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tacto, podrá no captar el producto final, el símbolo, de manera tan clara. Esto bien podría explicar por qué los niños de un orfelinato algunas veces tienen problemas para captar ideas abstractas. El aprendizaje emocional también comienza a través del tacto. La voz de la madre pasa a sustituir el contacto y sus expresiones faciales le comunicarán al bebé las mismas cosas que antes le comunicara al tenerlo en los brazos. A medida que el bebé crece, aprende a diferenciar los objetos, toma conciencia de que existen partes de su propio cuerpo y del de las otras personas que se pueden tocar y otras no. En el transcurso de la niñez, los roles masculinos o femeninos se aprenden en cierta medida en base a las reglas que establecen cuáles partes de la piel pueden exponerse y cuáles no; qué partes del cuerpo pueden tocarse, en qué circunstancias y por quién. A la edad de cinco o seis años, en nuestra sociedad, los niños comienzan a tocarse y a ser tocados cada vez menos; pero durante la pubertad, parecen volverse nuevamente ávidos del contacto físico, comenzando a hacerlo con amigos del mismo sexo —para los varones sólo parece posible mediante la práctica de deportes— y luego lo harán con los del sexo opuesto. Cuando el individuo descubre las relaciones sexuales, en realidad está redescubriendo la comunicación táctil; de hecho parte de la intensa emoción que se siente a través de la experiencia sexual puede deberse a la reminiscencia que los retrotrae a un medio de expresión mucho más primitivo y poderoso. Entre madre e hijo puede existir un lenguaje de contacto y el mismo es real en el caso de la comunicación amorosa. Más aun, en las relaciones sexuales no sólo existe el contacto en sí sino que la textura misma de la piel es parte de la experiencia. El antropólogo Edward Hall escribió una vez: "La resistencia por medio del endurecimiento, como si se tratara de formar una coraza contra el contacto no deseado o las variaciones excitantes y continuas de la textura de la piel durante el acto de hacer el amor, así como la sensación como de terciopelo que se siente después de lograr la satisfacción, son mensajes que se transmiten de un cuerpo a otro y poseen un significado universal." Esta sensibilidad al tacto continúa hasta la edad adulta. A pesar de todo lo que se ha escrito acerca de la pobreza táctil de la cultura norteamericana, y que se ha dicho que no nos tocamos suficientemente entre nosotros, Erving Goffman ha objetado: "La teoría de que la clase media norteamericana no se toca entre sí mientras habla, es una tontería. Las personas lo hacen todo el tiempo pero debemos saber verlo y estar muy atentos para notarlo." Lo que nos permite comprobar lo dicho por Goffman es el hecho de que la gente se tocará en el lugar especial donde el contacto pueda tener solamente un significado. Por ejemplo si un hombre se encuentra con una familia —el hombre, la mujer y un niño— en una vereda angosta, resultará perfectamente normal que tome a la mujer del brazo al tratar de pasar entre el grupo. Ella está ampliamente protegida y resulta obvio que todo lo que él desea es pasar con la menor proporción de contacto corporal. Resumiendo, son simples unidades en el sistema de tráfico de la calle y no potenciales conocidos sociales. Si se interrumpe una conversación, la persona que lo hace podrá poner su mano en el brazo de su interlocutor de manera casual, ya que este gesto podrá interpretarse como el pedido de "un momento" y evidentemente forma parte del mecanismo de la conversación. "En un lugar público —sugiere el profesor Goffman—, se puede disponer la oportunidad para que un desconocido toque a otro que se le designa, impunemente, preparando la irrupción en su comportamiento en el momento oportuno." En cualquier intento de interpretar el contacto, la oportunidad —el contexto— es obviamente de la mayor importancia. Ser tomado de la mano en una recepción en el momento de los saludos, no tiene ningún significado, a pesar de que si esto no se produce, puede resultar una experiencia desastrosa. También resulta importante la parte del cuerpo que se toca. Una mano que reposa suavemente sobre un antebrazo tendrá un impacto completamente diferente al que tendría si se coloca sobre una rodilla. El contacto también está relacionado con el status; cualquiera puede tocar a un niño y un médico podrá tocar accidentalmente a la enfermera y ésta a su vez a un paciente. Pero si esto se revierte, es decir; si la paciente o la enfermera tocan al médico, el efecto será diferente. Entre personas conocidas, si un individuo tiene la costumbre o no de tocar a la otra, afectará de distinta manera el mensaje que transmite. Además existen distintos tipos de contacto; la piel podrá estar fría o caliente, húmeda o seca y el contacto podrá ser áspero e insistente, suave y prolongado o abiertamente sensual.

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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