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Una urgencia vital (2.006)

UNA URGENCIA VITAL

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Apareció la muerte bajo la cúpula de mármol, y en sus fauces las horas señalaban el tiempo con desigual melodía

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LIBRO PRIMERO: UNA URGENCIA VITAL

La gran tarea de la vida es justificarse. Justificarse es celebrar un rito. Cesar Pavese

Muerte: para ti no vivo Jorge GuillĂŠn

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VIGILANCIA INTENSIVA

La unidad de vigilancia intensiva de este hospital Juega con el tiempo sin saberlo. El día, ya no es el día, es una nebulosa anegada en la espesura que nunca se detiene. La noche, es una cicatriz desnuda, un cuerpo oscuro iluminado con luces de neón fosforescente. La sala es un vagón del metro con las vías retorcidas que te lleva a un lugar insospechado no sabe cuándo ni dónde. La atmósfera respira un olor agridulce como única alternativa que obliga a esconderte en un sueño vaporoso. Mi pecho aún no conoce el vértigo de la taquicardia que vivifica la destrucción de la carne bajo la piel. Alguien me rodea, dice mi nombre, presiona sus dedos en mi frente. No puedo escapar de esta larga sequía con los ojos vidriosos empañando mis párpados.

¿Hacia dónde caminas mi libertad tan temida si despiertas de tu letargo en perpetua elegía? Mis puertas están abiertas. Tu verdad, vigilada. Mis manos te extrañan y piden que rompas las cadenas. Me entrego a este miedo con absurdas decisiones. No conozco este mundo que me sumerge al corazón insomne de las profundidades. No puedo huir por la senda desconocida sin antes madurar el previsible peligro del viaje.

Las llagas laceran mi boca 5


con agudos alfileres de cristal esmerilado. Hay una pausa. Silencio. (A veces las prisas son malas consejeras). Alguien agoniza con el dolor al descubierto. Sólo veo caras veladas con verdes mascarillas, cuerpos de batas blancas, un cabello dorado como un sol inmenso reunido en una cola de caballo. Una gota de sangre resbala sus tensos atributos y se aleja hacia lugares recónditos olvidando el recorrido de los vasos comunicantes (es posible encontrar su huella seca en el suelo cuadriculado de la estancia o en las mamparas adosadas a la izquierda de mi cama.

Siento el sabor derretido del metal cuando maduran los fármacos en la saliva. Estoy sumido en la penumbra sin encontrar la fórmula secreta o la llave que abra el libro de lectura con las historias ya casi perdidas. No hay puntos de referencia en el péndulo exclusivo que señala las vibraciones del sonido desnudo; sólo la luz vacía, la mirada nublada, la insegura espera.

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DESPERTAR DE LA AUSENCIA

En tímidos peldaños de artificio se disuelven mis ojos cerrados. Oigo crecer los límites de las pisadas acercándose. Mi noche despierta en una realidad que me es extraña. Hay silencio a mi alrededor. Un presagio de tiempo se dirige hacia el lecho cubierto por la ausencia.

Abierta está la imagen de mu cuerpo desnudo, profanados mis conductos con sondas transparentes, cables de materiales fungibles en manos de voluntad sentida. Veo palpitar la luminiscente pantalla parpadeando el valor constante de los números entre conmovidas fuerzas esperando ser creadas. A través de mis poros siento fluir el calor de líquidos extraños como sangre que roba a la penumbra el cetro inmaculado de la vida. Una tormenta se agita en mi interior con el áspero roce de las sábanas y el contorno oscilante que tensa mi costado.

Inmóvil adivino a otros como yo. Este exilio es un recinto cerrado, un dominio literal en la espesura que construye normativas simuladas, una especie de síntomas y signos en la excesiva limitación de lo que veo.

Hundidas columnas se acercan, 7


se estrechan en un punto del espacio circundante, primen el sabor de la amargura, dirigen su ruta hacia el holocausto imprevisible con la terrible precisiรณn de las horas.

Ahora estoy decidido a brindar La certidumbre sumergida tras la cortina rasgada que se acerca sin reparo a la imagen sucesiva de un rostro especulado. En mi mente no existen corrientes subterrรกneas ni imรกgenes para someter las prolongadas aguas que brillan pacientes junto a la niebla. Unos labios pronuncian: silencio, estรก dormido.

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LAS HUELLAS DEL REGRESO

En mi memoria está aquel dolor brusco golpeándome como una mala puñalada, la fría huella del regreso, la mueca repetible del gesto duro, los cimientos ladeados con el sudor espeso ahogándome en un mar embravecido, los gritos, los jadeos, el ritmo de la desventura, el temblor de la espuma en la sombra agitada, el largo silencio, la erosión cautiva, los vértices descompuestos de mi corazón parado como si fuera una vieja maquinaria.

No quiero descifrar tantos enigmas, ni perseguir el éxtasis vivido en la esfera del alba. El hastío o la nada son desiertos consumados con la paz deslizándose entre resquicios de muerte, donde la tempestad se reafirma, donde gimen los océanos en contra de su voluntad y vierten sus aguas cenagosas en los pliegues vacíos de mi ceguera.

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EN SENTIDO FIGURADO

Ya no se extingue el vuelo de palomas. Soy un cuerpo desnudo ahogado en preguntas: “¿cómo te encuentras?, te vemos bien . Sólo hay un verdad revelada; está ausente con su mirada fija y su leve sonrisa germinando el gesto de las máscaras. “Estoy bien, no os preocupéis por mí. Aquí me miman como a un niño en su primera travesura”.

Quemados por la virtual caricia ya no hay atardeceres sin secretos, decorados cayendo por la espiral sin fondo. estás tú, con tu armazón repujado, anclada en ocultas coordenadas, con todos los planos, líneas, volúmenes, materiales en perfecto orden, con las aristas lisas de mineral pulido, desgajada e invulnerable.

Dime si la flor ha madurado los frutos de las lágrimas amargas resbalando en desorden por tus mejillas. Dime dónde se cierran lo pétalos si el reloj vacía sus anclajes en la abrupta enredadera de la vida, y si intercepta a solas el espacio que se dirige indemne hacia el paisaje oculto.

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LA ATMÓSFERA SELLADA

Al fin he comprendido: el cortejo se ordena tras los mapas estelares, un sordo rumor sin arribada, la oscuridad en el límite indeciso, el último peldaño al borde de la brisa, la atmósfera sellada al filo de la cumbre, los espacio esparcidos al borde de su suerte, la tierra prometida para el recinto exhausto.

No tengo más techo que el que elude mi destino, ni más quilla hundida que bogue complaciente hacia la noche; sólo la espiral de un grito, una súplica sobre los vientos más terribles que ciegan con rigor las avenidas; sólo la luz ardiendo es ascuas homicidas abrevando los rebaños de imposibles estrellas en el paso fronterizo del umbral dividido.

En el jardín secreto, el plenilunio acelera los círculos sagrados, y entre mármoles de suave tacto los cuchillos desenfundan con sigilo la vida que combate cerca.

Desperté de sueño, de esta tregua, rechazado en trayecto por perpetuos horizontes, con mi edad escindida en mil pedazos, huyendo del rito fúnebre de los ahogados. Mas no sé por qué fui el elegido.

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MI SOLEDAD POBLADA

Es dura la elegía para tus hermosos pechos si omito uno a uno su relieve. Éste es el momento oportuno en que soy dueño de mis actos, en que pareces real, más espesa, inadvertida, soberana de mi reino vacante.

Sólo me falta esperar la franquicia sobre cuerpo exhausto, gozar del tacto sinuoso de tu piel oscura, remendar el telar escogido para la lluvia de otoño.

Sobre este tejido en ruinas mi sed se pronuncia con respuesta callada. Un olvido teórico desordena los ciclos, hace acopio de cenizas y de escombros en suspenso reviviendo tu materia.

Entonces, extiendes tu presencia con la certidumbre vertida hacia el impulso, y rememoras el deseo incontrolado al saberte sumergida en mi recinto.

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SOMBRAS INTERIORES

Es el gozo y el miedo, el amor amenazado, el absurdo asombro de habitar entre las horas, el cetro desplazado a otro mundo inconexo que destierra el caos absoluto a su linde más complementario.

En este ascenso imposible busco entre las enredaderas el eco de tu boca carnosa que cabalga hacia tu desembocadura.

Tus ojos, se endurecen con terribles armaduras, por sendas de neblinas proclaman su inocencia, se entregan con urgencia a sombras interiores por líneas que conocen trayectos en suspenso.

Eres, el registro perdido en mi blando pergamino, la última incisión a los lados de la herida, tan sólo una premisa que me arrastra a intervalos bajo la fuerza de un amor convicto y confeso.

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CONDENADO A JUICIO

Vida mía, mi promesa. Si derrota a la muerte me debes con celo tu presencia; si eres vencida en singular combate, y pierdes tus derechos, te demandaré en un juicio rápido, serse el fiscal implacable sentándote en el banquillo de los acusados, llamaré al estrado a los testigos, y uno a uno les preguntaré todo lo que saben sobre ti: si fuiste generosa con los menesterosos, si diste el amor sin límites a quien no lo poseía, si cerraste las grietas del odio y de la ira, si serviste con deseo la promesa a quien con perseverancia te buscaba, si miraste con ojos limpios a un brote de paz y de justicia, si no ofreciste a los mortales el billete de un viaje con destinos diferentes.

En mi alegato, atacaré tus principios asumiendo mi papel de vasallo, haré un pronunciamiento apasionado con las herramientas que poseo: la resurrección, la reencarnación, la transfiguración, la transposición, la contradicción del remordimiento.

El jurado, doce hombres sin piedad, dictará la sentencia: condenado a vivir. 14


MAR DE SENSACIONES

Y la húmeda lágrima aparece y desaparece Con su murmullo inagotable. Acotada por la oblicua promiscuidad de los sacos protectores, balbucea a intervalos en el torbellino envolvente del agua salada, y con su materia vulnerable recorre el breve trayecto de las mejillas en una lenta cascada.

Y toda la sangre corre libre por mi cuerpo dejando señales descompuestas en los amplios canelones de mis venas. Con leve aullido intuye la trama de los desafíos y de las confesiones, acepta la esclavitud, la ansiedad permanente, el paréntesis de los acontecimientos, la resurrección incompleta ausente de emociones.

Y mi dolor se vislumbra sin reparos tras el rapto petrificado de la madrugada como un cuadro primitivo cubierto de cenizas, con la espiral candente del miedo ahogando brevemente mi garganta, configurando espectros blanquecinos con la cóncava ondulación del tiempo para atrapar en su redes los gritos de la memoria.

Y aquí todas las sensaciones se vierten sobre inútiles plegarias salvadoras. lejos, vestidos vaporosos dan conciencia al olvido, encierran la soledad en intactas vasijas donde los objetos yacen en desorden con alevosía, donde la luz y sombra quedan en el esqueleto 15


de una materia irrelevante, pequeña, sujeta a la servidumbre de una mecánica infalible y muda.

Y cuando el espacio recobrado de una ciénaga recrea los lugares conocidos, alguien restituye el anonimato de ese mundo imaginario que sólo aparece en mis sueños, y frente al espejo recupero el diseño, me libero de grilletes, salgo de mi encierro, desarmando mi cansancio maduro.

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LIBRO SEGUNDO: PASAJE INTERIOR

En mi interior de sombra voy asiĂŠndote, temblor de sal, a ti, mi misma agua Jaime siles

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AUTODEFINICIÓN

En cualquier otro lugar sería suficiente parpar a tientas un orden conocido aunque fuera difícil alargar las manos. Bastaría con tu rostro imaginado, esculpido sin tapujos en un relieve libre de impurezas que no alterara las normas del espacio. Sería suficiente rescatar tu geometría de su dureza lineal y figurada con un corte limpio en los márgenes sutiles que separan las fronteras de tu voz y mi silencio.

Aquí, no hay el reajuste temporal a una historia inventada, los objetos son casi idénticos a un anónimo discurso de materia objetiva: los sentidos absueltos, el pulso inagotable, la luz extenuada, la arquitectura descompuesta el entramado exacto que sugiere los colores imperfectos sin límite preciso.

Me sorprendo de existir, de ser un eje violento, invisible, dispar, intransigente, elíptico, voluptuoso, rectilíneo, inconsciente, disonante, místico, sedoso, apenas una abreviatura de un diseño incompleto recorriendo los reflejos del estanque.

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A pesar de todo, ruedo con la desnudez que rodea el dibujo sin saber autodefinirme.

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POSESIÓN

Ya no soy una urgencia vital. Soy un huésped gratuito que mide las distancias. La soledad al fin me abandona. Resbalo por la sala mi presencia solapada. En la estancia hueca planeo mi estrategia. Por poderes tomo posesión de mi espacio, de mi pequeño universo: una cama articulada, una mesa, un sillón, un armario, la ventana, la luz interna, el lavabo compartió; estos son mis derechos estáticos reducidos a la mínima expresión. Con mis ojos sonámbulos pierdo la perspectiva, rastreo el dolor y la risa del amor fugitivo espiándome tras los visillos; transito sobre acueductos secretos con corceles desbocados, demonios desnudos y querubines maliciosos; aguanto el asedio de ingenuos balbuceos con el lenguaje rebelde e impreciso de aquellos que gimen por su suerte echada; abro los tragaluces de las bóvedas prendiendo las teas con fuegos de artificio. La fragilidad de mis esquemas cae lentamente por su peso, se adentra en mi propio fracaso, y deja etapas inconclusas en el claroscuro de mi rota travesía.

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LA PROCLAMA

Las sombras escogidas me atrapan entre dos mundo bajo los falsos aleros, las sólidas vigas, junto al encalado endurecido del muro, en los escombros y cascotes desperdigados. Adosado a las paredes desportilladas sobrevivo en mi lugar reservado.

Llegó el olor tenebroso del sacrificio. Los cuerpos de las víctimas fueron fundidos por débiles aguaceros llevándose sus despojos al corazón de la tierra. Y la mascarada de los espíritus hambrientos gozó del ágape exquisito con huesos raídos, cercos de sangre, vísceras en gangrena y órganos internos.

Alguien me dijo: no busques la reconstrucción, ven, sígueme, llevas esta ofrenda al altar reservado a los hombres justos, allí donde se oculta el rostro de los dioses que seremos.

A mis pies la sombra se duplica, arrastra nombres, lugares, fechas conocidas para un viaje final desde el círculo a la elipse reuniendo del azar los residuos dispersos.

Y todo será como si no fuera.

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LA TIERRA PROMETIDA

¿Dónde queda el dolor, dónde la herida, dónde la fiebre empapando la sed de la resina, los relámpagos de resplandor ciego, los gritos de los condenados a cadena perpetua, la fotografías de un álbum plagados de reliquias borradas sus huellas por el tiempo, las cariátides sosteniendo la rigidez de las columnas, los pretiles abandonados en el agitar de las mutilaciones, el cuerpo recobrado que no retorna a la silueta, dónde seguir el rastro itinerante de la noche con sus ojos viejos y cansados?

¿Es allí nostalgia imponente del deseo, el libro reescrito en la blanca pluma de la sal, el pasado enterrado que nos arrastra, el espasmo abierto de la llaga abierta sesgando el nudo de las rosas mustias, el aire libre rozando la garganta como efímeras astillas ahuyentando los extremos, la luz aprisionada en las redes de los párpados, el litoral encendido con los colores del miedo?

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EN LAS VÍSPERAS

Me sublevan los gestos homicidas, los signos incrustados en el prólogo de secretas ceremonias, la verdad abstracta, distante, artificial, protegida, vulnerable, teórica, dogmática, rigurosa, próxima a la ficción de la conciencia.

Persigo el destino de un loco irremediable con mi alma gemela que, en el exilio, el tiempo envilece con sutil eficacia. La espesa ambigüedad me sobrepasa y permanece neutral en el paso corroído que me lleva a las puertas de la ruta iniciática.

Si todo confluye en la ondulante pausa buscaré en la angosta nervadura un edén transformado en apátrida refugio. No importa si al seguir el trayecto estable Naufrago impunemente en lejanos arrecifes, o si al romper la tregua establecida escindo en dos la mutua permanencia de la fe ciega a un dios desconocido.

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EL COLOR DE LA CENIZA

Prendías el inicio de una vigilia absorta, la menguante oscuridad de la noche, el cansancio inicial del día encaramado a la secuencia entera que ordenaba tu declive.

Y entendí la conforme consunción del espejismo. la envidiable equivalencia de las líneas que vivifican los lugares de abandono abreviados en la sola imagen del deseo.

Este es el rigor de la experiencia propia que araña la expresión de los objetos, que rasga la fijeza sin pausa irreparable,

el enérgico dibujo del color concluyente, el paisaje indemne de materia desguazada que no pone dudas a la fuerza disponible.

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PRELUDIO

Tiempo y espacio, vida y muerte, son dos afirmaciones paralelas con volúmenes hinchados de victoria o de fracaso, dos ventanas de cristal mirándose con la separación justa y comprensible, dos mitades de una misma superficie que se oponen con familiar disimulo.

Para disgusto de sus progenitores no hacen gala de sus atributos, reglas, métodos, códigos o ciclos; no son como las cosas mundanas que imploran tu licencia, tu piedad, te reclaman en pago misericordia, su parte excesiva en el banquete, y dejan que bajo el peso del polvo duerman en los diccionarios las palabras, los signos que nadir esculpe en los brotes monolíticos de granito.

Hay un preludio derramado hasta los labios. Y acaso beba en la copa vacía, el néctar rancio de los pastos salvajes en donde duermo mi cansancio sin nacer, abrazando la rueda mágica que abre con desesperación la confluencia a todas las esquinas.

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NUEVO PASAJE INTERIOR

Quiero mirar mi interior allí donde el mundo permanece constante, donde el dolor me desgrana y me deshoja despertando pasiones descontroladas, presagiando ya dudas, amor, muerte, odio, ira, esperanza, vacío, inmortalidad, un tono grave para la propuesta elegía.

Las ventanas rechazan el sueño del búho, callan, se cierran se confunden entre la multitud expectante, no dejan que pase el polen al interior de la casa y que la vida germine en las baldosas cuadriculadas alternando el blanco y el negro del tablero de ajedrez.

Todo permanece constante sin mudar las ásperas escamas de la soberbia, en un ámbito de frías criptas desoladas de espaldas a un vacío acordado. Todo está unido a la ciudad que brilla como el acero, con ríos inmóviles, navíos de de incisivas proas, torres superpuestas en lo alto del pináculo que interponen la nostalgia a los gritos del pasado.

Quiero encontrar la verdad sin estado de sitio. Quiero dejar de soportar hechos fingidos. Quiero levantar los telones de los claustros con sus secretos, su soledad y su silencio, para ser autosuficiente en mis convicciones. No quiero la inmortalidad si antes no alcanzo en la madrugada el límite de los primeros rayos del sol 26


esculpidos sobre la roca sellada de mi pecho.

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AHORA O SIEMPRE

Ahora o siempre, en este ocĂŠano aparente caminar por tierra firme es algo intranscendente, las distancias no retornan, se alejan, las ausencias se suceden sin descanso, los disturbios y manifestaciones fracasan, requieren del latir de otras sienes mostrando el emblema invicto en la batalla.

Nada es del todo indiferente. Siempre queda el resquicio impredecible de un mensaje no cifrado, la interpretaciĂłn de los sĂ­mbolos que incordian las conciencias con su amalgama de signos imperfectos, dispuestos pronto uno a uno a rebelarse contra el designio marcado.

Ahora y siempre, es el presagio del fin quien mueve incontrolado los impulsos y nos hace sensibles, conmovedores, reducidos a un breviario de falsas penitencias, un cuerpo desposeĂ­do de inocencia donde el morir se adivina.

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MUTACIÓN DEL ÉXTASIS

En la gruesas levedad del párpado besan las cicatrices fugaces rompeolas. Su propósito es ser dueñas de las sombras habitando en los quicios sesgados que se adentran en las circunvoluciones cerebrales.

En la cámara hueca, el látigo se derrumba sobre la sangre helada en un empeño por mantener firme las rendijas ocultas de la memoria. En la impotencia del deseo cumplido está la férrea voluntad de ser azogue exacto en el molde sumergido de la estricta mirada.

Hay un orbe distinto que rechaza lo real cuando no tiene cabida en esa fábula inconsciente que nos condena a galeras. Las ideas consumidas, las idas o venidas, el sueño ficticio en las noches sin luna, los secretos mejor guardados, balancean al borde de las limitaciones en un laberinto de compases destructores.

Mi ojos están secos si lágrimas gozosas, sin ese pregón bendito que sale de tus labios, esa metamorfosis, esa mutación del éxtasis.

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CONTRAPUNTO

Con el corazón en la mano me siento esclavizado. Decir esto supone dar un paso hacia delante para alcanzar mi eslabón perdido. Lucho con espadas ardientes, intento salvar mi territorio de cazadores furtivos, cerco mi tejido como un coto cerrado para que nadir me arrebate el camino emprendido.

Confío en el relevo que prescribe la fórmula de saberse libre, independiente, sin el antes y después de la experiencia en el estrecho margen que conduce al fluyo necesario del conocimiento. Me reafirmo como sujeto y objeto, no dando por segura la disyuntiva de repetir el giro desdeñado de las siluetas recortadas sobre el fondo gris.

Así, los gestos abarcando mis dominios, los ritos ocultos de las plañideras, el eco del viento en desuso, las bocas ingrávidas agotando las palabras, el gemido compulsivo de la noche que se escinde y dispone el inventario de las almas en vela, de los corazones rotos, a su mínima expresión irreductible. Observo desde mi escondrijo el desenlace. En mi rincón, inmaterial y ficticio, nada vuelve a su anterior estado, el aire se agota, se hace angosto, huye, rinde tributo a su etérea existencia como si el trágico dolor no morara en mis entrañas. 30


PREMONICIÓN

Antes que desaparezcan las columnas taladas, descienda a los infiernos sin defensa posible, se apaguen las velas ostentosas de tu emblema, la densa atmósfera arrastre su agonía, y un coágulo obstruya mi aorta descendente, me reafirmaré en mi posición dominante.

Antes que me devuelvan al viejo santuario, a la noche extensa y fatigada, la desolación de las ruinas, el abandono, el presumible peligro de un viaje prolongado sin antorchas que iluminen el camino, soportaré la carga de mi incompleto equipaje.

Antes que se debiliten mis fuerzas con el regreso de los actos incumplidos, la ira purifique su sabor amargo, se quemen los borradores de mis versos, las palabras de mi diario inconcluso, miraré con inquietud mis objetivos.

Antes, mucho antes de recurrir al pasado y al futuro sin importar lo que ocurra en el presente, nada importa si lejos de la furia dejas que el dolor recorra en los desfiladeros su tedioso vuelo de interiores batallas, y una vez que con prontitud abra la mano soporte la mirada de unos ojos confusos.

En este tiempo presente, Apenas lleno el aire saturado de espinas 31


(mi llaga es incurable) ¿Adónde escaparé? Soy un apátrida en una isla remota, peregrino hacia la luna que me envía sus guiños, una partícula suspendida en la luz parpadeante que ha poblado tu séquito con mi amor a cuestas.

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DESCUBRIMIENTO

Necesito descubrir tu rostro y tus perfiles, asumir tu posición selectiva en mi regazo sin que se pierda tu imagen en mi límite indeciso. Me abrí paso entre cascotes sofocados por la ira, y aún no he consumado el tumultuoso torrente que fluye constante en tu cintura. Observo tus plácidas riberas, intuyo la fatiga de tus muslos, la sencillez de tu vuelo, el extravío del débil terciopelo, el preludio con que ultimas la pasión desbordada.

Me siento pequeño, ingrávido, mi mano no puede trazar las líneas que conforman tu extensa curvatura, y me duelen tus lágrimas como un peso vacío. No tengo la certeza de que el viaje iniciado sea tan sólo una vaga sensación de vértigo. En la ignorancia de encontrarme sin respuesta vengo de escribir versos de esperanza con la armoniosa cadencia de las sílabas y la voluptuosidad de las metáforas escondidas en mi secreta escritura.

Te llevo en un ritmo de alas tenues, allí donde derramo néctar de azahares sombre tus hombros recios. Tenso la cuerda hasta que el arco se deforma, y disparo sin mirar al señuelo irresistible de un halo de luz en fugaz descubrimiento.

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CONTEMPLACIÓN

En un principio contemplé tu terquedad con el leve gesto que se derramaba sin prisa a tu lecho profundo de obstinado refugio.

Esta noche arderá en hogueras clandestinas la luz cobarde de mis ojos, mientras un eclipse de luna me atrapará golpeando el horizonte en tu cénit.

Y cuando abro y cierro en la ciudad de la locura los miradores almenados, me hundo en la encrucijada de saberte lejos empujando en el mar mi nace a la deriva.

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EL PACTO

Me quiero como el hielo con el tacto del fuego. Permanezco con los anclajes cerrados siempre en la constante de mirar hacia dentro. En estado frío quiero hurtar la verdad desertando de todo lo que soy, y se sorprende la certeza de que el orgullo y la soberbia sean sólo transitorios.

Guardo la nítida maquinaria como en trofeo de guerra, y en medio de mi culpa abogo por ese oscuro animal encerrado en el claustro. Con él pacto el bálsamo ilusorio en la tenaz vigilia, presagios de silencios sin tributos, la música que rompe los cipreses como guardián oculto en un palpito de luz.

Si vivir es la aceptación del olvido, vuelvo al diálogo ocasional, a veces tiránico, no sin antes consultar mi agenda, y sigo el errático itinerario de lo imprevisible, y abrazo las llamas que alimentan la caprichosa fortuna con sus múltiples y posibles trayectorias.

He de dar la secreta contraseña evitando el tacto de la lluvia, silenciando el murmullo corrosivo del ciento con especial estallido, aplastando sin descanso las láminas del aire. Y me desplazo a ciegas con los vivos, 35


entre la densa niebla, con el vulgar escalofrío que me sobrepasa como usual viajero.

Hablo del miedo sin ningún reparo, pero evito su encuentro con torpeza. Y prosigo la andadura incierta que me lleva a un amasijo de terribles confusiones. Cómo recordar el gesto imprevisible, ese último encuentro al contacto de una fría corriente, el cuerpo agotado por el tedio, la línea inmóvil de una tímida aurora que une lo conocido y lo desconocido.

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LA ETERNIDAD TRANSITORIA

Llueve sobre el arrepentimiento anegando el lastre de una corona de espinas. Cada estación que pasa es una celda secreta desplegada en el andén de mi antigua aduana. Busco el designio de las fuerzas creadoras mientras acerco el paisaje que el momento exige, y recompongo el escenario, y callo con el impulso roto esperando la respuesta de la inquisitiva belleza.

Hay silencios que, en el rito del invierno, son huéspedes sin rastro, sin pausas, se agotan a la llegada de los equinoccios manteniendo la esperanza siempre alerta. Siento su proximidad, y descubro el secreto de nuestra nocturna cueva cegada su salida por los viejos helechos, musgos oxidados crecidos a la puerta que ocultan y borran la esperanza.

Las fronteras limitan mis contactos. Mis deseos son cercenados de raíz. Me Hace falta la noche para intuir, sin recelo, la diversidad de los objetos brillando sobre las suaves cimas de las sienes, rompiendo el equilibrio de las revelaciones en un cuerpo cansado, desposeído de los símbolos que siempre le custodian.

Cierro los ojos. Llueve en soledad. Desciendo al centro del universo sin cita previa, sin la razón más elemental que deja huella 37


y arrastra los espectros de las órbitas ausentes. Allí el escenario es más fiel, sin preguntas, sin inútiles chatarras que viertan su corrosivo ácido interior al justo meridiano de las breves alucinaciones.

Y me abandono en un simulacro de batalla a ras de tierra, con las estrellas cubriéndome las espadas es una huida presurosa hacia la eternidad transitoria.

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LOS CUATRO ELEMENTOS

En el nombre del agua y de la tierra, del fuego y del aire, de todos los elementos que recorren el espacio en un espacio sin principio ni fin. En sus nombres, velaré por ti, me acoplaré a tu esfinge alada para que no esperes la difícil conjunción que inunda de cenizas mi corazón redimido.

En el centro suave de tu pecho el agua será como lágrimas perdidas ahondando surcos en tu piel terrosa, cicatrices que el tiempo hace y deshace, espumas en combate, columpios en cascada con escamas en los ojos, manantiales sin paradojas que fingen realidad, pero no saben lo que es.

A través del cristal empañado el agua pronuncia un translúcido murmullo. Un reflejo, una extraña bruma, es la síntesis de mi vida con el cansancio, la justificación, la reflexión, de que todo termina en su justo momento, o quizás vuelve a comenzar de nuevo con la intención presente de que el error, en un orden cronológico, nunca se retrasa.

Me olvidé de las calles, de su sabor terroso, del silencio en mi edad prohibida, de adentrarme en el corazón de la jungla, 39


de enfrentarme a solas con la humedad transparente de tu boca (mi voluntad apenas te reconocía), de ocultar los lugares eclipsados del olvido, de extraer la memoria expandida en la curva de los espejos, de rozar las sábanas de tu piel como único elemento.

El fuego prendió las ascuas de la hoguera, y los últimos rescoldos, inmolados en su seno, fueron fieles a la férrea normativa de no dejar nada superfluo, nada suplementario, ningún elemento expuesto a la desnudez del calendario.

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LIBRO TERCERO: LA MIRADA EXTERIOR

Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, en el Ăşnico argumento de la obra. Jaime Gil de Biedma

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CIUDAD DESDE EL REGRESO

La ciudad propone su estricta disciplina porque sabe que un solo cuerpo la resume. Inmóvil permanece recortando la última página de mi diario inconcluso; su argumento desarrolla sin complejos la trama verbal que define su lenguaje.

Tomo las secuencias e un libro de viajes: las hogueras del solsticio, bosques frondosos, mares sin espumas, torres desafiantes, puertos francos, aves del paraíso, la descolorida rosa de los vientos acosada por sus cuatro puntos cardinales.

Para la ciudad no importa desde dónde respiras, no le importa si tu corazón late con la fuerza de los vivos, o si tu cerebro responde con firmeza a la activación de los neurotransmisores. En su proceso constructor no es bosque ni redil, circulo ni arista que engulla a quien la habite.

La ciudad, intuida por su rango prepotente, pasa inadvertida, minuciosa, callada, ilesa del lenguaje interno de las metáforas, rescatada de su propia incertidumbre, fiel a su versión anterior que el tiempo le concede, abreviada en sus cimientos por la huella descompuesta.

Por la ciudad, transito con ínfima torpeza, ante el espejo de mi imagen capturada, 42


regreso al tejido de la aridez furtiva como hijo pr贸digo de ausencias, con mi frente erguida y fatigada, siempre en vigilia del arduo centinela iluminando los rincones de la casa.

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QUIZÁS EL EXILIO

Sé muy bien que el exilio es renunciar a contemplar esos pájaros veloces que amalgaman con su vuelo las distancias, o dejar de embriagarme con el perfume de la flor que crece furtiva en la maleza con su tallo erguido y sus sépalos abiertos.

¿Qué ves a fuerza de no mirar? ¿Qué entiendes si no oyes? Os pregunto: ¿crees que en verdad seremos eternos? En este punto, tus ansias de mortalidad Se quiebran en el trenzado de hilos finísimos Que tejen el telar de tu destino. Y desde allí miro sorprendido las espigas del trigo rancio cultivado en un páramo hecho jirones, o me entrego al juego de adivinar el recorrido de las estrellas fugaces antes de su choque final.

Lo terrenal es el principio que crea y destruye. La expiación, la sumisión, el desenlace, la corpulencia de potencias extranjeras que se cruzan tempestuosas en el recuerdo, dejan su huellas en los planos más estratificados, escritos cuneiformes, jeroglíficos indescifrables, letras cursivas en duros pergaminos para el entendimiento de los menesterosos.

Sabes que el tiempo es la lujuria compartida con la desnudez de los astros luminosos que, en su fija trayectoria, giran, giran y giran sin descanso (sólo ellos saben el porqué dónde) 44


en una loca carrera de hábil estrategia buscando en la oscuridad los secuestradores rojos en un fondo azul de opacos desenlaces.

Y así, ya no habrá vencedores ni vencidos, ni héroes nacidos de falsas epopeyas que rescaten con audacia el ritmo de la creación; solos tú y yo, sin sujetos ni objetos, sin elementos amenazándonos con sus ciclos matutinos, comportándonos como dos vasallos del vacío absoluto. Ya lo dice quien más cree: la vida, en sentido figurado, es la decisión involuntaria de ser un punto abandonado en el exilio con el instinto de sobrevivir a cualquier precio.

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NATURALEZA MUERTA

Sobre la mesa barnizada, el mantel rojo (se parece a un campo de batalla), los papeles arrugados y amontonados con mi mala caligrafía (le faltan puntos y comas), el mapa manuscrito de mi vida (sobre el que trazo líneas divergentes), los lápices afilados de colores (acabo de terminar tu último retrato), las heridas de luz en las paredes (es un nuevo cielo que se apaga), la mancha extendida de café (se ve como un cadáver más), las migas de pan desperdigadas, (son restos de la cena), las colillas de tabaco con el cenicero lleno (te prometo que dejaré de fumar), una flor marchita caída del jarrón (recuerdo todavía su perfume), la linterna con las pilas gastadas (es un sol apagado), las manecillas paradas del reloj (es mi tiempo detenido), el libro cerrado que he de leer (mi asignatura pendiente), el marco con tu fotografía recortada (te observo de reojo y disimulo), los folios amarillos aún disponibles, y en el rincón el poemas recién terminado (ese sí que es el cuerpo del delito).

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LA MIRADA EXTERIOR

Con la mirada exterior, desde el alba a la aurora, soy un pájaro invisible que planea sin hacer ruido, y con mi vuelo miento a aquellos que me creen su fiel mensajero.

Desde lo alto, los edificios prolongan los contornos sobre un cielo oscuro, las ventanas palidecen sus angostas aberturas con destellos de un aliento envenenado.

Hay también golondrinas blancas en los labios agrupadas junto a un mar sin orillas, pendientes de rastrear los desconocido; son mis ojos abriéndose mansamente, es mi boca cerrada por la lenta quemadura, es mi expresión de asombro y de sorpresa ante el roce de la muerte en mi costado.

¿Qué diré del círculo que cierra mis manos despejando la ola inerte en la mañana? Del frustrado inicio del vigía, el viento a favor perfecciona la caricatura de mi rostro en calma, tal vez siniestro, con efecto envejecido, los labios endurecidos, el trenzado extendido de mis cabellos en constante peregrinaje.

De repente, en un eco, deletrean mi nombre, me identifican con sílabas combinatorias a modo de poema binario relegando los fonemas de tiránica acústica 47


a un vocablo uniforme de sonoro caudal con esquemas transitorios y ondas convergentes.

Soy yo, único e irrepetible. Y no modifico la textura del silencio funcional con su variable y sistemática respuesta en el balanceo que acelera mi simplicidad. Estoy en el compás de espera, sentado al abrigo de realidades virtuales, como la especie frágil que modifica las solapas de las viejas vestiduras. No hay otra alternativa. Soy la partícula inseparable de ese todo que a la nada conduce .

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PEQUEÑO ULTRAJE

Mi pequeño ultraje. Audaz delito es éste que cierra el vaho de mi estación saqueada. Mientras se ordenan las señales de partida, me oculto en la matriz salvadora lejos del estéril círculo del dolor, me escapo del suspiro suicida siguiendo el dedo que señala al ángel exterminador.

Todo está reducido a un golpe certero en una superficie limitada, a la diáfana violencia de las pesadillas con su espejismo cargado de óxido y sus imágenes reiteradas de naturaleza extrema que exponen ninguna tierra, ninguna luz, ningún océano en calma, ningún viento o brisa esparciendo su fragancia sobre los cuerpos desnudos.

En algún lugar señalado sobre el mapa la móvil red atrapa fuselajes abandonados, cuerpos en esqueleto, y apunta hacía la noche otorgada, hacia el aire invisible de las claraboyas que envuelve todo el crepúsculo es un efímera esfinge de inmortalidad.

Y estoy aquí, cegado bajo bóvedas inmensas, huyendo por los claros del bosque a merced de la crin negra de caballos al galope, resbalando entre las guadañas sin el grito o la súplicas de mi voz conocida. 49


CONTRA LA REALIDAD

Tras los cristales, la luz bosteza en la penumbra, los objetos son seres ociosos que ocupan su lugar sin conocerlo.

Todo la armonía de la vida reverencia su próxima extinción, y mantiene su clausura interna en un tapiz de amenazas vertidas.

En el mundo exterior reniego de las nostalgias, de esa leve señal con fragmentos perdidos, proclamando audaces impulsos, palabras vanidosas que salieron del engaño, maldiciones desprovistas de impunes trayectorias, de mentiras desterradas al final del corredor.

Hay símbolos muchos más antiguos vividos en el fondo del tapiz del recuerdo que, sin darme cuenta, lucho contra ellos en una carrera abierta contra mi ceguera.

Hay lágrimas que corren a la deriva en un intento de deseo sofocado, que suben y se deshacen en la piel como cera líquida vertida lentamente en mi áspero cáliz.

Al recorrido se suman los reflejos de las telarañas deshaciendo la tensión 50


que maneja y mantiene los hilos de la red, mientras torpe sonidos regresan en desconcierto dominados por fuerzas erosivas.

Intento rescatar tu última imagen de un modo posible y convincente leyendo el jeroglífico que envuelve e inunda tu cabellos. Pero aún no he decidido dónde realizaré la sorpresa.

Los materiales tienen una arquitectura mágica. La oscuridad me contrata de observador dócil para situaciones emotivas: el primer acto que se representa en escena, la presión en los labios del primer beso, la magia en el primer poema, el necesario asombro de la búsqueda proscrita, el engendrar la pasión encendida de tu sexo en espacios ocultos de la madrugada.

Contra la realidad, las ficción del sueño.

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AMADA VIEJA

Beberé en tu fuente, amiga, amada vieja; buscaré ocultos manantiales en tu vientre, y me acercaré en cuclillas al meandro donde el río cambia de rumbo y se forman las islas misteriosas con los deseos más inconfesables.

Cuando el bosque se acerque, amiga, el ruido de las hojas te hará perezosa, impersonal, melancólica, espontánea, estremecedora, en un solo zumbido de abejas libando sobre el néctar de flores amarillas, cerezas prendidas en el dulzor de los rojos.

Ven, amiga, sin decirme adiós; dame el equilibrio de las cosas que se someten con tu pecho al descubierto; acércame el orgullo de tu blanca anatomía; muéstrame la dirección exacta de la niebla perdida entre el aroma de las rosas que florecen en la estación de las lluvias.

En el jardín que aún te pertenece, -no importa que te ocultes en su sombra-, cogeremos los frutos tiernos caídos de lo alto de las ramas y beberemos su jugo hasta saciarnos.

Te espero, amiga, amada vieja.

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SOBRE LA MÚSICA

La misma música desentona en el concierto con su dudosa mecánica. La cítara, esperando a que Orfeo tense sus cuerdas, recuperó su altura, dobló su intensidad y duración, hasta que el aire rasgo el espacio de acordes, silencios, arpegios u armonías (las notas bailaron al ritmo de tres por cuatro).

Y allí estaba la clave de sol, contratiempo, una fusa solitarias, esbelta y seductora, mordiendo la garrapatea en crescendo tras el silencio doblemente anunciado. Le sigue un Si bemol sostenido, el lenguaje desconocido del viento poblado de esbeltas notas blancas surgidas entre negras, redondas y corcheas, para mantener su posición dominante entre las líneas del astuto pentagrama.

Un eco dormido, despierta confusos sones, abre brevemente la brecha, late tras ventanas entreabiertas con el signo del ruido golpeando en desorden espontáneo para acomodar sonidos complacientes.

Me dejo seducir por el ritmo ondulado de violines, violas y timbales enjaezados, flautas dulces de anónima clemencia, donde el aire recibe el impulso y la orden de salida de manera precisa.

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Y no concibo esta pausa incompleta, este vacĂ­o de abigarrados silencios, que construye mĂĄscaras comunes, que enmaraĂąa el lenguaje de la orquesta con sus oscilaciones graves.

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LOS COLORES DE LA VIDA

Los colores quedaron prisioneros en la retina como trozos caídos de la imagen del espejo. También fueron perceptibles para los ojos compuestos de la Amantis Religiosa que, en curiosa y difícil perspectiva, ascendió hasta el zócalo del complejo hospitalario con sus zancudas patas trepadoras. Fue su lento movimiento el que alertó de la amenaza no prevista del hecho común de ser mortales, para que alguien diga que no está nada mal que, de vez en cuando, estalle un llanto de lágrimas amargas disfrazadas con saliva espesa, y la ciudad, a los piel del edificio, desborde su amplio cauce en una riada humana incontenible confundiendo el cercano sonido estruendoso con el rugir de los aviones transoceánicos.

He movido los pinceles para omitir mis facciones. Con las yemas de mis dedos recorro el arco iris modelando los colores del relieve: un plano blanco transparente tiñe el oscuro entramado de un fondo inverso, un paisaje rojo sangre luce las espigas alzadas de la tarde, el amarillo es un trayecto de luz que deletrea la textura del dibujo, con naranjas y violetas delineados el sol se despierta del letargo, el verde es la vida que retorna 55


del ocre de la tierra, un techo azul marino es el Ăşnico manto que necesito, y el negro queda teĂąido en el punto fijo del encuentro.

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EN LA PENUMBRA

No era más sombra la noche que el perfil de la inquieta penumbra. Ahora es el tiempo de la última ronda, de asir la antorcha que ilumine y corone las monturas que precipitan los telones de terciopelo.

No hallé más rastro que el hermético festín que consume las miradas flácidas. La extensión arbitraria del sueño se precipita sin rastro en el sabor de la ceniza inducida.

En las confusas coordenadas busqué piélagos de huesos planos en el foso removido junto al eje de las abscisas.

He saldado viejas deudas armonizando el envés de los mármoles sepultos. Las estatuas divisan desde el sitial un campo de tierra seca, áridos valles, la altura liviana de las alas que te observan con sus ojos hirientes.

Los hechos vividos no modifican la altura de las pavesas en el vacío hasta que alcanzan la dirección exacta; y aunque el fuego se enfríe los rescoldos guardan el calor de la llama en su efímero interior creando materia nueva, nuevo mundo, 57


nuevo ser de entre los muertos.

Las huellas que dejé junto lo muro están envueltas por la espuma de la duda, las señales dejan un rastro de cal y de tierra húmeda como único horizonte. ¿Qué secreta distancia me prometen aquellos que creen poseer todas las respuestas?

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MI IMAGEN

La imagen que madura en mi retina culpa del vacío al escenario. Tengo dudas de que si ejecuto mi papel con maestría no pueda acceder al jardín donde se representa la comedia con mi personaje a cuestas.

El deseo del amor perdido araña el brillo de la luna; la noche no entiende de razones si con mis bruscas acciones sólo persigo tu belleza.

Para que no despiertes, cegaré el cielo con una lluvia de estrellas fugaces, y ocultaré tus cartas sin fechas recogiendo el polvo suspendido entre las hojas.

No es que haya claudicado por vergüenza de paraísos excelsos, anclas de madera, velas portentosas, jardines floridos, montañas azuladas, ríos cristalinos, amores desbocados, y astas con mi sangre. No es que mi vida esté finalmente desterrada a una ínsula, con mi cuaderno de bitácora todavía pos escribir. Sé de tu existencia. Sé que manejas mi brújula, pero no siempre señala el norte. Y también sé que en mi agenda construyes mi calendario con las hojas en desorden.

Es mi secreto. Ni siquiera me has preguntado 59


si agonizo sobre tu página en blanco, o si oculto con cuidado los errores absolutos acumulados día a día, noche tras noche, y que crecen sin pausa ni medida en la palma de mis manos descarnadas.

Te invoco en esta fiebre irracional sobre el tiempo que pregona un túnel subjetivo con la suprema visión de este cielo envejecido, de esta tierra enajenada, donde transito por caminos, por rutas embarradas por mi mente. Rompo con sarcasmo el eje de este laberinto. He de ser rotundo con mis afirmaciones. Y así, sello, certifico y rubrico mi imagen, construyo este pacto indisoluble de vida sin la trágica fractura con la tierra al amontonar los escombros en los límites de la eternidad.

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POÉTICA O MENTIRA

Deduzco que inventar la mentira, sacarla de su ámbito y contexto, es arrastrarse a los términos equivalentes que la dialéctica en exclusiva rechaza aceptando el final de los desconocido.

El lenguaje se adorna de sutiles matices, adornos arabescos que, en su resonancia, disciernen del encuentro con la escritura, eligen otra orilla de instintos regresivos, donde nombre, verbo, articulo y complemento, elevan la especie a lo más alto de la escala material y evolutiva.

El poema ignora desde dónde nace y muere; está obligado a desplazarse a través del sonido, a recomponer la ficción ideológica que dificulta su mensaje oculto sin evasiones, fugas, fisuras o deserciones.

Es difícil encontrar quién observa, quién presiente sin que nadie lo impida las sensaciones con obsesiva insistencia; quién, en estado de espera, anhela alcanzar lo frágil y sensitivo, la templanza del espíritu cuando planea sobre puentes de madera en un vuelo no acostumbrado.

La palabra se define como la ambición del poder y la gloria, como el prodigio vacilante que se niega a caer, 61


a estar entre Ă­dolos con pies de barro con el pretexto de quien oculta lo prohibido por ser un proceso transcendente. La idea del signo es la experiencia observada en estado excepcional, que propone al primitivo origen del sonido el inicio evolutivo de un orden temporal, extracorpĂłreo.

Una cadena de gemidos ensambla la palabra, el signo, la idea, el concepto estructural de la frases que, como un talismĂĄn, oculta y dirige las miradas exteriores.

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FIN DE VIAJE

Vengo del fondo de la galaxia. El sol caído, atrapado por la danza del universo, huye del espacio que le ha sido impuesto como un dios malherido, ensimismado por el atrezzo y la escenografía que conforman las constelaciones cercanas.

Tengo la ingrávida apariencia (es mi suerte) de una muda grieta de abandono con la memoria ansiosa y fascinada por la abstracción fronteriza de los aleros.

Quizás, con tantas excusas, valga la promesa de acortar el tiempo y el azar, de fijar en un lienzo la claridad de las estaciones agitando en sus extremos las provocaciones de un final de viaje.

Un último remolino, ya varado, me abraza en la hora indecisa al atávico crepúsculo de cercanos horizontes, me absorbe en un hueco desorbitado dando fin a la metamorfosis junto al límite de los agujeros negros.

Mañana comenzaré la reconstrucción de las alas de los ángeles y arcángeles, del linde de los cielos y los infiernos, del discurso sobre el amor y la justicia, del ágora del revelo mis intenciones en un canto desmesurado a la luz del candelabro.

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No persigo un modelo perfecto, ni tengo la atribuci贸n para decidir sin equivocarme sobre la verdad o la mentira. Veo a la gente caminar armada, cabizbaja. Pasan deprisa, sin mirar atr谩s, como relojes acelerados de impotencia. No puedo detenerlos.

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LAS RESPUESTAS DEL ORテ,ULO

Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe Luis Cernuda

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Aquí no se sale con engaños, sólo profecías. Aquí no se esculpe la distancia de ese tiempo que se acaba. Viajero, si el silencio se encierra en tus pupilas, si tu corazón está lleno de preguntas, daré las respuestas en mi oráculo. Escucha y calla.

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1

Las volutas de las caracolas colman tu ausencia en los extremos distantes de sus ejes y palpan en la oblicua transparencia la epidermis de sus muros.

2

Las bandadas de palomas mensajeras, en el vaivĂŠn dividido de la tarde, no llevan noticias para ti si atrapan con sus alas el movimiento impreciso de un astro salvaje a la deriva.

3

Tu corazĂłn, azorado y solitario en el delirio, es un huĂŠsped anclado en el exilio que busca cobijo en mi humilde refugio.

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4

El dolor sortea el umbral de la noche envuelto en el perfume perecedero que madura todas las cicatrices.

5

La risa es la carcajada eficaz que llena el aire placentero en aspiraci贸n siempre mantenida.

6

La intolerancia camina entre nosotros disfrazada con ropajes de seda; en su delirio de falsos atributos cambia sin pudor su imagen cotidiana.

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7

La desesperación es un solo relincho metálico y ausente, un incendio gratuito que baraja todas las hipótesis.

8

El odio tiene delicadas cabalgaduras que se adhieren que se ajustan a la piel como un bofetada.

9

El adiós es una renuncia, mutación vuelta de espaldas, negación incompleta o despedida del ayer fracasado.

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10

El tiempo, mi tiempo, está lleno de dudas, nervios rotos, nudos de raíz, ramas fibrosas, que no temen al agudo latigazo del destino.

11

La belleza sueña en su pasado con la fábula de ser más bella, más esbelta que la estatua de Venus o Afrodita en el dintel del templo.

12

La nada es el temblor de la estría deslizándose con miradas de locura; se acerca y toca, se acerca y llama para entrar en el muro de la vida.

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13

La libertad no inclina su cabeza en actitud sumisa y de abandono; con su estela de gran seĂąora percibe su zona vulnerable bajo la mirada atenta del ĂĄguila enjaulada.

14

La noche, cuando agoniza, roza con sus muslos sedosos la memoria del sexo.

15

Las fĂŠrreas cadenas han visto susurrar misereres colgando rosarios sobre armaduras de costillares gĂłticos.

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16

El cielo que persigues, el ancho y lejano paraíso, es un espacio infinito donde se deshacen invisibles ataduras.

17

Es infierno es pasar tu existencia rodeado de crueles magnates que te señalan puntualmente con el dedo cada vez que pasan lista porque creen que tú les perteneces, justo cuando levantas la cabeza y no puede ver más allá de la extensión de tus zapatos.

18

La inocencia es la soledad, la ceguera poderosa marcada a fuego sin alcanzar propósito de enmienda.

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19

La paz es el abrazo sincero, mirarse a un limpio cristal, llenar un espacio sin dueĂąo que oculto permanece en desorden escuchando en secreto la voz de los poderosos.

20

La guerra es la herida abierta sin puntos de sutura; la sangre coagulada arrastrada por las ruinas hacia rĂ­os anegados por el lodo.

21

El amor no guarda riquezas reposadas. El amor quiere despertar libre, limpio de sospechas; quiere entregarse sin la mĂ­nima sospecha.

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22

La gratitud crece detrás de todas las fronteras. Cada mañana despierta recogiendo impaciente tu incansable sonrisa.

23

La muerte, oculta en su celaje hermético, es la tragedia consumada que nunca pregunta en qué final se resume tu principio.

24

La vida es el deseo incontrolado que abre las venas caudalosas, la fuente de savia fértil que, seducida por ti, me libera de las agudas espinas.

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25

La poesía es la palabra extendida, cómplice de silencios rotos que serpentea los sonidos enlazados para abrir íntimos secretos guardados en el desván.

26

El poeta vive en una nube de sueños extrayendo de la nada el filón de la imagen tempestiva para pasar con el mínimo esfuerzo por el ojo insondable de una aguja, como un enano transformado en gigante buscando en la honda sima la materia que transforma las revelaciones.

27

La verdad evoca en sus dominios lo que jamás ha sido y lo que es: el misterio de mares interiores, el enigma del tiempo con sus horas dilatadas, el anuncio en términos concretos del prólogo y epílogo de la vida.

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ÍNDICE Apareció la muerte. I.

LIBRO PRIMERO: UNA URGENCIA VITAL

VIGILANCIA INTENSIVA DESERTAR DE LA AUSENCIA LAS HUELLAS DEL REGRESO EN SENTIDO FIGURADO LA ATMÓSFERA SELLADA MI SOLEDAD POBLADA SOMBRAS INTERIORES CONDENADO A JUICIO MAR DE SENSACIONES

II.

LIBRO SEGUNDO: PASAJE INTERIOR

AUTODEFINICIO POSESIÓN LA PROCLAMA LA TIERRA PROMETIDA EN LAS VÍSPERAS EL COLOR DE LA CENIZA PRELUDIO PASAJE INTERIOR AHORA O SIEMPRE MUTACIÓN DEL ÉXTASIS CONTRAPUNTO PREMONICIÓN DESCUBRIMIENTO CONTEMPLACION EL PACTO MI DESTINO LA ETERNIDAD TRANSITORIA LOS CUATRO ELEMENTOS

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III. LIBRO TERCERO: LA MIRADA EXTERIOR CIUDAD DESDE EL REGRESO QUIZÁS EL EXILIO NATURALEZA MUERTA LA MIRADA EXTERIOR PEQUEÑO ULTRAJE CONTRA LA REALIDAD AMADA VIEJA SOBRE LA MÚSICA LOS COLORES DE LA VIDA EN PENUMBRA MI IMAGEN FIN DE VIAJE POÉTICA O MENTIRA

LAS RESPUESTAS DEL ORÁCULO 1-27

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UNA URGENCIA VITAL  

LIBRO UNA URGENCIA VITAL