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conjunto de trepadores de la pirámide social, pero lo emplean de modo inverso, al estilo de Alicia en el País de las Maravillas. De la misma manera que los hippies invierten algunas reglas del orden, los extremistas subvierten otras. "Lo que sucede en la confrontación política —escribe Goffman— es que una persona, en presencia de otra, se niega intencionalmente a mantener una o más de las reglas fundamentales del orden. Los enfermos mentales, emplean la misma estrategia por razones diferentes." Goffman utiliza con frecuencia sus conocimientos sobre enfermos mentales a manera de espejo para reflejar el mundo normal. En las trasgresiones que efectúan los enfermos mentales, podemos ver lo que normalmente esperamos unos de otros. Los síntomas mentales nos indican con frecuencia que una persona no está preparada para guardar su posición. Goffman lo explica así: En un hospital, los pacientes al conversar efectuarán preguntas mucho más cándidas, delicadas y personales que el resto de la gente, salvo un analista. Con frecuencia, no contestarán cuando se les formula una pregunta. Aparecerán exquisitamente desaliñados en su arreglo personal o parcos en su manera de actuar o interrumpirán una conversación. Todas éstas son estratagemas destinadas a romper las reglas del orden. Los grupos extremistas, ya sean negros, estudiantes o feministas, atacan de manera similar las reglas del orden establecido y demuestran su rechazo a reconocer su "ubicación", al ocupar un edificio público, empuñar un micrófono durante un acto popular, dirigirse a un decano o un político, llamándolo por su nombre de pila o empleando muchas otras técnicas más mundanas e ingeniosas. Estos enfrentamientos han comenzado a ser muy comunes en los últimos años, aun dentro de los casi sacrosantos recintos de la Corte de Justicia. Dwight Macdonald en su introducción a The Tales of Hoffman —transcripción editada del juicio de los siete de Chicago— señaló que cuando los Wobblies fueron sometidos a juicio en el año 1918, aceptaron las reglas imperantes en el Juzgado como si fueran parte de los valores y el estilo de vida imperante en él, a pesar de que eran todos anarquistas "tan hábiles e ingeniosos en cuanto a todo lo que atenta contra las reglas de la convivencia pacífica fuera del Juzgado, como sus descendientes lineales directos los SDS de Tom Hayden y los Yippies de Abbie Hoffman". Los Wobblies no tenían mayores ilusiones cívicas, pero como la mayoría de los extremistas, hasta los grupos más recientes separaban claramente su forma de comportamiento en público, de su conducta personal. En contraste, los defensores en el Juicio de Chicago, constantemente y de manera imprevista, desafiaban a la Corte. Contestaban de mala manera; sus abogados hacían hincapié sobre el momento en que podían o debían ir al baño; pidieron permiso para ofrecer una torta de cumpleaños a Bobby Seale durante el juicio en la corte misma y Abbie Hoffman y Jerry Rubín llegaron al colmo de presentarse un día vestidos con togas judiciales. En general, se negaban a comportarse correctamente como correspondía a la situación. La mayor parte de los acusados, no obstante, se comportaban por lo general con paciencia y sobriedad, cooperando de buen grado con el sistema que se proponía castigarlos. La estructura de poder casi siempre se yergue sobre una especie de pacto; los subordinados aceptan ciertas limitaciones, algunas reglas que en realidad ellos mismos tendrían capacidad de alterar. Lo que parece haber sucedido en nuestros días, es que los grupos extremistas se han dado cuenta hasta qué punto ellos mismos son el sostén de la estructura de poder. Sin embargo, Goffman nos advierte que: "No nos estamos refiriendo a la alteración del orden público; estamos hablando de un método estratégico y en algunos niveles sería más explicable surgiendo de un análisis de la vida de Emily Post, que de la de Lenin o Marx. Durante la depresión, se notaron marcadas señales de rebelión contra las instituciones, especialmente reacciones alienantes y a mi entender, en algunos aspectos, mucho más profundas que las reacciones de nuestros días; pero por lo que yo sé, nunca tomó las formas del presente. Usted podría disparar un tiro contra alguien durante una huelga y aun así hacerlo sin quebrar ciertas normas básicas, por ejemplo, la que se refieren a la indumentaria o las relaciones con el sexo. "Puede ser que la sociedad no haya experimentado un cambio profundo. Puede ser que sólo sea superficial. Pero lo que sí hemos aprendido, es que lo que antes se consideraba esencial para el orden, en realidad no lo es. La gente sobrevive igual."

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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