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DE NUESTRA MANERA DE HABLAR

Manuel Lรณpez Zamora


DE NUESTRA MANERA DE HABLAR

Es curioso como la gran mayoría de la gente de nuestra Patria tiene una idea equivocada de todo lo relacionado con lo andaluz y sobre todo de nuestra manera de hablar. Siempre tropiezas con el típico listillo que, casi despectivamente te dice: Los andaluces no sabéis hablar, os coméis las palabras y no se os entiende nada. Hasta aquí es lo más común. Sólo que estas personas, o no saben lo que dicen, que son la mayoría, o no quieren saberlo, que es lo peor. Y a mí, que soy andaluz, me duele que estas personas difareen sobre nosotros y no sepan que el lenguaje es mucho más complejo de lo que a primera vista se pueda juzgar, cosa que les trae sin cuidado. Muchas son las hipótesis que se han hecho sobre el origen del lenguaje, pero ninguna ha estado tan magistralmente expuesta como la hecha por Engels en su manuscrito La transformación del simio en hombre. Así el nacimiento del lenguaje está íntimamente relacionado con la necesidad colectiva de comunicarse; con voces propias y onomatopéyicas, comienza de forma inconsciente a confeccionarse un vocabulario, al mismo tiempo que se lograba un lenguaje articulado; a lo largo del tiempo, se comprende que este es limitado y que no quedaba constancia de lo que se decía; esto lleva a hacer marcas y señales en piedras, huesos, maderas, etc., para comunicarse a través del tiempo; de esta manera comenzó lo que más adelante sería la escritura. Los filólogos calculan unas 3.500 lenguas en el mundo, de estas, solamente 150 son habladas por más de un millón de personas; por lo tanto las otras 3.350 restantes son minoritarias y están muy distribuidas; es evidente que justamente los países más pobres, son aquellos más ricos en lenguas. Las primitivas lenguas prerromanas, habladas por nuestros antepasados (iberos, ligures, celtas, tartesios…), fueron abandonadas hacia el siglo III antes de J.C., coincidiendo con el inicio de la romanización en la península. A partir de entonces todos los aborígenes -excepto la región vascongada, que nunca estuvo dominada por los conquistadores- se incorporaron, lentamente, al uso del latín; naturalmente lengua aprendida de oído, a través de los legionarios romanos -las legiones se formaban con individuos de todo el orbe mediterráneo- o sea, el sermo rusticus o latín vulgar -en este caso, un mil leches vulgarísimo-; la lengua latina ofrecía otra modalidad bien definida, el sermo urbanus, o latín clásico, hablado y escrito por los más eruditos. Sería primordial saber que la BAETICA dio dos grandes figuras de las letras latinas: Séneca y Lucano, al igual que dos emperadores al Imperio: Trajano y Adriano.


Está demostrado que anatomofisiológicamente, no hay entre dos seres humanos, suficientes diferencias que les impidan hablar con una misma pronunciación. Son razones estrictamente culturales, es el medio geográfico el que nos hace ser de una forma determinada y no de otra, porque este, de alguna manera nos condiciona y por lo tanto habrá unas variantes de identidad, culturales y dialectales. Por ejemplo, mientras el sonido onomatopéyico del gallo, los hispanos lo oímos kikirikí, los galos lo perciben como kokorikó, o sea, que estas diferencias dialécticas tienen su origen en una diversa forma de oír aquello que nos comunican. A la caída del Imperio romano, Hispania tenía ya una cierta uniformidad lingüística y con las invasiones germánicas, estos abandonaron su propia lengua y la clase letrada adoptó el bajo latín, forma degenerada del latín clásico, mientras que la plebe utilizó el latín vulgar acrecentado ya con cierto número de vocablos germanos, este evoluciona tan rápidamente que hacia el siglo VII ofrece ya la forma de un romance rudimentario. Sería conveniente saber que en el siglo VII, había dado a conocer sus Etimologías -compilación, en veinte libros, de todos los saberes de su tiempo- y su Imagen completa de los tres mundos: San Isidoro de Sevilla. Con la invasión musulmana y la inmediata destrucción de la monarquía visigótica se origina el nacimiento de una serie de dialectos que vienen a substituir el prerromance hablado en el siglo VII. Se constituyen los reinos cristrianos que empiezan a ofrecer formas idiomáticas diferenciadoras. En el siglo X, aparecen algunas de estas formas, fijadas por escrito. Se hablan ya en la península seis dialectos de origen latino: gallego, leonés, castellano, navarro-aragonés, catalán y mozárabe, este último es el utilizado por los cristianos sometidos al Islam y el que con mayor ahínco mantiene las formas propias de la época visigótica; en cambio el castellano, presenta ya un decidido carácter innovador, diferenciándose de los demás dialectos, mucho más arcaizantes. (Las últimas investigaciones confirman que los Cartularios de Valpuesta contienen las palabras más antiguas escritas en castellano en el siglo IX); hasta ahora teníamos como primeras voces romances, las aparecidas en las Glosas Silenses y Emilianenses, redactadas en el siglo X. En Al Andalus, durante el Califato de Córdoba, convivían de alguna manera, tres culturas y el erudito califa Al-Hakam II -su biblioteca superaba los 400.000 volúmenes- presumía que su corte tenía más poetas que estrellas el firmamento. Sería provechoso saber que en nuestra tierra nacieron: Averroes y Maimónedes. Atravesando el Muradal, desciende a las riberas del Guadalquivir, Fernando III el Santo y en incontenible avance ocupa, Úbeda (1234), Andújar, Martos, Baeza, Córdoba (1236), Murcia (1243), Jaén (1246), Sevilla (1248). Este rey oficializó el castellano para la Cancillería. Sin embargo, su hijo Alfonso X el Sabio escribió en galaico-portugués -primera manifestación culta del lirismo en lengua romana en la península- sus Cantigas.


¿Verdaderamente en el siglo XIII el castellano tenía ya una unidad fonética como idioma? Todavía hay quien nos comenta que el rey Santo y su séquito nos llevaron el castellano a Andalucía, lo más curioso es que cuando te lo explican parece ¡como si vieran al rey a caballo y con un master en filología hispánica, de la Complutense, debajo del brazo! Tengo la convicción que nosotros, los andaluces, no hablamos una variante degenerada del castellano. Sería fundamental saber, que la primera Gramática castellana (1492) la publicó un andaluz: Antonio Martínez de Cala y Jarava Nebrija. Afirmaba Cristóbal de Villalón, escritor y ensayista del siglo XVI, Harto enemigo es de sí, aquel que estima más la lengua de otro que la suya propia. Doy por acabada aquí, en nuestro Renacimiento, estos apuntes históricos, no sin antes recordar que desde el Siglo de Oro hasta el siglo XX, en todos los periodos, movimientos, estilos, tendencias, etc., nuestra tierra ha dado grandes figuras sobresalientes. Y como última coletilla, sería bueno saber que Andalucía inspiró grandes mitos literarios universales: Don Juan, Fígaro y Carmen, que hubo dos Generaciones, la del 98 y la del 27, que fueron un verdadero II Siglo de Oro, con dos poetas maravillosos: Don Antonio y Federico (Machado y García Lorca ¡Claro!) y destacar dos Premios Nobel de literatura andaluces: Jiménez (1956) y Aleixandre (1977).

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O sea, no todo lo de allende del Saltus Castulonensis (Despeñaperros) es subcultura, ignorancia y barbarie. Por lo tanto, si aceptamos que el pueblo andaluz pronunciamos de manera diferente, no se nos puede acusar de que hablamos mal, no nos comemos las letras, ni las transponemos, ni las alargamos, es que hemos percibido los sonidos de esta manera y así los expresamos. Estos metaplasmos o figuras de dicción son los que nos reprueban, pero claro, siempre desde las reglas de la gramática castellana. Veamos un ejemplo de cada una de estas ocho figuras de dicción: Por supresión: Aféresis.- Supresión de un sonido al principio de vocablo (nea por anea). Síncopa.- Supresión de un sonido en medio de rodando).

vocablo (roando por

Apócope.- Supresión de un sonido al final de vocablo (reló por reloj).


Cambio de posición y de grafema: Metátesis.- Cambio de lugar de un sonido en un vocablo (naide por nadie). Sustitución.- Cambio de un grafema por otro en un vocablo (lantejuela por lentejuela). Por adición: Prótesis.- Añadir un sonido al principio de vocablo (amoto por moto). Epéntesis.- Añadir un sonido en medio de vocablo (muncho por mucho). Paragoje.- Añadir un sonido al final de vocablo (hemos comprados por hemos comprado). En cierto modo es un intento de hacer regular una forma aparentemente irregular del castellano. No es privativo de unas lenguas ser cultas y otras vulgares, en todas se da un amplia variedad de registros: culto, coloquial, específico, vulgar, argot, etc., y cuantos más conocimientos tengamos de ellos, tanto mejor. Manuel López Zamora

Barcelona, octubre del 2014

Bibliografía: Cirlot, J-E. Diccionario de Símbolos. Editorial Labor S. A. Barcelona De Mena, J. Mª. El polémico dialecto andaluz. Plaza&Janes Editores S. A. Esplugues de Llobregat (Barcelona) García López, J. Historia de la literatura española. Editorial Vicens Vives. Barcelona Linage, A. Unamuno y la Edad Media. Archivos Leoneses, nº 61 (1977). León MacKay, A. La España de la Edad Media -Desde la frontera hasta el Imperio (1000-1500)- Ediciones Cátedra S. A. Madrid MAGNA, Enciclopedia Carroggio. S. A. de Ediciones. Barcelona Marco Botella, A. Liricoj perloj de Al-Andalus. Fundación Esperanto. Zaragoza Riu, M. La Alta Edad Media del siglo V al XII. Montesinos Editor S. A. Esplugues de Llobregat (Barcelona) Vicens Vives, J. Atlas de Historia de España. Editorial Teide. Barcelona


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