Page 83

palabras, una representación gráfica de un par de ojos. También han probado que a esa edad es más probable que reaccionen ante una imagen de ese tipo que ante todo un rostro. El número de puntos no parece tener importancia; tampoco parece tenerla la forma de la tarjeta. Pero a medida que el bebé crece, el estímulo debe semejarse cada vez más a un rostro humano para despertar su interés. Deberá tener una boca, tendrá que moverse y, eventualmente, a la edad de siete meses, deberá también sonreír. Mientras que la atracción básica de los ojos puede ser innata, es posible explicarla sin tal comportamiento. El bebé reaccionará favorablemente ante cualquier estímulo que le sea familiar y al mismo tiempo suficientemente complejo como para interesarlo. A1 nacer, su radio de visión está limitado a unos veinticinco centímetros desde la punta de su nariz y es ésa la distancia a la que se presenta el rostro de su madre mientras lo alimenta y en muchas otras ocasiones durante el día. Al principio puede ser que el rostro le resulte demasiado complejo para asimilarlo en su totalidad, pero los ojos, brillantes, movedizos, surgiendo de su propia imagen borrosa debido a lo inmaduro de su visión, atraerán poderosamente su atención. Ellos podrán, como dice el psicólogo inglés lan Vine, "proporcionar una base que incite a una mayor investigación y percepción total del rostro". A medida que el bebé crece, comienza a distinguir no sólo los rostros familiares, sino a reconocer las expresiones y en poco tiempo estará capacitado para interpretar el lenguaje no-verbal de manera más hábil, tal vez, que en toda su existencia. Como escribiera Desmond Morris en su libro The Naked Ape: En las etapas pre-verbales, antes de que toda la maquinaria de la comunicación simbólica y cultural se nos haya impuesto, nos dejaremos guiar mucho más por pequeños movimientos, cambios de postura y tonos de voz, que lo que necesitaremos más tarde en nuestra vida... Si la madre realiza movimientos tensos y agitados, sin importar cuánto procure disimularlos, se los comunicará al niño. Si al mismo tiempo muestra una amplia sonrisa, no lo engañará sino que lo confundirá más aun. El bebé se transforma en niño y continúa siendo extremadamente sensible a los mensajes faciales. Puesto que todavía no ha aprendido a mirar fijamente a otra persona a la cara y porque aún no se distrae por las palabras, como los adultos, es capaz de leer la excitación, el temor, la vergüenza o la alegría. La importancia que los niños otorgan al rostro está demostrada en los típicos dibujos que realizan en la edad pre-escolar. La figura humana está coronada por una enorme cara cuidadosamente detallada. Nueve de cada diez niños, al ser tocados simultáneamente en la mano y el rostro y luego interrogados acerca del lugar donde se los tocó, indicarán el rostro, mientras que entre adultos normales la proporción será del cincuenta por ciento. Silvan Tomkins (ha sugerido que el primer motivo de temor en la niñez no son las palabras de enojo o una voz amonestadora, sino un rostro que demuestre ira. Lo explica así: He tratado a niños en los que se notaba claramente que el temor ante el rostro enojado o de falta de cariño o vergüenza de uno de los padres, era tanto mayor que el temor a una palmada u otro castigo, y hasta parecería que los niños buscaran este tipo de reprimenda, con tal de evitar el aspecto condenatorio del rostro que los asusta. Puesto que el rostro paterno suele suavizarse después de descargada la agresión, algunos niños provocaban esa descarga mediante la vía más inocua, como ser enviados a su cuarto o recibir unas palmadas, con tal de no tener que enfrentar la temida interacción facial. Ésta es una nueva manera de explicar un fenómeno notado por los psiquiatras: el niño que busca ser castigado. La explicación más común de estos especialistas es que secretamente se siente culpable y el castigo lo releva de su culpa; pero esto no quiere decir que no prefiera unas palmadas a tener que ver la cara enojada de su padre o de su madre. Los niños de dos y tres años suelen tener terror a las máscaras. Esto se debe, en parte, a un reflejo de lo que la psicoanalista Selma Fraiberg, especialista en niños llama: "el pensamiento mágico". El niño piensa que si el rostro ha cambiado, también puede haber una persona distinta detrás. Pero puede deberse, asimismo, a que los niños dependen extraordinariamente de los rostros de otras personas, y buscan en ellos la clave de sus reacciones. Algunas veces, también desarrollan prejuicios contra ciertos rostros; esta reacción es perfectamente lógica por cuanto ellos "ven" más de lo que pueden apreciar los adultos. Cuando mi hija tenía cuatro o cinco años, por ejemplo, solía decirme de algún adulto que "no le gustaba su cara". Casi siempre resultaba que lo que producía esa reacción no era una falta de atractivo en el sentido que le damos los adultos, sino una expresión habitual de enojo, hastío o descontento. Resulta desconcertante para una madre (o un padre) darse cuenta de que constantemente se comunica con su hijo pequeño a través de canales no verbales y que con frecuencia le transmite

83

DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  
DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

Advertisement