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RESEÑA CRÍTICA LA ERA DE LA INFORMACIÓN DE MANUEL CASTELLS

Por Manuela Berrío Bedoya 11B

Profesora: Mónica García Higuita

Área de Ciencias Sociales Medellín 2012


RESEÑA CRÍTICA: LA ERA DE LA INFORMACIÓN DE MANUEL CASTELLS

LA ERA DE LA TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN: UNA SOCIEDAD MÁS DESIGUAL Manuel Castells Oliván (Hellín, Albacete, España, 1942) es un sociólogo y profesor universitario, catedrático de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de California en Berkeley, así como director del Internet Interdisciplinary Institute en la Universitat Oberta de Catalunya. Según el Social Sciences Citation Index 2000-2009, Manuel Castells es el quinto académico de las Ciencias Sociales más citado del mundo y el académico de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) más citado del mundo. Trata -entre otros temas- en profundidad sobre la Sociedad de la Información, y habla de la Teoría del Estado, como un problema de información en su obra El Estado Red. En los últimos veinte años ha llevado a cabo una vasta investigación en la que relaciona la evolución económica y las transformaciones políticas, sociales y culturales en el marco de una teoría integral de la información, cuyo ejemplo más claro puede ser el Proyecto Internet Catalunya que coordina. Los resultados de su trabajo se recogen en la trilogía La Era de la Información, traducida a varios idiomas y que ha sido encumbrada por Anthony Giddens, asesor de Tony Blair, al nivel de los esfuerzos explicativos que Marx o Max Weber hicieron por interpretar la sociedad industrial. Si bien otros autores, más críticos, la consideran una obra que se limita a hacer unos voluminosos resúmenes de las obras de Alvin Toffler, Yoneji Masuda, John Naisbitt, Saskia Sassen, James Martin y otros muchos, conocidos y desconocidos, que sería largo citar. Lo que sí parece ser un hecho es que Castells es actualmente uno de los autores de referencia en el campo del estudio de la Sociedad de la Información. La sinopsis de la edición de Alianza Editorial de “La Era de la Información” propone que la obra de Manuel Castells constituye un ambicioso y original intento de formular una teoría sistemática que dé cuenta de los efectos fundamentales de la tecnología de la información en el mundo contemporáneo. Este primer volumen de la trilogía -La Sociedad Red- está dedicado principalmente a examinar la lógica de la red. Tras analizar la revolución tecnológica que está modificando la base de la sociedad a un ritmo acelerado, Castells aborda el proceso de globalización que amenaza con hacer prescindibles a los pueblos y países excluidos de las redes de


la información. Muestra cómo en las economías avanzadas la producción se concentra en un sector de la población educado y relativamente joven, y sugiere que la futura estructura social estará extremadamente fragmentada a consecuencia de la gran flexibilización e individualización del trabajo. Por último, el autor examina los efectos e implicaciones de los cambios tecnológicos sobre la cultura de los medios de comunicación -la cultura de la "virtualidad real" en la vida urbana, la política global y la naturaleza del tiempo y del espacio. En el segundo volumen de la serie -El Poder de la Identidad- muestra la importancia de la identidad cultural, religiosa y nacional como fuente de significado para las personas, y las implicaciones de este hecho para los movimientos sociales. Estudia las movilizaciones populares contra la globalización sin freno de riqueza y poder, así como la formación de proyectos alternativos de organización social, como los que representan el movimiento ecologista y el feminista. La trilogía de la Era de la Información ha suscitado y despertado muchas críticas en todos los sentidos, convirtiéndose en un hecho innegable su categoría de referente de la sociología moderna. Como menciona el autor español Manuel Castell en su obra “La Era de la Información”, las relaciones económicas entre las distintas naciones que componen nuestro planeta son cada vez más estrechas e importantes. Este proceso de integración económica mundial es lo que se conoce por globalización o mundialización. Así la revolución de la tecnología de la información sienta las bases para una nueva economía de escala mundial que se viene desarrollando durante el último cuarto del siglo XX. Esta nueva economía se caracteriza por tres rasgos que la definen: 

Informacional: las unidades que componen esta nueva economía (empresas, naciones, regiones) y su productividad y competitividad dependen directamente del poder que tengan para generar, procesar y aplicar la información basada en el conocimiento. Global: la producción, el consumo y su circulación, se encuentran dentro de una organización a escala global, bien entre los agentes directamente o por medio de una red de vínculos entre éstos. Conexión en red: a través de una red global de interacción empresarial, es donde se va a desarrollar la productividad y la competencia.

De acuerdo a lo anterior podemos decir que para el crecimiento económico, de la información y del conocimiento han sido puntos clave, el desarrollo tecnológico que ha permitido que sea la información un producto del proceso de producción: lo que van a producir las nuevas industrias son aparatos para el procesamiento de


información, o el procesamiento de información en sí mismo. Todo agente económico persigue un mismo fin: aumentar su productividad, el modo que utilice para ello, será el que determine la estructura y dinámica de un sistema económico. En efecto, si bien los principios de igualdad y libertad condicionan y modulan la dinámica interventora del Estado en las actividades de los ciudadanos y en especial en las de tipo económico, en donde los gobernantes debe atender a los mandatos constitucionales a efectos de incidir o no en determinados sectores y actividades, de acuerdo con la importancia y los fines definidos en la Carta Política; el fin que persiguen los agentes económicos con esta la internacionalización de la era de la información hace que su expansión sea desigual y que dependa directamente del incremento de la productividad que proviene de la capacidad de utilización de la nueva tecnología de la información, que va a ser la que impulse un sistema de producción basado en el conocimiento. Haciendo, en definitiva, necesaria una intervención del Estado en pro del bienestar de los todos los ciudadanos. Así mismo, las nuevas tecnologías emergentes no solo cambian el proceso de producción, sino que instauran una nueva filosofía de vida. No se trata de una transformación económica exclusiva, sino que abarca todas las estructuras e instituciones humanas, desde las laborales hasta instituciones familiares, religiosas y políticas; pasando por la reformulación y creación de conceptos como el de cultura o interacción. En un principio, no sería la sociedad en sí quien determine esta nueva filosofía de vida, ya que se encuentra habituada en sociedades desarrolladas a un estado de bienestar, donde sus necesidades son cubiertas, pero es el nuevo mercado tecnológico, el que hace aparecer nuevas demandas que realmente en un principio no surgen del hombre. En definitiva, mientras que desde los representantes del sistema venden el argumento de que la globalización trae enormes ventajas, pues con ella se podrán lograr altas tasas de crecimiento que permitirán generar empleo suficiente para eliminar progresivamente el paro y la pobreza, día a día nos encontramos con datos y con hechos que mueven nuestro juicio hacia otras conclusiones. En este sentido, nos podemos preguntar, si la globalización representa un mercado libre, igual para todos y si no todos parten del mismo lugar. ¿Cómo van a combatir los países menos desarrollados, que poseen un menor desarrollo industrial, con las grandes potencias mundiales? Total que lo que está pasando es que cada vez son mayores las diferencias. Y los pobres son más pobres y los ricos más ricos. Para concluir , cabe destacar que esta nueva economía de “libre comercio” impulsada por la internacionalización de la era de la información y de la tecnología


no llega de igual forma a todas las áreas del mundo, ya que su difusión es selectiva y por lo tanto crea desigualdad social, no solo en términos mundiales, sociedades donde existe un desfase de desarrollo no cuentan con la base tecnológica necesaria, ni con la infraestructura correspondiente para avanzar en esta revolución; sino que, también podemos hablar en términos más reducidos dentro de una misma sociedad desarrollada, donde la difusión de estas nuevas tecnologías es conocida, pero no al alcance de todos. Finalmente es preciso decir que si se quiere que los avances de la globalización sean positivos es necesaria la intervención de los gobiernos y organismos internacionales redistribuyendo los beneficios y compensando a los perjudicados.


RESEÑA CRITICA