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RECUERDOS DE LA G U E R R A DEL

PARAGUAY


RECUERDOS DE LA

GUERRA DEL PARAGUAY POR

JOSÉ I. GARMENDIA.

CAMPAÑA DEL PIKICIRY CON U N

PLANO

é ilustrada por el distinguido artista Alfredo París

? BUENOS AIRES Imprenta y CASA EDITORA de JACOBO PEUSER, calle de San Martin, núms. 98 y 100

1884


JรSTA

OBRA

ES P R O P I E D A D

D E R E C H O S A L AMPARO D E L

DEL

E D I T O R qiJE SUSCRIBE Y PONE

D E C R E T O DE

30

DE

SUS

DICIEMBRE DE 1823.

dacรณbo %euser.


CAMPAÑA DEL PIKICrRY


CAMPAÑA DEL PIKICIRY DESDE AGOSTO HASTA DICIEMBRE DE 1868

AL DISTINGUIDO CIUDADANO Y VALIENTE CORONEL D.

JOSÉ yMARIA

^ORALES

Consideraciones generales —Descripción del terreno de las líneas dol Pikiciry — López eiige esa posición y construye sus líneas — Orden de marcha del ejército aliado — Combate del Yacaré — Asalto del reducto de Paso Tebicuarí — Muerte del valeroso Tdlez Queiros — Combate del Surubi-hi — Arribo á Palmas — Consideraciones sobre la situación de López y sus posiciones— Reconocimiento sobre la línea del Pikiciry— Nuevo pl»n de operaciones — El camino del Chaco—El ejército brasilero desembarca en San Antonio — Sangrienta batalla de Itororó — Los paraguayos se retiran— Maniobras de ambos ejércitos — Batalla de Avahy — Destrucción completa de la División de Caballero — Ocupación de Villeta — Exploración y sorpiesa del dia 18 de Diciembre — Primera batalla de 1 tai vate (21 de Diciembre) — Los brasileros son rechazados con grandes pérdidas — Ataque en el mismo tiempo á la línea <J•-1 l'ikiciry — Victoria completa de los brasileros— Las tropas de Palmas se incorporan al ejércitu brasilero — Continúa el fuego dia y noche frente á ¡taivaté — Intimación á López—Este persiste en continuarla guerra—l'ombardeo y reconocimiento ofensivo del 25 de Diciembre — Segunda batalla de Itaivaté (27 de Diciembre) — Plan de ataque — Avanza la columna del coronel Agüero sobre la izquierda del enemigo — La vanguardia toma la posición — Los paraguayos se replegan y la atacan de nuevo— Crítica situación de es'os cuerpos — El capitán Ibañez y el teniente Avellaneda mueren heroicamente — La División Morales y el Regimiento Rosario se lanzan á la bayoneta y salvan a la vanguardia — Rechazado el enemigo se replega al cuartel general de López— Prosigue el avance la columna de Agiuro y completa la victoria - ¡Salud al héroe ignorado! — Ataque del centro — Avance casi sin resistencia — Ataque sobre la retaguardia de la derecha enemiga — El primer cuerpo argentino envuelve la posición — Formación del ataque — La División Ayala y la División Campos estiende su frente de ataque y cargan resueltamente al enemigo que retrocede — Muerte del bravo subteniente Malato —Abnegación de Rosa la tigra— Ejemplo del pundonor militar dado por el capitán Acosta — Es herido y muere después—Carga desesperada de los paraguayos al 4, o y 6 de línea y al batallón Correr.tino— Sangre fria y bravura del comandante Levalle —Los paraguayos son rechazados — Muerte del valiente coronel Romero — Sus últimos momentos —Conclusión de la batalla —Caxias abandona el Potrero Mármol — Fuga de L 0 p e/ ¡ — persecución inútil— Rendición de la Angostura — Ocupación de la Asuncjor* — Breves observaciones sobre esta campaña,


stamos en el raes de Agosto del año 1868, tres años ya trascurridos desde el principio de la guerra. Los restos de la heroica guarnición de Humaytá habia entregado las armas, después que soportara con constante abnegación, el plomo y el hambre hasta el último límite. Con esta última escena se daba fin á la célebre campaña del cuadrilátero; campaña la mas difícil y gloriosa para las fuerzas aliadas, pues en ella puede decirse que lucharon contra la verdadera resistencia de las huestes paraguayas, encarnada en su mejor y mas numeroso ejército. Lo demás de la guerra fué una agonía prolongada; la de una fiera que acosada y herida emplea sus últimas fuerzas en bravio combate contra la numerosa jauría que la acosa. El pueblo paraguayo en esta última época presentó un ejemplo, que aun la historia de los tiempos modernos no revista otro igual; un último ejército de inválidos, viejos, y niños de diez á quince años, combatiendo bizarramente contra fuerzas superiores y muriendo como si fueran soldados en los campos de batalla, que no concluían sino para volver á dar comienzo, entre la agonía de los moribundos y el horror del degüello sin piedad.


10 La campaña del cuadrilátero dio principio el 16 de Abril de 1886, con la invasión al territorio paraguayo y fué concluida el 5 de Agosto de 1868: casi dos años de rudas y sangrientas batallas contra un enemigo formidable, de penosas fatigas, luchando incesantemente contra el cólera implacable, el tifus, las fiebres palúdicas y perniciosas; campaña llevada á cabo en un suelo abrasador, con un clima de fuego, tierra desierta que no prestaba ningún recurso al invasor; por el contrario, hasta parecía que los insectos y los reptiles fueran los mas fieles amigos de la causa del tirano; mayor mortificación dando á los aliados en la desesperante vida que arrastraban, que la molestia que le daba un enemigo á quien casi siempre, aunque con grandes sacrificios, se vencía por la ignorancia de su general. Y sin embargo, con una tenacidad digna émula de la de su adversario, el ejército de la civilización todo lo habia superado con su constancia heroica, y como fiel testimonio de su inmensa labor, dejaba tras de si desde el principio de la guerra un cementerio de 50,000 desús mejores soldados. Los paraguayos por su parte habían pagado mayor tributo en aquella contienda. Iniciada la campaña antes deque hubiera tenido lugar ningún hecho de armas, tuvieron ya pérdidas de consideración á causa de las enfermedades provenientes del cambios de alimentos y de excesivas fatigas. Después de la caida de Humaytá alcanzaban en muertos y prisioneros á 70,000 hombres, agregando además 271 cañón, 8 navios, 13 baterías flotantes, 7 coheteras á la congreve., 51 banderas y una gran cantidad de armamento y municiones; siendo la mayor y mas sensible la de su ejército veterano, compuesto de hombres viriles y perfectamente instruido y organizado, que desde largo tiempo atrás habia sido preparado calculadamente para esta guerra insensata, tan imprudentemente provocada por el dictador paraguayo. Pesaba pues enormemente esta contienda en los destinos de las naciones beligerantes, sobretodo, en el pueblo paraguayo que luchaba con desventaja contra tres naciones de mas población y


11 mayor riqueza, que disponían de grandes elementos que en relación á su adversario eran inagotables; no presentando en este tiempo el Paraguay sino una sombra de ejército; los débiles restos del que tan bizarramente habia combatido en la campaña del cuadrilátero como principal elemento: eran, puede decirse, los últimos rezagos de un pueblo heroico que iba á luchar hasta el último aliento por una mala causa. Así, realmente considerando la situación que habia creado la caida de Humaytá, era fácil preveer la inutilidad de los esfuerzos del dictador paraguayo para contener el avance de su tenaz adversario. Aquel aniquilamiento gradual de sus mejores tropas y recursos; serie continuada de sangrientos reveses, endurecieron su corazón, reemplazando al buen criterio con una bárbara tenacidad, que no ha de adquirir en la historia mas fama que la de Erostrato: el incendio y la devastación del país que por su desgracia le vio nacer. Mantenía la esperanza de que el ejército aliado, abrumado de fatiga, no llevase á cabo su empresa; cuyo único objetivo era él: de modo que su plan se manifestaba impertérrito en la prolongación de la resistencia; para lo que contaba con las difíciles condiciones topográficas de su territorio y la sumisión de un pueblo aterrorizado, pero olvidaba que para su defensa necesitaba ejército, que el país exhausto no producía ya un solo hombre, y que su adversario reemplazando continuamente sus bajas, estaba siempre en la mas bizarra situación, familiarizado en superar los mayores obstáculos naturales y vencerlo á causa de su debilidad en todo terreno: también ignoraba que no hay posición, con muy rara escepcion, por mejor situación que posea, que no pueda ser envuelta, sitiada ó bloqueada, cuando se cuenta con elementos superiores para llevar á cabo alguna de estas operaciones; he dicho fuerzas superiores refiriéndome á la situación del ejército paraguayo, porque su general nunca presentó las suyas reunidas, y empleó el sistema de hacer la guerra por destacamentos en vez de ejecutarla con ejércitos; prodújole este método, como era de esperarse, grandes desastres; por haber olvidado el precepto de


12 la guerra, invariable en todo tiempo, «marchar desunidos y combatir reunidos» y aquello que el lobo grande se come al chico. Tan ofuscado estaba López en su tenaz empeño que no alcanzaba á comprender que le iba faltando el primer factor de la resistencia, el secreto de su abrumante poder: la moral; la serie continuada de desastres, el hambre y la miseria, habían concluido el espíritu entusiasta de otro tiempo del ejército paraguayo, y si aún combatía con tenacidad inquebrantable, es que fluctuando entre dos puntas de espada, menos recelo le inspiraba la del adversario, que la que él mantenía constantemente colgada sobre su cabeza. El terror, llegando hasta las últimas exageraciones de la crueldad, sostenía aun firme á esos soldados autómatas, que con el arma al brazo, impasibles y embrutecidos, esperaban temblando su última hora. Mas infelices que el gladiador que saludaba al César antes déla lucha despiadada; allí al menos la compasión alguna vez asomaba en un signo, aquí estaban condenados á una muerte segura, ó fusilados para el mantenimiento del terror, ó atravesados por las bayonetas de los aliados, ó sucumbiendo al hambre y ala miseria y abandonados sus cadáveres á la orilla de los caminos, marcarían las horrorosas etapas del retroceso del mas sanguinario de los tiranos antiguos y moderno?,

n. Desde el memento en que López se vio sitiado en el cuadrilátero, conceptuó imposible el sostenimiento de aquellas prolongadas líneas, cortada la de comunicación, y arrebatados los mejores campos de pastoreo para su ganado, vio morir de extenuación 17000 cabezas, teniendo entonces, á su pesar, que abandonar aquellas formidables posiciones, dond.e s,e habia sostenido casi


13 dos años, y abrir nueva línea de comunicación con su base de operaciones. Echó mano del único recurso que le quedaba; la línea del Cha co, que presentaba grandes dificultades para el envío de los abastecimientos, como el gran peligro de verse de un momento á otro impedida su retirada á causa de haber ya tenido lugar por la escuadra brasilera el forzamiento del paso de Humaytá. Ante tan grande amenaza, resolvió López definitivamente abandonar el cuadrilátero, y dio principio á esta operación sin que la escuadra brasilera lo impidiese, el 2 de Marzo de 1868, dejando en Humaytá una fuerte guarnición bajo las órdenes del coronel Alem, sustituido mas tarde por el coronel Martínez, el intrépido defensor de aquella plaza y el héroe de la Península. Mientras que estas fuerzas entretenían á los aliados, él tomó una posición transitoria detrás del Tebicuarí, en un punto denominado San Fernando, extenso albardon situado en un recodo del rio. Se mantuvo allí hasta que ya no tuvo esperanza alguna del escape de la guarnición de Humaytá, de la que solo se le incorporaron 800 hombres, y se preparó en seguida á tomar en otro punto nuevas posiciones. San Fernando fué inmortalizado por los actos de la mas refinada crueldad; allí dio principio á las horribles ejecuciones que tuvieron por pretesto una supuesta conspiración, y trescientas y tantas víctimas inocentes de lo mas esclarecido de la sociedad paraguaya, fueron sacrificadas á la avaricia y al mantenimiento del terror. Desde la evacuación del cuadrilátero por el ejército paraguayo (1) hasta el mes de Agosto, el ejército aliado permaneció en la inacción en los alrededores de Humaytá, cuyo sitio pudo mantenerse con dos divisiones, en tanto que lo demás del ejército (1)

2 de Marzo de 18CS.


u marchaba sobre la nueva posición de López y no le daba tiempo para reunir nuevos elementos y ejecutar otras obras (1). Esta inercia, muchas veces forzada, fué la causa de la prolongación de la guerra, pero es preciso tener en cuenta las inmensas dificultades que tuvieron que vencer los generales aliados, siendo entre otras la falta de espías, pues jamás supieron á ciencia cierta lo que pasaba en el campo enemigo; puesto que allí mismo no se conocía, no hay que estrañar que esto sucediera; ya en la guerra de Argel los franceses durante veinte años no tuvieron sino dos, los que traicionando á sus compatriotas prestaron al ejército francés grandes servicios (2). También tropezaban á cada momento con la falta de medios de movilidad, los caballos se destruían rápidamente en aquel clima ingrato, tanto p r las fatigas como por el suelo húmedo y pantanoso; así cuando se trataba de iniciar operaciones, se encontraban las caballadas extenuadas por el servicio activo y los lejanos reconocimientos; en esta situación se hacia entonces indispensable un prolongado descanso para ejecutar el plan acordado de antemano, en razón que sin caballos no se mueve ningún ejército en el mundo. La caida del campo atrincherado de Humaytá, el Sebastopol paraguayo (3), fué una gran victoria que presagió el pronto fin de la encarnizada contienda; y aleccionados los aliados en superar las grandes dificultades territoriales, y en el conocimiento moral del plan sempiterno y las intenciones del adversario, era de esperarse, que no omitiendo sacrificio alguno obrasen con actividad y energía, para no darle tiempo á la nueva construcción de otras diez leguas de trincheras, como las que ejecutó á la vista de sus adversarios en sus líneas del cuadrilátero, y todo por falta (1) En las observaciones critico que el general en gefe marchase sobre López con la mitad de su ej'rcito, lo que está muy lejos de estar en contradicción con este punto que se refiere á dos divisiones únicamente. (2) Fix. Historia de la guerra del Paraguay. (3) Así le llamó el capitán Burton de la marina de S. M. B.


lS de medios de movilidad para operar el movimiento envolvente que se llevó á cabo mas tarde (1).

ni. El territorio que media entre los rios Tebicuarí y Paraguay hasta Angostura es enteramente llano y pantanoso, poblado en la costa del segundo por una faja de bosques y manteniendo como un gran pantano en su centro, el gran estero llamado laguna Ipoa, de donde nacen entre otras corrientes de agua, dos arroyos que se prolongan al Noroeste, y corren paralelos á cierta distancia uno de otro. Estos desaguan en el rio Paraguay y se denomina el primero Surubi-hi y el segundo que está mas al Norte, Pikiciry. Grandes carrizales que se estienden hasta mas allá de Angostura, á la altura de Villeta, hacen intransitable este terreno por la parte del Este, y solo existe el camino real que aproximado á (1) Este no es un cargo al general Mitre, á quien reputo el mas eminente general déla alianza, criticado generalmente por personas estrañas á la carrera de las armas, y por consecuencia, ignorantes de las grandes dificultades que hay que superar en una campaña que se lleva á cabo en una comarca desconocida, defendida por si misma; y por un numeroso é inquebrantable ejército, de la cual el invasor no puede sacar el mas mínimo recurso. Es muy fácil después que han tenido lugar los sucesos hacer críticas acentuadas y echar por tierra una bella reputación mi' litar, olvidando maliciosamente muchas veces que cuando tuvieron lugar, la situación del general era crítica y vacilante, por más carácter y decisión que tuviera, á causa de la ignorancia en que estaba de lo que pensaba el enemigo y de lo que pasaba en su campo y de los secretos topográficos de su terreno. El general Jourdan dice con mucha razón: «La incertidumbre en la cual están casi siempre los generales con respecto á los movimientos y posición del enemigo hace muy difícil el mando de un ejército, y muy fácil la crítica de ese general después que han, tenido lugar los acontecimientos. Montluc observa también «que si un general supiera lo que piensa y hace su adversario lo batiria casi siempre» y como esto nunca se supo en la guerra del Paraguay, á consecuencia del estado moral de aquel pueblo; presentó las inmensas dificultades superadas en el principio por el General Mitre y después por los generales aliados. Federico II dice: «Cuan dignos de compasión son los generales, todo el mundo los condena sin oírlos, la gaceta los expone al juicio del público y entre muchos miles de críticos no hay tal vez uno solo que sea capaz de dirijir un simple destacamento.» Esto lo vemos á cada instante entre nosotros.


16 la costa, se dirije á la Asunción, haciendo escala en todas las aldeas que están á orillas del rio Paraguay. Sobre las márgenes del arroyo Pikiciry derrama un ancho estero, que cuando llueve con exceso en algunas partes, se confunde con sus aguas y costea la parte Sud del terreno firme, donde López construyó sus nuevas líneas : esta posición apoya su derecha en el rio Paraguay, y su izquierda en un estero intransitable, afluente de la laguna Ipoa. A la orilla izquierda de este arroyo, se levantan algunos bosques en dirección á la costa del rio Paraguay y se prolongan al Sud, hasta un lugar denominado Palmas; punto que fué elegido para el acampe del ejército aliado en el transcurso de las operaciones de esta campaña. López iba á tomar posición del terreno al Norte del Pikiciry, de modo que apoyaría su izquierda en los grandes pantanos del Este, y su derecha en la posición de Angostura. Era pues esta línea de acceso imposible por su frente, inabordable por su flanco izquierdo, y por su flanco derecho defendida por las baterías de la Angostura, que estaban situadas en una barranca cóncava en forma de herradura, único terreno firme que en una estension de algunas leguas fuera utilizable en la costa para el establecimiento de una batería. En este punto, el rio Paraguay tenia 660 metros de ancho, pudiendo desde allí al mismo tiempo flanquearse las obras de tierra que se unieran á ese punto. De manera que el único flanco vulnerable era el derecho, pues por el Chaco se podia tantear la atrevida empresa de envolver la retaguardia de la línea enemiga; es decir, contando con la debilidad del adversario, en razón de que la fuerza que operase el movimiento estratéjico debiera encontrarse bastante fuerte para luchar por sí sola contra todo el ejército de López. El terreno al norte de esta línea, es completamente acci-


17 dentado, y se empiezan á notar las primeras colinas, que son, puede decirse, una ramificación raquítica de unas sierras de poca elevación que se alejan al interior del país, y las denominan cordilleras. Las principales entre otras y que interesan á este relato, son: Cumbareti, colina de regular altura, situada como á dos millas al Norte del arroyo Pikiciry; su configuración es prolongada, estendiéndose de Norte á Sud y ensanchándose en la forma de la cabeza de un reptil ofidiano al aproximarse al Pikiciry. Itaivaté es otra colina bastante elevada, de forma oblonga; aproximada en una dirección de Sudeste á Noroeste á la de Cumbareti, de manera que un estrecho valle separa en la parte Sud á estas dos elevaciones de terreno, aumentándose este espacio en forma de inmenso ángulo cuando se estiende al Norte, cuyo vértice lo forma el estrecho valle que divide á las dos colinas. A espaldas de Itavaité, en la parte Sud, existe otra colina poblada de espesos bosques, caminos y picadas, y al espacio llano. comprendido entre estas dos alturas se denomina Potrero Mármol, punto estratéjico, que vino á ser mas tarde de una grande importancia relativa á la situación de los ejércitos beligerantes. Por este punto, entre otros, pasa el camino que conduce á Cerro León y que comunica con el interior del país. Estas elevaciones de terreno estaban pobladas en aquel tiempo de isletas de bosque, naranjales, poblaciones, pequeñas abras, caminos, y picadas que comunicaban con el espeso bosque que contorneaba al Potrero Mármol. Como posición militar tenia la ventaja que siempre presenta una altura arbolada, en donde se pueden construir defensas, ó guarecerse las tropas en los bosques, si estas no existen. Además presentaba otra ventaja no de menor consideración; y era que de 2


18 la elevada meseta podíase fácilmente dominar todo el terreno circundante. 6 kilómetros hacia el Noroeste sobre la costa del rio Paraguay, como sonriendo se eleva el villorrio de Villeta, de encantador aspecto por sus jardines, y hermosos naranjales; desde allí hasta el arroyo Avahy en dirección al Este, hasta una distancia de 3 kilómetros, se destacan paralelas una sucesión de colinas, que se prolongan de Norte á Sud. Pasando el arroyo Avahy sobresale otra gran colina y en seguida un bañado denominado Potrero Baldovinos. El arroyo Avahy derrama sus aguas en el rio Paraguay á 9 kilómetros al Norte de Villeta, y aproximado de la costa se divide en otro brazo que se estiende hacia el Noroeste con la denominación de arroyo de Santa Rosa: este arroyo bifurca á la entrada del Potrero Baldovinos, tomando su mismo nombre el brazo que desciende al Sud, y el de Ipané el otro que serpenteando va al Oeste y en seguida corre al Norte. El espacio comprendido entre Santa Rosa y Avahy era el de casi un inmenso triángulo poblado de bosques y alturas; existiendo próximo al vértice Norte una gran laguna; al Sud no permitía esa figura geométrica la separación de los dos arroyos. Pasando el arroyo Santa Rosa, existe otra corriente de agua que cae á un bañado, cuyo nombre no está señalado en los planos que he consultado y el terreno al Norte hasta el arroyo de Itororó y mas allá hasta San Antonio se presenta montuoso y de caminos difíciles. Desde la embocadura del Avahy en el rio Paraguay hasta la del arroyo Itororó habrá 3 kilómetros y medio, y desde allí á San Antonio en la costa del rio Paraguay 10 aproximados. Todo el terreno al Oeste y Noroeste cada vez se destaca mas accidentado, hasta alcanzar las serranías llamadas cordilleras.


19 El territorio del Chaco desde frente á Palmas hasta San Antonio, se presenta enteramente pantanoso, cruzado por una multitud de arroyos y poblado de espesos bosques. Casi puede decirse intransitable para otros soldados que no fueran los de la alianza que se habían propuesto á toda costa vencer la tenacidad de su adversario. La comarca que acabo de describir tan lijeramente, fué el teatro de operaciones, en el que debían tener lugar las últimas batallas de mayor importancia de la guerra del Paraguay, reservándome gradualmente, á medida que vaya esponiendo los sucesos, la descripción topográfica militar de cada campo de combate, ó dirección de movimientos estratéjicos.

IV. Desde que López ocupó la línea del Tebicuarí sintió que era insostenible la posición, entrando entre otras causas, lo insalubre del terreno *, sus tropas extenuadas y abatidas, acamparon en un lodazal que en poco tiempo aumentó sus pérdidas, pasando por toda clase de penurias, como es consiguiente, aquel pobre ejército que continuaba con una constancia heroica su rápido descenso. Por estas consideraciones nunca debió tener López el plan de sostenerla línea del Tebicuarí, que además presentaba la desventaja de estar bajo la acción de las naves brasileras, cuando podia utilizar otras mas aproximadas á su base de operaciones y al centro de sus recursos, y eligiendo un mejor teatro para resistir al avance del ejército aliado, ponia á este en el caso de ocupar el peor terreno, que era el comprendido entre el Tebicuarí y la Angostura; mientras que él, dominando la parte mejor poblada de su territorio, daba nueva vida y espíritu á su ejército, preparándolo á nuevos combates, presumiendo siempre que la inacción de


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los aliados lo harían convalecer de las continuas postraciones á que lo sometían. Resuelto López á utilizar la línea que le presentaba el arroyo Pikiciry y los esteros adyacentes, ordenó que se levantase un plano del terreno vecino al estero Poi que es un brazo de la grande laguna Ipoa que une á esta con el rio Paraguay. Este estero solo se puede atravesar por el camino real que va á la Asunción presentando allí mismo una profundidad de cuatro pies y casi una legua de anchura. La primera idea de López fué fortificar este estero que está situado una legua al sud del arroyo Pikiciry, pero habiendo hecho ejecutar un reconocimiento topográfico mas detallado, se decidió por la línea de aquel arroyo, cuyo frente y flancos se presentaban inabordables, á causa de los obstáculos naturales que defendían su acceso. Una vez resuelto á sostener la nueva línea, comisionó al Mayor de ingeniero» Thompson para el trazado de las obras de defensa, dando al mismo tiempo al teniente Pereira, encargado de los trabajos, las instrucciones del caso. López desplegó toda su actividad desde aquel momento, y aglomeró todos los medios de transportes terrestres y fluviales para concentrar en ese punto los últimos depósitos que le quedaban: hombres, ganado, cañones, pólvora, proyectiles, todo se transportó allí rápidamente para hacer la última resistencia. Los pertrechos de guerra que existían en la Asunción, incluso el gran cañón «Criollo* y la demás artillería, y mayor parte de la guarnición vino á la nueva posición; destinando el «Criollo» y otras piezas para artillar las baterías de Angostura, del mismo modo que fué á aquel punto la guarnición de la Asunción. Puesto en ejecución estas disposiciones, López abandonó el


21 26 su campo de San Fernando iniciando una marcha lenta y prudente en el principio hacia sus nuevas posiciones. Penosísimo se hacia el trayecto á causa de los accidentes del terreno, como por la necesidad que habia de marchar el ejército en una sola columna. La retaguardia, que se componía de una columna de caballería é infantería, iba á las órdenes del coronel Rivarola. La segunda edición de los asesinatos de San Fernando se repitió en este trayecto fatal de cuarenta leguas de agonía. Escenas fueron aquellas de triste recordación; desgraciado el que el peso de los hierros lo dejaba atrás; la lanza ahogaba el cansancio y mas víctimas hizo la tiranía en esa vía crucis que las armas aliadas.

V. Inmediatamente después de caida Humaytá, los generales aliados hicieron de esta plaza su base de operaciones, concertando un plan rápido que no diera tiempo á López á robustecer su situación, ya aglomerando nuevos elementos de resistencia, ya aumentando y organizando su ejército, ú oponiendo al invasor nuevos obstáculos en su lento avance. En esta época también se habló de utilizar como línea de operaciones el rio Tebicuarí, remontándolo hasta donde se pudiera con una escuadrilla para ocupar en seguida á Villa Rica, y la línea férrea que va á la Asunción, dominando así la parte mas poblada del territorio paraguayo; de manera que cortado el ejército enemigo de su base de operaciones, no tendría mas recurso, si escapaba, que arrojarse á las cordilleras,


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Este plan, que llevado acabo me hubiera evitado la narración de esta campaña, fué desechado á causa de las grandes dificultades que ofrecía, y se encontró imprudente sin una perspectiva segura, separar al ejército de su línea natural de comunicación que era en ese tiempo el rio Paraguay, al mismo tiempo que base sucesiva de operaciones. Después de algunos reconocimientos ejecutados sobre el ejército paraguayo, quedó comprobado que López se mantenia sobre la margen derecha del Tebicuarí, y como se habían construido en la costa del rio Paraguay y en esta línea aparente de defensa, algunas obras, se creyó que tenia la intención de mantenerse en en esa posición, y ante esta nueva emergencia los aliados se prepararon á dar principios á sus operaciones. Resolvieron marchar sobre el rastro de López alivianando la empedimenta. El general Argolo con el 2o cuerpo y una parte de la artillería brasilera y cinco batallones argentinos quedaron en Humaytá. Lo restante de fuerzas del ejército argentino permanecieron allí también para en seguida efectuar su avance por el rio, siguiendo siempre á la altura del ejército brasilero que ejecutaba sus marchas tomando la dirección de la del enemigo. Desde este momento se manifestaba en el generalísimo brasilero la marcada intención de no dar participación al ejército argentino en los aparentes fáciles triunfos del porvenir, pero el general Mitre, que tal vez tendría conocimiento por el general Gelly de estos manejos, conociendo la influencia moral de una tan estraña inacción, ordenó al general Gelly como presidente de la República Argentina, que sin demora marchase á cooperar á las operaciones que pudieran sobrevenir. Así se hizo posteriormente el 7 de Setiembre, quedando transitoriamente los 5 batallones argentinos (1) que ya hemos indicado y que en seguida se incorporaron en Palmas al ejército. (i) Los tres 4e la 1" División Buenos Aires, el Correntino y el San Nicolás,


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La artillería y la caballería argentina y parques, todo á las órdenes del coronel Alvarez, quedó en Paré-Cue hasta el 4 de Setiembre que se puso en movimiento tomando la dirección de la marcha del ejército brasilero.

VI. Inició su movimiento de avance el ejército brasilero de ParéCue (1) el 17 de Agosto de 1868 y tomó la organización siguiente en la margen del arroyo Nhembocú. (2) 3 er Cuerpo de ejército General Osorio. VANGUARDIA

2a División de caballería Barón del Triunfo Batallón de ingenieros o 4 Cuerpo provisorio de artillería División Oriental General Castro a 6 Brigada de infantería Coronel Paranhos 2a División de infantería Coronel Silva Pedra a 5 División de caballería Coronel Cámara er 1 Regimiento de artillería á caballo 3a División de infantería Brigadier Guimaraens Bagages (1) Punto donde estaba acampado el ejército brasilero en el cerco de Humaytá: (2) Es un arroyo que próximo á la Villa del Pilar desagua en rio Paraguay y nace del inmenso, estero del mismo nombre que se comunica por la parte Sud con e] Be'Iaco.


24 CENTRO

1

er

Cuerpo de ejército Brigadier Bettencourt

I a División de caballería General Mena Barreto o 2 Cuerpo provisorio de artillería á caballo Teniente Coronel Lobo de' Eca a I División de infantería Brigadier Gerónimo dos Reis a 4 División de infantería Brigadier Gurgao a 5 División de infantería Coronel Olivero Nery Cuerpo de transportes Policía RETAGUARDIA

Brigada de caballería Coronel Vasco Alves Pereira. Así dispuestas las tropas brasileras y orientales continuaron su marcha hacia el Norte, explorando perfectamente el terreno que pisaban, con su vanguardia á las órdenes del Barón del Triunfo. Acampado el ejército el 25 de Agosto en un lugar denominado Isla Santa, tuvo conocimiento el Marqués de Caxias, de la presencia de una columna de 200 hombres de caballería enemiga, que en observación se encontraba, en una extensa planicie formada por el recodo de la confluencia del rio Tebicuarí y el arroyo Yacaré. Aislada y difícil parecía la situación de aquella fuerza: su retirada estaba comprometida por tener el rio á la espalda y era de suponer fuera imposible su escape. No bien tuvo conocimiento el Barón del Triunfo, que en esa circunstancia ocupaba un punto mas avanzado que el del acampe del ejército, denominado Mburicararé, de la posición de


25 esta imprudente fuerza observadora que parecía clavada por su destino en una situación tan crítica, ordenó el avance de la división de vanguardia, y destasó esploradores sobre el enemigo, que por su exiguo número no espantaran la caza. Ejecutado este reconocimiento el 26 de Agosto muy de mañana, tuvo tiempo para marchar enseguida sobre la columna paraguaya con la 3* y 8 a brigada de caballería y el 11° cuerpo de la misma arma. Con anticipación, antes de llegar al punto indicado, ordenó el avance de un escuadrón de tiradores y lanceros, á las órdenes del Mayor Fernandez Olivera. Este oficial vadeó el arroyo Yacaré y comprometió una lijera escaramuza con la fuerza enemiga. Al ruido de los disparos fué destacado en protección, el coronel Niederauer con los tiradores del 7o cuerpo de caballería, quién acudió presuroso y tomó el mando de toda la fuerza. Recien en ese momento comprendió el enemigo su crítica situación, viendo claramente que iban á ser atacados por fuerzas superiores; apresuradamente entonces se replegó sobre la margen izquierda del rio Tebicuarí en dirección á un estrecho paso del mismo rio, pero su retirada no pudo ser tan á tiempo que no fuese impedida por los brasileros. Visto este movimiento por el coronel Niederauer los cargó impetuosamente; viéndose perdidos los paraguayos se detuvieron ó hicieron frente, trabándose por consecuencia un combate de un relámpago, en el que la superioridad de los caballos y del número, obtuvo un triunfo mas para las armas aliadas. Estas fuerzas, en su mayor parte huyeron á la desbandada, dejando en el campo 80 muertos, 5 prisioneros, y 120 caballos ensillados, y además algunas armas que fueron allí mismo inutilizadas.


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Las fuerzas del Barón del Triunfo continuaron la persecución sobre un terreno escabroso en dirección al paso real del Tebicuarí, que estaba defendido por un reducto artillado; pero tuvieron que detener su avance á causa del fuego de artillería y de la presencia de una fuerza de infantería enemiga que traspuso el atrincheramiento para recoger á sus dispersos. El Barón del Triunfo, que á las tres de la tarde habia vadeado el arroyo Yacaré, obrando juiciosamente, no se arriesgó en una empresa desconocida, sin antes consultar la opinión del general en jefe. Acampó en el terreno de la batalla hasta el dia 28, en que se inició un nuevo movimiento. Las pérdidas de los brasileros en este combate alcanzaron á 5 muertos, 5 heridos y 15 contusos. Si la caballería comprendiera los peligros de dar vuelta la espalda seria casi siempre invencible. El dia 28 pasó todo el ejército el arroyo Yacaré y acampó á cierta distancia sobre el camino que va á uno de los pasos del Tebicuarí. Detenido allí el ejército, ordenó el Marqués de Caxiasun prolijo reconocimiento sobre el reducto que defendía el vado real del rio, y otro atrincheramiento que mas al Noroeste dificultaba el Paso Portillo. El reconocimiento se hizo con la presencia del Marqués de Caxias, y así pudo bien valorar su importancia militar. Rodeado de talas de árboles, el reducto tenia la pretencion de ser una obra capaz de detener la marcha del ejército aliado: guarnecido por 403 hombres y artillado con 3 piezas de artillería. En la cortina del frente presentaba un sólido portón y un puente levadizo que daba al camino, apoyando sus flancos sobre la margen izquierda del rio.


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Una vez conocida la posición se resolvió llevar el asalto sin demora, formando la columna de ataque con la 3 a brigada de caballería á las órdenes del coronel Niederauer, el 5 de infantería á las del coronel Fernando Machado, 1 batería bajo el mando del mayor Teodosio Gonzalvez. Tren de asalto á las órdenes del capitán de I a clase de Estado Mayor Simeón Olivera: contingente de zapadores á las del teniente Armorin Gómez. En seguida venia la 6 brigada mandada por el coronel Paranhos, cerrando la retaguardia la 8 brigada á las órdenes del coronel Cipriano Moraes. Estas numerosas tropas fueron dispuestas por el Barón del Triunfo en tres columnas de ataque con sus correspondientes reservas, debiendo operar una en el centro y las otras dos sobre los flancos de la posición. Cuando los paraguayos vieron este aparato imponente, consideraron imposible la resistencia, ú obedeciendo á instrucciones precisas, trataron apresuradamente de evacuar la posición, y dieron comienzo al embarque de sus fuerzas en algunos botes que habían quedado allí con ese propósito. El jefe del reducto que era el capitán Abado quedó en su puesto acompañado del Mayor Rojas, comandante de otra fuerza que, situada en la margen derecha del Tebicuarí debia protejer la retirada. Esta disposición de los oficiales paraguayos, de ser siempre los primeros en el peligro, nunca fué desmentida en la guerra del Paraguay. El Barón del Triunfo que observaba con ansiedad los movimientos del enemigo abarcó de una ojeada la operación que empezaban á ejecutar y ordenó apresuradamente el ataque. Los batallones de la columna del centro, avanzaron sobre el frente auxiliados por dos piezas de artillería que fueron asestadas contra el portón: la columna de la izquierda asaltó ese flanco y la caballería riograndense de la 3 a brigada, avanzó á gran galo-


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pe sobre el flanco derecho, echó pié á tierra sobré los abatís, y escaló armada con sus lanzas la posición. Los pocos paraguayos que aun quedaban por no haber tenido tiempo de pasar el rio, apenas lo tuvieron para descargar sus cañones á metralla y ejecutar una corta y enérjica resistencia. Viéndose perdidos y abrumados por el número, se lanzaron de las altas barrancas al rio y trataron de pasar á nado al otro lado, pero muchos fueron muertos, aunque protegidos por el intenso fuego de las tropas de la otra margen. Aquella fuerza situada allí con ese objeto, produjo sensibles bajas en los brasileros y protejió eficazmente hasta cierto punto la retirada de la guarnición del reducto: la falta de algunos monitores brasileros dieron este resultado: á estar allí habrían sin duda apagado los fuegos de la margen derecha é impedido la retirada deja fuerza del reducto. Los paraguayos perdieron en esta acción 5 oficiales y 165 soldados muertos, 7 oficiales, 86 prisioneros, contando entre estos últimos al mayor Rojas, capitán Abado (1), y los oficiales Vega, Arguello, Casimiro Castillo y Glesa. Las pérdidas de estos dos combates representaban á López 300 hombres de sus mejores soldados, la mitad de la fuerza que habia enviado á contener al ejército brasilero. Primero son 200 hombres que se dejan estar ante la imponente vanguardia brasilera, y en seguida un miserable reducto artillado con tres piezas, colocado en un paso preciso, tiene la pretensión de hacerle perder tiempo á un ejército numeroso que avanza impertérrito buscando el cuerpo principal del enemigo. Era aquello regalar hombres y cañones al ejército aliado, ó mejor dicho, poner un medio á la puerta de una escuela. (1) Este oficial era considerado por Lopeí como el espía mas audaz; continuamente lo tp i m\ corriente de lo que pasaba ep el ejército aliado.


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También, como era consiguiente, en un ataque llevado por columnas tan numerosas, los brasileros tuvieron á pesar de lo rápido del combate sensibles pérdidas. La mas sentida fué la del mayor, comandante de caballería Pantaleon Tellez Quiros, que sucumbió en los momentos en que á encontrones con el caballo y á quema ropa del enemigo trataba de abrirse paso por entre los abatís para salvar el foso: además de este bravo caído en el campo del honor, tuvieron un oficial y 19 soldados muertos, 15 oficiales, 127 heridos; 5 oficiales y 5 soldados contusos. Cuando el dictador paraguayo tuvo conocimiento de este contraste, es muy probable que se disculpara, como lo hacia siempre, diciendo que habían sido mal comprendidas sus órdenes ó instrucciones; sin embargo que el reducto y las 3 piezas habían quedado allí, como otro García Paredes, á contener un ejército, con la diferencia que mas diestro en las cosas de guerra el bravo español, sostuvo el paso en el lado opuesto al que traia el enemigo. Si López quiso dar al reducto el rol de una cabeza de puente, olvidó que mejor dispuesta estaba la artillería en la trinchera situada en la elevada margen derecha del Tebicuarí para flanquear la posición y tal vez después de hacer sufrir pérdidas de consideración á las fuerzas brasileras, se encontraba en situación de salvar hombres y piezas, en razón que el paso de un rio inexplorado frente al enemigo no se ejecuta sin previos reconocimientos, aunque se obtengan de antemano las exactas noticias que puedan dar los prisioneros. López, que no esperaba movimientos tan rápidos por parte de un enemigo tan moroso, sintió la influencia del peso de estos sucesos y se creyó ya perseguido de muy cerca; apresuró su marcha, porque comprendió la desmoralización que traería en su ejército, si acaso la vanguardia brasilera picaba su retaguardia, como también las dificultades que encontraría en un terreno estrecho y sin ventajas para el desplegue de sus tropas, dado el caso en que se viera obligado á aceptar una batalla. Desde este momento, al forzar las marchas el ejército para-


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guayo, perdió hasta cierto punto el orden, y abrumado de fatiga y de hambre, habría sido tal vez vencido sin pelear, si los aliados anticipando su avance hubiéranse distanciado menos de él. El I o de Setiembre pasó el Barón del Triunfo el rio Tebicuarí, sin que el enemigo pusiese la mas mínima resistencia; esploró hasta San Fernando y encontró ese campamento completamente abandonado é incendiándose. Los puestos de observación del enemigo que habían quedado en ese punto, la noche anterior emprendieron la fuga, y tan apresuradamente lo hicieron, que olvidaron prevenirlo á uno de los piquetes destacados, cuyo comandante vino á presentarse al general brasilero suponiéndolo gefe paraguayo. Se comprobó entonces lo insignificante de las obras que guarnecían la margen derecha del Tebicuarí, que se limitaban á un ligero reducto, no sucediendo así en cuanto á la naturaleza del terreno si López hubiera sacado provecho de la defensa que presenta el paso de un rio. El dia 2 de Setiembre, el ejército coadyuvado por los monitores de la escuadra brasilera, algunos vapores y otros buques, dio comienzo al pasaje que debia durar hasta el dia 8 á causa de su pesado material, pudiendo el ejército ya sobre la margen derecha del Tebicuarí arribar el 5 á San Fernando, 9 dias después de haberse retirado de allí el adversario. En este mismo tiempo dejaba á Pare-Cué el coronel Alvarez con la columna á sus órdenes y seguía en pos del Marqués de Caxias. Grandes lluvias empezaron á entorpeoer las marchas de las tropas, no sufriendo este contratiempo las fuerzas argentinas que quedaron en Humaytá, porque embarcadas el 7 de Setiembre hacían su avance lento á la altura de sus aliados que marchaban por la costa, de manera que en cualquier emergencia estaban


31 hasta cierto punto prontas á desembarcar y á tomar su puesto de combate donde fuera necesario. Mientras descansa un tanto el ejército de tierra de sus fatigas penosas, volvamos á la escuadra brasilera que desde el momento en que se inician estas operaciones es nuestro poderoso auxiliar, y línea segura de comunicación y aun de operaciones.

VIL Al mismo tiempo que prestaban poderoso concurso las naves brasileras en el paso del ejército en el rio Tebicuarí, el 2 de Setiembre se le ordenó al capitán de mar y guerra Simoens da Silt a el reconocimiento de Angostura, que los pasados designaban como nueva base de operaciones del ejército enemigo (1). Los encorazados «Lima Barros,» «Sillvado,» «Mariz e Barros» y «Herval,» fueron designados para la ejecución de esta empresa. Recien arribaron el 7 de Setiembre á un punto mas abajo de Angostura, siendo la causa de esta demora algunas averias sufridas por el «Sillvado» en el transcurso del viaje. Marchaba de vanguardia este encorazado, y después de pasar la punta de Itapirú (2), hallóse de repente sobre la batería de la izquierda de Angostura; su comandante Costa Acevedo, se aproximó con audacia, recibiendo al principio el fuego de 6 piezas de posición, y en seguida el de 9 mas que se encontraban establecidas en la batería de la derecha. A pesar del vivo fuego que se le hacia, el navio brasilero forzó el i>aso y ejecutado el reconocimiento ordenado, retornó en seguida aguas abajo, auxiliado en (1) Era inexacto, como se verá mas tarde (3) Lugar situado un poco mas abajo de Angostura.


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este momento por el «Lima Barros,» sufriendo como era natural averias y pérdidas. Estas apenas alcanzaron á 3 oficiales y 4 soldados heridos. Este reconocimiento demostró que una nueva posición nos esperaba, sin abandonar el enemigo su línea de operaciones, que por una anomalía de la inercia, era la misma del ejército aliado desde el principio de la guerra: el rio Paraguay, en su parte no dominado por las naves de la alianza. Se supuso con razón después de este reconocimiento, que las baterías de Angostura eran el punto de apoyo de una nueva línea; pues no se concebía una posición aislada que no tuviera el poder material de Humaytá ú otra til vez capaz por sí solo de detener la marcha triunfal del ejército que acababa de vencer aquel obstáculo. Marchaba pues el ejército sospechando encontrar una nueva cinta de fortificaciones y por consecuencia mayor resistencia y demora en una campaña que se iba haciendo eterna. Sin embargo que la debilidad del enemigo era manifiesta, se vislumbraba (á pesar de la opinión de la legión paraguaya) (1) que López haría quemar á su pueblo hasta el último cartucho. Continuando las lluvias hacían mas penoso el avance y amortiguaba su rapidez. Un terreno de bañados y esteros, causando grandes molestias, dificultaba cada vez mas las jornadas que se hacían también en un suelo ya chapaleado por la retirada del ejército paraguayo que no dejaba tras de sí sino la muerte y la desolación. Luchando con estos contratiempos arribó el ejército brasilero el 10 de Setiembre á Villa Franca, donde se dio algún descanso á (1) Marchaba este cuerpo en P1 ejército argentino, y sus jefes creían de buena f' Cuanto te presentasen al ejército paraguayo, se pusiesen al habla con los soldado d r ' ^ Ciéndoles comprender Ideas de libertad, abandonarían aquellos el servicio del f "^

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las fatigadas tropas, continuando en seguida la marcha, de manera que el 14 estaban en Barrios Cué y el 18 en Roque González. (1) El Barón del Triunfo con la división de vanguardia alcanzó el 22 hasta un punto del arroyo Surubi-hi, próximo á un lugar denominado Paso Laguna. Allí existia un puente de madera dura y angosto tablero, paso único en esta época por donde se pudiese salvar este profundo arroyo, al que las crecientes ocasionadas por las recientes lluvias le daban mas caudaloso curso. Interceptando el camino real que conducía á la Asunción, elegido también por el ejército aliado para su marcha, hacia de este lugar una posición importante. Conociendo el generalísimo brasilero las ventajas de la ocupación de aquel desfiladero, que debió reputar punto estratéjico de primer orden para la prosecución de su avance, en atención á que el enemigo iba ganando tiempo, que lo empleaba en levantar rápidamente trincheras y crearse recursos; ordenó al Barón del Triunfo su inmediata ocupación. Este á su vez destacó al coronel Niederauer con la brigada de su mando y dos escuadrones de la 8a, previniéndole que marchase siguiendo un camino que existia sobre la derecha del trayecto general del ejército, cubriendo ese flanco del grueso de la vanguardia, al mismo tiempo que este pasaría por la Estancia de la Laguna (2), tomando otro camino que por aquel sitio se dirijia al puente. A las cinco y media de la mañana del dia 23 de Setiembre inició su marcha toda la fuerza de la vanguardia, haciendo un camino detestable por bañados y pantanos de tierra greda. (1) Todos estos lugares son intermedios entre el rio Tebicuarí y Palmas. (2) Lugar próximo á. la costa del rio Paraguay y muy cercano al arroyo Surubi-hi.

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Cumpliendo las órdenes recibidas, el coronel Niederauer se adelantó y destacó como esploradores los dos escuadrones de la 8 a brigada á las órdenes del mayor Fernandez Oliveira. Precavido este oficial, se aproximó con tiento y al enfrentar á una picada que conduce al puente, dio con una fuerza de 200 hombres de caballería enemiga. Esta se mantuvo sin iniciativa y se limitó á desprender una fuerte guerrilla, que respondió á los fuegos de la de los brasileros, que por su parte hicieron alto escaramuceando. Al dar aviso de lo que pasaba el mayor Fernandez Oliveira, fué inmediatamente socorrido por un escuadrón de carabineros, durante que aceleraba el paso la restante fuerza de la brigada del coronel Niederauer. Próximo al teatro de la escaramuza se desprendió además de las fuerzas combatientes el 6« cuerpo provisorio de caballería y unidas todas estas fuerzas cargaron resueltamente al enemigo. Ocultando este, otro propósito, se retiró, simulando derrota y pasó el puente rápidamente. Uno de los escuadrones del 6o cuerpo provisorio, en el ardor de la persecución, siguió imprudentemente al enemigo y traspuso el puente, pero fué sorprendido por una furiosa descarga, que repentina rompió una fuerza de 150 infantes, emboscados en un pequeño bosque que se encontraba allí próximo. Los brasileros sorprendidos hicieron alto; y retrocedieron cuando adivinaron la intención de los paraguayos de cortarles la retirada. Entonces el coronel Niederauer avanzó hacia el puente con el resto de la brigada, y tomando posición de este lado, protegió con éxito la retirada de sus parciales.


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Cuando hubo recojido á sus dispersos, cambió de lugar y tomó posición en un punto situado á la.izquierda de la picada, donde se encontraba á resguardo del fuego enemigo; y esperó allí al Barón del Triunfo para obrar según sus instrucciones. Este general que habia sentido el tiroteo de sus fuerzas avanzadas, apresuró su marcha en lo posible, arribando un momento después al sitio donde se encontraba el coronel Niederauer. Noticiado por este de la situación del enemigo, estableció su artillería en un lugar conveniente, desde el que pudiera con ventaja batir el puente y el bosque que se suponía ocupado por el enemigo; ordenando enseguida al coronel Fernando Machado que se encontraba á la cabeza de la columna que con los batallones 7 de línea y 34 de voluntarios atacase y tomase la posición. Si rudo fué el ataque, mas pertinaz se mostró la resistencia. Recibidos fueron los brasileros con un terrible fuego de mosquetería que los hizo vacilar y detener su mareha entusiasta, retrocediendo enseguida al punto de partida. Entonces comprendió el Barón del Triunfo la necesidad de un ataqne mas enérgico, pues no habia otro camino que tomar en este momento, en que un puñado de paraguayos disputaba con una audacia increíble una posición tan importante para las operaciones ulteriores del ejército. En consecuencia, ordenó al coronel Pedra que atacase con ímpetu con la 2 a división de infantería, formada por la 7a brigada, bajo el mando del coronel Oliveira Bueno y la 5 a á las órdenes del de igual clase Fernando Machado. (1) La lucha fué reñida por algún tiempo, pero al fin las tro(1) La 7* brigada tenia los batallones S, SO, 51 y 56 y la 5* el V, 13, 7 y 5S>


36 pas paraguayas iniciaron su retirada haciendo antes arrancar una parte del tablero del puente. Grando alborozo causó este retroceso en las fuerzas imperiales que se lanzaron con grande entusiasmo sobre el puente y lo traspusieron en persecución desordenada. Muy adelante de todos, desorganizado y presuroso, marchaba el 5 de infantería. Con el afán de adelantarse á los demás y la imprudencia de un recluta, iba únicamente impulsado por el espíritu de cuerpo, por ese estímulo que en la guerra produce brillantes triunfos y negros reveses. El enemigo se retiraba como en derrota y los brasileros cada vez mas entusiasmados apresuraban la persecución, cuando in- . opinadamente un regimiento de caballería paraguaya que emboscado en un bosquecillo cercano al camino espiaba el momento propicio de lanzarse sobre la presa, arremetió sobre el 5 de infantería como si fuese un huracán de lanzas. Aquel ataque inesperado convulsionó completamente al inesperto batallón y estendiendo el pánico sus alas de hielo sobre esa desgraciada tropa, hizo un montón de hombres que sin atinar á defenderse retrocedían en una confusión espantosa, haciéndose matar uno que otro de esos soldados de excepcional valor temerario que siempre se encuentran en los cuerpos y que algunas veces arrastran á los demás en el avance impetuoso, ó dominan el peligro en momentos menos terribles que este. En esta situación, por lo general; el mejor soldado del mundo desaparece y se deja lancear como un cordero; y así fué la carnicería con que los paraguayos tomaron una de las revanchas, de las tantas que les debían los aliados. A punta de lanza los llevaron hasta el puente, pero allí las fuerzas brasileras que estaban de reserva é intactas, atacaron á su vez al enemigo que también venia desecho y lo hicieron retroceder con grandes pérdidas, movimiento que ejecutó en desorden


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protegido por otro regimiento (1) que de reserva á su retaguardia se encontraba á la derecha. Toda la fuerza enemiga se retiró entonces en orden, y el Barón del Triunfo limitó con prudencia á corta'distancia la persecución, á causa que distanciado del ejército no era conveniente aventurarse en una empresa desconocida que podía traer fatalmente un resultado negativo; tanto por la naturaleza del terreno que lleno de arbolados y accidentes ocultaba los movimientos del adversario ; como por el ningún conocimiento que se tenia de la verdadera situación del grueso del ejército paraguayo. En este combate perdieron los paraguayos 5 oficiales y 125 soldados muertos; 11 prisioneros, algunas armas y una bandera que abandonada fué tomada por el soldado Francisco Dornellas del 5o cuerpo provisorio de caballería. Las bajas de los brasileros alcanzaron á 12 oficiales muertos y 26 heridos, 78 soldados muertos y 178 heridos, que hacían un total de 294 hombres fuera de combate. El batallón 5o de infantería fué disuelto, haciendo pesar sobre él la acusación de cobardía. El decreto figura en la orden del dia de 28 de Setiembre de 1868, donde se infama con injusticia á un cuerpo que tuvo un mal momento del cual no se hubiera escapado la mejor tropa del mundo, y olvidó el Marqués de Caxias con una severidad romana, que ese cuerpo en otros combates habia lidiado con gallardía, derramando su sangre por "la gloria de su nación. .Antes de ejecutar una tal sentencia mil veces mas cruel que la misma muerte, se le amonesta, se le estimula y tocando las fibras del patriotismo, se le somete á otras pruebas, dándole ocasión de conquistar los, nuevos lauros que con tantas ansias se desea, y la historia consigna con justicia que con muy raras (1) En este tiempo los regimientos de caballería paraguaya no constaban de mas de 150 á t00 hombres.


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excepciones, cuerpos que sufrieron un descalabro en casi idénticas circunstancias, reaccionando en seguida por el espíritu noble y grande que anima al soldado, volvieron por su honor con heroico impulso, ejecutando proezas alimentadas por la sospecha de una cobardía. Eso estaba bien en un ejércit) de cobardes, pero el aliado podia formar al lado de las mejoros tropas del viejo continente. Si este castigo hubiera de ser equitativo, á muchos cuerpos alcanzara el golpe de la atroz cuchilla en la guerra del Paraguay, donde hubo tantas victorias y derrotas. Dueño el ejército aliado del puente del arroyo Surubi-hi, dominó todo el terreno hasta Palmas, pasando en seguida á establecerse entre estos dos puntos. El general Gelly al mismo tiempo desembarcaba en Palmas con las fuerzas argentinas y tomaba posición de ese lugar. Unido ya el ejército se encontraba de nuevo detenido por una otra línea que el enemigo levantaba como por encanto, y antes de proseguir el curso de las operaciones de los aliados, volverse al adversario y á sus nuevas posiciones.

VIII. La línea fortificada del Pikiciry, se presentaba inaccesible en su frente y su flanco izquierdo, á causa de sus defensas naturales que valorizaban las obras que en otro terreno no hubieran tenido importancia alguna. Desde Palmas para llegar por su vanguardia á esta posición, habría sido necesario avanzar por un trayecto de legua y media entre un estero profundo, y pasar en seguida el arroyo Pikiciry, cuyas aguas detenidas por esclusas en varios lugares, daban la profundidad de 6 pies al camino que va á la Asunción, único


39 punto de avance por el frente y batido con los fuegos convergentes de la artillería enemiga. Por el flanco izquierdo aun presentaba mayores inconvenientes, quedando entonces el otro flanco que podia ser contorneado ocupando el Chaco, ó forzando con la escuadra y otros buques el paso de la Angostura. Laestension de las obras de esta línea alcanzaba á 9,000 metros, no incluyendo en estos trabajos los de las dos baterías de la Angostura que era el fuerte apoyo del flanco derecho. Estas baterías divididas en dos secciones formaban cada una un reducto, mediando entre sí la distancia de 750 metros; con las denominaciones de batería de la izquierda y batería de la derecha, siendo esta última la que protegía el puerto. Los fuegos de la batería de la izquierda flanqueaban las obras de tierra y podían converger del mismo modo sobre el camino real que se dirige á la Asunción. La primera sección de estos trabajos que partía de la batería de la izquierda de Angostura, constituía una línea de redientes sucesivos y se encontraba poco distanciada y paralela al arroyo Pikiciry. En seguida venia la segunda sección en una cortina continuada en dirección al Este, formando á cierta distancia un ángulo saliente y estendiéndose exabrupto hacia el Sud, se aproximaba al arroyo, en la forma de una gran luneta destacada al centro; presentando en su flanco izquierdo otra línea de redientes y describiendo después una curva entrante que iba á sepultarse en el Pikiciry y los pantanos de la izquierda. La parte mas aproximada de esta línea al riacho era el frente de la luneta, formando sus costados grandes espacios que aunque alejados del arroyo, estaban cubiertos de agua. En el desenvolvimiento de estas obras se notaba la falta de flanqueamiento en algunos puntos: fosos poco profundos despro-


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vistos de berma: insuficiente altura en el relieve; ángulos salientes demasiado agudos, de manera que presentaba un mayor sector sin fuegos y ante tales imperfecciones se comprendía que esos trabajos habían sido ejecutados á la ligera sin los estudios necesarios que se requieren para llevar á cabo una empresa de tal magnitud. El centro de esta línc a fortificada estaba construido sobre una altura que por su ventajosa posición dominaba el terreno circundante. Alcanzaban en un principio á 71 cañones el monto de la artillería que defendía esta posición: luego mas tarde López retiró algunos á su cuartel general de Itaivaté. A retaguardia de esta línea como á 1500 metros al Noroeste destacábase el cuartel general de López en la parte mas elevada de la loma de Itaivaté; donde sentó su real desde el principio de Setiembre; construyendo antes que todo, grandes murallas de tierra que lo preservaran de los bombardeos, y una red telegráfica que lo pusiera en comunicación con Angostura, Pikiciry, Cerro León y Asunción y algunos otros puntos. Esta posición céntrica en su teatro de operaciones se distanciaba 6 kilómetros de Angostura y 9 de Villeta, de manera que desde allí se podría acudir á cualquier punto amagado, de este nuevo casi cuadrilátero. (1) Una vez López en esta nueva posición, reorganizó su ejército, haciendo nuevos batallones y reemplazando las bajas con los continuos reclutas que sin cesar arribaban á su campamento, en virtud de que el reclutamiento continuaba siempre, sin exceptuar ni los niños de once años, ni los ancianos sexagenarios, ó cualquier otra edad que tuviese el poder físico para sustentar un futí) Faltábale solo un costado para cerrarlo. — Al Norte el arroyo Itororó, al Sud el Pikiciry: al Este el rio Paraguay; quedaba solo descubierta su base de operaciones, que después de perdida la capital, fué Cerro León.


41 sil: una tercera parte de los elementos que reunió allí, eran de esta calidad, y sin embargo, fueron y serán siempre una gloria de su nación, sea cualquiera la causa que hayan defendido. A 18,000 hombres sanos alcanzó este ejército fraccionado en 5 divisiones; estacionada la I a en Angostura, fuerte de 2,500 hombres á las órdenes del teniente coronel Thompson y guardaba 900 metros de trinchera (1). La 2* establecida sobre la derecha de la linea del Pikiciry estaba á las órdenes del coronel Hermosa; la 3 en el centro bajo el mando del coronel Gonzales y la 4 que ocupaba la de la izquierda á las órdenes del coronel Rivarola. Estas fuerzas representaban un efectivo de 5,000 hombres (2). Lo demás del ejército tomó posición en la loma de Itaivaté á vanguardia del cuartel general, acampando aparte una división especial de 5,000 hombres y 12 piezas, á las órdenes del general Caballero, que como cuerpo volante pudiese acudir á cualquier punto amagado de la linea. Todas estas disposiciones cambiarbn en seguida, pues á medida que sobrevenían los reveses, eran las sucesivas variantes de la organización del ejército paraguayo. López, conociendo que los aliados estaban resueltos á todos los sacrificios imaginables para concluir una contienda que se les presentaba cada dia con mas ventajas, esperó indeciso los acontecimientos, no manteniendo otra esperanza que la de prolongar la guerra. Volvía á ocupar una estensa linea no proporcionada al número de los defensores, pero disculpado en este caso por los accidentes que la hacían inabordable. Creyó también incapaces á sus enemigos de la concepción de un plan estratéjico (1) Estas fuerzas que se componían de una parte de la guarnición de la Asunción fué reducida en seguida A 700 hombres, lo demás fué á engrosar la columna de Caballero. (í) Mas tarde fué reducido á la mitad.


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que les evitase el ataque por el frente; y viviendo siempre de congeturas nunca se presentó su situación en las peores condiciones para precaverse de antemano. No habia modificado en nada su primer sistema de guerra. Esta vez es la columna del general Caballero la elegida para el sacrificio heroico; estas infelices tropas, escasas de todo y abrumadas de cansancio, las mandará á un campo de batalla, donde habrán de combatir uno contra tres. De este modo habia aniquilado 80000 hombres de su ejército, cuando con las dos terceras partes reunidos en cualquier campo de batalla de la comarca que defendía, hubiera vencido irremediablemente. Iba pues á iniciar la resistencia á este nuevo avance de los aliados, que llamaremos campaña del Pikiciry, con un ejército mal armado, peor amunicionado, sin casi caballería que era el arma predilecta, abrumado de miseria y sin espíritu, y sin embargo, en estas tristes condiciones, atemorizado por su bárbara disciplina, asombraría al mundo aquel último grupo de ese pueblo de granito.

IX.

Frente á la linea det Pikiciry se estendió el ejército aliado desde el arroyo Surubi-hi hasta Palmas, donde se establecieron las tropas argentinas. Este punto, situado sobre la margen derecha del rio Paraguay á legua y media de las posiciones del enemigo, vino á ser la nueva base de operaciones del plan que se iba á poner en planta. Debidamente fortificado, aunque aislado, su situación no ofrecía ningún peligro, por el contrario, su naturaleza le daba condiciones de defensa de primer orden, y no habia que pensar siquie-


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ra que el enemigo acosado en su guarida, tentara en un ataque sin probabilidades, empresa tan descabellada. Al mismo tiempo que se acomodaban las tropas en su nuevo campamento y descansaban un tanto de sus fatigas, los generales aliados conferenciaban sobre el nuevo plan de operaciones y resolvían ejecutar un reconocimiento ofensivo sobre las posiciones enemigas y aprovechar, si el caso era oportuno, para llevarles un ataque. Este reconocimiento, arriesgando pérdida de hombres, habría de determinar exactamente la extensión y naturaleza de las obras del adversario, y ser protejido al mismo tiempo por la escuadra brasilera que debería rudamente bombardear á Angostura y forzar el paso, reconociendo por su parte un buen trayecto del rio Paraguay hacia el Norte. En consecuencia de estas disposiciones, el Marqués de Caxias ordenó que este reconocimiento se llevase á cabo el 1° de Octubre. El ejército se puso sobre las armas y se preparó á tomar posiciones para en caso necesario avanzar inmediatamente. A las cinco de la mañana, el general Osorio inició el movimiento con el 3 er cuerpo de ejército brasilero y marchó resueltamente sobre la línea enemiga, á pesar del vivo fuego de artillería con que fué recibido. En este avance fué tomada una pequeña trinchera, que en un bosquecillo se destacaba á vanguardia de la línea principal del enemigo, é impedia su exploración. Defendido este puesto por algunos piquetes, huyeron en cuanto sintieron la aproximación de las fuerzas aliadas. El reconocimiento se estendió minuciosamente por toda la extensión de la línea y se comprobó debidamente lo inaccesible de la posición, aun para la caballería, que en diversos puntos tuvo que transitar con el agua al encuentro; y en otros empantanándose, á duras penas pudo salir; además todo lo que ya he descripto anteriormente al referirme á las posiciones del enemigo.


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La artillería enemiga descubrió todos sus fuegos, López creería sin duda que tendría que habérselas á un ataque formal y así pudo reconocerse el número de piezas de su defensa. Mientras que esto sucedía, la escuadra brasilera cumplía gallardamente su comisión. Una parte bombardeaba á Angostura y otra forzaba el paso sufriendo algunas averias, y remontando el rio, ejecutaba un prolijo reconocimiento hasta San Antonio; volvía en seguida aguas abajo y s> mantenía entre Angostura y Villeta, esperando allí nuevas intrucciones. En esta exploración se reconoció que todos los puntos de la costa estaban abandonados, sin defensa ni guarnición alguna, no había mas puerto disputado que Angostura. Las pérdidas sufridas por las fuerzas del general Osorio alcanzaron á 80 hombres, entre las cuales la sensible del teniente de ingenieros brasileros Gamboa, que en cumplimiento de su importante misión fué muerto tomando apuntes de la posición del enemigo. Este y otros reconocimientos que se hicieron sobre la nueva posición de López, en algunos de los cuales asistieron personalmente los generales aliados, determináronla imposibilidad por la parte de tierra de un ataque á viva fuerza, porque, á pesar de la extensión y la poca consistencia de las obras y calidad del ejército enemigo, sus abrigos naturales le daban una potencia inabordable, y á haber puesto en práctica semejante proyecto, se hubiera visto el ejército aliado empantanado y repelido con grandes pérdidas. Era necesario tener en cuenta á los 80 cañones (1) vomitando metralla sobre los asaltantes; y alas reservas enemigas acudiendo de refresco en grandes masas á rechazarlos ó á abrumar con sus fuegos las tropas repelidas. (J) Ipcluyo los de la baten» de la izquierda de Angostura.


45 Victoria sin esfuerzos hubiera sido está para los paraguayos; ellos que se defendían con una sangre fria atroz detras de sus parapetos, y que estaban acostumbrados mas de una vez á vencernos en ese terreno. Ante esta espectativa los generales aliados celebraron consejo para arbitrar los medios de llevar á cabo un plan de guerra que los sacase de ese atolladeío. Desde el primer momento, el general Gelly propuso dejar una fuerte guarnición en Palmas, punto ya fortificado, y embarcar 20,000 hombres en los transportes brasileros y todos los buques de cabotaje que allí se encontrasen; remontar el rio Paraguay, al mismo tiempo que una parte de la escuadra brasilera con todo su poder bombardeaba á la Angostura, llamando hacia sí la atención del enemigo, mientras que la otra, protegiendo esta operación, forzaba el paso, para dirigirse en seguida á San Antonio, punto elegido para el desmbarque, por ser conocido perfectamente por el general argentino. Ejecutado el desembarque, el ejército marcharía sobre la retaguardia de la posición de López, y cortándolo de su base de operaciones, lo encerraría entre la espada y la pared; la pared era el rio Paraguay, y la espada las fuerzas de Palmas. Este plan audaz debíase ejecutar de noche, y siendo rápido el pasage, era de creerse que no fueran muy grandes nuestras pérdidas ; cuando marchaba, como un escudo de acero suspendido sobre elflancoamagado, la escuadra brasilera con sus encorazados. También tenia otra ventaja indiscutible; la celeridad délas operaciones, llevadas á cabo, hubiese quitado á López mes y medio de tiempo que empleaba admirablemente en la conclusión de sus obras y en la organización de nuevas tropas. El Marqués de Caxias observó que, antes de poner en planta este plan, quería primero tantear si era posible ejecutar una


46 marcha estratégica por el Chaco para evitar á Angostura y eú seguida desembarcar en Villeta. Aceptada la modificación por el General Gelly, este indujo simplemente al Marqués de Caxias á efectuar el desembarque en San Antonio, en vez de ejecutarlo en Villeta que según datos dé pasados estaba guarnecido. Habiendo el General Castro manifestádose de acuerdo con este plan, resolvió el Generalísimo brasilero cuanto antes ponerlo en planta. Las posibilidades de éxito que este atrevido proyecto, casi puede decirse, que halagaba el espíritu de todos, conociendo la potencia del ejército aliado que le permitía dividir sus fuerzas ante un enemigo que siempre combatía por destacamentos. 9,000 hombres quedando en Palmas para tener en jaque constante á la línea enemiga, marcharían 21,000 á ejecutarla empresa; era, pues, todo un ejército que se bastaba á sí mismo, perfectamente equipado, mantenido y armado y con una moral robustecida con la victoria incesante, y sobre todo, conociendo la debilidad creciente de un adversario que reñia con fusiles de chispa: era de esperarse que al solo amago de tan rudo empuje fuera vencido: y sin embargo no fué así. El León paraguayo agonizaba en está época, y solo de esta manera se concebía que permitiera "tal audacia estratégica, por mas ignorancia que se tuviera de los preceptos mas esenciales de la guerra. La felicidad del ejército brasilero fué, que al quemar sus naves, lo hizo ante un ejército sin general, y un general sin genio. El dia 8 de Octubre, el «Silvado» forzaba el paso de Angostura aguas abajo, trayendo un parte del Barón del Pasage, en que daba cuenta de un prolijo reconocimiento ejecutado en el curso del rio hasta frente de San Antonio, y, con excepción de Villeta, parecía todo abandonado.


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En seguida, el dia 9, fue reforzada la escuadra que estaba aguas arriba, por los encorazados «Lima Barros», «Alagoas» y «Silvado», quedando de este lado otros naves que debían efectuar el embarque de las tropas expedicionarias. Las fuerzas que debían permanecer en Palmas á las órdenes del General Gelly eran las siguientes: Ejército argentino 6500 División oriental 800 Brigada Paranhos (1) 1030 1 Regimiento de artillería á caballo 1800 Además 1 sección de trasportes; 1 piquete de pontoneros con su material y depósitos. Los hospitales del ejército, etc., etc., Todo alcanzando á 9,500 y tantos hombres. Desde el primer momento le manifestó el General Gelly al Marqués de Caxias la conveniencia de que la alianza fuese representada en esta expedición y para el efecto le propuso una división argentina; Caxias no admitió el ofrecimiento, exponiendo llevar mucha gente que él consideraba de sobra, y se estendió sobre la importancia estratégica de Palmas, por ser un amago constante que le prohibiría al dictador paraguayo distraer mayores fuerzas contra él. A pesar de estas razones, que no eran razones para evitar la coadyuvacion de los argentinos en las operaciones futuras, se veia á primera vista que el general brasilero se mantenía en su primera resolución de no dar participación á susfielesaliados en los sucesos que iban á sobrevenir, pues era muy natural que la alianza estuviese bien representada en toda operación, importante y decisiva; las glorias y los sacrificios debían ser comunes para vincular sólidamente en el mismo campo de batalla, la

(1)

Se formaba de los batallones 6,7, SO y 53 de voluntarlos.


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amistad de dos pueblos hermanos, que mas de una vez unidos han derramado su sangre por las luchas de la civilización. Los móviles que agitaban al generalísimo, se sospechaban. Era necesario explotar en el exterior la influencia moral de las victorias délos aliados en favor délos brasileros, y mantener constante el solo nombre de su nación en la prensa diaria, ilustraciones y otras publicaciones europeas, en donde para nada figuraban sus aliados, pero se llevó un gran chasco el Sr. Marqués, porque como se verá mas tarde, tuvo que recurrir á los argentinos y orientales cuando el 21 de Diciembre se vio rechazado, abrumado de fatiga, con casi medio ejército de menos, y desmoralizado por el empleo poco juicioso que hizo de sus tropas en su corta y gloriosa campaña de 15 dias.

X. El territorio del Chaco, comprendido desde frente á Palmas hasta San Antonio, es en parte completamente llano y fangoso y en parte cubierto de espesos bosques impenetrables, salpicados por grandes esteros que generalmente se comunican con el rio Paraguay, destacándose algunos pequeños albardones intermedios, únicos puntos utilizables para el acampe de una pequeña división. Cruzada por algunos arroyos de poca corriente, estaba espuesto este terreno á continuas inundaciones. Su configuración exterior por la parte que costea el rio Paraguay, es un ángulo abierto que calza perfectamente en la ribera cóncava de la Angostura. Reconcentrándose al interior existen dos inmensas lagunas divididas por un estrecho, de manera que la única tierra firme por donde hay la posibilidad de ejecutar un camino, venciendo siempre grandes obstáculos, se encuentra en la costa en una faja delgada de terreno, ó retirándose á su interior á una distancia aproximada de 2 kilómetros y medio, en di-


49 versos albardones sucesivos que costean la margen poniente de uno de los dos pequeños lagos y se estienden entre poblados bosques. Una legua mas abajo de Villeta derrama en el rio Paraguay el arroyo Araguay, de estrecha embocadura, que se ensancha mas al interior, dividiéndose en seguida en varios brazos; uno de los que corre en dirección al Sud. Como se vé, era necesario salvar grandes dificultades para llevar á cabo la empresa que se proyectaba. El teatro era completamente desconocido y creído por el mismo López impenetrable. El dictador paraguayo, atento á los movimientos de los aliados, sospechó cuando la escuadra forzó el paso de Angostura, que aquellos exploraban la costa paraguaya para un desembarque, iniciando en seguida operaciones por el Chaco. Entonces ordenó diversos reconocimientos sobre ese terreno, siendo el último encomendado al teniente Lara, el mas prolijo. Este oficial aseguróle la imposibilidad de emprender operaciones en un terreno donde, según él, no podían marchar dos hombres unidos, y quedó López tan seguro de este aviso, que "cuando supo que los brasileros desembarcaban en Santa Teresa, (1) creyó que era esta una demostración que ocultaba otra operación, pero muy pronto se convenció que la espada de Damocles estaba pronta á caer sobre su cabeza. Vio la punta y se dejó estar.

XI. Resuelto cuanto antes á llevar á cabo esta operación estratégica el general en gefe, en los primeros dias de Octubre hizo (1) Primer punto donde desembarcaron los brasileros en el Chaco, su denominación fué dado por estos.

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50 transportar desde Humaytá al Chaco al segundo cuerpo de ejército brasilero, con el propósito de que operase en consonancia con las demás fuerzas, y encomendarle la gloria de la apertura de un camino de comunicación, por el cual se pudiera abastecer los encorazados que estaban arriba de Angostura, y tentar si era posible, pasar desde allí al territorio enemigo para ejecutar el movimiento envolvente. Por estas instrucciones (1) dadas al Mariscal Argollo, que era la persona en quien recaía el honor de la empresa, se manifiesta alguna duda en que se pudiese realizar una obra tan magna en tan poco tiempo, como el que se exigía para acelerar las operaciones. Al abandonar á Humaytá el general Argollo dejó al coronel Piquet con 1500 hombres, guardando los inmensos depósitos del ejército y la mayor parte de su artillería, embarcándose él con la suya de campaña en los transportes de guerra el 13 de Octubre, para desembarcar el 15 en el Chaco en el punto denominado Santa Teresa. Estableciéndose allí el segundo cuerpo, encontró ya acampada una fuerza á las órdenes del teniente coronel Tiburcio, que se ocupaba en la apertura de una picada que por entre el bosque costeaba el rio hacia el Norte. Después de practicar un prjlijo reconocimiento el 17 de Octubre, el Mariscal Argollo se cercioró que esta primera dirección era peligrosa y no daría el resultado que se esperaba, porque se expondría el ejército en su tránsito, á los fuegos de las baterías de Angostura y por consecuencia á sufrir grandes pérdidas. Fue entonces que encargó esta difícil tarea al distinguido ingeniero teniente Jourdan (1),' quien debia primeramente ejecu(I) Jourdnn. (1¡ Ingeniero militar y escritor distinguido, autor del atlas histórico,


51 tar las exploraciones necesarias, para demarcar en seguida el trazado de las obras, alejándose un tanto de la costa, con el fin de evitar los cañones enemigos. A consecuencia de este propósito tuvieron lugar varios reconocimientos y sondages en los esteros, bañados, y lagunas que interceptaban el tránsito y después de 6 dias de trabajo continuo (1), consiguió el ingeniero brasilero, la abertura de una picada que costeando el arroyo Araguay por la parte oriental, establecía la comunicación desde Santa Teresa hasta el punto donde estaban fondeados, los encorazados próximos á la embocadura del Araguay. Esta picada, construida entre medio de pantanos, lagunas y bosques vírgenes, presentaba una longitud de 10714 metros y fué la base del gran camino estratéjico, factor principal de los resultados de esta campaña. Con la seguridad de la empresa, ordenó el ilustre general Argollo la apertura del camino, y que se diera principio sin pérdida de tiempo á la firme solidificación del terreno, hasta que pudiese sustentar el peso de la artillería de campaña. Estos trabajos dirijidos por los ingenieros Falcao da Frota, Sepúlveda, Ewerard, Lassance y Jourdan, despertaron verdadero entusiasmo en la tropa; y trabajaron constantemente 3 batallones de infantería y el batallón de pontoneros del 2o cuerpo de ejército. La faena consistía en derribar árboles y palmeras y colocarlos paralelamente en grandes espacios de lagunas y bañados, en la construcción de puentes, telégrafos y reductos, y en el desmonte de espesos bosques que ensanchaba la picada. Los ardores de un sol de Diciembre en el Paraguay, los calores saturados de los miasmas pútridos de los esteros, los insectos mortificantes que hacían llevar una desesperante vida, el excesivo trabajo de una obra de guerra, cuyo éxito estaba en la (1) El 21 de Octubre se concluíala picada, y acamparon algunos batallones.


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prontitud de la construcción, nada arredró á nuestros aliados, y su general debió sentirse orgulloso cuando en 23 dias vio concluida su obra. Se habían empleado 30,000 troncos de palmeras, desmontado grandes y prolongados espacios de bosques vírgenes; levantado 8 puentes de profundidad superior á 5 metros; establecido un telégrafo en todo el largo de la vía (1); limpiádose casi 10 kilómetros de vegetaciones acuáticas que cubrían el arroyo Araguay, utilizándolo en la navegación de chalanas; por fin, construido un camino sólido, capaz de soportar el rodado de la artillería; este ejemplo de constancia y abnegación se habia llevado á cabo luchando contra las crecientes de los arroyos y la de el rio Paraguay; para que cómodamente pudiera ejecutar su marcha con todo su material el ejército brasilero destinado ala tercera grande operación de esta campaña. Era ya esta una victoria estratégica. Aquel camino de casi 15 kilómetros, llevado á fin por la perseverancia del general Argollo, rivalizaba, aun mas, exced a la idea primordial de los generales aliados que resolvieron ese plan atrevido y difícil, como son todas las combinaciones de la guerra que tienen algún mérito. Así el general brasilero tendrá siempre esa gloria imperecedera. Finalizada la obra, se trató de precaversa contra cualquier intentona del enemigo, al efecto se construyeron algunos reductos y se establecieron cuatro campamentos que contenían 2 batallones cada uno. López esta vez no se atrevió á una de esas peligrosas aventuras que eran tan peculiares á su carácter, y simplemente se limitó á enviar una columna de observación de 200 hombres, los que solo dos veces hostilizaron los trabajos. Estos sucesos ocurrieron el 16 y 25 de Octubre, presentándose (1) Esta obra fué dirijida por el ingeniero Alvaro Oliveira.


53 en esos dias dos guerrillas paraguayas con el propósito de un reconocimiento sobre el camino. Fueron rechazadas sin llevar á cabo su propósito, perdiendo 50 hombres. En esta misma fecha ordenaba el Marqués de Caxias la incorporación de los encorazados que habían quedado de este lado de Angostura á la división naval que fondeaba frente á Villeta, y el Vizconde de Inhauma le hacia ver la conveniencia de acelerar las operaciones, á causa de que el enemigo se fortificaba en este punto desde el 26 á la noche, levantando trincheras casi en la margen del rio, creyendo sin duda que seria ese el elegido para el desembarque de las fuerzas aliadas. Poco antes de concluido el camino habia ya empezado el transporte del inmenso material de guerra del ejército de operaciones, y debia durar este trabajo todo el mes de Noviembre. Apremiado el Marqués de Caxias por la necesidad de acelerar las operaciones, no solo como medida reclamada por la situación del enemigo, sino á causa de las dificultades que traería la creciente de los ríos que ya empezaban en los últimos dias de Noviembre; ordenó la construcción de una picada en la parte oriental del arroyo Araguay, con el solo propósito que sirviera de tránsito para la caballera, que dada su naturaleza, podía marchar por bañados y cruzar arroyos. Esta picada arrancaba de la primera sección del camino estratégico, pasaba el arroyo Araguay y dirigiéndose al Norte, salia á un albardon, elegido después para el acampe transitorio de la caballería, que desde allí debia marchar hasta la altura de Villeta, donde pasaría de nuevo el arroyo, tomando dirección entonces hacia un punto denominado Santa Elena, frente á San Antonio. Habiendo yá pasado al Chaco el ejército brasilero en los primeros dias de Diciembre, la infantería y la artillería siguió por el gran camino, y la caballería por la picada á que antes me he referido. Esta marcha se concibe sin temor de enemigos, en razón de


54 encontrarse completamente aisladas ambas fuerzas, ocupando un desfiladero prolongadísimo, donde en caso de peligro no hubieran podido desplegar mas frente que una cabeza de columna. Así siguió la infantería y artillería hasta el punto donde estaban fondeados los encorazados, y la caballería hacia la altura de San Antonio, quedando un poco mas al Sud frente al puerto Ipan¿ el Barón del Triunfo con su división (1). La organización del ejército brasilero al emprender esta campaña fué la siguiente: l cl Cuerpo de ejército Brigadier Bettencourt 5 a División de infantería Coronel Oliveira Nery a 4 Brigada—Coronel Faria da Rocha - Batallones 2, 33 y 40 10a Brigada—Coronel Maranhao—Batallones 6, 23, 28 y 46 9 a Brigada-Coronel Araujo—Batallones 41, 48 y 54 2° Cuerpo de ejército Mariscal de Campo Argollo (1) Estado de la fuerza pronta el 6 de Diciembre de 1868. Pontoneros Artillería Caballería 1 Cuerpo 190 2 Cuerpo 325 227 3 Cuerpo 926 325

417 Resumen: Artillería y Pontoneros Caballería Infantería

926

Infantería 4,551 7,755 1,690 16,999

712 926 16,999

Total 18,677 Con esta fuerza se dio el 6 de Diciembre la batalla de Itororó, habiendo quedado en el Chaco la 2* y 5* División de Caballería que recien se incorporaron al ejército el 10 de Diciembre en Puerto Ipané, asistiendo en seguida á la batalla de Avahy, de manera que agregando á los 18,667, los 2,500 ginetes de estas divisiones tendremos 21,000 y tantos hombres. Este es el ejército brasilero que operó hasta el ?1 de Diciembre, en seguida fué aumentado por la brigada Paranhos y otra fuerzas.


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Ia 2a

5a 8a 13a

10 piezas del 2° regimiento de artillería á caballo Coronel Lobo de Eca 1 Cuerpo de pontoneros 1 Sección de transportes I a División de infantería Brigadier Gerónimo dos Reís Brigada —Coronel Miranda da Silva —Batallones 4. 12 y 16. Brigada — Coronel Rodríguez Zeijas-Batallones 25, 26 y 29. 2a División de infantería Brigadier Gurgao Brigada—Coronel Fernando Machado—Batallones 1,13, 7 y 53. Brigada—Coronel Hermes Fonseca—Batallones 8, 10, 38 y 28. Brigada —Coronel Vasconcellos — Batallones 24, 32 y 31. 3 er Cuerpo de]ejército General Osorio

2 baterías del 2o regimiento provisorio de artillería 3 a División de infantería Brigadier Guimaraens a 3 Brigada—Coronel Pereira Carvallho—Batallones 3, 9, 14 y 35. a 7 Brigada — Coronel Mezquita — Batallones 5, 39, 51 y 55. 4a División de infantería. Coronel Silva Pedra a 11 Brigada—Coronel Bueno — Batallones 11, 27, 32 y 34 12a Brigada - Coronel Caldas —Batallones 36, 44, 47 y 49 Caballería I a División — Brigadier Barón del Triunfo (1) 2a » » Manuel Mena Barreto a 5 » » Cámara. (!) Andrade Jueves.


56 El total de estas fuerzas montaba á 21,000 hombres prontos á entrar en combate; lo restante del ejército brasilero empleado en otros servicios quedaba guarneciendo á Humaytá, Palmas y la nueva base de operaciones de esta campaña que desde este momento será el Chaco. La calidad y condiciones morales de este ejército que nadaba en la abundancia y que tenia la conciencia de su superioridad, inclinaba de antemano la balanza de la fortuna en su favor, y en aquellas circunstancias nadie pensó ni remotamente que pudiera sufrir un contraste, y sin embargo, herido y desangrando el león paraguayo, arrastrándose casi sin fuerzas aun, sus manotadas fueron terribles.

XII. Aglomerado y pronto á efectuar el pasaje el ejército brasilero en un punto de la costa frente á donde estaban los encorazados, dio comienzo á esta operación con un cuerpo de 8,000 hombres de las tres armas á las órdenes del general que habia tenido la gloria de eonstruir el camino que iba á decidir de la campaña. En la madrugada del dia 5 de Diciembre estas fuerzas fueron embarcadas en todos los buques de ía escuadra y algún tiempo después tomaban posición de San Antonio, donde haciendo resistencia en caso de ataque, debían facilitar el desembarque de las restantes fuerzas del ejército. Llegado á tierra, el general Argollo ordenó una minuciosa exploración que regresó sin novedad de enemigos en ningún lugar cercano, y pudieron entonces efectuar tranquilamente el pasaje las demás divisiones brasileras durante todo ese dia, de manera que al anochecer ya se encontraban en territorio enemigo 17,000 hombres de infantería y artillería y 1000 de caballería; la restante fuerza y parques ligeros pasaron en la noche, con excepción de las divisiones 2 a y 5 a que lo efectuaron mas tarde por otro punto, como mas adelante se verá.


57 Cuando López sintió que los aliados pasaban de largo por Villeta, que el suponía el lugar indicado para el desembarque, comprendió, aunque tarde, que iba á ser atacado por la retaguardia. Indeciso durante todo el dia 5, recien á la noche ordenó al general Caballero que marchase con 5000 hombres y 12 piezas de artillería á defender el puente de Itororó, punto estratégico de gran importancia para el avance de los aliados. Como se vé, volvía al mismo sistema de guerra; enviaba una patrulla contra una división, cuando reuniendo á su ejército todas las fuerzas esparcidas en Cerro León, Asunción y otros puntos, habría tal vez podido presentar 28,000 hombres, y realizado uno de los prodigios de la campaña de Italia en la que el Mequetrefe de Tolón, como la cola de un Yacaré, dio golpes á diestra y siniestra á enemigos que imprudentes se habían separado; pero estaba de Dios que el hombre de San Fernando no obtuviese una espléndida victoria, ni fuese iluminado un solo instante por una chispa de genio. Embrutecido por la crueldad, perdía un tiempo precioso en meditar atrocidades y escuchar los chismes sanguinarios de sus esbirros; todo lo fiaba al suelo que lo vio nacer; y esa tierra ya lo iba maldiciendo. Su corazón atrofiado por sus crímenes, no dejaba á su cabeza una idea, parece qué era un destino implacable que lo empujaba á un fin desastroso. No concebía que talvez su única salvación estaba en un esfuerzo gigantesco, supremo, glorioso para él, en una gran batalla, en la que hubiera tenido dos ventajas: el número y el terreno; y computando la resistencia que hacían sus destacamentos á los ejércitos aliados, se llega á una conclusión favorable para sus armas, ó por lo menos se vislumbran grandes probabilidades en su favor.


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XIII. Una vez que todo el ejército brasilero acampó en San Antonio, decidió el Marqués de Caxias. dar impulso rápido á las operaciones y ordenó ese mismo dia (5 de Diciembre) una nueva exploración sobre el camino que va hasta el puente de Itororó. Este nuevo reconocimiento fué ejecutado por el coronel Niederauer y alcanzó mas allá del puente, regresando después de escudriñar tojos los lugares adyacentes y accesos al desfiladero sin encontrar sino uno que otro piquete enemigo que se alejaba rápido. Sin embargo, sucedió aquí una cosa inaudita que no tiene explicación en la guerra: el puente, un único desfiladero, que era un objetivo sucesivo de marcha, no fué ocupado por los brasileros, que dispusieron de todo el dia y la noche del 5 para esta operación, ni volado por López que tuvo al momento conocimiento del desembarque de sus enemigos. Este error no tiene] disculpa dada la corta distancia de San Antonio al puente, y mas, conociendo la importancia militar de esa posición. En la creencia que el enemigo estaba distante, sin conocer su paradero fijo, inició el Marqués de Caxias su movimiento de avance sobre Villeta el dia 6 de Diciembre á la madrugada, llevando por vanguardia una fuerza de caballería, la 5 a brigada de infantería y 10 bocas de fuego á las órdenes del coronel Fernando Machado, venia en seguida el 2o cuerpo bajo el mando del Mariscal Argollo y mas á retaguardia el I o bajo las órdenes del brigadier Bettencourt, cerrando po.i último el 3 er que mandaba Osorio. De San Antonio al puetite de Itororó hay algo mas de 10 kilo-


59 metros por un camino de difícil tránsito para la caballería y artillería, formando puede decirse, en su mayor parte un desfiladero sombreado por grandes bosques. Por esta vía emprendió su marcha el ejército, dividido en 3 columnas y con la izquierda á la cabeza; apenas iniciada dio aviso la punta de la vanguardia que el enemigo habia ocupado el puente y que las fuerzas que se presentaban á la vista no eran de consideración. Ante esta perspectiva resolvió el Marqués de Caxias no detenerse y llevar el ataque incontinente á la posición del adversario, y contando sin duda en el tino del guia Céspedes, encomendó al general Osorio una delicada operación. De un punto próximo á San Antonio desprendió á este general, con la misión de ejecutar una maniobra envolvente sobre la derecha del enemigo. Se apartó entonces Osorio hacia la izquierda del camino seguido por el I o y 2o cuerpo y se dirigió por el que va áel Monte Ipané, ejecutando una marcha lateral con el propósito de despuntar el arroyo Itororó. El trayecto que habría de recorrer para llegar al ala derecha del adversario alcanzaría por lo menos á 14 kilómetros por un terreno lleno de obstáculos y desconocido. Al mismo tiempo el Marqués de Caxias con el I o y 2o cuerpo seguía su avance hacia el puente llegando á este á las 6 de la mañana. Una vez sobre él, dispuso sus columnas de ataque y estableció su artillería en las alturas que en forma de semi-círculo dominaban la posición. Natural era entretener al adversario para dar el tiempo necesario á que el general Osorio atacase la retaguardia del enemigo, en consonancia con el ataque de frente, y fué por esa razón que la fuerza de la punta de la vanguardia emprendió un prolonga-


60 do tiroteo sin avanzar, al mismo tiempo que se reconocía la posición para ejecutar cuando.fuera del caso el movimiento general. Pero la impaciencia de joven, del viejo y valiente general Caxias, impidió llevar á cabo esta espléndida operación.

XIV Como anteriormente expuse al hacer la descripción general del teatro de operaciones de esta campaña, voy ahora á describir el particular de la comarca donde van á tener lugar las maniobras y batalla de Itororó. El territorio de la costa comprendido entre la guardia de San Antonio y la Villeta es montuoso y accidentado, salpicado de uno que otro estero pequeño, y de elevadas colinas de un pintoresco agradable. De la guardia de San Antonio bifurcan dos caminos que forman los lados de un ángulo agudo al descender al Sud. El mas próximo á la margen del rio Paraguay es el mas corto, pasa por un puente lanzado sobre el arroyo Itororó. El otro viene á reunirse con un ancho camino que se dirige á la Asunción y desciende evitando aquel arroyo cerca de sus nacientes, hacia el Potrero Baldovinos que se encuentra situado entre los arroyos Santa Rosa é Ipané. El arroyo Itororó tiene una profundidad de 4 á 5 metros en su extensión media, y una anchura igualmente aproximada: posee una corriente torrencial que se desliza violentamente por entre dos muros de peñascos, y al caer estentórea en el rio Paraguay, se deshace en borbotones de espuma. Su único paso por el camino de la costa que vá de San Antonio á Villeta, es un puente de madera dura, construido sin gran cuidado y con un estrecho tablero que apenas mide cuatro metros de anchura.


61 Próximo al puente se deslizan sobre ambas márgenes dos pequeños brazos hacia el Oeste, siendo mas aproximado el que está sobre la orilla izquierda. La parte norte del terreno que está del otro lado del puente, es una elevada colina, y forma un recodo antes de llegar al arroyo que concluye en una pendiente rápida descendente al paso. A sus costados sobre la margen derecha, existen dos prolongadas isletas de bosques que podrían ser utilizadas para abrigo de los asaltantes, abrumando desde allí con sus fuegos convergentes la posición del adversario. Antes de llegar á este recodo se encuentra un desfiladero de 200 metros, que es el acceso indispensable para llegar al paso, de manera qne la gran dificultad se manifiesta clara en el estrecho callejón, próximo al paso, barrido por los fuegos enemigos, pero era de conjeturarse, que bien posesionada la artillería brasilera sobre los elevados flancos de la posición, batiríala con ventajas con fuegos convergentes, teniendo la inmensa superioridad sobre la artillería paraguaya en número y condiciones balísticas. En la parte Sud del arroyo elegido por el enemigo para su campo, se destacaba el terreno elevado; formando una extensa abra, rodeada por una espesa selva, que presentaba una ancha salida en dirección á Villeta y mas allá un bañado. En su parte céntrica hacia el Norte estaba el puente: su interior poblado por algunos pequeños bosquecillos y naranjales: uno de los que defendía el desfiladero. Ostentaba una lozana perspectiva aquel lugar y un campo con algunas ventajas para la resistencia y la ofensiva: la resistencia se hacia abrigado detrás de los árboles, la ofensiva por los claros que permitía á la caballería su maniobra.


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XV El general Caballero partió con cinco mil hombres del cuartel general de López, á las diez de la noche del dia 5 de Diciembre, marchó sin descanso, pasó el arroyo Ipane y arribó antes del amanecer del dia 6 al puente de Itororó. Sus tropas abrumadas de fatiga, faltas de alimento y sin dormir un solo instante, se encontraban ya en condiciones, inferiores al ejército brasilero, al que iban á disputar el terreno con heroico ardor. No teniendo el tiempo suficiente para construir una cabeza de puente ó cualquier otra obra que le ofreciera mas ventaja, apenas tuvo el necesario para dar un corto descanso á sus fuerzas y apercibirlas á la lucha. Dividió su columna en dos fracciones, una á las órdenes del coronel Serrano, debia sostener el puente, y otra, á las suyas, quedaría de reserva á alguna distancia á retaguardia de ese punto en un lugar donde existia una estación telegráfica. La fuerza del coronel Serrano constituíanla 4 brigadas de 4 batallones cada una, 12 piezas de artillería y 4 regimientos de caballería. Este jefe dio á su línea una forma cóncava convergente hacia el puente. La I a y 3 a brigada que formaba el ala derecha apoyó sus batallones desplegados en batalla sobre el pequeño brazo del arroyo Itororó, observando al mismo tiempo el camino que paralelo á esta corriente de agua, se dirige á Capiatá, de manera que sus fuegos tomaban por el flanco á toda columna que traspusiese el


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puente. En seguida de un intervalo espacioso, donde se establecieron 5 piezas de artillería, situóse sobre el centro mas á retaguardia de la I a brigada, la 4a y 2 a en igual formación. Esta última mandada por el coronel González enfrentaba al paso. A la izquierda de esta brigada pasaba el camino que va á Villeta y á cada costado de la v.a, tomando de revés al puente, se colocaron 4 piezas. Los 4 regimientos de caballería formados por escuadrones constituían la izquierda de la línea de batalla y mantenidos en una planicie, cerraban la curva por ese flanco. Además en una altura sobre la embocadura del puente se asestaron 2 piezas que barrían su acceso y la escarpada pendiente que mas allá, descendía al riacho. Estas tropas poseían sus reservas particulares y se encontraban abrigadas por la selva circundante del abra, como también por las isletas de bosque que la salpicaban, de manera que no aparecían ala vista sino una pequeña fuerza que como un anzuelo apetecible habia de provocar á nuestros aliados. La importancia militar de esta posición era relativa: mala, porque su línea de retirada podia ser cortada é interceptado el paso de un arroyo de difícil vado como era el Ipané, que Caballero y sus fuerzas habían tenido la imprudencia de pasar para venir á defender un puente que podia ser flanqueado por el enemigo; y porque las alturas allende el puente dominaban la posición paraguaya; buena, porque un desfiladero siempre es una posición ventajosa para la defensa y por muy poca fuerza que se emplee se impide el paso, aunque sea un poderoso ejército el que lo ataque. El general Caballero, los coroneles Serrano, Gonzales, y el Mayor Moreno, comandante de la artillería, eran los principales gefes de estas fuerzas.


64 Este orden de combate convergente fué hasta cierto punto perfectamente adaptable á la situación militar de la posición. El coronel Serrano reveló en esta emergencia condiciones militares, sacando en lo posible el mas útil aprovechamiento del terreno que iba á defender, y de la formación de sus tropas, como también guardando su flanco descubierto, que lo constituía el camino á Capiatá.

XVI. Continuaba prolongando el combate astutamente el coronel Machado, pero el ardor de la lucha y la debilidad aparente del adversario, que sin sentir iba enardeciendo los ánimos, hizo comprometer nuevas fuerzas, atrayendo esto la mosquetería y la metralla del enemigo. Entonces tomó un aspecto formal aquel episodio en que los brasileros llevaban la peor parte tanto por la posición desventajosa en ese momento que ocupaban, como por no querer intencionalmente poner enjuego todo su poder. Oportuno era no espantar el pajaro, para que cayera en la trampa: La trampa era Osorio. El Marqués de Caxias, hombre impetuoso y valiente, se dejó arrastrar por su impulso de soldado y olvidó el plan que tenia en vista, cuya parte encomendada á él debia ejecutarse recien al sentir el fuego sobre la retaguardia ó flanco del enemigo, ó de otro modo, al conocer la aproximación del general Osorio que un activo servicio de exploración habría de anunciárselo. Viendo que sus pérdidas aumentaban y fiando todo al cálculo; pues eran ya las ocho de la mañana; supuso que el movimiento envolvente próximo estaba á ejecutarse, confirmándolo en esta creencia el aviso de haberse creído sentir un lejano tiroteo en la


65 dirección del camino de San Antonio á Ipané, ordenó entonces al coronel Machado que atacase y tomase el puente. Este fué un error casi tan lamentable como el no haber anticipadamente ocupado la posición. Entonces el coronel Machado dispuso en columnas de ataque á los batallones Io, 13, 34, 48, que componía su brigada y ordenó al comandante Valporto, gefe del 1er Batallón que formaba la cabeza de columna, que cargase á paso de trote sobre el puente y tomase las dos piezas que enfilaban el estrecho y prolongado desfiladero, vomitando la metralla en forma cónica. El batallón se lanzó sin trepidar á conquistar la posición y es recibido por un fuego tremendo de mosquetería y metralla: vacila, se conmueve, pierde el equilibrio, se detiene, y empieza á retroceder en una espantosa confusión. Machado, indignado por el movimiento retrógrado, comprende al momento esta crítica situación, é intrépido se pone al frente de la desmoralizada tropa, apostrofándola enérgicamente. Aquellos hombres avergonzados y ametrallados sin piedad, se lanzan entusiasmados detrás de su coronel, que sucumbe heroicamente al pasar el puente. El mayor Moraes Regó, soldado de igual temple, abarca la influencia moral que puede tener la muerte de tan bravo gefe, que ejercía un dominio superior sobre su tropa; toma la bandera y marcha adelante haciéndola flamear para gloria de su patria y honra de la alianza. Embravecidos le siguen los soldados, clamando por vengar muerte tan ilustre, y atropelladamente traspasan el puente y consiguen apoderarse de las dos piezas que barren el desfiladero, avanzando en seguida con igual brío los otros tres batallones de la brigada que de repente desembocan todos en la posición del enemigo. Recien en este momento se descubre en todo su apojeo el poS


66 der mortífero de la resistencia; 10 piezas de artillería rompen un fuego convergente tremendo de metralla, al son de la mosquetería que barre las compactas columnas de ataque y todo el camino mas allá del desfiladero donde avanzan los batallones 2, 8 y 10 de línea, 24, 26, *8, 32, 38, 40 y 51 de voluntarios. Los batallones brasileros que habían traspuesto el puente se encuentran inopinadamente detenidos por esa lluvia terrible de proyectiles, y los que vienen mas atrás no adelantan un paso. Aprovechando esta circunstancia 3 regimientos paraguayos, de héroes ignorados, cargan furiosamente como un torbellino' de patas de caballo y puntas de lanza y convulsionan completamente algunos batallones, otros de mas á retaguardia consiguen formar el cuadro y resisten á duras penas; se produce entonces un brillante espectáculo de un movimiento atroz; el fuego, el sable y la lanza destruye, desbarata, arremolina todo lo que se pone á su frente y los desordenados batallones se revuelven entre sí, se apeñuzcan en un atropamiento angustioso, y se arrojan desesperados sobre el puente, cayendo algunos soldados á las profundas aguas de ese arroyo memorable. Al fin, en terrible confusión, abandonan el terreno conquistado. El Marqués, que impaciente sigue la batalla, establecido con su estado mayor sobre una colina salpicada por las balas sin cesar, conoce al momento aquella crítica situación, y.envia en protección de las tropas rechazadas á los cuerpos de caballería riograndense 6, 7, 9,13 y 20, pero es tan limitado el espacio del desfiladero, que se produce un desorden indescriptible, en que algunos son arrojados al agua, pero al fin, el valeroso coronel Niederauer consigue con gran trabajo abrirse paso y hacer pasar al 6o de lanceros, á cuya cabeza carga gallardamente sobre el enemigo, que también en tumulto cubre el espacio cercano al puente, le toma 4 piezas y lo rechaza hasta el centro del abra. Cubiertos por este brioso avance, los brasileros reaccionan y reorganizan sus rotas filas.


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El coronel Serrano no pierde por esto su entereza: el peligro es inminente; uno de sus batallones se desbanda: pero lo rehace en el fuego á encontrones de caballo y á cintarazos, gritándoles en guaraní que son peores que mujeres. Acude á sus reservas y con su ímpetu acostumbrado carga á las tropas brasileras que han pasado el puente por el frente y por los flancos. Aquella arremetida con alaridos de vándalos y un empuje salvaje, cae como un cataclismo de bayonetas sobre los desordenados brasileros, que ofuscados por sus ventajas y el ardor de la lucha se habían dispersado. Retroceden nuestros aliados y repasan el puente á sangrientos tropezones; los paraguayos los siguen, fusilándolos á quema ropa. Algunos batallones que no han sufrido este choque, tienen tiempo para formar el cuadro y resisten con bizarría á la caballería del adversario, entre los que figuran el 26 y 51, en primera línea, otros estendidos en batalla mas distantes, protegidos por la artillería de los flancos combaten con un fuego incesante. En esta circunstancia le anuncian al coronel Serrano que aparecen tropas por su derecha, que tal vez el general Caballero contenido por fuerzas superiores, no pudiera socorrerlo. Nada lo amedrenta y persiste en defender la posición, limitándose á enviar un propio al general Caballero para conocer su situación y pedirle al mismo tiempo el apoyo de todas sus fuerzas que están inactivas anunciándole que le responde con su cabeza de la victoria. Entonces Caxias que vislumbra las consecuencias que puede traer este sombrío rechazo sufrido por las desmoralizadas tropas de la vanguardia, ordena al brigadier Gurgao, comandante de la la división de infantería del 2o cuerpo, que envíe en protección de 7 piezas de artillería, que desde la izquierda del camino baten la posición enemiga, algunos batallones, y que sin pérdida de tiempo cargue con los restantes de su división.


68 No trepidó en hacerlo el valiente brigadier y poniéndose al frente del 10 de línea avanzó rápido sobre el puente, seguido por los batallones 3, 24 y 58 de voluntarios, á los que sucesivamente siguen el 26, 32, 38, 40, 51 de voluntarios. Después de haber salvado el puente cae herido: Argollo, aunque es el jefe superior de ese ataque, lo reemplaza y brioso se pone á la cabeza de la columna cargando con lo que le queda del 2° cuerpo. Mas también es herido al trasponer la senda siniestra. Nuestros aliados empiezan á sufrir sensibles pérdidas. Los tenientes coroneles Acevedo, Guedes, Silva, y un buen número de mayores y otros oficiales muerden el polvo. Parecía aquello á la distancia una lidia de hormigas coloradas y negras; avanzaban, retrocedían, volvían á avanzar; todo al son de desafinados hurras y en un desorden grandioso. 16000 combatientes (1) luchaban, desesperadamente, ardidos por un sol canicular, un sol paraguayo, que inflamaba la atmósfera saturada de humo de pólvora y conmovida de ecos salvajes. Las vibraciones de la artillería estremecían la tierra como si fuera un terremoto. Suelo cubierto de cadáveres y heridos, pisoteados por la caballería que iba y venia lanceando y muriendo; reluciendo sus grandes sables y repiqueteando las espuelas nazarenas que sonaban como los aros de la serpiente de cascabel al aproximarse, rodando por la arena hombres, caballos, en sangrientas tumbas. Aquel cuadro de amontonamientos horribles parecía una batalla satánica. Esas caras cobrizas, negras, reluciendo ferocidad, enardecidas, coloreando unos ojos aguardentosos y ávidos de sangre, reflejaban un odio tremendo: la bayoneta, el sable, la (1) 4000 paraguayos. 1» y 2° cuerpo brasilero, 12000 y tantos hombres, hacían un total de 16000 y tantos combatientes.


69 metralla, todo funcionaba aturdiendo en consonancia atroz, y allí podia bien comprenderse que el hombre no es sino un tigre con faz humana. Tres veces avanzaron y retrocedieron los brasileros, tres veces avanzaron y retrocedieron los paraguayos. El enemigo, conociendo la ventaja de su posición atacada por el frente, está inquebrantable, y dispone aún de alguna reserva resguardada detrás de los árboles. Caxias hostigado por una impaciencia inquieta revela una ansiedad visible: Osorio no aparece ni remotamente. ¿Qué congetura terrible? ¿Acaso habráse interpuesto todo el ejército de López? Qué espectativa atroz para un general que dá una batalla, cuyo éxito está confiado á una combinación estratégica que puede ser interrumpida por la intromisión de circunstancias no previstas. El miedo de la responsabilidad es el peor de los miedos, porque de ese muy raros son los que se escapan. Han trascurrido cuatro horas de combate y durante todo este tiempo los brasileros han sido constantemente rechazados, se hacia pues necesario un esfuerzo supremo para concluir de una vez; cada espacio de tiempo que trascurría constituía un afianzamiento mayor del enemigo en la posición, y solo puede decidir este éxito, ó la intrepidez de las cabezas de columna, ó el movimiento envolvente; el fuego no arredra á los paraguayos, su obediencia pasiva y su valor de raza los hace insensibles á la muerte y al dolor. En este momento el enemigo dueño absoluto del puente aglomera en su desembocadura una espesa línea de infantería y caballería y espera de nuevo á su adversario para recibirlo con igual denuedo. El generalísimo brasilero conoce entonces que su contendor vá á emplear sus reservas y que es necesario que haga


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entrar en fuego á las suyas que son casi 42 batallones: fuerzas pertenecientes todas al 1er cuerpo de ejército, á las órdenes del general Bettencourt. En consecuencia, ordena á este general que ataque y tome el puente á toda costa, cueste lo que cueste. Bettencourt se pone á la cabeza de la 9 a y 10 brigada, (1) mandadas por los coroneles Araujo y Masaranhao é inicia el movimiento, quedando mientras tanto de próximo sosten la 4a brigada del coronel Faria de Rocha, extendida en columna en una picada que sobre la izquierda del camino conducía al puente. Al mismo tiempo preparaba este avance el coronel Lobo de Eca con una batería de 8 piezas que funciona sin cesar la destrucción sobre el enemigo. A los gritos de Viva el Brasil se lanza la columna de Bettencourt sobre el puente, pero allí vacila por los estragos de la metralla y se detiene en desorden: entonces Caxias desciende de la colina donde ha permanecido presenciando el combate; organiza todo lo que encuentra del 2o cuerpo y poniéndose al frente de los batallones del I o , saca la espada y les grita / Viva el emperador! ¡Viva el Brasil! ¡Adelante! y se arroja intrépido sobre el puente: su caballo cae muerto por dos balas y á su alrededor ruedan por tierra en desorden sus parciales. Las tropas electrizadas se precipitan en pos de su viejo general, pasan rápidos el paso mortífero sufriendo grandes estragos: siguen adelante repeliendo al enemigo y le toman 6 piezas de artillería. La infantería paraguaya se replega, pero la brasilera tiene que hacer alto ante la actidud de los escuadrones enemigos que se preparan para rechazarla, y rompe el fuego sobre ellos. Mientras que esto sucede, aprovecha el coronel Niederauer y pasa el puente, organiza en seguida sus desorganizados escua(1) Constituían la 5 división de infantería-La 4 brigada se formaba de los batallones 2, 33 y 40 y la 10 brigada de loa batallones 6, 23, 28,46 y la 9 • brigada de los batallones 41, 48,54.


71 drones detrás de un bosquecillo; y carga resueltamente sobre la artillería paraguaya que apenas tiene tiempo por descargar algunas piezas. Los arrojados ginetes lancean sobre los cañones á los artilleros y consiguen tomarles una pieza. Y como nunca la sangre fría acompaña al ardor de la lucha, por mas que eso se diga en los libros que se escriben después de las batallas, aquellos bravos ginetes se ocupan en tumulto, enardecidos, en darlanzasos y encontrones de caballo á los artilleros enemigos que huyen dispersos, sin preocuparse que el arma mas temible de los paraguayos es la suya propia. El enemigo aprovecha el momento y lanza sus escuadrones sobre los confiados brasileros.. Sorprendidos estos de este ataque inesperado, se desbandan en precipitada fuga: Perseguidos á punta de lanza en la dirección del puente encuentran su salvación á espalda de su infantería, que se prepara con buena continencia á rechazar al adversario. Esta se formaba de tres batallones en columna que se encontraban allí bajo la presencia del Marqués de Caxias, con algunas piezas á su frente y su escolta á retaguardia. Conociendo Caxias el peligro que corría Niederauer, hace avanzar á su frente á los batallones 46 y 51 de voluntarios que apenas tienen tiempo de formar el cuadro y romper un precipitado fuego sobre la intrépida caballería paraguaya, que los carga y los rodea en el desorden habitual que siempre hemos conocido en aquellos centauros. Repetidas cargas y rechazos suceden en un instante y al fin aquellos valerosos ginetes se retiran fatigados de tanto esfuerzo. En este momento se siente un movimiento retrógrado gradual en las fuerzas paraguayas; ya no hay duda, es una retirada. Serrano no opone ya calculadamente mayor resistencia y se


72 retira en orden, cubriendo su retaguardia la caballería que, con cargas sucesivas detiene el avance del adversario, repitiendo las hazañas inmortales de Lavalle. Los brasileros, dueños del paso, limitan forzosamente su persecución á un corto espacio y se detienen, abrumados de fatiga. El coronel Serrano pudo resistir mas tiempo, pero al conocer por una fuerza exploradora que habia destacado para guardar su flanco derecho, que el general Osorio, con una división mayor que la suya, avanzaba sobre su retaguardia, se juzgó perdido ó inició rápido su retirada, escapándose así de la combinación estratégica. Entre las razo nes que dio el general Caxias para no seguir la persecución, fué que disponiendo Caballero de fuerzas numerosas, era aventurado, sin casi caballería y sin saber de Osorio, seguir el movimiento de las operaciones.

XVI. Al poco tiempo de iniciar su marcha, encontró el general Osorio graves inconvenientes en su tránsito, á causa de la naturaleza del terreno pantanoso y montuoso que pisaba y haberse estraviado el baqueano Céspedes en aquel laberinto de sendas y caminos. Como es natural falló el cálculo por la base, y lo que debió hacerse en cuatro horas se hizo en mucho mas. Además tuvo que detenerse ante una fuerza de caballería enemiga que le hizo buena continencia, lo suficiente para esplorarla y atacarla en seguida, implicando de.cualquier modo, pérdida de tiempo.


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Por esta causa llegó apresuradamente al campo de batalla media hora después de la definitiva retirada del enemigo, y aun alcanzó á perseguir los últimos eslabones de la retaguardia, llegando por un terreno de bañado hasta un arroyo que está á 4 ó 5 kilómetros al Sud del de Itororó. Su tropa fatigada por una prolongada marcha en un dia de Diciembre, se detuvo y tomó descanso y Caballero pudo entonces retirarse tranquilamente con 3,800 hombres y 6 piezas de artillería que era lo único que le habia quedado de los 5,000 hombres y 12 piezas que le diera López. Aquellos paraguayos debían de ser de fierro, habían marchado toda la noche del dia 5 sin dormir y sin comer, peleado durante 4 horas y enseguida se retiraban muy frescos, dejando solamente sus muertos, y heridos de gravedad y se adelantaban tan rápidos que parecía una fuerza ejecutando una marcha de maniobra. Como fuera necesario proteger la remisión de los heridos, acampó el 1ercuerpo de ejército en las posiciones conquistadas, y el Marqués con el 2o fué á reunirse al 3 o que ocupaba una posición mas á vanguardia. Cara habia costado á los brasileros esta sangrienta victoria. 39 oficiales muertos y 95 heridos: 360 soldados muertos y 1952 heridos, haciendo un total de 2416 hombres fuera de combate (1) atestiguaba lo encarnizado de la refriega. Los paraguayos por su parte habían tenido 1200 bajas, perteneciendo la mayor parte á la 2 brigada del coronel Gonzales que puede decirse sustentó un gran espacio de tiempo el mayor empuje. (1) Estos datos son tomados de la obra del ingeniero Jourdan del ejército brasilero, pero haciéndose el cómputo entre las fuerzas que presentan los estados del 6 y 1" de Diciembre, se vé que en infantería solamente hay una baja de 3060,


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Esta desproporción se encuentra perfectamente esplicada por la desventaja de nuestros aliados al atacar la posición. Los brasileros formaban las columnas de ataque y las encajonaban en el desfiladero, desde este momento empezaban á sufrir un fuego espantoso, seguían adelante, pasaban el puente, ó mejor dicho, los dejaban pasar, entonces allí esas columnas ya desorganizadas, eran atacadas por el frente y por el flanco al arma blanca; de manera que sin poder desplegar, retrocedían amontonados sobre el estrecho paso y abandonaban el terreno en el mas profundo desorden. Por lo general esta fué la faz de los avances de este combate, en que ambos beligerantes demostraron valor y tenacidad. Por otra parte, los brasileros tenían las ventajas de los fuegos de su numerosa infantería y potente artillería, que ocupando los flancos del desfiladero, abrumaban con sus proyectiles á la posición enemiga, de manera, que aunque rechazados, hacían sufrir grandes pérdidas al adversario, que á pesar de estar oculto, señalaba su situación por el humo de sus disparos. La mayor parte de los heridos de los brasileros eran leves, sucediendo lo contrario con los paraguayos; perfectamente se explica esto por la diferencia del armamento. Los fusiles de chispa de bala esférica, y las municiones averiadas, tenia que manifestarse en inferioridad palpable al ponerse al frente de los rifles y cañones rayados de los aliados: el alcance y el daño eran mayores. La sangrienta victoria del Marqués de Caxias le habia hecho ver cuanta resistencia tendría aún que avasallar para llegar al fin de la jornada. Aquella división que resistió sus repetidos empujes, le presagiaba lo que sería capaz un ejército; pero no se arredró el general brasilero y siguió adelante sin trepidar.


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XVII Mientras tanto, el ejército argentino y la división oriental mantuvieron durante estos sucesos en continua alarma la línea del Pikiciry y Angostura, ya ejecutando continuas demostraciones ó alarmas nocturnas, de manera que siempre López en sobresalto no desprendió un solo hombre de estos puntos; lo hizo mas tarde cuando tuvo que reforzar su cuartel general, dejando solamente una brigada en el primer punto. Este primer éxito de nuestros aliados no fué suficientemente elocuente para hacer comprender á López su difícil situación. Amagada su retaguardia y cortada su base de operaciones, era inútil la línea del Pikiciry y el fuerte de Angostura, no teniendo otra salvación antes que operasen su junción las tropas de la alianza, que la retirada ó una gran batalla con todos sus elementos reunidos, dejando en aquellas líneas, mientras él acudía contra el ejército brasilero una débil guarnición que mantuviera el aparato deseado. Esta operación habría sido justificada en Itororó, donde 4,000 paraguayos se batieron durante 4 horas contra 12,000 brasileros, al mismo tiempo que el general Osorio con 6,000 hombres completamente interceptado del cuerpo principal, anduvo errante por un terreno desconocido y propicio á las sorpresas; y ejecutó una marcha de flanco con una corriente de agua á la espalda que era invadeable, y por consecuencia expuesto estuvo á combatir sin poder obtener el auxilio de Caxias, en el caso que López le hubiera salido al encuentro en los momentos en que el Marqués atacaba el puente. Indudablemente Osorio se hubiera visto envuelto y rechazado, y el generalísimo habría tenido que retroceder, para su punto de partida. Todo, por las condiciones desfavorables en que se sitúa un ejército cuando ignora completamente los movimientos del enemigo y las condiciones topográficas del terreno.


76 A pesar de la severa lección recibida, no la aprovechó López, y prefirió volver á sacrificar las fuerzas de Caballero, me espreso así, porque cuando en los momentos antes de la batalla de Avahy envió la orden de retirada á su lugarteniente, ya no era tiempo. Después del combate de Itororó, el general Caballero recogió las fuerzas de Serrano, y emprendió su retirada hacia Villeta, pasó el arroyo Ipané y se situó sobre un vado difícil donde dio descanso á su fatigada tropa. El dia 6 fué de reposo completo para los brasileros y de ovaciones para su general; ya lo necesitaban esas pobres tropas que no llevaban en sí sino lo puesto, y que se habían batido tan bizarramente, porque en un desfiladero no es el número el que vence; careciendo absolutamente de importancia alguna, sino el valor que arremete. El enemigo habia acampado á la vista de la vanguardia brasilera sobre el camino de Villeta y parecía tener la intención de defender el paso del arroyo Ipané. Entonces fué que concibió el Marqués de Caxias una marcha deflancosobre la derecha del enemigo, que le tomase desprevenido por la retaguardia; exactamente era el mismo movimiento del general Osorio el dia 6 de Diciembre. Para llevar á cabo su ejecución se hizo contramarchar el dia 7 al tercero y segundo cuerpo en dirección al Oeste que constituía la izquierda de los brasileros y derecha del enemigo, quedando en las posiciones conquistadas, el primer cuerpo á las órdenes del general Luis Mena Barreto con el propósito de enmascarar el movimiento que se iniciaba. Siguiendo el camino que va á Capiatá, hasta su cruzamiento con el de San Antonio á Guarambaré, y descendiendo en seguida al Sud hasta la altura de Monte Ipané, marchó el ejército brasilero ese dia, llegando al caer la tarde á unas colinas próximas á


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la capilla Ipané que se muestran destacadas á la orilla Norte del Potrero Baldovinos; allí hizo alto y sent<"> su real. Caballero que habia observado el movimiento, trató de hostilizarla vanguardia brasilera cuando el ejército detuvo su marcha, pero no pasó de una escaramuza insignificante; entonces contramarchó y dirigiéndose al Sud, acampó al borde del Potrero Baldovinos, al pié de una gran colina que se estiende de Este á Oeste; por donde pasa el camino que va de Villeta á Guarambaré. Pasó sin novedad el dia 8, efectuando su reunión en la alborada del dia 9 las fuerzas que habían quedado sobre el puente de Itororó. Una vez reunido todo el ejército brasilero, inició su marcha hacia el puerto Ipané en la margen izquierda del rio Paraguay, tomando la organización siguiente: VANGUARDIA (1)

Niederauer 800 hombres de caballería. 1 brigada de Infantería y 4 bocas de fuego. 1 batallón de Ingenieros. 3er cuerpo de ejército, llevando en su centro 4 piezas. 2o cuerpo de ejército con 8 piezas en su centro. 1er cuerpo de ejército con 8 piezas en su centro. RETAGUARDIA a

I . brigada de caballería.

,(1) Esta manera incompleta de determinar la organización déla marcha es transcripta fielmente de la orden del dia 8 de Diciembre de i 86S.


75 Así constituido el ejército, atravesó el Potrero Baldovinos á la vista de la división de Caballero dándole el flanco con la mayor audacia. Caballero formó su línea de combate y provocó al adversario con una escaramuza que fué contestada por el batallón 9 de infantería que flanqueaba el ejército imperial. Este episodio tuvo lugar en un punto denominado Antas. Los brasileros se alejaron en silencio; ese mutismo terrible era la sentencia inapelable aplazada con mas rencor y premeditación para dos dias mas tarde. Los paraguayos pudieron ver con triste afán aquellos 16000 hombres, que como una amenaza se retiraban en busca de mas fuerzas. Aquel peligro era tan claro, que hasta un ciego lo hubiera presentido por las vibraciones que producen en la tierra la marcha de un ejército. A las tres de la tarde de ese mismo dia arribaba el ejército en medio de una gran tempestad al puerto Ipané que está en la embocadura del arroyo Avahy y acampaba á cierta distancia en un potrero que está próximo á una gran laguna sobre el camino que va á aquel punto, dejando el arroyo Santa Rosa á la espalda. La escuadra se encontraba ya allí; anticipadamente se la habia hecho bajar para ejecutar el pasaje de las divisiones de caballería, quedadas en el Chaco por la impaciencia del general Caxias. El ejército acampó y dio treguas al cansancio, avituallándose de nuevo, mientras se empleaba todo ese dia y el siguiente en hacer pasar á este lado la caballería del Barón del Triunfo y la de Manuel Mena Barreto. No por esto quedó abandonado el Chaco que era importante


79 por ser base de operaciones, se mantuvo allí al coronel Bueno con tres batallones y dos escuadrones del 5o regimiento de línea y el 15° cuerpo provisorio de caballería de guardia nacional. Mientras se preparaba el ejército para entrar en nuevas operaciones, Caballero retrocedía de su primera posición sobre el Potrero Baldovinos, y ocupaba un nuevo punto á retaguardia de la margen izquierda del arroya Avahy, en actitud de defender el paso de un puente que allí existia. En esta circunstancia fué reforzado por un regimiento de artillería y un batallón de infantería, que se encontraban en Villeta, desde que sospechó López el movimiento envolvente sobre su retaguardia. Aumentada así su división, alcanzó á 5,000 hombres y 18 piezas de artillería, fuerza pronta á entrar en combate. El arroyo Avahy corre en ese punto en el centro de un gran valle que limita dos extensas colinas, una en su margen derecha y la otra en la izquierda. Sobre la altura de este costado, Caballero estableció su ejército, acampando su línea de combate en semicírculo, en casi las mismas disposiciones que Serrano en Itororó. Sobre el centro, frente al paso estableció una batería de 10 piezas y separada por un intervalo á cada costado 4. La infantería y caballería formó por brigadas con espaciosos intervalos á retaguardia de la artillería. Además habia una reserva á las órdenes de Caballero. A la espalda de la altura existían otras, que en orden paralelo á esta se dirigían sucesivas hasta Villeta. Todas estas pintorescas colinas lucían una lozana vegetación de una perspectiva agradable á la vista. Las fuerzas paraguayas se encontraban mandadas en su mayor parte por los mismos gefes superiores que se hallaron en el combate de Itororó.


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Como posición militar, no tenia absolutamente importancia alguna la que habia elegido el general Caballero, porque podia ser con la mayor facilidad flanqueada y envuelta por un enemigo que dispusiera de mayores fuerzas. La débil línea del Avahy ofrecía vado en muchos puntos y así desaparecía la ventaja del paso que se iba á defender; pero sin duda, alentado este general por el suceso de Itororó, creyó que aquí también el movimiento envolvente andaría de Herodes á Pilatos, mas se engañó, y este error fué su pérdida. El Marqués de Caxias conoció al momento la imprudente posición de Caballero y se esplicó un error tan craso sospechando que López apoyase á Caballero y no lo abandonase así en campo raso á una espantosa derrota. Arrepentido mas tarde el dictador paraguayo de tal desacierto, envió la orden á Caballero de replegarse á Itaivaté, pero fué en momentos en que el ejército brasilero se preparaba al ataque. Aquel general quiso cumplir esta disposición, pero Serrano se opuso y le observó que no teniendo caballería ni tiempo para retirarse, serian completamente deshechos y que á ser derrotados por la espalda era preferible morir peleando. Esta opinión prevaleció en aquellos valientes paraguayos que no trepidaban en campo abierto batirse uno contra tres: se clavaron allí no para vencer sino para morir; y se dio la batalla que voy á narrar. Al amanecer del dia 11, el ejército brasilero inició su marcha con 17,883 combatientes (1) sobre el arroyo Avahy: la van(1) Estado de la fuerza pronta el 10 de Diciembre. Pontoneros éIngenieros Artillería 1* Cuerpo —. 125 2" Cuerpo 320 161 3* » 176 112 496

Caballería

__ _ 3020

InfanterL 3960 4275 5704

128 3020 13939 Total: 17883 Aquí ya se ven cubiertos una parte de los claros del combate de Itororó, y otras baja* con la caballería que permanecía en el Chaco antes de esta batalla.


81 guardia fué encomendada al general Osorio y á las fuerzas de su mando; el centro á los generales Luis Mena Barreto y Bettencourt, y la retaguardia al Barón del Triunfo con 2,500 hombres de caballería. Descendió al Sud costeando la parte Oeste de la gran laguna [V, y dando el flanco al enemigo que en silencio lo veia avanzar, aumentóse, sin formas, esa inmensa masa oscura, que una tempestad deshecha de viento, lluvia y relámpagos hacia mas sombría. Antes de llegar á un punto denominado Paso Malo (2), se apartó el Barón del Triunfo de la dirección general de la marcha y tomó un camino que va á Villeta con el intento de cortar la retaguardia del enemigo. Al .mismo tiempo, se desprendía también el general Manuel Mena Barreto con la división á sus órdenes (3), llevando las instrucciones de envolver el flanco izquierdo del enemigo y unirse en el campo de batalla con el Barón del Triunfo. Continuó su marcha el ejército brasilero: llegando al paso tomó posición sóbrela pendiente Este de la colina que enfrenta á ese punto, y extendiendo su orden de combate en el mismo de marcha que ya he descrito, estableció en seguida con discernimiento táctico su artillería sobre la altura, dominando desde allí con ventaja la enemiga; é inició desde aquel momento con un rudo bombardeo, los preliminares de la batalla. Una lluvia torrencial se desplomó en ese momento favoreciendo todas las maniobras de los agresores, de manera que el Barón del Triunfo y el general Manuel Mena Barreto, pudieron enmascarar perfectamente la preparación de1 sus movimientos envolventes. (1) Sobre la que estaban acampados, véase el plano. (2) Jourdan. (3) 900 hombres.


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Caballero iba á ser encerrado en un cuadro de cuatro puntas para adentro (1): estaba perdido. Todo ya dispuesto, saca Caxias el reloj y ve que márcalas 10 de la mañana, hace señal á su negro corneta, y aquel ser insignificante entre tanta grandeza, estremece el espacio con el toque de ataque, que lanza á la matanza, á 22,000 enemigos aguerridos. Osorio que anticipadamente habia tomado posición frente al paso con las fuerzas del 3 er cuerpo y la 5 a división de caballería dio comienzo el primero ala batalla. Formó en columnas de ataque á los batallones 36, 44 y 9, y á la división de Cámara y se lanzó intrépido al siniestro desfiladero. Un horrible fuego de mosquetería y metralla lo recibió sin miedo, pero impertérrito este riograndés de cabeza dura, traspuso el desfiladero dejando cubierto su acceso con pilas de cadáveres. Allí detúvose la columna hecha pedazos, y arrollada por diez y ocho bocas de fuego, oscila y se revuelve entre si, destacándose en aquel tumulto espantoso, solo la entereza del Bayardo brasilero, el bueno y leal amigo de los argentinos. (2) Aquel momento de excitación le oprime, vé que sus tropas van á retroceder ante un tal despedazamiento, y pide refuerzos al general Caxias, que le envía al momento los restantes del 3er cuerpo de ejército. Los paraguayos emplean los mayores esfuerzos para retomar los accesos del paso; desesperados dan una furiosa carga de caballería que convulsionan completamente á los batallones 9 y 15

(1) 1°, 2° y 3" cuerpo y el Barón del Triunfo por las direcciones de los ataques lo encerraban completamente. (2) Se ha dicho que fué sustituido en el mando del ejército brasilero por la influencia que ejercía el general Mitre sobre él.


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que entusiasmados en el avance trepaban á una colina. El gefe del último, el comandante Lima Silva es herido, y se desbandan los dos cuerpos en un tropel confuso, cebándose los paraguayos en los que dan vuelta la espalda. Osorio como un relámpago concibe que puede descender la moral de un tal avance hasta el pánico; y se adelanta á sus tropas; les habla, les grita, les llama camaradas, mis hijos, y salva el honor brasilero llevándolos adelante; pero ¡ah! tanto esfuerzo culminante, se postra ante una miserable onza d3 plomo, que le rompe el maxilar izquierdo. Herido el bravo general tiene que retirarse sin completar la obra que se le encomendara. El Marqués alcanzó al momento la influencia que podría tener la retirada del general Osorio, y poniéndose á la cabeza de las tropas del 2° cuerpo y déla artillería de su pertenencia, mandadas por el general Luis Mena Barreto avanzó por la izquierda del enemigo mientras ordenaba al general Bettencourt que con las tropas del 1er cuerpo marchase de reserva. Ante este avance formidable que los hiere oblicuamente, los paraguayos ceden el terreno de la primera altura y se retiran á la segunda colina que está mas á retaguardia, y tratan allí de organizar sus diezmadas y cansadas tropas, abandonando una gran parte de su artillería desparramada entre su primera y segunda línea. (1) Aquellos pobres soldados resisten todavía, van tres horas de combate que se sostienen contra fuerzas inmensamente superiores. Casi agotadas sus municiones, queman ya sus últimos cartuchos, retroceden, pero palmo á palmo vomitando la muerte aún; y cubriendo el campo con sus gloriosos caídos. Quedaban en pié apenas tres mil quinientos hombres exte-

(l)

Primera y segunda colina. Ver el plano.


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nuados, abrumados y aturdidos por los golpes sucesivos, muchos, sin poderse servir de los viejos fusiles de chispa á causa de la falta de munición, ó por la lluvia que incesante inundaba aquel campo de muerte. Algún tiempo antes de esta situación el I o y 2q regimiento de caballería se dirigía al arroyo Avahy, y lo vadeaba con el intento de envolver la derecha del enemigo en el momento en que se sintiese la aparición en el campo de batalla de las fuerzas del Barón del Triunfo y Manuel Mena Barreto. Este momento se aproximaba veloz, y se iba á presenciar un suceso que repugna á la conciencia humana; teniendo por fondo un cielo oscuro velado de negras nubes. Rota la línea paraguaya, Caballero y Serrano hacían los mayores esfuerzos para contener el ataque de frente, que ganaba terreno sin cesar. De repente como una nube azul oscura que se agranda gradualmente, agigantándose con las formas del negro pánico; como un meteoro descomunal que toma proporciones de una tromba de alaridos, de picas que se enarbolan, agitando sus banderolas color de sangre; de sables opacos que revolean sus tajantes filos; de disparos; de imprecaciones; de amenazas, caen sobre los flancos y la retaguardia de aquellas infortunadas tropas ya medio tumbadas, la caballería dd Barón del Triunfo, de Mena Barreto y Cámara. Entonces se vio un espectáculo que horroriza mi recuerdo, y que cierro los ojos en vano para no ver ese oampo de batalla. Los paraguayos viéndose perdidos se desbandaron, vana precaución : el cuadro de las cuatro puntas, se volvió un círculo de matanza, 17,000 hombres embravecidos empezaron la faena al son de ataque. Aterrados y anonadados, sin escape, se agrupan entre sí los


85 paraguayos; los mas bravos, venden cara su vida, otros sucum.ben sin sentirlo; los niños lanzan las armas y se arrojan á los pies de los soldados brasileros, se arrastran y oprimen sus rodillas, pidiendo compasión. La piedad no da oidos en aquella expansión de odios sin resistencia; los que no mueren por el brazo airado de nuestros aliados son pisoteados por sus caballos y presentan una masa repugnante: parecían ultimados por las garras de un tigre. Las atrocidades del tirano paraguayo habían endurecido el corazón de sus enemigos: ni un destello de piedad; es que oían el ¡ay! torturante, que en el último suplicio ordenado por aquel monstruo, balbuceaban nuestros compañeros prisioneros. La represalia está admitida en los ejércitos de la civilización, es el modo de humanizarse los pueblos bárbaros. Casi todos perecieron; 3,500 cadáveres enemigos, enlodados en pantanos color de sangre, yacan amontonados en distintos grupos. Mezcladas allí estaban todas las edades, como si atestiguase aquel acto inhumano la destrucción de un pueblo. Le tomaron 1,000 prisioneros, de los cuales 600 estaban heridos y fueron abandonados por muertos en el campo de batalla. 18 cañones, 6 banderas y todo el armamento constituyeron los trofeos de ese dia. 300 mujeres, que como las heroínas galas habían presenciado el combate, cayeron también en. el botín de la victoria; la soldadesca desenfrenada abrió las válvulas á su feroz lascivia, y estas infelices que habrán visto perecer á sus esposos, hijos y amantes, sufrieron los ultrajes de la lujuria (1) en la noche mas negra de su pena. ¡No sé como no murieron!

(1) Thompson y diversas declaraciones de prisioneros lo aseguran, y no es estraño; porque es'difícil contener el freno de una soldadesca cuando por su cuenta en loa primeros momentos se dispersa al merodeo después de una victoria.


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No se hizo persecución, porque no habia á quien perseguir. Entre los prisioneros estaban los coroneles González y Serrano, el mayor Moreno gefe de la artillería, el mayor Mongelós y otros oficiales. Caballero (1) salvó milagrosamente; fué arrancado del caballo, les tiró las espuelas de plata y el poncho, y mientras corrían los soldados á tomar las prendas pudo escaparse. De esta terrible carnicería salvaron muy pocos, escondiéndose entre los montes. Recien al dia siguiente de la batalla se presentó á López el general Caballero, y otros oficiales y tropa que se habia escapado á causa de la poca vigilancia de sus guardianes, producida por el cansancio y la noche tenebrosa que sucedió á esta batalla. Los brasileros tuvieron 13 oficiales muertos, 37 heridos, 172 soldados muertos, 550 heridos, que alcanzaban á un total de 773 hombres fuera de combate. Entre los oficiales muertos estaban los tenientes coroneles Silva, Cunha y Miranda y el valiente coronel Niederauer,'que falleció al siguiente dia (2 Pagaron también tributo de sangre Osorio, Nery, Pedra y otros. Para los aliados fué una brillante victoria por los resultados benéficos que recogieron tan rápidamente; López acababa de (1) Para comprender las erradas apreciaciones que generalmente se hacen inmediatamente después de una batalla, trascribo íntegro el párrafo siguiente que pertenece á una carta del general Caxias al Barón de Muritiba, Ministro de la guerra en aquel tiempo. Se refiere á !a batalla de Avahy y dice así: « El general Caballero que mandaba la acción, cayó muerto; habiendo sido encontrado su » cadáver, y recojidos los papeles que tenia en su bolsillo, los trajo á mi presencia el capu » chino Fray Salvador María de Ñapóles, que le asistió en sus últimos momentos.» Esta carta tiene fecha 13 de Diciembre de 1868. (2) A consecuencia de la amputación de una pierna.


87 perder casi la tercera parte de sus fuerzas de la línea del Pikiciry, y el ejército brasilero obtenía, ocupando á Villeta, una segura base de operaciones que estaba apoyada por la escuadra.

XVIH El dia anterior á esta batalla el general Gelly fué prevenido de la operación que se intentaba, y como era muy cuerdo suponer que López audazmente abandonaría con la mayor parte de las fuerzas, la línea del Pikiciry, para caer con todo su ejército reunido sobre Caxias, se preparó en Palmas, á ejecutar una seria demostración sobre su frente. A la alborada del dia 11 se puso en marcha el ejército de Palmas y avanzó sobre la posición del enemigo, tomando posición la infantería á cierta distancia de la línea del Pikiciry. Una lluvia torrencial se desplomaba á las diez y media, aumentando extraordinariamente las difíciles condiciones territoriales de aquel terreno, é hizo materialmente imposible el tránsito para la infantería; entonces el general 'Castro con las fuerzas de caballería de su nacionalidad, el regimiento San Martin argentino, y la Legión Paraguaya, avanzaron con grandes dificultades por esteros y bañados que en su mayor tránsito se hacia con el agua al encuentro délos caballos. Los paraguayos retiraron su servicio avanzado, y habiéndose aproximado el general Castro con sus fuerzas, empeñó un fuerte tiroteo con las fuerzas del enemigo que estaban próximas á la trinchera. Este avance produjo confusión y movimiento en el interior del recinto, ó creyeron un formal ataque, ó López ordenaba la reconcentración de esas fuerzas á su cuartel general,


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Nuestra caballería se mantuvo la mayor parte del dia sobre la linea enemiga y se retiró después á su campo. Si el terrf no hubiera sido propicio, después de un serio reconocimiento y con probabilidades de éxito el general Gelly habría atacado la linea del Pikiciry, pero en este caso no podia ejecutar tal aventura á menos de cometer un error, lanzando su ejército á un asalto problemático que con el agua al cuello, serian ametrallados en su lento avance por la formidable artillería enemiga. Se limitó entonces á la demostración acordada con Caxias, y obró como un general, con esa exquisita previsión que siempre le reconocimos en el Paraguay.

XIX Las operaciones que precedieron á la batalla de Avahy tuvieron lugar en un perímetro aproximado de 30 kilómetros cuadrados, que por su extensión limitada estaba expuesta á la prolija exploración de ambos contendores; aunque es verdad que era un terreno accidentado y cubierto de bosques en algunos puntos, siendo por esa razón mas difícil para el invasor que ignoraba su topografía, no lo fué para los naturales que vivían en él, y que debieron estar siempre en observación sobre su adversario, pulsando sus movimientos, hostigando sus maniobras, picando su retaguardia y ya que tenían la audacia de afrontar situaciones imposibles en la guerra, bien pudieron emplear la disculpable de algunas sorpresas nocturnas, porque hay mas probabilidades en las tinieblas donde se enmascara el número, y se avanza con el sobresalto, que á la luz del dia en que la inferioridad numérica presenta su debilidad palpable al enemigo. Comprendo bien que la sorpresa es un acto segundario en la guerra, que jamás lo ejecuta en grandes masas un ejército numeroso y bien preparado, pero poniéndonos en el caso en que el


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ejército paraguayo se encontraba, cometiendo todos los errores militares que se pueden imaginar, preferible hubiera sido semejante audacia. Esos hombres tan valientes no tenían conocimientos de los preceptos mas sencillos de la guerra; admitir una batalla con 5,000 hombres que van á luchar contra 17,000, de los cuales 3,000 son de magnífica caballería; es exponerse á que no se escape uno. que fué lo que sucedió. Cuando un ejército inferior en número está obligado á admitir una batalla y puede elegir la hora, es siempre aquella próxima al caer la noche, porque si acaso sobreviene la-derrota, su manto negro detiene la persecución y salva las reliquias. No se explica como el general Caballero que debia maniobrar según las circunstancias, se dejó estar cuando supo que el Barón del Triunfo se desprendía del cuerpo principal del ejército brasilero para ejecutar el movimiento envolvente, dos horas antes de la batalla. En este tiempo pudo retirarse, pero no cuando ya su adversario estaba encima: en ese caso razón tenia el coronel Serrano en preferir morir peleando, esa era al menos la muerte de los bravos. Tanto mas delicada se presentaba la situación, cuando tenían 18 piezas que guardar; arma que iba escaseando en el ejército paraguayo y que constituía un trofeo y un botin apetecible para su adversario. El aniquilamiento de la división de Caballero fué otro desastre causado por la falta absoluta de conocimientos militares del dictador paraguayo. Mientras tanto, el general Caxias, maniobra con habilidad; desplegando una rapidez admirable en los preliminares y en la


90 batalla misma: allí está todo su realce, en la estrategia de los movimientos envolventes que completaron este fácil triunfo: pero que tienen el mérito de la exactitud de las maniobras y la concepción del general que recien se revelaba á la vejez. Solo me permitiré criticarle, que en esta batalla tuvo un momento en que olvidó su rol; que era nada menos que el de general en gefe de los ejércitos de tres naciones que le habían confiado el honor y la vida de sus hijos. Me refiero cuando ordenó á Bettencourt que se mantuviese de reserva, y arremetiendo él á la cabeza del 2o cuerpo, avanzó á decidir la batalla que ya estaba casi decidida. Como combate, como lucha varonil, nunca será la batalla de Avahy la mayor gloria déla alianza, que los brasileros equivocadamente han inmortalizado con el pincel de un, genio entusiasta (1). En Avahy aplastó el número, teniendo únicamente el general la gloria estratégica de vencer con tres á uno. Esa es la ciencia de la guerra. Itororó es otra cosa: es la intrepidez brutal que se obstina por meterse por un agujero de ratón; ese puente tomado y retomado por una columna denodada, prestábase con mas esplendor á un cuadro, en el que un viejo general, haciendo hervir su helada sangre en nombre de su patria, y de los sagrados deberes de la alianza, se lanza como un soldado, para demostrar que el que manda un ejército, debe exponerse al peligro cuando sus tropas vacilan, y reanimarlas en ese supremo instante con la potencia moral que ejerce en ciertos momentos los arranques heroicos del general en gefe. El soldado de Itororó y el general de Avahy, merecerán siempre mi respeto y consideración.

(1) Cuadro de Pedro Americo, magnifica tela de tamaño natural.


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XX. Después de esta memorable batalla, es que López comprendió su desacierto y conoció su crítica situación. Vio claramente el ejército aliado maniobrando sobre sus líneas, y que lo cortaría de su nueva base de operaciones, que ahora lo era Cerro León; y sin embargo, dando treguas á la esperanza fundada en la morosidad de las operaciones de sus enemigos, y en el deseo según indicaba al general Resquin de no abandonar la capital al adversario, que ya de suyo estaba abandonada, se dejó estar, y se limitó sin ningún criterio militar á ordenar una construcción imposible. Constituía estos nuevos trabajos una trinchera, que partiendo de Angostura en dirección al cuartel general, defendía la retaguardia de la línea del Pikiciry; mejor dicho, no defendía nada, por su mucha estension y la escasa guarnición que la guardaría. Esta nueva línea debería ser flanqueada por la batería de la derecha de aquel fuerte, de la misma manera que la del Pikiciry lo era por la de la izquierda. Dióse principio á la obra, pero muy pronto tuvo que abandonarse por falta de brazos, y se creyó mas oportuno la construcción de un pequeño campo atrincherado sobre la loma de Itaivaté, ligando este punto por medio de una cadena de fuertes, intermedios con Angostura; pero también esta última parte se juzgó en la práctica irrealizable, de modo que se circunscribieron al fin á la fortificación de la colina de Itaivaté. Fué esta tan ligera y tan incompleta, que se redujo á un foso de 80 centímetros de anchura por igual profundidad, arrojando la tierra hacia adelante, de modo que sentados los soldados detrás de ese improvisado abrigo, podían resguardarse de la mosquetería.


92 Una curva inmensa formando zic zac por los ángulos salientes, con otra línea interior menos extensa, cerrada la primera en sus flancos con algunas'talas de árboles sin valor alguno: y descubiertos aquellos á retaguardia para el primero que quisiera entrar: era la posición que López habia elegido con el tenaz propósito de inmortalizarla con los últimos sangrientos episodios de la campaña del año 1868. Sin poder perfeccionar estas obras por falta de brazos y tiempo material, las encontraron así los aliados el 21 de Diciembre. En esta posición reconcentró López 8,000 hombres, dejando en Angostura 700 y 2,000 en la línea del Pikiciry. Temeroso del peligro, á que exponía sin piedad á cada momento á su infeliz pueblo: hizo construir dos grandes murallones que los resguardaban á él de los proyectiles. Las baterías de Angostura fueron cerradas por la parte de tierra y transformadas en reductos, y el ingeniero Thompson comandante del punto, y director de todas estas obras, agregó una trinchera en su alrededor que defendía á los soldados de la metralla. Entre otras defensas accesorias que allí se establecieron, se colocó una padena sobre unos postes para romper el ímpetu de la caballería, á causa de la debilidad del foso. Desde el dia de la batalla de Avahy, hasta el 21 de Diciembre, López empleó ese tiempo en la construcción de estas obras, cuya extensión impidió llegar á su término y á causa también de la rapidez de los sucesos que vinieron. Con excepción de la línea del Pikiciry, todas las demás obras no tenían importancia alguna. En buenos términos militares* sin temor de caer en una exageración, podríamos denominarlas, una linea de trincheras abrigo.


93 Con estos elementos de resistencia, López esperó al ejército aliado, fuerte de 26,000 hombres.

XXI. Después de la sangrienta batalla de Avahy, el ejército brasilero marchó sobre Villeta y acampó en sus alrededores, dando descanso á sus fatigadas tropas y soltando las caballadas, que extenuadas ya necesitaban ese reposo. El dia posterior á la batalla fueron incendiadas por un escuadrón del 14° cuerpo de caballería 14 carretas cargadas de municiones que el enemigo no habia podido retirar, y que no eran á propósito para el armamento de los aliados. Al mismo tiempo que el ejército daba treguas á sus fatigas, se hacían transportar del Chaco los depósitos del ejército y todas las vituallas necesarias para constituir una verdadera base de operaciones de la aldea de Villeta. Aprovechó entonces el Marqués de Caxias para dar una nueva organización á sus tropas, cruelmente diezmadas en los combates del 6 y del 11, y refundió los batallones 26, 28, 44, y 48 que habían quedado en esqueleto por la misma causa. Al mismo tiempo se dio principio á la construcción de las obras que guardarían de cualquier sorpresa la parte occidental de Villeta que quedaría aislada en el momento de emprender las nuevas operaciones. Ya en estas circunstancias, ordenó el Marqués de Caxias un movimiento de exploración que alcanzó hasta Pirayú y Areguá, recelando que al moverse el ejército, trajese el enemigo un ataque rápido á la nueva base de operaciones, y


94 habia razón para suponer tal emergencia, cuando no se sabia á ciencia cierta la verdadera situación de un enemigo que se manifestaba tan voluble y tan audaz en sus proyectos militares. Ademas, urgía la necesidad de buscar recursos en el país enemigo, y recoger los ganados esparcidos en la aria del reconocimiento, para facilitar la proveeduría del ejército que se hacia con grandes dificultades, faltando en primer lugar la buena carne. También tenia por principal objeto esta operación, el prolijo reconocimiento de las líneas de retirada del enemigo, quien forzosamente en el caso que se encontraba se veía obligado á optar por Cerro León como base de operaciones, quedando desde que se aproximase el ejército brasilero completamente encerrado. La distancia aproximada de Villeta á Pirayú es de 27 kilómetros en dirección al Oeste, y de aquí, dirigiéndose al Noroeste hasta Areguá 24, la misma distancia habia de este lugar á Villeta. Estos tres puntos forman un triángulo, cuyo vértice Norte es Areguá: Oeste, Villeta; y Este, Pirayú. El Ferro-Carril que va de la Asunción á Paraguarí toca en su centro con Pirayú y Areguá. A la cabeza de la primera división de caballería, marchó el general Manuel Mena Barreto, y después de un prolijo reconocimiento retornó anunciando no haber encontrado mas enemigo que uno que otro herido refugia lo en sus hogares, y numerosas familias que el dictador hacia emigrar al interior y que aquel general, tranquilizándolas y prestándoles los mayores auxilios hizo regresar á sus casas. Al mismo tiempo que esto sucedía, el Barón del Triunfo con la 2a división de caballería tomaba posición de los caminos por donde pudiera el enemigo destacar alguna fuerza contra Mena


95 Barreto, interceptando así la linea de López; al mismo tiempo que se mantenía de reserva de las fuerzas del coronel Vasco Alvez que operaban en ese momento una sorpresa. También como reserva de este gefe situaron 200 hombres de infantería y la 5 división de caballería. El coronel Alvez, al frente de la 3 a división de caballería se emboscó durante la noche del dia 16 en la parte Sud de una corriente de agua, denominada Sanja blanca, aproximada á la extremidad Norte de la loma de Cumbarety. Sobre este punto se encontraba de avanzada el regimiento paraguayo número 15 de lanceros, y algo mas á retaguardia de reserva el número 20 de la misma arma. Parece que estas fuerzas debieron hacer muy mal servicio de vigilancia, porque en la alborada del 17, cayéronle los brasileros como una avalancha, atacándolas por la retaguardia; de manera que antes que se repusieran de su sorpresa, estaban completamente cortadas, sin atinar sino á ponerse en fuga. Los brasileros arremetieron por todos lados y les mataron 140 hombres al regimiento de vanguardia, tomándole 53 prisioneros, y á estar á las declaraciones de estos, no se escapó sino el comandante y un cabo herido. El regimiento que estaba de reserva pudo á tiempo salvarse huyendo á la desbandada, y Vasco Alves, ya sin temor de enemigos, ejecutó una ligera exploración sobre las posiciones paraguayas. Nuestros aliados no tuvieron mas pérdidas que 3 heridos y algunos caballos por la misma causa. A pesar del mal tiempo que continuaba sin descanso, resolvió el Marqués de Caxias proceder personalmente á un serio reconocimiento sobre las posiciones del adversario.


96 Fué elegido el dia 18. La 5 división de caballería y el 1er cuerpo de ejército se pusieron en movimiento con este objeto. Escalonaron sus fuerzas; y la infantería se aproximó hasta 3 kilómetros de la residencia de López é hizo alto: la caballería se esparció en abanico, recorrió todos los puntos escudriñando sus accesos. Este prolongado reconocimiento se efectuó sin que el enemigo diera señales de vida, é hizo ver lo fantástico de sus posiciones: se encontró la clave de su pérdida, en la interceptación de la línea del Pikiciry é Itaivaté, y en la ocupación del Potrero Mármol, todo se supo, todo se vio claro, alli no habia mas ciego que el general enemigo, abandonaba fuerzas que le eran de una absoluta necesidad á una pérdida segura é irreparable en puntos que ya no tenían absolutamente importancia. El reconocimiento concluyó sin novedad, preparándose el ejército para iniciar operaciones el dia 19. En este término no se pudo dar principio al movimiento á causa de una copiosa lluvia que cayó sin descanso hasta las once de la mañana. Subieron en este dia los encorazados Silvado y Lima Barros, con quince dias de abastecimientos para el ejército. Al forzar el paso de Angostura recibieron quince tiros de grueso calibre, causándoles algunas averías. Pronto el ejército, para ejecutar el nuevo plan de campaña, no esperó sino que cesasen las lluvias, de manera que el terreno se hiciese practicable para la infantería y artillería. Tal era la certeza de la victoria y de su orgulloso proceder, que el general Caxias creyó bastarse asi mismo, empezaba á adorar el dios éxito y lo impacientaba la resistencia: iba á atacar á Itaivaté por el frente, por los puntos mas bien defendidos, á


97 sabiendas, porque no se puede poner en duda que el reconocimiento del 18, y la exploración del Potrero Mármol expusieron á su vista los puntos débiles de la posición del enemigo, pero estaba convencido que su ejército era invencible, y que los 9,000 hombres de Palmas, no le eran de absoluta necesidad para llevar á cabo sus proyectos. Pronto á marchar el ejército brasilero en el dia 21, un momento antes, se esparció en sus filas la siguiente proclama: ORDEN DEL DÍA N°

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«Camaradas:—El enemigo vencido por vosotros en el puente «de Itororó y en el arroyo de Avahy, nos espera en Lomas Valen«tinas (1) con el resto de su ejército. Marchemos sobre él, y con «esta batalla mas habremos concluido nuestras fatigas y privaaciones. «¡ El Dios de los ejércitos está con nosotros! Ea! Marchemos «al combate que la victoria es cierta, porque el general y amigo «que os guia aún no fué vencido. «Viva el Emperador! «Vivan los ejércitos aliados! Marqués de Caxias». Esta proclama y las promociones de los dias anteriores despertaron un verdadero entusiasmo en las filas del ejército y afianzando mas un espíritu conquistado por dos victorias, se puso en marcha sobre las posiciones del enemigo. A poca distancia se dividió en dos columnas de las tres armas: (1) Nombre dado 4 las Colinas reunidas de Itaivaté y Cumbarety.


.98 la de la derecha á las ordénes del general Luis Mena Barreto y la de la izquierda á las del general Bettencourt; y ambas alas inmediatas del general en gefe descendieron al Sud no conduciendo mas bagage que el uniforme de gala que llevaban puestos y los repuestos de municiones. Una hora antes de iniciarse este movimiento, se habia puesto en marcha el Barón del Triunfo, al frente de 2,500 hombres de caballería, con las instrucciones de contornear las posiciones enemigas, y explorar el Potrero Mármol, punto conceptuado como la única linea de retirada de López. Poseía en sí este lugar una inmensa importancia estratégica, porque por allí pasábanlos caminos que conducían á Cerro León, Itá, Itaquá y Pirayú. Dominando ese punto; el enemigo se encontraba completamente sitiado, y se podia conjeturar que era casi imposible su fuga. Además de estas instrucciones; debia en caso posible interponerse entre las fuerzas de la linea del Pikiciry y las del cuartel general enemigo, cuando el general Mena Barreto atacara á aquellas por la espalda. Iniciada esta operación pudo el Barón del Triunfo llegar á tiempo, y sorprender á dos piquetes paraguayos que estaban en observación: á los que hizo prisioneros sin tirar un tiro. El dia antes, el general Caxias participaba á sus aliados su plan de guerra y los invitaba á que emprendieran una demostración sobre la linea del Pikiciry en concordancia con el movimiento que él operaría. Se preparó entonces el ejército de Palmas y al amanecer del dia 21, tomó posiciones frente á la línea del enemigo. Cuando el general Gelly calculó que se hubiese ya movido el Marqués de Caxias, desprendió sobre las posiciones enemigas el


99 regimiento San Martin y á la Legión Paraguaya y una fuerza dé 300 hombres de infantería, y las demás tropas iniciaron unmovif miento marcando la intención de un formal avance. Esta demostración no tenia mas objeto serio, que el enemigo mantuviese intacta la guarnición de la línea del Pikiciry, de manera que amagado con este avance no pudiese reforzarla posición de López, y se encontrase interceptada en el momento en que sintiese á los brasileros por la retaguardia. Avanzó el general Gelly con :as fuerzas de vanguardia é inició un fuerte tiroteo, que mantuvo asi, dando tiempo á nuestros aliados para ejecutar el ataque convenido. Puestas ya en marcha las dos columnas brasileras, tomaron por dirección de avance la prolongada colina de Cumbarety, y al llegar á un punto que enfrentaba la loma de Itaivaté, y domina á lo lejos la línea del Pikiciry, hicieron alto, y aprovecharon un largo descanso para hacer su comida. En el intervalo de este reposo debieron ejecutar prolijos reconocimientos, aunque la historia no lo dice, pero debemos suponerlo, en razón de las dificultades que presentaba un terreno cubierto de alturas y pequeños bosques, que aun explorados anteriormente nunca lo fueron suficiente. No en vano fuera enviado el Barón del Triunfo al Potrero Mármol: el éxito coronaba su actividad: sableaba una fuerza.paraguaya y le tomaba 3000 cabezas de ganado gordo, 500 ovejas y 400 caballos, valiosa adquisición, que perfectamente custodiada fué conducida á Villeta. La victoria aunque en pequeño, empezaba á sonreír; y halagados con los laureles de Avahy nuestros aliados, esperaban ansiosos la hora del asalto. Entonces el Barón del Triunfo cumpliendo órdenes de Caxias,


100 dejó en el Potrero Mármol al coronel Vasco Alves con su división, y vino á engrosar la columna del general Bettencourt. Una vez dispuesto el ataque, resolvió primero el general en gefe llevarlo en dos columnas sobre el frente de la posición enemiga, que en silencio, como si presintiera un dia de difuntos, esperaba el avance mortal. Dio principio la preparación del asalto, estableciéndose en batería el regimiento de artillería á caballo, en un punto aparente de la loma Cumbarety que enfrentaba la posición enemiga. Rudo y tenaz el bombardeo, y apenas respondido por el enemigo, que lo inició primero; hizo que este reconcentrase á su campo atrincherado sus fuerzas destacadas. Mientras tanto, el coronel Cámara con 900 hombres se mantuvo de observación sobre Angostura en un lugar intermedio entre este punto y Villeta, teniendo sus avanzadas hasta muy próximo de aquel fuerte. Con excepción de la columna del general Mena Barreto que se componía de la I a y 5 a división de caballería, 5 a brigada de infantería, y una batería de artillería; lo restante del ejército debería concurrir al asalto de Itaivaté, dividido en dos columnas de ataque con su correspondiente artillería y reservas. La primera, á las órdenes del general Luis Mena Barreto, avanzaría por un camino que existia en la parte Sudoeste del baluarte enemigo, verdadero desfiladero con árboles á los dos costados; y la segunda, á las órdenes del general Bettencourt por otro camino casi igual situado al Noroeste. Estas dos direcciones de ataque representaban lo mas fuerte de la posición en un frente limitado, de manera que el enemigo podia reconcentrar allí su mayor núcleo de poder. Antes que llegue la hora que anuncia el furor desenfrenado


101 de los hombres, esa atrocidad de la sangre fría que calculadamente con el compás matemático cubre de cadáveres el campo de batalla, volvamos la vista al ejército paraguayo y á las posiciones que ocupa.

xxn. La posición de López llamada Loma de Itaivaté (1) es una altura dominante, coronada por dos extensas mesetas sucesivas cubiertas de naranjales y pequeñas isletas de bosques. Los claros que presentaba esta configuración del terreno se manifestaban propicia á las cargas de la caballería, que podia obrar enérgicamente sobre el asaltante en el momento que traspusieran la primera línea de trincheras. Por su frente solo existían dos caminos, bastante escarpados y sombreados por un espeso bosque; por su extremidad derecha era accesible por cualquier punto, y su retaguardia aunque apoyada en un espeso bosque, estaba completamente dominada por la grande abra denominada Potrero Mármol.. Entre la primera y segunda meseta existia un pequeño valle, impedido su paso por una mala línea de abatís y una débil corriente de agua (2). En la segunda meseta estaba el cuartel general de López, próximo al bosque que era, puede decirse, el último refugio de la defensa. Penetrando por el camino de la izquierda de la posición, inopinadamente después de salvar la débil trinchera, se encontraba el asaltante sobre una grande planicie, en cuya extremidad Sud (1) Han denominado también i esta acción Batalla de Lomas Valentinas, pero ya he esplicado antes que esta denominación corresponde i varias alturas que se destacan en ese lugar. (2) Era uno de los brazos de la Zanja Blanca que descendía contorneando la loma.


102 existia un hospital, sombreado por un naranjal; siguiendo después mas al Sud se pasaba el hilo de agua y otra planicie se presentaba á la vista; ásus costados y en todos puntos, bosquecillos, naranjales y una multitud de cercos y ranchos. El otro camino que estaba mas á la derecha desembocaba á otro punto igual, y lo mismo se notaba con corta diferencia, sobre sus descubiertos flancos. Se observaba á las claras, que una vez rechazada la infantería de la primera linea, se retiraría á los bosques de su espalda, dejando á la caballería la libre maniobra en las planicies, y rechazada esta, haria entonces aquella la defensa en el último refugio. López, al ver la actitud imponente y amenazadora de sus enemigos, desconfió de la seguridad de su artillería avanzada y dejando solo 14 piezas de calibre, entre las que estaba el Withworth de 32 que perdieron los aliados el 3 de Noviembre, traspuso toda la rodante á su cuartel general. Dispuso su infantería sobre la línea amenazada, haciendo ocupar una parte de los fosos con lanceros, maniobra que ya habia empleado en la defensa de otras posiciones. En los bosquecillos del centro de la segunda altura, próximo á su cuartel general, estableció sus reservas, resguardadas por un foso de tiradores, teniendo á mano su escolta favorita compuesta de 300 hombres elegidos, y reputados por los mas bravos de su ejército. Distribuyó el mando de todas estas fuerzas entre Resquin, Caballero, Rivarola, Hermosa, Mongelos y Montiel, entregando la dirección de la artillería al coronel Roa y al capitán Saguier, halagado siempre por una esperanza vana, prometió á sus tropas una espléndida vict 'ría.


103

XXTTT.

Un silencio profundo sucedió al estentóreo bombardeo de los brasileros. Eran ya las tres de la tarde, y se vio descender de la loma de Cumbarety las dos prolongadas columnas de ataque; enfrentaron á los puntos designados, y subieron en un mutismo elocuente la pendiente inclinada de Itaivaté. En cuanto encajonaron en el camino, empezaron á sufrir los efectos de un fuego terrible de metralla, que hizo vacilar, detener, y rodar por tierra á las cabezas de columnas, pero avanzaron nuevos batallones y continuaron de nuevo su sangrienta ruta. Esta vez con mas brío alcanzaron á la primera línea de las obras del enemigo y se produjo allí un combate casi cuerpo á cuerpo. Los paraguayos que estaban escondidos en los fosos con lanzas, se levantaron de repente y la emprendieron con los brasileros, entonces se vio algo parecido á los combates de los hombres de armas de la edad media. Los riograndenses del Barón del Triunfo que se batia en primera línea, cruzaron sus lanzas con los paraguayos y las dos caballerías desmontadas, dándose golpes de pica y sablazos y tomándose á brazo partido presentó á los ojos de la historia la mas bella perspectiva de ese dia. Sin embargo, los brasileros fueron rechazados, á causa del fuego tremendo de metralla que se les hacia, dominando con estupor los dos estrechos caminos hasta cierta distancia. Nuevos batallones y sucesivos avances, y con la ayuda de los pontoneros á las órdenes del capitán Martins, consiguieron abrirse paso y penetraron á la línea del atrincheramiento enemigo.


104 El entusiasmo de los brasileros llegó á su colmo al salvar la valla fatal, sintiendo que el adversario les abandonaba la primera línea con sus cañones y se retiraba á retaguardia. Dominando la planicie de la primera altura, avanzaron á conquistar la segunda, donde estaba el cuartel general de López, punto de reconcentración délas fuerzas rechazadas de la primera línea, pero las reservas de la resistencia los recibieron con un fuego intenso repentino que salia detrás de los árboles que poblaban aquel sitio. Los batallones brasileros al desembocar en el recinto enemigo, perdido habían su formación; despreciando el orden táctico el orgullo de la engañosa victoria; y así se veian diversos grupos de lanceros é infantes avanzando desordenadamente y batiéndose por su cuenta. Continuaban confiados en este incauto avance, cuando inopinadamente fueron asaltados por la infantería y caballería enemiga que, haciendo una cruel carnicería los rechazó completamente. Las columnas retrocedieron en el mas completo desorden y fueron perseguidos hasta algo mas allá de la primera línea de atrincheramientos conquistada al principio por sus esfuerzos; pero los paraguayos no pudieron recuperar 10 cañones (1) de los 14 que la defendían, que habían sido llevados ya por las reservas brasileras, mientras sus columnas de ataque penetraban al recinto. Solamente quedó, á causa de su peso, el Withv/orth de 32, y 3 piezas mas. Siendo ya las 6 de la tarde, se tocó retirada y los brasileros se limitaron á ocupar un punto aproximado á la línea paraguaya, de donde continuaron tenazmente el fuego, que fué respondido por los paraguayos durante toda la noche de este dia y la maña(1) Entre estas piezas se encontraban 2 perdidas por los brasileros el 2 de Mayo de 1868.


105 na siguiente en medio de una espesa y tranquila lluvia, que en vano tratara de aplacar tanto furor inútil. Cuando ya se habia empeñado este combate, se movió el general Manuel Mena Barreto á atacar la línea del Pikiciry. Siguió hacia el Sud, oculto en su trayecto por los árboles de la loma de Cumbarety, llegó á su extremidad, y fraccionado en dos columnas varió á la derecha, y saliendo al descampado cayó como una avalancha sobre la línea paraguaya. El enemigo, dando la espalda á los parapetos de su trinchera, estaba formado por batallones en batalla, equidistante unos de otros de 500 á 600 metros. Su artillería del mismo modo habia sido dada vuelta, pero apenas tuvo tiempo de ejecutar algunas descargas, porque fueron cargados rudamente por los brasileros. Duró apenas un momento la refriega. El adversario acuchillado y cortado en dos, fué completamente derrotado, refugiándose una parte de los que salvaron á la Angostura, y otra á los bosques que están al Oeste de la línea del Pikiciry. Aquí también hubo una carnicería de 680 infelices sacrificados á la violencia del sable y la bayoneta, y tan es así, que no hay sino prestar atención á la proporción existente entre los muertos y losheridos; para aquel número solo hay 100 heridos, y 100 prisioneros que no entran en la proporción. Esto es un detalle atroz, cuando se considera, como lo dicen documentos oficiales, que aquella guarnición estaba formada de niños y viejos en su mayor parte. Este triunfo puso en posición á los aliados de la mayor parte de la línea del Pikiciry, conquistando allí Mena Barreto, 31 cañones, algunas banderas y gran número de armamento y municiones, como también dejando espedita la comunicación con Palmas.


106 Victoria fué esta tan cara para los paraguayos, que causó insignificantes pérdidas á los brasileros, no sucediendo así con el asalto de Itaivaté, donde perdieron nuestros aliados 50 oficiales muertos y 266 heridos, 967 soldados muertos y 2,961 heridos, (1) en todo 3969 bajas, siendo una de sus mas sensibles pérdidas el Barón del Triunfo, que fué herido peleando como un soldado. Este sangriento rechazo, de mayores proporciones que el de Curupaytí (2) no solamente por las pérdidas sufridas, sino porque el enemigo tomó la ofensiva y persiguió fuera de sus trincheras, fué también debido á la impaciencia ó al deseo de ostentar sola, sin la ayuda de la alianza, la gloria brasilera. Vamos á probarlo. Primero. Antes de atacar á Itaivaté debióse conquistar la línea del Pikiciry, y una vez conseguida esta ventaja hacer pasar inmediatamente los 9000 hombres de Palmas. Entonces, con un ejército de 26,000 hombres, dar el asalto por diferentes puntos, (no por su frente solo, porque es sabido que posición que no es atacada por la retaguardia ó envuelta en sus flancos resiste casi siempre). Segundo. Si realmente fué tomada esta línea con anterioridad al ataque de Itaivaté, (lo que no es cierto, á estar á la relación del coronel Alvarez que se encontraba por la parte de Palmas sobre la línea del Pikiciry (3) y á un documento oficial que lleva la firma del general Gelly, publicado en la memoria de guerra del año 1868), porqué razón no se esperó antes de llevarse el ataque á la posición de López, la incorporación de las fuerzas del ejército del general Gelly. Tercero. ¿Podia acaso ignorar un general del talento de Caín Jourdan. Atlas histórico, (escritor brasilero). (2) Curupaytí fué una victoria moral; un rechazo en que el vencedor no toma la ofensiva, queda siempre la superioridad varonil por parte del asaltante. (3) Este gefe dice que recien á las cinco de la tarde atacó Mena Barreto.


107 xias que el refuerzo de 9000 hombres era la victoria decisiva, dada las condiciones á que habría quedado López, interceptado en su última posición? Como se ve pues, ni hubo plan acertado ni ataque discreto, no sacando otro provecho que desmoralizar por las continuas fatigas á un ejército que habia dado pruebas irrecusables de su bravura y constancia. Las pérdidas sufridas por López en la batalla del 21 de Diciembre fueron enormes, sus tropas sin resguardo estuvieron durante toda la acción expuestas al fuego de los brasileros. Además de los cañones, perdió 8 banderas, una de las que era de seda perteneciente al batallón rifleros de su escolta. Concluido el rechazo continuaron sufriendo el fuego de nuestros aliados toda la noche y el dia siguiente, de manera que aquellos miles de balas que se lanzaban, por menos daño que causaran habia de ser de alguna consideración, ó imposibilitando el tránsito por aquellas desnudas planicies sembradas de cadáveres. Después del combate de la linea del Pikiciry, el general vencedor hizo su acampe sobre el campo de batalla, y estableció un servicio de vigilancia sobre la Angostura. Esa misma noche el coronel Vasco Alvos que se mantenía de exploración en el Potrero Mármol, capturó 700 reses que López enviaba á Cerro León. Esto significaba principio de retirada.

XXIV. Prevenido como estaba el general Gelly para avanzar sobre la línea del Pikiciry cuando el general Mena Barreto iniciase el ataque, cuya operación según telegrama del Marqués de Caxias


108 debia dar comienzo á las seis de la mañana del dia 21, se preparó y esperó como ya anteriormente hemos dicho. Supuso con razón, que esta operación se ejecutara á mas tardar de ocho á nueve de la mañana (1), en razón de la corta distancia que mediaba entre Villeta y las posiciones de López, y creyó siempre que seria este primer ataque los preliminares de la gran batalla que tendría lugar en seguida, con todas las fuerzas aliadas reunidas. Pasó el tiempo, y el ejército de Palmas sumergido en los pantanos esperó hasta las dos y media de la tarde. Entonces el general Gelly, que no sentía ningún movimiento en el Cuartel general de López, ni la vibración lejana de la artillería que le anunciara la aproximación de sus aliados, supuso con razón que el Marqués habia desistido en ese dia de la empresa proyectada, pues iban transcurridas ocho horas desde que debia dar comienzo al ataque. Entonces se retiró á su campo dejando al coronel Alvarez de observación. Como á las cinco de la tarde recien se sintió el fuego del ataque del general Mena Barreto, y á causa de la hora y del casi imposible trayecto para la infantería, se vio imposibilitado el general Gelly de hacer en este mismo dia su junción con Caxias. Supongamos que el ejército de Palmas se hubiera puesto en marcha á las cinco de la tarde: no habría, á pesar del corto camino y de la ninguna resistencia del enemigo, llegado antes de las doce de la noche, dada la naturaleza del terreno y el tren rodante de artillería que conducía; hubo entonces que esperar al dia siguiente para operar la junción. Y para que se vea la verdad de este aserto, al dia siguiente, á las tres de la mañana, el ejército del general Gelly dio comienzo (1) Tres horas después de la anunciada por el General en gefe.


109 á la marcha, y á las once hacia alto de este lado del arroyo Pikiciry para reorganizar sus columnas desordenadas por un trayecto casi imposible, y poder pasar el arroyo y seguir adelante, es decir, diez á once horas para ejecutar un camino de 10 kilómetros. Fuera necesario conoc.r aquel terreno anegado por tan copiosas lluvias y dificultado por las obras del enemigo; para comprender los grandes inconvenientes de un avance sobre ese punto. En la misma noche de los combates que acabo de mencionar, el Marqués de Caxias dirigió un oficio al general Gelly en demanda urgente de infantería y este general cumplió sus deseos yendo á incorporarse con todo su ejército el dia 22. Ya era tiempo; esos 9000 hombres de refresco llegaban como un inmenso consuelo, en el momento en que el ejército brasilero se encontraba abatido y en un estado tal de desorganización que se comprendía á la primera vista. Y habia razón para ello; á cualquier otro ejército en iguales condiciones le hubiera sucedido lo mismo. Esa campaña de quince dias, entre el barro y la lluvia, soportando algunas veces los rigores de un sol ardiente, y el calor sofocante de sus marchas y contramarchas, mal alimentados, peor asistidos, y combatiendo valerosamente, como lo atestiguan sus 8000 hombres fuera de combate, caídos en sus puestos de honra, era para acobardar á un soldado de fierro. En esta situación llegó el general Gelly sobre las posiciones de López y acampó en la loma de Cumbarety, ocupando la derecha del ejército aliado que enfrentaba la izquierda de la posición enemiga. El centro cupo á los orientales y la izquierda á los brasileros. Desde aquel momento comprendió el general argentino que el ejército brasilero necesitaba descanso y organización, y asi en la


110 entrevista cordial que tuvieron con Caxias, le significó esto mismo. El general brasilero sin poder dominar su impaciencia le propuso preparar un ataque decisivo para el siguiente dia (23N, á lo que objetó el general Gelly, que antes de emprender tan seria operación, era necesario ejecutar prolijos reconocimientos que señalasen otros trayectos mas militares para el asalto, como eran los flancos y la retaguardia, en razón que un nuevo ataque por el frente marcaría tal vez otro rechazo mas desmoralizador aun que el primero y concluyó diciéndole: «General, V- E. y su valiente ejército necesita reposo, déjeme á mi por ahora los trabajos y reconocimientos. Caxias aceptó tan juiciosas observaciones y completamente tranquilo, dio principio á la nueva organización de sus diezmadas tropas. Comenzó por disolver un cuerpo de ejército, quedando entonces las fuerzas brasileras reducidas á dos; el I o á las órdenes del general Bettencourt y el 2o á las de su colega Luis Mena Barreto. Enseguida se refundiéronlos batallones de voluntarios: 34,24, 29, 33, 51, 25, 47, 32, 49, 39 y 36. Estos cuerpos habían quedado reducidos á un efectivo insignificante y por consecuencia de estas reformas hubo un cambio completo en las brigadas y divisiones. A pesar de la inacción y descanso en el campamento de los aliados, el fuego, continuó sin interrupción en sus avanzadas, sosteniendo firme la posición ocupada desde el 21. Los batallones de servicio se relevaban continuamente y desplegados en tiradores mantenían una mosquetería, que al acaso enviaba granizadas de plomo* al campo enemigo (1). Este, aunque en (1) El día 25 fuimos por tarde con el coronel D. Florencio Romero á visitar al comandante D. Eduardo Vázquez, gefe del «21 de Abril, del ejército oriental, estaba de avanzada y una p.ríe de su batallón desplegado hacia fuego sobreja línea enemiga que contestaba .1 mismo tiempo. Vázquez estaba sobre la línea de fuegoa tomando mate, silvando sobre su cabeza una granizada de proyectiles. ° Pusimos nuestros caballos i. buen abrigo y nos dirigimos donde él estaba.


111 menor escala, respondía á su vez, de lo que resultaba una especie de fuego de artificio bastante molesto en la noche. Asi prosiguió este duelo incesante y tenaz de dia y de noche, azotado poruña agua mansa que se desplomaba constante, cual si quisiera apagar tanto ardor inhumano.

XXVLa victoria del 21 para López fué una victoria á lo Pirro; con otra como esa y estaba perdido; á costa de la mitad de su artillería, de 4,000 hombres, 8 banderas é inmenso número de municiones habia rechazado á un enemigo que como la hitfra de Lerna, le iba á presentar de nuevo 24,000 hombres con 60 piezas de artillería. Abarcó su crítica situación, y hubo un momento, en que el reflejo siniestro de sus desastres le iluminó la idea de retirarse á la sierra de Azcurra. Dominándole este plan, al dia siguiente enviaba un pliego al comandante de la Angostura (1), ordenándole la inmediata reconcentración de esas tropas al Cuartel General. En ese tiempo alcanzaba esa guarnición á 1,300 hombres sanos y 400 heridos. Pero indeciso y vagando entre las fluctuaciones de su ignorancia y omnímodo orgullo cuando se iba á ejecutar la orden, dispuso lo contrario, fundándose en la vana esperanza que tenia de sostenerse algún tiempo en Itaivaté; á causa de la desmoralización de los aliados producida por el último rechazo. Nuestro buen amigo nos hizo tomar un mate sabrosísimo . . . y felizmente salimos sin una costilla rota. El coronel hoy, D. Eduardo Vázquez, fué uno de los oficiales mas valientes y distinguidos de la guerra del Paraguay, y será siempre una figura militarque honre á su patria. (1) Según Thompson, fué enviado con el teniente San Román, el que después de diversas peripecias pudo llegar i duras penas i su destino.


112 Como rara vez se sabe lo que pasa en el campo enemigo, hasta cierto punto tenia razón en considerar asi una situación que lo halagaba, y que si era verdad que el ejército brasilero se encontraba abrumado de fatiga y con un inmenso número de heridos; la incorporación de las fuerzas de Palmas cambiaba completamente la faz de los acontecimientos; de manera que su ilusión debió desvanecerse el 22, cuando vio arribar aquella inmensa columna donde venían los argentinos á darle el último golpe de montante. Pero suponiendo que fueran razonables sus congeturas, ¿qué ventajas obtenía con la guarnición bloqueada de la Angostura? ya no era punto de apoyo de ninguna línea, ni interceptaba el paso del rio Paraguay, mientras que reforzando sus agonizantes fuerzas, hubiera sido un contingente inapreciable para la batalla que mas tarde tuvo lugar. La incorporación, como todas las salidas de un campo bloqueado, tenia sus probabilidades en contra, pero también las poseía en su favor durante la noche del 21, que era oscura y lluviosa: y pudo fácilmente ejecutarse por el terreno montuoso intermedio entre Angostura é Itaivaté, pasando tal vez sin ser sentido por las lineas délos brasileros, que dada la faena de esa jornada no estaban para mucha vigilancia. Después de la batalla del 21, dispuesto López á resistir, se ocupó nuevamente en reorganizar los restos de su último ejército (1), concentrando el 24 en su cuartel general 8 batallones de convalescientes y urbanos que provenían de Cerro León; y el 25, 2 batallones y 3 regimientos de caballería de la capital. Como se vé, López hasta ese momento disponía de tropas de reserva, y según los cálculos que se hacen por las relaciones que existen, pudo reunir por un último esfuerzo, como ya

(1) Creemos así porque al ejército de Azcurra no se le puede dar ese nombre.


113 lo expuse en las líneas del Pikiciry, hasta 28,000 hombres, y como antes he hecho referencia á las ventajas que hubiera obtenido, con tal poder no volverse sobre el punto. Resuelto López á sostenerse mas por vanidad y capricho que por otra cosa, empleó todos los medios imaginables para la última resistencia, y es probable que halagado su orgulloso espíritu por la idea de una muerte gloriosa, hubiera pensado en ello un momento, sucumbiendo en medio de sus tropas; y tan es asi, que mas tarde se verá, que hizo esa promesa á sus soldados sin poderla cumplir, porque el ánimo generalmente no existe donde no hay corazón: los bravos no son crueles ni perversos. Careciendo de pertrechos de guerra aglomeró todo lo que encontró á mano y recurrió al ingenio para hacer proyectiles, la metralla fué suplantada por haces de bayonetas y sacos de piedra: las balas de á 9 las hizo servir en los cañones de á 12: estos desmontados fueron acomodados de modo que aun sirvieran; la munición en equitativo reparto se distribuyó alcanzando á lo sumo80 tiros por hombre. Dio nueva organización á sus tropas, la infantería fué dividida en pequeños batallones y la caballería en escuadrones, los desmontados teniendo por única arma la lanza y el sable. La artillería estaba servida por los marinos de los vapores, que aún se conservaban escondidos en los ríos del Norte, recien llegados de la capital, donde habían estado de guarnición. El gefe de esta arma lo era el capitán Saguier, distinguido y valiente oficial paraguayo, preso durante mucho tiempo por no haber querido ser verdugo: su entereza será siempre el mayor elogio. Estas fuerzas guardaban la línea de los atrincheramientos, manteniéndose las reservas que en su mayor parte eran de caballería, «n las inmediaciones del cuartel general, donde esperaban repetir la maniobra del 21. El movimiento y la actividad de esos últimos dias, entre los 8


114 horrores de los continuos bombardeos y la mosquetería incesante, es digna de los elogios mas acentuados de un enemigo leal, el mundo asombrado estaba presenciando en el rincón de una selva americana, todo lo que puede la energía de una raza puesta al servicio de la insensatez y de la tenacidad mas bárbara de los tiempos modernos. Asi esperó López con sus 4,000 abigarrados soldados el avance del ejército aliado, que si es verdad que por su número era invencible, en cambio, el incauto adversario, templado por la victoria del 21, inauguraba otro rechazo confiando candidamente que se le volvería á atacar por el frente.

XXVI. Repugnándole al general Gelly las frecuentes carnicerías, que desde algún tiempo atrás, venia cometiendo el ejército aliado, se apersonó al Marqués de Caxias y le indicó la necesidad de salvar ante la historia los cargos que pudieran sobrevenir por el derramamiento de sangre del último ejército enemigo formado en una tercera parte de niños y ancianos y soldados mutilados, y le hizo ver entonces la conveniencia de dirigir un ultimátum al dictador paraguayo. Caxias hombre generoso y compasivo como son por lo general todos los intrépidos, aceptó complacido la indicación del general argentino, sucediendo otro tanto con el general Castro. Este arranque de humanidad era en el momento en que los generales aliados estaban mas que nunca seguros de la victoria; y si López hubiese poseído un átomo de patriotismo, salvado habría á su patria desolada (1). Su ruina data desde ese dia. (i) La emigración forzosa al interior, empezó desde el mes de Diciembre de 1869, y esas multitudes lanzadas en los desiertos sin amparo y sin alimentos perecieron la mayor parte victimas del hambre y las fatigas.


115 Aunque los documentos que voy á transcribir son conocidísimos, necesítalos la relación de esta campaña guardarlos en su seno. En ellos se veían dos lenguajes distintos, el uno lacónico y sincero, respira la compasión por un pueblo desgraciado, el otro inhumano envuelto en el velo del patriotismo, prefiere sacrificar hasta el último paraguayo antes que abandonar un poder que tenia por base el hacha del verdugo y la brutal tortura. Hé ahí los documentos: Campamento frente ala Loma Valentina, Diciembre84de 1838.

A S. E. el señor Mariscal Francisco Solano López, Presidente de la República del Paraguay y General en Jefe de su ejército. Los abajo firmados, General en Jefe de los Ejércitos Aliados, y representantes armados de sus Gobiernos, en la guerra á que fueron sus Naciones provocadas por V- E., entienden cumplir un deber imperioso que la religión, humanidad y la civilización les impone; intimando á nombre de ellas á V. E., para que dentro del plazo «de doce horas contadas desde el momento en que la presente nota le fuese entregada y sin que se suspendan durante ella las hostilidades, deponga las armas, terminando así esta ya tan prolongada lucha. Los que firman saben cuales son los recursos de que puede V. E. disponer hoy, tanto en relación á las fuerzas de las tres armas, como en lo relativo á municiones. Es natural que V. E. conozca á su turno la fuerza numérica de los Ejércitos Aliados, sus recursos de todo género, y la facilidad que siempre tienen para hacer que ellos sean permanentes. La sangre derramada en el puente Itororó, en el arroyo Avahy, debia haber determinado á economizar las vidas de sus soldados en el 21 del corriente, no compeliendo auna resistencia inútil. Sóbrela cabeza de V. E. debe caer toda esa sangre, así como la que tuviere que correr aún si V. E. juzgare que su capricho debe ser superior á la salvación


116 de lo que resta del pueblo de la República del Paraguay. Si la obstinación ciega é inexplicable fuese considerada por V E. preferible á millares de vidas que aún se pueden ahorrar, los abajo firmados responsabilizan la persona de V E. para ante la República del Paraguay, las Naciones que ellos representan, y el mundo civilizado, por la sangre que á raudales va á correr y por las desgracias que van á aumentar las que ya pesan sobre este país. La respuesta de V. E. servirá de Gobierno á los infrascriptos que tomarán como negativa si al fin del plazo marcado no hubieran recibido cualquier contestación de la presente nota. Marqués de Caxias—Juan A. Gelly y Obes— Enrique Castro. Doce horas después, antes que concluyera el plazo, López contestó en los siguientes términos: Cuartel General en Pikiciry, Diciembre 24 de 1868.

El Mariscal Presidente de la República del Paraguay, debiera quizá dispensarse de dar una contestación escrita á SS. EE. los señores Generales en Jefe de los Ejércitos Aliados, en la lucha con la Nación que presido, por el tono y lenguaje inusitado é inconveniente al honor militar, y ala magistratura suprema conque SS. EE. han creído llegada la oportunidad de hacer con la intimación de deponer las armas en el término de doce horas para terminar así una lucha prolongada, amenazando echar sobre mi cabeza la sangre ya derramada, y que aún tiene que derramarse si no me prestase á la deposición de las armas, responsabilizando mi persona para ante mi patria, las Naciones que VV. EE. representan y el mundo civilizado; empero, quiero imponerme el deber de hacerlo rindiendo así holocausto á esa misma sangre generosamente vertida por parte de los míos y de los que combaten, así como al sentimiento de religión, humanidad y civilización que VV. EE. invocan en su intimación. Estos mismos sentimientos


117 son precisamente los que me han movido ha mas de dos años para sobreponerme á toda la descortesía oficial con que ha sido tratado en esta guerra.el elegido de mi patria. Buscaba en Yataytí-Corá en una conferencia con el Exmo. General en Jefe de los Ejércitos Aliados y Presidente de la República Argentina Brigadier General D. Bartolomé Mitre, la reconciliación de cuatro Estados soberanos de la América del Sud que ya habían principiado á destruirse de una manera notable; y sin embargo mi iniciativa, mi afanoso empeño no encontró otra contestación que el desprecio y el silencio por parte de los gobiernos aliados y nuevas sangrientas batallas por parte de sus representantes armados como VV. EE. se califican. Desde entonces vi mas clara la tendencia de la guerra de los aliados sobre la existencia de la guerra del Paraguay y deplorando la sangre vertida en tantos años de lucha; he debido callarme y poniendo la suerte de mi patria y sus generosos hijos en las manos del Dios de las Naciones, combatí á sus enemigos con la lealtad y conciencia que lo he hecho y estoy todavía dispuesto á continuar combatiendo hasta que ese mismo Dios y nuestras armas decidan de la suerte definitiva de Ja causa. VV. EE. tienen á bien noticiarme el conocimiento que tienen de los recursos de que actualmente pueda disponer, creyendo que yo también puedo tenerlo de la fuerza numérica del Ejército Aliado, y de sus recursos cada dia crecientes. Yo no tengo ese conocimiento, pero tengo la experiencia de mas de cuatro años de que la fuerza numérica y esos recursos nunca han impuesto á la abnegación y bravura del soldado paraguayo que se bate con la resolución del ciudadano honrado y del hombre cristiano que abre una ancha tumba en su patria antes de verla ni siquiera humillada. VV. EE. han tenido á bien recordarme que la sangre derramada en Itororó y Avahy, debiera determinarme á evitar aquella que fué derramada el 21 del corriente, pero VV. EE. olvidarán, sin duda, que esas mismas acciones pudieran de antemano demostrarles cuan cierto es todo lo que pondero en la abnegación de mis compatriotas y que cada gota de sangre que cae en la tierra es una nueva obligación para los que sobreviven. Y ante un ejemplo semejante, mi pobre cabeza puede arredrarse de la amenaza tan poco caballeresca, permítaseme decirlo, que VV. EE. han


118 creído de su deber notificarme. W . EE. no tienen el derecho de acusarme ante la República del Paraguay mi patria, porque la he defendido y la defenderé todavía. Ella me impuso ese deber y yo me glorifico de cumplirlo hasta la última extremidad, que en lo demás, legando á la historia mis hechos, solo á mi Dios debo cuenta, y así, sangre ha de correr todavía. Él tomará cuenta á aquel sobre quien haya pesado la responsabilidad. Yo por mi parte estoy hasta ahora dispuesto á tratar de la terminación de la guerra sobre bases igualmente honorables para todos los beligerantes, pero no estoy dispuesto á oir una intimación de deposición de armas. Así á mi vez é invitando á VV. EE. á tratar de la paz, creo cumplir un deber imperioso con la religión, la humanidad y la civilización por una parte, y lo que debo al grito unísono que acabo de oir de mis generales, gefes, oficiales y tropa, á quienes he comunicado la intimación de VV. EE., y lo que debo á mi propio honor y propio nombre. Pido á VV. EE. disculpa de no citar la fecha y hora de notificación, no habiéndolas traído, y fué recibida en mis líneas á las siete y media de esta mañana. Dios guarde á VV- EE. muchos años. Francisco S. López. Si de la mente de Washington, hubiese estallado ese noble arranque, esculpido en letras de oro pasara á la historia página tan brillante: pero en vez de un impulso heroico y abnegado era la mas refinada hipocresía que rendía vasallage al patriotismo. Ese documento resistirá á los embates del tiempo, destilando gota á gota la sangre de un pueblo intrépido. La elocuencia de la tiranía se vuelve en contra. Masterman, refiriéndose á él, dice con mucha razón: «En el momento en que esto escribía, tenia las manos teñidas


119 en la sangre de su propio hermano, y en la del obispo, que habia sido el compañero de su infancia, amado condiscípulo, y el amigo mas sincero en todas las épocas de su vida; y en la de sus mas fieles é intrépidos oficiales.» Y agregaremos; que aquel hombre que invocaba á cada momento el santo nombre del creador; azotadorde su madre, derramara sin piedad la sangre de infelices prisioneros; de ancianos inermes, y débiles mujeres indefensas; inocentes todos de crímenes fraguados en la inquisición de su infernal espíritu. Mas que manchado con la sangre que al fin alivia los penares de la vida, convertídose habia en el verdugo implacable, que se goza en la agonía torturante que lentamente tritura, despedaza, reanimando enseguida una vida horrible para que tenga la fuerza de soportar con dolor mas vivo los mas horrorosos suplicios. Aquella audacia de asesino habia hecho temblar su mano, la firma traicionaba el infierno de su alma, negra como una caverna de vívoras. Su orgullo insensato, sobreponiéndose á todo, hacia alarde de una tenacidad que alcanzaba con alta honra á los intrépidos paraguayos, pero nunca al único pusilánime de ese ejército de leones. Alma abyecta, envilecida en el despotismo, sin un destello de grandeza, desconfiado y feroz como un salvaje, aleve matador de sus mas valerosos sostenedores, porque no podia soportar su negra envidia su sombra heroica: el delirio del crimen lo carcomía y armaba su brazo maldito, no con la noble espada del campo de batalla, sino con el arma cobarde del homicida. Los desgraciados argentinos sacrificados á la crueldad de aquel monstruo, merecen al menos, que por un instante al recordar sus tormentos, pierda yo mi sangre fría. Mas tarde probaron los aliados, al mundo atónito, que habían derramado la sangre de 100,000 de sus hijos; empobrecido su te-


120 soro, únicamente con el deseo de dar la libertad á un pueblo hermano, extirpando su feroz tirano; y la república argentina, no-* ble y generosa como lo ha sido siempre en todos los actos de su corta vida, olvidó sus inmensos sacrificios, y estendiendo sus brazos protectores á ese pueblo infeliz, esclamó: «La victoria no dá derechos.» Esa frase no será muy diplomática, pero tiene la grandeza del corazón argentino.

XXVI. Conocida ya la posición que asumía López, los aliados se prepararon á darle el golpe decisivo. Amaneció el dia 25 y se establecieron convenientemente en la loma frente á la posición enemiga en una línea semi-curva, 46 piezas de artillería argentina y brasilera y algunas coheteras mas aproximadas. Cada pieza debia lanzar 50 proyectiles en fuegos convergentes hacia el cuartel general de López. Iniciado el bombardeo á las seis de la mañaua, continuó durante una hora y en seguida avanzaron algunos batallones brasileros por el frente de su extrema izquierda y alcanzaron hasta un punto, donde el 21 habían abandonado el Withworth de 32, y 3 piezas mas sin poderlas conducir. Esta artillería fué tomada y llevada á retaguardia nuestra, los brasileros avanzaron algo mas sobre un ángulo saliente déla posición ; pero encontrando una enérgica resistencia hicieron alto, y prosiguió estacionario el combate de mosquetería. Duró este hasta que se pudieron conducir los preciosos trofeos,


121 retirándose en seguida las fuerzas empeñadas con sensibles pérdidas. Tuvieron 2 oficiales muertos y 17 heridos, 36 soldados muertos y 223 heridos. López por su parte sufrió también bajas de consideración. Cuando se acordó este bombardeo con los generales aliados, el generalísimo brasilero no manifestó la intención del reconocimiento ó de la intentona de avance que ejecutó ese dia frente á su extrema izquierda, y lo verificó sin que de ello tuviera conocimiento el general Gelly, pues de otro modo prestádole hubiera su cooperación, haciendo una demostración por la derecha. Y sin embargo, á pesar que cuando tuvo aviso de la operación, (no por conducto oficial) ya era tarde, nuestro general, deseando demostrar que estaba siempre dispuesto á coadyuvar á las operaciones que emprendiesen sus aliados, ordenó un audaz avance á la línea de artillería argentina, que rompió incontinenti un rudo bombardeo sobre el flanco izquierdo del enemigo. Dada la situación que habia asumido el marqués de Caxias en esta campaña, hace suponer que no dieron participación á sus aliados; en la creencia, que en esta pequeña operación podrían encontrar, tal vez cateando la posición del enemigo, el camino de una victoria definitiva, pero era la voluntad de Dios que los argentinos tuvieran la gloria de la última batalla de Itaivaté, ya que aquellos habían tenido los de los combates anteriores de este mes. En la tarde de este mismo dia, López ordenaba al regimiento de dragones de 300 plazas que tratase de tentar un golpe de mano sobre el 14° cuerpo de caballería brasilera que se habia adelantado por_la retaguardia de su posición. Esta unidad de fuerza se ocultó en un bosque próximo y esperó el momento de caer por sorpresa sobre la tropa brasi-


122 lera. Pero el coronel Al vez que tuvo conocimiento de la presencia del enemigo en aquel lugar, ordenó la retirada del 14o cuerpo, de manera que maliciosamente pudiera atraer al regimiento paraguayo, alejándolo así-de sus posiciones, para enseguida envolverlo y hacerlo pedazos. El regimiento paraguayo avanzó rápido sobre los brasileros, y cuando estuvo aproximado cargólos con ímpetu y consiguió algunas ventajas: no duró esta situación un momento porque en seguida fué atacado por los flancos y convulsionado completamente. El regimiento deshecho se dispersó y emprendió la fuga hacia su campo, donde no pudo ser perseguido á causa de la naturaleza del terreno. 200 muertos y 30 prisioneros, en su mayor parte heridos, fueron los trofeos de este degüello, donde bien se puede aplicar aquel adagio vasco. «Al roble caido todos le sacan hojas.» López desde una altura de su cuartel general contempló con ansiedad este combate, de un regimiento mal montado contra una gallarda división mandada por un bravo como lo era el coronel riograndense Vasco Alvez, y debió sentir una grande amargura al ver que un destino implacable, volviéndose matemático, hacia don siempre de la victoria á los gruesos escuadrones. Pero la enfermedad estratégica del dictador paraguayo era incurable. La agonía de Itaivaté iba aproximándose al estertor. Cada dia era mas crítica la situación de aquel último grupo de paraguayos. Armas, municiones, hombres y moral, todo iba faltando, y lentamente la destrucción de los bombardeos preparaban con una calma terrible el trágico final. El descanso del dia 26 fué precursor del desenlace de esta campaña, y acordaron los generales aliados que en el dia poste-


123 rior, en seguida de un bombardeo, se tomara á viva fuerza las posiciones del enemigo. El plan quedó limitado á un ataque por tres puntos: izquierda, centro, y movimiento envolvente, que entrando por el flanco derecho del enemigo, atacase su retaguardia; mientras las columnas de ataque del centro avanzaban sobre el punto convergente que era el cuartel general de López. Con anticipación, el Potrero Mármol, retirada obligada del enemigo, debería ser guardado y perfectamente vigilado por una fuerte columna de caballería, de manera que cuando López rechazado y deshecho emprendiese la fuga, fuera esta impedida por aquella fuerza. No sé que presentimiento tendría el general Gelly, cuando pidió al Marqués de Caxias, el regimiento San Martin que se encontraba formando parte de las fuerzas que bloqueaban á Angostura, para enviarlo al Potrero Mármol á aumentar la columna del coronel Alvez; pero Caxias le argumentó que en aquel punto existían fuerzas en demasía, y que por otra parte al coronel Alvarez lo necesitaba en el sector de bloqueo de que estaba encargado, tanto por su competencia como por su actividad. El general Gelly insistió, pero tales fueron los argumentos del Marqués de Caxias, que se creyó convencido, y no se habló una palabra mas del asunto; confiando sin duda en que tan claras eran las disposiciones estratégicas del Potrero Mármol, que seria antes, durante, y después de la batalla, el punto de mayor importancia. Téngase en cuenta que el objetivo era López, y que solamente por allí podría emprender la fuga. El ataque por la derecha lo llevaría el general Gelly, el del centro el general Castro, y el de la izquierda el general Rivas, todo á las órdenes del Marqués de Caxias. Las fuerzas argentinas y orientales debían dar el asalto y los brasileros irian de reserva.


124 Esta situación era debida á la calma del general Gelly que siempre se habia opuesto á comprometer un combate hasta no estar bien seguro por los reconocimientos de la verdadera situación del enemigo. El ardor de Caxias y la serenidad de Gelly y Castro completaban con éxito el mando del ejército aliado en aquel tiempo. Y debióse á este contrapeso de caracteres bien distintos y á la lealtad del general argentino, el éxito de esta campaña concluida con la ocupación de la Asunción, aunque con la negra berruga de la escapada de López. Esta vez ya se conocía el camino seguro, debido á los reconocimientos y á las declaraciones del paraguayo Baldovino, elegido por guia para conducir la columna del general Rivas, cuyo movimiento á no dudarlo tendría que decidir la jornada.

xxvn. Las fuerzas aliadas frente á Itaivaté y Angostura alcanzaban próximamente á 24,000 hombres, incluyendo en éstos, 2,000brasileros venidos de Humaitá y Palmas, entre los que estaba el I o y 3 o batallón de artillería. En este número entraban los brasileros por 15,954 hombres repartidos del modo siguiente: artillería y pontoneros 1,738, caballería 3,130, infantería 11,096. (1) (1) EJÉRCITO ARGENTINO— Pont é Ing'ros y otros servicios Artillería Cuartel Gral. y Estado Mayor Artillería %• Cuerpo

375 — —

— 384 —

Caballería — — —

, Infantería — — 2400

TOTAL


125 Los argentinos alcanzaban á 6,655; fraccionados en 4,829 soldados de infantería; 384 artilleros; 375 ingenieros y otros servicios; y 1,067 de caballería. Los orientales á 600 soldados de infantería y 200 de caballería y artillería. Distribuido equitativamente este ejército era superior en número al enemigo en cualquiera de los puntos que atacase: las columnas aunque fuesen independientes se bastaban á sí solas y representaba el ejército únicamente en infantería, cinco veces mas que todo el ejército enemigo reunido. Sin embargo, el adversario tenia alguna ventaja en su posición, y aun podia hacer resistencia en los espesos bosques de la retaguardia como la hizo el 21, con detrimento de nuestros aliados; pero á pesar de todo, era una causa perdida ante el empuje y la superioridad del ejército aliado. Hay situaciones que sin esperanza de modificación; de antemano ya se encuentran definidas por la fuerza de los sucesos, dia más dia menos se llega porfinal desenlace, surgido forzosamente de hechos anteriores. De manera que el ejército enemigo era un león desahuciado, ya no inspiraba temor. El 26 ala tarde, recibió orden el ejército aliado de estar pronto á la alborada siguiente para entrar en combate. Transcurrió tranquila la noche sin mas novedad que uno que Pont, é Ing'ros y otros servicios Artillería 2* Cuerpo División de Caballería EJÉRCITO BRASILERO— 1. Columna 8' Columna Brigada Paranhos Brigada de artillería DIVISIÓN ORIENTAL—

— — — 303 — — —

Caballería

Infantería

TOTAL

2426

— _ — — —

1067

3413

1739

707

5252

nos

1536

200

— 600

6655

15954

800


126 otro disparo en nuestras líneas avanzadas que ocupaban el centro del valle que separaba á Cumbarety de Itaivaté. (1) Amaneció el dia 27, y el Marqués de Caxias ordenó el comienzo del bombardeo. Bajo la hábil dirección del coronel Mallet, 4 baterías fueron V colocadas en un punto elevado que dominaba la retaguardia y flanco del enemigo, y rompieron sus fuegos haciendo 10) tiros por pieza. La artillería argentina por su parte, bajo las órdenes del comandante Maldones, cooperó con 2 baterías, bombardeando la izquierda de la línea del adversario. Toda la artillería montaba á 40 piezas y sus fuegos cruzados en todas direcciones debían obrar enérgicamente sobre la posición del enemigo. Mientras tenia lugar este incendio de carne humana, la columna que debia envolver la derecha de López y por consecuencia la qué tendría que recorrer mayor trayecto, se puso en movimiento hacia el Norte costeando el pié de la colina que ocupaba este, teniendo que dar un gran rodeo para penetrar por su retaguardia punto objetivo de su ataque. Esta columna marchaba á las órdenes del general Rivas y estaba formada por el 1er cuerpo de ejército argentino y el 2o brasilero. Mis compatriotas constituían el cuerpo de asalto y los segundos la reserva. El general en gefe habia preferido ir en esta columna, que se suponía con razón decidiría la batalla. (1) Ese dia mi cuerpo y el V de línea se encontraban de avanzada, siendo el comandante de la línea el coronel Ayala. Recuerdo que al caer la tarde, con este gefe nos aproximamos i. la avanzada del enemigo con el propósito de explicarme la colocación de sus centinelas, y que pudiera darme cuenta del terreno que tenia á su frente: que era sector á mi cargo. Los centinelas paraguayos nos hicieronfuego, y nos retiramos después de llenado nuestro objeto.


127 La organización de las columnas de ataque era del modo siguiente: 1er Cuerpo de ejército argentino. General Rivas. Estado Mayor. I a División. Coronel Ayala. I a Bragada. Coronel Ivanoski. 3o de Línea—Mayor García. Legión militar—Coronel Caraza. 2 a Brigada. Batallón San Nicolás—Teniente Coronel Somoza. I o de Corrientes—Teniente Coronel Liendo. 2a División. Coronel Campos. 3 a Brigada. Coronel Romero. 4 de Línea—Mayor Bernal. 5 de Línea—Teniente Coronel Levalle. 4a Brigada. Teniente Coronel Fernandez. 6 de Línea—Mayor Arias. Riója y Catamarca—Mayor Norris. A retaguardia de esta columna venia el 2o cuerpo brasilero á las órdenes del brigadier Luis Mena Barreto, y como ya anterior-


128 mente me he referido á la organización del ejército brasilero, excuso entrar en detalles. La columna del centro se formaba con la división oriental, compuesta de los batallones 24 de Abril, Independencia, 1 escuadrón de artillería, escolta del general Castro, á las órdenes del valiente teniente coronel Vazques, y de la brigada Paranhos, viniendo en seguida á la distancia el 1er cuerpo de ejército brasilero, á las órdenes del brigadier Bettencourt. La columna de la izquierda (1) estaba constituida así: 2o Cuerpo de ejército argentino. Coronel Agüero. Estado Mayor. Vanguardia. Coronel Gordillo. 3 a División. Coronel Olmedo. Batallón Córdova—Mayor Allende. Batallón Santa Fé—Teniente Coronel Spika. Cuerpo de Asalto. I a División Buenos Aires. Coronel Morales. 1er Batallón—Teniente Coronel Garmendia. 3 er Batallón—Mayor Thompson. 4o Batallón—Teniente Coronel Pineiro. Batallón Rosario—Teniente Coronel Berraute. Reservas. Coronel García. (t) Derecha nuestra.


129 I o de Entre Ríos. 2o de Entre Rios—Capitán Vázquez. (1) La columna del general Rivas oculta por la arboleda y accidentes de la loma de Cumbarytí pudo llegar frente al punto de ataque, y tomó allí posición, esperando la orden para iniciar el asalto. Las otras que debían atacar el centro y la izquierda del enemigo recien se movieron, cuando se calculó que el general Rivas estaría próximo al punto de su objetivo. Fué inmensa la alegría del ejército argentino cuando supo que se iba á dar una batalla decisiva. Fatigado por una tan larga campaña y ansioso por volver al hogar, deseaba cuanto antes un último esfuerzo para cumplir sus deseos, y pasar con gloria ese puente del campo de batalla por donde se regresa á la tierra querida. Con ese espíritu y con esos soldados, voy á presentar una batalla que siempre tendrá la gloria de los que sucumbieron en sus puestos de honra.

xxvin. Perfectamente organizados los batallones que formaban el cuerpo de asalto del coronel Agüero, descendieron la pendiente de nuestra posición, llevando correctamente las distancias los batallones y las compañías. Aquel descenso solemne de la prolongada columna, semejaba una inmensa serpiente, proyectando al rayo ardoroso de un sol de Diciembre, relámpagos entrecortados que herían la vista. (1) Estos batallones se encontraban el dia anterior á 1» batalla de servicio frente á Angostura y fué esa la causa que acudieran después que ya el ejército habia emprendido la operación.

9


130 Bajó al valle, intermedio de las dos posiciones, se volvió h cía la derecha y en silencio costeó el pié de la pendiente de posición del enemigo, hasta encontrar mas al Sud un estrecl camino que se dirigía al baluarte del adversario; introdujo ¡ brillante cabeza y empezó á subir con paso lento. La vanguardia compuesta de los batallones Santa Fé y Córd va, se distanció de sus sostenes como 120 metros, dejando un e¡ pació sin brillo de bayonetas, entre aquella fuerza y la de la : división Buenos Aires, y los demás batallones de retaguardi: que siguieron entrando en aquel desfiladero sembrado de los a dáveres putrefactos del asalto del 21 de Diciembre. Estrecha era la vía sobre una pendiente muy pronunciad! bordada de espesos bosques á nuestra izquierda y descendiend en un plano escarpado á la derecha; allá en el fondo se veía 1 trinchera defendida por 3 piezas de artillería, verdadero desfih dero donde se iba saltando sobre los muertos que marcaban com una terrible señal la dirección del camino y el heroísmo de lo que habían caido combatiendo valerosamente. Con esas señale era imposible extraviarse en aquella ruta sangrienta, que co horrorosa elocuencia acusaba un desastre que iba á ser vengad por los argentinos. Eran las 7 de la mañana: habia cesado ya el bombardeo ge neral cuando estábamos á la mitad del camino de la línea ene miga, y proseguía la columna subiendo lentamente en el ma profundo silencio, guardado suflancoizquierdo por una guerrilla El adversario no daba señales de vida; nos esperaba á quem ropa. La mañana anunciaba un calor sofocante, ni una brisa bien hechora movia las hojas de los árboles, ni un eco rumoroso; lo pájaros aterrorizados por el estampido del cañón de la alborada habían huido á lo mas profundo de las selvas: todo estaba en vuelto en un mutismo melancólico, interrumpido solamente po el chas chas del paso agobiante de las huestes milicianas, po


131 una que otra orden impaciente, ó el tumbo de algún soldado que tropezaba en el camino. Aquel paisaje no tenia precio, porque era un paisaje solemne, una naturaleza esplendorosa bañando en tintes vacilantes á los que iban á morir por la patria. Esa era la mayor de las grandezas humanas. Caminaba yo á la cabeza de mi cuerpo manteniendo una conversación íntima con el mayor D. Martin Diaz referente á apreciaciones de ambos respecto de un oficial, sobre quien hacíamos injustamente caer la sospecha que le pudiera faltar el brío en el momento decisivo. Esta duda nacia de haberlo visto algo marchito al emprender la marcha, olvidando que mi cuerpo habia pasado toda la noche sin dormir. En lo mas animado de este diálogo secreto, sentí el roce de una pierna de maturrango á mi costado. Volví bruscamente y me encontré con un tipo,desconocido. Describámosle. Montaba un caballo exhausto de alegría, oscuro de color, cabeza agachada y prolongada inmensamente, donde se hundían dos ojos indiferentes é incapaces del temor, coronada por un par de orejas hastiadas de detonaciones, que graciosamente balanceándose la abrumaban con su peso. Aquella cabeza de desfiladero se unia á una espina dorsal transparente, que remataba en una cola merodeada por cerdívoros apetitos. Sus huesos, pegados á una piel peluda y sin brillo, destilaban hambre, y se movían articulando cuatro avejigadas patas: blasón incontestable de noble y ruda tarea. Aquel macilento rocinante era un veterano de la guerra del Paraguay, impasible en la refriega, podría enseñar á cualquier amo como se domina el peligro y como se atan los nervios en la fibra del deber.


132 El caballero vestía una blusa azul, si mal no recuerdo, per necia al uniforme médico, con enormes burjones en los bolsilli Unas grandes botas granaderas que probablemente fueron pr< tadas, lo absorvian completamente, abriéndose como un ángí recto, cuyo vértice estaba en la silla. La gorra anunciaba larg años de servicio; azul, con un galón de oro renegrido, tambi hacia sospechar que habia visto cortar muchas piernas y braz en esta guerra, la visera ladeada y sin barbijo completaba coifíure de este desconocido. Aquellafiguratenia algo de ridículo, con excepción de su n ble faz tranquila, sin emociones, barnizada con un tinte varor muy acentuado, iluminada por dos grandes ojos negros chi peantes y valientes, y sombreada por una tez morena y una ha ba de adolescente, era una cara que traslucía la entereza de ur decisión sublime. Al mirarlo, dije entre mí, este hombre tiene alma de soldadComprendió que su caballo habia sido un poco brusco y m dijo. —Dispense Vd. señor. —No hay de qué, esclamé sonriendo, y creyendo que veni¡ en mi busca, añadí: ¿qué desea Vd? —Ando en procura de mi hermano, me dijo, desdo esta ma nana y no lo encuentro. —¿Y quién es su hermano de Vd? —El doctor Damianovich, del cuerpo médico. - Y V d . es. —Jorge Damianovich.


133 Ante este apellido simpático, redoblé mi cultura, y con un tono atencioso repliqué. —Estoy á sus órdenes; y puedo asegurarle que su hermano no ha pasado adelante, he visto desfilar la cabeza de la columna y no iba allí: es posible que se encuentre en la columna del 1er cuerpo; así le ruego que se vuelva, porque estos negocios es para la gente del oficio. Se iluminaron sus ojos y me respondió con cierta altivez dominada un tanto por la exquisita urbanidad del caballero. — Lamento su engaño, pero esté seguro que muchas veceá bajo una mala capa se encuentra un buen bebedor; sino tuviera la entereza de la situación que pronto vá á sobrevenir, no estaría aquí: deseo ver una batalla, quiero saber si ese peligro que voy á arrostrar frente á frente me arredra.. jno lo creo! y esté Vd. convencido que tendré el honor de desempeñar dos papeles de relativa importancia: el primero me halaga con el brillo militar; seré un ayudante: el segundo: es un deber de humanidad sin oropel, pero muy grande, y señaló á sus abultados bolsillos repletos de hilas. — De manera que Vd. no se vuelve; vá presenciar una batalla de cerca por curiosidad. por placer. —¡Por deber! me contestó, y añadió en seguida: á toda hora y en cualquier parte en que se encuentre un ciudadano, debe estar dispuesto al mayor sacrificio por su patria, y en este caso con doble motivo; cuando en esa abnegación está un hermano. No insistí; le estendí la mano y se la apreté con emoción. En este momento se sintió una descarga y pasó zumbando la metralla por sobre nuestras cabezas, salvando felizmente la inclinación de la pendiente á la columna. Clávele la mirada á mi ayudante y lo encontré impasible.


134 Comprendió mi intención y exclamó como quién está segu de lo que vá á suceder. •— ¡ Ya. empiezan! — Ya empiezan le dije, y sentí un brillante estímulo en e testigo implacable que iba á escudriñar mis actos como la eró ni de la historia pegada á mi costado: que haria un juicio á su a tojo apasionado tal vez, según las mas ó menos simpatías que hubiese inspirado; que abriría sus grandes ojos para estudi mi actitud en aquel momento, que iba á juzgar mis palabras, m gestos. .. .entonces me preparé á representar mi papel lo mej que pude. El auditorio no era para menos. En ese momento se me acercó el coronel Morales y con su ca ma habitual me dijo. — Comandante, apoye el ataque de la vanguardia á paso < trote; los demás batallones seguirán el movimiento. jA la bay neta pues! Al pronunciar estas palabras brillaron de entusiasmo los oj< de ese preclaro ciudadano y valiente militar y sentí un vivo coi tentó al encontrarme á sus órdenes. Oímos entonces una tremenda explosión seguida de un fue¿ de mosquetería que'fué saludado por un hurra inmenso; la va: guardia habia sido recibida cortesmente: empezaba la refrieg

XXLX. El regimiento Córdoba que marchaba adelante, al aproxima se como á doscientos metros de la trinchera que nos cerraba paso, y que estaba construida en el borde de la primera mese de la posición del enemigo, desplegó en batalla velando esa m niobra con una nube de tiradores.


135 Cuando operaba ese movimiento preliminar del ataque, sufrieron los primeros disparos de una pieza que flanqueaba el camino por el costado izquierdo de la línea enemiga. El batallón Santa-Fé siguió en columna; y en esta ordenación, se lanzaron rápidos los dos cuerpos sobre la trinchera del adversario, defendida por tres otros paraguayos y su artillería. AI avanzar á paso trote, fueron recibidos por un fuego atroz de mosquetería y metralla, siendo herido en los primeros momentos el viejo y bravo coronel Gordillo que continuó impasible en su puesto de honor, dando viril aliento á las tropas que mandaba. El batallón Santa-Fé, á causa de su formación, tuvo mas bajas; pero sin arredrarse aquellos bizarros cuerpos, avanzaron con impulso heroico, y saltando el abatís y la débil trinchera, penetraron al recinto enemigo después de una corta refriega; tomando el soldado Tiburcio Albarracin una bandera paraguaya que tremolaba en la batería conquistada. Fué en esta circunstancia que la I a División Buenos Aires y los batallones que la seguían sufrieron las primeras bajas, no siendo de consideración á causa de la dirección de los fuegos y la configuración del enemigo. Vi volver entonces al capitán Daus que mandaba la compañía de granaderos del 1er batallón de la División Buenos Aires, y creí distinguir un acto desmoralizador en esta retirada: nada menos que el primer capitán de la cabeza de la columna dando vuelta la espalda: la sangre se me agolpó á las sienes, piqué espuelas al caballo y me aproximé violentamente á él: una idea siniestra cruzó por mi mente, y le grité con insolencia: —¡Dónde vá, capitán! —¡Dónde voy comandante! me dijo brotando rubor por sus ojos; é indignado abrió con ira la entreabierta camisa y me nv>s-


136 tro una profunda herida de bala en el pecho que derramaba la sangre á borbotones: vaciló un momento y rodó por tiorra al mismo tiempo que me decía: —¡Cómo ha podido Vd. dudar! Quedó sobre un lado del camino extendido, y yo traté de olvidar ese acto impremeditado en las emociones de ese dia. El teniente Alberti se puso á la cabeza de la compañía de granaderos y continuó la marcha la columna. Mientras tanto los paraguayos rechazados de la trinchera, atravesaron la planicie de la meseta, y se replegaron á los ranchos de un hospital situados en un naranjal, y á un bosque que estaba. á la derecha en el fondo de esta primera posición, donde mantenían de reserva un batallón y un regimiento de caballería acechando la presa. Los batallones de vanguardia, con gran entusiasmo y resolución avanzaron; pero, repentinamente fueron asaltados por la caballería y la infantería paraguaya, y apenas tuvieron tiempo en el desorden en que iban, á replegarse á la izquierda y prepararse á una resistencia tenaz. Allí empezó una lucha digna de la fuerza brutal de antiguos tiempos: los batallones argentinos deshechos, en grupos, entreverados con los paraguayos, que redoblaban su brío conociendo su superioridad numérica, resistían al arma blanca, conteniendo en lo posible el embate del adversario. Empezaban á retroceder sin dar la espalda: los soldados rodeando sus banderas en peligro las defendían valerosamente; era aquella lid mas individual que colectiva. Cada uno se batía por su cuenta y entre los diversos episodios de aquel memorable dia, hubo uno que ha de pasar á la historia unido al nombre de sus héroes.


137 El capitán Máximo Ibañez (1) del regimiento Córdoba, y algunos de sus soldados, fueron rodeados por los paraguayos; muertos y heridos los que lo acompañaban, quedó él solo combatiendo como un león enfurecido, sin mas arma que su espada; con la última desesperación de los bravos conquistaba el blasón de la inmortalidad que gravará con imperecedera gloria su nombre en la bandera de su cuerpo. Gradualmente fué desfalleciendo; y aquel joven cubierto de sangre y exhausto de fuerza, dejó al fin caer su brazo, y rodó por tierra respirando aún; mas tarde esa vida se escapaba por catorce heridas inmortales. ¡Qué hermosa muerte! En otro extremo de aquella lidia el teniente Avellaneda (2) vendía cara su vida; rota la espada se lanzó sobre un oficial para • guayo con la intención de quitarle la que esgrimía; pero un soldado enemigo lo previno: abocóle el fusil sobre la frente, hizo el disparo; y sin vacilar huyó el espíritu de aquel joven corazón argentino. Otros episodios tienen lugar, que pasan rápidos; un combate cuerpo á cuerpo es un meteoro igneo del campo de batalla que brilla solo un momento, ocultando después en la modestia y la ignorancia del hecho, tal vez, sus rayos mas luminosos. Gordillo, herido una segunda vez; Olmedo, Allende, Spika y sus oficiales alientan aquel combate, en que como César en Mundo, pelean, no por la victoria sino por la vida. Desigual y recio continuaba; los batallones argentinos desorganizados, acorralados, agobiados de fatiga, iban á sucumbir. Crítica situación que amenazaba un derrumbe: un momento mas y se llega á este extremo.

(I) Este oficial, antes de la guerra del Paraguay seguía la carrera eclesiástica, y al primer grito de la patria tiró la sotana y marchó en el regimiento Córdoba; su carácter era muy modestó y jamás se sospechó que tuviese la fibra de un león. (3) Este joven oficial pertenecía al Batallón Santa-Fé.


138 En este momento penetraba al grito de viva la patria, la I a . División Buenos Aires, y el regimiento Rosario y sufriendo el fuego del enemigo trasponía valientemente los atrincheramientos • El 1er y el 3o fueron los primeros que salvaron el débil foso; corriéndose un poco á la izquierda el 4o y el Regimiento Rosario con la intención de tomar por el flanco al enemigo: entraron casi al mismo tiempo que aquellos conquistando por su lado una pieza de artillería, en el momento que l-*s iba á ametrallar Los batallones I o y 3o de Entre Rios se corrieron aún mas á la derecha, penetrando por un punto próximo á la izquierda de estos últimos cuerpos. De manera que se extendía un buen espacio el frente de ataque de esta columna. Una vez en el interior del recinto traté de formar mi cuerpo rápidamente, y me dirigí con igual intento al capitán de granaderos D. Manuel Díaz, del 3o Batallón, invitándolo á ejecutar lo mismo, pues no habia tiempo que perder. En esta circunstancia vino hacia mi, á gran galope, el coronel Olmedo y me gritó con estentória voz. ¡Compañero, protéjame en batalla, que nos concluyen! ¡1). Ya era tiempo; dirigí dos palabras al batallón que mandaba y cargamos á la bayoneta con el 3o batallón unidos como dos hermanos queridos que arrastran con doble fortaleza un peligro inminente-. En este momento llegó el coronel Morales y el mayor Thompson que se habían demorado un instante para poder con sus caballas salvar el foso; y todos unidos avanzamos sobre el adversario. El coronel Morales se puso valientemente á la cabeza de sus tropas. Ante este empuje retrocedieron los paraguayos que esparcidos (1) Parte de Olmedo— Rectificación hecha por el Coronel Cordilla en la Tribuna del 17 de Abril de 1869. Parte del Coronel Agüero.


139 y sin orden rodeaban á los valerosos cuerpos de la vanguardia, de modo que á su vez fueron tomados entre dos fuegos y completamente cortados una parte de ellos. Sucedió entonces un pequeño entrevero en que no habia sino hombres que herían y otros que pedían piedad; ese desorden del vencedor era horrible y el coronel Morales trataba á todo trance de organizar la marcha desordenada; pero por otra parte se oía el grito seco como el graznido de una lechuza del coronel Agüero que vociferaba. Maten! Maten! Aquel valiente viejo enardecido se habia vuelto cruel, solo por un instante, porque, era bueno y caballero en todos los actos de su vida: la verdad es que algunos grupos aislados resistían, y para enemigos con armas en el campo de batalla no hay piedad, ni en ninguna parte. En este instante se me acercó Jorge Damianovich y me dijo. ¡ Esto es bárbaro! Yo no puedo soportarlo; y lo vi lanzarse á salvar vidas. Aquel arranque tan humano me estremeció de pies á cabeza. Así mezclados en remolino entramos á los ranchos del hospital, de donde nos hicieron fuego: entre una confusión infernal de detonaciones. Hubo allí mil escenas que no recuerdo y solo una ha quedado gravada en mi mente, porque su actor fue un ingrato. Entre el espacio de dos ranchos vi unos soldados que apuntaban, sospeché que iban á cometer un homicidio, y rápido corrí y aparté los fusiles, miré y vi un muchacho de rodillas, saltó sobre mi y me dijo en mal español. / Vos sos mi padre!


140 Sálvele la vida para hacerlo mi asistente, préstele ayuda en su desvalida situación y quince dias después, cuando me encontraba gravemente enfermo del cólera, desertaba de mi lado robándome. Felizmente he olvidado el nombre de ese desgraciado. Los batallones paraguayos, rechazados y dispersos por la columna del coronel Agüero, una parte se refugió á los montes vecinos y otra descendió y traspuso el pequeño valle que separaba la primera de la segunda planicie, donde existia una insigniflh cante línea de abatís, y se fué á unir á otras fuerzas paraguayas que en la cima de esta meseta habían formado un gran cuadro, manifestando actitud de resistencia. Un gefe de airoso continente los mandaba y según oí decir entonces, era el general Caballero. Parece que aquella fuerza se habia reconcentrado allí del centro é izquierda de su primera línea. Ante esta amenaza, el coronel Morales hizo organizar los batallones, que en completo desorden y confundidos habían penetrado al espacio que existia entre los ranchos del hospital é hizo hacer alto el fuego para que pudieran los cuerpos de la vanguardia seguir el avance, mientras que los de la I a división Buenos Aires y el regimiento Rosario, marchaban ocultos por la derecha á tomar por la retaguardia al enemigo, dando por resultado este movimiento el darnos la mano con la columna del general Rivas, cuyos batallones se veian á la distancia haciendo fuego. El adversario comprendió nuestra intención y se dispersó completamente, replegándose á un bosque á su retaguardia. El coronel Olmedo marchó adelante con sus batallones sin encontrar mayor resistencia que uno que otro grupo insignificante y siguiendo por el rastro de los muertos enemigos, dio inopinadamente con el parque de López, en cuyo punto se replegaba el adversario con el intento de reorganizarse y haciendo fuego al


141 mismo tiempo con una pequeña fuerza que tenia á vanguardia. Esta tropa enemiga daba la espalda al parque, siendo batida por las baterías argentinas del comandante Maldones y mayor Paris, que establecidas á nuestra izquierda descargaban sendos metraHazos sobre el flanco derecho de aquellos impasibles paraguayos. El I o de línea, á las órdenes del capitán Benavides, apoyaba esa artillería, y éste y otros cuerpos que formaban la división de Ayala, en ese momento operaban su junción con la columna del coronel Agüero. Cuando Olmedo vio la actitud del enemigo, que aumentaba sus fuerzas reconcentrando sus dispersos, y organizándolos al mismo tiempo, para ejecutar una nueva resistencia; replegó los batallones de la vanguardia, buscando abrigo en un montecito que se interponía á la derecha entre sus tropas y las del adversario, y en seguida arremetió á la bayoneta sobre él, que sin hacer el mas insignificante amago de resistencia se dispersó. Una vez el parque de López en poder de Olmedo, avitualló sus cuerpos con munición adecuada, que tal vez encontraría allí, en razón de que el ejército enemigo poseía también algunos fusiles rayados, y luego prosiguió su avance, con el entusiasmo de una marcha triunfal: mas inopinadamente fué detenido por una descarga repentina á poca distancia, que rompió una fuerza contraria emboscada en una isleta de bosque próximo; al principio causó sobresalto, pero reaccionando los milicianos, cargaron y desalojaron á los paraguayos, que ya no resistían. Al continuar su avance los batallones de la vanguardia, penetraron á una abra situada en un bajo sobre nuestra derecha. Al frente, en actitud de carga estaban una fuerza enemiga compuesta de dos escuadrones de caballería. Viendo este peligro el coronel Olmedo, encajonó sus cuerpos en una picada que se encontraba al frente, colocando al mismo tiempo sobre un flanco 2 piezas de artillería volante á las órdenes del mayor Bustamante. Los ginetes paraguayos enristraron las lanzas y cargaron re-


142 sueltamente como un enjambre de árabes, pero fueron recibidos por un fuego intenso de mosquetería y metralla, no únicamente de los batallones de Olmedo, sino de otros cuerpos de la columna de Rivas. Los paraguayos fueron rechazados [completamente, salvando muy pocos del desastre, que se retiraron en completa dispersión, y se perdieron entre aquel laberinto de árboles y poblaciones. Esta operación puede decirse que formaba el vértice del ángulo del ataque, cuyos lados eran las dos columnas argentinas, de manera que el movimiento habia dado el resultado deseado, encerrando en el espacio de los dos avances extremos, una gran parte del ejército enemigo, siendo por consecuencia batido con doble fuerza. Olmedo después de este incidente siguió la marcha, y una vez concluida de nuevo la munición, pidióla al mayor Walker (1) ayudante del general Gelly, quien la proporcionó al momento. Cuando amunicionaba á los batallones, apareció el 6o batallón brasilero mandado por el distinguido comandante José Alvez, perteneciente á la brigada Paranhos y galantemente se puso á las órdenes del coronel Olmedo. Formó entonces en batalla este cuerpo y contuvo con su fuego al enemigo, en tanto se amunicionaban los cuerpos de la vanguardia. Mientras tanto la división Morales y el batallón Rosario, habían ejecutado el movimiento de flanco casi sin resistencia, llevando siempre á la vista á la vanguardia para apoyarla en un caso dado, y tomando gran número de prisioneros que escapaban de los otros avances; así marchando llegamos á una extensa abra (1) Este oficial fué uno de los mas distinguidos de la guardia nacional, gozando de una hermosa, posición social, abandonó todo para ir á la guerra del Paraguay, donde estuvo cinco años sin bajar una sola vez á su patria.


143 que apoyaba su espalda en uno de los grandes bosques que se comunicaban con el Potrero Mármol. Allí nos esperaba una fuerza enemiga que en cuanto nos sintió rompió el fuego sobre nuestros batallones. Entonces el coronel Morales me ordenó que atacase aquella fuerza, me acerqué al mayor Díaz y le di la orden de desplegar en tiradores la compañía de cazadores, mandada por el capitán Vila, En ese momento cayó herido el mayor Diaz con un balazo en un pecho, y tuve yo personalmente que cargar con los tiradores mandados por el teniente Alberti y por el capitán Vila. Al primer amago de carga se retiraron los paraguayos haciendo fuego, dispersándose en todas direcciones entre las profundidades de aquellas inmensas selvas. Avanzamos sobre el abra y allí como último acto de esta escena, desplegué todo el cuerpo en tiradores, quedando los demás batallones en columnas. Vuelta la calma á mi espíritu, recordé que mi improvisado ayudante habia desaparecido; sin embargo lo habia visto á mi lado en lo mas recio de la lucha, manifestando en todo momento una serenidad de soldado, y como siempre se piensa lo peor, supuse que su desaparición entrañaba un suceso infausto, y me sentí torturado. Pregunté por su paradero, le hice buscar, nadie daba razón, hasta un soldado llegó á decirme que creia haber visto suelto su caballo. Estaba en esta ansiedad, cuando distingo hacia lo lejos, en dirección á un camino que salía al abra sobre nuestra derecha, un grupo informe que avanzaba lentamente sobre un caballo que


144 arreaba una vaca lechera: se aproximó y pude entonces contemplar á mis anchas un cuadro que me conmovió. Jorge Damianovich, con una lanza paraguaya en una mano venia montado sobre su rocinante: en la delantera traía un niño paraguayo como de diez años, herido, y en la grupa otro de mas edad; este último venia maniatado y cubierta de sangre la cabeza y una pierna. Comprendí que el filántropo desplegaba una humanidad previsora ; salvaba la vida de un paraguayo, y al mismo tiempo tomaba precauciones para no ser asesinado por un ingrato. Aquel joven distinguido, habia arrostrado los peligros, expuesto su vida al acaso de una bala traicionera, sin ambicionar una gloria, sin esperar una recompensa, solo para salvar la existencia á los prisioneros y prestarles el bálsamo del consuelo en su inmenso infortunio. Quitóme el kepi y le dije complacido: —Saludo al héroe ignorado! Se sonrió y me pidió que le hiciera bajar al paraguayo maniatado y añadió : — ¿Qué le parece la precaución? un paraguayo en ancas es cosa seria. Esto lo he hecho por las dudas. Nos despedimos y continuó su marcha á encontrar á su hermano. Desde aquel dia solo lo he visto dos veces y estoy seguro que ni sospecha que fué una de las lindas figuras de esa batalla. Apóstol de la compasión; sobre su cabeza no caerá la sangre de ese dia.


145 Voy á continuar la batalla, interrumpida por Jorge Damianovich, valia la pena, y volveremos la vista á la columna del general Castro y al movimiento envolvente del general Rivas.

XXX. El ataque del centro siguió una dirección paralela al de la columna de Agüero. Las fuerzas orientales á las órdenes del comandante Eduardo Vazques llevaban la vanguardia, continuando en seguida las tropas brasileras. Entraron casi sin resistencia, y avanzaron arrollando todo lo que se le puso al frente, hasta reunirse con las fuerzas del coronel Ayala. Al mismo tiempo que tenia lugar el ataque de la columna del coronel Agüero y del general Castro; en consonancia estratégica la columna del general Rivas, guiada por el paraguayo Baldovinos, envolvía la retaguardia de la posición de López, desplegando en columnas paralelas; sostenida al mismo tiempo por la artillería argentina y brasilera que habiendo tomado posición en diversos puntos abrumaban con sus fuegos á unos regimientos de caballería paraguaya que se veia claramente que se concentraba al interior de su recinto. Al descender la pendiente que enfrentaba la posición del enemigo la división Ayala marchó á su frente, y la división Campos, corriéndose mas al Sud, pasó un pequeño estero (1) y flanqueando verdaderamente la posición del enemigo por su retaguardia, se dispuso á penetrar al campo del adversario. Los obstáculos de esta línea no presentaban dificultad alto Un brazo de la Zanja blanca. 10


146 guna: imperfectos abatís la defendían alcanzando solo un pequeño foso hasta el punto del ataque de la derecha de la división Ayala, prolongándose en seguida á su retaguardia los primeros como defensa apresurada. El terreno por ese punto era se puede decir en parte una planicie y su acceso fácil, no se presentaba obstruido por ningún accidente de terreno. Los paraguayos los esperaron detrás de su línea, guareciendo sus reservas en los diversos montecillos que poblaban mas á retaguardia ese lugar, teniendo desde ya la ventaja del conocimiento del suelo, inconveniente con que tuvieron que luchar nuestras fuerzas, pero que dominaron con su superioridad numérica y calidad de tropas. Las columnas argentinas descendieron á paso de trote una pendiente que concluía en la posición enemiga, y cargaron resueltamente á las primeras fuerzas que encontraron. La división Ayala (1) se hizo un tanto á la derecha y salvó el obstáculo del adversario, rechazando á sus sostenedores que se replegaron á retaguardia ejecutando fuegos: la primera bandera queflameófué la del I o de línea; á la derecha de este se corrió la Legión militar y ásu izquierda entró el San Nicolás y el Correntino; formando también el 3 de línea en esta misma línea. La división Campos (2) atacó mas á la izquierda, y trasponiendo la línea de Abatís, avanzó sobre el enemigo rechazado, llevando á vanguardia el batallón 4o y 5o de línea, desplegado el primero en batalla, y el segundo en columna, y de sosten el 6 de línea y el Riojay Catamarca también en columna, como á 600 metros á retaguardia se estableció el 2° cuerpo brasilero.

(1) Primera División del primer cuerpo de ejército argentino. (2) Segunda División del primer cuerpo de ejército argentino.


147 Como esta batalla es una sucesión de combates parciales, en los que algunas veces los cuerpos se entregan á su propia iniciativa, y por consecuencia es difícil de seguirlos en las variadas peripecias de esta jornada, acaecida en un terreno arbolado y accidentado, que ocultaba á la vista el movimiento general de la batalla, me concretaré á los principales accidentes que han llegado á mi conocimiento, los que en la mayor parte constan en documentos oficiales, daré comienzo por la división Ayala que ocupaba la derecha del ataque. Al penetrar valientemente el 1° de línea desplegó en batalla y marchó sobre una fuerza enemiga que se presentaba á su frente. En este momento fué herido el mayor Pico, y le reemplazó en el mando el capitán Benavides. El coronel Ayala avanzaba.á vanguardia con una guerrilla mandada por el capitán Sagrista con el intento de ver por sus propios ojos la situación del enemigo. Asi siguieron un espacio de camino, cuando salió dé repente un batallón paraguayo de un bosque que se elevaba á su frente y avanzó sobre el I o de linea. Este valiente batallón siguió adelante sin inmutarse, haciéndose notar por su porte y su bravura el subteniente Malato, que con una pistola en una mano y el kepí en la otra, se destacaba á vanguardia ansioso de conquistar una hazaña inmortal. (1) El capitán Benavides lo habia reprendido varias veces á causa de salirse de la formación, pero el brío del oficial se estrellaba contra la disciplina y seguía adelante alentando á sus soldados. El I o de línea hizo alto y se preparó á recibir al adversario: su compañía 4a y cazadores (2) formaron un martillo á retaguardia y así esperó á aquella mole que avanzaba en columna agigantándose á medida que se acortaba la distancia. (1) Relato del coronel Benavides. (2) El hoy Dr. Beracochea mandaba cazadores.


148 El aspecto de aquella tropa era extraordinario, algunos medio desnudos, cubriendo apenas su epidermis guaraní con la manta envuelta en la cintura, y el gran morrión de cuero por cimera; otros con sombreros de paja y raídas camisetas blancas y punzóes y calzoncillos enrollados en las delgadas y desnudas piernas; en fin, aquel cuerpo carnavalesco de matizados uniformes hubiera sido para reír en otro momento mas oportuno que el presente: se le veia avanzar irradiando siniestros relámpagos sus bayonetas, al son de un tambor ronco que en su interior parecía que se ocultabaun tigre enjauladolanzando rugidos acompasados. Un muchacho casi desnudo, color de bronce florentino, embrutecido por las privaciones y los peligros, con el coraje impasible de su raza, daba el son de guerra, haciendo tartamudear los palillos sin preocuparse de nada, y un sol de fuego avivando los colores del cuadro animaba una vida ardiente y fantástica en aquella triste realidad. El coronel Ayala que estaba presente sacó la espada en ese momento, ordenó quese les dejase aproximar algo mas, y cuando calculó que no habia tiro que errar, el batallón hizo romper un fuego intenso y voraz. Los paraguayos en sobresalto detuvieron su marcha y reaccionando al momento contestaron el fuego, pero rápido el I o de línea con Ayala y Benavides á la cabeza se lanzó á la bayoneta sobre el enemigo: no alcanzaron á chocarse los aceros, porque el adversario cedió el terreno dejando el campo cubierto de cadáveres, pero igual tributo pagaba el batallón argentino, quedando entre los que ya habían vivido el valeroso subteniente Malato. Aquel tambor niño ya no batía la carga, habia caido inclinado sobre su inmensa caja de guerra: sin sentir la muerte estaba lívido; como una flor silvestre marchita al borde de una columna funeraria, sus brazos como enredaderas circundaban el instrumento heroico despedazado; al morir había quedado en una actitud desgarradora; parecía un bardo antiguo defendiendo el arpa de sus cantares. /


149 Entonces en aquel campo siniestro púdose contemplar una escena mas conmovedora aún. Una mujer á caballo atraviesa á galope el espacio de las balas, alcanza á el I o de línea y se detiene, lanza la mirada con ansiedad, esa mirada que solo la mujer posee en momentos de angustia suprema; abarca con una penetración anhelante la perspectiva de los muertos, y como si un presentimiento la ahogara abrumándola con una tortura eterna, sofocando un gemido, gritó: —¿Dónde está el subteniente Mal ato? —Allí está muerto! le dijo un soldado bárbaro, de esos endurecidos en el yunque de las batallas (1). Entonces esa mujer de las últimas filas del pueblo, .mujer de campamento, compañera inseparable del soldado, que sufre y muere por la patria, y que jamás participa de las recompensas que muchas veces se dan á los que no las merecen. Aquella mujer que la llamaban Rosa la tigra, porque hasta ese instante le habia faltado la sensibilidad esquisita de su sexo; corrió desesperada al sitio mas negro de su corazón, y al contemplar el amarillo cadáver del joven oficial, prorrumpió en llanto y sin preocuparse del peligro que la amenazaba, ni de las balas que silvaban en sus oídos, que no oian sino su inmensa pena; se aproximó al cuerpo inanimado é hizo un esfuerzo para subirlo sobre su caballo, vana tarea, alcanzó hasta ponerlo de pié; en esa actitud al inclinarse para levantarlo, los brazos del infeliz Malato cayeron sobre ella como por un movimiento mecánico de la muerte; rozaron su cuello y sintió helada la última caricia de la tumba; lo oprimió entonces contra su pecho, y sus lágrimas y sus labios tocaron su frente helada. Un soldado compasivo se aproximó y le prestó ayuda, montó á caballo con aquella preciosa carga y se alejó rápida, para llorar en silencio su pena, y construirle con sus manos la cruz de (1) Relato del comandante Somoga,


150 ramas de los pobres que adorna el montoncito de tierra; única señal que algunas veces marca nuestro paso por el mundo en el campo de batalla (1). Otro soldado que se encontraba herido vendándose una pierna, esclamó: — ¡Bendito sea Dios! hasta las tigras lloran! (2) Al mismo tiempo que el I o de línea cargaba y rechazaba al adversario, la Legión militar, á las órdenes del coronel Caraza, coadyuvaba al movimiento, avanzando en la misma división (3). El batallón San Nicolás que habia penetrado con ímpetu, con su gefe á la cabeza el comandante Somoza, al poco trecho de camino, recibió orden del general Rivas de atacar una fuerza enemiga que se encontraba á su izquierda: en el mismo momento en que el batallón Correntino, mandado por el mayor Liendo, corríase hacia ese flanco. Esta operación la ejecutaba con el propósito de atacar por un costado un cuerpo paraguayo que manifestaba intenciones de resistencia. Los paraguayos fueron atacados por el mayor Liendo á punta de bayoneta y en la convergencia de la carga vinieron á unirse los dos batallones argentinos, aunque el San Nicolás habia avanzado persiguiendo otras fuerzas del adversario. El Correntino siguió adelante y el San Nicolás hizo alto á causa de un aviso que recibió del general Rivas, que le anunciaba la presencia de una fuerza enemiga, moviéndose hacia la derecha. (1) Relato del coronel Blanco, comandantes Benavides y Somoza y mayor Rivas. (2) Relato del comandante Somoza. (3) Téngase en cuenta que la columna de Agüero penetró por la parte Oeste de la posición y oblicuamente avanzó al Sud. La columna de Rivas entró por el Norte y se dirigió también al Sud, reuniéndose ambas en el cuartel general de López.


151 Inmediatamente rompió el fuego y se mantuvo algún tiempo así, mientras tanto, el 3 de línea, mandado por el mayor García y el coronel Iwanoski, gefe de la brigada, avanzaban á la derecha, sobre los grupos de los enemigos que se retiraban. Momentos antes de estos episodios, se presentó el 2o gefe del batallón San Nicolás, que lo era el capitán Acosta, con el propósito laudable de tomar parte en esta batalla. Este oficial habia quedado gravemente enfermo de fiebre en su campo, y su gefe le habia ordenado terminantemente su permanencia allí; era puede decirse casi una orden de arresto para evitar el agravamiento de su enfermedad, olvidando de que cuando el honor está de por medio, la disciplina salta en pedazos. La faz amarillenta del bravo capitán impresionó á los compañeros, y Somoza, haciéndose el irritado, hechóle en cara su desobediencia y agregó: —Cuando un oficial como Vd. no asiste á una batalla, no ha de desmerecer en nada su sólida reputación, adquirida en cuatro años de combate, y viendo su estado nervioso, bajó el tono, y le rogó cortésmente, empleando el mayor abundamiento de razones para que se retirara. Acosta, apoyándose en la espada, lanzó una mirada fija y penetrante de dos órbitas cadavéricas y le dijo con voz firme: — Comandante voy á curar mi maldita fiebre con la gloria de este dia; es en vano que Vd. persista en lo que mi honor rechaza. Un momento después habia remediado el mal físico con una herida mortal: una muerte prematura privó después á su patria de un valiente ciudadano: cayó valerosamente cargando á la cabeza de su cuerpo; y único hijo, dejaba una madre desventurada en la soledad del alma, á la que solo le queda el consuelo de haber engendrado un héroe. (1) (1) Pocos dias antes del combate, su señora madre habia conseguido su baja, pero este distinguido oficial reusó abandonar el ejército.


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XXXI Al mismo tiempo que los batallones de la división Ayala iban arrollando las fuerzas enemigas que le disputaban el paso, los cuerpos de la división Campos ejecutaban igual operación corriéndose mas al Sud. Esta división era la extrema izquierda del ejército argentino y su marcha era paralela á la de las fuerzas del coronel Ayala, abarcando estas dos grandes unidades de fuerza un extenso frente de ataque. El 4o de línea, derecha de Campos, marchaba á la altura del Correntino, izquierda de Ayala y esta división llevaba á la vista las fuerzas de la columna de Castro, y esta á la de Agüero, de manera que al enemigo se le iba cerrando en un círculo, cuya tangente la observaba Vasco Alvez en las salidas al Potrero Mármol (así lo creíamos entonces). Avanzando en columna, traspuso el 4 de linea el atrincheramiento, y en el recinto enemigo desplegó en batalla con fuegos sucesivos; los paraguayos se retiraron, y Romero hizo alto el fuego, y en esa formación avanzó en desorden sobre él, arrollándolo hasta llegar á un bosquecillo de los muchos que poblaban esos lugares. El oficial paraguayo que mandaba la fuerza contraria, no pudiendo contener á sus soldados, que retrocedían sin querer hacer pié, avanzó solo sobre Romero con intención de darle muerte. Aquellos dos hombres valientes se arremetieron con violencia, y después de un segundo de sablazos y tiros, caía muerto el oficial enemigo. (1) (1) Relato del comandante Montes de Oca y mayor Martínez.


153 Este combate singular frente á la tropa, era un timbre del mayor precio para el soldado que no conoce sino la fuerza brutal, y Romero, puede decirse, que con este acto enardeció mas á sus parciales. Levalle salvó el abatís en columna con el 5o de línea y en este orden siguió la marcha, dándose cuenta al momento de las dificultades que presentaba el terreno, y cuando observó que el enemigo se retiraba haciendo fuego; se aproximó al coronel Romero y le advirtió lo expuesto que era su imprudente y desordenado avance, á lo que contestó éste aludiendo á otra persona. —Yo le voy á enseñar como se gana la efectividad en el campo de batalla. (1) Replicóle Levalle:—Está bien, pero la efectividad no se gana haciendo locuras. (2) Esta marcha se ejecutaba sobre dos vias convergentes á una pequeña abra que presentaba una ancha picada sobre el frente en su costado derecho; este sitio distaba como 2 kilómetros escasos del cuartel general de López y se comunicaba con este punto por varios caminos. Los paraguayos se replegaron á ese lugar y allá á lo lejos sobre la vía asomaron algunos ginetes. En este momento se habia adelantado el 5 de línea y caminaba sobre el camino de la izquierda. Campos, que es valiente y previsor en el campo de batalla, se preocupaba mucho déla marcha correcta de la columna y conociendo por experiencia los errores del entusiasmo se aproximó y le gritó á Levalle, cuyo cuerpo se habia adelantado algo mas de la marcha general de la columna. (1) Relato del general Levallle. (2) Id., id., id.


154 —Comandante: haga dar media vuelta á su batallón y póngalo á la altura del 4o. Levalle con ese talento raro que posee cuando silva el peligro, comprendió al momento la crítica situación en que se le mandaba dar media vuelta; al frente de un enemigo que hace fuego es maniobra muy seria; mas, cuando la unidad de fuerza que la ejecuta se compone en una gran parte de reclutas; entonces aprovechó la ocasión para templar á su tropa y tomando el aire farfantón que le conocemos, contestó con voz estentórea: —¡Coronel: el batallón5° de línea no sabe dar media vuelta al frente del enemigo! —Batallón, paso atrás! march.... Y el valiente cuerpo al son de las balas y á la cadencia del tambor retrocedió impasible fijando la mirada altiva en el humo blanquecino de los disparos que lo fusilaban. . Ejecutó el movimiento como si estuviera en la escuela de compañía; aquella frase salvó mas tarde al batallón. Campos sonrió porque alcanzó el sentidofilosóficode aquellas mágicas palabras, y se dirigió al coronel Romero que en otro estremo avanzaba imprudentemente con el batallón en completo desorden. Romero se habia adelantado á su cuerpo, Campos lo alcanzó, y siendo muy amigo lo tocó familiarmente con la espada para llamarle la atención, y le ordenó en seguida que formase su batallón en columna. El gefe del 4o de línea se encoleriza tomando esa familiaridad como una ofensa y aplaza el supuesto insulto para mejor oportunidad. Campos lo abandonó á su mala suerte sin sospecharlo.


155 Enardecido é imprudente aquel bravo oficial perseguía con el entusiasmo de un recluta al enemigo que se retiraba ejecutando un movimiento calculado. Enceguecido con la derrota prematura de los paraguayos no tenia en vista que maniobraba sobre un terreno difícil sembrado de accidentes y propenso á las sorpresas, en un orden táctico insostenible para resistir un ataque violento, pues su línea de batalla sin orden ni consistencia podia ser deshecha y pota por cualquier grupo de enemigos audaces. Olvidaba también que la composición delpersonal.de ese cuerpo era en una parte de soldados nuevos, expuestos mas que otros al sobresalto. Grandes esfuerzos hacían en esta ocasión el Mayor Bernal y los capitanes para organizar las compañías y darles un aspecto ordenado á ese avance imprudente, previsores deseaban evitar una sorpresa, que pudiera dar un mal momento á un cuerpo de tantas glorias como era el 4o de línea. Pero el batallón participando de los bríos de su gefe que se habia adelantado como 50 metros á su frente no entendía de nada, todo se plegaba á su empuje, y la marcha vencedora seguía sin detenerse; no era aquello un avance en batalla sino una línea rota en diversos grupos que caminaban atropelladamente en la mayor confusión. Ese batallón ya estaba desbandado. Sordo á los avisos y á los consejos de la amistad, Romero impertérrito resbalaba en la fatal pendiente de su destino y aqui también se podría decir al ver á aquel gefe tan valiente y de tan hermoso continente, envuelto en el desorden artístico de su cuerpo, la frase aquella del general francés: —¡C'est beau. mais ga ce n'est po» la guerre!

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Habia perdido completamente su serenidad, contrapeso que siempre fué escaso á su indomable valor, avanzaba á botes como el león del desierto que sacudiendo la melena se lanza tras la débil gacela sin preocuparse que el astuto cazador lo espera detrás de las breñas.


156 Así arremetiendo enfurecido, penetró en tropel una gran parte del 4° de línea al abra, confundido en sangriento desorden con uno que otro enemigo. (1) A su izquierda avanzaba por el otro camino el 5o de linea en columna y mas atrás, á cierta distancia, sobre la via de este costado que estaba guarecida por unas plantas de tunas, venia el 6 de línea y el Rioja y Catamarca, en perfecto orden, ocupando una posición ventajosa para cualquier avance de la caballería que era lo único temible en ese momento. Cuando los dos batallones de la vanguardia hubieron penetrado al abra, desembocó inopinadamente del camino que estaba al frente inclinado á la derecha, un regimiento de valientes paraguayos y alguna infantería y como el último rayo de la desesperación se precipitaron dando alaridos sobre el 4 de línea. El ataque fué tan repentino y tan violento, que el pánico cundió en las filas, á pesar de los esfuerzos del mayor y sus dignos oficiales. Aquella carga á fondo fué tremenda y rápida, no por el número, pues eran pocos los enemigos, sino por el sobresalto y la sorpresa, de la que no se esoapa en iguales circunstancias el mejor batallón del mundo. La fracción del 4 de línea que habíase internado al abra, fué convulsionada completamente á sable y lanza. La primera víctima fué el gallardo coronel Romero, que en vez de ir á retaguardia de su batallón, como era su deber como gefe de la brigada, se habia adelantado á su frente; cubierto de heridas se le vio vacilante caer del caballo; que desde ese momento fué trofeo del enemigo. El mayor Bernal y los comandantes de compañía, Martínez, Pereira, Palacios, Luque y Montes de Oca, se replegaron con (1) Relato dej comandante Montes de Oca y mayor Jnan Martínez.


- » -«-ATAQUE DE LOS PARAGUAYOS AL 5 DE i\


DELINEA EN LA BATALLA DE I T A - I V A T E - i * *


157 los grupos que pudieron formar á los cuerpos de la retaguardia, y así salvaron la bandera; estos y otros esfuerzos de sus oficiales fueron en vano para contener el pánico que en el primer momento estendió allí sus negras alas, haciendo vacilar á hombres que en mil combates habían desafiado valientemente la muerte. Esa es la guerra. Levalle que vio aquella vorágine sangrienta no sintió flaquear su corazón; prevee rápido el fracaso que le espera; trata de formar cuadro pero no tiene tiempo: los paraguayos están encima. Ordena entonces á la compañía de granaderos que doble la rodilla y rompa el fuego; los ginetes enemigos previenen el movimiento y cargan veloces mezclados con una parte de los soldados del 4 de línea que allí se replegan. La compañía de granaderos pierde su serenidad y dá media vuelta, á pesar de los esfuerzos del capitán Eliot, é introduce un desorden en las restantes: los paraguayos aprovechan y la emprenden á sablazos. Levalle, sin preocuparse del enemigo, descarga su revólver sobre sus mismos soldados, les tira el kepí, y los insulta groseramente : pica espuelas al caballo y arremete á un sargento, á quien deja muerto de un hachazo. Entonces se vio un espectáculo que probó el temple de aquel valiente gefe: aquella entereza sublime manifestándose en toda su1 grandeza, contuvo el estupor con su actitud heroica. También en esta tarea Levalle era segundado por el mayor Ferreira y sus dignos oficiales y todos unidos, dieron ánimo á sus soldados y reaccionando salváronse de una pérdida segura. A pesar de encontrar desde este momento buena continencia, el enemigo hizo los mayores esfuerzos con el rudo empeño de penetrar hasta el corazón del batallón y arrancar la bandera que flameaba en manos del subteniente Celada. Llegaron hasta él, le dieron muerte, pero no consiguieron su objeto, probablemente


158 por el arranque heroico de algún héroe ignorado, puede ser que ese héroe fuera el cabo Navarro (1) que tomó la bandera y la hizo flamear con brío, entregándola en seguida al teniente Buteler. Retrocedió entonces el batallón un pequeño espacio sobre el flanco izquierdo de la reserva: alguna confusión reinaba en sus filas pero siempre con valor haciendo frente al enemigo y peleando heroicamente. Este movimiento despejaba al mismo tiempo la línea de fuego de los batallones de reserva y por consecuencia quedaba en algo escalonada la columna, formación mas á propósito para el ataque como para la defensa contra la caballería. Fué en esta emergencia que se le ordenó al comandante Levalle que se replegara á retaguardia del batallón Rioja y Catamarca, á lo que replicó este enardecido y dando un tono solemne á su palabra. «Los que están á retaguardia tienen deber de venir aquí, sino déjenos que nos haremos matar como buenos soldados (2).» Al mismo tiempo que cargaban los paraguayos al 4 y al 5 de linea y obtenían algunas ventajas, se lanzaron sobre el 6 de linea que marchaba á vanguardia de la columna de reserva. Esta apenas tuvo tiempo de encajonar sus cuerpos en el camino que seguía, apoyando la cabeza entre dos ranchos que se encontraban al penetrar en el abra. El comandante Fernandez, el valiente gefe de la brigada, tuvo tiempo, ayudado por las circunstancias y la distancia que mediaba entre los cuerpos de la reserva y los de la vanguardia, de ordenar á estos la formación del cuadro. La compañía de granaderos del 6 de linea apoyó la rodilla en tierra y rompió el fuego sobre el enemigo. (1) El cabo Navarro pertenecía á la compañía del capitán J. J. Castro que era la de cazadores. El capitán Castro es hoy el apreciable Dr. Castro, á quien su pítria le debe muy buenos servicios. (2) Relato del general Levalle.


159 El Rioja y Catamarca, mandado por el mayor Norris preparó armas y esperó en esta posición que pudiera ser atacado por sus flancos, en razón que estando encajonado á retaguardia del 6, se veia en la imposibilidad de ejecutar fuegos por su frente, y como no hubo tiempo para escalonar la brigada ni formar los cuadros oblicuos, fué necesario recibir en esta actitud desventajosa al enemigo. En los primeros momentos de este conflicto se encontraba el comandante Fernandez en el cuadro del 6 de linea mandado por el mayor Arias y por capitanes,aguerridos: el gefe de la división llegó al instante y ejerciendo un dominio absoluto sobre sus antiguos soldados, era de conjeturar que todo allí marcharía bien: se retiró entonces el comandante Fernandez al cuadro del Rioja y Catamarca y asi esperaron con calma el sangriento desenlace. Los paraguayos cargaron resueltamente sobre el 6, siendo de notar en esos momentos dos muchachos de catorce á quince años, que desmontados venían adelante, blandiendo unos sables que á duras penas podían sustentar, (1) llegaron hasta el cuadro y allí murieron instantáneamente. Cargó en seguida, con ese valor indomable de los paraguayos, un gefe de gallardo continente, levantando el sable y proclamando á sus soldados. Al aproximarse á las filas de los granaderos, salió fuera de ellas el soldado Riquelme con la intención de darle un bayonetazo, pero el adversario previno el golpe, dejánjiolo exánime de un hachazo. El sargento de granaderos de quien era asistente Riquelme vengó su muerte, atravesando de un golpe de bayoneta al paraguayo. (2) A pesar de los grandes esfuerzos del enemigo, no lograron su (1) Relato de los coroneles Amaro Arias y Manuel Campos, valientes y distinguidos actores como oficiales subalternos en esta campaña. (2) Relato del coronel Manuel Campos.


160 afán, sucumbiendo la mayor parte no solo á causa de los fuegos de la división Campos, sino de los batallones Correntino y San Nicolás, que estaban á la derecha. Como ya he dicho antes, el batallón Correntino avanzaba á la altura del batallón 4o de línea y del mismo punto que salió la caballería que cargó á este cuerpo se destacó otro grupo que arremetió sobre el batallón Correntino. Este cuerpo también marchaba en casi iguales condiciones que aquel, y por consecuencia fué desbaratada una parte de él y perdió momentáneamente la bandera, debido á la imprudencia del joven inexperto oficial que la conducía, quien al iniciarse la carga se adelantó hacia sus enemigos (1) en vez de retroceder á salvarla: pagó con la vida su inexperiencia. El alférez Gregorio Medina, ayudante de Caballero, fué quien conquistó el trofeo (2). El mayor Liendo pudo á tiempo replegarse á retaguardia sobre uir monte y protegido por el batallón San Nicolás que habia ya retrocedido á paso de trote á ocupar una buena posición sobre la orilla de una isleta de bosque que se encontraba allí próxima, maniobra que hizo honor á su gefe y á la disciplina de su cuerpo, rechazaron á los paraguayos, mientras que otro tanto ejecutaba el 6 de línea por la izquierda. Concluyo este episodio con la retirada en completo desbande de los pocos paraguayos que sobrevivieron, dejando el campo cubierto de cadáveres, y siendo, puede decirse, la última energía seria de la resistencia. Entonces los batallones que habían sido actores de este episodio hicieron alto para reorganizar sus filas, moviéndose mas tarde después de la batalla en dirección del Potrero Mármol(1) Relato del comandante Somoza. (?) Fué encontrado después en un monte y devuelto i su cuerpo.


161

XXXII. Una vez-herido el coronel Romero, cayó del caballo, y los paraguayos cargaron sin preocuparse mas de él, tal vez creyéndolo muerto. Pasado el peligro, acudió el Dr. Viedma y sobre el mismo terreno le hizo la primera cura. (1) El coronel Campos que era su amigo le estrechó la mano y sintió agitarse aun con fuego la sangre de ese león, vio aquella hermosa frente bañada en púrpura; sintió clavarse en sus ojos esa mirada vaga, indecisa, dolorida, que lanzaba de cuando en cuando un vivo destello, alimentado por el esfuerzo supremo de ese corazón de acero, y vio con asombro que el moribundo se puso de pié gallardo, orgulloso, desafiando una muerte que estaba próxima: se despidieron, sin sospechar tal vez que ¡era un adiós eterno, y con paso vacilante se dirigió el valiente herido al cuadro del Rioja y Catamarca. Las filas se abrieron con respeto en un silencio profundo: último homenage que se rendía á aquel gefe denodado. Fernandez avanzó hacia él y al ver su hermoso continente creyó que sus heridas no fueran graves. Romero penetró al centro del cuadro, se detuvo, y lo miró con la última mirada: centella de águila que se escapaba oscilante de sus grandes ojos azules. Se arrojó sobre el suelo, y arrancando el último esfuerzo á la vida esclamó con una sonrisa lúgubre: —Compañero, que me vengan á relevar! (2) (i) No estoy seguro si fué este valiente médico ú otro, pero sigo la versión del comandante Fernandez. (2) Cuando nuestro ejército marchaba de Palmas i Itaivaté, al transitar por uno de los esteros del camino, quedó un soldado del 1* de línea embriagado, tirado de bruces, chapaleando el barro, y al pasar el general Gelly le gritó — ¡Mi general, dígale al comandante Retolaza que me mande relevar! La frase causó gracia y subsistió como refrán. — (Relato del comandante Fernandez).

il


162 Fué su última palabra (1); moría dominando la amargura de la agonía. Aquella frase que era una broma algún tiempo antes, la aplicaba con exactitud, sin quererlo tal vez, tomando al pié de la letra su significado. ¡Ah! pero á Florencio Romero no lo ha relevado nadie! El ejército argentino no ha tenido un jefe tan caballero, tan gallardo ni tan valiente. Cayó en la trampa de su misma intrepidez, porque los hombres muy bravos generalmente no son precavidos y creen de buena fé alguna vez en la superioridad del coraje sobre la astucia.

xxxm. Este contratiempo detuvo un momento la marcha de nuestra extrema izquierda, (2) mientras tanto el 1" de linea, Legión militar (3), 3 de linea, seguían su avance sobre el enemigo que retrocedía de posición en posición, haciendo siempre alguna resistencia. Fué entonces que el coronel Caraza, viendo á los batallones 2o y 3» de Entre Rios que se habían desprendido de la columna de Agüero, los pidió al general Rivas, y reforzado con éstos, atacó á unos batallones paraguayos que retrocedieron dispersos y se internaron en un bosque que tenían á su espalda. Cuando tenían lugar estos hechos, el I o de linea y la artillería de Maldones operaban su junción en el cuartel generaL de López con las fuerzas de Olmedo y Morales, habiendo llenado por consecuencia el plan de la batalla. (1) Relato del comandante Fernandez en cuyos brazos murió. (2) Relato del comandante Fernandez. (3) Sebastian Casares mandaba la guerrilla de la Legión Militar.


16i En seguida, vino un avance general que alcanzó hasta la orilla septentrional de los montes próximos al Potrero Mármol, un poco mas distante al Sud del cuartel general de López; siguiendo después el coronel Ayala mas lejos aun la persecución, con la Legión militar, los batallones l°de linea, San Nicolás y la división oriental con las fuerzas brasileras de esa columna que cortésmente se pusieron á sus órdenes. El enemigo cortado en todas direcciones, huia dejando montones de cadáveres en el campo de batalla y se internaba en los bosques próximos al Potrero Mármol, en donde rodeado, salió después en grupos á entregarse. Completa habia sido la victoria, quedando en aquel campo de batalla las últimas reliquias del ejército paraguayo del Pikiciry. 1,500 prisioneros, la mayor parte heridos; otros tantos muertos; 14 cañones, algunas banderas, gran cantidad de provisiones entre las que figuraban las exquisitas de López, todas sus pertenencias y multitud de otros objetos, constituían los trofeos del día; pero entre todos faltaba el mas precioso, López. Habia huido en los primeros momentos de iniciarse la batalla lanzando su última caballería á contener las fuerzas de la división de Campos. Nuestro gran error fué no haber llevado esta arma en un ataque que se ejecutaba sin obstáculos que pudieran impedir su tránsito. Si el coronel Campos hubiera tenido á" mano nn par de regimientos no se escapa López. Durante la batalla del 21, hizo levantar López una gran tienda de campaña en un lugar á retaguardia, lejos del silvo de la metralla y allí pensó permanecer también durante Ja acción del 27; pero, cuando tuvo conocimiento que los aliados habían penetrado á su recinto, abandonó, como un pusilánime el campo donde sus soldados se batían heroicamente, y morían, creyendo tal vez estos infelices que fuera capaz de cumplirles la última promesa que les hiciera de perecer á su lado. López habia fugado á caballo á las 7 de la mañana, por una


164 picada que salía al Potrero Mármol, acompañado de su Estado Mayor y de un escuadrón de caballería á la vista del ejército aliado que disponía en esos momentos de 4,000 ginetes. Expliquemos el enigma. Todo el ejército estaba en la creencia q ie el Marqués de Caxias ejecutaba al pié de la letra el plan acordado sobre esta operación de guerra, y sobre todo, que recayendo sobre él como general en jefe la responsabilidad de cualquiera modificación que pudiera sobrevenir, estaría celoso de su gloria y pondría el mayor empeño en el exacto cumplimiento de lo estipulado. López se encontraba completamente bloqueado, puede decirse, en Itaivaté. La caballería de la División Alves interceptaba su retirada, y siendo el Potrero Mármol el punto estratégico de mayor valor en esta batalla, era de suponer que un general de los méritos de Caxias, completase el éxito de la jornada capturando á López, que llevaba en si la continuacionde la guerra, y por consecuencia inmensos sacrificios en hombres y dinero para las naciones aliadas, y la destrucción completa de un pueblo desventurado. Cuando tenia lugar los últimos momentos de la batalla, se aproximó Rivas al general Gelly y le dijo: —Me avisan que el Potrero Mármol ha sido abandonado antes de nuestro avance. —No puede ser, contestó el general Gelly, el marqués, como todos, saben que ese punto es la única salida que tiene López. (1) Transcurrió algún tiempo antes que el general Gelly pudiera dar con Caxias, y encontrándolo le dio el aviso del general Bivas. Caxias le contestó: General, he creído necesitar esa fuerza y por eso la he hecho retirar. (1) Anotaciones de Thompson, pueden tomarse en todo lo referente á la batalla de Itaivaté como del mismo general Gelly.


165 —¡Pero general! le replicó el general Gelly, como ha podido V S. cometer ese error, constándole que era la única salida que tenia López. Entonces fué que se envió al 1er cuerpo del ejército argentino y á la caballería de Vasco Alves para que hicieran los mayores esfuerzos, á fin de perseguir al enemigo, Después de las crueles fatigas de la jornada, aquellas pobres tropas emprendieron una marcha de casi cuatro leguas, sin resultado alguno. La caballería brasilera que iba de vanguardia alcanzó á tirotearse con una fuerza paraguaya, tomándole varios prisioneros, entre estos, dos ayudantes de López. Esta persecusion alcanzó hasta el arroyo Yuqueri, que atraviesa el camino de Ytá, que fué el seguido por López en su fuga. Al dar comienzo á esta persecusion, López iba aun en camino, y llegaba á la tarde á Cerro León y á creer lo que dicen sus parciales, que me permito poner en duda, si los brasileros hubieran pasado el Yuqueri le habrían dado alcance. A causa de la excesiva grosura, López hizo su marcha con alguna lentitud, y sobre todo, animado por ese gran valor moral que tenia en cuanto se alejaba del peligro inminente, esta anomalía hasta cierto punto era incomprensible. Cobarde tan valiente jamás la historia ha presentado otro igual. En las cercanías de Yaguaron antes de llegar á Cerro León, encontró la guarnición de la Asunción y la hizo volver del mismo modo que un regimiento de caballería que venia de Caacupé. Arribó á Cerro León primero que su consorte, á la que habia dejado abandonada á su suerte entre aquella tremenda granizada de proyectiles; extraviada y desesperada le habia buscado en vano entre el peligro donde solo encontró á los intrépidos. Se vio á aquella infeliz mujer desafiando la muerte, con la abnegación digna de de la .virtud enérgica de una heroína romana recor-


166 riendo los recovecos del campo de batalla para buscar al único paraguayo que no estaba allí. En Cerro León (1\ lejos del peligro inminente ya no se preocupó del enemigo y descansó tres dias, ó mejor dicho, el Marqués de Caxias le dejó ese reposo que tanto necesitaba, esto era añadir error sobre error. Algunos meses después lo hemos de ver de nuevo en la escena. Las'pérdidas del ejército argentino fueron de poca consideración, considerando que se comprometieron 17 batallones y 3 escuadrones de artillería. Alcanzaron con las bajas de uno de la I a división Buenos Aires que no figuran en el Estado general, por haberse encontrado este cuerpo destacado de guarnición en Angostura, á i gefe, 4 oficiales y 57 de tropa muertos, y á 2 gefes, 20 oficiales y 224 de tropa heridos, y �� 1 gefe, 5 oficiales y 24 de tropa contusos, haciendo un total de 347 hombres fuera de combate. (2) (1) 35 kilómetros de Itaivaté. (2) Por el siguiente estado de las pérdidas del dia 27 se demuestra su insignificancia y la verdad del estudio que se ha hecho de los efectos de las armas, atribuyendo mas poder moral que efectivo a la caballería y artillería — Se dice que la caballería hiere un 10 °| 0 , la artillería un 20 y la infantería un 80—Si estudiamos el efecto causado en nuestros batallones por la lanza 6 el sable, encontramos que sus resultados fueron negativos, llevando ventajas solo la influencia moral de la sorpresa.

3

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4 2 1 1 1 1 10

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1 1 2 1

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Oficiales

1

1

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Tropa

» 3° » » 4" » » 5° » » 6" i Legión militar San Nicolás 1" de Corrientes Rioja y Catamarca 1" de Santa-Ké i" de la División Buenos Aires 3" id. id. id. 4" id. id. id. o 2 de Éntrenos 3» id Regimentó Córdoba División de Artillería Estado Mayor 1* Cuerpo

Oficiales

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31 8 22 10 9 11 5 9 2 36 7

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»

5

45 10 36 21

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1

6 24 347


167 Los brasileros perdieron solamente 58 plazas y los orientales otro tanto, de manera, que las bajas sufridas en estos batallones no eran comparables á los combates medianos que se daban en la campaña de Humaytá. Es verdad que aquí la estrategia evitó la muerte.

XXXIV. Todo habia concluido y acampamos tranquilamente en las posiciones conquistadas sin preocuparnos de los sangrientos rastros que habia dejado el infortunado vencido. La fatiga y el continuo contacto con las escenas horrorosas del campo de batalla, embotan el espíritu y una indiferencia glacial viene á suplantar algunas veces en realidad á la sensibilidad. Después de dos horas de descanso, me dirigí á nuestro cuartel general con el pretesto de hablar con el general Gelly, respecto á unos prisioneros que le habia enviado á la conclusión de la batalla (1), pero con la intención de complacer una curiosidad reprochable por una parte y por otra disculpable; pues deseaba tomar una idea de la configuración del terreno, y darme cuenta de las ventajas y desventajas de la posición enemiga que no habia podido apreciar en nuestro rápido avance y de igual manera explicarme al mismo tiempo el desenvolvimiento de la batalla y los lugares donde el adversario habia ejecutado la mayor resistencia. Llegué y hablé con el general que estaba muy contento, y me felicitó por la comportacion de la división, en la lucha de la primera meseta, y partí presuroso, dando el pretexto de que estaba muy fatigado.

(i) Eran 50 infelices paraguayos tomados ilesos por la fuerza de mi mando y conducidos allí por el teniente López Camelo.


168 Me interné entonces acompañado de un soldado en aquel campo de batalla, mas horroroso para mí que el de 24 de Mayo: allí los muertos eran hombres, aquí una gran parte niños y viejos. Se encontraban esparcidos en una área aproximada de 4 kilómetros cuadrados, y se podia seguir perfectamente por el agrupamiento de los cadáveres, el movimiento del combate: la primera defensa ejecutada por el enemigo sobre su línea exterior; perdida esta; la concentración gradual y sin orden al cuartel general de López, donde las columnas atacantes arremetiendo violentamente no le dieron tiempo á preparar una segunda defensa, como la que hicieron en ese mismo lugar el dia 21, rechazando á nuestros aliados con grandes pérdidas. Al mismo tiempo que me iba explicando esta contienda definida, otro espectáculo mas lúgubre distraía mi espíritu con variantes mas tristes. Partía el corazón ver en aquel campo de sangre, una multitud de niños muertos, y heridos en un estado lamentable. Algunos que ya habían vivido parecían dormidos con esa inocencia de la edad temprana; otros con las facciones contraidas tenían el sobresalto reflejado del último pavor de su agonía, y algunos con barbas postizas de cerda (1) mas parecían víctimas de un carnaval que de una batalla; ya que no podia apresurar los años, el dictador les daba al menos el aspecto de hombres, á esa última generación desventurada. Contemplé con angustia el lugar donde penetró la columna del coronel Agüero: cubierto estaba el campo de muertos enemigos, mezclados en desorden á los soldados del Córdoba y Santa Fé y de la división Morales. Busqué en vano el lugar donde habían caído el Capitán Ibañez (1) El coronel Don Amaro Arias también los vio. Asegura el Marqués de Caxias haber visto muerto un niño de once años, con uua amputación reciente en un brazo y que á pesar de su estado se le habia dado un sable para que peleara.


169 y el teniente Avellaneda rodeado de enemigos, cuando penetrábamos ala trinchera; no lo pude encontrar, la sangre se habia confundido, todos los cuajarones eran iguales, y á cada momento soslayaba el caballo de temor de pisar la sombra de un héroe. Cerca de allí en el hospital que tomamos á la bayoneta vi amontonados como 600 paraguayos heridos, que eran los que hasta ese momento habían podido ser conducidos hasta ese punto: en esas cobrizas facciones se distinguía perfectamente el sufrimiento. ¡Infelices! en silencio sin murmurar un gemido, acurrucados, envueltos en sus ponchos y en sus trapos repugnantes parecían una majada de ovejas defendiéndose de un sol de verano* Otros iban llegando mostrando terribles heridas, moviendo piernas fracturadas, zangoloteando la carne pulposa de algún desgarramiento hórrido de metralla; los mas felices eran los prisioneros sanos; estos, indiferentes; á cada momento arribaban conducidos en pequeños grupos al Cuartel general. Recostado contra al pié de un árbol próximo á esta población, contemplé conmovido un anciano sexagenario, estaba muerto con una expresión feroz, y al ver el apretamiento de sus dientes bañados en espuma, cualquiera hubiera dicho que habia muerto mordiendo como un perro hidrófobo: recordé entonces que este empecinado habia sucumbido en mi presencia á mano de un asistente del coronel Morales, jugando sus armas hasta el último momento. Próximo á este desgraciado se encontraba un muchacho paraguayo con las dos piernas destrozadas de un terrible metrallazo; y una herida de punta en la espalda ¡vivía aún! miróme con los ojos empañados, é hizo un ademan para que me aproximase, y con voz entre cortada exclamó en mal español. ¡ Dame agua que me voy á morir, no ves que estoy j

!

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Esos hermosos ojos de largas pestañas ya no lloraban y sus


170 labios sin sangre estaban secos. ¡Pob recito! tan niño y ya iba á morir por su patria, tal vez á la hora en que su madre en mortal congoja, sentada á la puerta de su humilde cabana solitaria, con ansia suprema al dilatado horizonte estiende la pupila húmeda, esperando en su ilusión agitada que el bulto lejano que se acrescienta al aproximarse se transforme poco á poco en el hijo queridot Entonces recordé también á las madres argentinas, que en tropel desolado acompañaban los batallones que vi partir al principio de esta guerra por la calle de la Florida: aquella angustia suprema sombreando la dolorida faz: aquel llanto amargo mezclado al polvo del camino: aquellos pañuelos que se llevaban á la boca para ahogar un gemido; aquel apresuramiento en sozobra pisándose unas á las otras para no perder de vista un instante al que partía tal vez para no volver mas: aquel adiós eterno y tremendo, y todo al compás de la marcha granadera que indiferente á las escenas del alma, ahogaba el dolor del pueblo como el horrible retumbo apaga la última palabra en el cadalso. ¡Recordé sí! que muchos de los que tenían madre, á esta hora, ellas ya no tenían hijos. Volvióme á mirar el pobre niño y haciendo una pausa mortal me dijo. ¡No has oido vos! Le hice dar el agua que me pedia y me alejé rápido. Alcancé hasta el camino por donde penetramos á la trinchera, y pude contemplar sobre la pendiente próxima á la línea enemiga, como 200 cadáveres brasileros del combate del 21; estaban en un estado avanzado de descomposición con las facciones horriblemente alteradas: por su posición se sacaba en cuenta que habían muerto marchando en columna; desprendime veloz de aquel cuadro repugnante y me diriji á nuestra extrema izquierda por donde habia penetrado la columna del general Rivas, allí también


171 mestros muertos confundidos con los del enemigo que retroiera defendiendo el terreno palmo á palmo; llamándome la ncion en la pequeña abra por donde penetró la división del onel Campos, entre sus muchos muertos, un sargento argen> que tenia un hachazo feroz que le habia dividido el cráneo, leí brazo y aquel sable debió ser de un gigante: este cadáver mtaba en su actitud inerte la última bravura de la vida porque r eía claramente que al adelantarse á sus camaradas vendiera a su vida; su machete ensangrentado acentuaba esta suposii; habia sido herido por la espalda en el momento que calaba su ía para defenderse ó para herir. Yacia sobre el fusil empuidolo con crispadas manos. Mí espíritu nacional golpeó mi azon ante tan augusta muerte. Aquel precioso cadáver era una testa contra el pánico de un momento. Era pintorescamente triste aquel campo de batalla, dominado el mutismo de la muerte, que pronto iba á dormir la negra he del sepulcro arrullado por el murmurio de la brisa de las ibras, interrumpida por uno que otro lamento quejumbroso de un moribundo escondido entre las selvas. Las verdes y purpúreas quebradas cubiertas de cadáveres y pojos variados del combate, poblados de mil diversos bosque)s y naranjales: teniendo por fondo inmenso un cielo azul isparente con un sol que declinaba descolorido, como si tam1 estuviese desangrando; parecía un ideal de una grandiosa irgura, y el corazón oprimido, recojido en los mas santos peÍS del alma, sufría la desventura de ese pueblo en el que los DS combatían como hombres, y las mujeres soportaban latori y una muerte bárbara, antes que traicionar lafé jurada. (1) Volví hacia mi campo y distinguí la humareda silenciosa del ado, el humo blanquecino se levantaba sobré el real, semclo un holocausto antiguo para aplacar los manes de los que ian muerto por la patria. (1) Juliana Isfran de Martínez, esposa del héroe de Humaitá, prefirió los tormentos y la. e mas horrible antes que traicionar á su esposo.


172 Después de una batalla, los muertos amigos al menos tienen el dolor sincero de suscamaradas. El sacrificio es un lazo que une á las almas nobles y desata los vínculos con los cobardes y los perversos: esa raza maldita si acaso vive en los campamentos lo hace con la máscara hipócrita de la abnegación.

XXXV Descansárnosla noche de la batalla y el dia 28, sin descuidar por cierto el sitio de Angostura que se completó desde este dia, dándose principio á las operaciones serias sobre este fuerte. El general Manuel Mena Barreto, gefe superior del bloqueo, viendo desembarazada su derecha, ordenó un reconocimiento el 28 por la mañana sobre una fuerza enemiga que aun permanecía sobre la extrema izquierda de su línea de sitio. Constituía este punto una batería de 3 piezas de artillería, situada en la extrema derecha de la línea del Pikiciry, que por su aproximación á Angostura no habia sido tomada cuando el avance del 21; incomodando con sus fuegos continuamente á nuestras avanzadas. Fué encargado de esta arriesgada comisión el coronel argentino D. Donato Alvarez, al mando del intrépido regimiento San Martin, que como siempre cumplió con su deber. Escojió este gefe 45 carabineros y 25 lanceros, á las órdenes de los tenientes Belmoso, Alem y alférez Castro, oficiales reputados por su bravura como capaces de cualquier empresa arriesgada. 'o* Lo restante del regimiento á las órdenes de su coronel permaneció á corta distancia de sosten para apoyarlos en caso de un rechazo, y además un batallón brasilero que se situó allí próximo.


173 Los 73 ginetes argentinos avanzaron escaramuceando sobre la osicion del adversario, á pesar del vivo fuego que se les hacia; uando creyeron oportuno el ataque, tocaron á degüello y se anzaron como un rayo sobre la batería. Los paraguayos apenas tuvieron tiempo de descargar sus pieas y en sobresalto recibieron semejante avalancha. En un momento fueron acuchillados completamente, matánloles nuestros soldados 30 hombres y dispersando álos demás. Previsores los asaltantes clavaron sus cañones por ser imposible su conducción, á causa de su escesivo peso. Ya el heroísmo de nuestra caballería alcanzaba á cargar bateias defendidas por el terreno y el tremendo fuego de Angostura. Aquí concluyó el episodio; regresando nuestros campeones :on algunos heridos, entre los cuales se encontraba el teniente Belmoso con una herida leve en la nuca. Pudo entonces conocerse por primera vez el verdadero valor le las fortificaciones de Angostura, y su importancia militar para los sucesos ulteriores. Antes de que me ocupe de las operaciones que tuvieron lugar sobre este fuerte, y de su rendición, volveré á la situación anterior de esta guarnición abandonada á su suerte, que fué, á no iudarlo, mucho mejor que la délos que acompañaban á López.

XXXVI. Aislada la Angostura desde la ocupación de la línea del Pikiciry por los aliados, quedó completamente comprometida su situación sin prestar ningún apoyo á la posición de López, ni


174 detenerla marcha de los encorazados brasileros que continuamente forzaban el paso. Entregada á sus propios recursos cada dia se hizo mas precaria su situación por la falta de víveres; y el aumento del personal que se refugió allí de la línea conquistada del Pikiciry, de manera que después del combate del 21, alcanzó su guarniciona 6 gefes, 111 oficiales, 1,050 soldados de infantería, 320 de artillería sanos, y 13oficiales y 408 soldados heridos y como 500 mujeres, haciendo un total de 2,405 bocas que alimentar Faltando víveres, el comandante Thompson reunió una fuerza de 500 hombres á las órdenes de los capitanes Fretes y López y del teniente Fleitas y la envió al Chaco con el intento de dar un malón á los abastecimientos brasileros que allí se encontraban. Cumplieron á medias su comisión trayendo algunos víveres conquistados por los dos primeros y 27 muías y caballos por el tercero. Otra espedicionde este género fué llevada á cabo el dia 26 por el capitán Ortiz, sobre un potrero que está situado sobre el camino que va á Villeta; fué mas feliz este golpe de mano, puos consiguió arrebatar 248 vacas y 48 caballos y así pudo la guarnición del fuerte sustentarse hasta el dia 30 que fué el de la rendición. Acaecida la batalla de Itaivaté; el dia 28, el ejército aliado estableció un riguroso sitio á este fuerte, circunvalándolo con su artillería y demás tropas; al mismo tiempo que lo bombardeaban sin cesar, la escuadra por los dos extremos Norte y Sud de las baterías, y el ejército de tierra por su frente y flancos. Este mismo dia, teniendo en vista los generales aliados, el móvil que los determinó á la intimación que fué pasada á López el dia 24; enviaron un parlamentario al gefe déla Angostura haciéndole ver lo inútil de la resistencia; este contestó que no podían recibirlo, porque dependiendo ellos de López era á él á quien debían dirigirse.


1IO

Se habia elegido el 29 para ejecutar un reconocimiento á viva fuerza y dar el asalto en seguida. El ejército habia tomado posiciones : se comenzaba el bombardeo precursor del movimiento agresivo, cuando las avanzadas anunciaron un parlamentario enemigo con varios oficiales los que, con todas las formalidades de estilo llegaron hasta el general en jefe y presentó uno de ellos el siguiente pliego. A sus Excelencias los Sres. Generales del ejército aliado en guerra con la República del Paraguay. Ayer como á las cinco y media, pasado meridiano, levantó ancla un monitor de la escuadra, arriba de las baterías de la Angostura, y bajó á son de camalote, llevando izada una bandera parlamentaria. Al acercarse á la batería se le gritó varias veces que fondease, y se le hizo seña al mismo efecto con un pañuelo blanco de Li batería. Salieron también dos oficiales en una pequeña lancha á recibir al parlamento. No obstante todo esto, siguió el monitor aguas abajo y marchaba ya á fuerza de máquina, cuando con un tiro de cañón en cartucho vano se le intimó que quedase. Como tampoco hizo caso de este aviso, sino que se venia acercando mas á fuerza de vapor á la batería, cuando estuvo enfrente de ella tuvimos que hacerle fuego á bala, cuando dio vuelta y se marchó aguas arriba. Protestamos enérgicamente contra este abuso de la bandera de parlamento, echando toda la responsabilidad sobre el comandante del monitor, quien quiso aprovecharse del uso de esa bandera, sin respetar las leyes que la debían hacer inviolable. Rogamos á VV. EE., que si tuviesen alguna respuesta que dar á esta comunicación la dirijan al Cuartel General para las ulterioridades. Dios guarde á VV. EE. Jorge Thompson—Lucas Carrillo. Angostura, Diciembre 29 de 1868.

Esta nota- como se vé, no era sino un pretexto para entrar en


176 relaciones con los generales aliados, en razón de que los gefes de la plaza, que poseían buenos anteojos y magníficos espías, deberían saber lo ya acaecido el 27; así lo comprendieron los generales aliados y se hicieron conducir á su presencia á los oficiales conductores del pliego, que recibieron por toda contestación; que el abuso seria investigado, y á resultar cierto, castigado el comandante del monitor; al mismo tiempo haciéndoles saber que López habia sido derrotado en Itaivaté, y que por consecuencia la resistencia seria del todo sin resultado, é implicaba un derramamiento de sangre inútil, del cual se harían responsables los gefes de la guarnición, concluyendo dándoles el plazo de seis horas para que contestasen, con la prevención, que pasado ese término serian -ratados con todos los rigores de la guerra; además, se les dijo, si tenían alguna duda podían visitar el campo de batalla de Itaivaté. Los oficiales regresaron, y volvieron en seguida á escrudiñar el campo de batalla. Un escuadrón de caballería brasilera los acompañó y pudieron á sus anchas indagar lo que quisieron. Ellos, que no conocían sino crueldades con los prisioneros, se maravillaron al ver el tratamiento humano y delicado con que se atendían á sus parciales heridos, asistidos á la par de los nuestros, porque la desgracia no tiene patria para las almas nobles y hay infortunios que conmueven las rocas. Una vez llenado este propósito, determinaron los gefes; del fuerte deponer las armas, con excepción del teniente Fleitas, paraguayo empecinado, que mas temor tendría á la sombra de López que á todo el ejército aliado; siempre que se les concediera los honores de la guerra y el respeto al decoro militar. Todo esto va determinado en la nota siguiente. 'o' A SS. EE. los Generales del ejército aliado, en guerra contra la República del Paraguay. Habiendo considerado bien la proposición de VV. EE. y ha-


177 biendo consultado á los gefes y oficiales de esta guarnición, hemos resuelto evacuar á Angostura, con tal que lo hagamos con todos los honores de la guerra, conservando cada uno el rango que ahora tenga, á sus anudantes, asistentes, etc., garantizando que las tropas depositarán sus armas en un lugar conveniente, sin que por eso se extienda esta condición á los gefes y oficiales quienes conservarán las suyas. VV. EE. garantirán á cada uno la libertad de elejir el lugar de su residencia. Dios guarde á VV. EE. Jorge Thompson—Lúeas Carrillo. Angostura, 29 Diciembre de 1869.

Esta nota fue contestada con la siguiente: Cuartel General frente 4 la Angostara, Diciembre 30 de 1868.

A losSres. Jorge Thompson y Liicas Carrillo, comandantes en la fortificación de la Angostura. Los abajo firmados responden á la comunicación de los señores Thompson y Carrillo del modo siguiente: Que teniendo en vista evitar efusión inútil de sangre atacando á viva fuerza la fortificación de la Angostura, no tuvieron inconveniente en prorogar hasta hoy al romper el dia el plazo de seis horas que ayer marcaron para la rendición. Que los infrascritos garanten á los que forman la guarnición de la Angostura la conservación de los grados militares que actualmente tengan, así como sus ayudantes y asistentes. Que consienten igualmente en que los gefes y oficiales de la 12


178 guarnición de la Angostura puedan conservar sus espadas bajo palabra de honor de no servirse de ellas contra los aliados en la presente guerra. Que finalmente .conceden los honores de la guerra á los soldados de la guarnición de la Angostura, para que saliendo^ con sus armas las vengan á depositar en el lugar que les sea señalado al efecto, por indicación de los abajo firmados ó de su orden. Marqués de Caxias Juan A. Gelly y Obes Enrique Castro. Acordadas las bases de la capitulación, ordenó el Marqués de Caxias que se aproximasen las fuerzas de que se formaba la nueva guarnición. Esta fué organizada con el 1er Batallón y dos compañías del 'á° de la División Morales: el batallón oriental del comandante D. Eduardo Vázquez y el del 1er Batallón de infantería, 1er Rejimiento de artillería á caballo, y un cuerpo de caballería brasilera, todo alas órdenes del coronel Malet. Formaron estas fuerzas en columna en el interior del recinto exterior de la fortificación y esperaron la hora señalada para contemplar ansiosos el desfile de los rendidos. Eran las doce del dia cuando escuchamos á cierta distancia el ronco tambor que la acortaba; un momento después, saliendo en serpenteo, aparecíala columna prisionera envuelta en una atmósfera, mezcla de tristeza y curiosidad, ni un leve rumor en su contorno, nada interrumpía la marcha monótona: cuando cesó el retumbo del tambor, rodeaba aquella escena un silencio de amargura, en el aire se sentía la vibración de una profunda pena, que es para un militar de honor cuando entrega las armas, sin haber por lo menos rechazado un asalto. Marchaban por el flanco con el arma al brazo á la antigua usanza: los comandantes Carrillo y Thompson ocupaban la cabeza, las banderas marchitas caían


179 de vergüenza, y con un paso sin orden fueron saliendo hasta que las últimas hileras abandonaron el fuerte; avanzaron hasta nosotros, hicieron alto, dieron frente, descansáronlas armas, y las armas cayeron como temblando, cruzáronlas bayonetas y entretejieron los pabellones; se alejaron hacia atrás de lalínea de los fusiles y permanecieron inmóviles; parecía un regimiento petrificado, rígido, de acero; aquellas caras no tenían miedo, aquellas caras no tenían pesares, ni manifestaban un sentimiento, ni una inteligencia tenían odio: sombríos, ahogaban una tempestad del alma. Esos viejos indomables de mirada encapotada, negros como un sátiro de bronce antiguo; lanzando destellos feroces de unos ojos inyectados de sangre; esos jóvenes taimados, retobados en un mutismo elocuente, esas mujeres de abnegación grandiosa, sentadas á su lado esperando volver á compartir el infortunio del soldado. Todo eso en un instante me hizo conocer el secreto de esta resistencia no igualada en los tiempos modernos por ninguna comarca de la tierra. El fanatismo de patria, el fanatismo de religión, el inmenso odio y desprecio al estrangero, el embrutecimiento de la esclavitud y el patriotismo feroz, habia formado esta raza terrible, mas digna de los cantos de la libertad que de los anales siniestros de la tiranía. Un momento después eran repartidos como un rebaño de ovejas entre los tres ejércitos de la alianza. La nueva guarnición penetró al recinto interior. Las fuerzas de mi mando tomaron campo en el centro de las dos baterías donde por mi desgracia existia un hospital con gran número de heridos que estaban hacia algunos dias sin curar. En el suelo yacían otros muertos, aquello era espantoso; ver ésos infelices, casi moribundos, mezclados á los cadáveres, y sobre todo á una infeliz joven de hermosa faz, á la que un casco de granada le habia arrasado los dos pechos; (1) vivía aún, en

• (1) El Dr. Morra hizo todos los esfuerzos imaginables por salvarla y no pudo conseguirlo.


180 una agonía infernal, conmoviendo hasta las armas con sus gemidos. Mi primer faena fué desalojar ese foco de inmundicia donde el cólera ya habia sentado su real. En vano las llamas trataron de deshacer el flagelo, firme como una estaca enclavóse allí para hacer mas víctimas. Formaba entonces la comisión que debia hacer el reparto de cañones y armas tomadas en Itaivaté y en Angostura, el coronel Manuel A. de Gama como presidente y como vocales el comandante Vázquez y yo, actuando como secretario Francisco de Lima Silva. Fué ejecutado nuestro cometido con la mayor cordialidad, todos quedamos conformes y se levantó un acta, en que se adjudicaba á cada aliado 14 piezas de artillería. Entre las que tocó al ejército argentino venia una de 150(el criollo;, una de 68, una de 32, una de 12 y las restantes de calibres menores. Además 1863 fusiles, 135 sables, 20 lanzas, 82 tercerolas y una grande cantidad de municiones de guerra, montajes y diversos instrumentos. (1) Concluida la comisión, el cólera nos invadió por última vez, este huésped conocido era la tercera vez que visitaba mi cuerpo, y entre las víctimas de aquel enemigo terrible conté auno de mis mas queridos ayudantes, compañero de toda la campaña, Reynolds quedó allí en ese otro cementerio improvisado por la muerte ligera y caprichosa, que pasaba rápida como una mariposa jugueteando alrededor de una tumba. Cuando el flagelo atacaba con ironía á los subalternos es que vendría hasta el jefe; sentí aquel mal, y en una noche sombría, (1) Reuniendo el armamento tomado en Itaivaté y Angostura los dias 27 y 30, tendremos, agregando & estos 500 fusiles que López posteriormenie mandó llevar de allí, 7681 arma repartida entre estos dos puntos, suponiendo que estas armas rendidas y tomadas en el campo de batalla, han sido manejadas por soldados, tendremos que en estos dos puntos, López, en los uitimoa dias de la defensa, ha tenido mas, mucho mas que eso, tanto por las armas extraviadas en los bosques y malezales por los dispersos, como por los que se retiraron con ellos á Cerro León. Hoy ademas que agregar 6 í 7 mil armas tomadas en Itororó y Avahy.


181 lejos de la patria que se ama, oía que el Dr. Bedoya le decía al Dr. Morra (1) aludiendo al pobre enfermo: «Escríbale al general Mitre que no alcanza á mañana.» Desesperando de la ciencia me salvaron, para que en lo mas profundo de mi corazón 111 ve grabado los cuidados de que fui objeto, y la mas pura gratitud. Pero volveré al ejército que habiéndose puesto en marcha el 31 de Diciembre arribaba á la Asunción el 5 de Enero del año 69. Aquella ciudad solitaria sentada á la margen del tranquilo río, sufrió indiferente la suerte del vencido de lejanos tiempos. El vencedor entró á saco, haciendo pagar á justo por pecador, perjudicando con estos desmanes á los comerciantes de sus mismas nacionalidades. ^2) El general argentino Don Emilio Mitre que habia reemplazado al General Gelly, no permitió que su ejército siguiese tan pernicioso ejemplo. He creído siempre que á este acto fué estraño el Marqués de Caxias, porque es difícil contener en los primeros momentos los avances de la soldadesca suelta que embriagada por la victoria se extienden como la hormiga al merodeo. El último acto de esta campaña fué la ocupación de la segunda capital elegida por Lopoz denominada Luque, sin una alma que diera cuenta del gobierno ambulante; y una expedición brasilera á Matto Grosso. Declaró entonces con razón el Marqués de Caxias que la guerra habia concluido y que él no estaba para perseguir á montaraces, y delegando el mando en el brigadier Souza, se retiró á su patria á dormir sobre sus laureles, y allí como en todas partes

(1) Actualmente ejerce su profesión en la Asunción. (2) Las casas de los comerciantes argentinos, brasileros, orientales y otras nacionalidades sufrieron perjuicios de consideración.


182 la ingratitud lanzó su dardo cobarde: en la solemnidad del parlamento brasilero, entre otros cargos, se llegó hasta el punto de echarle en cara que se hubiese traído 6 caballos de su pertenencia Esto era mas que pedir las cuentas al gran capitán. Es hasta donde puede llegar el furor político. Caxias, á una edad avanzada, lleno de honores y riquezas, habia abandonado todo, cuando su patria y su deber se lo exigiera, y al regresar cubierto de gloria á depositar á los pies de su nación el galardón conquistado, encontraba una voz discordante que, como la sombra que hace el ala del murciélago, venia á amargar en sus últimos años los males físicos que acrecentara la campaña. ¡ Pero que al menos al ilustre general le quede el respeto y la consideración de sus aliados ! Lo que viene después de este período, se reduce á una persecución estratégica donde se presenta de realce el talento militar del general Don Emilio Mitre y el ardor del joven conde d'Eu, que corona el éxito final esperado durante 5 años. Las pérdidas del enemigo en esta campaña alcanzaron á 88 bocasdefuego, 11 banderas, como 15,000 fusiles, lanzas y sables, 3,200 prisioneros, 7000 muertos y cerca de 5000 heridos, y un gran número de pertrecho de guerra y víveres en pié. Los brasileros, por su parte, perdieron en el mes de Diciembre; en Itororó 2416, en Avahy 773, en 17 de Diciembre 3, en 21 de Diciembre3969, en 25 de Diciembre 278, en los otros dias 314, y en el dia 27, 58: haciendo un total de 7816 hombres fuera de combate. Los Argentinos alcanzaron á 800 hombres y los Orientales á 200 próximamente. Antes de concluir me permitiré algunas observaciones que no


183 deseo que nuestros dignos aliados tomen como una crítica sistemática sino porque conceptúo que ya es tiempo que de la guerra del Paraguay se saque alguna enseñanza que sea útil para todos. Si es verdad que en este período ellos hicieron lo más, es razonable también que cometieran los mayores errores, porque en la guerra todo es imperfecto, desde el proyectil que parte inseguro, hasta la concepción del general que vacila indeciso.

xxxvn. De toda la guerra del Paraguay esta es la campaña mas rápida, en razón que al iniciarse habían sido allanados los mas tremendos obstáculos que encontró la invasión: el cuadrilátero y el grande ejército paraguayo que desputs de lacaida de Humaytá quedó reducido á 18000 hombres. Y aunque revistan estas operaciones magníficas condiciones estratégicas, debemos considerarla en una inferioridad marcada al segundo período de la guerra, (1) que constituye el paso del rio Paraná, la gran batalla del 24 de Mayo, el movimiento envolvente sobre Tuyucué, y por fin la caida de Humaytá. La Campaña del Pikiciry dá comienzo, á mediados de Agosto del año 68 yfinalizaen los primeros dias de Enero del 69, es decir, en 4 meses y dias se resuelve uno de los mas honrosos problemas de esta contienda colosal. El general brasilero demuestra condiciones militares dignas del mayor elogio, sombreada algunas veces con impaciencias de soldado. Carácter, decisión enérgica y un valor y una actividad de un joven, son las prendas que lo adornan y como contrapeso se levantan la falta de reflexión en ciertos casos, reflexión que es rápidamente ahogada por el ardor de su sangre varonil, (1) Campaña de Humaytá ó cuadrilátero,


184 Y ya que ha tenido la gloria del éxito, es bueno que nos ocupemos de los errores militares que en na la harán desmerecer la reputación del generalísimo brasilero, porque ninguno de los de su gremio está exento de ellos. I o Al iniciar la campaña contaba con un ejércitoaproximadode 31,000 hombres y olvidando la máxima de presentar 2 contra uno, empréndela marcha sobre Angostura con la mitad de su fuerza, dando por consecuencia al enemigo la superioridad numérica que ya teníala del terreno, y aunque el ejército argentino embarcado en Humaytá el 7 de Setiembre, desde ese dia marcha por la via fluvial á la altura del ejército brasilero, nunca estuvo tan á mano como las fuerzas que acampan en el mismo real, para contrarestar un ataque súbito. 2o El pasode un rio, presenta tan grandes dificultades como el paso de una Cordillera de montañas, y por consecuencia necesita el auxilio de la estrategia para velar la operación; el talento suspicaz del general tiene que engañar como á un bobo al enemigo, así lo hizo Napoleón antes de Marengo, San Martin en los Andes y Mitre en el paso del rio Paraná. Caxias que tiene indisputablemente la gloria del movimiento envolvente, se lanza ciego y ejecuta el paso sin arte ni demostración alguna, y el éxito corona la obra, nada mas. 3 o . Ya en el territorio enemigo, y siendo el objetivo en ese momento Villeta, recibe aviso que de San Antonio parte un camino que es el mas corto, que pasando por un puente vá á ese lugar. El puente, pudiéndose ocupar con veinte horas de anterioridad, no se toma y los amigos del Marqués hacen caer este olvido sobre el ilustre general Argollo. Ahora, suponiendo que el general Argollo no hubiera cumplido la orden, siempre seria responsable de ello el general en jefe, porque teniendo este un Estado Mayor numeroso, fuera de


185 su obligación enviar uno ó dos ayudantes para averiguar si se habia dado cumplimiento alo ordenado. Así se observa en los ejércitos europeos y voy á citar un ejemplo. El 3 de Julio de 1866 en el ejército prusiano, antes de la llegada de los i artes de el 1er ejército que anunciaba la presencia de grandes fuerzas enemigas sobre el Bistritz, se habia ordenado al 2o ejército que ejecutase fuertes reconocimientos sobre el Aupa. Pues bien, el 2, ya con anticipación, se habían enviado del gran cuartel general, dos ayudantes del Estado Mayor para seguir el reconocimiento y dar cuenta de como se cumplían las instrucciones sobre el movimiento indicado. El general Caxias en este punto es el único responsable, porque estando en su mano salvar los errores de un subalterno no lo hizo, sobre todo de un subalterno agobiado de cansancio y obligaciones como era el bravo general Argollo. 4o A consecuencia de este error, el enemigo se posesiona del puente; entonces resuelve atacarlo el dia 6 el Marqués de Caxias. El plan que tiene en vista es el siguiente: Amagará por frente del desfiladero con el 2o y 1er cuerpo, mientras que Osorio contorneando la derecha del enemigo, caerá cuando menos lo piense sobre su retaguardia. Inmejorable habia sido este plan, si acaso hubiese tenido conocimiento donde está el grueso del ejercito de López, pero ignorando esto, era poner en peligro á las fuerzas del 3 o cuerpo. Avanza sobre el puente y ataca impaciente, sin esperar la conclusión del movimiento de Osorio, que anda perdido entre breñas y pantanos. Como es natural, en un desfiladero un puñado de hombres rechaza á un ejército, y á las cansadas se retira Serrano cuando comprende que va á ser envuelto por Osorio,


186 Esta falta cuesta un raudal de sangre de generales y jefes de mérito al ejército brasilero. 5o El 8 y 9 le vemos andar en marchas y contramarchas y por fin se acerca á la costa á recibir su caballería que debia tener lista en San Antonio, para dominar completamente desde el principio la comarca. 6°. Para la batalla de Avahy solo tengo elogios, se manifiesta un general, y la concepción de su plan da el resultado deseado, aunque aquí también se entusiasma y carga como un soldado. 7o, Después de esta batalla, López se encontraba entre dos fuegos, pero aunque habia perdido su línea de comunicación con sucapital, le quedaba la segunda que era Cerro León, que hasta cierto punto venia á ser la misma por unirla á la primera á este punto el ferro-carril que va á Paraguarí. De manera que podemos considerar desde este momento á este último punto como base de operaciones del enemigo, y siempre constituyó el centro de sus depósitos, y la remonta del ejército enemigo surgió en toda época de ese lugar. Pues bien, el Marqués de Caxias, después de haber dado descanso á 3000 ginetes una semana, se limitó á una pequeña exploración que abarca un triángulo sin importancia; se aproximan á Cerro León y no llegan. Por otra parte, no ocupa la Asunción que después hace un objetivo cuando ya no era necesario, pudiendo, si hubiese tomado posición de ese punto, haber sacado recursos que después fueron saqueados, y habilitado la línea férrea para dominar y salvar la comarca más rica del Paraguay. 8o Las operaciones sobre Itaivaté y línea del Pikiciry debieron dar comienzo por el ataque á la línea del Pikiciry, incorporada entonces la fuerza de Palmas, ejecutar la operación que se hizo el 27. Pero aquí hace lo contrario, sin reconocer una posición que era accesible en diversos puntos como era Itaivaté, determina el ataque por dos desfiladeros que se encuentran á su frente; como


187 es natural, el enemigo, no temiendo adversarios por la retaguardia, emplea el grueso de sus fuerzas en los objetivos del ataque; es cosa muy sabida que los movimientos envolventes llevan en sí la desmoralización; la voz del enemigo por la espalda es una especie de sálvese quien puede. Esta mala operación desmoraliza su ejército con razón, sus grandes pérdidas y el cansancio de una campaña tan penosa origina este resultado, el decaimiento moral viene, porque un ejército, por mas bravo que sea, que pierda mas de la tercera parte en quince dias. tiene al fin que postrarse. Todo en la vida tiene un límite, el valor humano y la constancia no pueden ir mas allá que la ruta marcada por el frágil corazón humano, y un general que conozca la filosofía de la guerra y el espíritu del soldado, debe estar atento vigilando el grado de consumo de las fuerzas físicas y morales de su ejército, porque no es lo mismo dar una batalla con un ejército, fatigado, enfermo y hambriento, que con tropas bien abastecidas, descansadas, y á las que no les falta el café y el trago de caña. El fuego tomado con moderación, permítasenos la palabra, hace al soldado aguerrido, activo, dispuesto, entusiasta, pero si se abusa exponiéndolo sin descanso y sin necesidad al peligro y á una muerte que ve segura, acabaremos por desmoralizarlo. Algo de esto pasaba en el valiente ejército brasilero después de los primeros dias del 21. Este cargo no lo levantará nunca, [porque el general Caxias disponía de un ejército de refresco que dejó inactivo, mientras sacrificaba las huestes de su Nación, tal vez auna gloria efímera. 9o Vienen en seguida los bombardeos, el fuego incesante sobre la posición de López, un reconocimiento ofensivo y por fin el asalto del 27. Esta batalla será siempre una gloria argentina que ha de


188 recaer sobre el general Gelly; fué de él el plan de la operación, y hasta dio el guia que debia conducir el movimiento envolvente que decidió la batalla; recayendo sobre el marqués de Caxias la grave responsabilidad déla fuga de López .teniendo á su disposición 4,000 soldados de caballería y 20,000 infantes y artilleros. No solamente existe este cargo, sino no haber emprendido inmediatamente operaciones sobre Ascurra, pues dominando el ferro-carril y los distritos mas poblados, López se hubiese visto imposibilitado de reunir nuevo ejército. Esta es una de esas aberraciones que en la guerra muchas veces son cometidas por generales de talento, y que no tienen mas esplicacion que la que daba un dia el mariscal de Sajonia á un caballero que le preguntaba como habia perdido una batalla. «La he perdido por mi culpa, y si algún general no ha perdido batalla es porque no ha hecho la guerra durante mucho tiempo.» Los errores cometidos por López son tan garrafales, que no merecen siquiera la atención un momento, y si en vez de un general tan inepto hubieran tenido los paraguayos otro director mediano es muy probable que todas las ventajas hubieran estado por su parte. Sé bien que sobre las observaciones que aqui trato tan á vuelo de pájaro, se puede muy bien escribir un volumen de crítica militar, pero como no es la índole de este libro ir tan lejos, me he limitado simplemente á señalar una campaña que creo debe ser estudiada bajo distintos aspectos, tanto en la parte estratéjica como en la táctica. Concluyo hoy para volver á empezar mas tarde, con el mas brillante período de la guerra del Paraguay. La campaña de Humaitá.


CAMPAÑA DEL PIKICIRY DOCUMENTOS

CONSULTADOS

Declaración del general Resquin, gefe de Estado Mayor de López. Declaración del coronel Serrano, gefe de las fuerzas que combatieron en Itororó, y segundo gefe de las fuerzas que lucharon en Avahy. Declaración del coronel González, gefe de la 2 a brigada de infantería paraguaya que combatió en Itororó y Avahy. La guerra del Paraguay, por Thompson. Siete anos de Paraguay, por Masterman. Historia de la guerra del Brasil contra las Repúblicas del Uruguay y Paraguay. Refutación á Thompson, por Madureira. Historia de la guerra del Paraguay, con atlas, por Jourdan. Diario del ejército brasilero. Relatorio del Ministerio de guerra brasilero. Ordenes del dia del ejército brasilero. Memoria de la guerra de la República Argentina, 1868 y 69. Partes de los generales argentinos Gelly, Rivas y de los coroneles Ayala, Campos, Caraza, Gordillo, Agüero, Olmedo, Morales y Alvarez. Partes de los comandantes argentinos Spika, Allende, Somoza, Liendo, Maldones, y capitán Benavides. Relaciones de los generales Levalle y Ayala, de los coroneles Amaro Arias, Manuel Campos y Blanco, y de los tenientes coroneles Fernandez, Montes de Oca, y mayores Rivas y Juan Martínez, y capitán Manuel Diaz.


ERRATAS NOTABLES

Página

Línea

Dice

Debe decir

68 151 151

24 6 20

sangrientas tumbas Acosta Acosta

sangrientos tumbos Costa Costa

En la página 127 debe agregarse en la composición de la 2 a brigada al batallón 1° de línea que formó desde el principio de la guerra brigada con el batallón San Nicolás, quedando entonces ésta, I a brigada, en vez de 2 a que figura en este libro, y la I a mandada por Iwanoski, 2 a


CAMPANA DEL PIKICIRY

DESDE EL PASAGE DEL 2" CUERPO BRASILERO PARA EL CHACO HASTA LA RENDICIÓN DE ANGOSTURA TOMADO DEL ATLAS HISTÓRICO

Organisado por el TmwiiU E. C.

JOURDAJK

Sobre lo* trabajos de la comiaion de ingeniero* OOMFUJBUJ

n:

Gefe: Ooron* Tlufinc /•;,„.,, Chtt» ¡>*prdv«Li hv*rard JOH Antonio Rodrimu» OoMtrucc.tm

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Mimbro,: M<vr E*> d* M^u-.r^ii

lamiera,

Trazad,, di Camino;

Toledo da B C

Jourdar,

Editor: JACOBO PEUSER, S M Martin 98, Buenos Aires. RECUERDOS DE LA GUERRA DEL PARAGUAY

Frota


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Recuerdos de la guerra del paraguay