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«Nuestra profesión tuvo una época dorada, en la cual te iba bien o te iba muy bien; a nadie le iba mal. Pero ese mundo se acabó»

Sobre el partnership «El partnership es el modelo en el que está organizada la profesión en todo el mundo y tiene una cantidad de ventajas porque las personas que dirigen el negocio y son esenciales, son dueñas de las firmas. Sin embargo, tiene una serie de dificultades que lo hace un vehículo no totalmente óptimo para el mundo de hoy, poscrisis financiera del 2007. Tengo la convicción de que no es un buen modelo para hacer inversiones ni para innovar. En el partnership, cada millón de dólares que se invierte es un millón de dólares que no se distribuye entre los socios. La inversión puede llegar a beneficiar a los futuros socios, no necesariamente a los actuales, quienes con frecuencia no llegan a disfrutar para nada de los beneficios. Por lo tanto, las decisiones de inversión son políticamente muy impopulares en este modelo. El partnership también es poco adecuado para innovar, porque el poder está muy distribuido entre muchos socios y siempre hay algún tipo de resistencia a las decisiones que representan cambios y es difícil llegar a consensos. A diferencia de ese modelo, debo decir que actualmente, por ejemplo, estoy en firmas corporativas en las cuales hay inversores y hay management, pero un directorio toma las decisiones. Y siempre, razonablemente, existe la expectativa de que las decisiones que se toman, se ejecutan. Existe una enorme diferencia entre lo que es tomar una decisión y ejecutarla.

¿Cómo ve el ejercicio actual de la abogacía? «Pienso que la profesión legal a nivel internacional está en una crisis muy profunda, con un quiebre a varios niveles, sobre todo en la relación entre los socios. Antes de la crisis financiera de Estados Unidos en 2007, despedir a un socio era impensable en las grandes firmas internacionales. Pero en 2008-2009, todas echaron socios y la relación entre los que quedaron cambió sustancialmente, y adquirieron protagonismo las fórmulas sobre quién aporta el cliente y trabaja con él. Eso también debilitó las relaciones y los socios comenzaron a cambiarse de firma; eran como jugadores de futbol. La estructura y la cohesión interna de las organizaciones se afectaron. También se produjo un quiebre entre los socios y los asociados. Hoy en día, en casi todas las firmas globales, los asociados ya no les creen a los socios. Antes sabían que podían llegar a socios siendo competentes, pero actualmente eso les toma muchos más años, o no llega nunca. Hay un estudio de American Lawyer que dice que solo 1 % de los asociados en las firmas globales llegan a ser socios. El asociado lo sabe y ya no entra a las firmas con esa aspiración. La crisis de la industria legal es muy grande, no es estable. Esto no puede seguir así, pero tampoco se ve cómo se sale por el otro lado del túnel».

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¿Qué piensas de la incidencia de la inteligencia artificial en la industria legal? JP Morgan tiene un software que en su primera versión sustituyó 100.000 horas de trabajo profesional. El abogado bien pagado ya no es el administrador de un proceso —porque eso ya lo hacen las nuevas tecnologías—, sino quien aporta una nueva perspectiva, la solución a una crisis o problema difícil, quien encamina una negociación que estaba bloqueada. La verdad es que no todos los socios latinoamericanos se educaron o sirven para eso. Muchos de ellos son buenos administradores de procesos, pero de golpe el mundo les cambia a su alrededor. Puede ser que un país atraviese un buen momento y eso disimula la situación, pero por debajo hay un cambio estructural que está ocurriendo y que se pondrá en evidencia tarde o temprano, como ocurrió en Argentina con la desaceleración económica que dejó este tipo de temas totalmente a la vista. Pienso que no todos los abogados pueden hacer ese nuevo trabajo de aportar valor agregado significativo y estratégico; tampoco sé si en el corto plazo hay suficiente espacio para todos los abogados. A la larga, obviamente, las variables se ajustarán, pero ahora hay una transición dolorosa para muchos profesionales que van a vivir un momento complicado. Solo para el abogado que puede ayudar a las empresas y personas a navegar este nuevo mundo complejo, se abre una oportunidad enorme.M Juan Antonio Pittaluga

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