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EL ORDEN PÚBLICO Cuando un hombre camina por las calles de una ciudad a la luz del día, presume que nadie lo atacará o le impedirá el paso. Durante una conversación normal, no pensará tampoco que su interlocutor lo insultará, lo engañará, intentará tratarlo de manera autoritaria o simplemente le hará una escena. A través de la conducta no-verbal, los individuos advierten, unos a otros, que pueden confiarse mutuamente de la misma manera que entre los monos y otros primates, un animal le da a entender a otro que no tiene malas intenciones. No obstante siempre está presente la posibilidad de una amenaza, puesto que dependemos en gran parte del comportamiento correcto de los demás. Leyendo a Erving Goffman se llega a comprender cuan vulnerable es el ser humano. Goffman, profesor de sociología en la Universidad de Pensilvania constituye con frecuencia el punto de partida de la investigación acerca de la comunicación. En cierta forma él nos proporciona el marco y otros completan el patrón de comportamiento. Aunque Goffman es un agudo observador de los pequeños detalles, va más allá y se ocupa de las acciones conscientes o inconscientes sobre las que todos nosotros basamos nuestro diario vivir. Goffman no posee un laboratorio. Lo reemplaza por un sistema de fichas. Cuando escribe, reúne datos que ha leído, partes de novelas, recortes de diarios, párrafos de libros sobre etiqueta y los conocimientos que adquirió durante el año que pasó estudiando la estructura social de una institución mental. A todo esto agrega sus propias observaciones sistemáticas realizadas en distintas situaciones sociales, desde cocktails hasta reuniones públicas. Los resultados de sus observaciones están resumidos en sus libros sobre "interacción cara a cara", redactados en prosa clara y concisa. En los últimos años el profesor Goffman ha volcado su atención hacia el orden público, campo de estudio de innegable importancia en una era en que es alterado con tanta frecuencia. Anteriormente, los estudiosos de la sociología lo consideraban desde una perspectiva totalmente distinta y haciendo hincapié en la alteración del mismo. Existe gran cantidad de literatura sobre revueltas y otras formas de alteración colectiva del orden. El enfoque de Goffman consiste en observar el comportamiento normal, para luego analizar las reglas a aplicar. Goffman señala que las reglas que rigen la conducta de los hombres entre sí, parecen desarrollar universalmente sus propias normas. Existen normas para comportarse en una calle muy concurrida; sobre dónde ubicarse en un ascensor a medio llenar; acerca del momento apropiado para dirigirse a un desconocido. Por lo general, no es mucho lo que puede ganarse burlando las reglas preestablecidas y por lo tanto la gente confía hasta tal punto en los demás, que dichas reglas pasan a convertirse en presunciones semiconscientes. Resultará más fácil comprender por qué mucha gente se siente muy molesta si se trasgreden ciertas normas públicas de conducta, si primero observamos de cuáles se trata. Si tomamos, por ejemplo, la forma de vestirse, veremos que es un asunto de elección personal. Vestirnos como se supone que debemos hacerlo, es una manera de expresar nuestro respeto por una situación social existente y las personas que la integran. La manera de vestir puede alienar o persuadir. En la costa oeste de los Estados Unidos, media docena de estudiantes de psicología fueron a cometer pequeños robos en las tiendas para hacer un estudio sobre la importancia de la indumentaria. Mientras estaban correctamente vestidos —con traje, camisa y corbata— los otros parroquianos no se fijaban en ellos o trataban de mirar hacia otro lado. Por el contrario, cuando iban vestidos como hippies, los miraban en forma sospechosa en todas partes. Los hombres siempre han aprovechado su vestimenta y apariencia para expresar el significado de su situación personal. En el siglo pasado, la vestimenta de un hombre revelaba su status, su ubicación en la jerarquía social, mientras que para la mujer, servía a un doble propósito, como procedimiento de seducción. Los hippies han empleado el mismo método para significar su rechazo a participar en el juego del status. Su manera de vestir reflejaba al mismo tiempo lo que eran y lo que no eran; servía simultáneamente como medio de reconocimiento y como desprecio disimulado a la sociedad que rechazaban. Tomando la forma de vestir que es uno de los medios disponibles de demostrar respeto, lo emplearon para expresar su desafío al mismo. Los que Goffman llama los "revolucionarios del decoro" emplean el mismo idioma básico que los más respetuosos miembros del

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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