Issuu on Google+

Porque no podemos olvidar que el ser humano alguna vez dejó de serlo. El Holocausto, también conocido como HaShoá, es el nombre que se aplica a la persecución y genocidio de aproximadamente 6.000.000 de judíos, y de algunos otros grupos minoritarios de Europa y el Norte de África, como parte de un programa deliberado de exterminio planificado y ejecutado mediante el asesinato sistemático e industrializado por la Alemania nacionalsocialista dirigido por Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.

Según el criterio más o menos restringido que se adopte para definir el Holocausto, la cifra de víctimas varía. Algunos historiadores lo circunscriben a lo sucedido entre los judíos y el Tercer Reich (unos 5,8 millones de víctimas). Otros estudiosos consideran que debe aplicarse también a las víctimas polacas, y a otros pueblos eslavos y gitanos. Un tercer grupo amplía el término para que abarque también a los homosexuales, los disminuidos físicos y mentales y los Testigos de Jehová, de modo que se estiman en 11 o 12 millones las víctimas del Holocausto, de las cuales la mitad eran judíos.


Muchas de las víctimas murieron en los campos de concentración, que eran centros de detención donde les obligaban a hacer trabajos forzados y a vivir en condiciones extremas de frío y hambre. Los campos más sangrientos son Auschwitz-Birkenau, Treblinka, Belzec y Dachau, donde morían 1000 personas por día. Algunas de estas víctimas morían a mano de los sádicos trabajadores del campo, que les trataban con extrema violencia y crueldad, otros morían debido a los experimentos que realizaban con ellos, que iban desde diseccionarles sin anestesia hasta unir dos gemelos con el fin de crear siameses.

Muchos otros fueron asesinados sin piedad en campos de exterminio, que eran un tipo de campos de concentración construidos únicamente para matar. Las formas de asesinato iban desde muertes en cámaras de gas hasta el aplastamiento de la cabeza mediante el uso de un enorme martillo. La muerte más horrible era la estaca: con los brazos atados a la espalda, se colgaba a los prisioneros por la unión de las muñecas, por lo que las articulaciones se fracturan, los húmeros se desarticulan junto con la escápula


y la clavícula. Tal dislocación producía horribles deformaciones, a menudo permanentes. La agonía se alargaba hasta que al fin el esqueleto se desmembraba. Por último, la víctima, paralizada, moría tras una dolorosa agonía. Mientras las tropas Aliadas avanzaban a través de Europa en una serie de ofensivas contra Alemania, empezaron a encontrar prisioneros de los campos de concentración. Muchos de estos prisioneros habían sobrevivido las marchas de la muerte al interior de Alemania. En enero de 1945, los soviéticos liberaron Auschwitz, el campo de exterminio y concentración más grande. Los nazis habían forzado a la mayoría de los prisioneros de Auschwitz en las marchas de la muerte, y cuando los soldados soviéticos entraron al campo encontraron vivos a solamente algunos miles de prisioneros hambrientos. Había abundante evidencia del exterminio masivo en Auschwitz. Los alemanes habían destrozado la mayoría de los depósitos en el campo, pero en los que quedaban los soviéticos encontraron las pertenencias de las victimas. Descubrieron, por ejemplo, cientos de miles de trajes de hombres, más de ochocientos mil vestidos de mujeres, y más de catorce mil libras de cabello humano. Los liberadores enfrentaron condiciones inexpresables en los campos, donde pilas de cadáveres estaban sin enterrar.

Solamente con la liberación de los campos fue posible exponer al mundo las atrocidades de los nazis. Los prisioneros que sobrevivieron parecían esqueletos a causa de las demandas de los trabajos forzados y la falta de nutrición adecuada. Muchos estaban tan débiles que no podían moverse. La enfermedad era un peligro constante, y muchos de los campos tuvieron que ser quemados para prevenir la difusión de epidemias. Los supervivientes de los campos enfrentaban un largo y difícil camino a la recuperación. Después del Holocausto, muchos de los supervivientes se instalaron en los campos de refugiados que administraban las fuerzas aliadas. Entre 1948 y 1951, casi 700 mil judíos emigraron a Israel, incluidos 136 mil judíos refugiados de Europa. Otros judíos refugiados emigraron a Estados Unidos y a otros países. El último campo de refugiados se cerró en 1957. Los crímenes cometidos durante el Holocausto devastaron a la


mayorĂ­a de las comunidades judĂ­as de Europa y eliminaron totalmente a cientos de comunidades judĂ­as de los territorios ocupados de Europa Oriental.


Porque no podemos olvidar que el ser humano alguna vez dejó de serlo