más –repuso ella. Alessandra lo tomó por el brazo y, sin dejar de mirarla con desprecio, le dijo algo a Raphael en rápido italiano. La cara de él se mantuvo imperturbable. –Bueno, me temo que tendrás que seguir sin mí, Alessandra –repuso él en inglés–. Vámonos –le dijo a ella con una tímida sonrisa. No la tocó pero, mientras cruzaban juntos el amplio vestíbulo, pudo sentir el calor de su cuerpo como una deliciosa caricia. Alessandra los observó y, cuando llegaban ya a la puerta, les dijo algo más en rápido italiano y con tono malicioso. Raphael dudó un segundo, después se giró hacia ella. –Gracias por el consejo, Alessandra. Pero que te quede claro que si quiero tu


opinión, te la pediré directamente. Eve se estremeció al oír su frío tono, pero el efecto lo contrarrestó el calor que sintió en su pelvis cuando Raphael rodeó sus hombros con un brazo protector. –Y, aunque no es asunto tuyo, te diré que no lo había olvidado –añadió él con amargura–. Ojalá pudiera. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 LA LUNA se reflejaba en el canal cuando salieron del palacio. La tranquilidad del lugar contrastaba con el nerviosismo y la excitación que la atenazaban. Había deseado estar por fin a solas con él, pero ahora no sabía qué hacer. Estaba temblando. –Tienes frío –le dijo Raphael. Y, antes de que pudiera protestar, se quitó la chaqueta y la colocó sobre sus hombros desnudos. La prenda estaba aún caliente y olía a él. Lo miró con admiración. Se había desatado la pajarita y desabrochado los dos primeros botones de la camisa. No pudo evitar que sus ojos se fueran directamente a la bronceada base de su cuello. –¿Qué te dijo Alessandra?


–Esa mujer tiene un gran talento para hacer pasar como idea propia lo que para todos es algo obvio. Parece que eso la ha convertido en un genio en el mundo de las relaciones públicas. Lo que no soporto es que lo haga con mi vida personal. –¿Tu vida personal? –Sí. Pensó que sería apropiado recordarme que eres mucho más joven que yo –le dijo Raphael–. Está celosa. –¿De mí? ¿Por qué? Tropezó en el pavimento, y Raphael, con rapidez, la sujetó entre sus brazos para que no cayera. –¿Quién es ahora la que está buscando que la halaguen? –repuso él con media sonrisa. La soltó, y Eve se agachó para quitarse los zapatos. Pensó que no debía de estar acostumbrada a llevar tacón alto. Al levantarse, su chaqueta se resbaló y descubrió un ligero moretón en uno de sus hombros. Lo acarició levemente con el pulgar. –¿Cómo te has hecho esto? Ella se mordió y bajó la mirada. Después volvió a mirarlo. Tenía la misma


expresión dulce e inocente en su rostro que tanto le había llamado la atención cuando la habló por primera vez en la fiesta de Lazaro. –Bueno, no fui yo quien lo hizo... Él gimió y se pasó las manos por el pelo. Recordó que había hundido la cara entre el cuello y el hombro de Eve cuando llegó al clímax. –Eve, lo s... Ella hizo que se callara con un sensual beso. –Nada de disculpas, ¿recuerdas? –Si me vuelves a besar a mí, será con el juez con el que tendré que disculparme, porque van a detenerme por escándalo público. https://www.facebook.com/novelasgratis Ella se apartó, tomó su mano y tiró de él. Envuelta en su chaqueta, parecía más delicada y bella que nunca. –Entonces será mejor que nos demos prisa. Prefiero que te detengan por escándalo privado y no público. Y, a ser posible, más de una vez. La miró, estupefacto. –Creo que te he corrompido. Ella se giró y lo miró con tanta sexualidad en sus ojos aguamarina, que su cuerpo se tensó de inmediato. Le sorprendía hasta qué punto su cuerpo


reaccionaba ante esa mujer. Estaba hipnotizado. Eve se puso de puntillas y le habló al oído. –No me has corrompido, me has despertado –dijo antes de besarlo de nuevo–. Y siempre te estaré agradecida. –No tanto como yo –repuso él sin poder respirar con normalidad–. No tanto como yo. La cerilla iluminó la cara de Raphael mientras éste encendía las velas del candelabro de cristal de Murano que había sobre la cómoda. La luz iluminó suavemente el dormitorio. –Vuelve a la cama. La voz de Eve estaba cargada de sueño y amortiguada por las almohadas sobre las que estaba tumbada boca abajo. La luz de las velas iluminaba su pelo dorado y su piel parecía brillar por sí misma. –No te muevas –le pidió. –¿Qué? –No te muevas. Tengo que fotografiarte tal y como estás ahora... Pareces salida de un cuadro religioso del Renacimiento. Eres como la primera mujer, Eva o Eve.


En medio del Edén, antes de caer en la tentación. . –Raphael –lo interrumpió ella. –¿Qué? –Cállate y vuelve a mi lado. ¡Ahora mismo! Él no pudo evitar reírse. –No puedo creer que quieras más. ¿Tan pronto? Se colocó a su lado en la cama y comenzó a acariciar la parte más baja de la columna, justo por encima de su trasero. Su insaciable pasión, además de agradarle infinitamente, no dejaba de sorprenderle. –Así es... Él se dejó caer sobre las almohadas y gimió con fingida desesperación. –Pero ya te he dicho que soy demasiado viejo para... –Calla, ya estoy harta de que hables así. –¿Qué vas a hacerme si no me callo? Ella se colocó sobre él en cuestión de segundos. Le brillaban los ojos a la luz de las velas. https://www.facebook.com/novelasgratis –Tendré que probarte que no lo eres –repuso ella, riendo–. Y, según la clara y dura evidencia que tengo frente a mí... ¿O debería decir debajo de mí?


Se deslizó por sus muslos hacia abajo, y Raphael no pudo evitar un grito de sorpresa cuando ella metió la cabeza de su erección en la boca y comenzó a acariciarla suavemente con la lengua. Estaba fuera de sí, completamente embriagado por todo lo que estaba sintiendo en ese momento, pero temía no poder aguantar mucho más. –Ahora tú, cara –dijo él a duras penas–. O paras o no podré controlarme... La levantó y la hizo girar para dejarla sobre las almohadas. Enterró la cara en su cuello y comenzó a besarle las clavículas, los pechos y su estómago. Siguió bajando y recorriendo toda su piel con la lengua, retrasando el momento. No pudo evitar gemir cuando encontró el centro de su intimidad, el húmedo triángulo. El aroma natural de Eve lo embriagó e intensificó su deseo. Su orgasmo fue tan salvaje, que temió durante unos segundos haberle hecho daño. Después, la abrazó con ternura hasta que recuperó poco a poco la respiración. –Raphael... ¡Dios mío...! Se besaron lentamente. –Más –le pidió ella al cabo de unos minutos.


Esa vez, Raphael se esforzó por hacer que fuera más lento y suave que las otras veces, cuando la fuerza y urgencia de su deseo no le habían dejado controlarse. No dejó de mirarla a los ojos mientras se deslizaba en su interior, tan dentro como pudo, y comenzaban a moverse juntos. Fue increíble, sentía que estaban en un paraíso secreto y reservado sólo para ellos dos. El clímax fue el más intenso de su vida y, cuando la miró después, vio cómo recorrían la cara de Eve lágrimas de emoción. A la luz de las velas, le parecieron ríos de oro. –Te has levantado –dijo Eve, entreabriendo los ojos–. Y estás vestido. Completamente vestido –añadió, decepcionada. –Te he traído café. –¿Café? ¿No hay té? –Lo siento. No es fácil encontrar té en las cocinas italianas. Y en esta casa sólo tenemos lo mínimo necesario. Tendrás que conformarte con un café. Raphael dejó la bandeja en la mesita y se acercó a la ventana, pasándose las manos por el pelo para controlarse y no tocarla. Habían dormido abrazados, pero


ahora que la veía boca abajo y desnuda, apenas podía resistir la tentación de acariciar su deliciosa espalda. Sabía que iba a tener que usar toda su fuerza de voluntad para salir del palacio e ir a ver a Catalina. https://www.facebook.com/novelasgratis Medio dormida, Eve se incorporó y tapó sus pechos con la sábana. Pero el mal ya estaba hecho, ya los había visto durante unos segundos y su cuerpo no había tardado en reaccionar al estímulo. –¿Adónde vas? –Tengo que ir a ver a alguien. ¿Recuerdas? Te lo dije anoche. Es por negocios. Ojalá pudiera posponerlo, pero me temo que es urgente. –Recuerdo muchas cosas de anoche, pero no eso. ¿Tardarás mucho? Él suspiró con impaciencia. –No lo sé, Eve. No tengo ni idea. Podría acabar pronto o estar fuera casi todo el día. Me encantaría poder decirte... –Entonces debería quedarme en la cama. Porque, si terminas pronto, no quiero tener que perder el tiempo vistiéndome y desvistiéndome –lo interrumpió Eve con una pícara sonrisa.


Le iba a resultar más complicado de lo que pensaba salir de allí. Lo miraba de tal manera que podría haber hecho con él lo que quisiera en ese instante. Y la tensión que sentía en su entrepierna amenazaba con retenerlo en esa habitación durante horas. –Aprovecha para terminar tu artículo como una buena niña. Y cuando vuelva me lo enseñas, ¿de acuerdo? Hay pan y fruta en la cocina. Toma lo que quieras si tienes hambre. No se atrevió siquiera a despedirse con un beso, no hubiera podido resistir acercarse a ella y marcharse. Eve escribió feliz la última página de su artículo. Le parecía increíble que su vida hubiera cambiado tanto en un solo día. A esas mismas horas el día anterior, se había sentido tan triste que apenas podía juntar dos palabras. Esa mañana, en cambio, las frases flotaban con fluidez desde su cerebro al teclado. Se sentía muy orgullosa de sí misma. Contó las palabras con ayuda del programa. Casi dos mil, justo lo que necesitaba. Y ya lo había corregido. Ahora


sólo le faltaba mandárselo a Marissa Fox por correo electrónico. Dejó el ordenador portátil a su lado en la cama y se levantó, estirando sus agarrotadas piernas. Había sentido algo de frío después de que Raphael se fuera y se había puesto la camisa que llevaba la noche anterior, su aroma la había acompañado mientras trabajaba, recordando de vez en cuando imágenes y momentos de lo que habían compartido durante las últimas horas. Creía que era un hombre tremendamente sexy. Se miró en el espejo, parecía muy cansada, pero su rostro brillaba como nunca. Tomó su móvil y escribió un mensaje de texto para su amiga Lou: «En Venecia con R. He terminado el artículo». Pensó en añadir: «También he terminado con mi virginidad». https://www.facebook.com/novelasgratis Lou llevaba mucho tiempo presionándola para que diera ese paso, ahora se alegraba mucho de haber esperado. Creía que nadie mejor que Raphael podría haberla iniciado en los placeres del dormitorio. No añadió nada más, pensó que ya se lo contaría cuando volviera a Londres. Claro que, en ese instante, en lo que menos pensaba era en volver a Londres. No


podía soportar la idea de estar lejos de él. No creía poder aguantarlo. Le invadió de repente la tristeza y se dejó caer sobre la cama con un sentido suspiro. Sabía que no era la actitud más saludable ni inteligente. Siempre le habían dado pena las mujeres que dependían de los hombres para todo. Además, recordó que esa mañana Raphael había estado un poco distante y frío, así que decidió no agobiarlo con su ferviente adoración. Desde las ventanas del palacio se veía la maravillosa ciudad, reluciendo con el sol de agosto. Decidió que no era buena idea quedarse allí esperándolo como una novia cautiva. Se levantó. No pensaba seguir encerrada sin hacer nada. Iba a salir y explorar la ciudad por su cuenta. No tardó muchos minutos en perderse. Pensaba que sabría cómo ir hasta la plaza de San Marcos pero, después de pasear por calles que le eran desconocidas por completo, se dio cuenta de que estaba equivocada. Con Raphael a su lado, había estado demasiado distraída como para fijarse en dónde estaba y por dónde pasaba.


Por encima de los tejados veía la famosa torre de la plaza, pero no conseguía acercarse a ella, le daba la impresión de que cada vez estaba más lejos. Había querido volver allí para hacer algunas fotos con su teléfono y enviárselas a su amiga Lou, pero sólo estaba consiguiendo perderse. Las calles por las que pasaba estaban llenas de restaurantes locales que perfumaban el ambiente con ricos olores a ajo y orégano. Ese aroma le recordó que tenía hambre; no había comido nada. Cruzó un pequeño puente y se metió por una callejuela estrecha que había entre dos imponentes edificios. Olía a humedad y decadencia. No le hacía gracia estar allí, se sentía perdida y algo asustada, pero decidió seguir. Respiró profundamente y caminó deprisa. Al otro lado de la callejuela había una pequeña y soleada plaza con un café al otro extremo. La torre de la plaza de San Marcos la veía ahora a su derecha, así que se imaginó que había estado dando vueltas todo ese tiempo. Creía que desde allí sabría ir hasta la plaza. Respiró aliviada. Estaba a punto de decidir si seguir o pararse a tomar un té y comer algo cuando vio una escena que le heló la sangre en


las venas. Pensó que iba a caerse al suelo. Cerró los ojos un instante y volvió a abrirlos. https://www.facebook.com/novelasgratis Raphael estaba sentado a una de las mesas del café y sostenía entre sus manos las de una mujer morena de aspecto frágil. Él le daba la espalda, pero no tenía ninguna duda. Reconoció su camisa azul, la parte de su perfil que veía y su pelo oscuro. El estómago le dio un vuelco. Estaba claro que tenía una relación muy especial e íntima con esa mujer. La miraba y hablaba con intensidad. Estaba claro que no era un encuentro casual ni una vieja amiga. Y menos aún un asunto de negocios. Justo entonces, cuando creía que no podía sentirse peor. Él se levantó un poco de su silla, tomó la cara de la mujer entre las manos y le besó sus temblorosos labios. Se cubrió la boca con la mano para intentar acallar el llanto. Se dio media vuelta y salió corriendo.


–No me pidas que haga eso. ¡Por favor, Raphael! Él apretó sus manos con más intensidad. –No lo haría si tuviera otra manera de detener a Luca. Tú misma has dicho que la mayor parte de las chicas que cayeron en las redes de mi hermano están ahora completamente perdidas en el mundo de las drogas o están muertas. Como le pasó a tu amiga Ellie. Te darán protección y tratarán con el máximo respeto. Te lo prometo. Sintió cómo ella se ablandaba. –Confío en ti, Raphael. Está bien –susurró ella. –¿Lo harás? –Sí. Lo intentaré. Estaba tan aliviado, que sentía ganas de saltar y ponerse a bailar entusiasmado, pero se conformó con levantarse y darle un beso de eterna gratitud. Cuando se sentó de nuevo, vio que se había puesto pálida y miraba al infinito aterrorizada. Se puso en pie tan deprisa para ir a la ventana del café, que estuvo a punto de tirar la mesa.


Raphael se levantó al instante y fue a su lado. –¿Catalina? ¿Qué pasa? Señaló la plaza. –¡Ella estaba allí! ¡En medio de la plaza, mirándome! Raphael miró con interés. –¿Quién? –¡Ellie! –¿Ellie? ¿Tu amiga? ¿La que murió? Catalina asintió y, completamente deshecha, enterró la cara en su hombro, y Raphael la abrazó. https://www.facebook.com/novelasgratis Sabía que muchos drogodependientes tenían alucinaciones incluso después de superar su adicción. Se imaginó que él era el culpable de lo que había ocurrido. Le había estado hablando del pasado y había provocado esa crisis en ella. Vio que no estaba tan recuperada como pensaba. –No hay nadie en la plaza, Catalina. Tranquilízate. Venga, cara. Deja que te acompañe a casa –le dijo él sin dejar de consolarla. Entristecido por el descubrimiento, sacó dinero del bolsillo y lo dejó sobre la mesa, después salió del café con una incoherente y llorosa Catalina amarrada


a su brazo. Se imaginó a Eve esperándolo en el dormitorio del palacio e intentó no pensar en ello. Parecía que iba a tardar más de lo que pensaba en volver a su lado. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 EVE corrió y corrió sin pensar en dónde iba. No había dejado de llorar. Cruzó el mismo puente estrecho de antes, al menos eso creía. Era como si hubiera pasado una eternidad desde entonces. No entendía cómo todo podía permanecer casi igual a su alrededor cuando su mundo acababa de dar un dramático vuelco. Un punzante dolor en el costado la obligó a detenerse y se sentó en el portal que tenía más cerca. Ahora entendía por qué Raphael había estado tan serio y frío esa misma mañana. Y por eso no le había sabido decir cuándo iba a volver al palacio. Estaba tan angustiada, que apenas podía respirar. Se imaginó que esa mujer era un viejo amor que esperaba conquistar de nuevo y, como no había sabido qué tipo de


respuesta obtendría de la joven, no había sabido decirle si iba a estar fuera del palacio un par de horas o todo el día. Pero, a juzgar por lo que había visto en el café, a Raphael se le habían dado bien las cosas. Recordó el beso y supo que no iba a volver pronto al palacio. Se sentía estúpida. No entendía cómo podía haber sido tan ingenua. Desde que lo viera por primera vez en la fiesta de Lazaro, Eve había pensado que existía algo especial entre los dos. Una química que no había sentido jamás con ninguna otra persona. Había dejado que esos sentimientos la guiaran e incluso había arriesgado su vida, cuando aún creía que él podía haber sido el camello que suministrara las drogas a su hermana. Había sido una alegría darse cuenta la noche anterior de que él no estaba mezclado en ningún asunto de drogas y de que no hacía nada ilegal, pero estaba claro que era un mentiroso. –¿Eve? ¡Eve! Ya me pareció que eras tú. ¿Qué es lo que te pasa? –le dijo un hombre tras ella. –¡Luca! Luca... ¿Cómo me has...?


–Mi hotel está ahí mismo. Pero, preciosa, ¿por qué estás llorando? En cuestión de segundos estaba entre sus brazos y enterraba la cara en su hombro para llorar desconsoladamente. Luca olía a tabaco y alcohol, nada que ver con el limpio y fragante aroma de Raphael, pero se alegraba de tener a alguien conocido con el que desahogarse. Con cuidado, él la separó para mirarla mejor. –Ya, ya, preciosa. Es por Raphael, ¿no? Ella asintió. –¿Le ha pasado algo? Había algo extraño en los ojos de Luca. Le hizo la misma pregunta una vez más, esa vez sacudiendo un poco su hombro. Ella respiró profundamente un par de veces y negó con la cabeza. https://www.facebook.com/novelasgratis –Lo he... Lo he visto con una mujer. Acabo de verlos en un café. Él estaba... No pudo seguir hablando. Las lágrimas estaban ahogándola. Luca le ofreció un pañuelo, y ella se secó los ojos y sonó la nariz. Después pudo seguir hablando. –Estaban con las manos juntas. Y él... Él la besó.


Luca silbó con sorpresa. –¿Cómo era la mujer de la que me hablas? Eve se encogió de hombros. –Pelo largo y oscuro, muy delgada. . No sé. Parecía muy frágil, como una versión anoréxica de Alessandra Ferretti. Luca sonrió, satisfecho. –Catalina. –¿La conoces? –preguntó ella con pánico en la voz. –Sí. Raphael y ella tuvieron una relación bastante seria hace años, cuando ella era modelo en la firma de nuestro padre. Pero hace mucho que terminó todo eso. Estoy seguro de que Raphael no querría volver con ella. No ahora. –¿Por qué no? No le gustó nada el tono de Luca. –Porque esa chica está acabada. Alcohol, drogas y un montón de cosas más. Créeme, te lo digo porque lo sé. No tiene nada que hacer. Catalina ha perdido su juventud –dijo él, sonriendo y acariciando su mejilla con un dedo–. No como tú, querida. Ven, vamos a su apartamento y... –¡No! No puedo hacerlo. ¡No quiero verlos!


–Cálmate, niña, cálmate. Estás sacando conclusiones de forma precipitada. Iremos a su apartamento. Estoy seguro de que encontraremos a Catalina allí sola y verás cómo está. Entonces te darás cuenta de que estabas equivocada y podrás volver con Raphael como si no hubiera pasado nada. ¿De acuerdo? Eve se limpió las lágrimas de nuevo con el pañuelo de Luca. Se sentía un poco mejor. A lo mejor ese hombre tenía razón. –De acuerdo –le dijo con un hilo de voz. –Muy bien. Vamos para allá. –Ya casi hemos llegado. El apartamento de Catalina está en ese edificio, en la primera planta –le dijo Luca. Eve miró hacia donde él señalaba. Era un edificio pintado de ocre, como muchas de las casas venecianas. A pesar de que la pintura estaba en mal estado y la piedra parecía desmoronarse, el edificio tenía un fabuloso aire aristocrático, como era común allí. Tenía tres plantas con grandes ventanales y balcones. Esa casa parecía haber sido testigo de cosas importantes durante siglos. Todo lo que esperaba era que no estuviera ocurriendo nada importante en ese instante.


Empezó a arrastrar los pies al acercarse al edificio. Al final, Luca tuvo que tirar de ella. Cuando llegaron frente a la casa, ella se detuvo y no pudo moverse. Y entonces los vio. https://www.facebook.com/novelasgratis –¡No! ¡Dios mío! Mira, Luca, allí, en la ventana... Luca se quedó callado y los dos observaron cómo Raphael desabotonaba el vestido de Catalina y le besaba la frente. –Lo siento, niña, lo siento mucho. Parece que tenías razón, después de todo. Él tuvo que obligarla a dar la vuelta, pero tuvo tiempo de ver cómo Raphael cerraba la persiana del dormitorio. Las lágrimas le caían por las mejillas y se dejó llevar por Luca. Recordó cómo se había sentido cuando la llamaron para informarle de la muerte de Ellie. Recordó esa sensación de atontamiento. Todo el mundo cuidaba de ella con el mayor cuidado y cariño, como si fuera una delicada pieza de cerámica que temieran romper. No pudo llorar. Ahora añoraba ese atontamiento para no tener que sentir el profundo dolor que la consumía.


Quería gritar, tirarse al suelo y golpear el pavimento con los puños, como un niño con una pataleta en medio de una juguetería. Cuando quiso darse cuenta de dónde estaba, ya habían regresado al palacio. Ese sitio era una tortura después de lo que había pasado. –¿Qué dormitorio? –¿Cómo? –preguntó, confusa. –¿En qué dormitorio están tus cosas? –preguntó él con impaciencia–. No olvides, querida, que éste es el palacio de la familia de Isabella, nunca me han invitado. No sé dónde están los dormitorios. –Por aquí –le indicó ella. Le parecía increíble que todo estuviera tal y como lo había dejado sólo dos horas antes. La cama deshecha, donde había sentido tanta felicidad y placer, parecía reírse de ella. Se echó sobre el colchón y lloró desconsoladamente. Aún olía a sexo y a Raphael. –Venga, preciosa, no llores. Sabía que Luca estaba perdiendo la paciencia con ella, pero no le importaba. Al principio había estado muy amable, pero ahora parecía irascible y le daba un


poco de miedo –¿Tu maleta? ¿Dónde está? –No lo sé. Raphael la puso... Mira, allí está, debajo de la cama. Es sólo esa bolsa, no traigo muchas cosas. El pálido vestido verde estaba tendido cuidadosamente sobre el respaldo de la silla, y Eve se acercó a él y pasó la mano por el delicado tejido. Había sido muy feliz la noche anterior con ese vestido. Ahora se sentía igual que la prenda, vacía y melancólica. Pensó que para Raphael ella sólo era algo del pasado. –¿Lista? Eve asintió, pero no se volvió. Oyó la voz de Luca tras ella, de nuevo intranquilo. –Venga, vámonos. Tenemos que volver a mi hotel a recoger mi equipaje, después vamos al aeropuerto. Ya he avisado para que tengan preparado el avión. https://www.facebook.com/novelasgratis –¿El avión de Lazaro? –Así es, querida. Aún soy un Lazaro y se me permite usar el avión de la empresa.


–Pero no puedo... Se detuvo, no podía decirle que le resultaba demasiado doloroso volver a subir en ese avión sin Raphael. Luca le habló entonces con tono amenazador y malévolo. –Claro que puedes, bonita, a no ser que quieras quedarte aquí y hacer un trío con Catalina y tu querido Raphael –le dijo, riéndose. Ella se quedó blanca. Y Luca la animó pasándole un brazo por los hombros. –No te preocupes, preciosa. Luca va a cuidar de ti. Y si te portas bien, te daré algo que te ayude a relajarte. –¿A qué te refieres? Él sonrió y se señaló la nariz de forma misteriosa. –Luego te lo enseño. Ahora tenemos que salir de aquí. Este sitio me produce escalofríos. –A mí me encanta –repuso ella. Cerró la puerta del dormitorio y apoyó durante un segundo la cabeza sobre la puerta, intentando contener las lágrimas. La imagen de esa cama deshecha estaba grabada a fuego en su memoria y se imaginó que se quedaría allí para siempre. Era la escena de un momento breve, pero de perfecta felicidad.


Hasta media tarde no pudo volver al palacio. Llevaba una caja grande de té inglés para que desayunara Eve al día siguiente. Se lo había comprado a precio de oro al dueño de un café que había pasado de camino a allí desde el apartamento de Catalina. No se había ido de su casa hasta que se quedó dormida. Había tenido que desvestirla como a una niña pequeña y meterla en la cama. Le había costado mucho llevarla hasta su casa, ella había conseguido explorar los límites de su paciencia. No había parado de gritar y llorar. Sin dejar ni un momento de repetir el nombre de su amiga fallecida. Ellie. Raphael se detuvo en el vestíbulo del palacio. Se había esforzado mucho para conseguir establecer la línea telefónica de ayuda y después el centro de rehabilitación. Pero, aun así, no había hecho lo suficiente como para salvar a alguna de las chicas. Parecía que la influencia negativa de Luca era mucho más fuerte que sus esfuerzos por ayudarlas. Había esperado a que llegara la madre de Catalina para irse del apartamento y había hablado con ella sobre la posibilidad de que la joven declarara contra Luca. Había sido un alivio descubrir que ella estaba a favor de la idea. Decidieron que


juntos apoyarían a Catalina para que pasase por ese duro trago, sobre todo si llegaba a juicio y tenía que testificar en el estrado. Se sentía optimista, como si fuese sólo cuestión de días. Decidió llamar a Marco para informarle. https://www.facebook.com/novelasgratis Pero antes tenía algo más urgente que hacer. Subió las escaleras, impaciente, de dos en dos y con una sonrisa en la boca. Abrió despacio la puerta. Se preguntó si Eve habría hecho lo que le había dicho. A lo mejor estaba esperándolo en la cama. –¿Eve? El dormitorio estaba vacío y había algo allí que hizo que se estremeciera. Dejó la caja de té sobre la mesa y se acercó a la cama para buscar debajo la bolsa de Eve. Vio sus propias maletas y las movió, la de ella no estaba. Se levantó y miró desesperado a su alrededor. Sacó con mano temblorosa el móvil y buscó el número del aeropuerto de Venecia. Allí le informaron de que no había ninguna Eve Middlemiss en las listas de pasajeros de los vuelos que salían esa tarde. Se quedó un poco más tranquilo y se sentó en la cama para pensar. A lo mejor


estaba en un hotel, aunque no sabía por qué. Iba a tener que hacer muchas llamadas. Estaba a punto de empezar cuando sonó el móvil. –Pronto? –saludó él. –¿Signor Lazaro? Soy Roberto. Pensé que debía decirle que el signor Luca acaba de embarcarse en el avión privado de vuelta a Florencia. La signorina Middlemiss va con él. Raphael maldijo entre dientes. –¿Ya habéis despegado? –No, signore, pero el signor Luca tiene mucha prisa y me está presionando para que salgamos ya. Despegaremos dentro de unos minutos. –Gracias por decírmelo, Roberto. –Por supuesto. ¿Quiere que volvamos a por usted en cuanto dejemos al signor Luca en el aeropuerto de Florencia? –Sí, per favore. Llámame para decirme cuándo tengo que estar allí. –Por supuesto, signore. –Una cosa más, Roberto. Pídele a Nico que vigile a la signorina Middlemiss de cerca, ¿de acuerdo? No le. . No le gusta volar. Sobre todo durante el


despegue. Cuiden de ella. Colgó y tiró el móvil sobre la cama. Después caminó hasta la ventana. Había estado allí mismo veinticuatro horas antes, justo después de que hicieran el amor. Cerró los ojos y se trasladó a ese momento. Eve lo había mirado desde la cama, con el vestido verde y una dulce mirada de comprensión mientras él le hablaba de la muerte de su madre. Sus ojos habían estado llenos de amor, y él había sido tan estúpido que no lo había sabido ver. Apretó los puños fuera de sí. Tenía que ser honesto consigo mismo. Sí que lo había visto. Pero estaba demasiado amargado y apenado como para admitir que él también lo sentía. Se había intentado convencer de que Eve sólo fingía. –¡Dios mío! –gritó, angustiado. https://www.facebook.com/novelasgratis Esa habitación estaba llena de fantasmas. Era incapaz de sentir o de expresar lo que sentía y llevaba demasiado tiempo juzgando a los demás con esas mismas pautas. No había dejado de culpar a su padre de la muerte de su madre. Decía que


nunca la había amado porque creía que, de haberlo hecho, la habría sabido proteger. Acababa de darse cuenta de que había estado equi​vocado. Equivocado con todo. Él amaba a Eve y no había sido capaz de protegerla, sólo había conseguido hacerle daño. Metió las cosas en la maleta y rezó para que no fuera demasiado tarde para disculparse. Las calles de Florencia estaban desiertas a esas horas. Raphael conducía como un loco por ellas, sin importarle que lo parara la policía. Empezó a ponerse más nervioso en cuanto llegó al apartamento de Luca. Esperaba que su hermano no se hubiera atrevido a tocarla. Dejó el coche en segunda fila y llamó para que el portero le dejara pasar. –Soy Raphael di Lazaro. Es urgente, se trata de mi padre... El portero abrió de inmediato y lo acompañó hasta el ático. Rezaba para que estuviera allí. Cuando Luca abrió la puerta, Raphael se sorprendió de verle vestido. –Raphael, me alegro de verte, pero éstas no son horas de visita, ¿no? Lo empujó y entró en el ático. –¿Dónde está?


–¿Quién? –Eve –gruñó Raphael. –¡Ah, la dulce Eve! Me temo has llegado demasiado tarde. Ahora mismo estará... –dijo, mirando el reloj–. Sí, supongo que estará llegando al aeropuerto de Londres. Sólo vinimos aquí a hacer un poco de tiempo antes de su vuelo. Me alegro de haberlo hecho... –añadió con una desagradable carcajada–. Su-pongo que tengo que agradecértelo a ti, le has enseñado muy bien... Raphael palideció y le dio la espalda. –No te creo. –¿Qué es lo que no crees? ¿Que se haya ido a Londres? –preguntó con fingida inocencia–. ¿O lo que no crees es que practicara sus recién estrenados talentos conmigo? Bueno, ya que tú hiciste todo el trabajo previo, supongo que mereces poder ver las fotografías. Casi se desmayó al ver las fotografías que Luca sujetaba en la mano. En una de ellas, había una chica rubia y desnuda en una cama. Sólo llevaba medias negras y zapatos de tacón.


Era Eve. https://www.facebook.com/novelasgratis –Ya sé que no son tan buenas como las tuyas, pero yo creo que están bastante bien... Le faltó tiempo para darle un puñetazo en la nariz. Luca cayó al suelo, y Raphael pasó por encima de su cuerpo para ir hasta el ascensor. Ni siquiera miró atrás. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 Londres. Seis meses después –Así que me ha dicho que te pregunte si harías un artículo sobre ello. ¿Qué te parece? ¿Eve? Eve dejó de mirar a una pareja en el bar y miró a su amiga Lou. –¿Qué decías? –Te hablaba de Marissa. Quiere saber si podrías es​cribir un artículo sobre embarazos en mujeres solteras. Es para la revista. Se escribe mucho sobre madres solteras, pero no sobre lo que significa vivir el embarazo si estás sola. –Ya. Me imagino que la mayor parte de la gente consigue al menos aguantar nueve meses con su pareja –repuso Eve con tristeza en la voz.


–Puedes empezar con cómo te sentiste al hacerte la prueba y la mezcla de sentimientos. Desde a quién se lo cuentas primero hasta cómo elegir a la persona que te acompañará durante el parto. Por supuesto, espero que me nombres tan a menudo y tan bien como merezco. Se le llenaron los ojos de lágrimas. –Será algo positivo. No hay nada que una pareja pueda hacer que no lo pueda hacer una amiga o un médico, ¿no? Pero ella no estaba de acuerdo. Echaba de menos a un compañero que le dijeran que era bella, que la abrazara en mitad de la noche, cuando no podía dormir. No dejaba de pensar en él. El bebé le dio una patada en ese instante y se llevó la mano al vientre. Estaba segura de que Raphael no habría vuelto a pensar en ella desde que volviera ese día al palacio. Pero, para ella, no iba a ser posible olvidarlo. –¿Lo harás? Tienes una semana. –No puedo. –Pero es una gran oportunidad para que ganes un poco de dinero antes de que nazca el bebé. Y también podrás ayudar a otras mujeres que estén pasando por lo


mismo. –Lo siento, pero no puedo, de verdad. Me han llamado esta mañana, tengo que testificar en el juicio contra Luca di Lazaro. Me voy el lunes. –¡Dios mío! ¿Cómo no me lo has dicho antes? –Aún no saben si me necesitarán, pero el fiscal me quiere tener cerca por si acaso. –¿Vas a testificar sobre lo que le pasó a Ellie? –No lo sé. Le envié al abogado fotos que ella me envió desde Florencia, para que puedan compararlas con algunas bastante sórdidas que encontraron en el piso de Luca. Pero puede que me pidan que vuelva a contarles lo que pasó en el vuelo de vuelta desde Venecia, lo que le dije entonces a la policía. https://www.facebook.com/novelasgratis –Pero no puedes pasar por eso. No tal y como estás ahora. ¿Saben que estás embarazada? –No, pero da igual. Tengo que hacer esto por Ellie. Además, él no intentó agredirme, en cuanto hizo aquello me encargué de no estar con él a solas. –Ya, pero estabas fatal cuando volviste a casa. –Lo sé, pero no era sólo por lo de Luca, él todo lo que hizo fue ofrecerme una


raya de cocaína. –¡Por Dios, Eve! ¡Lo dices como si te hubiera ofrecido un té y unas pastas! –No, fue una sorpresa muy desagradable, sobre todo cuando se puso violento después de que lo rechazara, pero Nico, el asistente de vuelo, estaba allí y sabía que iba a cuidar de mí. Reconozco que fue horrible cuando me dijo que había conocido a Ellie y me di cuenta de que podía haber sido su camello. . Pero la verdad es que ya estaba destrozada antes de subir al avión con él. Lou ya lo sabía. Ella la había apoyado mucho cuando descubrió que estaba embarazada. –Y, ¿va a estar él en el juicio? Y, antes de que me preguntes, hablo de Raphael, por supuesto. –No lo sé. –Espero que esté. ¡Y que su nueva novia vea lo canalla que es! El tipo de hombre que seduce a jovencitas, las deja embarazadas y las abandona sin ni siquiera una explicación. –Bueno, lo cierto es que llamó a la revista –repuso Eve, bajando la vista. –Sí, para dejar un patético mensaje. Decía que lo sentía y que tú lo entenderías.


¡Será canalla! Eve no pudo contener las lágrimas, y Lou se sintió culpable al ver que la había disgustado. –¡Oh, Eve! Lo siento. No quería hacerte daño, pero me duele que tengas que verlo de nuevo. Voy a ir contigo. –No digas tonterías. Marissa se volvería loca si te vas con tan poca antelación. –Bueno, te llamaré todos los días. Al menos tres veces al día para recordarte que tomes las vitaminas y el hierro. Raphael salió del tribunal y se detuvo un momento para respirar el húmedo y frío aire de invierno. Había sido un día muy duro, el primero con Catalina en el estrado, y la joven no lo había llevado nada bien. El abogado defensor la había acribillado a preguntas. –No ha sido un buen día, ¿eh? –le preguntó el fiscal, saliendo también del edificio–. La han destrozado. Mañana mismo voy a emplazar a otro testigo. Catalina no va a aguantar más. –De acuerdo, Gianni –repuso Raphael–. Creo que mañana no vendré. No aguanto ver todos los días la engreída cara de mi hermano. Además, tengo que ir a


ver a mi padre. https://www.facebook.com/novelasgratis –Si no es urgente, te recomiendo que lo pospongas. El testigo de mañana puede traer mucha luz sobre el caso, y quiero que disfrutes viendo a tu hermano revolverse en el banquillo. –De acuerdo. Aunque me preocupa mi padre, está peor desde que empezó todo esto. Luca es su ojo derecho. –¡Ya! Y ahora tú, que eras la oveja negra, te con​viertes en el preferido, ¿no? –Sí, también me cuesta a mí aceptar el cambio. Estaba tan acostumbrado a odiarle y culparlo por la muerte de mi madre. . Pero alguien hizo que cambiara de opinión. Eso era lo que Eve le había dejado. Hizo un esfuerzo, como siempre, para no pensar en ella. –Las familias son complicadas. Hemos sido muy listos al no formar una propia, amigo. Raphael se quedó callado. –Por cierto, tenemos que salir un día de éstos. Creo que lo necesitas. Conozco a


una chica... Sabía por qué se lo decía. Tenía peor aspecto que Luca, parecía que era él al que se le juzgaba por delitos relacionados con las drogas. –Gracias, Gianni, pero no. –Bueno, como quieras. ¿Te llevo a algún sitio? –No, prefiero ir andando, gracias. El fiscal se metió en el coche y se alejó de allí con la sensación de que su amigo de la infancia, Raphael di Lazaro, no era el mismo. Parecía un hombre con el corazón roto. Raphael caminó bajo la lluvia, intentando no pensar en nada y sin rumbo alguno. Le había faltado tiempo para recoger su cámara y volver a Colombia en cuanto la policía detuvo a su hermano. Esa vez había ido a las montañas, alejado de la gente que habían llegado a ser allí sus amigos. Los días pasados en ese país le habían ayudado a superar la traición de Eve, aunque no podía entenderla. Antes de irse, había llamado a la revista, pero ella nunca contestó sus llamadas.


Así se dio cuenta de que los días que habían pasado juntos habían significado más para él que para ella. La lluvia le recordó a Venecia y a la plaza de San Marcos, pero intentó no pensar en ello. Entró en su casa y fue directo a la cocina. Necesitaba un café y algo para picar. Abrió el armario y se detuvo al encontrarse con la caja de té que le había comprado en Venecia. Le parecía patético habérsela traído desde allí, pero más aún conservarla después de seis meses. Lanzó la caja contra la papelera con un gran estruendo. https://www.facebook.com/novelasgratis Tomó una botella de vino y fue al salón. Ya no tenía hambre. Se sirvió una copa y fue hasta la ventana. Aquella ciudad estaba llena de recuerdos para él. Desesperado, se sentó en el sofá y tomó el mando del televisor, dispuesto a concentrarse en cualquier cosa que estuvieran emitiendo. Le daba igual si eran las noticias o el fútbol. La pantalla cobró vida y apareció un escenario de un teatro con decoración


japonesa. Lo miró con incredulidad mientras las notas de la ópera Madame Butterfly llenaban el salón. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 LA FLORENCIA de febrero no tenía nada que ver con la ciudad que había visitado en agosto. No paraba de llover y había pocos turistas. En el coche que Marco había enviado para que la llevara del hotel al tribunal, Eve se distrajo mirando a los viandantes e intentando no pensar en él. Estaba temblando ante la posibilidad de verlo de nuevo. Intentó concentrarse en Luca y en lo que iba a testificar. Estaba allí para cerrar el peor capítulo de su vida. El coche se paró, y el chófer apareció al lado de su puerta con un paraguas. Al verla llorar, le ofreció el brazo y la acompañó escaleras arriba. Después entraron y se dirigieron a un pasillo donde pudo sentarse a esperar. Oyó pasos rápidos y levantó la vista. Sintió cómo se le aceleraba el pulso al ver los ojos que la habían acechado durante los últimos seis meses. Raphael estaba muy pálido y tenía ojeras. Pero lo que más le llamó la atención


fueron sus ojos. Durante unos segundos la miraron con tal ferocidad que se quedó temblando. –¿Puede repetir su nombre, por favor? –le preguntó Gianni Orseolo. La voz del fiscal era amable, pero ella no podía dejar de temblar. Tampoco podía levantar la vista y ver al hombre que estaba sentado al lado del abogado. –Eve Maria Middlemiss –contestó. Miró de reojo a Luca. Estaba sentado entre dos policías. Parecía muy tenso y tenía mal aspecto. –Usted es inglesa, ¿verdad? ¿Puede decirle al jurado cuándo viajó a Italia por primera vez? –Vine por primera vez el pasado agosto. –¿Cuál fue la razón de su visita? –Una revista me encargó que escribiera un artículo sobre el homenaje a Lazaro. Se trataba de explicar cómo se organizaba todo. Tenía que seguir a una de las modelos a todas horas y participar en el desfile. –¿Fue en esa fiesta donde conoció a Luca di Lazaro? Su mente voló al instante hacia Raphael. Sólo podía recordar haberlo conocido a


él. Cerró los ojos un instante para concentrarse en lo que le preguntaban. –Así fue. –Gracias, señorita –dijo Gianni–. Entonces, usted es periodista, ¿no? –No exactamente. Una amiga que escribe para esa revista me consiguió el trabajo. –Ya... ¿Y cuál es su verdadero trabajo, señorita Middlemiss? –Soy ayudante de investigación para un profesor de una universidad británica. Trabajo en el departamento de Poesía Renacentista. https://www.facebook.com/novelasgratis Se le cayó el alma a los pies cuando vio cómo Raphael hundía la cara entre las manos. Parecía no poder creerse lo que estaba oyendo. –Parece que está demasiado cualificada para escribir un artículo en una revista de ese tipo, ¿por qué su amiga le ofreció ese trabajo? –Porque ella sabía que yo tenía mucho interés en Lazaro. –¿A qué se refiere, señorita Middlemiss? Podía sentir la tensión en el ambiente. Todos esperaban su respuesta. Respiró profundamente antes de hablar. A pesar de que llevaba mucho tiempo esperando ese momento, se sintió vacía y desolada.


–Mi hermana fue descubierta por un cazatalentos de una agencia de modelos cuando estaba visitando Florencia –comenzó con voz temblorosa–. Alguien en Lazaro mostró mucho interés por ella y le prometió que la usaría en algunos desfiles. No llegó a ocurrir, pero sí que conoció a mucha gente de ese entorno y asistió a varias fiestas de Lazaro. –¿Cuándo ocurrió eso? –Hace tres años y medio. No pudo evitar mirar a Raphael. No tenía nada que hacer. Lo amaba, estaba condenada de por vida a sentirse así. Gianni se acercó al estrado y le mostró una foto. Raphael los observaba con frialdad. –Tengo que pedirle que mire esta foto. Es un poco delicada e íntima, le pido disculpas de antemano. Eve la miró y no pudo ahogar un gemido, se sentía mareada y tuvo que sujetarse a la barra del estrado. Respiró despacio un par de veces para recomponerse. –¿Puede decirle al jurado quién es la persona de la fotografía? –Es Ellie –contestó con un hilo de voz. –Perdone, señorita, ¿puede hablar más alto? ¿Quién ha dicho que es?


–Ellie. Hubo un ruido en la sala, y vio que Raphael se acababa de levantar de la silla. Todos lo miraron mientras éste hablaba con Gianni en voz baja. –Mi cliente me informa que el inculpado, Luca di Lazaro, declaró que la mujer de la fotografía es usted, con quien mantuvo una. . ¿Cómo decirlo de forma delicada? Un encuentro sexual en su piso antes de que usted volviera a Inglaterra. –¡No! –exclamó ella, levantándose de su asiento. –Bueno, la mujer de la foto se parece mucho a usted, señorita. –Ella era mi hermana gemela –repuso con voz temblorosa. –¿Era? –repitió Gianni con suavidad. –Murió por sobredosis de heroína. Fue en Florencia hace tres años. Hubo un murmullo en la sala y todos miraron con desprecio a Luca. –Por eso le interesaba Lazaro y por eso vino a Florencia en agosto, ¿verdad? Quería encontrar al hombre que mató a su hermana. Pero Eve no podía oírlo, no dejaba de mirar a Raphael. https://www.facebook.com/novelasgratis –No podría haberme acostado con él. Estaba enamorada de otra persona. –Ya... –repuso Gianni. Raphael escribió rápidamente algo en un papel y se lo mostró al fiscal.


–Entonces, ¿por qué se fue de Venecia? –preguntó Gianni después de leer el mensaje. –Descubrí que él no me quería. Gianni miró de nuevo a Raphael, que escribió algo más en el papel. –Y... ¿Qué le hizo pensar eso? –Un día, me dijo que tenía una reunión de negocios, pero después lo vi en un café con otra mujer. Tenía las manos de la joven entre las suyas. Raphael intentó ponerse de pie, pero Gianni se lo impidió. –Creo que sé a qué se refiere. La mujer de la que habla es Catalina di Souza. Y ella ha declarado, bajo juramento, que esa reunión fue estrictamente de negocios. Ella fue la compañera de piso de su hermana y, si tuvo esa reunión, fue para convencerla de que testificara contra Luca di Lazaro en este juicio y poder condenarlo por muchas cosas, también por la muerte de su hermana. Catalina di Souza se siente aún muy afectada por todo lo que pasó, y la aparente intimidad que usted presenció parece que fue sólo un acto de apoyo. Eve no podía ni respirar, estaba muy pálida. –Ya... Raphael escribió de nuevo en el papel. Gianni lo leyó y se quedó pensativo,


como si estuviera deci​diendo cómo preguntarle aquello. –Veo que está en estado de buena esperanza, señorita. ¿Cuándo sale de cuentas? –¡Protesto! Eso no tiene nada que ver con mi cliente –repuso el abogado defensor. Raphael la miraba directamente a los ojos. Y, cuando ella respondió, lo hizo mirándolo sólo a él. –En abril. El anciano juez suspiró con impaciencia. –Se acepta la protesta. Mantenga las preguntas centradas en el caso, por favor, señor Orseolo. Gianni asintió pero, después, viendo el gesto de agonía en Raphael, se volvió hacia ella. –¿Quién es el padre? –le preguntó el fiscal. –¡Protesto! Esto no.. –replicó el abogado de Luca. –¡Señor Orseolo! Acabo de decirle que no haga ese tipo de preguntas a la testigo. Es irrelevante... –¡No, no es irrelevante! –exclamó Raphael, fuera de sí. –Eres tú –repuso ella sin dejar de mirarle a los ojos.


Todo el público asistente comenzó a murmurar mientras intentaban ver la cara de Raphael. –Señor juez, solicito un receso, necesito hablar con mi cliente, por favor. https://www.facebook.com/novelasgratis –De acuerdo, su testigo parece muy afectada. Se-guiremos dentro de una hora. Pero, por favor, señor Orseolo, revise sus preguntas –le advirtió el juez. Todo el mundo se puso en pie y salió poco a poco de la sala. Un alguacil acompañó rápidamente a Eve desde el estrado hasta un pasillo cercano. Pero Raphael no tardó en aparecer a su lado. –Por favor, ¿nos disculpa un momento? Tengo que hablar con la señorita –le pidió Raphael al alguacil. –Está bien. Serán sólo unos minutos –le dijo Eve al hombre. Raphael se apoyó en la pared y la miró con frialdad. –¿Unos minutos? ¿Eso es todo, Eve? Ella bajó la vista hacia sus manos, que cubrían su abultado vientre. Raphael siguió su mirada. –¿Cuándo ibas a decírmelo? –Nunca –repuso ella con un nudo en la garganta. Raphael se pasó las manos por el pelo con desesperación.


–¿No te parecía importante que supiera que iba a ser padre? –Cuando descubrí que estaba embarazada, me imaginé que tú estarías feliz con la mujer con la que te vi en el café. No me pareció que fueras a recibir la noticia con alegría, la verdad. –¿Cómo puedes confiar tan poco en mí? –le preguntó mientras asía con fuerza sus hombros. Se rió con amargura. –Es irónico. Mientras estuvimos juntos, intentaba convencerme de que no podía confiar en ti porque eras periodista... Y resulta que eso también era mentira– le dijo él–. Fue todo un desastre... –No todo –repuso ella, pasándose las manos por el vientre. Se miraron a los ojos durante unos segundos. –¿Qué vas a hacer? Ella se encogió de hombros. –Me las apañaré como pueda. Me irá bien. Sobreviviremos. –¿Sobreviviréis? ¿Qué tipo de vida es ésa? ¿Como madre soltera? Tendrás que trabajar y abandonar al niño, ¡mi niño!, en alguna horrible guardería.


–¿Y por qué no? Mucha gente lo hace. –No voy a dejar que un hijo mío viva así. –¡Ah, claro! Se me olvidó. Los hijos de los Lazaro no van a guarderías, sino que son abandonados en lujosos internados. ¿Es eso lo que sugieres, Raphael? Él apartó la cabeza como si acabara de abofetearlo. –Claro que no. Lo último que querría para hijo es que tuviera la misma infancia que yo. Lo que sugiero es que te vengas a vivir aquí. Eve abrió la boca para contestar, pero se quedó sin palabras. Sintió algo de esperanza en su interior, pero se esforzó por mantener un tono neutral. –¿Contigo? https://www.facebook.com/novelasgratis –No, claro que no, porque parece que la mera idea te repugna. Te compraré un piso en una zona agradable, con buenos colegios. Pero creo que lo mejor sería que nos casáramos, para que el niño no se sintiera mal. La poca esperanza que tenía murió dentro de ella, y se sintió más sola que nunca. –¿Me estás pidiendo que me case contigo? –Bueno, si lo quieres ver de ese modo... Sí, así es.


Se había imaginado muchas veces ese momento durante los últimos seis meses. En su cabeza, había una orquesta tocando a su alrededor, fuegos artificiales en el cielo y Raphael se inclinaba para besarla con pasión. –Pues la respuesta es no, Raphael –le dijo, apesadumbrada. Dio un par de pasos atrás sin dejar de mirar su cara, perfecta pero fría. Después se dio media vuelta y comenzó a alejarse por el pasillo. Al principio lentamente, después corriendo. Cuando llegó a la calle, empezó a caminar con la cabeza agachada para protegerse de la lluvia. Estaba tan ensimismada en su dolor, que no vio la puerta de la iglesia hasta que casi se dio de bruces con ella. Entró. El templo estaba desierto, pero al menos allí no llovía. Desconsolada, recorrió la nave central, inspirando el aroma de las flores y el incienso. Frente al altar había cientos de velas. Tomó una y la encendió. –Para ti, Ellie –susurró–. Y para ti, bebé –añadió al encender otra vela. Levantó la vista y no pudo ahogar un grito. Las lágrimas comenzaron entonces a fluir. Era casi un alivio poder por fin llorar. Se dejó caer en el suelo con la


espalda apoyada en uno de los grandes pilares al lado del altar. No sabía cuánto tiempo había pasado allí llorando. Estaba intentando secarse las lágrimas y reunir el coraje para enfrentarse al resto de su vida cuando oyó un fuerte golpe. Alguien acababa de abrir las puertas de la iglesia de forma violenta. Eve se puso en pie tan rápido como pudo y vio a dos hombres vestidos de negro y con pasamontañas ocultando sus cabezas. Entraron rápidamente en la iglesia. Los dos llevaban armas. Se aplastó contra la columna para que no la vieran y dejó de respirar. Oyó cómo se acercaban los pasos hacia donde estaba. Pararon al llegar a su lado. –¡Está aquí! –gritó uno de ellos. Era la voz de Raphael. Aliviada, abrió los ojos a tiempo de verlo acercarse a ella. Estaba muy pálido y la abrazó con fuerza, envolviéndola en la seguridad de su cuerpo. Después tomó su cara entre las manos y la miró, estudiando sus rasgos con detenimiento, parecía querer asegurarse de que era ella.


–¡Gracias a Dios estás bien! –¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué...? https://www.facebook.com/novelasgratis –Eres una testigo en un importante juicio contra una red de tráfico de drogas. Se suponía que debías estar en todo momento bajo custodia de la policía. Llevas más de dos horas desaparecida. El juez ha suspendido temporalmente el juicio. Pensábamos que te habían... –¡No! ¡Lo siento muchísimo! –repuso ella, atónita. –Fue culpa mía. No debería haber dejado que te fueras –dijo él, besándola tiernamente en la cabeza–. Pensé que te había perdido de nuevo. Antes de poder decirte que te quiero. Eve se apartó y levantó la cabeza para mirarlo. –¿Qué has dicho? Él la miró con su bello y aristocrático rostro. Aún estaba en tensión, pero sus ojos estaban llenos de amor hacia ella. –Te quiero, Eve. Cuando te vi salir del tribunal, supe que tenía que hacer algo para enmendar todos mis errores. Fui a casa a por esto –dijo mientras sacaba algo del bolsillo–. Quiero hacer las cosas como Dios manda, antes de que vuelva a


pasar algo que nos separe. Abrió la mano, en el centro de su palma había un anillo con un diamante en forma de lágrima. –Eve... –dijo, abrazándola de nuevo y besándole la cara–. Te quiero... Ella cerró los ojos y lloró de emoción. El bebé comenzó a moverse, molesto por verse comprimido entre los cuerpos de sus padres. Raphael debió de sentirlo porque su cara expresó sorpresa y ternura. Le faltó tiempo para acariciar su vientre. –Bueno, os quiero a los dos –añadió con una sonrisa antes de tomar solemnemente la mano de Eve–. Yo, Raphael di Lazaro, te tomo a ti, Eve Middlemiss, como mi dulce y bellísima esposa. Siempre te querré, protegeré, honraré y cuidaré, durante el resto de mi vida –prometió mientras deslizaba la sortija en su dedo anular–. Bueno, siempre y cuando tú me aceptes, por supuesto. Entre lágrimas, Eve miró el altar y el crucifijo que se levantaba sobre ellos. –Creo que es demasiado tarde para que acepte o no tu propuesta. Me parece que acabamos de casarnos. Nos declaro marido y mujer –dijo ella con una sonrisa de increíble felicidad.


–Me alegro –repuso Raphael–. Pero tendremos que repetirlo otro día para el resto de la gente. ¿Puedo besar a la...? No dejó que terminara de hacerle la pregunta. La respuesta de Eve fue un claro «sí». https://www.facebook.com/novelasgratis Epílogo RAPHAEL subió en silencio las escaleras. No pudo evitar sonreír al escuchar la voz de Eve cantando Madame Butterfly desde la habitación. Abajo, los invitados charlaban, reían y bebían champán. Era su «segunda boda», como lo llamaba ella. Antonio, en plena forma, entretenía a todo el mundo con sus historias. Abrió la puerta del dormitorio y el corazón le dio un vuelco al ver la sonrisa de su esposa mientras amamantaba en la mecedora a la pequeña Eleanor Isabella. A Lou, su madrina, le gustaba llamarla Ellie-Bella. La niña había heredado la belleza morena y delicada de su abuela paterna y la simpatía de su tía. –¿Ya se ha dormido? –Eso parece –repuso ella al separar los labios del bebé de su rosado pezón.


–Perfecto, nadie nos espera abajo hasta dentro de unos minutos –contestó él mientras tomaba a la niña y la dejaba con cuidado en la cuna. Después se volvió hacia su esposa y le sonrió. Le ofreció su mano, y Eve se levantó. Se tomó unos segundos para disfrutar de nuevo de la imagen de su mujer vestida de novia. Llevaba un elegante y sencillo traje color crema. Sus ojos esmeralda brillaron con deseo cuando se inclinó sobre ella para besarla. –Verás, Raphael. No sé si el sexo, ahora que estamos casados, va a ser tan excitante como lo era antes –susurró ella en su oído–. A lo mejor deberíamos olvidarlo y bajar al salón. –Lo cierto, señora Lazaro, es que ahora será mucho mejor –repuso él mientras la tomaba en brazos y sacaba del dormitorio de la niña–. Y si no me cree, no me queda más remedio que demostrárselo. Y lo hizo. Más de una vez. FIN

Inocencia oculta india grey  
Inocencia oculta india grey  

Argumento: Eve Middlemiss había acudido a Florencia en busca de una información que necesitaba desesperadamente. Una información que sólo po...

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