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Pa’ atrás ni pa’ sacar el tacón del hueco Manual anecdótico pop para deshacerte del tacón y hallar la estrella con la que naciste

FRANCISCA ARBELÁEZ


Título: Pa´atrás ni pa’ sacar el tacón del hueco Primera edición: abril, 2019 www. franciscaarbelaez.com Diseño de páginas interiores: @marcerosa Impreso en Bogotá, Colombia

Compuesto en caracteres: Baskerville - Century Gothic


CONTENIDO Introducción

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Fase UNO: HEAL

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En busca del flow perdido Naciste estrella, no estrellada Asfixia los esqueletos en el clóset Desocupa la silla; alguien mejor se puede sentar Sube el volumen al susurro de la mañana Toma el bus que te lleve a tu destino

Fase DOS: GET INSPIRED

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Aplica la filosofía Dirty Dancing Cree lo que quieras, mientras te haga bien (lo que aprendí de Papá Pitufo) • Se vale llorar en Full HD • Comienza a echarte flores • Dale la vuelta al Menú; ordena un plato distinto • •

Fase TRES: TRUST YOURSELF • • • • •

Date cariño tan bueno como el arroz con coco Haz lo que te haga feliz Reta el miedo a un match de boxeo Covéncete: tu sueño está ahí para ti Invierte en ti y hazlo en grande

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CONTENIDO

Fase CUATRO: GO DO IT • • • • •

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Descubre eso que llaman propósito de vida Ve tras tu sueño sin hipotecar tu vida Permítete ser mala en algo que amas Obtén tu Máster en ignorar a Cruella de Vil Construye tu propia tarima

Conclusión

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Sobre Francisca

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Introducción

Hola, Mi nombre es Francisca Arbeláez y me voy a morir. Pero, ¿sabes? tú también te vas a morir. Lamento informarte que no somos como los vampiros, inmortales. Quizás, si nos cuidamos mucho podremos vivir algunos años más de lo esperado, pero tanto tú como yo, tenemos fecha de vencimiento. Por favor, no tomes este hecho como algo negativo. Por el contrario, esta realidad que conocemos pero que solemos olvidar, es una de las piezas clave para movilizarnos, para construir lo que queremos y ¡por amor a mis callos en los pies!, que son más bien feos, dejar el miedo. Ahora que lo recordaste, piensa: ¿Qué has hecho con tu vida? No importa. Lo importante es lo que harás de ahora en adelante.

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INTRODUCCIÓN

¿Qué quiero lograr con este libro? Que tú mi hermosa mujer, entiendas que puedes reinventarte, cambiar el chip, no tienes por qué seguir pegada a una situación como un chicle al cemento, que, según dicen, se demora un buen rato en descomponerse. Quiero que sepas que no eres ese chicle, puedes despegarte, hacer lo que te propongas. También quiero que entiendas que eres más fuerte que tus circunstancias. Que la vida, Dios, el universo, te darán las oportunidades necesarias para volver a comenzar. Tu historia personal, cualquiera que sea, no tiene por qué definirte. Deja de creer que eres lo que te pasó, tu historia familiar, los errores que cometiste porque no sabías, porque eras joven o porque, simplemente, te dio la gana. No tienes por qué arrastrar tus errores por siempre, si decides sanar puedes transformarlos y convertirlos en el motor para crear lo que quieres. Úsalos como gasolina para avivar tu vida, no para prenderte fuego encima. Eso es precisamente lo que quiero lograr con este libro, encederte la chispa para que salgas a bailar, para que decidas, de una vez por todas, crear algo que ames de verdad. Si te has escuchado decir: “no tengo idea qué quiero ni pa’ donde voy”, es porque el GPS se te perdió. Te lo comiste, como le pasó a mi abuela, que no se tragó el GPS de su vida, pero sí una de sus muelas, -y vaya y encuentre esa muela–. Por fortuna, a diferencia de la muela de mi abuela, el GPS se puede rastrear. Es una reconexión con tu interior. Sólo basta con abrir tu corazón para hallarlo. Encontrar tu GPS te permitirá tomar la ruta que te pertenece, no la que te indica la revista con mayor circulación en la ciudad, o la que te sugieren tus amigos, papás, hermanos, conocidos del amigo, del primo del abuelo del vecino, del tío de una hermana, en fin..., ya me entiendes. 6


INTRODUCCIÓN

del amigo, del primo del abuelo del vecino, del tío de una hermana, en fin... , ya me entiendes. Quiero que te enrutes y dejes salir tu flow. Que te conviertas en la DJ de tu propia pista de baile. Que bailes hasta que te canses, que nunca más nadie tenga el poder para hacerte parar de bailar. Entonces, comienza a armar tu playlist. Llegó la hora de dejar todo atrás para empezar a crear otra realidad. No puedes quedarte en lo mismo y esperar resultados diferentes. Te lo digo yo que me sentía estancada, rezaba por un milagro, me cuestionaba incansablemente para qué había nacido. Si las hadas madrinas existían, estaba dispuesta a secuestrar a una. Mejor dicho, quería ponerle picante a mi vida, pero se me había perdido el tabasco. Hasta que un día me dije, así como hoy te lo digo a ti: “No más, o cambio o muero en el intento, PERO PA’ ATRÁS NI PA’ SACAR EL TACÓN DEL HUECO”. En este libro encontrarás algunas de las anécdotas de mi vida sobre cómo seguí caminando a pesar de haber metido el tacón, la mano y hasta un riñón en el hueco. Pero, lo más importante de todo, la razón principal por la que lo escribí; te enseñaré cómo tú también puedes hacerlo. Lo único que necesitas para comenzar es: quebrar el tacón y dejarlo tirado.

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INTRODUCCIÓN

Tú sí puedes, eres capaz, naciste para cosas grandes.

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Fase UNO:

Heal

En busca del flow perdido Creo, sinceramente, que llegamos al mundo para vivir una vida fabulosa, creo que todos tenemos el potencial para convertirnos en nuestra mejor versión. Pero, a medida que crecemos vamos alejándonos de esta verdad interponiendo kilómetros de inseguridades entre nuestros sueños y nosotros. Te has preguntado, ¿por qué mientras más crecemos, más miedo tenemos? Si me pides que describa el miedo, te diré que es como una ola. Una de esas que se encarniza contigo, te agarra, te revuelca sin parar, te marea y cuando por fin logras liberarte, te levantas confundida para descubrir que estás en topless frente a la playa. La ola se ha llevado la parte de arriba de tu bikini y de paso, tu seguridad. La última vez que una ola hizo de las suyas conmigo, fue en Cartagena, Colombia. No exagero si te digo que por poco me desnuca. Te preguntarás si después de esta experiencia desistí de volver al mar. La respuesta es: no. Por el contrario, regresé con más fuerza, 9


HEAL: EN BUSCA DEL FLOW PERDIDO

pero esta vez tenía una estrategia: estaba decidida a meterme en lo profundo de la ola y atravesarla. La estrategia funcionó y me dejó una enseñanza: así como la ola, en la vida siempre hay que encontrarle el ladito a las cosas. ¿Qué pasa entonces cuando no podemos dejar de sentirnos fracasadas, enfrascadas, como si todo requiriera demasiado esfuerzo y se moviera lento? Pasa que nos encariñamos con la ola, mi querida, y en vez de atravesarla volvemos a quedarnos topless una y otra vez. A ver, para que me entiendas bien; es como quien mete el zapato al hueco y no es capaz de sacarlo por más esfuerzo que haga. Te hablo con autoridad al respecto porque yo fui esa mujer. Durante años, la ola, el tacón, hasta el flotador, me estancaban. Por mucho tiempo soñé con hacer algo grande con mi vida, dentro de mi corazón sabía que tenía algo especial para ofrecer al mundo. Aunque, bien dicen que no te dan un sueño sin un mapa, en mi caso era la excepción: yo era Dora, la exploradora, o mejor, Dori de Finding Nemo, con un gran sueño pero sin mapa o noción alguna de dónde encontrarlo. Intenté muchas cosas sin resultado, siempre llegaba al mismo punto: “No sirvo para nada” o, la mejor de todas, “NOOO sé qué hacer con mi vida”, agrégale voz dramática y era yo. Sentía como si Dios le hubiera dado un don a todo el mundo y a mí me hubiera dejado en lista de espera. Yo estaba más estancada que un sapo en un charco, lo peor es que tenía toda la capacidad para saltar, pero no sabía hacia dónde. Como no estaba segura sobre qué hacer, hice lo que me pareció más fácil: tomé prestado el mapa de alguien más, vivía una vida que no me pertenecía. El problema era que dentro, muy dentro, pero dentro, dentro, ya me entiendes, por allá escondido en mi interior, sabía que si seguía copiando 10


HEAL: EN BUSCA DEL FLOW PERDIDO

esta ruta, nunca iba a encontrar mi tesoro. A pesar de que emprendí varios negocios, no despegaba, no sentía que estuviera progresando, por el contrario, sentía que iba muy lento. El problema no era el emprendimiento, el problema era yo. Yo era la que no avanzaba, o más bien, la que no me daba permiso de avanzar. La falta de claridad era una constante en mi vida. Todo lo que hacía se sentía forzado, nada daba resultado. ¿Alguna vez te has sentido así? Por favor escríbeme en mi Instagram @franciscaarbelaez, para confirmar que no estoy sola en el mundo. * Dato: siempre contesto. Varios años estuve así; “fracasando” una y otra vez. Escribo la palabra entre comillas, pues al fin de cuentas, ¿qué es el fracaso? Para mí, es no intentarlo. Yo, incapaz de probar, me sentía fracasada. Pero, la mayor derrota, era que tenía el corazón arrugado. Mis emociones eran un torbellino que me impedía ver claramente. Estaba completamente agobiada. Me despertaba todas las mañanas sin una ilusión, me acostaba todos los días con miedo a levantarme, no quería repetir la misma rutina. Los domingos lloraba porque no podía creer que pasaría otra semana sin haber hecho nada por mi sueño, pero entonces, no sabía qué quería. ¿Qué había causado que mi vida no tuviera mucho sentido? ¿Qué hizo que mi vida se hubiera cortado como el arroz con leche, que pudo haber sido rico pero se agrió? Los días eran eternos, muchas veces quise tirarme por un balcón para no tener que volver a afrontar nada, lo del balcón es en serio. La monotonía me estaba matando, la pensadera me estaba matando, la insatisfacción me estaba matando. El hueco en el estómago por no hacer nada al respecto, me estaba matando. En conclusión, yo, con mi actitud, me estaba matando. 11


HEAL: EN BUSCA DEL FLOW PERDIDO

¿Reconoces ese sentimiento cuando no te pasa nada, pero te pasa de todo? ¿Cuando, aparentemente, tienes lo que muchos quisieran pero aún así te sientes insatisfecha? y ¿mientras más insatisfecha te sientes es peor, pues aumenta tu tristeza y surge, además, la culpa por no lograr ser feliz a pesar de tenerlo “todo”? Es como dijo la señorita Antioquia: “Del mismo modo y en el sentido contrario”. Pero más allá de la reina con su respuesta jocosa, la sensación es como si día a día te estuvieran poniendo a fuego lento en la hoguera. Te estás rostizando de la peor manera. Ojalá saliera un buen pollo de ahí, pero no, lo que saldrá son las plumas del pollo rostizado. Eso es lo que llamo estar estancada; quedarse por años así. A mí me pasó, quería resultados diferentes, pero no cambiaba nada de mí. Hasta que un día toqué fondo, ya no había dónde más cavar. No estaba dispuesta a seguir viviendo la vida de alguien más, había sacado mi espada, o más bien, el machete porque mi maleza se remontaba de tiempo atrás. Este libro es una invitación para que dejes el tacón botado y con toda confianza sigas caminando, porque todo lo que estás buscando está más allá del hueco en el que te metiste. Así que upa pues. ¿Se agrió tu postre? tranquila, puedes volver a empezar, el primer paso es: voluntad. ¿Quieres hacerlo? te invito a que lo hagamos juntas, sólo debes seguir la receta exacta. Comencemos por pegar el mantra en la nevera: Pa’ atrás ni pa’ sacar el tacón del hueco, créeme que ayuda. La idea es que lo leas una y otra vez , hasta que entiendas que lo importante en la vida es dejar el tacón botado para seguir caminando. 12


HEAL: EN BUSCA DEL FLOW PERDIDO

Cómo dejé el tacón botado 1. Arma un S.O.S. playlist. No hay cuerpo que se resista a la música. Es como si Ricky Martin, en sus años gloriosos, te hubiera invitado a bailar “La copa de la vida”, imposible negarse. Arma un playlist que te inspire, te suba el ánimo, llámalo: “Modo Emergencia”, “Papagallo en alerta”. Si no tienes ganas de crear uno, tranquila, para eso son las amigas. Yo tengo uno para ti, encuéntralo en Spotify como: PA’ ATRÁS NI PA’ SACAR EL TACÓN DEL HUECO. *Nota: Ricky, te amamos y respetamos por haber salido del clóset. Igual seguimos soñando con tus caderas. 2. Busca el flow. Cuando vibras con el flow tomas mejores decisiones. Por eso, procura siempre buscarlo, la vida no tiene que ser perfecta para sentirlo. El truco está en desprenderte por un momento de eso que tanto te precupa. Tranquila, el problema va a estar ahí cuando regreses, así que por ahora suelta, empieza a brincar, relaja las caderas, las manos y echa un pasito pa’ lante y otro pa’ atrás, el Cosmopolitan de “Sex and the city”, lo puedes tomar en caso de emergencia, por ahora a brincar.


Naciste estrella, no estrellada ¿Alguna vez te has preguntado de qué se trata la vida? ¿Crees que hay algo más que levantarse, cepillarse los dientes, irse a trabajar, almorzar, tomar un café, llegar a la casa, cuidar a los hijos, ver televisión, volver a acostarse? y ¿repetir lo mismo todos los días, en el mejor de los casos, con algunas variaciones? ¿Estás casi segura, o por lo menos con algunas copas de vino encima, que la vida se trata de algo mucho más grande? ¿Que hay algo más que quizás tú no conoces? ¿Piensas que por alguna razón esa chispa de la vida no está disponible para ti? ¿Sientes un pequeño sinsabor, no tan grande como para cambiar de dirección, pero tampoco tan pequeño como para ignorarlo? Déjame decirte que la vida se trata de conquistar sueños, de retarnos a nosotras mismas, de sentir adrenalina y a la vez pasión, de disfrutar los momentos mientras vas 14


HEAL: NACISTE ESTRELLA, NO ESTRELLADA

bailando reggaeton esta noche contigo las pasé bieennnnn oh oh… Se trata de pasarla bueno, no me refiero a vivir en una fiesta eterna, hablo del tumbao’ de tu propia orquesta. La vida se trata de construir algo por lo que sientas verdadera felicidad de levantarte todos los días, algo que te haga sentir cosquillas. Que te haga sentir por ti, la misma admiración que muchas veces sientes por los demás. Es como si hubieras parado en una esquina a comer tu postre favorito. Es una felicidad que trasciende a tu familia, hijos, pañales, teteros y café; es la felicidad genuina de estar haciendo algo que amas, que te encanta. Te preguntarás entonces, ¿dónde se fueron todos esos sueños, anhelos y postres? ¿Por qué no estás donde quieres estar? ¿Por qué terminaste con el tacón quebrado y, lo peor de todo, encariñada con la excavadora apuntando al mismo hueco? Porque te conformaste, no crees que es posible para ti y decidiste no molestar, no causar ruido para evitar que alguien se sienta mal, quizás, especialmente, tu mamá –piénsalo bien­– . Te subestimaste, olvidaste el hecho de que, a menos de que te quedes dormida, –ajá puede pasar, para eso llegué yo a pincharte–, todas nacimos para ser estrellas, lo que pasa es que en algún momento del camino, decidimos estrellarnos. Aclaro que no hablo de unos huevos estrellados ¿los has probado?, no, nada qué ver. Me refiero al estrellado tipo parecer la pata Daisy, pero desinflada. Esta pata es bien sensual, pero ¿te la imaginas sin accesorios? Difícil, no sería ella. Daisy brilla porque no esconde quién es, anda con un moño enorme en la cabeza y como dijo Marimar: a mucha honra tan, tan, tan… Así nace una estrella, siendo genuina, mostrando su verdadera esencia. Puedes salir con una bolsa en la cabeza, pero si eres tú, brillarás con luz propia. Recuerda siempre que se te crucen los cables:

Naciste estrella, no estrellada. 15


HEAL: NACISTE ESTRELLA, NO ESTRELLADA

Cómo dejé el tacón botado 1. Elimina una sílaba de la palabra “Estrellada”. Borra de tu chip la creencia de que naciste estrellada, si así fuera estarías encima de unas papas fritas y no tendrías esa sensación en la panza que te indica que en la vida hay algo más. Lo que pasa es que algunas estrellas esconden su brillo.Cuando no te sientes plena con quien eres y con lo que haces, brillas pero desmayada. Llegó la hora de brillar despierta. Para lograrlo, debes romper el conjuro. Pierde el miedo a ser tú, deja de aparentar ser menos de lo que eres por evitar opacar a alguien. Querida, entre más pronto admitas que naciste para brillar, más rápido saldrás de donde quiera que te hayas metido. 2. Acéptalo ya, es hora de brillar. Dentro de ti está todo el potencial necesario para brillar. Si aceptas esta realidad, firmarás un contrato de paz contigo misma. ¿No es eso lo que todas buscamos? ¿Brillar y estar en paz? Pues no hay nada que te lo impida, cuando tengas dudas recuerda: si las tortugas ninja pudieron brillar, tú, que no eres verde, seguro vas a triunfar.

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Asfixia los esqueletos en el clóset Soy de Cali, Colombia. Mi ciudad es también conocida como la sucursal del cielo. Un lugar donde viví los primeros dieciséis años de mi vida. Cali es cálida, calurosa, sabrosa, salsera. La salsa, el chontaduro y la manga poma fueron mi razón de ser durante muchos años, de hecho aún lo son, pues hacen parte de mi ADN. Comer chontaduro y bailar salsa me conectan con lo que llamo sabrosura y tumbao’. Es que eso no se improvisa, se lleva en la sangre. Parar en una esquina a comer de los carritos ambulantes los manjares de mi tierra, es para mí todo un deleite. Te digo la verdad, si me vieras no me reconocerías, parezco una ardilla picando todas esas delicias. Pero es que la comida de la tierra jala, ¿no? Estudié en tres colegios,del primero me sacaron porque perdí primero de primaria dos veces –ya sé qué estás pensado: What? a esta vieja qué le pasa–. ¿Cómo se pierde primero de primaria? Aún no lo sé, pero esa fue mi primera gran frustración en la vida. También fue la razón por la cual me echaron del colegio, aunque mi mamá diría: “te expulsaron, mijita”. Al segundo colegio llegué por su “forma de enseñar”. 17


HEAL: ASFIXIA LOS ESQUELETOS EN EL CLÓSET

Mis papás decían que era para niños creativos, yo sentía, más bien, que era para niños “especiales”. El colegio se llamaba “Encuentros”, lo irónico del cuento es que ahí nunca me encontré, por el contrario me la pasé perdida la mayor parte del tiempo. No odiaba el colegio, pero tampoco me gustaba. Nunca entendí ni a mis compañeros ni a mis profesores, sospecho que ellos tampoco me entendían a mí. A pesar del paso de los años, sigo con ese trauma, el colegio fue uno de los primeros lugares en donde me sentí fuera de lugar; –y vaya que me he sentido fuera de lugar en muchos sitios–. Confieso que no me gustaba socializar, lo que complicaba las cosas. No era popular, era más bien tímida, no sé si retraída. El colegio aún existe, aunque lo haya incinerado en mi memoria, así que esto, por favor, que se quede entre nosotros. De ahí sólo me llevé un buen recuerdo: mi amiga Lorena Viracachá, la chica más guapa del colegio, era un poco vaga, pero muy simpática. Lorena pronto se convirtió en mi mejor amiga y en la de mi hermana, nosotras realmente la amábamos. Aún hoy la sigo queriendo; creo que más bien la envidio, es la única mujer en el mundo que come de todo, tiene dos hijos y nunca engorda. ¿Ven? Lorena definitivamente es algo especial. Aprendí a delegar en las clases de arte. Yo pintaba horrible, así que me las arreglaba para que la profesora hiciera la mayor parte del cuadro, en realidad, ella terminaba pintándolo todo. Desde que descubrí esa costumbre, la practico con frecuencia. Si no es absolutamente necesario que haga algo,¿para qué hacerlo? No me juzgues aún, por favor sigue leyendo –este libro sirve también de confesionario–. Delego hasta hacer la cama porque, como me dijo una vez mi hermana, para qué tenderla si al rato, vamos a destenderla. Advertencia: quiero decirte que vivo de frases clichés como esta. Volviendo a las clases de arte, mi madre aún conserva uno de esos cuadros “perfectos” que pintaba la profesora y que yo no tuve 18


HEAL: ASFIXIA LOS ESQUELETOS EN EL CLÓSET

problema en firmar. Lo tiene colgado en el baño. Cada vez que hago pipí, recuerdo que delegar es bueno, sólo que no hasta ese extremo. Un día de estos, entraré al baño, pero para desaparecer el cuadro. Cruzada de meñiques. Mi hermana Pilar también estudió en “Encuentros”. Llegó luego de que la echaran del Bennett, igual que a mí. Parecía que ser expulsadas lo lleváramos en los genes. Su presencia en el colegio hizo que todo fuera más llevadero. Gracias a ella, la más cool de todas, nadie se metía conmigo. Era mi propio bodyguard. Mi hermana era todo lo contrario a mí, pero era todo lo que yo quería ser. Aunque nos llevábamos sólo dieciocho meses, en realidad, ella me llevaba un mundo de ventaja, mundo que conocería después. A Pilar la sacaron de “Encuentros” porque le tiró una silla a la rectora, justo después de decirle hp. –¡Ja! Pequeño detalle–. Todo esto pasó frente a la cara atónita de mis papás que, aunque nunca lo dijeron, debieron pensar ese día que habían criado un monstruo. A Pía ,como la llamaban de cariño, la echaron, por supuesto, pero no sin antes adquirir estatus de Rock Star, título que en últimas es lo que de verdad importa cuando tienes dieciséis años. Mi hermana era una mujer muy guapa, espontánea, atrevida, amorosa, agresiva y explosiva, vivía su vida con mucha intensidad. Amaba la rumba, los hombres, la marihuana, el “borondo caleño”, –paseo que se da en el carro sin destino final–, y, sobre todo, le gustaba cualquier cosa que implicara estar lejos de mis papás, ya sabes, estaba en esa edad donde los papás son los peores enemigos. Ella no se negaba a nada, era una aventurera de corazón. Teníamos una relación de amor y odio, cualquier detalle, como tomar prestada la ropa de la otra, nos hacía saltar de la furia. Todo en la vida de las dos era drama, hasta los cucos de la casa. Algo normal a esa edad, si tienes hermanos con quienes te llevas pocos años, sabes perfectamente de qué estoy hablando. Ella era el “problema” de la casa, una mujer muy adelantada para su tiempo. Le encantaba filosofar, Tracy Chapman, vestirse con camisetas blancas, jeans levis, zapatos negros 19


HEAL: ASFIXIA LOS ESQUELETOS EN EL CLÓSET

de plataforma. Tenía el pelo corto, que se paraba con gel, los pómulos salidos, muy poco busto; era una flaca con mucha gracia. Quienes la conocían la amaban o la odiaban, jamás generaba un sentimiento medio. A las personas les asustaba su presencia, los hombres se intimidaban pero caían completamente envueltos en su encanto. Era su forma de moverse, de caminar. Había algo tan sexy en ella que incluso las mujeres lo notaban. No la odiaban, más bien era la mujer que todas fantaseaban ser. El problema era su carácter dominante y agresivo. Siempre le encontraba “peros” a todo, cualquier situación la convertía rápidamente en un conflicto y todo escalaba a proporciones mayores. Era furiosa, cuando sentía que no podía controlar su frustración, quebraba los vidrios, las lámparas o cualquier otro objeto de la casa. Vivíamos en el séptimo piso de un edificio, un día discutió con mi mamá, en medio de la rabia, tiró una lámpara por la ventana, los pedazos de vidrio llegaron hasta el balcón del primer piso. Mi mamá nunca supo cómo controlarla, cómo hacerla sentir mejor, a pesar de que trató por años. Aunque Pilar parecía una adolescente feliz, vivía inmersa en una profunda depresión. Nadie supo entonces, qué era lo que le dolía, hasta muchos años después, cuando yo sentí exactamente lo mismo. Por alguna razón, Pilar sabía que se iría rápido de este mundo pero, nosotros nunca imaginamos que fuera tan pronto. Vivir con Pía era como tener una bomba de tiempo al lado. Gracias a sus crisis explosivas, tuve que cuidarla, crecí sintiendo una angustia permanente en el corazón. Durante mi infancia siempre estuve a la sombra de mi hermana, tanto que ni siquiera sabía qué era lo que verdaderamente me gustaba, nunca lo exploré. Siempre me quedaba callada, sola, tranquila. Era “la hija buena”. Me la pasaba preocupada por mi hermana y por mis padres. No quería agregar más problemas, así que guardé silencio por años. Toda esta situación me hizo crecer en estatura pero no en emociones, las congelé. Me impidió desarrollar mi personalidad. 20


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Pasé mi infancia intuyendo que algo malo iba a pasar, para disimularlo, parecía bajo el efecto de un rush de azúcar, tratando de que todos en la casa estuvieran contentos y así mantener la paz. No imaginaba entonces, que tanta paciencia mezclada con reprimir mis sentimientos, iba a pasarme factura años más adelante, convirtiéndome en una adulta pasivo - agresiva. Mis papás no confiaban en las fiestas a las que invitaban a Pilar, por eso me hacían acompañarla. El resultado fue desastrozo; a ella le encantaba fumar marihuana, a mí siempre me caía mal. Contrario a lo que parece, de mi hermana no aprendí el amor por las drogas, aprendí, más bien, el amor por la vida. Aunque en ese momento no era muy consciente, luego entendí que a través de su ejemplo, me enseñó a distinguir todo lo que no quería ser ni hacer. Pilar tenía la costumbre de sentarse en la ventana de su cuarto a fumar cigarrillo, marihuana o, simplemente, a distraerse. Recuerdo que varias veces nos pasamos la marihuana de ventana a ventana. Mi madre le pedía que se bajara de ahí, pero ella hacía caso omiso, adoraba ese lugar. Un día, mi hermana y yo estábamos en el cuarto peleando –en esa época vivíamos agarradas–, mis papás habían salido, sólo estaba la empleada de servicio en la cocina. Nos pusimos a pelear por el control remoto de la televisión, ella quería ver un partido de fútbol y yo no, no me gustaba, qué ironía de la vida, tiempo después fui presentadora de un programa de tv sobre este deporte. Nos pegamos y nos ofendimos. Las dos estábamos llorando. Ella salió al balcón a hablar con su novio, era evidente que se sentía triste. A pesar de notarlo, no le presté atención, antes habíamos tenido ese tipo de peleas donde nos agarrábamos del pelo para horas más tarde superarlo y reconciliarnos. Pensé que se trataba de una más. De pronto, escuché un ruido muy fuerte. Corrí a su cuarto a ver qué había pasado. Cuando llegué me encontré con la escena más traumática que he visto en la vida, aún hoy, la imagen me persigue. Mi hermana había caído siete pisos, el fuerte impacto la había matado. Su cabeza se había toteado contra el piso, la sangre estaba por todos lados. 21


HEAL: ASFIXIA LOS ESQUELETOS EN EL CLÓSET

Sobre el pavimento yacía una mujer vital, fuerte, hermosa, sexy. Todo era tan inaudito, que mi primera impresión al verla fue reírme, sí, no sé qué me pasó, pero me reí. Durante mucho tiempo me sentí culpable por esa reacción, ¿quién se ríe ante semejante tragedia? En medio de la tristeza y la confusión, sentí alivio, pues con su muerte desaparecería todo su dolor, ya no la aquejaría esa angustia mental de la que éramos testigos impotentes. Mis papás y yo también descansaríamos de tanto drama. Luego, me enteré de que la causa de todo fue un desequilibrio químico en el cerebro, una bipolaridad. Contrario a lo que pensé, el verdadero dolor estaba a punto de empezar. La muerte de Pilar empeoró todo, generó un cráter indescriptible en mi familia. Tengo pocos recuerdos de ese día: mi familia llegando a la escena donde todo sucedió, algunos amigos del colegio que pasaron a chismosear y en medio de ese circo, la imagen de mi mamá llorando en la escalera antes de llegar al balcón, pidiendo a Dios fortaleza. Recuerdo ver desde la ventana, el reloj en la muñeca de mi hermana, estallado, mi papá nos lo había traído de París, yo tenía uno igual, a mi hermana le encantaba. También tengo el recuerdo de mi papá llegando de la oficina con saco y corbata, borré su expresión, pero seguro no era la mejor. Mi hermana había caído en la terraza del apartamento del primer piso. Una enfermera que cuidaba a un vecino, fue la primera en percatarse que tras el golpe, no presentaba signos vitales. Yo estaba petrificada en la ventana. Los días pasaron, nos cambiamos de apartamento, pero el dolor se mudó con nosotros. Cuando se viven este tipo de impactos, hay dos opciones: la primera es confrontar semejante trancazo, la segunda, dejarlo en la parte de atrás de la memoria para continuar caminando como si nada hubiera pasado.Yo, de manera inconsciente, opté por la segunda opción. No me culpo, el dolor era tan grande que no estaba lista para enfrentar lo que había pasado ese día. Mis papás tampoco, así que todos continuamos de la mejor manera que pudimos: haciendo de tripas corazón, en especial mi papá y yo. 22


HEAL: ASFIXIA LOS ESQUELETOS EN EL CLÓSET

Durante muchísimos años bloqueé de mi memoria la muerte de mi hermana, no quería lidiar con ella. No exterioricé el duelo, lo cargué como a un lastre. Nunca hablamos sobre eso, es más, no recuerdo haber tenido una sola conversación con mis padres sobre el día en que murió mi hermana. Por años, lo mantuvimos como un secreto, yo estaba de acuerdo en ocultarlo, me avergonzaba y me dolía el alma contar que la última conversación que había tenido con ella, había sido en medio de una pelea. A medida que evitaba hablar del tema, crecía un abismo en mi interior, que iba convirtiendo mi vida en un desastre. Llegó, así, la desolación, la depresión, el desasosiego. Hasta que, hace ocho años, decidí abrir mi herida dispuesta a desinfectarla. No sospeché entonces que serían años difíciles, no imaginé que el remedio iba a doler más que la enfermedad. Algo que aprendí en el camino es que no hay penicilina para el alma. Cuando abres una herida piensas que vas a lidiar con un solo dolor, resulta que te enfrentas a una cadena interminable. El proceso de sanación es como una piedra en el zapato, te incomoda, pero cuando tratas de sacarla, no la encuentras. Algunos prefieren dejarla donde está, el miedo les impide echarle mano. Pero, ¿por qué esforzarnos para enfrentar justo aquello que queremos olvidar? porque lo que dejamos en la sombra, nunca se va, se queda para manifestarse en nuestra vida a través de una profunda insatisfacción. Debemos reconciliarnos con nuestra historia para volar a hacer realidad nuestros proyectos. Una herida que no ha sanado causa daños físicos y emocionales. Nos enfermamos, nos engordamos, nuestras relaciones no funcionan, nuestra vida se estanca. Pensamos que son hechos aislados, pero en realidad son el resultado de toda la carga emocional que no hemos resuelto. Aquí va algo que necesitas saber: no sanar una herida, te puede costar la vida, o, por lo menos, la vida que quieres. Piénsalo, no puedes avanzar con un morral lleno de piedras. Para conseguir aquello que anhelas debes encargarte primero de tu dolor interno, si no lo haces, los esqueletos en el clóset te van a asustar. 23


HEAL: ASFIXIA LOS ESQUELETOS EN EL CLÓSET

El proceso de sanación no será “Un paseo por las nubes”–una de mis películas románticas favoritas–, pero te aseguro que valdrá la pena y, al igual que en la película, tendrá final feliz. Ayer, estuve en el cementerio, fui después de dieciocho años, recordé el camino que recorrí junto a mi familia para enterrar a Pilar, cada paso que dimos ese día, era una certeza de que esa tarde la dejaríamos ahí para nunca más volverla a ver. A pesar del tiempo, lloré tanto que parecía como si me hubiera picado una avispa en los ojos, me tiré al piso, le pedí perdón por todas las peleas, por no haberle dicho cuánto la amaba. Le prometí que me iba a quedar en este mundo para vivir una buena vida, que iba a honrar su memoria. Estaba decidida a sanar mis heridas, ¡Ya estuvo bueno de andar llorando! Cuando me subí al carro sentí que algo hizo click. Era lo que estaba buscando hace tantos años: paz espiritual. Ese día, después de pedir perdón, por primera vez, la había encontrado. Por eso, te aconsejo que empieces por retomar lo que dejaste pendiente, pide perdón y perdona de una vez. No le eches más tierra a lo que te pasó, más bien, empieza a tratarlo con amor. Una herida bien cuidada, te dará el mejor regalo: paz; elemento primordial para soñar, crear y materializar.

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HEAL: ASFIXIA LOS ESQUELETOS EN EL CLÓSET

Cómo dejé el tacón botado 1. Enfrenta tu historia, usa tu voz. Quizás no tengas una historia tan fuerte como la mía, pero no importa el nivel de drama, si hay algo que no te permite avanzar, debes enfrentarlo. Muchas veces no queremos hablar sobre ello, pero debemos encontrar un espacio seguro para hacerlo. Hoy quiero invitarte a usar tu voz. 2. Pa’ afuera el sancocho mental. Puede ser incómodo como cuando arde un champiñón encima de un jalapeño, pero respira profundo, recuerda que el jalapeño se deshidrata mientras que el champiñón potencializa su sabor. En esta receta, tú eres el champiñón, por supuesto, el sancocho mental, es el jalapeño. Eres más grande y más fuerte que el jalapeño, puedes hacerlo. 3. No aplaces más la cita. Agenda un día o varios para encontrarte con aquellas personas con quienes debes saldar cuentas. Dedícales el tiempo y las palabras necesarias para cerrar los ciclos pendientes. 4. Paciencia, esto se cocina a fuego lento. No esperes resultados inmediatos, esto no es como abrir la olla pitadora, la presión tarda un tiempo en salir. Pero, cuando empieces a hablar de tus historias, te irás liberando de los esqueletos en el clóset. Porque a los monstruos debajo de la cama hay que asfixiarlos.

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HEAL: ASFIXIA LOS ESQUELETOS EN EL CLÓSET

Ahora es tu turno: ¿Cuáles son los esqueletos que hay en tu clóset?

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ADVERTENCIA: No te me vayas a meter al hueco, este ejercicio es solo para sacar, confrontar y solucionar, no para meter la cabeza por ahí y dejarla congelada.

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Desocupa la silla; alguien mejor se puede sentar Cuando nos aferramos al pasado, perdemos de vista una cantidad de posibilidades. Pa’ que me entiendas; por andar tratando de sacar el tacón del hueco, te estás perdiendo de los Louboutin con descuento que te pasaron por el frente. ¿No te gustan los Louboutin, aquí va el espacio en blanco para que te animes a poner tu marca favorita: . Envías un mensaje tácito cuando ocupas la silla a tu lado: no te sientes Es ilógico pretender que alguien quiera o pueda sentarse cuando haces todo lo posible por no ceder el lugar. Ahora, si aplicas este mismo principio a la vida, descubrirás lo absurdo que resulta anhelar vivir nuevas experiencias cuando tienes todos los puestos ocupados, simplemente no das espacio. Nos pegamos tanto a la idea de lo que fuimos, que hasta nos acostumbramos a vivir con nuestros esqueletos guardados en el clóset.

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HEAL: DESOCUPA LA SILLA; ALGUIEN MEJOR SE PUEDE SENTAR

Desocupar la silla toma tiempo pero es vital para que lo que verdaderamente queremos se pueda MANIFESTAR. En lugar de quedarte arrumada con lo viejo, con lo que no sirve, con lo que no te gusta y no te hace feliz, atrévete a darle espacio a las posibilidades, no me refiero únicamente a una persona, hablo de una nueva oportunidad, un nuevo trabajo, nuevas amistades, a que llegue eso que verdaderamente quieres. Alce la mano la que se conoce este reggaeton porque llegó la hora de cantar: “Baby la vida es un ciclo y lo que no sirve yo no lo reciclo”. ¿Qué tenemos que hacer para soltar? LIMPIAR.Ve por la

escoba, vas a barrer en tu vida como lo haces en tu casa. Empieza por borrar las fotos de tu celular. Te invito a que lo hagas ya mismo, revisa cuántas fotos tienes, desde hace cuánto, qué haces con ellas. Si la respuesta es: nada, porque tienes hasta una foto de una nalga que no es la tuya, que definitivamente no va para instagram, el diagnóstico es: hay que borrar. Lo mejor de todo: cuando te deshagas de ellas, vas a liberar espacio en la memoria de tu teléfono y podrás tomar más y mejores fotos. Pues así tal cuál funciona la memoria de la vida. Chicas, la mantenemos A REVENTAR: alarma almacenamiento en máxima capacidad. Empieza ya a liberarla. Empieza por soltar lo que no te haga feliz. Espero que en este punto ya hayas hecho DELETE y no sólo a las fotos. Ahora, vamos por el clóset. Vivimos con los cajones llenos pero nunca tenemos qué ponernos. Apuesto a que alguna vez te has parado frente al clóset –que seguro tiene más de una cosa– y has dicho desconsolada: “de verdad no tengo qué ponerme”. Por favor, dame el paradito y el drama en la voz. Queremos cosas nuevas, pero no tenemos dónde meterlas. Las cosas lindas terminan por ahí espichadas, como la cáscara de un pistacho, lo nuevo se confunde con lo viejo hasta llegar al punto donde no sabemos qué es qué. En el clóset tenemos la camiseta del colegio, la carta que nos regaló el novio, ese cabrón que nos puso los cachos, pero aún así amamos, el collar que nos regaló la mamá, el que nos da entre pena y miedo sacar, 28


HEAL: DESOCUPA LA SILLA; ALGUIEN MEJOR SE PUEDE SENTAR

tenemos ropa que ya no nos sirve, que no nos queda y que no nos gusta. ¿Será que se parece algo a nuestra vida? Nuestro clóset cuenta nuestra historia. Aunque intentemos tener lo necesario, vamos A-CU-MU-LAN-DO ¡ups! como diría Britney Spears : “I DID IT AGAIN”, pero esta vez en el clóset. Piénsalo, ¿Qué más tenemos en el clóset? la camisa que amamos, esa que sólo usamos cada seis meses para ocasiones especiales, la amarilla de la Selección que portamos con orgullo cuando juega Colombia en un Mundial, sin importar el resultado siempre los apoyamos, - deberíamos tener la misma incondicionalidad con nosotras mismas-. ¿Qué tal los tacones fabulosos que nos ponemos cada año en Navidad? —Eso son 364 días sin usarlos, chicas, es como hacer el amor y nunca tener un orgasmo. Ajá, igualito—. Pero ahí no para la cosa, también tenemos los calzones, los que aprietan de lo rico, pero que se refunden en los cajones. Necesitamos entrar al clóset, poner todo en el piso y hacer una selección. Ahí saldrán seguramente muchas cosas que ni siquiera sabíamos que teníamos, saldrán también recuerdos, pero al final entenderemos que tenemos el poder de tomar cada prenda y decidir si se va o se queda. Recordar que fuimos nosotras quienes metimos cada cosa ahí porque estaba en promoción, porque quizás no encontramos algo mejor, o porque alguien nos “obligó”a hacerlo. Por la razón que haya sido, es hora de recurrir a nuestro poder para decidir qué hacer. Empieza de manera gradual, tomando pequeñas decisiones, así poco a poco, te irás empoderando para dar paso a la toma de decisiones más trascendentales. Recuerda que cuando nos llenamos de basura física o mental, nuestra vida se contamina y no fluye. Ya eliminamos la basura mental, ahogando los esqueletos del clóset, ahora vamos tras la física.

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HEAL: DESOCUPA LA SILLA; ALGUIEN MEJOR SE PUEDE SENTAR

Cómo dejé el tacón botado 1. De lo micro a lo macro. Haz el ejercicio: te aseguro que cuando saques del clóset todo lo que no te hace feliz, verás con claridad lo que debes sacar de tu vida. Recuerda: toda decisión pequeña inevitablemente te llevará a una decisión más grande. Comienza por el clóset y el celular, luego ve por los libros, la cocina. No dejes ningún rincón sin limpiar. 2. No abandones la labor. Es posible que al principio te parezca facilito, después, quizás dirás como yo: ¡Esto es una locura! Te lo advierto, cada prenda, cualquier objeto, todo lo que guardas en tu clóset o en tu vida, cuenta una historia. La pregunta de fondo es:¿te gusta?, ¿te empodera? Si la respuesta es no, ya sabes lo que debes hacer. 3. El remedio empieza con una decisión. Es esencial que entiendas que tanto para clausurar como para iniciar capítulos en tu vida, el primer paso está en tomar decisiones. ¡Dale! a eso vinimos.

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Sube el volumen al susurro de la mañana Ahora que limpiaste, ahora que sanaste, es momento de escuchar. ¿Has sentido el susurro en la mañana? Es un sonido tan suave que muchas veces no lo puedes distinguir. Es tan imperceptible que dudas, parece que no es contigo, pero sí que lo es. Este susurro va acompañado de varios sentimientos: una insatisfacción, el tamaño de ésta depende de cuánto te has desviado de tu ruta, una inseguridad, ¿será que es posible para mí? o dos, ¿será que nací para esto?, y unas ganas poderosas de subir el volumen, porque el susurro es tan sutil que no te empuja ni te impulsa a hacer nada, simplemente te habla con pequeñas pistas. No es un susurro fácil de seguir, puede que un día te levantes decidida a dar el paso, pero justo antes de hacerlo, empieces a cuestionarte: ¿Si fallo, si fracaso? ¿si no me sale bien? Entonces decides echarte pa’ atrás, metes de nuevo el tacón al hueco, perdiendo toda la fuerza que habías ganado, sólo te queda el impulso. 31


HEAL: SUBE EL VOLUMEN AL SUSURRO DE LA MAÑANA

Llevo diez años estudiando desarrollo personal, fui, sin lugar a dudas, mi primera cliente. Recuerdo que cuando iba a las conferencias de Tonnny Robbins, el mejor coach del mundo, me quedaba pasmada. No sólo me abrumaba la información valiosa que estaba recibiendo, también sentía una atracción muy fuerte por la tarima, quería estar ahí, pero cuando miraba a Tony, con sus manos enormes, me sentía como Pulgarcito y me decía: “nooooo, nunca va a pasar”. El susurro me hablaba, pero yo lo ignoraba. El problema de no prestarle atención, es que poco a poco, me fue desangrando, como en una cruel corrida de toros, pero en este caso, era yo misma la que se encargaba de ponerse las banderillas. La molestia comienza con la sensación de hueco en el estómago, este se va haciendo más profundo cada día. Luego, empieza la inseguridad, dudas de ti y de todo lo que haces. Desesperada comienzas a buscar, pero cada vez te alejas más de las respuestas, porque te dejas confundir por el ruido exterior: el almuerzo, la comida, el tetero, los amigos, el trabajo. Perdida dejas tu interior inexplorado, justo ahí, donde están las respuestas. Hasta que te levantas un día como Julia Roberts en “Comer, Amar, Rezar” y dices: –Hola Dios, lamento nunca haber hablado contigo directamente, pero espero haberte dado mi gratitud en todas las cosas buenas que me has concedido en la vida. Tengo un problema muy gordo. No sé qué hacer. Necesito una respuesta, por favor. Dime qué debo hacer. A lo que Dios responde:— Vuelve a la cama, Liz. Ya sabes lo que pasa después, ella vuelve a la cama sólo para decirle al marido que ya no quiere estar casada. Pero aquí un secreto: tú no tienes por qué esperar a estar en un callejón sin salida como Julia Roberts, mira que cuando siguió su corazón terminó comiendo gelato en Roma –nada mal–, después de que hayas sacado los esqueletos del clóset y hayas comenzado a limpiar, podrás irte a Roma, para terminar en Bali enamorada, buenooo, no, pero podrás escuchar tu corazón para seguir tu intuición y así, subir el volumen al susurro para que sea imposible de ignorar.

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HEAL: SUBE EL VOLUMEN AL SUSURRO DE LA MAÑANA

Es en ese momento cuando surge una conexión profunda que te permitirá entender cuál es el siguiente paso a seguir, si atiendes el llamado y haces caso, te quitarás las banderillas que te estaban matando. Algo así me pasó cuando salí con Bruno. Para ese momento ya tenía en mi historial dos compromisos fallidos, era como la protagonista de “Run Away Bride”, la película con Julia Roberts, salía corriendo cada vez que me iba a casar. Pero, creánme, tenía mis razones, en mi defensa les voy a contar por qué huí de mi primer compromiso. Vivía en Alemania, mi novio era alemán, justo cuando llegó el momento de devolverme, a mi novio le dio por hacer en el aeropuerto un chiste: le pareció muy gracioso decir que llevaba una bomba en la maleta –como que no quería que viajara–. Ya se imaginarán qué pasó, por supuesto, para una colombiana en el exterior un chiste así tiene cero gracia. Para cuando me dejaron salir del cuartico donde los oficiales alemanes me revisaron por todos lados, ya tenía claro que con Adelbert no me quería casar. El anillo de compromiso, si no estoy mal, se perdió en un matorral. Y no me preguntes en cuál... ¿Sí me entiendes? pero, volvamos a Bruno. Con él todo parecía diferente así que una vez más, me comprometí –la tercera es la vencida–, pensé. Un día, de la nada, el anillo de oro se partió. What? La verdad, no estaba convencida de casarme, así que cuando mi mamá me dijo que esa grieta era una señal, me sentí aliviada. Había algo en mi interior que me indicaba que no era el hombre para mí. Sin embargo, no hacía caso y me engañaba a mí misma culpándome, pensando que era mi tendencia a ser una novia fugitiva la que dañaba la relación. Aveces el corazón nos habla, pero le damos ron con Coca-cola y salchichas para silenciarlo. Afortunadamente, en ese momento mi corazón, ni con el ron y las salchichas, se durmió y pude deshacer un compromiso que no me hacía feliz. Por eso, debes estar atenta. Oprah, la gurú del desarrollo personal, dice que la clave es ir paso a paso. 33


HEAL: SUBE EL VOLUMEN AL SUSURRO DE LA MAÑANA

No esperes tener la respuesta para siete mil preguntas a la vez. Detente, pregunta por algo específico y escucha. Esto es un pasito a la vez, lo mejor es que lo puedes hacer mientras vas cantando: “Pasito a pasito, suave suavecito”, vamos que tú puedes, hasta abajo. Es como me dijo una chica una vez, aplicar el efecto Jlo: haces de todo pero pasito a pasito. Y bueno, Jlo tiene línea de ropa, de joyas, carrera como cantante, actriz, es mamá… Sí, básicamente Jlo la sacó del estadio –y en el quinto piso está más regia que nunca–. Pero, la pregunta clave es: ¿cómo saber si estás escuchando? Tienes los síntomas que indican sordera interior; si no estás en paz contigo misma, si lo que haces te genera estrés e inseguridad. Si este es tu caso, es urgente que cambies de dirección. Hazlo como cuando vas conduciendo, mete el freno, pon tu carro en neutro o, para las más aguerridas con carros mecánicos, métele tercera y gira en sentido contrario, esto es “Rápido y furioso”, chicas, pero con nuestras propias vidas.

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HEAL: SUBE EL VOLUMEN AL SUSURRO DE LA MAÑANA

Cómo dejé el tacón botado 1. La meditación es relajación. Tenemos tantas cosas que hacer que nuestra mente no para. Una herramienta para despejar tanto ruido mental es meditar. Dedica veinte minutos en la mañana y veinte minutos en la tarde para hacerlo.¿Te parece demasiado? Tú tranquila, comienza con cinco. Es normal que al principio sólo escuches ruido, pero al igual que el mar, llegará el momento en que el oleaje dejará de estar picado y llegará la calma. 2. No hay excusa, tienes wifi gratis. No esperes otro año. Una ventaja de conectarse contigo misma es que es gratis. Aprovecha, así como cuando viajas a otra ciudad y encuentras wifi abierto, ¡qué felicidad! No hay excusas, conéctate ya. 3. Pregunta, pregunta… pero en vez de hacer el tipo de preguntas que sólo te sirven para mirarte con fastidio frente al espejo, esas que todas, en algún momento de la vida nos hacemos, tipo por qué estoy tan gorda, haz mejores preguntas. Es simple, si haces mejores preguntas, la vida te dará mejores respuestas. Lo mejor de todo es que tu mente siempre contesta. 4. Cuidado, que no se caiga la señal. Recuerda: todos tenemos la capacidad de escuchar, especialmente de escucharnos a nosotros mismos. Nacimos para conectarnos pero, nos encargarmos de quedarnos sin señal.

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Toma el bus que te lleve a tu destino ¿Cuando llegas al aeropuerto, sabes hacia dónde viajas? estoy casi segura de que tu respuesta es sí, a menos de que alguien te organice un viaje con destino sorpresa, lo “normal” es que antes de viajar, sepas para dónde vas. Cuando tienes claro tu destino final, puedes prepararte para el viaje; puedes saber de antemano si va a hacer calor, frío o si va a nevar. Eliges tranquila qué empacar, si incluir o no, el vestido de baño, el abrigo o el camping bag. Si llevas repelente para los mosquitos o bronceador para dorarte como una sirena en el mar. Con el mismo cuidado con el que planeamos un viaje, deberíamos organizar nuestro camino en la vida, pero la mayoría de las veces no tenemos idea para dónde vamos o, por el contrario, tenemos más destinos que rosas del Profesor Jirafales, lo que produce un gran trancón mental. Quizás hay una parte de nosotras que quisiera delegar la decisión sobre qué camino seguir. Pero, imagina la vida como un partido de fútbol, la pelota está en tu cancha, depende de ti hacia dónde le quieres pegar y con cuánta fuerza. 36


HEAL: TOMA EL BUS QUE TE LLEVE A TU DESTINO

Es tu vida, querida, la pelota llegó a tus pies. Depende de ti, hacer “el escorpión” de René Higuita o quedarte esperando a que alguien más resuelva tu dirección, pero cuidado, por no tomar acción, te dejas meter gol. Digamos que eliges la mejor opción, decides hacer “el escorpión”, aquí va un par de consejos de cómo crear tu visión: Lo primero que debes hacer es tener claro el destino, no lo tomes a la ligera, si bien dicen que todos los caminos conducen al mismo lugar, es mejor escoger la ruta cuando sabes hacia dónde quieres llegar. Fija un norte así sea como el de “Kung Fu Panda 1”. Puede que al principio sea sólo un sueño, como lo fue para Po, una vaga idea de lo que quieres crear, pero poco a poco esa idea se irá refinando, va tomando forma hasta poderla plasmar. Toma lápiz y papel y empieza a anotar. Vuévete creativa, querida, es gratis y sube la autoestima. Pregúntate: ¿Si no hubiera límites, a dónde me gustaría llegar? Ahora saca unas tijeras, busca revistas y comienza a recortar. Arma tu propio rompecabezas con las imágenes que recortes, pégalo en un lugar donde todos los días lo puedas visualizar. Si al final del ejercicio, tienes las manos y el cabello lleno de pegastic, es hora de celebrar. Es increíble escribir la visión, pero lo más importante es tener imágenes y plasmar la emoción. Cada vez que sientas confusión sobre tu vida y entres en modo manguera expansora, ya sabes esas que riegan agua para todo lado, vuelve a tus imágenes, a tu visión, a eso que plasmaste con recortes y que te recuerda lo que quieres crear. Recuerda que la visión te da la puntería de un francotirador pues, te indica el objetivo. De ahora en adelante, cada paso que des será con la intención de acercarte a tu visión lo único que necesitas es preguntarte si la decisión que vas a tomar te acerca o aleja de lo que has definido como tu visión. La respuesta, te guiará al camino indicado para llegar a tu destino. 37


HEAL: TOMA EL BUS QUE TE LLEVE A TU DESTINO

Cómo dejé el tacón botado 1. Elige un destino. No es lo York o Bogotá, todas estas destinos,pero debes elegir maravilloso llegar a todas a imposible, debes escoger.

mismo viajar a París, New ciudades son excelentes sólo una. Yo sé, sería la vez, pero sabes que es

2. Decir no sin lamentarse. Tomar un camino, elegir decir sí a una opción, implica decir no a otras. Esto es un hecho con el que debemos hacer las paces. Suena fácil, pero a muchas de nosotras nos enseñaron a decir no con cierto remordimiento. Si logramos soltar la culpa que nos produce no poder complacer a todos con nuestras decisiones, decir NO, se convertirá en una opción maravillosa.

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Fase DOS:

Get inspired Aplica la filosofía Dirty Dancing Todas andamos por la vida con rollos mentales, la que no está enamorada, está entusada, la que no está endeudada, encoñada, mientras hay unas a las que les falta claridad, otras sufren de exceso, algunas están al borde del abismo, otras ya saliendo del precipicio, existen las que sufren por los kilos de más, otras que no soportan los kilos de menos, hay quienes buscan marido y quienes administran al ex marido. Además de estos sancochos emocionales y familiares, TODAS tenemos historias que nos avergüenzan. Pero son precisamente estas historias las que debemos enfrentar con la frente en alto y la tanga brasilera bien puesta. Esta es la mía, una de cuando tomé tanto que al día siguiente me quería arrancar el corazón y dárselo a Maléfica de una vez, en vez de tener que aguantar semejante humillación. Si te soy honesta, –objetivo importante de este libro–, hay una parte de mí a la que le encantaría ser alcohólica. 39


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Es más fácil ahogarse en el licor que tener que confrontar el dolor, además me parece hasta sabroso. Lo único que me impide alcoholizarme es el guayabo, –malestar físico y moral, donde uno termina como Cristo, pero peor, crucificándose uno mismo–, del día siguiente. Te voy a contar la razón de mi guayabo moral, pero ahora sí, prométeme que no se lo vas a decir a nadie. A menos que este libro se vuelva un best seller, el secreto estará a salvo contigo. Empezaré anotando que no me puedo justificar diciendo que era adolescente, pues cuando pasó lo que te voy a contar, ya estaba bien grandecita y sabía lo que estaba haciendo. Todo empezó cuando tenía quince años. Había un chico que me encantaba, era el mejor amigo del novio de mi hermana, se llamaba Rorifico -el nombre está en código-, mentiras, se llamaba Roberto, en realidad no se llamaba, se llama –eso creo–, pero aquí lo maté porque, la verdad, es que sí me dieron ganas de estrangularlo. Roberto me dejó el ego en el piso sin saber bien debajo de qué mesa buscarlo. Continuemos, Roberto tenía dieciocho años, era tenista profesional. En ese momento, sentía como si él fuera el gran tenista y yo simplemente una adolescente. ¿Qué te puedo decir? cuando uno está tragado, los ve

bonitos y hasta exitosos. ¿Sí o no? Un día, en una salida escolar, fui a visitar las canchas de tenis donde él jugaba. ¡Fue un día mágico! Roberto me dio un pico que me hizo ver estrellas y lucecitas en el universo. Desde ese momento me empeliculé, estaba convencida de que iba a terminar junto a él. –Es que los rollos mentales que nos armamos en la vida son cosa seria–. Nos veíamos esporádicamente, hablábamos poco. Tendrían que pasar diez años para volvernos a encontrar. Fue en Bogotá, Colombia, que retomamos nuestro romance como un par de adolescentes. * Spoiler alert: No te emociones, Roberto resultó ser un pendejo, aquí va la otra parte de la historia. Después de diez años sin hablar, era como conocernos de nuevo. Él me invitó a salir, fuimos con un amigo suyo, tomamos lo que parecía todo el licor del planeta. Al final de la noche, salimos del bar rumbo a su apartamento. Pasó lo que tenía que pasar, estuve con Roberto, lo que recuerdo como un horror, pues había tomado tanto que no podía disfrutar. Al día siguiente, amanecí con la sensación ¿¿¿por quéeeeeeeeee??? ¡¡¡Nooooooooo!!! ¿Qué me pasóooooooooooo? 40


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¡Yo no soy asíiiiii! Pero, espera, eso no es lo peor del cuento. Al otro día, Roberto no me llamó, pero sí lo hizo su amigo, con quien habíamos estado en el bar, quería invitarme a salir. What? Sip, quédate quieta y pasa saliva. Este es uno de los episodios más bochornosos de mi vida. Inmediatamente mi mente comenzó a maquinar; yo era Robocop haciendo corto circuito –¿te acuerdas la escena donde se tostó?–, bueno así tal cuál. En ese momento pensé: este pendejo por qué me llama. Por supuesto no salí con él, sólo quería estrangularlos; tanto a él como a Roberto. Pero no pude ni hacer el reclamo porque el susodicho no sólo no llamó ese día, sino que se perdió. ¿ A quién no se le ha desaparecido un “amor”? que alce la mano. ¡Ayyyyyy qué desgracia! Tres meses después, apareció el perdido, supuestamente a disculparse. Me invitó a tomar un cafecito, –Señal de que te quieren volver a comer–. Yo actué casual, tal como se supone que debemos actuar cuando un amor nos humilla. Pero esta vez, con la cabeza en alto, le dije no. Sé lo mal que se siente cuando la vida va de pa’ abajo, cuando cometemos un error que va en contra de nuestra autoestima y hasta de nuestros propios principios, como el pendejo de Roberto. Pero, el mensaje que te quiero trasmitir es: el hecho de que te hayan humillado y te sientas en gran parte responsable porque la embarraste, no significa que no te puedas levantar con tu súper tanga brasilera puesta, lista a defender tu dignidad, nadie tiene por qué aplastarte. Todas cometemos errores, pero una cosa es cometerlos y otra es quedarnos en una esquina lamentándonos por ellos. Todas tenemos traumas y heridas, pero no permitamos que nos pongan en un rincón ni nos sientamos derrotadas pensando que la vida se acabó. Como saben chicas, hay que besar un par de sapos para encontrar al príncipe azul. El mío no es azul, es moreno, pero está bien bueno. Aquí te conté una de las cosas más bochornosas que he vivido, por pasarme de copas, y, lo peor, mis papás deben estar leyendo este libro, pero querida mía, la vida sigue, es cuestión de levantarse otra 41


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vez, cada vez con más fuerza. ¡Ahhh! no olvides deshacerte del sapo mientras vas cantando Azúcarrrrr. Hay una película que me encanta: “Dirty Dancing”, la traducción del título, me hace recordar de lo que hice con Roberto, “un baile caliente”, pero, además hay una parte que me encanta, es cuando el chico le dice a los papás de Baby, la protagonista, “Nobody puts Baby on a corner.” Eso es, precisamente, lo que te quiero decir a ti. Nobody puts (apunta aquí tu nombre completo, por favor) _______________ on a corner. Nadie pone a ___________________________ (nombre completo nuevamente, por favor) en una esquina. No importa quién te esté acorralando, sal de ahí, pero yaaaa, simplemente no le vuelvas a contestar, –sorry “honey” es que me quedé sin señal–. Cuando pasas por un momento difícil, piensas que eres un alien o, en el mejor de los casos, un sapo mojado que acaba de salir del charco. Pues no, ni lo uno, ni lo otro. La mayoría nos hemos sentido fracasadas en algún aspecto de nuestra vida o en todos al mismo tiempo. Lo que pasa es que no solemos publicarlo en Instagram. Además, dos copas de vino y una de Martini, alteran la realidad, fijo eso fue lo que le pasó a la princesa, la que, según ella, convirtió al príncipe en sapo. Chicas, queda prohibido tomar, bueno, quizás no tan radical, pero lo que sí queda prohibido es dejarte arrinconar. Recuerda la filosofía Dirty Dancing: NOBODY PUTS ME ON THE CORNER. Haz el parado de Beyonce, ¡listo! ya tienes toda la actitud.

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Cómo dejé el tacón botado 1. Todas estamos en el mismo barco. Entre tú y las chicas allá afuera no hay diferencia. Todas hemos estado mal en algún punto de la vida, todas con suerte, vamos a envejecer, todas hemos llorado por un desamor, todas hemos sentido el impulso de ir a rayarle el carro al desgraciado, incluso la chica regia de Instagram. 2. Evita el licor. El licor suele complicarlo todo. Para evitar problemas, mejor toma sólo un par de copas, la borrachera, si te dan ganas, mejor la dejas pa’ la casa. 3. Recupera la dignidad. No hace falta que vayas por la vida diciendo lo digna que eres, pero se siente delicioso, cuando puedes pararte y decir a quien te ha humillado: –te lo agradezco, pero no, te lo agradezco SAPO pero no– (canción de Alejandro Sanz, con un leve cambio). Enfrentar con dignidad a quien te haya puesto abajo, te ayudará a recuperar tu confianza y autoestima. Recuerda que lo bueno de Terminator electrocutado es que puedes decirle: –Hasta la vista baby!–. 4. Tú decides dónde ubicarte. Recuerda estaslíneas: Nadie pone a: ________________________ (nombre completo) en una esquina. (¿Ya te diste cuenta que este libro es para rayar?).

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Cree lo que quieras, mientras te haga bien (Lo que aprendí de Papá Pitufo) Llegó la parte del libro donde me pongo completamente sentimental. Te voy a hablar de mi enfermedad, esa silenciosa que por años me agobió, que me hizo caer al piso derrotada y sin esperanza, la que muchas veces me invitó a tirarme del balcón, y me aseguró que la vida no tenía sentido. Aquí te quiero confesar algo, lo hago a pesar de que tal vez no estés de acuerdo conmigo –y está bien–, admiro profundamente a las personas que se suicidan. Yo nunca tuve la valentía. Los admiro porque, aunque conozco cómo se siente estar tan enfermo, hay un gran valor en tomar esa decisión. Esto me lleva inevitablemente a hablar sobre mi hermana, algo que duele –no por ella, ni por mí, sino por mi familia, especialmente mi mamá– pero siento que es necesario decirlo, así que aquí va: Siempre pensé que mi hermana había caído accidentalmente por esa ventana, desde los dieciséis así lo creí. Tal vez porque mi mamá lo repetía constantemente y apoyaba su teoría en varios hechos; ella vio la cortina rasgada como si mi hermana hubiera 44


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intentado sostenerse de ahí justo antes de caer. También estaba la versión de la vecina del frente que bañaba a su bebé en el momento en que pasó todo. Ella nos contó que mi hermana gritó: mamáaaa al caer, dato que nos partió el corazón. Incluso, mi abuela dice que mi hermana estaba comiendo piña, que la fruta estaba regada en el piso del cuarto. Yo no me acuerdo de la piña ni de la cortina rasgada. Tengo algunas imágenes aleatorias de ese día; mi pijama verde de cuadros, yo asomada por la ventana después de escuchar el tiestazo, la burla de una chica del colegio, que me decía que mi hermana se había creído pajarito –no sé qué clase de chiste era ese–, no recuerdo nada más. Después de varios años, volví a conectarme con lo que había pasado. Lo había tenido en el fondo de mi mente, oculto como una película de horror, pero un día comencé a preguntarme: ¿Quién se cae por una ventana? ¿Cómo sucede esto? ¿ A quién le pasa? y llegué a concluir que la gente no se cae, más bien se tira. Pero, tantos años después, si mi hermana se tiró o no, ¿qué diferencia hace? Cada miembro de mi familia tomó la explicación de su muerte que mejor pudo asimilar. En cuanto a mí, sigo sin saber qué pasó y, para ser sincera, tampoco me importa. Ya le he dado demasiadas vueltas en mi cabeza, la manera en que haya sido, no cambia ni cambiará mi cariño hacia ella. Ahora que sané amo a mi hermana más que nunca, la siento cerca, en momentos como este, mientras escribo. Pero, no siempre fue así. Durante años sentí rabia, física piedra. La culpé por haberse muerto y habernos dejado un crater que nos hundió como familia, la creía responsable de ese hoyo del que tuvimos que salir con garras. Por ejemplo, lo que me correspondió a mí, encontrarla ensangrentada y muerta, me hizo dejar bajo llave el dolor y arrastrarlo conmigo a donde fuera, incluso bien lejos, fuera de Colombia, a Alemania donde viajé después –un viaje que estaba planeado antes de que mi hermana muriera–. Por su parte, mi mamá se volvió un ente, viajó a Miami dos meses intentando alejarse de la realidad, pero sólo tenía energía para llorar y despertar todos los días sin esperanza. Mi papá sufrió de paranoia. Todos, a nuestra manera, cargamos por 45


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años un dolor que casi nos mata. Pero, además, tenía otra razón para odiarla: el hecho de que me dejó sola. Mientras ella estuvo viva, nadie se atrevió a meterse conmigo, porque yo era la hermana menor de Pía, pero al morir, esto cambió, ahora, era simplemente Francisca, la hermana de nadie. Me dolía que me hubiera abandonado. Hay una cosa más: al morir, mi hermana me heredó su enfermedad, esa que me contó mi mamá: –Hija, Pilar fue diagnosticada bipolar antes de morir–. Fue a partir de esas palabras que inicié una carrera por mi vida, por mi supervivencia, porque mi mayor temor era morir como ella, lo que me condujo a un miedo aún más denso: vivir la vida a medias. Así que me aferré a la vida, incié, por voluntad propia, una lucha contra el reloj, me obligué a salir de mi zona de confort. Aprendí que toda cruz trae una bendición. La mía fue pensar que como tenía poco tiempo, debía ser efectiva. Aún recuerdo cuando cumplí treinta años, casi no lo podía creer, nunca pensé que viviría hasta esa edad, ni hablar de los treinta y uno. No me alcanzan los dedos de la mano para contar las veces que imaginé mi funeral, eso sí con mucho estilo, ni en la tumba se puede perder. Entonces, ¿qué hacer cuando vives más allá de lo planeado? Mi enfermedad me motivó a luchar por mis sueños, si al fin y al cabo voy a morir, ¿qué tengo para perder? ¿Qué es lo peor que puede pasar? Pero, esa misma determinación me llevó al límite, me exigía demasiado, hasta el punto de ir en contra de mi salud. Lo que me hacía enfermar más de lo que ya estaba. Aquí viene el diagnóstico: -Señora, usted es bipolar. - Disculpe, what??? Estaba enferma, era bipolar. Me aquejaba la misma enfermedad que sufrío mi hermana. Ahora todo cobraba sentido, mis ataques de pánico, mis delirios, mis miedos incontrolables, planear mi funeral. Había desarrollado una enfermedad mental que inició tímidamente para ir evolucionando con el paso del tiempo hasta el punto de 46


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llevarme a un sin salida. Nuevamente me preparé para correr contra el reloj, pero esta vez para sanarme. No estaba sola, conté con el hombre que mejor me conoce, que me ha visto en las buenas y en las peores y, cuando digo peores, es realmente mal. Viví los momentos más duros, pero también los mejores, porque fui yo, nunca intenté ser quien no soy, ni siquiera frente a él. Hoy podemos reírnos, aunque cuando pasó no fue chistoso, de los personajes que encontramos en el camino a mi recuperación, sin duda, los más célebres de nuestra historia. Mi esposo desarrolló varios trucos para ayudarme, el primero: darme treinta y dos besos, él decía que treinta y dos era la fórmula mágica para calmarme cuando estaba llorando. También, me acompañaba al psiquiatra pero, no sólo me llevaba, entraba conmigo y sacaba lápiz y papel para apuntar las instrucciones del doctor. – Chocolate, decía la psiquiatra, necesitamos subirle la energía a esta niña–. Entonces, mi esposo compraba chocolates, yo me comía un cuadrito, pues nunca he sido amante del chocolate, y él se comía el resto. También se encargaba de comprar las pastillas para la depresión y se aseguraba de que me las tomara. Cuando le armaba shows, diciéndole que nunca me iba a sanar, que no había esperanza para mí, él me abrazaba y me decía que íbamos a salir de la enfermedad juntos. Después de probar varios tratamientos, se volvió vegano como yo, convencido de que esto me iba ayudar a sanar. -Sí, usted es bipolar. Veinte minutos después de que hubiera empezado la consulta, el doctor me lo dijo. Yo, por supuesto, me eché a llorar desconsolada. Ahora resultaba que no sólo pensaba que estaba loca, cosa que solemos creer las mujeres en algún punto de la vida o por lo menos cuando nos llega la regla, sino que realmente lo estaba. Y, seguro, pronto desempleada porque quién quiere lidiar con una bipolar, mi esposo me dejaría por lunática, adiós sueños y anhelos. Mi mundo colapsó, como cuando un temblor deja la casa entera en el piso, en cuatro segundos. 47


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Minutos después del drama, mi esposo me sacó de ahí, ese día me dijo una frase que nunca olvidaré y que salvó mi vida: –Francisca, todos somos bipolares, a mayor o menor escala, o sea qué más da, te quiero como eres, vámonos pa’ la casa. ¡AMÉN! Dios te bendiga, amor de mi vida. Eso sí es dejar el tacón bien botado. Dicen que una persona te puede terminar de hundir o te puede ayudar a salir, pues este hombre cogió la excavadora y me sacó del hueco donde me había metido cinco minutos después del diagnóstico. Él lo llama la gruita. Nos fuimos a arrunchar a la casa, nunca más volvimos a hablar del tema. Simplemente, nos olvidamos de aquel diagnóstico. Mi esposo nunca me hizo sentir diferente, esto me ayudó a llevar una vida “normal.” Pero, por desgracia, mis síntomas seguían. Convencidos de que encontraría la ayuda adecuada, visitamos, sin mentir, unos setenta doctores de todos los estilos: con muchos títulos, sin ninguno, con esencias florales, con remedios tradicionales, calvos, flacos, gordos, sin barba, con barba, no me faltó ninguno. Sin saberlo, me convertí en una mujer con una misión: encontrar cura a lo que tenía. Dentro de esta variedad de doctores encontré a Papá Pitufo, uno de los personajes más pintorescos que conocí durante la travesía de sanación a mi enfermedad. Él le confirmó a mi esposo que estaba loquita, fue una tarde después de sufrir un ataque de pánico, estaba trabajando en mi casa tranquila, cuando me entró una sensación de angustia que me hizo esconder debajo del escritorio convencida de que me iban a matar. Inmediatamente llamé a mi esposo, él me llevó donde mi psicóloga de siempre, esa es otra historia, pero ella me vio tan mal que me remitió a Papá Pitufo, quien aseguró que estaba pésimo. Mi esposo, una vez más, me sacó de ahí, nos fuimos a tomar vino y a comer queso en el primer piso del edificio donde quedaba el consultorio. Tal vez te hayan dicho que vas a sufrir de depresión porque tu familia la ha padecido –y eso viene en los genes–, tal vez te hayan dicho que no tienes chance de lograrlo porque nadie de tu familia se ha graduado de la universidad, tal vez nunca serás lo suficientemente 48


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flaca, alta, inteligente, rubia, pelinegra, pelicastaña, pelirroja, tal vez te creíste todas las mentiras, tal vez como yo, dijiste: qué más da, soy bipolar para qué esforzarme. Mi misión consiste en decirte –como me dijo mi esposo a mí– que no tienes por qué aceptar con resignación lo que te tocó. La opinión de un papá pitufo o de todo el gremio de los pitufos, no va a cambiar quién eres en realidad: una mujer valiente llena de sueños que sabe que vino al mundo a hacer algo extraordinario. Así que sal del estigma, pa’ fuera el diagnóstico pesado, toma tu grúa y levántate de ahí. No te quedes viviendo una mentira, no creas lo que te dijeron si no actúa a tu favor. Cuando repites una historia en tu cabeza, tu mente empieza a creerla. Así que cambia el cuento, tal como lo hice yo. De ahora en adelante, la historia que vas a repetir es que puedes y vas a salir adelante. Y entonces, ¿qué pasó con mi enfermedad? Que acepté que siempre seré una persona sensible, por no decir tendencia bipolar – jajaja– pero eso no me define, no acepto nada que me haga daño. Tú tampoco deberías hacerlo. Muchas veces, permitimos que otros nos pongan títulos que aceptamos sin dudar, dejamos que nos involucren en su propio rollo, cuando, en realidad, no tienen nada que ver con nosotros. Tal vez Papá Pitufo era el bipolar, después de todo estar en un consultorio sin ventanas, resetando a todo el mundo, debe pasar factura. Nuestro trabajo consiste en descubrir qué es verdadero para cada una, con qué resonamos. Porque tenemos dos opciones: o seguimos viviendo la vida de alguien más, creyéndonos el cuento que nos echaron o comenzamos, de una buena vez, a quitarnos los papás pitufos de encima. Con esto no quiero decir que hagas caso omiso a un diagnóstico importante, lo que pretendo es que te convenzas de que sea cual sea tu condición puedes levantarte y hacer de ella lo que quieras. Yo, decidí voltear la tortilla, ver el lado bueno a la tendencia bipolar: la euforia de cuando estoy arriba y la hipersensibilidad cuando me da por llorar full HD en una tienda. 49


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Cómo dejé el tacón botado 1. Tener quién te recuerde lo que vales. Mi esposo siempre creyó que saldríamos de esto juntos y lo logramos, salimos adelante de la mano de mi psicóloga Maritza, a quien le pienso comprar una cartera Chanel por aguantarme siete años llorando en un sofá. ¿Quién es esta persona en tu vida? tal vez un amigo o un familiar. No importa, sea quien sea, siempre es bueno que alguien más te recuerde quién eres. Y lo que puedes lograr. Muchas veces se nos olvida, amiga mía. 2. Reírte de tus propios traumas. Ponerle un nombre chistoso a aquellos que me diagnosticaron, me ayudó a restarle seriedad al asunto. Ríete de tus propios traumas, enfermedades o inseguridades, es lo mejor que puedes hacer. Si ya de entrada es grave, el nombre que le pongas puede alivianar o aumentar el drama. La parte insegura de mí se llama Piggy. Es renegativa, no le gusta nada ni nadie. Piggy se queja de todo. 3. Recuerda quién eres. Más allá de lo que te hayan dicho, hay una mujer con una capacidad enorme de levantarse y luchar por lo que quiere. No estarías leyendo este libro de no ser así. A pesar de las circunstancias sigues de pie dando la batalla. ¿Crees que es normal? Pues no. 4. Cultiva la fe y la esperanza. Aférrate a lo positivo, descubre esa luz dentro de ti y hazla crecer. Una de las canciones que más me gusta, tanto que la cantaba a grito herido, cuando vivía en Estados Unidos e iba a la iglesia, era “el Grano de mostaza”, escúchala, –no le pongas connotación religiosa si no quieres– oye su mensaje, todas somos ese grano de mostaza. A mí me llega al alma.

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Se vale llorar en Full HD Bradley Cooper se suicida y a mí se me caen las crispetas. Era la película “Nace una estrella” y a mí me estaba naciendo un problema. Sorry ser de esas amigas, siempre hay una, que les daña el final de la película pero, tengo una buena razón para hacerlo. Repito, por si alguna no leyó bien, o está pensando: ¿por qué cojones me está contando esto? tengo un motivo para hacerlo. Spoiler superado, les cuento que Bradley Cooper se suicida y deja a Lady Gaga sola, yo –en la vida real– también me quedé sola. Imposible para mí no llorar con la escena, es más, imposible parar de hacerlo, y de qué manera, no tipo me está saliendo un moco que puedo limpiar con el saco, sino tipo me va a dar un ataque de pánico. Mi respiración se cortó como si mis pulmones se hubieran reducido, el aire simplemente no entraba. Los ojos se pusieron como los de un mapache, ya no podía ni hablar. Mi esposo me estaba dando primeros auxilios psicológicos. ¿Se acuerdan de la gruita que les conté, la que saca cuando estoy mal? Pues ese día tenía la excavadora. Me fui full HD con mi llanto. Porque amigas, o dejas salir las 51


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lágrimas o ellas, tarde o temprano, encuentran la salida y no de la manera más agradable. Nos han dicho que no podemos llorar o por lo menos no en público, un código que de manera inconsciente aceptamos. Si pudiera fundar un club, sería uno donde tuvieras permiso de llorar a rienda suelta. No necesariamente tienes que hacerlo porque Bradley Cooper se suicidó, y está más bueno que un turrón, puede ser que se te escapen las lágrimas porque no te aumentaron el sueldo, porque tu mejor amiga te engañó, porque el bastardo no te llamó, porque tienes la regla o porque se te cayó la menta, por la razón que sea, hay que expulsarlas del sistema. Cuando las chicas van a una de mis coferencias, se sienten mal cuando lloran por primera vez, como si alguien las fuera a criticar, lo que no saben es que todas lloramos en algún punto, lo importante es tener un Kleenex a la mano para sonarnos. Una vez nos liberamos podemos seguir adelante, por eso es tan necesario darnos el permiso de ser vulnerables, de mostrar los sentimientos que nos hemos encargado por años de ocultar. Durante años, quise tener mi propio negocio, imaginaba algo grande pero, no sabía cómo explicarlo. Cuando dejé de trabajar en televisión, la peor pregunta que me podían hacer era: ¿Tú qué haces? En ese momento quedaba completamente fuera de base, yo pensaba, a la gente qué le importa lo que hago, por qué tengo que hablar de eso. ¿Acaso eso me hace mejor o peor persona? Era, literalmente, una tortura. Hasta que un día dije: fuck it , traducción: pa’ la mierda, mejor, pa’ la mierda pastorcitos se acabó la Navidad, –mamá no me vayas a matar– voy hacer algo porque sino lo logro siento que me voy a vomitar. Así que puse un post en Instagram donde contaba algo de mi historia personal, después de todo, eso era lo que tenía, mi voz y mi historia. En ese entonces, pasaba horas y horas en Instagram viendo lo que parecía la vida “perfecta de los demás”. Por alguna razón todas las mujeres que seguía estaban regias, sin una gota de celulitis, montadas en un yate tomando champaña un martes a las doce del 52


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doce del día, mientras yo me retorcía por dentro. Al principio, les juro que pensaba que todo lo que veía era verdad, la envidia me carcomía, la úlcera se apoderaba de mí. No podía creer que alguien más estuviera viviendo la vida que parecía ser mía, sentía como si me la estuvieran robando. La verdad, ni siquiera tenía claro si eso era lo que quería porque no tenía nada planeado, pero sentía física rabia de saber que las chicas de Instagram tuvieran el lujo y el privilegio de vivir así. Además, no entendía cómo no tenían celulitis, yo me mataba en el gimnasio y ni así había manera de que pelara la nalga en Instagram. Hasta que un día me aburrí de darme palo por lo que no tenía, decidí cambiar, echar mano de lo que sí tenía. Recuerdo que eran las 9 a.m.,acababa de salir del gimnasio, algo me retumbaba en la cabeza, me detuve a escuchar. Acto seguido, decidí dejarme guiar por mi instinto, escribí un post que donde decía que es mejor ser drogadicto que responsable, pues el drogadicto encuentra una salida fácil, en cambio, el responsable se hace cargo de su vida. Hablé un poco del problema de droga que tuvo mi familia, de lo mucho que le gustaba a mi hermana, del compromiso que hice conmigo misma para nunca más volver a drogarme. Escribí ese post, me tomé una foto, la subí a Instagram llorando, casi a moco tendido, pero convencida de que era algo que tenía que hacer. A pesar de la sensación de libertad que me produjo escribir el post, seguía viendo las cuentas de mujeres “perfectas”, pero ya no sentía envidia sino rabia, a algunas de ellas las conocía y sabía que no vivían así. Opté, entonces, por hacer algo diferente: criticar todos los post de fotos perfectas, a Dios gracias no me volví la hater envidiosa que hace comentarios, pero sí me dediqué a escribir posts súper ácidos donde básicamente expresaba: “TU VIDA PERFECTA NO LE SIRVE A NADIE, PERO TU VIDA REAL PUEDE CAMBIAR VIDAS”. 53


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Mi intención era conseguir que las mujeres perfectas se atrevieran a contar la verdad; a hablar de cuando las dejó un amor y no pudieron controlar los mocos, de cuando tuvieron los ojos tan hinchados que debieron usar gafas de sol a las seis de la tarde, de cuando la mejor amiga les dijo que eran egoístas, de los mil problemas que tuvieron con la familia, de cuando tuvieron que aparentar ser perfectas, aunque se estuvieran muriendo por dentro. Quería que ellas admitieran la realidad. Tenía armada mi guerra pasiva, hasta que un día leí algo –no me preguntes dónde– que me cambió: “Si quieres lograr algo diferente, hazlo diferente, no critiques al que no lo está haciendo como tú quieres”. En ese momento, se me apareció Aladino con la lámpara mágica. Comprendí que nadie iba a inspirar a otros por mí, pero yo podía hacerlo, quería liderar una nueva clase de contenido en las redes sociales. Uno donde por primera vez nos diéramos permiso de ser vulnerables. Así que dejé de criticar a las chicas con su cola regia y sus piñas coladas y me puse manos a la obra. Empecé a contar mi historia, la verdadera, hablé de mi enfermedad, mi depresión, mis miedos, mi sancocho mental. Poco a poco encontré mi voz, darme permiso para ser vulnerable, me permitió expresarme, cuando ni siquiera creía que sería capaz de escribir medio párrafo. Hoy te quiero invitar a que seas vulnerable, lo que sea que eso signifique para ti. Si algo te molesta, no lo critiques, aunque es fácil hacerlo, mejor aporta tu granito de arena, requiere más esfuerzo pero, hazlo, vas a ver cómo te sientes. Te invito a hablar abiertamente de los temas que te interesen, de tus sueños, reconoce la verdad de tus sentimientos, honra tu historia, habla desde el corazón. Date el permiso de llorar, de sentirte feliz o amargada, de sentir rabia o envidia. Por alguna razón nos han metido en la cabeza que lo ideal es ser perfectas, pero es justo ese afán por lograrlo, lo que no nos deja avanzar. 54


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Siéntete orgullosa de tu imperfección, del proceso que te ha llevado a crecer, es tu camino. Abrir tu corazón te acercará a otras personas, podrás inspirar incluso a las que están en las islas griegas tomando un cocktail exótico, yo prefiero un milo frapé pero, ya me entiendes. La vulnerabilidad es un arma muy poderosa. Úsala a tu favor. Si tienes un impulso, déjate llevar. Si tienes algo que quieras compartir, hazlo, olvídate de los likes, no necesitas la aprobación de nadie. Recuerdo que, cuando comencé a publicar mi contenido, a la única persona que llamé para advertirle que no me había enloquecido, sino que estaba liderando un proyecto donde necesitaba hablar, fue a mi mamá. Lo que pensaran los demás no importaba, estaba dispuesta a pasar la vergüenza de lo que nos pasó, a soportar todo tipo de opiniones, a que me tildaran de loca, a que no me entendieran –creo que aún hay personas que no lo hacen–, estaba dispuesta a todo a cambio de construir a partir de la honestidad. Te invito a que cuentes tu historia, a que alces la voz, a que digas lo que te duele, lo que quieres cambiar. Te invito a dejar de esconderte. Muéstrale al mundo quién eres. Hay una belleza infinita en lo que tienes por contar, si no hay nada que quieras decir, te aconsejo –por terapia– que le pegues a la almohada.

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Cómo dejé el tacón botado 1. Puedes ser vulnerable. Cuando te das permiso de ser vulnerable, te das permiso de ser real. Un secreto: no hay nada que genere más conexión que una persona auténtica. Cuando aceptas esa parte de ti que te hace vulnerable, conectas con otras personas que tal vez se sienten identificadas contigo. 2. La vida perfecta no existe. Un día estamos llorando encima de un trapo de la cocina y al otro estamos alborotadas cantando Luis Miguel mientras se nos riega la pestañina. Nadie tiene la vida perfecta. 3. Llorar cuando toque y como toque. No reprimas tus lágrimas, déjalas salir. Se vale hacer advertencias, cópiate de lo que le dije a mi esposo: “A continuación, voy a llorar. P.D.: En cualquier lugar.”

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Comienza a echarte flores Tengo un cuerpo esbelto, aunque me inunda la celulitis, siempre tengo las uñas pintadas, soy una mujer verraca, capaz de superar traumas y dificultades, además me gusta ayudar a los demás. Estoy escribiendo mi primer libro, el que estás leyendo ahora, con el que anhelo de todo corazón que te inspires a comenzar tus proyectos, o, por lo menos, a quitarte tanta pendejada de encima. Soy conferencista, he construido un matrimonio feliz, me alimento de manera muy sana, aunque ayer comí pizza, y estuve a punto de atracar la del vecino. ¿Qué más, qué más? ¡Ah!, soy bastante fabulosa. Toma eso P Daddy –Si no lo sigues en instagram, por favor hazlo–. Mi amiga Karim dice que soy modesta pero, no lo soy, lo que pasa es que se me olvida de qué estoy hecha y de lo que soy capaz. A todas nos pasa, se nos olvida lo fabulosas que somos, lo que hemos logrado a punta de perrenque, pues nadie nos ha regalado nada. Pero en vez de recordar nuestro valor, lo que hacemos es darnos palo. Como si lo único que tuviéramos a la mano es la escoba de la cocina.

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Si todas viviéramos dentro de una película sería en “Cincuenta sombras de Gray” pero, no te emociones, en esta versión, no es Christian Gray quien nos mete al cuarto rojo, sino que somos nosotras las que nos encerramos ahí. Usamos las esposas, palos y almohadas para asifxiarnos, porque nos damos rejo por todos nuestros crímenes, aunque muchos no los hayamos cometido. Nos herimos, nos enterramos espinas, nos torturamos como si hubiéramos cometido algo verdaderamente grave, cuando el peor crimen ha sido matar una cucaracha muertas del asco y del miedo de que resucite, ojo que me ha pasado. Cuando mi hermana murió, la culpa se apoderó de mí, estaba presente en todos los aspectos de mi vida. Aunque no fui responsable de lo que le pasó, siempre sentí que hubiera podido hacer algo más por ella. Hoy lo cuento y parece fácil entenderlo, pero dieciocho años con el mismo tacón en el hueco, es sin lugar a dudas extenuante. Me criticaba a cada paso, nada me parecía bien, ningún esfuerzo era suficiente. A raíz de esto, vivía cansada todo el tiempo. Me criticaba el hecho de que, literalmente, no era capaz de sentarme a trabajar, menos de construir una marca. En ese momento no había sacado los esqueletos de mi clóset ni limpiado la salida. Aunque suene extraño me sentía culpable de darle vida a mis proyectos mientras que mi hermana estaba sin vida. Necesitaba foco y atención antes de empezar, sanar, recuperar mi salud mental y emocional, necesitaba tomar lápiz y papel para solucionar mi sancocho mental. Pero yo, seguía poniéndome banderillas en la espalda, quieta hasta desangrar, extrañamente, disfrutaba mi propia corrida. Porque aunque la culpa no es buena, por lo menos era un sentimiento conocido. Es esa sensación lo que nos impide salir del cuarto rojo de Christian Gray, nos ponemos las esposas pero, no lo disfrutamos. Si hubiera sido un poco más cariñosa conmigo misma, habría abrazado mi corazón, en vez de estriparlo sin piedad. También me hubiera dicho: –Oye guapa, mira lo que estás haciendo, mira cómo vas, mira lo que has logrado en solo unos meses, ¿No te parece fantástico que hayas sanado y ahora estés ayudando a tantas mujeres? 58


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¿Qué tal las conferencias que estás haciendo? ¿Ya viste el tumbao’ y el flow que tienes? Miau. Me hubiera dado yo la palmada en la nalga y no me hubiera quedado esperando a que Christian Gray me la diera. Escribe: Francisca, Susana, Marta, María, Guadalupe, Nora (completa aquí tu nombre)___________________estás imparable. Así vayas como la tortuga. Rúñeme mamá, la gozadera. Esta canción la puedes escuchar en spotify. Se llama “La Ruñidera”. ¿Qué has hecho tan grave en la vida o qué te ha pasado que no te puedas perdonar? ¿Por qué sigues decidiendo seguir con la cruz en la espalda caminando hasta tu juicio final? ¿Qué hay detrás de todas esas piedras que te echaste encima? ¿Por qué no te sueltas de una vez? Conéctate con la mujer grandiosa y fabulosa que eres. Comienza a echarte flores. Haz una lista de todas las cosas que has logrado, enumera lo valiente que has sido para llegar a donde estás. Reconoce que has logrado cosas que ni imaginabas, tú te encargaste de hacerlas realidad. Tienes más ritmo del que piensas, ya bailaste rúñeme mamá al son de la trompeta y el tambor. Lo único que te falta es la capa porque siempre has sido una súper heroína. Recuerda que si llegaste hasta este punto en la vida es por tu constancia, amor, disciplina. Seguramente, mucha gente, aunque no lo sepas, ha sido influenciada, de manera positiva, por ti. Para muchos, has sido como un rayo de sol. Tu vida importa y mucho. Échale dos rosas a alguien más, pero el florero entero, con agua y todo, déjalo para ti. Escoge una canción porque es hora de encender con furor ese motor. Opciones de canciones: Time of my life (banda sonora de Dirty Dancing) We are the champions (Queen) Livin’ on a prayer (Jon Bon Jovi) 59


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Salsa Merengue Champeta o Regaetton Agarra la escoba, pero esta vez, vas a bailar con ella. Yo (nombre completo, por favor) _________________ soy un hit, tengo más perrenque que las gatas de Daddy Yankee bailando la gasolina y escucho regaetton en la cocina. Escribe a continuación todo lo que has hecho, para que recuerdes que nadie te ha regalado nada. Puedes empezar así: Yo ________________________ soy ardiente y caliente, estas caderas, esta sonrisa, estos ojitos que todo lo expresan son únicos. Hoy y todos los días, decido recordar lo que soy, enciendo mi chispa para contagiar a todo el que pase por mi lado. Este es nuestro manifiesto, promete leerlo todos los días. Por muchos años, mi sueño fue ser presentadora de televisión, para lograrlo presenté unos 156664 castings. Estaba “acostumbrada” al rechazo. Lo suavizaba diciéndole a mi mente: todavía no es el momento, aún no estoy lista, me veo tímida frente a la cámara, nadie me conoce, BLA BLA BLA BLA. Hasta ahí nada raro, no me lo tomaba personal hasta cuando me llamó la directora de un programa del que hice casting, para decirme: –Si quieres sobresalir como presentadora te tienes que operar el hueco de la cumbamba. 60


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Quedé en shock. Con voz tímida pero, según recuerdo, firme contesté: –No va a pasar, al contrario, ese hueco será mi sello. Estaba segura de que no tenía que dejar de ser quien era para conseguir mi sueño. Ese día lloré, pero también entendí que es imposible gustarle a todo el mundo. Si hubiera hecho caso a esa señora, claramente estaría operada. Tristemente, no existiría lo que mi esposo llama “golfito”, porque le cabe un litro de agua, jajajaj, bueno tampoco. La verdad es que golfito es una de las cosas más lindas que tengo, me siento feliz de no haberlo cambiado por la opinión de alguien más. ¿Cómo aplica para ti la historia de golfito? Todas tenemos uno, de pronto en el dedo, en la barriga, en los senos, en las estrías, en alguna cicatriz de la niñez. Si a ti no te molesta, no tienes por qué cambiarlo. Al contrario, sácalo a relucir, es tu sello personal, es eso que tienes tú y nadie más –excepto John Travolta, en mi caso–. Yo no pedí a golfito, pero ya que lo tengo, lo hago ver fotogénico. Say cheese golfito. ¿Ya hiciste tu lista? ¿Cómo se llama tu golfito? ¡¡Ahh!! Agrega a tu lista de canciones “Gasolina”, esa vaina es buena pa’ la nalga.

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Cómo dejé el tacón botado 1. Échate flores frente al espejo. Cuando comencé a echarme piropos salió una cosa tras otra, mejor dicho esa mujer en el espejo era más verraca de lo que pensaba. Tenemos tantas cosas valiosas por las que no nos damos crédito, llegó el momento de hacerlo. 2. Presume. Como dice mi gran amiga Karim Raymond: usa tu derecho a presumir (pendientes de su libro). Todas lo tenemos, no confundamos modestia con darnos el crédito que merecemos por lo que hemos hecho. Llegó el momento de sacar a la Beyonce que hay en ti. 3. Perdónate. Repite: me perdono, me perdono y me vuelvo a perdonar, está bien, maté una cucaracha, máximo, direccioné mal un mosquito por la ventana, pero así y todo me perdono. Me perdono y avanzo porque ya nada me está jalando hacia atrás. 4. Chao autocrítica. Por alguna razón pensamos que dejamos de ser quienes somos, si no nos tiramos el agua sucia encima. Pues, resulta que es todo lo contrario. Confía en que no necesitas criticarte para avanzar. Lo que pasa es que nos acostumbramos a echarnos la colillas de cigarrillo encima, no literal pero ya me entiendes, entonces cuando lo dejamos de hacer, se siente muy raro. Pero, empieza a practicarlo,vas a mejorar. El cambio se reflejará en todo lo que haces.

5. No pares, sigue, sigue (Métele flow y se convierte en

canción). La repetición de la dosis es la que cura. No mejoras si te tomas el medicamento solo una vez. Te lo tomas hasta que te haga efecto. Esto es algo que debes hacer todos los días, que necesitas leer a diario, no de vez en cuando. 62


Dale la vuelta al Menú; ordena un plato distinto ¿Sientes que le hace falta chispa a tu vida? Debe ser porque llevas años haciendo lo mismo. Es una locura pensar que vas a conseguir resultados distintos, si no cambias. Y no, con esto no estoy diciendo que cambies al marido. Pero sí que te atrevas a ir a tu restaurante favorito a pedir un plato distinto, uno que no hayas probado, que no sepas si te va a gustar. Revisa el menú, está lleno de grandes opciones, pero a ti te da pereza pensar. Cuando realizas un cambio sencillo, como probar algo distinto, te obligas a hacerlo. Puede sonar hasta gracioso, pero es verdad, muchas veces andamos en piloto automático, esperando a que mágicamente ocurra un milagro. Sigue leyendo que no te estoy regañando. He aquí el secreto, si quieres agregarle tabasco a tu vida, necesitas, de verdad, pedir otro plato. 63


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Ahora dime, ¿cuántos platos has probado en tu restaurante favorito? Si adivino bien, creo que me dirás que dos, máximo tres. Pero, ¿qué tiene que ver esto con tu vida? ¿cómo se traslada a circunstancias más trascendentales? Piénsalo, si tomamos la misma ruta todos los días, le enviamos a nuestro cerebro el mensaje erróneo: es mejor poner piloto automático que esforzarnos en tomar las riendas de nuestra vida. Entonces, cuando tengamos un problema, nuestra mente se conformará con la salida conocida, en vez de explorar nuevas opciones. Nos aferramos a una manera de hacer las cosas, aunque muy en el fondo sepamos que tal vez hubiéramos podido encontrar otra forma más adecuada. Hay muchas alternativas, pero debemos entrenar la mente para que sea como Google: un buscador que arroje una infinidad de resultados cada vez que le hagamos una pregunta. ¿Cómo hacerlo? Empieza a cambiar pequeños hábitos en tu rutina, además del plato, siéntate en otra silla, ve a otra mesa, intenta cepillarte los dientes con otra mano, despiértate más temprano. Descubre más opciones, puede que no sean evidentes para ti, pero ahí están. Despierta que hay mil oportunidades. Sé que suena sencillo, pero cuando lo empieces a aplicar te darás cuenta de que tiene su grado de dificultad, para lograrlo debes practicar. Como en el gimnasio, entrena tu mente, una de mis conferencias tiene, precisamente, ese nombre. Si no lo haces, ningún cambio será consistente. Puedes cambiar muchas cosas externamente, pero el cambio real es el que se hace desde el inconsciente. Olvídate de la famosa frase: fake it till you make it, es decir, finge hasta que te lo creas. Aquí todo es real. Aprende a entrenar tu mente para que trabaje a tu favor, y no al contrario, —tú a merced de ella­—, encontrarás una gran aliada. No se trata sólo de pensar positivo, el trabajo interno es profundo, es cuestión de escucharte y entender qué está intoxicando tu cabeza. Tu mente es la indicada de darte la respuesta correcta o de dejar que te obsesiones con el mismo hueco, en su efecto, tacón. 64


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Entonces a sacarla de su zona de confort, ya sabes que puedes hacerlo a través de pequeñas acciones. Dedica tiempo a estar contigo, así como lo haces para atender la casa, estar con tus hijos, hacer ejercicio. Necesitas tiempo en silencio para inspirar, entender, y pedirle a tu mente que te dé las respuestas. Esa es la clave del verdadero cambio.

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Cómo dejé el tacón botado 1. A poner la cabeza en orden. Mi maestro me dijo una vez: tenemos la capacidad de pensar pero, no lo hacemos. ¿¿Qué?? Y entonces, ¿qué es ese jugo de remolacha que tenemos todo el día en la cabeza? Pues que nos dejamos llevar por la loca de la casa, a esa también hay que limpiarla. Al principio parecerá que hay una pequeña guerra interna, como si cada parte jalara para el lado opuesto. Esta sensación es normal. Cuando empiezas a conocer tu mente, a diferencia del amor, no hay necesariamente un flechazo, más bien hay una confrontación, te preguntas cosas como: ¿por qué este pensamiento me ha dominado a mí? 2. Prueba un nuevo plato. ¿Ya sabes qué plato vas a ordenar? Cuando llegues al restaurante y tu mente comience a hacerte dudar, hazlo, pide el plato que te falta por probar. Lo peor que puede pasar es que no te guste, pero lo mejor que puede pasar es que tu mente empiece a entrenarse en buscar nuevas alternativas.

3. Medita. Te lo voy repetir muchas veces. Créeme que no es un capricho. Si quieres conocerte necesitas meditar. Reserva unos momentos de calma al día, preferiblemente en la mañana, para que te des cuenta de que tú no eres el alboroto en tu cabeza. Tal vez, la primera semana no notes la diferencia, pero te aseguro que después de la tercera o cuarta, estarás en sintonía. Si Buda lo hizo, tú también lo puedes lograr. Hey, hay que darse crédito, todos los grandes sabios, empezaron como tú y como yo.

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Fase TRES:

Trust yourself Date cariño tan bueno como el arroz con coco Voy hablar bonito sobre mí: soy buena anfitriona, tanto, que quizás por eso gran parte de mi negocio consiste en hacer conferencias. Realmente, me preocupo por atender a los invitados que vienen a mi casa. Aunque, debo confesar que, desde que leí “La magia de organizar tu vida” de Marie Kondo, no tengo sala, a duras penas tenemos donde sentarnos pero, tranquila, en mis conferencias, sí alquilo sillas. También me considero divertida, es decir no soy Jim Carrey, pero tengo lo mío. Mi esposo siempre me lo dijo, pero me demoré ocho años en entenderlo. Ahora uso el humor, que –aclaro – algunos entienden y otros no, como un arma poderosa. Me rÍo de mí misma porque no soy perfecta, también lo hago de la cotidianidad porque s i no reímos, quizás estemos muriendo. Como ves, soy bien exagerada también. Pero dime si no es cierto. Soy detallista, me gusta hacer sentir bien a las personas que están conmigo. 67


TRUST YOURSELF: DATE CARIÑO

Como amo el café, asumo que a todo el mundo le gusta, así que lo primero que hago siempre es ofrecer tinto, soy igual a Sheldon de “The Big Bang theory” sólo que en lugar de té, ofrezco café. Así como él, pienso que no hay nada en el mundo que no se pueda resolver con una buena taza de café, especialmente si se toma en la mañana tan caliente que te quema las papilas –ya me ha pasado tres veces–. Tengo muchísima fe. Recuerdo cuando mi esposo y yo estábamos tan quebrados que no teníamos cómo pagar nada, incluyendo la renta. Él se sentó a llorar sintiéndose fracasado, yo le dije: –Todo se va arreglar, vas a ver que las cosas van a mejorar. Él me miró con cara de Jack el Destripador quebrado y yo respondí: –Dame dos días. Dos días después, a mi esposo le ofrecieron trabajo. ¿Cómo lo supe? No lo hice, sólo tuve fe. Ésta me ha acompañado desde que era pequeña. Quizás porque me educaron en la iglesia, algo de mí simplemente cree que con fe se pueden arreglar las cosas. Como ves, puedo hablar bien de mí; estoy segura que tú también puedes hablar bien de ti, que te gustan muchas cosas de tu personalidad o de tu físico, que tienes muchas cualidades y valores que conoces y quieres. También sé, que al igual que yo, puedes hablar un poquito menos bien de ti. Déjame empezar a mí: Algunas veces me miro al espejo y me veo igualita al Pibe Valderrama, nada malo, solo que siento que mi cabello ni con un pote de rinse se controla, por eso, preferí dejar de usarlo. Soy dramática, tanto que si hubiera un Oscar para actuaciones interpretadas por no actores, yo sería la primera en ganármelo. De hecho, he estado nominada por años, pero por alguna razón, se les olvida invitarme a la premiación. Dramatizo todo, soy hipersensible entonces todo 68


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lo tomo a pecho, lo tomo personal. Aunque en los últimos años, he tratado de pensar que la vida en general no se trata de mí, aún me cuesta creer que las cosas no giran a mi alrededor, por supuesto, es mi ego hablando: -–Hola me llamo Pigg y, soy el ego de Francisca. El drama y la preocupación hacen parte de mis malas costumbres. Hay momentos en que pienso que salí de la barriga de mi mamá absolutamente preocupada, te digo, amiga, no es casualidad que me dedique a este trabajo. En últimas es lo que yo más he necesitado. Tengo la trágica costumbre de preocuparme por todo: desde qué comer hasta qué hacer en la vida –bastante existencial–. Suelo hacerme películas que ruedan en mi cabeza, cuando me doy cuenta estoy en la escena matando a alguien o alguien me está matando a mí. Eso sí, desangrada con cuchillo. Algunas veces, me preocupo tanto que me duele la cabeza, me la paso todo el día como una campana resonando. Me preocupa cómo voy a envejecer, qué va a pasar con mis cenizas ¿las tirarán al río, al mar o debajo de la tierra como fertilizante?, la buena energía debe ayudar a las planticas, si me muero antes que mi esposo, en mi cabeza no hay manera de que él muera antes. También me precupo por lo que estoy comiendo, será que me va a engordar, por el último video que hice, el que puse en Instagram, ¿será que te va a ayudar? ¿será que te va a gustar?, por las finanzas, porque se me va la mano en unos zapaticos aquí y allá. En fin. Pero ahí no para la cosa. Soy altamente sociable en mis conferencias, cursos y talleres, pero soy una completa desadaptada en las fiestas. Las fiestas o cualquier tipo de reunión en general, para que me entiendas; es como cuando meten a un ternerito a la plaza de toros a ver cómo matan a su mamá. Yo soy el ternero. Quizás mi obsesión no sana con las fiestas se deba a que cuando estaba pequeña, tenía que ir obligada a las fiestas de mi hermana a acompañarla, o más bien, cuidarla, desde entonces cada vez que voy a una, no me puedo relajar porque siempre siento que algo va a pasar. 69


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Cuando consumía drogas, me metía una o dos pepas, así sobrellevaba el hecho de que por más sociable que parezca, en realidad, soy la persona más asocial que podrás conocer en tu vida. Tanto que algunas veces me he encerrado en el baño a respirar mientras repito: todo está bien, todo está bien, todo está bien, para luego decir: esto es una mierda me quiero ir. Acto seguido, he salido, literalmente, huyendo cual Cenicienta. Aunque mi zapato nunca se queda. Ahora no consumo ningún tipo de drogas entonces la cosa se vuelve más peluda. Esto significa enfrentar la fiesta en seco. Ayer, una clienta me decía que no le gusta ser introvertida, quiere ser extrovertida. Esta conversación me hizo pensar en cómo todos tenemos partes de nuestra personalidad que nos gustaría borrar, echarle jabón Rey, que según las mamás es infalible. Muchas veces “nos aceptamos” porque no tenemos de otra, como yo que quiero el premio a mejor actriz de una buena vez, pero, la verdad es que nos molesta infinitamente lo que somos. Entonces, nos damos palo, aunque, en teoría ni siquiera somos responsables, porque al fin y al cabo así nacimos y qué, señor policía. Ahora, te quiero explicar la ventaja de ser tú: Nadie tiene tu flow, tu tumbao’, nadie tiene eso que es el corazón y la tripa de quien eres y de lo que representas en el mundo. Nadie tiene tu caminado, aunque uno de tus hijos pueda hacerlo parecido. Eres un sexy tamal, que en algún momento pensó que no era lo suficientemente buena para hacer lo que vino hacer al mundo o que se creyó una lenteja, infinitamente sola. Pero, recuerda , si sabes cómo explotarla, tu personalidad se encargará de potencializar tus talentos. ¿Cómo logralo? aceptando lo que te gusta y no te gusta de ti. Entendiendo que todo eso que tienes, es una variedad de sabores. Vainilla, maracuyá y fresa, mmm yumi, muchas veces nada combina con nada pero es explosivo, algunos dirían que hasta delicioso. Yo , por ejemplo, soy un helado de manga biche con chips de chocolate y fresa ¿Qué tal esa vaina? 70


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Como tú o como yo no hay dos, descubre tus sabores y chúpate los dedos de lo rica que eres. Quizás ser introvertida es justo lo que necesitas para sacar tu proyecto adelante. Creéme que durante muchos años escondí mi personalidad, porque pensaba que era rara, que sólo mi esposo la entendía, estaba hasta agradecida con él por creer que yo era medio chistosa, cuando yo me sentía medio ridícula. Sólo hasta que empecé a entender que estar nominada al Oscar, en mi cabeza, no era tan malo, me di cuenta de que aquello que me daba vergüenza de mí, podía servirme para hacer algo que me llenara el corazón. Ahora, sé que quizás no te sientas contenta con tu personalidad pero, créeme que tienes un tesoro. El éxito de todo lo que has hecho y vayas a hacer radica en ti, en ser quien eres. Pretender cambiar, lo único que va a lograr es cortar el flow. Extrovertida o introvertida, dramática o relajada, loruda o cien por ciento callada, sea como sea, eres genial. Conéctate con tu propia personalidad porque ahí encontrarás la máxima expresión de tu felicidad. Descubre eso que tú haces de manera excepcional. Ahora pregúntate, ¿cómo le puedes sacar más provecho? Llegó el momento de tomar ventaja de tu singularidad, deja de jugar a ser alguien más y comienza a pelar la cebolla pero, contigo misma, quítate las capas, conócete tanto, que hasta puedas descubrir cómo monetizar quién eres.

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Cómo dejé el tacón botado 1. Saca partido a lo que tienes. Y ¿eso cómo se hace? Sal del clóset, encuentra espacios donde puedas poner tu personalidad al servicio de los demás. Yo me sentía entre fabulosa y divertida entonces lo que hice fue armar conferencias para enseñar, pero si te soy honesta, sobre todo, para poder bailar. Tal vez lo que tú quieres hacer es convertirte en diseñadora. Puede que haya 14888888883 diseñadoras en el mundo, pero sólo hay una como tú, entiende quién eres y sácale provecho. 2. Se tu propio referente. Facebook e Instagram nos han hecho pensar que todas deberíamos estar regias en las islas griegas y con las algas, escribí algas, pero, quiero decir: nalgas afuera. Pero tal vez a ti no te guste volar, tal vez prefieras pasar tiempo con tu familia. Apártate de lo que les gusta a los demás, concéntrate en quién eres tú y lo más importante: en cómo lo puedes expresar.

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Haz lo que te haga feliz Aquí va una de las mejores anécdotas de mi vida. En mi búsqueda incansable por encontrarme a mí misma, comencé a estudiar con los mejores maestros en desarrollo personal. Siempre con la esperanza de encontrar a alguien que milagrosamente me arreglara el sancocho mental. Pagué un hígado y un riñón por estar un día con Deepak Chopra en Bogotá, pensé que finalmente resolvería el misterio de la vida: ¿Por qué estoy aquí? ¿Para que mé pasó esto? ¿Cuál es el propósito de la vida? específicamente ¿de mi vida? , –esto ya hubiera sido demasiado– ¿Hay aliens dentro de este cuarto? Bueno, estoy exagerando. En conclusión, estaba lista para ser iluminada ese día. No del tipo de iluminación donde te cae un rayo y mueres, no se rían que ha pasado, si no del tipo que dices: obvioooo cómo no me di cuenta. Y es que, no nos digamos mentiras, cuando estás buscando, lo que esperas es que alguien te dé las respuestas, si llega, además, con una piña colada y caviar encima de una arepa, mucho mejor. 73


TRUST YOURSELF: HAZ LO QUE TE HAGA FELIZ

Tenía todas mis expectativas puesta en Chopra, sip él me iba a resolver el millón de preguntas; después de todo “ese hombre es brillante”, decía, o –más bien– esas eran palabras de mi mamá que sí había leído todos sus libros, yo nunca había leído uno, ese día compré dos. Mi intención era leérmelos por ósmosis porque, aunque había invertido mi dinero, no estaba lista para invertir mi tiempo en la lectura. Qué vergüenza, pero ya sabes, este libro se basa en decir la verdad con pequeños toques finos –eso espero–de humor. Estaba decidida a hablar con Chopra , debes saber que cuando yo me propongo algo, soy como un gato o, mejor, como un león en acción, uno bien despelucado, eso sí. Había unas cien personas en la conferencia, pero nadie tan ansioso como yo o así lo creía. Tenía una misión importante: encontrar el secreto de la vida, el de mi vida, al menos. Cuando lo averiguara planeaba repartirlo como Patarroyo cuando encontró la cura a la malaria. Chopra salió al escenario y salió también mi voz crítica. Era todo menos lo que había imaginado, incluso estaba chubby, gordito, empecé: Con toda esa plata por qué no consigue un entrenador, un chef, por lo menos. Este señor necesita quitarse los diamantes de la gafas, las que usa siempre, debería invertir mejor ese dinero. En cinco minutos le organicé la dieta, gestioné la contratación de un nuevo cocinero y hasta le agendé una llamada diaria donde me compartía consejos sobre la vida – ya sabes por donde va a ter minar esto–. También me imaginé que una avispa lo picaba, mientras daba la conferencia, lo que hacía que hablara con más entusiasmo y sabor. Dios, qué mal estaba yo. Hago desarrollo personal pero, por ninguna razón, creas que me he iluminado. 74


TRUST YOURSELF: HAZ LO QUE TE HAGA FELIZ

Esperé hasta el intermedio de la conferencia, la pausa para el café, cuando lo vi me le abalancé, me le tiré como un tsunami y debes saber que no soy una mujer pequeña, mido 1.75. Con voz firme y postura recta le dije: –Chopra,– lo tomé del brazo como si lo tuviera secuestrado– ¿Qué hago con mi vida? Esperé su respuesta, lista para ser iluminada. Convencida de que lo iba a lograr, así no le hubiera contado mi historia, sólo cinco palabras, deseando que él fuera el Nostradamus de mi vida. Él me respondió la frase más célebre que alguien me ha dicho hasta el momento: –Haz lo que te haga feliz. ¿Qué? No sabía si estar brava, confundida, desesperada, si arrastrarlo al baño para sacarleinformación, o si introducirlo al mundo de una latina completamente hambrienta por respuestas. ¿En serio? ¿Eso es todo? Sí, de su boca no salió nada más. ¡Nada más! Ahora, ¿qué hago con eso? Reproduzco el monólogo que se produjo en ese instante en mi cabeza: A este pendejo qué le pasa, si la receta fuera tan fácil todo el mundo saldría a hacerla. He dado como mil vueltas y nunca logro llegar a ningún lado. “Haz lo que te haga feliz”, suena como a un post de Instagram, de esos que uno lee cuando está bien en la inmunda, de esos que dicen: “piensa positivo y todos tus problemas van a desaparecer”, me he preguntado mil veces, quién es el pendejo que escribe eso. Ahora sí estaba bien encabronada. ¿Cómo armo una empresa con “hacer lo que me haga feliz”? ¿ Qué le digo a mis clientas? ¿Que hagan lo que les dé felicidad? ¿Cómo me levanto en la mañana con eso? La conferencia llegó a su fin, no sin antes intentar resolver, en la ronda de preguntas, cómo “hacer lo que me hace feliz”. Una vez más no encontré respuesta. Odié a Chopra. Tanto que pensé en darle UNFOLLOW en todas sus redes sociales, como si eso fuera a afectarlo, pero era un acto de dignidad. 75


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Quiero aclarar que, es ahí donde la locura se confunde con dignidad. Pero, antes de darme por vencida, lo pensé mejor, en vez de darle unfollow, lo que obviamente no le importaría, le escribí un DM, mensaje directo por Instagram, –aclaración para todas las que no son millennials aquí jaja, tranquila, me tomó un par de años decir DM con propiedad–. El DM decía: Señor Chopra, usted me dijo que encontrara la felicidad, ahora no sé bien cómo hacerlo y mucho menos, cómo aplicarlo en mi vida, le propongo que sea mi mentor, aprendo rápido y soy muy disciplinada. Me imaginaba a Chopra como el señor Miyagui, de “Karate Kid”, yo, claro, sería su Dani. Ni siquiera le ofrecí dinero porque estaba segura de que iba aceptar, algo dentro de mí me lo decía. ¿Acaso Dani le pagó al señor Miyagui? Además, ¿cómo se iba a olvidar Chopra del tsunami inesperado que le cayó en su conferencia en Colombia? Esperé su respuesta con calma un par de días. No se lo dije a nadie, sólo a mi mamá, que me ama tanto que también juró que Chopra sería mi mentor. Esperé y esperé, pero él nunca contestó. Con el tiempo pasó la indignación y la rabia que sentí hacia él por no responderme. También dejé de estar brava conmigo por pagar todo ese platal en una boleta para una conferencia. La frase “Haz lo que te haga feliz” quedó plantado en mi cabeza. La historia se convirtió una anécdota más de mi vida. Pasaron años, cuando digo años, son en verdad muchos, hasta que un buen día eso que me dijo Chopra reventó en mi cabeza como una crispeta. “Haz lo que te haga feliz” era lo mas estúpido que había escuchado en mi vida, pero también lo más brillante. Para ese entonces, ya había ido a noventa seminarios, parece que estuviera exagerando pero, no, por ahí va el número. Sólo hasta ese momento entendí que había atravesado océanos, invertido tiempo y dinero en 76


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escuchar a estos maestros, no para que resolvieran las preguntas de mi vida, sino para buscar quién era yo y qué me hacía feliz. Siempre había vivido bajo la sombra de alguien más, complaciendo a todo el mundo menos a mí. Asistiendo a todas esas charlas y conferencias, había conseguido, sin saberlo, quitarme de la cabeza las ideas falsas que había creado sobre quién era. Me fui quitando capas y capas de una mentira que me había echado a mí misma. Esa mentira radicaba en creer que mi felicidad la tenía alguien más. Sabiendo esto, buscar mi felicidad se convirtió en mi objetivo. Algo nada fácil, se necesita una buena brújula. Es como cuando te dejan en la selva a lo Indiana Jones, pero en pelota. ¿Cómo se ve la felicidad? ¿Qué dice la felicidad? ¿Cómo saluda la felicidad? Te voy a decir qué es para mí la felicidad, aunque no quiero sonar como Deepak Chopra –que a propósito hace años no cambia de gafas– espero sembrar la semilla en ti para que reviente un buen día, no muy lejano. Aprovecho para mencionar que odio la frase “Not all who wander are lost” –No todos los que deambulan están perdidos– ¡Qué mentira! durante años estuve deambulando buscando desesperadamente y estaba más perdida que un cangrejo que no encuentra su hueco, agrégale que es de noche, tiene frío y sueño. Por eso, también sentía amor-odio por el desarrollo personal, porque te dicen todo pero, ¡carajo!, no te dicen nada. Además, parece tan fácil, pero, ajá, ¿cómo se hace? Así que para que no pienses que compraste este libro en vano, y para no ser como Chopra que me regaló su frase sobre felicidad pero no me dio más información, te quiero dar las pistas de qué es la felicidad. O mejor, primero hablemos de qué no es. No es algo que alguien más te da, tampoco es comprar unos zapatos nuevos, aunque eso genera alegría, –créeme que con unos buenos zapatos, yo saco las maracas y alisto el tambor– pero ésta dura lo que se demoren los zapatos en 77


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necesitar nueva suela. La felicidad tampoco tiene cara del viaje de tus sueños, eso es rico y claro que se pasa bueno, –tengo una pequeña obsesión con Perú y París–, pero no, tampoco. La felicidad no es algo material, aunque ayuda, mmm cómo me encanta. Aún sueño con tener carteras Chanel de todos los colores y tamaños. La verdad, es que la felicidad es como un brownie, si no te gusta el brownie piensa en una torta de banano o en tu postre favorito, es eso que se derrite internamente, que nadie ve, pero que se siente, muy, pero, muy bien. Se esparce por todo el cuerpo como la buena matequilla. Es una sensación de alegría tan grande que sientes que estás alucinando. Para mí es como la ensalada que hace mi mamá, una pasta a la bolognesa al desayuno , o el Milo en el tetero que nos daban a mi hermana y a mí, que tomamos hasta los trece años por su efecto calmante, el Milo Frapé que, aún, tomo en el restaurante Mila, pues me recuerda a la época cuando me sentía segura con un tetero en la mano, como si fuera la espada de una súper heroína, era invencible. La felicidad es una sensación de paz contigo misma. Aunque nadie más que tú puede generar en ti ese sentimiento, sí hay factores que te ayudan a potencializarlo. Como por ejemplo: tratarte bonito, que puedas abrazarte cuando todo sale mal. Pasar tiempo contigo misma, no sólo para echarte pestañina, cepillarte los dientes, trabajar y almorzar, sino para respirar, para ver algo que has querido ver, para ir a cine. Tiempo para obsevar el color de tus ojos, para escuchar el ritmo de tu corazón. Unas horas para que puedas tomar una bebida helada con tantas ganas que se te congele el cerebro, y puedes esperar con calma a que pase, sin tener que salir corriendo a trabajar. Debes identificar qué te hace feliz, explora hasta saberlo, luego conéctate con ello. Vas a ver que la felicidad es como los buenos bocados, vienen en pequeñas dosis, pero se disfrutan al máximo. 78


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Cómo dejé el tacón botado 1. Inténtalo. Si piensas que algo te hace feliz, explóralo. Hace poco una chica me contactó para decirme entusiasmada que quería hacer lo mismo que yo: dictar conferencias, se sentía la emoción en su voz. Días después, le puse un mensaje, me contestó que ya no sabía si eso era lo suyo. A lo que respondí: –Si crees que eso te hace feliz ve y hazlo, ¿qué es lo peor que puede pasar? Primero inténtalo, así lo sabrás. La primera vez que me paré frente al público me iba a vomitar. Cinco minutos después, supe que era lo que haría el resto de mi vida. Deja la pena y párate. 2. Agenda un tiempo en el día para ti. Así tengas que dejar a tu hija con los abuelos el domingo. Comienza con algo pequeño: llámese pegar calcomanías, hacer mercado, cepillarte los diente, colorear un gusano, ver un video de YouTube, ver telas, haz lo que te haga feliz. Descubrirás que es una bola de nieve, la tendencia de hacer más cosas que te den felicidad, irá en aumento. 3. Busca la tuya. La felicidad es tan relativa que nadie te la puede dar, ni siquiera, prestar. Por eso, olvídate de qué hace feliz a los demás. Comienza a explorar qué te hace feliz a ti.

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Reta el miedo a un match de boxeo ¿Quieres saber quién tiene miedo? Todo el mundo y su mamá. No hay una persona que no lo sufra. Por eso, a mi modo de ver las cosas, el miedo es la mayor epidemia de la humanidad. Una que nos paraliza, nos detiene en un rincón sin poder respirar. Pero he aquí lo que he descubierto: cuando me da por amenazar a mi miedo, ponerme bien sicópata, como el protagonista de YOU (lo encuentras en Netflix), qué susto encontrarse con ese demente, no he tenido buenos resultados. El miedo te noquea, está acostumbrado a tenerte bajo control. Así que es mejor no pelear, tampoco negociar , mucho menos, encarnizarse con él, porque te puede pasar como cuando te obsesionas con el cuerito de la uña, que terminas arrancándote un pedazo de carne. Lo que tienes que hacer es invitarlo a bailar, tener swing en el ring como Muhammad Ali. Lo primero que debes hacer, es conocer al contrincante. El miedo, según Google, es: • Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. 80


TRUST YOURSELF: RETA EL MIEDO A UN MATCH DE BOXEO

• Sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario al que se desea. Para ponerlo en nuestros términos: es como encontrarse con un león en un almacén de zapatos. NO, NO ES REAL. PERO SÍ, LO SENTIMOS. Es importante que entiendas que todas tenemos miedo; la que tiene 2916738925637 seguidores en Instagram, la Miss Universo del momento, la chica guapa del colegio, la mamá primeriza que no sabe qué está haciendo, la que acaba de terminar, la que tiene un buen matrimonio, la que se está divorciando, la que tiene la nalga que parece un durazno perfecto –seguro tienes una amiga así– , todas, sin excepción. Hasta Jlo que tiene cincuenta y es la más regia. Tu mamá, tu tía, incluso tu abuela, que ahora por supuesto está llena de sabiduría, y te dirá: –Mijita, el miedo es una pendejada, tu vecina, tu mejor amiga, ya me entiendes, ¡todas! El miedo, como el león en el almacén de zapatos, nos aleja de nuestros proyectos porque estamos convencidas de que vamos a fracasar. Al no hacer lo que soñamos, nos ponemos a mirar al vecino, que pareciera tenerlo todo bajo control , ajá. Es ahí cuando hacemos corto circuito –tal cual tirar el secador en la bañera, espero que a ninguna le haya pasado, sino que lo haya visto como yo en las películas– y pensamos cosas como que no somos lo suficientemente buenas, nos comparamos con los demás. Obviamente no nos sentimos satisfechas con lo que estamos construyendo. Claro, porque el pinche miedo nos sacó del ring. Pero, tener claro, desde el principio que hasta el Presidente de Estados Unidos tiene miedo, o por lo menos peluca, por alguna razón nos hace sentir mejor. No estamos solas, todas estamos en el mismo barco. Unas con todo el talento, pero petrificadas por el miedo, otras igual de talentosas, experimentando el mismo miedo, pero, aún así, echando a andar sus proyectos. Dos caras de un mismo sentimiento: uno llevado a la acción y el otro, a la frustración. 81


TRUST YOURSELF: RETA EL MIEDO A UN MATCH DE BOXEO

Cada vez que voy a empezar un nuevo proyecto o que voy a hacer algo que verdaderamente me encanta, siento ganas de vomitar. La intensidad del vértigo es proporcional al tamaño de lo que voy a emprender. Entre más permiso me doy de avanzar, para moverme en dirección a mi sueño, más cercano siento el miedo, no disminuye su tamaño, pero sí cambia mi relación con él, se va transformando en mi aliado. Amo profundamente hacer conferencias, especialmente las de “La magia de organizar tu vida”, se divide en cuatro talleres, pero cada vez que salgo frente a un grupo de personas, siento el miedo: ¿Qué tal que no les guste la conferencia?, y ¿Si no impacta sus vidas tanto como anhelo? Ahí se me cae el secador en la bañera, vienen oleadas de pensamientos: mejor me voy, desaparezco, me invento algo. Es en ese momento cuando me meto al baño y me obligo a respirar y a saltar. Cambio mi estado corporal, embolato mi miedo y salgo como un tigre a brillar. Porque si en ese instante me dejo noquear por el miedo, adivinen que termino de primeros auxilios tirada en un sofá, con un mareol y siete vasos de vodka. Por eso digo, esto no se trata ni de vencer ni de dominar tus miedos, esto se trata de actuar a pesar de ellos. Cuando das un paso hacia adelante en pro de tus sueños, te das cuenta de que no tienes tiempo que perder abriendo cortinas para mirar al vecino. Ahora, párate frente al espejo. Vamos a practicar el swing que harás en el ring, ajá, tal cual Muhammad Ali. No te quedes quieta, empieza a deslizarte, a esquivarlo. Si no te mueves, te van a pegar justo en la cara y te van a noquear. Te va a doler, te vas a sentir acorralada. No dejes que te pase, no te amañes en la esquina sin hacer nada. Vas a embolatar al miedo y convertirlo en tu aliado, sin forzarlo. Haz lo que hago yo cuando estoy bailando; no importa el género musical que esté sonando, siempre bailo una mezcla de lambada con champeta, según yo, estoy descrestando, según mi esposo estoy es embolatando. Pero a quién le importa si bailo bien o mal, lo importante es que salgo como Greicy a la pista, dispuesta a matar, así haya estado cinco minutos antes encerrada en el baño a punto de vomitar. 82


TRUST YOURSELF: RETA EL MIEDO A UN MATCH DE BOXEO

Chicas, el miedo no desaparece nunca, pero a medida de que salgas de tu zona de confort, vas a ir ganando seguridad. Por eso, es indispensable que salgas cuanto antes de ahí. La próxima vez que sientas miedo, cambia tu estado corporal: salta. Después cuenta uno, dos, tres y comienza con un pasito pa’ atrás, dos a la derecha, siete hacia delante. Pregúntate siempre: ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Cuáles son las probabilidades de que realmente haya un león en la tienda? Recuerda, el ring es tuyo “Vuela como una mariposa, pica como una abeja. Golpea, mi amiga, golpea”. Hagas lo que hagas, hazlo con humor. El miedo puede ser tan intenso que puede hacerte incluso hasta orinar, recuerda que existe el pañal, y ríete de la situación. Con o sin pañal, el ring te está esperando. Ya estás lista; ve a poner ese post en redes sociales, haz la llamada que transformará tu carrera, envía el correo electrónico –así te debatas entre el miedo y la pena-– escríbele al chico que te gusta a ver qué onda. Sal a la pista con miedo, pero sal.

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TRUST YOURSELF: RETA EL MIEDO A UN MATCH DE BOXEO

Cómo dejé el tacón botado 1. Al ring. Párate en el ring aunque te tiemblen las piernas. Se trata de aguantar esa tembladera y actuar a pesar de ella. Si hay una clave o un Código da Vinci, sería ese, chicas. Vomita y párate igual, tómate un vodka y párate igual, orínate en los pantalones y párate igual. Ya me entiendes, párate, párate, que lo peor que puede pasar es que te noqueen y ¿qué? Así y todo, vuélvete a parar. ¡PÁRATE IGUAL! 2. Hazlo, igual te vas a morir. No te quiero dañar la fiesta, pero te vas a morir , tranquila yo también, y entonces, cuando la gente esté parada frente a tu ataúd, ¿qué quieres que digan sobre ti? ¿Cómo quieres impactar el mundo?¿Cómo te gustaría dejarlo? Mi más grande anhelo es dejar un legado.

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Covéncete: tu sueño está ahí para ti ¿Has visto a Paul Potts de “Britain’s got talent”? Si no lo has hecho, necesito que pares de leer, vayas a YouTube y busques su primera audición frente a los jueces del programa. En ese momento, Paul tenía cero autoestima, él mismo decía que le costaba confiar en sí mismo. El mundo del entretenimiento se veía lejano, le sobraba talento, pero le faltaba creer en sí mismo. No sé cuántas veces he visto ese video, no importa lo mucho que lo repita, siempre me emociono hasta las lágrimas. Siento que tanto tú, que me lees, como yo, que te escribo, somos o hemos sido igual a Paul Potts: chicas “normales” con un talento arrollador. Paul vendía celulares, pero anhelaba ser cantante de ópera. “Hacer lo que nací para hacer”, decía. El único problema era que no creía que ese sueño estuviera disponible para él. Debido a esta creencia, se la pasaba postergándolo. Hasta que un día, finalmente, decidió hacer algo al respecto. Si ves el video, tal vez, estarás de acuerdo conmigo en que la mejor parte es cuando enfocan la expresión de extrañeza de los jueces cuando Potts contesta que está ahí para cantar ópera. 85


TRUST YOURSELF: CÓNVENCETE, TU SUEÑO ESTÁ AHÍ PARA TI

¿Por favor explícame la cara del tercer juez? lo mira con

asombro, como si fuera un chiste. Bueno, la sorpresa se la llevan ellos, los jueces, cuando de este señor sale semejante voz . Suena muy parecido a Luciano Pavarotti, una voz que te cautiva, así no sepas nada de ópera –yo no tengo idea–, te hace girar como un torbellino. Se siente tan natural, le fluye con tanta facilidad que te dan ganas de preguntarle: –Señor Paul, ¿usted dónde ha estado metido todo este tiempo? Y piensas, con tanto talento, ¿por qué es tan inseguro? Pues tú y yo, mi querida, somos como Paul Potts escondidas detrás de bambalinas esperando a que aparezca un hada madrina. Estamos llenas de susto, convencidas de que el sueño que hemos cultivado por años en el estómago, no está disponible para nosotras. Pero, Paul Potts hizo un salto de fe, se tomó un shot de valentía B y finalmente logró hacer aquello para lo que estaba destinado. Ahora te pregunto, ¿Ya viste a Paul Potts? Si se te asomó una lágrima, eres de las mías. Tú, querida, eres Paul Potts, jurando que no tienes voz, cuando en verdad lo que tienes es un vozarrón. Debes confiar en que tu sueño está disponible para ti. Ese es el primer paso. Dejar de pensar que los demás nacieron para cosas grandes, mientras que tú te quedaste como Betty la fea, pero para TODA LA VIDA. Se dice de mí. Se dice que soy fea que camino a lo malevo que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón que parezco un dinosaurio mi nariz es puntiaguda la figura no me ayuda y mi boca es un buzón. Se dice de mí... ¡Qué horror, no, no, no! 86


TRUST YOURSELF: CÓNVENCETE, TU SUEÑO ESTÁ AHÍ PARA TI

La única manera de salir del efecto Betty es creyendo que estás hecha de lo mismo que esa chica exitosa que tanto admiras, y de lo mismo que Paul Potts que tiene ya muchos discos. Reconoce tu valor, lo que llevas dentro.Te puede parecer extraño, pero es cierto; no hay una onza de diferencia entre tú y la chica exitosa, sólo falta que creas en ti, como ella lo hizo. Debes tomar el riesgo, tal como en la película “Spider Man: Un mundo paralelo”, cuando Spider Man le dice al otro Spider Man: ¿Cómo sabré si estoy listo? a lo que el mayor Spider Man responde: –No lo sabrás, es un salto de fe. Nunca sabrás cuándo es el momento indicado, pero te lanzas porque en el fondo de ti sabes lo que tienes. Si no, estoy aquí para recordártelo. Cuando estaba quebrada, debía cuatrocientos millones de pesos, decidí que en vez de quedarme llorando iba a hacer algo diferente. Me fui a las tiendas más costosas a probarme todo lo que hubiera querido comprar. Usaba las carteras, me ponía los zapatos, me media la ropa, salía, le preguntaba a la vendedora qué tal se me veía; buscaba mi color adecuado, mi talla, y cuando todo me quedaba regio, me iba pero desde la puerta le decía que volvería. No sabía cuándo iba a regresar, pero sabía que tarde o temprano, lo iba a hacer. Estaba segura de que esa ropa costosa estaría disponible para mí. Y así fue. Poco a poco pude comprarla. También me paraba en cuanta tarima encontraba, fingía que estaba dando una conferencia. Mi anhelo de ser conferencista aún era un sueño lejano. Hacía que mi esposo me tomara fotos, las observaba por horas mientras imaginaba que estaba ahí parada frente a cientos de personas. Creí que era posible para mí y así fue, al poco tiempo, estaba dando mi primera conferencia, en el lugar donde un día lo soñé. Imagina que es posible para ti, cultiva esta creencia en tu interior: eres capaz. Piénsalo todos los días y hazlo crecer en tu mente: “Esto que tanto quiero también me quiere a mí, está disponible para mí. Me doy permiso de hacer lo que tanto he querido”. Si crees que está disponible para ti, tu mente encontrará la manera de hacerlo realidad. 87


TRUST YOURSELF: CÓNVENCETE, TU SUEÑO ESTÁ AHÍ PARA TI

Te lo digo por experiencia, yo también estuve mucho tiempo bajo el agua, invisible, escondida evitando que me vieran y así, no tener que tomar riesgos. Pero empecé a cultivar el deseo en mi interior, me convencí de que mi sueño estaba disponible. Igual pasa contigo, tu sueño espera por ti, ¿Sabes por qué? porque de no ser así, nunca lo hubieras imaginado.

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TRUST YOURSELF: CÓNVENCETE, TU SUEÑO ESTÁ AHÍ PARA TI

Cómo dejé el tacón botado 1. Cree en ti. Tal como lo dijo el Sr. Ping, el papá de panda, en“Kun Fu Panda”,no existe un ingrediente secreto, simplemente debes creer. En este caso, creer que el sueño que tanto anhelas está disponible para ti. 2. Conócete. Tu sueño se basa en la esencia de quién eres. Nada es una coincidencia; tus gustos, tu personalidad, todo está diseñado para ser usado en pro de tus dones y talentos. 3. Atrévete. Deja la pendejada, literal. Al final del día eres tú quien debe vivir con ese hueco en el estómago por no hacer lo que amas. ¿Sabes qué? No vale la pena que te sacrifiques por complacer a alguien más. Más bien escucha tu corazón y complácete a ti misma, que cuando apagues las luces, sepas que vas a lograr sacar adelante aquello para lo que naciste.

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Invierte en ti y hazlo en grande Es gracioso cómo funcionan las cosas: primero crees en ti, te das una oportunidad y paso siguiente, atraes a las personas que tanto quieres tener en tu vida. Esta es la razón; la gente exitosa invierte en sí misma. Cuando haces una inversión, lo último que quieres es perderla. Por eso buscas acercarte a personas que también hayan invertido en sí mismas para que juntas puedan crecer. Quiero que te grabes esto: Nadie va a invertir en ti si no lo haces tú primero. Eres tu mejor inversión, la que da los mejores dividendos. Ahora, no te vayas a apostar a las Vegas. Las chicas que llegan a mi conferencia “La magia de organizar tu vida” sueñan, todas sin excepción, con ayudar a muchísimas personas. Eso está muy bien, los seres humanos tenemos la necesidad de contribuir y retribuir algo al mundo. El único problema es que muchas quieren pasar por encima de ellas mismas para hacerlo. Lo que quiero decir es que es imposible que puedas ayudar a alguien financieramente si tú estás quebrada, igual sucede en el plano emocional, no vas a poder inspirar vidas si sientes que la tuya está destruida. En mi opinión, no hay manera de ser efectiva en la vida de 90


TRUST YOURSELF: INVIERTE EN TI Y HAZLO EN GRANDE

los demás si no estás siendo efectiva en tu propia vida. Entonces, si de verdad queremos ayudar y si es tan importante para nosotras retribuir, con la primera persona con la que tenemos que trabajar, escúchame bien, es con nosotras mismas, ya ahí, de entrada, estamos aportando un granito de arena al mundo. Pongámoslo así: no puedes salvar al Titanic, aunque de verdad quieras darle primeros auxilios a Leonardo DiCaprio, si tu barco se está hundiendo. Primero ponte tú el salvavidas y luego ve tras Leo. Algo que me transformó por completo fue educarme. No hablo de cultura general, aunque un par de clases no me caerían nada mal. Me refiero a estudiar temas relacionados con lo que quieres hacer. Si no te alcanza el dinero, asegúrate de que te alcance el tiempo. De hecho, esa es la primera lección: invierte tu dinero donde estés dispuesta a invertir tu tiempo. Asiste a seminarios, compra o pide prestados libros a tus amigos nerds, ubícate en el contexto en el que quieres estar. Si quieres una nueva vida, acércate a personas que también están transformando la suya, si quieres convertirte en emprendedora, busca a otras personas dispuestas a sacar su negocio adelante. Quizás ya has escuchado esto: somos la media de las cinco personas con las que más tiempo compartimos. Entonces, la pregunta es: ¿Con quién estás pasando tu tiempo? ¿Con las amigas que critican a todo el mundo? o ¿Con personas que realmente te están aportando? ¿Cómo usas tu tiempo? ¿Lo usas para educarte, aprender un nuevo talento, mirar videos de YouTube, escuchar podcasts? Te recomiendo el mío “Hablando con Francisca” donde siempre tengo invitados maravillosos dispuestos a ayudarte, lo encuentras en Spotify. ¿Te cuidas? ¿Te alimentas bien, vas al gimnasio?¿Te ejercitas en transformar tu mente y tus pensamientos? o por el contrario, ¿Usas tu energía para quejarte, sentirte agobiada y mal por la oportunidad que no aparece en tu vida? Cuando comenzamos un proyecto nuevo, siempre queremos que alguien crea en nosotras, pero, ya sabes, la primera persona que lo debe hacer eres tú misma. Tú debes ser tu primer inversionista. La gente adecuada llegará en cuanto descubran que tienes talento y disciplina. Pero, nadie creerá en ti, mientras tú no lo hagas. 91


TRUST YOURSELF: INVIERTE EN TI Y HAZLO EN GRANDE

La primera gran inversión que debes hacer es: tiempo. Reserva varias horas al día para dedicarlas al proyecto que tanto amas. Ya sabes el dicho: Roma no se construyó en dos días, construir tu sueño te tomará más de un día, así que aporta lo más valioso: tu tiempo. Tal vez no veas las ganancias de inmediato, pero créeme que cuando empieces a ver los resultados, sabrás que tu inversión valió la pena.

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TRUST YOURSELF: INVIERTE EN TI Y HAZLO EN GRANDE

Cómo dejé el tacón botado 1. Sé tu propio mentor. Todas desearíamos que alguien nos diera una oportunidad para mostrar nuestros talentos y transformar la vida de los demás. Pero puede que esto nunca llegue a suceder, por eso debes ser tú, la encargada de darte la oportunidad. 2. Termina lo que inicias. Aún recuerdo cuando pagué diez clases de yoga y sólo fui a una. Es decir, fue la clase de yoga mas costosa de mi vida. Invertir en ti no se trata de pagar una membrecía en el gimnasio para nunca más volver. Invertir en ti, significa comprometerte a hacer lo que sea para lograr lo que quieres. Incluso si estás en cucharita bajo las cobijas y empieza a llover, si prometiste ir al gimnasio, hazlo. Si comienzas un libro, termínalo. Si decidiste tomar un curso, presencial o virtual, no faltes.

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Fase CUATRO:

Go do it

Descubre eso que llaman propósito de vida Sabrás que has encontrado tu propósito de vida el día que hagas pipí rápido, sólo para no dejar ni por un minuto, el proyecto en el que estás trabajando. Basta, eso es todo. Fin del capítulo. A menos de que hayas nacido con un talento único, tipo Lady Gaga– que además de cantar, puede actuar– a la mayoría nos toca cavar bien profundo para encontrar nuestro propósito. Básicamente, irnos hasta el fondo del pozo, tener claro quiénes somos, algo que nos han vendido como fácil, pero que en realidad es una tarea muy difícil. O sino, recuerda ¿Cuántas veces te has preguntado frente al espejo quién eres? para descubrir que no tienes la respuesta. Tranquila, tranquila, nos pasa a todas. Incluso a Malévola, creo que ahí radica su principal problema, no saber realmente quién es. La buena noticia es que no somos como Malévola, una forma de conectar con nuestro propósito es preguntándonos qué nos importa en el mundo, sé qué me vas a decir: tu pareja, los hijos, los 94


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el gato y la suegra, a menos de que ésta última se haya portado como Malévola –casos se han visto– si me estás leyendo, saludos suegra. La verdad, es que mi suegra ha sido muy buena conmigo, tengo mil historias que lo demuestran; como cuando me regaló sus joyas –yo la amé porque estaba recién casada y a duras penas nos alcanzaba para el cepillo de dientes y la crema dental–, o como cuando me metió un supositorio porque estaba enferma, sip, ella con su manita –después de eso, sin lugar a dudas, nuestra relación se volvió muy íntima–, o como cuando mi esposo, que no estaba listo para casarse porque yo lo estaba obligando, no tenía un anillo para darme, así que ella sacó uno que le había dado su marido en Grecia para que me lo diera a mí y pudiera pedirme matrimonio. Te voy a dar el truco que usé con mi suegra –perdón si me desvío del tema, pero me parece información importante-. Si la tuya es un poco conflictiva, ponlo en práctica es muy sencillo: NUNCA PELEAR CON ELLA. Pelear con la suegra es peor que pelear con la mamá. La mamá perdona, como dijo la mía un día, las peleas se van al fondo de océano. Con la suegra, digamos que se van al fondo del océano pero, amarradas de tu pierna. La suegra tiene la capacidad de arrastrar los conflictos hasta el final de sus días, así que mejor hazte la loca y mira los pajaritos. Esa pelea nunca la vas a ganar, ella siempre será su mamá. Dicho lo anterior, salgo del tema de la suegra para retomar donde estábamos. Pregúntate qué es lo que de verdad te importa a ti. Quiero que pongas la mano en tu corazón y digas: el propósito de vida es lo que me importa a mí, a mí, a mí, puedes decirlo cantando. Sé que a muchas, lastimosamente, esto del propósito de vida les causa escalofríos. Cuando piensan en el tema, no se les viene la imagen refrescante de Sofía Vergara saltando en tanga por la playa, yendo tras su propósito: una Pepsi, sino que visualizan algo muy, muy, lejano, una Pepsi fuera de su alcance. Es ésta percepción la que hace que ni siquiera intenten descubrirlo. Pero, basta chicas, todas podemos lograrlo. Lo único que necesitamos para ir tras esa Pepsi es decisión, como todo en la vida. 95


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Te mentiría si te dijera que mi propósito llegó a través de una paloma mensajera. Pues, fue todo lo contrario, yo la rapté. Estaba tan obsesionada por encontrarlo, era un tema que me trasnochaba, que por poco y lo busco debajo de las enaguas de mi abuela. Ahora, algo que descubrí durante el proceso fue: si buscas el propósito con angustia, nunca lo vas a encontrar, pero si lo buscas con amor, el camino se despeja y se vuelve más sabroso. La mejor forma de averigüar qué viniste a hacer al mundo es preguntándote qué te preocupa, qué problema quisieras resolver, tal vez algo que para los demás es insignificante pero por lo que tú te cortarías las venas –ya sabes que soy exagerada–, ES ALGO TAN IMPORTANTE para ti que incluso puede pasar desapercibido. Aveces nos cuesta encontrar lo que buscamos, porque hace parte de nosotras, lo tenemos tan interiorizado que nos cuesta trabajo verlo. Pero créeme que siempre ha estado ahí, no se ha ido y no se irá para ninguna parte. Tu propósito nunca te abandonará. Quiero que te preguntes ahora mismo ¿Qué es verdaderamente importante para ti ? ¿Qué quieres de corazón compartir con el mundo? No importa si es algo tan pequeño que parezca una estupidez, sabes que no lo es, pues es la esencia de quien eres. A escribir, señorita. Resúmelo. Ejemplo: Me importan los computadores, me importan los niños en África, me importa la nevera y cocina de mi casa de una manera desproporcionada. Escríbelo aquí en pocas palabras:

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Lo más importante para mí son los sueños, aunque durante años pensé que se trataba de la ropa, pues me fascina, una buena pinta, para mí, es como el mejor orgasmo. Pero, si te soy muy honesta, la ropa es algo que disfruto sólo yo, es un ritual conmigo misma que no me interesa compartir. Me gusta hasta la pijama, nadie me la ve pero yo la siento y eso es más que suficiente, dormir con una buena pijama es igual a tener una buena sábana, se siente esponjoso y delicioso, como recién salido del horno. Por el contrario, cumplir los sueños y ayudar a las personas a que tengan la confianza suficiente para lograr sus objetivos en la vida, es algo que quiero compartir. Es una preocupación de proporciones mayores para mí. Si me vieras en mi día a día, parezco pastor de iglesia, predicando a todo el que está dispuesto a escucharme, pues de verdad me importa afectar positivamente a las personas que se cruzan por mi camino. Confieso que al principio me daba vergüenza andar predicando, pero si no lo hacía, si no seguía mi esencia, lo que brotaba de mi alma sin esfuerzo, sufría de estreñimiento. No de ese que te impide ir al baño, sino del que va extinguiendo tu fuego interno. Es ahí cuando se pierde un poco la emoción por la vida. ¿Lo has sentido? Ahora tu trabajo o , mejor, el mío es prenderte la chispa, avivar el fuego innato en ti. Verás que cuando haces aquello en lo que crees, te introduces al delicioso mundo de la Oreo con leche, mmm yumi, yumi, yumi. Aquí viene lo mejor: Oreo edición Navidad, las que vienen cubiertas de vainilla y sólo se consiguen en diciembre, a mi hermana le encantaban, las esperaba con ansias. BOOM la teoría de la Oreo con leche: si algo te encanta, te trasnocha y lo quieres de verdad, esperarás el tiempo necesario para obtenerlo. Estoy segura de que el propósito de mi hermana no eran las Oreos, pero estaba cerca. Imposible hablar de propósito de vida sin mencionar la pasión, ambos están ligados. No puede ser propósito de vida sino sientes eso que te carcome las tripas, no el animal carroñero que se come la basura, sino la energía que te mueve la fibra. 97


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Es la pasión la que pone en marcha tu propósito. En mi show “Hablando con Francisca”, encuéntralo gratis en: www.franciscaarbelaez.com, entrevisté a un experto en propósito de vida, él me dijo algo que se quedó grabado: Para identificar el propósito de tu vida, comienza con el propósito del día. Da pequeños pasos, verás que al sumarlos obtendrás un resultado increíble. Pero escúchame bien, no te quedes por ahí como momia –embalsamada en la inercia–, por no encontrar tu propósito de vida, esto no debe ser excusa, debes empezar tu proyecto con o sin él. Muchas personas creen que tienen que ver la escalera completa para poder subir, no mi querida, si lo único que ves es la lucecita que se cuela por la ranura, pues guíate de ahí, síguela y avanza. El propósito no debe ser un impedimento, debe ser una intuición, no importa si al principio es tan pequeña y débil que dudas de ella, confía y avanza. Recuerda, un paso a la vez, poco a poco, día a día. Lo único que necesitas es subir el primer escalón, define qué quieres, luego, uno, dos, tres a saltar y saltar –no es dejarlo todo y “vámonos para Miami”, como dice la canción– es moverte teniendo claro una dirección. Puede que la incertidumbre de saber si es la correcta te produzca ganas de vomitar, pero el fuego interno que es tu pasión te mantendrá saltando. Mi consejo es: empieza con o sin propósito claro, confía en que la acción te irá encaminando. Escúchame bien, no tienes por qué tener todo tu proyecto resuelto. De hecho, es muy probable que nunca lo vayas a tener, pero eso es parte de lo bello, emprende el viaje con tu intuición, te aseguro que tu propósito se montará en la próxima estación. Así que, encuentra algo que ames con el corazón, algo que si no tienes, te falta el aire. No son necesariamente tus hijos. Es algo sólo tuyo. Una pasión tan enorme que no te moleste 98


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dedicarle horas y horas. Despierta y hazlo, haz tu propósito del día, no importa si no sabes cómo vas a ganar, hazlo igual, verás que dentro de poco, se convertirá en tu propósito de vida.

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Cómo dejé el tacón botado 1. No te asustes. La próxima vez que te causen conflicto las palabras propósito de vida, de verdad que he visto gente paralizada o embalsamada por esto, piensa en el propósito del día. Qué intención quiero que rija hoy mi día. ¿Qué tal, ser feliz haciendo algo que te encanta? Aunque sea sólo por cinco minutos. La suma de pequeños propósitos se convertirá en tu estilo de vida. 2. Pal’ charco. Lánzate como un sapo; cuenta una historia, sube algo en Instagram, ofrece un servicio. Quizás tengas que obligar a tu dedo a escribir ese primer post o, incluso, pueden salirte un par de lágrimas, como me pasó a mí. Pero, te aseguro que entre más te expongas y te expreses, más cómoda te sentirás. 3. Más goce, pero más trabajo. No creas que conectar con tu propósito de vida, va a ponerle fin a tus “problemas”. Si eso ocurre, por favor llámame, te doy mi celular. Te quiero advertir que la responsabilidad crece. Antes tenías la excusa de no saber para qué naciste, pero una vez lo sabes, depende de ti hacer algo al respecto.

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Ve tras tu sueño sin hipotecar tu vida Una vez entré a un Café en Italia, no recuerdo bien qué pasó, qué le hice al dueño pero, estoy casi segura de que no fue bueno y segurísima de que no le cayó nada bien, pues me gritó: –Sal de mi Café, voy a ahorcar a tu gato, menos mal no tengo, voy a quemar tu casa, aún espero comprarla, voy a matar a tu mamá, gracias a Dios estaba lejos y sigue viva, y voy a matar a tu perro, el único que tuve, Botero, ya murió y estoy casi segura de que este señor no lo mató. Como ves, un poco agresivo el sujeto, sigo sin recordar qué fue lo que hice, pero debió ser algo muy malo para que se pusiera así. El caso es que estas palabras me marcaron pero, por una extraña razón, no para mal, sino todo lo contrario, para bien, aunque en ese momento salí despavorida del lugar para nunca más volver. Tiempo después me comencé a preguntar: ¿Qué es lo que tanto quiero en la vida y qué es lo peor que puede pasar? a modo de respuesta me llegaba la imagen del señor gritándome en Italia. De verdad, ¿es para tanto? ¿para hacer mi sueño realidad debía ser tan extremista como el italiano dueño del café? o así como él, ¿simplemente estaba exagerando? 101


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Chicas siempre exageramos, no es necesario vender la casa y el perro para cumplir tus sueños, aunque Sylvester Stallone vendió a Butkus, su Bullmastiff por veinticinco dólares para poder comer, luego lo recuperó por quince mil dólares cuando vendió el guión de Rocky, así que hay esperanza en el mundo. Pero ese es un caso extremo, en general, no hace falta ir tan lejos. Lo que, realmente, necesitas al principio es coraje. Si Sylvester Stallone pudo vender a su perro y triunfar, tú también puedes hacerlo –no me refiero, vender a tu perro–sino arrancar. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Asegúrate de empezar con un bajo perfil, no es necesario poner el letrero de se vende a tu casa, a tu novio, a tu perro o a cualquier cosa que tenga valor en tu vida. Aquí viene la historia mística , la de las que están esperando a que los astros se alineen. Los astros nunca se van a alinear, de hecho se van a mantener desalineados y desaliñados, ya sé me quieres ahorcar, sólo por eso no te voy a dar mi dirección. Pero de verdad, ¿Cuándo es el momento perfecto? Pues nunca. Aquí va el porqué. Si tu mamá no está enferma, tu perra se enferma o tu novio te termina o tu hermana necesita que la lleves a algún lugar o llega navidad, el niño Jesús nace luego, el niño Jesús muere, llegan los Reyes Magos, se van los Reyes Magos , o tenemos uno de los 12333333333 festivos que hay en Colombia –me enteré de que somos uno de los países con más festivos en el mundo ¿Ahh?, ¿me explicas?– así que si esperas comenzar cuando todo esté alineado lograrás la receta perfecta para terminar frustrada y desaliñada. Por eso, no busques excusas, empieza ya. No esperes a que te den permiso, nadie tiene esa capacidad. Empieza pequeño, en vez de hacerlo con bombo y platillos, ve probando. Admito que también leo el horóscopo de vez en cuando. Por ejemplo, si el helado no hace el efecto indicado, o sea no logra hacerme sentir mejor, voy al supermercado en busca de “literatura”, Harry y Meghan se ven perfectos tomados de la mano, pero yo no elijo la revista con portada romántica, no, yo prefiero algo más amarillista que me lleve directo a la sección del horóscopo. Debo aclarar que 102


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pocas veces atinan. Y es que no entiendo para qué dan un sólo número de la suerte, si el Baloto tiene cinco. Pero además de eso, nunca le pegan a nada, sólo recuerdo tres veces en que acertaron, una de esas me dijeron: “que tus proyectos salgan adelante, depende de la fe que tengas en este momento”. Yo estaba a un día de dar una conferencia, estaba muerta del susto, andaba escurrida. Cuando leí eso, algo se apoderó de mí; saqué pechuga, nalga y me dije: yo puedo, soy más grande que mi miedo. En ese momento el horóscopo sirvió. Pero si le hubiera hecho caso a las muchas veces que lo he leído, seguramente hubiera tomado decisiones diferentes. O mejor dicho, no hubiera tomado ninguna. Bueno, heme aquí, doscientos horóscopos después. El primer paso es quizás el más difícil, es el día que dices no más y saltas el charco, sólo ahí te das cuenta de que no había por qué temer, era un charquito. Concluyes, literal, ¿Eso era todo? Sip, eso era todo. El primer paso es quizás el más difícil, es el día que dices no más y saltas el charco, sólo ahí te das cuenta de que no había por qué temer, era un charquito. Concluyes, literal, ¿Eso era todo? Sip, eso era todo. Ahora, ¿por qué comienzas? porque necesitas cocinar tu propia sopa, ya estás harta de ver la de alguien más, sabiendo que la tuya podría ser mejor si sólo alguien te diera una oportunidad. Entonces esperas el tiempo suficiente para convencerte de que eso no va a pasar, nadie te va a dar caldo Maggi para hacer lo que quieres, o sea que o lo empiezas tú o te quedas en las grama viendo cómo alguien más hace su caldo. Puede que al principio no tengas claro qué estás haciendo ni para qué, pero lo haces por ti, porque te hace feliz a ti, porque está en tu alma, en tu tripa y en tu corazón, no para darle el caldo a alguien más e intoxicarlo –estoy exagerando–. Lo que quiero decir es que comienzas un proyecto por ti, no para hacerte famosa, aunque eso pueda pasar, lo haces porque si no estás creando eso que amas, sientes un hueco enorme, un vacío en el corazón. 103


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Cuando dejé de trabajar en televisión, me obsesioné con crear mi propia marca de ropa. La verdad, pensaba que sería tan sencillo como hacer ropa de calidad y ¡listo! los clientes llegarían. Así que lo aposté todo y sí, si hubiera tenido un perro seguramente lo habría vendido, la verdad es que me enloquecí. Era mi primer emprendimiento ¡Dios bendiga a los diseñadores! qué negocio tan duro y tan competido. Cada botón cuesta, cada aguja cuesta… Le das rienda suelta a tu creatividad, para descubrir que te has gastado esta vida y la otra. En cuanto a las clientas, bueno, a todas las quieres ahorcar: Es muy pequeño, muy alto, muy amarillo, poco amarillo. Es un emprendimiento costoso y yo estaba a punto de descubrirlo. Compré dos máquinas de coser, traje a una patronista experta, a una costurera, conseguí a una asesora. Cuarenta y tres prendas después, estaba en el suelo llorando, a punta de salir a donde el psiquiatra. Fue una de las primeras veces que tomé pastillas antidepresivas. Empecé demasiado grande, esto sumado a mi poco conocimiento del mercado, hizo que mi negocio fracasara, sin lugar a dudas, metí el tacón al hueco. Me salvé porque me detuve justo a tiempo, pero aun así, perdí muchísimo dinero. Debí haber empezado vendiendo una blusa, estudiando el mercado. Lo que quiero que entiendas es que te des la oportunidad de comenzar pequeño, pasa la vergüenza, sí, a muchas nos da vergüenza, de que te vean comenzar de manera discreta y echa tu proyecto a andar lo más pronto posible. Al principio, enfócate en hacer lo que amas, olvídate de querer venderlo todo, de tener éxito y fama. Tu primer paso es un acto de fe y de amor contigo misma. Entonces comienza sin tirar la casa por la ventana y, por amor a Cristo, no vendas al perro. Hay un dicho que dice GO BIG OR GO HOME, algo como: hazlo grande o vete a la casa. Pues yo voy a darle un giro, más bien: comienza pequeño y duerme tranquila. Si le vas a apostar absolutamente todo a algo que nunca has hecho antes, vas a arriesgarte demasiado, la consecuencia será estar a mil revoluciones, estresada, te puedes quedar hasta calva.

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Comenzar pequeño te da licencia para fallar y aprender de los errores. Cosa que personalmente odio, pero que es completamente necesario. Si no estas comentiendo errores, ¿qué estas haciendo? Al principio será prueba y error, aprenderás sobre la marcha, seguro te vas a caer pero nada, te sobas las rodillas y sigues adelante. ¡Recuerda que pa’ lante es pa’ allá!

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Cómo dejé el tacón botado 1. Comienza pequeño. Investiga tu mercado, sólo necesitas un computador. ¿Quiénes son las personas que están haciendo lo que yo quiero hacer? ¿Qué hacen? ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo los puedo ver en acción? ¿Qué puntos de conexión hay entre ellos y yo? Cuando quería convertirme en conferencista, vi a los grandes en su elemento y aunque nunca copié sus estilos, sí me sirvió de inspiración verlos en acción. ¿A quién necesitas ver diariamente para inspirarte? 2. Tú eres tu equipo. Aunque creo firmemente que un buen trabajo no se hace sin un buen equipo detrás, digamos que, en la etapa en la que estás, tenerlo es opcional. El proyecto comienza contigo, el primer empujón eres tú. 3. De la teoría a la acción. Hay un momento para hacer investigación, otro para pasar las ideas del papel a la realidad. Hay proyectos que se ven muy lindos en el papel pero no van más allá. Se quedan ahí. Necesitas mojar el pie, entre más pronto mejor, es ahí donde ganarás experiencia, donde si te desvías, te detienes, te ajustas y continúas.

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Permítete ser mala en algo que amas La que comienza siendo buena en algo es porque la iluminó el niño Jesús de Praga y el Espíritu Santo, le compartió su luz. Para el resto de los mortales, es normal ser bien malitos al principio. ¿Quieres saber algo? está bien, nadie te está pidiendo que seas perfecta y que la tengas reclara porque ¿quieres saber otro secreto? nadie la tiene tan clara. Ni la mujer maravilla que está preparada y se ve regia para luchar por la justicia, el amor, la paz y la igualdad de género. Pero, aceptémoslo, somos perfeccionistas. No del tipo que quiere que sólo la vajilla de la casa brille, sino del tipo que quiere que todo brille: el carro, el perro, el gato, la cama, el clóset y hasta la basura, que todo se vea bonito. Hace muchos años pensé que podría escribir un libro, este que lees hoy; el único problema es que no tenía idea de cómo hacerlo. Así que pasaron los años, pasó la vida y el libro sólo quedó en una ilusión que se transformó en frustración al ver que todos publicaban sus libros menos yo. Hasta que un día me cansé de quejarme y desempolvé mi sueño; entendí que podía iniciar en preescolar, como lo hace la mayoría. Es muy fácil sentirnos frutrados por no lograr hacer algo 107


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que deberíamos como, en mi caso, escribir el libro. Es fácil criticar y señalar a los demás, pero, el verdadero trabajo consiste en hacer el trabajo. Sencillamente: hacer la tarea, empezar, terminar y soltar, como este libro. Si tienes un sueño, lo primero que debes hacer es dedicarle tiempo. Lo segundo es darte permiso de que no salga perfecto. Porque en últimas es ahí donde está la clave para hacer las cosas. Hazlo con la tranquilidad de saber que vas a mejorar. Pero permítele a tu proyecto no ser perfecto, permítete a ti no serlo. Piensa en tu proyecto como en un hijo. Según las mamás sus hijos son los más lindos del mundo cuando nacen, después cuando crecen, ven las fotos de ese recién nacido y se dan cuenta de que en realidad eran feítos, pero sentían tanto amor que ellas lo veían divino. Son lindos por el simple hecho de que salieron de sus vientres, así tal cuál, son tus proyectos. Ahora te voy a contar algunas de las 27849304 veces que me tocó practicar algo para lograr un buen resultado. Si has visto mis redes sociales, quizás te gusten mis videos, lo que muchas no saben es que pasé siete años de mi vida 24/7 en un canal de televisión, como periodista, hablando frente a una cámara y haciendo en vivo todos los días. Me despertaba a las 3 a.m. para estar en maquillaje a las 4:30 y salir al aire a las 7. Muchas veces llegué a presentar cinco programas en vivo con el presupuesto de uno. Grababa a las 5 p.m. y salía al otro día a las 7 a.m. Llamaba a diario a mi mamá a las 4 a.m, para asegurarme de que las noticias que iba a dar ese día estuvieran bien. Me aterrorizaba estar tan nerviosa que pusiera el mar Pacífico en África. Así que a mi madre le tocaba estar informada, un trabajo no remunerado. Cuando se me trababa la lengua, que era bien a menudo, me decía mentalmente: Francisca tú puedes, tú puedes, mientras las manos me temblaban y los pies, que casi nunca se me veían, bailaban del susto. Y así un día a la vez, logré cumplir siete años presentado. Seguro tampoco saben que presenté un programa, “Fútbol y Tacón”, donde no había telepromter, así que me tocaba entre aprenderme las cosas de memoria e improvisar. Todo esto, mientras manejábamos un set virtual que se cromaba hasta con los zapatos. 108


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Cuando alguien es bueno en algo o por lo menos lo parece, no sabemos cuántos años de práctica tiene detrás. A la que no le guste como presento mis videos, por favor omita esta información, para el resto, les quiero decir que llevo muchos años parada frente a una cámara, asustada pero dispuesta a quedarme ahí hasta dominarla. Cuando quieras ser increíble en lo que estas haciendo ya, ya, ya, ya, ya y quieras tener todo resuelto de primerazo, recuerda la frase de Woody Allen: “Me tomó veinte años tener éxito de la noche a la mañana”. Y vas a ver que es cierto. ¿Quieres saber algo? a mí nunca me han llegado las cosas de manera fácil, soy del tipo de personas que tiene que hacer todo mil veces antes de lograr hacerlo bien. Al principio, soy un desastre, de verdad. También he notado, últimamente, que soy buena haciendo una sola cosa a la vez, porque el un, dos, tres, cuatro, agita mi cerebro. Como shaki shaki, sip de Daddy Yankee. Me tengo que acostumbrar demasiado a una actividad para sentir que la estoy haciendo bien. Monté a caballo durante quince años, y así y todo, el pinche caballo me tumbó como treinta veces, yo quería ponerle el nombre de uno de los ositos cariñositos; pero debí haberlo llamado Chucky, un día me tiró contra una tabla y casi me mata. Si te me acercas y ves bien mi cara, notarás mis cicatrices. Todas gracias a los caballos. Con los caballos y la vida pasa lo mismo: si te montas asustada, sales trasquilada, especialmente en Chucky. Porque lo más probable es que el caballo o la vida diga: la tengo. Si te montas asumiendo el control, así estés a punto de vomitar o hayas vomitado previamente, la cosa es diferente. Puede que salgas como en rodeo, pero ¡Ey! te montaste, estás trepada con sombrero como si le fueras a arrancar el pelo. La vajilla, el gato y el perro perfectos sólo están en nuestra cabeza. Ser bueno, es directamente proporcional al tiempo que lleves haciendo algo. Así que al principio, es cuestión de aceptar que tal vez eres bien malita. Chicas, hay que darse incluso la oportunidad de caerse del caballo. 109


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Estoy segura de que en el peor de los casos nos deja sentadas en el jopo pero con sombrero, puede que duela un poquito pero, también nos divertiremos un rato. Créeme, no hay sensación igual a la de tomar ese caballo, que ya es tuyo , y salir hacer lo que amas. ¿Estás lista para treparte a esa potra? Toma lápiz y papel: Yo (nombre completo) _____________________________ me doy permiso de ____________________________________. Todo inicia con darte permiso. Si has venido a mi conferencia “Me doy permiso”, qué maravilla, si no lo has hecho aún, te adelanto algo: hacemos este ejercicio en cartulina grande y rosada. Porque el permiso nunca debe pasar desapercibido. Por el contrario, debe ser vistoso para que lo pongas en un lugar donde lo puedas ver todos los días, sobre todo cuando sientas miedo. Sip, cuando estés pensando en Chucky o en Freddy Krueger. Ahora escribe: Puede que no vea el sueño completo pero, todo comienza con un pequeño paso. Voy a treparme al caballo así no tenga silla. Porque ese caballo es mío, porque me pertenece. Puede que al principio no sepa cómo dominarlo y está bien porque así se empieza. Somos el Rey León, puede que nos hayan exiliado de nuestro reino, pero es hora de volver a casa a gritar: HAKUNAMATATA. Ahora vas a escribir las acciones que vas a tomar para comenzar, ojo, no escribas ocho mil acciones para quedar en parálisis análisis. Sólo tres acciones, pueden ser tan sencillas como: cambio mi foto de perfil en redes sociales para verme más alineada con el nuevo proyecto que estoy emprendiendo, * la foto con tu perro, a menos de que tengas una veterinaria, quizás no esté ayudando mucho. 110


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Otro ejemplo: El día (fecha) ________________________________ me voy agendar con ______________________________ para hablar sobre cómo comenzó su proyecto y retroalimentarme de lo que ha hecho. Recuerda que todos los pasos cuentan. Lo importante es cumplir lo que te propongas. Después de que cumplas las primeras tres acciones, escribe otras tres, y así sucesivamente, verás que dentro de muy poco, estarás galopando. Hoy decido seguir mi corazón. Mi corazón no se equivoca. Nunca se ha equivocado y no lo hará ahora. Tengo miedo, tengo mucho miedo, siento que me voy a orinar, tal vez el Rey León se orinó antes de recuperar lo que le correspondía por herencia, pero hoy decido dar un paso pequeño. Me asusta lo que vaya a pensar la Chilindrina, el Profesor Jirafales, mi mamá, la señora de la esquina, que ni siquiera me conoce. Tengo miedo de fracasar, pero también tengo miedo de brillar. Pero lo voy a hacer porque para eso nací, para brillar. Yo soy una estrella y el único que tiene derecho a estrellarse es el huevo, mmm con papitas a la francesa. Tengo miedo cuando siento que no sé bien qué estoy haciendo pero, voy a aprender. Este es mi sueño, así que voy a luchar por él. Al igual que El Rey León no lo haré sola, contaré con las enseñanzas de mis padres y la ayuda de mis amigos. Entiendo también, que es imposible vivir una vida completamente feliz si no cumplo con mi propósito de vida. Por eso, decido comprometerme a cumplir tres acciones que me ayudarán a moverme pues, sólo así podré avanzar. Voy como la tortuga, sin prisa pero sin pausa. ¿Recuerdas lo que pasó con la liebre y la tortuga? Ajá, así tal cual .

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Cómo dejé el tacón botado 1. Deja atrás el concepto de perfección. Déjame decirte que hasta la Barbie tiene celulitis. Entonces, vas a decirte de ahora en adelante: Esto no va a salir perfecto, ni cerca, pero está bien. Lo voy a echar a andar, así parezca una sopa de arracacha con pasas. 2. Encuentra tus aliados. Así como en El Rey León, todas tenemos un Scar , el tío malo de Simba , en la vida, comenzando por nosotras mismas. Por eso, es importante matar a Scar, no mentiras, con que lo exilies de tu vida está bien. Concéntrate en encontrar amigos que se conviertan en tus aliados. Habla con ellos, cuéntales tus planes, así si algún día estás a punto de meter el tacón al hueco ellos sabrán cómo empujarte para que vuelvas a reinar. 3. Empieza. Puede que todo inicie tímidamente, que no tengas una idea clara de lo que vas a hacer, pero ¡alégrate! ya diste el primer gran paso: aparecer. Abre tu agenda y reserva el espacio para la cita más importante de todas: con tus proyectos. Escoge día y hora, cumple la cita siempre, hasta que veas algo creado y materializado. Después puedes dar el siguiente paso. Sólo mira hacia atrás para ver cuán lejos has llegado. Y sip, sigue dejando el tacón botado. 4. Riesgo sí, pero controlada. No mandes todo a la m... para empezar a trabajar en algo que nunca has hecho. Conserva tu trabajo, el que paga las cuentas, pero paralelamente, empieza a explorar. Dedícale tiempo a eso que te encanta y hazlo crecer, hasta que sea lo que pague tus cuentas.

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Obtén tu Máster en ignorar a Cruella de Vil Ok, abre bien los oídos y no cierres los ojos, aquí va: Aparte de tu mamá y tu amiga , que anda bien ocupada con su vida, nadie se la pasa pendiente de ti. Aclaración: Yo no soy como tu mamá, que al final te dirá algo bonito, soy, más bien, como tu tía que te adora, pero está lista para darte una patadita en la cola. Aunque sospechamos que nadie está pendiente de nosotros, siempre que vamos a emprender, por alguna razón, nos gusta imaginar que Cruella de Vil nos va a degollar para hacer un abrigo de piel con nuestros proyectos. Pero en realidad, tú eres la única que está poniendo sus sueños en la olla pitadora y no para cocinar, sino para hacerlos explotar. Mejor dicho, estamos como los “101 Dálmatas”, corriendo por nuestra vida, mientras que Cruella de Vil anda bien ocupada resolviendo su propia crisis existencial. Nos pasamos una vida entera sobreanalizando: qué pensará la gente de mí, cuando la realidad es que todos están atareados con sus propias vidas. Si alguien tiene el tiempo para hacerlo es porque su vida no funciona. Siempre quienes hablan de los demás, están como 113


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Cruella de Vil: con algún rollo mental, que evaden afrontar queriendo degollar. La autenticidad nace cuando estás como el tabasco encima de unos chilaquiles, o sea cuando descubres tu lugar favorito en el mundo. Esta se siente cuando te conectas haciendo lo que amas. Tienes las herramientas, el perrenque y el amor para hacer lo que quieras sin importar el que dirán. Muchos años estuve paralizada convencida de que me iban a atacar por cualquier cosa que emprendiera. En especial si me dedicaba a mi verdadero sueño: desarrollo personal. Resulta que aquí descubrí dos cosas: el que te quiere te va apoyar y el que no, entiende lo que estás haciendo, se va a alejar. En el camino perdí a muchos amigos, Cruellas de Vil, quizás, pero, yo, Francisca, me volví a encontrar y eso es exactamente lo que quiero para ti. Recuerda que Cruella de Vil o como quiera que se llame en tu vida, sólo tiene el poder que tú le has otrogado. Es hora de dejar de poner tu felicidad a la merced de alguien que ni siquiera su estilo pudo encontrar, porque dejar de hacer tus sueños por pensar que otros te van a castigar, es la manera más dura de castigarte a ti misma. No sé si esta es una angustia que proviene del ego o es una secuela del colegio. Puede ser la combinación de ambos. En el colegio, claramente, no respetan tu individualidad, meten a todo el mundo en el mismo costal. Si no encajas, si eres rebelde, te catalogan en dos grupos: te falta un tornillo en la cabeza o tienes problemas de aprendizaje. A nadie se le ocurre pensar que, simplemente, hay muchas formas de ser. El caso es que en el colegio cualquier diferencia es motivo para ser juzgado. Así que cuando crecemos, pensar en hacer algo diferente con nuestra vida y salirnos del rebaño, es casi un pecado. En cuanto al ego, qué te puedo decir, todos lo padecemos, los iluminados nos enseñan a “matarlo” pero, seamos sinceras: esto sólo lo logra Buda o Jesús, el resto, simples mortales, debemos aceptar que, por lo menos, en esta vida no va a pasar. El ego tiene problemas de identidad; no nos permite fallar, por lo tanto ante nuestra familia y amigos , siempre tenemos cierta postura feliz 114


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y ganadora, aunque por dentro se esté cocinando un sancocho mental. La próxima vez que decidas emprender (laboral o profesionalmente hablando) quiero que dejes de pensar que el mundo no te va apoyar, cambia el chip, más bien, piensa que el mundo será tu aliado; encontrarás a los amigos adecuados, a las personas que te valoren y, lo mas importante, personas en la misma sintonía. Si te muestras real ante el mundo, si cuentas tu sueño, encontrarás a esas personas que creen en lo mismo que tú. Esto, por supuesto, no sucede de un momento a otro, pero si te mantienes firme en el camino, te aseguro que pasará. Tranquila, acto seguido descubrirás que Cruella de Vil no te hará daño, al contrario, vas a ser una inspiración para ella. Mantente firme en tu propósito con tu cabeza en alto, camina a tu ritmo y baila reggaeton como si nadie te estuviera mirando.

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Cómo dejé el tacón botado 1. Deja la película. Todo está en tu imaginación, por algo se le llama la loca de la casa. Acuérdate de trabajar tu mente para que sea tu aliada y fluya a tu favor. Cultiva pensamientos positivos que te permitan crecer y llevar a cabo tus proyectos. 2. Nadie es tan importante. Relájete, qué importa si te equivocas, nadie está tan pendiente de ti. La verdad es que todos están ocupados resolviendo su propia vida. Enfócate en tu proceso, sigue tu camino y no te detengas a averigüar qué opinan los demás.

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Construye tu propia tarima Trata tus cosas con urgencia, ojo, no con afán. Conviértelas en prioridades, súbelas a las primeras casillas de tu lista, que sean parte de tu top 10, porque de lo contrario, serán parte de tu top 100, y hay 99 cosas antes, para cuando llegues a la número 50, ya estarás exhausta, rendida y con babas encima. A ver si te logras identificar con esto; sales de tu casa, al poco tiempo de estar afuera, te dan ganas de ir al baño, pero las ignoras y sigues caminando, a los veinte minutos ya estás a punto de reventar. Cruzas las piernas de un lado para otro, tratando de mantener la compostura, mientras sonríes con una mueca nerviosa, como si todos supieran lo que te pasa. Continúas y se vuelve seria la cosa, ya no aguantas más, así que sales corriendo a buscar el “bendito baño”. Ese es el tipo de urgencia que debes sentir al hacer tus proyectos. Ahora, si eres de las mías, a estas alturas no estás buscando un baño cinco estrellas, estás buscando uno donde puedas bajarte los pantalones, extender tus brazos de lado y lado y decir: Aaaahhhhh, lo más parecido a un orgasmo. Si has aguatado demasiado las ganas de ir al baño, también es probable que se te salga un gas. 117


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Pero esa es otra historia. Esa es la urgencia, querida, la necesidad de hacerlo ya, no perfecto, no en las condiciones en las que te hubiera gustado comenzar, pero ya. Hasta en el pasto toca muchas veces, si no encuentras un baño. Alce la mano la que no ha estado cerca de las vacas humectando su pastado. Entonces, cómo hacerlo yaaaaa si la vida pasa, si los hijos necesitan desayuno, almuerzo, comida, amor, si el esposo necesita que le rasques la espalda, mi esposo dice que mi único problema es que no le rasco bien la espalda, estoy segura de que tengo problemas más serios que ese, pero en fin, si las cuentas hay que pagarlas, si necesitas ir al odontólogo, si se te cayó, espichó, quemó o se quedó sin esmalte la uña, si necesitas cortarte o pintarte el cabello, ¿cómo darle prioridad a tu proyecto? Usando a tu favor lo que sea que estés sintiendo y expresándolo mientras haces el desayuno, mientras vas en el taxi, cuando tomas tu café, cuando tus hijos duermen mientras dudas y te preguntas en la noche si esto es para ti, claramente es para ti, de lo contrario no te estaría rondando la cabeza. Hazlo donde sea, ¡ojo! el proyecto, aprovecha cualquier momento y échalo a andar, ya sabes que no tiene que ser perfecto, de hecho nunca lo será. Te advierto al principio parecerá un feto, pero échalo a rodar. Nota: un feto no está nada mal para comenzar. Usa la gasolina que tengas ya, no mañana ni pasado mañana, ni dentro de un mes y menos dentro de un año. Si sientes rabia úsala como energía creadora, si sientes dolor úsalo a tu favor , sánate a través de tus proyectos, si sientes desespero por no comenzar, siéntate a trabajar. Si sientes rabia úsala como energía creadora, si sientes dolor úsalo a tu favor, sánate a través de tus proyectos, si sientes desespero por no comenzar, siéntate a trabajar. Si estás en modo frustración toma lápiz y papel y comienza a darle forma a tus ideas, si no tienes ganas de empezar, tómate un café. Al principio, tendrás que negociar el tiempo, aprovecha mientras tus hijos ven televisión, cuando todos se vayan acostar, durante el break del trabajo, en la hora de almuerzo pero poco a poco te irás organizando y verás que tres horas haciendo lo que amas se sentirán como cinco minutos en tu vida. 118


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Uno de los principales errores que he cometido, es creer que sólo con preocuparme, soñarlo, anhelarlo, o ver otras redes sociales, va a pasar, ojo que aquí perdemos mucho tiempo. Claro, así nunca encontraba el momento perfecto para construir mi marca y mi empresa. Ya sabes que ese momento perfecto no va a llegar, pues no existe, pero direcciona tus emociones para hacerlo ya. Por eso, trátalo con urgencia, haz que pase. Tú vas a construir tu momentum poniendo un pie detrás del otro, literal. En mis talleres cantamos: “pasito a pasito suave, suavecito”, y se queda corto, lo mejor es que lo bailamos. ¿Qué quiere decir pasito a pasito? moverse poniendo un pie detrás de otro. Es, precisamente, el sentido de urgencia, el que te moviliza. Si no tuvieras que hacer pipi yaaaaaaaaaaaa, lo dejarías para cuando llegaras a la casa, para otro día, para mañana, pero el hecho de que sea ya te obliga a tomar la decisión de buscar un baño. Así son tus proyectos, puede que no sepas cómo concretarlos pero siempre puedes preguntar y, lo más efectivo, sentarte a trabajar. A todas estas, confieso que la historia del baño va porque yo debería tener uno portátil para todas las veces que me dan ganas de ir cuando salgo. Conozco la urgencia y la he aplicado en mis proyectos. Muchas veces no se ve bonito, no es conveniente, no se siente como el lugar ideal o perfecto, pero ese sentido de urgencia me hace hacerlo. Otra cosa, por amor al Divino Niño, pide ayuda, deja de creerte la súperwoman, pide ayuda de la misma manera que preguntas por un baño. Dónde está el baño y quién me puede ayudar son preguntas parecidas, cumplen la misma finalidad: necesitas hacer pipí y necesitas comenzar a concretar tus proyectos. Vas a ver la sensación de alivio, lo ligerita que te vas a sentir cuando puedas llevar acabo cualquiera de las dos.

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Cómo dejé el tacón botado 1. Muévete. Haz de cuenta que te picó una avispa en la nalga, necesitas actuar ya. Espero que no pase en realidad, porque duele. La última vez que me picó una fue en la oreja, en un un minuto se me puso roja y se hinchó. Entonces, mejor no invoquemos a la avispa, más bien tratemos el asunto con urgencia. 2. Visualizar tu proyecto. Imagina cómo se verá, empiezas ya y no dentro de una semana. Entre más pronto comiences, más rápido verás tu sueño hecho realidad. 3. Reconoce a tus aliados. Haz una lista de tus aliados, quizás no sepan dónde está el baño cuando te den ganas de orinar, pero te pueden ayudar cuando necesites que alguien cuide de los niños o cuidar a tu gato, pueden traerte comida cuando no alcances a hacer la cena, ayudarte a lavar. Ellos son los que te van a decir, sigue adelante, cuando parezca que nada sale bien. Uno de mis grandes aliados es mi esposo. Busca a alguien que crea en ti y llámalo cuando sea necesario. 4. Sal de lo jarto, primero. Haz muy temprano en la mañana eso que odias, pero que debes hacer en pro de tu sueño. Al mal paso, darle prisa.

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Conclusión No existe una conclusión porque nada ha terminado, tu vida te está esperando. Sin embargo, mi última melodía de la noche es: NO estoy segura si estás en el hueco, camino para allá, apenas saliendo o ni siquiera sabes lo que es eso, pero sea cual sea tu situación actual y los huecos que hayas tenido que enfrentar, párate, lucha por lo que es tuyo, defiende tu sueño, créete el cuento y repite cuantas veces sea necesario: YO _______________________ ESTOY AVANZANDO, PORQUE PA ATRÁS NI PA SACAR EL TACÓN DEL HUECO. Esta es tu pista mujer, tú decides cómo y con quién quieres bailar. Despide a los saboteadores y contrata un nuevo personal. ESTE ES TU MOMENTO DE BRILLAR. Gracias por leer este libro y por hacer uno de mis grandes sueños realidad. Cuando quieras echar paso conmigo, aquí me puedes encontrar: Instagram: @franciscaarbelaez Twitter: @Francarbelaez Youtube: Francisca Arbelaez Facebook: Francisca Arbelaez

Con cariño,

la Lady Gaga del desarrollo personal

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Sobre Francisca Francisca Arbeláez es Colombiana pero gran parte de su vida vivió en Alemania y Estados Unidos donde estudió y se graduó como profesional en Comunicación de Rollins College. Regresa a su país para trabajar como presentadora en RCN, NTN24, Claro Sports e invitada especial en CNN en español. Su camino en el campo del desarrollo personal y el empoderamiento femenino inició cuando, después de una pérdida familiar, reconfiguró su vida entorno a la búsqueda de estrategias efectivas para conseguir grandes propósitos a nivel personal y profesional orientados al impacto familar, empresarial y social. Durante un largo tiempo, se preparó con grandes maestros del desarrollo personal, para tomar un nuevo rumbo en su vida profesional y dedicarse a ser conferencista motivacional y autora. Además, es creadora del programa “Hablando con Francisca”, en donde retoma su pasión por la investigación periodística y el descubrimiento de grandes historias, compartiendo con su audiencia las emocionantes conversaciones que tiene con personajes de renombre en la actualidad, líderes y maestros de impacto, llevándoles mensajes poderosos de crecimiento personal, inspiración, vida sana y auto-conocimiento. Actualmente trabaja con mujeres que están en proceso de transición personal o empresarial y que están listas para pasar al siguiente nivel, a través de sus conferencias, cursos, libros y talleres enseña su metodología LCD (Limpiar, Cerrar y Desechar) una técnica disruptiva y poderosa que las ayuda a pasar de sentirse estancadas en su vida profesional a tener claridad y precisión en la formulación de sus proyectos conectándose con su propósito y con la realización de todas las áreas de su vida.

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