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Escribí esta poesía el 28 de Junio de 2007.  Es para una parte mía que muchas veces negué… ella sabe bien.  Por eso se me ocurrió “personificarla” y hablarle de esta manera. También es para todos lo que intentan integrar esos aspectos negados,  o perdidos por el camino o dejados en el olvido.  Porque con Amor e imaginación, todo se puede…


Lágrimas Doradas Si sólo pudiera acercarme despacio y, con voz muy suave, comenzarte a hablar… Quizás si pudiera  sentarme a tu lado mirarte a los ojos, simplemente estar… Tal vez de ese modo verías mi pena por no ver tu pena y tanta soledad. Dejame contarte que vino el Otoño, que cayeron hojas  y nada es igual. Que el viento en su canto se llevó los juicios y la indiferencia... ¡ No servían más! Y dejame ofrecerte lágrimas doradas, esas que pedías… y yo te negaba. Quizás fue el temor a que fuertes lluvias, por algún momento, taparan el sol.


Recién ahora entiendo: ¡es sólo mirando  a través de esas gotas que hay un arco iris cuando sale el sol! Porque para el Alma no es uno o es otro. Es siempre la lluvia junto con el sol. Es día y es noche,  invierno y verano.  Y sabe habitar  en cada estación. Y también dejame brindarte mi tiempo: tomaré tu mano  para ir de paseo. Iremos corriendo por campos de trigos, cruzaremos bosques tal vez, algún río. En arenas blancas de playas eternas ¡sólo para vos construiré un castillo! Y allí, cuando veas venir una ola seguí el movimiento  y dejate llevar… Dejá que tus lágrimas dancen sin reparos, que hagan remolinos… ¡nadie va a mirar!


Entre tanta espuma y perdida en la danza quizás te preguntes: “¿soy yo o es El Mar?” Y así, aún mojada, con la cara fresca seguiremos viaje: ¡falta lo mejor! Las altas montañas están esperando.  Y hasta se vistieron  para la ocasión: llevan gorros blancos y faldas marrones, ¡de plumas de cóndor es el cinturón! Como quien se inclina para alzar a un niño con gesto muy suave te levantarán… Te pondrán despacio en la cima más alta. Y como a una ofrenda te contemplarán. Y estando allí arriba no pierdas de vista cómo se ve el bosque,  ¡qué azul se ve el mar! Sabrás con certeza que todo es perfecto, que es sólo cuestión  de saber mirar.


Y abrirás tus brazos, y respirarás hondo, y así, como un pájaro,  ¡te irás a volar! Y al caer la tarde volvamos a casa. Tengo muchos cuartos… te podés quedar. Elegí el que quieras: el más luminoso,  el que tiene flores, tiene buena vista y también tiene hogar. Los inviernos vuelven, y el fuego calienta, ilumina, transforma… ¡Si el Alma sabrá! Y dejame traerte un té que repare. Con mi manta suave te puedo abrigar… ¿Querés que te deje la puerta entornada? La luz encendida siempre va a quedar. Quedate tranquila… que cuando te duermas y cuando despiertes, no importa la hora… ALLI VOY A ESTAR.


Después de las  lágrimas doradas… “Todo lo que ocurre, ocurre con el propósito de revelarnos a nosotros mismos quiénes somos. No existe tal cosa como una “mala revelación”. No hay una “mala verdad”. Cuando empezamos a comprender que la única manera en la que lo Divino puede revelar su presencia en nosotros, es tocándonos y mostrándonos, empezamos a decirle : “Tomame… soy tuyo”.”  Guy Finley

Luego de escribir “Lágrimas Doradas”, dimensioné cuán sanador era para mi escribir poesía. El lenguaje simbólico, las metáforas, la manera en que grandes ideas pueden resumirse en una línea sin ser limitadas, y un significado puede ser transmitido a través del tiempo, o del espacio sin ser alterado, hacen que encuentre en la poesía otro modo de expresión para mi Alma. Es como un lenguaje universal… Sé que el cerebro no distingue entre realidad y la fantasía. Por eso creo que los trabajos con la imaginación, o las visualizaciones, crean cambios en los planos sutiles, que finalmente terminan manifestándose en la forma. Que algo suceda en la imaginación de cada uno, no quiere decir que no suceda o no exista. ¡Claro que existe! Sólo que esa energía es tan sutil que no la podemos ver. La vamos percibiendo cada vez más a medida que va bajando a la forma, o se va materializando o concretando. Pero es importante saber que cuando trabajamos en esos niveles, también estamos trabajando en otros planos, y provocamos cambios en niveles muy concretos. 


Siempre me identifiqué más con la alegría, el disfrute y la confianza. Por eso la tristeza o el enojo eran energías que solía negar, quizás porque pensaba que me iban a desbordar y no iba a saber qué hacer con ellas. Lo interesante es que muchas veces no les damos lugar a esas emociones porque pensamos que no vamos a saber qué hacer. Y no sabemos porque en realidad no hay nada que saber. Lo importante y lo único que tenemos que hacer es “sentirlas”, habitarlas, ser presentes a lo que nos pasa.  Cuando terminé de escribir la poesía, el haber sido conciente de ese estado y el haber hasta “personificado” esa energía, hasta ese momento inconciente, fue como “iluminarla”… Sacarla a pasear por los lugares más lindos que pude imaginar , dedicarle mi tiempo de una manera tan amorosa, y decirle o decirme que en lo que sea “me acompaño”, fue profundamente sanador. En una palabra, el “ser presente” a aquello que surge, sea lo que sea, siempre es transformador El paseo, el buen trato, el tiempo dedicado, la promesa de ser presente a esa emoción en cualquier momento, ocurrió en mi imaginación. Pero sé que al mismo tiempo lo estaba haciendo en otros niveles. Y la transformación llegó también a la forma, como una sensación de paz y de gozo profundos. Un maestro, del que aprendí mucho, decía que con cada cosa que nos pasa la vida nos toca para revelarnos algo de nosotros mismos. Pero a veces negamos o dejamos afuera aquello que no reconocemos. Dice que a veces somos como una ostra, a la que le entra un grano de arena, que preguntándose “mmm… ¿qué es esto?…”, no lo reconoce, se sacude un poco, y trata de sacárselo. Pero si no hay grano de arena… no hay perla.  Yo siento que cuando soy presente a lo que me pasa, cuando me dejo tocar por la vida, y dejo entrar el grano de arena, como ese día de la poesía, adentro mío eso se transforma en una perla.


LAGRIMAS DORADAS