Page 1

El Colegio de San Luis A.C. Maestría en Asuntos Públicos y Políticas Públicas Ciencia Política Juan José Barrios Barrios, Ensayo 01/2012 Transparencia 2019: ¿Como debe ser la siguiente generación de fundamentos para el ejercicio del derecho a la información? “... si insistimos en la naturaleza obligatoria de la rendición de cuentas, es más difícil que los profesionales de la política la presenten como un acto de otorgamiento de la autoridad generosa e ilustrada hacia el público ignorante.” Giovanni Sartori, 1984

El pasado 10 de septiembre, Enrique Peña Nieto presidente electo de México, informó a través de los medios de comunicación, que había presentado ante diputados y senadores del Partido Verde y Partido Revolucionario Institucional –los partidos que en conjunto, respaldaron su candidatura a la Presidencia de la República-, una propuesta en materia de transparencia, para que la conviertan en iniciativa de Ley. Ese día, se establecieron para los siguientes seis años de la Administración Pública Federal, Estatal y Municipal a través del Gobierno que está por comenzar, los fundamentos de marcada verticalidad, de lo que será entendida como transparencia y rendición de cuentas a los ciudadanos en México. Los elementos discursivos de la política mexicana que dieron origen a un diseño muy particular del concepto transparencia, se encuentran en un campo semántico que desde finales de las décadas ochentas y noventas del siglo XX, los ciudadanos en México escucharon por todas las formas de comunicación posibles: lucha anticorrupción, renovación moral, cuentas claras, o solidaridad fueron entre muchas otras, las palabras que sin ninguna relación etimológica con la terminología generada, evolucionaron hasta convertirse en los conceptos que casi como una obligación narrativa, deben incluirse en el discurso político del siglo XXI, sin importar para ello, el color, las siglas o el nombre del emisor. Transparencia, rendición de cuentas, gestión eficiente, o buen manejo de recursos son expresiones que han perdido una parte de su significado original al ser escritas juntas, para darle oportunidad a una asociación de ideas de la que casi todos los actores de la clase política mexicana pretenden apropiarse de su parte significante y con ello, de su parte de capital simbólico tras el secuestro del concepto a través de miles y miles de discursos difundidos en cada una de las oportunidades que se les presentan, y aquí si, aun con la ausencia de los medios de comunicación. Paradójicamente, quizá una de las pocas aportaciones sólidas de la clase política al tema a través de su desesperada vocación por apropiarse del concepto transparencia, ha sido el haberlo colocado como un elemento inseparable de la construcción ciudadana de la idea de democracia. Guillermo O`Donell estableció claramente, cuales son los


elementos que deben contribuir al estudio de una teoría del democracia sobre todo en América Latina debido a la percepción existente sobre las deficiencias del Estado de derecho democrático en esta región, “Ninguna teoría referida a un objeto social, debe omitir el examen de los usos lingüísticos de dicho objeto” –Teoría democrática y política comparada (1999)- y señala O`Donell que es importante en esta construcción -sobre todo latinoamericana- del concepto de democracia, tomar en cuenta los preceptos morales fuertemente ligadas al concepto fundadas en una visión de los ciudadanos como agentes, es decir, los portadores del derecho a votar y/o tomar la opción de ser votados que posibilita la existencia de la propia democracia. Como elemento discursivo la transparencia es relativamente joven pero se integró rápidamente a la variedad de obligaciones que la clase política asume como una generosa concesión que el desempeño de su encargo, les permitirá proporcionar en la medida de sus conveniencias a los ciudadanos en el ejercicio de un derecho democrático: la posibilidad de votar, cualquiera que sea el resultado que ello implique. Una revisión a una relación como esta: clase política-discurso político-ciudadanos agentes, implica entonces y de acuerdo a lo señalado por O`Donell, un abordaje desde la filosofía política y la teoría moral que no aparecerá en este texto. Habrá referencias en un par de ocasiones más, pero básicamente, las revisión estará enfocada al asunto de análisis en esta ocasión; el conjunto de elementos teórico-discursivos que llevan al cuestionamiento que titula estas páginas. Entonces, ¿Estado fallido y transparencia fallida? De entrada y para establecer un compromiso teórico concreto, la respuesta es no. Sobre el Estado fallido se requieren mas elementos teóricos y desarrollo estructural en este texto para acercarse siquiera a una revisión mínima, pero desde el tema que aquí se trata, la transparencia, no. Y sobre la transparencia en su condición de ejercicio ciudadano pleno también no, no hay transparencia fallida. Es posible definir con bastante precisión teórica, que es una transparencia opacada. O que es una transparencia limitada. Una transparencia regulada y colmada por mas requisitos para ejercer el derecho que los elementos a obtener a través del ejercicio mismo: Un ciudadano que pide una copia simple de una factura de compra, requiere acceder a internet, realizar su petición por escrito, esperar un plazo de veinte días, enfrentar la posibilidad de una negación o ampliación del plazo de entrega, pagar la fotocopia si la norma lo indica, y finalmente, revisar su cuenta de correo o solicitud en línea para conocer el detalle de la información que requirió. Pero el concepto ha estado presente bajo el calificativo que le acompañe, es decir, es posible hablar de transparencia, como sea y bajo las características que le acompañen desde su aparición en el escenario político nacional. Otra vez paradójicamente, una aportación negativa de la clase política mexicana es la asociación del concepto transparencia con las ideas de la sociedad sobre actividad política, burocracia y leyes y reglamentos. Y con ello, su distanciamiento con el ciudadano agencia de O´Donell. Los casi 10 años que la transparencia es un derecho de los ciudadanos en México, también ha sido utilizado –hasta la saturación- como un pilar fundamental del discurso político que pretende percepciones ciudadanas de honestidad y buenos resultados a través de sus contenidos, pero que en un trayecto recíproco sobre las condiciones reales del Estado, sus instituciones, organizaciones y estructura, han transmutado a solo un mito discursivo en la política mexicana. El resultado parece


simple, aunque sea una mentira: La transparencia tiene un dueño, la clase política mexicana. En una conferencia en la Universidad de Chile en diciembre de 2011, Gianfranco Pasquino indicó que las sociedades que tienen una baja participación política, presentan un bajo nivel de rendición de cuentas por parte de sus representantes. En este sentido, y conforme a la definición de Norberto Bobbio en El futuro de la democracia, que dice, es el conjunto de reglas que establecen quien está autorizado para tomar decisiones y bajo que procedimientos, para los ciudadanos se convierte en asunto indispensable y en una determinante desde la conciencia política personal primero y colectiva después, entender que la evolución de un concepto fuertemente ligado a democracia en estos tiempos, es indispensable incorporarlo renovado y fortalecido–y sin riesgo de exageraren la batería de elementos que permitirán el desarrollo democrático en México y un sano alejamiento de cualquier indicio autoritario desde el Estado y específicamente, desde el poder ejecutivo, por mas buenas que afirme, sean sus intenciones. En rescate de lo anterior, se vale afirmar que solo para comenzar, una transparencia en malas condiciones, por lo pronto, era preferible a la existente opacidad absoluta de casi 80 años de Gobierno. Así que en ningún sentido el saldo es del todo malo para la transparencia y los ciudadanos. De hecho, es probable que el aprendizaje ciudadano haya sido rápido y que a la transparencia en México le sucedió lo que a un platillo cuya degustación agradó a los comensales –originalmente los anuncios en televisión del IFAI indicaban que el ciudadano podía meterse hasta la “cocina”, oficinas de gobierno, y ver la preparación de todos “los platillos”, programas de gobierno- es tiempo de preparar más, haciendo algunos cambios y sobre todo, servirlo en porciones mucho más grandes. Mas modificaciones, mas artículos, mas organismos, mas consejeros: Del mito discursivo a la irrealidad institucional de la transparencia mexicana Lo que no hay que hacer rumbo a una nueva generación de fundamentos en el ejercicio de la transparencia en México es muy fácil definirlo. Se deben dejar de remozar, adecuar y parchar todos los elementos hasta ahora contenidos en todas las leyes y reglamentos al respecto. Todo eso, ya probó sus limites y posibilidades, sus beneficios y omisiones. Esta –natural- siguiente generación no tiene nada que ver con reformar la docena de artículos constitucionales que Peña Nieto propuso reformar de la Constitución y de la Ley de Transparencia. Las leyes mexicanas ya están llenas de parches y adecuaciones que solo se han convertido en refugios de la inconsistencia y la irregularidad. “Frankensteins” a la mexicana, lejanos al romanticismo propuesto por Mary Shelley. “Contamos con recomendaciones para mejorar la calidad de las democracias. Las han elaborado analistas y expertos en todos los países. Suelen proponer -como ha hecho un reciente informe de la Dirección General de Participació Ciudadana de la Generalitatla revisión de las instituciones y procesos políticos. Algunos, por su evidente obsolescencia. Otros, por su desviación de los principios democráticos. Las correcciones apuntan a tres grandes objetivos. Mayor transparencia para hacer comprensible la complejidad de los conflictos que enfrenta la democracia actual. Mayor participación ciudadana en la fijación de la agenda política, no para suplantar


a la democracia representativa, sino para completarla con una mayor intervención de ciudadanos no profesionales de la política. Finalmente, mayor rigor y control más eficiente en la rendición de cuentas y en la evaluación sistemática de las decisiones públicas” Josep María Vallés, de su ensayo “¿Demócratas poco practicantes?, publicado en El País de Catalunya, 23 de julio de 2008. Vallés es claro en su aportación sobre la construcción de un democracia de calidad y traza una ruta que dice el, ha sido diseñada por expertos en todo el mundo: La transparencia y la rendición de cuentas deben convertirse en los ejes fundamentales de toda la reconversión política y el ciudadano en el agente catalizador del cambio. Mayor transparencia pero en manos de y para los ciudadanos en una paráfrasis libre sobre lo escrito por Vallés. Re-institucionalización. Re-invención. Re-integración La transparencia no es un regalo del señor Gobernante y sus funcionarios a los ciudadanos, es su obligación. La transparencia no es restrictiva y discrecional, debe ser absoluta y plena. La transparencia no es unidireccional, debe ser multidireccional y multidimensional. Debe evolucionar del derecho a pedir la copia de una factura al derecho de solicitar acciones legales conforme al contenido de esa factura. Es muy seguro que México pierda nuevamente la oportunidad de hacer algo verdaderamente en serio con la transparencia y la rendición de cuentas. Corrección, México no, solamente su clase política. Los ciudadanos si han aprendido que necesitan y lo han dejado claro con su descontento con quienes los representan, de acuerdo con los resultados recientes –16 de octubre de 2012- de la Encuesta Nacional de Impacto y Calidad Gubernamental 2011, levantada por el INEGI, hoy los partidos políticos ocupan el lugar mas bajo en la confianza de los ciudadanos o el más alto en la desconfianza según se vea. Y razones no faltan. Un solo párrafo ilustra las intenciones que han definido el rumbo de la transparencia y la rendición de cuentas en México para los próximo seis años: El Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, nombrará a todos y cada uno de los siete consejeros del Instituto “Autónomo” de Acceso a la lnformación, pero “Si esta –propuesta debería decir aquí, pero sus redactores lo omitieron- volviera ser rechazada, y para evitar la parálisis o mal funcionamiento del organismo garante, se faculta el titular del Ejecutivo para designar directamente al nuevo comisionado”, página 21 de la Propuesta de Proyecto de Iniciativa con Proyecto de Decreto por el que se reforman los Artículos 6°,73, 76, 78, 89, 105, 110, 111, 116 y 122 de La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, elaborada por el Presidente Electo de los Estados Unidos Mexicanos, Enrique Peña Nieto. Años perdidos, sin transparencia o bien con transparencia al contentillo, simulacros de control tras las bambalinas como escribió Sartori.


Bibliografía Sartori, Giovanni, ¿Que es la rendición de cuentas?: Encuentro Internacional sobre transparencia, México, Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, 2002 Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia, México, FCE, 1996 O´Donell, Guillermo, Teoría democrática y política comparada, Metodologías para el análisis político, Ensayo, Kellogg Institute for International Studies, University of Notre Dame, 1999 De Ponson, Alexis, Pasquino en la Universidad de Chile, Nota informativa, www.sentidoscomunes.cl, Revista en línea. Chile, 2012 Vallés, Josep María, ¿Demócratas poco practicantes?, Diario El País, Catalunya, España, 2008 Nieto, Santiago, Rendición de cuentas y transparencia para la persistencia democrática, Ensayo, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, 2008 INEGI, Encuesta Nacional de Impacto www.inegi.org.mx, México, 2012-10-23

y

Calidad

Gubernamental

2011,

Peña, Enrique, Proyecto de iniciativa con proyecto de decreto con el que se reforman los Artículos 6°, 73, 76, 78, 89, 105, 110, 111, 116 y 122 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, www.enriquepenanieto.com, México, 2012

Transparencia 2019