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acerca de su futura personalidad y comportamiento. En entrevistas realizadas a niños cuyo llanto había registrado diez años antes, en el momento de su nacimiento, por lo que resultaba de hecho la primera entrevista, logró afirmar una cantidad de datos acertados. Tan sólo a través del informe que poseía del momento del nacimiento, podía predecir si el niño sería abúlico o hiperactivo. En uno de los casos y basándose solamente en el llanto, descubrió que el niño tenía una fisura palatina y sería algo retardado mentalmente. La posible importancia del aprendizaje prenatal del lenguaje se advierte en trabajos realizados en una clínica de París que desde hace por lo menos diez años trata niños mudos, criaturas de tres o cuatro años que jamás han producido un sonido inteligible. Cada niño es ubicado en una pequeña habitación silenciosa acompañado por un terapeuta y escucha la voz de su madre, grabada con anterioridad mediante un micrófono de contacto ubicado contra su abdomen, mientras ella habla normalmente y de manera audible. Esta imitación del lenguaje "filtrado" a través del útero suena confuso y extraño pero posee un efecto sorprendente sobre algunos de estos niños. Unos comenzaron a hablar de manera inteligible, o pudieron trazar garabatos o ambas cosas a la vez; nunca antes habían llegado a eso en sus cortas vidas. También se logró disminuir gran variedad de impedimentos para el aprendizaje. El doctor Truby, que visitó la clínica por primera vez en 1962, comparte la opinión de su director, el doctor Alfred Tomatis. Ambos concuerdan en que es como si los niños fueran llevados nuevamente a recorrer un camino que por algún motivo no habían recorrido antes. También se empleó este método de volver a "recorrer un camino" para tratar otros tipos de alteraciones en el desarrollo de los niños. Jóvenes esquizofrénicos, por ejemplo, han sido envueltos en pañales nuevamente, alimentados con biberón, mantenidos en brazos y mecidos como bebés, independientemente de la edad o el tamaño. El psicoanálisis en sí es una especie de "volver a recorrer" un camino ya recorrido. Todo esto nos hace meditar acerca de la predicción del doctor Bentley Glass, anterior presidente de la Asociación Americana para el Progreso de las Ciencias, quien sugiere que para fines de este siglo se logrará la gestación de seres humanos en probetas en el laboratorio, en lugar del útero humano. Aun conviniendo en que los científicos lograran reproducir con total exactitud el ambiente químico del útero, no debería dejar de prestarse rigurosa atención al entorno sensorial. Si no se hiciera así o no pudieran lograrlo, ¿qué especie de criatura podrá surgir de un tubo de ensayo? El hecho de nacer es un shock para el ser humano, probablemente el mayor que deba soportar durante su existencia. Si al hacerlo se encuentra en un ambiente similar en muchos aspectos al del útero del que acaba de ser expelido violentamente, parece obvio que el shock será menor. Sin embargo, en nuestra cultura se realizan pocos esfuerzos para tratar de ayudar al recién nacido en una etapa tan importante de la vida. En su fascinante libro Tawching, Ashley Montagu sostiene que éste puede ser un peligroso error. Dentro del útero, el niño es sostenido y rodeado —en realidad siente presiones por todos lados— del calor del vientre materno. Lo que más se asemeja a esta experiencia en el mundo exterior es estar en brazos de su madre. No obstante, en la mayoría de las clínicas norteamericanas el niño es inmediatamente separado de su madre y ubicado sobre la superficie plana y desprotegida de una cunita, que no le proporciona apoyo alguno. Cada vez que su madre se mueve, el bebé se hamaca suavemente dentro de su vientre y continuamente oye el rítmico latir de su corazón. Pero en el momento de nacer, repentinamente lo agreden una cantidad de sensaciones extrañas y a la vez abrumadoras y totalmente inesperadas. Han desaparecido para ellos ritmos fijos y adormecedores de su existencia prenatal. De manera experimental se les ha hecho escuchar a los recién nacidos grabaciones del ritmo cardíaco, y los que fueron expuestos a este tratamiento aumentaron de peso y lloraron menos que los otros. También presentaron menos problemas digestivos y respiratorios y su respiración era más profunda y regular. La mayoría de las mujeres parecen comprender instintivamente la necesidad de una experiencia rítmica y automáticamente hamacan y palmean a sus hijitos. Más aun, cuando una madre mece a su hijo, tendrá una tendencia a hacerlo siguiendo el ritmo de su propia respiración o de la del niño; al palmearlo, este ritmo reproducirá también el ritmo cardíaco de la madre o del niño. La cuna mecedora, raramente empleada en nuestros días, solía brindar una sensación de seguridad basada en el ritmo. Hasta casi el final del siglo xix, era considerada indispensable. Sin embargo, a fines de 1890 los pedíatras comenzaron a objetar su empleo, acusándola de ser formadora de hábito y a condenar el mecer a los niños como una "práctica malsana". Eventualmente la confortable mecedora fue

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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