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casa garcia pumarino o palacio de llano ponte

CASA GARCIA PUMAINO O PALACIO DE LLANO PONTE


casa garcia pumarino o palacio de llano ponte

Se mandó construir entre los años 1700 y 1706 en estilo barroco siguiendo los planos del arquitecto Francisco Menéndez Camina, famoso entre la nobleza de la ciudad por la riqueza arquitectónica de sus edificaciones. Su propietario inicial fue Rodrigo García Pumarino, un conocido indiano que regresó a su villa natal después de haber pasado cuarenta años en Perú haciendo fortuna gracias al éxito de su negocio naval.3 Rodrigo García-Pumarino nació en el pueblo de Manzaneda, en el actual Concejo de Gozón, el 22 de febrero de 1643. A la muy temprana edad de 15 años se trasladó al Reino del Perú, concretamente a la capital del virreynato entonces llamada Ciudad de los Reyes, actual Ciudad de Lima. Pasados sus cuarenta años regreso a Asturias con una gran fortuna. Funda vínculo en el lugar de La Ponte, en la parroquia de Vioño (Gozón) y manda edificar en Avilés su casa-palacio a la entrada de la calle del Rivero, comienzo del Camino Real a Oviedo y en el itinerario del Camino de Santiago que discurre por la costa, a su paso por Avilés. El mismo Don Rodrigo había sido ennoblecido con el hábito de Caballero de Santiago, y quizá por esas dos circustancias, la fachada de su palacio avilesino aparece adornada con conchas veneras y cruces de Santiago. Don Rodrigo falleció sin haber tenido hijos, por lo que su casa fue heredada por sus sobrinos, que al cabo de los años la permutaron por otra propiedad de la familia Llano-Ponte.


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La fachada principal se caracteriza por su bien escuadrado sillar de piedra, que sigue el mismo esquema que el del edificio del ayuntamiento pero introduciendo bastante más decoración. Además se encuentra dividida en cinco arcos de medio punto situados entre pilastras, embellecidas con rosetas y consta de dos plantas; el bajo porticado y transitable y el piso superior que posee cinco balcones, cada uno de ellos centrado en el arco correspondiente. La visible divisoria entre ambas plantas la marca una línea de imposta moldurada y denticulada, flanqueada por los blasones de las dos importantes familias que han habitado en el palacio. Inicialmente tuvo patio y capilla, si bien no queda nada de su distribución inicial puesto que al ser transformado en el siglo XXse derribó todo el interior perdiéndose así todo rastro de su estado anterior.

A principios del año 1770, don Manuel Francisco de LlanoPonte, mostró su interés por adquirir la propiedad de los García-Pumarino, mediante permuta con una casa que había construido en el barrio de Sabugo, extramuros de la Villa, y sus huertas y propiedades anexas. Dicha casa subsiste en la actualidad reformada, conservando en su fachada el escudo de los Llano-Ponte entre balconesl. Más como la Casa-Palacio estaba vinculada a la Capellanía, fue preciso contar con la oportuna licencia del señor provisor de la Diócesis, para que el negocio jurídico pudiera formalizarse.

antigua casa de los llano ponte sabugo


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La casa permutada por la de los García-Pumarino, es la existente en la calle de La Estación, en Sabugo, al lado de la única casa con soportales existente frente al ábside de la iglesia vieja, en cuya fachada, como ya se dijo, figura el escudo de los Llano-Ponte. El escudo que figura en la casa, hoy número 20 de la calle de La Estación, que fue objeto de la permuta con la de los García-Pumarino está dividido en cinco cuarteles, los dos superiores corresponden a Valdés y Álvarez y los tres inferiores son, Arango, Ponte y Alonso. No es preciso esforzarse mucho para apreciar la diferencia existente entre los bienes permutados, no solo por su emplazamiento, sino también por su cabida y la extensión de los terrenos anexos, varios factores pudieron influir en el trueque; el mismo año de 1774 en el que se firma la escritura de permuta era Alcalde de Avilés, don Rodrigo de Llano-Ponte, que había sucedido a su pariente don Antonio Jacinto de Llano-Queipo y a quien a su vez sucedió don Álvaro Ramón Valdés-Ponte, también de la familia. Por otra parte don Juan de Llano-Ponte y Sierra, Deán de la catedral de Oviedo había pasado a ser Obispo auxiliar de la Diócesis en 1770, pues el titular de la misma Monseñor Pisador (17601791) muy quebrantado de salud residía permanentemente en Benavente, a su muerte fue don Juan obispo titular, de


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1791 a 1805, no podemos olvidar que uno de los herederos, don Fernando García-Pumarino era sacerdote y capellán de la casa adjunta a la Capellanía, todo lo cual sin mayores conjeturas hace suponer con fundamento que influyó para que la permuta se formalizase. Tanto don Manuel Francisco de Llano-Ponte como otros destacados miembros de la familia, realizaron a lo largo del siglo XVIII diversas obras de transformación del inmueble así como en la calle de su situación, el propio obispo que frecuentaba la mansión de sus familiares costeó a sus expensas la reparación del pésimo pavimento de la calle de Rivero, elevando su nivel de la calzada, que en tiempo de lluvias se anegaba con las aguas procedentes de la huerta del Marqués de Ferrera, dotándola de alcantarillas y suprimiendo algunos soportales a fin de que no impidiesen el paso de su carroza. Años más tarde esta obra, entonces impuesta, serviría para que pudiera circular por Rivero el tranvía eléctrico. Transcurren los años, don Rodrigo de Llano-Ponte contrae matrimonio con la marquesa de Ferrera, pasa a residir en el palacio y la antigua casa de los García-Pumarino enmudece y se cierra. Mas tarde, ya en 1928, se instaló en el inmueble "El Liceo Avilesino", colegio regido por el recordado sacerdote don Cándido Alonso Jorge, con un plantel de magníficos profesores, en el que asistimos a clase, por ello conocí el interior de la Casa-Palacio con su amplio zaguán, su patio de pavimento de huevo de paloma y su regia escalera de piedra con barandilla de hierro forjado. El Liceo cerró sus puertas con la Guerra Civil, volviendo a quedar la casona deshabitada hasta que en 1939 se instalaron en ella las monjas carmelitas de clausura de Oviedo, cuyo convento había sido destruido durante la guerra, en el improvisado cenobio estuvieron hasta 1945, año en el que retornaron a su reconstruida


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residencia de la capital. En 1946 la empresa cinematogr谩fica "Prafel", solicit贸 licencia para instalar un cine cuyo proyecto solo dej贸 en pie la fachada del inmueble.


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calle rivero

En el siglo XVII el Concejo (o Ayuntamiento) de Avilés decidió -dada la estrechez con la que se vivía en el recinto medieval- extender la ciudad fuera de las murallas, hacia el sur, a terrenos libres de mar y marismas. Y así brotó una plaza, en principio triangular (El Parche actual, que como se ve, ya nació con vocación de tal), con un palacio en cada vértice (Ferrera, el municipal, y el de García Pumarino) y dos vías soportaladas, tan célebres como celebradas: Rivero y Galiana. Rivero es la única calle de la historia avilesina que nunca ha cambiado de nombre. Si acaso, mudó la 'b' por una 'v'. Como Abillés, que con el tiempo, terminó llamándose Avilés. Es muy antigua la existencia del Ribero, que así figura escrito en Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Avilés de 6 enero de 1485: «Reunidos en Ribero, arrabal de la villa de Avilés» que fue formándose en el camino que llevaba a la capital de Asturias, y que tambien era Camino de Santiago. Por lo que no ha de extrañar que allí se edificara -en 1515- un Hospital de Peregrinos, costeado por el enigmático Pedro Solís, (que ya tuvo su episodio). El albergue era un complejo con capilla y cementerio, que vino inmisericordemente a morir, a golpe de piqueta, en el verano de 1948. La denominación ribero, corresponde a un vallado que se hizo en la zona para contener el agua, que bajaba -demasiado generosamente- por los prados del hoy parque de Ferrera, inundando frecuentemente casas y camino del


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lugar. pero por el agua, también tuvo molinos e incluso un Molinón. Cosa histórica de las humedades en esta bendita calle, porque -actualmente- siempre que llueve de más, uno de los primeros lugares de Avilés que lo paga con inundación es el tramo final de la calle de Rivero. Decididamente los vecinos no necesitan 'ir a pasar el agua'. A ellos les viene. Por tanto, parece lógico que el emblema de la calle sea una fuente, la famosa de los Caños de Rivero (1815) y emplazada en un espacio semicircular con bancos de piedra, donde antiguamente se ubicó un lavadero público. Cuadro costumbrista que se complementa con la vecina capilla del Santo Cristo de Rivero y San Pedro ('San Pedrín' para los avilesinos), un antiguo humilladero que existía aquí desde hace siglos y luego transformado en ermita, con reparaciones sucesivas. El arrabal del Ribero se ordenó como calle en aquel siglo XVII y se fue enriqueciendo en edificios, siendo hoy la rúa peatonal más larga y transitada de la villa. Comienza, en su costado izquierdo, en un palacio barroco (hoy salas cinematográficas) y termina en una elegante y sencilla casa, en cuyo bajo domicilia una farmacia. Otra muestra más, por si no había suficientes, del llamado 'Barroco Boticario de Avilés', aquel donde las mansiones se asocian a las boticas. Curioso y singular estilo artístico que, ya me contarán a mí, en que otro sitio del mundo se da. El palacio lo mandó construir, en 1700, el gozoniego Rodrigo García Pumarino, recién venido del Perú y que al poco de instalado en él, lo intercambiaría con la casa que en Sabugo tenía la familia Llano-Ponte. Y el obispo Juan Llano-Ponte, en 1795, costeó el alcantarillado (agua va, otra vez) de ese tramo de Rivero, suprimiendo -de paso y como el que no quiere la cosaalgunos soportales que impedían el tránsito de su carruaje. Rivero es de tramos largos y soportalados. Y sus vecinos son gente muy orgullosa de su histórico barrio. Razón llevan, porque es un encanto, que esta contado en los libros, y cantado en los escenarios. Contada por escritores como Armando Palacio Valdés (1853-1938), que de niño vivió en esta calle.


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Cantada, por ejemplo, en la zarzuela 'La pícara molinera' (1928), donde su estribillo más conocido -sacado del cancionero tradicional asturiano- dice «calle la del Rivero, calle del Cristo, la pasean los frailes de San Francisco». Y lo que queda por contar de este Rivero de hoy, ayer del Rivero y anteayer del Ribero. Y no le doy más vueltas., que Rivero es mucho Ribero.


Palacio de llano ponte