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“Sentada en el rincón de mi hogar en el sofá de piel, una fría noche de invierno por mi ventana veo como cae la nieve y en la oscuridad de esa noche a la luz de las velas, en mi mano sostengo una pluma que quiere escribir tantas cosas sobre ese papel, caen gotas por mis mejillas hasta caer sobre el papel. Esta es la primer carta, no sé como empezarla solo tengo una tinta negra esperando plasmar lo que siento en estas hojas algo amarillentas con esa flor en la parte inferior que me recuerda tanto la primera vez que te tuve entre mis brazos…”

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Aquella tarde de Marzo recibí la noticia más dulce que llego para alegrar mi vida y un pequeño corazoncito latía fuertemente dentro de mi vientre. Pasaban los meses y mi vientre iba creciendo, la primera vez que sentí sus pataditas sentí esa indescriptible emoción que me hacia anhelar que el tiempo pasara más rápido para poder tener ese pequeño ser entre mis brazos. Cada semana buscada un motivo para salir a comprar cualquier detalle que aumentara mi ilusión de tener esa habitación preparada para la llegada de mi primer bebé. El tiempo pasó tan rápido y no encuentro las palabras para describir el sentimiento que tenia al encontrarme en esa cama de hospital, sabiendo que muy pronto iba a ver el rostro mas encantador que le daría sentido a mi vida. Y así el día 27 de Noviembre de 1981 tuve por primera vez entre mis brazos a una hermosa niña a quien llame Dalia y esa hermosa flor eres tú.

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Eras apenas una bebe indefensa y frágil, no podía separarme ni un segundo de tu lado, temía que cualquier cosa pudiera pasarte. Jugar con tus manitas, alimentarte, vestirte y abrazarte me ilusionan mas a verte crecer, anhelo inmensamente el momento en que me digas por primera vez “mamá”. Hasta que una mañana recibí unos resultados del hospital que cambio completamente mis planes, una tristeza profunda lleno mi alma, imaginarme poco tiempo a tu lado no estaba en mis planes. Nunca pensé que algo pudiera separarnos, algo que me arrancara esa felicidad que sentía al tenerte a mi lado. Había imaginado un mundo contigo, cuidarte, protegerte, leerte cuentos todas las noches, hacerte una mujer de bien… es lo que siempre más anhele. Una enfermedad terminal que acabara con mi vida poco a poco y que definitivamente no estaba en mis planes. Sé que la medicina avanza y hay alguna esperanza para mí, pero es mínima; tal vez exista la cura para esto que me pasa pero no quisiera perder el tiempo y que mi vida termine sin haber preparado tu futuro.

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Hoy voy de visita a casa de mi hermana, te llevare conmigo para que te conozca y platicar con ella sobre esto que me agobia tanto. Sofía es mi única hermana, desde pequeñas hemos compartido cada momento juntas, juegos, risas, llantos, desamores, como las mejores amigas que siempre hemos sido y nunca dejaremos de ser. Es por eso, la única persona a la que le confió el tesoro más grande que me ha dado la vida.

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Regrese de casa de Sofía por la tarde, fue un largo día lleno de recuerdos, promesas y llantos… Le pedí algo muy importante, algo que solo a ella se lo pediría, que cuide de mi pequeña; entre llantos respondió que lo haría. Sofía estaba muy sorprendida, no se esperaba esta noticia igual que yo aquel día que la recibí, hizo mil preguntas sobre tratamientos insistiendo que había esperanza, mientras que yo solo pensaba que no había nadie mejor que ella para cuidarte y amarte el día que yo falte, tú eras la única preocupación en mi mente. Pedirle ese favor fue muy doloroso, pues aun no entiendo que tengo que dejarte, sin embargo te dejo en las mejores manos.

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Siento que el tiempo se está pasando demasiado rápido, que no sabré si mañana podre tomar tus manitas de nuevo, no quiero soltarte ni un segundo mi niña. Hoy te enfermaste por primera vez, sentí mucha desesperación que no sabía que hacer, te lleve al doctor y me dijo que solo tenias fiebre. Esto me hizo reflexionar y me puse a pensar que eres un ser tan frágil y delicado que merece los cuidados de una princesa, necesitaba hacer algo para siempre protegerte así que un seguro medico será la mejor opción, ¿Qué más te puedo dejar si no estaré contigo el resto de tu vida? He estado trabajando mucho en tu futuro, quiero que crezcas con la mejor educación y en las mejores escuelas, no quiero que nada te falte y que siempre estés consiente del gran amor que te tengo a pesar de no estar contigo físicamente en todos esos momentos que vivirás, tal vez tus primeros pasos, tu primer palabra, tu primer día de clases, levantarte cuando te caigas, secar tus lagrimas y tantas cosas que seguro vivirás sin mí, pero sé que nuestros corazones siempre estarán conectados.

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He estado muy ocupada cuidándote que eh perdido unas citas en el doctor, recibí su llamada avisándome que mi tiempo esta contado y que si no asisto a mis terapias se reduce mi esperanza de vida, que mejor esperanza que poder pasar toda mi vida tu lado. Asistiré a mis terapias constantemente, aunque son tratamientos desgastantes y dolorosos he decidió poner todo lo que hay en mí para prolongar mi vida, pero te confieso que a veces las fuerzas se me van, la única fuerza que tengo eres tú, mi niña.

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Mi querida Dalia, la vida me ha dado la oportunidad de compartir contigo tu primer año, pareciera que fue ayer cuando te tuve por primera vez entre mis brazos. Creí nunca poder compartir contigo un momento así, pero es la bendición más grande que he recibido. Ya tienes un año mi niña, el año más significativo para mí; pues sabes que no me queda mucho tiempo y este año contigo en especial me ha llenado de las más hermosas alegrías. A pesar que eres una bebe, no te imaginas la felicidad que me das.

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Ya casi no tengo fuerzas… esta enfermedad me ha consumido casi por completo, no sé si pueda escribirte más. Pero solo quiero que sepas cuanto te ame, cuanto valore cada momento junto a ti, que aunque fue poco, fue lo mejor que pude haber vivido, la mejor forma de despedirme, un olvides que tuviste una madre que siempre lucho por ti y que aunque no estoy ahí junto a ti en este momento, lo prepare todo para ti, para que seas feliz. Creo que esta es mi última carta y me duele demasiado pues tengo que despedirme, ha llegado el momento de decirte adiós mi pequeña Dalia. Por siempre tu madre Elisa, que te ama.

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El 27 de noviembre de 1986 Dalia recibió un el regalo más especial que pudieron haberle dado. A sus quince años su tía Sofía le entrego un cofre, el cual se convirtió en un tesoro para Dalia. Ese cofre contenía todas las cartas que había escrito su madre Elisa, antes de su muerte. Mismas cartas que redacto pensando en ese momento en que Dalia las recibiera. Leer las cartas fue como haber conocido a su mama en vida, fue transportarse al momento en que se las escribían, fue sentir el dolor de madre por dejar a una hija, pero dentro de toda esa tristeza y nostalgia fue también un sentimiento inigualable de amor y compañía. Hasta la fecha Dalia conserva ese tesoro, con las letras que más importancia han tenido en su vida.

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El amor de una madre no tiene límites y más cuando se trata de la vida de un hijo. Como madre… ¿Te has puesto a pensar que pasaría si tuvieras que abandonar a un hijo? ¿Qué harías? Como hija… ¿Qué pensarías al saber que el ser que te dio la vida tuvo que dejarte para siempre? Por medio de sus cartas, descubre la vida de Elisa, una madre que demostró el amor que le tenía a su hija Dalia, preparando todo para separarse de ella. Un libro interesante que sin duda moverá muchos sentimientos.

Escrito por: Marcela Villarreal T. Noraelisa Fuentes C.

Cartas a Dalia  

historia de Elisa